MINISTRAR
Mateo 25:34–40
34 Entonces el Rey dirá a los que estén a su
derecha: Venid, benditos de mi
Padre, heredad el reino preparado para
vosotros desde la fundación del mundo.
35 Porque tuve hambre, y me disteis de
comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui
forastero, y me recogisteis;
36 estuve desnudo, y me
cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve
en la cárcel, y vinisteis a mí.
37 Entonces los justos le responderán,
diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento y te sustentamos?, ¿o
sediento y te dimos de beber?
38 ¿Y cuándo te vimos forastero y te
recogimos?, ¿o desnudo y te
cubrimos?
39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la
cárcel, y fuimos a verte?
40 Y respondiendo el Rey,
les dirá: De cierto os
digo que en cuanto
lo hicisteis a uno de estos,
mis hermanos más
pequeños, a mí lo hicisteis.
Lucas 10:25–37
25 Y he aquí, un intérprete de la ley se levantó y
dijo, para tentarle: Maestro, ¿qué debo hacer
para heredar la vida eterna?
26 Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley?
¿Cómo lees?
27 Y él, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu
Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y
con todas tus fuerzas y con toda tu mente ;
DEUTERONOMIO 6:5
y a tu prójimo como a ti mismo .
LEVITICO 19:18
28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto
y vivirás.
29 Pero él, queriendo justificarse a sí
mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi
prójimo?
30 Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre
descendía de Jerusalén a Jericó y cayó
en manos de ladrones, los cuales le
despojaron; e hiriéndole, se fueron,
dejándole medio muerto.
31 Y aconteció que descendió un
sacerdote por aquel camino y, al verle,
pasó de largo.
32 Y asimismo un levita, llegando
cerca de aquel lugar, al verle, pasó de
largo.
33 Mas un samaritano que iba de
camino llegó cerca de él y, al verle, fue
movido a misericordia;
34 y acercándose, vendó sus heridas,
echándoles aceite y vino; y poniéndole
sobre su propia cabalgadura, le llevó
al mesón y cuidó de él.
35 Y otro día, al partir, sacó dos
denarios y los dio al mesonero, y le
dijo: Cuídamelo; y todo lo que gastes
de más, yo te lo pagaré cuando vuelva.
36 ¿Quién, pues, de estos tres te
parece que fue el prójimo de aquel que
cayó en manos de los ladrones?
37 Y él dijo: El que tuvo misericordia
de él. Entonces Jesús le dijo: Ve y haz
tú lo mismo.
2 Nefi 25:26
26 Y hablamos de Cristo, nos
regocijamos en Cristo,
predicamos de
Cristo, profetizamos de Cristo y
escribimos según nuestras
profecías, para que nuestros hijos
sepan a qué fuente han de acudir
para la remisión de sus pecados.
Mosíah 18:8–10
8 Y aconteció que les dijo: He aquí
las aguas de Mormón (porque así
se llamaban); y ya
que deseáis entrar en el redilde
Dios y ser llamados su pueblo, y
estáis dispuestos a llevar
las cargas los unos de los otros
para que sean ligeras;
9 sí, y estáis dispuestos a llorar con
los que lloran; sí, y a consolar a los
que necesitan de consuelo, y
ser testigos de Dios en todo tiempo, y
en todas las cosas y en todo lugar en
que estuvieseis, aun hasta la muerte,
para que seáis redimidos por Dios, y
seáis contados con los de la primera
resurrección, para que tengáis vida
eterna;
10 os digo ahora, si este es el deseo
de vuestros corazones, ¿qué os
impide ser bautizados en el nombre
del Señor, como testimonio ante él de
que habéis concertado
un convenio con él de que lo
serviréis y guardaréis sus
mandamientos, para que él derrame
su Espíritu más abundantemente
sobre vosotros?
3 Nefi 18:25
25 Y habéis visto que he mandado
que ninguno de vosotros se
alejara, sino más bien he
mandado que vinieseis a mí, a fin
de que palpaseis y vieseis; así
haréis vosotros al mundo; y el que
quebranta este mandamiento, se
deja llevar a la tentación.
Doctrina y Convenios 81:5
5 De manera que, sé fiel;
ocupa el oficio al que te he
nombrado; socorre a los
débiles, levanta las manos
caídas y fortalece las
rodillas debilitadas.
