“Pobretología” y sus Falacias: de los “expertos” de la pobreza a las
políticas universales soberanas
Por Gonzalo Basile *
Determinados sectores de nuestras sociedades latinoamericanas construyeron por décadas un conjunto de falacias,
trampas simbólicas, culturales y políticas que en tanto “hegemónicas” produjeron y reprodujeron narrativas totalizantes
de un clima de época que solemos denominar neoliberal. Logrando instalar un conjunto de ideas, creencias, valores e
intereses que fueron internalizados como supuestas grandes “verdades” por amplios conjuntos sociales en nuestros
países. El proceso político-social abierto en la última década en la región, sin duda, puso al descubierto la necesidad de
desmantelar y desnaturalizar esas falacias como un ejercicio colectivo estratégico para darle centralidad al debate clave
sobre la construcción de una nueva democracia y Estado.
Una de esas capturas es el debate y reflexiones sobre la cuestión social de la “pobreza”. Uno de los grandes legados
quizás menos problematizados de la hegemonía neoliberal y conservadurismo político en la década de los ´80 y ´90, fue
la imposición de un cuerpo teórico-práctico sobre el análisis de las condiciones de vida de nuestros pueblos. Ese marco
político-conceptual de lo que denominan “la pobreza”, fue y es generador de la homogeinización de las desigualdades e
inequidades sociales, pero además con la preeminencia de un punto de vista “cándido” en su abordaje.
Los resabios de la colonialidad del poder y conocimiento, permitieron generar un fenómeno de proliferación de “expertos”
de la pobreza, a los que hoy llamamos los “pobretólogos”. Estos sujetos profesionales rentados como consultores de
usinas de estudios anclados en paradigmas del Centro-Norte, u por organismos multilaterales como Banco Mundial, BID
o agencias de cooperación internacional tradicional, el ONGeismo solidario, o las propias oposiciones políticas
nacionales representantes del conservadurismo político-liberal. Estos actores lograron notoriedad mediática actual por el
sólo efecto de estar dispuestos a reproducir una y otra vez la banalización o espectacularización de ciertas suposiciones
sobre los “pobres” con “pobres” argumentaciones. En su mayoría generalizaciones inconsistentes, limitadas, sin ningún
tipo de rigurosidad científica y menos con legitimidad popular real de lo que viene ocurriendo en la etapa histórica.
Los ejes sustanciales de esta “pobretología” como narrativa estructurante actualmente tiene como centros de
reproducción sobre todo a países como Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, El Salvador. Han capturado a
la “pobreza” como dispositivo para instalar en la agenda pública un mega relato: explicar que los procesos
revolucionarios y nacional-populares en la región no fueron “capaces” de abordarla, que sus políticas públicas fracasaron
o son insuficientes, estigmatizando con el supuesto “clientelismo” político de los nuevos sistemas de protecciones
sociales, entre otras creencias traducidas en formato de reflexiones. Un arsenal ideológico que busca poner foco en esa
instalación pública constante que lo acontecido en esta etapa histórica en Latinoamérica sólo es fruto a una impostura
que debe ser desmantelada y/o incluso al fracaso abrazándose al consiguiente final de la etapa “progresista” como
algunos se congratulan repetir actualmente.
Esos lugares comunes e ideas-fuerzas que reproducen una y otra vez podríamos decir que tienen cinco características:
1- Instalan la cuestión de “La Pobreza” como una definición excluyente sobre las políticas sociales para los
“pobres”, evitando vincularlo a la distribución de la riqueza y políticas sociales de ciudadanía de derechos.
2- Repiten su preocupación central en la “pobreza” con su teatralización incluida, pero este ejercicio evita
problematizar sobre la “igualdad” en sus dimensiones económicas, sociales y culturales.
3- Desarrollan la concepción de la meritocracia en la construcción de ciudadanía: las personas deben “pagar”, tener
“empleo formal” o demostrar “ser pobres” por lo que necesitan para la Vida (Salud, Educación, Protecciones
Sociales, Vivienda, Previsión Social, otros).
4- Utilizan jergas “despectivas”, “estigmatizantes”, “brutales” referidas a los nuevos sistemas de seguridad social.
Desde su ideario del asistencialismo social focalizado con los cánones del gerenciamiento del riesgo social
reproducen la concepción y categorización de “beneficiarios/as”, demostración de “prueba de medios”,
“vulnerables”, denominan “planes y subsidios” a las políticas sociales de construcción de ciudadanía universal.
