Cano-Contreras Et Al 2018
Cano-Contreras Et Al 2018
Tomo II
Editores
Cecilia Elizondo
Ramón Mariaca Méndez
Fausto Bolom Ton
ii
Clasificación
Etnobiología y Patrimonio Biocultural de Chiapas, Tomo II (Editores: Cecilia Elizondo, Ramón Mariaca
Méndez y Fausto Bolom Ton) Primera Edición San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México: El Colegio
de La Frontera Sur. 2018
345 p.: fotografías, ilustraciones, mapas, retratos; Medidas de alto y ancho de la obra:22x15 centímetros
ISBN
978-607-8429-65-3
Descriptores o temas
1. Cultura culinaria, 2. Soberanía alimentaria, 3. Sistemas alimentarios, 4. Patrimonio etnogastronómico,
5. Etnomicología, 6. Etnoornitología, 7. Etnoherpetología, 8. Abejas nativas, 9. Etnoveterinaria, 10.
Zooarqueología, 11. Rituales y agua, 12. Buen vivir, 13. Patrimonio Cultural, 14. Climatología, 15.
Cultura del maíz, 16. Chiapas (México), I. Elizondo, Cecilia (editora), II. Mariaca Méndez, Ramón
(editor), III. Bolom Ton, Fausto (editor)
Ilustración de Portada: Tania María Bautista Gutiérrez y Oscar Emilio Tinoco Bautista
Los contenidos de esta obra fueron sometidos a un proceso de evaluación por pares de acuerdo con la
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Prólogo .......................................................................................... 6
Francisco Mayorga
Capítulo 2.- Soberanía alimentaria en maíz a través del trabajo de
mujeres chiapanecas ..................................................................... 59
6
en su conjunto, incluso de quienes viven afuera de sus territorios.
Significa también la construcción de aparatos o instrumentos culturales
propios, reinventarse a partir del conocimiento tradicional, de sus
sistemas agroalimentarios, del uso consuetudinario de los recursos
biológicos, y de los recursos genéticos colectivos históricamente
construidos (incluyendo los sistemas culinarios y la agricultura), las
innovaciones y derechos de propiedad intelectual sui géneris como bien
común. De todo ello trata el patrimonio biocultural (Boege, 2017).
Y… ¿por qué se relaciona con la Etnobiología? Maldonado-Koerdell
(1940) en una Conferencia en un Congreso de la Sociedad Mexicana de
Antropología, definía, de acuerdo a los antropólogos, la etnobiología
tiene a su cargo el estudio de la utilización de las plantas y animales, en
una región cualquiera, por un grupo humano definido, que la habita o
viene a ella para obtenerlos. Pero a la vez agregaba que…
…el etnobiólogo no debe limitarse al aspecto ecológico de
la naturaleza, que al igual del puramente taxonómico, es
solo un lado del problema. El fenómeno de la adaptación al
medio en la especie humana, reviste caracteres muy
peculiares, que deben tenerse siempre presentes. Los
hombres son los únicos seres en la escala zoológica que han
elaborado una cultura, es decir, que han trasformado a la
naturaleza, utilizándola y cambiándola para ajustarla a sus
necesidades. Esta trasformación se manifiesta de mil modos
en los productos que logran con sus métodos de explotación
de los recursos naturales, verdaderas “creaciones
perdurables”…, …resultantes de la utilización de plantas y
animales en muchos casos y por consiguiente, objeto de
interés para la etnobiología, que debe investigar su
obtención o fabricación, sin extraviarse en los detalles
puramente técnicos, en cuanto no signifiquen algo para su
conocimiento.
Luego Castetter en 1944 definió a esta disciplina a la que estudia
las ciencias biológicas tal como son practicadas por los diversos grupos
humanos, (enfocándose más al uso que se les daba a las plantas por parte
de los grupos nativos, es decir con una visión un poco colonialista que
venía del siglo XIX, donde el tema central se refería a la historia natural.
Otros autores (Herrera y Butanda, 1999, citado por Villamar, et al. 2012)
consideran los orígenes de la etnobiología en México en los estudios de
los autores del siglo XVI durante la conquista (citando dos obras
pioneras: el Códice De la Cruz-Badiano (1552) y la “Historia general de
las Cosas de la Nueva España”, compilado y organizado por Bernardino
de Sahagún). Pero el mismo Efraím Hernández Xolocotzi, afirmaba que
el conocimiento tradicional de la relación hombre-plantas tiene una
antigüedad de 4000 años a. C., con lo cual sostenía su objeción a la
postura de que la etnobotánica surge a partir de la definición de
Harshberger (1896) en muchos (Villamar, et al. 2012).
Al pasar de los años, la etnobiología se ha convertido en una
forma de relacionarse de manera distinta con la naturaleza y la cultura.
Al día de hoy, varios autores concuerdan que el objetivo de la misma es
el análisis de las interrelaciones entre las sociedades humanas, su cultura
y los animales, plantas, hongos, suelos, climas, minerales y ecosistemas
de su entorno (Toledo, Barrera Bassols, Boege,). Pero por considerarlo
una reflexión actual, a pesar de que ya han pasado 40 años de su
publicación, y porque en nuestro primer tomo hemos hecho hincapié en
la necesidad de que trabajos como el que aquí presentamos pueda
multiplicarse en otros estados del país, queremos rescatar las palabras de
Barrea Marín (1979) donde mencionaba que…
Cada día cobra mayor interés la investigación etnobiológica
en México. Tal hecho encuentra su explicación en muy
diferentes motivaciones: La constatación de que el
conocimiento, manejo y utilización tradicionales de
nuestros recursos bióticos están sustentados en una
sabiduría nada despreciable; la comprobación de que la
aplicación de la tecnología científica moderna no siempre
resuelve satisfactoriamente (por los riesgos económicos,
ecológicos y sociales que frecuentemente implica) las
necesidades de alimentación, de abrigo y de salud de nuestro
pueblo; la convicción de que los conocimientos
etnobiológicos –etnobotánicos, etnozoológicos, o
etnoecológicos- pueden ser estudiados, desarrollados y
aplicados de nuevo, tanto en sus regiones de origen como en
otras, mediante el concurso intelectual y laboral de las
comunidades dispuestas a experimentarlos y la necesidad de
encontrar en la pluralidad innegable de nuestros regionales
modos de ser, de hacer y de pensar y en el respeto mismo a
8
dicha pluralidad, una de las partes más sanas del vínculo
ideológico de nuestra nacionalidad, son algunas de las
razones aducidas para fomentar la producción en este campo
de estudio situado entre los que formalmente comprenden
por una parte, a las ciencias biológicas y por otra a las
ciencias sociales.
Nuestro desafío es continuar con la generación de información
sobre el conocimiento, uso y manejo de los recursos naturales, integrando
los saberes tradicionales de las diferentes culturas. La Etnobiología es
una disciplina con todos los elementos de saberes que generan un
conocimiento complejo en la comprensión del uso y manejo de los
recursos naturales, generada por los pobladores de las comunidades
indígenas; es, por ello, que establece y aplica una visión de correlación
de las plantas, los animales y los fenómenos en la relación sociedad-
naturaleza en el devenir de la humanidad; así como, analiza los diversos
enfoques metodológicos practicados en las investigaciones en México de
acuerdo a la composición étnica (Galván Gutiérrez, 2018).
Por estas razones, desde la etonbiología y sus distintos enfoques,
en esta colección de tres Tomos, rescatamos las investigaciones
realizadas por importantes investigadores que trabajan desde hace
décadas en la región.
En este Tomo II, en particular participan (25 autores) se inicia
con cuatro trabajos relacionados a los alimentos y a la elaboración de los
mismos. Un alimento para que sea consumido se requiere que al grupo
cultural le signifique y se apropie de ellos, es entonces cuando pasan a
formar parte de su patrimonio biocultural. Una parte de éste son las
tradiciones culinarias de los grupos culturales (Turner, 1980 en Vadillo-
López 2010, citados por Santos Tanús, 2018). Luego se presentan un
trabajo sobre hongos, su conocimiento, uso y manejo; hay cuatro
capítulos que se enfocan en el uso de los animales, el primero es un
recorrido por la etnoornitología del estado, rescatando los diferentes usos
de las aves; seguido de uno de etnoherpetología, que registra, analiza y
sistematiza las relaciones que se establecen entre los seres humanos y la
herpetofauna; otro sobre las abejas nativas del estado con una descripción
detallada de cada una de las especies; finaliza con una descripción del
manejo del borrego Chiapas en la región Altos; los últimos tres capítulos
nos llevan a un recorrido de la zooarqueología de Palenque en el clásico
tardío; la cosmovisión del agua entre los pueblos mayas; culminando con
un capítulo que nos resalta la importancia del Buen Vivir y la relación de
esa filosofía de los pueblos originarios.
Con la descripción aquí presentada, los editores y los autores que
de igual forma que el Tomo I y el Tomo III (este último se publicará en
2019) que disfruten de esta obra y que la misma sea utilizada como una
fuente de información fundamental en los trabajos que realicen para
quienes hacen investigación etnobiológica. Y para quienes la leen por el
gusto de conocer, queremos que despierte en cada persona el ánimo de
investigar más sobre estos apasionantes temas. Reiterando nuestra
provocación del primer Tomo, invitamos a nuestros compañeros y
compañeras en la etnobiología y etnoecología, que trabajan en las
distintas entidades federativas de México, a realizar obras similares de
los más de 60 grupos originarios de nuestro territorio nacional.
Específicamente este Tomo II cuenta con importantes
contribuciones de veinticuatro autores, que dan cuenta de trece trabajos
relacionados, tres con la etnobiología de los pueblos tsotsil, chuj y
tojolabal, así como la etnoecología de los Lacandones de Nahá. Aparecen
cuatro trabajos relacionados con agricultura, tales como la agroecología
en Chiapas, breve historia de la agricultura en Chiapas, la milpa entre los
choles, y otro sobre los instrumentos agrícolas; un capítulo sobre la
importancia de las mujeres y el trabajo con el maíz; otro sobre
etnoforestería y el aprovechamiento forestal en la zona zoque; y
finalmente, dos capítulos relacionados con fauna, uno sobre
etnoveterinaria y el otro sobre cacería. Por último, se cuenta con un
trabajo sobre etnoclimatología y etnometereología.
En el capítulo 1, Chiapas, tierra con pueblos pobres y cocinas
muy ricas, el autor Francisco Mayorga Mayorga, brindda características
de la cocina tradicional mexicana, la que va del campo a la mesa y basa
sus mejores platillos regionales -y otros productos comestibles- en el
maíz, frijol y chile, mantiene diversas expresiones culinarias que forman
parte del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Describe y
destaca algunos aspectos de los platillos propios y productos silvestres y
cultivados, los grupos que los elaboran, por región y su relación con la
biodiversidad. Es un significativo recuento de la cocina tradicional que
mantiene como elemento de cohesión unión, pacto, comunión,
10
identificación, reencuentro y reafirmación de pertenencia de los pueblos
chiapanecos. No obstante, por muchos factores, este patrimonio puede
tornarse muy vulnerable y, por tanto, susceptible de perderse.
En el capítulo 2, Soberanía alimentaria en maíz a través del
trabajo de mujeres chiapanecas es presentado por los autores Blanca
Mayela Díaz Hernández, Luz del Carmen Silva Pérez, Francisca Velasco
López, Hugo R. Perales Rivera, quienes relantan la relevancia social de
los sistemas alimentarios tradicionales, particularmente al sistema que
tiene como eje el maíz, donde destacan la contribución de numerosas
mujeres chiapanecas a generar condiciones de soberanía alimentaria y
que trabajan día a día procesando el maíz para elaborar productos
alimenticios de calidad que ofrecen al mercado, como trabajo adicional a
las actividades domésticas que desempeñan. Brindan algunas reflexiones,
que apuntan a incrementar las capacidades de las mujeres para fortalecer
procesos autogestivos.
En el capítulo 3, Dinámicas entre la labor de las mujeres y la
diversidad biocultural de dos sistemas alimentarios locales chiapanecos,
escrito por Constanza Monterrubio Solís y Claudia Isabel Camacho
Benavides, abordan dos sistemas alimentarios locales chiapanecos vistos
desde la diversidad biocultural, los cambios en el paisaje y las dinámicas
generadas por la labor de las mujeres. Tomando como contexto la
diversidad biocultural del estado de Chiapas y sus expresiones en el
ámbito alimentario, presentan una reflexión sobre cómo las estrategias de
uso, manejo y disfrute de tal diversidad son condicionadas por las
relaciones de género.
En el capítulo 4, Del volcán a la boca: construcción del
patrimonio etnogastronómico en comunidades mam del volcán Tacaná,
José Alfonso López-Gómez, Christiane Junghans y Dulce Osorio López,
fusionan las perspectivas de la Antropología de la alimentación y los
debates sobre el patrimonio cultural (patrimonio gastronómico). Y a
partir de allí describen y analizan cómo se crea, expresa, perpetúa y
dinamiza la etnogastronomía como parte del patrimonio cultural de la
zona que comprende el Volcán Tacaná, con la etnia mam.
En el capítulo 5, Etnomicología de Chiapas: conocimiento, uso
y manejo de los hongos, escrito por Felipe Ruan-Soto, Marisa Ordaz-
Velázquez, William García-Santiago, y Erika Cecilia Pérez-Ovando, nos
sumergen en el maravilloso mundo de los hongos y las concepciones,
saberes y usos muy particulares por parte de los pueblos que habitan en
Chiapas. Recaba información sobre el papel de los hongos entre los
grupos humanos estudiados y se describen algunos de los patrones que se
observan en el conocimiento etnomicológico.
En el capítulo 6, Un recorrido emplumado por la etnoornitología
de Chiapas, Laila Yunes Jiménez y Paula L. Enríquez, recopilan
información sobre la etnoornitología en Chiapas. En el análisis se
agruparon los usos de las aves por las comunidades humanas en 6
categorías (alimento, medicinal, anunciadores, mascotas, artesanías y
mágico-religiosas). Muestran como las aves históricamente han estado
relacionadas con las culturas humanas, desde ser utilizadas como recurso
alimenticio hasta representar simbolismos religiosos, poderes
sobrenaturales asociados con presagios, anunciadores, e incluso
utilizados en la medicina tradicional. Resaltan que se debe continuar en
la recuperación de los conocimientos y prácticas tradicionales sobre las
aves, para entender las interrelaciones entre las comunidades humanas y
las mismas.
En el capítulo 7, Etnoherpetología en Chiapas, Eréndira Juanita
Cano-Contreras, Ella Fanny Zúñiga Juárez, Juan Felipe Ruan-Soto
realizaron un análisis sobre los estudios que registran, analizan y
sistematizan las relaciones que se establecen entre los seres humanos y la
herpetofauna. Presentan datos que provienen tanto de la revisión de
literatura, como del trabajo de campo que los tres autores han realizado
en distintas zonas del estado durante los últimos años. Es una revisión
acerca del estado del arte que incluye estudios de corte antropológico,
arqueológico, etnológico, histórico, biológico y etnobiológico.
En el capítulo 8, Abejas nativas sin aguijón (Apidae: Meliponini)
registradas para el estado de Chiapas, Leonardo Ernesto Ulises
Contreras Cortés aborda una revisión de distintas investigaciones
científicas, e información descriptiva sobre la biología de 32 especies de
abejas sin aguijón que tienen presencia, en diferente grado, en todo el
estado, así como su ubicación espacial. Destaca que Chiapas es de los
estados de la República Mexicana que posee alta biodiversidad de abejas
sin aguijón, de las 46 especies registradas en el país, el 73.6% están
presentes en el estado
12
En el capítulo 9, Etnoveterinaria del borrego Chiapas: El
conocimiento tradicional que ha rescatado esta raza ovina, Juan Carlos
Martínez Alfaro presenta una revisión de la etnoveterinaria y luego los
resultados de trabajo en campo con las pastoras tsotsiles. Detalla que
como técnica, la etnoveterinaria, es un proceso dinámico que involucra
principalmente a quienes han adquirido el conocimiento a través de sus
madres y abuelas, y que han tenido que apropiarse de él y adaptarlo de
acuerdo al contexto actual. De esta manera, por un lado, compila los
diferentes estudios aislados en materia de etnoveterinaria del borrego
Chiapas y, por otro, sistematiza el conocimiento tradicional, las prácticas,
tecnologías y recursos respecto a la sanidad y bienestar asociados a este
borrego. Destaca el trabajo de las pastoras tsotsiles de comunidades de
San Juan Chamula, que han desarrollado a lo largo de los años
permitiendo la conservación, adaptación y sobrevivencia del borrego
chiapas.
En el capítulo 10, La zooarqueología en Chiapas: una mirada
desde la región de Palenque durante el Clásico Tardío, Carlos Miguel
Varela Scherrer, propone un nuevo acercamiento a las interpretaciones
paleoambientales de las tierras bajas mayas, sugiriendo que la idea de que
los habitantes de la región acabaron con sus recursos locales, llevando a
un ambiente insostenible y al abandono del área hacia el Clásico
Terminal, puede estar equivocada. Indaga el aprovechamiento del paisaje
por parte de los habitantes de la región de Palenque durante el Clásico
Tardío, a través del análisis de restos óseos animales, etnografía y
estudios ecológicos
En el capítulo 11, El agua entre los grupos mayas, Ramón
Mariaca Méndez y Cecilia Elizondo en más de veinte años de trabajar en
la región y sus respectivos trabajos de campo entre algunos pueblos
mayenses del sureste de México, hacen una breve descripción,
complementada y cotejada con diversos autores, acerca del papel que el
agua tiene en la cosmovisión y en la agricultura de algunos de estos
pueblos. Presenta la relación entre el agua y la cultura con sus múltiples
facetas, desde su presencia en la cosmovisión de los pueblos, los
conocimientos locales en torno al líquido y las prácticas agrícolas, hasta
los mecanismos de gestión respecto al agua que han generado a lo largo
de su historia.
En el capítulo 12, Lekil pasbail o bioétca del buen vivir de
Miguel Sánchez Álvarez los lectores encontraremos una reflexión sobre
la comprensión de la bioética como un puente e interconexión con la
interdisciplinariedad e interculturalidad. Así también, el lekil pasbail (en
sotsil), la buena conducta o el buen comportamiento para la vida, forma
parte del complejo componente del lekil kuxlejal o buen vivir; se
argumenta que la bioética de los tsotsiles y tseltales se centra en las
prácticas y en los hechos sociales con la naturaleza, está impregnada de
cosmovisiones, valores morales y éticos.
Para concluir, queremos agradecer la enorme contribución de los
veinticuatro investigadores que gentilmente arbitraron e hicieron
observaciones a los doce capítulos de este Tomo II.
14
Bibliografía
Toledo V. M., Barrear-Bassols, N. 2008. La memoria biocultural: la importancia
ecológica de las sabidurías tradicionales. Icaria Editorial, 2008 - 230 páginas.
Edward F. Castetter, "The Domain of Ethnobiology," The American Naturalist 78, no.
775 (Mar. - Apr., 1944): 158-170.
Hrashberger, J. W. 1897. Reprint nash, The purposes of ethno-botany. Botanical Gazzet.
Vol. 21. Nr. 3. (Mar. 1896). Pp 146-154. (publ. University of Chicago Press).
Curare 30. 2007. 1:88-92.
Maldonado-Koerdell, M. 1940. Estudios etnobiológicos: definición, relaciones y métodos
de la etnobiología. Conferencia sustentada ante la sociedad mexicana de
Antropología en su Sesión Ordinaria del 19 de diciembre de 1940.
Transcripción del artículo publicado originalmente en la Revista Mexicana de
Estudios Antropológicos, 4 (3):195-202, 1940. En: Barrera Marín, A. 1979. La
etnobótanica: tres puntos de vista y una perspectiva. INIREB.
Barrera Marín, A. 1979. La etnobótanica: tres puntos de vista y una perspectiva. INIREB,
Xalapa, Veracruz 1979.
Galván Gutiérrez, 2018. La Etnobiología.
http://www.milenio.com/opinion/varios-autores/ciencia-tecnologia/la-etnobiologia.
Consultado el 22 de octubre 2018.
Santos Tanús, A. 2018. Especies Alimenticias de Recolección y Cultura Culinaria:
Patrimonio Biocultural de la comunidad popoloca Todos Santos Almolonga.
Tesis para obtener el grado de Maestra en Ciencias en Recursos Naturales y
Desarrollo Rural. El Colegio de La Frontera Sur. San Cristóbal de Las Casas,
Chiapas, México.
Capítulo 1.- Chiapas, tierra con pueblos pobres y cocinas muy ricas
Resumen
16
Introducción
Comer y beber son actos más que vitales, porque implican al verbo
cocinar, es decir, la acción de crear y recrear recetas, menús, platillos,
que no sólo alimentan, también identifica, por lo que come, a todo ser
humano. Comer, luego, cocinar, almacenar, abastecer y comerciar
alimentos, ha sido una tarea incesante que, junto al cultivo de productos
domesticados -entre otras muchas especies vegetales y animales nativos-
dieron origen a la diversidad de cocinas regionales. Como se sabe, el
estado de Chiapas, posee uno de los dos territorios más biodiversos de
México -el otro es Oaxaca- sin embargo, la riqueza de su naturaleza ha
sufrido diferentes agresiones y ha sido, mal explotada.
Muchos de los ingredientes básicos de la cocina chiapaneca
actual tienen base en sus recursos naturales o en los productos cultivados
en el país y en el propio territorio. Hoy, muchos chiapanecos no tienen
fácil acceso a los productos y platillos que forman parte del inventario
gastronómico identitario de Chiapas porque están lejos de las
posibilidades económicas o porque los ignoran y, aun los conozcan, los
desaprovechan o, tal vez, los desdeñan porque han modificado sus
hábitos alimenticios en favor de la cocina chatarra o industrial. De alguna
manera, el Tratado de Libre Comercio, incrementó la presencia de
grandes almacenes que favorecen la adquisición de alimentos procesados
(enlatados, empaquetados o embotellados) tratados con conservadores,
refrigerados y manipulados industrialmente.
Entre algunos chiapanecos la frontera cultural se evidencia por la
vestimenta, la lengua, el dialecto, a fiesta cívica o religiosa y otras
manifestaciones propias. Sin embargo. Muchas de estas expresiones se
han perdido; algunas han sufrido modificaciones drásticas y otras están
en el olvido, tal como sucede con la flora y la fauna original. Algunos
ejemplos los vemos en los idiomas como el mochó o motozintleco de la
Sierra Madre, el lacandón de las selvas o el zoque de la Depresión Central
de Chiapas que, prácticamente, son lenguas muertas.
Lo anterior empobrece el patrimonio natural y cultural y, por eso,
la pérdida de valores identitarios. Junto con las lenguas, de forma
aledaña, se vienen perdiendo recetas y productos, como el puzunque, un
atol ritual de los mochó de la Sierra, o el balché, una bebida medicinal
sagrada que se obtiene de los árboles del mismo nombre en la selva
Lacandona.
Por el calentamiento global también se han perdido especies
como el chile chimborote que era uno de los ingredientes originales del
cochito de Suchiapa. En aras del uso indiscriminado de agroquímicos
(herbicidas, plaguicidas y fertilizantes) y semillas “mejoradas”, así como
de alimentos de la cocina industrial, los chiapanecos han perdido,
también, sus prácticas propias para la agricultura tradicional de
autoconsumo y gran parte de los animales de presa para la elaboración de
tamales de iguana, el mole de casquito y el caldo de pejelagarto en la
costa del Pacífico chiapaneco. Es decir que se ha generado una severa
crisis alimentaria y de salud pública.
Aunado a ello, la crisis económica, la explosión demográfica,
además de la voraz sociedad de consumo, entre otras, han multiplicado
la problemática en altos índices de desnutrición y enfermedades como la
diabetes, obesidad y cardiovasculares. Lo anterior pudiera traer peores
consecuencias, –sin sonar fatalistas- porque ya se prevén cruentas
hambrunas y la pérdida casi total de la identidad chiapaneca.
El repertorio gastronómico chiapaneco es único e irrepetible y
forma parte sustancial de la gran cultura gastronómica mexicana, junto
con los platillos y productos del resto de las cocinas de este país, que son
considerados patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
A pesar de la gran explotación -a veces desmedida- de las tierras
y dominios chiapanecos, hoy día, se conserva algo de su prístino origen
vegetal y animal que ha alimentado, por milenios, a los grupos que
originaron las grandes culturas: zoque, olmeca, maya y chiapaneca. En el
tiempo, continuó sustentando las cocinas de las sociedades del virreinato,
del México independiente, de la Revolución Mexicana, del México
contemporáneo hasta llegar al actual.
Durante la primera mitad del siglo XX, un geólogo alemán -que
estudió la naturaleza de Chiapas desde el año 1927 hasta de 1951, el
doctor Federico Karl G. Müllerried, dejó un documento excepcional que
tituló: Geología de Chiapas, libro que se publicó, por primera vez, en el
año de 1957 y se reimprimió en 1982. En este estudio se considera la
regionalización aportada por Müllerried -que dividió en 7 regiones
fisiográficas- para hacer el estudio a las diferentes cocinas regionales de
Chiapas porque es la mejor forma de entender y describir la naturaleza
del territorio y de su imponente cultura culinaria.
18
Sirva el presente texto para aclarar y fortalecer ideas que puedan
acercar al lector al reconocimiento de la cocina chiapaneca que se
mantienen con algunos recursos naturales, a disposición, en el gusto y la
identidad local como distintivo del resto de los mexicanos y de los otros
grupos humanos en el mundo.
20
Con ello, lo mismo, se impusieron nuevas formas de comercio y
nuevas técnicas para el bastimento y el arte culinario de las nuevas
cocinas. Mientras, miles de aborígenes morían por enfermedades traídas
por los europeos, nuevos cultivos se aclimataban con mano de obra de
negros esclavos. Durante tres centurias, la mezcla de ingredientes y
platillos americanos con otros de diferentes partes del mundo, más los
productos de América que se llevaron a todo el mundo para renacer con
nuevos picores y amarguras, propiciaron las bases para la creación -en
uso continuo y sostenido- de la cocina mestiza. Eran productos y
símbolos culinarios que devinieron en nuevas costumbres, ritos o
tradiciones y que, como parte de una historia singular del patrimonio
cultural y de la identidad actual de los pueblos, hoy, significan a los
habitantes de Chiapas.
22
Chiapas: regiones, cultura y cocinas La Llanura Costera del
Pacífico.
En la angosta Llanura Costera -linde entre Oaxaca y Guatemala- frente
al Pacífico, en el sur del estado, varios ríos jóvenes y tempestuosos se
despeñan desde la Sierra Madre, la región contigua, para alimentar
esteros, ciénagas, lagunas costeras y otros afluentes hídricos de agua
dulce, salobre y salada. Playas bajas y arenosas zonas pantanosas, tulares
y popales –denominadas localmente “pampas”– y fragmentos de selvas,
matorrales y palmares, más grandes estancias para la agricultura y
pastizales para el ganado, completan el paisaje en todo el litoral.
Vestigios de los más antiguos pescadores y restos de islotes
artificiales con minúsculas conchas amontonadas, descubiertos en
Chantuto, municipio de Acapetahua, así como los restos de los primeros
grupos sedentarios -que no tuvieron que moverse mucho para buscar el
sustento porque todo lo prodigaba la naturaleza- se han localizado en el
municipio de Mazatán, lo mismo que otras evidencias del inicio de la vida
sedentaria en la región, como antiguas chozas comunitarias caciquiles y,
en una vasija de barro, el polen de una chicha primitiva de hace más de 8
mil años.
Actualmente, la presencia humana para la producción pesquera,
desde Arriaga hasta Tapachula, es incesante; además se continúa con
viejas prácticas de actividades como la recolección de especies vegetales
y fáunicas y la cacería para comer, pues aún se atrapan patos, garzas,
gallaretas, pijijis y otras aves zancudas, que se cocinan a la leña, al
carbón, al horno de barro, lo mismo que en estufa y estufones. La pesca
en esta comarca es actividad prístina y vital que se suma a la de todo el
territorio estatal.
El mar del Pacífico, esa mancha brillante y no tan pacífica, que
espejea -cual oasis- bajando de Arriaga, por la Sepultura, y de Motozintla
a Huixtla o de Unión Juárez a Tapachula, por la Sierra Madre y, con muy
buena vista, desde Los Altos de Chiapas -por la carretera de San Cristóbal
a Chiapa de Corzo- cuando está completamente despejado, es aún fértil
superficie acuática para la captura de toda clase de peces y mariscos que
los pescadores aprovechan para su consumo y comercio.
En esta región destaca un emblemático lugar, la Reserva de la
Biosfera, conocida como La Encrucijada, zona de humedales, que abarca
todo un universo acuático, variado y productivo, de los pocos humedales
que resguarda al manglar zapotón (Rhizophora mangle). Este ecosistema
da lugar a numerosas aves acuáticas como el cucarachero
(Campylorhynchus chiapensis), especie endémica de Chiapas, que
comparte el hábitat con otros plumíferos.
De su espuma y de su lecho marino -para su aprovechamiento-
en el Pacífico chiapaneco, además de otros moluscos, gasterópodos y
lamelibranquios, conocidos como: caracol, almeja, callo de hacha,
chocolata, casco o pata de mula (Anadara grandis) y otros moluscos que
tienen un alto valor proteínico se utilizan, en temporadas, como parte de
la dieta local. Son recursos alimenticios, cuyo modo de preparación es, a
veces, al natural, es decir: en su misma concha, abiertas, se les agrega sal,
limón y picante al gusto, sin retirar la tinta. Mejillones, ostión, chirla,
ostra, abulón, tallerina, cono, conito y navaja, lo mismo son beneficiados.
Se pescan y capturan, también, mojarras, tilapias y charales; peje lagarto,
bagre, robalo, pargo, lisa, sardina, caballa, tacazonte, macabil (Albula
vulpes), jurel, guachinango, mero, atún, liza y lizeta; cazón, tiburón y
otros escualos, más otros ejemplares de alta mar, como pulpos,
calamares, zambucos, camiches, cherlas, parlamas, jaibas y camarones.
Son productos que han servido siempre para paliar el hambre y se
consumen por sus altos contenidos proteínicos.
Hoy día, su alto valor comercial, obliga a venderlos en
establecimientos de comida y de forma ambulante. De estas especies se
realizan platillos para la fiesta, el sustento diario o la venta. Una de esas
es “la especialidad”, que surgió entre los pescadores de Paredón,
municipio de Tonalá, un platillo individual con varios bocadillos:
salpicón de raya, salchicha de macabil, tacos de cazón, cangrejo guisado,
chilpachole de jaiba y minilla de cazón, acompañado de un caldo mixto
de cangrejo y pescado.
En los mercados, comedores, botaneros y cocinas de esta región
se cocinan otros platillos con pescado o mariscos: empanadas, tacos,
tostadas, tamales, ensaladas, pescado sudado o mojarras fritas, asadas o
empapeladas. Frescos o secos los camarones o pescados se ofrecen de
diferente forma, por temporada, como el macabil o la hueva de zambuco
que se elaboran en forma de tortitas o salchicha. También se cocinan en
mole, consomé, coctel, caldo, ceviche, sopa, o botana, entre otras
especialidades, muy locales. Al igual que la pigua (Macrobrachium
americanum) y algunas tortugas -casquito- la iguana verde, el garrobo, el
conejo, la tuza, el tlacuache, el pululo y demás saurios, que se cocinan y
perfuman con cilantro o hierbasanta y otros quelites como el chipilín -
con que se hacen las bolitas de masa- a veces se cocinan de manera
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clandestina. En Tonalá, Puerto Arista y cualquier ranchería o pueblo de
pescadores, los desayunos pueden ser muy espectaculares, como el plato
conocido como “camarón con huevo a la chiapaneca”, que tiene más
camarón fresco que huevo. También aquí se recrea la tostada turula, de
camarón seco con pico de gallo y chicharrón dorado crujiente. Otra gran
botana es la salchicha de macabil, frita o hervida, y la empanada de
cazón.
Hay también, en toda la región, las fuentes de mariscos o
mariscadas, deleitosos platos con variedad de mariscos y pescados que se
preparan en los hogares, restaurantes locales y en las palapas y puestos
ambulantes de las playas chiapanecas.
Además de la pesca, en la región, se realizan otras labores
agrícolas y ganaderas. En los pueblos se cultiva y comercia mucho maíz
y otros productos -como la copra de coco- para diferentes platillos como
los tamalitos de elote de maíz criollo, llamados de dulce, que se elaboran
en todos los pueblos costeños lo mismo que las cocadas de leche o de
piloncillo horneadas.
También se siembra la caña, ajonjolí y los chiles locales
conocidos como: chocolate, pija’e gato, diente de perro, y de agua. En
toda la costa, cuyo litoral alcanza los 270 kilómetros, hay ganado –Cruza
del Cebú con razas lecheras europeas- para el desarrollo de la
extraordinaria cultura del queso fresco chiapaneco -cuya producción se
suma a las otras cuencas lecheras del interior del estado y de las tierras
chiapanecas vecinas a Tabasco- actividad que complementa un paisaje
humanizado con labores que han resignificado a los pobladores a la hora
de comer, cocinar o desarrollar una vertiente culinaria. Pijijiapan es el
lugar emblemático donde se elabora el famoso queso de hebra, el
quesillo, pero también el queso doble crema, el queso seco, el enchilado
y más de 30 formas más. En esta región ganadera se producen otros
productos lácteos que van a todo el estado, como la crema o la
mantequilla lavada. La cría del ganado bovino, además, se realiza para la
obtención de jugosas carnes para los asaderos de carne.
32
Las bebidas de los mames son el k’anbetz y el punzunque, el
primero es un curado de aguardiente al que agregan pimienta de castilla,
alucemo, comino y panela, el segundo se elabora con maíz podrido,
almendras de zapote y chile, se usa como bebida ritual. También cuecen
atoles de maíz cocido, como el koti’ te santij’, de maíz cocido y pelado
con ceniza, o el kály, atol de elote que se sirve en jícaras y se le agrega
frijol, agua de chile y el caldo de frijol.
También comen insectos, como el chapulín, que se cocina en
agua hirviendo y luego se doran en comal o se fríen en manteca o aceite
y se sirve como si fueran charales fritos. Los motozintlecos tienen un
emblema en el puzunque, un atole ritual que se sirve durante las
celebraciones de los santos, que mezclan harina de trigo, jengibre masa
nixtamalizada y otras especias. Otra bebida es el ts’amsa’ otro atole que
se mezcla con chocolate y el moho, un atol que tiene como base el
cuitlacoche.
El otro gran grano lo constituye el café, más comercial que
alimenticio, y bebida de grandes alcances internacionales, Chiapas es el
principal productor de café en México, con más del 34% de la producción
nacional. La mayor parte del aromático que se produce en la Sierra cuenta
con la certificación de sostenibilidad, como café sustentable, orgánico o
de sombra. Es café de altura que tiene sus límites hacia el noroeste de la
Sierra, desde las partes altas de Unión Juárez, hasta Escuintla. Además
de la producción de café, en las laderas de la región, se produce algo de
mango, cacao, plátano y ganado. Sin embargo, la ganadería y la
agricultura de ladera han perjudicado el uso del suelo, tanto como los
incendios.
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comida casera que mezcló, con gran maestría, los productos de la milpa
mesoamericana con los ingredientes y cultivos, aportados por los
europeos, desde el siglo XVI.
Muchas cocineras de San Cristóbal se especializaron en carnes
frías y embutidos como la butifarra (carne molida de cerdo, perfumada
con nuez moscada, pimienta y un poco de anís), el chorizo, la longaniza,
la mortadela, el jamón serrano, la morcilla, el salami, el salchichón, el
queso de puerco, el lomo relleno y el lomito, son sólo algunos ejemplos.
Los embutidos se concentran en las ciudades altas, como San Cristóbal y
Comitán, y son especialmente buscados los chorizos, las butifarras,
jamones de espaldilla y longanizas. Es tan artesanal la producción de
estos alimentos, que los fabricantes no alcanzan a cubrir la demanda de
fin de año. Es fácil dar con los establecimientos más renombrados en el
centro de San Cristóbal.
Un barrio iconográfico de San Cristóbal de Las Casas, Cuxtitali,
nació de un grupo quiché, junto al resto de los barrios antiguos que
hicieron el trazo de San Cristóbal durante el siglo XVI, se especializó en
el beneficio de la carne de puerco y todos los días sacrifica cerdos que
antes eran criados en San Cristóbal. La especialización logró varios
platillos emblemáticos del lugar del cual destacamos el tachilhuil, uno de
los primeros platillos criollos de México que logró mezclar el maíz,
tostado y molido y el achiote, con la manteca y las vísceras del puerco.
Los tamales representan, junto con el atole, las memelas, el pozol
y demás alimentos, otro de los más significativos platillos del maíz criollo
nixtamalizado que dan cuenta de la permanencia de los insumos
heredados de la dieta mesoamericana, pero que hoy mezclan la manteca
con lo cual se logró una técnica conocida como untado con la que se
elaboran el tamal de untado y el de azafrán, que no se cultiva en México,
pero que es muy significativo para la cocina coleta.
