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Vida y legado de Madre Josefina Contreras

Semblanza de Nuestra Madre Josefina
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¡GLORIA AL SAGRADO CORAZÓN!

SEMBLANZA DE NUESTRA MADRE JOSEFINA CONTRERAS

INTRODUCCIÓN

Cuando nos acercamos a Nuestra Madre Josefina, nos damos cuenta de que toda
su vida fue un ejemplo viviente de nuestro Carisma. Conocerla, valorarla,
aprender sus enseñanzas, su ejemplo, y toda la herencia legada por Nuestros
Padres Fundadores, entre los que se encuentra ella, el “Tercio” de color de oro,
con tintes de color de sangre, por su vida que fue un auténtico calvario de los
tres, iluminará cada página de nuestra vida con los mismos tintes. Nuestro
empeño porque no desaparezcan de la memoria de nosotras ni su vida, ni su
ejemplo, ni su inmolación al permanecer crucificada al reverso de la Cruz de
Cristo, por la salvación de las almas, por el progreso de nuestra Congregación en
todos los aspectos, nos llevará de la mano por el camino de nuestra propia
espiritualidad, en la experiencia del vivir cotidiano y de llevar ese Carisma
encarnado en el corazón de una sociedad doliente, principalmente de la que
habla Jesús en su Evangelio: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de
estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.1

Nuestra Madre Josefina “Amaba con toda el alma a su Creador”,2 al Sagrado


Corazón como a su único Tesoro, que es “la Foto a colores del Rostro de Dios.

1
Mt 25, 40
2
Eclesiástico, 47,8
1
Jesús nos ha hecho ver el rostro del Padre, en el propio rostro del Hijo”;3 de Él
tomaba ella todas las formas necesarias para irradiar en sus actitudes, en sus
palabras y en sus acciones, el amor misericordioso de Jesús, el espíritu propio del
Instituto en la grandeza e integridad pura del origen.

Las primeras décadas de la vida de nuestro Instituto, fueron un verdadero camino


del Calvario con la cruz a cuestas: de Nuestro Padre Fundador Atenógenes Silva,
de Nuestra Madre Isaura de la cueva y de Nuestra Madre Josefina Contreras.
Fueron tiempos muy azarosos y turbulentos en México, por la Revolución
Mexicana, la Persecución Religiosa y la vuelta de la mirada del General Lázaro
Cárdenas a las Leyes de Juárez. También las Madres Ana Hernández Andalón y
Dolores Rodríguez, saborearon la hiel y vinagre en su viacrucis por la vida de la
Congregación, por la realización de un ideal: “Extender el Reinado Social del
Sagrado Corazón de Jesús en todo el Mundo, especialmente entre los Pobres”.
Me vienen a la mente las gestas heroicas por las que pasaron Abraham, Isaac,
Jacob, Moisés, quienes, por seguir un llamado vehemente de Dios, sufrieron lo
que las palabras no son capaces de describir. Con una fe inquebrantable y un
grande amor y adhesión a Dios, cumplieron su voluntad, desafiando obstáculos
aparentemente imposibles de superar. Así, salvadas las grandes diferencias, para
las vicisitudes, las tribulaciones, el sufrimiento, el dolor en todos los tonos de
Nuestros Padres Fundadores y primeras Hermanas, no se encuentran palabras
para describirlos. ¡Todos tenemos que tomar nuestra cruz e ir por el camino de
nuestro calvario! ¡Cuántas personas de vida modesta beben a diario en el acerbo
cáliz de una extrema pobreza y otras penalidades!; pero que en ellos, cumplir la
voluntad de su Padre Dios, que da la fortaleza y nuevos ánimos a sus hijos, está
por encima de todo y preside y anima la vida del hogar que lo ama.

No hay otro camino para la redención, para la salvación del mundo que la Cruz,
nos lo dice muy claro Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y sígame”.4 “La muerte en cruz de Jesús es el lugar culmen,
único y definitivo, de la salvación divina para todos los creyentes en Él”.5

3
Angelo Comastri. Dio e’ Padre. Ed. Paoline. Via Francesco Albani, 21 -10153. Milano. Italia.
4
Mt 16, 24
5
De las Notas de la BIBBIA PIEMME. P 2525. Stampa: tipolitografía G. Canale Spa-Via Liguria, 24-10071. Borgaro
Torinnese (TO) Italia.
2
“No en rehuir el sufrimiento, la fuga ante el dolor, lo que sana al hombre, sino la
capacidad de aceptar la tribulación y madurar en ella, encontrarle el sentido
mediante la unión con Cristo que ha sufrido con infinito amor”.6

“Sin cruz no hay gloria ninguna


ni con cruz eterno llanto.
Santidad y cruz es una.
No hay cruz que no tenga santo
ni santo sin cruz alguna”.

LOPE DE VEGA

Si podemos hablar de arte en la vida espiritual, es todo un arte vivir la cruz de


cada día con alegría, con optimismo y con gozo espiritual.

Puede decirse que natural y espontáneamente, Nuestra Madre Josefina fue la


primera Superiora de Nuestro Instituto, después de nuestra Fundadora Isaura de
la Cueva, quien, viendo sus cualidades, la fue formando con mucho empeño para
que le sucediera en el gobierno del Instituto. Sabemos que Nuestra Madre Isaura,
estando ya muy mal de salud, le sugirió también al Sr. Arz. D. Leopoldo Ruiz y
Flores que la Madre Josefina era la que mejor podría desempeñar el servicio de
Superiora General.

6
Papa Benedicto XVI “La esperanza nos salvará” p 71. Librería editrice Vaticana.
3
DOS ESPIRITUALIDADES EN SINTONÍA

El Señor Obispo Luis María Martínez, fue un elemento providencial en los


orígenes de nuestro Instituto. Fue un apoyo muy importante para Nuestra Madre
Josefina en la formación espiritual de las Hermanas. Largas temporadas, en los
tiempos tan nefastos de la Persecución Religiosa las pasaba en el Orfanatorio.
Prestó grandes servicios a las Hermanas: les impartía Ejercicios Espirituales; les
decía que el corazón de una Religiosa debe ser una Betania para Jesús; atendía la
dirección espiritual personal; la confesión; pláticas, conferencias; recibía Votos
Religiosos de las Hermanas y presidía entradas al Noviciado, etc. Era para Nuestra
Madre Josefina un excelente consejero y apoyo espiritual.

Una coincidencia providencial y hermosa, es que tenía un grande amor al


Corazón de Jesús, les hablaba a las Hermanas de los libros que escribía sobre
Jesús. Les explicaba la espiritualidad de la Cruz, del anonadamiento, lo que
significa ser víctimas, la reparación, el desagravio, la inmolación. Todo esto que
está en la base y esencia de nuestro espíritu. Les infundía un grande deseo de
alcanzar la santidad. Les decía que él quería ser santo y así fue.

4
ARZOBISPO PRIMADO DE MÉXICO,
LUIS MARÍA MARTÍNEZ RODRÍGUEZ

Por eso, el Sr. Obispo Luis María Martínez captó fácilmente el origen del Carisma
de Nuestro Padre Fundador. En las Honras Fúnebres que se hicieron al gran
Arzobispo de Morelia, encontramos el reflejo en su participación:

“El amor al Corazón de Jesús fue para Mons. Silva el sostén de su adolescencia,
la alegría de su juventud, la fecundidad de su vida y el rasgo característico de su
noble fisonomía moral… ¿No recordáis que su palabra, siempre elocuente, lo era
aún más cuando hablaba del Corazón de Cristo; que su mano, siempre liberal,
derramaba el oro a raudales cuando había de emplearse en glorificar al Amado
de su corazón, y que su celo, siempre infatigable, se elevaba a la abnegación y el
sacrificio cuando había de demostrar a las almas los ocultos senderos para llegar
al Corazón de Cristo?

En la Oración Fúnebre pronunciada por Mons. Luis María Martínez, hay un


párrafo que relaciona lo que fue la vida de este Pastor y el mandamiento:
‘AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO OS HE AMADO’. Dice: “Mons. Silva,
que comprendía como ninguno ESTA DOCTRINA CELESTIAL, no puso nunca
límites a la ternura de su corazón, y a todos, pobres y ricos, buenos y malos,
amigos y enemigos, los enlazaba con el vínculo de su amor y los cubría con el
5
manto inmenso de su caridad. Si hay alguno entre los que me escuchan, a quien
no hayan llegado los beneficios de su mano munificente y generosa, que se
levante y proteste contra mis palabras; pero no, el día tristísimo en que llenos de
luto, recibimos sus mortales despojos, todos besaron su mano bendita, porque
todos habían recibido de ella beneficios sin cuento… DE ESTAS CELESTIALES
ENSEÑANZAS DE CRISTO, de su espíritu, de su corazón, brotó el rayo de luz que
hizo comprender a nuestro Padre el misterio de la pobreza; y allí aprendió que si
para recibir los dones del amor de Cristo, se ha de acudir a la fuente siempre
abierta y nunca agotada de su corazón, para devolverle don por don como el
amor exige, HAY QUE BUSCAR A CRISTO EN LOS POBRES, QUE SON SUS
REPRESENTANTES EN LA TIERRA.

No necesitaré mostraros que el amor de los pobres fue una virtud peculiar del
Ilmo. Sr. Silva, porque está en la conciencia de cuantos le conocieron y trataron,
y todos, aun sus mismos enemigos, unánimemente confiesan que su
desprendimiento sin ejemplo y su caridad sin medida, depositaron sus riquezas
en las manos de los pobres, en tantos establecimientos de caridad, creados por
su munificencia, en donde hallan pan y abrigo todos los necesitados… Aún nos
queda algo de nuestro Padre sobre la tierra, algo grande y precioso, algo que
durará para siempre, porque tiene su origen en Dios, que nunca muere: NOS
QUEDAN SUS OBRAS QUE SERÁN INMORTALES, PORQUE SON EL FRUTO DE UN
AMOR QUE ES MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE”.7

La siguiente Plática de Mons. Luis María Martínez, dirigida a las primeras


Hermanas del Orfanatorio y copiado por Nuestra Madre Josefina Contreras, que
seguramente lo vio muy importante porque trata de nuestro espíritu, nos
muestra cómo el Ilmo. Sr. Luis María Martínez, verdaderamente conoció el
espíritu de Nuestro Padre Mons. Atenógenes Silva, de nuestro Instituto, que se
identificaba con el suyo:

¡Gloria al Sagrado Corazón!

Plática dirigida a las Hts. Del Sgdo. Corazón y de los Niños Pobres por el Ilmo. Sr.
Obispo Dr. D. Luis Ma. Martínez, con motivo de la fiesta de San Francisco de Sales:
“Venerables Religiosas:
Mejor que hacer un panegírico de San Francisco de Sales a quien ya bien
conocéis, prefiero hablaros de un rasgo característico del Santo, y que será muy
7
Boletín Eclesiástico, año: 1911. Copia del original de la Hemeroteca de la UMSNH. Morelia. pp 121 – 126..
6
útil para vosotras. Me refiero a su dulzura, a su suavidad. Esta amable virtud que
fue en él no sólo como distintivo de su espíritu, sino como un perfume especial
que caracteriza su vida. Todo mundo comprende que la existencia de tan amable
Santo, se deslizaría como un mar suavísimo en medio de tanta dulzura. Y así era
en verdad. Pero se engañaría quien pensara que esa dulzura y suavidad de San
Francisco, provenía de falta de energía. ¡Oh, no! Por el contrario, porque si San
Francisco de Sales fue suave, fue, porque fue fuerte; pues en él había una
suavidad al mismo tiempo que una fuerza, en grado eminente, virtudes
emanadas de esa fuente dulcísima de Dios, en quien se ve una gran fuerza unida
a una grande suavidad. Pues la fuerza y la suavidad van siempre unidas. Por
ejemplo, si un niño quisiera cambiar esta mesa, lo haría, sí, ¿pero con qué
trabajo? A empujones tal vez y con mucha pena. Mas no así una persona que
tiene las fuerzas suficientes para levantarla, la llevaría de un lado a otro con suma
facilidad, con grande suavidad. En esta persona había fuerza para esta acción y
por lo mismo pudo obrar con suavidad. Varios ejemplos podría poneros aun en
las cosas que vemos de ordinario. ¿Qué cosa más suave que el deshojarse de una
flor? ¿el caer las hojas de una planta? Con qué suavidad abren sus pétalos las
rosas, etc., etc. y sin embargo ¿no es esto producido por la fuerza que hay en la
planta? ¿No habéis notado, visto, venerables Religiosas, lo que sucede cuando
una raíz se introduce en una roca? ¿Qué acaba por partirla? ¿no es verdad? ¿Y
qué cosa más suave se nos ofrece a nuestra vista que el recorrer de los astros,
por esas órbitas que Dios mismo les ha trazado? Y sin embargo, son fuerzas
poderosísimas, nada menos que la fuerza omnipotente de Dios, para hacer girar
esos inmensos cuerpos del espacio.

Pues la fuerza, no lo olvidéis, produce suavidad, así como la suavidad proviene


de la fuerza. Del mismo modo, venerables Religiosas, os repito, si San Francisco
de Sales fue suave, fue porque fue fuerte. Aprendamos a tener esta fuerza y
suavidad en nuestra vida, ya que de este modo podemos imitar a Dios Nuestro
Señor. Nada hay más fuerte que la acción de Dios; nada más suave que su acción
divina. Si bien los poderosos de la tierra se quisieran oponer algunas veces a la
acción de Dios, a pesar de su resistencia, realiza lo que Él quiere; pero sin ir muy
lejos, ¿qué es lo que está pasando entre nosotros actualmente? ¿No es verdad
que a veces sentimos impacientarnos y decimos: ¿Cómo Dios no manda un azote
y destruye a todos los que nos hacen mal, para que ya quede en paz nuestra
República? O si no, Señor, parece que duermes, ¿no ves lo que están haciendo
con nosotros? ¿no ves la persecución religiosa? Pero, Señor, ¿dónde está ese

7
brazo fuerte que libró a los israelitas de los egipcios? Y otras tantas
exclamaciones en que demostramos nuestra propia resignación.

Pero como Dios no piensa como nosotros, sino que todo lo hace con maravillosa
suavidad, precisamente porque Dios es maravillosamente fuerte; así es que
veremos un día no muy lejano el triunfo de la Iglesia en nuestra Patria, como lo
ha dicho Su Santidad. Pero ese triunfo se verá aparecer de una manera suavísima.
No así obraríamos nosotros si en nuestras manos estuviera arreglar estos males
que lamentamos. Pronto mandaríamos un cataclismo, algún acontecimiento
ruidoso que destruyendo lo que nos parece mal, estaríamos después muy
satisfechos de haber obtenido la paz por medio de la destrucción. De la misma
manera que pensamos y obramos en las cosas materiales, temporales, obramos
en lo espiritual. Y he aquí el motivo por lo que no adelantamos en la perfección,
porque nos falta la suavidad tan necesaria en la vida espiritual, la cual no se
obtiene con esa fuerza no menos necesaria para vencer nuestras pasiones.
Fuerza y suavidad, he aquí dos móviles indispensables en la vida espiritual, la cual
está comprendida primero, en las relaciones que tenemos con Dios, segundo, en
las relaciones que tenemos con el prójimo y tercero, en fin, las relaciones que
tenemos con nosotros mismos.

En las relaciones con Dios, debemos ser suaves con Él, como Dios es suave con
nosotros. Venerables religiosas ¿No os habéis fijado cómo Dios trata a las almas?
¿Con qué suavidad, con qué modo? Muchas veces más que la suavidad, es el
modo, el modo significa mucho. ¿No os habéis fijado en alguna persona
bondadosa, cómo sabe atraerse a sí los corazones que le rodean por el modo con
que las trata? Y a vosotras, cuando os niegan una cosa pero con buen modo
¿Verdad que quedáis contentas? Pero si os dan más de lo que pedís, pero de mal
modo ¿no es verdad que os dejan herido y lastimado el corazón? Dios no hace
sufrir el corazón de sus hijos, procede con ellos de una manera encantadora
como vosotras mismas habéis sido testigos. ¿Cómo encendió en nuestros
corazones la luz de la vocación? De ordinario me parece a mí, que la luz de Dios
invade nuestros corazones como la luz del día invade la tierra, es decir, poco a
poco. Ésta se va iluminando de modo que el despuntar de la aurora se confunde
con la obscuridad de la noche, de tal manera que apenas se distingue; pero
avanza la luz, se enrojece el horizonte y hasta entonces aparece ese astro
luminoso del sol, es ya de día. ¿No fue así, venerables Religiosas, como una luz
invisible, como cierta inquietud, como algo que vosotras sentíais, que teníais
necesidad, que apenas percibíais poco a poco? Era la luz de Dios que iba
8
creciendo, era la luz de Dios que iba iluminando vuestras almas. ¿Ya veis como
Dios no obra con violencia? ¿Qué sería si el planeta, el Astro Rey apareciera de
una manera violenta después de las tinieblas de la noche? Que este cambio
repentino nos perjudicaría sobre todo a la vista. Con esa suavidad con que Dios
obra en la naturaleza, obra de ordinario en las almas, con paz, con quietud.”8

Nuestra Madre Josefina aconsejaba actuar, como ella lo hacía: “Suave en la


forma, firme en el fondo”, en asuntos delicados, importantes, decisiones
trascendentes, complicados, urgentes, al corregir, reprender, en el trato con los
niños, con las Hermanas, con las cosas, etc. Es patente que ella llegó a
comprender y vivía las enseñanzas del gran maestro de la vida espiritual, Mons.
Luis María Martínez, a quien nuestras primeras Madres y Hermanas tuvieron la
gran bendición de contar con él por tantas temporadas viviendo en el Orfanatorio
como en su casa y como en su Catedral, por los conflictos políticos y religiosos
que vivía nuestra República.

Pasado un tiempo no muy largo, después de la muerte de Nuestra Madre Isaura,


el Excmo. Sr Arz. Leopoldo Ruiz y Flores le dijo a Nuestra Madre Josefina que a
nuestra Congregación le estaban haciendo falta las Reglas formales; que era
necesario que se completaran y precisaran. Ella decidió hacerse ayudar para la
redacción de las Constituciones y Directorio, del Libro de Espiritualidad, del
Costumbrero y del Manual de oraciones, de los Sacerdotes Jesuitas, con quienes
se tenía un trato cercano, porque Nuestro Padre Fundador recurría con
frecuencia a ellos, en busca de apoyo para algunas de sus empresas y también
por el trato de Nuestras Madres Isaura y Josefina con ellos, muy cercano, y con
nuestro naciente Instituto

Así pues, los Padres Jesuitas Joaquín Campo y Constancio Záenz ayudaron a
conformar los libros, que serían los rieles concretos y formales por donde
caminaría nuestro Instituto. La Madre Carmen Mora García me dijo que estos
Padres, le preguntaban a Nuestra Madre Josefina qué era lo que Nuestro Padre
Fundador les pedía, les recomendaba o les ordenaba, referente a lo que fuera
regulando la vida toda del Instituto según sus fines, de extender el Reinado Social
del Sagrado Corazón de Jesús y la atención a los pobres. Que cuando los Padres
redactaban algún tema, se lo presentaban a Nuestra Madre para que viera si
estaba de acuerdo con las orientaciones de Mons. Silva, y Nuestra Madre les
hacía algunas aclaraciones, completaba o sugería algo, o estaba todo conforme
8
De un documento que se encuentra en el Archivo General de nuestro Instituto.
9
a lo que Nuestro Padre quería del Instituto. Y que un criterio que siguieron en
esta tarea, fue que concordaran la esencia de las Constituciones, con el Libro de
Espiritualidad y el Manual de Oraciones, que serían para siempre los que nos
llevarían a cumplir el Carisma concreto nuestro, bajo la responsabilidad de vivirlo
conforme a lo que Nuestros Padres Fundadores nos legaron; encomienda que se
va transmitiendo a todas las generaciones de Hermanas para su custodia, la
conservación y la pureza del origen. Así, a Nuestra Madre Josefina le tocó dar el
final completo, concreto y muy importante, a los cimientos de nuestro Instituto.
Ella terminó de consolidar y formalizar la fundación que iniciaron nuestros
queridos Padres Fundadores Atenógenes Silva e Isaura de la Cueva. Por esto, a
N. Madre Josefina la consideramos como Cofundadora.

Llegó el momento en que, por las revueltas políticas, las leyes anticlericales de
los Gobiernos en turno, en los años entre 1910 a 1926 y de 1933 a 1936, entre
otros, fueron expropiados los edificios de los Padres Jesuitas, como son ahora “El
Palacio Clavijero” y la “Biblioteca Pública”. Y se fueron de Morelia. Entonces, por
sugerencia del Excmo. Sr. Obispo Luis María Martínez, el Padre Treviño, de los
Misioneros del Espíritu Santo, retomó nuestros Libros inconclusos; pero ya muy
avanzados, como los dejaron los Padres Jesuitas. El Excmo. Señor Obispo Luis
María Martínez, les ayudaba a las Madres a seguir un orden lógico en el trabajo
de pasar en limpio los textos. Terminados estos, Nuestra Madre Josefina se los
presentó al Excmo. Sr. Arz. D. Leopoldo Ruiz y Flores, quien les dio su veredicto
aprobatorio, en el tenor siguiente:

DECRETO DEL EXCMO. SR. ARZ. D. LEOPOLDO RUIZ Y FLORES:

“Morelia, dos de Junio de mil novecientos veintiuno.

Habiendo encontrado naciente al hacernos cargo del Gobierno


de este Arzobispado, la Congregación de Hermanitas del
Sagrado Corazón de Jesús y de los Niños Pobres, la cual, sin
embargo, desde su fundación hasta ahora no se ha regido por
constituciones algunas aprobadas; para que dicha
Congregación, ajustándose a las prescripciones canónicas,
asegure mejor los fines de su institución, hemos venido en
10
aprobar y por el presente aprobamos ad experimentum,
por tres años, las presentes Constituciones y Reglas
prácticas, cuya formación hemos ordenado. Así el Ilustrísimo y
Reverendísimo Señor Arzobispo lo decretó y firmó. Doy fe.

+ Leopoldo
Arz. De Michoacán
(rúbrica)
J. Aldaiturriaga
Secretario
(rúbrica)
SELLO DEL ARZOBISPADO DE MICHOACÁN.
GOBIERNO ECLESIÁSTICO”9

GENERALIDADES

Entramos ahora al conocimiento de Nuestra Madre Josefina, de una forma más


concreta, pensando en que posteriormente, pueda ser completado por algún
otro documento que por lo pronto no tenga en mis manos. Lo que me interesa
por ahora, es que la conozcamos más, porque nos es de grande utilidad para
mejorar o completar nuestra identidad como “Hermanas del Sagrado Corazón y
de los Pobres” y como ejemplo y estímulo para que nosotras vivamos mejor
nuestra consagración a Dios.

Tenía la idea de presentar un escrito de Nuestra Madre Josefina al final de este


trabajo, como un hermoso corolario; pero desistí de esto para que desde el
principio, recibamos la extraordinaria riqueza de la herencia espiritual que nos
dejó, y que a la vez nos hará seguir escuchándola, aconsejándonos cada día y a
cada momento para ir, como Dios manda, a llevar el amor del Corazón de Jesús
a nuestros hermanos más necesitados que así lo esperan, y a nosotras nos ayuda
para ir por los caminos de la perfección como Hermanas del Sagrado Corazón y
de los Pobres. De su puño y letra, comenzamos con una Oración, con la que ella,

9
Archivo Privado de la Congregación de Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres. Documentos históricos.
11
como Superiora General de nuestro Instituto, con sus propias palabras, se dirigía
al Sagrado corazón de Jesús, y Reglas muy prácticas e importantes para el buen
trato con las Hermanas:

“G. S. C. 11-12-1916
Te pido, oh D. C. una desmedida confianza en Ti,
celo, prudencia, talento, un corazón de madre,
el don de gobierno, acierto en los negocios,
caridad, el don de la palabra, la gracia de
convencer los entendimientos y mover las voluntades,
de discernir los espíritus y edificar al prójimo
por medio de la dulzura, en suma, te ruego
me hagas un digno instrumento para tu gloria
y la inmensa dicha de gozarte en el cielo.

M. Josefina”

“G. S. C.
ALGUNAS REGLITAS PARA EL TRATO CON LAS HTAS.

1ª. Nunca se debe castigar cuando se está excitado por alguna pasión, ni tampoco
por desahogo de la misma.

2ª. Tampoco por meras sospechas o sugestiones de las demás, sino hasta haberse
dado una cuenta exacta de los hechos y de estos tener presentes dos o tres casos
concretos para probarles la verdad de lo que se les advierte.

3ª. Para que las advertencias y correcciones se hagan con provecho, hay que
hacerlas con prudencia y tino, es decir aprovechando ante todo los días de fervor
y buena disposición en que se halla quien deba recibirla.

4ª. No se les debe tratar con expresiones que las lastimen.

5ª. Dejémosle a Dios el cuidado de humillarlas si lo necesitan.

6ª. Usemos de los castigos lo menos posible y sólo por verdadera necesidad y si
a ello nos viésemos obligadas. Aun así, hagámoslo con la debida prudencia.

12
7ª. Nunca reprendamos delante de las demás a no ser que se hubiese dado el
mal ejemplo.

8ª. No ejerzamos una vigilancia excesiva, desempeñando cerca de ellas más bien
el oficio de gendarmes que el de una madre… por lo mismo que no haga
singularidades ni preferencias.

9ª. Se las debe tratar al mismo tiempo que con la debida caridad, también con
firmeza.

10ª. Cuando se les haya dado alguna orden hay que sostenerse en lo mandado
hasta hacer que se cumpla.

11ª. Si hay sobre nosotras quien deba dar sus órdenes, estemos muy sobreaviso
para no dar lugar a equivocaciones y errores y ser causa de que sufran las demás.

12ª. Se les debe enseñar en cuanto nos sea posible a que sean sencillas, francas,
para que más bien se deje ver en su semblante la alegría que es indicio del buen
espíritu, que un recogimiento afectado, para este buen espíritu se les debe hacer
entender en qué consiste la verdadera piedad, porque, una novicia ante todo
debe de ser piadosa.

13ª. Y para que esta piedad sea sólida, de mucho les servirá que desde el
Postulantado se les ejercite en la mortificación o más bien dicho en la negación
y renuncia de sí mismas, es decir, ir contrariando poco a poco su propia voluntad,
aunque no sea más que en minuciosidades, pero no desperdiciando ninguna de
las oportunidades, sino más bien aprovechando cuantas ocasiones se nos
presenten para esto.

Para librarnos de muchas imprudencias, debemos además observar estas dos


reglas:
1ª. Verlo todo, callar mucho y castigar poco.
2ª. Que aun cuando sea enérgica en lo que manda o prohíbe, debe ser suave en
cuanto al modo de mandarlo o prohibirlo.
Todo esto se consigue más que con palabras, con el buen ejemplo y la oración”.10

10
Del Archivo privado del Instituto de “Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres”.
13
Otros muchos consejos, costumbres, recomendaciones, indicaciones, mandatos,
ejemplos de vida, etc. de Nuestra Madre Josefina que van apareciendo en los
testimonios que a continuación se presentan, podemos acogerlos y vivirlos como
excelentes pistas para adquirir una mejor identidad como Religiosas de este
Instituto y la formación de todas las que a través del tiempo lo vamos
conformando.

PROFUNDICEMOS MÁS EN EL CONOCIMIENTO DE NUESTRA MADRE JOSEFINA:

La Hermana Paula Cruz Pérez me platicó que una vez fortuitamente se


encontraron ella y la que fue Religiosa de La Cruz, Pilarica Ibarrola, ya muy grande
de edad, era hija de la señora Pilarito Ibarrola, mamá de los Padres Ibarrola y
bienhechora y Presidenta de la Junta de Caridad que ayudaba mucho al
Orfanatorio. Bueno, pues la señorita Pilarica Ibarrola le dijo a la Hermana Paula:
“USTEDES NO CONOCIERON A LA MADRE JOSEFINA CONTRERAS; PERO
SÉPANLO QUE ELLA ERA UNA SANTA”.

El Padre Manuel Muñoz, quien fue un gran poeta, que visitaba y vivió por
temporadas en el Orfanatorio; conoció y trató muy de cerca a Nuestra Madre
Josefina. En cierta ocasión se dio cuenta de una experiencia muy peculiar que
tuvo ella, un día que salió a pedir ayuda económica a ciertos establecimientos,
oficio que le costaba mucho trabajo realizar, como dice una de las Madres en su
testimonio, que la primera vez que iba a ir N. Madre Josefina a pedir limosna, fue
a la Capilla y llorando le pedía a Dios fuerza para hacerlo, que era lo que más le
costaba en la vida religiosa. Pues bien, al Padre Manuel Muñoz le impresionó
bastante el hecho narrado por ella misma y él lo tradujo en el siguiente poema:

“AL PASAR

Ser de noche…
No creyera, y con razón,
quien hubiese penetrado
de la luz profusamente
con espléndido derroche
al recinto iluminado del salón.

Con el alma en la mirada


14
y en el rostro la codicia retratada
los plutócratas11 jugaban sus fortunas,
y el azar que despojos y ganancias
caprichoso repartía más y más
y por momentos la reunión encandecía,
y con triunfos y despechos,
arrancaba de los pechos
un volcánico estallar.

Cuando ahí, de su llegada


sin que nadie se dé cuenta,
una humilde religiosa
se presenta con afán:
Caballeros, ya que en nombre
de mis huérfanos imploro,
socorredme una moneda de su oro,
¿no querrán?
¡Allá va! Con iracunda carcajada
respondió uno de ellos, y la mejilla
con saliva nauseabunda escupió.

Una luz como de cielo


bañó el rostro de la virgen,
y en el suelo fija la mirada
dijo con mansísima humildad:
Esto para mí;
y ahora, para el huérfano que llora
¿me daréis por caridad?

Como estatuas se quedaron,


y el villano
al sentir en sus entrañas
algo raro, sobrehumano,
como el cruel remordimiento
que atormenta al criminal,
humillado, enternecido,
puso en manos de la Hermana
11
Preponderancia de los ricos en el gobierno del Estado.
15
todo el oro recogido,
y en silencio fue a situarse
de la puerta en el umbral.
La heroína, vencedora del agravio,
con voz púdica y secreta:
¡Dios le pague! Balbució.
Y al pasar…
cuando en el muro
dibujaba la silueta,
el galán sobre la sombra
puesto el labio, la besó.

Al mirar así reunidas


dos acciones en conjunto:
la actitud de la doncella
y la conducta del doncel,
a mí mismo me pregunto:
más dramática, más bella,
¿Fue la heroicidad de aquélla
o fue el ósculo de aquél?

PRESBÍTERO MANUEL MUÑOZ”.12

SANTAS EN NUESTRO INSTITUTO

Hablando de santas en nuestra Congregación, el día 23


de abril de 1989, la Madre Teresa Hernández Olalde, me
platicó que, en una ocasión, una de las Madres Mayores
del Colegio “Unión y Progreso” de la ciudad de Oaxaca,
OAXACA, le dijo refiriéndose a Nuestra Madre Isaura:
USTEDES TUVIERON COMO FUNDADORA A UNA SANTA,
lo digo porque la traté íntimamente. ¡Ah…! ¡Cómo sufrió
esta Madre en los inicios de su Congregación!
¡Intimidades muy profundas! ¡QUÉ SANTA! ¡QUÉ SANTA
MUJER!
12
Se sabe que el que escupió a Nuestra Madre Josefina fue el General Medina Veytia. Estaba un grupo de hombres
entretenidos en un juego de mesa, apostando dinero. Se usaba y posiblemente todavía se den casos en que en
algunas algunas tiendas el dueño ponía o pone alguna o algunas mesas por ahí, para juegos de azar. Pienso que
si Nuestra Madre Josefina llegó al Orfanatorio con buena cantidad de dinero, tuvo que qué decir el porqué.
16
De acuerdo a la formación espiritual de las Hermanas, era
un tanto frecuente, puede ser que también ahora, el vivir
nuestra espiritualidad al extremo, al límite, en expiación,
desagravio, inmolación, ofrecerse como víctimas en
reparación por las ofensas a Dios y la salvación de las
almas, se daban casos de que algunas Hermanas se
ofrecían como víctimas, como lo hicieron nuestras
Madres Isaura de la Cueva y Josefina Contreras; tenemos
también un relato sin firmar, como antes era común;
pero que desde luego, se refiere a una Hermana nuestra,
en el cual se declara lo siguiente:

“La Hermanita Glafira León Ordaz, murió el 9 de febrero de 1930, de 25 años de


edad. De carácter muy fuerte, enérgica con ella misma. Especial para labores de
manos, tejer, coser, bordar, etc.

Era muy dada a la mortificación corporal. Cuando ella murió, en su buró tenía:
disciplina, silicio y cadena de acero y en sus apuntes espirituales decía: ‘Además
de la disciplina de los viernes, haré uso del silicio de hierro hasta medio día y
siempre que me deje llevar de mi carácter, besaré el suelo tres veces, diré la culpa
en el refectorio y haré uso del silicio de hierro durante tres horas.’

