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Documento LTM23.812.239
Doctrina
Autores: José Luis Guerrero Becar, Carlos Esplugues Mota
Título: DERECHO DEL COMERCIO INTERNACIONAL CHILENO

Número epígrafe: 11
Título epígrafe: Capítulo 8 La compraventa internacional de mercaderías: el Convenio de
Viena de 1980 sobre compraventa internacional de mercaderías

TEXTO:

Capítulo 8

La compraventa internacional de mercaderías: el Convenio de Viena de 1980 sobre


compraventa internacional de mercaderías

SUMARIO: 1. INTRODUCCIÓN. 2. APLICACIÓN DE LA CISG. 2.1. Algunas cuestiones


relevantes. 2.2. Ámbito material de la CISG e integración de las lagunas. 3. El contrato en la
CISG. 3.1. Libertad contractual y CISG. 3.2. La formación del contrato. 3.3. Algunas
consideraciones acerca de las reglas de interpretación del contrato en la CISG. 4. LA
ENTREGA Y LA TRANSMISIÓN DEL RIESGO DE LAS MERCADERÍAS. 4.1. La
entrega. 4.2. Transmisión del riesgo de las mercaderías. 4.2.1. Transmisión del riesgo cuando
el contrato implica transporte: venta indirecta. 4.2.2. Riesgo de las mercaderías vendidas en
tránsito. 4.2.3. Transmisión de riesgos en otros casos. 4.2.4. Regla para la transmisión del
riesgo fijada por las partes. 4.2.5. La regla del riesgo y su relación con el incumplimiento del
contrato. 5. VINCULACIÓN CONTRACTUAL Y EL INCUMPLIMIENTO. UNA
MIRADA DESDE LA PROTECCIÓN QUE LA CISG PRODIGA AL COMPRADOR. 5.1.
Vinculación contractual garantía e incumplimiento. 5.2. Remedios por falta de conformidad
de las mercaderías en la CISG.

1. INTRODUCCIÓN

Este capítulo tiene por objeto dar noticia, en la medida que la extensión así lo permita, acerca
de la disciplina que gobierna la compraventa internacional de mercaderías, contenida en la
Convención sobre Compraventa Internacional de Mercaderías (en adelante, la CISG).

La CISG es ley de la República desde que se publica en el Diario Oficial el 3 de octubre de


1990 y como tal integra el derecho privado chileno. De esta manera, al preguntarse sobre el
régimen de la compraventa en Chile, la respuesta es que hay pluralidad de regímenes, a saber,
el de la compraventa civil que constituye el derecho común, el de la compraventa comercial,
el de la compraventa de consumo (Ley 19.496) y, en fin, el de la compraventa internacional
de mercaderías.

La peculiaridad de la CISG no reposa precisamente en su aplicación o, si se prefiere, en su


relevancia práctica, sino en que ella ha servido de modelo para la modernización del derecho
de contratos, modernización que ha ido avanzando desde el año 1994, con los Principios de
UNIDROIT sobre contratos comerciales internaciones (en adelante los PICC), los Principios
Europeos de Derecho de los Contratos (en adelante, los PECL), la reforma Código Civil
alemán (el BGB), otros instrumentos de soft law, como el Marco Común de Referencia y los
Principios Latinoamericanos de Derecho de los Contratos (en adelante, los PLDC), y la
reciente reforma francesa al Code Civil, junto a otros proyectos de modificación de código
civil en países europeos, como en España. Convendrá considerar que tal modernización no
sólo se ha cristalizado en instrumentos normativos —con o sin fuerza de ley—, sino que
también ha actuado sin reforma legal, como es el caso de Chile. Entre nosotros, la CISG ha
servido como dispositivo de extremada utilidad para una relectura de las normas del Código
Civil, un código decimonónico, con soluciones obsoletas, inadecuadas para las actuales
condiciones del tráfico.

Lo que ha sucedido en Chile, así como en otros ordenamientos como el español, es que, a
partir de las normas del Código Civil, al abrigo del modelo de la CISG, se ha avanzado hacia
un derecho de contratos renovado, acorde a nuestros tiempos. En fin, quien se proponga
estudiar derecho de contratos debe conocer el sistema (sus normas y principios) de la CISG,
al representar un genuino derecho común no sólo de la compraventa, sino del fenómeno
contractual del siglo XXI.

Lo que me propongo en las líneas que siguen es mostrar los rasgos que, según mi opinión,
destacan y caracterizan el derecho de la compraventa internacional de mercaderías, todo con
la finalidad de ofrecer una aproximación a quienes estén interesados en conocer el régimen
legal de la CISG.

2. APLICACIÓN DE LA CISG

2.1. Algunas cuestiones relevantes

Desde que la CISG adquirió fuerza de ley en Chile, todo contrato de compraventa de
mercaderías que satisfaga las condiciones de aplicabilidad de su art. 1º quedan sometidos,
salvo voluntad contraria de las partes, al régimen legal que ella contiene. Al ser ley de la
República, aplica como si fuera derecho interno.

Entonces, convendrá que comience indicando que la CISG se aplica a las compraventas
celebradas entre partes con establecimientos en Estados diversos, que directa o
indirectamente se relacionan con ella (ya sea porque la ratificaron, o porque resulta aplicable
el derecho de un Estado que la ratificó). Lo que queda por dilucidar es qué ha de entenderse
por compraventa internacional al abrigo de las normas de la CISG. Al respecto, convendrá
precisar que la CISG no ofrece una definición, sino que, a partir de algunas de sus
disposiciones es posible extraerla y, de este modo, determinar qué contratos han de ser
disciplinados por la CISG.
El concepto de compraventa se construye, entonces, prestando atención a las disposiciones
que describen las obligaciones del vendedor y del comprador (arts. 30, 35, 53 y 60),
añadiendo la que regula los llamados contratos mixtos (art. 3).

Según el primer grupo de normas, la compraventa internacional es aquel contrato celebrado


entre un vendedor y un comprador que tienen sus establecimientos en Estados diversos (art.
1), en virtud del cual el primero se obliga a:

1) la entrega de mercaderías conformes al contrato:

2) a transmitir su propiedad libre de pretensiones y derechos de terceros,

3), y a la entrega de cualquier documento relacionado con ellas

Y por su parte, el comprador se obliga:

1) al pago del precio:

2) a hacer todo aquello que sea razonable para que el vendedor realice la entrega y,

3) finalmente, recibir las mercaderías.

La CISG tampoco entrega un concepto del término mercaderías, sin embargo, hay acuerdo
que con bienes muebles corporales. Así, se infiere del art. 2 que excluye los valores
mobiliarios, títulos, efectos de comercio y dinero (letra d) y la electricidad (letra e).

Sin embargo, la CISG también se aplica a contratos mixtos, esto es, aquellos cuyo objeto no
sólo son mercaderías, sino también servicios. En efecto, los contratos mixtos no son
típicamente una compraventa; y la razón viene dada por su objeto, que, a diferencia de una
compraventa típica, no está constituido sólo por un dare (obligación de dar), sino también un
facere (obligación de hacer).

El art. 3 disciplina dos casos:

1) el de los contratos de suministro de mercaderías a ser manufacturadas o fabricadas; y

2) aquél por el cual el vendedor se obliga no sólo a la entrega de mercaderías, sino además a
la prestación de un servicio o mano de obra.

La condición para estar frente al primero de los contratos antes referidos es que el vendedor
sea quien proporcione la parte principal de los materiales necesarios. En tanto, la condición
para estar frente al segundo es que la parte principal de las obligaciones sea la entrega de las
mercaderías y no los servicios. Y el criterio para determinar la parte principal de los
materiales; y de las obligaciones, es el del valor de los materiales o de las mercaderías. Si es
mayor al 50%, recibirá aplicación la CISG; de no serlo, quedará excluida. Y aunque este
criterio resulta del todo útil para el primer caso —es decir, contrato de suministro de
mercaderías—, respecto del segundo no siempre será determinante. Más bien, es el punto de
partida, debiendo armonizarse o conciliarse con otros criterios, tales como el de la intención
común de las partes, o las circunstancias concurrentes.

Así sucede, por ejemplo, con los contratos EPC —vale decir, un contrato de ingeniera,
compras y construcción o Engineering, Procurement and Construction, por sus siglas en
inglés— en los que, si bien el valor de los materiales puede ser más alto o elevado que el
valor de los servicios, no hay duda de que es procedente aplicar la CISG. Ello, debido a que
tales materiales, en sí, no son relevantes para el mandante de la obra; tan solo son funcionales
o instrumentales para la consecución del proyecto, que es el objeto del contrato.

Así las cosas, la primera condición o requisito para que sea aplicable el régimen de la CISG,
es estar ante una compraventa internacional, considerando los contratos mixtos del art. 3.

Enseguida, se requiere, según el art. 1 de la CISG, que:

Primero: las partes contratantes tengan sus establecimientos en Estados diferentes o diversos.
La CISG no define establecimiento, sin embargo, la doctrina ha entendido que corresponde
al lugar de negocios, a aquel lugar en el que la parte concernirá desarrolla su actividad
comercial con capacidad de dirigirla autónomamente.

Segundo: que exista una relación con la CISG, ya sea porque ambos Estados son firmantes
de la CISG (relación directa); o porque, con arreglo a las normas del derecho internacional
privado, resulta aplicable al contrato la ley de un Estado que ha ratificado la CISG (relación
indirecta). Habrá que considerar que los Estados, al firmar y ratificar la CISG, pueden hacer
la reserva del art. 95, descartando su aplicación —de la CISG— por relación indirecta. Es el
caso, por ejemplo, de los Estados Unidos de América, China, Canadá, entre otros.

En fin, el precepto agrega que no se considerará: ni la nacionalidad de las partes, ni su calidad


de comerciantes o no. De esta manera, se elimina toda duda respecto del criterio de la
internacionalidad, que refiere exclusivamente al lugar del establecimiento; y que, la CISG se
extiende a toda clase de compraventas. Se supera, así, la división entre lo civil y lo mercantil.

Pues bien, como se verá, incluso concurriendo estas condiciones o requisitos, las partes tienen
la libertad de excluir total o parcialmente la CISG: expresamente, o en forma tácita (art. 6).
Volveré sobre el punto.

2.2. Ámbito material de la CISG e integración de las lagunas

En primer lugar, ha de advertirse que la CISG excluye ciertas compraventas en atención a


que se encuentran sometidas a régimen especial y que difiere en los distintos ordenamientos
internos, normalmente de orden público (normas o preceptos imperativos e indisponibles).
Tales compraventas quedan excluidas de la aplicación de la CISG y se someterán a la norma
de derecho interno.

El art. 2 excluye:
1) las compraventas de consumo (letra a);

2) aquellas celebradas en subastas (letra b);

3) las hechas por intermedio de la justicia o judiciales (letra c);

4) las que tienen por objeto valores mobiliarios, títulos o efectos de comercio y dinero (letra
d);

5) las compraventas de artefactos navales o aéreos (buques, embarcaciones, aerodeslizadores,


aeronaves; letra e);

6) y las de electricidad (letra f).

De este modo, puede decirse que las exclusiones encuentran su fundamento: en la finalidad
del empleo de las mercaderías, la clase de mercaderías vendidas y la modalidad bajo cual se
celebra la convención.

Por lo que toca a las ventas hechas a un consumidor, esto es, aquella que tenga por objeto la
adquisición de mercaderías que serán destinadas al uso exclusivo personal, doméstico o
familiar, no podrá sujetarse a las reglas de la convención. Con todo, resultará irrelevante que
luego las mercaderías sean destinadas a un uso diverso, a lo que ha de prestarse atención a la
intención de las partes al contratar. Ahora bien, si las mercaderías se adquieren para un uso
personal para el desarrollo de su actividad comercial o lucrativa, (piénsese, por ejemplo, en
el mobiliario de un negocio o una camioneta), la compraventa quedará sometida a la
disciplina de la CISG.

Sobre las compraventas de judiciales y de valores, éstas son excluidas con el fin de evitar
colisiones normativas entre la CISG y los derechos estatales, puesto que, regularmente, tales
tipos de transacciones son reguladas a través de preceptos imperativos.

Por otro lado, en lo relativo a la compraventa de artefactos navales y aéreos, su exclusión no


se extiende a los repuestos para dichos bienes. Existe consenso general en que todas las
exclusiones deben interpretarse limitada o restrictivamente, de tal suerte que no puede
comprender otras compraventas más que las señaladas en el texto de la norma.

Fuera de las exclusiones, la pregunta que ha de responderse es: ¿cuáles son las materias que
regula la CISG? Según se ha dicho, las disposiciones del art. 4 regulan la formación del
contrato (arts. 14 al 24) y las obligaciones del vendedor y el comprador (arts. 25 al 88). El
mismo precepto excluye ciertas materias. La CISG no regula:

1) la validez del contrato o de sus estipulaciones; y

2) los efectos que pudiese producir sobre la propiedad de las mercaderías.


El art. 5, a su turno, dispone que la convención no se aplicará a la responsabilidad del
vendedor por la muerte o lesiones corporales que sufra una persona por causa de las
mercaderías. ¿Por qué se excluyen estas materias? Sencillamente, porque se trata de materias
sometidas a normas imperativas, de orden público, cuya fisonomía varía según sea el Estado
de que se trate. Son materias, además, respecto de las cuales habría sido imposible alcanzar
un consenso en torno a una regulación uniforme entre los distintos Estados participantes de
la Conferencia de las Naciones Unidas que culminó con la aprobación de la CISG.

Puestas las cosas de este modo, y respecto del art. 4, los aspectos relacionados con el
tratamiento y las consecuencias del error, la coacción o fuerza, el fraude o dolo, o la
representación falsa, se conocen y resuelven con arreglo a la ley del foro.

La tarea de delimitar el ámbito material de la CISG es una tarea compleja, sobre todo si se
considera que el mismo art. 4 está redactado en términos relativos: “salvo disposición expresa
en contrario de la presente Convención”; y, además, que entre las exclusiones del referido
precepto no se incluyen ciertas materias que, durante la preparación de la CISG, se intentaron
incorporar sin éxito, como es el caso de la imprevisión (hardship) o cambio de las
circunstancias.