Un sinnúmero de dulces y postres como el copepé (también
conocido como cupapé), el cocoyol (también conocido como coyol), la
naranja cristalizada, el limón relleno de coco, el ante, las cocadas, los
higos, los pastelitos rellenos de manzana, el dulce de membrillo, los
duraznos pasa, el ate de membrillo y de manzana, el dulce de yema de
huevo con miel de azúcar y canela, entre otros dulces, forman parte de
ese goloso disfrute que tiene, en el día de Corpus Christi, su devoción y
rito, ya que ese día, de celebración movible, -de acuerdo al calendario
gregoriano y al santoral católico- se conmemora en San Cristóbal de Las
Casas, “el día de los enamorados”, cuando se regalan los duraznos
prensados o los increíbles animalitos de yema y las mulitas cargadas de
borrachitos, dulces en forma de botellitas de licor.
El maíz de guinea (Sorghum vulgare) que no es maíz, ni es de
Guinea, otro dulce llamado por los indígenas tseltales y tsotsiles como
chilim, que se obtiene en los campos de la zona de los valles centrales es
un grano más pequeño y redondeado que los cereales comunes, que al
dorarse revienta como el maíz palomero. Una vez obtenida las
“palomitas” o rosetas le agregan miel de piloncillo previamente
elaborada y extendida en una mesa, en forma de marqueta, luego se corta
en forma rectangular. Entre los pueblos zoques le llaman puxinú. Los
confites, dulce elaborado exclusivamente en Los Altos, se rellenan con
anís, almendra o cacahuate y se envuelve en capas de azúcar en forma de
miel o jarabe, se confita a base de fuego lento en comales y forma parte
de los dulces de feria que hicieron famosas a las coletas, vendedoras de
dulces en las ferias. Suman más de 300 las formas de dulces, cuyo
componente toma como base las frutas de la tierra fría de Los Altos, y de
tierra caliente, como se les llama a las regiones bajas.
Otra gran matriz de la cocina chiapaneca la constituye el pan de
San Cristóbal que nació con los sembradíos de trigo establecidos en
pueblos aledaños a la ciudad coleta -considerada eje de la metrópoli de
Los Altos- como Teopisca. En este último lugar y en San Cristóbal, se
establecieron, también, molinos junto a los afluentes cercanos para
obtener la materia prima del icono gastronómico regional, el pan coleto.
Panes horneados, algunos, en forma tradicional con horno de barro y leña,
como las cemitas, los chuchitos, las repulgadas, la cazueleja, las yemitas,
las mestizas y otras rosquillas azucaradas y de sal y el pan francés (cuyo
nombre deja adivinar su posible origen), entre muchos otros, forman
parte del universo panadero que durante las tardes inunda con su
sacrosanto aroma algunas calles de los antañosos barrios coletos. El pan
francés de agua y de leche, de dulce y de sal y otros panes dieron pie a la
elaboración de otros platillos que también resultaron emblemáticos para
los sancristobalenses, como la sopa de pan, afamado platillo festivo que,
junto con el mole coleto -que llega a sumar más de 30 ingredientes-
también forma parte de los platillos de fin de semana que se elaboran de
forma casera para llevar.
La sopa de pan es el máximo símbolo de la mezcla gastronómica
coleta, pues reúne, como ingredientes básicos al pan francés, la manteca,
la zanahoria, la papa, el jitomate, el ejote, el chayote, la calabaza italiana,
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la uva pasa, el plátano frito, los guisantes o chícharos, el azafrán, el
huevo duro o cocido, entre otros ingredientes que se reúnen en una
cacerola de barro para su cocción, y que se matizan con un caldo de
guajolote o gallina especiado con canela y otras adiciones de origen
oriental.
Salsas de pan para la cueza baldada, las tortaditas, los chiles en
relleno y la lengua en azafrán, también forman parte de la cocina del pan
coleto. Por otro lado, la sopa reina o sopa de gotas es otro platillo típico
de San Cristóbal que también reúne al trigo con diferentes productos,
muchos de ellos vegetales y hortalizas frescas que se cultivan entre las
milpas de las comunidades indígenas y que llegan al mercado de San
Cristóbal, uno de los mercados más típicos y completos de la región, con
terrones de tierra como la papa chamula, pero, tan bien cuidadas, como
las zanahorias, los chícharos y habas, camotes, yucas, calabacitas tiernas,
lechugas y betabeles.
Son variados los quelites, hojas y flores, cultivadas y silvestres
que se recolectan en las comunidades indígenas de Los Altos para
elaborar diferentes platillos y que se pueden adquirir en los mercados
locales de San Cristóbal o Chamula, como la como el chicarío, el arrayán
o ajalté (Gaultheria odorata Breden Willd) –hojas de un arbusto que se
utilizan para sazonar sopas, carnes y otros guisos- el bledo (Amarantus
hibrydus), la flor de bótil (Phaseolus coccineus) y la hierba mora
(Solanum americanum), mostaza, la verdolaga, la flor de calabaza, la
espinaca, la hoja de rábano, el nabo, el cilantro, el perejil, la hierba buena,
el repollo, la lechuga, entre otras muchas con que se cocinan los
exquisitos antojitos nocturnos: chalupas, tacos fritos, empanadas, pan
compuesto, patitas de cerdo envinagradas coletas, pero que también
forman parte de la comida tradicional o festiva de los pueblos indígenas
alteños como el cocido para el carnaval de Chamula, el caldo de gallo y
demás.
Plato típico de las celebraciones que, por su rusticidad en la
preparación y los ingredientes, mantiene una diferencia muy marcada en
las poblaciones de los Altos, son los cocidos de res, los caldos de gallina
y el zihuamonte -un caldo que puede ser de conejo, venado, gallina o res
que se perfuma con epazote y se colorea con achiote- y los caldos de
gallina de rancho. Más enriquecido, el cocido coleto de frutas, que, con
pequeñas diferencias, también se consume en Comitán, es una
combinación de algunas carnes de la res con frutas como el durazno, la
manzana, el membrillo y el plátano.
En las comunidades indígenas y en San Cristóbal de Las Casas,
los hongos también constituyen un producto muy interesante para la dieta
local y, su producción silvestre, o cultivada, da lugar a diversos platillos.
Los hongos silvestres fructifican en diversos hábitats y sustratos cercanos
a las comunidades o parcelas de siembra, lugares donde se corta madera,
y potreros. Así, yuyos (Amanita Caesarea) el honguillo o jonguillo, que
se le conoce, también, como champiñón cimarrón, por su parecido, el
tasho, el chaketón (Hypomyces lactifluorum) la oreja de San Isidro, el
hongo o seta (Pleurotus ostreatus) y el hongo azul o huitlacoche
(Ustilago maydis), se pueden cocinar en sopa, asar, guisar para tacos o
preparar en ensalada. Se originan, principalmente, durante los meses de
lluvia.
Algunos aguardientes, chichas y mistelas que, por su alto valor
calórico y valores medicinales, ayudan a soportar los fríos y alivian
ciertas enfermedades, también provienen de los sembradío alteños de los
pueblos tseltales y tsotsiles. El pox es ampliamente producido en
Chamula y Amatenango del Valle, es un destilado de alto grado
alcohólico que se obtiene de forma tradicional a partir de la caña de
azúcar, maíz criollo y salvado, al destilarse en alambiques totalmente
rudimentarios. De uso ritual, para ceremonias religiosas y eventos
festivos, por mucho tiempo, fue uno de los componentes con que se
compraba y pagaba el trabajo y deudas de los indígenas en los cafetales
del Soconusco, por eso lo identifican, algunos, como el diablo (pukuj) de
la región. Actualmente, forma parte de las bebidas regionales que se
ofrecen a los turistas, al mezclar frutas, con sabores más dulces (mistela)
pero que, lo mismo, se ofrendan y tienen ritual en varios pueblos
tradicionalistas y se observa en altares y ritos de curación.
Otra bebida insignia de Los Altos es la chicha, fermento del maíz
que se obtiene al macerar la panela con el maíz. La cervecita dulce, por
otro lado, nació durante la llegada de la cerveza mexicana a tierras
chiapanecas en la primera mitad del siglo XX. Su elaboración es
exclusiva de San Cristóbal de Las Casas. El principal ingrediente es el
jengibre y su sabor dulce, picante, con un dejo amargo como el de la
cerveza, lo que le da su nombre, son sus principales características.
La mistela es un aguardiente de fruta macerada con agua,
aguardiente, miel de piloncillo o azúcar. Es producto de los encurtidos,
por el fruto. Puede ser de durazno, pera, guayaba, níspero, ciruela, mora,
nanche, jocote, chucumeca (bayas silvestres), mango, piña, albaricoque,
mora, canela, manzana, ciruela pasa, menta, limón, naranja, jamaica, etc.
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Un fruto especial de estos lugares es el matasano (Casimiroa sapota) o
zapote blanco. Bajando de Los Altos, después de Nachig, Navenchauc,
Multajó y Chiquinivalvó, hacia el norte, en los límites del Altiplano
Central y de las Montañas del Norte, se encuentra Ixtapa, “Lugar de agua
salada”.
En una hondonada de ese territorio montañoso, está un punto
denominado Las Salinas, allí se localiza una de las dos minas de sal –
desde la época prehispánica- cuya explotación, siglos atrás, al igual que
la de La Concordia -otra mina de Chiapas, hoy bajo las aguas del embalse
de la presa La Angostura- desarrolló una vía comercial entre las
poblaciones vecinas, como Zinacantán y Chamula, quienes siguen
siendo clientes y comerciantes de este producto utilizado, aún, para
resaltar, condimentar y conservar carnes (de tasajo, cecina o filete de res
o cerdo) y otros productos alimenticios. Lo mismo sirve para curaciones
de ciertas enfermedades, como dote, ofrenda y para ciertos rituales.
46
palma real (Inodes mexicana) a lo cual llaman corazón de palmito, una
exquisitez, que se salmuera en escabeche o que se come asada o revuelta
con huevo.
En estos lugares existe diversidad de tamales como el toro pinto
y otros patzis (aplanado) que se elaboran con el frijol tierno; tortilla con
asiento de manteca, entre otros muchos platillos que se producen con
maíz como los chinculguajes, memelitas rellenas de fríjol con cilantro y
chile, los tzejebes, tortilla de elote tierno con dulce, cuyos nombres
recuerdan a los tojolabales).
Para las tortillas elaboradas a mano, o palmeadas, se utiliza el
nixtamal, maíz tratado con cal viva de la calcinación de piedras calizas
ricas en carbonato de calcio que se obtienen de algunas minas artesanales
locales. Además, los comitecos, elaboran la sopa de mollejas, el caldo de
hueso asado, lengua en pebre, el pan compuesto, el chamorro de “Tío
Jul”, las butifarras, los picles, los frijoles coloraditos de la olla con
cilantro y cebollita, el chicharrón de hebra, el espinazo en salsa verde,
más dulces: el colconave, que obtienen de la palmera del mismo nombre,
que crece en las zonas semitropicales y la paleta de chimbo.
En los Valles de Margaritas los poblados tojolabales -donde se
consume el pozol con café- y muchos margariteños hispanoparlantes,
rancheros y finqueros comparten tierras que llegan hasta Altamirano,
donde se siembra frijol y maíz, de dos ciclos: el temporalero y el pulhá o
de regadío (técnica tojolabal de riego a mano) de donde se obtiene la
cosecha del maíz molcate (yixmal ulub) y de otros vegetales de la milpa.
La recolección de hongos y frutos silvestres, además de la pesca
y la cacería de pequeños animales silvestres, complementan la dieta de
los tojolabales diseminados entre Comitán, Altamirano, La Trinitaria y
La Independencia. Entre los pueblos de la meseta comiteca reinan los
chiles siete caldos, crespo, penpenchile y otros para enriquecer y
potenciar los alimentos.
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De los pueblos indígenas de Chiapas, los lacandones se hicieron visibles
desde la segunda mitad del siglo XX, pero no son los históricos quienes
sucumbieron durante el siglo XVII.
Los lacandones, ya muy mermados, prácticamente son muy
pocos los que resguardan algunas expresiones culturales como su lengua
y su cocina tradicional. Viven en pequeñas rancherías, en tres grupos
reconocidos como el del norte, el de mayor número, situado a orillas de
la laguna de Nahá, Metzabok y Peljá; el de Lacanja; el del oriente,
cercano a la zona arqueológica de Bonampak y, el de San Juan Quintín,
en las inmediaciones del lago del mismo nombre.
Todavía siembran el maíz con la técnica del acahual y
aprovechan todo lo que, entre la milpa, se da, como la yuca, el camote,
que localmente se conoce como macal, muchos quelites, palmitos y hojas
para enriquecer y cubrir tamales como el ja’cha’am. También explotan
los alimentos que el medio les provee: huevos de aves, insectos,
mamíferos, reptiles, pescados, cangrejos y caracoles de río (tu´nú),
hongos más de 100, cortezas de árbol y demás.
Con el maíz de acahual elaboran tortillas (jach waj) y otras
tortillas de maíz que mezclan con yuca o frijoles, tamales de pollo
(chacua by ka’x) y (mucbi k’ax), un tamal asado en comal con hoja de
muxam o platanillo (hach mucchbir waj) o el tamal de frijol.
Cocinan frijoles de la olla (chakkbi buur); inflorescencias de
palmas como el ch’ip o chapay asado o con huevo y chayote (p’ix), entre
otros como el pollo con masa (horbi ka’x), cangrejo con masa (cortabi
yux) y el caracol de río con macal (yuca).
Además, los lacandones aprovechan ciertas cortezas de árbol
para elaborar una bebida embriagante que se llama balché (balche’e) y
que utilizan como ofrenda en ceremonias y ritos a sus deidades.
La selva es proveedora de muchos otros recursos y todas las
culturas autóctonas nos enseñan que, en los insectos, está la comida del
futuro, por eso es un recurso insuperable que debemos cuidar. Entre los
tzeltales, ch’oles lacandones y tojolabales de los municipios aledaños a
las Montañas de Oriente, así como en los pueblos tsotsiles y zoques de
las Montañas del Norte (Simojovel, Tecpatán, etc.) existe un gran gusto
por los insectos, gusanos y larvas. De acuerdo con Gómez y Junghans
(2014) se habla de 194 especies en Chiapas, gusto que ha pasado a un
número considerable de chiapanecos.
La disposición de estos recursos, además de una casi natural
inclinación hacia la entomofagia -desde la época prehispánica- han hecho
posible que contemos con una tradición milenaria y se disponga de
sabores muy nativos como el zats -gusano sin pelo- (Arsenura armida)
que se aprovecha como fuente de proteínas en varios poblados de
influencia tseltal y ch’ol como Chilón, Yajalón, Tila y Palenque.
La diversidad de hongos silvestre y cultivados en la región es
proverbial y, como ejemplo, resalta uno que se conoce popularmente
como “orejita blanca” que nace –entre abril y mayo- de la milpa, sobre
los troncos de los árboles que se quemaron durante la rosa y que, en
Yajalón, se aprovecha para hacerlos horneados en hojas para tamal o de
cuecen a la leña y se comen como tacos.
El chapay (Chameadora tepejilote) es una inflorescencia que se
aprovecha de un palmito comestible, es otro producto de la temporada,
entre los meses de enero y abril, de los municipios cercanos a Lacandonia
(se conoce como chive en Yajalón y Ocosingo) y los pueblos enclavados
entre las selvas de las Montañas del Norte, además de los valles de la
Depresión Central y algunas poblaciones del Soconusco donde se conoce
como pacaya. Devienen en manjar exquisito, si se saben cocinar.
Se consumen como plato de temporada, en guiso a la mexicana,
revuelta con huevo y baldada rellenas de queso de Ocosingo. Este último
plato se llama "rellenos de pacaya", y a menudo se sirve con salsa de
tomate, como para los chiles en relleno. En Tapachula se venden como
parte de la comida de batea, capeados.
Ocosingo, igual que la mayor parte de los municipios que
confluyen en la región, tiene muchas comunidades indígenas tseltales,
pero con una mayor población no indígena que, en términos
gastronómicos, abreva mucho de los campesinos. En los alrededores de
Ocosingo crece una planta cuya hoja es conocida como wam, su
peculiaridad es aportar un sabor diferente y exquisito a los tamales
conocidos con el mismo nombre, que se elaboran con frijoles tiernos.
Como parte del arte culinario ranchero, en ese lugar, se configuró
un icono gastronómico en el queso de bola, variedad de los quesos frescos
que se cubre con una capa gruesa de queso hervido endurecido y que le
da un sabor muy especial y una frescura que no fenece, aún se destape
varios meses después de adquirirlo. De los pueblos de Chilón provienen
el chile bachajonteco y el tunich, además de un quelite, el tsuy (Sinclairia
50
glabra) arbustos o trepadoras erectas, con que se realizan otros platillos
especiales.
52
La pimienta gorda (Pimienta dioica) o pimienta de castilla, que
sirve como aromático y condimento para sazonar los caldos, perfumar los
dulces y dar sabor a carnes o conservar embutidos.
Entre los pueblos de Copainalá y Tecpatán, existen otros
productos silvestres y cultivados que son requeridos para los platillos
típicos como el guineo criollo que se utiliza para cocinar un guiso
conocido como tsata que se mezcla con frijol y chicharrón, el pimbó,
bolitas de elote criollo con queso, crema y chipilín, y el guiso de poposek,
un frijol blanco, cuarentano, que se recolecta durante la primavera para
cocinarlo con carne de cerdo.
A manera de conclusión
A pesar de la explotación, a veces irracional, de sus tierras, la naturaleza
de Chiapas y sus culturas nos siguen asombrando y dan mucho de qué
hablar, por su sorprende resistencia y porque se niegan a sucumbir con la
insignia de sus iconos culinarios.
Pese a los duros embates, hoy los productos y platillos
chiapanecos que han trazado una línea histórica, como los tamales, los
pozoles, las tortillas, tostadas, gorditas, chilkunguajes, tzejebes y otros
derivados del maíz, frijol, chile calabaza, e innumerables frutos y
verduras silvestres y cultivadas, continúan recreándose a través de esa
gran plataforma que se llama cocina tradicional y que las cocineras y
cocineros de diferentes regiones han sabido resguardar en el tiempo con
sus de platos festivos, rituales, cotidianos y medicinales que definen muy
bien a la sabia de los chiapanecos, caracterizando a millones de
individuos, cientos de miles de familias y varios pueblos chiapanecos.
Es de esperar que este trabajo pueda dar pie a la reflexión para
contribuir a un mejor entendimiento y aprovechamiento de los recursos
que se han mantenido como parte esencial de las cocinas regionales de
Chiapas y para buscar oportunidades que nos permitan una óptima
utilización a los recursos naturales y al patrimonio cultural intangible de
los chiapanecos, al tiempo de encontrarnos en lo que somos por lo que
comemos.
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58
Capítulo 2.- Soberanía alimentaria en maíz a través del trabajo de
mujeres chiapanecas
Resumen
Ante los cambios en la alimentación que se tienen en México y los
problemas en salud que generan, debemos poner atención a los sistemas
alimentarios tradicionales, particularmente al sistema que tiene como eje
el maíz por su gran relevancia social, económica y cultural. Por algún
tiempo los estudios etnobotánicos en maíz mantuvieron un sesgo de
género, cuestión que subestimó la contribución de las mujeres en las áreas
de trabajo en las que participan. En este capítulo, tras hacer consciente
esa omisión, destacamos la contribución de numerosas mujeres
chiapanecas a generar condiciones de soberanía alimentaria. Ellas son
parte de familias de bajos ingresos. Trabajan día a día procesando el maíz
para elaborar productos alimenticios de calidad que ofrecen al mercado,
esto representa un trabajo adicional a las actividades domésticas que
desempeñan. En este quehacer de generar condiciones que permiten esa
soberanía y aún más pueden potenciarla. Terminamos con algunas
reflexiones, fruto de un caminar de varios años, que apuntan a
incrementar las capacidades de las mujeres para fortalecer procesos
autogestivos.
Introducción
México se encuentra en un dilema crucial, inédito quizá en su historia:
cambios en nuestra alimentación (o en la composición de nuestra dieta) a
favor de productos altamente procesados nos están ocasionando
problemas fuertes de salud. Como es sabido, ocupamos uno de los
primeros lugares en el consumo de refrescos y bebidas azucaradas,
además ha habido un notable incremento de padecimientos crónico
degenerativos como la diabetes. Se habla ahora de un problema de mala
nutrición y no sólo de desnutrición (Ponce et al., 2013). Esta situación se
ha tratado de revertir por varios frentes, aunque su solución no ha sido
fácil puesto que existen fuertes intereses económicos como los de las
grandes corporaciones trasnacionales, que tienen en sus manos una parte
importante del mercado mundial de alimentos (Freudenberg, 2017).
El problema no acaba ahí. Como país, tenemos un déficit de
alimentos: no producimos lo que necesitamos ni en nuestro bien básico
que es el maíz. Si bien la producción de este grano ha crecido en los
últimos años (contrario a los pronósticos que se tenían cuando entró en
vigor del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos de
Norteamérica y Canadá), continuamos importándolo en forma creciente,
principalmente maíz amarillo de Estados Unidos para el abasto industrial.
Esto apunta a una situación deficitaria y constituye un foco de alerta con
respecto a la vulnerabilidad alimentaria del país toda vez que nos
convierte en dependiente de un mercado controlado por las principales
naciones exportadoras (Appendini y Quijada, 2015).
La implementación de políticas agrícolas neoliberales desde los
años ochenta ha conllevado una extrema polarización en el campo lo que
pone en desventaja a campesinos y pequeños productores (que
representan alrededor de 2.5 millones de unidades de producción)
(Yunez, 2010). Salvo ciertas regiones, la agricultura ha dejado de ser el
eje principal de la economía familiar, la gente busca otras actividades
para poder sobrevivir, depende más de subsidios (mejor dicho, de
asistencialismos) y se ha incrementado notablemente la migración
campo-ciudad o al vecino país del norte, así como el consiguiente envío
de remesas (Carton, 2009; Teubal, 2001).
Si bien dependemos de un mercado mundial de alimentos, esto
no es de manera absoluta. Somos afortunados en contar aún con sistemas
alimentarios tradicionales que ofrecen una importante variedad de
productos con alto valor nutricional y cultural que representan un
contrapeso a la tendencia comercial dominante y a los estilos de
alimentación tipo comida rápida (Harriet et al., 2009).
En ese marco se enaltece la dieta de la milpa (o mesoamericana)
que tiene como base el cultivo de maíz en asociación con una riqueza de
especies (variables según la región) donde son constantes los frijoles, las
calabazas, los chiles, tomates o jitomates y quelites o verduritas. Esta
dieta brinda una alimentación completa, sana y equilibrada, sin dejar de
lado que, como sistema agrícola, optimiza el uso de los recursos de la
tierra (Almaguer et al., 2016; Aldana, 2015). Por otro lado, la milpa es
60
también un concepto que define un estilo de vida, el del campesino en
México.
Para algunos analistas, el potencial del campo está aquí, con los
campesinos, de modo que solo partiendo de estas bases, robusteciéndolas,
podrá ser factible un proyecto nacional en soberanía alimentaria que
tenga en la mira el beneficio de amplios sectores sociales, ahora en
condiciones marginales y de pobreza (Bartra, 2016). Millones de
unidades campesinas recrean uno de los sistemas alimentarios de mayor
trascendencia en México, que tiene al maíz como eje, mismo que
debemos cuidar y defender ante los efectos mundiales de la industria
alimentaria que amenaza la diversidad de formas de satisfacer la
alimentación.
La alimentación ha sido un asunto de análisis y debate. En
tiempos recientes y al calor de una lucha organizada por numerosos
sectores campesinos del mundo, a través de lo que se conoce como Vía
Campesina, se precisan diferencias importantes entre seguridad y
soberanía alimentaria (Rojas, 2009). No basta con disponer de alimentos
de manera oportuna, que es a lo que alude la seguridad alimentaria, sino
también es necesario que ese alimento sea resultado de una determinación
de los pueblos y de las naciones acerca de lo que queremos comer y cómo
hacerlo, es decir, tener plena capacidad de decidir sobre lo que nos
alimenta y hacer que esto se respete por sobre cualquier interés contrario.
La reivindicación de los sistemas alimentarios tradicionales y la
apuesta a sus potencialidades va aparejada con voces que se alzan con
fuerza para reconocer la participación de las mujeres en su sostenimiento,
asunto que no siempre se hace o se ha minimizado. Así, en tiempos
relativamente recientes, han aflorado estudios, proyectos, propuestas, en
fin presencias, que pugnan no sólo por el reconocimiento explícito de las
mujeres en los sistemas alimentarios sino también por su integración a
los diferentes frentes que luchan por la igualdad de género (Pimbert,
2009; Senra et al., 2009; Donato et al., 2007).
Desde esa perspectiva, nos interesa aquí visibilizar el trabajo de
gran cantidad de mujeres que se dedican a elaborar productos de maíz
para el mercado, del que quizá no reparamos, ignoramos (o
desconocemos), menos todavía lo valoramos. En México, este sector
femenino está presente en buena parte de su territorio (Vizcarra et al.,
2018), y el estado de Chiapas no es la excepción.
No se cuenta con un registro confiable de la cantidad de mujeres
que se emplean en ello; sin embargo, con base en nuestras indagatorias,
su participación en el mercado ha crecido por situaciones de necesidad
económica. Se trata de personas de escasos recursos que han encontrado
en la transformación del grano una manera de allegarse dinero para
contribuir al sostenimiento de su familia. Gracias a ellas podamos tener
en nuestras mesas, día con día, alimentos de calidad. Por lo general,
trabajan con maíces criollos que se cultivan en las regiones milperas o
maiceras bajo procedimientos artesanales.
El trabajo que estas mujeres desempeñan es importante desde
varias perspectivas (económica, social y culturalmente) pero también
destacamos su trascendencia a otros procesos relevantes que contribuyen
a generar condiciones básicas de soberanía alimentaria; esto es,
movilizan los maíces criollos que son recursos genéticos indispensables
para sostener la agricultura, les agregan valor a través de los procesos que
los transforman en una rica variedad de productos, promueven la dieta de
la milpa y crean “puentes” entre el campo y la ciudad. Articulan entonces
los distintos eslabones de una cadena alimentaria, nada trivial.
Desde el año 2008, las autoras de este capítulo iniciamos estudios
y procesos de acompañamiento con mujeres que se dedican a vender
tortillas y tostadas de maíz como productos principales (aunque no
exclusivamente) en las regiones chiapanecas de Los Altos, Fronteriza y
Selva. Lo anterior lo venimos realizando tanto en forma separada como
conjunta aprovechando oportunidades que nos han permitido poner en
diálogo lo que sabemos, nuestras experiencias y puntos de vista (Díaz et
al., 2018; Díaz et al., 2015).
Los datos que aquí presentamos derivan de ese caminar de diez
años, tiempo durante el cual hemos implementado procedimientos y
echado mano de diversas técnicas según momento y propósitos. Aquí
tratamos de destacar lo que consideramos las ideas principales que hemos
derivado de nuestros análisis e interpretaciones. Al final, compartimos
algunas reflexiones alusivas al acompañamiento que hemos seguido con
grupos de mujeres para fortalecer los procesos productivos y de
comercialización en los que participan.
62
Sobre la etnobotánica de maíz y su sesgo de género
Son numerosos los estudios etnobotánicos de maíz que existen. En
conjunto, nos permiten apreciar la importancia que tiene esta planta en
México como también en otras regiones mundiales que fueron centros de
domesticación. Se ha documentado su origen y genealogía, sus razas y su
distribución geográfica, con atención a los grupos culturales que las
manejan (Kato et al., 2009). De igual manera, se ha dado cuenta de sus
diversos usos y formas de consumo, su significado religioso y carácter
sagrado (Bonavia, 2013).
Por otra parte, ha habido interés en conocer el impacto de la
“revolución verde” en la agricultura, sus implicaciones en los maíces
cultivados, las razones que inducen o presionan al reemplazo de las
variantes locales por las llamadas “mejoradas”, las motivaciones
económicas y dinámicas sociales asociadas, entre otros temas o
problemas de interés (Ortega, 2003). Un resultado fundamental ha sido
reconocer en todo ello el papel del campesino en el mejoramiento del
maíz, esto es, su papel como fitomejorador mediante maneras específicas
de generación y trasmisión de conocimientos y tecnologías (Ortega,
2003; Luna, 2002).
Puede decirse que los estudios etnobotánicos de maíz empiezan
a realizarse en forma sistemática desde la publicación del libro Razas de
Maíz en México en los años cincuenta del siglo veinte (Wellhausen et al.,
1951). Esta investigación dio un fuerte impulso a la etnobotánica en
México a través de uno de sus promotores más connotados: el Maestro
Hernández Xolocotzi (coautor del libro mencionado) a través de lo que
se fue perfilando como la escuela xolocotziana de la etnobotánica
(Ortega, 2013). El Maestro genera un enfoque de investigación peculiar,
impregnado de su visión sobre las formas tradicionales de hacer
agricultura y el papel central de los grupos indígenas en el manejo de los
acervos de plantas y animales domesticados. En consecuencia, “la
escuela del Xolo” promueve ideas distintas a las predominantes en aquel
entonces en torno a las funciones que debían cumplir las instituciones de
investigación y de educación (principalmente en la agricultura). Aquellas
se basaban en el reconocimiento de la gente de campo, en la comprensión
de los contextos ecológico y culturales, en la valoración de los logros de
la agricultura campesina o tradicional más que en una supuesta
superioridad de la ciencia moderna y de los profesionistas formados en
aulas y laboratorios (Hernández, 1988)1.
Sin poner en duda las grandes aportaciones de la etnobotánica del
maíz, ni las de la escuela xolocotziana en particular, queremos destacar
aquí que el pensamiento intelectual en la materia mantuvo un sesgo de
género a lo largo de un primer periodo (comprendido entre los años 1950
y 1980, y quizá más). La idea principal era que el agricultor, hombre,
poseía el conocimiento tradicional sobre el maíz. En consecuencia, la voz
de ellos, y no la de las mujeres era la que se escuchaba. El uso del idioma
español que hasta hace poco privilegiaba el género gramatical masculino
contribuía a aquel pensamiento. A nadie parecía importar el género
cuando se hablaba o escribía sobre etnobotánica. En esta especie de
invisibilidad de las mujeres influían (y siguen pesando) las formas de
comunicación entre sexos que no permiten entablar un diálogo con las
mujeres del campo, por costumbre, pena o desconfianza, sobre todo
cuando quienes indagan son varones. Cabe decir que hasta no hace
mucho tiempo, dentro del personal responsable de hacer investigación
predominaban los varones sobre las mujeres, lo que de igual forma
favorecía la elección de interlocutores.
La opinión del sesgo de género en la investigación etnobotánica
es compartida por otros autores-ras quienes hacen notar ciertos prejuicios
respecto a los roles o ámbitos femeninos, los cuales han sido
considerados marginales o secundarios, y, por lo mismo, tienden a
subvalorarse (Howard, 2003). Esta actitud de menosprecio hacia “lo
femenino” provoca el efecto contrario, esto es, enfatizar el estudio de la
parcela agrícola, dominio del varón.
La importancia de las mujeres empieza a ser reconocida en forma
explícita en tiempos más recientes. Mujeres recolectoras de plantas,
cuidadoras del solar (o del jardín) y de las semillas, como yerberas,
curanderas o parteras, como responsables de preparar los alimentos, entre
otros campos de actividad, así como su intervención en los procesos
evolutivos de las plantas, en los de la conservación de la bio o
agrodiversidad, en los sistemas alimentarios y sus bases culturales, en los
1Debemos aclarar que nuestra intención no es dar cuenta cabal del legado del Maestro
Xolo, mucho más amplio de lo que aquí mencionamos, expuesto ampliamente por varios
autores (Ortega, 2013).
64
procesos de intercambio de productos, en su promoción y
comercialización2.
En la etnobotánica de maíz, aquel sesgo empieza a corregirse. Ya
en la década de los 1990’s se encuentran afirmaciones respecto a la
importancia del papel de las mujeres en la diversidad y conservación de
los maíces criollos por la aplicación de criterios de selección basados en
las características del grano y su relación con la preparación de alimentos,
la percepción sensorial, y el significado de los diversos platillos que se
hacen con maíz, alimento del cuerpo y del espíritu. Ahora se conoce que
no siempre coinciden mujeres y hombres en cuanto a percepciones,
intereses, perspectivas (Ortega, 2003). La etnobotánica de los últimos
tiempos reconoce a las mujeres como protagonistas centrales del manejo
de los recursos y guardianas del conocimiento tradicional (Nolan y
Turner, 2011).
No se trata de privilegiar a un sexo u otro. El problema son los
sesgos (ideológicos, culturales) que han inclinado la balanza a los
varones mientras que a las mujeres se les invisibiliza. Los
posicionamientos a favor de la equidad de género han venido ganando
terreno.
Estudios recientes realizados sobre la milpa mesoamericana
reivindican la importancia de aquel “mundo complementario”
(soslayado) en el que gobiernan las mujeres, ahí donde el maíz empieza
a ser transformado en alimento (Bartra, 2016). Es necesario entonces
ampliar nuestros enfoques a fin de reconocer a las mujeres donde sea
justo hacerlo. Es tiempo entonces de replanteamientos, de reformular
preguntas, de permitir también la participación de diversas disciplinas
que nos permitan comprender las contribuciones y potencialidades de las
mujeres en la alimentación y la soberanía alimentaria (Senra et al.,
2009)3, reconociendo además las condiciones y situaciones
división patriarcal del trabajo hace que así sea. Nos sitúa en el campo de las
contradicciones, pero reivindicarlo significa una transformación social y una llamada a
la autodeterminación y a la justicia de género, principios que forman parte del
feminismo” (Senra et al., 2009:9-10).
66
único o complementario, que emplean en la alimentación, salud, vestido,
educación de la familia, según circunstancias4.
En Chiapas este sector de población es ampliamente diverso pues
ocupa a mujeres indígenas y mestizas que abarcan un amplio rango de
edad, si bien la mayoría está en edad reproductiva. Son mujeres que nacen
y crecen al lado del maíz pues éste es el sustento alimenticio de la familia.
Parte de este sector radica en comunidades rurales donde el cultivo de
maíz o de la milpa es una actividad importante. Son campesinas que se
desplazan frecuentemente a las ciudades cercanas para vender. Otra parte
vive en localidades urbanas cuyas familias migraron a la ciudad hace
relativamente poco tiempo pues sus padres o abuelos eran campesinos.
En su niñez o adolescencia se criaron en el campo, ahí aprendieron a
preparar el maíz, y al asentarse en los pueblos reproducen el estilo de vida
campesino que tuvieron como primer referente. Todas ellas tienen a su
cargo la atención y el cuidado de su familia. Además, en cierta
proporción, participan también en el cultivo de la milpa y del solar.
Para la mayoría de mujeres, tanto la preparación como la venta de
productos de maíz son adicionales a las demás actividades domésticas y
se integra a su rutina cotidiana, y les representa una carga adicional de
trabajo, así como de responsabilidad o compromiso.
La organización del proceso laboral resulta tanto de factores
internos como externos a la unidad familiar (tales como las condiciones
del mercado y la participación de las mujeres en actividades comunitarias
como los comités escolares o los compromisos contraídos con los
programas gubernamentales que operan en las regiones).
Ellas se organizan por día de la semana y por horarios, siendo su
referencia los tiempos de las actividades de los demás miembros de la
familia: el trabajo del hombre en la parcela y la actividad escolar de los
hijos, por ejemplo. En estas decisiones intervienen también las cuestiones
técnicas de la producción como por ejemplo, la cantidad de maíz que van
a trabajar o el estado del tiempo.
4 Entre las mujeres hay quienes venden varios productos de maíz a la vez –tortillas,
tostadas, pozol, pinol-, incluso venden también algún fruto, verduras u hojas que ellas
mismas cultivan, como también existen mujeres que se han especializado dedicándose
exclusivamente a las tortillas o a las tostadas.
La cocina es el lugar donde las señoras alternan el trabajo
reproductivo y productivo. Además de ser el lugar íntimo de convivencia
durante las comidas familiares, es también el taller en donde ellas pasan
una cantidad considerable de horas trabajando en la preparación y
atención del alimento cotidiano, en los cuidados para la familia y en la
preparación del producto para el mercado.
Las mujeres administran su tiempo de modo que puedan
dedicarse a su “oficio” en forma continua, sin tener que interrumpir. Por
lo general, trabajan durante las primeras horas del día después de que ya
prepararon y dieron el desayuno, y en su caso, alistaron y llevaron a los
hijos a la escuela o atendieron las plantas y animales del solar. Procuran
terminar antes de que los hijos y/o el marido regresen a casa para poder
preparar la comida.
