¿Qué es el estrés?
La persona que popularizó el término, y a quien le debemos algunos descubrimientos, fue el
Dr. Hans Selye, médico y fisiólogo que en el año 1950 se ocupó de definir al estrés como
una “respuesta general del organismo (cuerpo y mente) para adaptarse a las modificaciones
o cambios del ambiente, preparándolo para huir o luchar”. Esto que específicamente él
denominó como Síndrome general de adaptación, era concebido como una respuesta natural
en los seres humanos, que formaba parte de la vida. Selye había descubierto que,
independientemente de los agentes nocivos (ya sean internos o externos), el organismo
respondía con una serie de modificaciones en su afán de adaptarse a las circunstancias
perturbadoras y las alteraciones producidas en el cuerpo eran siempre las mismas.
Debido a que, gracias al estrés, podemos afrontar diversas situaciones cambiantes que
demandan una acomodación a nuestro contexto, de la misma forma que puede servirnos para
protegernos de riesgos e incluso mantenernos con vida, Selye advirtió que también podía ser
bueno, fenómeno al cual denominó con el nombre de estrés. En cambio, al estrés que
resultaba perjudicial para la salud y que generaba angustia, lo llamó distrés. Pero si el estrés
es normal, y además de ello puede incluso considerarse positivo, ¿por qué resulta tan
perjudicial para la salud?
Cuando un organismo es expuesto a mayor estrés del que puede soportar, sin dudas deberá
pagar las consecuencias de ello. Pero además de eso, y más importante aún, Selye pudo
darse cuenta también de que las enfermedades de adaptación se originan fundamentalmente
en cómo respondemos al cambio y la presión; es decir, que parten de nuestros propios
intentos fallidos de adaptarnos a condiciones estresantes.
¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando estamos estresados?
Antes de continuar y hacer hincapié en los modos en que nuestra forma de percibir y
afrontar los problemas determinan en realidad los niveles de estrés en nuestra
cotidianeidad, quisiera que tengamos presente aquello que sucede en nuestro cuerpo
mientras estamos estresados. Conocer acerca del funcionamiento de nuestra fisiología puede
resultar primordial para tomar conciencia sobre las implicancias de nuestro organismo en los
procesos de salud-enfermedad, y nos ayudará a reconocer los estados de estrés cuando los
transitamos.
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Podemos señalar una clara interacción entre los diferentes sistemas del cuerpo en la
respuesta al estrés, la cual comienza en el cerebro. Por un lado, un grupo de neuronas y
glándulas ponen en funcionamiento lo que se denomina “eje hipotálamo-hipófisis-adrenal
(HHA)”, que básicamente consiste en la producción de la neurohormona FCR (factor
liberador de corticotropina), que conecta el hipotálamo con la adenohipófisis, estimulando
la liberación de la hormona ACTH (adrenocorticotropa) al torrente sanguíneo, lo que a
su vez promueve la fabricación de glucocorticoides, como el cortisol, en la glándula
suprarrenal.
Por otro lado, las neuronas del cerebro también impulsan otra vía que de igual manera se
verá implicada en la respuesta del estrés. El sistema nervioso autónomo, mediante una
activación simpática, estimula la producción en la médula suprarrenal de adrenalina y
noradrenalina, provocando un efecto inmediato en todo el organismo: mayor estado de
alerta, dilatación de las pupilas, aumento del pulso y la presión sanguínea, tensión muscular,
disminución de las funciones digestivas, aumento de la frecuencia cardíaca y dilatación
bronquial.
Decimos entonces que el sistema nervioso trabaja junto al sistema endócrino en la liberación
de ciertas hormonas que contribuyen en la adaptación del organismo a las presiones del
ambiente. Y es fácil advertir que son numerosos los cambios y las alteraciones que suceden
en nuestro cuerpo cuando nos encontramos ante una situación de estrés.
