Vida y legado de Madre Josefina Contreras
Vida y legado de Madre Josefina Contreras
INTRODUCCIÓN
Cuando nos acercamos a Nuestra Madre Josefina, nos damos cuenta de que toda
su vida fue un ejemplo viviente de nuestro Carisma. Conocerla, valorarla,
aprender sus enseñanzas, su ejemplo, y toda la herencia legada por Nuestros
Padres Fundadores, entre los que se encuentra ella, el “Tercio” de color de oro,
con tintes de color de sangre, por su vida que fue un auténtico calvario de los
tres, iluminará cada página de nuestra vida con los mismos tintes. Nuestro
empeño porque no desaparezcan de la memoria de nosotras ni su vida, ni su
ejemplo, ni su inmolación al permanecer crucificada al reverso de la Cruz de
Cristo, por la salvación de las almas, por el progreso de nuestra Congregación en
todos los aspectos, nos llevará de la mano por el camino de nuestra propia
espiritualidad, en la experiencia del vivir cotidiano y de llevar ese Carisma
encarnado en el corazón de una sociedad doliente, principalmente de la que
habla Jesús en su Evangelio: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de
estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.1
1
Mt 25, 40
2
Eclesiástico, 47,8
1
Jesús nos ha hecho ver el rostro del Padre, en el propio rostro del Hijo”;3 de Él
tomaba ella todas las formas necesarias para irradiar en sus actitudes, en sus
palabras y en sus acciones, el amor misericordioso de Jesús, el espíritu propio del
Instituto en la grandeza e integridad pura del origen.
No hay otro camino para la redención, para la salvación del mundo que la Cruz,
nos lo dice muy claro Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y sígame”.4 “La muerte en cruz de Jesús es el lugar culmen,
único y definitivo, de la salvación divina para todos los creyentes en Él”.5
3
Angelo Comastri. Dio e’ Padre. Ed. Paoline. Via Francesco Albani, 21 -10153. Milano. Italia.
4
Mt 16, 24
5
De las Notas de la BIBBIA PIEMME. P 2525. Stampa: tipolitografía G. Canale Spa-Via Liguria, 24-10071. Borgaro
Torinnese (TO) Italia.
2
“No en rehuir el sufrimiento, la fuga ante el dolor, lo que sana al hombre, sino la
capacidad de aceptar la tribulación y madurar en ella, encontrarle el sentido
mediante la unión con Cristo que ha sufrido con infinito amor”.6
LOPE DE VEGA
6
Papa Benedicto XVI “La esperanza nos salvará” p 71. Librería editrice Vaticana.
3
DOS ESPIRITUALIDADES EN SINTONÍA
4
ARZOBISPO PRIMADO DE MÉXICO,
LUIS MARÍA MARTÍNEZ RODRÍGUEZ
Por eso, el Sr. Obispo Luis María Martínez captó fácilmente el origen del Carisma
de Nuestro Padre Fundador. En las Honras Fúnebres que se hicieron al gran
Arzobispo de Morelia, encontramos el reflejo en su participación:
“El amor al Corazón de Jesús fue para Mons. Silva el sostén de su adolescencia,
la alegría de su juventud, la fecundidad de su vida y el rasgo característico de su
noble fisonomía moral… ¿No recordáis que su palabra, siempre elocuente, lo era
aún más cuando hablaba del Corazón de Cristo; que su mano, siempre liberal,
derramaba el oro a raudales cuando había de emplearse en glorificar al Amado
de su corazón, y que su celo, siempre infatigable, se elevaba a la abnegación y el
sacrificio cuando había de demostrar a las almas los ocultos senderos para llegar
al Corazón de Cristo?
No necesitaré mostraros que el amor de los pobres fue una virtud peculiar del
Ilmo. Sr. Silva, porque está en la conciencia de cuantos le conocieron y trataron,
y todos, aun sus mismos enemigos, unánimemente confiesan que su
desprendimiento sin ejemplo y su caridad sin medida, depositaron sus riquezas
en las manos de los pobres, en tantos establecimientos de caridad, creados por
su munificencia, en donde hallan pan y abrigo todos los necesitados… Aún nos
queda algo de nuestro Padre sobre la tierra, algo grande y precioso, algo que
durará para siempre, porque tiene su origen en Dios, que nunca muere: NOS
QUEDAN SUS OBRAS QUE SERÁN INMORTALES, PORQUE SON EL FRUTO DE UN
AMOR QUE ES MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE”.7
Plática dirigida a las Hts. Del Sgdo. Corazón y de los Niños Pobres por el Ilmo. Sr.
Obispo Dr. D. Luis Ma. Martínez, con motivo de la fiesta de San Francisco de Sales:
“Venerables Religiosas:
Mejor que hacer un panegírico de San Francisco de Sales a quien ya bien
conocéis, prefiero hablaros de un rasgo característico del Santo, y que será muy
7
Boletín Eclesiástico, año: 1911. Copia del original de la Hemeroteca de la UMSNH. Morelia. pp 121 – 126..
6
útil para vosotras. Me refiero a su dulzura, a su suavidad. Esta amable virtud que
fue en él no sólo como distintivo de su espíritu, sino como un perfume especial
que caracteriza su vida. Todo mundo comprende que la existencia de tan amable
Santo, se deslizaría como un mar suavísimo en medio de tanta dulzura. Y así era
en verdad. Pero se engañaría quien pensara que esa dulzura y suavidad de San
Francisco, provenía de falta de energía. ¡Oh, no! Por el contrario, porque si San
Francisco de Sales fue suave, fue, porque fue fuerte; pues en él había una
suavidad al mismo tiempo que una fuerza, en grado eminente, virtudes
emanadas de esa fuente dulcísima de Dios, en quien se ve una gran fuerza unida
a una grande suavidad. Pues la fuerza y la suavidad van siempre unidas. Por
ejemplo, si un niño quisiera cambiar esta mesa, lo haría, sí, ¿pero con qué
trabajo? A empujones tal vez y con mucha pena. Mas no así una persona que
tiene las fuerzas suficientes para levantarla, la llevaría de un lado a otro con suma
facilidad, con grande suavidad. En esta persona había fuerza para esta acción y
por lo mismo pudo obrar con suavidad. Varios ejemplos podría poneros aun en
las cosas que vemos de ordinario. ¿Qué cosa más suave que el deshojarse de una
flor? ¿el caer las hojas de una planta? Con qué suavidad abren sus pétalos las
rosas, etc., etc. y sin embargo ¿no es esto producido por la fuerza que hay en la
planta? ¿No habéis notado, visto, venerables Religiosas, lo que sucede cuando
una raíz se introduce en una roca? ¿Qué acaba por partirla? ¿no es verdad? ¿Y
qué cosa más suave se nos ofrece a nuestra vista que el recorrer de los astros,
por esas órbitas que Dios mismo les ha trazado? Y sin embargo, son fuerzas
poderosísimas, nada menos que la fuerza omnipotente de Dios, para hacer girar
esos inmensos cuerpos del espacio.
7
brazo fuerte que libró a los israelitas de los egipcios? Y otras tantas
exclamaciones en que demostramos nuestra propia resignación.
Pero como Dios no piensa como nosotros, sino que todo lo hace con maravillosa
suavidad, precisamente porque Dios es maravillosamente fuerte; así es que
veremos un día no muy lejano el triunfo de la Iglesia en nuestra Patria, como lo
ha dicho Su Santidad. Pero ese triunfo se verá aparecer de una manera suavísima.
No así obraríamos nosotros si en nuestras manos estuviera arreglar estos males
que lamentamos. Pronto mandaríamos un cataclismo, algún acontecimiento
ruidoso que destruyendo lo que nos parece mal, estaríamos después muy
satisfechos de haber obtenido la paz por medio de la destrucción. De la misma
manera que pensamos y obramos en las cosas materiales, temporales, obramos
en lo espiritual. Y he aquí el motivo por lo que no adelantamos en la perfección,
porque nos falta la suavidad tan necesaria en la vida espiritual, la cual no se
obtiene con esa fuerza no menos necesaria para vencer nuestras pasiones.
Fuerza y suavidad, he aquí dos móviles indispensables en la vida espiritual, la cual
está comprendida primero, en las relaciones que tenemos con Dios, segundo, en
las relaciones que tenemos con el prójimo y tercero, en fin, las relaciones que
tenemos con nosotros mismos.
En las relaciones con Dios, debemos ser suaves con Él, como Dios es suave con
nosotros. Venerables religiosas ¿No os habéis fijado cómo Dios trata a las almas?
¿Con qué suavidad, con qué modo? Muchas veces más que la suavidad, es el
modo, el modo significa mucho. ¿No os habéis fijado en alguna persona
bondadosa, cómo sabe atraerse a sí los corazones que le rodean por el modo con
que las trata? Y a vosotras, cuando os niegan una cosa pero con buen modo
¿Verdad que quedáis contentas? Pero si os dan más de lo que pedís, pero de mal
modo ¿no es verdad que os dejan herido y lastimado el corazón? Dios no hace
sufrir el corazón de sus hijos, procede con ellos de una manera encantadora
como vosotras mismas habéis sido testigos. ¿Cómo encendió en nuestros
corazones la luz de la vocación? De ordinario me parece a mí, que la luz de Dios
invade nuestros corazones como la luz del día invade la tierra, es decir, poco a
poco. Ésta se va iluminando de modo que el despuntar de la aurora se confunde
con la obscuridad de la noche, de tal manera que apenas se distingue; pero
avanza la luz, se enrojece el horizonte y hasta entonces aparece ese astro
luminoso del sol, es ya de día. ¿No fue así, venerables Religiosas, como una luz
invisible, como cierta inquietud, como algo que vosotras sentíais, que teníais
necesidad, que apenas percibíais poco a poco? Era la luz de Dios que iba
8
creciendo, era la luz de Dios que iba iluminando vuestras almas. ¿Ya veis como
Dios no obra con violencia? ¿Qué sería si el planeta, el Astro Rey apareciera de
una manera violenta después de las tinieblas de la noche? Que este cambio
repentino nos perjudicaría sobre todo a la vista. Con esa suavidad con que Dios
obra en la naturaleza, obra de ordinario en las almas, con paz, con quietud.”8
Así pues, los Padres Jesuitas Joaquín Campo y Constancio Záenz ayudaron a
conformar los libros, que serían los rieles concretos y formales por donde
caminaría nuestro Instituto. La Madre Carmen Mora García me dijo que estos
Padres, le preguntaban a Nuestra Madre Josefina qué era lo que Nuestro Padre
Fundador les pedía, les recomendaba o les ordenaba, referente a lo que fuera
regulando la vida toda del Instituto según sus fines, de extender el Reinado Social
del Sagrado Corazón de Jesús y la atención a los pobres. Que cuando los Padres
redactaban algún tema, se lo presentaban a Nuestra Madre para que viera si
estaba de acuerdo con las orientaciones de Mons. Silva, y Nuestra Madre les
hacía algunas aclaraciones, completaba o sugería algo, o estaba todo conforme
8
De un documento que se encuentra en el Archivo General de nuestro Instituto.
9
a lo que Nuestro Padre quería del Instituto. Y que un criterio que siguieron en
esta tarea, fue que concordaran la esencia de las Constituciones, con el Libro de
Espiritualidad y el Manual de Oraciones, que serían para siempre los que nos
llevarían a cumplir el Carisma concreto nuestro, bajo la responsabilidad de vivirlo
conforme a lo que Nuestros Padres Fundadores nos legaron; encomienda que se
va transmitiendo a todas las generaciones de Hermanas para su custodia, la
conservación y la pureza del origen. Así, a Nuestra Madre Josefina le tocó dar el
final completo, concreto y muy importante, a los cimientos de nuestro Instituto.
Ella terminó de consolidar y formalizar la fundación que iniciaron nuestros
queridos Padres Fundadores Atenógenes Silva e Isaura de la Cueva. Por esto, a
N. Madre Josefina la consideramos como Cofundadora.
Llegó el momento en que, por las revueltas políticas, las leyes anticlericales de
los Gobiernos en turno, en los años entre 1910 a 1926 y de 1933 a 1936, entre
otros, fueron expropiados los edificios de los Padres Jesuitas, como son ahora “El
Palacio Clavijero” y la “Biblioteca Pública”. Y se fueron de Morelia. Entonces, por
sugerencia del Excmo. Sr. Obispo Luis María Martínez, el Padre Treviño, de los
Misioneros del Espíritu Santo, retomó nuestros Libros inconclusos; pero ya muy
avanzados, como los dejaron los Padres Jesuitas. El Excmo. Señor Obispo Luis
María Martínez, les ayudaba a las Madres a seguir un orden lógico en el trabajo
de pasar en limpio los textos. Terminados estos, Nuestra Madre Josefina se los
presentó al Excmo. Sr. Arz. D. Leopoldo Ruiz y Flores, quien les dio su veredicto
aprobatorio, en el tenor siguiente:
+ Leopoldo
Arz. De Michoacán
(rúbrica)
J. Aldaiturriaga
Secretario
(rúbrica)
SELLO DEL ARZOBISPADO DE MICHOACÁN.
GOBIERNO ECLESIÁSTICO”9
GENERALIDADES
9
Archivo Privado de la Congregación de Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres. Documentos históricos.
11
como Superiora General de nuestro Instituto, con sus propias palabras, se dirigía
al Sagrado corazón de Jesús, y Reglas muy prácticas e importantes para el buen
trato con las Hermanas:
“G. S. C. 11-12-1916
Te pido, oh D. C. una desmedida confianza en Ti,
celo, prudencia, talento, un corazón de madre,
el don de gobierno, acierto en los negocios,
caridad, el don de la palabra, la gracia de
convencer los entendimientos y mover las voluntades,
de discernir los espíritus y edificar al prójimo
por medio de la dulzura, en suma, te ruego
me hagas un digno instrumento para tu gloria
y la inmensa dicha de gozarte en el cielo.
M. Josefina”
“G. S. C.
ALGUNAS REGLITAS PARA EL TRATO CON LAS HTAS.
1ª. Nunca se debe castigar cuando se está excitado por alguna pasión, ni tampoco
por desahogo de la misma.
2ª. Tampoco por meras sospechas o sugestiones de las demás, sino hasta haberse
dado una cuenta exacta de los hechos y de estos tener presentes dos o tres casos
concretos para probarles la verdad de lo que se les advierte.
3ª. Para que las advertencias y correcciones se hagan con provecho, hay que
hacerlas con prudencia y tino, es decir aprovechando ante todo los días de fervor
y buena disposición en que se halla quien deba recibirla.
6ª. Usemos de los castigos lo menos posible y sólo por verdadera necesidad y si
a ello nos viésemos obligadas. Aun así, hagámoslo con la debida prudencia.
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7ª. Nunca reprendamos delante de las demás a no ser que se hubiese dado el
mal ejemplo.
8ª. No ejerzamos una vigilancia excesiva, desempeñando cerca de ellas más bien
el oficio de gendarmes que el de una madre… por lo mismo que no haga
singularidades ni preferencias.
9ª. Se las debe tratar al mismo tiempo que con la debida caridad, también con
firmeza.
10ª. Cuando se les haya dado alguna orden hay que sostenerse en lo mandado
hasta hacer que se cumpla.
11ª. Si hay sobre nosotras quien deba dar sus órdenes, estemos muy sobreaviso
para no dar lugar a equivocaciones y errores y ser causa de que sufran las demás.
12ª. Se les debe enseñar en cuanto nos sea posible a que sean sencillas, francas,
para que más bien se deje ver en su semblante la alegría que es indicio del buen
espíritu, que un recogimiento afectado, para este buen espíritu se les debe hacer
entender en qué consiste la verdadera piedad, porque, una novicia ante todo
debe de ser piadosa.
13ª. Y para que esta piedad sea sólida, de mucho les servirá que desde el
Postulantado se les ejercite en la mortificación o más bien dicho en la negación
y renuncia de sí mismas, es decir, ir contrariando poco a poco su propia voluntad,
aunque no sea más que en minuciosidades, pero no desperdiciando ninguna de
las oportunidades, sino más bien aprovechando cuantas ocasiones se nos
presenten para esto.
10
Del Archivo privado del Instituto de “Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres”.
13
Otros muchos consejos, costumbres, recomendaciones, indicaciones, mandatos,
ejemplos de vida, etc. de Nuestra Madre Josefina que van apareciendo en los
testimonios que a continuación se presentan, podemos acogerlos y vivirlos como
excelentes pistas para adquirir una mejor identidad como Religiosas de este
Instituto y la formación de todas las que a través del tiempo lo vamos
conformando.
El Padre Manuel Muñoz, quien fue un gran poeta, que visitaba y vivió por
temporadas en el Orfanatorio; conoció y trató muy de cerca a Nuestra Madre
Josefina. En cierta ocasión se dio cuenta de una experiencia muy peculiar que
tuvo ella, un día que salió a pedir ayuda económica a ciertos establecimientos,
oficio que le costaba mucho trabajo realizar, como dice una de las Madres en su
testimonio, que la primera vez que iba a ir N. Madre Josefina a pedir limosna, fue
a la Capilla y llorando le pedía a Dios fuerza para hacerlo, que era lo que más le
costaba en la vida religiosa. Pues bien, al Padre Manuel Muñoz le impresionó
bastante el hecho narrado por ella misma y él lo tradujo en el siguiente poema:
“AL PASAR
Ser de noche…
No creyera, y con razón,
quien hubiese penetrado
de la luz profusamente
con espléndido derroche
al recinto iluminado del salón.
Era muy dada a la mortificación corporal. Cuando ella murió, en su buró tenía:
disciplina, silicio y cadena de acero y en sus apuntes espirituales decía: ‘Además
de la disciplina de los viernes, haré uso del silicio de hierro hasta medio día y
siempre que me deje llevar de mi carácter, besaré el suelo tres veces, diré la culpa
en el refectorio y haré uso del silicio de hierro durante tres horas.’
Los días lunes, martes y miércoles siguió bastante malita; el jueves comenzó su
gravedad y murió el domingo 9 de febrero de 1930.13
Yo, Hna. María Enriqueta Aguirre C., una de las veces que viví en la Casa de la
Divina Providencia de la calle Corregidora, Morelia, iba a Misa al Templo de San
Agustín; ahí iba también una señorita ya grande de edad; una vez que nos
encontramos a la salida, me preguntó cómo se llamaba mi Congregación, le dije
que “Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres”, que en sus inicios había
estado en el Orfanatorio, por el Jardín Azteca. Me dijo que en ese tiempo, cuando
había persecución religiosa por parte del Gobierno, habían vivido en una misma
casa su familia de ella y unas Hermanas de nuestro Instituto,14 que sabía que una
de ellas se llamaba María Inés, que fue una Hermana muy joven, muy edificante
y muy virtuosa, que ‘murió en olor de santidad’. Que su mamá se llamaba
Cleotilde y le decían ‘Cotita’. Muchos años después esta señora tuvo una tienda
de dulces y Cotita daba latas de caramelos un poco húmedos a las Hermanas que
vivían en Luis Moya. En ese tiempo yo vivía en la Casa Central y me tocó que nos
daban en el desayuno y en la merienda, arroz endulzado con esos caramelos. Yo
conocí a la señora Cotita porque una vez acompañé a la Madre Cecilia Contreras
para darle las gracias de los dulces.