El domingo anterior a su muerte, la visitó su familia. A mí me tocó acompañarla


y cuando se fueron, me dijo: Vamos al patio de la mora. Fuimos y desde ahí los
siguió con la mirada hasta que los perdió de vista… Luego me dijo: No los volveré
17
a ver…, le dije: - ¡Vaya! ¿por qué? – Porque le he hecho a Nuestro Señor el
sacrificio de mi vida y siento que lo ha aceptado. Sólo les pido que por favor no
les avisen a mis familiares, sino hasta que yo haya muerto.

Los días lunes, martes y miércoles siguió bastante malita; el jueves comenzó su
gravedad y murió el domingo 9 de febrero de 1930.13

Más testimonios sobre la vivencia de nuestra espiritualidad en los primeros años


de nuestra Congregación, gobernando ya N. Madre Josefina:

Yo, Hna. María Enriqueta Aguirre C., una de las veces que viví en la Casa de la
Divina Providencia de la calle Corregidora, Morelia, iba a Misa al Templo de San
Agustín; ahí iba también una señorita ya grande de edad; una vez que nos
encontramos a la salida, me preguntó cómo se llamaba mi Congregación, le dije
que “Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres”, que en sus inicios había
estado en el Orfanatorio, por el Jardín Azteca. Me dijo que en ese tiempo, cuando
había persecución religiosa por parte del Gobierno, habían vivido en una misma
casa su familia de ella y unas Hermanas de nuestro Instituto,14 que sabía que una
de ellas se llamaba María Inés, que fue una Hermana muy joven, muy edificante
y muy virtuosa, que ‘murió en olor de santidad’. Que su mamá se llamaba
Cleotilde y le decían ‘Cotita’. Muchos años después esta señora tuvo una tienda
de dulces y Cotita daba latas de caramelos un poco húmedos a las Hermanas que
vivían en Luis Moya. En ese tiempo yo vivía en la Casa Central y me tocó que nos
daban en el desayuno y en la merienda, arroz endulzado con esos caramelos. Yo
conocí a la señora Cotita porque una vez acompañé a la Madre Cecilia Contreras
para darle las gracias de los dulces.

Cuando la Madre Delfina Quiñones Cueva, postrada ya en cama por su última


enfermedad, cuando fui a visitarla, me dijo: “Dios me ha ido pidiendo la
inmolación de todas las partes de mi cuerpo. Sólo me faltaba una inmolación, la
de esta pierna que ya era lo único que no me dolía; pero ahora son fuertes los
dolores que tengo. Le doy gracias a Dios que ya mi inmolación es completa”.

CARTAS DE NUESTRA MADRE JOSEFINA CONTRERAS:

13
Este testimonio se encontró sin firma en el Archivo General de nuestro Instituto.
14
Fue el tiempo en que varias de las Hermanas Profesas fueron alojadas con diferentes familias de las más
allegadas a nuestra Congregación en tiempos de la Persecución Religiosa y del gobierno del General Lázaro
Cárdenas.
18
1. CARTA A LA HERMANA MARÍA DE LA PAZ RUIZ (SU NOMBRE DE PILA:
CARMEN)

“¡Gloria al Sgdo. Corazón!

Morelia del S. C. a 22 de marzo 1933.


Srita. Carmen Ruiz:

Muy estimada y buena Carmen:

Su cartita que con la M. Avelina me envió, es la revelación de los grandes deseos


que la animan a la vida religiosa. La felicito por ello; pues nada menos que al
pensar en usted en este género de vida que pretende abrazar, ha elegido la mejor
parte, dele de corazón mil gracias a Ntro. Señor que entre mil jovencitas ha
elegido a Ud. para Él; pero hay que obrar en todo con prudencia, bueno está que
solicite de sus buenos y prudentes papacitos, el permiso de venir a pasar unos
meses con nosotras como visita; así de ese modo se dará Ud. cuenta más exacta
de nuestra vida y mientras tanto se irá viendo la voluntad de Dios.
Puede traer 4 mudas de ropa que Ud. usa, tal como la tiene, lo mismo ropa de
cama, sus útiles personales y catre, colchón, lavamanos, etc. Como estamos
ahora de recursos muy escasas, mucho le agradecería a su generoso papacito,
pudiera darle una pensión de $ 10.00 cada mes, como antes decía, así como
visita, Ud. no perderá nada, y sí se afirmará por otra parte el llamamiento de
Ntro. Señor. Por nuestra parte le encomendamos muy de corazón el asunto al
Corazón Divino y ofreciéndole a su nombre, ésta su casa, quedo muy Afma.
Enviándole para su muy apreciable familia mis aftos. Recuerdos y respetos. Ya
sabe que un abogado para estos asuntitos es el Sr. Sn. José; y especial tesorera
del rico tesoro de su vocación, la Sma. Virgen nuestra cariñosa Madre. Ore y
ofreciendo los pequeños sacrificios, espere en Dios, Ntro. Amorosísimo Padre.

Josefina del Sgdo. Corazón


S.C.J.P.”
(Rúbrica)

2. CARTA A LA MADRE CARMEN SÁNCHEZ15

15
Seguramente que es una carta a la Madre Carmen Sánchez, porque a “Carmen Ruiz” no, porque Ma. de la Paz
quien antes se llamaba Carmen, todavía no llegaba a la Congregación.
19
“¡Gloria al Sgdo. Corazón!

Mi cara Hta. Ma. del Carmen:

Así nos imaginamos la gran sorpresa que les iba a causar la vista de la Hta.
Ángela. Den gracias a Dios que se la prestamos nomás mientras se arregla algo
de esa Escuela.
Aprovechen este tiempo preguntando a la Hta. Ángela cuanto se les ocurra
y que no estén bien seguras del Costumbrero.
Mucho le recomiendo el recogimiento, la unión con nuestro Jesús como
preparación para el gran día de sus Votos.
Ya les dirá la Madre la invitación y limosna de actos que pedimos de Uds.
Para dorar un coponcito de los de éste su nido amado. Muchos, muchos actos de
caridad fraterna para que quede precioso ese coponcito donde se encierra por
amor a nosotras nuestro amado Jesús.
Que cada día se santifique más y más, es nuestro deseo.

Josefina del Sgdo. Coazón


S.C.J.P
(Rúbrica)
24-5-1930”

CARTA DE N. RVDA. MADRE JOSEFINA A LAS HERMANITAS DE COENEO:

“¡Gloria al Sgdo. Corazón!

Mi cara Madre y demás Htas.

¡Cuánto gusto nos dio recibir sus finas y cariñosas cartitas! Dios se lo pague, lo
mismo que por la Misa y sus oraciones.
Parece que Ntro. Señor. ha oído sus súplicas; me siento mejor, aunque
débil por tantos días con calentura y sin gana de comer.
Según vimos hoy es la segunda aplicación de Rayos X. Dios permita no se
le ocurra otra cosa al Dr. Para podernos ir en la semana que viene. Ya se
imaginarán Uds. el gusto que tenemos para volver a nuestra amada casita.
Vamos a ir con Ntra. Amada Madre de Guadalupe, a ver si es posible
mañana, porque tenemos que llevarle un milagrito por mi salud; así le
20
prometimos hace pocos días. También vamos a entregarle de nuevo nuestra
Congregación y cada uno de sus miembros, pidiéndole seamos verdaderas
religiosas y no sólo de nombre Htas. Del Sgdo. Corazón, sino imitadoras de su
Divino C. sobre todo en la caridad con el prójimo.
¿Cómo están de recursos? ¿Isidrita está en esa y les mandó sus 10 pesos?
Díganme con toda franqueza si pueden sostenerse o no, para hablar con el Sr.
Martínez, si les pasan algo o si las recogemos a Uds.

Adiós, mis queridas Htas., mi recomendación de siempre, únanse cada día más y
más con nuestro amado Jesús por medio de la humildad.
Pido a Dios Ntro. Señor las ayude y bendiga.
Josefina del Sgdo. Corazón
S. C. J. P.
(Rúbrica)
4-2-1933”

CARTA DE NUESTRA MADRE JOSEFINA A LA MADRE FORTUNATA (TERESA


HERNÁNDEZ OLALDE):

“¡Gloria al Sgdo. Corazón!

Mi tan querida Hta. Fortunata:

¡Cuánto agradecemos los detalles que tuvo la bondad de comunicarnos!


¡Oh! Que bondad de Jesús, nuestro amado, para con sus hijitas. Démosle
miles y miles de gracias por tanto amor para con sus predilectas hijitas.
Ahora, mi cara Hta., a poner en práctica la lección que acabamos de recibir.
En estas líneas va todo el afecto de mi triste y resignado corazón.16 Sea
santa.

Josefina del Sgdo. Corazón


S. C. J. P”

16
Esta expresión de N. M. Josefina no es muy propia de ella, que siempre recomendaba el sacrificio, el
renunciamiento. Pienso que tal vez fue cuando los médicos le pronosticaron que tenía la enfermedad incurable
como es el cáncer, menos en aquel tiempo en que la ciencia médica no estaba tan avanzada. Por otra parte, creo
que es una expresión muy lógica y humana. Jesús expresó lo mismo en el Huerto de los Olivos.
21
CARTA DE NUESTRA REVERENDA MADRE JOSEFINA A LA MADRE HERMELINDA
(JOSEFINA MALDONADO):

19-2-1930

G G G.
¡Yo! ¡gloria al Sgdo. Corazón!

¡Mi cara Hta. Hermelinda!:

¡Cuánto gusto me dio ver su apreciable! También ha mejorado su letra, que


bueno. Pero ya Ud. sabe lo principal que deseamos cueste lo que cueste, que se
haga santa, ¿Y cómo, me dirá Ud.? Con facilidad lo puede hacer, sacrificándose a
cada momento en todo y por todo. Renunciando a la propia voluntad, muriendo
a sí misma y matando al YO. Este yo, cuando le damos palos parece que se muere,
pero se hace el muerto, no le crea.
¡Le da gusto venir a Ejercicios?
Su hermanita Isabel volvió a nacer el 29 en la noche, porque se calló un
cedro del frente del dormitorio de San José y poco faltó para que las apachurrara
el techo y la parte de pared sobre que cayó el cedro. Fue un verdadero milagro
que nada les pasara a las tres que ahí dormían.
Siga trabajando contenta con sus niños, haciéndoles todo el bien posible y
sólo por agradar a Jesús.
Su tía Esther estuvo con nosotras dos días, pues ella nos hizo el favor con
el permiso y dinero que le dio Marcos su hermano a la Madre Ángela, ida y vuelta.
¡Ya ve qué favor! Dios les ha de pagar.
Adiós, mi Hta. Tan querida, la deseo ver muy santificada.

Josefina del Sgdo. Corazón


S. C. J. P.
(Rúbrica)
31-8-1931”

En esta carta, N. Madre Josefina nos invita a morir a nosotras mismas. Muy
dentro tenía las enseñanzas de Jesús: “El que pierda su vida por mí, la
encontrará”. (Mt, 10,19)

TESTIMONIOS ESPECIALES:
22
MADRE CARMEN MORA GARCÍA

“Si a medida que el sol se va acercando a su ocaso es más tenue la luz y menos
ardientes sus rayos enviados a la tierra, no así las almas de los justos que, al
aproximarse al término de su carrera, difunden más profundamente la luz de sus
virtudes y dejan tras sí una aureola que inmortaliza su recuerdo en el corazón de
quien los ama.

Esto es lo que observamos cabalmente al seguir paso a paso los últimos días de
nuestra queridísima Madre: un desprendimiento completo de las cosas de aquí
abajo; pues bien, claramente se notaba su santo anhelo de dejar esta vida y pasar
a la verdadera. Después que habían pasado más o menos quince días, sin tomar
otra cosa que un trocito de hielo de cuando en cuando, no quiso ya ni siquiera
esto, pues todo le producía náuseas; al ofrecerle alguna medicina decía: “YA NO
ES TIEMPO, YA NO ES TIEMPO”. Un día que se le daba cierta noticia, dijo: “NO ME
TRATEN NADA DE LAS COSAS DE LA TIERRA, YO NO SOY YA DE AQUÍ”. y poniendo
las manos sobre el pecho, añadió: “DÉJENME EN PAZ CON DIOS, AQUÍ LO
TENGO”. Los tres últimos días en que apenas si hablaba, pues el grande
agotamiento a que había llegado no se lo permitía, levantaba sus brazos cuanto
podía como si quisiera alcanzar alguna cosa, y decía: “AL CIELO, AL CIELO”… Otras
veces: “CORTEN, CORTEN”… y preguntándole ¿qué? DIJO: “LA VIDA” y la víspera
de morir: “ALAS, SE NECESITAN ALAS”. O si no: “AYÚDENME, AYÚDENME A
SUBIR”… Y hacía ademán de persona que desea subir a alguna parte. Una vez
exclamó: “YA SÓLO ME FALTA UNA GRADA, PERO ME HE ATORADO MUCHO,
MUCHO… SUÉLTENME”.

El día 10 en un momento de tranquilidad abrió sus ojos, levantó su mano e hizo


sobre las que estábamos presentes la señal de la cruz, bendiciendo seguramente
a su amada Congregación, aunque ya una a una habíamos recibido su bendición
y sus últimos consejos.

Desde ese día se entretenía sólo con su Dios, dirigiéndole fervorosas jaculatorias,
cosa que nos admiró, pues durante el curso de su enfermedad y durante toda su
vida, nunca exteriorizó sus pensamientos ni hizo alarde de piedad. Algunas veces
la vimos hacer el ademán de una amante que entrega su corazón al amado en un
beso. Y esto lo hacía dirigiéndose al Sacramento de su amor, que cerca, muy cerca
de allí lo encontraba, en la pieza contigua…
23
Las gracias que Nuestro Señor le prodigó, son incontables: Las tres visitas del
Excmo. Sr. Martínez; una carta del Excmo. Sr. Delegado, Mons. Ruiz (y Flores)
que, aunque en el destierro, tuvo aviso de la gravedad de la querida enferma,
apresurándose a contestar amablemente la carta que se dirigió por mandato de
la misma, en donde le hacía presente su agradecimiento por los favores
prodigados a su Congregación y la adhesión filial a su persona; el Excmo. Sr.
Martínez la última vez que la visitó le dio la bendición Papal; las visitas frecuentes
de algunos Sacerdotes, como los Padres del Espíritu Santo y algunos del
Seminario. El Padre Capellán dormía en casa desde el día del Sagrado Corazón, y
durante el día la visitaba con frecuencia el Doctor de casa; gratuitamente venía
todos los días por la mañana y por la noche. La solicitud de sus amadas hijas se
manifestó de mil maneras, disputándose a porfía el cuidado de la querida
enferma, y deseando ávidamente calmar sus terribles dolores, y velando, por
decirlo así, su pensamiento; pero ella, tan dulce, tan abnegada, tan silenciosa, no
sabía pedir sino ligerísimos alivios que presurosas le presentábamos con mucho
amor.

Dos veces dijo: “ya, señor, déjalas descansar”… La víspera de su muerte pidió un
pequeño favor exclamando: “¡ya son las últimas molestias… pobrecitas!.” Y a
pesar de que nunca le gustaron los diminutivos, los últimos días hizo uso de ellos
para llamarnos.

Por fin llegó el día 11 para nosotros de tristísimos recuerdos. Al verla en su


perfecto conocimiento, pero con un agotamiento que bien nos indicaba el fatal
desenlace, nuestro corazón gemía, si así se puede decir, aunque sin exteriorizar
su dolor por no apenar a la enferma y nuestro ser se revelaba ante la idea de la
próxima separación; pero levantando nuestro corazón hacia Dios, besábamos la
mano que nos hería en la fibra más delicada. A pesar de la naturaleza, estábamos
conformes con la Divina Voluntad. La noche de este día se le puso una reliquia de
Gema Galgani a quien ella había dicho: “Gema, Gemita… suéltame, suéltame
preciosa…”, palabras que nos hicieron suponer que se interesaba Gema por la
querida enfermita.

A las 12 de la noche empezó la agonía, manifestándose por el estertor, pero de


una manera tan suave, que apenas si era perceptible. Las Hermanitas Delfina y
Carmen que la velaban, avisaron luego a la Hermanita Luisa María, pero como el
estertor era tan ligero, y además tosía un poco, se creyó que era resfrío. A las
24
3:30 sin ayuda, como antes la necesitaba, tomó la posición de un cadáver en su
ataúd… viéndola así, se comprendió luego que había llegado la agonía. Se avisó
al Sacerdote y todas las Profesas acudieron luego… Empezó el Padre las preces
de agonizantes repitiéndolas tres veces y alternando con las letanías del Sagrado
Corazón de Jesús, de la Santísima Virgen, con el Oficio del Sagrado Corazón y el
Rosario de la Misericordia. Dio a intervalos tres gemidos, pero el último muy
desgarrador, como si fuera a llorar fuertemente. A la jaculatoria: PADRE ETERNO,
MIRADME SIEMPRE A TRAVÉS DE LA FAZ DE TU DIVINO HIJO, SE DURMIÓ
DULCEMENTE EN EL SEÑOR. Eran las 5 en punto. Su último momento fue tan
suave, que apenas creíamos que había muerto, pues se quedó como dormida en
plácido sueño, sin hacer ni el más mínimo extremo ni señal de angustia. Después
de amortajarla se le pasó al Oratorio, donde se dijo inmediatamente la Santa
Misa.

Se propaló la noticia de su muerte y llovieron los favores… Una de nuestras


principales bienhechoras ofreció una hermosísima cruz de flores y la caja
mortuoria, elegantemente adornada, aunque sencillo, como conviene a
religiosas. El Excmo. Sr. Martínez y dos Sacerdotes, le obsequiaron las Misas
Gregorianas y muchas otras varios Sacerdotes. Durante el día fue visitado el
cadáver por numerosas personas, que pedían flores tocadas a su cuerpo, que
ponían algunas, con fe sencilla, rosarios a su contacto y que admiraban la
hermosura de su semblante, pues quedó como sonriendo y con una expresión
tal, que parecía que iba a hablar… Su color blanco, pero ligeramente rosado… En
fin, no se podía apartar la vista de él, pues impresionaba dulcemente… Con
distintas palabras, pero en el fondo la misma expresión, decían: MURIÓ LA DULCE
MADRE; MURIÓ LA MADRE AMABLE… Etc. pero respetando el silencio que nos
rodeaba. A todas nos dejó esta muerte un dejo de una inefable paz y dulzura, paz
que seguramente supo alcanzarnos Nuestra querida Madre, paz que nos indicaba
que su alma pura se había fundido en un abrazo eterno con el Amado de su alma.
Lo creemos con una esperanza llena de amor.

El Excmo. Sr. Martínez nos dijo: “Dios quiso ponerles el modelo, ahora no les toca
más que imitarla si quieren tener una muerte como ella, pues tuvo una muerte
no sólo de santa, sino hermosa; no sólo hermosa sino artística, pues muertes
santas y envidiables hay muchas, pero la de su Madre fue especial y muy artística,
en cuanto supo contemplar a la muerte que se le acercaba, con toda serenidad,
y esto desde el primer anuncio de su terrible e incurable enfermedad. Con razón
cantaba ella un sencillo y sentido verso que ella misma compuso y que dice así:
25
De tu hija, mi Dios, escucha el canto
lleno de fe, confianza y alegría
porque entreveo ya el cercano día,
de unirme a ti, mi celestial Encanto.

Supo sufrir con un silencio admirable dolores tan atroces como son los del cáncer
y todo con una sencillez encantadora… como fue ella siempre: serena, sencilla en
todos los momentos de su vida, con una confianza inquebrantable en Dios. Lo
amaba y se lanzaba a Él con la simple mirada de su amor… Deseaba la muerte
que la unía con el Amado, pero aun en medio de sus santos deseos, se mantenía
serena y conforme con la voluntad de Dios. Al verla en su cama sencilla y pobre,
se creería que moría una persona vulgar; tal era su sencillez, pero no fue así a mis
ojos que atentos la veían por la fe: era para Dios un espectáculo hermosísimo y
sublime y muy grato a sus divinos ojos y seguramente la miraba con infinita
complacencia. Ella está unida a ustedes más íntimamente, pues desde el cielo,
así lo esperamos, las ve a todas y las ama más tiernamente y esperamos que, así
como Teresita derrama sus pétalos de rosa sobre el mundo entero, así la Madre
los derrame sobre su amada Congregación”. (Hasta aquí el Sr. Luis María
Martínez).

Durante todo el día estuvimos acompañando el cuerpo de Nuestra Madre.


¿Nuestras impresiones, será posible expresarlas? ¡La amamos tanto las que
tuvimos la dicha de llamarnos sus hijas y de ser gobernadas por ella desde hacía
años! A las 4 de la mañana del día 13, se colocó el cadáver en la caja, con el mayor
amor y respeto posible por sus hijas, después de haber besado sus frías manos y
prometido ante aquel querido ser, que la muerte implacable nos arrebatara,
guardar con fidelidad las santas Reglas. Se puso el catafalco ante el improvisado
altar y se siguió acompañándole, interrumpiendo el silencio de aquella mañana,
ya por sollozos, ya por fervorosos Requiem.

Cuando estuvo todo en su lugar y preparado lo necesario para el Santo Sacrificio,


se ofreció éste, así como la Sagrada Comunión por el eterno descanso de nuestra
querida Madre. Después de la acción de gracias dejé con pena por algunos
momentos aquel concurrido lugar, para volver luego para acompañar el cuerpo
de nuestra Madre, que dentro de poco desaparecería de nuestros ojos
materiales. Preparados los niños para ir al Panteón, se reunieron para rezar junto
a su Madre el último rosario. Faltaban 10 minutos para las nueve, cuando
empieza a oírse el sordo ruido de los coches que se acercaban a la casa. A las
26
nueve en punto llega la carroza,17 bajan los mozos con su uniforme blanco y negro
y entran por el cadáver; pero varios señores se adelantan y no permiten que se
lo lleven, conduciéndolo ellos hasta la carroza. Las Hermanitas y los niños,
formando valla desde la puerta del Oratorio hasta la puerta de la salida, rodeadas
de las personas que bondadosamente fueron a acompañarle, ven salir con pena
al ser querido a quien tanto deben. Seis Hermanitas y diez niños internos fueron
los afortunados en acompañar a su santa Madre hasta el borde del sepulcro. Las
que en casa quedaron, conmovidas hasta lo más íntimo, no encontraban más
consuelo que en Jesús…, derramaban copiosas lágrimas, comunicando sus
sentimientos hasta a los niños más pequeños que lloraban también a su Madre…

¡Y sólo nos quedó Jesús…! ¡Ahí, cerca, muy cerca de donde había estado el lecho
mortuorio… ¡A un solo paso…, ahí, a donde había ido solo por su amada, donde
le prodigaba sus caricias y le ayudaba a sufrir con tanta abnegación y silencio!...

Según dicen las Hermanitas que fueron al Panteón, el entierro no dejó nada que
desear: la majestad que impone ver una carroza con su caja y cortinas blancas;
los acompañantes o mozos con su uniforme y a pie por toda la Calle Real; (Ahora
Av. Madero) diez coches de acompañamiento con paso lento, como convidando
a la oración…, la fosa que de antemano había sido abierta y bendecida y que sólo
esperaba su tesoro, su precioso trigo que muy pronto fructificará, según
expresión de un Sacerdote, parece como que en cierto modo nuestro dolor
disminuía, pues eran los últimos honores rendidos a tan amable Madre.

Llegados al Campo Santo se dispuso el entierro. Ahí permanecieron los niños


atentos a las maniobras, así como las Hermanitas y dan por fin el último ADIÓS.
Hubo necesidad de desprenderse por completo del ser amado… Al terminar,
colocaron los niños sus ramos de flores sobre el sepulcro y se dio el último ADIÓS
a aquel lugar de descanso…

Triste, muy triste fue el regreso, pero sintiendo por la fe que la tenemos muy
cerca de nosotras, esperamos el día de la eterna unión, donde no habrá llanto ni
separación, sino completa dicha en compañía de los que amamos y nos amaron…

17
En aquel tiempo, las calles del rumbo del Santuario de Guadalupe y del Orfanatorio, estaban empedradas, por
eso hacían mucho ruido las carrozas que se usaban entonces.
27
El día catorce a las ocho de la mañana, tuvieron lugar los funerales en el Santuario
de Guadalupe. Fueron dichas honras con toda la solemnidad posible. Asistió toda
la Comunidad con el internado.

¡BENDITO SEAS JESÚS, TE DAMOS GRACIAS! Será siempre nuestro grito en las
penas y dolores de la vida”.

MADRE ISAURA MALDONADO IBARRA:

“G. S. C.

HUMILDES PENSAMIENTOS CONSAGRADOS A LA MEMORIA DE NUESTRA R. M.


JOSEFINA DEL S. C. CONTRERAS, EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE SU MUERTE.

Dos años ha, que en la alborada de un día como éste, paseando el Divino
Jardinero su amorosa mirada sobre el florido pencil de la Iglesia, detúvose
complacido ante el más diminuto de sus prados; y contemplando allí, no sé si un
lirio cuya prístina blancura podía competir con la nieve de las altas montañas; o
una violeta que ha tiempo perfumaba aquel vergel; o una rosa circundada por las
espinas del dolor; o quizá más bien un fruto que habiendo resistido lluvias y
calores, se presentaba en toda su madurez y era digno de servirse en el banquete
de los cielos. En fin, no sé con qué comparar el alma de aquel SER a quien con
labios y corazón llamábamos MADRE.

Lo cierto es que Jesús, un día como éste, tronchó aquel tallo, cortó aquel fruto,
rompió aquella ligadura y esa alma preciosa voló a las regiones celestiales. ¡Qué
dulce debió de ser para nuestra querida Madre aquel radioso amanecer en la
Patria eterna!... ¡Qué delicias inundarían su alma cuando a su vista apareció aquel
esplendoroso Sol, Cristo Jesús, el Esposo amado, que envolviéndola en los
efluvios de su divina luz la introduciría en los Alcázares eternos, para ser
embriagada en sus goces que la mente humana ni siquiera es capaz de imaginar!

El espíritu se pierde en la consideración de sublimidades como éstas y que, sin


embargo, serán nuestro patrimonio en un día no muy lejano… y para ayudarnos
a conseguir tal dicha, nos proporcionó Dios un ejemplar de virtudes tan atractivo
como era nuestra venerada Madre. Pensemos en tan bellos ejemplos hoy que su
imagen viene a nuestra mente idealizada con la luz crepuscular del recuerdo. Aún

28
me parece ver en sus labios aquella sonrisa dulce y triste a la vez, como el canto
de la tórtola, sonrisa propia de las almas ya maduras para el cielo.

Ese día 12 la Virgen Morena no necesitó hacer brotar prodigiosas flores como
antaño lo hiciera en la árida colina del Tepeyac, sino acordándose de una rosa
que hacía tiempo cultivaba, mandó cortarla, la tomó en sus manos como aquellas
rosas del milagro; pero ahora en vez de arrojarlas sobre la tosca tilma, la
trasplantó al Paraíso eterno. Esta vez no deseaba imprimirle la virtud de retratar
su bella imagen, sino perfeccionar la de Jesús que ahí veía grabada y presentarla
luego al Eterno Padre, como una prueba de predilección por nuestro Instituto, tal
vez por ser el más pequeño, como en otro tiempo atrajo sus miradas de madre
la pequeñez del pueblo mexicano.

En esta mañana inolvidable para nosotras, aquellos ojos que nos habían visto
siempre con ternura de Madre, no se abrieron ya para contemplar el sol
naciente…; pero ¡con qué fulgores aparecería ante ella el Sol que ilumina la
eternidad!...

Aunque nuestras almas, cual tiernas florecillas que su sombra cobijó, se sienten
agitadas como por suave brisa, y es que su recuerdo las impulsa nuevamente
para seguir por los senderos escabrosos de la vida, con el valor y la suavidad que
a ella caracterizaban. Aún brilla en nuestras almas la luz de aquella aureola de
paz que siempre nimbó su frente como un destello de la gloria que ahora la ha
de coronar, y que algún día compartirá con todas sus amantes hijas.

Morelia, 12 de julio de 1935


Hta. ISAURA del S.C. (Maldonado)”

TESTIMONIO DE UNA DE LAS MADRES QUE VIVIERON CON NUESTRA MADRE


JOSEFINA:18

“RECUERDOS DE N.R.M. JOSEFINA DEL SGDO. CORAZÓN (CONTRERAS)

Era ella de estatura mediana, ni gruesa ni delgada, su color rosado, ojos vivos,
pero de mirar apacible y sereno. Su carácter alegre y gusto fino y delicado. Y de
sus virtudes ¿cómo hablar de ellas si eran tantas con que el cielo la adornó? recta,

18
No está firmado; pero este documento ha estado en los archivos de nuestro Instituto desde siempre.
29
justa, piadosa, prudente, sencilla, humilde, austera para consigo misma, suave y
delicada para las demás, de sentimientos nobles y elevados y alma varonil.

Ahora diré algunos rasgos en que se ven claras y entrelazadas estas virtudes.
Cuando la conocí tenía ella 58 años y como entonces había Persecución en la
Iglesia, algunos satélites de la Revolución iban al Orfanatorio ya con un pretexto,
ya con otro, pero siempre salían desconcertados, porque nuestra Madre Josefina
tenía ordenado que, a una indicación el Oratorio se convirtiera en sala de trabajo
y como ella salía a recibir a esas gentes con tanta amabilidad y calma y no ponía
dificultad en enseñarles toda la casa, era natural que aquellos hombres se
aplacaran y desistieran de su empeño, y así fue como se conservó la casa en lo
más recio de la Persecución, y aún es más, pues que sirvió de Catedral por espacio
de varios años. Digo de Catedral porque el Excmo. Sr. Martínez, actual Sr. Arz. De
México, así se complacía en llamarla, iba al Orfanatorio a celebrar los Oficios de
Semana Santa, a las Ordenaciones en las Témporas y con frecuencia se pasaba
semanas y meses en la casa, razón por la cual pudimos observar que nuestra tan
querida Madre, su fineza, respeto e imparcialidad con que trataba a todos los
Sacerdotes, cualquiera que fuera su jerarquía eclesiástica, ellos mismos lo dijeron
después, y, como consecuencia natural, la quisieron mucho y con ella, a toda la
Congregación.

Nuestra Madre Josefina era enemiga de las distinciones, recuerdo que una vez,
una Hermanita le puso en su lugar del refectorio, un pocillito con algo que debe
haberle parecido que le hacía falta o le gustaría y Nuestra Madre; dándose cuenta
de quién se lo había puesto, fue e hizo que esa Hermanita se lo tomara.

Cuando las Hermanitas llegaban de las Casitas filiales, mostraba mucho gusto y
luego se informaba de su salud; en lo que ponía mucha atención era en la
dentadura.

A los familiares de las Hermanitas los trataba con mucho cariño, y si la Hermanita
tenía su familia en la misma ciudad, luego que llegaba la Hermanita, les avisaba
para que la visitaran.

Como Madre se la sentía, pues tenía un conocimiento, una intuición clara y


precisa de cada una de las Hermanitas, por lo que al tratarlas sabía llevarlas a
Dios. Y su caridad para con los niños era también grande, no quería verlos llorar

30
y su recomendación a las Hermanitas que los trataban, era que los vieran siempre
como a niños, es decir con la suavidad y firmeza que requiere la buena formación.

Como es la vida es la muerte, y nosotras quedamos verdaderamente edificadas


en su última enfermedad. Jamás se le oyó una queja. Si se le preguntaba cómo
seguía, decía: “aliviada y sin sanar”. Y en su agonía aun trataba de que no se
entendiera lo que sufría… Ya estaba con el estertor y una Hermanita dijo que le
había dado aire la tarde anterior y le había hecho mal y entonces Nuestra Madre
tosió con tanta naturalidad que logró que por unos momentos cesara aquella
señal de la próxima muerte… todos cuantos la vimos en su pobre lecho de
muerte, nos parecía que dormía… ¡Tanta serenidad y paz se reflejó en su
semblante! ¡Como es la vida es la muerte!”
Morelia del S. C. 21 de junio de 1951.19
(Sin firma)

BREVES BOSQUEJOS DE LA VIDA Y PERSONALIDAD DE N. R. MADRE JOSEFINA


DEL SAGRADO CORAZÓN, CONTRERAS:

“En su físico era de estatura mediana, no gruesa ni en extremo delgada; en la


edad que la conocí que sería de los 60 a 75 años, era un poco encorvada, de color
blanco rosado, labios delgados; frente, nariz y barba proporcionada; su timbre
de voz muy suave; infundía cariño, confianza y ante todo respeto. A la vez que
seria, al hablar era sonriente, nunca se le oyó reír con estrépito; amable al tratar,
de pelo ondulado y algo rizado; modesta en todo el conjunto de su persona;
cuando se bañaba solía cubrirse con el velo, sin duda para no llamar la atención
con sus rizos pues en una ocasión una Hermanita con precaución le descubrió
algo por detrás y al momento le dijo: “Cuidado. El pelo es la vanidad de la mujer”.
Se le veía ir y venir por los grandes corredores como una silueta destacando por
su recogimiento con los brazos ocultos bajo el hábito.