Al hablar de las exclusiones materiales, no se hace referencia a lagunas o vacíos, sino a


materias que deliberadamente quedaron fuera de su ámbito y que se rigen, salvo acuerdo en
contrario de las partes, por el derecho interno que determine la norma de conflicto.

Lo cierto es que una laguna o vacío refiere a cuestiones que, pese a estar dentro del ámbito
de aplicación de la CISG, ésta no las resuelve expresamente. La norma es incompleta y será
tarea del juez o árbitro desarrollar y colmar su contenido. La interrogante es: ¿cuál es el
mecanismo que se prevé para suplirlas? La respuesta la ofrece el art. 7 que resalta el carácter
autónomo de la CISG y la necesidad de interpretarla y aplicarla atendiendo a su carácter
internacional. El mecanismo de integración de estas lagunas o vacíos se encuentra en el art.
7(2).

La aplicación de esta disposición exige que debe tratarse de una materia perteneciente al
ámbito material de la CISG (arts. 4 y 5) y, además, no debe estar expresamente resuelta por
sus disposiciones. La laguna o vacío se integrará, aplicando los principios generales en que
se basa la CISG; y, sólo a falta de tales principios, por el derecho interno aplicable según la
norma de derecho internacional privado. El art. 7(2) consagra un mecanismo de integración
ecléctico. Son dos los instrumentos de integración, aunque de aplicación subsidiaria: los
principios generales en que se basa la CISG y, en su defecto, el derecho interno designado
por la norma de conflicto.

Este mecanismo está en plena armonía con la regla de interpretación de la CISG que contiene
el art. 7(1), que hace un llamado a promover la uniformidad en la aplicación e interpretación
de la CISG, teniendo en cuenta su carácter internacional. Al hacer prevalecer los principios
generales sobre el derecho interno, las lagunas se suplen, primeramente, a través de sus
propios contenidos normativos específicos —en forma de principios generales—,
permitiendo el desarrollo de un derecho uniforme, que respeta, por encima de todo, su
carácter autónomo respecto de los derechos internos de los Estados contratantes.
La finalidad del art. 7(2) no dista demasiado de aquella que persigue la regla del párrafo (1),
que, en último término, consiste en promover, en caso de que exista una laguna, que se
procure encontrar la solución en la misma convención (en su antecedente inmediato en las
Leyes de la Haya de 1964, en la historia de su establecimiento, en sus normas y en su
aplicación), logrando, de esta manera, su aplicación uniforme al margen de toda influencia
del derecho interno. En efecto, lo que se busca es evitar el recurso al derecho interno,
principalmente porque sus soluciones, no sólo fueron concebidas para negocios domésticos,
sino que ellas resultan inapropiadas incluso respecto de las actuales condiciones del tráfico
comercial interno. Entonces, al aplicar la norma interna se desfigura el sistema de la CISG,
no sólo por tratarse de normas generalmente del siglo XIX, sino también porque la lógica,
cualquiera sea su tiempo, es la de un negocio nacional y no internacional.

Es por esta razón que puede concluirse que el citado art. 7(2) es una concreción de la regla
de su párrafo (1). La promoción de su aplicación uniforme se alcanza acudiendo
inmediatamente a la misma convención para dar respuesta a aquella cuestión no resuelta.
Entonces, el juez o árbitro ha de buscar la solución a la cuestión no resuelta en la misma
Convención: en su texto, en su estructura e, incluso, en sus antecedentes (Leyes de la Haya
de 1964), la historia de su establecimiento y su aplicación, garantizando de esta forma una
solución coherente con la disciplina que la CISG ofrece.

El límite a la integración con cargo a los principios generales subyacentes lo constituye la


propia CISG. Tal lo ha sostenido Schlechtriem, la interpretación de la ley —en sentido
amplio— constituye generalmente una actividad creativa y cuando el art. 7(2) CISG exige
que los principios generales tengan su base en la Convención, lo que está haciendo es
establecer un límite a esa actividad. Al entender las cosas de este modo, el juez o árbitro que
integra la CISG con cargo a los principios generales en que ella se basa, deberá justificar la
solución a la cuestión no resuelta, identificando y justificando el aludido principio general.
De lo contrario, el recurso al mismo no sólo resultará injustificado, sino, sobre todo,
arbitrario. En caso de que ni la letra, ni el espíritu de las CISG permita extraer un principio
general y, particularmente, la solución para la cuestión no resuelta, se abre paso el recurso al
derecho interno.

Se ha destacado como principio general de la CISG, por ejemplo, el principio de buena fe,
con cargo al cual se estima que entre las partes existe un deber de cooperación o colaboración,
aun no estando expresamente consagrado en el contrato; como también un deber de
información apropiado para beneficiar el cumplimiento del contrato, entre otros.

Existen, por lo demás, cuestiones no resueltas en la Convención, en que confluyen a su


integración más de un principio. Así ha sucedido, por ejemplo, cuando se está en la hipótesis
del acreedor que contribuye, con su acción u omisión, al incumplimiento (concausa) y, por
ende, a la producción de su propio daño. En tal caso —no previsto por la CISG— la reducción
de la indemnización, se aplica el principio de reparación integral (conforme al cual el deudor
sólo es responsable del daño efectivamente causado), también el de la de mitigación que
subyace y se expande desde el art. 77, y el principio de la buena fe en su dimensión de
colaboración contractual.
También, se considera como principio general subyacente el que restringe contradecir los
actos propios o estoppel (que también puede canalizarse a través de la buena fe).

Por lo que toca a las lagunas, éstas pueden consistir en la ausencia de una regla que resuelta
una cuestión concreta; o en una disposición incompleta. Así, por ejemplo, tratándose del
principio de lo razonable subyacente en la CISG, la norma de su art. 79 sólo se aplica el
“estándar de la persona razonable” en lo que toca a la conducta que se espera del deudor
(tener en cuenta, evitar y superar el impedimento), sin determinar criterios que sirvan de
métrica para determinar lo que es razonable y lo que no lo es. El principio de lo razonable,
que atraviesa a la CISG, permitirá fijar tal métrica. Algo similar sucede con la definición de
incumplimiento esencial del art. 25, que no fija el momento de la razonable previsibilidad
del resultado —detrimento—, razón por la cual requiere de desarrollo y la respuesta se halla
en el principio general de la distribución de riesgos al momento de contratar (arts. 74 y 79).

Al llegar a este punto, convendrá plantear la siguiente pregunta: ¿es posible integrar las
lagunas o vacíos de la CISG aplicando los Principios de UNIDROIT sobre contratos
comerciales internacionales (PICC)? O, en otros términos, ¿está permitido al juez o árbitro
servirse de los PICC? La primera intuición es que no, y es así porque los PICC mal pueden
representar principios generales en los que se basa la CISG si precisamente —y aquí no hay
dos opiniones—, es la CISG la que sirvió de modelo a los PICC. No obstante, al pensar las
cosas más despacio se descubre que sí podrían integrar tales vacíos, pero no en cuanto
principios generales en los que se basa la CISG, sino que en el sentido que, al haberle servido
como modelo, los PICC recojan tales principios generales en sus disposiciones.

Como sugiere Bonell, el recurso a los PICC hace más fácil la tarea de integración, pudiendo
aplicarse algunas de sus disposiciones, pero en forma de principio. Con todo, esta aplicación
exige que el operador jurídico, como se ha dicho, justifique que dicha disposición es
expresión de un “principio general subyacente en la CISG”.

Magnus, por otro lado, sostiene que la intención contenida en el Preámbulo de los PICC (esto
es, servir como instrumento de interpretación e integración de instrumentos de derecho
uniforme internacional) no es suficiente para llegar a considerarlos principios generales en
los que se basa la CISG. No obstante, es de la opinión que sí constituyen principios
adicionales en el contexto de la CISG, ya que ellos en gran medida corresponden, tanto a las
disposiciones respectivas de CISG, como a los principios generales que de ella se derivan.

Además, convendrá considerar que los PICC, en la evolución de sus contenidos que se
advierte en sus distintas versiones, en parte, han venido a subsanar los reparos hechos a la
CISG y, en parte, han desarrollado sus disposiciones con el carácter de general a todo contrato
comercial internacional. Los PICC llegan a aquellos sitios a los que la CISG —por su carácter
de tratado internacional— fueron incapaces de llegar o, simplemente, lo han hecho con
soluciones de compromiso.

La opinión de los autores es que el escenario práctico en el que se desenvuelven los PICC es
el de la interpretación e integración de los instrumentos internacionales de derecho uniforme,
como es el caso de la CISG. Los PICC, así las cosas, permiten excluir el simple recurso al
derecho interno, manteniendo, de esta forma, la resolución de la controversia dentro de su
ambiente internacional. Se entiende que los PICC, al tener como antecedente inmediato a la
CISG, ofrecen reglas que, por cierto, resultan extremadamente más adecuadas y pertinentes
que las del derecho interno.

Un laudo expresa que, tanto los Principios de PICC como los Principios Europeos de Derecho
de los Contratos (PECL) constituyen principios generales en los que se basa la CISG, a los
fines de integrar sus lagunas conforme el art. 7(2) CISG. Se trata del laudo arbitral de 1995,
dictado por la Corte de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional (8128/1995 96).
El Tribunal declara expresamente que los arts. 7.4.9 de los PICC y 4:507 de los PECL
integran la norma del art. 78 de la CISG y aplica tales preceptos para determinar la tasa de
interés que debe aplicarse al reembolso de una suma de dinero como efecto de la resolución
parcial del contrato (arts. 78 y 81 CISG).

En otro conocido fallo de la Corte de Casación belga (Scafom International Bv v. Lorraine


Tubes s.a.s.), del año 2009, el Tribunal indicó que, por aplicación del art. 7 de la CISG, ésta
debía integrarse con las normas y principios que servían de base al tráfico internacional,
precisamente por la naturaleza internacional de la Convención. De tal suerte que, en el caso,
la Corte de Bélgica accedió a aplicar las normas relativas al cambio de circunstancias o
imprevisión de los PICC, estableciendo como efecto de ésta la renegociación del contrato a
una compraventa regida por la Convención.

En fin, por lo que toca al rol que le cabe a los PICC en relación con las lagunas o vacíos de
la CISG, según mi opinión, los PICC pueden llegar a la compraventa internacional por dos
caminos diversos. En primer lugar, porque las partes lo pactaron en tal sentido (art. 6) o
porque se integran al contrato de compraventa por tratarse de una práctica entre las partes o
uso comúnmente observado en el tráfico (arts. 8 y 9). En segundo lugar, como principio
general según el art. 7 (2), el juez o el árbitro podrán acudir a los PICC siempre que una de
sus disposiciones sea manifestación de un principio general en el que se basa la CISG y así
se justifique debidamente.

3. El contrato en la CISG

3.1. Libertad contractual y CISG

Tal como se anticipó, el art. 6 reconoce a las partes la libertad de excluir total o parcialmente
la CISG y, enseguida, la de modificar cualquiera de sus disposiciones.

La disposición posee dos dimensiones. La primera de ellas concierne al derecho aplicable al


contrato. Asumiendo que concurren las condiciones del art. 1, las partes acuerdan excluir la
aplicación de la CISG.

La segunda, en cambio, refiere a la configuración interna del contrato. Las partes, en uso de
su libertad de pacto, se dan reglas que se apartan del modelo dispositivo que la CISG pone al
servicio de los contratantes. Las partes incorporan reglas que modulan, según resulte más
conveniente a sus intereses, estipulaciones modificatorias de las disposiciones que
conforman dicho modelo. Así, por ejemplo, una cláusula de limitación de responsabilidad
(art. 74), una estipulación que fije un plazo para la denuncia de la falta de conformidad (art.
39) o para comunicar la resolución del contrato (art. 49) o que defina aquellos
incumplimientos que se miran como esenciales (art. 25). Lo cierto es que esta dimensión de
la libertad contractual no admite mayores comentarios, salvo por lo que toca al art. 12, que
refiere a aquellas compraventas celebradas por una parte con establecimiento en un Estado
que hizo la reserva del art. 96. Para comprender esta limitación, habrá que comenzar diciendo
que en el art. 11 reconoce la libertad de forma del contrato al disponer que: “El contrato de
compraventa no tendrá que celebrarse ni probarse por escrito ni estará sujeto a ningún otro
requisito de forma. Podrá probarse por cualquier medio, incluso por testigos”. Y el art. 12,
reconoce un límite a tal libertad respecto de aquellos Estados que ratificaron la CISG con la
reserva del art. 96. Este es el caso de Chile, razón por la cual rige la norma del derecho interno
en lo que refiere a las formalidades de prueba de los arts. 1708 y 1709 del Código Civil.

En cambio, la primera dimensión sí que ofrece dificultades. Claramente, si las partes en una
compraventa internacional incorporan una estipulación que excluye la CISG o por la que
declara que se someten a un determinado instrumento, tenga o no el carácter de ley, por
ejemplo, el Código Civil chileno o los PICC, no cabe duda acerca de la exclusión de la CISG.
En el primer caso, la exclusión es expresa, en el segundo, en cambio, es tácita. Sin embargo,
hay otros supuestos en los que la situación puede llegar a ser dudosa. Así, si los contratantes
se someten al derecho de un Estado que es parte de la CISG, por ejemplo, al derecho chileno
o al derecho español, se ha fallado, y la doctrina está de acuerdo, en orden a que el contrato
queda sometido a la CISG porque ella forma parte de ese derecho. Si bien este criterio es el
que prevalece, hay situaciones en que las cosas pueden ser distintas y, a pesar de la cláusula,
se concluye que las partes excluyeron tácitamente la CISG. Convendrá detenerse en este
punto.

Cabe consignar que, si la exclusión es negativa respecto de la CISG, esto es, que
expresamente se conviene en no sujetarse a sus reglas, excluyéndolas, pero sin mencionar a
qué derecho se sujeta el negocio, operará la norma de conflicto del derecho internacional
privado. Por ejemplo: “las partes acuerdan no sujetarse a las reglas de la Convención de
Viena sobre compraventa internacional de mercaderías”. La exclusión positiva, desde luego,
ofrece el mejor escenario: “las partes acuerdan no sujetarse a las reglas de la Convención de
Viena sobre compraventa internacional de mercaderías y se someten, en todo lo no previsto
por el contrato, al Código Civil chileno”.