13
Este testimonio se encontró sin firma en el Archivo General de nuestro Instituto.
14
Fue el tiempo en que varias de las Hermanas Profesas fueron alojadas con diferentes familias de las más
allegadas a nuestra Congregación en tiempos de la Persecución Religiosa y del gobierno del General Lázaro
Cárdenas.
18
1. CARTA A LA HERMANA MARÍA DE LA PAZ RUIZ (SU NOMBRE DE PILA:
CARMEN)
15
Seguramente que es una carta a la Madre Carmen Sánchez, porque a “Carmen Ruiz” no, porque Ma. de la Paz
quien antes se llamaba Carmen, todavía no llegaba a la Congregación.
19
“¡Gloria al Sgdo. Corazón!
Así nos imaginamos la gran sorpresa que les iba a causar la vista de la Hta.
Ángela. Den gracias a Dios que se la prestamos nomás mientras se arregla algo
de esa Escuela.
Aprovechen este tiempo preguntando a la Hta. Ángela cuanto se les ocurra
y que no estén bien seguras del Costumbrero.
Mucho le recomiendo el recogimiento, la unión con nuestro Jesús como
preparación para el gran día de sus Votos.
Ya les dirá la Madre la invitación y limosna de actos que pedimos de Uds.
Para dorar un coponcito de los de éste su nido amado. Muchos, muchos actos de
caridad fraterna para que quede precioso ese coponcito donde se encierra por
amor a nosotras nuestro amado Jesús.
Que cada día se santifique más y más, es nuestro deseo.
¡Cuánto gusto nos dio recibir sus finas y cariñosas cartitas! Dios se lo pague, lo
mismo que por la Misa y sus oraciones.
Parece que Ntro. Señor. ha oído sus súplicas; me siento mejor, aunque
débil por tantos días con calentura y sin gana de comer.
Según vimos hoy es la segunda aplicación de Rayos X. Dios permita no se
le ocurra otra cosa al Dr. Para podernos ir en la semana que viene. Ya se
imaginarán Uds. el gusto que tenemos para volver a nuestra amada casita.
Vamos a ir con Ntra. Amada Madre de Guadalupe, a ver si es posible
mañana, porque tenemos que llevarle un milagrito por mi salud; así le
20
prometimos hace pocos días. También vamos a entregarle de nuevo nuestra
Congregación y cada uno de sus miembros, pidiéndole seamos verdaderas
religiosas y no sólo de nombre Htas. Del Sgdo. Corazón, sino imitadoras de su
Divino C. sobre todo en la caridad con el prójimo.
¿Cómo están de recursos? ¿Isidrita está en esa y les mandó sus 10 pesos?
Díganme con toda franqueza si pueden sostenerse o no, para hablar con el Sr.
Martínez, si les pasan algo o si las recogemos a Uds.
Adiós, mis queridas Htas., mi recomendación de siempre, únanse cada día más y
más con nuestro amado Jesús por medio de la humildad.
Pido a Dios Ntro. Señor las ayude y bendiga.
Josefina del Sgdo. Corazón
S. C. J. P.
(Rúbrica)
4-2-1933”
16
Esta expresión de N. M. Josefina no es muy propia de ella, que siempre recomendaba el sacrificio, el
renunciamiento. Pienso que tal vez fue cuando los médicos le pronosticaron que tenía la enfermedad incurable
como es el cáncer, menos en aquel tiempo en que la ciencia médica no estaba tan avanzada. Por otra parte, creo
que es una expresión muy lógica y humana. Jesús expresó lo mismo en el Huerto de los Olivos.
21
CARTA DE NUESTRA REVERENDA MADRE JOSEFINA A LA MADRE HERMELINDA
(JOSEFINA MALDONADO):
19-2-1930
G G G.
¡Yo! ¡gloria al Sgdo. Corazón!
En esta carta, N. Madre Josefina nos invita a morir a nosotras mismas. Muy
dentro tenía las enseñanzas de Jesús: “El que pierda su vida por mí, la
encontrará”. (Mt, 10,19)
TESTIMONIOS ESPECIALES:
22
MADRE CARMEN MORA GARCÍA
“Si a medida que el sol se va acercando a su ocaso es más tenue la luz y menos
ardientes sus rayos enviados a la tierra, no así las almas de los justos que, al
aproximarse al término de su carrera, difunden más profundamente la luz de sus
virtudes y dejan tras sí una aureola que inmortaliza su recuerdo en el corazón de
quien los ama.
Esto es lo que observamos cabalmente al seguir paso a paso los últimos días de
nuestra queridísima Madre: un desprendimiento completo de las cosas de aquí
abajo; pues bien, claramente se notaba su santo anhelo de dejar esta vida y pasar
a la verdadera. Después que habían pasado más o menos quince días, sin tomar
otra cosa que un trocito de hielo de cuando en cuando, no quiso ya ni siquiera
esto, pues todo le producía náuseas; al ofrecerle alguna medicina decía: “YA NO
ES TIEMPO, YA NO ES TIEMPO”. Un día que se le daba cierta noticia, dijo: “NO ME
TRATEN NADA DE LAS COSAS DE LA TIERRA, YO NO SOY YA DE AQUÍ”. y poniendo
las manos sobre el pecho, añadió: “DÉJENME EN PAZ CON DIOS, AQUÍ LO
TENGO”. Los tres últimos días en que apenas si hablaba, pues el grande
agotamiento a que había llegado no se lo permitía, levantaba sus brazos cuanto
podía como si quisiera alcanzar alguna cosa, y decía: “AL CIELO, AL CIELO”… Otras
veces: “CORTEN, CORTEN”… y preguntándole ¿qué? DIJO: “LA VIDA” y la víspera
de morir: “ALAS, SE NECESITAN ALAS”. O si no: “AYÚDENME, AYÚDENME A
SUBIR”… Y hacía ademán de persona que desea subir a alguna parte. Una vez
exclamó: “YA SÓLO ME FALTA UNA GRADA, PERO ME HE ATORADO MUCHO,
MUCHO… SUÉLTENME”.
Desde ese día se entretenía sólo con su Dios, dirigiéndole fervorosas jaculatorias,
cosa que nos admiró, pues durante el curso de su enfermedad y durante toda su
vida, nunca exteriorizó sus pensamientos ni hizo alarde de piedad. Algunas veces
la vimos hacer el ademán de una amante que entrega su corazón al amado en un
beso. Y esto lo hacía dirigiéndose al Sacramento de su amor, que cerca, muy cerca
de allí lo encontraba, en la pieza contigua…
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Las gracias que Nuestro Señor le prodigó, son incontables: Las tres visitas del
Excmo. Sr. Martínez; una carta del Excmo. Sr. Delegado, Mons. Ruiz (y Flores)
que, aunque en el destierro, tuvo aviso de la gravedad de la querida enferma,
apresurándose a contestar amablemente la carta que se dirigió por mandato de
la misma, en donde le hacía presente su agradecimiento por los favores
prodigados a su Congregación y la adhesión filial a su persona; el Excmo. Sr.
Martínez la última vez que la visitó le dio la bendición Papal; las visitas frecuentes
de algunos Sacerdotes, como los Padres del Espíritu Santo y algunos del
Seminario. El Padre Capellán dormía en casa desde el día del Sagrado Corazón, y
durante el día la visitaba con frecuencia el Doctor de casa; gratuitamente venía
todos los días por la mañana y por la noche. La solicitud de sus amadas hijas se
manifestó de mil maneras, disputándose a porfía el cuidado de la querida
enferma, y deseando ávidamente calmar sus terribles dolores, y velando, por
decirlo así, su pensamiento; pero ella, tan dulce, tan abnegada, tan silenciosa, no
sabía pedir sino ligerísimos alivios que presurosas le presentábamos con mucho
amor.
Dos veces dijo: “ya, señor, déjalas descansar”… La víspera de su muerte pidió un
pequeño favor exclamando: “¡ya son las últimas molestias… pobrecitas!.” Y a
pesar de que nunca le gustaron los diminutivos, los últimos días hizo uso de ellos
para llamarnos.
El Excmo. Sr. Martínez nos dijo: “Dios quiso ponerles el modelo, ahora no les toca
más que imitarla si quieren tener una muerte como ella, pues tuvo una muerte
no sólo de santa, sino hermosa; no sólo hermosa sino artística, pues muertes
santas y envidiables hay muchas, pero la de su Madre fue especial y muy artística,
en cuanto supo contemplar a la muerte que se le acercaba, con toda serenidad,
y esto desde el primer anuncio de su terrible e incurable enfermedad. Con razón
cantaba ella un sencillo y sentido verso que ella misma compuso y que dice así:
25
De tu hija, mi Dios, escucha el canto
lleno de fe, confianza y alegría
porque entreveo ya el cercano día,
de unirme a ti, mi celestial Encanto.
Supo sufrir con un silencio admirable dolores tan atroces como son los del cáncer
y todo con una sencillez encantadora… como fue ella siempre: serena, sencilla en
todos los momentos de su vida, con una confianza inquebrantable en Dios. Lo
amaba y se lanzaba a Él con la simple mirada de su amor… Deseaba la muerte
que la unía con el Amado, pero aun en medio de sus santos deseos, se mantenía
serena y conforme con la voluntad de Dios. Al verla en su cama sencilla y pobre,
se creería que moría una persona vulgar; tal era su sencillez, pero no fue así a mis
ojos que atentos la veían por la fe: era para Dios un espectáculo hermosísimo y
sublime y muy grato a sus divinos ojos y seguramente la miraba con infinita
complacencia. Ella está unida a ustedes más íntimamente, pues desde el cielo,
así lo esperamos, las ve a todas y las ama más tiernamente y esperamos que, así
como Teresita derrama sus pétalos de rosa sobre el mundo entero, así la Madre
los derrame sobre su amada Congregación”. (Hasta aquí el Sr. Luis María
Martínez).
¡Y sólo nos quedó Jesús…! ¡Ahí, cerca, muy cerca de donde había estado el lecho
mortuorio… ¡A un solo paso…, ahí, a donde había ido solo por su amada, donde
le prodigaba sus caricias y le ayudaba a sufrir con tanta abnegación y silencio!...
Según dicen las Hermanitas que fueron al Panteón, el entierro no dejó nada que
desear: la majestad que impone ver una carroza con su caja y cortinas blancas;
los acompañantes o mozos con su uniforme y a pie por toda la Calle Real; (Ahora
Av. Madero) diez coches de acompañamiento con paso lento, como convidando
a la oración…, la fosa que de antemano había sido abierta y bendecida y que sólo
esperaba su tesoro, su precioso trigo que muy pronto fructificará, según
expresión de un Sacerdote, parece como que en cierto modo nuestro dolor
disminuía, pues eran los últimos honores rendidos a tan amable Madre.
Triste, muy triste fue el regreso, pero sintiendo por la fe que la tenemos muy
cerca de nosotras, esperamos el día de la eterna unión, donde no habrá llanto ni
separación, sino completa dicha en compañía de los que amamos y nos amaron…
17
En aquel tiempo, las calles del rumbo del Santuario de Guadalupe y del Orfanatorio, estaban empedradas, por
eso hacían mucho ruido las carrozas que se usaban entonces.
27
El día catorce a las ocho de la mañana, tuvieron lugar los funerales en el Santuario
de Guadalupe. Fueron dichas honras con toda la solemnidad posible. Asistió toda
la Comunidad con el internado.
¡BENDITO SEAS JESÚS, TE DAMOS GRACIAS! Será siempre nuestro grito en las
penas y dolores de la vida”.
“G. S. C.
Dos años ha, que en la alborada de un día como éste, paseando el Divino
Jardinero su amorosa mirada sobre el florido pencil de la Iglesia, detúvose
complacido ante el más diminuto de sus prados; y contemplando allí, no sé si un
lirio cuya prístina blancura podía competir con la nieve de las altas montañas; o
una violeta que ha tiempo perfumaba aquel vergel; o una rosa circundada por las
espinas del dolor; o quizá más bien un fruto que habiendo resistido lluvias y
calores, se presentaba en toda su madurez y era digno de servirse en el banquete
de los cielos. En fin, no sé con qué comparar el alma de aquel SER a quien con
labios y corazón llamábamos MADRE.
Lo cierto es que Jesús, un día como éste, tronchó aquel tallo, cortó aquel fruto,
rompió aquella ligadura y esa alma preciosa voló a las regiones celestiales. ¡Qué
dulce debió de ser para nuestra querida Madre aquel radioso amanecer en la
Patria eterna!... ¡Qué delicias inundarían su alma cuando a su vista apareció aquel
esplendoroso Sol, Cristo Jesús, el Esposo amado, que envolviéndola en los
efluvios de su divina luz la introduciría en los Alcázares eternos, para ser
embriagada en sus goces que la mente humana ni siquiera es capaz de imaginar!
28
me parece ver en sus labios aquella sonrisa dulce y triste a la vez, como el canto
de la tórtola, sonrisa propia de las almas ya maduras para el cielo.
Ese día 12 la Virgen Morena no necesitó hacer brotar prodigiosas flores como
antaño lo hiciera en la árida colina del Tepeyac, sino acordándose de una rosa
que hacía tiempo cultivaba, mandó cortarla, la tomó en sus manos como aquellas
rosas del milagro; pero ahora en vez de arrojarlas sobre la tosca tilma, la
trasplantó al Paraíso eterno. Esta vez no deseaba imprimirle la virtud de retratar
su bella imagen, sino perfeccionar la de Jesús que ahí veía grabada y presentarla
luego al Eterno Padre, como una prueba de predilección por nuestro Instituto, tal
vez por ser el más pequeño, como en otro tiempo atrajo sus miradas de madre
la pequeñez del pueblo mexicano.
En esta mañana inolvidable para nosotras, aquellos ojos que nos habían visto
siempre con ternura de Madre, no se abrieron ya para contemplar el sol
naciente…; pero ¡con qué fulgores aparecería ante ella el Sol que ilumina la
eternidad!...
Aunque nuestras almas, cual tiernas florecillas que su sombra cobijó, se sienten
agitadas como por suave brisa, y es que su recuerdo las impulsa nuevamente
para seguir por los senderos escabrosos de la vida, con el valor y la suavidad que
a ella caracterizaban. Aún brilla en nuestras almas la luz de aquella aureola de
paz que siempre nimbó su frente como un destello de la gloria que ahora la ha
de coronar, y que algún día compartirá con todas sus amantes hijas.
Era ella de estatura mediana, ni gruesa ni delgada, su color rosado, ojos vivos,
pero de mirar apacible y sereno. Su carácter alegre y gusto fino y delicado. Y de
sus virtudes ¿cómo hablar de ellas si eran tantas con que el cielo la adornó? recta,
18
No está firmado; pero este documento ha estado en los archivos de nuestro Instituto desde siempre.
29
justa, piadosa, prudente, sencilla, humilde, austera para consigo misma, suave y
delicada para las demás, de sentimientos nobles y elevados y alma varonil.
Ahora diré algunos rasgos en que se ven claras y entrelazadas estas virtudes.
Cuando la conocí tenía ella 58 años y como entonces había Persecución en la
Iglesia, algunos satélites de la Revolución iban al Orfanatorio ya con un pretexto,
ya con otro, pero siempre salían desconcertados, porque nuestra Madre Josefina
tenía ordenado que, a una indicación el Oratorio se convirtiera en sala de trabajo
y como ella salía a recibir a esas gentes con tanta amabilidad y calma y no ponía
dificultad en enseñarles toda la casa, era natural que aquellos hombres se
aplacaran y desistieran de su empeño, y así fue como se conservó la casa en lo
más recio de la Persecución, y aún es más, pues que sirvió de Catedral por espacio
de varios años. Digo de Catedral porque el Excmo. Sr. Martínez, actual Sr. Arz. De
México, así se complacía en llamarla, iba al Orfanatorio a celebrar los Oficios de
Semana Santa, a las Ordenaciones en las Témporas y con frecuencia se pasaba
semanas y meses en la casa, razón por la cual pudimos observar que nuestra tan
querida Madre, su fineza, respeto e imparcialidad con que trataba a todos los
Sacerdotes, cualquiera que fuera su jerarquía eclesiástica, ellos mismos lo dijeron
después, y, como consecuencia natural, la quisieron mucho y con ella, a toda la
Congregación.
Nuestra Madre Josefina era enemiga de las distinciones, recuerdo que una vez,
una Hermanita le puso en su lugar del refectorio, un pocillito con algo que debe
haberle parecido que le hacía falta o le gustaría y Nuestra Madre; dándose cuenta
de quién se lo había puesto, fue e hizo que esa Hermanita se lo tomara.
Cuando las Hermanitas llegaban de las Casitas filiales, mostraba mucho gusto y
luego se informaba de su salud; en lo que ponía mucha atención era en la
dentadura.
A los familiares de las Hermanitas los trataba con mucho cariño, y si la Hermanita
tenía su familia en la misma ciudad, luego que llegaba la Hermanita, les avisaba
para que la visitaran.
30
y su recomendación a las Hermanitas que los trataban, era que los vieran siempre
como a niños, es decir con la suavidad y firmeza que requiere la buena formación.
19
Este testimonio no está firmado; así acostumbraban casi siempre las Madres de hasta poco después tiempo en
que se da este testimonio. El no firmar los documentos que, por históricos, son importantes y es necesario saber
quién los escribió para que tengan más validez. Una vez le pregunté a la Madre Carmen Mora que por qué no le
había puesto su nombre a la biografía de Nuestro Padre Fundador que escribió y me respondió que por lo que se
decía de nuestra congregación, que: “Ha vivido en el ocultamiento y en él quiere conservarse”, y que también por
su formación en la virtud de la humildad. Yo le contesté que yo creía que eso estaba mal entendido, que en todo
el mundo es ley que un documento importante o al parecer no, se debe firmar para que tenga validez, como es,
por ejemplo, la Biografía de un Personaje importante, sea de grata o de mala memoria. Todo documento para
que quede como “Conste”, por sencillo que sea se debe firmar. Por lo anterior, creo que este testimonio es de la
Madre Carmen Mora, además, porque ella usaba con frecuencia diminutivos y aquí son empleados. Con el tiempo
puede ser que sepamos el nombre de su autora.