19
Este testimonio no está firmado; así acostumbraban casi siempre las Madres de hasta poco después tiempo en
que se da este testimonio. El no firmar los documentos que, por históricos, son importantes y es necesario saber
quién los escribió para que tengan más validez. Una vez le pregunté a la Madre Carmen Mora que por qué no le
había puesto su nombre a la biografía de Nuestro Padre Fundador que escribió y me respondió que por lo que se
decía de nuestra congregación, que: “Ha vivido en el ocultamiento y en él quiere conservarse”, y que también por
su formación en la virtud de la humildad. Yo le contesté que yo creía que eso estaba mal entendido, que en todo
el mundo es ley que un documento importante o al parecer no, se debe firmar para que tenga validez, como es,
por ejemplo, la Biografía de un Personaje importante, sea de grata o de mala memoria. Todo documento para
que quede como “Conste”, por sencillo que sea se debe firmar. Por lo anterior, creo que este testimonio es de la
Madre Carmen Mora, además, porque ella usaba con frecuencia diminutivos y aquí son empleados. Con el tiempo
puede ser que sepamos el nombre de su autora.
31
Breve y precisa en sus palabras, citaré dos casos: por falta de instalación en el
comedor había lámpara de petróleo; por la noche después de la merienda se
encargaba de apagarla la que durante la cena había dado la lectura; ocurrió que
sin golpearla dos veces seguidas se rompió una y otra, vertiéndose el petróleo
una vez sobre la mesa central y loza para el Señor Martínez y algunos sacerdotes.
Grande fue el apuro al percibir el mal olor en todo. La Hermanita causante de
esto, con pena le avisó a la Madre, ella por todo le preguntó: “¿cómo hace para
apagarla?” le contestó la Hermanita: “sofoco la llama con la punta de la gabardina
y luego truena y se rompe”, la Madre le dice: “Antes de sofocarla debe bajar la
flama para que se enfríe y después la apaga, cuando no sepa hacer una cosa
pregunte y en adelante sea más cuidadosa”. En otra ocasión, víspera del Sagrado
Corazón, se hizo uso de una escalera para colgar unas cortinas; con el
movimiento de la que había subido la escalera se empezó a resbalar sobre un
aparador de loza, grande fue el apuro de la que estaba sosteniendo el peso de la
escalera, al oír el rompedero de cristales y lo que pasaría con la que había subido
si la dejaba caer de golpe. La Madre se presentó al oír el estruendo y viéndolas
ya fuera de peligro, pero muy acongojadas les dice sonriente: “Nomás no se
maten”, pero arreglen bien”.

Tenía a su cargo servir los alimentos a las Hermanitas para conocer las
necesidades de cada una y así, atenderlas, al mismo tiempo ella también tomaba
los suyos; grande era su parvedad a la vez que terminaba con la Comunidad. Su
alimentación consistía en un café en leche, un pan y una fruta. En la comida, de
lo que se preparaba, pero en tal cantidad que se supone sería por todo lo que
corresponde a un platillo, fruta y café negro; por la noche igual que en la mañana.
Cuando la encargada de preparar los alimentos, se preocupaba de preparar algo
extra para ella, a veces lo aceptaba, pero llegó a negarse diciéndole: “En adelante
Ud. misma se va a tomar lo que prepare para mí, y lo llegó a cumplir.

Acostumbraba diariamente recorrer el desempeño de los oficios. Entre 11 y 12


iba a la cocina a enterarse de la preparación de los alimentos, daba el visto bueno
y decía lo que hacía falta en sal y sazón o lo mal preparado; ordenaba lo que debía
hacerse para mejorarlo; pero a la vez respetaba las órdenes de la encargada y
preguntaba qué y cómo se había ordenado para dirigirse a quien correspondía.

En el reglamento se le vio siempre cumplida, estaban rotuladas las horas de


recibir visitas, lo cual era favorable para no faltar a los actos de Comunidad; los
32
visitantes eran atraídos por la estimación en que tenían a los niños; la Madre con
su trato afable, hacía venir a los más pequeños con las visitas; siempre había un
grupo preparado para recitar, decir algún chiste o cantaban en coro algo que
despertaba mayor simpatía para el espacioso rinconcito muy atractivo, también
por las perfumadas flores que allí se cultivaban. No salían sin llevarse entre los
pétalos las agraciadas palabras que a media lengua pronunciaban al entregar el
ramo aquellos inocentes peloncitos de sencillo vestir, con su cuello rojo que
sobresalía del overol azul y su pie descalzo. Así, la Madre Josefina gozosa y
entusiasta se preciaba de ostentar entre las escondidas violetas y perfumados
jazmines del vergel, el candor de aquellas almas, que, como joyas preciosas en la
humilde cuna del Orfanatorio, Palacio del Gran Rey, a su cuidado le fueron
confiadas. Como es de suponerse sin duda debido al ambiente de aquel tiempo
o la formación que recibían debido a la buena disposición de sus ánimos, nuestras
primeras Madres Fundadoras estaban posesionadas del olvido de sí mismas,
llevando con heroísmo una vida de ocultamiento. Por tanto, la fisonomía especial
de la Madre Josefina Superiora General, fue ser un alma velada con el manto de
la humildad, prudencia, sencillez y modestia, que nos permitió ver, aunque muy
de lejos un conjunto de virtudes como algunos casos lo demuestran.

Para el día de su Santo, no aceptaba manifestación alguna de afecto, este día se


pasaba como todos, sólo se tenía en cuenta la fiesta religiosa por ser Señor San
José Patrono de la Congregación. Advierto que, así como fue negada para sí
misma, también fue pronta en obedecer y aceptar a la voz superior de un
Sacerdote que le hizo ver que la Comunidad le debía gratitud y reconocimiento y
que como Superiora, hacía las veces de madre y debía por tanto, prestarse a
complacer a la Comunidad aceptando los festejos y obsequios que en la misma
le hicieran. En verdad, aceptó, aunque esto fue como unos dos o tres años antes
de su muerte. Entonces se permitió a las Hermanitas disponer de tiempo para la
preparación de reliquias y otras labores que cada una pudiera hacerle como
regalo en su día. También se dispuso el saludo con mañanitas, versos y cantos
apropiados para felicitarla y por la noche una sencilla veladita.

Comprendimos también que por modestia no aceptaba se le tomaran


fotografías, hasta que en su última enfermedad, por disposición médica le
ordenaron presentar unas credenciales, pues se iba a operar, con una esperanza
aunque sin duda abreviando los días de su vida, como fue. De hecho, la fotografía
que quedó, fue amplificándose de una pequeña y la que le tomaron después de
su muerte. Convencida de que su mal no tenía remedio, aceptó la operación para
33
evitar a la comunidad la pena de atenderla en estado de corrupción. En verdad,
se fue agotando rápidamente y se evitó la putrefacción.

Mientras estuvo enferma, la Comunidad la visitaba por tiempo breve y que ella
lo aceptara; gustaba de estar sola, sólo la Madre Lorenza, que era la enfermera,
se daba cuenta del estado penoso al atenderla. Al visitarla y preguntarle por su
salud, contestaba: ”Aliviada y sin sanar, mientras llega el momento de partir”. Se
le encontraba tranquila y serena, sentada en un sillón o descansando en la cama;
al parecer, nada sufría, pues no nos decía que pasara mal la noche, ni el menor
desahogo sobre sus dolores. Ante esta actitud, nos parecía presenciar un misterio
al ver su rostro marchito y pálido sin descubrir sus dolores. Nos preguntaba:
“¿Usted cómo está?” a la respuesta de que todo bien, decía: “Sí, todo estará bien
si siempre vivimos como corderitos tatemados sobre el altar, inmolados y con los
dientes pelados”. No olviden que habrá paz si siempre hay caridad. Recuerdo en
su vida acostumbraba entonar suavemente un canto que parece tenía por lema:
“Desde que aprendí Dios mío a decirte siempre sí, ya no hay penas en la alma, ya
no hay luchas para mí”.

A medida que los síntomas fueron más verdaderos, pero llevando aún la
observancia de la vida común, gustaba y pedía se entonara el misterio siguiente:
“¿Cuándo, oh Jesús, podré gozar tranquila unida a ti con lazos de amor? ¡Oh
Corazón, mi amable y dulce Asilo! ¡cuándo podré por fin a ti volar?” ¿Cuándo
pudo realizar los anhelos de esta plenitud que deseaba? Cuando completamente
agotada ya no pudo decirnos nada. Al entrar en gravedad, un Sacerdote se
quedaba en casa para estar pendiente en su agonía. El 12 de julio, en las primeras
horas de este día se tocó la campana dando señal de levanto para que la
comunidad estuviera presente en su lecho de muerte. Eran entre las dos y tres
de la mañana cuando la Comunidad corría presurosa al oír un lánguido y sonoro
sonido de la campanilla consagrada, que a esas horas de gran silencio, hacía llegar
su sonido alarmante a todos los lugares de la casa.

El Sacerdote se presentó para rezar la recomendación del alma; la Madre Luisa


María estaba presente para recoger sus últimas lágrimas, mientras la Comunidad
oraba en silencio. La Madre que dirigía el rezó del Oficio del Sagrado Corazón, al
ver que su agonía se retardaba y al repetir el verso que dice: “Aquí exhalan su
aroma castos lirios”, la enferma exhaló su último suspiro inclinando su cabeza al
lado derecho. El Sacerdote al momento le dio la bendición y se retiró. Dejó a la
Comunidad el recuerdo de dos cristalinas y gruesas lágrimas que le secaron con
34
un algodón. En seguida nos retiramos para que le vistieran el hábito y la
colocaron en su lecho de descanso.

Mientras, se dispuso un altar provisional para que el Sacerdote le aplicara el


Santo Sacrificio de la Misa de cuerpo presente, que fue próximas las cinco de la
mañana. La Comunidad asistió y comulgó junto a su lecho mortuorio. Amanecido
el día, se recibieron llamadas por teléfono para informarse de su salud, dándoles
la noticia definitiva. Durante el día se presentaron bienhechores y personas de la
sociedad de Morelia. Por la noche se turnó la comunidad por grupos para velarla
con algunas personas conocidas.

Al día siguiente después de celebrar, se procedió al sepelio entre 10 y 11; dos


hermanitas fueron con algunas personas a su sepultura; la Comunidad quedó en
casa apurando el cáliz de la soledad y del inmenso vacío que dejó su destierro
personal, después de 24 años que estuvo al frente del Orfanatorio gobernando
como Superiora. Se ha dicho quedó la Comunidad al parecer sola pero no a
obscuras, nos alumbraba la luz de la fe y la esperanza de que no nos olvidaría, y
desde el cielo un ruego suplicante velaría por nosotros. De pronto la comunidad
sufrió la diferencia en el modo de gobierno. Más tarde el ataque directo a la casa
por la persecución religiosa. A pesar de una infinidad de contratiempos, después
de su muerte sólo se sintió la separación de dos Hermanitas que pretendieron
formar una comunidad para misiones, lo cual se les permitió quedando
independientes de la que dejaban y aunque este paso dejó un duelo en la
Comunidad, las dio por despedidas sin volver a tener comunicación directa con
las que continuaron como Superioras.

Terminamos el presente apunte con un detalle de su infancia, nos dijo que


cuando ella era niña que aún no sabía hablar, y sí sabía gobernar, pues en una
ocasión se suscitó un problema propio de pequeñas que discutían sobre quién de
ellas debía mandar y la Madre Josefina que sin duda Dios la dotó con dones
especiales, se les impuso, pisando fuerte con un pie, diciéndoles ¡No, yo aquí soy
la que dispongo!”20

COMENTARIOS

Los Testimonios anteriores estaban en el archivo de la


Congregación. Las entrevistas que realicé a las Madres que
20
Sin firmar, por la misma razón que indica la cita 10.
35
entonces eran para mí las más antiguas, vienen a
continuación. Éstas son muy valiosos Testimonios que
retratan a Nuestra Madre Josefina. Quiero iniciar con una
síntesis de lo que, de un modo u otro expresaban todas las
Madres:

Nuestra Madre Josefina vivía en su plenitud el espíritu


propio de nuestro Instituto: “Amar, consolar, glorificar y
desagraviar al Sagrado Corazón de Jesús; hacerlo amar y
ofrecerse a Él como víctima de expiación, desagravio,
reparación e inmolación, por la salvación de las almas, y
por la santificación y el progreso de nuestro Instituto.

Nunca se veía seria, sí llamaba la atención; pero con muy


buen modo, muy educada, haciendo ver el error, que en
vez de sentirse mal se sentía muy bien y con ánimos de
corregirse y seguir adelante.

Cuando murió Nuestra Madre Isaura, casi no se sintió la


diferencia entre una y otra. Nuestra Madre Josefina fue
formada escrupulosamente por Nuestra Madre
Fundadora en el espíritu y misión de nuestro Instituto.
Seguramente veía en ella las cualidades para sucederla en
la empresa de guiar a nuestro Instituto.

Poseía la ciencia divina de la que


habla la Sagrada Escritura.
Tenía un corazón atento
al canto del Ruiseñor Divino.
Excelente discípula del Corazón de Jesús del que
aprendió: “Amaos los unos a los otros
como yo os he amado”, y:
“Sed misericordiosos, como vuestro
Padre Celestial es misericordioso.”
Se formó en la Escuela
del Divino Maestro que dijo: “Aprended de mí
que soy manso y humilde de corazón
y hallaréis reposo para vuestras almas”.
36
Brillaba el fulgor del cielo en su semblante.
Tenía el don de mando.
al modo de un Francisco de Sales.
Supo valorar, cultivar y custodiar la grandeza
y excelencia de su vocación
y entregarse totalmente al servicio de Dios
y de sus hermanos.

+ + +

Cuando la salud de Nuestra Madre Isaura era ya muy grave, en una visita que el
Excmo. Sr. Leopoldo Ruiz y Flores le hizo, ella le manifestó que consideraba
idónea para sucederla como Superiora General de nuestro Instituto a la Madre
Josefina Contreras, y así lo determinó el mismo Señor Ruiz y Flores. Ella gobernó
de 1912 a 1927. Fue entonces cuando el Señor Arzobispo le pidió a Nuestra
Madre que ya se realizara un Capítulo General. Se llevó a cabo el día 24 de
noviembre de 1927. Nuestra Historia dice: “Con motivo del término de los
Ejercicios y teniendo qué hacer el Capítulo General, vino a ésta el Sr. Cura
Canónigo H. D. Luis G. Laris, Delegado para presidir el Capítulo, el Ilmo. Sr. Obispo
Conciliar de la Diócesis de Michoacán y Vicario General D. Luis María Martínez.
Estuvo presente al Capítulo el Rvdo. Padre Constancio Sáenz, S. J. Resultó
reelecta por unanimidad de votos como Superiora General, Nuestra muy
Respetable Madre Josefina del Sagrado Corazón”.21 Este período de gobierno
terminó con la muerte de Nuestra Madre Josefina, acaecida el día 12 de julio de
1933.

DATOS BIOGRÁICOS DE N. R. M. JOSEFINA CONTRERAS, PRIMERA SUPERIORA


GENERAL DE ESTE INSTITUTO DE HERMANAS DEL SAGRADO CORAZÓN Y DE
LOS POBRES.

De esta venerada Madre sólo se sabe que era originaria de Ciudad Guzmán, que
hizo su primera Profesión precisamente el día de la fundación del Instituto y que
fue una de las compañeras de la Madre Isaura, al venirse de Colima a Morelia. Y
que, dado su carácter dinámico, su buena salud y su espíritu de servicio, prestó
siempre ayuda a la Madre Fundadora, y cuando empezaron a llegar vocaciones,
fue encargada de las jóvenes formandas.
21
Archivo Privado de la Congregación de Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres. Documentos históricos.
37
Era muy sencilla en su porte, en sus modales y palabras; decía: “Quisiera escribir
en toda la casa: sencillez, sencillez.” En el trabajo era incansable, se encargaba
de la sacristía, de la ropería, ayudaba en las clases de los niños y a servir los
alimentos. No podía ver una Hermana sobrecargada de trabajo sin ir en su ayuda.

Al morir la Madre Fundadora, por disposición del Sr. Arz. Ruiz y flores, quedó la
Madre Josefina como Superiora General, en una época sumamente difícil, ya que
la prematura muerte de los Fundadores, hacía sentir en la naciente Institución,
la inseguridad de subsistir y si a esto se agrega el conflicto de la Nación, el
ambiente saturado de rumores de guerra, de levantamientos revolucionarios, y
lo más grave: el destierro de sacerdotes y obispos, entre ellos el Sr. Ruiz y Flores,
tuvieron que salir del País y buscar asilo en los Estados Unidos. Fueron, pues,
años de angustia, de incertidumbre, de suma pobreza, de ausencia de
vocaciones y detención de las que iban empezando, de modo que tuvieron que
hacer diez años de Noviciado: pero estaban tan firmes en su vocación que,
cuando la Madre Superiora les propuso a las novicias y profesas temporales que
podían volver al seno de sus familias, ninguna aceptó, tenían plena confianza en
Dios y en ella.

La Madre Josefina hizo frente a esta situación con la fortaleza de ánimo y el


abandono en Dios que la caracterizaban. Desde luego siguió en el taller de las
estatuas de yeso del Sagrado Corazón que tenían bastante demanda. También
mejoró el cultivo de la huerta y de los jardines, con lo que tenían la fruta
necesaria para niños y Hermanas, y las flores para entregos de preciosos arreglos
que ella misma hacía. Esto solucionaba el mantenimiento de la Comunidad y del
Internado, pero sólo en parte; tenía la Madre que salir con su canastita y
acompañada con un niño, a conseguir algo más, lo cual le daba ocasión de
grandes vencimientos; sin embargo, nunca delegó a otra Hermana, sino que su
humildad y espíritu de pobreza le ayudaron a prestar este nuevo servicio, y por
varios años. Su actitud maternal y de servicio y el olvido de sí misma que ponía
de manifiesto en la manera de gobernar, siguiendo en lo posible los lineamientos
de la Madre Fundadora, mitigaron en mucho la pena de la orfandad.

En este tiempo fue notable la devoción y confianza que tenía en su Santo


Patrono, le ponía a San José una canastita en la mano con algo de lo que faltaba
en casa, y cuentan las Hermanas que cuando más apuradas estaban,
providencialmente llegaba el socorro; ya un bulto de harina, o de azúcar, o
38
semilla, o de carbón o una limosna en dinero. En tan crítica situación, la caridad
de la Madre hallaba todavía manera de ayudar a otros más necesitados; ningún
pobre que llegara a la puerta era despedido con las manos vacías y, cuando
materialmente no había en casa buscaba personas que los pudieran socorrer.
Sobre todo fue edificante su caridad cuando las Religiosas extranjeras fueron
despojadas de sus conventos y obligadas a retirarse de México, amablemente
acogió en el Orfanatorio a más de cuarenta Visitandinas y por varios meses, hasta
que pudieron arreglar su salida del País.

Así transcurrieron los años de la Revolución Mexicana, sembrados de actos de


virtud por parte de la Madre y Hermanas, y de gracias y finezas del Padre
Celestial y del Corazón amantísimo de Jesús. En 1919 regresó del destierro el
Señor Arz. Ruiz y Flores; la Madre Josefina, en cuanto creyó oportuno, se
presentó a informarle de las Novicias y profesas temporales que esperaban su
admisión. El Excmo. Señor autorizó la Profesión de unas y otras, que se fijó para
el 17 de octubre y él mismo presidió la ceremonia; hicieron sus primeros votos
las Novicias Lorenza Barriga Páramo, Soledad y María Guadalupe Maldonado
López. Votos Perpetuos, las Hermanas Carmen Solórzano y Delfina Quiñones.

Poco tiempo después el Sr. Arz. Ruiz y Flores ordenó a la Madre Josefina se
hiciera un estudio de los escritos de los fundadores y de todo lo que por tradición
se venía practicando y se formaran las Constituciones. Esto se hizo con la ayuda
de un Padre Jesuita y fueron aprobadas por el mismo Excmo. Señor, en 1921. De
este tiempo data el nombre de HERMANITAS DEL SAGRADO CORAZÓN Y DE LOS
NIÑOS POBRES que llevó la Congregación hasta la segunda etapa del Capítulo
Especial celebrado del 14 de julio al 7 de agosto de 1975.

Siguió una breve época de florecimiento en la Congregación: empezaron a llegar


vocaciones, jóvenes con alguna preparación académica y bastante capacitación
en artes y manualidades. Se organizó el Noviciado nombrando Maestra a la
Madre Margarita Cabrera y ayudante, M. Dolores Rodríguez. La fiesta del
Patrocinio de San José era el día de empezar el Postulantado, y noviembre, mes
de vacaciones escolares, era para Ejercicios Espirituales, Toma de Hábito y
Profesiones. Los grupos de formandas sólo tenían por separado la recreación y
las horas de instrucción; en todo otro tiempo, convivían con las Profesas lo cual
era muy útil para habituarse al ambiente de silencio y recogimiento y motivarse
al fervor, devoción, puntualidad, etc. En este tiempo se amplió el campo de
apostolado de las Hermanitas. Ahí en el Orfanatorio, a más de las clases de los
39
niños internos, se adaptaron salones con entrada por la huerta para recibir, como
alumnos externos, niños de las familias más pobres de esos contornos. Además,
los Párrocos de las poblaciones cercanas a Morelia empezaron a visitar el
Orfanatorio y a pedir personal para escuelas parroquiales. La Madre Josefina,
después de visitar cada lugar y tener la debida autorización, llevó a cabo estas
cuatro fundaciones: en Capula, que duró tres o cuatro años. En Coeneo, fue la
de más larga duración, unos doce años y dio como fruto varias vocaciones. Las
casas de Erongarícuaro y San Bartolo, hoy Álvaro Obregón, fueron de corta vida,
dos o tres años.

El tiempo de bonanza fue muy breve y el cielo de México volvió a obscurecerse


con densos nubarrones; la Persecución Callista se desató con fuerza por todos
los ámbitos de la República. Obispos, sacerdotes y religiosos tuvieron que
ocultarse y disfrazarse o salir sólo de noche cuando urgía algún servicio
ministerial. Esto vino a poner nuevamente a prueba la virtud de la Madre
Josefina, sobre todo su prudencia y serenidad de ánimo para afrontar cada
situación.

La mañana del 18 de febrero de 1926, se presentaron en el Orfanatorio algunos


empleados del Gobierno y le intimaron la orden de desocupar la Casa,
concediendo unas cuantas horas para entregar las llaves: no había indulgencia
ni apelación, la orden se había dictado para todos los conventos de la ciudad.
Esto fue un golpe tremendo para la Superiora y para la Comunidad que nunca
había alterado su ritmo de vida de observancia y regularidad. Pasaron el día
recogiendo todo, llenas de angustia, de fatiga, de zozobra, pasando todo a dos
casas vecinas que amablemente lo permitieron. Por la tarde un Sacerdote del
Santuario se llevó el Santísimo y… llegó el momento de dejar el dulce Asilo, de
entregar las llaves y, para la buena Madre, el dolor de ver desintegrada su familia
religiosa: las novicias, las aspirantes y los niños fueron entregados a sus
familiares y las Profesas se repartieron en las casas de los bienhechores.

La Madre Josefina pasó esta temporada, que se prolongó por varios meses, en
una casita demasiado rústica y reducida, contigua al Orfanatorio y propiedad de
la Congregación, en compañía de las Hermanas enfermas y de las ancianas,
soportando con ejemplar paciencia miles de incomodidades. Al mismo tiempo
no dejaba de hacer cuantas diligencias le parecían oportunas para recuperar el
edificio y lo consiguió a fines del mismo año con un documento provisional de
Hacienda y con la obligación de pagar renta mensual. Fueron reuniéndose luego
40
todas las Profesas, a las novicias se les llamó hasta un año después y ya instaladas
de nuevo en el Orfanatorio, la Madre se ocupó en preparar el Capítulo General,
primero que se celebraría en la Congregación.

En la segunda mitad del año 1927 la Madre Josefina escribió a las Novicias
invitándolas a volver a la Comunidad o manifestar su decisión, llenas de alegría
y entusiasmo contestaron que se presentarían en la fecha indicada; prepararon
el viaje y llegaron al Orfanatorio el 17 de octubre, fiesta de Santa Margarita; en
noviembre entraron a Ejercicios con la Comunidad, vistieron el hábito y
empezaron de nuevo su Noviciado; eran las Hermanas Anastasia, Hermelinda y
María Isabel Maldonado, quienes por gracia especial y disposición de la Madre
Josefina, tomaron los nombres de Ana María, Josefina e Isaura al hacer su
Profesión Perpetua. Al terminar los Ejercicios tuvo lugar el Capítulo General
electivo, primero en la Congregación, y en el cual la votación unánime para
Superiora General resultó a favor de la Madre Josefina. Con su natural sencillez
y humildad volvió a tomar la cruz que llevaba hacía más de 15 años y con mayor
ahínco promovió el bien de la Comunidad. En los primeros meses de 1928, todo
el Orfanatorio marchaba tan bien como antes; se recibieron niños internos, llegó
buen grupo de aspirantes y la observancia y el apostolado volvieron a tomar su
ritmo. Con gran satisfacción para la Madre Josefina y para la Comunidad ya hubo
entrada al Postulantado, Toma de Hábito y Profesiones al fin del año.

Aunque la persecución seguía con toda su fuerza, se tenía en casa toda la


atención espiritual, ya por los sacerdotes que allí se ocultaban, ya por el Obispo
Auxiliar D. Luis María Martínez que gustaba ocupar la Capilla del Orfanatorio con
las celebraciones que no se podían hacer en Catedral, como los Oficios de
Semana Santa y el conferir Órdenes a los seminaristas que también habían
perdido su edificio y andaban repartidos en las Parroquias cercanas a Morelia.
Todos eran acogidos con gran benevolencia y atendidos lo mejor posible; la
Madre Josefina gozaba ostensiblemente en poder prestar este servicio a la
Iglesia, y usaba de todas las medidas de prudencia pues el peligro no era poco.

Por fin cesó en parte la persecución y la M. Josefina aprovechó la temporada de


relativa paz para atender a las Fundaciones que estaban pendientes. La primera
pedida por el Sr. Cura D. Vicente Meza, se llevó a cabo el 19 de julio de 1930 en
Zinapécuaro, Mich. La segunda solicitada por el Sr. Cura D. José María Chávez, le
fue concedida el 27 de diciembre del mismo año en Puruándiro, Mich.

41
Con la debida autorización del Señor Martínez, la asesoría del P. J. Guadalupe
Treviño, M.Sp.S. y la ayuda del P. José Bárcena, 22 capellán del Orfanatorio, la
Madre Josefina empezó un nuevo estudio de las Constituciones. Y así quedaron
los libros por separado: Constituciones, Directorio, Costumbrero y Manual de
Oraciones.23 Fue muy laborioso este trabajo, pero de grande utilidad para la vida
espiritual y comunitaria y para los grupos de formación; por cerca de cuarenta
años la vida del Instituto se rigió por estas normas. También se reformó por
completo el Hábito tomando un modelo muy sencillo y de buen gusto. La Madre
hizo que todo estuviera terminado y entrara en vigor el 12 de diciembre de 1931,
cuarto Centenario de las apariciones de la Virgen Stma. de Guadalupe y
aniversario de la Fundación de la Congregación.

Estos trabajos de revisión y adaptación fueron el último servicio que la Madre


Josefina Contreras, alegre y generosamente hizo a la Comunidad a la que venía
gobernando hacía cerca de veinte años… Y llegó la prueba de la enfermedad a
purificar en el crisol del sufrimiento las muchas virtudes de la venerada Madre.
A mediados de 1931 el médico le diagnosticó un tumor canceroso y le prescribió
intervención quirúrgica con muchas probabilidades de éxito; pero la mejoría fue
de sólo un año y volvieron las molestias aún más fuertes; entonces le
prescribieron rayos de luz que la hicieron sufrir mucho, las quemaduras le
llegaban hasta la cara. Cada día los dolores del cáncer iban en aumento y sin
embargo ella no perdía su apacible sonrisa ni la manera afable de tratar a las
Hermanas, ni menos la serenidad con que siempre recibió lo adverso. También
la muerte la vio acercarse con todo valor y entereza. He aquí una estrofa que
compuso un año antes y que gustaba de repetir en sus últimos días:

De tu hija, mi Dios, escucha el canto


lleno de fe, confianza y alegría

22
Según todos los Testimonios que tomé a las Madres más grandes que vivieron y vieron el proceso de este
trabajo en el Orfanatorio, y de todas las investigaciones que he hecho, jamás nombraron al P. José Bárcena como
el que ayudó a la elaboración de todas las Reglas del Instituto y se confirma repetidamente, que los que ayudaron
a N. Madre Josefina en el trabajo de elaborar y formalizar todas nuestros Libros, fueron principalmente los Padre
Jesuitas Andrés Campo y Constancio Záenz, quienes tuvieron que irse de Morelia cuando les confiscaron su Casa
de Formación y Colegio, que ahora es el Palacio Clavijero y su “Templo La Compañía” convertido en la Biblioteca
Pública; entonces, por consejo de Mons. Luis María Martínez, N. M. Josefina tuvo la ayuda del Padre Treviño,
M.Ep.S. Tanto los PP Jesuitas como el P. Treviño, le presentaban a N. M. Josefina lo trabajado para que ella dijera
si estaba de acuerdo a lo que ella misma les había indicado, sobre lo que se vivía en la vida cotidiana desde los
orígenes y a las instrucciones que N. Padre Fundador les daba. N. M. Josefina recibía lo escrito por los Padres y
con la ayuda del Señor Luis María Martínez, las Madres les daban forma y pasaban en limpio para entregar
después todo al Excmo. Sr. Ruiz y Flores, a quien le gustaron nuestras Reglas y les dio su aprobación.

42
porque entreveo ya cercano el día
de unirme a Ti, mi celestial encanto.

En efecto, la enfermedad iba destruyendo rápidamente aquella preciosa


existencia; los últimos meses fueron en extremo penosos, pues ya no era sólo un
tumor, sino que el mal había invadido todo el cuerpo, como para hermosear cada
vez más su alma y disponerla al eterno abrazo con su Dios. Los auxilios
espirituales no le faltaron: Misas aplicadas por la querida enferma, visitas de
Mons. Martínez y de muchos sacerdotes amigos.- En la fiesta de Pentecostés
recibió el Sagrado Viático y la Extremaunción, acompañada por parte de la
Comunidad pues las demás estaban en casas particulares por nuevas dificultades
con el Gobierno. Siguió todavía un mes de indecibles padecimientos para la santa
Madre y de ejemplos de virtud para la Comunidad, hasta que al amanecer del 12
de julio se consumó el sacrificio… y su alma voló al Seno del Padre, mientras el
sacerdote (P. Bárcena) rezaba las preces de agonizantes y la Comunidad rodeaba
su lecho. Eran las 5 de la mañana del 12 de julio de 1933.24

TRANSCRIPCIÓN DE LOS TESTIMONIOS DE NUESTRAS MADRES MAYORES, QUE


VIVIERON EN LOS PRIMEROS AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE NUESTRA
CONGREGACIÓN, TOMADOS EN ENTREVISTAS Y QUE HABLAN SOBRE NUESTRA
MADRE JOSEFINA. LOS TRANSCRITOS POR ORDEN DE FECHAS EN QUE LOS FUI
TOMANDO, TAL COMO LES VENÍAN ESPONTÁNEOS SUS RECUERDOS.

MADRE DELFINA QUIÑONES:


Casa Central. Morelia, 7 de febrero de 1981

Nuestra Madre Josefina fue mi Maestra de novicia. Fue maestra de Novicias. Dice
la Hermana María Esperanza Ibarra que no sé cuántas vieron morir a Nuestra
Madre Isaura y no, las únicas que la vieron morir fue Nuestra Madre Josefina y la
Madre Dolores Rodríguez. Que el Padre Moisés Lira, ayudó en la redacción de las
24
Este Artículo no tiene firma; pero casi puedo asegurar que es de la Madre María Esperanza Ibarra, porque todas
las Madres que conocieron a Nuestra Madre Josefina, al hablar de ella le dicen: “Nuestra Madre Josefina” y ella
siempre, en este Artículo la llama: “La Madre Josefina”, y también porque tiene escritos sobre Historia de la
congregación y el estilo de lenguaje de este Artículo me parece que es de ella. Por mi parte, aunque soy mucho
después de la Madre María Esperanza, sí la llamo “Nuestra Madre Josefina” porque muchas veces oí que la
nombraban así todas las Madres que entrevisté y que vivieron con ella. Al ir conociendo el papel providencial al
modo de una santa en Nuestro Instituto, la quiero mucho, le estoy muy agradecida y también le doy gracias a
Dios por el regalo de su vida a nuestro Instituto.
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primeras Constituciones y no, fue el Padre Andrés Campo, luego el Padre Treviño,
M.Sp.S. Cuando llegó del destierro el Señor Ruiz y Flores, Nuestra Madre Josefina
le presentó las Constituciones y le gustaron.