Ministrar
Por el presidente Russell M. Nelson
Hemos tomado la decisión de jubilar la orientación
familiar y el programa de maestras visitantes tal como
los conocíamos. En su lugar, implementaremos un
enfoque más nuevo y santo de cuidar y ministrar a los
demás. Nos referiremos a estos esfuerzos
simplemente como “ministrar”.
Los esfuerzos eficaces de ministrar se realizan
mediante el don innato de las hermanas y por el
incomparable poder del sacerdocio. Todos
necesitamos esa protección para resguardarnos de las
astutas artimañas del adversario.
“Estar con ellos y fortalecerlos”
Por el élder Jeffrey R. Holland Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Ahora, a la maravillosa asignación que el presidente Russell M. Nelson nos
ha dado a mí y a la hermana Jean B. Bingham. Hermanos y hermanas, a
medida que la obra de la Iglesia madura institucionalmente, se desprende
que nosotros debiéramos madurar de manera personal, también,
elevándonos individualmente por encima de cualquier rutina mecánica e
inerte para alcanzar el discipulado sincero del que habló el Salvador al
final de Su ministerio terrenal. Mientras se preparaba para dejar a su
todavía inocente y algo confuso pequeño grupo de seguidores, no les dio
una lista de una docena de pasos administrativos que tenían que seguir ni
les dejó un puñado de informes que debían llenar por triplicado. No, Él
resumió la labor de ellos con un mandamiento fundamental: “Que os
améis unos a otros; como yo os he amado… En esto conocerán todos que
sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”4.
Dejaremos de usar el lenguaje propio de la
orientación familiar y las maestras visitantes, en
parte porque la mayoría de nuestros esfuerzos
ministrantes se efectuarán en lugares que no serán
el hogar familiar, y en parte también porque el
contacto no estará definido por la enseñanza de
una lección preparada, aunque ciertamente podrá
compartirse una lección si surgiera la necesidad. El
objetivo principal de esta idea de ministrar será,
como se dijo del pueblo de Alma, “[velar] por su
pueblo, y [sustentarlo] con cosas pertenecientes a
la rectitud”6.
Seguiremos visitando los hogares tanto como nos sea
posible, si bien circunstancias locales tales como los
grandes números, las largas distancias, la seguridad
personal y otras situaciones difíciles podrían impedir que
se visiten todos los hogares todos los meses. Como
aconsejó la Primera Presidencia hace unos años, hagan
todo lo posible7. Además del calendario que establezcan
para las visitas, dicho calendario puede completarse con
llamadas telefónicas, notas escritas, mensajes de texto,
correos electrónicos, videoconferencias, conversaciones
en las reuniones de la Iglesia, proyectos de servicio
compartidos, actividades sociales y muchas más
posibilidades en el mundo de las redes sociales.
El único informe que se va a crear será el número de
entrevistas que los líderes tuvieron con los compañerismos
ministrantes en el barrio durante ese trimestre. Por muy
sencillo que eso suene, mis queridos amigos, esas
entrevistas son absolutamente cruciales. Sin esa
información, el obispo no tendrá manera de recibir la
información que él necesita con respecto a la condición
espiritual y temporal de los miembros. Recuerden: los
hermanos ministrantes representan al obispado y a la
presidencia del cuórum de élderes; no los reemplazan. Las
llaves de un obispo y un presidente de cuórum van mucho
más allá de este concepto de ministrar.
Debido a que este informe es diferente a
cualquiera que ustedes hayan enviado en el
pasado, permítanme recalcar que nosotros,
en las Oficinas Generales de la Iglesia, no
necesitamos
saber cómo ni donde ni cuando hacen un
contacto con los miembros; simplemente
necesitamos saber y nos importa que sí lo
hagan y que los bendigan en toda manera
posible.
Trabajemos hoy en la obra
Por el presidente Russell M. Nelson
Nuestro mensaje al mundo es sencillo y
sincero: invitamos a todos los hijos de Dios
en ambos lados del velo a venir a su
Salvador, recibir las bendiciones del santo
templo, tener gozo duradero y calificar para
la vida eterna2
Los bendigo para que levanten la voz en testimonio,
como yo ahora, de que estamos consagrados en la
obra de Dios Todopoderoso. Jesús es el Cristo. Esta
es Su Iglesia, la cual Él dirige mediante sus siervos
ungidos. Testifico de ello y les expreso mi amor por
cada uno de ustedes, en el sagrado nombre de
Jesucristo. Amén.
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