31
Breve y precisa en sus palabras, citaré dos casos: por falta de instalación en el
comedor había lámpara de petróleo; por la noche después de la merienda se
encargaba de apagarla la que durante la cena había dado la lectura; ocurrió que
sin golpearla dos veces seguidas se rompió una y otra, vertiéndose el petróleo
una vez sobre la mesa central y loza para el Señor Martínez y algunos sacerdotes.
Grande fue el apuro al percibir el mal olor en todo. La Hermanita causante de
esto, con pena le avisó a la Madre, ella por todo le preguntó: “¿cómo hace para
apagarla?” le contestó la Hermanita: “sofoco la llama con la punta de la gabardina
y luego truena y se rompe”, la Madre le dice: “Antes de sofocarla debe bajar la
flama para que se enfríe y después la apaga, cuando no sepa hacer una cosa
pregunte y en adelante sea más cuidadosa”. En otra ocasión, víspera del Sagrado
Corazón, se hizo uso de una escalera para colgar unas cortinas; con el
movimiento de la que había subido la escalera se empezó a resbalar sobre un
aparador de loza, grande fue el apuro de la que estaba sosteniendo el peso de la
escalera, al oír el rompedero de cristales y lo que pasaría con la que había subido
si la dejaba caer de golpe. La Madre se presentó al oír el estruendo y viéndolas
ya fuera de peligro, pero muy acongojadas les dice sonriente: “Nomás no se
maten”, pero arreglen bien”.
Tenía a su cargo servir los alimentos a las Hermanitas para conocer las
necesidades de cada una y así, atenderlas, al mismo tiempo ella también tomaba
los suyos; grande era su parvedad a la vez que terminaba con la Comunidad. Su
alimentación consistía en un café en leche, un pan y una fruta. En la comida, de
lo que se preparaba, pero en tal cantidad que se supone sería por todo lo que
corresponde a un platillo, fruta y café negro; por la noche igual que en la mañana.
Cuando la encargada de preparar los alimentos, se preocupaba de preparar algo
extra para ella, a veces lo aceptaba, pero llegó a negarse diciéndole: “En adelante
Ud. misma se va a tomar lo que prepare para mí, y lo llegó a cumplir.
Mientras estuvo enferma, la Comunidad la visitaba por tiempo breve y que ella
lo aceptara; gustaba de estar sola, sólo la Madre Lorenza, que era la enfermera,
se daba cuenta del estado penoso al atenderla. Al visitarla y preguntarle por su
salud, contestaba: ”Aliviada y sin sanar, mientras llega el momento de partir”. Se
le encontraba tranquila y serena, sentada en un sillón o descansando en la cama;
al parecer, nada sufría, pues no nos decía que pasara mal la noche, ni el menor
desahogo sobre sus dolores. Ante esta actitud, nos parecía presenciar un misterio
al ver su rostro marchito y pálido sin descubrir sus dolores. Nos preguntaba:
“¿Usted cómo está?” a la respuesta de que todo bien, decía: “Sí, todo estará bien
si siempre vivimos como corderitos tatemados sobre el altar, inmolados y con los
dientes pelados”. No olviden que habrá paz si siempre hay caridad. Recuerdo en
su vida acostumbraba entonar suavemente un canto que parece tenía por lema:
“Desde que aprendí Dios mío a decirte siempre sí, ya no hay penas en la alma, ya
no hay luchas para mí”.
A medida que los síntomas fueron más verdaderos, pero llevando aún la
observancia de la vida común, gustaba y pedía se entonara el misterio siguiente:
“¿Cuándo, oh Jesús, podré gozar tranquila unida a ti con lazos de amor? ¡Oh
Corazón, mi amable y dulce Asilo! ¡cuándo podré por fin a ti volar?” ¿Cuándo
pudo realizar los anhelos de esta plenitud que deseaba? Cuando completamente
agotada ya no pudo decirnos nada. Al entrar en gravedad, un Sacerdote se
quedaba en casa para estar pendiente en su agonía. El 12 de julio, en las primeras
horas de este día se tocó la campana dando señal de levanto para que la
comunidad estuviera presente en su lecho de muerte. Eran entre las dos y tres
de la mañana cuando la Comunidad corría presurosa al oír un lánguido y sonoro
sonido de la campanilla consagrada, que a esas horas de gran silencio, hacía llegar
su sonido alarmante a todos los lugares de la casa.
COMENTARIOS
+ + +
Cuando la salud de Nuestra Madre Isaura era ya muy grave, en una visita que el
Excmo. Sr. Leopoldo Ruiz y Flores le hizo, ella le manifestó que consideraba
idónea para sucederla como Superiora General de nuestro Instituto a la Madre
Josefina Contreras, y así lo determinó el mismo Señor Ruiz y Flores. Ella gobernó
de 1912 a 1927. Fue entonces cuando el Señor Arzobispo le pidió a Nuestra
Madre que ya se realizara un Capítulo General. Se llevó a cabo el día 24 de
noviembre de 1927. Nuestra Historia dice: “Con motivo del término de los
Ejercicios y teniendo qué hacer el Capítulo General, vino a ésta el Sr. Cura
Canónigo H. D. Luis G. Laris, Delegado para presidir el Capítulo, el Ilmo. Sr. Obispo
Conciliar de la Diócesis de Michoacán y Vicario General D. Luis María Martínez.
Estuvo presente al Capítulo el Rvdo. Padre Constancio Sáenz, S. J. Resultó
reelecta por unanimidad de votos como Superiora General, Nuestra muy
Respetable Madre Josefina del Sagrado Corazón”.21 Este período de gobierno
terminó con la muerte de Nuestra Madre Josefina, acaecida el día 12 de julio de
1933.
De esta venerada Madre sólo se sabe que era originaria de Ciudad Guzmán, que
hizo su primera Profesión precisamente el día de la fundación del Instituto y que
fue una de las compañeras de la Madre Isaura, al venirse de Colima a Morelia. Y
que, dado su carácter dinámico, su buena salud y su espíritu de servicio, prestó
siempre ayuda a la Madre Fundadora, y cuando empezaron a llegar vocaciones,
fue encargada de las jóvenes formandas.
21
Archivo Privado de la Congregación de Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres. Documentos históricos.
37
Era muy sencilla en su porte, en sus modales y palabras; decía: “Quisiera escribir
en toda la casa: sencillez, sencillez.” En el trabajo era incansable, se encargaba
de la sacristía, de la ropería, ayudaba en las clases de los niños y a servir los
alimentos. No podía ver una Hermana sobrecargada de trabajo sin ir en su ayuda.
Al morir la Madre Fundadora, por disposición del Sr. Arz. Ruiz y flores, quedó la
Madre Josefina como Superiora General, en una época sumamente difícil, ya que
la prematura muerte de los Fundadores, hacía sentir en la naciente Institución,
la inseguridad de subsistir y si a esto se agrega el conflicto de la Nación, el
ambiente saturado de rumores de guerra, de levantamientos revolucionarios, y
lo más grave: el destierro de sacerdotes y obispos, entre ellos el Sr. Ruiz y Flores,
tuvieron que salir del País y buscar asilo en los Estados Unidos. Fueron, pues,
años de angustia, de incertidumbre, de suma pobreza, de ausencia de
vocaciones y detención de las que iban empezando, de modo que tuvieron que
hacer diez años de Noviciado: pero estaban tan firmes en su vocación que,
cuando la Madre Superiora les propuso a las novicias y profesas temporales que
podían volver al seno de sus familias, ninguna aceptó, tenían plena confianza en
Dios y en ella.
Poco tiempo después el Sr. Arz. Ruiz y Flores ordenó a la Madre Josefina se
hiciera un estudio de los escritos de los fundadores y de todo lo que por tradición
se venía practicando y se formaran las Constituciones. Esto se hizo con la ayuda
de un Padre Jesuita y fueron aprobadas por el mismo Excmo. Señor, en 1921. De
este tiempo data el nombre de HERMANITAS DEL SAGRADO CORAZÓN Y DE LOS
NIÑOS POBRES que llevó la Congregación hasta la segunda etapa del Capítulo
Especial celebrado del 14 de julio al 7 de agosto de 1975.
La Madre Josefina pasó esta temporada, que se prolongó por varios meses, en
una casita demasiado rústica y reducida, contigua al Orfanatorio y propiedad de
la Congregación, en compañía de las Hermanas enfermas y de las ancianas,
soportando con ejemplar paciencia miles de incomodidades. Al mismo tiempo
no dejaba de hacer cuantas diligencias le parecían oportunas para recuperar el
edificio y lo consiguió a fines del mismo año con un documento provisional de
Hacienda y con la obligación de pagar renta mensual. Fueron reuniéndose luego
40
todas las Profesas, a las novicias se les llamó hasta un año después y ya instaladas
de nuevo en el Orfanatorio, la Madre se ocupó en preparar el Capítulo General,
primero que se celebraría en la Congregación.
En la segunda mitad del año 1927 la Madre Josefina escribió a las Novicias
invitándolas a volver a la Comunidad o manifestar su decisión, llenas de alegría
y entusiasmo contestaron que se presentarían en la fecha indicada; prepararon
el viaje y llegaron al Orfanatorio el 17 de octubre, fiesta de Santa Margarita; en
noviembre entraron a Ejercicios con la Comunidad, vistieron el hábito y
empezaron de nuevo su Noviciado; eran las Hermanas Anastasia, Hermelinda y
María Isabel Maldonado, quienes por gracia especial y disposición de la Madre
Josefina, tomaron los nombres de Ana María, Josefina e Isaura al hacer su
Profesión Perpetua. Al terminar los Ejercicios tuvo lugar el Capítulo General
electivo, primero en la Congregación, y en el cual la votación unánime para
Superiora General resultó a favor de la Madre Josefina. Con su natural sencillez
y humildad volvió a tomar la cruz que llevaba hacía más de 15 años y con mayor
ahínco promovió el bien de la Comunidad. En los primeros meses de 1928, todo
el Orfanatorio marchaba tan bien como antes; se recibieron niños internos, llegó
buen grupo de aspirantes y la observancia y el apostolado volvieron a tomar su
ritmo. Con gran satisfacción para la Madre Josefina y para la Comunidad ya hubo
entrada al Postulantado, Toma de Hábito y Profesiones al fin del año.
41
Con la debida autorización del Señor Martínez, la asesoría del P. J. Guadalupe
Treviño, M.Sp.S. y la ayuda del P. José Bárcena, 22 capellán del Orfanatorio, la
Madre Josefina empezó un nuevo estudio de las Constituciones. Y así quedaron
los libros por separado: Constituciones, Directorio, Costumbrero y Manual de
Oraciones.23 Fue muy laborioso este trabajo, pero de grande utilidad para la vida
espiritual y comunitaria y para los grupos de formación; por cerca de cuarenta
años la vida del Instituto se rigió por estas normas. También se reformó por
completo el Hábito tomando un modelo muy sencillo y de buen gusto. La Madre
hizo que todo estuviera terminado y entrara en vigor el 12 de diciembre de 1931,
cuarto Centenario de las apariciones de la Virgen Stma. de Guadalupe y
aniversario de la Fundación de la Congregación.
22
Según todos los Testimonios que tomé a las Madres más grandes que vivieron y vieron el proceso de este
trabajo en el Orfanatorio, y de todas las investigaciones que he hecho, jamás nombraron al P. José Bárcena como
el que ayudó a la elaboración de todas las Reglas del Instituto y se confirma repetidamente, que los que ayudaron
a N. Madre Josefina en el trabajo de elaborar y formalizar todas nuestros Libros, fueron principalmente los Padre
Jesuitas Andrés Campo y Constancio Záenz, quienes tuvieron que irse de Morelia cuando les confiscaron su Casa
de Formación y Colegio, que ahora es el Palacio Clavijero y su “Templo La Compañía” convertido en la Biblioteca
Pública; entonces, por consejo de Mons. Luis María Martínez, N. M. Josefina tuvo la ayuda del Padre Treviño,
M.Ep.S. Tanto los PP Jesuitas como el P. Treviño, le presentaban a N. M. Josefina lo trabajado para que ella dijera
si estaba de acuerdo a lo que ella misma les había indicado, sobre lo que se vivía en la vida cotidiana desde los
orígenes y a las instrucciones que N. Padre Fundador les daba. N. M. Josefina recibía lo escrito por los Padres y
con la ayuda del Señor Luis María Martínez, las Madres les daban forma y pasaban en limpio para entregar
después todo al Excmo. Sr. Ruiz y Flores, a quien le gustaron nuestras Reglas y les dio su aprobación.
42
porque entreveo ya cercano el día
de unirme a Ti, mi celestial encanto.
Nuestra Madre Josefina fue mi Maestra de novicia. Fue maestra de Novicias. Dice
la Hermana María Esperanza Ibarra que no sé cuántas vieron morir a Nuestra
Madre Isaura y no, las únicas que la vieron morir fue Nuestra Madre Josefina y la
Madre Dolores Rodríguez. Que el Padre Moisés Lira, ayudó en la redacción de las
24
Este Artículo no tiene firma; pero casi puedo asegurar que es de la Madre María Esperanza Ibarra, porque todas
las Madres que conocieron a Nuestra Madre Josefina, al hablar de ella le dicen: “Nuestra Madre Josefina” y ella
siempre, en este Artículo la llama: “La Madre Josefina”, y también porque tiene escritos sobre Historia de la
congregación y el estilo de lenguaje de este Artículo me parece que es de ella. Por mi parte, aunque soy mucho
después de la Madre María Esperanza, sí la llamo “Nuestra Madre Josefina” porque muchas veces oí que la
nombraban así todas las Madres que entrevisté y que vivieron con ella. Al ir conociendo el papel providencial al
modo de una santa en Nuestro Instituto, la quiero mucho, le estoy muy agradecida y también le doy gracias a
Dios por el regalo de su vida a nuestro Instituto.
43
primeras Constituciones y no, fue el Padre Andrés Campo, luego el Padre Treviño,
M.Sp.S. Cuando llegó del destierro el Señor Ruiz y Flores, Nuestra Madre Josefina
le presentó las Constituciones y le gustaron.
44
Corazón y subió a la Hermanita Juana González y entonces subió y que se empieza
a resbalar y un tronadero de loza fina que estaba ahí, que había regalado Mamá
Pachita, pasó la Madre Lorenza y pasó Nuestra Madre Josefina con su pan y dijo:
“Nada más no se vayan a matar” y no nos dijo otra cosa.
Como a los cinco meses de haber entrado al Postulantado, fue el Señor Luis María
Martínez acompañado del Arzobispo Ruiz Solórzano y el Padre Bárcena, que era
Catedrático del Seminario. Llegó a Celebrar a las siete y media el Señor Martínez,
y ahí era costumbre de Nuestra Madre Josefina de que toda la Comunidad lo
esperábamos en el corredor con los niños, eran veinticinco niños en ese tiempo,
porque decía que hasta que hubiera más personal, porque no se alcanzaba a
atender más que veinticinco niños, porque entonces se veían las Novicias y
Profesas muy agobiadas por el trabajo y desatendíamos la vida espiritual, porque
ese era su anhelo, que adelantáramos en la vida espiritual. Luego, ese día fue el
Arzobispo Ruiz Solórzano y el Padre Bárcena Ayala. El Señor Martínez se fue al
Postulantado, al corredor, a preparar su Sermón, él nos dijo. Después, yo andaba
cortando flores ahí en el prado contiguo al corredor y se soltó un perro que
teníamos, que se llamaba Noble, así, muy grande. La Madre Dolores Rodríguez
venía corriendo y con grandes gritos. El Señor se paró y se volvió a sentar y le
decía a ella que no se espantara, y la Madre decía: ¡lo va a morder! Ya llegó el
perro a donde estaba el Señor y empezó a acariciarlo y se echó a sus pies y luego
el perro abrazó al Señor. Eso fue muy notable, ya después no faltaba qué le
llevara al perro, y decía: ¡Suéltenlo!
Ya para irse, le dije: Madre, ¿me permite ir a visitar a Nuestra Madre Isaura? Sus
restos estaban en un ángulo de la Sacristía. Me dijo “Sí; pero que nadie la vea, va
48
entre el toque de silencio y la última distribución”. Mediaba media hora. Ese rato,
lo pasaba yo ahí, con Nuestra Madre Isaura, meses, y con aquella fe grande.
Nuestra Madre Josefina me dijo: “Va con la Madre Lorenza para que le cure esa
uña. Fui, me puso un dedal de cera de Campeche y me lo cubrió con una telita;
todos los días me cambiaba la telita. Un día que estaba lavando los uniformes de
los niños, se me cayó todo y vi que ya me estaba saliendo la uña; fui con la Madre
Lorenza y ella me llevó con Nuestra Madre Josefina, con la Madre Maestra y con
las cuatro Consejeras, que eran la Madre Margarita Cabrera, Dolores Ríos,
(ecónoma) Ana Andalón y Dolores Rodríguez. ¡Por fin!, me dijo. ¡Cuídesela!
Porque si no, no hay anillo”. Yo también estaba llena de granos en la cara, esto
también lo pedían. Y las manchas fueron desapareciendo. El día de Santa
Margarita, después de la fiesta y del toque de silencio, me dijo: “Se levanta
arreglada, porque mañana es su Examen Canónico”. Me tocó el Padre Muñoz
Martínez. (Manuel, que era poeta) El día de la junta de Doctores me encomendé
a Dios en la Misa, me puse en cruz en la hora de la Consagración; se ponía uno
así los viernes desde el “Sanctus”, hasta la hora de la Comunión, y le dije a
Nuestro Señor: Señor, si Tú te rajas primero, yo voy a donde me mandan y a lo
que me mandan voy, ¿y ahora Tú me vas a mandar a mi casa? ¿Quién serías Tú?
Y a Él le dejé la respuesta.
50
La Madre Juana y yo éramos las encargadas de la zapatería, arreglábamos los
zapatos de las Hermanas y de los niños, un día no terminamos y nos dejaron hasta
las nueve de la noche ahí para que se nos quitara lo flojo en el oficio: en eso que
se desprende el alambre que tenía el foco y me quedó cerca del oído, ella me
decía que me lo quitara porque iba a salir caliente y yo me lo dejé, le dije que
sentía muy a gusto el calorcito; al rato, que oigo unos como sonidos de diapasón
y que le digo: ¡Ya empiezo a oír algo! Ese era frío, tápese la cabeza y vamos a
decirle a Nuestra Madre Josefina, aunque sea silencio riguroso. Fuimos, y ahí en
su cuarto de ella, me llevó a otro cuartito que tenían y se hincó conmigo y me
dijo: “Junte sus manos así, Hermanita, cierre los ojos y vamos a darle gracias al
Señor en silencio”, y le vi unas gotas de lágrimas; yo no lloré, lo que tenía era
mucho gusto, luego me dijo: “Ya se puede ir”; me acuerdo con qué amor me dijo
eso.