LOS TESTIMONIOS SIGUIENTES LOS DIERON EN GRUPO.


15 de septiembre, de 1986. Casa Central.

MADRE ANA MARÍA MALDONADO LEDESMA:


A Nuestra Madre Josefina le preocupaba la observancia; la Madre Anita Andalón
era muy adicta a la Regla, al silencio. Nuestra Madre Josefina era una mujer muy
buena, muy virtuosa. El mismo Señor Martínez, (Luis María), cuando fue a verla,
dijo: “Se nos ha muerto una santa”. Ella decía: Observancia de la Regla, silencio;
eran cosas grandes para ella, y en realidad lo son.25

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:


Observancia de la Regla, puntualidad, vida de oración, vida de fe y conformidad
con la voluntad de Dios, lo tenían tan imbuído tanto ella como Nuestra Madre
Maestra Margarita Cabrera; nos lo metían en todas las Instrucciones que nos
daban; el espíritu de sacrificio nos lo imbuían, esa conformidad con la voluntad
de Dios, ese verlo todo venido de la mano de Dios; vida de fe, oración, sacrificio,
amabilidad; entonces no le decían tanto caridad, sino amabilidad y de veras que
eran amables.

MADRE ANA MARÍA MALDONADO LEDESMA:


Nuestra Madre Josefina tenía mucho cuidado de que no se perdiera el tiempo, y
muy caritativa también con todas las Hermanas enfermas, con todas. Revisaba
ella cuando estábamos en el comedor, recorría las mesas, si veía que alguna
estaba mal o desganada, veía a ver que más le daba, y ella, para comer, era
poquita de veras, poquita. Ella era delgada. La Señora Conchita Cabrera de
Armida, era su amistad.

MADRE VICTORIA REYES HERRERA:


Nuestra Madre Josefina fue una mujer muy cariñosa y al mismo tiempo se le
respetaba, se veía con respeto, y lo que a mí me llamó la atención porque un día,
para el día del Sagrado Corazón, estaba la Hermanita Vicenta que le tocaba
arreglar el comedor, puso la escalera, que para poner el altar del Sagrado

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Corazón y subió a la Hermanita Juana González y entonces subió y que se empieza
a resbalar y un tronadero de loza fina que estaba ahí, que había regalado Mamá
Pachita, pasó la Madre Lorenza y pasó Nuestra Madre Josefina con su pan y dijo:
“Nada más no se vayan a matar” y no nos dijo otra cosa.

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:


Nuestra Madre Josefina era enérgica con ella y con las demás también; pero al
mismo tiempo que era enérgica, era muy suave y hacía a uno subir la pendiente
sin sentirlo demasiado; con las enfermas, caritativa. Cuando salíamos de la
Capilla, salíamos en orden de precedencia, se quedaba viéndonos, como ella era
la última: decía que nos conocía nada más semblanteando y le decía a la
Hermanita Ecónoma: “Lleva a esta Hermanita con el Doctor”, decía uno; pero si
yo no he abierto los labios para decirle nada; pero sí me siento enferma, entonces
¿cómo supo? O le decía a la Madre Lorenza que era a de la cocina, comedor,
despensa: “Dele su pollito y fruta las tres veces al día, atiéndamela”. Entonces
aquello se sentía menos.

MADRE VICTORIA REYES HERRERA:


Otra vez, le poníamos unas varillas a las ventanas del Oratorio para que no se
golpearan ni se fueran a romper los vidrios, entonces que va la Hermanita
Lorenza: ¡Ya se rompieron los vidrios! ¡Ay, Jesús, María y José! ¡Ya están los
floreros en el suelo!, eran unas canillas re chulas. ¡Ay, Dios mío! Dijo la Madre
Luisa María: vaya con Nuestra Madre Josefina y le dice; ella dijo: “Qué bueno,
porque eso la va a enseñar a ser más cuidadosa”. Yo lo que hice, fue sacarle a la
Hermanita Lorenza, no pasar por donde estaba arreglando las flores ella. Vemos,
pues, así, rasgos muy maternales. Sí, ha de haber tenido defectos; pero uno no
se fijaba en defectos.

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:


En otra ocasión andábamos arreglando macetas Carmen Sánchez y yo, que nos
había puesto ella; entonces llevábamos una maceta entre las dos y la estrellamos,
y fuimos a avisar, porque hacía uno la cosa y avisaba inmediatamente. Llegamos
a su pieza; “- ¿Qué traen?” -Madre, ya rompimos una maceta. “- ¿Y se apuran por
eso?” – Madre, pues eran de las macetas grandes. “Para que hagan macetas
grandes, necesitan quebrarse para que hagan más, pídanle a Dios que nos
socorra para comprarla, vayan con Dios, sigan trabajando”. Nos fuimos; al rato
tocaron y pasa ¡con una alegría!: “Aquí están las macetas, las macetas cuestan
cinco pesos y aquí están cincuenta pesos que nos dio Dios para comprar diez
45
macetas, ¿ya ven por qué no hay que apurarse?”. Ella no podía ver gente sin paz
en su alma. En otra ocasión: teníamos cada quien en la huerta nuestro lote y
había un durazno que habían injertado en mi lote, ya el durazno estaba grande y
con fruto, entonces andaba yo tendiendo la ropa y ocúrreseme poner una reata
de una parte del durazno para poner mucha ropa mojada y se cortó la rama ya
con fruto; cuando fui a recoger la ropa, estaba la rama caída; se acercó la Madre
Dolores Rodríguez que era la encargada de la huerta, le dije: Madre, mire lo que
me pasó; fue a ver y dijo: “Mire, ese durazno, tanto que lo quiere Nuestra Madre
Josefina, vaya a avisarle. Fui y le dije: Madre, fíjese que en el durazno prisco puse
un tendedero y se cortó la rama. Me dijo: “¿Se cortó sola?” No, Madre, pues con
la reata que yo puse. “No vuelva a hacer eso”. Fue todo. “¿Ya le avisó a la Madre
Dolores?” Ya, Madre. “Bueno, quédese en paz”. Ella no podía ver que perdiera
uno la paz del alma.

SIGUE DE LO ANTERIOR; PERO EL DÍA 17 DE SEPTIEMBRE DE 1986.

MADRE MARÍA MARGARITA LÓPEZ, LÓPEZ:


Yo llegué el 27 de septiembre de 1930. Me recibió Nuestra Madre Josefina. Toqué
y salió la Madre Chole, luego Nuestra Madre Josefina me pasó, me llevó con la
Madre Dolores, muy amable, muy cariñosa la Madre Dolores Rodríguez, ella era
la Maestra de Postulantes. Al día siguiente me llamó Nuestra Madre Josefina y
me preguntó: “¿Con qué objeto vino usted aquí?”, muy amable, muy cariñosa.
“¿Qué fue lo que la trajo aquí, cariño a las Madres, o porque quiere mucho al
Padre Bárcena?” -Es que él me trajo aquí; en ese entonces él estaba en
Puruándiro, (y después) era el Capellán del Orfanatorio. Cuando yo llegué, ya
había sido antes. Le dije yo que no, que nada más porque quería yo ser toda de
Dios y total. “Entonces nada más ser de Dios, ¿religiosa no?” Sí, pues una religiosa
debe ser toda de Dios. Después, todos los días me llamaba al comedorcito de los
Padres y me preguntaba: ¿Cómo está? ¿está contenta o no? Yo duré seis meses
y estuve muy mal, por el hecho de que no me habían dejado venir mis padres y
me había fugado. Ella me decía: “No se apure, si es de Dios, ellos van a caer a la
cuenta y van a venir. No, no vinieron; pero ella me seguía llamando y me daba
mucho valor, mucha fuerza para seguir.

Cuando yo llegué, eran Postulantes la Madre Juana González y Concepción


Alcaraz. Cuando ellas tomaron el Hábito, me quedé sola y empezaron a llegar
más como a los tres meses, mientras, yo asistía con las Madres a todo, hasta que
llegaron mis compañeras que fueron quince: la Hermanita Claudia Cendejas,
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Felícitas Pérez, María Pérez, Albertina Soto; no me acuerdo más. Nuestra entrada
al Postulantado fue muy hermosa, muy bonita, porque no sé por qué ese día fue
a Celebrar el Señor Arzobispo Ruiz Solórzano, nos festejó nuestra fiesta de
Postulantado. El Niñito Jesús que tiene el corazón en la mano y una cruz negra y
una corona de espinas, siempre nos lo ponían en la Capilla cerca de nosotras,
cuando era la entrada al Postulantado. Era costumbre de Nuestra Madre
Josefina, así me dijo la Madre Dolores Rodríguez. Yo, después, como que me
sentía muy triste y como que me seguía Nuestra Madre, y ya, nos empezaron a
ocupar. A mí me tocó asistir a la huerta con un prado, con la Madre Juana y
Felícitas Pérez y allá nos iba a ver, iba a ver qué andábamos haciendo y si íbamos
bien y decía: “Van bien, sigan. ¿por quién lo están haciendo?” Ya le decíamos por
quién y ya se iba ella muy contenta, muy tranquila. Una vez que ya pasamos al
Noviciado, nos llamaba cada quince días o cada mes y nos preguntaba: “¿Cómo
está de salud, su espíritu, ¿cómo va? ¿cómo está?” Ya le decía uno cómo se
encontraba.

Como a los cinco meses de haber entrado al Postulantado, fue el Señor Luis María
Martínez acompañado del Arzobispo Ruiz Solórzano y el Padre Bárcena, que era
Catedrático del Seminario. Llegó a Celebrar a las siete y media el Señor Martínez,
y ahí era costumbre de Nuestra Madre Josefina de que toda la Comunidad lo
esperábamos en el corredor con los niños, eran veinticinco niños en ese tiempo,
porque decía que hasta que hubiera más personal, porque no se alcanzaba a
atender más que veinticinco niños, porque entonces se veían las Novicias y
Profesas muy agobiadas por el trabajo y desatendíamos la vida espiritual, porque
ese era su anhelo, que adelantáramos en la vida espiritual. Luego, ese día fue el
Arzobispo Ruiz Solórzano y el Padre Bárcena Ayala. El Señor Martínez se fue al
Postulantado, al corredor, a preparar su Sermón, él nos dijo. Después, yo andaba
cortando flores ahí en el prado contiguo al corredor y se soltó un perro que
teníamos, que se llamaba Noble, así, muy grande. La Madre Dolores Rodríguez
venía corriendo y con grandes gritos. El Señor se paró y se volvió a sentar y le
decía a ella que no se espantara, y la Madre decía: ¡lo va a morder! Ya llegó el
perro a donde estaba el Señor y empezó a acariciarlo y se echó a sus pies y luego
el perro abrazó al Señor. Eso fue muy notable, ya después no faltaba qué le
llevara al perro, y decía: ¡Suéltenlo!

Cuando entrábamos a comer, Nuestra Madre Josefina andaba ahí alrededor de


cada mesa de Profesas, Novicias y Postulantes a ver qué nos faltaba y así. En
tiempo de mayo y junio le decía a la Hermanita Francisca: “Me trae unos chilitos
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y unas cebollitas tiernitas para mis Novicias porque han de tener ganas en la
merienda de unos frijolitos de la olla con cebolla y chile. Ella, muy cuidadosa,
siempre andaba nomás semblanteando a uno y le decía: “¿Verdad que le duele
la cabeza?” –No, Madre; pero ¿verdad que sí le duele la espalda por la palita con
que riega? –Sí, Madre. Al siguiente día, ya estaba un jarabe por ahí y la Hermanita
Dolores nos ponía ventosas en la espalda, por mandato de ella. Teníamos
mandado enfriarnos diez minutos cuando nos calentábamos haciendo algo y nos
decía: “Como se dan los toques cinco minutos antes de empezar los rezos de
Comunidad, ustedes, si alguna vez se les pasa la hora en el jardín, se quedan cinco
minutos más, no sea que por no cuidarse vaya a hacerles mal; era cuidado de
ella. Era muy buena, muy espiritual, muy amable, muy cariñosa. Siendo yo
novicia, una vez nos llegó descuidadas en el salón del Noviciado, que estaba bien
arreglado, nos llegó la Madre Conchita Cabrera de Armida y el Padre Moisés Lira
Montes y ella nos hizo algunas preguntas y Nuestra Madre Josefina me dijo:
“Cuéntele a la señora lo que hizo, que me había fugado de la casa, le platiqué a
la señora y ella me dijo: “Estuvo bien”, y se rio; ella era muy amable y muy
cariñosa, muy buena persona también y el Padre Moisés también se reía.

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:


Yo me vine en 1928; cuando recibí el anillo, me vi en peligro de que me mandaran
a mi casa por enferma y no me componía, y dice Nuestra Madre Josefina: “La
voluntad de Dios se manifiesta de otro modo”; que les dijo a las del Consejo. Yo,
casi cierta que me iban a mandar. Supieron que iba a haber una junta de Doctores
para que me examinaran y dieran el fallo definitivo, entonces, uno de ellos no
pudo asistir, otro de los Doctores preguntando si se había consultado a tal y tal
Doctor, le contestaron que sí y dijo: “Yo le regalo un tratamiento que acabo de
recibir de Estados Unidos, tengo por lo pronto ocho botellas”. Nuestra Madre
Josefina me dijo que a qué santo me había encomendado, le contesté: al Santo
Mayor, Madre. Pues sí se ve. Teníamos para usted una junta de Doctores,
definitiva, como uno no pudo asistir, no se hizo la junta y otro de ellos le manda
a usted este tratamiento; se lo toma exactamente; pero ya sabe usted que, si
Dios no le da la uña, porque me había machucado, ni le quita las manchas de la
cara y la salud necesaria para llevar la vida de comunidad, señal que Dios no la
quiere aquí, porque yo no tengo conciencia de dejarla trabaje y trabaje y sin
comer.

Ya para irse, le dije: Madre, ¿me permite ir a visitar a Nuestra Madre Isaura? Sus
restos estaban en un ángulo de la Sacristía. Me dijo “Sí; pero que nadie la vea, va
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entre el toque de silencio y la última distribución”. Mediaba media hora. Ese rato,
lo pasaba yo ahí, con Nuestra Madre Isaura, meses, y con aquella fe grande.
Nuestra Madre Josefina me dijo: “Va con la Madre Lorenza para que le cure esa
uña. Fui, me puso un dedal de cera de Campeche y me lo cubrió con una telita;
todos los días me cambiaba la telita. Un día que estaba lavando los uniformes de
los niños, se me cayó todo y vi que ya me estaba saliendo la uña; fui con la Madre
Lorenza y ella me llevó con Nuestra Madre Josefina, con la Madre Maestra y con
las cuatro Consejeras, que eran la Madre Margarita Cabrera, Dolores Ríos,
(ecónoma) Ana Andalón y Dolores Rodríguez. ¡Por fin!, me dijo. ¡Cuídesela!
Porque si no, no hay anillo”. Yo también estaba llena de granos en la cara, esto
también lo pedían. Y las manchas fueron desapareciendo. El día de Santa
Margarita, después de la fiesta y del toque de silencio, me dijo: “Se levanta
arreglada, porque mañana es su Examen Canónico”. Me tocó el Padre Muñoz
Martínez. (Manuel, que era poeta) El día de la junta de Doctores me encomendé
a Dios en la Misa, me puse en cruz en la hora de la Consagración; se ponía uno
así los viernes desde el “Sanctus”, hasta la hora de la Comunión, y le dije a
Nuestro Señor: Señor, si Tú te rajas primero, yo voy a donde me mandan y a lo
que me mandan voy, ¿y ahora Tú me vas a mandar a mi casa? ¿Quién serías Tú?
Y a Él le dejé la respuesta.

MADRE ANA MARÍA MALDONADO:


Ya cuando se sintió grave Nuestra Madre Isaura, como ya tenía puesta la mira en
Nuestra Madre Josefina para seguirle de Superiora, le recomendó mucho la
observancia de la Regla para nosotras y la caridad para con los internos.

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:


La Madre Dolores Rodríguez nos platicó que el día que murió Nuestra Madre
Isaura estaban en la Capilla. Nuestra Madre tenía en su pieza una silla mecedora
que le habían proporcionado para su comodidad, entonces oyeron una
respiración muy agitada. Volteó la Madre Dolores y dice que estaba en su
mecedora en cruz, pálida, pálida. Minutos después, se paró y se salió y también
salió Nuestra Madre Josefina tras ella. En el día, Nuestra Madre Isaura se bañó,
se cambió, mandó que le asearan su hábito; no tenía más que uno. Estaba ya
preparada, le pidió a Nuestra Madre Josefina que le arreglara su cama y le hablara
al Señor Canónigo Laurel, era el que quedaba en la Mitra en lugar del Señor Ruiz
y Flores que estaba en el destierro. Le habló por teléfono y vino enseguida.
Mientras tanto, ella le ayudó a subirse a su cama y como ya tenía su hábito limpio,
la arregló y ya estaba ahí el Señor Laurel. Entró el Señor Laurel a hablar con
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Nuestra Madre Isaura, le puso los Santos Óleos y todo, se despidió y entonces
llamó a Nuestra Madre Josefina y le dijo que en sus manos dejaba la
Congregación. Nuestra Madre Isaura murió el 10 de julio de 1912. Desde
entonces gobernó Nuestra Madre Josefina hasta 1933 en que murió el 12 de julio.
Cómo no la habíamos de querer. En 1933 hubo Capítulo nuevo en el que resultó
la Madre Dolores Rodríguez, (como Superiora General) y del Consejo, la Madre
Josefina Yosa, Vicaria; la Madre Delfina, la Madre Lorenza, Margarita Cabrera.
Dolores Ríos fue la Ecónoma General. La Madre Luisa María quedó de interina
cuando murió Nuestra Madre Josefina

MADRE ANA MARÍA MALDONADO LEDESMA:


En ese tiempo, cuando ya teníamos esa loza, hubo Ordenaciones en la Casa y la
Madre Lorenza me mandó por los platos; yo puse el plato más delgado abajo y
saqué mi alto de platos y saliendo del comedor, que se me tiran, porque tronó el
de abajo y se quedó el Señor Obispo Luis María Martínez y los Padres viéndome
y yo, que me entro al comedor otra vez, y a esa hora le hablaron a Pilarito y nos
mandó loza. Nuestra Madre Josefina me dijo: “¿Por qué llora? ¿los quebró
adrede?”, le dije: no, se me cayeron de las manos, y ella dijo: “pero nos vamos a
hacer de otros, si no, ¿de qué viven los alfareros si no tienen quién los compre?”.
Ella a veces nos llamaba para preguntarnos alguna cosa, si estábamos enfermas,
si estábamos sanas, a ver qué teníamos

MADRE MARGARITA LÓPEZ, LÓPEZ


Una vez yo estaba arreglando los claveles y pasó Nuestra Madre Josefina, no supe
ni por dónde salió, cuando voltee por otra plantita para ponerla en su lugar, que
la voy viendo y muerta de risa estaba ahí y dijo: “Veo que trabaja muy bien, ¿y
esto? Señaló el oído; “¿No le molesta?” y como no oía yo, hasta que vi el dedo,
le dije que sí oía. Sufrí mucho en ese tiempo, porque a veces la Madre Luisa
María, delante de las Hermanitas compañeras y con la Madre Teófila, que de vez
en cuando iba a ensayarnos algunos cantos, la Madre Luisa María, yo creo le decía
a la Madre Teófila que si no me componía, me tenía que regresar a mi casa, y ella
le decía: “No se va, quítese eso de la cabeza, se va a componer”, y yo muchas
cosas les entendía por el movimiento de la boca, y yo corrí con Nuestra Madre
Josefina sin permiso, debíamos pedir permiso para ir con ella, y le dije lo que oí y
me puso una mano en la cabeza y me escribió en un papelito que eso no iba a
pasar, si era cosa que el Sagrado Corazón me quería ahí.

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La Madre Juana y yo éramos las encargadas de la zapatería, arreglábamos los
zapatos de las Hermanas y de los niños, un día no terminamos y nos dejaron hasta
las nueve de la noche ahí para que se nos quitara lo flojo en el oficio: en eso que
se desprende el alambre que tenía el foco y me quedó cerca del oído, ella me
decía que me lo quitara porque iba a salir caliente y yo me lo dejé, le dije que
sentía muy a gusto el calorcito; al rato, que oigo unos como sonidos de diapasón
y que le digo: ¡Ya empiezo a oír algo! Ese era frío, tápese la cabeza y vamos a
decirle a Nuestra Madre Josefina, aunque sea silencio riguroso. Fuimos, y ahí en
su cuarto de ella, me llevó a otro cuartito que tenían y se hincó conmigo y me
dijo: “Junte sus manos así, Hermanita, cierre los ojos y vamos a darle gracias al
Señor en silencio”, y le vi unas gotas de lágrimas; yo no lloré, lo que tenía era
mucho gusto, luego me dijo: “Ya se puede ir”; me acuerdo con qué amor me dijo
eso.

La Madre Juana González y Concepción Alcaraz estrenaron a la Madre Luisa María


como Maestra de Novicias, después entramos dos: Claudia Cendejas y yo y ya
fuimos cuatro; no me acuerdo bien. El día que Profesábamos nos hacían una
fiesta hermosísima el veintiuno de noviembre. Ese día ya no volvíamos a entrar
al Noviciado y nos pasaron al dormitorio de San José; luego, listitas todas juntas
a la Capilla y nos revisaba Nuestra Madre Josefina a ver si andábamos bien
arregladas, y ya hacíamos lo de todas. A veces, en los Retiros, nos leían del libro
de Santa Margarita u otro, luego nos tocó con los niños a mí y a la Hermanita
Juana. Con los niños, dedicábamos los lunes, al Espíritu Santo; martes, al Ángel
de la Guarda; miércoles, a San José; jueves al Santísimo y viernes, al Sagrado
Corazón; sábado, a la Santísima Virgen. Cantos propios, así salían cantando los
niños.

TESTIMONIO DE LA MADRE CONSUELO ALMANZA NÚÑEZ

MORELIA, 31 DE MARZO 1987


CASA CENTRAL
La Madre Josefina Contreras y unas Madres de aquí de Morelia iban para allá a
Celaya. Una vez que fue la Madre Josefina Contreras, le dijo a la Madre Anita
Camberos que me pasaran con ellas; desde entonces asistía con toda la
comunidad a todo, éramos seis: la Madre Anita Camberos, Josefa, María de Jesús
Venegas, Teresa Quezada y Margarita Tovar y yo. Margarita se dedicaba a todo
lo de casa, alimento de niños y de las Hermanas, María de Jesús daba clases, no

51
mucho, la Madre Teresa Quesada daba más clase y una señorita auxiliar que se
llamaba Trini Gasca. Llegué a la Casa de Celaya el año de 1915.

Aunque sí conocí a Nuestra Madre Josefina, no me acuerdo nada de ella, ni bueno


ni malo, lo que sí sé es que ella hizo por mí, le dijo a la Madre Anita que me llevara
ya con ellas a todos los actos de comunidad, por eso ya a la hora del recreo,
andaba yo con ellas a todos los actos de comunidad.

MADRE MARÍA DE LA LUZ PINEDA ZARAGOZA

7 de noviembre de 1987. Puruándiro, Mich.


Yo conocí a Nuestra Madre Josefina en Coeneo, Michoacán, cuando andaba yo
solicitando entrar a la Congregación en 1926 y tenían la fecha para entrar el 12
de diciembre de 1928; pero tuve que esperar. En 1926 les quitaron la casa en
febrero, el Orfanatorio. Entonces me escribió Nuestra Madre Josefina, que me
esperara, que no me fuera, porque les había recogido la casa, la confiscó el
Gobierno, que ella me indicaría cuándo podrían recibirme y tuve que esperar dos
años; pero ella no dejó de comunicarse conmigo, me escribía cada mes, el Sr.
Cura Chávez recibía las cartas, se las entregaba a mi papá y él me las entregaba a
mí. No guardé ninguna carta.

Yo entré a la Congregación el 11 de enero de 1928, ella me recibió. Era Nuestra


Madre Josefina muy amable, muy digna, nunca recuerdo haberle visto disgustada
o que reprendiera con disgusto tampoco, si reprendía alguna cosa, era como
dando a conocer, dando a saber cómo tenía que obrar cada una en sus cosas, con
paz, con una paz que encantaba.

Recuerdo que una vez nos platicaban que un Mayor, un hombre perseguidor de
la Iglesia, pensó quitarles el Orfanatorio, eso, antes de que lo recogieran
definitivamente; entonces ella salió a recibirlo; pero al verla con aquella actitud,
con aquella amabilidad que los recibió, que dice: “No, retrocedo”, y se fue, y no
entró ni siquiera. Con esto veo qué cierto es lo de la oración que está en el manual
de Hermanas del Sagrado Corazón, donde dice de Nuestra Madre Josefina.

Es cierto, así era ella: amable, bondadosa, caritativa; todo mundo le decía la
Madre amable, la Madre buena. La estimaban mucho en sociedad por su modo
de ser. La visitaba la Madre Conchita Cabrera de Armida, también el padre Félix
de Jesús Rougier; pero yo no fui a saludarla.
52
La confianza en Dios, el abandono a Nuestro Señor, parece que los tenían ellas
como una cosa indispensable, porque tanto era así, que Nuestra Madre Maestra
siempre nos formó así, con esa confianza en Nuestro Señor, una confianza
ilimitada en Dios, siempre hacían la voluntad de Dios.

Un consejo que nos daba Nuestra Madre Josefina, que nos decía, cuando alguna
quería dar algún chismecillo, tomaba una reglita y decía: “esta reglita quiere
decir…” que no teníamos que decir nada mal de nadie, ni interpretar las acciones
de las Hermanas, sino siempre llevar a buen término las acciones de las demás,
decía que era su reglita de oro.

El espíritu de sacrificio y mortificación, así como lo dice el Directorio,26 así se veía


que lo hacía ella y una vez, se veía cuando ya estaba enferma iba a tomar su
tacita, tenía una tacita chiquita, que la ponía al fuego a calentar agua, alguna cosa
que iba a tomar, alguna medicina, nunca andaba buscando con que tomarla sino
con la mano, así caliente, decían que era por mortificación. También otra vez que
se iba a quemar con aguarrás, con su mano tomó el bote del aguarrás ardiendo
y lo sacó hasta fuera, quemándose.

Así eran las antiguas, nunca se les veía andar tomando cosas, o sólo lo que les
gustaba, así nos enseñó, lo que nos daban y como nos lo daban y a la hora que
nos lo daban, ya fuera ropa, alimentos, medicina, lo que fuera, ese era el espíritu
que había entonces y todas muy conformes porque nadie decía nada, ni
andábamos preguntando. Eso se usaba, eso decíamos; el alimento, pues no, no
estaba mal. En lo que se ocupaba ella a mediodía en el recreo, en hacer el pan,
amasar el pan y hacerlo; después de eso nos íbamos a recreo y nos hacía dar
carreras en la huerta, unas para un lado, otras para otro, pero a correr o jugar, lo
que fuera lo que no les gustaba nada era que se quedara uno parado, sin hacer
nada, aunque fuera en recreo; tenía que estar ocupado uno en algo, aunque
fuera a jugar, o en algo, ya escogiendo Semilla; como había mucha fruta en la
casa, ayudando a pelar durazno cuando había muchos duraznos, para cocerlos,
porque se echaban a perder, había muchos; ya en la huerta quitando los
botoncitos a los claveles, los chiquitos que están al rededor del botón principal
para que la flor esté más grande, en algo nos teníamos que ocupar.

26
Que después del Concilio Vaticano II se llama Libro de Espiritualidad.
53
Cuando estaba en la Capilla, recuerdo una vez, que tenía un pie descubierto del
hábito y entonces otra hermanita se lo cubrió y dio las gracias. En los actos de
piedad, muy piadosa, con sus manos siempre recogidas, así se le veía en el
corredor, siempre así, nunca colgando, ni nos dejaban que las trajéramos
nosotras así. Así entraba a la capilla y así salía. El más tiempo que duraba, era de
rodillas. Nunca se quejaba cuando estaba tan enferma, tan grave, no se le oyó
quejar, sino simplemente decir, como una exclamación pidiéndole a Dios que ya
la recogiera, decía: ¡Ay, Gemita! Nos leían de Santa Gema Galgani; ¡ya Gema, ya!
Una cosa así o ¡Ya, Dios mío! con enfado o como queriendo ya rápido, no, siempre
conforme con la voluntad de Dios. Recuerdo que una vez iba a entrar yo a verla,
a saludarla y a preguntar cómo seguía y me quedé parada en la puerta porque
me dijo: “No, ¿Cómo se tiene que decir?: ¡Gloria al Sagrado Corazón! Hasta que
dije: ¡Gloria al Sagrado Corazón! Y que ella me contestó, entré a saludarla, me
contestó: Él reine en nuestros corazones; pase, hermanita. Ese detalle me
acuerdo mucho y ahorita ya lo estamos olvidando, ya lo olvidamos, casi todo, el
silencio riguroso, era muy delicada con el silencio riguroso, el silencio de acción
también, cuando estaban las demás descansando, silencio y todas teníamos que
estar en la celda descansando a la hora del descanso del mediodía y en la noche
a las nueve recogernos; si alguna vez se tenía necesidad de dar un ratito más de
recreo, daba 5 minutos o 10 minutos a lo sumo pero casi no, a la hora, era muy
delicada en eso.

Muy amable con los niños, con los niños era muy delicada y muy amable, de no
andarlos tomando, era muy delicada, pero, muy amable con ellos, nunca
consentía que los golpearan, mucho menos, eso no, ninguna de aquellas Madres
hacía eso; recuerdo que alguna vez dijeron que hubo necesidad de dar sus azotes
a uno; pero creo hasta que pidieron permiso y no fueron ellas, sino un sacerdote;
pero no, era eso muy delicado. A los niños iba a visitarlos a los salones, como ahí
estaban internos, iba a verlos. La Madre María Guadalupe era la que más
navegaba con ellos, y la Madre Lorenza y Delfina. En el comedor iba a ver qué
estaban comiendo, cómo estaban comiendo los niños; la comida era sencilla,
pero muy bien preparada, muy bien sazonada; la Hermanita Lorenza era la
cocinera y ella sabía muy bien todo eso, porque sabía de alta cocina, parece que
su mamá y ella estuvieron sirviendo en el Seminario haciendo la comida;
cocinaba muy bien la Madre Lorenza.

Una vez también me reprendió, me acuerdo, porque yo dejé un estropajo fuera


de su lugar y entonces estábamos en una reunión, como ahora las hacemos cada
54
mes, entonces también hacíamos, una evaluación, y dijo: ¿quién dejó un
estropajo fuera de su lugar?, Yo me quedé callada y le echaron la culpa a la
Hermanita Dolores María y le llamó la atención a ella. Después me remordió la
conciencia y fui y le dije: yo fui la que lo dejé, ella no lo dejó y me dijo que tuviera
más cuidado, pero no reprendía con aspereza, sino así, con esa calidad,
mansedumbre, que jamás lo volví hacer hasta hoy día.

Entraba al dormitorio a darles una vuelta a los niños a ver cómo estaban los niños
acostados y salía; a las Hermanitas, algunas veces también. Cuando alguna estaba
enferma, pues también tenía la delicadeza de ir a verla. Recuerdo yo cuando
estaba recién llegada de mi casa, una vez habló con mi mamá y le dijo mi mamá
que a mí me gustaba mucho en Chile, entonces tenía la delicadeza de cuando
salía a la calle, llevaba en su bolsa unos 2 chilitos verdes y me los ponía en mi
lugar.

Para el día del Sagrado Corazón, recuerdo le gustaba mucho cantar mañanitas,
nos levantamos a las 4:00 de la mañana a cantarle mañanitas; tomábamos una
campanita; otra, una barra colgada en un hilo, un fierro, lo que sea y por todas
las calles de la huerta ir sonando y cantando mañanitas al Sagrado Corazón el día
de su fiesta; en la noche había su serenata; era mucho muy alegre para eso.

Para su onomástico, no quería nunca que se le hiciera nada ni a todas nosotras,


decía: este día del Sagrado Corazón es el día de nuestro santo de todas, era fiesta
para todas, para el día de nuestro santo nunca nos daban nada; sin embargo, a
mí algunas veces me llegó a felicitar, me decía: la felicito porque es día de su
santo y le pedí mucho a Dios por usted. Algunas veces se hacía fiesta de teatro
también el día del Sagrado Corazón. De las mañanitas seguía la parodia “son las
tres de la mañana…”, con un ramo en la mano entrábamos a la Capilla de rodillas,
cantando un canto al Sagrado Corazón, después seguía el recreo todo el día.
Teníamos Misa en la mañana, a veces a otra hora, dependía del Capellán,
entonces creo que era el Padre Manuel Muñoz, que estaba escondido por la
Persecución Religiosa con las Madres Capuchinas, ahí, al otro lado de la casa y se
entraba uno por un agujero que hicieron en la pared; él o el Padre Ezequiel Iriarte,
también duraba en la casa algunos días; después seguía el desayuno con recreo
y seguía todo el día, contentas, jugando, cantando, brincando; nos daban
chocolate, leche y lo demás, frijoles y tortillas, en la comida también; me acuerdo
que nos llegaron a dar un día, un chivo, o carne de algún modo, dulce, fruta nunca
faltaba la fruta, como había en la casa y tenía ella mucho cuidado de que siempre
55
hubiera verdura. Me acuerdo una vez que fue ella a Bellas Fuentes, siempre
procuraba, me decía: “ándele consíganos una verdurita” y ya les andaba
consiguiendo chayotes o lo que fuera por ahí, calabacitas, miel...