Tratándose de la exclusión tácita, la cuestión consiste en cómo, a falta de una declaración


expresa, determinar si las Partes quisieron excluir la CISG.

Según se ha dicho, parece existir acuerdo en que un indicio importante, aunque no


determinante, para la aplicación de la CISG, consiste en que las partes se hayan sometido
derecho de un Estado que ratificó la CISG. Pero, como lo señala Bonell, en este caso no se
aplicaría la CISG, si las partes son claras en orden a que su intención fue sujetar el negocio
a las reglas de la compraventa propias de la ley civil interna del derecho nacional elegido.
Este es el caso de la exclusión tácita a la que me refiero al inicio.

Sin embargo, el caso que interesa es otro y es al que alude Schlechtriem al expresar que el
hecho de que las partes se remitan al derecho nacional o interno (sin designación de una ley
interna concreta) no es un signo que deba interpretarse necesariamente como una sumisión
al derecho de compraventa internacional, porque es posible que las partes incorporen al
contrato cláusulas o se sometan a disposiciones del derecho interno, incompatibles con el
régimen de la CISG. Si es el caso, es posible concluir que, pese a esa cláusula genérica de
sumisión al derecho interno, las partes sí la excluyeron tácitamente, sometiéndose al derecho
privado local.

Así lo reconocen Neumayer y Ming, quienes afirman que un criterio de exclusión tácita tiene
lugar cuando las Partes convienen disposiciones contractuales que resultan incompatibles
con la CISG. Así lo reconocen Enderlein y Maskow al señalar: “Reference made in the
contract to specific national rules, e.g., in modifying them, can be considered as excluding
the Convention as a whole only when they appear to be an expression of the parties’
conviction that the Convention should not apply. This may follow, for instance, from the
terminology used or from the system of the contract, while the contrary can occur when the
rules invoked refer to such issues which are not regulated by the Convention… be deduced
merely from agreement of such terms of contract which contradict specific CISG provisions
because deviating individual exclusions are indeed compatible with the CISG”.

Sería el caso, por ejemplo, cuando las partes definen o acuerdan definir el caso fortuito en
los términos del art. 45 del Código Civil chileno (opuesto del todo a lo que prescribe el art.
79); o, por ejemplo, si se disciplina contractualmente con tal exactitud la terminación del
contrato que se aparta completamente de la CISG o se dispone sobre los vicios ocultos de la
cosa, desplazando el principio rector de la CISG de la conformidad de las mercaderías (art.
35).

Pues bien, como se ve, es evidente que si las parte se someten a una disciplina doméstica del
contrato de compraventa (en bloque), hay exclusión tácita de la CISG. Sin embargo, en el
caso que las partes se someten, en términos amplios, al derecho de un Estado parte de la
CISG, pero en el contrato se aluden disposiciones del derecho interno o incorporan cláusulas
que son incompatibles con la CISG, también podrá concluirse la exclusión tácita de la CISG.

3.2. La formación del contrato

Los arts. 14 a 23 de la CISG disciplinan la formación del contrato dando reglas para la oferta
—forma de realizarla, vigencia y efectos—; para la aceptación —forma, vigencia y efectos—
y el momento en que se forma el contrato, al momento de la aceptación, cualquiera sea su
forma. Habrá que comenzar con la oferta que, conforme a los arts. 14 a 17, su régimen destaca
por los siguientes aspectos.

La propuesta de celebrar un contrato que debe estar dirigida a persona o personas


determinadas, que es considerada oferta si es suficientemente precisa e indica la intención
del oferente de quedar obligado en caso de aceptación (art. 14(1)). En cambio, si no está
dirigida a una o varias personas determinadas se considera como una mera invitación a
negociar (art. 14(2)).

Por lo que toca a los efectos, la oferta los produce desde que llega al destinario (art. 15(1)).
Que la oferta produzca su efecto quiere decir dos cosas: primero, que es a partir de ese
momento que el destinatario puede aceptarla; y segundo, que es hasta ese momento que la
oferta puede retirarse. Entonces, la oferta podrá revocarse hasta antes que se perfeccione el
contrato, si la revocación llega al destinatario de la oferta antes que este haya enviado la
aceptación de ésta (art. 16(1)). Sin embargo, se prevén casos en los que es irrevocable (art.
16(2)); En estos casos, el oferente se obliga a mantener la oferta.

Respecto de la aceptación, según el art. 18 (1) “toda declaración u otro acto del destinatario
que indique asentimiento a una oferta constituirá aceptación. El silencio o la inacción, por sí
solos, no constituirán aceptación”. Ella producirá efectos “en el momento en que la
indicación de asentimiento llegue al oferente”, salvo que no llegue al oferente en el plazo
fijado o dentro de un plazo razonable (art. 18(2)). La aceptación, entonces, debe ser
tempestiva y, por lo mismo, resultará necesario convenir plazos. La primera regla consiste
en estar al plazo fijado por el oferente. En segundo lugar, en caso de que dicho plazo no haya
sido fijado, deberá estarse a uno razonable.

Si la aceptación es tardía la regla será que no producirá sus efectos; no obstante, por
excepción, los puede producir. El art. 21 se ocupa de esto y distingue dos situaciones. La
primera de ellas es si el oferente, sin demora, hace llegar su conformidad al destinatario. La
segunda, si de la comunicación escrita que contiene la aceptación tardía se desprende que
debería haber llegado al oferente dentro del plazo. La primera de las excepciones resulta
sencilla. Con respecto ésta última, será necesario recordar que la aceptación produce sus
efectos desde que llega al oferente, por lo mismo, puede ser el caso que el destinatario haya
tomado todas las providencias necesarias para que llegara a tiempo y, aun así, por cuestiones
ajenas a su control, el medio de comunicación del que, razonablemente se sirvió, funcione
anormalmente —por ejemplo, por una paralización del servicio postal o de correos—. En
dicho caso, sin perjuicio del carácter extemporáneo de la aceptación, y sin necesidad de que
el oferente manifieste su conformidad, la aceptación producirá su efecto.

La CISG, fuera de la aceptación tácita, asigna efectos a lo que se denomina “acceptance by


conduct”, es decir, la aceptación no solo puede consistir en una declaración, sino también en
una conducta, en cuyo caso el perfeccionamiento tendrá lugar desde que el oferente ejecute
el signo, momento, por lo demás, hasta donde procede la revocación de la oferta. Así lo
reconoce el art. 18 (3), al declarar que: “No obstante, si, en virtud de la oferta, de prácticas
que las partes hayan establecido entre ellas o de los usos, el destinatario puede indicar su
asentimiento ejecutando un acto relativo, por ejemplo, a la expedición de las mercaderías o
al pago del precio, sin comunicación al oferente, la aceptación surtirá efecto en el momento
en que se ejecute ese acto, siempre que esa ejecución tenga lugar dentro del plazo establecido
en el párrafo precedente”.

Por otra parte, la CISG, abandona la regla del espejo, al entender que el contrato se ha
formado a pesar de que la aceptación “contenga adiciones, limitaciones u otras
modificaciones”, siempre que “no alteren sustancialmente los de la oferta constituirá
aceptación a menos que el oferente, sin demora injustificada, objete verbalmente la
discrepancia o envíe una comunicación en tal sentido. De no hacerlo así, los términos del
contrato serán los de la oferta con las modificaciones contenidas en la aceptación” (art.
19(2)). Al igual que la oferta, el art. 22 de la CISG reconoce que la aceptación podrá ser
retirada bajo las condiciones que el mismo precepto establece.
En fin, el art. 23 de la CISG expresa que: “El contrato se perfeccionará en el momento de
surtir efecto la aceptación de la oferta conforme a lo dispuesto en la presente Convención”.

Entonces, como lo expresa Schroeter: “Both the conclusion of a contract and the time of its
conclusion (Article 23) are determined by the time when an acceptance becomes effective”.

Díez-Picazo, por su parte, afirma que: “La conclusión del contrato presupone:

a) Una declaración de conformidad que sea constitutiva de aceptación;

b) Una declaración de aceptación que, si contiene elementos adicionales que alteren


sustancialmente la oferta, no haya sido rehusada sin demora por el oferente o no rechazada
por el oferente si es tardía

c) Una declaración de aceptación que haya llegado al oferente;

d) Una declaración de aceptación que no haya sido retirada de acuerdo al artículo 22”.

A modo de conclusión, puede decirse que la disciplina de la formación del contrato en la


CISG se rige el principio de la libertad de forma. Sin embargo, una vez aceptada la oferta, se
produce la formación del contrato y las partes quedan obligadas a cumplirlo, sin posibilidad
de retractación.

3.3. Algunas consideraciones acerca de las reglas de interpretación del contrato en la CISG

La CISG regula la interpretación del contrato a propósito de su Capítulo II (Disposiciones


generales) en sus arts. 8 y 9. Convendrá conocer la opinión de Honnold respecto del primero
de estos preceptos. Señala el autor que, en la redacción de esta normativa, tuvo que
enfrentarse y conciliarse teorías contradictorias sobre la naturaleza fundamental del proceso
de contratación. Según una de las primeras teorías, una persona quedaba obligada por el
contrato sólo cuando sometía su “voluntad” a los términos éste. En algunos sistemas legales,
según Honnold, esto motivó la opinión de que la ligazón con el contrato se define por su
“intención” o “consentimiento”, o que requiere un “acuerdo mental”.

Según Honnold, la imagen de una reunión de las mentes resulta atractiva, pero plantea
dificultades prácticas. Cuando surge una disputa sobre el “significado” acerca de lo que dice
un contrato, las partes son testigos poco fiables de lo que tenían en mente al momento de la
celebración del contrato. Por lo demás, el autor conviene en indicar que el lenguaje es un
medio muy impreciso, a tal punto que matices o diferencias de entendimiento están latentes
en muchos de los acuerdos de los que depende el comercio; así, un enfoque puramente
“subjetivo” podría socavar la protección de una confianza razonable en las expectativas
creadas por otro.

Dice Honnold, que las dificultades llevaron a muchos juristas y sistemas legales a rechazar
la “intención” como base interpretative del contrato. Esta opinión fue expresada
enérgicamente por Oliver Wendel Holmes, quien indicó que la ley no tiene relación alguna
con el estado mental interno de las partes. En el contrato, como en cualquier otro lugar, se
debe recurrir al fuero externo y juzgar a las partes por su comportamiento. Algunos sistemas
jurídicos, aunque se aferran a la teoría subjetiva o de la común intención, han limitado este
enfoque a categorías prescritas, ideando fórmulas para proteger a un “hablante” cuando el
“oyente” sabía o debería haber sabido de la ambigüedad. Con todo, dice Honnold, “en su
mayor parte, las referencias actuales a la ‘voluntad’ como base del contrato se asemejan a los
ecos de los truenos distantes de una tormenta que ha pasado”.

El autor concluye que la mirada del art. 8, párrafo (1), se basa en el enfoque ‘subjetivo’: la
interpretación debe basarse en la “intención” de las partes. Sin embargo, por las barreras
prácticas para probar la identidad entre la intención de las dos partes (particularmente cuando
están envueltas en una controversia), la mayoría de los problemas de interpretación se regirán
por el párrafo (2), que se acomoda con el enfoque “objetivo”.

La CISG, entonces, intentó reconciliar dos tradiciones. Una de ellas es la de los códigos
civiles decimonónicos. Sin embargo, se alejó de ella, en términos de que la mayoría de los
problemas se administran con cargo a un enfoque objetivo, sistema en el que prevalece si
bien descansa en la intención de las partes, en caso de no resultar posible descubrirla, el art.
8(2) expresa que: “2) Si el párrafo precedente no fuere aplicable, las declaraciones y otros
actos de una parte deberán interpretarse conforme al sentido que les habría dado en igual
situación una persona razonable de la misma condición que la otra parte”.

La misma disposición añade que: “3) Para determinar la intención de una parte o el sentido
que habría dado una persona razonable deberán tenerse debidamente en cuenta todas las
circunstancias pertinentes del caso, en particular las negociaciones, cualesquiera prácticas
que las partes hubieran establecido entre ellas, los usos y el comportamiento ulterior de las
partes”.

Y a esta regla de interpretación declarativa se añade otra de interpretación integradora, que


permite llevar al contrato, desarrollando su contenido, por un lado, las prácticas establecidas
por las partes; y, por otro, los usos del tráfico. El art. 9 dispone que:

“1) Las partes quedarán obligadas por cualquier uso en que hayan convenido y por cualquier
practica que hayan establecido entre ellas.

2) Salvo pacto en contrario, se considerará que las partes han hecho tácitamente aplicable al
contrato o a su formación un uso del que tenían o debían haber tenido conocimiento y que,
en el comercio internacional, sea ampliamente conocido y regularmente observado por las
partes en contratos del mismo tipo en el tráfico mercantil de que se trate”.

En la CISG, entonces, primero habrá que prestar atención a las declaraciones de las partes,
atribuyéndole el sentido que calce con su intención o, en su defecto, con aquel que le habría
atribuido una persona razonable en su lugar (interpretación declarativa). Luego, se prestará
atención a las prácticas establecidas entre las partes o, a falta de éstas o
complementariamente, a los usos del tráfico (interpretación integradora). Y, en fin, respecto
de aquello que las partes no previeron ni se integra por la vía de las prácticas o los usos,
resultarán aplicables las disposiciones de las CISG.
4. LA ENTREGA Y LA TRANSMISIÓN DEL RIESGO DE LAS MERCADERÍAS

4.1. La entrega

En la CISG la entrega de las mercaderías comprende también la de los documentos


relacionados con ellas, mercaderías y documentos que deberán ser conformes al contrato,
todo de acuerdo con el art. 35. La entrega va unida a la transmisión de la propiedad de las
mercaderías. Así, de acuerdo con las disposiciones de la CISG, el vendedor se obliga para
con el comprador a la entrega de las mercaderías conformes al contrato (conformidad
material) y a transmitir su propiedad, libre de pretensiones y derechos de terceros
(conformidad jurídica). El art. 30 prescribe que: “El vendedor deberá entregar las
mercaderías, transmitir su propiedad y entregar cualesquiera documentos relacionados con
ellas en las condiciones establecidas en el contrato y en la presente Convención”.