51
mucho, la Madre Teresa Quesada daba más clase y una señorita auxiliar que se
llamaba Trini Gasca. Llegué a la Casa de Celaya el año de 1915.
Recuerdo que una vez nos platicaban que un Mayor, un hombre perseguidor de
la Iglesia, pensó quitarles el Orfanatorio, eso, antes de que lo recogieran
definitivamente; entonces ella salió a recibirlo; pero al verla con aquella actitud,
con aquella amabilidad que los recibió, que dice: “No, retrocedo”, y se fue, y no
entró ni siquiera. Con esto veo qué cierto es lo de la oración que está en el manual
de Hermanas del Sagrado Corazón, donde dice de Nuestra Madre Josefina.
Es cierto, así era ella: amable, bondadosa, caritativa; todo mundo le decía la
Madre amable, la Madre buena. La estimaban mucho en sociedad por su modo
de ser. La visitaba la Madre Conchita Cabrera de Armida, también el padre Félix
de Jesús Rougier; pero yo no fui a saludarla.
52
La confianza en Dios, el abandono a Nuestro Señor, parece que los tenían ellas
como una cosa indispensable, porque tanto era así, que Nuestra Madre Maestra
siempre nos formó así, con esa confianza en Nuestro Señor, una confianza
ilimitada en Dios, siempre hacían la voluntad de Dios.
Un consejo que nos daba Nuestra Madre Josefina, que nos decía, cuando alguna
quería dar algún chismecillo, tomaba una reglita y decía: “esta reglita quiere
decir…” que no teníamos que decir nada mal de nadie, ni interpretar las acciones
de las Hermanas, sino siempre llevar a buen término las acciones de las demás,
decía que era su reglita de oro.
Así eran las antiguas, nunca se les veía andar tomando cosas, o sólo lo que les
gustaba, así nos enseñó, lo que nos daban y como nos lo daban y a la hora que
nos lo daban, ya fuera ropa, alimentos, medicina, lo que fuera, ese era el espíritu
que había entonces y todas muy conformes porque nadie decía nada, ni
andábamos preguntando. Eso se usaba, eso decíamos; el alimento, pues no, no
estaba mal. En lo que se ocupaba ella a mediodía en el recreo, en hacer el pan,
amasar el pan y hacerlo; después de eso nos íbamos a recreo y nos hacía dar
carreras en la huerta, unas para un lado, otras para otro, pero a correr o jugar, lo
que fuera lo que no les gustaba nada era que se quedara uno parado, sin hacer
nada, aunque fuera en recreo; tenía que estar ocupado uno en algo, aunque
fuera a jugar, o en algo, ya escogiendo Semilla; como había mucha fruta en la
casa, ayudando a pelar durazno cuando había muchos duraznos, para cocerlos,
porque se echaban a perder, había muchos; ya en la huerta quitando los
botoncitos a los claveles, los chiquitos que están al rededor del botón principal
para que la flor esté más grande, en algo nos teníamos que ocupar.
26
Que después del Concilio Vaticano II se llama Libro de Espiritualidad.
53
Cuando estaba en la Capilla, recuerdo una vez, que tenía un pie descubierto del
hábito y entonces otra hermanita se lo cubrió y dio las gracias. En los actos de
piedad, muy piadosa, con sus manos siempre recogidas, así se le veía en el
corredor, siempre así, nunca colgando, ni nos dejaban que las trajéramos
nosotras así. Así entraba a la capilla y así salía. El más tiempo que duraba, era de
rodillas. Nunca se quejaba cuando estaba tan enferma, tan grave, no se le oyó
quejar, sino simplemente decir, como una exclamación pidiéndole a Dios que ya
la recogiera, decía: ¡Ay, Gemita! Nos leían de Santa Gema Galgani; ¡ya Gema, ya!
Una cosa así o ¡Ya, Dios mío! con enfado o como queriendo ya rápido, no, siempre
conforme con la voluntad de Dios. Recuerdo que una vez iba a entrar yo a verla,
a saludarla y a preguntar cómo seguía y me quedé parada en la puerta porque
me dijo: “No, ¿Cómo se tiene que decir?: ¡Gloria al Sagrado Corazón! Hasta que
dije: ¡Gloria al Sagrado Corazón! Y que ella me contestó, entré a saludarla, me
contestó: Él reine en nuestros corazones; pase, hermanita. Ese detalle me
acuerdo mucho y ahorita ya lo estamos olvidando, ya lo olvidamos, casi todo, el
silencio riguroso, era muy delicada con el silencio riguroso, el silencio de acción
también, cuando estaban las demás descansando, silencio y todas teníamos que
estar en la celda descansando a la hora del descanso del mediodía y en la noche
a las nueve recogernos; si alguna vez se tenía necesidad de dar un ratito más de
recreo, daba 5 minutos o 10 minutos a lo sumo pero casi no, a la hora, era muy
delicada en eso.
Muy amable con los niños, con los niños era muy delicada y muy amable, de no
andarlos tomando, era muy delicada, pero, muy amable con ellos, nunca
consentía que los golpearan, mucho menos, eso no, ninguna de aquellas Madres
hacía eso; recuerdo que alguna vez dijeron que hubo necesidad de dar sus azotes
a uno; pero creo hasta que pidieron permiso y no fueron ellas, sino un sacerdote;
pero no, era eso muy delicado. A los niños iba a visitarlos a los salones, como ahí
estaban internos, iba a verlos. La Madre María Guadalupe era la que más
navegaba con ellos, y la Madre Lorenza y Delfina. En el comedor iba a ver qué
estaban comiendo, cómo estaban comiendo los niños; la comida era sencilla,
pero muy bien preparada, muy bien sazonada; la Hermanita Lorenza era la
cocinera y ella sabía muy bien todo eso, porque sabía de alta cocina, parece que
su mamá y ella estuvieron sirviendo en el Seminario haciendo la comida;
cocinaba muy bien la Madre Lorenza.
Entraba al dormitorio a darles una vuelta a los niños a ver cómo estaban los niños
acostados y salía; a las Hermanitas, algunas veces también. Cuando alguna estaba
enferma, pues también tenía la delicadeza de ir a verla. Recuerdo yo cuando
estaba recién llegada de mi casa, una vez habló con mi mamá y le dijo mi mamá
que a mí me gustaba mucho en Chile, entonces tenía la delicadeza de cuando
salía a la calle, llevaba en su bolsa unos 2 chilitos verdes y me los ponía en mi
lugar.
Para el día del Sagrado Corazón, recuerdo le gustaba mucho cantar mañanitas,
nos levantamos a las 4:00 de la mañana a cantarle mañanitas; tomábamos una
campanita; otra, una barra colgada en un hilo, un fierro, lo que sea y por todas
las calles de la huerta ir sonando y cantando mañanitas al Sagrado Corazón el día
de su fiesta; en la noche había su serenata; era mucho muy alegre para eso.
-Hna. María Enriqueta: - ¿A qué iba ella a Bellas Fuentes? R: -Las madres fueron
a Bellas Fuente porque fue Persecución Religiosa y entonces discurrieron que en
Coeneo iban a hacer una manifestación agrarista y el Señor Cura Chávez se las
llevaba para allá, para que no pasaran en Coeneo esos días en el peligro, duraban
unos dos, tres días y ya se regresaban; como tres veces pasó eso. Yo iba allí a
saludarla y a decirle que me quería ir con ellas y me decía: “Espere, espérese,
todavía no”.
El día del Sagrado Corazón seguía una fiesta de teatro en la tarde, por las Novicias
y Postulantes con alguna representación, comedia, sainete chistoso, una canción,
recitación; luego ya seguía el Rosario, la cena que era libre porque al mediodía
nos poníamos una buena comida; ya después el toque para las últimas oraciones
y acostarnos. El Rosario era solemne, cantado. Las que tenían buena voz para
cantar era la madre Angelita, Josefina Llosa, la Madre Teófila; todo con sencillez,
todo con alegría, todo con entusiasmo; que se veía que el Sagrado Corazón se
sentía contento.
Yo nunca llegué a ver ningún disgusto entre las Hermanas, ni me imaginé que lo
fuera a haber.
Nuestra Madre Josefina nos platicaba de cuando murió Nuestra Madre Isaura,
que no se dejó operar, tenía un tumor. Todavía ese día mandó lavar su hábito,
plancharlo; se lo puso y así ya con su hábito limpio, todavía se levantó y salió y
sentada en un sillón, como ofreciéndose, con los brazos en cruz.
Nuestra Madre Josefina nos llegó a platicar de Nuestro Padre Fundador, que una
vez llegaron las Hermanas de una parte y ya era una hora inoportuna para rezar
y le dijeron que si les dispensaba el Oficio y el Examen y él dijo que no. “El Examen
y el Oficio no se dispensan, se deben de rezar.” Que cuando estaban en Colima
las llevaba al mar, y nos platicaba que después se ponían a descoser las bastillas
del fondo para sacar la arena que se metía; que amaba mucho al Sagrado Corazón
de Jesús. Que cuando llegó a la casa, en el primer patio había un cerro hecho a
propósito, estaba alto y el Sagrado Corazón quedaba más alto de como está
ahora ahí en la huerta, el de cantera; estaba bien formado el cerro y tenía unos
56
borreguitos de cerámica, creo los hizo la Madre Teófila o quien sabe, porque allí
trabajaban eso. Al pie del Sagrado Corazón había una llave de agua, de modo que
se veía que bajaba la corriente, un arroyito, y al pie, abajo, había una fuente
donde caía toda esa agua, luego esa agua se iba a otra pila, y dicen que cuando
llegó ahí, estaba cubierto con una cortina y al entrar, lo descubrieron y fueron
gritos de júbilo y aplausos, que le hacían fiesta también las personas al Sagrado
Corazón.27
Nuestra Madre Josefina estimaba mucho a los Sacerdotes; pero los respetaba a
todos. Una vez me acuerdo que una hermanita dijo: “¡qué bonito Sacerdote!” Y
nuestra Madre le dijo: “no bonito, santo;” era de los Misioneros del Espíritu
Santo; era muy delicada en ese sentido y a todos los veía igual, los respetaba
igual. Que una vez dijo un Sacerdote que se había edificado mucho con ella de
cómo tanto estimaba ella y respetaba al Señor Arzobispo, por igual, como al más
simple Sacerdote, a todos igual, a todos los veía igual.
Cuando yo llegué, el primer jardín, era un jardín muy bonito que tenía como cinco
o seis prados, había Rosales, de ahí poco los cortaron porque eran como adorno;
en seguida había otro tramo donde había una planta muy bonita que se llamaba
grosella que en tiempo de primavera se cubría de flores blancas, bonito, de allí sí
se cortaban flores y jazmines, en seguida estaba una mata de nogal, de ahí
cortábamos muchas nueces para comer; había muchos helechos en ese lugar, en
seguida, la huerta; había una gradería, graditas para bajar a la huerta, estaba
distribuida por lotes, un lote era de clavel rojo, otro de blanco otro de rosa, otro
de cremita; en otro una nube, otro de verdura, lechuga, o zanahoria, colinabo,
betabel, y todo eso iba a la cocina para el alimento. Y de las flores, la Madre
Dolores era la encargada cuando yo llegué, Francisca María y yo éramos las que
más trabajábamos ahí en la huerta, a regar, a acortar zacate y en la mañana
saliendo de la meditación a cortar flores y de esas hacíamos unos ramos muy
bonitos, Nuestra Madre Josefina los hacía, a esa hora se dedicaba a hacer ramos
de flores, grandes o chicos, según los entregos que tenían que hacer y esas
27
Este episodio se narra más completo en otro lugar.
57
personas daban limosna; o a los bienhechores, o ya comprados, y ese dinero era
para el sostenimiento de la casa.
Mandaban traer de Los Ángeles, EEUU, plantas de rosal y les ponían el nombre
de las Hermanas, había Josefina, era un rojo muy bonito, y encarnado, chulo;
había Sofía, Teresita… Y los lleva a entregar un señor que era sacristán del
Santuario de Guadalupe llamado Benjamín Patiño28 el hermano de Mariquita. Se
cultivaban también nardos, azucenas, margaritas, crespón, madreselva, alhelíes,
alcatraces, violetas. Confeccionaban los ramos muy bonitos Nuestra Madre
Josefina, la Madre Dolores y la Hermanita Lorenza; a veces mandaban hacer
alguna cruz especial para algún difunto; yo fui encargada mucho tiempo de cortar
violeta, sobre todo en tiempo de invierno, había mucha violeta. De árboles
frutales había aguacate, guayaba, naranjalima, Granada de China parecían
rosarios, daba muchas granadas, cortábamos sartenes grande llenos de
granadas, chirimoyas, nuez, manzana, membrillo, perón, durazno, limón.
Recuerdo cuando había mucho durazno, recogíamos los sartenes y nos los daban
asados en el horno muy sabrosos, en lugar de pan nos dejaban nuestro
montoncito de durazno y gozábamos con eso, nos gustaban mucho.
28
Era un señor muy allegado a la Iglesia y por alguna razón, también a nuestra Congregación. Yo lo conocí. Casi
siempre iba a Luis Moya a ayudar en los Días Santos, sabía muy bien todo lo que se debía de hacer en los Oficios
de Semana Santa y dirigía a los acólitos. Entonces, esas celebraciones eran muy completas y formales. Lo conocí
más o menos entre las décadas de los mil novecientos cincuenta y sesenta.
58
estuvimos presas ahí en la casa, todas estábamos custodiadas, sin permiso de
salir ni de hablar por teléfono, ni recibir recados de nadie, nos custodiaban unos
en la azotea, otros abajo, en el zaguán de la casa y en el pasillo, en toda la casa,
y en la noche, para poder sacar las cosas, soltaban al perro que era muy bravo,
tan bravo que le decían Lucifer y la Madre Juanita González, les dio un té bien
cargadito de vino y los emborrachó, y entonces por dentro, como estaba todo
comunicado, íbamos sacando todo hasta Nazaret, porque eran tres casas donde
estaba el Noviciado que es ahora la carretera, luego la de en medio, que era la
casa grande, luego la otra que estaba detrás de las Religiosas Capuchinas, donde
están ahora las Adoratrices, hasta allá llevábamos todo por un agujero que
hicieron o por la barda, al otro lado, allá vivía don Cayetano, el papá de la
Hermanita Rosa María y ellos allá recibiendo y otras acá sacando cosas toda la
noche; por eso se perdieron tantas cosas, porque muchas personas se llevaron
cosas para su casa, libros, cubiertos. Esto fue cuando salieron definitivamente.
Pero viviendo todavía Nuestra Madre Josefina, que estaba acostadita ya muy
mala y nosotras allá. Ella se dio cuenta todavía que estábamos ahí. El Santísimo
lo recibió la Madre Dolores por un agujero que había en la barda que daba a la
calle, lo llevaba en un relicario la señorita Lucía, hermana de la Madre Teófila y
ella nos lo daba donde nos encontraba, en el comedor, en la cocina, en la huerta,
donde fuera, porque estábamos custodiadas y nos llamaron a dar declaración,
unas tonteras.
Nuestra Madre Josefina, siempre, entre las 11 y 12, iba a la cocina a ver cómo
estaba la comida, la probaba a ver cómo estaba, lo que iban a comer los niños;
comíamos todos de lo mismo. Era muy razonable y muy amable; pero muy firme,
cuando decidía una cosa, lo decidía y lo hacía, con toda amabilidad; pero lo
cumplía.
Primera vez que intentaron expropiar el Orfanatorio: Por parte del Gobierno
fueron unos hombres al Orfanatorio que a notificar que se iba a expropiar, los
59
recibió Nuestra Madre Josefina muy amable y le dijo al Mayor: “Muy bien, pasen
ustedes, aquí está la Casa”; el Mayor, al ser recibido tan cortésmente y con tanta
amabilidad, dijo: “No, retrocedo”. Era la primera vez, yo no estaba.
Esta vez era cuando todavía estaba Nuestra Madre Josefina que ya estaba muy
mala, en cama, ya no se levantaba cuando esos tres días. Era Segunda la Madre
Luisa María. La pusieron sola, aparte, en una pieza para que no se comunicara
con nadie. Nos llamaron a todas a declaración, que cuándo habíamos profesado,
que cómo nos llamábamos, qué hacíamos ahí. Discurrieron las Madres que nos
presentáramos como sirvientas la Madre Josefina Maldonado, Carmen Sánchez,
yo y Francisca María. Nos decían ellos: “Qué sirvientas van a ser, si no las vemos
como las del mundo, cómo van a ser, si a una cuadra de retirado las vemos,
conocemos lo que son”. Nos retrataron.
El Señor Luis María Martínez nos dijo: La Madre Josefina está sufriendo dolores
muy agudos; pero no humillaciones, en cambio, el Señor Francisco Banegas, que
ya era Obispo de Querétaro y estimada mucho al Señor Martínez, en vez de buró
le pusieron un sanitario y un forzudo estaba para pasarlo cada ratito ahí, porque
tenía una diarrea muy seguida. Decía que así, en plena Persecución, se disfrazaba
y se iba a verlo.
Llegó el día en que murió Nuestra Madre; pensábamos que iba a morir el día 10
de julio, aniversario de la muerte de Nuestra Madre Isaura; pero fue el 12.
Después la Madre Margarita Cabrera estaba también en estado de agonía y la
Madre Dolores fue al Panteón para exhumar los restos de Nuestra Madre
Josefina; pero les dijeron que no se podía sacar ni un día antes; el día 12 había
muerto Nuestra Madre Josefina y era 12 cuando creían que moriría la madre
Margarita y providencialmente no murió sino hasta el día 13 y ya pudieron sacar
los restos de Nuestra Madre Josefina para sepultar a la Hermana Margarita, que
era de las que habían venido de Colima; entonces yo estaba en Apaseo,
62
Guanajuato y me impresionó que ahí en Apaseo el Grande, el Bajo, había una
familia Cabrera y el día que murió la Madre Margarita Cabrera, les nació una
niñita que le pusieron el nombre de Margarita Cabrera; era hermana de un Padre
Cabrera, primo hermano del Padre Muñoz Ledo, quien casi siempre fue Maestro
del Seminario de Morelia.