Afecciones que puede producir el estrés crónico
Afecciones neurológicas
El estrés impacta en el cerebro de una manera directa. El exceso de cortisol puede
volverse nocivo para algunas áreas, interfiriendo negativamente en procesos como la
concentración, la memoria y el aprendizaje. De la misma manera, provoca alteraciones del
sueño y el humor, generando irritabilidad, ansiedad y depresión. Además aumenta las
convulsiones en pacientes con epilepsia.
Afecciones endócrinas
En personas predispuestas a padecer diabetes tipo 2, el estrés crónico puede resultar el
factor desencadenante.
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Afecciones inmunológicas
La disminución de linfocitos en sangre y la reducción de la actividad de células T y células
NK aumentan la posibilidad de infecciones, y a veces produce reacciones autoinmunes.
Afecciones cardiovasculares
Puede ocasionar hipertensión y aumentar las posibilidades de sufrir un ataque al corazón o
un accidente cerebrovascular.
Afecciones gastrointestinales
Favorece la aparición de gastritis, diarreas, dolores, acidez crónica, úlceras, y síndrome
del intestino irritable.
Afecciones respiratorias
El estrés crónico puede resultar mayormente perjudicial en personas con dificultades
respiratorias, o bien puede desencadenar algunas enfermedades como el asma.
Afecciones musculares
La tensión muscular producida por el estrés permanente, puede derivar en vértigos,
migrañas o dolores crónicos de espalda y cuello.
En realidad, el estrés es nuestro aliado, pero puede ser un arma de doble filo si no sabemos
gestionarlo y por ende se convierte en estrés crónico. Mindfulness es la respuesta a la
pregunta sobre cómo debemos tramitar el estrés para que no se traduzca en algo dañino para
la salud.
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Ser conscientes del estrés
Puede que por medio de nuestro piloto automático hagamos uso de estrategias que
aprendimos en nuestro pasado ante situaciones estresantes, y que nuestra mente
condicionada las active inconscientemente, sin hacer caso de las posibilidades reales del
presente. Las preguntas clave son: ¿estas estrategias me sirven para afrontar el estrés que
atravieso aquí y ahora? ¿O quizás solo me generan más problemas? A veces, encontrar
satisfacción a corto plazo garantiza una dificultad mayor, debido a que diversas estrategias
de afrontamiento terminan siendo perjudiciales para la salud, y lejos de resolver nuestras
dificultades vinculadas al estrés, no hacen más que sumarnos nuevos problemas.
Mindfulness nos proporciona la posibilidad de aprender a ser conscientes del estrés. Resulta
fundamental que podamos darnos cuenta de los momentos en los que nos encontramos
estresados, para evitar la desregulación de nuestro organismo. Si aprendemos a
observar las reacciones automáticas y encontramos formas de no perpetuarlas, desarrollando
modalidades de afrontamiento basadas en la conciencia, seguramente aprenderemos
también a transitar el estrés sin que nos impacte negativamente. Como dijimos antes, el
estrés puede ser positivo, pero debemos interiorizar los modos de regularlo para que no se
convierta en nuestro enemigo.
Pueden ser múltiples las formas de afrontar el estrés que resultan perjudiciales y poco
saludables, y aunque puedan darnos algunos resultados para sobrellevarlo
momentáneamente, brindándonos un poco de alivio a corto plazo, a la larga no hacen más
que generarnos más estrés.
En la primera semana nos referíamos a la rumiación y a la evitación como estrategias de
supervivencia sumamente necesarias en situaciones de vida o muerte; sin embargo, veíamos
también que podían ser riesgosas si abusábamos de ellas, ocasionándonos nuevos problemas.
Además de esos mecanismos generales, Jon Kabat-Zinn, quien aborda directamente la
temática, enumera una serie de “afrontamientos inadecuados” del estrés, que se describen a
continuación.