Por su parte, el art. 35 expresa que:

“1) El vendedor deberá entregar mercaderías cuya cantidad, calidad y tipo correspondan a
los estipulados en el contrato y que estén envasadas o embaladas en la forma fijada por el
contrato.

2) Salvo que las partes hayan pactado otra cosa, las mercaderías no serán conformes al
contrato a menos:

a) que sean aptas para los usos a que ordinariamente se destinen mercaderías del mismo tipo;

b) que sean aptas para cualquier uso especial que expresa o tácitamente se haya hecho saber
al vendedor en el momento de la celebración del contrato, salvo que de las circunstancias
resulte que el comprador no confió, o no era razonable que confiara, en la competencia y el
juicio del vendedor;

c) que posean las cualidades de la muestra o modelo que el vendedor haya presentado al
comprador;

d) que estén envasadas o embaladas en la forma habitual para tales mercaderías o, si no existe
tal forma, de una forma adecuada para conservarlas y protegerlas.

3) El vendedor no será responsable, en virtud de los apartados a) a d) del párrafo precedente,


de ninguna falta de conformidad de las mercaderías que el comprador conociera o no hubiera
podido ignorar en el momento de la celebración del contrato”.

La disposición establece el principio de la conformidad material de las mercaderías,


precisando cuál es su alcance.

Sin embargo, así se anticipó, las mercaderías también deben ser jurídicamente conformes. El
art. 41 prescribe que: “El vendedor deberá entregar las mercaderías libres de cualesquiera
derechos o pretensiones de un tercero, a menos que el comprador convenga en aceptarlas
sujetas a tales derechos o pretensiones. No obstante, si tales derechos o pretensiones se basan
en la propiedad industrial u otros tipos de propiedad intelectual, la obligación del vendedor
se regirá por el artículo 42”. Este último precepto refiere a derechos o pretensiones basados
en derechos de propiedad industrial o cualquier otro tipo de propiedad intelectual.

Tanto en el caso de la falta de conformidad material o jurídica, rigen las reglas generales del
incumplimiento, generalizándose la pretensión de reparación y sustitución de las mercaderías
(art. 46), como la de reducción del precio (art. 50). Como se advierte, en la CISG desaparecen
los vicios redhibitorios y la evicción, junto con los remedios del saneamiento típicos del
derecho civil decimonónico.

En fin, al tratarse de una compraventa internacional, la CISG, recogiendo las prácticas y usos
del tráfico comercial internacional, asume una tipología de compraventas según la forma que
se convenga la entrega. Según si la compraventa comprenda o no el transporte de las
mercaderías, ella será directa o indirecta. Y según sea la forma que se convenga la entrega,
operará la transmisión del riesgo de las mercaderías. Me detendré sobre el punto.

4.2. Transmisión del riesgo de las mercaderías

La CISG asume una técnica a partir de la tipología de las compraventas más usuales en el
comercio internacional, relacionándola, en general, con la completitud de los actos de entrega
que el contrato impone al vendedor y con el momento a partir del cual el comprador asume
directa o indirectamente (a través de un tercero, normalmente un porteador) el control sobre
las mercaderías. En síntesis, se puede afirmar, que el riesgo se transmite al comprador cuando
el vendedor ha ejecutado los actos de entrega a su cargo.

Convendrá precisar que no siempre habrá congruencia entre los actos en que consiste la
entrega y los hechos que activan la transmisión del riesgo. En efecto, en algunos casos, la
transmisión presupone más que la simple entrega material de las mercaderías, como es el
caso del art. 67 (2) CISG, referido a las ventas que impliquen su transporte, la clara
identificación de las mercaderías, ya sea mediante señales en ellas, mediante los documentos
de expedición, mediante comunicación enviada al comprador o de otro modo.

Se examinarán en lo que sigue, separadamente los tres tipos de compraventa que prevé la
CISG, la venta con entrega indirecta del art. 67 CISG (1); aquélla con entrega en tránsito del
art. 68 CISG (2); y la venta con entrega directa en el establecimiento del vendedor del art. 69
de la CISG (3).

4.2.1. Transmisión del riesgo cuando el contrato implica transporte: venta indirecta

El art. 67 dibuja una primera regla que determina el momento en que el comprador asume el
riesgo. En las ventas indirectas, su ejecución implica una relación entre el vendedor y el
comprador establecidos en diferentes Estados, siendo necesaria la intervención de un tercero
encargado del transporte de las mercaderías, el que une la cadena entre los dos contratantes
anteriores, y hace posible que lleguen a su lugar de destino. La Convención distingue dos
supuestos.
En el primero, el contrato implica transporte, y el vendedor no está obligado a entregar las
mercaderías en un lugar determinado. Según lo previsto por el párrafo (1) del citado precepto,
el riesgo se transfiere al comprador desde que las mercaderías son puestas en poder del primer
porteador para que las traslade según los términos del contrato. Este tipo de compraventa
incluye el transporte efectuado por un tercero ajeno al vendedor, excluyendo el caso en que
es ejecutado por el mismo vendedor o sus auxiliares, dado que, si es así, el daño a las
mercaderías durante el transporte es de su cargo, al no haber salido de su esfera de control.
En cambio, en el segundo, nuevamente el contrato incluye el transporte, pero en este caso el
vendedor se obliga a entregar las mercaderías a un porteador en un lugar determinado. El
riesgo en este supuesto se transmite desde que las mercaderías son puestas en poder del
porteador en ese lugar.

La aplicación de esta disposición no depende de la transferencia del dominio de las


mercaderías al comprador. Vale decir que es posible que, pese a que el dominio permanezca
en manos del vendedor, igualmente opere la transmisión del riesgo al comprador. Es por esta
razón que el precepto en examen precisa que la autorización al vendedor de retener los
documentos representativos de las mercaderías no obstará la transmisión del riesgo de
acuerdo con lo expresado. Con todo, el párrafo (2) del art. 67 prescribe que el riesgo no se
transmitirá al comprador hasta que las mercaderías estén claramente identificadas, sea
mediante señales en ellas, mediante los documentos de expedición, mediante comunicación
enviada al comprador u otro modo. Tal identificación es una condición para que opere la
transmisión del riesgo, y se justifica porque da certeza de que las mercaderías no se
confundirán con otras, protegiendo así el interés del comprador a quien se le asigna el riesgo.

Así, en las ventas con entrega indirecta la transmisión del riesgo dependerá de si el vendedor
se obligó a poner las mercaderías a disposición del porteador en un lugar determinado o no,
siendo relevante para estos efectos la clara identificación de las mercaderías, y no así la
transferencia de su propiedad.

4.2.2. Riesgo de las mercaderías vendidas en tránsito

La segunda regla se refiere a las mercaderías vendidas estando en tránsito. En conformidad


con el art. 68 de la CISG, en este tipo de venta el riesgo de las mercaderías se transmite al
comprador desde la celebración del contrato. En adición a ello, se añade como excepción,
que, si así resultare de las circunstancias, el comprador asumirá el riesgo desde el momento
en que las mercaderías se hayan puesto en poder del porteador que haya expedido los
documentos acreditativos del transporte.

No obstante, la CISG aclara que si al momento de la celebración del contrato el vendedor


sabe o debiera tener conocimiento de que las mercaderías habían sufrido pérdida o deterioro
y no lo hubiese revelado al comprador, el riesgo de la pérdida o deterioro no se le transmite.
Para estos efectos no hace falta el conocimiento real o efectivo de la pérdida, bastando el
conocimiento presunto que debiese tener el vendedor. La CISG, así, reprocha la conducta
omisiva del vendedor ordenando la retención del riesgo pese a que, según la norma, debiere
haber operado su transmisión al comprador.

4.2.3. Transmisión de riesgos en otros casos


Según lo prescrito por el art. 69, fuera de los casos previstos por los arts. 67 y 68, esto es,
cuando la venta no implique el transporte de las mercaderías ni ella tenga lugar durante su
tránsito, el riesgo se transmitirá en el momento en que el comprador se haga cargo de las
mercaderías o, si no lo hace oportunamente por su acción u omisión, desde que ellas sean
puestas a su disposición, incurriendo en incumplimiento del contrato al rehusar su recepción
o incumplir su obligación de recibir las mercaderías.

Esta última hipótesis comprende las ventas directas y aquéllas que se hacen en el
establecimiento del vendedor, o en el lugar que las partes designan según lo dispone el art.
31 b) y c) de la CISG.

Ha de aclararse que, si el comprador estuviere obligado a hacerse cargo de las mercaderías


en un lugar distinto del establecimiento del vendedor, el riesgo de estas se transmitirá cuando
deba efectuarse la entrega y el comprador tenga conocimiento de que las mercaderías se
encuentran a su disposición en ese lugar.

Si el contrato recae sobre mercaderías aún sin identificar, no se considerará que éstas hayan
sido puestas a disposición del comprador, sino hasta que estén claramente identificadas a los
efectos del contrato, debiendo conectar esta exigencia con aquélla contenida en el párrafo (2)
del art. 67, ya comentado. Queda en evidencia, cómo, nuevamente, la CISG se ocupa de
exigir certeza acerca de las mercaderías dañadas, evitando confusión, al imponerlo como
condición necesaria para la transmisión del riesgo.

Cualquiera sea el supuesto de venta directa que encierra el art. 69, la entrega de las
mercaderías constituye un acto complejo en la que deben concurrir no sólo la actividad del
vendedor tendiente a poner a disposición de comprador las mercaderías, sino que requiere,
además, el cumplimiento de la obligación de recibirlas que pesa sobre el comprador y que
comprenden todos los actos que se razonable esperar de él para que tenga lugar según el art.
61 (2) de la CISG.

4.2.4. Regla para la transmisión del riesgo fijada por las partes

Por último, será preciso indica que, antes de acudir a las reglas antes examinadas —arts. 67
a 69 de la CISG—, debe estarse a lo pactado por las partes en el contrato. Las primeras
llamadas a establecer una regla para la transmisión del riesgo de las mercaderías son las
partes, empleando su libertad contractual, reconocida y conferida por el art. 6 de la CISG, en
orden a la facultad de establecer excepciones o modificaciones a sus normas y preceptos.

En este orden de ideas, el riesgo de las mercaderías y sus efectos lo podrán regular
directamente o sometiendo la obligación de entrega del vendedor a alguno de los términos
comerciales de los INCOTERMS en la versión que entiendan más conveniente a sus intereses
o, en caso de silencio, a la actualmente vigente. Por ejemplo, las partes podrían convenir que
el riesgo se transmitirá al comprador después que examine efectivamente las mercaderías o
cuando habiendo practicado tal examen las mercaderías resulten conforme al contrato.

4.2.5. La regla del riesgo y su relación con el incumplimiento del contrato


Una vez disipada la interrogante acerca del momento o cuándo se transmite al riesgo de las
mercaderías al comprador, queda por dilucidar cuál es el efecto que se sigue de tal
transmisión. Para dar respuesta a esta cuestión, convendrá prestar atención a la regla del art.
66 que indica que: “La pérdida o el deterioro de las mercaderías sobrevenidos después de la
transmisión del riesgo al comprador no liberarán a éste de su obligación de pagar el precio,
a menos que se deban a un acto u omisión del vendedor”.

La lectura de la disposición permite descubrir que en la CISG, si las mercaderías perecen o


se deterioran después de haberse transmitido el riesgo al comprador, éste no se liberará de la
obligación de pagar el precio al vendedor, y si lo pagó, no tiene derecho a restitución alguna.
Y esta regla se justifica sencillamente porque el vendedor cumplió el contrato perteneciendo
al comprador la contingencia de las mercaderías (el riesgo), quien, a partir de los momentos
que fija la CISG (según se ha dicho), detenta su control.

Por otro lado, de la lectura negativa del precepto, resulta que si, mientras el riesgo pertenezca
al vendedor, las mercaderías se pierden o deterioran, el comprador se libera de la obligación
de pago del precio, independientemente de la causa de su pérdida o deterioro. Sin embargo,
esta lectura deja la inquietud sobre a qué se refiere cuando se afirma que el comprador se
libera de su obligación de pagar el precio o, en otros términos, cuál será su posición al no
recibir las mercaderías o recibir unas no conformes al contrato.

Si la cuestión se mira desde la óptica de la falta de entrega (pérdida) o de la falta de


conformidad de las mercaderías (deterioro) y de los remedios de que dispone el acreedor,
asoma por sí sola la respuesta. La realización del riesgo equivale a un incumplimiento
contractual y como tal, confiere al comprador, el abanico de los remedios del art. 45 CISG.
Se conecta el riesgo del contrato con el incumplimiento y los remedios. Y esta es la tendencia
que sigue el moderno derecho de los contratos, tomando como modelo a la CISG, y deja atrás
la tradicional y poco funcional Teoría de los Riesgos.

Ya se han explicado los efectos que se siguen de la realización del riesgo según quien lo
soportara fuere el vendedor o el comprador. Queda pendiente un tercer supuesto y que se
presenta de la siguiente forma: ¿qué ocurre cuando, habiéndose transmitido el riesgo al
comprador, la pérdida o deterioro de las mercaderías, no fue casual o accidental, ni imputable
a esa parte, sino que tiene su origen en la acción u omisión del propio vendedor o sus
auxiliares? Si este es el caso, la disciplina del riesgo es desplazada por la del incumplimiento
de contrato. El art. 36 de la CISG prescribe que, si la falta de conformidad existe al tiempo
de la transmisión del riesgo, el vendedor queda sometido al, y el comprador protegido por, el
régimen de remedios que ella pone a disposición del comprador. El citado artículo, con cierta
impropiedad del lenguaje, dispone que el vendedor es responsable de esa falta de
conformidad, sin embargo, una correcta lectura del precepto enseña que refiere a la
indemnización de daños y a los restantes remedios del comprador (responsabilidad en sentido
lato).