Esa vez vi entrar algunos hombres, derechitos a donde teníamos a Nuestro Señor,
que era un salón grande simulando un taller de corte y en un ropero estaba
Nuestro Señor; pero hacía unos dos o tres días que lo habían quitado y lo habían
puesto en el huequito de la pianola. Al entrar los señores dijo el jefe: ¡al ropero!
Y registraron todo. La madre Dolores sacó a Nuestro Señor del piano y se lo llevo
a la huerta, allá lo puso entre las flores. Los señores registraron toditito, porque
querían sacar al Padre y no lo encontraron, acababa de salir porque fue a darnos
la comunión y estaba apenas entrando al Santuario cuando llegó la Comisión;
buscaron hasta en los tinacos de semillas; después del salón verde seguía otro
como ropería donde estaba una mesa y ahí se le había olvidado a la Hermana
Matilde una caja con los ornamentos y no la abrieron, ellos registraron lo
guardado como una caja que tenía todo el ajuar de una novia que lo habían dado
a ver para qué se utilizaba, era una cosa tremenda.
Luego, un día, era Jueves Santo; el Señor Luis María Martínez le había mandado
una tarjetita el lunes o martes a Nuestra Madre Josefina donde le decía:
Reverenda Madre, hemos resuelto pasar unos días en esa querida Betania, y por
eso se le quedó el nombre de Betania a la casa y empezaba a llegar un cargador,
papá de un seminarista que llevaba los ornamentos en un canasto forrado de
cuero, los dejaba e iba por otro viaje, porque el Señor iba a hacer ahí los oficios
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de Semana Santa y pues iban muchos Sacerdotes que estaban en ansias de
comunicarse con él, Presbíteros, diáconos y subdiáconos. El Señor Obispo llegaba
como a las 11:00 de la noche y empezaban a llegar cada 10 u 8 minutos otro,
otro… Llegó el Jueves Santo, se celebró el Oficio propio, y cuando terminó lo
hicieron que saliera con la cauda como usaban antes, a que se pusiera al pie del
cerrito del Sagrado Corazón para tomarle una foto y estaban en eso cuando
tocaron el timbre de alarma, yo estaba haciendo las tortillas para la mesa de los
Señores, el Señor, ya se había pasado a la casa de las Capuchinas y vi a las Novicias
que iban rápido a esconder los ornamentos y por la prisa iban tirando cosas:
síngulos y ornamentos y yo los fui recogiendo y vi a los seminaristas corriendo,
tirando sus sotanas a un rincón y su cota que tenían debajo del brazo y se iban a
la huerta como a escaparse y a la hora de la comida solamente el Señor fue el
que comió, todos más bien pedían una tasa de amargo. Cuando el Señor estaba
allá con las Capuchinas preguntó: ¿Por qué diría la Madre Josefina que yo me
pasara para acá? y le dijeron: no fue nada, Señor, creyeron que era una visita del
Gobierno y no, era un borracho que las asustó, y dijo: ¡Ah!, Pues entonces ya me
voy, y se pasó a la casa a hablar con los Párrocos foráneos.
La Madre Dolores hacía jabón, tenía su receta con lo gordo de la carne que iban
juntando. Ella estuvo en la Escuela Industrial, por eso sabía hacer jabón con lejía.
No se doraba la sopa en aceite sino en el horno y luego ya se freía el recaudo con
el cebito aquél. En la huerta también teníamos verdura y tampoco se compraba;
no eran parcelas de verdura sino las orillitas de los prados. La Madre Dolores
compraba semilla de col “corazón de buey” o “gigante”, cebollita cambray; la
tierra se abonaba con estiércol de caballeriza y de murciélago, y el Señor
Martínez decía que por eso la flor era tan perfumada, porque no usábamos
fertilizantes químicos.
Nuestra Madre Josefina y la Madre Dolores sabían hacer muy bonitos los ramos.
En el Oratorio no vi un alcatraz, ahí se ponía flor de lo mejor: frisia, heliotropo,
jazmines y violetas, ésta era la flor chiquita que cultivábamos. A las 11 llegaba
don Benjamín por dos canastos de ramos de flores y volvía como a la una de la
tarde o con dinero de la venta o, por ejemplo, con pan, en una panadería
compraba pan, eran 25 bolillos los de un entrego de $0.25. En tiempos de mucha
flor, sobraba y entonces Nuestra Madre Josefina les mandaba un ramo a ciertas
personas de las bienhechoras que no tenían entrego, les mandaba un regalo de
flores muy bonito y cuando llegaba D. Benjamín Patiño decía: “Les van a mandar
su maicito” y otro día llegaban con el costal de frijol, con el costal de maíz. Los
64
ramos de más precio eran los de cinco pesos. El día de la Madre, la Madre Dolores
y yo casi no comíamos de tanto ramo que teníamos que hacer, jazmín mozquetta
de Italia, de rehilete y de novia; seguido pedían ramos para novias de
matrimonios. Nuestra Madre Josefina nos ayudaba todos los días un rato; era tan
mortificada, que nunca se quejó de piquetes de espinas ni me dijo: ¿Por qué me
las traen con espinas?, ni nada y traía casi siempre muestras de piquetes en las
manos.
Ese Hermano fue el que enseñó a la Madre Dolores también a hacer rosales
nuevos por propóleos: cuando está una rosa abierta, por ejemplo, blanca, y se
quiere hacer una rosa distinta, de otro rosal blanco se trae polen y se le pone ahí
y se amarra la flor por arriba y cuando se seca la flor, el tejocotito que da, es la
semilla, se siembra la semilla y sale distinto rosal; se pueden hacer también
combinaciones con de colores. Ese Hermano le platicaba a Nuestra Madre que
en Estados Unidos hacían Concursos y que cuando alguno obtenía un rosal nuevo,
tenía derecho a concursar y si él quería ponerle el nombre a su rosal, no tenía
derecho al premio y el que quería premio, dejaba que el jurado le pusiera nombre
al rosal nuevo. Este Hermano, es el investigador científico-botánico que me dijo
el Historiador; es el único que fue ahí a eso de las flores. La enseñó también a
injertar chayote en un betabel al que se le hace el hueco de la forma de la pepita
del chayote, se mete la pepita por donde le salen las hojas. También la enseñó a
castrar los pollos.29 También sabía Apicultura. Lo de las abejas, lo enseñó un
americano o español, se apellidaba Shombine. El Padre Superior del Templo de
29
La Madre Francisca me dijo que en ese tiempo se usaba este dicho: “Al que te regaló el capón, dale el alón”.
Capón es el pollo capado para que creciera grande y gordo, alón es el ala. Que se le ofrecía a la persona que le
había regalado el pollo
65
La Compañía, el Padre Joaquín Campo me trajo al Orfanatorio y me prestó un
libro del “Tratado de la Vida Religiosa”.
Nuestra Madre Josefina era una santita; de una sencillez encantadora. El día que
yo amanecí ahí, hacía mucho frío, era enero y la víspera del día 24 había caído
una granizada; yo me fui al Orfanatorio el día 26 y todavía entre las piedras del
cerrito había granizo, había subido como medio metro. No tenía ni abrigo ni
suéter, nos levantábamos a las cinco, entré al Oratorio y estaba encogida del frío,
Nuestra Madre Josefina traía un chalecito, se lo quitó y me lo puso para que me
calentara.
Los señores del Gobierno nos pedían recibos, que, aunque fuera recibo de la
renta de un mes les mostráramos y que no nos quitaban la Casa; pero, pues no
había nada.30 Dios sabe lo que hace. Los techos todos ya estaban muy mal, yo me
pasaba las horas y los días enteros tapando goteras, y cuando ya salíamos, del
Orfanatorio, dijo uno de la Comisión: “Ni se apuren, les vamos a dar otra” y
efectivamente nos dieron la casa que les habían quitado a las Religiosas de La
Cruz, en la esquina entre 20 de Noviembre y Álvaro Obregón. Tan la cedió el
Gobierno, que se pudo vender para continuar el trabajo en ésta, la Casa Hogar
Soledad Gutiérrez de Figaredo, donde está ahora, aquí en Morelia, por el
Templo del Niño de la Salud.31
Nuestra Madre Josefina era muy sencilla y muy comunicativa, me acuerdo que
cuando nos quería llevar a la huerta, nos decía: “Echen agua y vámonos”. Nos
llevaba a veces a la Casa del centro que era Betania, otra, a Getsemaní, que era
donde había frutos.
30
La casa del Orfanatorio había sido propiedad del Sr. Arzobispo José Ignacio Árciga Ruiz de Chávez. Fue su casa
solariega.
31
Y para la construcción de la Casa Hogar en el terreno de la Congregación faltaba dinero y fue entonces cuando
la Sra. Dolores Figaredo consiguió de la Federación un auxilio económico, que fue otorgado.
66
dijo: “Usted me quería hablar, ¿verdad?” y le dije lo de la admisión y me dijo: por
mí está admitida; voy a proponerla al Consejo. Ella siempre veía hacia adelante,
tenía mucha caridad, siempre quería estar a la hora de los recreos, no nos dejaba.
Cuando velábamos a la Madre Ana Andalón, otro día, en el desayuno, pasaba
Nuestra Madre Josefina y nos decía: ”Váyanse a dormir”.
Nuestra Madre Josefina tenía un tumor, le empezó a dar fiebre y el Doctor creía
que era paludismo y la mandó a Santa María, porque allá se iba a curar la gente,32
y estuvo en la casita de la esquina,33 en la pieza de la esquina, estuvo ahí un mes
y la Madre Dolores Rodríguez, todos los día iba allá a pie a verla y a llevarle leche,
y de ver que no se componía, se la trajeron; cuando se dio cuenta el Doctor que
tenía tumor, le proponía operación y ella dijo que de todos modos,
probablemente se iba a morir pronto, que mejor ofrecía su vida por la
Congregación, que hacía el sacrificio de su vida, y no guardó cama. Decía la
Madre Dolores que ella le ayudaba cuando salían a Misa todos los días y que se
apoyaba en ella y que la última vez que fue a Misa, sentía que, al contrario, ella,
Nuestra Madre Josefina, la llevaba a ella, que estaba muy ligerita, y les dijo a las
Hermanas: “No me opero, ofrezco mi vida por la Congregación, por el bien de
la Congregación.34
32
Se decía que Santa María, de Morelia, MÉXICO y otra ciudad europea, tenían el mejor clima de todo el
mundo.
33
Que ahora es una farmacia muy cerca de la Casa Isaura.
34
Madre Francisca María Hernández Pineda. Morelia, Mich. 25 de noviembre de 1985
67
hasta los pies, la dentadura. Me hizo caminar de frente a ella y de espaldas a ella.
Me dijo que ahí iba a encontrar lo que yo deseaba, lo que yo le decía en la carta.
Entonces, se va a ejercitar en las virtudes, principalmente la humildad, la
obediencia y pobreza. Luego me pasó con todas las Hermanas y me saludaron
todas de un abrazo y me sentí muy contenta en la casa. Después fui a saludar a
mis compañeras Postulantes. Luego me llevó a ver toda la casa, el dormitorio de
los niños, el de ellas, sus habitaciones y a ver a una Hermana que ya tenía tiempo
enferma, era la Hermanita Ana Hernández Andalón. Después de merendar, me
dijo: ”Va a enseñarse a hacer todo lo de aquí, poco a poco, no se precipite ni
tenga pena”. Así, poco a poco, me sentía más contenta y sentía más confianza en
ella. Me dieron por oficio el gallinero y una parte de la huerta.
A veces iba Nuestra Madre Josefina a donde yo estaba y me decía: “¿Qué está
haciendo?” “¿Por quién está haciendo esto?” Yo notaba que quería que me
enseñara a ver y a hacer todas las cosas sobrenaturalmente. Me decía: “¿Para
quién son esos huevos?”. – Para las Hermanitas. “Sí, para las Hermanitas en
Jesús”. Estaba yo lavando unos liencecitos de la Madre Ana Andalón, de los que
se ponía en sus llagas, y me preguntó: “¿Para quién son esos trapitos que está
lavando?” – Son para la Madre Anita. “Para Jesús, en la Madre Anita está Jesús”.
Otras veces me sorprendía tapándome los ojos y otra de las Madres me decía:
Adivine quién le está tapando los ojos; yo le contestaba que alguna de mis
compañeras Postulantes y ella me decía: “¡Soy yo!. “¿Cómo se siente? ¿Se siente
contenta? Yo le decía que sí.
En una crisis que ella sabía, a veces lloraba y me decía: “¿Por qué llora? ¿se quiere
ir a su casa?” – No, Madre, hasta la muerte quiero estar aquí. “Entonces llore
hasta que se desahogue”. Me decía que Nuestro Señor a veces se esconde,
porque quiere que las almas lo busquen en la paciencia; que Nuestro Señor me
iba a empezar a tener confianza, que me iba a empezar a cargar otras cositas más
duritas. Yo esperaba eso, que la vida iba a ser dura; pero no, y ella me contestaba:
“Así la quiere Dios”.
68
que los revisaran, iba muy contenta a darle gracias a Dios porque habían salido
bien. El Señor Luis María Martínez era el que les dirigía este trabajo,35
Nuestra Madre Josefina nos llevaba a los balcones del Orfanatorio el día 12 de
diciembre, fiesta de la Virgen de Guadalupe, a comer cañas y cacahuates,
platicando contentas y disfrutando de la fiesta de afuera, el castillo, y todo ese
día había muy buena comida, como en las fiestas de todos nuestros Santos
Patronos. El día 25 de diciembre, buena sorpresa me llevé, que todas, en la mesa,
teníamos cada una, un nidote con heno, dulces y fruta seca y un buen platón
arreglado con dulces para todas; el nido con heno, dulces, fruta seca. Nuestra
Madre Josefina los arreglaba, ella tenía especialidad en hacer todos esos
arreglitos.
35
El Señor Obispo Luis María Martínez las orientaba en cómo ordenar los textos y a pasar en limpio lo que se
había trabajado con los Padres Jesuitas Andrés Campo y Constancio Záenz y luego con el Padre Treviño.
36
A mí me tocó vivir esto. Por ahorrar, en vez de planchar, en tablas, se estiraba la ropa un poco húmeda, se
doblaba la ropa que no tiene pliegues, como sábanas, toallas, pañuelos, etc. lo que se prestaba para eso, y encima
69
Madre Josefina iba a revisar todo y para entrar al Examen, ella se quedaba en la
puerta para ver quién entraba bien vestida o quién iba mal arreglada del pelo,
vestido, todo.
A Nuestra Madre Josefina no le gustaba que pusieran tantos floreros, decía que
parecía capilla de indios,37 con tanto florerito, no; seis floreros cuando mucho,
bien hechos, eso sí.
Cuando en 1933 fue a México a operarse, llegó y sí, todavía más o menos
contenta; pero más bien se iba a su cama y después de esa Navidad, ya fue estar
en cama. Cuando ya estaba muy enferma, dijo que quería darles la bendición a
las Novicias y a todas; nos trajeron a todas, entramos primero las Novicias,
éramos: Rosa Magaña, Catalina Maldonado Zavala, Consuelo Almanza Núñez,
Lupe Maldonado López, Josefina Maldonado Silva; éramos diez. Yo era la de
adelante y me puso la mano sobre mi cabeza como unos cinco minutos y la Madre
Dolores Ríos, como era la Secretaria, le dijo: “Ya, Madre, porque faltan todavía
las demás”. Me dijo: “Sea muy virtuosa, ame mucho a Dios, a su Jesús y a la
Santísima Virgen; pero la virtud debe de ser sólida…” Nos fuimos al Noviciado,
era julio de 1933. La velamos diario de día y de noche. Estábamos ya acostadas,
cuando nos dijeron que había entrado en agonía. Nos levantamos todas. El Padre
Bárcena se quedaba ahí a dormir por lo que se ofreciera, él la auxilió. Toda la
comunidad se levantó y estuvimos con ella en su agonía hasta que murió. Era
noche y todas nos quedamos con la pena.
Una vez, en recreo, llegó la hora de que íbamos a comer, era día de San Vicente,
y fueron a decir: “No hagan comida porque se la vamos a traer” y Nuestra Madre
Josefina nos dijo: “Ahora no vamos a comer, se van a la huerta a jugar, nos dijo:
“Llévense un salerito y cortan guayabas y a ver qué más, le dicen a la Madre
Dolores que ella les dé lo que ustedes quieran. Las Damas Vicentinas iban a llevar
la comida a todos, niños y nosotras. Y llegó la comida y todos a comer. Cuando
había algo especial, como elotes, también nos decía: “Ahora vamos a merendar
acá afuera, para que puedan platicar y gozar aquí sus elotes.
se ponía otra tabla y se ponían cosas pesadas encima y después de unas horas ya estaban secas y quedaban como
planchadas. Así se ahorraba el gasto de luz.
37
Era un dicho popular que equivalía a “tener mal gusto”. En ese tiempo no se tomaba a mal esta expresión como
ahora que se puede interpretar como que se desprecia a los indígenas, que no se respetan ni se valoran sus
tradiciones y costumbres.
70
A veces, cada ocho días, los domingos, nos tocaba ir con ella; un domingo iban
las Novicias, otro las Postulantes, otro las Profesas; todas queríamos estar con
ella, era un gusto especial que sentíamos. Cuando nos tocaba a las Novicias, nos
decía: “Vénganse, mis palomitas” y la Madre Josefina Yosa nos hacía broma y nos
decía: ¡Qué nada; la más bonita es Panta! ¡Gorronas, gorronas! Y ya, le
seguíamos. Era como una niña que daba gusto jugar con ella; pero muy delicada,
la virtud siempre, a toda hora, la educación.
Lo mismo, que cuando llegaban las Hermanas de fuera, nos decía: “Va a venir la
Madre Ángela de Puruándiro, ya saben que ella era la Maestra de casa y le gusta
tener todo limpio y bien arreglado, así es que díganle a su Maestra que les dé la
canasta donde tienen todas las escobetillas y sus trapitos para que sequen y a
arreglar el pasillo; porque el corredor era de ladrillo rojo y el pasillito como de
pura cantera color de rosita. Nuestra Madre nos decía: Así como les decía la
Madre Ángela, así lo van a hacer. Ella nos decía que no nos fuéramos a mojar,
que laváramos bien cada cantera. Nos daba mucho gusto cuando iban
Hermanitas de fuera, ¡era una alegría!, aplaudíamos, gritábamos, hasta el cancel
íbamos a recibir a las Hermanitas que iban a llegar, a Nuestra Madre Josefina de
que había ido a alguna parte, era más, hasta todos los niños formados.