Para trabajar siguen una secuencia de pasos o prácticas que
inician, por lo regular, la tarde del día anterior con el desgranado de la
mazorca de maíz y con la selección del grano. Esa misma tarde se pone a
cocer hasta que queda listo el nixtamal. A la mañana siguiente, a
temprana hora, se continúa con la molienda del grano, la preparación de
la masa, el torteado, cocción de la tortilla y, para el caso de las tostadas,
su posterior dorado en torno al fuego.
Todas las prácticas de elaboración, con excepción de la molienda
del grano, se hacen con instrumentos manuales y con el empleo de
fogones abiertos o con las estufas de leña. Se requiere de la presencia
física de la mujer en todo momento, de sus habilidades y destrezas
adquiridas a través de la práctica. Fallas o descuidos en alguna parte del
proceso pueden provocar accidentes, sin dejar de mencionar las pérdidas
del producto. Además, la exposición al calor intenso del fogón, a los
cuales dicen ellas “estar acostumbradas”, les ocasionan (o pueden
ocasionar) malestares o enfermedades.
Los procedimientos que se emplean para el trabajo no son
exactamente los mismos, existen diferencias en las técnicas, por ejemplo,
en la nixtamalización, sin dejar de mencionar los criterios que se tienen
hacia el maíz que se emplea. Tales diferencias se relacionan con los
productos que se preparan. En ese sentido, existe cierta correspondencia
entre formas de elaboración, color del maíz y variedad de productos
respecto al contexto regional.
68
La comercialización es también parte del trabajo que las mujeres
realizan. Puede hacerse bajo diferentes maneras: en forma ambulante por
las calles o estacionaria en plazas; haciendo entregas regulares tanto a
comercios, restaurantes o bares, o a consumidores conocidos que son
clientes constantes. La venta de productos de maíz se realiza al menudeo,
salvo las tostadas que en ocasiones se venden por mayoreo.
La mayoría de las mujeres se desplaza de sus casas a los
mercados próximos para vender directamente al consumidor, llevando
uno o varios productos (tortillas, atoles, tostadas, pozol, pinol) según lo
que les ha resultado mejor. Dedican por lo regular entre uno a tres días a
la semana para vender.
Existen diferencias importantes en las cantidades de los
productos que se llevan al mercado, en la efectividad de la venta, y, por
ende, en los ingresos que obtienen. Con base en una estimación de costos,
sabemos que buena parte de ellas apenas recuperan los gastos que
realizan, sin incluir su trabajo. Son pocos los casos que obtienen una
“ganancia”. Por otro lado, tienen que comprar maíz durante ciertas
épocas del año o todo el tiempo, lo que implica una oscilación en sus
ingresos (Díaz et al., 2015).
Las modalidades de venta son caminos de búsqueda que las
mujeres han encontrado y que dependen de sus propias iniciativas y de
las relaciones que han ido forjando con sus compradores. Además de los
bajos ingresos que reciben por su trabajo, enfrentan otras situaciones que
desalientan su trabajo: la venta de sus productos ha venido a menos,
resienten la competencia de productos industriales similares (por
ejemplo, tortillas y tostadas de harina de maíz), y la que representa el
mismo incremento de mujeres que participan en el mercado. Por otro
lado, la competencia por los espacios de venta ha dado lugar a distintas
situaciones: se han suscitado riñas que orillan al desplazamiento y, en
casos, a la creación de nuevos espacios; a la toma de acuerdos sobre los
días y horas para vender; a la organización de grupos con normas sobre
el uso del espacio de venta. Además, los lugares públicos están regulados
o controlados por varias instancias, en ocasiones con sus propios
conflictos de interés. No es raro encontrar aquí discriminación y malos
tratos hacia ellas.
Para las mujeres han sido importantes otras opciones de venta
que surgen, principalmente en las poblaciones grandes (como las
ciudades de San Cristóbal de Las Casas o Comitán) tanto por
concientización de los consumidores como por el crecimiento de
servicios turísticos (mercados alternativos, restaurantes y tiendas
orgánicas o gourmet, servicio de alimentos para eventos, entre otras). Sin
embargo, estas opciones no son siempre seguras o resultan insuficientes.
Como vimos, las mujeres ofrecen al mercado productos de
calidad. Hacen una selección específica y cuidadosa de los maíces que
utilizan, además del empleo de saberes y técnicas tradicionales. Buscan
satisfacer las preferencias de los consumidores que demandan sus
productos, quieren que se aprecie lo que hacen, mantener e incrementar
la venta de sus productos. El factor de la calidad de los alimentos hechos
con maíces nativos o criollos es una razón de mucho peso para el cultivo
del maíz en áreas campesinas, así como para la conservación de su
diversidad (Appendini y Quijada, 2015).
Es de interés mencionar nuevas áreas de ocupación de las
mujeres ligadas a la tradición culinaria donde se colocan al frente. Son
casos excepcionales de mujeres jóvenes que revaloran sus raíces
culturales con emprendimientos tales como negocios de tortillerías que
trabajan con nixtamal fresco (de maíces criollos), y restaurantes de
comida que muestran y destacan las virtudes de la cocina indígena. Entre
los valores que guían estos emprendimientos están la revaloración de los
saberes tradicionales, el favorecer la agricultura de pequeños productores
retribuyéndoles con precios justos.
Todas las mujeres, algunas más que otras, agradecen su trabajo
(como tortillera o tostadera) porque les ha permitido “sacar adelante a
sus hijos” (e hijas), esto es, ofrecerles lo que ellas no tuvieron de niñas o
jóvenes. Además, les ha brindado la confianza de saberse capaz de
valerse por sí mismas sin depender de sus parejas. Sin embargo, estas
apreciaciones positivas se contraponen con el cansancio físico y mental
de años de trabajo arduo, con la angustia de la inseguridad de los ingresos,
o, en casos de mujeres jóvenes, con la desesperanza de no tener otras
oportunidades de empleo mejor retribuidas que cubran sus aspiraciones
de desarrollo personal.
Ni el trabajo adicional (o sobrecarga de trabajo), ni el ingreso
monetario que las mujeres aportan por la venta de productos han
modificado la división del trabajo por sexo al interior del hogar. Esto no
significa que los varones no lleguen a ayudar en las tareas domésticas, ni
que las mujeres, sin excepción, estén subordinadas al mandato de los
varones, o se asuman inferiores a ellos en sus capacidades. Estas
70
relaciones son variables y su comprensión requiere estudios de mayor
profundidad.
La elaboración de productos de maíz es una opción de trabajo
que se ajusta a las funciones y roles a los que están “obligadas” como
mujeres. Seguirá siendo una opción importante para muchas porque la
oferta de empleo pagado es limitada o el ingreso poco atractivo, además
puede implicarles dificultades o problemas familiares por “desatención”
a los hijos y a la pareja.
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Capítulo 3.- Dinámicas entre la labor de las mujeres y la diversidad
biocultural de dos sistemas alimentarios locales chiapanecos
Resumen
Se abordan dos sistemas alimentarios locales chiapanecos vistos desde la
diversidad biocultural, los cambios en el paisaje y las dinámicas
generadas por la labor de las mujeres. Tomando como contexto la
diversidad biocultural del estado de Chiapas y sus expresiones en el
ámbito alimentario, se presenta una reflexión sobre cómo las estrategias
de uso, manejo y disfrute de tal diversidad son condicionadas por las
relaciones de género. Lo anterior es ilustrado por una investigación
desarrollada en localidades de dos regiones productivas chiapanecas: Los
Altos y la Frailesca. Como estudio de caso, se aproxima a los sistemas
alimentarios y la bioculturalidad desde las unidades familiares que le dan
vida, buscando comprender cómo se experimentan las transiciones e
identificando elementos clave para el fortalecimiento del patrimonio
biocultural desde las prácticas alimentarias. Como resultado, se presenta
información sobre las especies vegetales consumidas y se describen las
interacciones entre algunas transformaciones del paisaje y las estrategias
de vida, producción y adquisición de alimentos. Dentro de estas
estrategias y su adaptación a nuevas condiciones —que incluyen la
incorporación a la economía de mercado y la urbanización e
industrialización— sobresale el trabajo de las mujeres que mantienen la
vitalidad de la diversidad biocultural a través de la promoción y
procesamiento de especies y variedades comestibles. Las labores de
cuidado que ellas asumen les confieren conocimientos y capacidades para
el abastecimiento de alimentos en suficiencia de cantidad y calidad,
generando soluciones prácticas para la alimentación de sus hogares. Estas
miradas de escala pequeña complementan y enriquecen los análisis
macro que describen tendencias generales, ilustrando también el
entramado de tendencias regionales y estatales.
78
Introducción
La alimentación es una de las áreas más básicas de bienestar del ser
humano y está conformada por procesos complejos que tomaron forma a
lo largo de la historia de la humanidad y de su contacto con el entorno
para obtener, producir, transformar, almacenar, intercambiar y consumir
los alimentos. Desde nuestra continua interacción con el ambiente en la
que transformamos y somos transformados, el conocimiento y el uso de
la biodiversidad se profundizó y perfeccionó, volviendo a la alimentación
un ámbito en el cual las relaciones etnobiológicas y la diversidad
biocultural se muestran en todo su esplendor. De allí la relevancia de
dedicar algunos capítulos a la alimentación chiapaneca en este volumen.
Este capítulo en particular trata sobre la diversidad biocultural
presente en sistemas alimentarios locales chiapanecos, enfocándonos en
dos localidades de dos regiones productivas: San Pascual, 5 en la región
de Los Altos de Chiapas, y Nueva Reforma Agraria, en la región
Frailesca. La descripción y análisis se basan en un trabajo de
investigación realizado entre noviembre de 2016 y mayo de 2017 cuyos
objetivos generales fueron a) caracterizar a los sistemas alimentarios
locales desde el enfoque biocultural, b) documentar cómo los cambios en
el paisaje interactúan con los sistemas alimentarios, y c) identificar
elementos clave para el fortalecimiento del patrimonio biocultural desde
las prácticas alimentarias.
El contexto biocultural chiapaneco incluye sistemas rurales
conformados por una gran variedad de elementos biológicos y
ambientales, así como por conocimientos, prácticas y estrategias
organizativas a través de los cuales estos elementos son aprovechados.
Sin embargo, las dinámicas de transformación socio-ambiental a mediana
y gran escala que se observan en ambas regiones nos llevaron a
preguntarnos cómo estos cambios afectan los sistemas alimentarios y
cómo son experimentados a pequeña escala por las familias de dos
localidades concretas. Por ello, nuestra unidad de observación son
unidades familiares.
5 Los nombres de las localidades han sido modificados para garantizar el anonimato de
las informantes.
Además, gracias a vínculos previos con el colectivo “Mujeres y
Maíz”6 y con la organización “Productores y Vigilantes de la Sierra”, 7 se
trabajó directamente con grupos de mujeres habitantes de ambas
localidades. Esta situación agregó una nueva variable a observar: las
relaciones de género en este entramado de relaciones alimentarias.
Los objetivos e inquietudes anteriores nos guiaron hacia algunas
preguntas de investigación más finas: ¿Cómo se entienden los sistemas
alimentarios desde el enfoque biocultural y desde las familias y mujeres
de las localidades? ¿De qué manera las familias de las dos localidades
están viviendo la transición de sus sistemas alimentarios y cuál es el papel
de las mujeres en estas dinámicas? ¿De qué manera la comprensión de
las relaciones etnobiológicas y bioculturales nos sirve para entender y
valorar el trabajo de las mujeres en el cuidado de sus familias,
comunidades y ambiente que les rodea?
Aunque los resultados de este trabajo se enfocan en una escala muy
pequeña, creemos que complementan y enriquecen los análisis que
describen tendencias generales. Estos panoramas locales pueden
ejemplificar el entramado de tendencias regionales y estatales, o bien,
revelar casos poco comunes que vale la pena contrastar con el resto.
6
“Mujeres y Maíz” es un colectivo de mujeres que trabaja en diversas localidades de la
región de Los Altos de Chiapas con el objetivo de dignificar los espacios de vida y el
trabajo de las mujeres indígenas campesinas que cultivan y procesan maíz para subsistir.
7
Es una Sociedad de Producción Rural constituida por 10 familias de la comunidad
Nueva Reforma Agraria, ubicada dentro del Área de Protección de Recursos Naturales
La Frailesca, las cuales buscan mejoras en su calidad de vida a partir del uso sostenible
de los bienes naturales de las que son custodios.
80
serie de estudios sobre la correspondencia entre las regiones del mundo
con mayor diversidad lingüística y aquellas con mayor diversidad
biológica (Harmon, 1996). A partir de esto se desarrollaron teorías que
describen cómo la diversidad biológica y la cultural se entrelazan y son
interdependientes (Boege, 2008; Posey, 2001; Pretty et al, 2009; Toledo
y Barrera-Bassols, 2008) y, en un círculo virtuoso, esta interdependencia
deriva en una mayor diversificación. En el ámbito cultural esto se expresa
en conocimientos, valores y prácticas para la satisfacción de necesidades
humanas, mientras que con relación al ambiente se expresa en la
producción y diversificación de paisajes que, incluso, han sido
considerados prístinos o vírgenes (van Hemerden et al., 2003), con un
aumento de la diversidad agropecuaria (Toledo y Barrera-Bassols, 2008).
La diversidad biocultural comprende procesos complejos en los
que destacan dos características centrales: a) las relaciones y los vínculos
entre los componentes humanos y ambientales, y b) la historicidad, las
transformaciones en el tiempo de tales relaciones y vínculos. Puesto que
estas características corresponden también a un enfoque sistémico, al
trasladar la teoría de la diversidad biocultural al ámbito alimentario,
retomamos el concepto de sistema alimentario.
Un sistema alimentario se conforma por elementos, interacciones
y procesos relacionados con la alimentación de un grupo humano,
organizados en una forma interdependiente que permite estudiarlos como
una totalidad indivisible (Contreras y Gracia, 2005; FAO, 2017; Messer,
1984). Los componentes biológicos y ambientales de estos sistemas se
manifiestan en la diversidad de especies vegetales, animales y otros
organismos cultivados, criados, colectados, cazados y pescados, que
permiten tener una alimentación nutritiva y variada a lo largo del año;
también en los suelos y su cubierta, el clima y los ciclos ecológicos que
sustentan dicha diversidad alimentaria. Los elementos socioculturales
incluyen a las personas, grupos y organizaciones, así como a sus
estructuras tecnológicas y sociales. Las interacciones entre estos
elementos se expresan a través de conocimientos, prácticas y valores,
representaciones y creencias involucrados en la alimentación (Contreras
y Gracia, 2005), que pueden derivar en la “producción” de paisajes
agroalimentarios y en la diversificación agrícola y pecuaria. Entre más
diverso sea un ecosistema o un agroecosistema, mayor será su capacidad
de proveer los nutrimentos necesarios para asegurar el bienestar de
individuos y poblaciones, de forma constante y a través de periodos con
variabilidad climática (Burlingame y Dernini, 2010). Por su parte, la
diversidad cultural permite el uso, manejo y conservación de la
diversidad alimentaria a través de prácticas y sistemas de conocimientos
ecológicos, etnobiológicos y gastronómicos adaptados a distintos
ambientes y condiciones socioeconómicas (Pretty et al., 2009).
Cabe resaltar que no todos los sistemas alimentarios son
expresiones de la diversidad biocultural. Hay sistemas alimentarios
agroindustriales, citadinos y modernos sobre los cuales las leyes del
mercado rigen qué se produce y cómo se consume. En estos, tanto la
diversidad biológica como la cultural han sido drásticamente reducidas.
En este texto nos enfocamos a sistemas alimentarios locales o
tradicionales (Kuhnlein et al., 2009) que incluyen principalmente
alimentos a los que la población tiene acceso en su localidad, que se
colectan, cultivan o producen en las cercanías, con aportaciones de
alimentos externos que son adoptados en la cocina local.
Estos sistemas alimentarios locales no son estáticos y
continuamente incorporan elementos y se adaptan a los cambios y
condiciones que se les presentan. Sin embargo, existe un problema
cuando estos cambios y condiciones causan un empobrecimiento o
erosión en el sistema alimentario, en el sentido de una reducción tanto de
la diversidad biológica como de la diversidad cultural, pues entre menos
diverso sea el sistema alimentario menor será su capacidad adaptativa
ante cambios cíclicos o repentinos. Hay una diversidad de factores de
cambios socio-económicos y ambientales que influyen en los sistemas
alimentarios y tienen un impacto directo en su continuidad.
82
Por su parte, la diversidad cultural se puede observar en sus doce
pueblos indígenas (cakchiquel, ch'ol, chuj, jacalteco, kanjobal, lacandón
o maya-caribe, mam, mochó, tojol-ab’al, tseltal, tsotsil y zoque) así como
en las treinta y un lenguas y variantes reconocidas por el Instituto
Nacional de Lenguas Indígenas (INALI, 2008).
Esta confluencia biocultural deriva en una alta diversidad
alimentaria. Aunque la base de los sistemas alimentarios chiapanecos es
común en cuanto a las formas de producción y a los principales alimentos
consumidos (Bertrán, 2005), con raíces prehispánicas y un sistema
agrícola mesoamericano (milpa diversa de roza, tumba y quema), la
adaptación de cada pueblo a distintos ecosistemas ha generado una
diversificación alimentaria. A lo largo y ancho del estado abundan
expresiones de uso, manejo, transformación y adaptación de la diversidad
y el medio a los procesos alimentarios. Además, hay que considerar las
aportaciones europeas —las consecuencias de la conquista— así como la
moderna agricultura y alimentación industrializada.
La riqueza de los sistemas alimentarios chiapanecos se muestra a
través de: a) milpas adaptadas a distintas condiciones ecológicas en las
que la gran diversidad de razas de maíz y frijol son enriquecidas por
decenas de especies de flora y fauna comestible (Mariaca et al., 2007 y
Mariaca y Junghans, 2010); b) estrategias agroecológicas de milpa
coexistiendo con árboles maderables (Soto-Pinto et al., 2013); c) huertos
familiares que aportan 343 especies vegetales y 17 especies animales
comestibles a nivel estatal (Mariaca, 2012); d) sistemas pecuarios que
incluyen ganadería, crianza de aves de corral, pesca, acuicultura,
meliponicultura y uso de fauna silvestre (CONABIO, 2013); e)
pesquerías en las que se aprovechan peces y crustáceos (Gellida y
Moguel, 2007); f) colecta, aprovechamiento y manejo de especies
silvestres (Solís-Becerra y Estrada-Lugo, 2014; Ruan et al., 2009); g)
cacería de subsistencia (González et al., 2011); y h) aprovechamiento de
178 especies de insectos comestibles a nivel estatal (Ramos y Pino,
2002). Estos ejemplos y muchos otros documentan especies comestibles,
prácticas y conocimientos para su abastecimiento, preparación y
consumo. Asimismo, muestran los patrones de cambio y amenazas que
sufren los sistemas locales de alimentación.
Resultados
Las miradas que tenemos sobre los sistemas alimentarios y la
bioculturalidad de San Pascual y de Nueva Reforma Agraria parten de
dos ejercicios realizados: por un lado, los listados libres que nos permiten
observar la diversidad alimentaria de origen vegetal y, por el otro, el
acercamiento a la complejidad alimentaria al entender lo que involucra la
preparación de dos recetas de cocina.
El Cuadro 1 contiene los resultados de los ejercicios de listado libre
donde las mujeres partícipes señalaron la diversidad de ingredientes que
emplean en su alimentación, diferenciando aquellos cultivados
localmente de aquellos que son comprados en otros sitios. Cabe resaltar
que por restricciones de tiempo esta investigación se realizó en
temporada de estiaje, situación que pudo haber limitado la cantidad de
alimentos que las mujeres fueron capaces de recordar, sin embargo, los
datos obtenidos permiten establecer una relación entre los sistemas
locales de producción y los alimentos provenientes de otras regiones. Los
listados han sido depurados de los alimentos procesados y de otros
alimentos de origen animal, toda vez que el objetivo principal fue conocer
la diversidad de cultivos o plantas silvestres empleados para la
alimentación.
Calabaza: Calabaza:
blanca, flor,
amarilla, Yuyos Berro
Calabacit fruto,
punta, (Aman Aguacate
a bola pepita (Nasturti
pepitas ita
(Cucurbit sp.) (Persea um
(Cucurbit (Cucurbit
a pepo) americana) a officinale
a )
argyosper argyosper
ma) ma)
92
(Sechium s
edule) vulgaris)
Frijol: Guineo: 7
Chilacayo negro, criollos,
ta blanco, Calabacita cuadrado,
(Cucurbit colorado, (Cucurbita manzanit
a ejote pepo) a
ficifolia) (Phaseolu (Musa
s vulgaris) sp.)
Cilantro Frijol Hierba
Cebolla
(Coriandr patashté Santa
(Allium
um (Phaseolu (Piper
cepa)
sativum) s lunatus) auritum)
Hierbamo
Frijol botil Cebollín ra
Durazno
(Phaseolu (Allium
(Prunus
s schoenopra (Solanum
persica) nigrescen
coccineus) sum)
s)
Epazote Maíz:
Hierba
(Dysphani Chayote Blanco,
santa
a (Sechium amarillo
(Piper
ambrosioi edule) (Zea
auritum)
des) mays)
Chile:
habanero,
Hierbamor jalapeño,
Nopal
a bola, Plátano
(Opuntia
(Solanum (Musa
ficus- miraparriba sp.)
nigrescens
indica) ,
)
timpinchile
(Capsicum
sp.)
Maíz:
Chipilín
Repollo blanco,
(Crotalaria
(Brassica amarillo,
longirostrat
oleracea) azul (Zea
a)
mays)
Rábano Nabo Cilantro
(Raphanu (Brassica (Coriandru
s sativus) rapa) m sativum)
Zarzamor Epazote
Pepino
a (Rubus (Dysphania
(Cucumis
ulmifolius ambrosioid
sativus)
) es)
Hierbabuen
Guineo
a (Mentha
(Musa sp.)
spicata)
Quelites Lechuga
(Chenopo (Lactuca
dium sp.) sativa)
Limón
(Citrus
aurantifolia
)
Perejil
(Petrosenil
um
crispum)
Rábano
(Raphanus
sativus)
Repollo
(Brassica
oleracea)
Tomate
(Solanum
94
lycospersic
um)
Verdolaga
(Portulaca
oleracea)
96
San Pascual: Chuci, los nopales con carne y la diabetes
Hasta hace 30 años no había nopales en San Pascual ya que la zona es
demasiado fría y húmeda. Los habitantes de Los Altos de Chiapas no
conocían esta cactácea y mucho menos la comían, sin embargo, esto
cambió al inicio del siglo XXI una vez que los suelos arcillosos alrededor
de los hogares se lavaron y dejaron la roca madre a la intemperie, siendo
necesaria una planta para cubrir el suelo desnudo. Simultáneamente,
surgió en la región una enfermedad no contagiosa, silenciosa al inicio y
que poco a poco ha adquirido proporciones epidémicas: la diabetes (Page,
2003). De manera paulatina, la gente de San Pascual ha aprendido que si
bien la diabetes es incurable, hay alimentos y hierbas que ayudan a
controlar los niveles de azúcar en la sangre y reducir la hipertensión,
enfermedad que también resulta de la sedentarización y los cambios en
la alimentación. Fue así como Chuci comenzó a cultivar nopales en el
área que circunda su hogar. Su familia, que consiste en su esposo Nasto
y sus cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres, bajan a trabajar a tierra
caliente donde tienen una parcela en la cual también han sembrado
nopales. Una noche, después de la faena, Nasto compró una cabeza de
res y Chuci improvisó un platillo que se ha convertido en el favorito de
su familia. Primero fríe la carne, luego le añade los nopales picados hasta
que todo está cocinado. Además, prepara guacamole y una ensalada con
tomates, cebolla, cilantro y chile. Cuando están trabajando en el campo,
Chuci prepara sus propias tortillas para hacer tacos de carne con nopales.
Las tortillas que se consumen en el hogar, son preparadas con el maíz que
ellos mismos cultivan.
Desde que Chuci y sus dos hijas, Faby y Paola, se dedican a vender
tostadas y pozol en el mercado de San Cristóbal, estas tres mujeres de 35,
17 y 9 años de edad generan el ingreso económico cotidiano del hogar.
El arduo trabajo de Chuci implica numerosos esfuerzos de ella y sus hijas
y no sólo significa que Nasto ya no deba regresar a Estados Unidos para
generar ahorros, también significa que Chuci puede decidir no comprar
agroquímicos para el cultivo del maíz que consume su familia. A pesar
de que Nasto utiliza sus propias semillas y no las semillas ‘mejoradas’
que el gobierno le proporciona, reconoce que usar químicos es más fácil.
Aunque Nasto se lo pide, Chuci afirma que prefiere comer maíz sin
‘líquido’ pues sabe que es mejor para la salud de su familia. Sin embargo,
Lalo (6 años) prefiere las tortillas de tortillería para sus tacos, ¿acaso a su
corta edad asocia a la tortilla industrial con el prestigio y estatus del
‘desarrollo’ urbano? (Contreras, 1992).
Siendo un joven que tendrá acceso limitado a tierra cultivable,
agua y bosque, Lalo representa el futuro incierto de las nuevas
generaciones de familias campesinas en Los Altos de Chiapas. Como las
generaciones recientes, estos futuros jóvenes están propensos a la
migración nacional e internacional ya que el mercadeo de tierras ha
encarecido los terrenos hasta el punto de hacerlos inaccesibles para la
gente local. La esperanza de Chuci es que a Lalo le guste estudiar para
que migre a la ciudad y no tenga que padecer por tierra.
Discusión
Los casos presentados ilustran el diálogo entre la diversidad biocultural
y los sistemas alimentarios locales que tiene lugar en los hogares rurales,
indígenas y mestizos.
Las familias de San Pascual y Nueva Reforma Agraria muestran
que la diversidad biocultural incluye un acervo dinámico de
conocimientos, prácticas y elementos del territorio y, como tal, está en
constante transformación. Lo anterior se demuestra en las
12 Producto hecho a partir de plumas, restos de aves, pajas utilizadas como cama y
excretas, así como restos de pre-mezclas que contienen coccidiostáticos a base de cobre,
antibióticos, etc.
manifestaciones e incorporación de diversidad agrícola y los
conocimientos asociados. Un ejemplo es la introducción del nopal en San
Pascual como una estrategia de adaptación ante las nuevas condiciones
de suelos.
El abordaje de la diversidad biocultural para entender la
alimentación local permite apreciar las dinámicas en escalas domésticas,
públicas y ambientales. Como parte de estas dinámicas sobresalen dos
tendencias principales: la transformación del paisaje y la incorporación
de la población a la economía de mercado.
Para todo el estado de Chiapas, la transformación del paisaje
durante el siglo XX fue definida de manera importante por la ganadería
(bovinos, ovinos, porcinos y aves), la cual, a su vez, no solo generó
cambios en el paisaje sino también pérdida de biodiversidad a tal grado
que la actividad se encuentra en el corazón de la polémica socio-
ambiental que justificó la declaración de numerosas áreas naturales
protegidas (Ocote, La Encrucijada, El Triunfo, La Frailesca, La
Sepultura, Montes Azules, Lagos de Montebello y Palenque, entre otras)
(Alemán-Santillán et al., 2007).
En San Pascual esta transformación socio-ambiental se ha
experimentado a través de la remoción de la cubierta forestal y la
fragmentación de la tenencia de la tierra, que traen consigo una reducción
de la superficie disponible para agricultura y la falta de agua. A su vez,
los efectos de las políticas que hacen del maíz importado una opción más
barata y las prácticas agrícolas promovidas por el gobierno representan
una amenaza para la diversidad de maíces criollos de la región, así como
la pérdida de alimentos silvestres debido al uso de herbicidas.
En Nueva Reforma Agraria, la presencia del APRN ha servido
como amortiguamiento para el avance del deterioro ambiental que es
representativo de los municipios de Villa Corzo y Villaflores. Aun así, a
raíz del Tratado de Libre Comercio13 y sus efectos en el campo mexicano
(Guerra, 2011), el sistema alimentario local ha sido afectado por la
reducción de la superficie de maíz cultivado y, más recientemente, por la
llegada de granjas avícolas y sus subproductos. La distancia de la ciudad
y la falta de caminos han llevado a los hogares —en especial a las
102
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Capítulo 4.- Del volcán a la boca: construcción del patrimonio
etnogastronómico en comunidades mam del volcán Tacaná.
114
Foto 3: Camioneta que vende productos alimenticios
Bebidas
Las bebidas acompañan a los guisos, o pueden consumirse solas, con
galletas o pan. Se consumen como bebida fría o caliente. En la zona se
reconocen el café y el atole como parte de la tradición etnogastronómica
local. El primero, por ejemplo, es resultado de preparar café tostado y
molido a manera de infusión, y es acompañante de diversos guisos, pan
o galletas. Se puede consumir frío o caliente pero siempre “ralo”, lo
116
anterior se debe a que por cada dos litros de agua se agrega
aproximadamente de media a una cuchara sopera de café tostado y
molido, lo que da una infusión de color y sabor muy tenue. Pese a que la
zona es productora de café, no se acostumbra tomarlo cargado, esto
quizás se deba a que el producto es principalmente para la venta y solo
una pequeña parte –muchas veces el producto de mala calidad que no se
puede comercializar– se destina al autoconsumo (existen familias que
usan café soluble, pero éste se considera producto industrial introducido).
Otra explicación de consumirlo muy ralo es que, si se pasa de cantidad
de café por litro de agua, se torna desagradable al paladar de algunos
habitantes de la zona.
El atole es otra de las bebidas primordiales y consideradas como
locales, se acompaña de guisos, sobre todo tamales. En la zona se
encuentran dos variantes: atoles derivados de maíz y el atol de plátano.
Los atoles de maíz, resultan del procesamiento de la semilla y de su
cocción en agua, generándose un líquido de textura espesa. Se encuentran
los siguientes tipos:
El santi es elaborado de maíz, a diferencia de otros atoles es el
único al que durante la cocción de las semillas de maíz se agrega ceniza
del fogón. Se toma caliente recién salido del fuego y se acompaña de
comida o bien, se toma solo. El nombre santi se debe a que sa’ en lengua
mame significa ceniza, ingrediente que aporta su peculiar sabor.
El atol desquebrajado es elaborado de maíz semi molido con
textura granulada, de ahí el nombre de “desquebrajado”. Originalmente
no se agrega endulzante, pero actualmente las nuevas generaciones al
momento de servirse acostumbran agregar azúcar. Se sirve caliente y se
bebe solo o funge como acompañante de algún guiso. Una variante de
consumir este atole es agregar granos de frijol cocido y se consume a
cucharadas, siempre y cuando no se le haya agregado endulzante.
El atol de plátano, como su nombre lo indica, se elabora de
plátano (Musa spp.) maduro o verde. La fruta se macera y se agrega agua
precalentada y sin retirar del fogón se mueve y agrega azúcar al gusto.
Este atol se sirve a los enfermos, ya que se considera recupera la energía
del cuerpo, minimizando así los estragos de la enfermedad.
Caldos
Localmente se considera caldo al guiso que durante y al final de proceso
de cocción tiene exceso de agua. Existen cuatro tipos de caldos: de carne,
de verduras, de huevo y de frijol y se diferencian entre ellos según el
ingrediente principal con que se prepara. Al servirse, si el comensal lo
desea, se acompaña con chile, tortillas de masa hechas a mano o tamal de
masa, y una bebida. Cabe resaltar que los distintos caldos son de los
platillos preferidos y más frecuentes en la dieta cotidiana. Por otro lado,
en el pasado lograron ganar la posición de comida ceremonial, como se
explicará en el caso del caldo de res, aunque hoy en día están sufriendo
la sustitución por nuevos platillos.
El caldo de carne, como su nombre lo indica, tiene como
principal ingrediente la carne; ésta puede ser de mamíferos o aves, tanto
domésticos como silvestres (“de monte”). La especie utilizada da
denominación al tipo de caldo, por ejemplo, si se usa pollo se denomina
“caldo de pollo”, si es con carne de paxa (Penelopina nigra) se denomina
“caldo de paxa”, etc. Durante su preparación se le añade agua, achiote,
chayote (Sechium edule), papa, tomate, chile y sal, también se puede
agregar cualquier otro ingrediente o bien omitir algunos de los
mencionados.
Un caso especial es el caldo de res (carne bovina), a este se pueden
agregar verduras o bien se prescinde completamente de otros ingredientes
y condimentos. Se solía consumir en celebraciones como cumpleaños,
agradecimiento a buenas cosechas y otros eventos. Incluso, la población
nombraba el ir a una fiesta como “ir a la caldiza” o “ir a la caldeada”.
Pese a lo anterior, el caldo de carne ha ido perdiendo gradualmente su
estatus como platillo ceremonial y ha sido sustituido por el mole, por ello
se pasó de utilizar el término “ir a la caldiza” a la expresión “ir a la
moliza”. Sin embargo, este caldo aún persiste como comida típica y se
consume el día que el comensal guste.
El caldo de verdura se elabora con verduras o arvenses
comestibles que se encuentran en el solar, la milpa o el cafetal, áreas del
monte o del mercado. Estas se ponen a cocer en una olla con suficiente
agua y sal al gusto, y puede ser de una o más verduras. Se considera que,
entre más verduras, el sabor y la calidad mejora. Los caldos se distinguen
por la procedencia de los ingredientes, existe una marcada diferencia
entre verduras del solar, cafetal o milpa, en comparación con verduras
“de monte”, estas últimas son considerada de mejor calidad y más
nutritivas, según la percepción local.
El caldo de huevo es resultado de la cocción de huevo de gallina
previamente batido que se vierte en agua hirviendo, se le agrega
118
condimentos y sal al gusto. Se sirve caliente y acompaña con tortillas,
chile y bebida. Actualmente son pocas las familias que lo elaboran.
El caldo de frijol constituye la forma más común de preparar los
frijoles (Phaseolus spp.) en la zona. Para la elaboración del caldo se
incluyen ingredientes locales (arvenses y animales silvestres), y la sazón
que el ama de casa sea capaz de dar al platillo, provoca su particularidad.
Este caldo puede contener diferentes tipos de frijoles, y este primer
ingrediente principal puede ser acompañado y enriquecido por otro;
nótese que este segundo ingrediente principal da distinción al guiso, así
es común oír hablar del “caldo de frijol”, “caldo de frijol con sebo”,
“caldo de frijol tierno con calabaza”, “caldo de frijol con verduras” y
“caldo de frijol africano”.
El simple caldo de frijol puede ser elaborado de frijoles tiernos
o secos. El caldo de frijol con sebo ha sido heredado de los abuelos y
sigue siendo vigente actualmente. Su preparación necesita de lo que
lugareños denominan como “engordadora”, se trata de un pedazo de sebo
de ganado bovino u ovino, que previamente fue ahumado sobre el fogón
(Foto 5). Este sebo se agrega durante el proceso de cocción de frijol -en
este caso se usa necesariamente frijol seco- para dar un sabor particular
al guiso. El caldo de frijol tierno con calabaza tierna es uno de los
platillos más socorridos cuando es la temporada en la que en la milpa,
solar o mercado local, se encuentra la calabaza blanca tierna (Cucurbita
ficifolia). El caldo de frijol con verduras, como su nombre lo indica, es
un caldo de frijol enriquecido por diferentes tipos de verduras. El caldo
de frijol africano, también llamado arroz africano, es la combinación de
frijol con arroz al momento de la cocción, y recibe su nombre debido a
que el arroz, al cocerlo con los frijoles, cambia de color.
Foto 5: Engordadora de cebo de ganado bovino sobre el fogón
18Por ejemplo se usan Mico de noche (Eira barbara), Ardilla (Sciurus spp.), Armadillo
(Dasypus novemcintus), Pizote (Nasua narica), Tepezcuintle (Cuniculus paca), Tuza
(Orthogeomys grandis), Venado (Mazama spp.), Tlacuache (Didelphis marsupialis), por
mencionar algunos.
cocidas en agua con cal19. Para la tortilla de elote se utiliza masa de maíz
tierno –conocido localmente como elote–, que es el resultado de moler
en metate o molino manual los granos de maíz amarillo fresco y sin cocer.
20Técnicamente es moler diferentes especias para producir una pasta que será disuelta en
agua, entre las especias más características se encuentra: chiles secos, semillas, pan y
chocolate
El tamal de masa es preparado únicamente con la masa de maíz
y no contiene condimento alguno. Sustituye a las tortillas, por lo que no
funge como platillo principal, sino acompaña otros guisos como frijoles,
caldos, recados, etc. El tamal de verdura de hojas es el resultado de la
mezcla de masa de maíz con hojas de verdura que previamente fueron
picadas, preferentemente provenientes de los sistemas locales, como
kixtán (Solanum wendlandii), pata de paloma (Achyranthes aspera), clete
dulce (Solanum nigricans) y otros. Esta mezcla es puesta a freír en aceite
hasta punto de ebullición y ocasionalmente se agrega una pizca de Malher
(condimento). Ya lista, se envuelve con la hoja para cocerlas al vapor. El
tamal de verdura picada consiste en masa de maíz con un toque de
Malher y frita en aceite vegetal, que es colocada sobre un envoltorio y se
acomoda verdura picada (chayote, zanahorias, papas, etc.) previamente
preparada y cocida, encima de la masa. Se envuelve completamente en
hojas para someterlo en cocción a vapor. De la misma manera se preparan
el tamal de carne con verduras, en este caso se coloca, junto con las
verduras, también trozos de carne –comercial o silvestre- preparada y
cocida sobre la masa, y el tamal de carne de pollo con mole que resulta
al colocar sobre la masa de maíz previamente frita trozos de carne de
pollo desmenuzada y mole que previamente fue preparada y cocida.