Entonces, el aludido art. 66 permite fijar definir dos supuestos claramente definidos. El
primero, consistente en que, si el riesgo se realiza después de la transmisión al comprador,
hay cumplimiento y por esta razón esta parte debe pagar el precio, a menos que la pérdida o
deterioro haya sido causada por una acción u omisión del vendedor. Y, la segunda, que la
pérdida o deterioro de las mercaderías fuere anterior a la transmisión del riesgo al comprador
y que sea el vendedor quien deba soportar su realización, de modo que, si no ejecuta la
obligación de entrega a su cargo, habrá incumplido.

5. VINCULACIÓN CONTRACTUAL Y EL INCUMPLIMIENTO. UNA MIRADA


DESDE LA PROTECCIÓN QUE LA CISG PRODIGA AL COMPRADOR

La CISG, a diferencia del Código Civil chileno y los otros códigos de tradición francesa,
supera el fraccionamiento de la disciplina del incumplimiento y de sus efectos, y, en su lugar,
prevé un régimen unitario, articulado a partir de una noción amplia y objetiva de
incumplimiento que pone a disposición del acreedor unos remedios que son comunes a
cualquiera sea la obligación infringida y la modalidad de su infracción. Se transita desde la
pluralidad a la unidad de régimen y desde el incumplimiento de las obligaciones y deberes,
al incumplimiento del contrato. El deudor, en la CISG, se obliga a realizar el contrato y si no
lo hace, cualquiera sea su causa, incumple el contrato, confiriendo al acreedor un mismo
nivel de protección (remedios). Acaso, la mejor forma de comprender este régimen se logra
prestando atención a la posición del comprador afectado por el incumplimiento del vendedor
o, en otros términos, al incumplimiento del vendedor y los remedios del comprador.

5.1. Vinculación contractual garantía e incumplimiento

El modelo de vinculación contractual que utiliza la CISG se caracteriza por garantizar la


satisfacción del interés del acreedor de que las mercaderías sean conformes al contrato, que
posean las cualidades según lo convenido, de modo que si el vendedor no lo hace, incumple
el contrato, confiriendo al acreedor una serie de remedios entre los que puede optar, todos
tendientes a satisfacer tal interés, incluyendo el derecho a exigir la corrección del
cumplimiento, alcanzando, incluso, a las compraventas con objeto específico. Con gran
claridad Morales Moreno explica que en este modelo —el de la CISG—, hay dos aspectos
fundamentales, ausentes en el de los saneamientos de nuestro Código Civil:

“Primero: las cualidades que debe tener la cosa (y no solo la entrega de misma), forman parte
del contenido del deber de prestación del vendedor. El problema teórico que pudo plantear
la imposibilidad inicial de que la cosa específica vendida deba tener las cualidades que no
tiene ha sido superado.

Segundo: el comprador dispone de un sistema de remedios del incumplimiento, y no,


simplemente, del sistema de protección del saneamiento (acciones edilicias). El sistema de
remedios del incumplimiento garantiza al comprador (en la medida del fin de protección del
contrato) la satisfacción de su interés en que la cosa tenga las cualidades que debe tener
conforme al contrato: el sistema de saneamiento, como hemos visto, normalmente no”.

Las palabras de Morales Moreno permiten comprender el sistema de la CISG, que a


diferencia del Código Civil chileno (entrega y saneamiento), la vinculación contractual
comprende también la conformidad del objeto al contrato, que la cosa reúna las cualidades
usuales o pactadas. Ella alcanza a las cualidades que la cosa —la mercadería— debe tener,
no bastándole al comprador su la entrega de las mercaderías, sino que ellas sean conforme al
contrato. El art. 30 de la CISG, que define las obligaciones del vendedor, precisa que éste
deberá entregar las mercaderías, transmitir su propiedad y entregar cualesquiera documentos
relacionados con ellas en las condiciones establecidas en el contrato y en la Convención, y el
párrafo (1) del art. 35 prescribe que el vendedor deberá entregar mercaderías cuya cantidad,
calidad y tipo correspondan a lo estipulado en el contrato y en seguida añade que las
mercaderías no serán conformes al contrato, entre otras cosas, cuando no sean aptas para los
usos a que ordinariamente se destinen mercaderías del mismo tipo o cualquier uso especial
que expresa o tácitamente se haya hecho saber al vendedor en el momento de la celebración
del contrato; que posean las cualidades de la muestra o modelo que el vendedor haya
presentado al comprador; y que estén embaladas o envasadas en la forma pactada, habitual o
adecuada. Y los arts. 41 y 42, como se ha dicho, imponen al vendedor la obligación de entrega
de las mercaderías, libres de derechos o pretensiones de terceros.

Puede concluirse que el contrato vincula al vendedor respecto de las cualidades que deben
poseer las mercaderías (materiales y jurídicas), y lo hace a tal punto, que, de no estar
presentes, hay incumplimiento de contrato, activándose el sistema general de remedios.

El vendedor garantiza un resultado, comprometiendo toda aquella conducta que sea


razonable esperar de él, atendidas las circunstancias; la realización del contrato conforme a
lo pactado. El límite a la conducta exigida está determinado por el estándar de lo razonable.
La pregunta que debe formularse el juez es: ¿qué cabría esperar de una persona razonable en
misma la posición de esta parte del contrato? La respuesta es de textura abierta, siendo
evidente en la materia la influencia del common law, y por esta razón resulta recomendable
que las partes, en ejercicio de su libertad contractual (art. 6 CISG), la circunscriban. Algunas
disposiciones de la CISG muestran lo expresado. Por ejemplo, el art. 60, letra a) sobre la
obligación del comprador de recibir las mercaderías, que le impone la ejecución de todos los
actos que sea razonable esperar de él para que el vendedor cumpla su obligación de entrega;
o el art. 79 (1) que, ante un impedimento del cumplimiento, exige al deudor afectado la
realización de aquella actividad razonable —considerando las circunstancias— para evitar y
superar tal impedimento en sí y/o en sus consecuencias.

No una hay medida prefijada, no hay una conducta delimitada, no hay deberes específicos;
el contenido de la prestación está constituido por toda aquella conducta que razonablemente
pueda esperarse del deudor y de cuya realización depende satisfacción del interés del
acreedor. La prestación se presenta como de textura abierta cuyos contornos, o los
contratantes, anticipándose; o, en su defecto, el juez estatal o el árbitro.

En la CISG el deudor se obliga a cumplir el contrato, a su realización y la consiguiente


satisfacción del interés de su acreedor. De esta forma, se entiende que el art. 25 de la CISG,
al definir el incumplimiento esencial, lo haga con referencia al contrato y no a las
obligaciones que de él emanan.

En síntesis, el modelo de la CISG supera el fraccionamiento del contenido contractual


característico de nuestro código civil e incorpora a él las cualidades —materiales y
jurídicas— de las mercaderías. En ella el vendedor garantiza al comprador la entrega de
mercaderías conformes al contrato, en las condiciones acordadas, sin defectos y aptas para el
uso acordado por las partes o, en su defecto, para el usual y, al mismo tiempo, el vendedor
se obliga a la entrega de mercaderías libres de cualquier derecho, reclamo o pretensión de
terceros. Expresado en términos positivos, el comprador ve satisfecho su interés cuando le
entregan mercaderías conformes al contrato, trasmitiéndole su propiedad libre todo derecho
o pretensión de terceros.

Desaparece la distinción entre compraventas específicas y genéricas. El régimen que prevé


es común a ambas, sin perjuicio que para algunos efectos, sí interesa considerar si el objeto
del contrato lo constituye una especie o cuerpo cierto o individuos de un género; a vía
ejemplar, la sustitución (art. 46 (2) CISG) y la operación de reemplazo (art. 75 CISG) sólo
aplica a estas últimas; y la imposibilidad originaria y sobrevenida a las primeras, sin perjuicio
de hipótesis aisladas de imposibilidad jurídica que refieran a individuos de un género, como
por ejemplo, una prohibición de comercialización o su retiro del mercado por razones
sanitarias o de seguridad. Con todo, no hay duda de que el modelo de compraventa en la
CISG es el de las obligaciones genéricas cuyo régimen es el más idóneo para dar solución a
los problemas de cumplimiento e incumplimiento, incluso de objeto específico.

Este modelo de vinculación contractual —garantía de un resultado: la realización del contrato


y la ulterior satisfacción del interés del acreedor—, configura el régimen del incumplimiento
y de sus remedios, en el que destaca por su simpleza y funcionalidad. Es un régimen que se
articula a partir de un concepto unitario de incumplimiento comprensivo de todo supuesto de
no realización del contrato, cualquiera sea su causa (impedimento exoneratorio del art. 79(5)
CISG), incluso cuando tiene su origen en la propia acción u omisión del acreedor (art. 80
CISG) y que encierra toda manifestación de falta de conformidad de las mercaderías
(inadecuación material y jurídica). Esta comprensión de la inejecución contractual absorbe
la imposibilidad originaria —como en la ausencia de las cualidades de las mercaderías— y
la sobrevenida —por destrucción de las mercaderías—, tratándose ventas específicas; los
vicios error y dolo; los vicios ocultos; e incluso si sobre las mercaderías recaen derechos
ajenos o existe alguna pretensión o reclamación de terceros. Asimismo, si el comprador no
realiza lo que sea razonable, atendida la circunstancias, para que el vendedor haga la entrega;
o se resiste a recibir las mercaderías.

Cualquiera sea la hipótesis de inadecuación respecto de lo pactado, hay incumplimiento y el


comprador tiene a su disposición los remedios que prevén los arts. 45 y 61 de la CISG, cuyo
ejercicio depende de que concurran las condiciones particulares de procedencia de cada uno
de ellos. Lo cierto es que, en la CISG cada uno de los remedios se inserta en un sistema que
tiene por fin último que el acreedor —el comprador— satisfaga su interés contractual. El
contrato protege y garantiza la satisfacción del interés en la realización del contrato, sea en
naturaleza —mediante la pretensión de cumplimiento específico, incluida la reparación y
sustitución; la resolución seguida de una operación de reemplazo o la misma reducción del
precio (o en equivalencia) reclamando la indemnización de daños—.

El modelo de vinculación explica y justifica la noción amplia y objetiva de incumplimiento


y, al mismo tiempo, que el acreedor disponga de un mismo elenco de remedios, cualquiera
sea la infracción contractual.

5.2. Remedios por falta de conformidad de las mercaderías en la CISG


Con el único fin de mostrar el sistema de la CISG como modelo de simplificación de la
disciplina del incumplimiento, convendrá comenzar describiendo el régimen de remedios por
incumplimiento del vendedor. El art. 45 dispone que, cualquiera sea el incumplimiento del
vendedor, el comprador puede optar entre reclamar el cumplimiento específico (art. 46);
resolver el contrato extrajudicialmente por comunicación al vendedor (art. 49); reducir
proporcionalmente el precio (art. 50); conceder un plazo suplementario a fin de que el
vendedor subsane su incumplimiento (art. 47); y exigir la indemnización de daños, sea
exclusivamente o en complemento con cualquiera de los otros remedios (arts. 74 a 79). A lo
anterior se añade, la posibilidad de suspender su propio cumplimiento, e incluso resolver el
contrato, cuando sea razonablemente previsible que el vendedor no cumplirá el contrato
(incumplimiento previsible ex. arts. 71 y 72) y el derecho del vendedor a subsanar su
incumplimiento (art. 48).

Para evitar omisiones y lograr la finalidad propuesta, esto es, mostrar el régimen del
incumplimiento y remedios de la CISG, centraré mi atención en la falta de conformidad de
las mercaderías y la pregunta a la que intentaré dar respuesta es: ¿cuál es la posición del
comprador afectado por la falta de conformidad de las mercaderías? La respuesta es que el
comprador podrá ejercitar cualquiera de los remedios que la CISG prevé en la medida que
concurran las condiciones de su supuesto de procedencia. Me detendré en ellos.

Previamente ha de considerarse que, ante cualquiera falta de conformidad, el vendedor es


titular del derecho a ofrecer al comprador su subsanación, si puede hacerlo sin una demora
excesiva y sin causar al comprador inconvenientes excesivos o incertidumbre en cuanto al
reembolso de los gastos que hubiere anticipado. Si es el caso, el vendedor subsanará y el
comprador deberá aceptar la corrección de la infracción contractual, sin perjuicio de su
derecho a exigir o reclamar la indemnización de daños. El vendedor se anticipa y corrige, sea
reparando, sea sustituyendo las mercaderías defectuosas, lo que aplica incluso en casos de
entrega de mercaderías afectadas por pretensiones o derechos de terceros, basados en el
dominio u otro derecho real o en derechos de propiedad industrial u otro tipo de propiedad
intelectual (arts. 41 y 42); por ejemplo, sustituyendo las mercaderías no conformes al contrato
(art. 46 (2)).

¿De qué remedios dispone el comprador afectado por la falta de conformidad?

Asumiendo que concurran las condiciones de procedencia de cada remedio, al comprador


pertenece la opción por aquél que más conveniente resulte a su interés. Así, podrá insistir en
el cumplimiento específico, exigiendo, o la reparación si ella es razonable de acuerdo con las
circunstancias del caso, quedando en manos del juez o árbitro la decisión si se sobrepasa o
no tal límite (art. 46(3)); o la sustitución si la falta de conformidad constituye incumplimiento
esencial (art. 46(2) y 25). Cualquiera sea su elección, deberá comunicarlo al vendedor
juntamente con la comunicación del art. 39 —de la falta de conformidad— o dentro de un
plazo razonable desde tal comunicación. Si no lo hace, se le priva de su derecho a exigirlo.
En la CISG, al incorporar a la vinculación contractual las cualidades de las mercaderías, la
corrección del incumplimiento integra el contenido de la convención, aunque imponga al
vendedor desplegar una conducta diversa de la entrega de las mercaderías, siempre sometida
a los límites descritos (lo razonable atendidas las circunstancias).
Según el art. 49, el comprador también dispone de la facultad resolutoria, en términos que si
la ejercita deberá comunicarlo por escrito al vendedor dentro de un plazo razonable, siempre
que la falta de conformidad constituya incumplimiento esencial del contrato (art. 25) y que
sea posible la restitución de las mercaderías en un estado sustancialmente idéntico a aquél en
que las hubiera recibido (art. 82).