-Hna. María Enriqueta: - ¿A qué iba ella a Bellas Fuentes? R: -Las madres fueron
a Bellas Fuente porque fue Persecución Religiosa y entonces discurrieron que en
Coeneo iban a hacer una manifestación agrarista y el Señor Cura Chávez se las
llevaba para allá, para que no pasaran en Coeneo esos días en el peligro, duraban
unos dos, tres días y ya se regresaban; como tres veces pasó eso. Yo iba allí a
saludarla y a decirle que me quería ir con ellas y me decía: “Espere, espérese,
todavía no”.

El día del Sagrado Corazón seguía una fiesta de teatro en la tarde, por las Novicias
y Postulantes con alguna representación, comedia, sainete chistoso, una canción,
recitación; luego ya seguía el Rosario, la cena que era libre porque al mediodía
nos poníamos una buena comida; ya después el toque para las últimas oraciones
y acostarnos. El Rosario era solemne, cantado. Las que tenían buena voz para
cantar era la madre Angelita, Josefina Llosa, la Madre Teófila; todo con sencillez,
todo con alegría, todo con entusiasmo; que se veía que el Sagrado Corazón se
sentía contento.

Yo nunca llegué a ver ningún disgusto entre las Hermanas, ni me imaginé que lo
fuera a haber.

Nuestra Madre Josefina nos platicaba de cuando murió Nuestra Madre Isaura,
que no se dejó operar, tenía un tumor. Todavía ese día mandó lavar su hábito,
plancharlo; se lo puso y así ya con su hábito limpio, todavía se levantó y salió y
sentada en un sillón, como ofreciéndose, con los brazos en cruz.

Nuestra Madre Josefina nos llegó a platicar de Nuestro Padre Fundador, que una
vez llegaron las Hermanas de una parte y ya era una hora inoportuna para rezar
y le dijeron que si les dispensaba el Oficio y el Examen y él dijo que no. “El Examen
y el Oficio no se dispensan, se deben de rezar.” Que cuando estaban en Colima
las llevaba al mar, y nos platicaba que después se ponían a descoser las bastillas
del fondo para sacar la arena que se metía; que amaba mucho al Sagrado Corazón
de Jesús. Que cuando llegó a la casa, en el primer patio había un cerro hecho a
propósito, estaba alto y el Sagrado Corazón quedaba más alto de como está
ahora ahí en la huerta, el de cantera; estaba bien formado el cerro y tenía unos
56
borreguitos de cerámica, creo los hizo la Madre Teófila o quien sabe, porque allí
trabajaban eso. Al pie del Sagrado Corazón había una llave de agua, de modo que
se veía que bajaba la corriente, un arroyito, y al pie, abajo, había una fuente
donde caía toda esa agua, luego esa agua se iba a otra pila, y dicen que cuando
llegó ahí, estaba cubierto con una cortina y al entrar, lo descubrieron y fueron
gritos de júbilo y aplausos, que le hacían fiesta también las personas al Sagrado
Corazón.27

Nuestra Madre Josefina estimaba mucho a los Sacerdotes; pero los respetaba a
todos. Una vez me acuerdo que una hermanita dijo: “¡qué bonito Sacerdote!” Y
nuestra Madre le dijo: “no bonito, santo;” era de los Misioneros del Espíritu
Santo; era muy delicada en ese sentido y a todos los veía igual, los respetaba
igual. Que una vez dijo un Sacerdote que se había edificado mucho con ella de
cómo tanto estimaba ella y respetaba al Señor Arzobispo, por igual, como al más
simple Sacerdote, a todos igual, a todos los veía igual.

Recuerdo que la reglamentaria era la Hermanita Josefina y era muy exacta,


mucho, dando la hora, daba su toque y Nuestra Madre Josefina luego, luego,
decía. “En los cielos y la tierra sea para siempre alabado”, y le contestábamos:
“El Corazón amoroso de Jesús Sacramentado”, las manos juntas y a la Capilla.

Cuando yo llegué, el primer jardín, era un jardín muy bonito que tenía como cinco
o seis prados, había Rosales, de ahí poco los cortaron porque eran como adorno;
en seguida había otro tramo donde había una planta muy bonita que se llamaba
grosella que en tiempo de primavera se cubría de flores blancas, bonito, de allí sí
se cortaban flores y jazmines, en seguida estaba una mata de nogal, de ahí
cortábamos muchas nueces para comer; había muchos helechos en ese lugar, en
seguida, la huerta; había una gradería, graditas para bajar a la huerta, estaba
distribuida por lotes, un lote era de clavel rojo, otro de blanco otro de rosa, otro
de cremita; en otro una nube, otro de verdura, lechuga, o zanahoria, colinabo,
betabel, y todo eso iba a la cocina para el alimento. Y de las flores, la Madre
Dolores era la encargada cuando yo llegué, Francisca María y yo éramos las que
más trabajábamos ahí en la huerta, a regar, a acortar zacate y en la mañana
saliendo de la meditación a cortar flores y de esas hacíamos unos ramos muy
bonitos, Nuestra Madre Josefina los hacía, a esa hora se dedicaba a hacer ramos
de flores, grandes o chicos, según los entregos que tenían que hacer y esas

27
Este episodio se narra más completo en otro lugar.
57
personas daban limosna; o a los bienhechores, o ya comprados, y ese dinero era
para el sostenimiento de la casa.

Mandaban traer de Los Ángeles, EEUU, plantas de rosal y les ponían el nombre
de las Hermanas, había Josefina, era un rojo muy bonito, y encarnado, chulo;
había Sofía, Teresita… Y los lleva a entregar un señor que era sacristán del
Santuario de Guadalupe llamado Benjamín Patiño28 el hermano de Mariquita. Se
cultivaban también nardos, azucenas, margaritas, crespón, madreselva, alhelíes,
alcatraces, violetas. Confeccionaban los ramos muy bonitos Nuestra Madre
Josefina, la Madre Dolores y la Hermanita Lorenza; a veces mandaban hacer
alguna cruz especial para algún difunto; yo fui encargada mucho tiempo de cortar
violeta, sobre todo en tiempo de invierno, había mucha violeta. De árboles
frutales había aguacate, guayaba, naranjalima, Granada de China parecían
rosarios, daba muchas granadas, cortábamos sartenes grande llenos de
granadas, chirimoyas, nuez, manzana, membrillo, perón, durazno, limón.
Recuerdo cuando había mucho durazno, recogíamos los sartenes y nos los daban
asados en el horno muy sabrosos, en lugar de pan nos dejaban nuestro
montoncito de durazno y gozábamos con eso, nos gustaban mucho.

El Señor Luis María Martínez, estimaba muchísimo a Nuestra Madre Josefina, le


decía la Madre buena; cuando ella murió él la alabó muchísimo, su espíritu, su
sacrificio, amor a Dios, el amor y el sacrificio, la confianza y la conformidad con
la voluntad de Dios. En su enfermedad, con mucha paciencia la sufrió, era cáncer
en un seno. Una vez la llevaron a operar a México, pero nunca nos dijo ella lo que
era, nomás que iba a curarse a México; era muy prudente y muy callada. Regresó
y se veía igual que antes; pero siempre su mano así encima del pecho y le siguió
el cáncer hasta que murió; pero sí se vio que sufrió con mucha paciencia, por
amor a Dios; duró muchos días postrada.

Cuando aquellos hombres perseguidores de la Iglesia llegaron que querían la


casa, estaba la Madre Luisa María que era la Segunda, entonces quisieron ellos
entrar donde estaba Nuestra Madre Josefina y dijeron: “¡Uuuh… la Madre
amable! no entremos ahí”, ella nomás se sonrió, los saludó y ya… Nunca decía
nada mal de ellos, decía: “es la voluntad de Dios” y ellos ahí. Fue cuando

28
Era un señor muy allegado a la Iglesia y por alguna razón, también a nuestra Congregación. Yo lo conocí. Casi
siempre iba a Luis Moya a ayudar en los Días Santos, sabía muy bien todo lo que se debía de hacer en los Oficios
de Semana Santa y dirigía a los acólitos. Entonces, esas celebraciones eran muy completas y formales. Lo conocí
más o menos entre las décadas de los mil novecientos cincuenta y sesenta.
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estuvimos presas ahí en la casa, todas estábamos custodiadas, sin permiso de
salir ni de hablar por teléfono, ni recibir recados de nadie, nos custodiaban unos
en la azotea, otros abajo, en el zaguán de la casa y en el pasillo, en toda la casa,
y en la noche, para poder sacar las cosas, soltaban al perro que era muy bravo,
tan bravo que le decían Lucifer y la Madre Juanita González, les dio un té bien
cargadito de vino y los emborrachó, y entonces por dentro, como estaba todo
comunicado, íbamos sacando todo hasta Nazaret, porque eran tres casas donde
estaba el Noviciado que es ahora la carretera, luego la de en medio, que era la
casa grande, luego la otra que estaba detrás de las Religiosas Capuchinas, donde
están ahora las Adoratrices, hasta allá llevábamos todo por un agujero que
hicieron o por la barda, al otro lado, allá vivía don Cayetano, el papá de la
Hermanita Rosa María y ellos allá recibiendo y otras acá sacando cosas toda la
noche; por eso se perdieron tantas cosas, porque muchas personas se llevaron
cosas para su casa, libros, cubiertos. Esto fue cuando salieron definitivamente.
Pero viviendo todavía Nuestra Madre Josefina, que estaba acostadita ya muy
mala y nosotras allá. Ella se dio cuenta todavía que estábamos ahí. El Santísimo
lo recibió la Madre Dolores por un agujero que había en la barda que daba a la
calle, lo llevaba en un relicario la señorita Lucía, hermana de la Madre Teófila y
ella nos lo daba donde nos encontraba, en el comedor, en la cocina, en la huerta,
donde fuera, porque estábamos custodiadas y nos llamaron a dar declaración,
unas tonteras.

Continúa el testimonio de la M. Ma. De la Luz Pineda Rojas:

Puruándiro, Mich., 8 de noviembre de 1987


Nuestra Madre Josefina nos recordaba mucho la oración y para tener oración nos
recomendaba el amor y el sacrificio; nos hablaba mucho de San Francisco de
Sales, lo de ‘nada pedir, nada rehusar’; también aquello de ¡Viva Jesús, mi Amor!
y ‘Yo amo a Jesús’, ¡Sólo mi Jesús y mi Dios bastan por toda la eternidad! Le
gustaba mucho el espíritu de San Francisco de Sales.

Nuestra Madre Josefina, siempre, entre las 11 y 12, iba a la cocina a ver cómo
estaba la comida, la probaba a ver cómo estaba, lo que iban a comer los niños;
comíamos todos de lo mismo. Era muy razonable y muy amable; pero muy firme,
cuando decidía una cosa, lo decidía y lo hacía, con toda amabilidad; pero lo
cumplía.
Primera vez que intentaron expropiar el Orfanatorio: Por parte del Gobierno
fueron unos hombres al Orfanatorio que a notificar que se iba a expropiar, los
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recibió Nuestra Madre Josefina muy amable y le dijo al Mayor: “Muy bien, pasen
ustedes, aquí está la Casa”; el Mayor, al ser recibido tan cortésmente y con tanta
amabilidad, dijo: “No, retrocedo”. Era la primera vez, yo no estaba.

Segunda vez: Volvieron otros hombres del Gobierno y se la quitaron. Vivía


todavía Nuestra Madre Josefina, fue cuando las Maldonado se regresaron a su
casa siendo novicias, y todas se repartieron en casas particulares. Se la volvieron
a entregar. Cuando ya se la habían entregado, esta vez fue cuando yo llegué en
1928. Todavía era Persecución. Estaba todo a escondidas. Ahí estaba el Sr. Cura
Ezequiel Iriarte, duraba días, era el Confesor. Al otro lado, con las Capuchinas,
estaba el Padre Manuel Muñoz, y nosotras íbamos para allá con ellas cuando
tenían Misa y ellas venían cuando nosotras teníamos Misa. Hicieron un agujero
como ventanita entre las dos casas y para que no se notara, estaban ahí un
reclinatorio y cosas viejas amontonadas. Esto fue en 1928.

Esta vez era cuando todavía estaba Nuestra Madre Josefina que ya estaba muy
mala, en cama, ya no se levantaba cuando esos tres días. Era Segunda la Madre
Luisa María. La pusieron sola, aparte, en una pieza para que no se comunicara
con nadie. Nos llamaron a todas a declaración, que cuándo habíamos profesado,
que cómo nos llamábamos, qué hacíamos ahí. Discurrieron las Madres que nos
presentáramos como sirvientas la Madre Josefina Maldonado, Carmen Sánchez,
yo y Francisca María. Nos decían ellos: “Qué sirvientas van a ser, si no las vemos
como las del mundo, cómo van a ser, si a una cuadra de retirado las vemos,
conocemos lo que son”. Nos retrataron.

Tercera vez: Cuando ya la quitaron definitivamente, no me acuerdo bien, fue


como en 1933. Un domingo, cuando estábamos en la hora de la visita de los
familiares de los niños, entonces entraron varios señores. Yo estaba de portera,
ya profesa. Entraron, desconectaron el teléfono y preguntaban qué era ahí, qué
éramos nosotras, que si religiosas, y de los niños. No teníamos permiso de hablar
con nadie, ni de salir y que nadie entrara. Luego se subieron unos a la azotea a
cuidar y otros abajo, en el zaguán, y entonces era cuando la Madre Dolores
recibía al Santísimo por el agujero de la tapia; lo llevaba Lucía Raya hermana de
la Madre Teófila. Esa vez fue cuando sacamos cosas en la noche.

TESTIMONIO DE LA MADRE FRANCISCA MARÍA HERNÁNDEZ PINEDA.

Casa Hogar, Morelia, Mich., 25 de noviembre de 1985:


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Yo, Francisca María del Sagrado Corazón, llegué a la Congregación el 26 de
noviembre de 1923. Era la Superiora General la Madre Josefina Contreras.
Estaban las que llegaron de Colima: la Madre Margarita Cabrera, Francisca
Fajardo y las que habían ingresado después, Lorenza, soledad y Delfina. Delfina
se quedó de Votos temporales cuando murió Nuestro Padre Fundador y la Madre
María Guadalupe, Lorenza y Soledad, hicieron sus Votos Perpetuos en el año de
1924; los hicieron junto con la Madre Delfina que se había quedado de Votos
Temporales; eran postulantes, La Madre Luisa María, Teófila, Dolores Cortés,
María del Carmen Sánchez y Francisca María Hernández Pineda. El 16 de julio
tomamos el hábito. Al año siguiente nos tocaba profesar y no profesamos porque
el señor Ruíz y Flores había ido a Roma y cuando vino en 1924, traía la
autorización de que la Madre Luisa María perteneciera a esta Congregación,
porque ella había pertenecido a otra Congregación de unas Madres francesas
que expulsaron cuando la Revolución Mexicana y dejaron a las que eran
mexicanas; ella duró años con una familia, la familia Iridus; estuvo como maestra
de la familia. La trajo el Señor Ruíz y Flores, era su sobrina del señor Ruíz y Flores;
era de una prudencia que nadie sabía sólo ella y Nuestra Madre Josefina que
había sido religiosa; pero se le notaba; nos sirvió mucho de ejemplo porque era
sumamente observante. No profesamos en julio sino hasta el 21 de noviembre;
éramos un grupo muy unido, porque uno de los consejos que nos dio la Madre
Luisa María cuando tomamos el hábito dijo: nos vamos a unir, vamos a formar
una cadena, ninguna va a rezar “por mí”, sino por las cinco; ninguna tenemos que
separarnos, y todas profesamos el mismo día.

A mediados de 1922, fueron unas Hermanas a Coeneo a fundar: Dolores Ríos,


Carmen Solórzano, quien después se fue. Dispuso el Señor Ruíz y Flores en el
tiempo de la Persecución Religiosa, que las que tuvieran casa se fueran y
volvieran tan luego como se remediara la situación y ella ya no quiso volver y la
Madre Francisca Fajardo volvió; pero ya no estuvo contenta decía que ya la
Congregación era distinta y que se iba con sus sobrinos y se fue; tuvo una historia
muy triste: estaba yo en Celaya, cuando Josefina Llosa iba a salir de la
Congregación, Francisca Fajardo le escribió a la Madre Anita Camberos,
diciéndole que si no tenía un rinconcito para ella, que ya no estaba con los
sobrinos porque no pudo convivir con ellos; la Madre Anita le contestó que ella
ya no era la Superiora en Celaya, que no podía resolverle su problema; me
impresiona porque la que estaba adentro queriéndose salir y la que estaba afuera
pidiendo un rinconcito y acabó sus días en un cuartito de una casa que una señora
pudiente acomodó una para que viviera gente indigente.
61
Luego llegaron más vocaciones: la Madre Micaela Alcaraz, María Vicenta
González y otras; una de ellas, la Hermanita Glafira León que era de Bellas
Fuentes, muy buena Hermana; pero murió muy pronto, en Coeneo, de unos 26
años, de una peritonitis. Me acuerdo que cuando Nuestra Madre Josefina nos
reunió para decirnos que ya había muerto la Hermana, nos dijo: “Yo también voy
a seguir” y efectivamente ella fue la que siguió, probablemente ya sabía lo que
tenía; la llevó a México la Madre Dolores Ríos y estuvieron hospedadas en la casa
del señor Iridus, donde había estado la madre Luisa María, que allí las trataron
muy bien, con muchas consideraciones. La operaron y volvió con un color muy
bonito, como muy bien; pero a los cuatro meses volvió a estar mal, el cáncer,
como que le apareció en todo el cuerpo, se le veían como tumorcitos; volvió a
México a radiarse y todos esos tumorcitos se secaron; pero le pasó al estómago.
Cuando ella estaba allá, el señor Iridus empezó a estar enfermo y Nuestra Madre
Josefina sabía lo que tenía, porque su esposa le había dicho que tenía cáncer en
el hígado. Vino Nuestra Madre Josefina ya muy mal, a poco ya no pudo comer y
no volvió a comer; pasó más de un mes con pedacitos de hielo y al ratito eso
mismo lo volvía, continuamente tenía vómito, le dábamos pedacitos de tela
suavecitos para que ahí recibiera lo que volvía y se le pusieron la boca y los labios
muy escoriados de tanto limpiarse, era un líquido de color zanahoria y cuando
esa ropa se ponía en jabón se ponía verde.

El Señor Luis María Martínez nos dijo: La Madre Josefina está sufriendo dolores
muy agudos; pero no humillaciones, en cambio, el Señor Francisco Banegas, que
ya era Obispo de Querétaro y estimada mucho al Señor Martínez, en vez de buró
le pusieron un sanitario y un forzudo estaba para pasarlo cada ratito ahí, porque
tenía una diarrea muy seguida. Decía que así, en plena Persecución, se disfrazaba
y se iba a verlo.

Llegó el día en que murió Nuestra Madre; pensábamos que iba a morir el día 10
de julio, aniversario de la muerte de Nuestra Madre Isaura; pero fue el 12.
Después la Madre Margarita Cabrera estaba también en estado de agonía y la
Madre Dolores fue al Panteón para exhumar los restos de Nuestra Madre
Josefina; pero les dijeron que no se podía sacar ni un día antes; el día 12 había
muerto Nuestra Madre Josefina y era 12 cuando creían que moriría la madre
Margarita y providencialmente no murió sino hasta el día 13 y ya pudieron sacar
los restos de Nuestra Madre Josefina para sepultar a la Hermana Margarita, que
era de las que habían venido de Colima; entonces yo estaba en Apaseo,
62
Guanajuato y me impresionó que ahí en Apaseo el Grande, el Bajo, había una
familia Cabrera y el día que murió la Madre Margarita Cabrera, les nació una
niñita que le pusieron el nombre de Margarita Cabrera; era hermana de un Padre
Cabrera, primo hermano del Padre Muñoz Ledo, quien casi siempre fue Maestro
del Seminario de Morelia.

En el Orfanatorio, con mucha frecuencia teníamos visitas del Gobierno, pero


como entre los empleados había siempre alguien de nuestra parte, iba y nos
decía: “prevénganse, porque mañana las van a venir a molestar. Me acuerdo que
un día le dijeron a Nuestra Madre: “Mire, que no venga el Padre Capellán ni a
darles la comunión, porque ya lo traen entre ojos y le avisaron y dijo: yo no voy
a venir; pero voy a mandar a otro que no sea conocido. Cuando menos pensamos,
oímos el timbre de alarma y mi deber en ese momento era tapar las
comunicaciones entre las casas, porque eran tres, la del frente que era Betania,
la que demolieron para hacer la calle, era Getsemaní y la del otro lado donde
trabajaban la resina, era Nazaret y estaban comunicadas, yo las tapaba con leña,
palos, ramas, cajas, lo que fuera.

Esa vez vi entrar algunos hombres, derechitos a donde teníamos a Nuestro Señor,
que era un salón grande simulando un taller de corte y en un ropero estaba
Nuestro Señor; pero hacía unos dos o tres días que lo habían quitado y lo habían
puesto en el huequito de la pianola. Al entrar los señores dijo el jefe: ¡al ropero!
Y registraron todo. La madre Dolores sacó a Nuestro Señor del piano y se lo llevo
a la huerta, allá lo puso entre las flores. Los señores registraron toditito, porque
querían sacar al Padre y no lo encontraron, acababa de salir porque fue a darnos
la comunión y estaba apenas entrando al Santuario cuando llegó la Comisión;
buscaron hasta en los tinacos de semillas; después del salón verde seguía otro
como ropería donde estaba una mesa y ahí se le había olvidado a la Hermana
Matilde una caja con los ornamentos y no la abrieron, ellos registraron lo
guardado como una caja que tenía todo el ajuar de una novia que lo habían dado
a ver para qué se utilizaba, era una cosa tremenda.

Luego, un día, era Jueves Santo; el Señor Luis María Martínez le había mandado
una tarjetita el lunes o martes a Nuestra Madre Josefina donde le decía:
Reverenda Madre, hemos resuelto pasar unos días en esa querida Betania, y por
eso se le quedó el nombre de Betania a la casa y empezaba a llegar un cargador,
papá de un seminarista que llevaba los ornamentos en un canasto forrado de
cuero, los dejaba e iba por otro viaje, porque el Señor iba a hacer ahí los oficios
63
de Semana Santa y pues iban muchos Sacerdotes que estaban en ansias de
comunicarse con él, Presbíteros, diáconos y subdiáconos. El Señor Obispo llegaba
como a las 11:00 de la noche y empezaban a llegar cada 10 u 8 minutos otro,
otro… Llegó el Jueves Santo, se celebró el Oficio propio, y cuando terminó lo
hicieron que saliera con la cauda como usaban antes, a que se pusiera al pie del
cerrito del Sagrado Corazón para tomarle una foto y estaban en eso cuando
tocaron el timbre de alarma, yo estaba haciendo las tortillas para la mesa de los
Señores, el Señor, ya se había pasado a la casa de las Capuchinas y vi a las Novicias
que iban rápido a esconder los ornamentos y por la prisa iban tirando cosas:
síngulos y ornamentos y yo los fui recogiendo y vi a los seminaristas corriendo,
tirando sus sotanas a un rincón y su cota que tenían debajo del brazo y se iban a
la huerta como a escaparse y a la hora de la comida solamente el Señor fue el
que comió, todos más bien pedían una tasa de amargo. Cuando el Señor estaba
allá con las Capuchinas preguntó: ¿Por qué diría la Madre Josefina que yo me
pasara para acá? y le dijeron: no fue nada, Señor, creyeron que era una visita del
Gobierno y no, era un borracho que las asustó, y dijo: ¡Ah!, Pues entonces ya me
voy, y se pasó a la casa a hablar con los Párrocos foráneos.

La Madre Dolores hacía jabón, tenía su receta con lo gordo de la carne que iban
juntando. Ella estuvo en la Escuela Industrial, por eso sabía hacer jabón con lejía.
No se doraba la sopa en aceite sino en el horno y luego ya se freía el recaudo con
el cebito aquél. En la huerta también teníamos verdura y tampoco se compraba;
no eran parcelas de verdura sino las orillitas de los prados. La Madre Dolores
compraba semilla de col “corazón de buey” o “gigante”, cebollita cambray; la
tierra se abonaba con estiércol de caballeriza y de murciélago, y el Señor
Martínez decía que por eso la flor era tan perfumada, porque no usábamos
fertilizantes químicos.

Nuestra Madre Josefina y la Madre Dolores sabían hacer muy bonitos los ramos.
En el Oratorio no vi un alcatraz, ahí se ponía flor de lo mejor: frisia, heliotropo,
jazmines y violetas, ésta era la flor chiquita que cultivábamos. A las 11 llegaba
don Benjamín por dos canastos de ramos de flores y volvía como a la una de la
tarde o con dinero de la venta o, por ejemplo, con pan, en una panadería
compraba pan, eran 25 bolillos los de un entrego de $0.25. En tiempos de mucha
flor, sobraba y entonces Nuestra Madre Josefina les mandaba un ramo a ciertas
personas de las bienhechoras que no tenían entrego, les mandaba un regalo de
flores muy bonito y cuando llegaba D. Benjamín Patiño decía: “Les van a mandar
su maicito” y otro día llegaban con el costal de frijol, con el costal de maíz. Los
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ramos de más precio eran los de cinco pesos. El día de la Madre, la Madre Dolores
y yo casi no comíamos de tanto ramo que teníamos que hacer, jazmín mozquetta
de Italia, de rehilete y de novia; seguido pedían ramos para novias de
matrimonios. Nuestra Madre Josefina nos ayudaba todos los días un rato; era tan
mortificada, que nunca se quejó de piquetes de espinas ni me dijo: ¿Por qué me
las traen con espinas?, ni nada y traía casi siempre muestras de piquetes en las
manos.

Se cultivaba clavel de semilla, rosales, azucena. Cuando estaba la luna tierna,


nueva, poníamos a prender rosales, claveles. El clavel que se seca, se corta el
piecito y se planta, hacíamos una cama caliente en cajones, le poníamos unos
cinco centímetros de puro estiércol y luego la tierra; ese estiércol se calienta y
calienta la tierra; a ella, Nuestra Madre Josefina le enseñó floricultura y
arboricultura, un Religioso de las Escuelas Cristianas. Ese Religioso fue de los que
trajo Nuestro Padre Fundador al Instituto Científico del Sagrado Corazón, a
Morelia donde ahora es la Normal Urbana. Les quitaron la Casa, se la expropiaron
a los Religiosos y les dieron a las Madres del Orfanatorio muchas cosas porque
tenían que desocupar la Casa e irse.

Ese Hermano fue el que enseñó a la Madre Dolores también a hacer rosales
nuevos por propóleos: cuando está una rosa abierta, por ejemplo, blanca, y se
quiere hacer una rosa distinta, de otro rosal blanco se trae polen y se le pone ahí
y se amarra la flor por arriba y cuando se seca la flor, el tejocotito que da, es la
semilla, se siembra la semilla y sale distinto rosal; se pueden hacer también
combinaciones con de colores. Ese Hermano le platicaba a Nuestra Madre que
en Estados Unidos hacían Concursos y que cuando alguno obtenía un rosal nuevo,
tenía derecho a concursar y si él quería ponerle el nombre a su rosal, no tenía
derecho al premio y el que quería premio, dejaba que el jurado le pusiera nombre
al rosal nuevo. Este Hermano, es el investigador científico-botánico que me dijo
el Historiador; es el único que fue ahí a eso de las flores. La enseñó también a
injertar chayote en un betabel al que se le hace el hueco de la forma de la pepita
del chayote, se mete la pepita por donde le salen las hojas. También la enseñó a
castrar los pollos.29 También sabía Apicultura. Lo de las abejas, lo enseñó un
americano o español, se apellidaba Shombine. El Padre Superior del Templo de

29
La Madre Francisca me dijo que en ese tiempo se usaba este dicho: “Al que te regaló el capón, dale el alón”.
Capón es el pollo capado para que creciera grande y gordo, alón es el ala. Que se le ofrecía a la persona que le
había regalado el pollo
65
La Compañía, el Padre Joaquín Campo me trajo al Orfanatorio y me prestó un
libro del “Tratado de la Vida Religiosa”.

Nuestra Madre Josefina era una santita; de una sencillez encantadora. El día que
yo amanecí ahí, hacía mucho frío, era enero y la víspera del día 24 había caído
una granizada; yo me fui al Orfanatorio el día 26 y todavía entre las piedras del
cerrito había granizo, había subido como medio metro. No tenía ni abrigo ni
suéter, nos levantábamos a las cinco, entré al Oratorio y estaba encogida del frío,
Nuestra Madre Josefina traía un chalecito, se lo quitó y me lo puso para que me
calentara.

Los señores del Gobierno nos pedían recibos, que, aunque fuera recibo de la
renta de un mes les mostráramos y que no nos quitaban la Casa; pero, pues no
había nada.30 Dios sabe lo que hace. Los techos todos ya estaban muy mal, yo me
pasaba las horas y los días enteros tapando goteras, y cuando ya salíamos, del
Orfanatorio, dijo uno de la Comisión: “Ni se apuren, les vamos a dar otra” y
efectivamente nos dieron la casa que les habían quitado a las Religiosas de La
Cruz, en la esquina entre 20 de Noviembre y Álvaro Obregón. Tan la cedió el
Gobierno, que se pudo vender para continuar el trabajo en ésta, la Casa Hogar
Soledad Gutiérrez de Figaredo, donde está ahora, aquí en Morelia, por el
Templo del Niño de la Salud.31

Nuestra Madre Josefina era muy sencilla y muy comunicativa, me acuerdo que
cuando nos quería llevar a la huerta, nos decía: “Echen agua y vámonos”. Nos
llevaba a veces a la Casa del centro que era Betania, otra, a Getsemaní, que era
donde había frutos.

Nuestra Madre Josefina era muy prudente, muy comprensiva, no llamaba la


atención sin preguntar primero qué pasó. Me acuerdo que yo andaba con
cualquier chanclita y ropa, porque andaba siempre en la huerta, me decía:
“Entiéndase usted para lo que necesite con la Madre Dolores; cuando me quiera
hablar, dígame y yo la llamo. Antes hacíamos la solicitud sólo verbalmente. Para
la solicitud de mis Votos, no me llamaba, y yo ya le había dicho que le quería
hablar; pero un día al bajar la escalera para ir al Oratorio, me la encontré y me

30
La casa del Orfanatorio había sido propiedad del Sr. Arzobispo José Ignacio Árciga Ruiz de Chávez. Fue su casa
solariega.
31
Y para la construcción de la Casa Hogar en el terreno de la Congregación faltaba dinero y fue entonces cuando
la Sra. Dolores Figaredo consiguió de la Federación un auxilio económico, que fue otorgado.
66
dijo: “Usted me quería hablar, ¿verdad?” y le dije lo de la admisión y me dijo: por
mí está admitida; voy a proponerla al Consejo. Ella siempre veía hacia adelante,
tenía mucha caridad, siempre quería estar a la hora de los recreos, no nos dejaba.
Cuando velábamos a la Madre Ana Andalón, otro día, en el desayuno, pasaba
Nuestra Madre Josefina y nos decía: ”Váyanse a dormir”.

Nuestra Madre Josefina tenía un tumor, le empezó a dar fiebre y el Doctor creía
que era paludismo y la mandó a Santa María, porque allá se iba a curar la gente,32
y estuvo en la casita de la esquina,33 en la pieza de la esquina, estuvo ahí un mes
y la Madre Dolores Rodríguez, todos los día iba allá a pie a verla y a llevarle leche,
y de ver que no se componía, se la trajeron; cuando se dio cuenta el Doctor que
tenía tumor, le proponía operación y ella dijo que de todos modos,
probablemente se iba a morir pronto, que mejor ofrecía su vida por la
Congregación, que hacía el sacrificio de su vida, y no guardó cama. Decía la
Madre Dolores que ella le ayudaba cuando salían a Misa todos los días y que se
apoyaba en ella y que la última vez que fue a Misa, sentía que, al contrario, ella,
Nuestra Madre Josefina, la llevaba a ella, que estaba muy ligerita, y les dijo a las
Hermanas: “No me opero, ofrezco mi vida por la Congregación, por el bien de
la Congregación.34

Al ir tomando su testimonio a la Madre Francisca, o como le decíamos: ‘Pachita’,


me impresionaba verla con sus ojos bañados de lágrimas. Al final de su relato,
muy conmovida me dijo: No sabe cuánto valoro, me admira y le doy gracias a
Dios, de que Hermanas como usted, de las nuevas generaciones, se interesen por
saber, por conocer cómo se vivía en el Orfanatorio en los primeros años, así,
volvemos a vivirlo y no se pierde algo muy importante de la vida de nuestra
Congregación.