Recados
Los recados son los platillos que, seguido de los tamales, son los más
versátiles y representativos en la etnogastronomía local. Se considera
recado a una especie de atole salado resultado de la cocción de masa
nixtamalizada batida en exceso de agua, a la que se agregan diferentes
ingredientes y condimentos. En un principio, el recado original que los
pobladores guisaban, contenía un limitado número de ingredientes,
consistiendo de masa nixtamalizada como ingrediente principal a la cual
se agregaba epazote (Dypphania ambrosioides) o pepitoria (semilla de
Curcubita pepo) y se condimentaba con sal. Con el tiempo, el recado ha
sido enriquecido por la inclusión de otros ingredientes, principalmente
arvenses, y su actual versatilidad radica en la gran diversidad de
productos que puede contener y, consecuentemente, da como resultado
un gran número de variantes del platillo. Entre los recados más
consumidos encontramos el “recado de carne de monte” y el “recado de
verdura(s)” que puede contener un solo tipo de verdura o varios, entre
ellos los hongos (ver López, 2017), de preferencia silvestres. Se observa
que el ingrediente principal del guiso otorga el nombre final y particular
124
al platillo, es decir, se denominará “recado de kixtan”, “recado de
zapuche”, “recado de carne de pizote”, “recado de hongo blanco”, etc.
Esta variedad y versatilidad de los recados son resultado de dos
factores: (1) la habilidad del ama de casa para incluir condimentos a la
masa pasando del epazote o pepitoria al uso de diferentes productos
alimentarios y condimentos para mejorar el guiso y, (2) la inclusión de
ingredientes y condimentos a causa del acceso a nuevos productos
industrializados y no industrializados por la ampliación de caminos,
comercio y mercados hacia las comunidades
128
Los guisos como expresión del patrimonio etnogastronómico mam
La cultura mame de Chiapas ha sido objeto de políticas de exterminación
cultural desde la época de la conquista y posteriormente a causa de
políticas de mexicanización (Hernández, 2001). Esto ha ocasionado la
erosión y perdida de rasgos culturales como la vestimenta y lengua de los
mames de la zona. Sin embargo, con la alimentación no ha sucedido lo
mismo. En la zona del volcán Tacaná los guisos aún conservan la esencia
de lo que los abuelos mam preparaban, como en el caso de los tamales y
recados anteriormente mencionados.
De lo anterior puede deducirse que los guisos encontrados
forman parte de la herencia cultural en la zona. A ello hay que agregar
que están ligados a un territorio (Álvarez y Sammartino, 2009) donde se
producen o consiguen los ingredientes, que son seleccionados día a día
por los habitantes (Messer, 2006) para ser transformados en las cocinas
con instrumentos y utensilios (González, 2010) que otorgan
características propias a los platillos que se consumen en ciertos
contextos (ceremonias, fiestas, lazos afectivos y amistosos, entre otros).
Estos resultados nos hacen confirmar la posición de autores como
Castillo (2006) y Velasco (2006) al afirmar que la gastronomía impacta
por nuestros sentidos –tacto, gusto y olor principalmente– al elegir,
degustar y elaborar los platillos, lo que termina en algo tangible o bien
palpable. Sin embargo, no coincidimos con la propuesta de un patrimonio
“tradicional” (Castillo, 2006), ya que conlleva a pensar a los platillos
como inmutables, lo que tampoco sucede así; los platillos tienen dentro
de sí mismos ciertos cambios (Contreras y Gracia, 2005; Vargas, 1997),
este mismo dinamismo se observa en los guisos de la zona.
Por otro lado, se plantea diferenciar de los platillos que se hacen
exclusivamente para un mercado en específico (platillos gourmet y
turísticos) que está descontextualizado de los componentes de la
identidad local que cobija los guisos. O bien diferenciar de lo que se ha
llamado como una “gastronomía exótica” (Flores, 2004), cuando en
realidad es resultado del vínculo con un territorio (Álvarez y Sammartino,
2009) que los mames del volcán Tacaná aprovechan para crear los
platillos reconocidos como propios de la zona y que la identifican (Torres
y colaboradores, 2004); es decir, es una gastronomía autóctona. Por esta
razón no se puede hablar de un “platillo identificador” (Fábregas, 2006)
porque el grupo define su identidad alimentaria a través del conjunto de
los guisos, y no de un platillo en particular (“pan coleto” de San Cristóbal
de Las Casas, “comida grande de Chiapa de Corzo”); aunado a ello, los
guisos permiten una auto identificación que únicamente puede ser
entendida desde lo local.
La forma de transformar los recursos bióticos, que ofrece el
territorio en guisos, funge como bandera de la identidad etnogastronómica
mam reconociendo que es un constructo social desde épocas pretéritas
(Gonzales, 2010; Arceo, 2006; Vargas, 1997) y por consiguiente es
herencia del conocimiento de los pobladores: los abuelos mame. Por otra
parte, este patrimonio es dinámico y permite cambios culturales, no se
reduce a inventarios o recetas que puedan documentarse, sino es propenso
a introducciones e innovaciones sin perder su esencia tanto en la práctica
como el discurso. Es un patrimonio palpable e interiorizado a través de los
sentidos (Castillo, 2006; Velasco, 2006) y mantiene vivas representaciones
sociales y culturales.
En resumen, para los pobladores, los guisos se materializan en el
momento de preparar, transmitir y degustar los recados, caldos, tortillas,
moles y otros, lo que los convierte en un patrimonio etnogastronómico que
es modificado a lo largo del tiempo, lo que le da su vigencia y garantiza su
supervivencia en la cultura alimentaria local.
Conclusiones
La etnogastronomía mam no ha permanecido estática, y la inclusión y
exclusión de ingredientes, ha demostrado el carácter dinámico de los
platillos. Este dinamismo es el que le permite adaptar, de-construir, re-
construir y construir los guisos locales, lo que mantiene su vigencia y
permanencia en la cultura alimentaria mam. Se puede decir que el sabor
se “moderniza22” para no perder su estatus de guiso identitario (guiso
mame), y aunque no se puede negar la adopción de nuevas formas de
guisar de otros lugares, estos fungen como el “plus” que necesitan los
platillos para seguir vigentes mediante su actualización o bien son
platillos “ajenos” a los que se da un toque de la zona (lo que el territorio
provee); y a la larga se crea el discurso que lo va convirtiendo por proceso
histórico en parte del patrimonio cultural de la zona.
22
El termino “moderniza” no se utiliza como concepto teórico del cual existe una
discusión académica, sino como una palabra local para referirse a la incorporación de
influencias externas vendidas por los medios de comunicación e industrias
agroalimentarias.
130
Ligado a lo anterior, proponemos definir el patrimonio
etnogastronómico como las expresiones materiales (platillos) y
simbólicas (representaciones y discursos) de las prácticas alimentarias de
un grupo social en su territorio, perpetuando la esencia del legado
histórico. Su finalidad no es la de incluirse al mercado gastronómico sino
la de generar o perpetuar la identidad y mantener viva la memoria
colectiva de los rasgos alimentarios locales que la caracterizan.
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conservación (Jornada académica), Edición D-II-IA-1, México, pp. 170-184.
Agradecimientos:
A los pobladores Mam del Volcán Tacaná, en especial al grupo al grupo
Tlok’ tosqilal x’jalil quienes compartieron el tiempo con nosotros durante
el trabajo de campo. Nuestra profunda admiración por ser los guardianes
del conocimiento maya mam.
Se agradece el apoyo brindado para realizar trabajo de campo al
Fondo Institucional de Fomento Regional para el Desarrollo Científico,
Tecnológico y de Innovación (FORDECYT) del Consejo Nacional de
Ciencia y Tecnología a través del Convenio 116306: Innovación
socioambiental para el desarrollo en áreas de alta pobreza y biodiversidad
de la frontera sur de México (REDISA).
134
Capítulo 5.- Etnomicología de Chiapas: conocimiento, uso y manejo
de los hongos
Felipe Ruan-Soto
Marisa Ordaz-Velázquez
William García-Santiago
Erika Cecilia Pérez-Ovando
Resumen
Los hongos son un diverso grupo de organismos con características
biológicas únicas, las cuales los ha convertido en objeto de concepciones,
saberes y usos muy particulares por parte de los pueblos que habitan en
Chiapas. El estudio de tales conocimientos se encuentra disperso en
trabajos de corte culinario, arqueológico, botánico y micológico. No es
hasta el 2004 cuando se comienzan a registrar estudios formales de
etnomicología sobre este estado. Desde entonces, se han realizado 34
investigaciones; se ha recabado información de 32 localidades en
distintos ecosistemas habitadas tanto por grupos originarios como
mestizos, entre los cuales se registra importancia cultural para 482
especies fúngicas. En este capítulo se recaba información sobre el papel
de los hongos entre los grupos humanos estudiados en Chiapas y se
describen algunos de los patrones que se observan en el conocimiento
etnomicológico. Se detalla el papel de los hongos en la antigüedad, en las
cosmovisiones de los pueblos, las sistemáticas y nomenclaturas locales,
los conocimientos ecológicos asociados a su uso, los procesos de
recolección, venta y nociones de cultivo y la transmisión y
transformaciones de este conocimiento. Asimismo, se puntualizan
aspectos sobre el conocimiento de 177 especies comestibles, 75 especies
medicinales y especies con otros usos, además de especies percibidas
como tóxicas.
Introducción
Los hongos son organismos con características biológicas tan particulares
que es necesario ubicarlos en un reino aparte, el cual es el segundo más
diverso que existen sobre la Tierra. Se calcula que en el mundo pueden
existir alrededor de 700,000 especies de hongos (Aguirre-Acosta et al.,
2014; Müeller y Schmit, 2007), sin embargo, hay autores que señalan que
este número puede elevarse hasta los 5 millones de especies (O’Brien et
al., 2005). Asimismo, son muchas las funciones que los hongos cubren
en los ecosistemas, como el establecimiento de micorrizas con más del
80 % de las especies de plantas, la degradación de la materia orgánica
depositada, su contribución en la formación de suelos, solo por
mencionar algunas de estas funciones. Por otro lado, los múltiples
compuestos producto de sus complejas rutas metabólicas y los efectos
que tienen en los humanos, sus particulares mecanismos de reproducción,
su fugaz aparición, así como la gran cantidad de formas y estructuras, han
hecho de este reino uno de los más llamativos y enigmáticos para muchos
grupos humanos a lo largo del tiempo.
Diferentes culturas se ha interrelacionado con las distintas
especies de hongos en una diversidad de formas y con matices muy
particulares, muy diferentes a los establecidos con las plantas o los
animales. La humanidad ha aprendido a reconocer algunas de las
características del metabolismo de los hongos microscópicos que les ha
permitido aprovecharlos en la elaboración de alimentos y bebidas
fermentadas. Por otro lado, los humanos también hemos aprendido cuáles
especies pueden ser consumidas y ciertas propiedades nutrimentales que
contienen, cuáles especies tienen efectos curativos y pueden ser incluidos
en los diferentes sistemas etnomédicos, a reconocer cuáles especies
tienen compuestos que pueden generar efectos dañinos en la salud, e
inclusive, hemos aprendido a reconocer características ecológicas de los
hongos macroscópicos como los sitios y los tiempos específicos de
aparición de los esporomas23 para poder aprovecharlos en la temporada
de lluvias. Para muchos autores, los hongos son considerados un recurso
forestal no maderable de gran importancia por el uso, el manejo y la
comercialización que se hace de ellos a nivel global. En este sentido, el
manejo de estos bienes puede ser una vía para hacer compatible la
conservación de la funga y el bienestar de las comunidades. Hoy en día,
se piensa que los conocimientos micológicos locales, con sus alcances y
limitaciones, pueden servir como un punto de partida para el estudio del
aprovechamiento de estos recursos.
La etnomicología es una disciplina etnobiológica a través de la
cual es posible estudiar las relaciones entre grupos humanos y hongos,
buscando entender cómo hombres y mujeres conciben a los hongos,
23
El esporoma es solamente la estructura reproductiva del hongo, la cual que podemos
observar a simple vista. El micelio, o “cuerpo” del hongo, son las estructuras
filamentosas microscópicas que se extienden hacia el interior del sustrato (Herrera y
Ulloa, 1990).
136
cuáles especies nombran y clasifican y bajo qué criterios y mecanismos,
los conocimientos tradicionales acerca de su biología y ecología, los usos
que se le dan y la forma en que son aprovechados, las dinámicas sociales
que se generan en torno a su aprovechamiento, así como el lugar que
tienen en su cosmovisión (Ruan-Soto y Ordaz-Velázquez, 2015).
Chiapas es un territorio sumamente interesante para el desarrollo
de estudios etnomicológicos. En el estado se estima existen alrededor de
49,000 especies de hongos, de las cuales 5,000 son hongos
macroscópicos (Ruan-Soto et al., 2013). Asimismo, existen una gran
diversidad de biomas y tipos de vegetación, además de casi una decena
de grupos humanos originarios, diferentes variantes dialectales y
expresiones culturales propias. Sin embargo, desde el punto de vista
micológico se han explorado relativamente pocas regiones del Estado y
solo se conoce alrededor del 2 % de la riqueza fúngica estimada. A lo
largo de este capítulo se analizará cuál es el estado que guardan los
estudios etnomicológicos en Chiapas, sus antecedentes, sus derroteros,
así como la presentación de un bosquejo general de los avances que se
han logrado en la sistematización de los conocimientos y la comprensión
de patrones de aprovechamiento que se vislumbran para el estado.
142
Sistemáticas locales de grupos mayenses y zoques
Los seres humanos respondemos ante la gran diversidad de hongos
separando y agrupando a los elementos con base en semejanzas y
diferencias. Para esto se consideran las características intrínsecas de los
elementos (morfología, anatomía, aspectos ecológicos, de
comportamiento), pero también aspectos asignados desde la cultura,
aspectos simbólicos, afectivos y emotivos, entre otros. En este sentido,
la construcción verbal está correlacionada con la elaboración cultural de
la naturaleza, así las personas de los diversos pueblos o sociedades
perciben su ambiente, lo nombran y lo organizan en sistemas
taxonómicos propios (Lazos y Paré, 2000). Para la etnomicología, uno
de sus quehaceres fundamentales ha sido establecer cómo los diferentes
pueblos construyen su clasificación de los hongos y cómo se mantiene
(Berlin, 1992).
A partir de las sistemáticas locales estudiadas de los pueblos de
Chiapas, hemos podido apreciar como los hongos son clasificados
siguiendo los principios de categorización etnobiológica propuestos por
Berlin (1992) conceptualizando rangos a nivel de reino, intermedios,
genéricos y específicos. Por ejemplo, Los mayas lacandones tienen el
término kuxum para referirse a todos los hongos en una categoría de
jerarquía máxima (Ruan-Soto et al., 2007). De la misma manera, existen
los rangos intermedios de kuxum lu’um y kuxum che’ para separar a los
hongos según su sustrato en hongos que crecen del suelo y hongos que
crecen de la corteza de los arboles respectivamente. En el caso de los
pueblos tsotsiles existe el término chechev que engloba a todos los
hongos (Shepard et al., 2008). Los taxa del rango genérico son los más
numerosos en todos los sistemas en cambio los taxa específicos, que
subdividen a los taxa genéricos, son menos en número. Por ejemplo, entre
los tsotsiles tenemos los términos manayok que refiere a los hongos del
género Lactarius o los yuy que refieren a ejemplares del género Amanita.
Asimismo, existen los etnotaxa yaxal manayok (Lactarius indigo) y tsajal
manayok que son diferenciados por su color azul o naranja
respectivamente. De la misma manera el etnotaxa tsajal yuy (Amanita
jacksonii) es identificado por su color rojo, el ik’al yuy por su color
obscuro (Amanita vaginata) y el sakil yuy (Amanita verna) por su color
blanco (Ruan-Soto, 2014). A diferencia de estos grupos mayeneses, la
evidencia nos muestra que los zoques de Ocuilapa clasifican a los hongos
según el sustrato en el que se crecen a partir del término unificador moni
utilizado para todos los hongos y un modificador dependiendo el árbol
donde se encuentra creciendo o asociado como moni de roble
(Cantharellus sp.) Moni’ de quebracho (Neopaxillus sp.) o Moni’ de
mulato (Schizophyllum commune) (Ramos-Borrego, 2010).
Según Berlin et al. (1974) en la nomenclatura etnobiológica
generalmente se alude a características morfológicas, anatómica o
ecológicas, asociadas a sus referentes biológicos. Por lo general los
nombres de los etnotaxa en Chiapas son asignados por su parecido
morfológico con elementos presentes en la cotidianidad de la vida de los
grupos indígenas, como partes de animales (por ejemplo choche wakax
lor´ro que significa lo’ro de panza de animal en el caso de Auricularia
delicata o yisim chij que significa barbas de chivo para la Ramaria spp.),
los colores característicos de la especie (yaxal mana yok para Lactarius
indigo que significa manayok azul), asociaciones con las especies
vegetales que le sirven de sustrato (checheval tulan que significa hongo
de roble para Armillaria mellea).
Los datos recabados en los distintos estudios revisados permiten
afirmar que al parecer, en las comunidades estudiadas en Chiapas, la
gente nombra aquellas especies que tienen alguna importancia cultural,
ya sea por tener algún uso tangible (comestibles, medicinal, lúdico, por
mencionar algunas), por ser considerados potencialmente dañinos para su
persona o sus bienes (por ejemplo algunos hongos tóxicos y aquellos
considerados como plaga), por ser reconocida la importancia ecológica
que tienen en la selva o el bosque, o por tener algún lugar puntual en los
mitos de origen y en general en el esquema cosmogónico del pueblo en
cuestión.
Según los datos recopilados hasta el momento, se han registrado
al menos 600 nombres de hongos en seis lenguas mayenses (lacandón,
mam, tseltal,tsotsil, chuj y tojolabal) además del zoque, chiapa y español
(tabla 2).
144
se articulan con los demás seres vivos, es decir sus micogonías, podremos
entender estas interacciones humano-hongo en un contexto más amplio.
Como se menciona anteriormente, ciertas interpretaciones
arqueológicas denotan la importancia de los hongos entre los antiguos
mayas, notablemente en espacios interpretados como rituales. Se
considera en estos casos, que probablemente se hacía uso de especies
enteógenas (Illana, 2010), sin embargo, ninguno de los estudios
etnomicológicos con grupos contemporáneos en Chiapas e inclusive
entre otros grupos mayenses corrobora la presencia de especies
enteógenas en rituales (Ruan-Soto y Ordaz-Velázquez, 2015). Mientras
que diversos pueblos originarios y mestizos reconocen la presencia de
estas especies y las nombran, dichas asignaciones tienen acepciones y
narrativas asociadas negativas (hongos “emborrachantes”, “alucinantes”
o “locos”) y no sugieren asociación alguna con aspectos sagrados.
Amanita muscaria es un caso particular, en la región de Los Altos
se nombra yuy chauk: “yuyo del trueno”. La asociación con este elemento
va más allá de la relación entre lluvias y la aparición de hongos. Los
truenos tienen una gran importancia simbólica para diversos pueblos de
Los Altos: se les relaciona e incluso equipara con los anjeletik o dueños
de las cuevas y los cerros, así como con las serpientes, junto con quienes
juegan un papel de mensajeros entre el plano terrestre y otros planos,
agoreros y mensajeros (Báez-Jorge, 2016; Sánchez-Morales e Isunza-
Bisuet, 2015). En este sentido, se ha registrado la idea de que Amanita
muscaria obtiene su veneno de los truenos para entonces ser comida por
serpientes de modo que éstas obtengan el veneno necesario para cumplir
su función como mensajeros.
Se ha registrado información dispersa del papel de otros hongos
como agoreros o “mensajeros”. En primer lugar, para tseltales, tsotsiles
y lacandones, Cyathus olla y Cyathus conelnsoi indican que habrá
cosecha abundante cuando se pueden observar sus peridiolos (Ruan-Soto,
2014; Alvarado-Rodríguez, 2010; Ruan Soto, 2004). Un papel similar
cumple Ustilago maydis entre pobladores de Oxchuc, Amatenango del
Valle y Tenejapa. Entre los tseltales la presencia de Auricularia nigricans
en los terrenos destinados a la milpa, advierte la próxima aparición del
Ustilago maydis. Es importante mencionar que mientras esta especie es
considerada por algunos como un buen augurio, para otros es una plaga
o inclusive un castigo por malos comportamientos de los campesinos
(Mariaca et al., 2008).
En cuanto a relatos cosmogónicos, es interesante notar que
aquellos registrados –con grupos mayas de Los Altos y lacandones de la
Selva–, a pesar de diferir en muchos aspectos, tienen como tema común
la distinción entre especies comestibles y tóxicas. En ambos casos
entidades divinas determinan cuáles especies de hongos pueden
consumirse. Para los lacandones esto se da mediante la purificación de
especies previamente reservadas a la deidad Kisin para su consumo
humano (Ruan-Soto, 2005). En el segundo caso, los hongos comestibles
son un regalo de dios tras el diluvio y los tóxicos aparecen posteriormente
como castigo a aquellos tentados a probar estas especies por la serpiente-
demonio (Shepard et al. ,2008). A pesar de no registrarse mitos de origen
en otros grupos estudiados, existen claras nociones de que los hongos
comestibles son un “don”, “regalo” divino o “milagro” (Pérez-Ramos,
2017; Shepard et al., 2008; Lampman, 2004) y de que dejan de aparecer
o dan lugar a hongos tóxicos como una forma de “castigo” (García-
Santiago, 2014).
La asignación de un estado anímico frío-caliente para los hongos
silvestres comestibles es algo ambigua. Los trabajos en los que se exploró
la naturaleza de los hongos en este sentido encuentran que diversas
especies tienen diferente asignación basada en criterios como el lugar de
crecimiento y/o la asociación con especies vegetales (García-Santiago,
2014; Ramírez-Terrazo, 2009). Podría esperarse que al relacionarse
simbólicamente con agua, la tierra, la montaña y elementos como el rayo
y la serpiente se considerara a todos estos organismos como fríos, pero
especies como Schizophyllum commune para los tseltales de Oxchuc y
Cantharellus lateritius entre descendientes de chujes en Tziscao son
consideradas calientes debido a las características nutricionales que se les
adjudican y los árboles a los cuales se asocian (García-Santiago, 2014;
Ramírez-Terrazo, 2009).
Hongos comestibles
Los hongos comestibles es la categoría de importancia más frecuente para
los hongos silvestres. En el estado se han registrado a la fecha 177
especies utilizadas como alimento (López- Guzmán et al., 2017; Ruan-
Soto, 2014; Ruan-Soto et al., 2013). Entre las especies más consumidas
se encuentran el Schizophyllum commune, Lactarius indigo, Pleurotus
djamor y diferentes especies del género Auricularia, sin embargo en Los
Altos de Chiapas, Amanita hayalyuy es de las especies más importantes
(figura 3). La preferencia de consumo en ocasiones depende de la
disponibilidad del hongo, el cual está relacionado a la presencia de los
distintos sustratos en los que estos se desarrollan y el estado de
conservación del sitio (Ramírez-Terrazo, 2009). Se observa que para las
zonas tropicales la preferencia de consumo es de especies lignícolas,
mientras que, en zonas templadas se prefieren especies terrícolas (García-
Santiago, 2014; Ruan-Soto, 2014).
Figura 3. Yuy (Amanita hayalyuy) sostenido por Don Manuel Portillo.
San Juan Chamula, Chiapas.
148
con el frijol (Ruan-Soto, 2014; Domínguez-Gutiérrez, 2010; Grajales-
Vásquez et al., 2008).
En ese sentido, los hongos son considerados alimentos sanos, que
alimentan el cuerpo y alma de quien los consumen, presentan sabores
particulares, no es necesario pagar por ellos y representan parte de la
tradición de muchos pueblos rurales y urbanos de Chiapas. Con los datos
aportados hasta el momento, se puede apreciar que los hongos
comestibles son un elemento que es parte del vasto abanico de
posibilidades de alimentos silvestres que existe en la dieta tradicional de
los pueblos rurales del estado.
Hongos medicinales
El uso medicinal es un campo que debe ser estudiando con mayor
profundidad en el estado. Sin embargo, existen 75 especies de hongos
medicinales registrados para el estado. Podemos mencionar los géneros
Astraeus, Lycoperdon, Bovista, Calvatia y Geastrum como los más
mencionados; se usan para tratar verrugas, heridas, para aliviar las
rozaduras de los niños y otras condiciones de la piel. Por otro lado,
especies de los géneros Ganoderma, Polyporus y Trametes son utilizados
para tratar diversas condiciones que van desde dolores de estómago, aire,
llagas en la boca y locura. Asimismo, el apotecio de Leotia lubrica es
asado y colocado en el ombligo de los niños para su cicatrización
(Bautista-González, 2013; Grajales-Vásquez et al., 2008; Sherpard et al.,
2008; Robles et al., 2007; Robles, 2004).
Los tseltales preparan un guiso de Schizophyllum commune, el
cual es importante como antihelmínticos y puede ser ingerido en té o atol.
Asimismo, este guiso es consumido después del parto, para prevenir
enfermedades relacionadas a este acto (García-Santiago, 2014; Robles,
2004).
Comercialización
Los hongos silvestres comestibles son un producto recolectado de
importancia comercial en diversos lugares en México y en los estudios
realizados en Chiapas se reporta su comercialización y su presencia en
mercados regionales. Sin embargo, en todos los casos se señala que esta
actividad es complementaria a otras actividades productivas y que se
realiza a una escala moderada y en algunos casos en raras ocasiones
(Alvarado-Rodríguez, 2006). Asimismo, se suele enfocar en pocas
especies de alto valor comercial o en encargos especiales. De forma
alternativa, se reporta para diversos grupos que existen intercambios
entre familiares y vecinos para especies y guisos apreciados localmente,
lo cual supone un esquema de redistribución de recursos que fortalece el
tejido social (García-Santiago, 2014; Ruan-Soto, 2005). En el caso de las
comunidades aledañas al parque Lagunas de Montebello, la venta de
hongos se da a través de los puestos de comida para turistas y supone un
ahorro al sustituir los hongos enlatados como ingrediente (Ramírez-
Terrazo, 2009; Grajales Vásquez et al., 2008).
En cuanto a las especies sujetas a procesos de comercialización,
estas varían de acuerdo con los pisos ecológicos. En las zonas altas las
especies más vendidas son Amanita jacksonii y Amanita hayalyuy,
mientras que en zonas bajas predomina la venta de Schizophyllum
commune y Pleurotus djamor.
Reflexiones finales
Si bien los estudios etnomicológicos comenzaron recientemente en
Chiapas, los datos mostrados en este capítulo posicionan a este estado
como uno de los más estudiados de todo el país. Las 177 especies
registradas son una muestra de ello, ya que representan el 47 % de las
371 especies hongos comestibles registradas para todo el país (Garibay-
Orijel y Ruan-Soto, 2013). Esto es un indicador del gran patrimonio
156
micocultural existente, sin embargo, es claro que aún falta mucho por
hacer en esta porción de la frontera sur.
Solamente se han desarrollado trabajos etnomicológicos en cinco
de las nueve regiones del estado. Además, la región Altos de Chiapas y
la Selva Lacandona concentran alrededor del 80 % de los registros de
especies con importancia cultural. Regiones de alta biodiversidad y
riqueza cultural como la Fraylesca, la Sierra o las Montañas del norte, no
cuentan con ningún estudio o registro etnomicológico.
Así mismo, aunque se ha trabajado con una buena parte de los
grupos originarios asentados en el Estado, existen muchas variantes
dialectales hacia el interior de cada uno de ellos, por lo que tanto el
número de especies como de nombres seguramente se elevará al trabajar
en un mayor número de municipios.
Por otro lado, los datos aquí presentados señalan que se ha
abordado con mucha mayor intensidad el tema de los hongos
comestibles, dejando otros aspectos al margen. En este sentido también
es necesario la ejecución de un mayor número de estudios que exploren
otras subdisciplinas etnomicológicas. A través de la etnomicología
ecológica se puede aportar más información acerca del aprovechamiento
que se hace del recurso en distintas condiciones vegetacionales, así como
encontrar respuestas ecológicas a patrones culturales observados. Por
otro lado, a través de la etnomicología económica podemos conocer
distintos aspectos de las especies comercializadas y el impacto que
genera su aprovechamiento en los ingresos de las familias recolectoras.
Por último, es importante mencionar que la evidencia aquí
mostrada parece indicar que toda esta riqueza de conocimiento, así como
las prácticas tradicionales de aprovechamiento de las distintas especies
útiles, cada vez es menor y cada vez interesa menos a la gente campesina
de menor edad. En este sentido, la etnomicología debe encontrar los
mecanismos y las estrategias que permitan, más allá de un ejercicio de
comprensión académica de la realidad empírica, la revitalización, la
defensa y la promoción de nuestro patrimonio micocultural chiapaneco.
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160
Tabla 1. Regiones, municipios y localidades donde se han realizado
estudios etnomicológicos en Chiapas (2004-2017) y especies con
Importancia cultural (IC) reportadas para esos sitios.
Regione Taxa Municipios Taxa Localida
s con IC trabajados con IC des
trabajad reporta reporta trabajada
as das das s
Altos Ocosingo Amatena Tenejapa
ngo del
242 221 Valle
Selva Oxchuc Antelá Tziscao
Lacand
ona 235 157
Fronteri Tenejapa Chamula Volcán
za 48 97 Tacaná
Centro 24 Chamula 81 Chenalhó Zinacantán
Soconu La Huixtán Flor de
sco 23 Trinitaria 47 Marqués
Chenalhó Kotolte' San
Cristóbal
de Las
31 Casas
Zinacantán La Coapilla
30 Trinitaria
Aguacatena Lacanja- Oxchuc
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Pantelhó Larrainza Copainalá
30 r
Marqués de Nahá Palenque
Comillas 26
Unión Ocuilapa Chanal
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San Ribera El Pantelhó
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Casas 9
Rayón San Masanilhá
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Huixtán 1
Coapilla 1
Copainalá 1
Palenque 1
Chanal 1
Suchiapa 1
Resumen
Las aves son de los vertebrados terrestres más diversos, lo que se ve
reflejado en la gran variedad de tamaños, colores y formas que presentan.
Las aves históricamente han estado relacionadas con las culturas
humanas, desde ser utilizadas como recurso alimenticio hasta representar
simbolismos religiosos, poderes sobrenaturales asociados con presagios,
anunciadores, e incluso utilizados en la medicina tradicional. Chiapas es
el tercer estado mexicano con la mayor diversidad de aves del país con
un total de 659 especies, y donde se ha documentado el uso de al menos
103 especies de aves silvestres. Este uso tradicional está asociado a la
diversidad de grupos étnicos que presenta el estado. En este documento
se recopiló información sobre la etnoornitología en Chiapas. En el
análisis se agruparon los usos de las aves por las comunidades humanas
en 6 categorías (alimento, medicinal, anunciadores, mascotas, artesanías
y mágico-religiosas). El uso medicinal fue el más popular, seguido de los
usos como pronosticadores o anunciadores de sucesos, y posteriormente
usos alimenticios. A pesar de la alta diversidad avifaunística y cultural en
Chiapas, son relativamente pocos los estudios etnoornitológicos
realizados. En este documento se presenta una revisión general de los
estudios realizados hasta ahora en Chiapas, sin embargo se sugiere
incrementar más investigaciones para rescatar los conocimientos
tradicionales que son un legado cultural. Recuperar los conocimientos y
prácticas tradicionales sobre las aves es importante para entender las
interrelaciones entre las comunidades humanas y las aves. Pero a su vez
plantear como estas prácticas deben ser compatibles con decisiones de
uso sustentable y conservación.
Introducción
Las aves son altamente diversas y se pueden encontrar prácticamente en
todos los ambientes; ellas presentan una gran variedad de formas,
tamaños y colores. Además que sus vocalizaciones y comportamientos
164
son muy característicos. Mundialmente se han descrito aproximadamente
10 500 especies y su mayor distribución se encuentra en las regiones
tropicales (Navarro-Sigüenza et al. 2014). Coincidentemente en estas
mismas regiones es donde existe una mayor diversidad cultural
(Tidemann y Gosler, 2010). Las aves han estado asociadas desde tiempos
prehispánicos a diversas culturas (de la Garza 1999). Esta diversidad
cultural ha tenido sus propios procesos históricos, sociales y económicos
los cuales no han permanecido estáticos, debido a los procesos
migratorios que lo han enriquecido o mantenido, y en ocasiones
transformado. Recientemente se ha puesto atención en la conservación
de la diversidad biocultural, que nos permitirá entender las relaciones
entre las culturas humanas y la naturaleza a diferentes escalas (Maffi y
Woodley, 2010).
Históricamente las culturas humanas han utilizado a las aves de
diferentes maneras, desde ser un recurso alimenticio, hasta aspectos
simbólicos religiosos asociados a dioses, usos en rituales ceremoniales y
danzas, incluso adjudicándoles poderes sobrenaturales asociados con
presagios o anunciadores de algún acontecimiento, utilizadas en la
medicina tradicional, relacionadas con el bien o el mal, con la suerte o la
maldad, así como con la paz o la guerra (Tidemann et al., 2010). Las aves
no sólo se representaban como símbolos o elementos, sino que en
ocasiones se consideraban controladoras del destino de los seres humanos
(Enríquez, 2008). La poderosa influencia de las aves está presente en
símbolos, escudos, monedas, timbres postales, logotipos,
representaciones, cuentos, mitos, leyendas, versos y canciones (Vásquez-
Dávila et al., 2014) y es el símbolo nacional de México (Navarijo-
Ornelas, 2014). Incluso en la ciencia, son los vertebrados mejor
conocidos y los estudios basados en las aves han permitido entender
muchos aspectos ecológicos y biológicos en la naturaleza.
Particularmente en México, debido a la topografía y a la gran
diversidad de climas y ecosistemas, también la diversidad de aves es
elevada con más de 1,000 especies (Navarro-Sigüenza et al., 2014).
Asimismo el país presenta una gran riqueza de grupos étnicos (68), con
su historia, conocimientos, tradiciones, vestimenta, fiestas y lenguas
(donde se reportan entre 72 a más de 200 lenguas diferentes) (Neyra
2009). Los estados con mayor población de grupos étnicos son Oaxaca y
Chiapas (Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
de México, 2010). Esta diversidad de grupos étnicos en el sur del país, se
combina con la diversidad avifaunística en los estados de Oaxaca,
Veracruz y Chiapas. Ya que varias familias y especies de aves son de
origen Neotropical que se diversificaron por eventos históricos del
planeta (Escalante et al., 1998; Navarro-Sigüenza et al., 2014).
Las aves en Chiapas representan el 65 % de las aves de México
(659 especies en Chiapas) (Rangel-Salazar et al., 2005). Habitan
prácticamente en todos los ambientes, y los procesos y patrones en la
distribución de las especies tienen en parte una influencia humana. El
componente humano se establece en un sitio y transforma, convierte,
modifica, mantiene o estructura los sitios donde llega, haciendo estos
sistemas muy dinámicos. En Chiapas, existen varios grupos étnicos como
los akatecos, ch’oles, chujes, jakaltecos, k’iches, lacandones, mames,
mochós, tekos, tojolabales, tseltales, tsotsiles y zoques (Comisión
Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de México, 2010).
Por lo tanto, existe una interdependencia de las culturas humanas con
ciertas especies de aves que incluso han llegado a domesticar (e.g., la
gallina doméstica Gallus gallus, y el guajolote norteño Meleagris
gallopavo) (Valadéz, 2003). Todas las deidades prehispánicas tienen
vínculos con la fauna, ya que entre los grupos mesoamericanos el
principal medio de unión o comunicación entre la naturaleza y las
sociedades humanas era a través de los animales (Olivier 1999, de la
Garza 1999). Por ejemplo en el caso de las aves, el dios Quetzalcóatl o
serpiente emplumada considerado el dios de la vida y siendo una de las
principales deidades de las culturas prehispánicas que representa la
dualidad de la serpiente y el quetzal (ave de plumas preciosas)
(Pharomachrus mocinno), otra importante deidad fue Huitzilopochtli,
dios mexica del sol y la guerra que representa a los colibríes, y el águila
real (Aquila chrysaetos) con Cuauhtémoc, que fue el último tlatoani
azteca y cuyo nombre significa “águila que desciende” (Navarijo-
Ornelas, 1995).