Aunque la Convención no lo prevé expresamente, sí se aplica analógicamente el art. 47, en


caso que el comprador confiera al vendedor un plazo complementario para que subsane o
corrija el defecto de las mercaderías, y esta última parte deje pasar el plazo sin hacer nada o
declara que no lo hará, sería procedente la resolución sin detenerse en la entidad del
incumplimiento, a menos que sea calificado judicialmente como ínfimo, caso en el cual el
remedio quedaría excluido, no así los otros, como lo sería la reducción del precio o la
indemnización de daños.

Alternativamente, se halla el derecho a la reducción del precio que, según el art. 50 es


proporcional a la a la diferencia entre el valor que las mercaderías habrían tenido al momento
de su entrega conforme al contrato y aquél que efectivamente tienen con el defecto. Se
actualiza el precio que es fruto del acuerdo de los contratantes y para tal objeto la CISG
ofrece una fórmula objetiva que da respuesta a la siguiente interrogante: ¿cuál habría sido el
precio pactado por las partes de haber considerado la falta de conformidad? ¿cuánto habría
estado dispuesto a pagar el comprador por las mercaderías con el defecto? Con el ejercicio
de este remedio, el comprador adapta el negocio a las mercaderías con defectos materiales o
jurídicos.

La naturaleza de la reducción del precio no es indemnizatoria razón por la cual ella procede
con independencia de que intervenga la causa de exoneración del art. 79 CISG. La
interrogante es: ¿qué buenas razones podrían justificar que el comprador reduzca el precio y
no reclame la indemnización del menor valor de las mercaderías por la falta de conformidad?
Las razones son de orden práctico. Entonces, se inclinará por la reducción del precio si no
hubiere pagado, manifestándose este remedio como una genuina modificación unilateral y
extrajudicial del contrato, sin perjuicio del eventual reclamo judicial de parte del vendedor.
Seguidamente, también le resultará atractivo cuando de los antecedentes aparezca que la falta
de conformidad tuvo su causa en el impedimento del citado art. 79(1).

Respecto de la reducción del precio, habrá que considerar no procederá cuando habiendo
ofrecido el vendedor la subsanación de la falta de conformidad, el comprador rechaza
injustificadamente la oferta. Tal rechazo debe fundarse en las circunstancias que prevé el art.
48(1). Este límite a la reducción constituye una manifestación de al menos tres de los
principios generales en los que se basa la CISG (art. 7(2)), el de la lealtad contractual, de la
mitigación de las pérdidas y de la conservación del negocio.

Finalmente, el comprador tiene derecho a reclamar, sea en forma exclusiva, sea como
complemento de alguno de los otros remedios, la indemnización de daños. La indemnización,
como lo dispone el art. 74, comprende el daño emergente y el lucro cesante, que las partes
razonablemente debieran prever al tiempo del contrato, en atención al conocimiento que
posean o deban poseer en ese momento. El propio art. 45 en su párrafo (2) la declara
compatible con el cumplimiento específico, la resolución y la reducción del precio. Las
condiciones de la pretensión indemnizatoria se reducen a dos, que la falta de conformidad
cause daños y que el vendedor no acredite que ella tuvo su causa en un impedimento ajeno a
su esfera de control que cumple con las condiciones del art. 79 (1).

Entonces, el contenido de la indemnización está determinado por el daño emergente y el lucro


cesante y su extensión queda sometida a dos reglas, la de la previsibilidad al tiempo del
contrato del art. 74 y la mitigación de los daños conforme el art. 77 en el entendido que el
comprador no hubiere adoptado las medidas que eran razonables atendidas las circunstancias
para minimizar el daño. Si no las adoptó, siendo razonable que lo hiciera, el vendedor tiene
derecho a exigir la reducción de la indemnización en la medida que el daño hubiera podido
evitarse o mitigarse. A lo anterior, habrá que añadir la regla de la contribución a la producción
del daño que, si bien la CISG no la prevé expresamente, hay acuerdo en orden a que es
aplicable por aplicación del principio general de la reparación integral (daño causado por el
deudor), el de la mitigación y el de la buena fe.

Respecto de este remedio, también habrá que considerar dos reglas particulares para el caso
de resolución de contrato, son las reglas de la operación de reemplazo que garantiza como
partida mínima de la indemnización la diferencia del precio (art. 75) y aquélla que reconoce
al mismo título, el derecho a la diferencia entre el precio del contrato y el corriente de
mercado de las mercaderías (art. 76). En ambos casos, el acreedor tiene derecho a sumar la
indemnización de acuerdo con el art. 74.

En fin, la indemnización no será procedente cuando el vendedor, así se ha anticipado, acredite


que el incumplimiento se debió a un impedimento ajeno a su control, razonablemente
imprevisible al tiempo del contrato, inevitable e insuperable en sí y en sus consecuencias.
Dos son las peculiaridades de esta causa de exoneración —equivalente al caso fortuito o de
fuerza mayor—. La primera, el carácter temporal de sus efectos, el deudor queda exonerado
mientras persista la insuperabilidad de las consecuencias del impedimento. Quiere decir, que
el deudor, a pesar del impedimento, sigue obligado a superarlo y cumplir el contrato. Y, la
segunda, que el impedimento sólo afecta el remedio de la pretensión de cumplimiento
específico y el de la indemnización de daños. Así lo muestra el párrafo (5) del art. 79. El
acreedor dispondrá de los restantes remedios por el incumplimiento objetivo del contrato.

A todo lo anterior, habrá que añadir que el art. 80 dispone que el acreedor está privado del
derecho a invocar el incumplimiento (en consecuencia, del ejercicio de cualquier remedio),
si éste tiene su causa en su acción u omisión.

En síntesis, la disciplina del incumplimiento en la CISG reconoce al comprador afectado por


el incumplimiento, cualquiera sea su manifestación, un abanico de remedios entre los que
puede optar libremente, si concurren sus condiciones de procedencia. En particular, podrá
ejercitar la pretensión de cumplimiento específico (reparación y sustitución de las
mercaderías); la facultad resolutoria de ejercicio extrajudicial, por comunicación; el derecho
a la reducción del precio y la indemnización de daños, en conjunto con cualquiera de los
anteriores o en forma exclusiva o autónoma.
BIBLIOGRAFÍA:

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA DE REFERENCIA

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contratos internacionales: el Reglamento Roma I, Madrid, Colex, 2009; DE LA MAZA, I. y
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2020; DÍEZ-PICAZO, L., La compraventa internacional de mercaderías, Madrid, Civitas,
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1992; FERRARI, F., “Uniform Interpretation of the 1980 Uniform Sales Law”, Georgia
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Viena sobre Compraventa Internacional de Mercaderías de 1980, Buenos Aires, Astrea,
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función integradora de los principios generales en la compraventa internacional de
mercaderías y los principios de la UNIDROIT sobre contratos comerciales internacionales”,
Anuario de Derecho Civil, Madrid, nº 56-3, 2003; Ibid., La Protección del Comprador,
Régimen de la Convención de Viena y su contraste con el Código Civil, Valparaíso, 2007.

ÍNDICE:

Índice

Prólogo 23

Listado de autores 27
Principales abreviaturas utilizadas 35

Capítulo 1

Estructura institucional del comercio internacional

1. INTRODUCCIÓN 41

2. INSTITUCIONES DE NATURALEZA INTERNACIONAL 42

2.1. Introducción: El GATT de 1947 42

2.2. La OMC 43

2.2.1. Introducción 43

2.2.2. El Acta de Marraquech de 1994 44

2.2.2.1. El GATS 45

2.2.2.2. El ADPIC 45

2.2.2.3. El ESD 47

2.3. Otras instituciones 48

3. INSTITUCIONES DE CARÁCTER REGIONAL 48

3.1. Introducción 48

3.2. El MERCOSUR 49

3.3. La Unión Europea 51

4. CHILE Y LA INTEGRACIÓN ECONÓMICA INTERNACIONAL 53

5. EL COMERCIO INTERNACIONAL Y LA CODIFICACIÓN DEL DERECHO DEL


COMERCIO INTERNACIONAL 56

5.1. Introducción 56

5.2. La Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional 56

5.3. La Cámara de Comercio Internacional de París 57

5.4. El UNIDROIT 58
Capítulo 2

Régimen jurídico aduanero chileno

1. INTRODUCCIÓN 61

2. EL MARCO JURÍDICO DEL DERECHO ADUANERO CHILENO 62

2.1. Constitución Política del Estado de Chile. Ordenamiento legal 62

2.1.1. Constitución Política del Estado de Chile 62

2.1.2. Ordenamiento legal 63

2.2. Los Tratados internacionales 63

2.3. Los Reglamentos, Decretos, Resoluciones, Instrucciones y Circulares 64

2.4. La jurisprudencia 64

3. ORGANIZACIÓN DE LA ADUANA EN CHILE 65

3.1. El Servicio Nacional de Aduanas 65

3.2. Funciones del Servicio Nacional de Aduanas 67

3.3. Las zonas de jurisdicción aduanera 69

4. LA MERCANCÍA 71

4.1. Concepto de mercancía 71

4.2. Clasificación de las mercancías 71

4.3. Las mercancías y los privilegios de la deuda del impuesto 73

5. LAS OBLIGACIONES ADUANERAS 74

5.1. Obligación aduanera de control 74

5.2. Obligación aduanera de pago o garantía 76

6. LAS DESTINACIONES ADUANERAS 76

6.1. Concepto de destinación aduanera 76


6.2. Requisitos de la destinación aduanera 77

6.2.1. Requisitos formales de una destinación aduanera 77

6.2.2. Requisitos jurídicos o subjetivos de una destinación aduanera 78

6.2.3. Requisito material de una destinación aduanera 78

6.3. Clasificación de las destinaciones o regímenes aduaneros 79

6.4. Etapas de las destinaciones aduaneras 81

7. LOS DESPACHANTES DE ADUANA EN EL DERECHO ADUANERO CHILENO 83

8. EL VALOR ADUANERO Y LA OBLIGACIÓN TRIBUTARIA ADUANERA 84

9. LAS INFRACCIONES ADUANERAS EN LA ORDENANZA DE ADUANAS DE


CHILE 85

9.1. Consideraciones preliminares 85

9.2. Delito de contrabando aduanero en Chile 86

9.2.1. Bien jurídico protegido 86

9.2.2. Tipificación del contrabando en la Ordenanza de Aduanas de Chile 86

9.2.3. Tentativa del delito de contrabando 87

9.2.4. Participantes. Penas. Prescripción 88

9.2.4.1. Terceros participantes en el delito de contrabando 88

9.2.4.2. Las penas del delito de contrabando 88

9.2.4.3. Prescripción 88

9.3. La “Renuncia de la Acción Penal” 88

9.4. Contravenciones Aduaneras en Chile 89

9.4.1. Antecedentes generales 89

9.4.2. Procedimiento de sanción de estas contravenciones 89

10. LOS TRIBUNALES TRIBUTARIOS Y ADUANEROS 89


Capítulo 3

La regulación de las inversiones extranjeras en Chile

1. ANTECEDENTES DE LA INVERSIÓN EXTRANJERA EN CHILE Y NORMATIVA


APLICABLE 93

2. LEY MARCO PARA LA INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA EN CHILE 96

3. NOCIÓN DE INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA 96

4. NOCIÓN DE INVERSIONISTA EXTRANJERO 98

5. CALIFICACIÓN Y CERTIFICACIÓN DEL INVERSIONISTA EXTRANJERO 99

6. RÉGIMEN JURÍDICO APLICABLE A LA INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA 101

7. SECTORES ECONÓMICOS RESERVADOS A NACIONALES 103

8. PROCEDIMIENTO DEL CAPÍTULO XIV DEL COMPENDIO DE NORMAS DE


CAMBIOS INTERNACIONALES DEL BANCO CENTRAL DE CHILE 106

Capítulo 4

El funcionamiento del mercado. Derecho de la libre competencia y Derecho de la


competencia desleal en Chile

1. INTRODUCCIÓN. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA 109

2. BASE CONCEPTUAL E HISTÓRICA DEL SISTEMA DE PROTECCIÓN DE LIBRE


COMPETENCIA CHILENO 110

3. CONDUCTAS, SANCIONES APLICABLES, E INSTITUCIONALIDAD DEL


SISTEMA DE PROTECCIÓN DE LIBRE COMPETENCIA CHILENO 112

3.1. Las conductas anticompetitivas bajo el sistema de protección de libre competencia


chileno 113

3.1.1. Análisis del tipo infraccional genérico bajo el sistema de protección de libre
competencia chileno 113

3.1.2. Enumeración no taxativa de conductas anticompetitivas bajo el sistema de protección


de libre competencia chileno 115

3.1.2.1. La colusión y los acuerdos o prácticas concertadas anticompetitivas 115


3.1.2.2. La explotación abusiva de una posición dominante 117

3.1.2.3. Las denominadas prácticas predatorias 117

3.1.2.4. El interlocking 118

3.2. Las sanciones establecidas a las conductas anticompetitivas bajo el sistema de protección
de libre competencia 119

3.2.1. Principales alcances y nuevas sanciones establecidas para las denominadas


operaciones de concentración 121

3.2.2. Beneficios de la denominada delación compensada 123

3.2.3. Breve noticia acerca de la nueva acción de indemnización de perjuicios 124

3.3. La institucionalidad bajo el sistema de protección de libre competencia chileno 125

3.3.1. El Tribunal de Defensa de la Libre Competencia 125

3.3.2. La Corte Suprema de Justicia 127

3.3.3. La Fiscalía Nacional Económica 128

4. CONCEPTO, CONDUCTAS, Y SANCIONES APLICABLES EN MATERIA DE


COMPETENCIA DESLEAL CHILENA 129

4.1. Concepto y ámbito de aplicación de la competencia desleal 130

4.2. Conductas (actos de competencia desleal) 131

4.3. Las acciones, sanciones, y tribunal competente 133

4.3.1. Acciones y sanciones 133

4.3.2. Tribunal competente 134

5. ALGUNAS DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS ENTRE AMBAS FIGURAS 134

Capítulo 5

Protección internacional de la propiedad industrial e intelectual

1. CONCEPTO Y FUNCIÓN DE LOS BIENES INMATERIALES EN UNA ECONOMÍA


DE MERCADO 137
1.1. Introducción 137

1.2. Derechos de propiedad industrial 138

1.2.1. Patentes 138

1.2.2. Marcas 139

1.2.3. Diseños industriales 140

1.3. Derechos de propiedad intelectual 140

2. NORMATIVA DE PROTECCIÓN EN CHILE 141

2.1. Reconocimiento en la Constitucional chilena de la propiedad industrial e intelectual 142

2.2. Reconocimiento en la legislación chilena de la propiedad industrial 143

2.2.1. Marcas comerciales 144

2.2.2. Invenciones y patentes 146

2.2.3. Modelos de utilidad 147

2.2.4. Dibujos y diseños industriales 148

2.2.5. Esquemas de trazado o topografías de los circuitos integrados 149

2.2.6. Indicaciones geográficas y denominaciones de origen 150

2.3. Reconocimiento en la legislación chilena de la propiedad intelectual 152

3. CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA PROTECCIÓN DE LA PROPIEDAD


INDUSTRIAL E INTELECTUAL EN EL COMERCIO INTERNACIONAL 156

3.1. El principio de territorialidad 156

3.2. El principio de independencia 157

3.3. Bases del régimen de protección internacional 157

4. NORMATIVA INTERNACIONAL DE PROTECCIÓN 159

4.1. Convenios internacionales en materia de propiedad industrial 159

4.1.1. Convenios “unificadores” 159


4.1.1.1. El derecho de prioridad 160

4.1.1.2. La independencia de las marcas 161

4.1.1.3. La protección de las marcas notoriamente conocidas 161

4.1.2. Convenios “procedimentales” 162

4.2. Convenios internacionales en materia de propiedad intelectual 163

4.3. El Acuerdo ADPIC 164

Capítulo 6

Los sujetos del comercio internacional. Dimensión internacional de las sociedades