Tenía mucho empeño en los estudios de cada Hermana, porque las tenía
estudiando a todas.
Una vez que una Hermanita toda efusiva con Nuestro Señor, como melosa,
Nuestra Madre Josefina le dijo: “Mi secreto para mí, mi secreto para mí”; ella no
andaba con esas melosidades, sí, mucha delicadeza con Nuestro Señor.
La Madre dolores Rodríguez Uribe nos platicaba que vivieron muy contentas con
Nuestra Madre Isaura, decía: Nuestra Madre Isaura nos quería a todas muy
obedientes. Una vez Nuestra Madre Josefina le tendía su cama con la marca hacia
71
los pies y le dijo: “Josefa, ¿hacia dónde debe ir la marca?”. A la Madre Josefina la
tomó por su cuenta a formarla; que una vez la mandó a que cortara la verdura
para la comida y se le olvidaron unas lechugas por donde corría el agua y le dijo:
“Ve a traer esas lechugas que se te olvidaron allá, Josefa”. – Sí, Madre. Las trajo
y se las puso colgadas en el cuello para que se acordara, porque era muy
desmemoriada. Le dijo: “Para que no se te olviden las cosas”, hasta que le dijo:
“Ve y déjalas en la cocina. Así trataba a Nuestra Madre Josefina, en todo la estaba
formando, porque ella iba a ser la que le iba a seguir.
Así eran las cinco que yo conocí: Nuestra Madre Josefina, Ana Hernández
Andalón, Margarita Cabrera, Dolores rodríguez Delfina Quiñones. A todas las
formaba muy estrictamente, porque eran las que iban a seguir; pero a la que más
le cargaba, era a Nuestra Madre Josefina. A la Madre Dolores le decía: “Tú, Lola,
ya sabes tu destino, tú eres el papá de la casa; porque ella hacía los trabajos de
hombre, hasta tumbaba árboles.
Cuando iba a morir Nuestra Madre Isaura, dejó a Nuestra Madre Josefina en su
lugar y todas la aceptaron.
La Madre Claudia Cendejas Ruiz tiró una vez la lámpara del Santísimo y la Madre
Maestra le dijo que fuera a decirle a Nuestra Madre Josefina y ella se quedó
viéndola con una mirada de compasión, y en lugar de darle alguna penitencia, le
dijo: “Recoja sus pedacitos y váyase, ya no llore”. Era muy compadecida.
Otra vez, un día de Capítulo de Culpa, una de las Hermanas había dejado la puerta
del gallinero abierta y se comieron las abejitas, las mataban, y una de las
Hermanas le dijo en el papelito38 a la Madre Delfina que había dejado abierto, se
habían salido las gallinas y habían maltratado las abejitas; entonces la Madre
Delfina, sin disculparse, recibió el castigo de comer de rodillas; entonces la Madre
Cata Maldonado, que era la que sí había sido, se paró y le dijo a Nuestra Madre
38
Ese papelito era la admonición. Se acostumbraba que la Superiora le diera a cada Hermana como admonitora,
a una Hermana que tenía el deber de hacerle notar por escrito, a la Hermana que le había tocado, algún defecto
visible, no grave, desde luego y que tenía que decir en “El Capítulo de Culpas”.
72
Josefina: Madre, yo fui la culpable, la que dejé abierto, yo como de rodillas en
vez de ella. Así era todo, todas queríamos lo mejor.
La víspera del día del Sagrado Corazón había ayuno y con tiempo se hacían aseos
generales de todo, cambio de colchas y de las cortinas de las celdas. Nuestra
Madre Josefina era enemiga de hacer todo a la mera hora, lo hacíamos con
tiempo.
Nuestra Madre Josefina no quería que nos desveláramos por hacerle algún regalo
escondidas, como reliquias para el día de su santo. Le regalábamos cosas también
para la Capilla, para la casa y para ella, como por ejemplo un par de zapatos o
algo. Ella andaba siempre muy bien vestida, muy arregladita. Todas andábamos
así; pero ella más porque salía con la Madre Dolores cada dos o tres días o a veces
diario a visitar a las personas que les daban donativos, o de la venta de las flores
que era de lo que vivíamos.
A veces nos llamaba a todas, Nuestra Madre Josefina nos llamaba y corríamos a
ver qué orden nos iba a dar o qué noticia y ya nos decía: esto pasó o va a pasar…
o vino un señor y nos dejó esto, nos dio este donativo, y así, nos comunicaba las
cositas que se podía.
En ese tiempo el Señor Luis María llegó a ir al Orfanatorio a visita, con la Señora
Conchita Cabrera de Armida y el Padre Félix de Jesús Rougier; estuvo Nuestra
Madre Josefina platicando con ellos, todos muy contentos, viendo toda la casa
que les gustaba mucho. Y él les decía: “¿Por qué creen que estoy aquí?”. Le decía
a Nuestra Madre Josefina: “¿No tiene por ahí un azadón y una pala para este
hermano?”. Era el Padre Manuel Muñoz, el poeta y lo mandaba a la huerta a que
le diera la espalda al sol, y sí ayudaba.
El libro que el Señor Martínez estaba escribiendo entonces, que se llama: “El
Corazón de Jesús”, él nos lo explicaba, nos hablaba de eso. Esa vida que nos
muestra el Directorio,40 es como el remate, porque se platicaban entre ellos,
Nuestra Madre Josefina y él esto del Directorio. Primero los Jesuitas; pero se
fueron y él siguió ayudando a Nuestra Madre Josefina, de acuerdo a lo que
Nuestro Padre Fundador quería de la Congregación y yo veo que es lo que
predomina más.
39
El Señor Banegas así escribía su apellido: con la “B”.
40
Antes del Concilio Ecuménico Vaticano II, así se llamaba nuestro libro de Espiritualidad.
74
Cuando el Señor Martínez tomó la cosa más en serio, que iba al Orfanatorio, iba
con ese fin de ver cómo se vivía eso que hablaban con Nuestra Madre Josefina, y
él puso al Padre José Guadalupe Treviño, un amigo muy estimado de él, que era
su confesor del Señor, a que arreglara los Libros de las Hermanitas:41 Después él
las orientaba cómo ponerlos en orden y pasarlos en limpio para entregarlos al Sr.
Ruiz y Flores.
Cuando Nuestra Madre Josefina estaba en agonía, el Señor Luis María Martínez
andaba en Roma; y cuando llegó ya había muerto y cuando fue a vernos, fuimos
todas con él, nos preguntó cómo estábamos y dijo cuando vio el retrato que le
enseñaron de ella en la cama: “¡Qué mujer tan sencilla; en medio de esa
sencillez, un alma santa!”.
Una vez el Señor Luis María Martínez nos visitó dos veces en Atzcapotzalco42. Lo
que le gustaba a él de nosotras, era la sencillez y que Nuestra Madre Josefina era
muy sencilla, nunca hizo alarde de nada.
41
Después que los Padres Jesuitas Andrés Campo y Constancio Záenz dejaron este trabajo, el Sr. Luis María
Martínez le pidió al Padre J. Guadalupe Treviño que siguiera auxiliando en esto a N. Madre Josefina.
42
Cuando fue trasladado a la ciudad de México, como Arzobispo Primado de México.
75
Nuestra Madre Josefina siempre estaba hincada con sus manos juntas sobre el
reclinatorio o en una mano apoyada la frente; ella nos daba la señal de pararnos
y de hacer la genuflexión con una chasca.43 Cuando éramos Novicias, cada quince
días tocaba el recreo con ella y también cuando éramos Postulantes, y nos daba
permiso de comer la fruta que quisiéramos, sólo de una pera muy fina que había,
nos decía: “sólo de este árbol no vayan a cortar, porque es para los
bienhechores”. Ella nos decía que debíamos acordarnos siempre de poner las
cosas en su lugar, que si estábamos cosiendo, recogiéramos hasta las hebritas
por amor al Sagrado Corazón, que fuéramos generosas con Él, que no le
regateáramos nada de lo que Él nos pidiera. Cuando yo iba a ayudarle a la
Hermanita Francisca María a la huerta y fui a llevar la verdura a las 11 a la cocina,
casi siempre Nuestra Madre Josefina iba saliendo de la cocina, porque iba a
probar la comida; me esperaba en el barandal del segundo piso y me decía:
“¿Qué trae ahora mi manzanita poblana”? haciéndome una caricia en la mejilla;
pues esto que manda la Hermanita Francisca María, le decía yo; “pues páselo
para la cocina”. Nos hablaba con mucha suavidad. A mí nunca me reprendió; pero
sí me aconsejaba que lo hiciera todo por amor al Sagrado Corazón, que lo visitara
con frecuencia en el Sagrario, que estuviera muy atenta en el día, de estar
hablando con Él, para ir adquiriendo poco a poco esa vida de unión con Él.
Nuestra Madre Josefina era muy delicada en cuanto a que las Profesas nos
hablaran a las Postulantes o Novicias. A mí me tocaba el jardín de la entrada y
barrer la calle de en medio y me acuerdo que cuando andaba ahí, la Madre
Delfina me hablaba, me decía que me parecía a mi papá, que cómo estaba
“Nicolasita” y yo le decía que bien. Nuestra Madre Josefina me alcanzó a ver del
corredor del segundo piso, me mandó llamar a mí y me dijo: “¿Qué, usted habla
con las Profesas? –le dije: No, Madre, no hablo con ellas. “Cuando pasa barriendo
la calzada de la huerta y pasa la Hermanita Delfina, ¿qué le dice?” – Pues, me
saluda, me dice buenos días, que “¿qué dice Nicolasita?, que ¿Cómo ha estado?
Dijo Nuestra Madre Josefina: “Bueno, está bien; usted no vaya a faltar a sus reglas
hablando con ellas, sabiendo que no tiene permiso”. Le dije: No, Madre, no les
voy a hablar.
Ella era muy observante, siempre muy amable, era como color de rosita de toda
su cara, siempre andaba con su velo delgado, en la cabeza, prendido, se veía muy
elegante, a la vez que muy digna, mucho muy amable. Yo me acuerdo que a mí
me gustaban mucho las semitas, yo nunca le había dicho a ella nada, sin embargo,
43
Una especie de castañuela.
76
un día, en vez de la rebanada de pan dulce, encontré una semita muy doradita.
Una vez que salimos del comedor, me puso una mano en el hombro y me dijo:
“¿Le gustó la semita?” –Yo le dije que sí y le di las gracias.
Siempre que íbamos a salir a algo, al médico o al dentista, Nuestra Madre Josefina
nos revisaba por todos lados para ver si íbamos bien arregladas.
La fiesta del Sagrado Corazón era la gran fiesta. Desde la víspera había serenata
y desde la víspera también cortábamos ramas de los árboles y flores y
adornábamos toda la casa, sobre todo el primer piso desde la entrada. La Misa
era muy solemne; el armonio lo tocaba la Madre Teófila, cantaban las Madres
Josefina Yosa, Ángela Ibáñez e Isaura Maldonado. Ese día nos poníamos el hábito
44
Aquí la Madre Catalina Maldonado dice que el negocio a donde fue N. Madre Josefina a pedir ayuda para los
niños del Orfanatorio y que la escupió un hombre de los que estaban entretenidos en un juego de apuestas era
una carnicería. Más arriba está el relato más completo.
77
de gala y en los alimentos había chocolate, leche y panecitos que hacía la Madre
Lorenza. También a medio día había fiesta y todo el día, los niños también.
Las fiestas de los demás Santos Patronos eran muy bonitas; pero principalmente
las de Señor San José y de la Virgen de Guadalupe. El onomástico de Nuestra
Madre Josefina era también lo más solemne que se podía. Todas, con tiempo,
empezábamos a hacer reliquias y ese día se ocupaba toda una pared que se
adornaba con gasas y gradas en una mesa grande y ahí íbamos prendiendo cada
quien, de las Profesas, Novicias y Postulantes, fueran reliquias o alguna costura
que pudiera servir para regalo de los bienhechores, o para venderlo en caso de
necesidad, y ella muy contenta; la abrazábamos, le cantábamos las Mañanitas y
todas nos sentíamos muy felices, muy contentas.
Cuando iba el Señor Luis María Martínez, todas nos formábamos en el corredor
de arriba para saludarlo, y ahí comía, en el comedor de los Padres. Cuando la
Persecución Religiosa ahí estuvo él hospedado un tiempo, y unos Sacerdotes
seguido iban a buscarlo. Él decía que ahí tenía su Catedral de Anemurio. Cuando
se iba también lo despedíamos, nos platicaba un rato y luego nos daba la
bendición y se iba.
Cuando murió Nuestra Madre Josefina, el Señor Luis María Martínez nos fue a
dar el pésame, nos dijo que no nos apuráramos, que ya no lloráramos por ella,
que sí la íbamos a extrañar mucho; pero que desde allá nos iba a ayudar más que
en vida, porque allá veía mejor todas nuestras necesidades morales, materiales
y espirituales, aun las internas y que acudiéramos a ella para que nos ayudara a
ser mejores servidoras del Sagrado Corazón, que ella allá veía como alma ya
glorificada todas nuestras necesidades. Nos dijo que le diéramos gracias a Dios
que ya Nuestra Madre estaba allá, que le agradeciéramos al Sagrado Corazón
que nos había dado una Madre santa, que Nuestra Madre Josefina era una
santa.
78
Contreras, ella, con mucho gusto me recibió; yo sentí el cariño de ellas y de las
Hermanitas también.
Otra cosa que me llamaba la atención, fue ver a la Madre Dolores Rodríguez ya
grande que se ocupaba en regar y hacer todo el trabajo de la huerta. Hacía unos
ramos de flores preciosos que Nuestra Madre Josefina mandaba a las personas
bienhechoras del Orfanatorio.
De Nuestra Madre Josefina, desde que me recibió, comprendí yo que era una
persona muy educada, muy comprensiva. Cuando iba mi abuelita a verme,
porque ella me llevó al Orfanatorio, le platicaba con mucho cariño y una vez le
dijo: “Bueno, si quiere llevarse a su niña, llévesela”. Entonces me vio a mí y yo le
dije: “No, por ahora no”. Nos vio a las dos y me sonrió; pero a mi abuelita le dio
mucho gusto.
Cuando la Semana Santa, que iban muchos Sacerdotes, Nuestra Madre Josefina
trataba tan finamente al Señor Martínez, el Obispo, como al último Sacerdote
que se había Ordenado; a todos los veía con aquella delicadeza, con aquella
atención, tanto al acompañarlos al portón como en el desayuno y en todo y tanto
es así, que hace poco yo fui con el Señor Cura Báez que estaba en el Templo de
45
La Madre Carmen Mora fue alumna siempre del Colegio Teresiano hasta la Normal para Maestros.
79
la Visitación, para ver si había conocido a Nuestro Padre Fundador, para ver qué
me platicaba de él y me dijo: ”No me acuerdo muy bien”. - Bueno, y del
Orfanatorio, ¿sí lo conoció usted? Dijo: “Ah, sí, cómo no, conocí muy bien a la
Madre Josefina, era una religiosa finísima, atenta con todo mundo”.
El piano que siempre estuvo en la sala de la Casa Central de Luis Moya 150, fue
un regalo de Mamá Pachita, así era la costumbre desde las primeras Hermanas
de nombrarla así, porque fue la primera Presidenta de la Junta de Caridad,46 que
protegía a las Madres del Orfanatorio. Era de la familia del Señor Canónigo Laris,
que fue familiar47 de Nuestro Padre Fundador. Ese piano era muy estimado por
todas las primeras Hermanas desde Nuestra Madre Josefina. Tengo presente este
detalle: Cuando la Madre Teófila ingresó a la Congregación, llevaba su piano; en
una necesidad muy grande, avisándole por atención, Nuestra Madre Josefina y la
Ecónoma de entonces, se permitieron venderlo porque tenían una grave
urgencia de dinero, y cuando llegó este piano de Mamá Pachita, entonces,
Nuestra Madre amablemente le dijo a la Madre Teófila: “Dios le ha repuesto ya
su piano, aquí está para que lo use como si fuera el suyo”. Lo consideramos, pues,
como una reliquia, un regalo de mucho valor a la Casa Central. Esta señora Mamá
Pachita, era, según creo, la que adoptó a Carmelita Gómez Puente, otra
bienhechora de la Congregación, puesto que la casa de Corregidora, se debe a
ella, era de ella y la cedió para que se siguiera protegiendo a las niñas
huérfanas. En tiempos de la Madre Teresa Quesada, siendo Superiora, se
recibió esta donación.
46
De la Junta de Caridad de San Vicente de Paúl.
47
Era y es costumbre que los Obispo tienen siempre como auxiliar a un Seminarista ya avanzado en los estudios,
o a un Sacerdote, que siempre están cerca de él y que lo auxilian en lo que a él se le ofrece. Yo conocí a este
Sacerdote.
81
Madre Ángela. Durante ese período se fundó la casa de Puruándiro. La Madre
Ángela, después de haber fundado la de Zinapécuaro; se fue en el mes de
diciembre a fundar la casa de Puruándiro, siendo también del Consejo y la Madre
Teófila siguió en Zinapécuaro como Superiora.
Yo llegué en 1921 y salimos del Orfanatorio hasta 1933. Cuando estaba uno en
su oficio, pasaba Nuestra Madre Josefina y nos preguntaba: “¿Por quién está
trabajando?” – Madre, por Nuestro Señor. Le daba a uno una palmadita y decía:
Siga, y seguía adelante.
La Señora Marín, con su esposo, visitaban la casa, vivía por la Calzada del
Santuario, ayudaba mucho a la casa. Para Navidad, nos llevaba dos o tres charolas
de pura fruta seca y fina, después volvía y preguntaba si ya se les había repartido
a las Hermanas, y llevaba algo más para repartirlo personalmente a nosotras.
Preguntaba que dónde estaban las Novicias y Nuestra Madre Josefina le decía
que no podían salir las Novicias y no salíamos, sólo a la señora Conchita Cabrera
de Armida y al Padre Félix de Jesús Rougier sí nos presentó. Visitaban la casa
también Pilarito Ibarrola, con la Mamá del Padre Gabriel Ibarrola. Después iba
también Margarita, la esposa de D. Gabriel Ibarrola, cuñada de Pilarito; Carmelita
Gómez Puente y el Sr. Canónigo D. Luis G. Laris.
