Descartes se educó en la escuela escolástica, pero al ser esta obsoleta y llena de prejuicios
tuvo que crear un nuevo sistema de conocimiento desde la razón, desde los cimientos. Los
trazos del racionalismo (autosuficiencia de la razón, ideal deductivo del conocimiento,
innatismo de las ideas e ideal matemático del saber) dirigen todo su pensamiento. Todo el
conocimiento anterior es un edificio viejo que derrumbar al estar falto de unidad y ser
inservible.
En la primera de sus Reglas para la dirección del espíritu afirma que las diversas ciencias
son la sabiduría humana, única e idéntica. Esta concepción unitaria del saber viene por su
concepción unitaria de la razón (una sola razón= una sola sabiduría). La razón que se
ocupa de distinguir lo verdadero de lo falso es la misma que se ocupa del conocimiento
teórico de la verdad, del ordenamiento práctico de la conducta… La misma razón aplicada a
diversos ámbitos.
Como quería unificar todos los saberes en uno solo tuvo que formular un método, unas
normas morales provisionales y desarrollar las distintas ciencias (metafísica-física-las
demás)
La filosofía moderna inició en el siglo XVII con la publicación del Discurso del método
(Descartes) y Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo (Galileo). Descartes es
el primer exponente de esta por su desarrollo de la teoría del conocimiento y su
preocupación por el método (además, aplica las matemáticas a la física y astronomía).
Hubo una revolución científica (siglos XVI y XVII) en la que la imagen medieval del mundo
(geocentrismo de dos esferas y física aristotélica) se vio superada por el heliocentrismo de
Kepler y Copérnico y la física de Newton y Galileo.
Esta revolución transformó el método, introduciendo la matematización de la naturaleza
(mates como ciencia fundamental), el dominio de la misma (principal objetivo y desarrollo de
la vida humana), la mecanización (descartando el finalismo) y el papel de la observación y
experimentación (la autoridad de la tradición y prestigio se ve superada por las conclusiones
teóricas y experiencia).
El desarrollo de la filosofía cartesiana coincide con el progreso en la ciencia moderna,
convirtiendo el mundo en mensurable y comprensible y su funcionamiento como un
organismo.
Galileo decía que el conocimiento perfecto y completo de la naturaleza era gracias a las
matemáticas, dando importancia a su modelo resolutivo-compositivo: resolución o análisis,
composición o síntesis y resolución experimental o experiencia. Busca la relación entre
leyes matemáticas; la mente produce esquemas matemáticos a los que se reduce la
experiencia. Descartes copia este planteamiento.
Bacon decía que el saber es poder y que conocemos la naturaleza para dominarla y
controlarla para nuestro beneficio. Se basa en el método de inducción, experimental: en el
que toma datos de la experiencia y crea hipótesis con probabilidades. Las reglas que usa
son del método inductivo y es un método progresivo. Descartes busca un método más fiable
y seguro que el suyo, además de universal.
Los racionalistas toman como modelo de ciencia las matemáticas y de método el deductivo;
los empiristas, el inductivo.
Ya que la razón es única, Descartes se centra en entender su estructura y funcionamiento
para aplicarla correctamente y llegar al conocimiento verdadero.
En la segunda parte del Discurso del método, lo describe brevemente y usa metáforas
arquitectónicas y jurídicas. En cuanto a la arquitectónica, el autor busca la verdad. Para ello
debe crear el nuevo edificio desde sus cimientos (con ayuda del método), ya que el
conocimiento anterior no sirve para edificar la nueva ciencia, la verdad. Busca la verdad
exclusivamente a través de su razón, pero para esto debe encontrar el método verdadero.
Analiza las fuentes de conocimiento: la lógica sólo explica las cosas ya sabidas, no sirve
para aumentar el conocimiento. Las leyes lógicas que descubre y que rigen la mente son
necesarias y universales, pero no ayudan a ampliar el conocimiento. Las matemáticas
sirven para su propósito una vez se eliminen sus defectos. Al quedarse con lo positivo de
cada uno y desechando lo negativo extrae las reglas del método.
En ellas afirma la importancia del método (reglas fáciles y ciertas que llevan al conocimiento
verdadero sin esfuerzos inútiles de la razón).
Trata de encontrar la verdad, la certeza, y para ello toma ejemplo de las matemáticas:
deben ser simples, sencillas, claras y con orden. Son las siguientes: evidencia, no se debe
admitir nada dudoso y hay que admitir solamente aquello que se presente ante nuestra
mente de manera clara; análisis, la división de ideas complejas en simples ya que solo de
las simples se puede obtener evidencia y disminuir el error; síntesis, ordenar los
pensamientos para poder ascender de las ideas simples a las complejas con orden,
obteniendo el mismo nivel de evidencia de las complejas; enumeración, revisar el proceso
para estar seguros, tomando una intuición general y una evidencia en su conjunto.