1. INTRODUCCIÓN. LA PLURALIDAD DE SUJETOS PARTICIPANTES EN EL


COMERCIO INTERNACIONAL 169

2. EMPRESARIO EXTRANJERO PERSONA FÍSICA 170

2.1. Estatuto personal 170

2.1.1. Atribución de la cualidad (calidad) de comerciante 171

2.1.2. Determinación de la capacidad comercial 171

2.2. Régimen de extranjería 172

2.2.1. Nacionales del TLC con los Estados Unidos de América del Norte y del Espacio
Económico Europeo 173

2.2.2. Nacionales de terceros países 174

2.2.3. Normas comunes 174

3. EMPRESARIO EXTRANJERO PERSONA JURÍDICA 175

3.1. Introducción 175

3.2. Nacionalidad y reconocimiento de sociedades extranjeras 176

3.2.1. Nacionalidad de las sociedades 176

3.2.2. Reconocimiento de las sociedades extranjeras 177


3.2.3. Régimen jurídico de la empresa extranjera en Chile 178

3.2.3.1. El establecimiento de sociedades extranjeras 182

3.2.3.2. La agencia de sociedades extranjeras y de personas jurídicas con fines de lucro 184

3.2.3.3. La agencia de sociedades anónimas extranjeras 186

4. LA EMPRESA Y SU ACTIVIDAD INTERNACIONAL 188

4.1. Introducción 188

4.2. Formas jurídicas del Derecho Internacional Regional americano 189

4.3. Sociedades internacionales 190

4.4. Grupo de empresas multinacionales 192

4.4.1. Introducción 192

4.4.2. Estatuto corporativo 193

4.4.2.1. Introducción 193

4.4.2.2. Régimen jurídico 194

4.4.3. Perspectiva supranacional 195

4.4.4. Perspectiva nacional o estatal 195

4.4.5. Estatuto legal 196

4.5. Joint Venture 198

4.5.1. Introducción 198

4.5.2. Equity Joint Venture 199

4.5.3. Non-Equity Joint Venture 200

4.6. Actividad internacional de las empresas multinacionales 201

4.6.1. Traslado de la sede social 201

4.6.2. Apertura de filiales y sucursales 202


4.6.3. La fusión internacional de empresas 204

Capítulo 7

El régimen jurídico general de la contratación internacional en Chile y el supuesto específico


de la modalidad electrónica de contratación

1. LAS BASES DEL MODELO CHILENO DE DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO


207

2. EL MARCO REGULADOR GENERAL DE LOS CONTRATOS INTERNACIONALES


EN CHILE 209

2.1. Las soluciones recogidas en el Código de Derecho internacional privado 210

2.1.1. Regla general 210

2.1.2. Excepciones a la regla general 211

2.2. Las soluciones previstas en el Código Civil y en el Código de Comercio 212

2.3. El reconocimiento del principio de autonomía de la voluntad en relación con la


contratación internacional del sector público 214

3. EL SUPUESTO ESPECÍFICO DE LA CONTRATACIÓN ELECTRÓNICA 214

3.1. Introducción 214

3.2. Contratos informáticos internacionales 217

3.3. Contratos electrónicos internacionales 218

Capítulo 8

La compraventa internacional de mercaderías: el Convenio de Viena de 1980 sobre


compraventa internacional de mercaderías

1. INTRODUCCIÓN 221

2. APLICACIÓN DE LA CISG 222

2.1. Algunas cuestiones relevantes 222

2.2. Ámbito material de la CISG e integración de las lagunas 225

3. El contrato en la CISG 231


3.1. Libertad contractual y CISG 231

3.2. La formación del contrato 233

3.3. Algunas consideraciones acerca de las reglas de interpretación del contrato en la CISG
236

4. LA ENTREGA Y LA TRANSMISIÓN DEL RIESGO DE LAS MERCADERÍAS 238

4.1. La entrega 238

4.2. Transmisión del riesgo de las mercaderías 239

4.2.1. Transmisión del riesgo cuando el contrato implica transporte: venta indirecta 240

4.2.2. Riesgo de las mercaderías vendidas en tránsito 241

4.2.3. Transmisión de riesgos en otros casos 241

4.2.4. Regla para la transmisión del riesgo fijada por las partes 242

4.2.5. La regla del riesgo y su relación con el incumplimiento del contrato 243

5. VINCULACIÓN CONTRACTUAL Y EL INCUMPLIMIENTO. UNA MIRADA


DESDE LA PROTECCIÓN QUE LA CISG PRODIGA AL COMPRADOR 244

5.1. Vinculación contractual garantía e incumplimiento 245

5.2. Remedios por falta de conformidad de las mercaderías en la CISG 248

Capítulo 9

La Compraventa Internacional de Mercaderías: el Convenio de Viena de 1980 sobre


compraventa internacional de mercaderías y su aplicación en Chile

1. LA CONVENCIÓN DE VIENA COMO NORMA APLICABLE EN CHILE 255

1.1. Introducción 255

1.2. Las cuestiones 257

1.2.1. Consideraciones previas 258

2. LAS INTERROGANTES QUE OFRECE LA APLICACIÓN JUDICIAL DE LA CISG


EN CHILE 261
2.1. Exclusión tácita de la CISG 261

2.2. Sentido y alcance de la reserva del artículo 96 CISG 263

3. ERRÓNEA INTERPRETACIÓN Y APLICACIÓN DE LA CISG 264

Capítulo 10

Compraventa internacional de mercaderías: los INCOTERMS 2020

1. INTRODUCCIÓN 269

2. LA DENOMINADA NUEVA LEX MERCATORIA O NUEVO “DERECHO DE LOS


COMERCIANTES” 270

3. LOS INCOTERMS 2020 271

3.1. Origen, significado y naturaleza de los INCOTERMS 271

3.2. Los INCOTERMS 2020: términos y clasificación 272

3.3. Estructura interna de los diversos INCOTERMS 273

4. TÉRMINOS VÁLIDOS PARA CUALQUIER MODO O MODOS DE TRANSPORTE


274

4.1. El término EXW / En fábrica 274

4.1.1. Obligaciones del vendedor 274

4.1.2. Obligaciones del comprador 277

4.2. El término FCA / Franco porteador 278

4.2.1. Obligaciones del vendedor 278

4.2.2. Obligaciones del comprador 280

4.3. El término CPT / Transporte Pagado Hasta 281

4.3.1. Obligaciones del vendedor 281

4.3.2. Obligaciones del comprador 283

4.4. El término CIP / Transporte y Seguro Pagados hasta 284


4.4.1. Obligaciones del vendedor 285

4.4.2. Obligaciones del comprador 287

4.5. El término DAP / Entregada en Lugar 289

4.5.1. Obligaciones del vendedor 289

4.5.2. Obligaciones del comprador 290

4.6. El término DPU / Entregada en lugar de descarga 291

4.6.1. Obligaciones del vendedor 292

4.6.2. Obligaciones del comprador 293

4.7. El término DDP / Entregada Derechos Pagados 294

4.7.1. Obligaciones del vendedor 294

4.7.2. Obligaciones del comprador 296

5. TÉRMINOS VÁLIDOS PARA TRANSPORTE MARÍTIMO Y VÍAS NAVEGABLES


INTERIORES 297

5.1. El término FAS / Franco al costado del buque 297

5.1.1. Obligaciones del vendedor 298

5.1.2. Obligaciones del comprador 299

5.2. El término FOB / Franco a bordo 301

5.2.1. Obligaciones del vendedor 301

5.2.2. Obligaciones del comprador 303

5.3. El término CFR / Coste y Flete 304

5.3.1. Obligaciones del vendedor 304

5.3.2. Obligaciones del comprador 306

5.4. El término CIF / Costo, Seguro y Flete 307

5.4.1. Obligaciones del vendedor 307


5.4.2. Obligaciones del comprador 310

6. CUADRO RESUMEN DE LOS INCOTERMS 2020 311

Capítulo 11

Los contratos de seguro en el comercio internacional

1. DERECHO DE SEGUROS: DE LA EMPRESA Y DEL CONTRATO DE SEGURO 327

2. SEGUROS Y COMERCIO INTERNACIONAL 328

2.1. Presentación 328

2.2. Seguros relativos al comercio internacional de mercancías: seguros de créditos, garantía


o caución y otros instrumentos financieros 329

2.2.1. Seguro de crédito 329

2.2.2. Seguros de garantía 329

2.2.3. Seguros de caución 330

2.2.4. Seguros de cambio 331

2.3. Seguros de transporte de mercancías 331

2.3.1. Seguros de transporte marítimo 332

2.3.2. Seguros de transporte terrestre 338

2.3.3. Seguros de transporte aéreo 339

2.3.4. Seguros de fletes 339

2.4. Seguros de casco marítimo y aéreo 341

2.5. Seguros de responsabilidad de armadores, fletadores y coberturas de P&I 342

3. NORMAS DE DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO CHILENO EN MATERIA


DE SEGUROS 342

3.1. Normas generales 343

3.2. Normas especiales 343


Capítulo 12

Contratos de distribución y cooperación y relativos a los derechos de propiedad industrial