La negación
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Es difícil liberar tensiones si ni siquiera admitimos que están ahí. Nos resistimos a mirar lo
que sucede adentro de nosotros mismos. Utilizar este mecanismo puede resultar
efectivo si se trata de algo temporal, pero a la larga debemos hacer algo para resolver lo que
nos genera aflicción.
La adicción al trabajo
Hay personas que se ahogan en su trabajo. Muchas lo hacen inconscientemente y
con las mejores intenciones del mundo, porque, en el fondo, se sienten reacias a
enfrentarse a otras facetas de su vida.
Hiperactividad
Otra de las formas autodestructivas del comportamiento de la evitación. En lugar de
enfrentarnos a nuestros problemas, corremos de un lado hacia otro, llenándonos la vida
de actividades y cosas, hasta que terminamos desbordados y nos resulta imposible
conectar con nosotros mismos.
El uso de sustancias químicas
Cuando no nos gusta lo que sentimos, acudimos a sustancias que modifican nuestro
organismo. Existe una dependencia general en nuestra cultura por cualquier tipo de droga
o sustancia considerada necesaria para enfrentar el estrés y las exigencias diarias: café,
tabaco, alcohol, etc.
La comida
A veces comemos cuando estamos deprimidos o angustiados. Puede convertirse en una
muleta que nos ayuda a atravesar momentos incómodos y también puede ser una forma
de premiarnos tras realizar algún esfuerzo. El empleo de la comida como tranquilizante
puede convertirse en una adicción muy difícil de superar.
El consumo de medicamentos
“No hay tiempo para el dolor”, anuncian los spots publicitarios de los analgésicos. En una
cultura en la que no toleramos ningún tipo de malestar o displacer, el mercado de los
laboratorios prolifera. En muchas ocasiones ubicamos las benzodiacepinas en primer
lugar para transitar el estrés y la ansiedad, creyendo que resolverán nuestros problemas.
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Aprender a regular nuestras reacciones al estrés dependerá del grado de conciencia que
tengamos respecto de los afrontamientos inadecuados bajo los cuales nos vemos sumergidos
muchas veces sin siquiera darnos cuenta. En la medida que logremos comprender y estar al
tanto de que nuestro organismo reacciona (evitando, rumiando, comiendo o trabajando el
doble) ante el estrés, y que esa reacción nos provoca más sufrimiento, podremos también
volcar nuestra conciencia hacia las posibilidades del momento presente (tal como lo
describimos en la semana anterior), o bien simplemente tratar de centrar nuestra energía en
aceptar lo que fuese que esté sucediendo, incluso si trabajamos para cambiar nuestras
circunstancias.
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Práctica de Mindfulness y Aceptación
Supongamos que estamos realizando un ejercicio formal de meditación y de repente
comenzamos a sentir una leve picazón. La reacción habitual será seguramente la de extender
nuestra mano hasta esa zona del cuerpo para rascarnos. Pero qué sucedería si intentáramos
regular esa reacción, siendo conscientes de ella. Mindfulness nos brinda la posibilidad de
entrenar nuestra aceptación al tratar de no reaccionar como lo haríamos habitualmente y
simplemente permitiéndonos estar con esa sensación, aunque sea displacentera.
Mindfulness y Aceptación es un ejercicio bien práctico y concreto que hará posible el
entrenamiento de la aceptación y que consiste en una invitación a trabajar con la dificultad.
Mindfulness, lejos de ser un modo para “desconectarnos de la realidad”, permite que
aumentemos la conciencia sobre nosotros mismos y eso no siempre puede resultar
agradable o placentero, pero seguramente facilitará la liberación del sufrimiento
ocasionado por la reacción de nuestra mente condicionada.
Además, nos servirá también para trabajar durante las últimas tres semanas, dado que la
exploración de las emociones difíciles y su aceptación resulta de gran importancia.
Recuerde que las exigencias deben ser progresivas, no sea duro consigo mismo, la tolerancia
se desarrolla con tolerancia.