La Madre Dolores Rodríguez nos platicó que como dos meses antes de morir
Nuestra Madre Josefina, ya encamada, se ponía en cruz y que rezaba seguido la
oración del Trisagio que dice: “Te pido que todas las almas se salven, que crezca
esta amada congregación y que todos sus miembros te den gloria”. Que de vez
en cuando cogía la cruz y luego la soltaba porque no soportaba. La Madre Dolores
82
Rodríguez también la rezaba cuando estaba grave, en agonía. Cuando la Madre
Dolores Rodríguez se quedaba a velar a Nuestra Madre Josefina, una noche le
habló al Padre Bárcena, porque se quedaba a dormir en la pieza del Señor
Martínez, para lo que se ofreciera; le habló pues al Padre Bárcena, era la
antevíspera de que muriera Nuestra Madre y que ya se veía como una santa, con
las manos juntas. Yo me acuerdo que así andaba ella siempre, con visitas y sin
visitas, con las manos juntas y que sus ojos, cuando los abría enteramente, se
veía como una santa, decíamos: será porque la queremos tanto. Como que ya los
sufrimientos la hacían verse de otra forma, ya purificada.
Cuando salieron al Panteón, como a las cuatro de la tarde, vi que fueron la Madre
Dolores Rodríguez, la Madre Luisa María Garduño, la Madre Delfina Quiñones, la
Madre Isaura Maldonado, la Hermanita Josefina Yosa y la Madre Ángela Ibáñez.
Formaron valla las que iban a salir al Panteón y pasaron con el cuerpo de Nuestra
Madre Josefina. Me acuerdo que luego la Madre Lorenza nos llevó a las Novicias
al cuarto de la Madre Ana Hernández Andalón, y sin decirnos nada, lloraban y
lloraban, y los niños que se quedaron, porque unos pocos fueron al Panteón, se
quedaron con Joaquina, una muchacha de Janamuato48 que ayudaba y nosotras
ahí, hechas bolita, hasta que dijo la Madre Juana González: Pues, vámonos a
nuestra casa. Ya cuando regresaron, dieron un toque y todas fuimos a la Capilla.
La Hermanita Juana González fue a ver de qué se trataba, era para reunirnos a
todas en la Capilla a rezar, ha de haber sido esto, ya no me acuerdo bien.49
Nuestra Madre Josefina estuvo mandando llamar casa por casa, de las pocas
casas filiales que había: la de Coeneo, Puruándiro, Zinapécuaro y no me acuerdo
más. Las llamaba casa por casa con todo su personal, me acuerdo que cuando
nos llamó a nosotras, la casa de Coeneo, que era donde yo estaba, esperamos,
porque primero nos llamó a todas, breve, porque nos dijo: “Más quisiera decirles;
pero ya no puedo”. Nos dijo que nunca olvidáramos que Cristo estaba en la cruz
y que nosotras estábamos en el reverso, como esposas suyas, privilegiadas, que
amáramos la Congregación, que nos sacrificáramos por ella cuanto pudiéramos,
y a propósito de eso, nos repetía: “Cristo está en la Cruz y nosotras al reverso”,
que con predilección nos ha tocado ese lugar. Luego pasamos a la pieza del
teléfono y a una por una nos fue llamando y dando la bendición, decía: “La última
48
Una población que está muy cerca de Puruándiro, Mich.
49
Morelia, 6 de noviembre de 1988
83
bendición, porque no nos volveremos a ver en este mundo”. A mí me dijo
tocándome la cabeza con mucho sacrificio: “No se le olvide a mi Hermana la
chaparrita, que debe de ser siempre lo mejor y decirle a Jesús siempre sí. Sea
obediente, no se canse nunca de la cruz”. Con qué amor nos daba la bendición y
posaba su mano sobre la cabeza, y pasaba otra. Por último, nos dio la bendición
a todas y le dijo a la Superiora que tuviera mucho cuidado de aquellas almas que
el Sagrado Corazón le había confiado. Fueron sus últimas palabras para nosotras.
¡Qué regocijo para la fiesta del Sagrado Corazón! ¡Era una cosa notable! Ya un
mes antes Nuestra Madre Josefina nos decía: “¿Qué es lo que esperamos?, ¿qué
esperan? Unas atinábamos, otras no y decíamos: ¡La fiesta del Sagrado Corazón!
A cada una nos preguntaba qué estábamos esperando en nuestro interior. Luego,
ya en la fiesta del Sagrado Corazón, andaba contentísima, y todas; decía que un
ramillete de toda la comunidad le había presentado al Sagrado Corazón de Jesús
y luego, en la comida, feliz, contenta andaba. Ella siempre tenía una costumbre,
poquito antes de las doce, iba a la cocina a ver cómo estaba. La Madre Lorenza
también iba a la cocina a ver cómo estaba la comida de sazón; eso era diario, yo
siempre lo veía. Cuando se ponía a labrar el pan que ya habíamos amasado las
Novicias, ¡Ay! Se ponía, pero contenta, contenta; hubo quién nos dijera que eran
los dolores, porque ya había venido de que la habían radiado, después nos platicó
la Madre Dolores que eso fue, los dolores y que así los pasaba sonriente. Para la
fiesta del Sagrado Corazón, le hablaron con tiempo a la Madre Teófila, para que
preparara todas las apariciones de la virgen de Guadalupe con los niños, sólo los
niños y las aspirantes eran los que podían representar algo, ya para el día de
Santa Margarita y Santa Teresita del Niño Jesús ya dio permiso a las Postulantes
y Novicias para hacer su fiesta: poesías, sainete, cantos… El día del Sagrado
Corazón, empezaba como siempre: el levanto, las mañanitas al Sagrado Corazón
y entrábamos, como ahora, con la flor y de rodillas, luego seguía la Meditación y
entonces sí se quedaban todas, hasta las Aspirantes, luego la Misa, seguía el
desayuno con recreo todo el día y un abrazo todas felicitándonos, y a seguir
preparando la fiesta, que a veces había, a veces no; muy fervorosa ella, nos
comunicaba su fervor y muchas veces pasaba junto a nosotras y nos decía una
jaculatoria, nos enseñó así, nos decía: “Gloria al Sagrado Corazón; reine el
Sagrado Corazón en nuestros corazones; reine en los corazones que menos se
acuerdan de Él”.
84
Nuestra Madre Josefina iba al lavadero a ver a todas las que estábamos lavando
y veía las tinas grandes de los uniformes de los niños y la ropa de las Hermanas y
nos veía a todas con una expresión de mucha amabilidad, de santa, y luego volvía
con unas galletitas y dulces y nos llamaba, nos subíamos, porque los lavaderos
estaban bajando unas graditas, y nos daba, y nos decía: “¿Ya se cansó?” Le
decíamos: No, Madre, estamos bien. Yo ya sabía desde Postulante que no
debíamos decir que estábamos cansadas; pero un día sí se me salió en el
lavadero, decirle a la Madre Luisa María que ahora sí nos habíamos cansado y
después me llamó la atención a solas y tuve que pedir dispensa a todas. Dije La
Culpa. Los miércoles decía uno La Culpa en el comedor
Una vez tomé un vaso que estaba con agua hirviendo y le saqué las manos porque
estaba muy caliente y Nuestra Madre Josefina lo tomó con toda calma y lo dejó
en el pretil sin nada en las manos. Una vez que ponen un sartén en la lumbre con
no sé cuántas cosas para pintar el recibidor y que se incendia todo; tomó el sartén
y lo aventó para afuera y se quemó las manos; pero no se quejaba. Se le veía
mucho dominio de sí misma, siempre, siempre, paciente, de carácter muy
sereno, jalisciense, de nosotras muy estimada. La estimaba mucho una familia
que parece que era de Huetamo, Luisita Vélez visitaba la casa con frecuencia, a
veces le ayudaba porque nos estaban dando el arroz con sal, y cuando no había
arroz, nos daban durazno cocido sin azúcar y ella mandó un costal de piloncillo.
También el Padre Manuel Muñoz nos visitaba, cuando celebraban ahí la Semana
Santa, después alabó a Nuestra Madre Josefina y decía que así tenía que ser con
85
todos los Sacerdotes, que se veía que ella tenía presente la dignidad del
Sacerdote, porque había partes a donde iban y para el Señor Arzobispo era una
comida especial y para los Sacerdotes otra, y aquí, como si estuviéramos en
nuestra casa.
El Padre Félix de Jesús Rougier también iba y nos sacaban a todas a saludarlo,
también nos sacaban cuando iba el Señor Obispo Luis María Martínez, daban un
toque. La señora Conchita Cabrera de Armida también la visitaba a Nuestra
Madre Josefina.
Una vez yo iba en la fila y que oigo que cantaba un pajarito, me salí de la fila para
oírlo y ahí me estuve un rato hasta que cantó y luego ya llegué al Trisagio, no me
dijeron nada; pero después, la Madre Luisa María le dijo a Nuestra Madre
Josefina: ¿No sabe, Madre, que a la Hermanita Victoria le gustan los pajaritos?
yo creo que va a ser pajarito, y Nuestra Madre Josefina dijo : “Qué bueno que le
gusten los pajaritos, también a mí me encantan, que se lleve la jaula a ver si lo
puede coger y ya lo dejamos aquí para que les cante”. Así me tuvieron ocho días,
yo cogía la jaula y me iba a la huerta y luego me ponía a cantar esa que dice: “Ya
lo saben que soy pajarera…” Era castigo; pero no lo sentía porque Nuestra Madre
Josefina animaba.
Para el día doce de diciembre, nos sacaban a los balcones para que viéramos el
castillo, la gente y todo; entonces compraban cañas y cacahuates y comíamos;
sólo la costumbre de los buñuelos el día 28, la traían ya de Guadalajara. Lo mismo
la Hora Santa, la Adoración el Jueves Santo, así lo había dispuesto Nuestro Padre
Fundador. Nos platicaban con qué cariño las trataba Nuestra Madre Isaura,
nuestra Fundadora, que a la que veía que le iba a tocar a media noche o en la
madrugada, les decía: “Salen bien abrigaditas para que no se vayan a enfermar”.
Lo mismo, el Retiro ya lo traían y que no habláramos, hasta el Domingo de
Resurrección.
50
El crucifijo con cinta y no cadena de plata, significaba que iba a ser coadjutora, dedicada principalmente a los
trabajos d casa, no de Maestra. Esta costumbre era en todas las Congregaciones del mundo; pero el Concilio
Vaticano II suprimió esta costumbre.
86
MADRE VICTORIA REYES HERRERA:
Yo me acuerdo que nuestro desayuno era una tacita de café, mitad agua y mitad
de leche, una rebanada de pan del que se hacía ahí, de dulce y otro de sal, un
plato de frijoles más caldito que frijoles y cuatro tortillas; esto era en la mañana
y trabajar todo el día. A medio día nos daban caldo de unos huesos que nos
regalaban y con algo de carne que compraban y la juntaban de dos o tres días y
ya nos daban la carne, el caldo sí, todos los días, luego nuestra sopa dorada en el
comal, se freía el recaudo y se hervía con la pasta, y fruta eso sí harta, porque
había mucha fruta en la huerta; era el tiempo de Nuestra Madre Josefina y la
pobreza se debía a que había muerto Nuestro Padre Fundador; tiempos difíciles;
Nuestra Madre Isaura muerta; la Persecución Religiosa encima y la Revolución
encima; ¿cómo le harían? Yo no sé. La Revolución empezó el 20 de noviembre de
1910 con Madero. Triunfó Madero y lo subieron a la Presidencia. Lo derrocaron
y entonces subió Huerta, el que derrocó a Madero, lo subieron y lo bajaron y
subía otro y así estuvimos. En 1914 empezó la Revolución de Carranza, la empezó
en Saltillo, allá estaba mi papá, por eso supe. El Sábado de Gloria, a la hora de
abrir la Gloria, él comenzó la Revolución. Triunfó Carranza; pero con Revolución
87
y con Persecución. Me acuerdo de una viejecita, estaba lleno, lleno de soldados,
de tropas, y una viejecita con su bordón decía: ¡Carranclanes estos
sinvergüenzas! ¿De dónde saldrían ustedes? –Adivine, mujer, de dónde salimos.
Yo creo que ustedes salieron del infierno. –Exactamente, de allá salimos se quedó
en compostura y por eso andamos acá. Todos esos años fue de Revolución, cómo
no habíamos de estar pobres. En 1914 yo todavía no estaba en el Orfanatorio, yo
llegué en 1921.
En 1928 nos repartieron, nos mandaron a nuestra casa, Nuestra Madre Josefina.
Yo no me quise ir a Puruándiro, me fui a Janamuato con mis tíos, porque a mí no
me convenía irme a Puruándiro. Mis tías eran Matilde y Esther Maldonado,
hermanas de mi papá. Las Madres Lupita y Chole no se fueron, a ellas las dejaron
aquí, yo sí me fui y la Madre Isaura y Avelina.
Para confeccionar los nuevos hábitos, nos repartieron muy bien el trabajo: una,
las esclavinas; otra, los cordones; otra los cuellitos el filito blanco; otra los velos
en triángulo. El velo anterior era redondo, caía en el pecho, cerrado, de una pieza
y nada más metía uno la cabeza. El retrato que hay de Nuestra Madre Josefina,
existe porque se lo pidieron en México antes de ser operada. El nuevo hábito del
cuellito blanco se estrenó el 12 de diciembre de 1931. Se organizó una fiesta muy
bien, dramatizando las Apariciones de la Virgen de Guadalupe, con los niños y
Postulantes. Las Hermanas del Coro, ensayaron las mañanitas y la Misa, para la
Procesión por las Posas, y Nuestra Madre muy complacida, aparentemente bien
recuperada; pero este alivio le duró más o menos un año; después, tuvo que
postrarse a esperar su partida de este mundo, que fue el 12 de julio de 1933,
exactamente terminaba su último año de su gobierno, porque el Capítulo
anterior fue en 1927. Estando esta vez postrada, fue cuando llegaron los del
Gobierno al Orfanatorio, cuando inventariaron todo y ella ya no pudo atenderlos;
fue la Madre Luisa María la que tuvo que hacer frente, porque era entonces la
Vicaria; por eso nos fuimos con el pendiente de ella, y volvíamos cada semana a
verla, nos salíamos para que no vieran a muchas. Ella iba decayendo poco a poco;
yo la velé la última noche hasta media noche; nos suplieron y a poco nos fueron
a hablar que ya había muerto. En todo ese tiempo, el Padre Capellán, que la
88
estimaba mucho, se quedaba ahí a dormir para cuando se ofreciera ayudarle a
bien morir, se le habló luego, luego. El Capellán era el Padre José Bárcena Ayala.
Las Hermanas de Coeneo vinieron dos semanas antes de que muriera, les dio la
bendición. Dicen que pocas horas antes de morir, hizo la señal de la cruz,
bendiciendo en distintas direcciones, como bendiciendo a todas las Hermanas
de la casa y a las que estaban lejos. Estaba sólo la casa de Coeneo, porque otras
ya se habían suspendido. En 1930, se fundaron Puruándiro y Zinapécuaro; pero
en 1933 ya estábamos todas estudiando en el Orfanatorio. Como uno de los
obstáculos para que pudiéramos atender las escuelas era que no teníamos
documentos, porque antes del 30 no se exigía. Entonces ella nos puso a estudiar,
nos buscó profesores y nos llamó a las que ella juzgó que podíamos salir con esa
empresa. No vio nuestra terminación porque ella murió en julio y nuestra
Recepción fue en diciembre. Los Profesores que nos daban clase, eran los de la
Normal que estaba por el Templo de Lourdes, como que eran conocidos, amigos
de ella.51 Al medio día que salían de la Normal, se iban al Orfanatorio a darnos
clase cada tercer día, como a las tres de la tarde. Ese grupo lo componíamos: la
Madre Luisa María, Teófila, Josefina, Ángela, Micaela, Victoria y yo Isaura
Maldonado. Recibimos unos Diplomas de parte de la Normal. Ese Diploma lo
entregamos cuando empezamos de nuevo en el Instituto de Capacitación del
Magisterio. Esos títulos eran para Escuela Rural. Nuestra Madre Josefina hubiera
estado muy complacida en vernos terminar; pero ya no le tocó. Estaba muy al
pendiente de que estuviéramos ahí a tiempo, de proveernos de útiles. Ella misma
anduvo contratando a los Maestros.52
“Nuestra Madre Josefina repetía mucho: “La letra mata y el espíritu vivifica”,
cuando nos hablaba de que las exigencias se hicieran a un lado cuando la caridad,
la comprensión, la misericordia pedían otra cosa, y esto, a pesar de que ella era
muy exigente. Así era Nuestra Madre Josefina; pero diario se lo pedía a Dios con
esta oración que ella compuso: “Te pido, oh Divino corazón, una desmedida
confianza en ti; celo, prudencia, talento, un corazón de madre; el don de gobierno;
acierto en los negocios; caridad, el don de la palabra, la gracia de convencer los
entendimientos y mover las voluntades; de discernir los espíritus y de edificar al
51
Donde era el Instituto Científico del Sagrado Corazón de Jesús, que fundó Nuestro Padre Fundador, Ahora la
Normal Urbana.
52
MADRE ISAURA MALDONADO LEDESMA. Casa Central. Morelia, Mich., 1996.
89
prójimo por medio de la dulzura; en suma, te ruego me hagas un digno
instrumento para tu gloria y la inmensa dicha de gozarte en el cielo”.
Nuestra Madre Josefina nos daba siempre buen ejemplo en todo. La recuerdo
que siempre andaba con sus manos recogidas; nunca la vi disgustada; nos
infundió mucho la conformidad con la voluntad de Dios, la humildad, la vida de
sacrificio; no le gustaban los chismes; era muy comprensiva con las Hermanas; la
alimentación era buena y suficiente; indicaba que los jueves y los domingos se
hiciera algún platillo especial, como enchiladas o algún postre. Era muy alegre, le
gustaba mucho el silencio. Decían las Hermanas que conocieron a Nuestra Madre
Isaura, que no se notaba mucho la diferencia entre ella y Nuestra Madre Josefina,
porque se veía que había asimilado muy bien su espíritu, la forma de conducción
de la casa con todos sus asuntos, el estilo de formación a las Hermanas y a los
niños, y el trato hospitalario, amable y educado que daba a todas las personas
que se acercaban al Orfanatorio, principalmente a los Sacerdotes, sin distinción
de edades o categorías, pues al más humilde y joven Sacerdote, daba el mismo
trato que a un Obispo, porque decía que todos, por su investidura sacerdotal,
representaban a Cristo Jesús. La discípula fiel de Nuestra Madre Isaura, se había
convertido en Maestra de otras generaciones, que a su vez recibirían la
responsabilidad de transmitir esos mismos sentimientos y actitudes, que no eran
sino un destello humilde pero luminoso, de los sentimientos y actitudes del
Corazón de Jesús”.