Una forma de aproximación al estudio de las relaciones entre las
comunidades y su entorno es por medio del Conocimiento Ecológico
Tradicional (CET). Lair y Noejovich (2002, citado en: Luna-Morales,
2002) definen al CET como el conocimiento construido colectivamente
a través de generaciones en constante y estrecho contacto con la
naturaleza y que tiene un componente intuitivo y espiritual (Berkes,
1993; Pilgrim et al., 2008). Para las comunidades que no tienen su base
en el conocimiento escrito, el CET se manifiesta por medio de historias,
valores culturales, creencias, rituales, lenguas locales y diferentes
prácticas, las cuales son parte esencial de la identidad cultural (O´Connor,
2003; Pilgrim et al., 2008). El CET contribuye al manejo y conservación
166
de los ecosistemas, ya que se adquiere por medio de la interacción del ser
humano con el ambiente, es muy dinámico y además es adaptativo
(Pilgrim et al., 2008).
En este estudio consultamos bases de datos del Sistema
Bibliotecario de ECOSUR (SIBE) y en Google académico para consultar
las revistas científicas, tesis, y reportes técnicos de investigaciones sobre
la etnoornitología en Chiapas. Esto nos permitió obtener la literatura
publicada y no publicada sobre estos estudios. Además se incluyeron
datos y testimonios de un taller realizado con un grupo de lacandones y
encuestas con estudiantes de la Universidad de Ciencias y Artes de
Chiapas (UNICACH). Toda esta información nos permitió realizar un
primer análisis sobre el conocimiento tradicional y usos de las aves en las
comunidades y grupos étnicos. Debido a que en cada región o grupo
étnico los nombres locales de las aves varían, unificamos en este
documento el nombre de las aves usando los nombres científicos y
comunes basados en Berlanga et al. (2017).
168
Los lacandones utilizan al menos 27 especies de aves como
alimento, principalmente crácidos (la pava cojolita Penelope
purpurascens y el hocofaisán), otras especies registradas son las palomas,
perdices, loros, guajolotes, gallinas y gallinas de guinea (Numidia
meleagris) (Jiménez et al., 2014). En Playón de la Gloria, municipio de
Marqués de Comillas y Tziscao, municipio de La Trinitaria, el recurso
alimenticio más usado son las gallinas que crían en sus casas, seguido de
la gallina de guinea y el pijiji ocasionalmente (Yunes, 2015). En Reforma
Agraria, municipio de Marqués de Comillas las aves más consumidas son
la paloma morada (Patagioenas flavirostris), los pericos y loros
(Psitacidae), y en Frontera Corozal, municipio de Ocosingo, consumen la
tortolita canela (Columbina talpacoti), el pato real, pijiji, loros, tucanes,
chachalacas, pavas cojolitas, tinamú mayor (Tinamus major), hocofaisán,
zorzales y la guacamaya roja (Ara macao) (Rodríguez et al., 2017).
En la costa, en los ejidos Salto de Agua y Cenicero de la
Encrucijada, utilizan como alimento a las chachalacas, palomas
(Paragioenas spp.), patos (Anas spp.), Anhinga americana (localmente
conocido como pato aguja; Anhinga anhinga), pijiji, gallareta americana
(Fulica americana) y la guacamaya (Barrasa, 2013, comunicación
personal, A. Cortés, 2018). Por otra parte en La Laguna Pampa El
Cabildo, municipio de Tapachula, las comunidades humanas que rodean
la laguna consumen garzas como la cigüeña americana (Mycteria
americana), patos y el pato aguja (Gerardo-Tercero et al., 2000).
En los Altos de Chiapas, específicamente en Tenejapa, pueden
utilizar a los búhos como alimento, aunque las plumas, huesos o patas se
utilizan como medicina, amuleto o para ritos o ceremonias religiosas
(Enríquez et al., 2012). En diversas zonas de Chiapas la captura de aves
es una práctica común, ya sea para alimento o mascota, se han registrado
más de 115 especies, entre ellas se encuentran los patos, codornices,
palomas y carpinteros (Rangel-Salazar et al., 2013a). Dentro de las
técnicas más habituales para la captura de aves pequeñas y medianas está
el uso de las resorteras (Jaimes et al., 2012). En el municipio Marqués de
Comillas se ha documentado la cacería para autoconsumo por parte de
los lacandones (Jiménez et al., 2014), o en poblaciones rurales (Falconi,
2011). En este último estudio las comunidades utilizan aproximadamente
25 especies de aves medianas, para alimento consumen diferentes
especies de tinamúes, pavas cojolitas, hocofaisanes, chachalacas, patos
reales, cercetas alas azules (Anas discors) y palomas como la paloma
canela (Geotrygon montana) y la paloma triste (Patagioenas
nigritostris).
Medicinal
La medicina tradicional es un conjunto de conocimientos y prácticas
basados en creencias y experiencias indígenas de las diferentes culturas
(Organización Mundial de la Salud 2018). Esta práctica se utiliza para
diagnosticar, prevenir, mejorar o tratar una enfermedad. Para los grupos
tsotsiles y tseltales el uso de las aves en su medicina tradicional es muy
importante; de las 128 enfermedades documentadas donde se utilizan a
los animales, las aves ocupan el 12% el total. Las aves más usadas son:
cuervos, zanates, colibríes, zopilotes, correcaminos, tapacaminos, loros y
gorriones (Melospiza sp.) (Enríquez et al., 2006).
Los colibríes (Trochilidae) son una de las aves más utilizadas en
la medicina tradicional; se consideran de buen presagio relacionado con
el alivio de enfermedades. En las comunidades tsotsiles y tseltales los
colibríes son utilizados para curar los ataques epilépticos, los desmayos,
el aire, padecimientos del corazón, y ayudan a hablar bien a los niños
(Serrano et al., 2011). Dependiendo de la cura, será la parte del animal
que deberá usarse (corazón, alas, pico, plumas, carne, otros; Enríquez et
al., 2006). En la cultural tojolabal usan al colibrí cuando un niño o niña
no puede hablar bien, otro uso es para curar el aire y padecimientos del
corazón (Serrano et al., 2011; Guerrero, 2013); en Frontera Corozal alivia
las convulsiones y ataques del corazón (Rodríguez et al., 2017); en
Tziscao ayuda a que una persona pueda cantar; los lacandones lo usan
para que las personas dejen de tartamudear (Jiménez et al., 2014; Yunes,
2015) y los zoques en el municipio de Rayón lo utilizan para tratar
problemas del corazón, mal de aire, mal de ojo y espanto (Guirao, 2013).
Otra especie de ave muy utilizada es el zopilote común
(Coragyps atratus). En las comunidades de los Altos de Chiapas es usado
porque ayuda en las dificultades durante el parto, el aire, hinchazón y en
ataques epilépticos (Enríquez et al., 2006); entre los tsotsiles de
Venustiano Carranza, cura los dolores reumáticos, el aire y su
excremento mejora la audición (Serrano et al., 2011). Por el contrario en
zonas de la costa, específicamente en los ejidos Salto de Agua y
Ceniceros de la Encrucijada, cura la rabia (Barrasa, 2013). De igual forma
ara los zoques de Rayón, el zopilote aura (Cathartes aura) ayuda a tratar
la rabia provocada por la mordedura de un perro (Guirao, 2013). En
Zamora Pico de Oro, Marqués de Comillas y en San Caralampio,
Frontera Comalapa se utiliza al zopilote para curar el asma y en Tierra y
170
Libertad, Jiquipilas algunas personas tienen la creencia que al comerlo en
caldo ayuda a curar el cáncer (comunicación personal, H. Cruz, N. Pérez,
N. Ramírez, 2018).
Entre los zoques de Rayón, el uso de las aves como remedio
medicinal es frecuente en especies como gallinas, colibríes, patos y
tucanes (Ramphastos sulfuratus, Aulacorhynchus prasinus y
Pteroglossus torquatus). Las tres especies de tucán han sido mencionadas
para curar el mal del aire, el espanto y el mal de ojo. La gallina y el loro
cabeza amarilla (Amazona oratrix) a su vez son usados para que los niños
hablen más rápido o mejoren su lenguaje (Guirao, 2013).
Los huevos y las gallinas de patio son parte fundamental de la
medicina tradicional porque se utilizan en los rituales de sanación o
curación de los males físicos, mentales o espirituales de varios pueblos.
Entre los tsotsiles de los Altos de Chiapas (San Juan Chamula) durante
sus rituales pasan huevos de gallina de patio y algunas plantas en todo el
cuerpo del paciente mientras se mantienen velas prendidas, pero
igualmente se realizan sacrificios in situ de gallinas asociadas a limpias
u ofrendas realizadas por curanderos o chamanes. En Venustiano
Carranza y en los zoques de Rayón los huevos de las gallinas se utilizan
como elemento curativo para tratar enfermedades como el mal de ojo o
mal del aire. En el municipio de Rayón utilizan los huevos del pato de
collar (Anas platyrhynchos) (Serrano et al., 2011; Guirao, 2013; Sántiz
et al., 2012). En Jiquipilas se utiliza el huevo del pato para quitar el mal
de ojo y en la Concordia y Tuxtla, el huevo de la gallina con la finalidad
anterior (Serrano et al., 2011; comunicación personal, E. Morales, L.
Velazco, A. Gutiérrez, 2018). Cuando se usa una gallina negra la
enfermedad es grave; pero de acuerdo al sexo del paciente y edad se
utiliza un gallo para curar a un hombre, una gallina para las mujeres y un
polluelo para los niños. Los curanderos utilizan gallinas de patio o rancho
y no de granja (Sántiz et al., 2012). Los tojolabales usan la gallina negra
para proteger a los niños en contra de enfermedades, infortunios o algún
mal. Por otro lado, en la costa, en los ejidos Salto de Agua y Ceniceros
de la Encrucijada, se utiliza la grasa de la gallina para bajar la hinchazón
(Barrasa, 2013).
Otras aves que se utilizan en la medicina tradicional por los
zoques de Rayón son el zanate mayor (Quiscalus mexicanus) como
remedio para no envejecer, mismo que en Tziscao, La Trinitaria y en
Frontera Corozal, Ocosingo (Guirao, 2013; Yunes, 2015; Rodríguez et
al., 2017). En Playón de la Gloria y Reforma Agraria, municipio de
Marqués de Comillas y Loma Bonita municipio Maravilla Tenejapa se
usa como remedio al loro, guacamaya, al luisito común (Myiozetetes
similis), al carpintero pico plateado (Campephilus guatemalensis) y el
halcón guaco (Herpetotheres chachinnans) (Falconi 2011) y en Frontera
Corozal, Ocosingo, el loro ayuda cuando los niños pequeños no pueden
hablar, lo comen o toman en caldo y la perdiz para el dolor de estómago
(Rodríguez et al., 2017).
Los tsotsiles de Venustiano Carranza utilizan a la codorniz cotuí
(Colinus virginianus) para curar reumas y el espanto en recién nacidos.
Mientras que los tojolabales de Saltillo usan esta misma especie para
curar el aire (Serrano et al., 2011).
172
pronostican la enfermedad de algún familiar, además de anunciar la lluvia
(Serrano et al., 2011).
En Motozintla, mencionan que el tecolote es el compañero (cet),
de curanderos, chamanes y adivinos. A la lechuza o búhos, se les han
asignado papeles fundamentales en los procesos adivinatorios y en los
presagios (Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Maya, 2009).
Algunos comentarios sobre los búhos en Chiapas: “Son de mala suerte,
porque son alma de alguien”; “Cuando cantan tres veces, alguien
morirá, por eso hay que matarlos antes que esto suceda”; “Los búhos
saben cuándo alguien morirá”, “Cuando cantan los búhos es de mal
agüero” (Enríquez, 1998).
Los búhos y lechuzas en diversas culturas se han asociado a la
enfermedad o la muerte, por lo que son aves de malos augurios (Mikkola,
1999; Enríquez y Rangel-Salazar, 2004). En Chiapas esto coincide en la
Colonia Nicolás Bravo, municipio Chiapa de Corzo, en Villaflores,
Mapastepec, San Caralampio, Frontera Comalapa, Tenejapa, Tapachula,
Tierra y Libertad, Jiquipilas, Rayón, Venustiano Carranza y Tonalá,
Playón de la Gloria, Marqués de Comillas, Tziscao, La Trinitaria
(Enríquez, 1998; Serrano et al., 2011; Guirao, 2013, Yunes, 2015;
comunicación personal, A. Cortés, S. Narcia, H. Cruz, N. Ramírez,
2018). Las especies mencionadas son el tecolote rítmico (Megascops
trichopsis), el tecolote oyamelero sureño (Aegolius ridgwayi), el búho
leonado (Strix fulvescens), el tecolote serrano (Glaucidium gnoma) y el
búho café (Ciccaba virgata). Otras especies de rapaces pero diurnas
como el aguililla caminera (Rupornis magnirostris) y el gavilán cabeza
gris (Leptodon cayanensis) se asocian a poderes malignos que por sus
características físicas son nahuales que ayudan a causar el mal a otras
personas (Guirao, 2013).
En Playón de la Gloria el canto del gallo se relaciona con la
muerte (Yunes, 2015), misma función del gallo para los tsotsiles de
Venustiano Carranza (Serrano et al., 2011) y en La Concordia
(comunicación personal, L. Velazco, 2018). En Tziscao se relaciona el
canto del gallo con el aviso de un mal espíritu (Yunes, 2015).
A las aves se les asocian al bien, como las palomas en la
comunidad zoque de Rayón, que mantienen una conexión con los
pobladores advirtiéndoles que algo sucederá (Guirao, 2013). En Tziscao,
La Trinitaria, las aves son consideradas como mensajeras; el pichón
"tiene un mensaje muy importante, cuando tenemos problema en la casa
y llegan un par de pichones es que te lleva paz, te dice que dejés de
discutir. Si llegan es para que pensés cómo estás y que algo está mal" o
como originadoras de la música, como el caso del pájaro carpintero:
"Tiene su historia, de allí se originó la música, la marimba. Un señor que
fue a buscar leña y el carpintero estaba tocando con su pico la madera
con tonos, y en su sueño le dijeron de así crear la música. El carpintero
es quien inventó la marimba" (Yunes, 2015). En San Caralampio,
Frontera Comalapa la visita del colibrí se asocia con la buena suerte, con
el alma o con la visita de algún familiar (comunicación personal, N.
Ramírez, 2018).
Algunas especies de aves presentan vocalizaciones o sonidos
muy característicos que los humanos los asocian a eventos puntuales.
Algunas vocalizaciones los tojolabales, los zoques y los chuj las asocian
a las lluvias como el cenzontle tropical (Mimus gilvus), el mirlo café
(Turdus grayi), el pajuil (Penelopina nigra), el zanate, la chachalaca y el
gallo (Serrano et al., 2011; Guerrero, 2013; Guirao, 2013: Yunes, 2015).
El cenzontle tropical es conocido por los tojolabales como choyek, y
según el tipo de canto anuncia el amanecer y o la lluvia (Guerrero et al.,
2010). En Playón de la Gloria, las golondrinas avisan que se aproxima la
lluvia al cantar mientras dan vueltas en el aire (Yunes, 2015), de igual
forma se documenta entre los tsotsiles de Venustiano Carranza y los
tojolabales de Saltillo (Serrano et al., 2011). En los totsiles de Venustiano
Carranza se han asociado otras aves con el anuncio de la lluvia; el pijiji,
el garrapatero pijui (Crotophaga sulcirostris), el pájaro ratón o chinita y
el guaco, que a su vez anuncia la llegada del verano (Serrano et al., 2011).
En los tsotsiles de Venustiano Carranza, los tseltales de Emiliano
Zapata y los tojolabales de Saltillo, las Margaritas, las aves son parte
fundamental de la cosmovisión sobre la naturaleza; es el recurso
faunístico más importante que emplean con fines curativos y como medio
privilegiado de conocer el advenimiento de una enfermedad o el cambio
de clima. En el estudio de Guerrero y Serrano (2012) se registraron 26
aves con atributos medicinales y agoreros, donde destaca la
particularidad de las aves como animales agoreros pues de acuerdo a su
canto o vuelo, predicen sucesos negativos y positivos. Los zoques del
municipio de Rayón por su parte utilizan a las aves para aliviar
padecimientos naturales y sobrenaturales, como anunciadoras del clima
y advierten alguna enfermedad. Consideran a la gallina y a los colibríes
como protectores del hogar (Guirao, 2013). En la Concordia, cuando se
está construyendo una casa, se entierra una gallina en medio de la casa o
174
bajo la mesa, con la finalidad de tener una buena construcción
(comunicación personal, L. Velazco, 2018).
Los lacandones de Lacanjá Chansayab observan detenidamente
a las aves migratorias, específicamente a las rapaces y las relacionan con
el fin de la época de lluvias para recibir la temporada de secas, "hacen
como un baile, un ritual de agradecimiento al agua y al sol que les ha
dado la oportunidad de vivir en ese lugar, cada casi fin de año se reúnen
para seguir su proyecto de vida, empiezan una por una hasta reunirse
todas, son varios tipos de aves, como águilas y gavilanes que se reúnen,
cuentan los abuelos", mencionó Ovet Trujillo (Yunes et al., 2017).
Mascota
La relación de los humanos con las mascotas o animales de compañía ha
existido desde tiempos remotos, esta relación generalmente tiene
influencias positivas de salud y bienestar (Gómez et al., 2007). El uso de
las aves como mascotas ha sido común en varias culturas. Entre las
comunidades mayas es una forma de mantener una relación y pertenencia
con la naturaleza, donde las aves más apreciadas como mascotas son
loros, pericos y palomas (Retana et al., 2012). En las regiones de la costa,
Sierra Madre y Selva Lacandona se capturan especies para venderlas
como mascota o se utilizan sus plumas y partes del cuerpo como garras y
picos para elaborar artesanías. Las aves más utilizadas son los loros,
tucanes y aves rapaces, además de especies en peligro de extinción como
la guacamaya, el quetzal y el pavón cornudo (Oreophasis derbianus)
(Naranjo, 2013). En La Encrucijada en la costa de Chiapas, los pericos
son habituales como mascotas (Barrasa, 2013).
En las ciudades de Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas,
Comitán, Tapachula, Palenque y Tonalá es común el uso de especies
canoras como ornato; las más habituales son los loros (Aratinga spp.), el
cardenal rojo (Cardinalis cardinalis), cenzontles, el clarín jilguero
(Myadestes occidentalis) y mirlos (Naranjo, 2013).
El término "de lujo" es frecuentemente usado en Playón de la
Gloria, Marqués de Comillas y Tziscao, La Trinitaria, para referirse a la
belleza de las aves "dando lujo" a las selvas, montañas y casas (Yunes,
2015). Este término es usado entre los lacandones, ya que consideran que
las aves son un "lujo de la casa" y una buena compañía. Por lo tanto, es
común que capturen al loro corona azul (Amazona farinosa) o a la
guacamaya. Las aves consideradas de ornato o aves de compañía entre
los lacandones y en otras comunidades humanas como Playón de la
Gloria, Reforma Agraria Frontera Corozal, Loma Bonita son los loros,
pericos, palomas, tortolitas, patos, tucanes guacamayas, hoco faisanes,
gallos, guajolotes y gallinas de guinea, perdices (Falconi, 2011; Jiménez
et al., 2014; Rodríguez et al., 2017).
Artesanías
Los lacandones usan diversas especies de aves para la elaboración de
artesanías, principalmente las plumas de las guacamayas, pericos, loros,
tucanes, faisanes y gavilanes. Por ejemplo, las plumas del hocofaisán
como soplador y como abanico y diversas plumas para la elaboración de
aretes y flechas; además de que se usa el pico y plumas del tucán como
adorno (Jiménez et al., 2014). En Playón de la Gloria, Reforma Agraria
y Frontera Corozal las plumas más utilizadas para la elaboración de
artesanías o dar lujo son de guacamayas, faisanes, chachalacas, tucanes,
loros, pericos, gallinas de guinea, patos y palomas. La mayoría de las
plumas las obtienen de sus mascotas o las recogen en su parcela (Yunes,
2015, Rodríguez et al., 2017).
En Tapachula y en San Cristóbal de Las Casas se utilizan y
venden las plumas o patas como amuletos, muchas veces de rapaces
(gavilanes o búhos) o colibríes. Igualmente se pueden conseguir
disecados para ser usados como adornos o para elaborar artesanías
(Enríquez 1998; Enríquez et al. 2006).
Simbolismos (mágico-religioso)
La relación de los humanos con las aves es tan fuerte que existen
simbolismos de corte mágico-religioso. En las comunidades tsotsiles de
los Altos de Chiapas se considera que el cuerpo humano posee un espíritu
o alma animal, al cual se denomina nahual, que lo acompañará toda su
vida. Las aves asociadas como nahuales se encuentran las águilas,
tecolotes, zopilotes, colibríes y pájaros carpinteros. Para los lacandones
sus Onen (nahuales) los conforman las aves: Mo´o Misó (guacamaya),
K´ambul o Nawätó (hocofaisán), Chicuauhtli (lechuza), Tecolot (búho),
Chocho (loro o pájaro verde) y Quetzalhuitz (colibrí quetzal). En el
sistema de simbolismo mesoamericano la familia de loros y guacamayas
176
se asocian con fuerzas destructivas o con dioses del bajo mundo (Bruce
et al., 1971).
El quetzal ha sido importante en las culturas mesoamericanas
porque se ha considerado símbolo divino de fertilidad, abundancia y vida;
así como, de riqueza y poder, principalmente entre los mayas y mexicas
(Solórzano y Oyama, 2002). Esta especie se ha considerado un ave
mágica. La cultura zoque lo identifica como parte del paisaje, su
aparición en el bosque simboliza la belleza, "son el encanto de toda
persona" y lo perciben como una fuerza espiritual (Guirao et al., 2012;
Guirao et al., 2014). En Tziscao el quetzal representa uno de los
principales atractivos turísticos y ha sido respetado y admirado "Cuando
no había dinero sus plumas eran como moneda, como dinero" (Yunes,
2015).
Como herencia de las culturas antiguas, actualmente se realizan
danzas que representan y evocan la majestuosidad del quetzal. En las
tradiciones del municipio de Tila, al norte del estado, la comunidad de
origen chol realiza la danza del quetzal. Esta danza simboliza la relación
del periodo de cosecha y el periodo de siembra. Es una representación de
los cuatro puntos cardinales, donde cuatro hombres bailan con plumas de
quetzal y esto simboliza el crecimiento del maíz. Durante diciembre se
representa la caída de las plumas del quetzal, simbolizando el término e
inicio de un ciclo (Briones, 2011; Partida-Lara et al., 2013).
Los zopilotes por su parte se consideran portadores de energías
procedentes del inframundo y de enfermedades como la sarna entre los
tseltales y tsotsiles (Rojas, 1944). Las propiedades mágicas que se les
atribuye al grupo de los zopilotes en las comunidades de la Reserva de la
Biosfera Selva El Ocote, es que si se les agrede pueden ser atrayentes de
malas cosechas, de enfermedades y el olvidar “donde deja uno las cosas”
(Coutiño et al., 2011).
La gran riqueza biocultural en Chiapas con varios grupos étnicos
distribuidos en todo el estado, su historia, costumbres y creencias, y la
gran diversidad de aves en el estado han permitido que esta interacción
humano-aves sea constante y perdurable. Algunos grupos de aves han
tenido una mayor influencia o uso que otros como los zopilotes o los
colibríes que se usan en la medicina tradicional de forma semejante en
varios grupos étnicos para curar ciertos males. Además, pueden tener
similitudes simbólicas entre grupos étnicos como el caso de las rapaces
nocturnas, zopilotes o colibríes (Sault, 2016).
A pesar de la alta diversidad avifaunística y cultural en Chiapas,
consideramos que son relativamente pocos los etnoornitológicos.
Aunque hay aproximaciones generales del uso de las aves en algunos
grupos étnicos, incluso estudios enfocados a un importante sector de la
población, como la niñez, estos son limitados. Romero-González et al.
(2014) se enfocó a los conocimientos y percepciones de niñas y niños de
primaria sobre las aves en zonas rurales y urbanas de San Cristóbal de las
Casas. Los resultados sugieren que los participantes perciben a las aves
de acuerdo a su contexto socio-ambiental. Otro estudio que se realizó en
Playón de la Gloria y Tziscao se encontró una relación cercana de niñas
y niños hacia las aves, que involucra una conexión emocional y un
conocimiento ecológico tradicional (CET) reflejado en las creencias,
ideas y usos. La niñez de Playón presentó una relación más próxima a la
avifauna. La fuente de obtención del CET fue la familia principalmente
(Yunes, 2015). Un tercer estudio se enfocó al conocimiento tradicional,
usos y percepciones de los niños sobre las aves en las comunidades
Reforma Agraria, Marqués de Comillas y Frontera Corozal, el
conocimiento se basa en la cercanía con la selva y en la observación
recurrente de su entorno (Rodríguez et al., 2017).
En esta recopilación se identificaron seis principales usos de las
aves por las comunidades humanas. Uno de los usos más citados fue para
la medicina tradicional, las aves son utilizadas para curar diversos males
o enfermedades, pero sobresalieron ciertas especies como los zopilotes,
colibríes y gallinas. De acuerdo a la enfermedad será el tipo de remedio
y partes a utilizar como los huevos, la carne, el corazón o las plumas
(Enríquez et al., 2006; Serrano et al., 2011; Sántiz et al., 2012).
Como aves pronosticadoras o anunciadoras de sucesos, de igual
manera se registraron varias especies, las cuales se identifican
claramente. Existen aves que se asocian a eventos climatológicos porque
vocalizan o aparecen en ciertas temporadas, o presentan un determinado
comportamiento (vuelo de las golondrinas). Están aquellas que predicen
acontecimientos buenos o malos y las que se asocian al bien y al mal.
Otro uso importante de las aves es el alimenticio, y donde se registraron
varias especies. La mayoría de estas aves son de tamaño mediano como
los tinamúes, crácidos y patos, pero especies pequeñas también son
utilizadas. Las gallinas prácticamente fueron las más utilizadas, porque
han sido un componente importante en la dieta de muchas comunidades
humanas y su domesticación facilita su crianza y manejo (Sántiz et al.,
2012).
178
Las aves utilizadas como mascota generalmente son aquellas
especies carismáticas, muy coloridas y algunas presentan vocalizaciones
hermosas (e.g., centzontle, cardenales, loros y pericos) (Retana et al.,
2012). No obstante, el uso de mascotas, puede involucrar el rescatarlas
cuando cayeron del nido, cuidarlas y luego liberarlas, la relación de niñas
y niños es cercana hacia las aves; las cuidan, crían y admiran, ya que es
común encontrarlas por su riqueza en la zona (Yunes, 2015). Pero otro
uso incluye el comercio de las aves silvestres para tenerlas como
mascotas, esto ha ocasionado que varias especies estén amenazadas por
esta actividad, porque provienen del comercio ilegal como es el caso de
loros, pericos, guacamayas, rapaces como gavilanes y halcones, búhos y
otras aves pequeñas de ornato (Rangel-Salazar et al., 2013b).
Para la mayoría de las artesanías que se elaboran en México se
utiliza materia prima de origen natural, principalmente flora, pero
también se fabrican productos con fauna silvestre. Anteriormente la
producción de la artesanía se basaba en una economía de autoconsumo.
Sin embargo, ahora existe una transición hacia una economía más
comercial lo que provoca una fuerte presión hacia los recursos naturales.
Los artesanos dependen de la disponibilidad, cantidad y accesibilidad de
estos recursos (López y Neyra 2009). Para realizar artesanías donde se
utilizan a las aves o sus productos, las plumas son las más solicitadas
sobre todo aquellas coloridas de quetzales, guacamayas, tucanes, loros, e
incluso de pavo reales. Los picos o garras (principalmente de rapaces) se
utilizan para venderse como amuletos o el ave completa disecada como
adorno o para limpias o remedios (e.g., colibríes o búhos) (Enríquez
1998; Enríquez et al., 2006, Jiménez et al., 2014).
Además de las diferentes relaciones que las culturas humanas han
tenido con las aves, una de las más importantes es su asociación con
simbolismos mágico-religiosos. La presencia de plumas como
característica única de las aves, pero además su capacidad de volar, las
asocia como mensajeras simbólicas. Las plumas fueron consideradas
como adornos para los dioses o emperadores. Por ejemplo, el penacho de
Moctezuma que, a pesar de tantas interrogantes e hipótesis sobre este
tocado, fue elaborado con plumas de cuatro especies de aves, las más
llamativas son las del quetzal.
De acuerdo a las características físicas y de comportamiento de
las aves estas han determinado las percepciones y valoraciones en la
cosmovisión. Por ejemplo las rapaces diurnas como las águilas que,
debido a su gran tamaño, son especies depredadoras, presentan un
aspecto gallardo y muestran seguridad en su comportamiento, han
permitido asociarlas a símbolos de poder, sabiduría y realeza. En muchas
culturas del mundo el águila representa el poder y están simbolizadas en
emblemas nacionales como escudos y banderas. Por otra parte, las
rapaces nocturnas (búhos y tecolotes), presentan actividad nocturna, son
sigilosas en sus movimientos porque su vuelo es silencioso, sus ojos están
dirigidos hacia adelante, y aunque se pueden asociar a la sabiduría,
domina su relación con espíritus y mensajeros de secretos o de la mala
suerte (Enríquez 1993). Un bien conocido dicho y profundamente
enraizado en los pueblos de nuestro país dice: “Cuando el tecolote canta,
el indio muere, no será cierto pero sucede”. Por otro lado, los colibríes
son considerados asimismo mensajeros, pero debido a su gran variedad
de colores llamativos e iridiscentes permiten asociarlos con la belleza, la
verdad, la libertad y la curación. Ellos se utilizan constantemente en la
medicina tradicional de los pueblos.
Conclusiones
Chiapas presenta una gran diversidad biocultural que no ha sido abordada
ampliamente en el caso de la etnoornitología. En las culturas humanas
siempre ha existido una interrelación dinámica con las aves, donde
algunas especies se han favorecido (e. g. domesticación de la gallina).
Una gran variedad de especies de aves se utiliza para diferentes fines, en
esta revisión se identificaron seis usos, que van desde el alimenticio
(físico) y medicinal (salud) hasta el uso mágico-religioso (espiritual). En
varias regiones de Chiapas se utilizan las mismas especies para los
mismos fines, con sus variaciones en especies que dependen de la
distribución de estas. Sin embargo, es necesario e indispensable
recuperar los conocimientos y prácticas tradicionales en otras regiones
del estado para entender y plantear como estas prácticas deberán ser
compatibles con decisiones de uso sustentable y conservación de las
especies.
Agradecimientos
A Fernando Guerrero Martínez por la invitación para participar en este
proyecto. A los estudiantes de la Universidad de Ciencias y Artes de
180
Chiapas y a la comunidad lacandona de Lacanjá Chansayab por participar
en Taller de capacitación para brigadas de vigilantes comunitarios del
Programa de Manejo de Áreas Naturales Protegidas de la Reserva de la
Biósfera Montes Azules con temas relacionados con el manejo de
cartografía y monitoreo de fauna. A los revisores que contribuyeron
sustancialmente en la mejora de este documento y a Cecilia Elizondo por
su apoyo y comentarios al mismo. A las aves, por dar lujo a nuestras
vidas. Este capítulo se escribió mientras PLE realizaba una estancia
sabática en el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste
(CIBNOR), La Paz, Baja California Sur, México.
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relacionados con el manejo de cartografía y monitoreo de fauna. Datos no
publicados, Consultoría en Recursos Naturales y Desarrollo Social Yaxal-Na,
S.C., San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.
9
No. de estudios realizados 8
7
6
5
4
3
2
1
0
186
Capítulo 7.- Etnoherpetología en Chiapas
Resumen
En el estado de Chiapas se han realizado estudios que registran, analizan
y sistematizan las relaciones que se establecen entre los seres humanos y
la herpetofauna. Los datos que presentamos en este escrito provienen
tanto de la revisión de literatura como del trabajo de campo que los tres
autores hemos realizado en distintas zonas del estado durante los últimos
años. La revisión acerca del estado del arte incluyó estudios de corte
antropológico, arqueológico, etnológico, histórico, biológico y
etnobiológico. Para facilitar su análisis y comprensión, y en concordancia
con los datos disponibles, la información fue clasificada en cuatro
grandes rubros etnobiológicos: 1) importancia histórica de los anfibios y
reptiles, 2) concepciones locales y conocimiento ecológico tradicional, 3)
nomenclatura y clasificaciones locales, y 4) uso y aprovechamiento de
anfibios y reptiles. Finalmente, reflexionamos acerca del estado del
conocimiento sobre la relación entre humanos y herpetofauna en Chiapas,
aventurándonos a emitir algunas recomendaciones y potenciales líneas
de investigación; además, entre otras implicaciones de índole teórica y
metodológica, formulamos algunas conclusiones sobre los vacíos de
información sobre el tema y la importancia del conocimiento
etnoherpetológico en la elaboración e implementación de estrategias de
manejo y conservación basadas en las particularidades culturales de los
grupos etnolingüísticos del territorio.
Introducción
En el área que ocupa el estado de Chiapas habitan doce grupos indígenas
pertenecientes a tres familias lingüísticas, quienes ocupan territorios que
se encuentran tanto en zonas templadas de bosques de coníferas como en
selvas bajas y selvas altas perennifolias. Los grupos etnolingüísticos que
habitan el territorio chiapaneco son: zoque, perteneciente a la familia
Mixe-zoqueana; chiapa, de la familia Otomangue y cuya lengua se
considera extinta (Zavala, 2010) aunque en las últimas décadas ha tenido
un reforzamiento identitario; y once grupos de la familia Maya: tsotsil,
tseltal, tojol’ab’al, chol, chuj, mam, q’anjob’al, lacandón, tuzanteco,
tektiteko y motozintleco o mochó (Zavala, 2010; Coe, 1995; Tedlock,
1982).
Todos estos grupos, en su devenir histórico, han establecido
relaciones con la biota y el medio en el que se han asentado. Plantas,
animales y hongos han sido la base de su subsistencia, alimentan relatos
de origen, conforman aspectos cosmogónicos y ocupan un importante
papel en su tradición oral. Mención especial merece la herpetofauna ya
que los anfibios y reptiles tienen un rol preponderante en las culturas ya
sea utilizados como alimento, medicina o en la elaboración de artesanías
—por mencionar sólo unos cuantos ejemplos de sus fines utilitarios—;
también como objeto de complejos simbolismos mágico-religiosos que
implican en ocasiones procesos de larga duración que datan de la época
precolombina.
190
Importancia histórica de la herpetofauna entre las culturas de
Chiapas
Las culturas precolombinas que se asentaron en el actual territorio de
Chiapas dejaron vestigios de su relación con la fauna silvestre en
grabados, estelas, monumentos arqueológicos, restos cerámicos, pinturas
murales y rupestres, entierros rituales y restos arqueozoológicos, en
diversos contextos arqueológicos. Aunque aún hace falta mucho trabajo
en este tema, los datos generados desde la arqueología y la historia nos
brindan información fundamental para el análisis diacrónico de la
relación ser humano-fauna, permitiéndonos ubicar tanto la persistencia
como las transformaciones (Corona et al., 2010) de prácticas,
concepciones y usos.
A través de estos registros arqueológicos, podemos constatar la
relevancia de la herpetofauna en la cosmovisión de grupos chiapanecos
precolombinos: serpientes, cocodrilos, ranas, sapos, tortugas y lagartos
formaron parte fundamental del universo tanto maya como zoque.
Los zoques prehispánicos se asentaron en una extensa área que
abarcó las montañas del noroeste de Chiapas, las llanuras occidentales
del centro del estado y la parte costera del Soconusco, así como parte del
sur de Oaxaca, Veracruz y noroeste de Tabasco (Villa et al., 1975), si
bien otros autores (Velasco, 1975; Thomas, 1974) consideran que en
realidad no existió una unidad territorial centralizada sino pequeños
estados interdependientes. Tuvieron su esplendor en el periodo
Preclásico (200 a.C. a 400 d.C.), fueron invadidos al final del Clásico por
los Mayas (300 a.C. a 900 d.C.), durante el Posclásico por los
Chiapanecas (900 d.C.) y al final del Posclásico por los aztecas (año
1486). Debido a estas múltiples invasiones, los territorios originales
zoques fueron reduciéndose, agrupándose y adaptándose a los nuevos
territorios, además de que el sometimiento a otras culturas influenció su
creación artística y simbólica. En el sitio arqueológico de Izapa, que data
de aproximadamente 1 500 a.C., ubicado en la costa sur de Chiapas y de
origen mixe-zoque con rasgos pre-mayas, existen algunas de las
representaciones de reptiles más antiguas del estado. En el estilo de Izapa
se manifiesta una estrecha relación entre el ser humano y la naturaleza,
cuya principal concepción parece girar en torno a ciertos conceptos
básicos representados por el jaguar, la serpiente, el cocodrilo, el pájaro y
el pez (De la Garza, 2003). La serpiente ocupó un lugar preponderante y
poseía atributos simbólicos que referían tanto al cielo como a la tierra,
además de que se asociaba a la fertilidad. Sus representaciones
generalmente se encuentran enriquecidas con atributos de otros animales,
en la figura de un animal fantástico —frecuentemente de rasgos que
recuerdan a lagartos o cocodrilos— al que se ha denominado
comúnmente “dragón”. Una de sus estelas muestra la representación de
un ave con alas extendidas cuyo vientre posee fauces muy parecidas a
una serpiente, lo cual se ha interpretado como una emulación del mito-
figura arquetípica de la vagina dentada (Chinchilla, 2010). Ahí mismo
en Izapa se han encontrado estelas con un símbolo proveniente del arte
olmeca que muestra unas fauces abiertas de una serpiente-dragón, el que
se interpreta como “boca” o “Luna”, representando la entrada al templo
o cueva que conduce al inframundo (Coe, 1995).