1. CONTRATOS DE DISTRIBUCIÓN Y COOPERACIÓN 347

1.1. Agencia comercial 348

1.1.1. Introducción 348

1.1.2. Régimen jurídico 349

1.1.2.1. Plano anacional 349

1.1.2.2. Regulación en el Derecho chileno 350

1.2. Concesión mercantil 352

1.2.1. Introducción 352

1.2.2. Régimen jurídico 352

1.3. Franquicia 353

1.3.1. Introducción 353

1.3.2. Régimen jurídico 354

1.3.2.1. Introducción 354

1.3.2.2. Legislación aplicable 357

2. CONTRATOS RELATIVOS A LOS DERECHOS DE PROPIEDAD INDUSTRIAL 357

2.1. Introducción 357

2.2. Régimen jurídico 359

2.2.1. Ejercicio de la autonomía de la voluntad 359

2.2.2. Determinación del Derecho aplicable en ausencia de elección 360

2.2.3. Condicionantes de la ley aplicable 361

Capítulo 13
Garantías contractuales internacionales

1. INTRODUCCIÓN 363

2. TIPOLOGÍA DE LAS GARANTÍAS 366

2.1. Fianza 366

2.1.1. Concepto y caracteres generales 366

2.1.2. Clases de fianza 367

2.1.2.1. Fianza de anticipo 367

2.1.2.2. Fianza de mantenimiento 367

2.1.2.3. Fianza de cumplimiento 367

2.1.2.4. Fianza de licitación 368

2.2. Garantías independientes 368

2.2.1. Origen y función económica 368

2.2.1.1. El beneficiario 370

2.2.1.2. El emisor de la garantía 370

2.2.1.3. El deudor-ordenante 371

2.2.2. Clases de garantías independientes 372

2.2.2.1. Clases de garantías en función de la intervención de una o varias entidades bancarias


372

2.2.2.2. Clases de garantías de acuerdo con la forma de su reclamación 374

2.2.2.3. La carta de crédito contingente o “standby letter of credit” 376

3. RÉGIMEN JURÍDICO DE LAS GARANTÍAS EN DERECHO CHILENO 376

3.1. Garantías y cauciones 376

3.2. Cauciones personales 377

3.2.1. Cláusula penal 377


3.2.2. Solidaridad pasiva 378

3.2.3. Fianza 379

3.2.4. Aval 380

3.2.5. Arras en la compraventa 381

4. RÉGIMEN JURÍDICO DE LAS GARANTÍAS A NIVEL INTERNACIONAL 381

4.1. El desarrollo de una regulación material para las garantías 381

4.1.1. La labor de la CCI 382

4.1.1.1. Las Reglas uniformes sobre garantías contractuales 382

4.1.1.2. Las Reglas Uniformes relativas a las garantías a primer requerimiento (RUGD 458)
383

4.1.1.3. Las Reglas Uniformes de la CCI para las fianzas contractuales 384

4.1.1.4. Los Usos Internacionales relativos a los créditos contingentes 385

4.1.1.5. La nueva versión de las Reglas Uniformes relativas a las garantías a primer
requerimiento (RUGD 758) 385

4.1.2. La Convención de la CNUDMI sobre garantías independientes y cartas de crédito


contingente 389

4.2. Derecho aplicable 390

4.2.1. Código Civil 391

4.2.2. Código de Comercio 391

4.2.3. Código de Derecho Internacional Privado 392

Capítulo 14

Medios de cobro y pago internacionales

1. ASPECTOS GENERALES 397

2. LAS TRANSFERENCIAS BANCARIAS Y ÓRDENES DE PAGO


TRANSFRONTERIZO 398
2.1. Cuestiones conceptuales 398

2.1.1. Orden de pago simple 399

2.1.2. La orden de pago documentaria 400

2.2. Régimen jurídico aplicable 401

2.2.1. Intentos de unificación internacional: la labor de la CDUDMI/UNCITRAL 401

2.2.2. Cuestiones de Derecho aplicable 402

2.2.2.1. Perspectiva unitaria 402

2.2.2.2. Perspectiva autónoma 403

3. LAS REMESAS (COBRANZAS) 403

3.1. Cuestiones conceptuales 403

3.1.1. Sujetos intervinientes 404

3.1.2. Tipos de remesas 404

3.1.2.1. Remesas directas 404

3.1.2.2. Remesas indirectas 405

3.1.2.3. Remesas simples 405

3.1.2.4. Remesas documentarias o contra entrega de documentos 405

3.2. Régimen jurídico aplicable 406

4. EL CRÉDITO DOCUMENTARIO 407

4.1. Cuestiones conceptuales 407

4.1.1. Funcionamiento habitual 408

4.1.2. Objetivos 409

4.1.3. Principios aplicables 410

4.1.3.1. Principio de independencia 410


4.1.3.2. Principio de cumplimiento estricto 410

4.2. Documentos 411

4.3. Clases 411

4.3.1. Créditos utilizados contra pago a la vista, pago aplazado, aceptación y negociación 411

4.3.2. Créditos confirmados y no confirmados 412

4.3.3. Créditos transferibles y no transferibles 412

4.3.4. Créditos respaldados 413

4.3.5. Créditos con cláusula roja 413

4.3.6. Créditos con cláusula verde 413

4.3.7. Créditos divisibles e indivisibles 413

4.4. Régimen jurídico aplicable 414

4.4.1. Intentos de unificación internacional 414

4.4.2. Cuestiones de Derecho aplicable 414

Capítulo 15

Financiación del comercio internacional

1. CONTRATOS DE FINANCIACIÓN 417

1.1. Contrato de factoring 417

1.1.1. Concepto y obligaciones de las partes 417

1.1.1.1. Concepto 417

1.1.1.2. Obligaciones de las partes 417

1.1.2. Tipos de factoring 419

1.1.2.1. Factoring con anticipo o factoring sin anticipo 419

1.1.2.2. Factoring con recurso y factoring sin recurso 420


1.1.2.3. Factoring directo y factoring convencional 420

1.1.3. Régimen jurídico del contrato de factoring 421

1.1.3.1. Unificación normativa internacional 421

1.1.3.2. Soluciones conflictuales 423

1.2. Contrato de leasing 424

1.2.1. Concepto y obligaciones de las partes 424

1.2.1.1. Concepto 424

1.2.1.2. Obligaciones de las partes 426

1.2.2. Tipos de leasing 427

1.2.2.1. Leasing operativo, leasing financiero y leasing de retorno (lease-back) 427

1.2.2.2. Leasing de exportación y leasing de importación 427

1.2.3. Régimen jurídico del contrato de leasing 428

1.2.3.1. La labor de la UNIDROIT 428

1.2.3.2. Derecho aplicable 428

1.3. Contrato de forfaiting 431

2. EL RIESGO DE CAMBIO EN LA FINANCIACIÓN INTERNACIONAL Y SU


COBERTURA 432

2.1. Concepto y factores que provocan el riesgo de cambio 432

2.2. Instrumentos de cobertura 433

2.2.1. Contratos a plazo o forward en divisas 433

2.2.2. Opciones sobre divisas 434

2.2.3. Contratos swaps de divisas 435

2.2.3.1. Características generales 435

2.2.3.2. Régimen jurídico 436


Capítulo 16

Contratos internacionales de transporte marítimo

1. UNIFICACIÓN INTERNACIONAL DEL DERECHO DEL TRANSPORTE: ENTRE EL


DERECHO MATERIAL UNIFORME Y EL DERECHO CONFLICTUAL UNIFORME
439

2. CONTRATOS INTERNACIONALES DE TRANSPORTE MARÍTIMO: CONCEPTO,


ELEMENTOS PERSONALES Y DOCUMENTACIÓN UTILIZADA 440

3. RÉGIMEN JURÍDICO APLICABLE 443

3.1. Introducción 443

3.2. Normativa material uniforme 444

3.2.1. Introducción 444

3.2.2. Ámbito espacial de aplicación 446

3.2.3. Ámbito material de aplicación 447

3.3. Normativa conflictual 452

3.3.1. Introducción 452

3.3.2. El principio de autonomía de la voluntad 453

3.3.2.1. Importancia de las cláusulas Paramount en el transporte marítimo internacional 453

3.3.2.2. Importancia de las cláusulas de electio iuris 454

3.3.2.3. Límites al ejercicio de la autonomía de la voluntad 454

Capítulo 17

Contratos internacionales de transporte aéreo, terrestre y multimodal

1. CONTRATOS INTERNACIONALES DE TRANSPORTE AÉREO 457

1.1. Introducción 457

1.2. Concepto, elementos personales y documentación utilizada 458

1.3. Régimen jurídico aplicable 459


1.3.1. Normativa material uniforme 460

1.3.1.1. Ámbito espacial de aplicación 460

1.3.1.2. Ámbito material de aplicación 460

1.3.2. Normativa conflictual 463

2. CONTRATOS INTERNACIONALES DE TRANSPORTE DE MERCANCÍAS POR


CARRETERA 463

2.1. Introducción 463

2.2. Concepto, elementos personales y documentación 464

2.3. Régimen jurídico aplicable 466

2.3.1. Normativa material uniforme 466

2.3.1.1. Ámbito espacial de aplicación 466

2.3.1.2. Ámbito material de aplicación 467

2.3.2. Normativa conflictual 470

3. CONTRATOS INTERNACIONALES DE TRANSPORTE DE MERCANCÍAS POR


FERROCARRIL 471

3.1. Introducción 471

3.2. Concepto, elementos personales y documentación 472

3.3. Régimen jurídico aplicable 474

3.3.1. Normativa material uniforme 474

3.3.1.1. Ámbito espacial de aplicación 474

3.3.1.2. Ámbito material de aplicación 475

3.3.2. Normativa conflictual 476

4. CONTRATOS INTERNACIONALES DE TRANSPORTE MULTIMODAL 476

4.1. Introducción 476


4.2. Concepto, elementos personales y documentación 477

4.3. Régimen jurídico aplicable 479

Capítulo 18

Procedimientos de insolvencia transfronterizos: el caso chileno

1. INTRODUCCIÓN 483

2. LA INSOLVENCIA TRANSFRONTERIZA Y LA LEY MODELO SOBRE


INSOLVENCIA TRANSFRONTERIZA DE 1997 484

2.1. La noción de insolvencia transfronteriza 484

2.2. La elaboración de la Ley Modelo de la CNUDMI sobre insolvencia transfronteriza de


1997 485

2.3. Las claves de la Ley Modelo 486

2.3.1. Estructura de la Ley Modelo 487

3. LA INSOLVENCIA TRANSFRONTERIZA Y SU REGULACIÓN EN CHILE 489

3.1. El Capítulo VIII de la Ley Nº 20.720 490

3.1.1. De las Disposiciones generales 490

3.1.2. El acceso de los representantes y acreedores extranjeros a los tribunales chilenos 492

3.1.3. El reconocimiento de los procedimientos extranjeros y las medidas que se pueden


adoptar 494

3.1.3.1. Reconocimiento de un procedimiento concursal extranjero 494

3.1.3.2. Medidas que se pueden adoptar a partir de la solicitud de reconocimiento 497

3.1.3.3. Efectos del reconocimiento del procedimiento extranjero 497

3.1.3.4. Medidas adoptables a partir del reconocimiento del procedimiento extranjero 498

3.1.3.5. Reconocimiento de las resoluciones concursales extranjeras 498

3.1.3.6. Protección de los acreedores y de otras personas interesadas 500

3.1.3.7. El ejercicio de acciones revocatorias concursales 500


3.1.3.8. Intervención de un representante extranjero en procedimientos que se tramiten en
Chile 501

3.1.4. De la cooperación con los tribunales y representantes extranjeros 502

3.1.5. Sobre los procedimientos paralelos 502

3.1.5.1. Inicio de un procedimiento concursal de acuerdo a la ley luego del reconocimiento


de un procedimiento extranjero principal 503

3.1.5.2. Coordinación de un procedimiento seguido con arreglo a la ley y un procedimiento


extranjero 503

3.1.5.3. Coordinación de varios procedimientos paralelos 505

3.1.5.4. Regla del pago de un acreedor pagado parcialmente en los procedimientos paralelos
505

Capítulo 19

Resolución de controversias en el comercio internacional chileno: tribunales estatales y


MASC

1. EL ESPECIAL PROBLEMATISMO QUE ACOMPAÑA A LOS LITIGIOS


COMERCIALES INTERNACIONALES 510

2. EL RECURSO A LOS TRIBUNALES COMO VÍA DE RESOLUCIÓN DE LAS


CONTROVERSIAS COMERCIALES INTERNACIONALES 510

2.1. Las normas de competencia judicial internacional chilenas 511

2.1.1. Las normas de competencia judicial internacional del Código de Derecho internacional
privado 511

2.1.1.1. Foro de la autonomía de la voluntad, como foro principal y general 511

2.1.1.2. Competencia judicial internacional en ausencia de elección expresa o tácita por las
partes 512

2.1.2. La articulación del modelo chileno de competencia judicial internacional en torno al


artículo 5 Código Orgánico de Tribunales 513

2.2. Eficacia en Chile de las resoluciones judiciales dictadas fuera del país 516

2.2.1. Régimen de origen convencional 516


2.2.1.1. El régimen del CDIPr 516

2.2.1.2. El régimen del Acuerdo de Cooperación y Asistencia Jurisdiccional del


MERCOSUR 517

2.2.2. Las soluciones del CPC 518

2.2.2.1. Exigencia del exequatur y su significado 518

2.2.2.2. Las condiciones para la concesión del exequatur 519

2.2.2.3. El procedimiento de exequatur previsto en el CPC 522

3. EL ARBITRAJE COMERCIAL INTERNACIONAL EN CHILE 523

3.1. El marco normativo chileno sobre arbitraje comercial internacional 523

3.2. La Ley sobre arbitraje comercial internacional de Chile 523

3.2.1. Carácter internacional del arbitraje 524

3.2.2. El acuerdo arbitral 524

3.2.2.1. Acuerdo arbitral: requisitos y efectos 524

3.2.2.2. Intervención judicial en el arbitraje 525

3.2.3. Los árbitros 526

3.2.3.1. Nombramiento de los árbitros 526

3.2.3.2. Recusación, renuncia, revocación y sustitución de los árbitros 527

3.2.3.3. Competencias de los árbitros 527

3.2.3.4. Cese de sus actuaciones 528

3.2.4. El procedimiento arbitral 528

3.2.4.1. Lugar e idioma del arbitraje 528

3.2.4.2. Las actuaciones arbitrales 529

3.2.5. Ley aplicable al fondo de la disputa 529

3.2.6. Pronunciamiento del laudo y terminación de las actuaciones arbitrales 529


3.2.6.1. Terminación del procedimiento arbitral 530

3.2.6.2. Los requisitos del laudo arbitral 530

3.2.6.3. Corrección e interpretación del laudo 531

3.2.6.4. Transacción 531

3.2.7. La anulación del laudo arbitral 532

3.2.7.1. Causales de anulación 532

3.2.7.2. Plazo para la petición de nulidad 533

3.2.8. Reconocimiento y ejecución de laudos extranjeros 534

3.3. El Convenio de Nueva York sobre reconocimiento y ejecución de sentencias arbitrales


extranjeras de 1958 534

3.3.1. Requisitos documentales 535

3.3.2. Causas de denegación del reconocimiento y ejecución 535

3.3.2.1. Causas alegables a instancia de parte 535

3.3.2.2. Causas estimables de oficio por el operador jurídico 536

Capítulo 20

El arbitraje de inversiones en Chile

1. CHILE Y EL ARBITRAJE INTERNACIONAL 539

2. ARBITRAJES DE INVERSIONES INTERNACIONALES INSTITUCIONALIZADOS


541

3. ARBITRAJES DE INVERSIÓN EN APLICACIÓN DE ACUERDOS DE LIBRE


COMERCIO O ACUERDOS DE PROMOCIÓN Y PROTECCIÓN DE INVERSIONES
SUSCRITOS POR CHILE 542

3.1. Arbitrajes de inversión en el Tratado de Libre Comercio Chile-EEUU 544

3.2. Arbitrajes de inversión en Acuerdo de Complementación Económica Chile-Unión


Europea y Acuerdos bilaterales 545

3.3. Arbitrajes de inversión en Acuerdo Chile-Australia 547


4. ARBITRAJES DE INVERSIÓN ANTE CIADI EN QUE CHILE HA SIDO PARTE 547

4.1. Víctor Pey Casado y Fundación Presidente Allende (España) c./ Chile 547

4.2. MTD EQUITY SDN. BHD y MTD Chile S.A. (Malasia) c./ Chile 550

4.3. Sociedad Anónima Eduardo Vieira (España) c./ Chile 550

4.4. Carlos Ríos y Francisco Javier Ríos (Colombia) c./ Chile 551

5. ARBITRAJES INICIADOS POR INVERSIONISTAS CHILENOS CONTRA ESTADOS


RECEPTORES DE SU INVERSIÓN 551

5.1. Empresas Lucchetti S.A. y Lucchetti Perú S.A. c./ Perú 552

5.2. Quiborax S.A. y Mon-Metallic Minerals S.A. c./ Bolivia 552

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