MADRE MATILDE LAGUNAS NAVARRO:

CELAYA. GTO., 19 DE NOVIEMBRE.1967


Llegué a la Congregación el 13 de abril de 1932. Me recibió Nuestra Madre
Josefina Contreras que era la Superiora General entonces. Me impresionó al verla
porque era una mujer virtuosa y muy buena Madre. Me revisó desde la cabeza

32
Se decía que Santa María, de Morelia, MÉXICO y otra ciudad europea, tenían el mejor clima de todo el
mundo.
33
Que ahora es una farmacia muy cerca de la Casa Isaura.
34
Madre Francisca María Hernández Pineda. Morelia, Mich. 25 de noviembre de 1985
67
hasta los pies, la dentadura. Me hizo caminar de frente a ella y de espaldas a ella.
Me dijo que ahí iba a encontrar lo que yo deseaba, lo que yo le decía en la carta.
Entonces, se va a ejercitar en las virtudes, principalmente la humildad, la
obediencia y pobreza. Luego me pasó con todas las Hermanas y me saludaron
todas de un abrazo y me sentí muy contenta en la casa. Después fui a saludar a
mis compañeras Postulantes. Luego me llevó a ver toda la casa, el dormitorio de
los niños, el de ellas, sus habitaciones y a ver a una Hermana que ya tenía tiempo
enferma, era la Hermanita Ana Hernández Andalón. Después de merendar, me
dijo: ”Va a enseñarse a hacer todo lo de aquí, poco a poco, no se precipite ni
tenga pena”. Así, poco a poco, me sentía más contenta y sentía más confianza en
ella. Me dieron por oficio el gallinero y una parte de la huerta.

A veces iba Nuestra Madre Josefina a donde yo estaba y me decía: “¿Qué está
haciendo?” “¿Por quién está haciendo esto?” Yo notaba que quería que me
enseñara a ver y a hacer todas las cosas sobrenaturalmente. Me decía: “¿Para
quién son esos huevos?”. – Para las Hermanitas. “Sí, para las Hermanitas en
Jesús”. Estaba yo lavando unos liencecitos de la Madre Ana Andalón, de los que
se ponía en sus llagas, y me preguntó: “¿Para quién son esos trapitos que está
lavando?” – Son para la Madre Anita. “Para Jesús, en la Madre Anita está Jesús”.
Otras veces me sorprendía tapándome los ojos y otra de las Madres me decía:
Adivine quién le está tapando los ojos; yo le contestaba que alguna de mis
compañeras Postulantes y ella me decía: “¡Soy yo!. “¿Cómo se siente? ¿Se siente
contenta? Yo le decía que sí.

En una crisis que ella sabía, a veces lloraba y me decía: “¿Por qué llora? ¿se quiere
ir a su casa?” – No, Madre, hasta la muerte quiero estar aquí. “Entonces llore
hasta que se desahogue”. Me decía que Nuestro Señor a veces se esconde,
porque quiere que las almas lo busquen en la paciencia; que Nuestro Señor me
iba a empezar a tener confianza, que me iba a empezar a cargar otras cositas más
duritas. Yo esperaba eso, que la vida iba a ser dura; pero no, y ella me contestaba:
“Así la quiere Dios”.

Me di cuenta que estaban haciendo las Constituciones nuevas. En eso estaban


trabajando Nuestra Madre Josefina contreras, Josefina Yosa, Ángela Ibáñez, Luisa
María Garduño; Dolores Ríos y la Madre Micaela les ayudaba a pasar en máquina.
Tenían a sus asesores, unos Sacerdotes y me daba cuenta porque veía con qué
gusto salía ella de una oficina a otra y viendo los papeles, y cuando los llevaba a

68
que los revisaran, iba muy contenta a darle gracias a Dios porque habían salido
bien. El Señor Luis María Martínez era el que les dirigía este trabajo,35

Nuestra Madre Josefina nos llevaba a los balcones del Orfanatorio el día 12 de
diciembre, fiesta de la Virgen de Guadalupe, a comer cañas y cacahuates,
platicando contentas y disfrutando de la fiesta de afuera, el castillo, y todo ese
día había muy buena comida, como en las fiestas de todos nuestros Santos
Patronos. El día 25 de diciembre, buena sorpresa me llevé, que todas, en la mesa,
teníamos cada una, un nidote con heno, dulces y fruta seca y un buen platón
arreglado con dulces para todas; el nido con heno, dulces, fruta seca. Nuestra
Madre Josefina los arreglaba, ella tenía especialidad en hacer todos esos
arreglitos.

En el Adviento, Nuestra Madre compró un Niñito Jesús, que estaba dormidito,


con sus manitas juntas, como el que después nos regaló la señora Carmelita
Gómez Puente. Entonces, ese Niñito lo compró para que gozáramos esa Navidad,
y a cual más lo queríamos traer en los brazos. En la noche del 24 nos fuimos a
acostar. ¡Ah! y se adornaba toda la casa con heno y todo lo que sirve para eso.
Las que arreglaron, lo hicieron en la noche, para otro día sorpresa. Ya que pasaba
el día, Nuestra Madre Josefina nos preguntaba cómo lo habíamos pasado.
Teníamos tamborcitos, sonajas, panderos.

En mi segundo año de noviciado, Nuestra Madre Josefina empezó a estar


enferma, fue a México a que la operaran y volvió un poco triste, porque antes,
pues iba a la cocina a ver qué estaban haciendo, que gelatina, que un buen
chocolate, panecitos, etc. Y el día del Sagrado corazón más. Ella misma hacía esos
panecitos, entre todas las Profesas le ayudaban y para todo lo demás de fiestas,
ayudábamos todas muy contentas, hablando y gritando, y Nuestra Madre
Josefina cuando ya nos veía muy disipadas, nos mandaba con nuestra propia
Maestra para entrar ya en silencio. Nuestra Madre, pues, iba a la cocina a ver qué
íbamos a tomar otro día, cómo estaba la comida, o al lavadero a ver cómo
íbamos; para la hora del Examen no faltábamos. A las once y media subíamos dos
Hermanas a amasar el pan, la masa y la dejábamos tapada para la hora del recreo
y después, a poner la ropa en prensa.36 A las once y media era cuando Nuestra

35
El Señor Obispo Luis María Martínez las orientaba en cómo ordenar los textos y a pasar en limpio lo que se
había trabajado con los Padres Jesuitas Andrés Campo y Constancio Záenz y luego con el Padre Treviño.
36
A mí me tocó vivir esto. Por ahorrar, en vez de planchar, en tablas, se estiraba la ropa un poco húmeda, se
doblaba la ropa que no tiene pliegues, como sábanas, toallas, pañuelos, etc. lo que se prestaba para eso, y encima
69
Madre Josefina iba a revisar todo y para entrar al Examen, ella se quedaba en la
puerta para ver quién entraba bien vestida o quién iba mal arreglada del pelo,
vestido, todo.

A Nuestra Madre Josefina no le gustaba que pusieran tantos floreros, decía que
parecía capilla de indios,37 con tanto florerito, no; seis floreros cuando mucho,
bien hechos, eso sí.

Cuando en 1933 fue a México a operarse, llegó y sí, todavía más o menos
contenta; pero más bien se iba a su cama y después de esa Navidad, ya fue estar
en cama. Cuando ya estaba muy enferma, dijo que quería darles la bendición a
las Novicias y a todas; nos trajeron a todas, entramos primero las Novicias,
éramos: Rosa Magaña, Catalina Maldonado Zavala, Consuelo Almanza Núñez,
Lupe Maldonado López, Josefina Maldonado Silva; éramos diez. Yo era la de
adelante y me puso la mano sobre mi cabeza como unos cinco minutos y la Madre
Dolores Ríos, como era la Secretaria, le dijo: “Ya, Madre, porque faltan todavía
las demás”. Me dijo: “Sea muy virtuosa, ame mucho a Dios, a su Jesús y a la
Santísima Virgen; pero la virtud debe de ser sólida…” Nos fuimos al Noviciado,
era julio de 1933. La velamos diario de día y de noche. Estábamos ya acostadas,
cuando nos dijeron que había entrado en agonía. Nos levantamos todas. El Padre
Bárcena se quedaba ahí a dormir por lo que se ofreciera, él la auxilió. Toda la
comunidad se levantó y estuvimos con ella en su agonía hasta que murió. Era
noche y todas nos quedamos con la pena.

Una vez, en recreo, llegó la hora de que íbamos a comer, era día de San Vicente,
y fueron a decir: “No hagan comida porque se la vamos a traer” y Nuestra Madre
Josefina nos dijo: “Ahora no vamos a comer, se van a la huerta a jugar, nos dijo:
“Llévense un salerito y cortan guayabas y a ver qué más, le dicen a la Madre
Dolores que ella les dé lo que ustedes quieran. Las Damas Vicentinas iban a llevar
la comida a todos, niños y nosotras. Y llegó la comida y todos a comer. Cuando
había algo especial, como elotes, también nos decía: “Ahora vamos a merendar
acá afuera, para que puedan platicar y gozar aquí sus elotes.

se ponía otra tabla y se ponían cosas pesadas encima y después de unas horas ya estaban secas y quedaban como
planchadas. Así se ahorraba el gasto de luz.
37
Era un dicho popular que equivalía a “tener mal gusto”. En ese tiempo no se tomaba a mal esta expresión como
ahora que se puede interpretar como que se desprecia a los indígenas, que no se respetan ni se valoran sus
tradiciones y costumbres.
70
A veces, cada ocho días, los domingos, nos tocaba ir con ella; un domingo iban
las Novicias, otro las Postulantes, otro las Profesas; todas queríamos estar con
ella, era un gusto especial que sentíamos. Cuando nos tocaba a las Novicias, nos
decía: “Vénganse, mis palomitas” y la Madre Josefina Yosa nos hacía broma y nos
decía: ¡Qué nada; la más bonita es Panta! ¡Gorronas, gorronas! Y ya, le
seguíamos. Era como una niña que daba gusto jugar con ella; pero muy delicada,
la virtud siempre, a toda hora, la educación.

Lo mismo, que cuando llegaban las Hermanas de fuera, nos decía: “Va a venir la
Madre Ángela de Puruándiro, ya saben que ella era la Maestra de casa y le gusta
tener todo limpio y bien arreglado, así es que díganle a su Maestra que les dé la
canasta donde tienen todas las escobetillas y sus trapitos para que sequen y a
arreglar el pasillo; porque el corredor era de ladrillo rojo y el pasillito como de
pura cantera color de rosita. Nuestra Madre nos decía: Así como les decía la
Madre Ángela, así lo van a hacer. Ella nos decía que no nos fuéramos a mojar,
que laváramos bien cada cantera. Nos daba mucho gusto cuando iban
Hermanitas de fuera, ¡era una alegría!, aplaudíamos, gritábamos, hasta el cancel
íbamos a recibir a las Hermanitas que iban a llegar, a Nuestra Madre Josefina de
que había ido a alguna parte, era más, hasta todos los niños formados.

En otra ocasión íbamos a la huerta y Nuestra Madre Josefina cortó un manojo de


claveles de los más bonitos y dijo: “A ver, vengan acá mis pollitos y todas las
grandes también, todas”. Y nos rodeábamos de ella. Cogió el manojo de claveles
y dijo: “Así es como quiero que vivan las Hermanitas”. Los unió del tallito y de
arriba todos se abrían para un lado y para otro y dijo: “Así como ven todos los
tallos unidos, así quiero que vivan todas las Hermanitas. En distintas casas van a
estar; pero siempre unidas”.

Tenía mucho empeño en los estudios de cada Hermana, porque las tenía
estudiando a todas.

Una vez que una Hermanita toda efusiva con Nuestro Señor, como melosa,
Nuestra Madre Josefina le dijo: “Mi secreto para mí, mi secreto para mí”; ella no
andaba con esas melosidades, sí, mucha delicadeza con Nuestro Señor.

La Madre dolores Rodríguez Uribe nos platicaba que vivieron muy contentas con
Nuestra Madre Isaura, decía: Nuestra Madre Isaura nos quería a todas muy
obedientes. Una vez Nuestra Madre Josefina le tendía su cama con la marca hacia
71
los pies y le dijo: “Josefa, ¿hacia dónde debe ir la marca?”. A la Madre Josefina la
tomó por su cuenta a formarla; que una vez la mandó a que cortara la verdura
para la comida y se le olvidaron unas lechugas por donde corría el agua y le dijo:
“Ve a traer esas lechugas que se te olvidaron allá, Josefa”. – Sí, Madre. Las trajo
y se las puso colgadas en el cuello para que se acordara, porque era muy
desmemoriada. Le dijo: “Para que no se te olviden las cosas”, hasta que le dijo:
“Ve y déjalas en la cocina. Así trataba a Nuestra Madre Josefina, en todo la estaba
formando, porque ella iba a ser la que le iba a seguir.

Así eran las cinco que yo conocí: Nuestra Madre Josefina, Ana Hernández
Andalón, Margarita Cabrera, Dolores rodríguez Delfina Quiñones. A todas las
formaba muy estrictamente, porque eran las que iban a seguir; pero a la que más
le cargaba, era a Nuestra Madre Josefina. A la Madre Dolores le decía: “Tú, Lola,
ya sabes tu destino, tú eres el papá de la casa; porque ella hacía los trabajos de
hombre, hasta tumbaba árboles.

Cuando iba a morir Nuestra Madre Isaura, dejó a Nuestra Madre Josefina en su
lugar y todas la aceptaron.

Nuestra Madre Josefina le decía a la Madre Dolores: “¿Qué dice mi cojita?” –


Madre, pues me duelen las piernas. “Es porque anda siempre entre el agua,
mojándose. No se moje, póngase sus botas”. Iba con la Madre Andalón y le
preguntaba con mucho cariño cómo se sentía.

La Madre Claudia Cendejas Ruiz tiró una vez la lámpara del Santísimo y la Madre
Maestra le dijo que fuera a decirle a Nuestra Madre Josefina y ella se quedó
viéndola con una mirada de compasión, y en lugar de darle alguna penitencia, le
dijo: “Recoja sus pedacitos y váyase, ya no llore”. Era muy compadecida.

Otra vez, un día de Capítulo de Culpa, una de las Hermanas había dejado la puerta
del gallinero abierta y se comieron las abejitas, las mataban, y una de las
Hermanas le dijo en el papelito38 a la Madre Delfina que había dejado abierto, se
habían salido las gallinas y habían maltratado las abejitas; entonces la Madre
Delfina, sin disculparse, recibió el castigo de comer de rodillas; entonces la Madre
Cata Maldonado, que era la que sí había sido, se paró y le dijo a Nuestra Madre

38
Ese papelito era la admonición. Se acostumbraba que la Superiora le diera a cada Hermana como admonitora,
a una Hermana que tenía el deber de hacerle notar por escrito, a la Hermana que le había tocado, algún defecto
visible, no grave, desde luego y que tenía que decir en “El Capítulo de Culpas”.
72
Josefina: Madre, yo fui la culpable, la que dejé abierto, yo como de rodillas en
vez de ella. Así era todo, todas queríamos lo mejor.

Después del gallinero me pusieron de ayudante en la cocina y Nuestra Madre


Josefina me dijo: “Le voy a encargar que haga el chocolate para el Padre, todos
los días, pida lo necesario y le voy a decir cómo lo haga para que así lo siga
haciendo”. Era una amabilidad para enseñar a uno; era muy lista para hacer las
cosas; le preguntaban cómo le había hecho para tener esa destreza y decía: “Es
trabajo de toda la vida”. Y al ver la paciencia y serenidad en su agonía, también
le preguntaban y decía: “Es trabajo de toda la vida, a cada momento”.

La víspera del día del Sagrado Corazón había ayuno y con tiempo se hacían aseos
generales de todo, cambio de colchas y de las cortinas de las celdas. Nuestra
Madre Josefina era enemiga de hacer todo a la mera hora, lo hacíamos con
tiempo.

Nuestra Madre Josefina no quería que nos desveláramos por hacerle algún regalo
escondidas, como reliquias para el día de su santo. Le regalábamos cosas también
para la Capilla, para la casa y para ella, como por ejemplo un par de zapatos o
algo. Ella andaba siempre muy bien vestida, muy arregladita. Todas andábamos
así; pero ella más porque salía con la Madre Dolores cada dos o tres días o a veces
diario a visitar a las personas que les daban donativos, o de la venta de las flores
que era de lo que vivíamos.

A veces nos llamaba a todas, Nuestra Madre Josefina nos llamaba y corríamos a
ver qué orden nos iba a dar o qué noticia y ya nos decía: esto pasó o va a pasar…
o vino un señor y nos dejó esto, nos dio este donativo, y así, nos comunicaba las
cositas que se podía.

El Señor Obispo Luis María Martínez llegaba al Orfanatorio como a su casa. La


Madre Josefina lo conducía a su pieza que siempre tenía ahí preparada, le ofrecía
los alimentos, lo que tocara cuando llegaba. Su pieza estaba abajo, en frente del
Oratorio. Para otros Padres, tenía una pieza arriba. Cada mes, después del
viernes Primero, iba al Orfanatorio a ver a las Hermanas, a ver cómo iba su vida
espiritual. Buscaba la santidad. Nos platicaba que cuando era niño, lo subían a un
caballo chiquito y el potrillo reparaba y él se sujetaba fuertemente y no se caía.
Oía que su papá le decía a su mamá: “Para que sea un hombre valiente”. Que su
papá murió muy pronto y su tío Ramirito se lo llevó a Puruándiro, que se iba entre
73
las flores a jugar y las confesaba, decía que “desde entonces yo quería ser un
santo”. “Cuando estaba en Filosofía, me metía a la biblioteca y ahí me enfangaba
con los libros”. Nos dijo que cuando estaba en Teología, Nuestro Padre Fundador
le dijo al Señor Luis María Martínez que él quería poner al Seminario a la altura
de los de Europa, y el Señor le preguntó que a quién iba a poner para eso y le
contestó que al Señor Banegas,39 quien después fue Obispo de Querétaro, y el
Señor Banegas dijo: “¿Ahora quién me va a ayudar a mí? Nuestro Padre le
contestó que Luis María Martínez. Lo querían mucho los muchachos. Era muy
chistoso, muy jovial. Él dijo: “Ahí estuve en el Seminario ayudando en todo”.
Pedía hacer sus Ejercicios Espirituales en diciembre. Él sintió en sus brazos al
Niñito Jesús y entonces él se dio más a la santidad. Él venía a Celaya, lo querían
mucho en Celaya.

En 1926 estábamos en Persecución, y llegué al Orfanatorio y encontré que ahí


iba el Señor Martínez, pues yo ya lo conocía. Te digo que hablaba con cada
Hermana, cada mes, se ponía en la huerta, se sentaba en un sillón; después del
desayuno empezaba la primera a ir; estaba muy contento de ver a la
Congregación cómo caminaba. Otro día temprano celebraba la Santa Misa. A
veces salía a alguna cosa, a veces no salía por la Persecución. Y así, como su casa,
hasta que lo cambiaron.

En ese tiempo el Señor Luis María llegó a ir al Orfanatorio a visita, con la Señora
Conchita Cabrera de Armida y el Padre Félix de Jesús Rougier; estuvo Nuestra
Madre Josefina platicando con ellos, todos muy contentos, viendo toda la casa
que les gustaba mucho. Y él les decía: “¿Por qué creen que estoy aquí?”. Le decía
a Nuestra Madre Josefina: “¿No tiene por ahí un azadón y una pala para este
hermano?”. Era el Padre Manuel Muñoz, el poeta y lo mandaba a la huerta a que
le diera la espalda al sol, y sí ayudaba.

El libro que el Señor Martínez estaba escribiendo entonces, que se llama: “El
Corazón de Jesús”, él nos lo explicaba, nos hablaba de eso. Esa vida que nos
muestra el Directorio,40 es como el remate, porque se platicaban entre ellos,
Nuestra Madre Josefina y él esto del Directorio. Primero los Jesuitas; pero se
fueron y él siguió ayudando a Nuestra Madre Josefina, de acuerdo a lo que
Nuestro Padre Fundador quería de la Congregación y yo veo que es lo que
predomina más.

39
El Señor Banegas así escribía su apellido: con la “B”.
40
Antes del Concilio Ecuménico Vaticano II, así se llamaba nuestro libro de Espiritualidad.
74
Cuando el Señor Martínez tomó la cosa más en serio, que iba al Orfanatorio, iba
con ese fin de ver cómo se vivía eso que hablaban con Nuestra Madre Josefina, y
él puso al Padre José Guadalupe Treviño, un amigo muy estimado de él, que era
su confesor del Señor, a que arreglara los Libros de las Hermanitas:41 Después él
las orientaba cómo ponerlos en orden y pasarlos en limpio para entregarlos al Sr.
Ruiz y Flores.

Cuando Nuestra Madre Josefina estaba en agonía, el Señor Luis María Martínez
andaba en Roma; y cuando llegó ya había muerto y cuando fue a vernos, fuimos
todas con él, nos preguntó cómo estábamos y dijo cuando vio el retrato que le
enseñaron de ella en la cama: “¡Qué mujer tan sencilla; en medio de esa
sencillez, un alma santa!”.

Una vez el Señor Luis María Martínez nos visitó dos veces en Atzcapotzalco42. Lo
que le gustaba a él de nosotras, era la sencillez y que Nuestra Madre Josefina era
muy sencilla, nunca hizo alarde de nada.

TESTIMONIO DE LA MADRE CATALINA MALDONADO ZAVALA


MORELIA, MICH., CASA CENTRAL.
27 de noviembre de 1987.

Llegué a la Congregación el 12 de febrero de 1928. Lo que más me impresionó a


mi llegada, fue la bondad de Nuestra Madre Josefina, su acogida tan cariñosa, su
dulzura, su ternura casi maternal, que podíamos decir que adivinaba los
pensamientos y los deseos de uno. Todo eso le ayudaba a uno a ir cicatrizando la
herida de la separación de su familia. Con su actitud tan cariñosa, tan sonriente,
nos hacía acercarnos más a Dios.

También, lo que me impresionó, fue el ambiente de silencio, de recogimiento y


la alegría tan grande que reinaba en las horas de recreo. Cada quien tenía su
recreo por separado: las Profesas, con Nuestra Madre Josefina; las Postulantes y
Aspirantes en la huerta, paseando o haciendo algo; las Novicias, con su Maestra
en el Noviciado.

41
Después que los Padres Jesuitas Andrés Campo y Constancio Záenz dejaron este trabajo, el Sr. Luis María
Martínez le pidió al Padre J. Guadalupe Treviño que siguiera auxiliando en esto a N. Madre Josefina.
42
Cuando fue trasladado a la ciudad de México, como Arzobispo Primado de México.
75
Nuestra Madre Josefina siempre estaba hincada con sus manos juntas sobre el
reclinatorio o en una mano apoyada la frente; ella nos daba la señal de pararnos
y de hacer la genuflexión con una chasca.43 Cuando éramos Novicias, cada quince
días tocaba el recreo con ella y también cuando éramos Postulantes, y nos daba
permiso de comer la fruta que quisiéramos, sólo de una pera muy fina que había,
nos decía: “sólo de este árbol no vayan a cortar, porque es para los
bienhechores”. Ella nos decía que debíamos acordarnos siempre de poner las
cosas en su lugar, que si estábamos cosiendo, recogiéramos hasta las hebritas
por amor al Sagrado Corazón, que fuéramos generosas con Él, que no le
regateáramos nada de lo que Él nos pidiera. Cuando yo iba a ayudarle a la
Hermanita Francisca María a la huerta y fui a llevar la verdura a las 11 a la cocina,
casi siempre Nuestra Madre Josefina iba saliendo de la cocina, porque iba a
probar la comida; me esperaba en el barandal del segundo piso y me decía:
“¿Qué trae ahora mi manzanita poblana”? haciéndome una caricia en la mejilla;
pues esto que manda la Hermanita Francisca María, le decía yo; “pues páselo
para la cocina”. Nos hablaba con mucha suavidad. A mí nunca me reprendió; pero
sí me aconsejaba que lo hiciera todo por amor al Sagrado Corazón, que lo visitara
con frecuencia en el Sagrario, que estuviera muy atenta en el día, de estar
hablando con Él, para ir adquiriendo poco a poco esa vida de unión con Él.

Nuestra Madre Josefina era muy delicada en cuanto a que las Profesas nos
hablaran a las Postulantes o Novicias. A mí me tocaba el jardín de la entrada y
barrer la calle de en medio y me acuerdo que cuando andaba ahí, la Madre
Delfina me hablaba, me decía que me parecía a mi papá, que cómo estaba
“Nicolasita” y yo le decía que bien. Nuestra Madre Josefina me alcanzó a ver del
corredor del segundo piso, me mandó llamar a mí y me dijo: “¿Qué, usted habla
con las Profesas? –le dije: No, Madre, no hablo con ellas. “Cuando pasa barriendo
la calzada de la huerta y pasa la Hermanita Delfina, ¿qué le dice?” – Pues, me
saluda, me dice buenos días, que “¿qué dice Nicolasita?, que ¿Cómo ha estado?
Dijo Nuestra Madre Josefina: “Bueno, está bien; usted no vaya a faltar a sus reglas
hablando con ellas, sabiendo que no tiene permiso”. Le dije: No, Madre, no les
voy a hablar.

Ella era muy observante, siempre muy amable, era como color de rosita de toda
su cara, siempre andaba con su velo delgado, en la cabeza, prendido, se veía muy
elegante, a la vez que muy digna, mucho muy amable. Yo me acuerdo que a mí
me gustaban mucho las semitas, yo nunca le había dicho a ella nada, sin embargo,
43
Una especie de castañuela.
76
un día, en vez de la rebanada de pan dulce, encontré una semita muy doradita.
Una vez que salimos del comedor, me puso una mano en el hombro y me dijo:
“¿Le gustó la semita?” –Yo le dije que sí y le di las gracias.

Cuando Nuestra Madre Josefina fue a la Fundación de la Casa de Puruándiro, yo


todavía no me venía a la Congregación, nosotras, las Maldonado, vivíamos en
Janamuato y ahí se hospedó en la casa de nosotros, de mis tías. Le mandó decir
a mi tía Esther que iba a ir a fundar una Comunidad a Puruándiro, que si Marcos,
mi primo hermano no podría ir él en su coche a la estación de Villachuato; sí, la
fueron a encontrar y ahí se hospedó. Mi padrino tenía una tienda y como vio
Nuestra Madre Josefina que tenían pan en la merienda y en el desayuno, yo tomé
mis semitas, por eso se dio cuenta de que me gustaban. Esas delicadezas de ella
lo ayudaban a uno a sentir más confianza.

Se cultivaba la zanahoria, repollo, calabacitas, colecitas de Bruselas. Había una


señora que se llamaba Joaquina, ella hacía las tortillas y llevaba el nixtamal al
molino y también el de la puzcua para el atole de los niños. Este atole se hacía
con puzcua, chocolate y azúcar. La señora María, la del molino, nunca nos cobró.
María de los Dolores Ríos, que era la Ecónoma General, salía a pedir donativos
para los niños; también Nuestra Madre Josefina entró un día a una carnicería a
pedir, y el carnicero, en vez de darle, le dijo una grosería y la escupió, y Nuestra
Madre Josefina le dijo: “Esto es para mí, y para los niños ¿con qué me hace favor
de socorrerme? El hombre se conmovió y le dio una ayuda y siguió dándola
mensualmente.44 La carnicería se llamaba “El Pavo”, todavía después, yo ya
Profesa, llegué a ir a recoger ese donativo.

Siempre que íbamos a salir a algo, al médico o al dentista, Nuestra Madre Josefina
nos revisaba por todos lados para ver si íbamos bien arregladas.

La fiesta del Sagrado Corazón era la gran fiesta. Desde la víspera había serenata
y desde la víspera también cortábamos ramas de los árboles y flores y
adornábamos toda la casa, sobre todo el primer piso desde la entrada. La Misa
era muy solemne; el armonio lo tocaba la Madre Teófila, cantaban las Madres
Josefina Yosa, Ángela Ibáñez e Isaura Maldonado. Ese día nos poníamos el hábito

44
Aquí la Madre Catalina Maldonado dice que el negocio a donde fue N. Madre Josefina a pedir ayuda para los
niños del Orfanatorio y que la escupió un hombre de los que estaban entretenidos en un juego de apuestas era
una carnicería. Más arriba está el relato más completo.
77
de gala y en los alimentos había chocolate, leche y panecitos que hacía la Madre
Lorenza. También a medio día había fiesta y todo el día, los niños también.

Las fiestas de los demás Santos Patronos eran muy bonitas; pero principalmente
las de Señor San José y de la Virgen de Guadalupe. El onomástico de Nuestra
Madre Josefina era también lo más solemne que se podía. Todas, con tiempo,
empezábamos a hacer reliquias y ese día se ocupaba toda una pared que se
adornaba con gasas y gradas en una mesa grande y ahí íbamos prendiendo cada
quien, de las Profesas, Novicias y Postulantes, fueran reliquias o alguna costura
que pudiera servir para regalo de los bienhechores, o para venderlo en caso de
necesidad, y ella muy contenta; la abrazábamos, le cantábamos las Mañanitas y
todas nos sentíamos muy felices, muy contentas.

Cuando iba el Señor Luis María Martínez, todas nos formábamos en el corredor
de arriba para saludarlo, y ahí comía, en el comedor de los Padres. Cuando la
Persecución Religiosa ahí estuvo él hospedado un tiempo, y unos Sacerdotes
seguido iban a buscarlo. Él decía que ahí tenía su Catedral de Anemurio. Cuando
se iba también lo despedíamos, nos platicaba un rato y luego nos daba la
bendición y se iba.

Cuando murió Nuestra Madre Josefina, el Señor Luis María Martínez nos fue a
dar el pésame, nos dijo que no nos apuráramos, que ya no lloráramos por ella,
que sí la íbamos a extrañar mucho; pero que desde allá nos iba a ayudar más que
en vida, porque allá veía mejor todas nuestras necesidades morales, materiales
y espirituales, aun las internas y que acudiéramos a ella para que nos ayudara a
ser mejores servidoras del Sagrado Corazón, que ella allá veía como alma ya
glorificada todas nuestras necesidades. Nos dijo que le diéramos gracias a Dios
que ya Nuestra Madre estaba allá, que le agradeciéramos al Sagrado Corazón
que nos había dado una Madre santa, que Nuestra Madre Josefina era una
santa.

TESTIMONIO DE LA MADRE CARMEN MORA GARCÍA


Morelia, Mich., 15 de diciembre de 1987

Entré a esta Congregación en 1928, Viernes de Dolores, 31 de marzo. Entré


precisamente porque me gustaba saber que sus Patronos eran el Sagrado
Corazón y la Virgen de Guadalupe. Cuando me recibió Nuestra Madre Josefina

78
Contreras, ella, con mucho gusto me recibió; yo sentí el cariño de ellas y de las
Hermanitas también.

Otra cosa que me llamaba la atención, fue ver a la Madre Dolores Rodríguez ya
grande que se ocupaba en regar y hacer todo el trabajo de la huerta. Hacía unos
ramos de flores preciosos que Nuestra Madre Josefina mandaba a las personas
bienhechoras del Orfanatorio.

De Nuestra Madre Josefina, desde que me recibió, comprendí yo que era una
persona muy educada, muy comprensiva. Cuando iba mi abuelita a verme,
porque ella me llevó al Orfanatorio, le platicaba con mucho cariño y una vez le
dijo: “Bueno, si quiere llevarse a su niña, llévesela”. Entonces me vio a mí y yo le
dije: “No, por ahora no”. Nos vio a las dos y me sonrió; pero a mi abuelita le dio
mucho gusto.

Mi papá no me quería dejar ingresar a la Congregación. Al principio, cuando me


quería ir con las Madres Teresianas45 sí me dejaba; pero cuando me quise venir
al Orfanatorio ya no, porque él ya pensaba distinto, fue y habló con Nuestra
Madre Josefina, ella lo convenció y le dijo que no había nada de lo que él pensaba,
todo era cosa muy limpia, de personas dedicadas al culto de Dios y al trabajo con
los niños. Cuando iba yo con ella antes de entrar, también así me decía y cuando
ya entré a la Congregación, decía Nuestra Madre Josefina: “Ya vino nuestro papá
a vernos, vamos a verlo”. Por todo esto, yo comprendí que Nuestra Madre
Josefina comprendía las cosas desde luego todo, intuitivamente lo comprendía,
yo más o menos le daba a entender mis temores, porque oía platicar de eso con
mi abuelita y ella me entendió perfectamente y me dijo que no había nada de
eso, todo era totalmente distinto a eso. Comprendía ella todo muy bien y era tan
fina en su modo de tratar y de convencer, que de veras se sentía en ella una
madre en todo y por todo. Cuando llegaba mi papá, parecía una hermana mía;
muy contenta me decía: “Ya llegó nuestro papá”. Con mucho gusto que lo trataba
y cuando mi abuelita iba a verme, también.