En cuanto a la cultura maya, en Chiapas existen vestigios de su
presencia desde el periodo Formativo y el Preclásico. En la cosmovisión
maya precolombina, la herpetofauna tiene uno de los roles más
destacados. Itzamná, el dios creador, fue representado de múltiples
formas, siendo una de las más recurrentes su advocación como “Lagarto
Terrestre” (Lee, 1996; Thompson, 1970). Las serpientes son los reptiles
con el mayor número de representaciones en estelas, murales, cerámica
y códices. En estas se registran usos vernáculos, eventos de ofidismo,
representación como instrumentos de poder y asociados a gobernantes e
ideas abstractas o simbólicas.
Para los mayas precolombinos la serpiente tenía un simbolismo
dual, representando al mismo tiempo lo masculino y lo femenino. Era
símbolo de fertilidad, renacimiento y renovación, al relacionarse con la
lluvia y las cosechas (de carácter eminentemente femenino), mientras
que, en un sentido contrario, representaba la conexión de la esfera
terrestre con el inframundo, de carácter masculino (Cano-Contreras et al.,
2007). Las principales serpientes sagradas para los mayas precolombinos
fueron la cascabel tropical (Crotalus simus, antes C. durissus) y la
nauyaca (Bothrops asper) (De la Garza, 2003; Lee, 1996). Asimismo, el
cantil (Agkistrodon bilineatus) también adquirió connotaciones místicas
como se muestra en el Códice Dresde según propone Lee (1996).
Uno de sus atributos simbólicos relacionado con aspectos rituales
se refleja en lo que David Freidel y Linda Schele denominaron
“serpientes de visión” (Freidel et al., 1993), la representación gráfica de
la entidad o fuerza espiritual a través de la cual los especialistas rituales,
sacerdotes y gobernantes se comunicaban con las fuerzas y entidades
sobrenaturales del cosmos. Sobre su origen se han sugerido relaciones
con el consumo de sustancias enteógenas en forma de vapores y plantas
192
fumadas. Con frecuencia se representaba cerca o con el glifo Iq’,
traducido como aliento, aire o soplo o referente al espíritu.27
En la arqueoastronomía maya los reptiles fueron usados para
nombrar constelaciones, establecer relaciones simbólicas con fenómenos
atmosféricos y astronómicos, y para describir cuerpos celestes
relacionados con sitios de origen mítico de la humanidad o de algunas
deidades. Para Tedlock y Tedlock (2003), la serpiente de cascabel 28 es la
especie de reptil culturalmente más importante; esta aparece en el Códice
París relacionada con glifos calendáricos que marcan momentos
astronómicos de importancia mágico-religiosa. Asimismo, la Vía Láctea
recibía denominaciones referentes al vocablo chan, usado para designar
de manera genérica a las serpientes. Las tortugas también fueron
importantes en la astronomía. Por ejemplo, la constelación de Orión,
marcada como uno de los puntos de origen de la humanidad, se
relacionaba con una tortuga (Freidel et al., 1993). En el mapa
astronómico maya, Venus y la Luna estuvieron relacionados con la
serpiente y su connotación inframundana, femenina, ctónica y acuática;
mientras que el Sol se relacionaba —entre muchos otros elementos de la
naturaleza— con Itzamná y su advocación de lagarto cósmico.
En lo referente a diversas representaciones de la herpetofauna en
sitios arqueológicos, en Bonampak, una de las principales ciudades
mayas del Clásico, existe un mural de grandes extensiones en el que se
representa a unos músicos celebrando lo que se ha interpretado como una
victoria militar; varios de ellos están tocando una especie de tambores
elaborados con caparazones de tortuga (Lee, 1996).
En cuanto a los anfibios, se han encontrado numerosas
representaciones de ranas y sapos, generalmente asociadas a simbolismos
acuáticos, de fertilidad y relacionados con la obtención y petición de las
lluvias. No obstante, la frecuencia con que se encuentran así como los
27 Para profundizar en el tema, recomendamos la lectura del libro “El cosmos maya” de
David Fridel, Linda Schele y Joy Parker.
28 La única especie de cascabel con distribución en Chiapas es Crotalus simus (antes
194
Nomenclatura y clasificaciones locales
Para diferentes autores, el hecho de que las especies biológicas sean
nombradas por un grupo humano se debe a que han sido utilizadas de
alguna manera y/o a que gozan de cierto interés para el grupo en cuestión
(Hunn, 1982; Levi-Strauss, 1964). En consecuencia —ya que solo una
parte de las discontinuidades naturales son reconocidas en las
clasificaciones etnobiológicas—, los organismos sin importancia cultural
serán reconocidos solamente en términos muy generales (Hunn, 1982).
En general, las diferentes sistemáticas herpetológicas locales en Chiapas
no han sido estudiadas a profundidad por lo que no se han aportado datos
suficientes que permitan observar patrones claros en los procesos de
nombrar y clasificar las distintas especies de anfibios y reptiles.
En su estudio etnoherpetológico clásico, Góngora-Arones (1987)
registró el reconocimiento de 52 especies de anfibios y reptiles entre
lacandones del sur, en la comunidad Lacanjá-Chansayab. Él afirmó que
esta clasificación implicaba aspectos etológicos, ecológicos y biológicos
y que los lacandones son capaces de diferenciar sexos y conocer de
manera amplia sus hábitos reproductivos y alimenticios así como su
desarrollo y hábitat.
Veinte años más tarde, Cano-Contreras y colaboradores (2007)
registraron entre los lacandones de Nahá el reconocimiento de ocho tipos
de serpientes bien diferenciadas entre sí, las cuales reciben los nombres
de: Yax k’an, Uchuki, Chaj k’an, Comi’, Döo k’an, Hach k’an, Ach k’an,
Uk’ani wits y Uk’ani ha’. Existen dos palabras para nombrar a los ofidios,
denotando una clasificación vernácula de los mismos. Con la palabra
k’an se identifica a las “serpientes”, víboras venenosas como la nauyaca
(Bothrops asper) y las coralillos (Micrurus spp.), y las serpientes que
aunque no son venenosas sí pueden alcanzar grandes tallas, como la boa
(Boa constrictor). La víbora nombrada localmente uchuki (Atropoides
mexicanus) no fue clasificada entre las k’an aunque es reconocida como
venenosa. El vocablo uk’ani agrupa a las “culebras”, concebidas como
serpientes generalmente pequeñas o inofensivas. Estas se nombran de
acuerdo con su tipo de hábitat: la uk’ani wits vive en los cerros y la uk’ani
ha’ es llamada “culebra de agua”.
En cuanto al conocimiento etnoherpetológico zoque, en Copainalá
los anfibios y reptiles son agrupados en cuatro categorías con base en sus
características morfológicas: 1) sin patas ni cola, incluyendo serpientes,
culebras y cecilidos, 2) con cuatro patas y cola, lagartijas y salamandras,
3) con cuatro patas, cola y caparazón, que incluye a las tortugas, y 4) los
verrugosos y los de piel lisa (sapos y ranas). Por otro lado, de acuerdo
con caracteres ecológicos, los anfibios y reptiles pueden clasificarse en:
a) los que viven en ramas (culebra voladora y correlona), b) los que viven
en arbustos (las demás culebras y serpientes), c) los que viven en el suelo,
enrollados (brazo de piedra, Agkistodon bilineatus), d) los que viven en
hoyos debajo de la tierra (algunas culebras y sapos), e) Los que viven
cerca del agua (masacuata o boa, ranas y sapos). En esta región, la
etología de las especies determina otra forma de caracterizar la
herpetofauna. Así, se reconoce que existen: a) culebras voladoras o
rápidas, b) serpientes “que pesan” (las malas, venenosas), c) animales
venenosos (casi todas las culebras, las salamandras y sapos), d) los que
avisan la lluvia (sapos y ranas), y e) los que cuidan los ríos y lagunas
(Boa constrictor). En total, los zoques de Copainalá reconocen cuatro
especies de anfibios así como veinte de reptiles.
196
con el agravante de que posee una vagina dentada. Otro mito zoque, el de
la Piowacwe o Pyowa tzyu’we, denota relaciones simbólicas con los
reptiles. Se trata de la creencia en una vieja mujer que modifica su aspecto
y está estrechamente relacionada con la erupción del volcán Chichonal
en 1982, pues se dice que la viejita viajó por los alrededores antes de
transformase en el volcán Chichonal para hacer erupción. El mito refiere
que mientras Tumsawi (Uno Mono) espiaba a una atractiva joven que se
bañaba en una laguna, vio que ella tenía escamas en el cuerpo además de
que se transformaba en una anciana durante el tránsito del día a la noche,
momento en que “era vieja y tenía dientes en su cosa de mujer”; el temor
a la castración inhibió el apetito sexual de Tumsawi, lo que motivó el
enojo de la mujer, quien provocó temblores e inundaciones y se convirtió
en volcán, explotando en el Chichonal (Báez-Jorge, 2016).
También puede encontrarse a la serpiente como guardiana de
tesoros u objetos valiosos. En Jitotol existe la creencia en una enorme
serpiente de color verde con rojo a la que llaman chichicoa, la cual
transporta riquezas en su lomo, provocando que quien la mire se vuelva
rico (Álvarez del Toro, 1982).
En cuanto a los grupos mayenses, destaca el papel de la serpiente
en diversas cosmovisiones. Entre los grupos de Los Altos de Chiapas, se
han registrado numerosas serpientes de características prodigiosas,
relacionadas con diversos aspectos simbólicos y cosmogónicos:
acuáticos, inframundanos, celestes, ctónicos y/o de carácter guardián.
Entre tsotsiles de Larráinzar se denomina Mukta Ch’on a una
serpiente emplumada relacionada con Venus (De la Garza, 2003).
Holland (1978) refirió que esta gran serpiente era adorada como una
deidad y muy temida; debían ofrecérsele rezos si se la encontraba
accidentalmente en las montañas. Si por el contrario era atacada, esta
enviaba a otras serpientes para que embistieran contra quien la había
ofendido. Aunque no se ha confirmado la prevalencia actual de tal
creencia, Holland (1978) afirma que se debe a este mito que los tsotsiles
de Larráinzar consideren sagradas a las serpientes y traten de no hacerles
daño. Inclusive durante su carnaval aparecen dos personajes llamados
K’uk’u chonetik, “serpientes emplumadas” (Laughlin, 1962). Page
(2005) refirió que en Larráinzar se afirma que una persona nacida a las
horas en que el “Lucero” o Venus en su fase vespertina está en el cielo
(como a las seis de la mañana), tendrá buena suerte y será inteligente y
trabajador; en este lugar a dicho astro se le denominaba Muc’ta Chon
(Gran Serpiente). En esta creencia se puede inferir la permanencia de la
relación entre las serpientes y este astro, que data de la época
prehispánica. Asimismo, varios grupos mayas actuales también
relacionan a la serpiente con las Pléyades (De la Garza, 2003), sobre todo
a la serpiente de cascabel cuyo apéndice se equipara a este grupo de
estrellas.
Existe la creencia en serpientes sobrenaturales relacionadas con lo
acuático. Guiteras (1965) menciona la Tsotsk’ob, serpiente “como brazo
peludo” que según los tsotsiles de San Pedro Chenalhó vive dentro de
una laguna o en ríos profundos. En esa misma etnografía menciona que
los pedranos creen en ciertas serpientes acuáticas a las que consideran
seres maléficos. Se relata que en una ocasión una serpiente gigantesca
llamada Popchon provocó una gran creciente al tapar un sumidero con su
cabeza; los vayijeletik29 se reunieron para combatirla aunque no la
pudieron vencer, por lo que llamaron en su ayuda a la X’ob (alma del
maíz) de Magdalena quien sí pudo vencer a la Popchon (Guiteras, 1965).
En el Parque Nacional Lagunas de Montebello, habitantes mames
refieren que la Laguna Tziscao, próxima a la comunidad del mismo
nombre y en algunas otras lagunas de la zona, habita una enorme
serpiente que es su guardiana. Según los tojolabales, la dueña de la laguna
Tintonixac (cerca de Margaritas) y de todo lo que está en ella es una gran
serpiente que en las noches de luna llena sale a lavar su ropa. Debido al
carácter femenino de esta entidad, en aquel lugar sólo las mujeres pueden
pescar (Ruz, 1982).
La serpiente como portadora de lluvias es una creencia bastante
difundida, denotando la permanencia de su simbolismo relacionado con
la fertilidad y como fuerza creadora. Un ejemplo de ello es la veneración
al cerro Muk’ul ajaw o Cerro de la Gran Serpiente entre los tseltales de
Tenejapa, que se considera es poseído por una gran serpiente, dueña
también del agua, por lo que es a ella a quien se solicita el cuidado de los
cultivos mediante el envío oportuno de la lluvia (Gómez, 2005). Entre
tsotsiles de Los Altos de Chiapas existe un mito que describe a la
xulubchon, serpiente con cuernos que, después de haberse creado la
tierra, abrió y partió los cerros para crear los cauces de los ríos. Debido a
202
(mojina), Kinosternon leucostomus (pochitoque) y Staurotypus salvani
(tortuga guao) (Ventura, 2000).
Por su parte, González-Bocanegra y colaboradores (2011)
encontraron en la zona de los humedales de Catazajá, colindante con el
estado de Tabasco, nueve especies aprovechadas como alimento, en la
elaboración de artesanías, como medicina, mascota y para
comercializarlas.
Conclusiones y recomendaciones
Los anfibios y reptiles representan uno de los grupos con mayores amenazas
para su conservación. Tanto sus particularidades biológicas como el temor
que pueden causar y la pérdida de hábitat, atentan contra sus poblaciones.
Consideramos que el conocimiento ecológico tradicional representa
una importante área de oportunidad para elaborar estrategias de
conservación que respondan a las necesidades locales y que, también,
puedan servir para que comunidades y especialistas encuentren
convergencias que permitan la inclusión de ambos sistemas de
conocimientos en condiciones de justicia y equidad.
204
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Capítulo 8.- Abejas nativas sin aguijón (Apidae: Meliponini)
registradas para el estado de Chiapas
Resumen
Chiapas es de los estados de la República Mexicana que posee alta
biodiversidad. En cuanto a las abejas sin aguijón se tiene documentado
que de las 46 especies registradas en el país, el 73.6% están presentes en
el estado (Arnold et al., 2018a). En este sentido el presente capítulo
concentra a partir de una revisión de distintas investigaciones científicas,
información descriptiva sobre la biología de cada abeja, así como su
ubicación espacial.
Las 32 especies de abejas sin aguijón tienen presencia en
diferente grado en todo el estado, existen unas que de amplia distribución,
otras solo se les ubica en lugares muy específicos, pero ello no significa
que no habiten en otros lugares, sin duda es necesario más
investigaciones. Finalmente, es importante señalar que la información
que se ofrece acerca de las abejas, puede servir de base para estudios
biológicos y sociales.
Introducción
Las abejas de la tribu Meliponini (Familia Apidae) son insectos que están
distribuidos en regiones tropicales y subtropicales en todo el mundo. Se
caracterizan por tener un aguijón atrofiado y se han descrito al menos 500
especies, muchas de ellas en zonas de América (Michener, 2007). En
México, Ayala et al., (1999 y 2013) señala que las especies registradas
alcanzan 46, de las cuales 12 son endémicas. La diversidad de estas
abejas es importante sobre todo por ser de los insectos polinizadores más
efectivos (Klein et al., 2007).
Las abejas tienen un papel relevante en la biodiversidad del
territorio nacional, se calcula que entre el 60 y 90% de las plantas
necesitan un polinizador (Kremen et al., 2007). Además de su
importancia ecológica, sus productos, en especial la miel es utilizada
como endulzante por familias que viven en las zonas rurales del estado.
208
El presente capítulo describe la diagnosis y la distribución
espacial de las 32 especies de abejas nativas sin aguijón que pertenecen
a la tribu Meliponini reportadas para el estado de Chiapas, cuyo número
puede seguir creciendo debido al reporte de investigaciones realizadas
recientemente por Arnold et al., (2018b).
210
anterior 7.7-7.9 mm); escapos amarillos en la superficie anterior; escuto
con pubescencia anaranjada (o amarilla), los ángulos antera-laterales con
mechones muy densos de pelos anaranjado-rojizos (muy contrastante con
los del resto del escuto); tergos metasomales negros con bandas apicales
amarillas bien definidas de ancho más o menos uniforme; tergos con
pubescencia abundante, corta anaranjada u ocres (Ayala, 1999).
A nivel México su distribución es amplia, a lo largo de las dos
costas. Aparentemente no está presente en la Cuenca del Río Balsas, pero
es posible que aparezca algún registro, considerando que es
frecuentemente usada en meliponicultura (Labougle y Zozaya, 1986;
Murillo, 1981). Ayala (1999) señala que en Chiapas se ha encontrado en
Cintalapa, Comitán Ocosingo, Ocozocoautla, Palenque, Pueblo Nuevo,
San Cristóbal de las Casas, Simojovel, Suchiapa, Tuxtla Gutiérrez y Villa
Flores; Balboa (2010) en la Reserva de la Biósfera “La Sepultura” y por
Vandame et al., (2012) la Reserva de El Triunfo ; Cruz et al., (2005) la
reporta en Tapachula; Reyes et al., (2016) y Guzmán et al., (2006 y 2011)
la reportan en el Soconusco, Chiapas.
Nannotrigona perilampoides
(Cresson, 1878). De acuerdo con
Ayala(1999) son abejas negras con franjas
amarillas; longitud del cuerpo 4.1-4.2 mm;
pubescencia amarilla o anaranjada; cabeza
con punteado muy fuerte y denso (apresado);
franjas amarillas en el escuto, escutelo y las
patas; antenas anaranjadas; escutelo
fuertemente proyectado hacia atrás y con una comisura profunda en la
parte media posterior; alas oscurecidas; patas negras, pero tibias con
rodillas amarillas; tibias posteriores negras con una línea amarilla que va
de la mitad posterior al extremo basal; metasoma negro.
En cuanto a la distribución Ayala (1999) señala que es una de las
especies más ampliamente distribuida en México. Está presente en las
dos costas, en el Golfo de México hasta San Luis Potosí y por el Pacífico
hasta Sinaloa, a los 29° de latitud Norte (Bennett, 1964).
Altitudinalmente ésta especie se encuentra desde el nivel del mar hasta
los 1700 msnm. Respecto a los tipos de vegetación, se presenta tanto en
áreas con Bosque Tropical Húmedo como en Bosque Mesófilo, Bosque
de Pino y de Pino-Encino. Sin embargo no está presente en áreas con
Selva Baja Caducifolia en algunas partes del estado de Jalisco (Ayala,
1988) y a lo largo de la costa del Pacífico se presenta en las áreas más
212
húmedas, generalmente con Bosque Tropical Subcaducifolio o en las
montañas. En el estado de Chiapas, se ubica en Comitán, Escuintla,
Huixtla, lxhuatlán, Ixtapa, La Trinitaria, Lagunas de Monte Bello,
Laguna Tziscao, Palenque, Pueblo Nuevo, Puerto Madero, Simojovel,
Suchiapa, Tuxtla Gutiérrez. Balboa (2010) la reporta en la Reserva de la
Biósfera de la Sepultura; Reyes et al., (2016) señala que se ubica en el
Soconusco; y Vandame et al., (2012) la reporta para el Triunfo.
Paratrigona guatemalensis
(Schwarz, 1938). Son abejas negras, con
franjas amarillas; longitud del cuerpo 3.7-4.2
mm; mandíbulas negras con cuatro dientes,
con una banda en el extremo distal pardo-
rojizo; área paraocular con una línea amarilla
que alcanza cuatro quintos del margen
interno del ojo; escapos antenales amarillos; escuto negro con líneas
laterales amarillas; axilas amarillas; escutelo fuertemente proyectado
hacia atrás sobre el metanoto y con una línea amarilla en el margen
posterior, interrumpida lateralmente; alas hialinas con venas obscuras,
con dos células submarginales evidentes; patas negras; tibias con rodillas
amarillas; tibia posterior triangular, sin surco en el margen posterior
interno (superficie a un mismo nivel hasta el margen posterior);
metasoma robusto casi tan ancho como el mesosoma (Ayala, 1999).
En cuanto a su distribución en Chiapas, Ayala (1999) señala que
se ubica en Palenque y Vandame et al., (2012) la reporta para la Reserva
de la Biósfera del Triunfo.
216
Plebeia llorentei (Ayala, 1999). Son
abejas de color amarillo y negro; longitud
del cuerpo entre 3.3 y 4.3 mm; clípeo con
una área central amarilla muy amplia; con
manchas obscuras alrededor de los orificios
tentoriales, que se continúan por el margen
superior; línea paraocular separada del
clípeo, corriendo por dos tercios del margen
del ojo; pronoto pardo y amarillo; escutelo con forma de arco (no
paraboloide), con la parte media posterior truncada (y ligeramente
cóncava como en P. frontalis), generalmente pardo o pardo un poco
oscuro (nunca negro ni tan oscuro como el tórax); margen posterior
amarillo; tégula pardo ámbar; patas amarillas, con tarsos un poco
oscurecidos; tibia posterior pardo claro o anaranjada, pero con rodillas
amarillas; metasoma anaranjado o pardo rojizo (Ayala, 1999).
En cuanto a la distribución Ayala (1999) señala que para Chiapas
se ha encontrado en Palenque y Tuxtla Gutiérrez. Vandame et al., (2012)
la reporta para la Reserva de la Biósfera del Triunfo.
218
Plebeia pulchra Ayala, 1999. De
acuerdo con Ayala(1999), las abejas son de
color amarillo y negro; longitud del cuerpo
3.7-4.1 mm; pubescencia amarilla; línea
paraocular amarilla, alcanzando tres cuartos
del margen interno del ojo y unida al clípeo
hasta el orificio tentorial; pronoto amarillo;
escutelo paraboloide, amarillo o pardo (algunos ejemplares con una área
oscurecida en el extremo anterior en la parte media), con o sin línea
amarilla en la parte media posterior; patas amarillas, pero parte de las
tibias posteriores, basitarsos y tarsómeros más oscuros, entre anaranjados
y pardos rojizos; tibia posterior con dos tercios o tres cuartos de la
superficie externa oscurecida, pero sin rodillas amarillas definidas por
integumento amarillo intenso, sólo como el color del fémur; metasoma
variable entre amarillo miel y anaranjado con bandas apicales.
En cuanto a su distribución Ayala (1999) la reporta en Palenque
y Tuxtla Gutiérrez en Chiapas. Vandame et al., (2012) la reporta para la
Reserva de la Biósfera del Triunfo.
222
En cuanto a la distribución, de acuerdo con Ayala (1999) en
México sigue la distribución del Bosque Tropical Perennifolio. Se
encuentra desde Chiapas y en forma discontinua a lo largo de la costa del
Golfo hasta la parte media del Estado de Veracruz. Balboa (2010) señala
que en la Reserva de la Biósfera de la Sepultura; Reyes et al., (2016) y
Toledo (2016) la reportan para el Sonocusco en Chiapas y Vandame et
al., (2012) en la Reserva de Biosfera el Triunfo.
224
posterior ligeramente redondeado; área con keirotrichia en la cara interna
del basitarso posterior cubriendo casi la mitad de la superficie.
A nivel país, Ayala (1999) señala la distribución de esta especie
está asociada a la del Bosque Tropical Perennifolio y Subcaducifolio y
secundariamente al Bosque Mesófilo. Se presenta en Chiapas, Península
de Yucatán, Istmo de Tehuantepec en su parte Norte y por la costa del
Golfo hasta la parte media del Estado de Veracruz, a nivel del extremo
más al Este del Eje Volcánico Transversal. Balboa (2010) la reporta como
una especie frecuente en las milpas, en específico en maíz y Vandame et
al., (2012) en el café.
En Chiapas, se tiene ubicada en Bonampak, Escuintla, Huixtla,
Ixtapa, Palenque; San Cristóbal de Las Casas y Simojovel. Balboa (2010)
señala que en la Reserva de la Biósfera de la Sepultura; Reyes et al.,
(2016) y Vandame et al., (2012) en la Reserva de Biosfera el Triunfo.
226
Trigonisca pipioli Ayala, 1999. De
acuerdo con Ayala (1999) son abejas
negras con una longitud del cuerpo 2.4-2. 7
mm; espacio interalveolar de la mitad del
ancho del espacio alvéolo-ocular; área
malar con punteado generalmente difuso y
opaco; escutelo negro; carita con
integumento opaco; carena occipital
presente pero débil; tégula pardo claro; alas anteriores con el margen
apical muy redondeado; célula marginal más alargada que en T. maya;
corbícula con la excavación cubriendo aproximadamente la cuarta parte
de la superficie externa.
En cuanto a la distribución, Ayala (1999) señala que tiene una amplia
distribución en México y está presente en la Península de Yucatán,
Chiapas, la costa del Golfo posiblemente hasta el Norte de Veracruz. En
Chiapas Vandame et al., (2012) la reportan en la Reserva de Biosfera el
Triunfo.
Agradecimientos
Al M. en C. Jorge Mérida por sus orientaciones en la distinción
taxonómica de diferentes especies de abejas. Asimismo se agradece a la
Colección taxonómica de Abejas de El Colegio de la Frontera Sur
(ECOAB), el haber proporcionado las fotografías que se presentan en
éste capítulo.
228
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230
Capítulo 9.- Etnoveterinaria del borrego Chiapas: El conocimiento
tradicional que ha rescatado esta raza ovina
Introducción
La etnoveterinaria es una disciplina científica que investiga y sistematiza
el conocimiento tradicional referente al cuidado y manejo de la salud de
los animales (McCorkle, 1986), a través de la utilización de plantas
medicinales localmente disponibles (Molina, 2004) para la prevención,
control y tratamiento de enfermedades de los animales. No obstante, a
pesar de que el conocimiento tradicional o prácticas etnoveterinarias
surgieron y evolucionaron a la par de la domesticación de los animales
durante el neolítico (Kasoia y Ansay, 1994), la sistematización de estas
prácticas culturales, es decir, la etnoveterinaria como disciplina, es
relativamente reciente.
En Los Altos de Chiapas el conocimiento tradicional respecto al
cuidado y manejo de los ovinos con la apropiación por las mujeres
tsotsiles. Por su parte, la etnoveterinaria, como disciplina científica, inicia
con la caracterización del borrego Chiapas y sistematización de las
prácticas etnoveterinarias tsotsiles utilizadas para la adaptación y
sobrevivencia del borrego en las condiciones ambientales de la región;
actividades realizadas por el Centro de Estudios Indígenas de la
Universidad Autónoma de Chiapas (Perezgrovas y Pedraza, 1984 y
1985).
De esta forma, la ovinocultura de Los Altos de Chiapas se ha
desarrollado bajo un contexto sociocultural que permitió la adopción y
apropiación del sistema por parte de las mujeres. Sin embargo, este
sistema fue modificado y adaptado de acuerdo con las condiciones
culturales, religiosas, sociales y ambientales, creándose un sistema
tradicional de manejo diferente a otras regiones del país e, incluso, del
estado. Así, son las mujeres las encargadas del manejo y cuidado de las
ovejas, siendo ellas quienes desarrollaron distintas estrategias para el
cuidado y sanidad de los animales. En este sentido, el objetivo de este
capítulo es, por un lado, conjuntar los diferentes estudios realizados en el
campo de la etnoveterinaria en los Altos de Chiapas; por otro,
sistematizar el conocimiento tradicional, las prácticas, tecnologías,
recursos y creencias, respecto a la sanidad y bienestar del borrego
Chiapas, que las pastoras tsotsiles han desarrollado a lo largo de los años.
236
b) Sistema borreguero de los Altos de Chiapas.
En la Región de los Altos de Chiapas, el área geográfica que abarca la
zona de producción ovina está bien definida y se denomina “Zona
Borreguera”. El Municipio de San Juan Chamula, es el municipio con
mayor cantidad de cabezas de Ovinos (54%), dentro de la zona
borreguera. Entre los municipios de San Juan Chamula y San Cristóbal
de las Casas, representan cerca del 60% de la misma, mientras que el 40%
restante está conformado por los municipios de Teopisca, Zinancantán,
Huixtán, Larrainzar y Chenalhó (Nahed, 1999; Nahed y López, 2000;
figura 3).
240
Figura 4. Tipos de corrales (sna chij) utilizados en la región Altos de
Chiapas. a) Corral entarimado (elevado), b) corral rotativo (al aire
libre).
242
c) Manejo reproductivo
El comportamiento reproductivo del borrego Chiapas, aun no se ha
estudiado con profundidad. Existen algunos estudios los cuales
argumentan que esta raza ovina muestra un comportamiento reproductivo
estacional (Ley et al., 1986; Perezgrovas, 1999), aun cuando éste no se
ha estudiado a profundidad, ni se ha demostrado que el comportamiento
reproductivo este asociado al fotoperiodo. La época de pariciones y
empadre de rebaños estudiados en la comunidad de “Bautista Chico” del
municipio San Juan Chamula, está relacionada con el ciclo natural de
lluvias-forraje. Las borregas presentaron actividad sexual durante la
época de lluvias, principalmente durante los meses de julio a septiembre,
lo cual coincide con la época de mayor disponibilidad de forraje en los
pastizales y en consecuencia la época de pariciones ocurre de octubre a
mayo, con una mayor frecuencia durante los meses de febrero y marzo
(Nahed, 1999; Nahed y López, 2000). Sin embargo, otros estudios
demuestran que la época de pariciones se concentra entre los meses de
noviembre a enero (Ley et al., 1986; Perezgrovas y Castro, 2000).
Todo el rebaño (hembras y machos) incluyendo a los corderos,
permanecen juntos durante todo el año. El destete de los corderos se
realiza de manera natural, es decir, hasta que la madre rechaza el
amamantamiento, lo cual ocurre alrededor de los seis meses de edad
(Perezgrovas y Castro, 2000). Existen algunos estudios que indican que
el borrego Chiapas presenta un anestro estacional (Ley et al., 1986;
Perezgrovas, 1999).
Sin embargo, tanto en la comunidad “Dos Lagunas”, municipio de
San Cristóbal de las Casas, como en la comunidad “Los Pozuelos”
municipio de San Juan Chamula, las mujeres aseguran que los partos
ocurren durante todo el año, y en el periodo de finales de otoño a
principios de invierno se concentra la frecuencia de las pariciones
(Martínez, 2001; Zúñiga y Martínez Alfaro, 2017). En algunas
comunidades, las mujeres eligen la temporada de empadre, y no
consideran una prioridad tener machos sementales, ya que un macho
semental puede aparearse con hembras de varios rebaños, ya sea en los
agostaderos o en los corrales, en ambos casos este intercambio es con el
consentimiento de la dueña del semental. De esta forma, las pastoras
eligen el semental con características deseables desde su punto de vista,
aun cuando el macho no sea de su rebaño. Las características que
generalmente buscan son: el color del pelo, el tamaño, el comportamiento
sexual, entre otras.
d) Manejo de Salud Animal
En la Comunidad “Dos Lagunas” del municipio de San Cristóbal
de las Casas, el promedio de la tasa de natalidad en el borrego Chiapas
fue de 66%, lo cual representa una proporción baja (Martínez, 2001). Sin
embargo, es necesario considerar varios factores tales como la
disponibilidad de forraje en la época de sequias, la competencia entre
machos (considerando que en los rebaños la proporción de machos y
hembras es relativamente alta; 1:2.78, respectivamente), y la edad de las
borregas, ya que se observaron borregas de más de 12 años de edad
(Martínez, 2001).
Una de las principales causas de la mortalidad del borrego
Chiapas, es la diarrea, siendo los corderos los más susceptibles a este
padecimiento. La mayor proporción de mortalidad de los corderos parece
estar asociado a un proceso infeccioso cuyo indicador son temperaturas
que van de los 38.5 a 40.5 ºC (Martínez, 2001). Sin embargo, Alemán y
Hernández, (2001) argumenta que la diarrea de los corderos puede ser de
tipo mecánica, por efecto del destete o debido al primer consumo de
forraje, considerando que la mortalidad de los corderos ocurre a los 2.13
meses de edad (Martínez, 2001).
La mortalidad del borrego Chiapas, bajo condiciones de manejo
tradicional, es relativamente baja 4.45% (9/202) en adultos, y 8.13%
(7/83) en crías (Martínez, 2001). Estos resultados son consistentes con
los obtenidos recientemente en un taller participativo con pastoras de la
comunidad “Los Pozuelos”, municipio de San Juan Chamula, en el cual
se tomaron datos retrospectivos de un año y se estimó que la mortalidad
de corderos fue 9.09 %, mientras que la mortalidad de los adultos fue de
5.71%. Por otro lado, la morbilidad tanto de borregos adultos, como de
las crías, también se comporta relativamente bajo, considerando que
dentro del manejo tradicional que realizan las pastoras, generalmente no
aplican ningún biológico (vacuna), ni antiparasitarios en los rebaños.
La proporción de corderos enfermos y/o muertos respecto al total
de corderos de los rebaños en la población “Dos Lagunas”, municipio de
San Cristóbal de Las Casas, se muestra en la tabla 1. La principal causa
de mortalidad que se presentó durante el periodo de estudio (2001) fue la
diarrea. El promedio de edad de muerte fue de 2.13 meses (± 12.6 días).
Mientras que la temperatura promedio registrada en los animales
enfermos fue de 39.18 °C (±0.15) con un rango de 38.5 a 40.9 °C, lo cual
sugiere un proceso infeccioso (Martínez, 2001)
244
Es importante mencionar que tanto en el estudio realizado en la
comunidad “Dos Lagunas” por Martínez (2001), como en los Talleres
realizado recientemente por Zúñiga y Martínez-Alfaro (2017) en la
comunidad “los Pozuelos”, el manejo Sanitario no ha cambiado, es decir,
el 100% (15/15) de las pastoras encuestadas siguen sin utilizar vacunas y
ni medicamentos antiparasitarios en sus rebaños.
246
Figura 5. El uso de bozal, como medida preventiva para el control de
enfermedades parasitarias y consumo de plantas toxicas en el
borrego Chiapas. Fuente: Foto editada del periódico Cuarto Poder
(2017).
a) Diarreas
La diarrea es manifestación clínica que puede ser ocasionada por diversos
factores, y ésta puede estar asociada a otras enfermedades. Su origen
puede ser bacteriano, por incidencia de parásitos intestinales o de tipo
mecánica, es decir debido a un cambio en la alimentación (Alemán, et
al., 2001). Existen diferentes plantas que las Pastoras utilizan como
tratamiento para las enfermedades digestivas (diarreas) dependiendo de
la disponibilidad de la planta y del estado fenológico de la misma. Por
ejemplo, para el tratamiento de la diarrea en el borrego Chiapas de la
región de los Altos de Chiapas pueden utilizarse las hojas de Pino (Pinus
sp.), principalmente en los municipios de San Juan Chamula y San
Cristóbal de las Casas, donde la vegetación predominante es de Pino-
Encino. Mientras que las pastoras tsotsiles que han migrado a la Región
de Valles Centrales de Chiapas (Cintalapa de Figueroa y Jiquipilas),
utilizan las hojas o el fruto del árbol de “Cuahulote” (Guazuma ulmifolia
Lam) o el tallo de “Guaco” (Aristolochia máxima). Las pastoras de San
Juan Chamula utilizan las hojas de la planta de olor (Tuil momol), cuando
las ovejas únicamente presentan dolor de estómago, el cual es
diagnosticado por las pastoras, de acuerdo a algunos signos
característicos, tales como inapetencia (falta de apetito), y postración.