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En 1914 Nuestra Reverenda Madre Josefina mandó poner en un tramo del
corredor, una división de madera para que sirviera de Refectorio a las Hermanitas
que estaban incómodas, pero no había más remedio, había necesidad de
acomodarnos allí; a la Hermanita Ana Hernández, que era gruesa, le daba trabajo,
se le caía el pan hasta el cuarto del carbón. Cuando llovía, los niños tenían que
pasar por en medio del comedor improvisado, pues estaba la escalera para bajar
al departamento de abajo, después ya arregló Nuestra Madre Josefina que la
ropería de niños fuera abajo, donde era la despensa y el comedor de niños en
esa pieza y el comedor de Hermanitas, en donde era antes el comedor de niños.
La despensa se hizo en seguida de las cocinas. Así, poco a poco, se fue arreglando
lo mejor que se podía.
Como Nuestra Reverenda Madre fue quitando la costumbre de que pasaran las
señoras a toda la casa, algunas se disgustaron y disminuyó la limosna, sólo a la
huerta pasaban las muy de confianza.
N. Rvda. Madre se vio precisada a salir a pedir limosna, se llevaba dos niños con
unas canastas para recoger lo que buenamente le daban en la plaza, y dinerito
en las casas o tiendas. Me platicó un señor que trabajaba en las Oficinas de la
Secretaría del Arzobispado, que él la conoció porque iba a la ferretería a pedir
limosna, y él decía: Esta Madrecita se ha de parecer a Sor Catalina Labouré; la
veía tan humilde.
La primera vez que salió a pedir, primero se fue a llorar con Nuestro Señor, era
cosa que no había hecho nunca y fue lo que más le costó en la vida religiosa.
Pasamos muchas pobrezas; pero como todas trabajábamos unidas, no lo
sentíamos tanto.
Este año de 1914, se llevaron al Excmo. Señor Ruiz y Flores al destierro, y una
sobrina de él se enfermó del cerebro y la llevaron a la Casa del Orfanatorio para
que la cuidaran y Nuestra Reverenda Madre Josefina dedicada estaba a cuidarla.
Incontables actos de paciencia y caridad tuvo qué hacer con ella, hasta que por
fin la llevaron a un Sanatorio de Querétaro con unas Religiosas. Allí ejercitó N. R.
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Madre Josefina, toda su energía y suavidad, que eran las principales virtudes que
la caracterizaban.
En octubre de ese mismo año, vinieron las Madres de la Visitación (Salesas) a vivir
aquí con nosotras. Estaban todas repartidas de tres en tres en las casas y en la
casa de la señora Menocal de Estrada, estaban la Superiora y la Asistente y
Ecónoma. A Nuestra Reverenda Madre le dio lástima verlas salir al Santuario a
Misa, siendo de clausura, las invitó para que vinieran a la Santa Misa a nuestro
Oratorio y como iba a ser Viernes Primero, las invitó al Retiro. Ese mismo día
fueron a visitarnos, vieron toda la casa y se les ocurrió que si les prestaban una
pieza para no tener que salir a la calle; Nuestra R. Madre les dijo que lo que dijera
el Señor Canónigo Laurel; ese mismo día arreglaron, el Señor dijo que sí.
Luego nos pusimos a desocupar los dormitorios de arriba, nosotras y los niños,
para irnos abajo, que había dos salones. Aún no habíamos acabado de desocupar,
cuando ya estaban unas de las Hermanitas de velo blanco para ayudar a
desocupar. Esa misma noche se instalaron ocho; pasamos el día muy felices ellas
y nosotras. Tan luego como supieron las otras Hermanas que estaban en el
Orfanatorio, pedían por medio de cartas y recados que se querían venir también,
aunque estaban en casas de las principales familias. Se les decía que no cabían;
pero ellas dijeron que aunque durmieran en el suelo querían estar juntas todas.
La Madre Bermejillo las fue trayendo y a los quince días ya estaban todas; tenían
las camas tan juntas, que subían por los pies. Estuvimos desde el primer viernes
de octubre, hasta el 15 de febrero. Ellas se hicieron cargo de los gastos de Capilla,
cera, vino, aceite, Capellán, estaban muy agradecidas con Nuestra Reverenda
Madre Josefina, y con todas; estuvimos muy contentas, ellas seguían su
reglamento y nosotras el nuestro.53
A la hora del recreo, una de ellas se venía con nosotras a recreo, era la Madre
María de Chantal, era la Procuradora. Y los días de fiesta y domingos, íbamos
todas a recreo con ellas, sólo una se quedaba con los niños, turnándose, pues
íbamos a los dos recreos.
Les devolvieron su casa por unos meses. Cuando se fueron, las sentimos mucho
y lo mismo ellas. Fuimos a su casa antes que se cerrara la clausura, anduvimos
53
También por gratitud donaron a nuestro Instituto los santos Peregrinos que todas hemos conocido y usados,
aunque no siempre, cuando se piden las Posadas en la Novena de Navidad. Este misterio de “los Peregrinos”,
tienen por lo menos tres siglos de antigüedad.
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toda la casa. Por fin, se la quitaron y las desterraron. Una noche la Madre Elena,
que era la Asistente, les decía que mejor se fueran para España y la Madre
Superiora dijo: “Cuando yo me muera, se van”. Lo dijo delante del Señor Vicario
de ellas, el Señor Luna y Menocal y así fue; el día que murió la Madre, estando
tendida, fueron a llevarles el Oficio de destierro; les dijo la Hermana Asistente
que vieran que estaba tendida la Superiora, que les hicieran favor de esperar y
saldrían.
En 1919, el Excmo. Sr. Ruiz y Flores volvió del destierro el mes de septiembre; ese
mismo día, cuando fue al Santuario, de regreso llegó a visitarnos, muy agradecido
por el cuidado que se le había tenido a su sobrina enferma, pues era la que le
hacía pie de casa.
El día primero de octubre fue Nuestra Madre Josefina a hablarle al Sr. Ruiz y
Flores de nuestra Congregación y arregló que las Hermanitas que estaban en
espera desde hacía doce años, hicieran su Profesión. Eran las Hermanitas Lorenza
Barriga, Soledad y María Guadalupe Maldonado. Las Hermanitas que iban a hacer
sus Votos Perpetuos el día 16 de octubre de 1919, entramos al Retiro de tres días
pues en agosto habíamos practicado nuestros Ejercicios. Este Retiro lo dio el
Rvdo. Padre Andrés Campo, de la Compañía de Jesús.
5454
Los que trajo Nuestro Padre Fu dador para hacerse cargo del “Instituto Científico del Sagrado Corazón”.
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Por fin llegó aquel día tan deseado. Arreglamos la Capilla lo mejor que pudimos
y a las siete llegó el Señor Ruiz y Flores. Nos habló a todas antes de la Santa Misa
a cada una en particular.
El Señor Ruiz y Flores nos dio una plática muy bonita, aludiendo a la espera tan
grande.
Ese día dijo el Excmo. Señor Arzobispo, que ya quedaba abierto el Noviciado que
por tanto tiempo estaba esperando. Ese día fue de gran regocijo para nuestra
amada Congregación. Tuvimos Exposición todo el día y recreo. Todas estas
impresiones son más para sentirse que para decirse.
94
Nuestra Madre Josefina pidió al Excmo. Sr. Arzobispo, que ya era tiempo de que
se cambiara de Superiora General, y el Excmo. Señor dijo: “Vamos al Oratorio.
Estaba expuesto el Santísimo por la salida de Ejercicios, y dijo que se preparara
un platito con frijol blanco y otro con negro y una mesita; entramos sólo las de
Votos Perpetuos. Después que rezó el Excmo. Señor, él mismo se acercó a
nosotras; en una mano llevaba el plato de frijol blanco y en otra el negro, cada
una fue sacando el que quiso; cuando ya todas teníamos el frijol, pasó el Excmo.
Señor a recogerlos, luego los contó y dijo: “La Madre Josefina salió electa para
Superiora General”. Ella nada más se inclinó en señal de que aceptaba el Cargo.
El Señor nada nos había explicado lo que iba a hacer, sólo él lo sabía.
Así es que quedó el mismo Gobierno:
Nuestra Madre Josefina, Superiora General.
Segunda y Maestra de Novicias, la Hermanita Margarita del Sagrado Corazón
Cabrera.
La Hermanita María de los Dolores Ríos, Ecónoma General.
El año de 1923, nos invitó el Sr. Cura de Capula, D. Santiago Hernández, a que
lleváramos a los niños de paseo. Fue Nuestra Reverenda Madre Josefina y la
Hermanita Lorenza del Sagrado Corazón Barriga. Nos levantamos a las cuatro de
la mañana. El Padre Capellán dijo la Misa muy temprano, desayunamos y nos
fuimos. En La Quemada, encontramos que venían los burros, los arreglaron, de a
cuatro para los más chicos, en cada burro una silla al revés, y los grandes, de a
tres. A Nuestra Reverenda Madre le proporcionaron un burro muy manso, y
cuando llega el turno de que montara la Hermanita Lorenza, como era grande y
robusta, el pobre animal, luego que sintió el peso, dobló las patas y se echó;
esperó hasta que trajeron otro que pudiera con la carga, el camino era pesado:
Llegamos a las once. Era el mes de abril. Al griterío de los niños, que sólo a gritos
platican, salían las personas de sus casas o de detrás de las cercas. Por la noche
nos dieron serenata, tocaron muy bien una pieza que le gustó mucho a Nuestra
Madre Josefina; le pusimos “La Capula”, y gozamos de vernos entre aquella gente
sencilla y obsequiosa. Estuvimos cinco días, uno, nos llevaron a día de campo a
un cerro donde hallamos enramada de encinos y pinos, que formaban como un
corredor. Allí pasamos el día. Como a las cuatro, llovió y en un río que ya no tiene
agua, había unas peñas muy grandes. Con la lluvia reverdeció el musgo y era una
cosa encantadora: Los niños se pusieron a recoger la flor de piedra. Llegamos a
la casa a las ocho.
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El Señor Cura estaba contento, todo se le iba en hacer regalos a los niños. Al
venirse, se trajeron a la Hermanita Soledad y se quedó la Hermanita Lorenza pues
estaba mala de las muelas, la trajeron el domingo siguiente, la mandó el Señor
Cura.
La señora Tiburcia, mamá del Padre Cárdenas, que en ese tiempo todavía estaba
estudiando, muy chico, se llevó a las Novicias y Postulantes a la casa donde vivían
en la loma, casa chica. En casa de D. Carmen Galván era donde cabíamos más, allí
tomábamos los alimentos las Hermanitas que veníamos de las tres casas. A la
hora de irnos, algunas veces estaba lloviendo y así se iba, también Nuestra Madre
Josefina; eso nos dolía, verla salir mojándose; pero sólo allí teníamos al
Santísimo, por eso acudíamos todas, no estaba lejos.
El Excmo. Señor Martínez le dijo a Nuestra Reverenda Madre Josefina: “¿Por qué
no me aprovechan que les predique o que las confiese?”. Nuestra Reverenda
Madre nos había dicho que no molestáramos al Señor; pero luego que él se
ofreció, le sobró trabajo.
De la Madre Josefina sólo se sabe que era originaria de ciudad Guzmán, del
Estado de Jalisco, México. Que hizo su primera Profesión, precisamente el día de
la fundación del Instituto, y que fue una de las compañeras de la Madre Isaura al
venirse de Colima a Morelia.
Al morir la Madre Fundadora, por disposición del Sr. Arzobispo D. Leopoldo Ruiz
y Flores, sucesor de Mons. Silva, asumió ella el cargo de Superiora General. Su
actitud maternal y de servicio y olvido de sí misma en la manera de gobernar,
siguiendo en lo posible los lineamientos de la Madre Fundadora, mitigaron en
mucho la pena de la orfandad; así lo han afirmado las Hermanas de este tiempo.
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En 1919 volvió del destierro el Señor Arzobispo Ruiz y Flores y autorizó luego la
profesión de las Novicias y los votos Perpetuos de las Hermanas que estaban en
espera hacía algunos años; él mismo presidió el acto. Al poco tiempo le ordenó a
la Madre Josefina se hiciera un estudio de las Constituciones, lo cual se hizo bajo
la dirección de un Sacerdote Jesuita y fueron muy bien recibidas por la
Comunidad y aprobadas por el Excmo. Sr., en 1921. Desde esa fecha data el
nombre de “Hermanitas del Sagrado Corazón y de los Niños Pobres” que llevó el
Instituto hasta la celebración del Capítulo Especial en el presente año.55
56
Ya se explicó más arriba quiénes y cómo le ayudaron a Nuestra Madre Josefina a elaborar todos los libros que
formarían los rieles oficiales, aprobados por la Iglesia, por los que caminaría nuestro Instituto.
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fue sólo un año y volvieron las molestias aún más fuertes; entonces le
prescribieron un tratamiento que le ocasionó nuevos dolores, las quemaduras le
llegaban hasta la cara, y nunca se le oyó una queja.
Cada día los dolores del cáncer iban en aumento, y sin embargo ella no perdió su
apacible sonrisa, ni la serenidad con que siempre recibió lo adverso. He aquí una
estrofa que compuso un año antes y que gustaba repetir:
“El sábado 15 de abril de 1933, se principió una Novena a Santa Teresita, pidiendo
la salud de Nuestra muy Reverenda Madre. El lunes 24 del mismo mes, se inició
una Novena a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, pidiendo la salud de Nuestra
muy Reverenda Madre. El domingo 4 de junio de este mismo año, fue el último
día que tuvimos el gusto de pasar el recreo con Nuestra Reverenda Madre. Al
vernos a todas alrededor de su cama, se olvidó de sus agudos dolores y estuvo
muy contenta riendo y platicándonos. El domingo 11 de junio de 1933, fiesta de
la Santísima Trinidad, por la mañana recibió el Sagrado viático Nuestra Reverenda
57
Este documento no tiene firma de la autora. En aquel tiempo ellas tenían la convicción de que, por humildad,
debían vivir en el ocultamiento; pero todo escrito importante o no, debe ser firmado por quien lo hace. Veo que
este testimonio es casi igual al que se titula: Datos Biográficos de N. R. M. Josefina Contreras, Primera Superiora
General de este Instituto de Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres, que se encuentra en las primeras
páginas, del que juzgo también que fue escrito por la Madre María Esperanza Ibarra P. o tal vez hizo una paráfrasis
de un escrito parecido; pero lo dejo por algo que tenga diferente y que sea importante.
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Madre y en la tarde se le administró la Extremaunción, y el viernes 16
aprovechando los momentos en que cesaban un poco los dolores, fueron
acercándose las Hermanitas a recibir su bendición. El día 20 vino el Excmo. Señor
Luis María Martínez a saludar a Nuestra Madre. También vino el día 29.
El miércoles 12 de julio de 1933, a las 5 am, voló a los brazos de su Amado el alma
de Nuestra muy querida Madre Josefina del Sagrado Corazón. Había transcurrido
una hora desde que el Padre Capellán Pbro. José Bárcena y todas las Hermanitas
Profesas, se habían reunido en torno suyo para rezar las preses de los
agonizantes. Después del dulce expirar de su existencia, se amortajó en brazos
de sus hijas, se le condujo a la Capilla e inmediatamente se celebró el Santo
Sacrificio de la Misa. Durante el día estuvo acompañada por algunos Sacerdotes,
gran número de personas y sobre todo por sus amadas hijas, que sólo por grave
causa se alejaban por unos momentos, volviendo presto al lado de su Madre. Así
pasó el día y la noche y a las tres de la mañana del día 13, se colocó en el ataúd
el cuerpo de Nuestra Madre y permaneció en el Oratorio durante la Santa Misa.
A las 9 am, con sentimiento indecible, vimos salir de casa a quien tanto
amábamos. La acompañaron el Padre Capellán, algunas Hermanitas y niños y
otras personas. El viernes 13, a las 8 am, se hicieron solemnes funerales en el
Santuario de Guadalupe por Nuestra Reverenda Madre. Asistió toda la
Comunidad.
“El 7 de junio de 1929, Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, se puso en práctica
el Directorio (Libro de Espiritualidad) y Costumbrero de nuestra amada
Congregación”.61
“30 de junio de 1931. Este día se eligió a San Miguel Arcángel como Patrono de
nuestra Congregación”.62
59
Fragmento de un Informe del Instituto de Hermanitas del Sagrado Corazón y de los Niños Pobres, dado por la
Madre Luisa María Garduño Chávez, como Vicaria General, el 21 de noviembre de 1933.
60
Diario. Archivo Histórico de la Casa Central.
61
SE REPITE LA CITA ANTERIOR.
62
“ “ “
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ÍNDICE
1. Introducción.
2. Dos espirituales en sintonía.
3. Decreto del Excmo. Sr. Arz. D. Leopoldo Ruiz y Flores
4. Algunas reglitas para el trato con las Hermanitas.
5. Profundicemos más en el conocimiento de Nuestra Madre
Josefina.
6. Santas en nuestro Instituto.
7. Cartas de Nuestra Madre Josefina Contreras:
a) Carta a la Hermana María de la Paz Ruiz (su nombre de
pila: Carmen).
b) Carta a la Madre Carmen Sánchez.
c) Carta de n. Rvda. Madre Josefina Contreras a las
Hermanitas de Coeneo.
d) Carta de Nuestra Madre Josefina a la Madre Fortunata
(Teresa Hernández Olalde)
e) Carta de Nuestra Reverenda Madre Josefina a la Madre
Hermelinda (Josefina Maldonado).
8. Testimonios especiales:
a) Madre Carmen Mora García.
b) Madre Isaura Maldonado Ibarra.
9. Testimonio de una de las Madres que vivieron con Nuestra
Madre Josefina.
10. Testimonio de una de las Madres que vivieron con Nuestra
Madre Josefina.
11. Breves bosquejos de la vida y personalidad de N. R. Madre
Josefina del Sagrado Corazón, contreras.
12. Comentarios.
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13.DATOS BIOGRÁICOS DE N. R. M. JOSEFINA CONTRERAS. Primera
Superiora General de este Instituto de Hermanas del Sagrado
Corazón y de los Pobres.
14.TRANSCRIPCIÓN DE LOS TESTIMONIOS DE NUESTRAS MADRES
MAYORES, que vivieron en los primeros años de la fundación de
nuestra congregación, tomados en entrevistas y que hablan sobre
nuestra madre josefina. los transcritos por orden de fechas en que
los fui tomando, tal como les venían espontáneos sus recuerdos:
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IMAGEN DE LA P ORT ADA
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