Cuando la Semana Santa, que iban muchos Sacerdotes, Nuestra Madre Josefina
trataba tan finamente al Señor Martínez, el Obispo, como al último Sacerdote
que se había Ordenado; a todos los veía con aquella delicadeza, con aquella
atención, tanto al acompañarlos al portón como en el desayuno y en todo y tanto
es así, que hace poco yo fui con el Señor Cura Báez que estaba en el Templo de
45
La Madre Carmen Mora fue alumna siempre del Colegio Teresiano hasta la Normal para Maestros.
79
la Visitación, para ver si había conocido a Nuestro Padre Fundador, para ver qué
me platicaba de él y me dijo: ”No me acuerdo muy bien”. - Bueno, y del
Orfanatorio, ¿sí lo conoció usted? Dijo: “Ah, sí, cómo no, conocí muy bien a la
Madre Josefina, era una religiosa finísima, atenta con todo mundo”.

Una vez, saliendo de la cocina, estaba un gorrión cantando en el jardín y Nuestra


Madre Josefina lo vio y dijo: “¡Qué bonito está cantando ese pajarito! Ya se acerca
la primavera, así parece; cuando esos pajaritos cantan, yo siento mucho gusto al
ver cómo llenan de alegría con sus cantos”. En eso llegó la Madre Dolores Ríos,
que la iba a llevar a México a su curación y le dijo: “Sí, cómo no, está bueno,
vamos”. Y en su rostro vi yo la alegría que sentía, no tanto porque fueran allá a
su curación, sino por ver al animalito que estaba cantando tan bonito y ella sentía
gusto con eso, le alegraba la proximidad de la primavera, como que eso le
preparaba el ánimo para ir a México a curarse, su rostro estaba lleno, como de
una luz, como de una alegría íntima; así lo vi en su rostro, en su carita rosadita y
su expresión muy especial.

TESTOMONIO DE LA MADRE ISAURA MALDONADO


Rincón de Tamayo, Gto. 12 de abril de 1988

Al morir Nuestra Madre Fundadora, el Señor Arzobispo D. Leopoldo Ruiz y Flores


no dijo nada de Capítulo, sería por el grupo reducido que había. Cuando él se
presentó a darles las condolencias, él mismo dijo: “Seguirá como Superiora
General, la Madre Josefina Contreras”. Parece que Nuestra Madre Fundadora se
lo había manifestado, o le sugirió que la que podría seguir gobernando ese grupo
de Hermanas, sería la Madre Josefina.

Después de la muerte de Nuestro Padre Fundador en 1911 y de Nuestra Madre


Fundadora en 1912 y la Revolución Mexicana, que estaba prendida ya con ganas,
Nuestra Madre Josefina llamó a las Hermanas que entonces formábamos el
Grupo, y les dijo que sinceramente les decía que estaban en libertad de irse a sus
casas. Tres, eran Novicias y las otras eran de Votos temporales; que podían
retirarse a casa con su familia o pasar a otro Convento o como ellas quisieran,
porque la situación estaba muy crítica. Tanto económicamente como
socialmente, estaba crítico el tiempo, y no, todas dijeron: “No, nos quedamos
con usted, si usted aquí va a seguir; aquí nos quedamos”. Y sí, todo el tiempo que
ella gobernó, todo caminó muy bien, porque se veía que reconocían su mérito.
Esas diez Hermanas, con Nuestra Madre Josefina once, eran:
80
1. Nuestra Madre Josefina Contreras.
2. Margarita cabrera.
3. Ana Hernández Andalón.
4. Dolores Ríos.
5. Francisca Fajardo.
6. Dolores Rodríguez Uribe.
7. Carmen Solórzano.
8. Delfina Quiñones Cueva.
9. Lorenza Barriga Páramo.
10.Soledad Maldonado López.
11.María Guadalupe Maldonado López.

El piano que siempre estuvo en la sala de la Casa Central de Luis Moya 150, fue
un regalo de Mamá Pachita, así era la costumbre desde las primeras Hermanas
de nombrarla así, porque fue la primera Presidenta de la Junta de Caridad,46 que
protegía a las Madres del Orfanatorio. Era de la familia del Señor Canónigo Laris,
que fue familiar47 de Nuestro Padre Fundador. Ese piano era muy estimado por
todas las primeras Hermanas desde Nuestra Madre Josefina. Tengo presente este
detalle: Cuando la Madre Teófila ingresó a la Congregación, llevaba su piano; en
una necesidad muy grande, avisándole por atención, Nuestra Madre Josefina y la
Ecónoma de entonces, se permitieron venderlo porque tenían una grave
urgencia de dinero, y cuando llegó este piano de Mamá Pachita, entonces,
Nuestra Madre amablemente le dijo a la Madre Teófila: “Dios le ha repuesto ya
su piano, aquí está para que lo use como si fuera el suyo”. Lo consideramos, pues,
como una reliquia, un regalo de mucho valor a la Casa Central. Esta señora Mamá
Pachita, era, según creo, la que adoptó a Carmelita Gómez Puente, otra
bienhechora de la Congregación, puesto que la casa de Corregidora, se debe a
ella, era de ella y la cedió para que se siguiera protegiendo a las niñas
huérfanas. En tiempos de la Madre Teresa Quesada, siendo Superiora, se
recibió esta donación.

Cuando se realizó el primer Capítulo General, nuevamente resultó Nuestra


Madre Josefina como Superiora General, de 1927 a 1933. Quedó en el Consejo la

46
De la Junta de Caridad de San Vicente de Paúl.
47
Era y es costumbre que los Obispo tienen siempre como auxiliar a un Seminarista ya avanzado en los estudios,
o a un Sacerdote, que siempre están cerca de él y que lo auxilian en lo que a él se le ofrece. Yo conocí a este
Sacerdote.
81
Madre Ángela. Durante ese período se fundó la casa de Puruándiro. La Madre
Ángela, después de haber fundado la de Zinapécuaro; se fue en el mes de
diciembre a fundar la casa de Puruándiro, siendo también del Consejo y la Madre
Teófila siguió en Zinapécuaro como Superiora.

Morelia, Mich., Casa Central, 6 de noviembre de 1988:


Dan en grupo su testimonio:

TESTIMONIO DE LA MADRE MARGARITA LÓPEZ, LÓPEZ:

Los Viernes Primeros veíamos que a Nuestra Madre Josefina se le transformaba


el rostro, era una cosa muy bonita.

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:

Yo llegué en 1921 y salimos del Orfanatorio hasta 1933. Cuando estaba uno en
su oficio, pasaba Nuestra Madre Josefina y nos preguntaba: “¿Por quién está
trabajando?” – Madre, por Nuestro Señor. Le daba a uno una palmadita y decía:
Siga, y seguía adelante.

MADRE MARÍA MARGARITA LÓPEZ, LÓPEZ:

La Señora Marín, con su esposo, visitaban la casa, vivía por la Calzada del
Santuario, ayudaba mucho a la casa. Para Navidad, nos llevaba dos o tres charolas
de pura fruta seca y fina, después volvía y preguntaba si ya se les había repartido
a las Hermanas, y llevaba algo más para repartirlo personalmente a nosotras.
Preguntaba que dónde estaban las Novicias y Nuestra Madre Josefina le decía
que no podían salir las Novicias y no salíamos, sólo a la señora Conchita Cabrera
de Armida y al Padre Félix de Jesús Rougier sí nos presentó. Visitaban la casa
también Pilarito Ibarrola, con la Mamá del Padre Gabriel Ibarrola. Después iba
también Margarita, la esposa de D. Gabriel Ibarrola, cuñada de Pilarito; Carmelita
Gómez Puente y el Sr. Canónigo D. Luis G. Laris.

La Madre Dolores Rodríguez nos platicó que como dos meses antes de morir
Nuestra Madre Josefina, ya encamada, se ponía en cruz y que rezaba seguido la
oración del Trisagio que dice: “Te pido que todas las almas se salven, que crezca
esta amada congregación y que todos sus miembros te den gloria”. Que de vez
en cuando cogía la cruz y luego la soltaba porque no soportaba. La Madre Dolores
82
Rodríguez también la rezaba cuando estaba grave, en agonía. Cuando la Madre
Dolores Rodríguez se quedaba a velar a Nuestra Madre Josefina, una noche le
habló al Padre Bárcena, porque se quedaba a dormir en la pieza del Señor
Martínez, para lo que se ofreciera; le habló pues al Padre Bárcena, era la
antevíspera de que muriera Nuestra Madre y que ya se veía como una santa, con
las manos juntas. Yo me acuerdo que así andaba ella siempre, con visitas y sin
visitas, con las manos juntas y que sus ojos, cuando los abría enteramente, se
veía como una santa, decíamos: será porque la queremos tanto. Como que ya los
sufrimientos la hacían verse de otra forma, ya purificada.

Cuando salieron al Panteón, como a las cuatro de la tarde, vi que fueron la Madre
Dolores Rodríguez, la Madre Luisa María Garduño, la Madre Delfina Quiñones, la
Madre Isaura Maldonado, la Hermanita Josefina Yosa y la Madre Ángela Ibáñez.
Formaron valla las que iban a salir al Panteón y pasaron con el cuerpo de Nuestra
Madre Josefina. Me acuerdo que luego la Madre Lorenza nos llevó a las Novicias
al cuarto de la Madre Ana Hernández Andalón, y sin decirnos nada, lloraban y
lloraban, y los niños que se quedaron, porque unos pocos fueron al Panteón, se
quedaron con Joaquina, una muchacha de Janamuato48 que ayudaba y nosotras
ahí, hechas bolita, hasta que dijo la Madre Juana González: Pues, vámonos a
nuestra casa. Ya cuando regresaron, dieron un toque y todas fuimos a la Capilla.
La Hermanita Juana González fue a ver de qué se trataba, era para reunirnos a
todas en la Capilla a rezar, ha de haber sido esto, ya no me acuerdo bien.49

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:

Nuestra Madre Josefina estuvo mandando llamar casa por casa, de las pocas
casas filiales que había: la de Coeneo, Puruándiro, Zinapécuaro y no me acuerdo
más. Las llamaba casa por casa con todo su personal, me acuerdo que cuando
nos llamó a nosotras, la casa de Coeneo, que era donde yo estaba, esperamos,
porque primero nos llamó a todas, breve, porque nos dijo: “Más quisiera decirles;
pero ya no puedo”. Nos dijo que nunca olvidáramos que Cristo estaba en la cruz
y que nosotras estábamos en el reverso, como esposas suyas, privilegiadas, que
amáramos la Congregación, que nos sacrificáramos por ella cuanto pudiéramos,
y a propósito de eso, nos repetía: “Cristo está en la Cruz y nosotras al reverso”,
que con predilección nos ha tocado ese lugar. Luego pasamos a la pieza del
teléfono y a una por una nos fue llamando y dando la bendición, decía: “La última

48
Una población que está muy cerca de Puruándiro, Mich.
49
Morelia, 6 de noviembre de 1988
83
bendición, porque no nos volveremos a ver en este mundo”. A mí me dijo
tocándome la cabeza con mucho sacrificio: “No se le olvide a mi Hermana la
chaparrita, que debe de ser siempre lo mejor y decirle a Jesús siempre sí. Sea
obediente, no se canse nunca de la cruz”. Con qué amor nos daba la bendición y
posaba su mano sobre la cabeza, y pasaba otra. Por último, nos dio la bendición
a todas y le dijo a la Superiora que tuviera mucho cuidado de aquellas almas que
el Sagrado Corazón le había confiado. Fueron sus últimas palabras para nosotras.

MADRE MARGARITA LÓPEZ, LÓPEZ:

¡Qué regocijo para la fiesta del Sagrado Corazón! ¡Era una cosa notable! Ya un
mes antes Nuestra Madre Josefina nos decía: “¿Qué es lo que esperamos?, ¿qué
esperan? Unas atinábamos, otras no y decíamos: ¡La fiesta del Sagrado Corazón!
A cada una nos preguntaba qué estábamos esperando en nuestro interior. Luego,
ya en la fiesta del Sagrado Corazón, andaba contentísima, y todas; decía que un
ramillete de toda la comunidad le había presentado al Sagrado Corazón de Jesús
y luego, en la comida, feliz, contenta andaba. Ella siempre tenía una costumbre,
poquito antes de las doce, iba a la cocina a ver cómo estaba. La Madre Lorenza
también iba a la cocina a ver cómo estaba la comida de sazón; eso era diario, yo
siempre lo veía. Cuando se ponía a labrar el pan que ya habíamos amasado las
Novicias, ¡Ay! Se ponía, pero contenta, contenta; hubo quién nos dijera que eran
los dolores, porque ya había venido de que la habían radiado, después nos platicó
la Madre Dolores que eso fue, los dolores y que así los pasaba sonriente. Para la
fiesta del Sagrado Corazón, le hablaron con tiempo a la Madre Teófila, para que
preparara todas las apariciones de la virgen de Guadalupe con los niños, sólo los
niños y las aspirantes eran los que podían representar algo, ya para el día de
Santa Margarita y Santa Teresita del Niño Jesús ya dio permiso a las Postulantes
y Novicias para hacer su fiesta: poesías, sainete, cantos… El día del Sagrado
Corazón, empezaba como siempre: el levanto, las mañanitas al Sagrado Corazón
y entrábamos, como ahora, con la flor y de rodillas, luego seguía la Meditación y
entonces sí se quedaban todas, hasta las Aspirantes, luego la Misa, seguía el
desayuno con recreo todo el día y un abrazo todas felicitándonos, y a seguir
preparando la fiesta, que a veces había, a veces no; muy fervorosa ella, nos
comunicaba su fervor y muchas veces pasaba junto a nosotras y nos decía una
jaculatoria, nos enseñó así, nos decía: “Gloria al Sagrado Corazón; reine el
Sagrado Corazón en nuestros corazones; reine en los corazones que menos se
acuerdan de Él”.

84
Nuestra Madre Josefina iba al lavadero a ver a todas las que estábamos lavando
y veía las tinas grandes de los uniformes de los niños y la ropa de las Hermanas y
nos veía a todas con una expresión de mucha amabilidad, de santa, y luego volvía
con unas galletitas y dulces y nos llamaba, nos subíamos, porque los lavaderos
estaban bajando unas graditas, y nos daba, y nos decía: “¿Ya se cansó?” Le
decíamos: No, Madre, estamos bien. Yo ya sabía desde Postulante que no
debíamos decir que estábamos cansadas; pero un día sí se me salió en el
lavadero, decirle a la Madre Luisa María que ahora sí nos habíamos cansado y
después me llamó la atención a solas y tuve que pedir dispensa a todas. Dije La
Culpa. Los miércoles decía uno La Culpa en el comedor

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:

Cuando a mí me tocó el lavadero, me tocó sola. Éramos catorce Hermanas y


veintiocho niños, entonces muy pobres. En una tina poníamos agua con ceniza y
cuando se asentaba el agua, nos servía para desinfectar la ropa. Trabajábamos
en la huerta, principalmente en la flor; eso sí, comíamos mucha fruta. Los Ibarrola
sí ayudaban mucho. Yo llegué a acompañar a Nuestra Madre Josefina a una
tienda “El Moro” y ahí le daban un kilo de sal y la tuvieron parada los empleados,
hasta que llegó el dueño, se fijó y ordenó que la atendieran y le pidió disculpas.
Luego fuimos a las tienditas de enfrente, ahí no le dieron nada, ella hizo una
caravana, diciendo: “Para otro día, señor”. Le daban a veces retazos de carne y
huesos

MADRE VICTORIA REYES HERRERA:

Una vez tomé un vaso que estaba con agua hirviendo y le saqué las manos porque
estaba muy caliente y Nuestra Madre Josefina lo tomó con toda calma y lo dejó
en el pretil sin nada en las manos. Una vez que ponen un sartén en la lumbre con
no sé cuántas cosas para pintar el recibidor y que se incendia todo; tomó el sartén
y lo aventó para afuera y se quemó las manos; pero no se quejaba. Se le veía
mucho dominio de sí misma, siempre, siempre, paciente, de carácter muy
sereno, jalisciense, de nosotras muy estimada. La estimaba mucho una familia
que parece que era de Huetamo, Luisita Vélez visitaba la casa con frecuencia, a
veces le ayudaba porque nos estaban dando el arroz con sal, y cuando no había
arroz, nos daban durazno cocido sin azúcar y ella mandó un costal de piloncillo.
También el Padre Manuel Muñoz nos visitaba, cuando celebraban ahí la Semana
Santa, después alabó a Nuestra Madre Josefina y decía que así tenía que ser con
85
todos los Sacerdotes, que se veía que ella tenía presente la dignidad del
Sacerdote, porque había partes a donde iban y para el Señor Arzobispo era una
comida especial y para los Sacerdotes otra, y aquí, como si estuviéramos en
nuestra casa.

El Padre Félix de Jesús Rougier también iba y nos sacaban a todas a saludarlo,
también nos sacaban cuando iba el Señor Obispo Luis María Martínez, daban un
toque. La señora Conchita Cabrera de Armida también la visitaba a Nuestra
Madre Josefina.

Una vez yo iba en la fila y que oigo que cantaba un pajarito, me salí de la fila para
oírlo y ahí me estuve un rato hasta que cantó y luego ya llegué al Trisagio, no me
dijeron nada; pero después, la Madre Luisa María le dijo a Nuestra Madre
Josefina: ¿No sabe, Madre, que a la Hermanita Victoria le gustan los pajaritos?
yo creo que va a ser pajarito, y Nuestra Madre Josefina dijo : “Qué bueno que le
gusten los pajaritos, también a mí me encantan, que se lleve la jaula a ver si lo
puede coger y ya lo dejamos aquí para que les cante”. Así me tuvieron ocho días,
yo cogía la jaula y me iba a la huerta y luego me ponía a cantar esa que dice: “Ya
lo saben que soy pajarera…” Era castigo; pero no lo sentía porque Nuestra Madre
Josefina animaba.

A la Madre Ana María, le impuso un castigo Nuestra Madre Josefina; estaba en


Coeneo, iba a hacer su Profesión, la mandaron a la cocina y un día la sacaron y le
dijeron: Se va a poner el crucifijo con cinta,50 y ya no la dejaron ir, la tuvieron ahí
todo el año.

Para el día doce de diciembre, nos sacaban a los balcones para que viéramos el
castillo, la gente y todo; entonces compraban cañas y cacahuates y comíamos;
sólo la costumbre de los buñuelos el día 28, la traían ya de Guadalajara. Lo mismo
la Hora Santa, la Adoración el Jueves Santo, así lo había dispuesto Nuestro Padre
Fundador. Nos platicaban con qué cariño las trataba Nuestra Madre Isaura,
nuestra Fundadora, que a la que veía que le iba a tocar a media noche o en la
madrugada, les decía: “Salen bien abrigaditas para que no se vayan a enfermar”.
Lo mismo, el Retiro ya lo traían y que no habláramos, hasta el Domingo de
Resurrección.

50
El crucifijo con cinta y no cadena de plata, significaba que iba a ser coadjutora, dedicada principalmente a los
trabajos d casa, no de Maestra. Esta costumbre era en todas las Congregaciones del mundo; pero el Concilio
Vaticano II suprimió esta costumbre.
86
MADRE VICTORIA REYES HERRERA:

Yo era ayudante de la Capilla; la Madre Luisa María era la Sacristana, entonces


nos dijeron que fuéramos a recibir todos los ornamentos, porque habían llegado
para celebrar lo del Jueves Santo, toda la Ceremonia, como si hubiera sido una
Catedral, la presidió el Excmo. Señor Luis María Martínez. Ya había pasado la
Ceremonia, cuando empezó el timbre de alarma y los Padres que apenas habían
acabado de comer, fueron a esconderse por todos lados, y nosotras con los
ornamentos llevándolos para la casa de Getsemaní. Esa vez, cuando se fueron los
hombres, salieron y los estaban viendo de la loma, como no había casas, apenas
el Templo de María Auxiliadora y el Colegio. Después volvieron los del Gobierno;
andaban viendo cómo tapar la puerta de la casa Nuestra Madre Josefina y la
Madre Dolores Rodríguez, cuando le dice la Madre Dolores: ¡Mire! Ya andaban
en la azotea. Ya habían cambiado Capilla y todo para allá, entonces se llevaron
todo lo que quisieron, se llevaron una pieza de lino, sólo de la Santísima Virgen
no supieron que su collar era de puras perlas finas, de las que la Madre Dolores
ocupó unas para el Sagrario, que ese collar se lo había dado Nuestro Padre para
la Inmaculada que está en la Capilla. La Madre Dolores Rodríguez nos dijo esto.

MADRE TERESA HERNÁNDEZ OLALDE:

Yo me acuerdo que nuestro desayuno era una tacita de café, mitad agua y mitad
de leche, una rebanada de pan del que se hacía ahí, de dulce y otro de sal, un
plato de frijoles más caldito que frijoles y cuatro tortillas; esto era en la mañana
y trabajar todo el día. A medio día nos daban caldo de unos huesos que nos
regalaban y con algo de carne que compraban y la juntaban de dos o tres días y
ya nos daban la carne, el caldo sí, todos los días, luego nuestra sopa dorada en el
comal, se freía el recaudo y se hervía con la pasta, y fruta eso sí harta, porque
había mucha fruta en la huerta; era el tiempo de Nuestra Madre Josefina y la
pobreza se debía a que había muerto Nuestro Padre Fundador; tiempos difíciles;
Nuestra Madre Isaura muerta; la Persecución Religiosa encima y la Revolución
encima; ¿cómo le harían? Yo no sé. La Revolución empezó el 20 de noviembre de
1910 con Madero. Triunfó Madero y lo subieron a la Presidencia. Lo derrocaron
y entonces subió Huerta, el que derrocó a Madero, lo subieron y lo bajaron y
subía otro y así estuvimos. En 1914 empezó la Revolución de Carranza, la empezó
en Saltillo, allá estaba mi papá, por eso supe. El Sábado de Gloria, a la hora de
abrir la Gloria, él comenzó la Revolución. Triunfó Carranza; pero con Revolución
87
y con Persecución. Me acuerdo de una viejecita, estaba lleno, lleno de soldados,
de tropas, y una viejecita con su bordón decía: ¡Carranclanes estos
sinvergüenzas! ¿De dónde saldrían ustedes? –Adivine, mujer, de dónde salimos.
Yo creo que ustedes salieron del infierno. –Exactamente, de allá salimos se quedó
en compostura y por eso andamos acá. Todos esos años fue de Revolución, cómo
no habíamos de estar pobres. En 1914 yo todavía no estaba en el Orfanatorio, yo
llegué en 1921.

MADRE ANA MARÍA MALDONADO LEDESMA:

En 1928 nos repartieron, nos mandaron a nuestra casa, Nuestra Madre Josefina.
Yo no me quise ir a Puruándiro, me fui a Janamuato con mis tíos, porque a mí no
me convenía irme a Puruándiro. Mis tías eran Matilde y Esther Maldonado,
hermanas de mi papá. Las Madres Lupita y Chole no se fueron, a ellas las dejaron
aquí, yo sí me fui y la Madre Isaura y Avelina.

TESTIMONIO DE LA MADRRE ISAURA MALDONADO


CASA CENTRAL. MORELIA. 1996.

Para confeccionar los nuevos hábitos, nos repartieron muy bien el trabajo: una,
las esclavinas; otra, los cordones; otra los cuellitos el filito blanco; otra los velos
en triángulo. El velo anterior era redondo, caía en el pecho, cerrado, de una pieza
y nada más metía uno la cabeza. El retrato que hay de Nuestra Madre Josefina,
existe porque se lo pidieron en México antes de ser operada. El nuevo hábito del
cuellito blanco se estrenó el 12 de diciembre de 1931. Se organizó una fiesta muy
bien, dramatizando las Apariciones de la Virgen de Guadalupe, con los niños y
Postulantes. Las Hermanas del Coro, ensayaron las mañanitas y la Misa, para la
Procesión por las Posas, y Nuestra Madre muy complacida, aparentemente bien
recuperada; pero este alivio le duró más o menos un año; después, tuvo que
postrarse a esperar su partida de este mundo, que fue el 12 de julio de 1933,
exactamente terminaba su último año de su gobierno, porque el Capítulo
anterior fue en 1927. Estando esta vez postrada, fue cuando llegaron los del
Gobierno al Orfanatorio, cuando inventariaron todo y ella ya no pudo atenderlos;
fue la Madre Luisa María la que tuvo que hacer frente, porque era entonces la
Vicaria; por eso nos fuimos con el pendiente de ella, y volvíamos cada semana a
verla, nos salíamos para que no vieran a muchas. Ella iba decayendo poco a poco;
yo la velé la última noche hasta media noche; nos suplieron y a poco nos fueron
a hablar que ya había muerto. En todo ese tiempo, el Padre Capellán, que la
88
estimaba mucho, se quedaba ahí a dormir para cuando se ofreciera ayudarle a
bien morir, se le habló luego, luego. El Capellán era el Padre José Bárcena Ayala.
Las Hermanas de Coeneo vinieron dos semanas antes de que muriera, les dio la
bendición. Dicen que pocas horas antes de morir, hizo la señal de la cruz,
bendiciendo en distintas direcciones, como bendiciendo a todas las Hermanas
de la casa y a las que estaban lejos. Estaba sólo la casa de Coeneo, porque otras
ya se habían suspendido. En 1930, se fundaron Puruándiro y Zinapécuaro; pero
en 1933 ya estábamos todas estudiando en el Orfanatorio. Como uno de los
obstáculos para que pudiéramos atender las escuelas era que no teníamos
documentos, porque antes del 30 no se exigía. Entonces ella nos puso a estudiar,
nos buscó profesores y nos llamó a las que ella juzgó que podíamos salir con esa
empresa. No vio nuestra terminación porque ella murió en julio y nuestra
Recepción fue en diciembre. Los Profesores que nos daban clase, eran los de la
Normal que estaba por el Templo de Lourdes, como que eran conocidos, amigos
de ella.51 Al medio día que salían de la Normal, se iban al Orfanatorio a darnos
clase cada tercer día, como a las tres de la tarde. Ese grupo lo componíamos: la
Madre Luisa María, Teófila, Josefina, Ángela, Micaela, Victoria y yo Isaura
Maldonado. Recibimos unos Diplomas de parte de la Normal. Ese Diploma lo
entregamos cuando empezamos de nuevo en el Instituto de Capacitación del
Magisterio. Esos títulos eran para Escuela Rural. Nuestra Madre Josefina hubiera
estado muy complacida en vernos terminar; pero ya no le tocó. Estaba muy al
pendiente de que estuviéramos ahí a tiempo, de proveernos de útiles. Ella misma
anduvo contratando a los Maestros.52

OTRO TESTIMONIO DE LA MADRE MARÍA DE LA LUZ PINEDA ZARAGOZA:

“Nuestra Madre Josefina repetía mucho: “La letra mata y el espíritu vivifica”,
cuando nos hablaba de que las exigencias se hicieran a un lado cuando la caridad,
la comprensión, la misericordia pedían otra cosa, y esto, a pesar de que ella era
muy exigente. Así era Nuestra Madre Josefina; pero diario se lo pedía a Dios con
esta oración que ella compuso: “Te pido, oh Divino corazón, una desmedida
confianza en ti; celo, prudencia, talento, un corazón de madre; el don de gobierno;
acierto en los negocios; caridad, el don de la palabra, la gracia de convencer los
entendimientos y mover las voluntades; de discernir los espíritus y de edificar al

51
Donde era el Instituto Científico del Sagrado Corazón de Jesús, que fundó Nuestro Padre Fundador, Ahora la
Normal Urbana.
52
MADRE ISAURA MALDONADO LEDESMA. Casa Central. Morelia, Mich., 1996.
89
prójimo por medio de la dulzura; en suma, te ruego me hagas un digno
instrumento para tu gloria y la inmensa dicha de gozarte en el cielo”.

Nuestra Madre Josefina nos daba siempre buen ejemplo en todo. La recuerdo
que siempre andaba con sus manos recogidas; nunca la vi disgustada; nos
infundió mucho la conformidad con la voluntad de Dios, la humildad, la vida de
sacrificio; no le gustaban los chismes; era muy comprensiva con las Hermanas; la
alimentación era buena y suficiente; indicaba que los jueves y los domingos se
hiciera algún platillo especial, como enchiladas o algún postre. Era muy alegre, le
gustaba mucho el silencio. Decían las Hermanas que conocieron a Nuestra Madre
Isaura, que no se notaba mucho la diferencia entre ella y Nuestra Madre Josefina,
porque se veía que había asimilado muy bien su espíritu, la forma de conducción
de la casa con todos sus asuntos, el estilo de formación a las Hermanas y a los
niños, y el trato hospitalario, amable y educado que daba a todas las personas
que se acercaban al Orfanatorio, principalmente a los Sacerdotes, sin distinción
de edades o categorías, pues al más humilde y joven Sacerdote, daba el mismo
trato que a un Obispo, porque decía que todos, por su investidura sacerdotal,
representaban a Cristo Jesús. La discípula fiel de Nuestra Madre Isaura, se había
convertido en Maestra de otras generaciones, que a su vez recibirían la
responsabilidad de transmitir esos mismos sentimientos y actitudes, que no eran
sino un destello humilde pero luminoso, de los sentimientos y actitudes del
Corazón de Jesús”.

ESCRITO DE LA MADRE DOLORES RODRÍGUEZ, SOBRE NUESTRA MADRE


JOSEFINA.
Tomado del Archivo Privado de la Casa Central, de la Calle Luis Moya n° 150.

En 1913, que ya empezó a saberse algo de la Revolución Mexicana más de cerca,


N. R. Madre Josefina mandó tapar las rejas del cancel, para evitar la entrada
fácilmente, y poner de madera una especie de cuarto que impedía la vista libre a
toda la casa. Esto sirvió mucho cuando las Salesas estuvieron en casa en 1914,
para estar seguras que no las veían las personas que llegaban de visita, teniendo
su refectorio en el corredor. Tenían su recreo en otra parte del corredor, y nadie
las veía. Permanecieron en casa 48 Religiosas de La Visitación, cuatro meses.
Todas se acomodaron para sus oficinas lo mejor que pudieron, en la parte baja
de la huerta, sólo en la noche se iban a dormir a la casa de la Sra. Estrada que
vivía cerca, 8 Hermanas.

90
En 1914 Nuestra Reverenda Madre Josefina mandó poner en un tramo del
corredor, una división de madera para que sirviera de Refectorio a las Hermanitas
que estaban incómodas, pero no había más remedio, había necesidad de
acomodarnos allí; a la Hermanita Ana Hernández, que era gruesa, le daba trabajo,
se le caía el pan hasta el cuarto del carbón. Cuando llovía, los niños tenían que
pasar por en medio del comedor improvisado, pues estaba la escalera para bajar
al departamento de abajo, después ya arregló Nuestra Madre Josefina que la
ropería de niños fuera abajo, donde era la despensa y el comedor de niños en
esa pieza y el comedor de Hermanitas, en donde era antes el comedor de niños.
La despensa se hizo en seguida de las cocinas. Así, poco a poco, se fue arreglando
lo mejor que se podía.

Como Nuestra Reverenda Madre fue quitando la costumbre de que pasaran las
señoras a toda la casa, algunas se disgustaron y disminuyó la limosna, sólo a la
huerta pasaban las muy de confianza.

N. Rvda. Madre se vio precisada a salir a pedir limosna, se llevaba dos niños con
unas canastas para recoger lo que buenamente le daban en la plaza, y dinerito
en las casas o tiendas. Me platicó un señor que trabajaba en las Oficinas de la
Secretaría del Arzobispado, que él la conoció porque iba a la ferretería a pedir
limosna, y él decía: Esta Madrecita se ha de parecer a Sor Catalina Labouré; la
veía tan humilde.

La primera vez que salió a pedir, primero se fue a llorar con Nuestro Señor, era
cosa que no había hecho nunca y fue lo que más le costó en la vida religiosa.
Pasamos muchas pobrezas; pero como todas trabajábamos unidas, no lo
sentíamos tanto.

Nuestra Madre Josefina era la primera en el trabajo, en el taller de las estatuas


que hacíamos de todos los tamaños y Niños Dios de yeso, tomando por modelo
el que todavía existe en la Casa Central; de ese tomaron el molde.

Este año de 1914, se llevaron al Excmo. Señor Ruiz y Flores al destierro, y una
sobrina de él se enfermó del cerebro y la llevaron a la Casa del Orfanatorio para
que la cuidaran y Nuestra Reverenda Madre Josefina dedicada estaba a cuidarla.
Incontables actos de paciencia y caridad tuvo qué hacer con ella, hasta que por
fin la llevaron a un Sanatorio de Querétaro con unas Religiosas. Allí ejercitó N. R.