Los signos clínicos son observados generalmente por varias pastoras, y
las de mayor experiencia en el cuidado y manejo de los ovinos, son
quienes diagnostican y recomiendan el tratamiento adecuado, la dosis
empleada es descrita en la tabla 2.
b) Tos o gripe
Otras de las enfermedades comunes que presentan los ovinos es una
enfermedad respiratoria que algunas la identifican como tos o gripe
(Alemán et al., 2001), la cual esta generalmente asociada a heladas,
aunque los que se ven mayormente afectados son los corderos, y parece
ser que en los corrales fijos al aire libre la frecuencia es mayor. Para este
cuadro clínico las mujeres usan la planta “Nich chijite” la flor de la planta
Sauco (Sambucus sp), la dosis utilizada es un puño de flor, hervida en un
248
litro de agua y administrada vía oral dos veces al día. Es importante
mencionar que la dosis depende de la edad y peso del animal. Es decir,
que a un cordero lactando puede administrársele un cuarto de la dosis
(250 ml), mientras que un cordero de destete puede administrársele entre
400 y 500 ml. La dosis para una oveja adulta, es suficiente con 1 litro de
agua. La frecuencia de administración es de mañana y tarde cada 12 horas
(tabla 2).
Es importante mencionar que la valoración de la dosis es
responsabilidad de la pastora. Sin embargo, en la mayoría de las veces, si
la pastora es muy joven, ésta consulta con las mujeres de mayor
experiencia en el manejo y cuidado de los animales.
Tabla 2. Plantas medicinales utilizadas por pastoras tsotsiles en el
tratamiento de las enfermedades de los ovinos en la Región Altos de
Chiapas y en Valles Centrales de Chiapas.
Nom Vía de
Enferme Nombre Nombre Dosifica
bre administra
dad común científico ción
tsotsil ción
Un puño
Pinus por 1
Diarrea Ni tos Pino Oral
pinus litro de
agua
10 hojas
Solanum
Diarrea ------ Sosa Oral en 1 litro
torvum
de agua
Un puño
Chuahul Guazuma
Diarrea ------ Oral en 1 litro
ote* ulmifolia
de agua
Aristoloc 10 cm
Diarrea ------ Guaco** hia Oral por litro
maxima de agua
Chenopod
15 hojas
Parasitosi Ko ium
Epazote Oral por litro
s kono ambrosioi
de agua
des
3 cabezas
Mak machaca
Ajo Allium
Aire ta Oral d por 1
macho sativum
axux litro de
agua
3 ramitas
Meste Bracchari
Aire Escobillo Oral por litro
` s conferta
de agua
50 ramas
Adiantum
Aire Tsi`m Helecho Oral por litro
adicola
de agua
Tuxn
20 hojas
u
Agalactia ------ ------ Oral por litro
momo
de agua
l
Un
Tuil pedazo
Dolor de
momo ------ ------ Oral de raíz
estomago
l por litro
de agua
Un puño
Nich Flor de Sambucus de Flor
Tos gripa Oral
chijite Sauco sp por litro
de agua
Una
Mordedu Cissampe
semilla
ra de ------ Curarina los Oral
cada 12
Víbora pareira
horas
Fuente: Datos obtenidos a partir del Taller de Etnoveterinaria y buenas
prácticas de manejo en los ovinos en la comunidad de “Los Pozuelos”,
municipio de San Juan Chamula, y “Esperanza de los Pobres”, municipio
de Cintalapa de Figueroa, Chiapas.
d) Agalactia
Otro de los problemas de sanidad animal que las mujeres han percibido
en algunas borregas, principalmente las primíparas, es la agalactia (baja
o nula producción de leche). Para estos casos, las pastoras proporcionan
algunos tratamientos tales como la infusión a base de té de una planta
llamada en tsotsil Tuxno momol, de la cual se utilizan aproximadamente
20 hojas por litro de agua y se administra aproximadamente un litro del
té por día. Éste tratamiento puede prolongarse durante 6 o 7 días
consecutivos. Además, se puede complementar este tratamiento con el
“pozol” (masa de maíz, disuelta en agua), para estimular la producción
de leche. Esta práctica ha sido utilizada desde hace muchos años, y como
en la mayoría de las prácticas etnoveterinarias, se ha transmitido éste
conocimiento tradicional a través de las generaciones.
La suplementación en borregas recién paridas a base de “pozol”
está asociada a una mayor condición corporal de las borregas (P<0.05), y
a una mayor sobrevivencia de corderos (Martínez, 2001), lo cual puede
ser debido a una mayor producción de leche. Estos resultados, soportan
los argumentos de las pastoras sobre el hecho de que la suplementación
a base de “pozol” es un tratamiento para incrementar la producción de
leche de las borregas, principalmente las borregas de primer parto.
Conclusiones
La ovinocultura de la zona borreguera de la región Altos de Chiapas, tiene
características particulares que merece el reconocimiento de las mujeres
tsotsiles, quienes han sido las responsables de cuidar, manejar e integrar
al borrego Chiapas (Batsi chij) como parte importante de las familias y
de los grupos familiares. Además, han sido ellas, (las pastoras) quienes a
través del conocimiento tradicional han desarrollado diferentes
estrategias que ha permitido la conservación, adaptación y sobrevivencia
del borrego Chiapas han sido las pastoras, que a través de la convivencia
diaria con las ovejas, en los pastizales, en las praderas, en el acahual, en
el bosque, en la milpa, donde se ha forjado a través de centenares de años,
el conocimiento acerca del manejo y cuidado de los borregos, de las
plantas medicinales, de las enfermedades y su tratamiento, de las
mortalidades y su control.
La ovinocultura de los Altos de Chiapas representa un sistema de
producción ovina tradicional con características específicas que la hacen
diferente de los sistemas de producción pecuaria convencionales, debido
a las condiciones culturales, ecológicas y socioeconómicas. En este
sentido, han sido ellas, las pastoras tsotsiles, quienes a través del uso de
las plantas medicinales y el conocimiento tradicional del manejo para la
prevención y control de enfermedades del borrego Chiapas
(etnoveterinaria) ha rescatado a uno de los recursos zoogenéticos más
importantes de los Altos de Chiapas y probablemente del país el borrego
Chiapas.
252
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254
Capítulo 10.- La zooarqueología en Chiapas: una mirada desde la
región de Palenque durante el Clásico Tardío
Resumen
La zooarqueología es una disciplina encargada de estudiar los restos
animales en los sitios arqueológicos. En el estado de Chiapas los estudios
bajo este esquema han cobrado fuerza durante la última década,
ayudando a comprender de una mejor manera la interacción que tuvieron
las culturas antiguas con su ambiente. El presente estudio, a través del
análisis de restos óseos animales, etnografía y estudios ecológicos,
indaga el aprovechamiento del paisaje por parte de los habitantes de la
región de Palenque durante el Clásico Tardío. Este trabajo propone un
nuevo acercamiento a las interpretaciones paleoambientales de las tierras
bajas mayas, sugiriendo que la idea de que los habitantes de la región
acabaron con sus recursos locales, llevando a un ambiente insostenible y
al abandono del área hacia el Clásico Terminal, puede estar equivocada.
Introducción
La zooarqueología es una disciplina emanada de la arqueología, apoyada
por ciencias como la biología y la ecología, que se centra en el estudio de
la relación que el ser humano ha tenido con las poblaciones animales a lo
largo del tiempo (Davis, 1987; Reitz y Wing, 2008). De esta forma, su
campo de investigación son los restos animales hallados en los sitios
arqueológicos, para conocer el aprovechamiento diferencial que las
sociedades del pasado daban a la fauna. Los restos faunísticos consisten
generalmente en las partes duras de los animales: huesos, dientes,
cuernos, conchas y caracoles. Las partes blandas (carne, piel, pelo y
plumas) no suelen conservarse debido a la naturaleza de su rápida
descomposición, aunque, en casos excepcionales, logran preservarse
(Varela, 2013:1).
El estudio de los animales arqueológicos comienza con la
identificación del resto y de la especie a la que perteneció. Así, los
zooarqueólogos deben estar familiarizados con aspectos básicos de
anatomía. Para realizar esta primera tarea es necesario contar con una
buena colección de referencia, es decir, con una biblioteca ósea de las
especies que habitan en la región de estudio. Posteriormente se analizan
algunos aspectos de la vida del animal como el sexo y la edad en que
murió. Estos datos son importantes pues permiten conocer las
preferencias culturales de los habitantes de la región por ciertos grupos
de animales. A la par de esta tarea se estudian las marcas presentes en los
restos, las cuales pueden ser de varios tipos y permiten reconstruir desde
el momento en que el animal fue cazado hasta su recuperación en campo.
Las primeras huellas son las relacionadas con la vida misma del
individuo. Por ejemplo, huesos fusionados nos hablarán de individuos
adultos mientras que una “secreción ósea”, de una herida producida por
una flecha, la cual puede indicarnos la causa de muerte. En seguida se
estudiarán aquellas marcas que indiquen la forma en que se destazó y
preparó al animal, previo a su cocción. Estas pueden ser huellas de corte
a la altura dónde se unen algunos huesos (zonas de articulación), marcas
en las falanges y el cráneo (remoción de la piel) o en las costillas y
vértebras (fileteo de la carne).
Otras huellas posteriores estarán relacionadas con la preparación y
el consumo de los animales. Por ejemplo, la coloración en los huesos es
un indicador de cocción, misma que puede ser directa (sobre el fuego) o
indirecta (usando líquidos), aunque hay que tener presente que esta se
realiza, generalmente, cuando aún se tienen paquetes musculares.
Finalmente, algunas marcas presentes en los huesos se vincularán con la
formación del contexto arqueológico, es decir, una vez desechados los
restos animales pasan por una serie de eventos desde que los entierran,
quedando expuestos a la afectación tafonómica. Así, los depósitos
quedan a “merced” de diferentes agentes biológicos y físicos que,
finalmente, se reflejan en su recuperación por el arqueólogo. Algunas de
estas pueden ser huellas de raíces, marcas de roedores, corrientes de agua,
sol, entre otros (Para mayor discusión ver Reitz y Wing, 2008:117-152).
Es de suma importancia que los materiales zooarqueológicos sean
cuantificados y separados por especie, familia o género dependiendo el
caso. De esta forma, nos aseguraremos de conocer el grado de
explotación animal por los pobladores de un sitio y el impacto que
tuvieron en su entorno inmediato.
Una parte de los estudios zooarqueológicos que más interesa es la
relacionada con los ecosistemas que fueron aprovechados por los
pobladores antiguos. Así, los restos de fauna son importantes pues
brindan pistas sobre las condiciones del entorno en el pasado, ya que las
256
especies halladas en los sitios arqueológicos son usualmente las que se
encontraban en contacto directo con las poblaciones humanas (Reitz y
Wing, 2008). Este tipo de estudios se llama “site catchment analysis” o
análisis de sitios de captura y se enfoca en el componente espacial de la
caza a través de las especies identificadas en el sitio (Hunt, 1992:283;
Reitz y Wing, 2008:257).
En el presente capítulo se integran los resultados de un análisis
zooarqueológico tradicional (descrito previamente), la revisión
bibliográfica de trabajos previos en la región tanto de corte
zooarqueológico como ecológico, así como la incorporación de estudios
etnográficos recientes. El objetivo es analizar los espacios que fueron
aprovechados por los habitantes de la región de Palenque, con la hipótesis
de que la subsistencia en el entorno selvático del área, durante el Clásico
Tardío (750-850 d.C.), era más compleja de lo que se pensaba ya que los
datos ponen en duda las hipótesis de sobreexplotación del ambiente como
causa del abandono de las grandes ciudades hacia el Clásico Terminal
(900 d.C.).
258
La vegetación dominante en la región es la selva alta perennifolia
o bosque tropical lluvioso. Este paisaje florístico dominó el área hace
apenas un siglo, sin embargo, debido al uso de tierras para el pastoreo y
agricultura, actualmente solo se conservan manchones en la serranía,
siendo la principal, el área natural protegida que rodea la zona
arqueológica de Palenque.
Cabe destacar que asociados a estos manchones de bosque existe
vegetación secundaria producto de la siembra de subsistencia. Esta
vegetación se encuentra en diferentes sucesiones, desde pastizales,
vegetación secundaria, hasta bosques con árboles de más de 25 m de
altura. Asimismo, al ser un territorio donde confluyen las dos regiones
fisiográficas antes mencionadas, se puede observar la sucesión de
diferentes tipos de vegetación relacionados a las condiciones
edafológicas que son determinadas por la cuenca del río Usumacinta. En
este contexto, la selva alta que se da al pie de la serranía entra en contacto
con lomeríos y zonas planas con un drenaje deficiente, dando lugar a
zonas pantanosas con tulares, popales, selvas bajas y medianas.
Esta zona semipantanosa, justo entre los límites de los estados de
Tabasco y Chiapas, se denomina: humedales La Libertad-Sistema
Lagunar Catazajá. Ubicados en las cuencas hidrológicas de los ríos
Chacamax y Usumacinta, estos humedales poseen una gran biodiversidad
ya que alojan una rica variedad de especies endémicas y de importancia
económica. En el pasado colonial una de estas fuentes primordiales fue
el palo de tinte (Haematoxylum campechianum), el cual, después de
conocerse sus propiedades como colorante, fue explotado ampliamente
por la corona española (Pinkus, 2010:58). Este sistema de humedales está
registrado ante la Convención de Ramsar por lo que se encuentra bajo
protección y sujeto a un plan de manejo (Anónimo, 2011). Los humedales
en conjunto albergan más de 5 especies de peces, 5 especies de reptiles,
99 especies de aves y 10 de mamíferos. Entre la fauna más representativa
se encuentran el robalo (Centropomus sp.), la tenguayaca (Petenia
splendida), el pejelagarto (Atractosteus tropicus), el sábalo (Megalops
atlanticus), la guabina (Eleotris sp.); reptiles como el cocodrilo de
pantano (Crocodylus moreletii), la iguana verde (Iguana iguana), la
tortuga cocodrilo (Chelydra serpentina rossignonii) y la tortuga hicotea
(Trachemys venusta); aves como la cigüeña americana (Mycteria
american), el águila canela (Busarellus nigricollis), la garza castaña
(Agamia agami), el garzón cenizo (Ardea herodias), el jabirú (Jabiru
mycteria); mamíferos como el mono saraguato (Alouatta pigra), el
tigrillo (Leopardus wiedii), el viejo de monte (Eira barbara), la nutria de
río (Lontra longicaudis) y el puerco espín (Coendou mexicanus)
(Ramírez, 2008:8).
262
Zooarqueología de la región de Palenque
El estudio del aprovechamiento animal en el área de Palenque ha
cobrado auge recientemente. Durante mucho tiempo las investigaciones
en torno a los restos faunísticos se centraron únicamente en el sitio
arqueológico de Lakam ha’.32 Estos fueron de corte estrictamente
biológico pues solo se buscaba identificar la especie hallada. Asimismo,
fueron priorizados contextos especiales como las ofrendas dentro de los
pisos de los edificios. Estos trabajos datan principalmente de mediados
del siglo pasado cuando Alberto Ruz trabajó en el sitio excavando
diferentes estructuras del núcleo central. Es a partir de los trabajos de
Rosalba Nieto, en el Palacio, que se intenta relacionar la fauna más allá
de las cuestiones rituales. Durante este proyecto, en diversos pozos de
sondeo dentro del Palacio, se halla una gran cantidad de peces y reptiles,
entre estos la tortuga blanca (Dermatemys mawii) (Álvarez y Ocaña,
1994). Destaca el contexto de la casa K del Palacio por la gran cantidad
de róbalo blanco (Centropomus undecimalis) y tenguayaca (Petenia
splendida), sugiriendo la probabilidad de una cocina en este espacio
(Olivera, 1997). De igual forma, en un montículo cercano al museo de
sitio, Álvarez y Ocaña (1994) reportan hocofaisán (Crax rubra), coatí
(Nasua narica), puma (Puma concolor), ocelote (Leopardus pardalis),
tepezcuintle (Cuniculus paca) y venado cabrito (Mazama temama).
264
paleoambiental del asentamiento, así como las prácticas culinarias de los
habitantes de Chinikihá.
El venado cola blanca es la especie preferida en la antigua urbe y
está relacionada con banquetes o festines rituales de la élite gobernante,
principalmente durante el periodo Clásico Tardío (Montero y Varela,
2017). El hecho de que el porcentaje del venado cola blanca sea tan alto
durante este periodo sugiere además que los cérvidos se encontraban en
los alrededores y que no escaseaban. La preferencia por el cuarto trasero
en animales de todas las edades apoya la hipótesis de una selección del
venado para usos específicos, probablemente para llevar a cabo
celebraciones particulares, ya sean asociadas al calendario ritual o
relacionadas al ciclo de vida humano: nacimientos, muertes,
entronizaciones, entre otros (Montero, 2011a; Varela, 2013; Montero y
Varela, 2017). Lo anterior, indica además una distribución desigual de
las presas de caza, como una forma de marcar distinción y poder de la
élite local (Montero, 2011a; Varela, 2013).
Por otro lado, Coral Montero (2011b) analizó isotopos de estroncio
en restos de venado cola blanca y pecarí de collar. Los resultados sugieren
una dieta rica en plantas silvestres con acceso ocasional a milpas. Lo
anterior permite inferir que en los alrededores del asentamiento existían
bosques conservados y pastizales dónde vivían estos animales y que ahí
fueron cazados (Montero, 2011a:301). Finalmente, otro sitio incorporado
al análisis regional de aprovechamiento de fauna es Santa Isabel, un
asentamiento con una secuencia de ocupación larga ubicada a unos 8 km
al oeste de Palenque. El análisis de un contexto temprano fechado para el
Preclásico Tardío (250 a.C.) en este sitio revela la presencia de hicotea
(Trachemys venusta), tortuga blanca, armadillo, tepezcuintle, puerco de
monte y venado cola blanca (Varela, 2015).
33Para una mayor discusión, ver Emery (2004:81-82), Ford y Nigh (2015:85-96),
Shimkin (1973), Trabanino (2014:20-23).
266
indígena maya como: alimentación, fabricación de artesanías, uso como
barbascos, colorantes, combustibles, para la construcción, fibras,
decorativos, herramientas, medicinales, curtidores, pegamentos, reservas
de agua, resinas y techumbre. 34
Cabe señalar que este complejo sistema de relación hombre-
naturaleza ha sido detectado en otras partes del neotrópico. Una muestra
particular es la cuenca del Amazonas donde se ha encontrado una
distribución importante de especies utilitarias en antiguos asentamientos
humanos, mismas que siguen siendo empleadas por los pobladores
actuales. Dentro de estas especies destaca el árbol de nuez amazónica
(Bertholletia excelsa) cuyos usos actuales son variados, pasando desde
alimento hasta ser empleado como cebo para cazar diversos mamíferos
(Balée, 2013). Este árbol se encuentra distribuido a lo largo y entre los
límites de lo que fueron antiguas poblaciones humanas, conformando así
bosques donde esta especie es dominante gracias a que pueden vivir
cientos de años. Grandes extensiones de esta especie sugieren que su
distribución obedece a la selección humana (Balée, 2013:42). Estos
datos, aunado a la creación de suelos productivos y el manejo del paisaje,
permitieron la expansión de la población a tal grado que el tamaño
mínimo de personas habitando el Amazonas, en época precolombina,
pudo oscilar entre los ocho y diez millones de personas (Clement et al.,
2015).
Discusión
Los restos animales que se han recuperado en la región de Palenque nos
permiten conocer el acceso a los recursos locales y foráneos que tenían
sus habitantes. Asimismo nos hacen referencia a las preferencias
alimentarias de los palencanos respecto al espectro de fauna que había en
los alrededores. Cuando observamos la arqueofauna por sitio es posible
270
notar algunas diferencias. Si bien en todos los sitios está representada
fauna local, algunos asentamientos tienen una marcada preferencia por
ciertos animales; tal es el caso de Palenque y Chinikihá pues en ambos
asentamientos la predilección culinaria se enfoca en dos especies.
Así, mientras que en Palenque la élite local opta por la tortuga
blanca, en Chinikihá tienen un gusto especial por el venado cola blanca.
En ambos sitios estos dos animales son los más representados tanto en
contextos palaciegos como en unidades habitacionales. Aunque en
Palenque encontramos en menor medida venado cola blanca, el cérvido
aparece constantemente en todos los contextos y, podríamos decir, en
buena cantidad. Por otro lado, en Chinikihá encontramos restos de tortuga
blanca pero en muy bajas proporciones. ¿Por qué ocurre lo anterior?
Una respuesta que puede explicar este fenómeno es la relacionada
con la importancia y poder político a nivel regional de ambos
asentamientos, lo cual se materializa no solo a través de una mayor
cantidad de población, de estructuras, calidad constructiva, entre otros,
sino también en el flujo y aprovechamiento de las especies animales
halladas. En Palenque, además de contar con recursos locales, también
existe una gran variedad de especies foráneas provenientes de los océanos
Pacífico y Atlántico. Lo anterior señala que el nivel de importancia de
cada sitio jugó un papel trascendental en la interacción regional. Es
posible pensar entonces que el señorío de Baakal35 ejercía un estricto
control en el acceso a los recursos de la región (Varela, 2013).
En cuanto a la fauna alóctona, únicamente Palenque es el sitio que
las contiene y corresponden en su mayoría a moluscos gasterópodos y
bivalvos marinos (Tabla 1). Cabe mencionar que estas especies han sido
encontradas en unidades habitacionales de alto estatus así como en el
Palacio del sitio. Esto nos habla del prestigio que este tipo de bienes
poseía. En este sentido, debemos señalar que estos recursos fueron
empleados para confeccionar diversos artefactos de adorno personal
como collares y pulseras, denotando el estatus de quien los portaba.
272
Chione Almeja Murciél
cancellata+ roñosa agos
Anadara Almeja de
transversa+ arca B
Murciél
Anadara ovalis+ Almeja
agos
Pinctada Murciél
Madre perla
mazatlanica+ agos
Carditamera Murciél
¿?
floridana+ agos
Laevicardium Murciél
¿?
robustum+ agos
Anomalocardia Murciél
¿?
brasiliana+ agos, I
Almeja
Rangia cuneata+
gallito I
Polymesoda Almeja
caroliniana+ negra I
Peces
kay
Atractosteus
Pejelagarto ¿?
tropicus I, IV
Procede
Maya
ncia
ch'ol
Maya (Grupo
Latín Español (Palenque
clásico s
/Salto de
domésti
Agua)
cos)
Ariopsis felis Bagre ¿? B, I, IV
Ictalurus Murciél
Bagre ¿?
meridionalis agos, I
Rhamdia
Bobo xlu'
guatemalensis I
Cichlasoma Mojarra Murciél
trimaculatum+ negra agos, I
Cichlasoma Mojarra
ic'chʌy
urophthalma pinta IV
Thorichthys meeki Mojarra boca de fuego ¿? I
Murciél
Petenia splendida Tengüayaca xch'ebac agos, B,
I, IV
Murciél
Centropomus Robalo
¿? agos, B,
undecimalis blanco
I, IV
Reptiles
274
Murciél
Crax rubra Faisán chʌcmut
agos
Colinus
Cuiche tojc'ay
virginianus B, I
Mamíferos
Didelphis Tlacuache/z
uch uch
virginiana orro I
Dasypus
Armadillo ibach wech
novemcinctus I
Orthogeomys Murciél
Tuza baj
hispidus bah agos, I
Murciél
agos, B,
Cuniculus paca Tepescuintle chik tie'lal C, I
Dasyprocta
Sereque ujchib
punctata I
Murciél
Canis lupus
Perro ts'i' agos, B,
familiaris
tzul C, I, IV
Murciél
chʌc
Puma concolor Puma koj agos, B,
bajlum
C, IV
276
técnicas se usasen durante el Clásico. Destaca el uso de un bejuco que
llaman “palo pescado” como barbasco, el cuál suelen moler y aplicarlo
sobre la corriente de agua en un lugar previamente preparado para así
atrapar a los peces que quedan paralizados por la acción de la planta
(Varela, 2016a). Asimismo, cabe la posibilidad del uso de otras
herramientas que no persistieron al paso del tiempo como arpones de
madera similares a los que usan los lacandones modernos (Marion, 1991).
Conclusiones
La zooarqueología es una disciplina que nos permite entender la relación
que las sociedades del pasado establecieron con su entorno. Cuando a los
análisis zooarqueológicos le añadimos las investigaciones de otras
disciplinas como la etnografía y la ecología observamos que la
información conjunta puede ayudarnos a interpretar de una mejor forma
la relación hombre-naturaleza. Los datos vertidos en el presente capítulo
señalan que las prácticas tradicionales de subsistencia están basadas en
un profundo conocimiento de la selva, resultado de miles de años de
experiencia y observación del ambiente circundante. Este conocimiento
está íntimamente conectado con las tradiciones orales y experiencias de
vida diaria, que comienza desde la infancia (Hunn, 2008). De esta forma,
no resulta extraño que los habitantes indígenas de Mesoamérica posean
un amplio bagaje respecto a las plantas, animales y paisajes que los
rodean. En este sentido, se hace necesario conocer a fondo su perspectiva
ya que puede ayudar a solventar de una mejor manera los problemas
actuales de deforestación y la pérdida de biodiversidad.
280
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284
Capítulo 11.- El agua entre los grupos mayas
Resumen
Con base en lo aprendido durante 20 años de trabajo de campo en el
sureste de México estudiando a la agricultura tradicional, se hace una
breve descripción sobre el papel que tiene el agua en la cosmovisión y en
la agricultura de algunos pueblos mayenses. Se comienza por una
descripción de la traducción de la palabra agua en 32 de estos pueblos,
desde el sureste mexicano hasta Guatemala. Se presenta la relación entre
el agua y la cultura con sus múltiples facetas, desde su presencia en la
cosmovisión, los conocimientos locales en torno al líquido y las prácticas
agrícolas, hasta los mecanismos de gestión generados. Se evidencia la
forma en que el vital líquido siempre ha estado presente en los mitos de
origen de los pueblos del mundo por su importante y determinante papel
en la subsistencia. Se hace un breve recorrido por diferentes comunidades
que realizan festividades al agua y la similitud entre las mismas, donde
se observa el sincretismo entre los dioses prehispánicos y los católicos.
Finalmente se describe la geografía maya y su interrelación con los
procesos adaptativos socioculturales, en particular con el ciclo de cultivo
anual, donde el inicio de las siembras, el período de vida de las plantas
cultivadas, el ciclo de vida de las comunidades y su tecnología conforman
una compleja respuesta al ciclo anual de la lluvia y de disponibilidad del
agua, radicando ahí otra de las causas por las que ha sido venerada.
Introducción
El término agua se conoce como ha’ (já) entre los tseltales, choles, chujes,
tojolabales, chontales de Tabasco, mayas yucatecos, como a’ (a) entre los
mam y como jo’ (jó) con los tsotsiles. La importancia del agua es tal para
ellos y los 32 pueblos de habla mayense que desde siempre han estado
hermanados con ella tanto en lo material como en lo espiritual.
Hoy, al preguntarle a cualquier campesino o campesina de la
región sobre cuáles serían sus principales necesidades materiales,
invariablemente nos mencionan casi en este orden: el agua, el maíz, el
frijol, la leña, plantas comestibles, animales para comer, sopas de pasta,
medicinas.
Al remontarnos al pasado, la disponibilidad de agua fue uno de
los criterios más importantes para establecer una comunidad: entre los
mayas de la Península de Yucatán, todos los sitios arqueológicos
conocidos están cerca o alrededor de un cenote o una aguada (Velázquez
Morlet et al., 1988; Thompson, 1990; Coe, 1995). Los tsotsiles y tseltales
de los Altos de Chiapas se establecieron cerca de ojos de agua y pequeñas
lagunas. Los tseltales, ch’oles y lacandones, pobladores de la selva y de
las estribaciones de las montañas del norte de Chiapas, siempre buscaron
las orillas de un río, arroyo o laguna.
Al continuar retrocediendo en la línea del tiempo, los grupos
olmecas, cholanos y mayas que habitaron la llanura tabasqueña desde el
preclásico medio, por el año 1 500 antes de nuestra era, lo hicieron en los
bordos de ríos y arroyos donde, escapando de las inundaciones
periódicas, pudieran tener acceso siempre al vital líquido.
El agua fue, además, el medio de comunicación más importante
en las tierras bajas. Para el posclásico maya, se tiene bien documentada
la extensa red de comunicación por mar y por ríos, desde la laguna de
Términos en el suroeste de Campeche hasta Centroamérica (Chapman,
1975; Cardos de Méndez, 1959; Vargas Pacheco y Ochoa, 1982). Más
aún, gran parte de los pueblos que habitaron en la llanura tabasqueña lo
hicieron prácticamente en el agua, en bordos riparios o lagunares
(Fernández Tejedo et. al, 1988).
Tampoco debe ignorarse el papel que el río Grijalva tuvo en la
transmisión de cultura y bienes de diversa índole entre las ancestrales
culturas olmeca, pobladora de la vertiente del Golfo de México, y la
mocaya, pobladora de la vertiente mexicano-guatemalteca del Océano
Pacífico desde el preclásico temprano, a partir de 1 650 a.C. (Clark y
Blake, 1994).
Esta relación entre los pueblos y el agua se ve reflejada en la
cosmovisión. Por ejemplo, en algunas representaciones olmecas aparece
el agua en forma de ondas esculpidas en la piedra, asociadas a deidades
primigenias como es el jaguar y maíz. De hecho, hacia 1 500-1 200 a.C.,
el maíz, el agua, la fertilidad y el soberano eran los principales objetos de
culto (Florescano, 2007).
286
En el Popol Vuh, documento que a principios del virreinato
recogió muchas de las tradiciones y leyendas sobre el origen del pueblo
maya quiché, se dice que en un principio todo era agua.
… No existía nada edificado. Solamente el agua limitada, solamente la
mar tranquila, sola, limitada. Nada existía. Solamente la inmovilidad,
el silencio, en las tinieblas, en la noche. Sólo los Constructores, los
Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los
Procreadores, los Engendradores, estaban sobre el agua…” (Ximénez,
2002).
288
Cuando el posole se deja fermentar se agría y una gran cantidad de
microorganismos benéficos se desarrolla haciéndola la mejor fuente de
antibióticos, a modo de arsenal campesino que data de milenios (datos de
trabajo de campo). Cuando el balché se fermenta se torna en la bebida de
los dioses. Ambas bebidas son utilizadas por otros pueblos de tierra
caliente como los lacandones, y los chontales de Tabasco que la hacen a
partir del chibalté (Lonchocarpus sp.) o palo borracho, llamando a la
bebida guarapo (com. Per. Dr. Miguel Ángel Magaña, 2016).
Entre tsotsiles y tseltales de los Altos de Chiapas el agua es muy
importante puesto que la mayor parte de su territorio es de origen cárstico
y hay pocas corrientes de agua superficiales. Durante la época de secas,
específicamente entre febrero y principios de mayo, el agua escaseará
invariablemente y por esa causa la población atribuye a los ojos de agua
o manantiales un carácter sagrado. Los simbolizan por una a tres cruces
permanentes de color azul y son reconocidos como color celeste por la
población local (figura 1). Estos cuerpos de agua son la casa de un Anjel
(ángel), personaje mítico dueño del espacio sagrado a quien es menester
hacerle ofrendas de manera permanente y para quien hay un personaje
específico (Figura 2).
Tengo una creencia espiritual, hay que llevar muchas veladoras,
incienso para que los ánjeles cuiden el agua, solo los ánjeles
pueden mejorar; ellos saben lo que hacer (S.M.G., mencionado
por Benez y Kauffer, 2012).
Los anje’letic (ángeles) tienen a su cargo el mantenimiento de
ojos de agua, del bosque, de la abundancia, y de los animales. Su
manifestación es también la del rayo. Es a estos dioses (dueños,
cuidadores, señores) que los tsotsiles les rinden culto a través de la fiesta
del tres de mayo, cuando inicia el periodo de siembra (Murillo, 2007).
Estos rituales tienen la finalidad de comunicarse con las deidades
ancestrales y con el Señor de la Tierra, así como para llevar ofrendas a
los Anjeles, dueños de cerros y manantiales (figura 3) (Murillo, 2005).
290
Figura 3: Trinomio sagrado entre los pueblos de los Altos de Chiapas:
maíz, agua y cruz hogar del Anjel, dueño y cuidador del afloramiento
hídrico.
294
Se destaca que el santo patrono de los pueblos tiene personalidad
divina y humana, asignándole potestad sobre los hombres y la naturaleza,
siendo especialmente asociados a los rayos productores de la lluvia y el
agua de tal manera que el Santo, el rayo, el agua, la agricultura y, en
especial, el maíz y el frijol están íntimamente ligados (datos de trabajo de
campo).
En la zona tseltal, al poseedor del conocimiento se le denomina
ilwanej o tatuch, dependiendo del pueblo, y realiza el mismo ritual. En el
municipio de Tenejapa existe la leyenda de la Virgen de Banabil que vive
en la Laguna Suyul, a quien cada tres años la población ofrenda un
vestido hecho nuevo. De la satisfacción de ella dependerán las lluvias de
los años por venir. Las lagunas también tienen dueñas y ellas son vírgenes
y sirenas (datos de trabajo de campo).
La tradición oral recogida de Don Juan Antonio y Doña Nazaria por Pérez
(2014) afirma lo siguiente:
Anteriormente, cuentan nuestras abuelas y abuelos, hace muchos años,
había una familia. Tuvieron una hija, la niña lloraba mucho, porque el
humo dice “suyul, suyul, suyul”. No quería estar dentro de la casa, le
gustaba más el agua que se jugueteaba con ella. Después la mamá fue a
traer su agua en el pozo acompañada con su hija, la niña estuvo muy
contenta; cuando llegaron en el pozo se sentó en la orilla, empezó a
jugar y la mamá empezó a acariciar su agua, se concentró en llenar los
jarritos que llevaba para traer en su casa mientras su hija estaba jugando.
En unos instantes la niña se metió en el pozo sin dar cuenta su mamá.
Cuando llenó todos los jarritos que llevaba se volteó a ver a su hija y ya
no está sentada donde la dejó. La señora empezó a llorar mucho en la
orilla del pozo.
En ese momento la niña levantó su cabeza dentro del pozo, habló a su
mamá y le dijo “no llores mami, mi casa es este pozo porque ya me
cansé de estar dentro de la casa, de aquí para delante yo soy tu madre y
de todo el pueblo, todo lo que piden les daré con mucho gusto, yo soy
la dueña de todo lo que existe en este mundo, mi nombre es “Suyul”, y
así la niña ya no salió del pozo. La mamá regresó a su casa llorando, se
fue a decir a su esposo todo lo que pasó y lo que platicó la niña. Al
escuchar el padre rápidamente se fue en el pozo y cuando llegó ya se
había crecido mucho, ya no es un pozo, se había convertido en una
laguna muy grande. Se juntaron muchas personas circunvecinas de la
comunidad, mujeres, hombres, ancianas, ancianos empezaron a adorar,
hacían fiestas tres veces al año, en principio, al mediado y al final de
año.
Los principales y ancianos juntaban cooperación a toda la gente de la
comunidad para hacer la fiesta de jmetik suyul, para comprar su ropa,
nagua, rebozo, estola y collares, o si alguien tuvo sueño espiritual de
jmetik suyul le donan ropas u otros regalos, lo meten en un tol jícara, lo
dejan en la laguna, después se va hundiendo, se tarda unos 30 minutos,
sale el tol jícara vacía. Aparte de los regalos que le dan llevan velas,
incienso, flores, músicas tradicionales, banderas de tres colores.
Después uno de los principales o ancianos celebrara un rezo tradicional
pidiendo a la madre laguna Suyul el bienestar a todo el pueblo, la
prevención de las enfermedades, la alimentación, prevención de las
plagas de los cultivos, la paz y la armonía de todos los seres vivos, para
tener una comunicación de toda la naturaleza. A continuación del rezo
de anciano o principal se danza tres veces en la orilla de la laguna con
la música tradicional de cada esquina del universo.
Después de la aparición de la laguna Suyul la gente empezó a tener más
respeto mutuo. Cosechaban maíz, frijol, frutas y verduras que producían
en abundancia, se sostenía la familia en todo el año. La laguna fue
conocida en diferentes lugares de estado de Chiapas, en otros estados
de la república Mexicana, en diferentes pueblos, culturas, lenguas y
equipos se le reconoció como Madre Laguna Suyul de los pueblos
originarios.
296
cristiana asociada a Jesucristo, que para mucha gente es una de las
personificaciones que el maíz puede tener. Por ello, el 3 de mayo se ha
establecido para realizar la fiesta del agua que no es otra cosa que la
petición para que la misma no falte en la milpa.
Por otro lado, no se debe dejar de lado que el tres de mayo
también es celebrado por los albañiles como su día y eso se relaciona con
la tradición cristiana que lo liga con la conmemoración de la fecha en que
Santa Elena, la madre de Constantino, encontró la cruz de Cristo en el
monte Calvario (Sepúlveda, 1973; Münch, 1983; Foster, 1985; citados
por Torres Cisneros, 2010). Los albañiles que hicieron el trabajo se
encontraron con tres cruces, identificando la de Cristo por los varios
milagros que se presentaron en esos tiempos.
No debe descartarse la posibilidad de que para los campesinos
recién emigrados del campo, cuyo primer trabajo normalmente ha sido el
de peón de albañilería, esta celebración tenga un mayor significado al
unir el motivo católico que sus padres le enseñaron a celebrar en el
campo.