El método se reduce a la evidencia, busca una primera certeza (clara y distinta) de la que se
deduzcan las demás, construyendo a partir de esta el edificio de la ciencia. Lo prueba en las
matemáticas y, como funciona, lo aplica a todos los ámbitos del saber.
La filosofía moderna busca la verdad, la certeza. Para Descartes la certeza es la
imposibilidad de dudar (verdad) y esto le pertenece a la mente. Los matemáticos sólo
aceptan aquello de lo que no se puede dudar, lo que es cierto. Al investigar esta certeza,
concluye que su claridad y certeza son absolutas porque son independientes de la
experiencia (incierta), se basan en la mente y sus leyes. El método es la adecuación de la
mente a sí misma y sus leyes.
Las verdades se presentan a la mente de forma clara y distinta. Son necesarias, universales
porque no dependen de la experiencia y verdades simples que obtenemos a través de la
intuición (la mente pura y con arreglo a sí misma llega a verdades simples, no necesita
demostración) y deducción (demostración de verdades a través de otras simples por
concatenación dependiendo de la memoria).
El método busca demostrar verdades desconocidas, asumiendo la progresión indefinida del
conocimiento (no como los antiguos). Se pasa de evidencias a evidencias y se aplica a todo
el saber (saber único, método único). Las reglas evitan que se ciegue y con el rigor
metódico se llega a un sistema filosófico de razonar deductivo. Así llega a su concepción
filosófica sustancialista.
Aplica el método a la filosofía en la cuarta parte del Discurso del método. Duda de los
sentidos pues nos engañan (dudable, falso) y de la distinción entre vigilia y sueño (los
pensamientos que vienen cuando sueña pueden venir despierto). De lo que debería estar
seguro es de las verdades matemáticas por lo explicado anteriormente, pero hay
matemáticos que se equivocaron y puede haber un genio maligno que nos engañe
constantemente.
Esté soñando o despierto, está seguro de que es una cosa (res) que piensa (duda,
entiende, concibe…): una res cogitans. A partir de esta primera certeza busca otras, así que
imagina que no tiene cuerpo. Como puede imaginarlo y es sensible, duda de él: sin cuerpo
no dejaría de ser, pero si yo dejara de pensar ya no sería. También duda del mundo
sensible.
Este es el criterio de verdad, “yo pienso, luego soy”: todas las cosas que distinguimos clara
y distintamente son verdaderas, así que no tiene dudas en su afirmación. Esto se intuye.
Así, esto no se basa en la experiencia sino en la mente.
Al preguntarse qué tipo de cosa era definió la sustancia: aquello que no necesita para ser,
de lugar alguno y no depende de cosa material. Esta definición sólo conviene a Dios. Por
analogía se puede aplicar al yo y al mundo, así distingue tres sustancias por sus atributos,
sus esencias: res cogitans (yo, pensamiento), res extensa (mundo, extensión), Dios,
sustancia infinita (infinitud).
Para demostrar la existencia del mundo y la veracidad de su conocimiento demuestra la
existencia de Dios (así descarta la hipótesis del genio maligno) a partir del yo pensante.
Al examinar los pensamientos, llama ideas a las imágenes de las cosas. Hay tres tipos:
adquiridas (proceden de la experiencia externa), artificiales (hechas por nosotros) y
naturales (proceden de la naturaleza del entendimiento, son las ideas de por sí, pensar).
Usa tres argumentos: el innatismo de ciertas ideas, ya que la idea de un Dios, perfecto e
infinito, debe haber sido introducida en nosotros (no la creamos nosotros porque somos
imperfectos y lo más no puede venir de lo menos); la causa de su existencia, ya que no se
debe a él mismo, ni a haber existido siempre ni a una causa menos perfecta, es decir, se
debe a Dios; y al argumento ontológico, si la mente puede pensar en ese ser es porque
existe porque sino no sería perfecto, a partir de la idea de perfección deduce la existencia
de Dios.
Como Dios es perfecto, es bondadoso y veraz: no existe un genio maligno, se puede confiar
en el cuerpo y el mundo material, ya que Dios no querría que nos engañáramos. A pesar de
esto, no recupera el valor de los sentidos como testimonio del mundo material: es
cognoscible a través de la razón, que determina las reglas a las que hay que ajustarse (los
sentidos reflejan propiedades que no corresponden a la realidad)