91
Madre Josefina, toda su energía y suavidad, que eran las principales virtudes que
la caracterizaban.

En octubre de ese mismo año, vinieron las Madres de la Visitación (Salesas) a vivir
aquí con nosotras. Estaban todas repartidas de tres en tres en las casas y en la
casa de la señora Menocal de Estrada, estaban la Superiora y la Asistente y
Ecónoma. A Nuestra Reverenda Madre le dio lástima verlas salir al Santuario a
Misa, siendo de clausura, las invitó para que vinieran a la Santa Misa a nuestro
Oratorio y como iba a ser Viernes Primero, las invitó al Retiro. Ese mismo día
fueron a visitarnos, vieron toda la casa y se les ocurrió que si les prestaban una
pieza para no tener que salir a la calle; Nuestra R. Madre les dijo que lo que dijera
el Señor Canónigo Laurel; ese mismo día arreglaron, el Señor dijo que sí.

Luego nos pusimos a desocupar los dormitorios de arriba, nosotras y los niños,
para irnos abajo, que había dos salones. Aún no habíamos acabado de desocupar,
cuando ya estaban unas de las Hermanitas de velo blanco para ayudar a
desocupar. Esa misma noche se instalaron ocho; pasamos el día muy felices ellas
y nosotras. Tan luego como supieron las otras Hermanas que estaban en el
Orfanatorio, pedían por medio de cartas y recados que se querían venir también,
aunque estaban en casas de las principales familias. Se les decía que no cabían;
pero ellas dijeron que aunque durmieran en el suelo querían estar juntas todas.
La Madre Bermejillo las fue trayendo y a los quince días ya estaban todas; tenían
las camas tan juntas, que subían por los pies. Estuvimos desde el primer viernes
de octubre, hasta el 15 de febrero. Ellas se hicieron cargo de los gastos de Capilla,
cera, vino, aceite, Capellán, estaban muy agradecidas con Nuestra Reverenda
Madre Josefina, y con todas; estuvimos muy contentas, ellas seguían su
reglamento y nosotras el nuestro.53

A la hora del recreo, una de ellas se venía con nosotras a recreo, era la Madre
María de Chantal, era la Procuradora. Y los días de fiesta y domingos, íbamos
todas a recreo con ellas, sólo una se quedaba con los niños, turnándose, pues
íbamos a los dos recreos.

Les devolvieron su casa por unos meses. Cuando se fueron, las sentimos mucho
y lo mismo ellas. Fuimos a su casa antes que se cerrara la clausura, anduvimos

53
También por gratitud donaron a nuestro Instituto los santos Peregrinos que todas hemos conocido y usados,
aunque no siempre, cuando se piden las Posadas en la Novena de Navidad. Este misterio de “los Peregrinos”,
tienen por lo menos tres siglos de antigüedad.
92
toda la casa. Por fin, se la quitaron y las desterraron. Una noche la Madre Elena,
que era la Asistente, les decía que mejor se fueran para España y la Madre
Superiora dijo: “Cuando yo me muera, se van”. Lo dijo delante del Señor Vicario
de ellas, el Señor Luna y Menocal y así fue; el día que murió la Madre, estando
tendida, fueron a llevarles el Oficio de destierro; les dijo la Hermana Asistente
que vieran que estaba tendida la Superiora, que les hicieran favor de esperar y
saldrían.

En 1915, viendo Nuestra Reverenda Madre Josefina que el negocio de las


estatuas ya no daba resultado por la Persecución Religiosa, resolvió que se
cultivaran flores; en esto nos ayudaron mucho los Hermanos de las Escuelas
Cristianas llamados también Lasallistas;54 nos visitaban y daban algunas
instrucciones para el cultivo; nos regalaban plantas, semillas, y Nuestra
Reverenda Madre encargó a Estados Unidos, plantas de rosales, escogiendo de
lo mejor, y comenzamos a hacernos de entregos que llevaba un mozo, de cuatro
a cinco entre semana, a distintas personas que apreciaban las flores del
Orfanatorio. Había variedad de rosales, jazmines de cinco distintos y crisantemos
de varias formas y colores. Hacíamos ramos por los que nos daban hasta diez
pesos, sobre todo en días de santos conocidos, para cuelgas y regalos acudían al
Orfanatorio. Con esto nos ayudábamos para los gastos de cosas extraordinarias.
En una ocasión, se mandaron hacer las sillas del Orfanatorio. No es posible poner
en pocas líneas el trabajo que teníamos con las flores y Nuestra Reverenda
Madre, la primera en el trabajo de las flores para hacer los ramos, pues tenía muy
buen gusto.

En 1919, el Excmo. Sr. Ruiz y Flores volvió del destierro el mes de septiembre; ese
mismo día, cuando fue al Santuario, de regreso llegó a visitarnos, muy agradecido
por el cuidado que se le había tenido a su sobrina enferma, pues era la que le
hacía pie de casa.

El día primero de octubre fue Nuestra Madre Josefina a hablarle al Sr. Ruiz y
Flores de nuestra Congregación y arregló que las Hermanitas que estaban en
espera desde hacía doce años, hicieran su Profesión. Eran las Hermanitas Lorenza
Barriga, Soledad y María Guadalupe Maldonado. Las Hermanitas que iban a hacer
sus Votos Perpetuos el día 16 de octubre de 1919, entramos al Retiro de tres días
pues en agosto habíamos practicado nuestros Ejercicios. Este Retiro lo dio el
Rvdo. Padre Andrés Campo, de la Compañía de Jesús.
5454
Los que trajo Nuestro Padre Fu dador para hacerse cargo del “Instituto Científico del Sagrado Corazón”.
93
Por fin llegó aquel día tan deseado. Arreglamos la Capilla lo mejor que pudimos
y a las siete llegó el Señor Ruiz y Flores. Nos habló a todas antes de la Santa Misa
a cada una en particular.

Hicieron sus Votos Perpetuos:


Madre Margarita Cabrera.
Madre Dolores Rodríguez.
Hermanita Delfina Quiñones.
Hermanita Carmen Solórzano.
La Primera Profesión:
La Hermanita Lorenza Barriga.
Hermanita soledad Maldonado.
Hermanita Guadalupe Maldonado.

El Señor Ruiz y Flores nos dio una plática muy bonita, aludiendo a la espera tan
grande.

Ese día dijo el Excmo. Señor Arzobispo, que ya quedaba abierto el Noviciado que
por tanto tiempo estaba esperando. Ese día fue de gran regocijo para nuestra
amada Congregación. Tuvimos Exposición todo el día y recreo. Todas estas
impresiones son más para sentirse que para decirse.

Cuando la Profesión de las Hermanitas de 1922, el Excmo. Señor Arzobispo le


habló a Nuestra Reverenda Madre Josefina, de tres Religiosas de las Oblatas, (de
La Visitación) que se quedaron cuando las desterraron. Se quedaron por ser
mexicanas. Naturalmente, Nuestra Reverenda Madre lo pensó mucho e hicimos
oraciones especiales, pues tres Religiosas de otra Comunidad debían traer sus
inconvenientes; pero sucedió que sólo una se resolvió a venir y fue la sobrina del
Señor Ruiz y Flores. El 2 de enero de 1923, él mismo vino a traerla, como un
padre, él mismo llevaba el beliz y con su semblante tan cariñoso nos saludó; lo
saludamos, todas lo saludamos con cariño, y lástima con la señorita, por la
injusticia que se le hizo en la Comunidad donde estaba; después de esperar seis
años, le escribieron que estaba libre, que podía hacer lo que gustara, así que la
señorita Concepción Garduño entró el 2 de enero de 1923 o Madre Luisa María
Garduño Chávez.

94
Nuestra Madre Josefina pidió al Excmo. Sr. Arzobispo, que ya era tiempo de que
se cambiara de Superiora General, y el Excmo. Señor dijo: “Vamos al Oratorio.
Estaba expuesto el Santísimo por la salida de Ejercicios, y dijo que se preparara
un platito con frijol blanco y otro con negro y una mesita; entramos sólo las de
Votos Perpetuos. Después que rezó el Excmo. Señor, él mismo se acercó a
nosotras; en una mano llevaba el plato de frijol blanco y en otra el negro, cada
una fue sacando el que quiso; cuando ya todas teníamos el frijol, pasó el Excmo.
Señor a recogerlos, luego los contó y dijo: “La Madre Josefina salió electa para
Superiora General”. Ella nada más se inclinó en señal de que aceptaba el Cargo.
El Señor nada nos había explicado lo que iba a hacer, sólo él lo sabía.
Así es que quedó el mismo Gobierno:
Nuestra Madre Josefina, Superiora General.
Segunda y Maestra de Novicias, la Hermanita Margarita del Sagrado Corazón
Cabrera.
La Hermanita María de los Dolores Ríos, Ecónoma General.

El año de 1923, nos invitó el Sr. Cura de Capula, D. Santiago Hernández, a que
lleváramos a los niños de paseo. Fue Nuestra Reverenda Madre Josefina y la
Hermanita Lorenza del Sagrado Corazón Barriga. Nos levantamos a las cuatro de
la mañana. El Padre Capellán dijo la Misa muy temprano, desayunamos y nos
fuimos. En La Quemada, encontramos que venían los burros, los arreglaron, de a
cuatro para los más chicos, en cada burro una silla al revés, y los grandes, de a
tres. A Nuestra Reverenda Madre le proporcionaron un burro muy manso, y
cuando llega el turno de que montara la Hermanita Lorenza, como era grande y
robusta, el pobre animal, luego que sintió el peso, dobló las patas y se echó;
esperó hasta que trajeron otro que pudiera con la carga, el camino era pesado:
Llegamos a las once. Era el mes de abril. Al griterío de los niños, que sólo a gritos
platican, salían las personas de sus casas o de detrás de las cercas. Por la noche
nos dieron serenata, tocaron muy bien una pieza que le gustó mucho a Nuestra
Madre Josefina; le pusimos “La Capula”, y gozamos de vernos entre aquella gente
sencilla y obsequiosa. Estuvimos cinco días, uno, nos llevaron a día de campo a
un cerro donde hallamos enramada de encinos y pinos, que formaban como un
corredor. Allí pasamos el día. Como a las cuatro, llovió y en un río que ya no tiene
agua, había unas peñas muy grandes. Con la lluvia reverdeció el musgo y era una
cosa encantadora: Los niños se pusieron a recoger la flor de piedra. Llegamos a
la casa a las ocho.

95
El Señor Cura estaba contento, todo se le iba en hacer regalos a los niños. Al
venirse, se trajeron a la Hermanita Soledad y se quedó la Hermanita Lorenza pues
estaba mala de las muelas, la trajeron el domingo siguiente, la mandó el Señor
Cura.

El 11, once de febrero de 1926, a las nueve de la mañana, se presentaros seis


hombres del Gobierno, con la orden de que inmediatamente salieran todas las
Religiosas y la primera la Superiora, y Nuestra Madre Josefina se puso viva y dijo
que la Hermanita Luisa María era la Superiora, ella N.M. Josefina fue a casa de
unas personas conocidas de la Calzada, luego que se dieron cuenta vinieron
muchas personas bienhechoras del Orfanatorio y se llevaban de a dos
Hermanitas a sus casas. En la Calzada, todas las familias tenían Hermanitas en su
casa; pero a las once que llegaron a ver si estaba ya desocupada, había tantas
personas sobre todo jóvenes, que decían en voz alta: “Pero señor Carreño, ¿cómo
quiere Ud. que una casa que tiene 25 años de fundada se desocupe en tres horas?
Deles más tiempo”. Naturalmente les dio pena que les dijeran eso las señoritas.

Luego, Nuestra Reverenda Madre Josefina, con su acostumbrada bondad y


amabilidad, consiguió que hasta otro día, a las doce, les entregáramos la casa.
Les ofreció desayuno, fruta, agua fresca y con esto los amansó, dijeron que en
ninguna parte los habían recibido así de bien, y esto sirvió para que nos dejaran
sacar todo y con calma. A las Hijas de Jesús, que vivían en seguida, sólo una calle
de por medio, les sacaron todas las cosas a la calle.

La señora Tiburcia, mamá del Padre Cárdenas, que en ese tiempo todavía estaba
estudiando, muy chico, se llevó a las Novicias y Postulantes a la casa donde vivían
en la loma, casa chica. En casa de D. Carmen Galván era donde cabíamos más, allí
tomábamos los alimentos las Hermanitas que veníamos de las tres casas. A la
hora de irnos, algunas veces estaba lloviendo y así se iba, también Nuestra Madre
Josefina; eso nos dolía, verla salir mojándose; pero sólo allí teníamos al
Santísimo, por eso acudíamos todas, no estaba lejos.

Nuestra Reverenda Madre Josefina trabajaba de día y de noche se puede decir,


para que nos entregaran la Casa, el Licenciado encargado estaba bien dispuesto
para ayudarla, y nos la entregaron. Qué sentiríamos que algunas veces, cuando
íbamos al Orfanatorio, ver que se llevaban los cuadros de miel envueltos en
papel. Teníamos apiario de 33 cajas bien cultivadas, producían mucha miel y cera.
Todo fue pérdida. Todos los días entre todas las Hermanitas aseábamos la casa,
96
pues había crecido el zacate y había mucha basura de los árboles. Para el 29 de
San Miguel, fue la primera Misa que celebró el Padre Iriarte, en la casa contigua
que fue donde pusimos el Oratorio; a las seis celebraba. Para entrar, se disfrazaba
y no entraba por la casa del Orfanatorio, porque teníamos espías enfrente, en el
Jardín.

En 1927, en noviembre, fue el primer Capítulo según las nuevas Constituciones.


Fue elegida por última vez, Nuestra Madre Josefina del Sagrado Corazón
Contreras. Vicaria General, Ángela Ibáñez; Margarita Cabrera; Dolores Rodríguez;
Josefina Yosa. Maestra de Novicias y Secretaria, Luisa María Garduño.

En 1928 siguió la Persecución a los Sacerdotes. En ese tiempo estuvo el Padre


Iriarte en el Orfanatorio escondido dos meses, mayo y junio. El Excmo. Sr. Luis
María Martínez le preguntó al Padre Iriarte si la Madre Josefina tendría miedo
que se hicieran los Oficios de Semana Santa en el Orfanatorio. El Padre le
preguntó a Nuestra Reverenda Madre y ella dijo que no tenía miedo y en seguida
nos pusimos a asear toda la casa.

Nuestra Reverenda Madre, con su acostumbrada bondad, contestó a la tarjeta


que le mandó el Excmo. Sr. Luis María Martínez, que estábamos a sus órdenes.
Teníamos que arreglar seis camas.

El Excmo. Señor Martínez le dijo a Nuestra Reverenda Madre Josefina: “¿Por qué
no me aprovechan que les predique o que las confiese?”. Nuestra Reverenda
Madre nos había dicho que no molestáramos al Señor; pero luego que él se
ofreció, le sobró trabajo.

OTROS DATOS BIOGRÁFICOS DE LA RVDA. MADRE JOSEFINA CONTRERAS,


PRIMERA SUPERIORA GENERAL DE LA CONGREGACIÓN DE HERMANAS DEL
SAGRADO CORAZÓN Y DE LOS POBRES.

De la Madre Josefina sólo se sabe que era originaria de ciudad Guzmán, del
Estado de Jalisco, México. Que hizo su primera Profesión, precisamente el día de
la fundación del Instituto, y que fue una de las compañeras de la Madre Isaura al
venirse de Colima a Morelia.

Dado su carácter dinámico, su buena salud y espíritu de servicio, ayudó mucho


en la organización del Orfanatorio, y cuando empezaron a llegar vocaciones, fue
97
nombrada Maestra de Novicias. De ellas aún viven dos y afirman que de verdad
les servía de modelo en todas las virtudes; era muy sencilla en su porte, en sus
modales y palabras, decía con frecuencia: “Quisiera escribir en toda la casa:
Sencillez, sencillez”.

Al morir la Madre Fundadora, por disposición del Sr. Arzobispo D. Leopoldo Ruiz
y Flores, sucesor de Mons. Silva, asumió ella el cargo de Superiora General. Su
actitud maternal y de servicio y olvido de sí misma en la manera de gobernar,
siguiendo en lo posible los lineamientos de la Madre Fundadora, mitigaron en
mucho la pena de la orfandad; así lo han afirmado las Hermanas de este tiempo.

Por lo demás, le tocó a la Madre Josefina una época sumamente difícil. La


prematura muerte de los Fundadores, hacía sentir en la naciente Institución, la
inseguridad de subsistir; fuera del convento, el ambiente saturado de rumores
de guerra, de levantamientos revolucionarios y lo más grave, el destierro de
Sacerdotes y Obispos, entre los cuales el Señor Ruiz y Flores. Fueron, pues, años
de angustia, de incertidumbre, de suma pobreza, de ausencia de vocaciones y de
tensión de las que iban empezando, de modo que tuvieron que interrumpir el
noviciado por diez años; esto aceptado conscientemente, porque la Madre llegó
a proponer el regreso a sus hogares; pero ninguna desertó, pues tenían plena
confianza en Dios.

La Madre Josefina hizo frente a esa situación con la fortaleza de ánimo y el


abandono en la Providencia que la caracterizaban.

La caridad de la Madre hallaba formas de ayudar a los más necesitados, ningún


pobre que llegara a la puerta era despedido con las manos vacías y cuando
materialmente no había en casa, buscaba personas que los pudieran socorrer.
Sobre todo, fue edificante su caridad cuando la Religiosas extranjeras fueron
despojadas de sus conventos, amablemente acogió en el Orfanatorio a más de
cuarenta Visitandinas y por varios meses, hasta que pudieron arreglar su salida
del País.

Así transcurrieron los años de la Revolución Mexicana, sembrados de actos de


virtud por parte de la Madre y las Hermanas, que heroicamente sostuvieron la
vida de la Congregación, y de gracias y finezas sin cuento del Buen Dios.

98
En 1919 volvió del destierro el Señor Arzobispo Ruiz y Flores y autorizó luego la
profesión de las Novicias y los votos Perpetuos de las Hermanas que estaban en
espera hacía algunos años; él mismo presidió el acto. Al poco tiempo le ordenó a
la Madre Josefina se hiciera un estudio de las Constituciones, lo cual se hizo bajo
la dirección de un Sacerdote Jesuita y fueron muy bien recibidas por la
Comunidad y aprobadas por el Excmo. Sr., en 1921. Desde esa fecha data el
nombre de “Hermanitas del Sagrado Corazón y de los Niños Pobres” que llevó el
Instituto hasta la celebración del Capítulo Especial en el presente año.55

Siguió la época de florecimiento de la Congregación; llegaron más vocaciones y


se fundaron cuatro casas filiales.

Mas el tiempo de bonanza fue muy breve y el cielo de México volvió a


obscurecerse con densos nubarrones, la persecución religiosa se desató con
fuerza por todos los ámbitos de la República; templos y conventos cerraron sus
puertas. Esto vino a poner nuevamente a prueba la virtud de la Madre Josefina,
sobre todo su prudencia y serenidad de ánimo para afrontar cada situación. La
mañana del 18 de febrero de 1926, se presentaron en el Orfanatorio algunos
empleados del gobierno y le intimaron la orden de desocupar la casa,
concediendo unas cuantas horas para entregar las llaves; no había indulgencia ni
apelación, la orden se había dictado para todos los conventos de la ciudad. Fue,
pues, un golpe tremendo para las Hermanas que nunca alteraban el ritmo de su
vida tranquila y observante; en medio del pesar, la fatiga y la zozobra, pasaron el
día recogiendo todo, y llegó el momento de abandonar el dulce Asilo y para la
buena Madre, de ver desintegrada su Comunidad: las novicias, las postulantes y
los niños fueron entregados a sus familias y las profesas repartidas en las casas
de los bienhechores.

La Madre no dejaba de hacer cuantas diligencias parecían oportunas para


recuperar el edificio, y lo consiguió con un permiso provisional de Hacienda; a
fines del mismo año ya pudieron reunirse todas las profesas; a las novicias se les
llamó hasta pasado otro año.

Instaladas de nuevo en el Orfanatorio, la Madre se ocupó en preparar el Capítulo


General, primero que se celebró en la Congregación, y en el cual la votación
unánime resultó a su favor. Con su natural sencillez y humildad volvió a tomar la
cruz y con mayor ahínco promovió el bien de la Institución.
55
Celebrado del 14 de julio al 7 de agosto de 1975.
99
En 1928 la Madre Josefina tuvo el gusto de ver nuevamente integrada la
Comunidad, se recibieron postulantes y niños y la observancia y el trabajo
apostólico marcharon también como antes; en este año ya hubo entradas al
Noviciado y Profesiones. Y aunque la persecución seguía con toda su fuerza, se
tenía en casa toda la atención espiritual, ya por los Sacerdotes que allí se iban a
ocultar, ya por el Obispo Auxiliar Luis María Martínez, que gustaba ocupar la
Capilla del Orfanatorio, con las ceremonias que no podía hacer en Catedral, como
los oficios de Semana Santa y el conferir Órdenes a los Seminaristas que también
andaban repartidos en las Parroquias cercanas a Morelia. Todos eran acogidos
con gran benevolencia y atendidos lo mejor posible; la Madre gozaba
sobremanera en poder prestar ese servicio a la Iglesia y usaba de todas las
medidas de prudencia para evitar que fueran descubiertos.

Por fin cesó en parte la persecución y la Madre Josefina aprovechó la temporada


de relativa paz en atender a dos fundaciones de Zinapécuaro y de Puruándiro,
Michoacán, el año de 1930.

Luego empezó un nuevo estudio de las Constituciones con la debida autorización


del Sr. Martínez, Obispo Auxiliar, pues el Sr. Ruiz y Flores estaba de nuevo en el
destierro. Asesoró esta revisión el R. Padre J. Guadalupe Treviño, Misionero del
Espíritu Santo, y quedaron debidamente arregladas las Constituciones, el
Directorio, (Llamado ahora: Libro de Espiritualidad) el Libro de Costumbres, el
Manual de Oraciones y el Ceremonial. También se reformó el hábito, eligiendo
un modelo sencillo y de buen gusto. La Madre hizo que todo estuviera terminado
y entrara en vigor el 12 de diciembre de 1931, cuarto Centenario de las
Apariciones de la Virgen de Guadalupe.

Estos trabajos de revisión y adaptación, fueron el último servicio que la R. M.


Josefina Contreras hizo a la Congregación a la que gobernó por espacio de
veintiún años.56

Llegó la prueba de la enfermedad a purificar en el crisol del sufrimiento, las


muchas virtudes de la venerable Madre. Desde mayo de 1931, el médico
diagnosticó un tumor canceroso y prescribió intervención quirúrgica con muchas
probabilidades de éxito. Se sometió dócilmente a la operación, pero la mejoría

56
Ya se explicó más arriba quiénes y cómo le ayudaron a Nuestra Madre Josefina a elaborar todos los libros que
formarían los rieles oficiales, aprobados por la Iglesia, por los que caminaría nuestro Instituto.
100
fue sólo un año y volvieron las molestias aún más fuertes; entonces le
prescribieron un tratamiento que le ocasionó nuevos dolores, las quemaduras le
llegaban hasta la cara, y nunca se le oyó una queja.

Cada día los dolores del cáncer iban en aumento, y sin embargo ella no perdió su
apacible sonrisa, ni la serenidad con que siempre recibió lo adverso. He aquí una
estrofa que compuso un año antes y que gustaba repetir:

“De tu hija, mi Dios, escucha el canto


lleno de fe, confianza y alegría,
porque entreveo ya cercano el día
de unirme a Ti, mi celestial encanto”.

En efecto, la enfermedad iba destruyendo rápidamente aquella existencia y


hermoseando cada vez más su alma para disponerla al abrazo eterno. Los auxilios
espirituales no le faltaron, visitas del Señor Obispo Mons. Martínez y de muchos
Sacerdotes amigos. En la fiesta de Pentecostés recibió el Sagrado Viático y la
Extremaunción. Siguió todavía un mes de indecibles padecimientos para la
querida enferma, la víctima debía consumirse lentamente; pero al romper el alba
del 12 de julio se consumó el sacrificio y su alma voló al Seno del Padre, mientras
el Sacerdote rezaba las preces de los agonizantes y la comunidad rodeaba su
lecho. Acaeció su muerte en 1933.57

UN FRAGMENTO PEQUEÑO SOBRE LA VIDA DE N. M. JOSEFINA:

“El sábado 15 de abril de 1933, se principió una Novena a Santa Teresita, pidiendo
la salud de Nuestra muy Reverenda Madre. El lunes 24 del mismo mes, se inició
una Novena a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, pidiendo la salud de Nuestra
muy Reverenda Madre. El domingo 4 de junio de este mismo año, fue el último
día que tuvimos el gusto de pasar el recreo con Nuestra Reverenda Madre. Al
vernos a todas alrededor de su cama, se olvidó de sus agudos dolores y estuvo
muy contenta riendo y platicándonos. El domingo 11 de junio de 1933, fiesta de
la Santísima Trinidad, por la mañana recibió el Sagrado viático Nuestra Reverenda

57
Este documento no tiene firma de la autora. En aquel tiempo ellas tenían la convicción de que, por humildad,
debían vivir en el ocultamiento; pero todo escrito importante o no, debe ser firmado por quien lo hace. Veo que
este testimonio es casi igual al que se titula: Datos Biográficos de N. R. M. Josefina Contreras, Primera Superiora
General de este Instituto de Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres, que se encuentra en las primeras
páginas, del que juzgo también que fue escrito por la Madre María Esperanza Ibarra P. o tal vez hizo una paráfrasis
de un escrito parecido; pero lo dejo por algo que tenga diferente y que sea importante.
101
Madre y en la tarde se le administró la Extremaunción, y el viernes 16
aprovechando los momentos en que cesaban un poco los dolores, fueron
acercándose las Hermanitas a recibir su bendición. El día 20 vino el Excmo. Señor
Luis María Martínez a saludar a Nuestra Madre. También vino el día 29.

El lunes 3 de julio de 1933, se celebró la Misa de Agonizantes por Nuestra Madre.


El miércoles día 5, vino de nuevo el Excmo. Señor Martínez a visitar a Nuestra
Madre.

El miércoles 12 de julio de 1933, a las 5 am, voló a los brazos de su Amado el alma
de Nuestra muy querida Madre Josefina del Sagrado Corazón. Había transcurrido
una hora desde que el Padre Capellán Pbro. José Bárcena y todas las Hermanitas
Profesas, se habían reunido en torno suyo para rezar las preses de los
agonizantes. Después del dulce expirar de su existencia, se amortajó en brazos
de sus hijas, se le condujo a la Capilla e inmediatamente se celebró el Santo
Sacrificio de la Misa. Durante el día estuvo acompañada por algunos Sacerdotes,
gran número de personas y sobre todo por sus amadas hijas, que sólo por grave
causa se alejaban por unos momentos, volviendo presto al lado de su Madre. Así
pasó el día y la noche y a las tres de la mañana del día 13, se colocó en el ataúd
el cuerpo de Nuestra Madre y permaneció en el Oratorio durante la Santa Misa.
A las 9 am, con sentimiento indecible, vimos salir de casa a quien tanto
amábamos. La acompañaron el Padre Capellán, algunas Hermanitas y niños y
otras personas. El viernes 13, a las 8 am, se hicieron solemnes funerales en el
Santuario de Guadalupe por Nuestra Reverenda Madre. Asistió toda la
Comunidad.

El domingo 16 de julio de 1933, antes de Misa, se llevó procesionalmente el


Santísimo, de la pieza en que estaba, al Oratorio. Por la tarde nos visitó el Excmo.
Señor Luis María Martínez, estuvo platicándonos familiarmente, encomiando las
virtudes de Nuestra Madre y exhortándonos a imitarla”.58

DE UN INFORME DADO EL 21 DE NOVIEMBRE DE 1933

La Congregación de Hermanitas del Sagrado Corazón y de los Niños Pobres, desde


el último Capítulo General verificado el 24 de noviembre de 1927 hasta junio del
presente año, fue gobernada por la M. Rvda. y llorada Madre. Procuró
acrecentar, en cuanto estaba de su parte, el número de sus amadas hijas, que
58
Diario. Archivo Histórico de la Casa General.
102
ascendía por entonces a 23 y que actualmente ha llegado a treinta y cinco;
número en verdad pequeño, bajo un punto de vista, pudiera decirse, humano,
pero no así considerando los deseos de Ntra. M. R. Madre de escoger entre 40
vocaciones que se han presentado durante este tiempo, sólo 15 que parece
tenían el espíritu propio de la Congregación, que es el de la sencillez y
ocultamiento, espíritu que, por lo menos, pretendemos todas alcanzar.59

“el domingo, 7 de febrero de 1932, por primera vez se cantó el Trisagio a la


Santísima Trinidad”.60

“El 7 de junio de 1929, Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, se puso en práctica
el Directorio (Libro de Espiritualidad) y Costumbrero de nuestra amada
Congregación”.61

“30 de junio de 1931. Este día se eligió a San Miguel Arcángel como Patrono de
nuestra Congregación”.62

59
Fragmento de un Informe del Instituto de Hermanitas del Sagrado Corazón y de los Niños Pobres, dado por la
Madre Luisa María Garduño Chávez, como Vicaria General, el 21 de noviembre de 1933.
60
Diario. Archivo Histórico de la Casa Central.
61
SE REPITE LA CITA ANTERIOR.
62
“ “ “
103
ÍNDICE

1. Introducción.
2. Dos espirituales en sintonía.
3. Decreto del Excmo. Sr. Arz. D. Leopoldo Ruiz y Flores
4. Algunas reglitas para el trato con las Hermanitas.
5. Profundicemos más en el conocimiento de Nuestra Madre
Josefina.
6. Santas en nuestro Instituto.
7. Cartas de Nuestra Madre Josefina Contreras:
a) Carta a la Hermana María de la Paz Ruiz (su nombre de
pila: Carmen).
b) Carta a la Madre Carmen Sánchez.
c) Carta de n. Rvda. Madre Josefina Contreras a las
Hermanitas de Coeneo.
d) Carta de Nuestra Madre Josefina a la Madre Fortunata
(Teresa Hernández Olalde)
e) Carta de Nuestra Reverenda Madre Josefina a la Madre
Hermelinda (Josefina Maldonado).
8. Testimonios especiales:
a) Madre Carmen Mora García.
b) Madre Isaura Maldonado Ibarra.
9. Testimonio de una de las Madres que vivieron con Nuestra
Madre Josefina.
10. Testimonio de una de las Madres que vivieron con Nuestra
Madre Josefina.
11. Breves bosquejos de la vida y personalidad de N. R. Madre
Josefina del Sagrado Corazón, contreras.
12. Comentarios.

104
13.DATOS BIOGRÁICOS DE N. R. M. JOSEFINA CONTRERAS. Primera
Superiora General de este Instituto de Hermanas del Sagrado
Corazón y de los Pobres.
14.TRANSCRIPCIÓN DE LOS TESTIMONIOS DE NUESTRAS MADRES
MAYORES, que vivieron en los primeros años de la fundación de
nuestra congregación, tomados en entrevistas y que hablan sobre
nuestra madre josefina. los transcritos por orden de fechas en que
los fui tomando, tal como les venían espontáneos sus recuerdos:

1) Madre Delfina Quiñones.


2) Madre Ana María Maldonado Ledesma.
3) Madre Teresa Hernández Olalde.
4) Madre Ana María Maldonado Ledesma.
5) Madre Victoria Reyes Herrera.
6) Madre Teresa Hernández Olalde.
7) Madre Victoria Reyes Herrera.
8) Madre Teresa Hernández Olalde.
9) Madre María Margarita López, López.
10)Madre Teresa Hernández Olalde.
11)Madre Ana María Maldonado.
12)Madre Teresa Hernández Olalde.
13) Madre Ana María Maldonado Ledesma.
14) Madre Margarita López, López.
15) Testimonio de la Madre Consuelo Almanza Núñez.
16) Madre María de la Luz Pineda Zaragoza.
17) Testimonio de la Madre Francisca María Hernández Pineda.
18) Madre Matilde Lagunas Navarro.
19) Testimonio de la Madre Catalina Maldonado Zavala.
20) Testimonio de la Madre Catalina Maldonado Zavala.
21) Testimonio de la Madre Carmen Mora García.
22) Testimonio de la Madre Isaura Maldonado.
23) Testimonio de la Madre Margarita López, López.
24) Madre Teresa Hernández Olalde.
25) Madre maría Margarita López, López.
26) Madre Teresa Hernández Olalde.
27) Madre Margarita López, López.
28) Madre Teresa Hernández Olalde.
29) Madre Teresa Hernández Olalde.
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30) Madre Victoria Reyes Herrera.
31) Madre Teresa Hernández Olalde.
32) Madre Ana María Maldonado Ledesma.
33) Testimonio de la Madre Isaura Maldonado.
34) Otro testimonio de la Madre María de la Luz Pineda Zaragoza.
15.Escrito de la Madre Dolores Rodríguez, sobre Nuestra Madre
Josefina.
16.Otros datos biográficos de la Rvda. Madre Josefina Contreras,
primera Superiora General de la Congregación de Hermanas del
Sagrado Corazón y de los Pobres.
17.Un fragmento pequeño sobre la vida de N. M. Josefina.
18.De un informe dado el 21 de noviembre de 1933.

Morelia, Mich., Viernes 22 de julio de 2022.

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IMAGEN DE LA P ORT ADA

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