En ese sentido, de nuevo Torres Cisneros (2010), citando a más
de una decena de estudios etnográficos, deja lugar a poca duda con
respecto a la relación existente entre la fiesta de la Santa Cruz con la
llegada de las primeras lluvias y el inicio de la siembra del maíz,
atribuyéndole un carácter eminentemente agrícola con una fuerte
vinculación con la idea de la fertilidad y el buen logro de las cosechas.
Como se ha apreciado, en la zona rural de los Altos y el Norte de
Chiapas, los tseltales, tsotsiles y ch’oles, celebran la fiesta de la Santa
Cruz con tanta intensidad que es una de las ceremonias más
significativas. En cambio, entre los chontales de Tabasco la fiesta del
agua es realizada el 15 de mayo, día de San Isidro Labrador, deidad
católica patrona de la agricultura.
La diferencia probablemente estriba en que en las partes altas de
la geografía maya comienza a sembrarse desde abril en tanto que en la
llanura la siembra suele ser hacia finales de mayo y hasta principios de
junio. También es probable la influencia de las órdenes catequizadoras:
por un lado los dominicos en Chiapas y sur de Tabasco, y los franciscanos
en la llanura tabasqueña.
En Tabasco, a raíz de la cruzada anti religiosa realizada por el
gobernador Tomás Garrido Canabal a principios del siglo XX, la
asociación entre cosmovisión y agricultura terminó por extinguirse y por
ello solo permanecen algunos rasgos de ella. Al regresar el proceso de
evangelización a la región en la década de 1960, las enramadas
tradicionales de los chontales se manifiestan ahora con una gran ofrenda
a lo mejor de la cosecha a San Isidro Labrador, en la iglesia principal de
Comalcalco.
Así, durante el día 14 de mayo se ofrecen ejemplares de ganado
vacuno que serán donados a la parroquia. Los bovinos recorrerán las
principales calles de la población ante la algarabía del pueblo. El día 15
las distintas ermitas y comunidades del municipio desfilan hasta la
parroquia con lo mejor de la producción de cada lugar y familia, llevando
frutos de cacao atados en varas largas, también racimos de plátano,
mazorcas de maíz, cocos y otros productos del traspatio, incluyendo
gallinas y pavos. Estas enramas transportadas por dos adultos, uno en
cada extremo, serán bendecidas por el sacerdote católico junto con las
camionetas adornadas para la ocasión, cargadas de gente y productos,
para posteriormente ser depositado todo en calidad de ofrenda en el
interior del templo.
En la región chontal, el 15 de mayo se celebra en Mazateupa,
Nacajuca, donde a San Isidro Labrador se le identifica como a un ser
sobrenatural de la selva (CDI, 2009). Es importante mencionar que los
chontales son considerados una cultura del agua ya que han vivido desde
siempre rodeados de lagunas y pantanos e incluso sobre estos cuerpos de
agua, en palafitos, dominando el medio no solo para el comercio sino
para la obtención de la mayor parte de sus satisfactores (West et al., 1985;
Limón, 1990). Esto ha significado que han desarrollado muchas
estrategias de supervivencia en ese ambiente hídrico y, en consecuencia,
su cosmovisión está relacionada con el agua. Por ejemplo, así como la
tierra tiene a su dueño Yum ka’ y los bosques a Yum tee, el agua también
lo tiene representado por el de las lagunas y ríos llamado Yum pa’.
También hay duendes e ídolos que caminan sobre el agua (Incháustegui,
1987; Rubio, 1994).
Flores (2006) menciona que se les suele dar a estos seres
sobrenaturales, aunque cada vez en menor medida, ofrendas consistentes
en alimentos y bebidas: aguardiente de caña, dulces, pozol preparado con
maíz, cacao y agua; el caldo de maíz llamado uliche; chicles, cigarros y
puros. Las iglesias evangélicas, católica y la misma modernidad se han
encargado de erosionar y hacer casi desaparecer estos rasgos culturales y
la cosmovisión relacionada (Incháustegui, 1985).
298
A pesar de lo anterior, el campesino maya actual del sureste de
México viene realizando año con año, ciclo a ciclo, diferentes
manifestaciones de esta hermandad entre el agua y el hombre.
Una descripción de las celebraciones y ceremonias de petición
del agua realizadas entre choles de Tacotalpa, Tabasco, partiendo de
diversos testimonios de las comunidades Buena Vista, Cerro Blanco 4ª
sección, Madero 2ª sección, Raya Zaragoza y Tapijulapa, es presentada
por Mariaca Méndez et al. (2014):
[…] se realiza en tiempo de sequía por los meses de abril a junio […]
la comunidad acude al pozo llevando ofrendas como pozol, comida,
velas, incienso […] se colocan alrededor del pozo presentando sus
ofrendas, rezos, oraciones y cantos. Al final le tiran trago para que todo
el tiempo haya agua. Esto lo lleva a cabo solamente una familia. Es
pertinente mencionar que el agua de este pozo lleva 75 años de no
secarse…
La celebración del 3 de mayo día de la Santa Cruz, consiste en realizar
ruegos dirigidos a Dios para pedir la lluvia y que las aguas no se sequen
[…] los ruegos se realizan tres veces consecutivas en los arroyos, para
ello se reúnen los celebradores, el coordinador y todas las personas que
quieran acompañar, todos reunidos con una imagen, cantan cantos
religiosos acompañados por tambores, flauta de carrizo y guitarras, en
cada rosario que realizan queman tres velas y sahúman el arroyo,
durante dos días las señoras llevan pozol, chaya o tomate cocido para
repartirlos […] el tercer día llevan comida de caldo de pollo para
nuevamente repartirlo, pero las personas mayores también ponen en el
arroyo un poco de comida, pozol, refresco y chaya, ya que ellos hablan
con el arroyo y hacen su oración […]
Anteriormente asistían a una poza llamada arroyo Wilis, que en ch’ol
significa “choque azote de vientos”, lugar donde los ancianos y
curanderos llegaban para hablar con el dueño del agua, esto con la
finalidad de que el agua no se seque, para ello se hacían acompañar de
ofrendas como comida y sal para verter en el agua el primero y los
kilogramos de sal se utilizaba para regar las orillas del pozo… antes de
comenzar […] las personas se distribuían por grupos para amasar
barbasco bejucón en todo los arroyos... […]
Esta ceremonia consiste en nombrar a unas curanderas para pedir la
lluvia… ellas se encargan de llevar de uno a dos kilogramos de sal para
regar en las orillas del río […] empiezan a hablarle el dueño del agua
en su lengua materna ch’ol, regándole la sal en las orillas del río,
mientras repiten dos o tres veces más la petición; al terminar esto, se
retiran para esperar que llueva… otro grupo llevan alcohol (trago) para
verter en el río […] la diferencia existe, que para los que llevan sal, les
llueve sin presentar vientos en comparación con los que llevan alcohol,
si les llueve con vientos… La petición se lleva a cabo cuando las
personas de la comunidad ven que existe gran escasez de agua y mucha
sequía….
El ritual de la pesca de la sardina es una celebración que se lleva a cabo
en el periodo de sequía, cuando la falta de agua afecta a los campos y a
las personas […] se le pide la lluvia a los dioses […] anteriormente, se
realizaba otro ritual para la lluvia, éste consistía en bañar a los gatos o
sacar a Santiago Apóstol a recorrer la comunidad…
302
Incluso la quema se hará cuando aparezcan las primeras lloviznas
o lo antes posible, de tal forma que los troncos y ramas secas se quemen
con mayor facilidad. Además, esta se realizará por la tarde, una vez que
la insolación del día eliminó la poca humedad del rocío nocturno. De esta
manera llegarán las lluvias del período anual y con ello se suplirá el
primer momento de necesidad de humedad de las plantas cultivadas: la
germinación.
Estas lluvias se prolongan generalmente hasta julio, razón por la
que queda solucionado el segundo momento de necesidad de agua: el de
crecimiento acelerado de la planta. El detalle importante es que las
arvenses (hierbas) de la milpa tienen un ciclo de crecimiento más
agresivo y, en consecuencia, si no son eliminadas antes o al inicio de éste
período de crecimiento acelerado del maíz, terminarán por afectarlo
fuertemente, por eso se realiza el primer deshierbe o chapeo en plena
época de lluvias (datos de trabajo de campo).
Agronómicamente esta práctica se recomienda realizarla entre
los 30 y los 45 días, sin embargo, el campesino maya yucateco sabe
calcular el momento preciso en que debe hacerlo. Ha desarrollado un
concepto determinante para el deshierbe: el pox tatu’ul (altura de un
conejo agazapado) que es la altura que deberán tener las hierbas, más o
menos de la canilla del campesino. Si viene un año seco, este momento
se atrasará por el lento crecimiento de las plantas, de tal manera que si el
deshierbe se hiciera antes del pox tatu’ul la evapotranspiración afectaría
al maíz; en cambio, en un año lluvioso el pox tatu’ul llegará muy pronto
por el agresivo crecimiento de las arvenses (datos de trabajo de campo).
El tercer momento de necesidad de agua del maíz es en la
floración, siendo este el único que los campesinos no han podido
controlar a través de prácticas materiales tradicionales, acudiendo
entonces al ritual. Esto sucede entre julio y agosto cuando aparece la
canícula o sequía intraestival. Si se prolonga por semanas o más de un
mes, el campesino sabe que tendrá que recurrir a rezos u ofrendas
particulares en algunos puntos de la geografía maya, o bien al elaborado
Cha Chaac en la península de Yucatán, del que ya se ha hablado
anteriormente (datos de trabajo de campo).
Hace algunas décadas en Tabasco, comenzó a realizarse con
cierto éxito —a decir de quienes lo practicaban— la aplicación de urea
disuelta en agua y asperjada sobre la milpa, lo que hacía que el maíz
resistiera mejor la caída de humedad.
El cuarto y último momento de necesidad de humedad edáfica
para el maíz es cuando inicia el llenado del grano y esa es proporcionada
por los nortes de la fracción terminal del año.
Justo es en este período de precipitaciones de fin de año, producto
de los nortes, que el maíz de la milpa de año debe doblarse, entre otras
diversas razones, para evitar que la mazorca se humedezca y pudra por
proliferación de hongos. Los nortes son vientos fríos que al atravesar el
golfo de México se cargan de humedad que depositan en parte de
Veracruz, la cara norte de Oaxaca, Tabasco, más de la mitad de Chiapas,
Campeche, Yucatán y Quintana Roo,
Es importante mencionar que los campesinos mayas pueden, a
decir de ellos mismos, predecir si el año será lluvioso o bien vaticinar la
llegada de las lluvias desde días antes de que el cielo comience a nublarse.
Todo ello a partir de conocimientos o “secretos” campesinos que son
heredados de generación a generación.
Mariaca Méndez (2003) menciona el uso de las cabañuelas o
pintas para predecir el comportamiento de las lluvias a lo largo del año y
el de la observación de la conducta de algunos animales para saber si la
llegada de las mismas está próxima.
Para el primer caso menciona:
Esta práctica era de vital importancia cuando el agricultor no contaba
con la posibilidad de conocer el pronóstico del tiempo a través de la
radio o el televisor.
Consiste en observar las condiciones de precipitación o sequía de los
primeros 12 días del mes de enero, ya que esto, afirman, corresponderá
a cada uno de los 12 meses del año. Las repintas son la confirmación de
las pintas (días 13 al 24). Su popularidad era tal, que el dicho de “cómo
pinta el año” (o las cosas), es común todavía para referirse a aspectos
de incertidumbre o predicción.
Cuando el agricultor de roza-tumba-quema tenía que predecir con
bastante exactitud el período de llegada de las lluvias, porque si
quemaba con demasiada anticipación, daba oportunidad a que las
arvenses se desarrollaran y por tanto debía deshierbar antes de sembrar;
por otro lado, si no quemaba antes de la llegada de las lluvias, el
material maderable cortado se humedecía, y la quema sería muy difícil
y mala.
304
En ambos casos, los beneficios de la cosecha se reducían, al grado de
perder hasta la semilla sembrada.
Igualmente sucedía con el campesino que sembraba en pantanos bajo el
sistema marceño (se abate el manto freático desde marzo hasta junio-
julio), también era de vital importancia saber si las lluvias se
adelantarían, ya que entonces, el pantano se inundaría y de igual forma
que en el caso anterior, no cosecharía nada. En caso contrario, cuando
el año vendría más seco de lo normal, podría obtener hasta dos cosechas
antes de que la inundación llegase. No se indagó para los casos en los
que hay contradicción (e. g. para un mes dado, la pinta indica secas y
para la repinta el mes indica lluvias). (Mariaca Méndez, 2003)
Sobre esto último, Serrano et al. (2011) presentan una lista de animales
agoreros en dos comunidades, una tsotsil y otra tojolabal de Chiapas. En
la lista aparecen como agoreros de lluvias o sequía los siguientes:
a) Venustiano Carranza (comunidad de origen tsotsil): la
chicharra o Xikitin (Insecta / Cicadidae) anuncia que la lluvia
continuará; la chinchina, pájaro ratón, chinita o ch´o mut, pelech´
o pelech (ave) anuncia lluvias; waco o wacos (ave) anuncia lluvia
y la llegada del verano; xenek’ mut (ave) anuncia temporada de
sequias; pijiji o sintico (ave / Dendrocygna autumnalis) anuncia
lluvias; golondrina o anil mut (ave / Aeronautes saxatalis,
Cypseloides niger, C. zonaris, C. semicollaris, Paniptila)
anuncia lluvias; chachalaca o jokot´ (ave / Ortalis poliocephala,
O. vetula, Penelope purpurascens) anuncia la llegada del verano
o un día caluroso; pijuy o ts’ejpuy (ave / Crotophaga sulcirostris)
anuncia lluvias.
b) Saltillo, Las Margaritas, Chiapas (comunidad de origen
tojolabal): golondrina o purpurwich (aves / Cypseloides
semicollaris, C. zonaris) anuncia lluvias; cinzonte, choyej, choye
(ave / Mimus gilvus) anuncia la lluvia con un tipo de canto y con
otro anuncia el inicio del día.
308
plantearse de manera tal que beneficie de manera pareja a la población
rural y urbana.
Un caso concreto son las millonarias sumas invertidas para
liberar a Villahermosa, Tabasco, de las inundaciones casi anuales, sin
considerar a las comunidades que viven en la cuenca alta del río de la
Sierra, donde vive población chol, ni tampoco tomar en cuenta los daños
ocasionados al inundar tierras de la población chontal, en el municipio de
Nacajuca, al derivarles a ellos las aguas excedentes.
Esta exigencia se torna mayor si se considera que hacia 2010
habitábamos el sureste de México arriba de doce millones de personas,
de los cuales más de tres millones son de ascendencia indígena, es decir,
aproximadamente uno de cada cuatro seres humanos (25%) (INEGI,
2010).
¿Por qué considerar al total de la población en la gestión del
agua? La respuesta nos la da la historia misma. Hasta ahora la ineficiencia
en el manejo y aprovechamiento de nuestros recursos hídricos salta a la
vista por doquier. Esto significa que necesitamos nuevos modelos de
participación ciudadana y de planeación desde las diferentes formas de
utilización del ecosistema, teniendo en cuenta a todas las comunidades,
desde abajo y desde la sociedad.
En la medida que involucremos en esta urgente planeación la
forma de ver el mundo de ese 25% de la ciudadanía, seguramente
emergerá una manera más adecuada, más digna. Y esta afirmación parte
de que hasta ahora se ha dejado de lado una forma animista de apreciar
al agua donde no es un recurso más, sino que es el líquido que nos permite
vivir. En consecuencia, no es suficiente con entubarla y pagar nuestras
tarifas por su uso, sino que al agua hay que ofrendarle respeto, cariño,
veneración… Tal vez, entonces, su aprovechamiento y manejo será más
racional y no solo para la generación actual, sino para las futuras.
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Capítlo 12.- Lekil pasbail o bioétca del buen vivir
Wilches (2011) señala que la bioética fue creado en 1970 por Potter
debido a la falta de comunicación entre dos disciplinas: humanística y
científica, quien consideraba que la bioética debía fungir como puente
para establecer los valores éticos humanos y biológicos o ambientales
para superar la crisis y destrucción ejercidas por las acciones humanas.
Por eso, Potter decía:
Necesitamos de una Ética de la Tierra, de una Ética de la
Vida Salvaje, de una Ética de Población, de una Ética de
Consumo, de una Ética Urbana, de una Ética Internacional,
de una Ética Geriátrica, etcétera. Todos estos problemas
requieren acciones basadas en valores y en hechos
biológicos. Todos ellos incluyen la Bioética y la
supervivencia del ecosistema total constituye la prueba del
valor del sistema. (Citado por Lacadena, 2001).
Lacadena (2001), considera que el planteamiento de Potter sobre
la bioética consiste en el diálogo interdisciplinar entre vida (bios) y
valores morales (ethos), trata de hacer juicios de valor sobre los hechos
biológicos.
Para Wilches (2011) la perspectiva de bioética propuesta por
Potter, está el aspecto de la interdisciplinaridad, es un aspecto
absolutamente relevante ya que los grandes problemas que enfrenta el
hombre en distintos campos deben ser vistos y analizados desde las
miradas de las diversas áreas del conocimiento, buscando una
convergencia de relación ética de todos los saberes en torno al cuidado
de la vida; así, el reto inmenso que tiene la bioética en nuestro tiempo es
abrir el espacio de reflexión, para integrar ciencia y vida, conocimiento y
moralidad, los problemas vitales de la humanidad con perspectivas de
presente y futuro.
Actualmente, la bioética comprende un campo amplio de
reflexión desde lo filosófico, científico en el que se pone de manifiesto el
comportamiento moral de los seres humanos frente a los problemas tanto
globales como locales de salud, alimentación, superpoblación,
degradación ambiental, a la supervivencia y el mejoramiento del
bienestar y la calidad de vida humana y no humana, así como los actos
deliberados de intervención directa e indirecta en los procesos biológicos.
Resultados de la investigación
En el lekil kuxlejal, buen vivir se encuentra el concepto Balamil (tsotsil),
Balumilal (tseltal), Tierra, que es un concepto amplio y se le concibe
como sagrada y madre que sustenta a todos los seres vivos y elementos
no vivos; se le considera madre Tierra porque se concibe como un ser
viviente con todos sus elementos.
El concepto osil (tsotsil y tseltal) se refiere al universo y a la
Tierra, considera que los seres humanos son parte del universo y de la
madre Tierra, pero para fines de sobrevivencia y supervivencia se apropia
o hace suya cierta porción de la superficie terrestre y sus elementos, por
eso, se debe tener claridad que toda acción humana traerá consecuencia
según como actúe; los planos, niveles y conceptos de entendimiento del
mundo en tsotsil son importantes ya que están cargados de valores
morales, éticos y bioéticos; en el párrafo siguiente se presenta una breve
exposición de las categorías y conceptos lingüísticos y cosmogónicos, y
sus respectivos niveles y entidades de dignificación.
320
Segundo nivel. Sba
Ich’el ta muk’. Dignificar: a la Balamil. Superficie de
naturaleza, a los seres vivos, a los la Tierra
humanos y a las culturas. Forma parte Kuxlejal / Vida.
cómo regirse y conducirse de acuerdo a Chonbolometik /
la cosmogonía ancestral. En rendirle Animales.
homenaje y tributo a la madre Tierra y Ja’maletik/ Montañas.
a la naturaleza. Jkuxlejaltik /Nuestras
vidas.
Mol-
me’eletik/Ancianos-
ancianas.
Uts’ alaletik / familias o
prójimos.
Ants-viniketik /
Hombres-mujeres.
Ch’ulelaletik / Almas
de los difuntos.
K’ux ta o’ntonal, k’uxubtael ta Tercer nivel. Familiar,
o’ontonal. Estimar con profundo social y lo natural.
sentimiento de 'corazón' (no “dolor de
corazón”) a los seres humanos y a todo
ser vivo.
K’an bail. Amar y querer a la familia, a
la sociedad y a la comunidad. Tercer nivel. Familiar,
social y comunitario.
Lekil pasbail. Buena conducta o buen Cuarto nivel. Individual,
comportamiento. Conducirse con familiar, colectivo y
respecto, con moralidad, con justicia y comunitario.
ética.
Komon k’elbail. Cuidado y vigilancia Quinto nivel. Social,
mutua, protección y defensa del territorial y natural.
territorio y de la naturaleza.
322
Pero como se expuso en párrafos anteriores existen modos de vida
contradictorias: el modo de vida occidental capitalista y el modo de vida
de los pueblos originarios y campesinos.
Pese a la diversidad cultural, lingüística, cosmogónica,
productiva y ambiental se impone un modo de vida hegemónico basado
en el sistema capitalista avalado por la ideología neoliberal que chocan
con el modo de vida, principios morales y éticos de los pueblos
originarios y campesinos.
Testimonios sobre el lekil kuxlejal o buen vivir
A continuación, se exponen dos testimonios recabados en las
investigaciones de campo sobre el lekil kuxlejal, buen vivir entre los
tsotsiles de Nuevo Huixtán, municipio de Las Margaritas, Chiapas. 37
T1. Manuel Bermúdez Álvarez, ejidatario y Juez de Paz y
Conciliación indígena, dice:
Lekil kuxlejal, buen vivir, se entiende por una vida mejor. La
mente y el corazón [pensamiento y sentimiento] de las
personas deben estar unidas para hacer el bien común, estar
unida con la familia, contar con buena producción de
alimentos y con cosas útiles, una casa digna en dónde vivir.
El apoyo mutuo en familia y comunidad es un principio
fundamental.
Cuando contamos con parcelas, tiene uno alimentos, ya no
salimos en las fincas como salíamos antes. Si no hay
asesinato y robo, no hay tristeza, eso significa buen vivir;
nichim ko’ntontik te balamil, significa que ‘están floridos
nuestros corazones’, es decir, estamos felices.
Antes llovía más, en abril se sembraba maíz, eso es buen
vivir; el cambio climático, la falta de lluvia significa chopol
kuxlejal o mala vida, es igual a ich’mul kuxlejal o vida triste.
Los padres-madres de antes respetaban y veneraban a la
Tierra, actualmente no hay esa relación, a la tierra se le rocía
agroquímicos que queman el suelo, eso no significa nada de
respeto a la madre Tierra. Cuando se vende y se le quema a
37
Información obtenida en el Taller participativo con autoridades y ejidatarios de Nuevo
Huixtán, municipio de Las Margaritas, Chiapas, 26 de enero 2012.
la tierra no se le está respetando, no se le presta ich’el ta muk’
o no se le dignifica.
38Gentilicio de Nuevo Huixtán, véase más al respecto, Sánchez, 2016. Nuevo Huixtán.
Historia y dinámica social.
Lekil pasbail Buena Chopol Mala
conducta, pasbail conducta, mal
buen comportamien
comportamien to
to
Lekil p’ijil j- Buen sabio Chopol bol j- Mal curandero.
ilol curandero. ilol
Lekil p’ijil Buen sabio Chopol bol Mal médico.
jpoxtavanej médico. jpoxtavanej.
Lekil p’jil Buen sabio Chopol bol Mal abogado o
jtunel- abogado o jtunel- juez.
jchapanvanej juez. jchapanvanej.
Lekil p’ijil Buen sabio Chopol bol Mal instructor
jchanubtasvan instructor o jchanubtasvan o profesor.
ej- profesor. ej-
jp’ijubtasvanej jp’ijubtasvanej
.
Lekil p’ijil Buen sabio Chopol bol Mal servidor
jtunel- servidor jtunel- público,
jyomvanej público, jyomvanej directivo o
directivo o funcionario.
funcionario.
Lekil p’ijil Buen sabio Chopol bol ta Mal servidor
jtunel ta servidor jtunel ch’unel religioso
ch’unel religioso (catequista,
(catequista, diácono, pastor
diácono, pastor y otras)
y otras)
39Véase GRAIN, 2010. “Leyes de semillas y otros pesares”, en: Leyes para acabar con la
agricultura independiente [Los pueblos de América Latina las cuestionan e impugnan].
lingüística y biológica. Por ello, los problemas y los conflictos son
engendros por el modelo de desarrollo capitalista y no por diferencias
culturales de los pueblos originarios y campesinos.
Se tiene así que la diversidad agrícola y pecuaria que se practica
en los territorios campesinos y pueblos originarios está siendo reducida
en mono sistemas de producción, de semillas y variedades mejoradas y
únicas controladas por las grandes empresas industriales nacionales y
transnacionales agrícolas. Ciencia, tecnología, biodiversidad y
agrobiodiversidad están controladas bajo los intereses del capitalismo, en
la máxima producción para el mercado y consumismo, finalmente tiene
el mismo fin para la acumulación del capital, y el dinero se ha vuelto un
factor para comprar y vender no sólo mercancías que genera la fuerza de
trabajo, sino que se pueden comprar y vender seres humanos en cuanto a
la toma de decisión, por ejemplo, un obrero no depende de su decisión lo
que produce y cómo lo produce, sino que es decisión e interés del
industrial, lo mismo un abogado que le sirve y defiende una demanda
jurídica de un industrial, no le interesa perder el juicio a favor del pobre
que le quieren expropiar su parcela, ni mucho menos se interesa por
defender a la naturaleza para que no se le expropie y no se le destruya,
por ejemplo, finalmente se puede comprar y vender la justicia, para eso
se ocupa la educación privada y la oficial, están creando preparatorias,
maestrías y doctorados hábilmente orientados para servirle a los
empresarios e industriales, no para la defensa de los pobres; lo mismo
ocurre con las otras disciplinas y especialidades, en el que se pueden
comprar y vender vida a favor del capitalismo y del individualismo, no
para la colectividad y para el bien común.
Sin embargo, no todo está perdido ya que existen otras
posibilidades de ver y construir vida, cuyos principios se fundamenta en
el lekil p’ijil pasbail o bioética del lekil kuxlejal o buen vivir. Por ello, es
de suma importancia la valoración, la visibilizarían, la sistematización
del conocimiento tradicional de los pueblos originarios, campesinos y de
las sociedades urbanas para encontrar una epistemología de la vida en el
sistema planetario.
328
Bibliografía
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Fecha de visita: 18/11/2018.
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el+futuro%2C+1971&ie=utf-8&oe=utf-8&client=firefox-b-ab
Fecha de visita: 18/11/2018.
Reseña Autores
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Mtra. Blanca Mayela Díaz Hernández, Maestra en Ciencias por El
Colegio de Postgraduados y por El Colegio de Michoacán. Técnico
Académico Titular en El Colegio de la Frontera Sur. Carretera
Panamericana y Periférico Sur s/n, Barrio Ma. Auxiliadora. CP. 29290,
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. Temas de investigación
abordados: etnobotánica del maíz y dinámicas sociales, trabajo femenino,
procesos de organización social. Teléfono (967) 6789000 ext. 1422.
Correo electrónico: [email protected], [email protected].
Dr. Hugo R. Perales Rivera, Doctor en Ecología por la Universidad de
California en Davis. Es Investigador Titular en El Colegio de la Frontera
Sur, Carretera Panamericana y Periférico Sur s/n, San Cristóbal, Chiapas
20290. Se especializa en el estudio de la conservación in situ de recursos
genéticos agrícolas, en particular del maíz. Tel: 967 6749000 ext 1414,
[email protected], Orcid: 0000-0003-3434-5759.
Maestra Luz del Carmen Silva Pérez, El Colegio de la Frontera Sur.
Coordinadora del proyecto Mujeres y Maíz. Capacitación, Asesoría,
Medio Ambiente y Derecho a la Salud. A.C., Valentín Gómez Farías No.
1, Barrio San Diego, C.P. 29270, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas,
México. Temas de especialización: desarrollo humano, procesos
organizativos, investigación acción participativa, redes alimentarias
locales, educación popular, eco-tecnologías. [email protected]
Pas. Lic. Francisca Velasco López, Universidad Intercultural de
Chiapas. Promotora del proyecto Mujeres y Maíz. Capacitación,
Asesoría, Medio Ambiente y Derecho a la Salud. A.C., Valentín Gómez
Farías No. 1, Barrio San Diego, C.P. 29270, San Cristóbal de Las Casas,
Chiapas, México. Temas de especialización: desarrollo humano,
procesos organizativos, investigación acción participativa, educación
popular, huertos escolares, eco-tecnologías. [email protected]
P. de Biol. Marisa Ordaz Velázquez, Pasante de Biología en la Facultad
de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Investigadora independiente. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas,
México. Temas de especialización: etnobiología, ecología y taxonomía
de hongos macroscópicos, traducción de textos científicos. Correo
electrónico: [email protected]
Mtro. Francisco Mayorga Mayorga, Licenciado en Letras
Latinoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Postulado a
maestro en Ciencias de la Educación con Especialidad en Docencia e
Investigación de la Educación Superior (UVM). Estudiante de la
Maestría de Cocina Mexicana de Cocina+Arte Universidad. Promotor e
investigador de las cocinas mexicanas, Facultad de Contaduría y
Administración C-I, Universidad Autónoma de Chiapas. Boulevard.
Belisario Domínguez Kilómetro 1081, Sin Número, Terán, 29050 Tuxtla
Gutiérrez, Chis. Temas de especialización: gastronomía mexicana, con
especialidad en cocinas chiapanecas, estudios sobre literatura
chiapaneca, cultura y artes populares de Chiapas. Teléfono: (961)
6150440. Correo electrónico: [email protected]
M. en C. José Alfonso López-Gómez, Indígena tseltal de los Altos de
Chiapas. Es Licenciado en Antropología Social por la Universidad
Autónoma de Chiapas (UNACH), y Licenciado en Desarrollo
Sustentable por la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Con
Maestría en Recursos Naturales y Desarrollo Rural con orientación en
Gestión de ecosistemas y territorios por El colegio de la Frontera Sur
(ECOSUR). Las áreas de investigación se refieren a Etnobiología, Uso y
representaciones simbólicas de los recursos naturales, patrimonio
biocultural y etnogastronomía entre los grupos Mayas de Chiapas. Ha
sido docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
Autónoma de Chiapas, en la Universidad Intercultural de Chiapas sede
Oxchuc (UNICH-UAMO) y en la Universidad de Ciencias y Artes de
Chiapas sede Villa Corzo. Correo electrónico: [email protected]
Orcid: 0000-0003-0238-8064.
M. en C. Christiane Junghans, El Colegio de la Frontera Sur – Unidad
San Cristóbal, Departamento de Agricultura, Sociedad y Ambiente,
Grupo: Estudios Socioambientales y Gestión Territorial.
[email protected] ORCID: 0000-0002-5142-9689.
M. en C. Dulce Osorio López, Indígena mixe-zapoteca del estado de
Oaxaca. Es Licenciada en Antropología Social por la Universidad
Autónoma de Chiapas (UNACH). Con Maestría en Recursos Naturales y
Desarrollo Rural con orientación en Gestión de ecosistemas y territorios
por El colegio de la Frontera Sur (ECOSUR). Las áreas de investigación
se refieren a Etnobiología, Etnozoología, Uso y representaciones
simbólicas de los recursos naturales y etnogastronomía entre los grupos
Mixes y Mayas. Ha sido docente en la Universidad Intercultural de
Chiapas sede Oxchuc (UNICH-UAMO). [email protected]
Orcid: 0000-0002-3569-7253.
M. en C. William García Santiago, Maestro en Ciencias en Recursos
naturales y desarrollo rural por El Colegio de la Frontera Sur. Profesor de
332
la Universidad Intercultural de Chiapas. Corral de Piedra No. 2, C.P.
29299. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. Temas de
especialización: etnobiología, ecología y taxonomía de hongos
macroscópicos, antropología alimentaria. Correo electrónico:
[email protected]
M. en C. Erika Cecilia Pérez Ovando, Maestra en Ciencias en Recursos
naturales y desarrollo rural por El Colegio de la Frontera Sur. Profesora
del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad de Ciencias y Artes
de Chiapas. Libramiento Norte Poniente 1150, Colonia Caleras Maciel,
C.P. 29029, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Temas de
especialización: Taxonomía y ecología de hongos macroscópicos. Correo
electrónico: [email protected]
Dra. Constanza Monterrubio Solís, Dra. Constanza Monterrubio Solís.
Doctora en Manejo de biodiversidad por la Universidad de Kent, en
Reino Unido. Becaria postdoctoral en el Centro de Estudios
Interculturales e Indígenas/Centro de Desarrollo Local, Pontificia
Universidad Católica de Chile, Campus Villarrica. Calle O'Higgins 551,
Villarrica, Región La Araucanía, Chile.CP 4930000. Temas de interés:
áreas de conservación comunitaria; resiliencia de los sistemas
socioecológicos y conservación del patrimonio biocultural alimentario.
Correo electrónico: [email protected] Orcid: 0000-
0002-0306-2309.
M. en C. Claudia Isabel Camacho Benavides, MSc. Claudia Isabel
Camacho Benavides, Maestra en Ciencias en Etnobotánica por la
Universidad de Kent, Reino Unido. Actualmente cursa el doctorado en
Desarrollo Rural en la UAM-Xochimilco. Constitución 186, El Grande,
CP 91607, Coatepec, Veracruz, México. Temas de especialización:
etnobotánica, diversidad y patrimonio biocultural, sistemas bioculturales
de salud y alimentación, promoción de la salud, conservación
comunitaria. Teléfono: (228) 8222035. Correo electrónico:
[email protected] Orcid: 0000-0003-4720-6332.
Dr. Ramón Mariaca Méndez. Doctor en Antropología Social por la
Universidad Iberoamericana de México D.F. Nivel 2 del Sistema
Nacional de Investigadores. Jefe del Departamento de Agricultura,
Sociedad y Ambiente de El Colegio de la Frontera Sur, Grupo de
Agroecología. Áreas de interés: Etnobiología, agroecología y manejo de
recursos naturales por grupos mayenses (mayas yucatecos, tsotsiles,
tseltales, ch´oles, lacandones, chontales). Agricultura tradicional con
énfasis en el estudio de la cultura que la involucra y su tecnología (milpa
bajo r-t-q, huertos familiares, marceño). Historia y desarrollo de la
agricultura en el área mesoamericana. Teléfono: (967) 67 49000 (ext.
1421). Correo electrónico: [email protected]. ORCID: 0000-0001-
7562-0018.
Dr. Juan Carlos Martínez Alfaro, Doctor en Ciencias Agrarias, con
especialidad en Reproducción Animal por la Universidad Autónoma
Agraria Antonio Narro. Maestría en Ciencias en Recursos Naturales y
Desarrollo Rural por El Colegio de la Frontera Sur. Lugar de
Adscripcción: Departamento de Ciencias Medico Veterinarias, Centro de
Investiggación en Reproducción Caprina, Universidad Autónoma
Agraria Antonio Narro. Periférico Raúl López Sánchez S/N. Colonia
Valle Verde. C.P. 27054. Torreón, Coahuila, México. Temas de
Investigación: Mecanismos Fisiológicos del Comportamiento
Reproductivo de Animlaes Domésticos.Teléfono (871) 729 76 41. correo
electrónico: [email protected]
M en C. Laila Yunes Jiménez es bióloga por la UNAM y Maestra en
Ciencias en Recursos Naturales y Desarrollo Rural por El Colegio de la
Frontera Sur. Tiene diplomados en Formación de Formadores en
Desarrollo Humano y Divulgación de la Ciencia. Con experiencia e
interés en ornitología, educación, etnobiología, trabajo comunitario,
talleres con un enfoque metodológico participativo, educación ambiental
y divulgación científica. Es académica de la UNICACH desde el 2016.
[email protected]
Dra. Paula L. Enríquez estudió biología en la UNAM, realizó una
maestría en el Instituto Internacional en Conservación y Manejo de Vida
Silvestre de la Universidad Nacional de Costa Rica. Posteriormente
estudió un doctorado en la Universidad de Columbia Británica en
Vancouver, Canadá. Su interés se ha centrado en el estudio y
conservación de las aves. Desde 1996 labora como investigadora en el
Departamento de Conservación de la Biodiversidad de El Colegio de la
Frontera Sur, Unidad San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
[email protected]
M. en C. Ereéndira Juanita Cano Contreras. Maestra en Ciencias en
Recursos Naturales y Desarrollo Rural por El Colegio de la Frontera Sur
y candidata a doctora en Ecología y Desarrollo Sustentable por la misma
institución. Temas de especialización: epistemología y ética en
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etnobiología, cosmovisión y Medicina Maya. Teléfono: (967) 631 6695.
Correo: [email protected]
M. en C. Ella Fanny Zuñiga Juárez. Maestra en Ciencias en
Biodiversidad y Ecosistemas Tropicales por la Universidad de Ciencias
y Artes de Chiapas. Colaboradora para el Laboratorio de Procesos
Bioculturales y Sustentabilidad, del Instituto de Ciencias Biológicas de
la UNICACH. Temas de especialización: etnobiología, ecología y
taxonomía de la herpetología. Teléfono: (961) 61 70 4 40 Ext. 4314
Correo: [email protected]
Reseña de Revisores
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