5- Invisibilizan el empobrecimiento de grandes conjuntos sociales de nuestros países asociándolo a algo cándido
producido/generado por la naturaleza, la espontaneidad y/o errores exclusivamente de Gobiernos/Estados,
desvinculándolo de la economía política en la distribución del poder, la riqueza y los bienes comunes en las
formas de organización de nuestras sociedades.
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Los fracasos estrepitosos de la Reforma Social del Estado en los años '80 y '90 llevaron a varios actores
nacionales/transnacionales (grupos económicos, usinas de pensamiento, centros universitarios, consultores, oposiciones
políticas) y organismos supranacionales a plantear una segunda reforma o Modernización del Estado para “corregir” los
problemas producidos por ellos mismos (precarización y exclusión social con mercantilización de la vida) y recuperar la
legitimidad perdida. Ahora bien, es un error de lectura histórica si consideramos que la hegemonía neoliberal al utilizar
nuestras mismas palabras y coordenadas (derechos, participación ciudadana, desigualdad, equidad, Estado, y otras)
“reconocen” el fracaso de la hegemonía del mercado como inoperante para resolver la cuestión social heredada de las
décadas neoliberales y reintroducir al Estado como garante de derechos sociales y económicos universales. Dicho
sencillamente, sólo buscan atenuar la deslegitimidad social de sus enlatados/recetas y “explicar” por qué se deben
sostener las políticas sociales contra la pobreza actuales pero manteniendo los mismos cánones de la nueva economía,
o sea, el mercado como principio rector de la economía, la flexibilidad del trabajo, el equilibrio fiscal, la apertura externa,
el evitar la competencia desleal del Estado con el sector privado, desmovilizar la centralidad de lo público. Es decir, bajo
estas premisas la reforma social del Estado de los “pobretólogos” se centra en lograr una mayor “eficiencia” del Estado
en el uso de los recursos públicos para la cohesión social de la hegemonía perdida y la gobernabilidad tradicional (ese
famoso “nosotros” lo haremos “mejor” y “evitando” los enfrentamientos/conflictos sociales abiertos en esta etapa).
Obviando en todo momento la centralidad de una agenda por la calidad de vida saludable implica repensar la justicia
fiscal y tributaria, profundizar la redistribución de la riqueza y el poder (pasando de la línea de la pobreza a hablar de la
“línea” de la riqueza), en definitiva radicalizar la democratización de nuestras sociedades y Estados.
Estos discursos “cándidos” de la “pobreza” llevan embutidos argumentales y operaciones que no llevan a la superación
de dicha situación. Digamos que la pobreza de las reflexiones sobre la “Pobreza” consiste en empobrecer una narrativa
focalizada en el análisis de los “pobres” ignorando a los “ricos”. En resumen, conceptualmente continuar hablando del
“combate a la pobreza” darle encarnadura a la continuación de la agenda actual de la hegemonía neoliberal y de la
propia occidentalización de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) del Centro-Norte explicando problemas del Sur.
El camino de reformas progresivas emprendido por los procesos políticos en la región Latinoamericana con construcción
de nuevos sistemas de seguridad social de profunda vocación universalista, con recuperación de la esfera pública y sus
capacidades, desde la integralidad e interdependiente de derechos (Salud, Protecciones Sociales, Vivienda, Educación),
y búsqueda de igualitarismo contra la desigualdad e inequidades constitutivas de nuestras sociedades, sin duda resultan
una hoja de ruta del Sur para el Sur para desintoxicar y nutrir las cuestiones pendientes. Frente a una ralentización de los
cambios de época que nos impone la geopolítica de la hegemonía neoliberal y errores propios a asumir, reescribir un
nuevo guión y actualización estratégica de las aun deudas pendientes en nuestras sociedades podría resultar sustancial
para profundizar sistemas universales de seguridad social por la igualdad y ciudadanía saludable, potenciando una
nueva institucionalidad del Estado y gestión pública de raíz popular e intercultural. De nuestra creatividad e innovación se
juegan el futuro de las transiciones post-neoliberales en la región. La compresión de la época y etapa actual es dónde
están las claves en los procesos de refundación del Estado y democracias en la región. Allí quizás reside hoy más que
nunca vigente la frase de Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar: “O inventamos o fracasamos”.
* Presidente Honor y Coordinación América Latina y Caribe Médicos del Mundo
**Coordinador Red de Sistemas y Políticas de Salud Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES)