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Evolución de la Organización Temática en Bibliotecas

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Bibliotecas. Vol 39, N° 1, enero - junio, 2021.

EISSN: 1659-3286
URL: http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/bibliotecas/index
DOI: http://dx.doi.org/10.15359/rb.39-1.3
Licencia: Creative Commons (BY-NC-SA) 4.0 Internacional

La organización temática de los recursos de información en las


bibliotecas: somero análisis diacrónico desde la antigüedad hasta
nuestros días

The Subject Organization of Information Resources in Libraries: a Brief Diachronic Analysis


from Antiquity to the Present

Adriana Suárez Sánchez


Universidad Nacional Autónoma de México, México
http://orcid.org/0000-0003-0215-337X

Recibido: 24 de julio de 2020 Aceptado: 03 de diciembre de 2020

Publicado: 21 de mayo de 2021

Resumen
La organización temática de los recursos de información en las bibliotecas ha sido una
actividad sustancial que ha prevalecido desde las civilizaciones antiguas hasta nuestros
días. El objetivo de este trabajo es trazar una revisión diacrónica de la actividad,
considerando los recursos, el proceso, las personas que lo desarrollan y los lenguajes
de indización auxiliares. La metodología empleada consistió en el análisis de un
conjunto de fuentes de información académicas sobre el tema. Se encontró que la
organización temática de los recursos de información ha pasado por diversas etapas,
englobadas en cuatro periodos: (1) antes del establecimiento de la bibliotecología como
disciplina, (2) la estandarización bibliotecaria de los siglos XIX y XX, (3) los tiempos de
la segunda mitad del siglo XX y (4) los albores del siglo XXI. Se concluye que el
ordenamiento temático de los recursos de información es una actividad en constante
evolución, a partir de los recursos de información, las tecnologías para su arreglo y las
necesidades de la población usuaria.

Palabras clave
Organización temática, Indización, Catalogación temática, Acceso temático, Bibliotecas

Abstract
The subject organization of informational resources in libraries has been an essential
activity since the ancient civilizations to our present day. The target of this work is to
present a diachronic revision of the subject organization taking into consideration the
resources, the processes, the people who develop them, and the indexing languages
employed in such activities. The methodology for this work consists in the revision and
analysis of a set of academic sources of information on the topic. This work proves that
the subject organization of informational resources has undergone different phases that
can be categorized into four different periods: (1) before the establishment of
librarianship as a discipline, (2) the stage under the library codes and standards in the
nineteenth and twenty centuries, (3) during the second half of the twenty century and (4)
the starting of the 21st century. Conclusively, this is an activity that has evolved,
constantly, as the informational resources, the technologies employed for their
classification, and the needs of their users have required it.

Keywords
Subject organization, Indexing, Subject cataloging, Subject Access, Library
Bibliotecas. Vol. 39, N° 1, enero - junio, 2021. EISSN: 1659-3286
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I. Introducción

El acceso temático a los recursos de información es una opción de consulta que las
bibliotecas han ofrecido desde antaño y se ancla en las necesidades de información de las
personas usuarias. En la búsqueda de recursos es común que los usuarios tengan un
autor o título en mente, pero también es frecuente que revelen una exigencia tópica
asociada a su contexto académico, laboral, económico, familiar, recreativo, etc., por
ejemplo, un estudiante que investiga sobre las “células procariontes”, un trabajador social
que busca información sobre “derechos infantiles” o un ama de casa que requiere la receta
del “pastel tres leches”.

Para cumplir con tal exigencia, las bibliotecas han desarrollado actividades dirigidas a la
organización temática de los recursos de información (OTRI). Según Barité (2015), la OTRI
es el proceso de descripción y representación del contenido temático de un documento,
mediante un número limitado de términos tomados directamente del documento (palabras
clave) o de vocabularios controlados (descriptores o encabezamientos de materia) que
caracterizan al recurso, de modo que faciliten su futura recuperación.

Es una actividad que el personal bibliotecario realiza día a día; sin embargo, en medio de
las múltiples ocupaciones laborales, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre su
origen, establecimiento y funcionalidad. ¿Cuándo empezó la actividad? ¿En qué momento
se instauró como proceso esencial de las bibliotecas? ¿Cómo evolucionó a través del
tiempo? ¿Siempre han existido bibliotecarios encargados de la organización temática?
¿Siempre se ha desarrollado el proceso que realizamos actualmente? ¿Cuándo
aparecieron los lenguajes de indización que apoyan la actividad?

La organización temática de los recursos de información desde una perspectiva diacrónica


ha sido, principalmente, estudiada por autores de habla inglesa como Cleveland y
Cleveland en su obra Introduction to indexing and abstracting (2013) donde ofrecen una
visión panorámica que contempla su origen en las culturas antiguas, el proceso durante la
Edad Media, la organización temática de los recursos después del surgimiento de la
imprenta, el preludio de los tiempos modernos y los retos actuales caracterizados por las
tecnologías de la información. De igual manera, también en lengua inglesa, se cuenta con

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artículos sobre cada periodo que contribuyen a la formación del panorama desde la
antigüedad -por ejemplo, Haikal (2008) con su artículo Private collections and temple
libraries in ancient Egypt o Dix (1994) con Public libraries in ancient Rome: ideology and
reality- hasta documentos sobre la actividad en tiempos recientes como Keyser (2012) con
Indexing: from thesauri to the semantic web o Chowdhury y Chowdhury (2007) en
Organizing information: from the shelf to the web.

En el ámbito angloparlante es posible recuperar varios estudios diacrónicos sobre la


organización temática de los recursos de información y decenas de trabajos sobre cada
periodo. En el contexto latinoamericano es imprescindible una mayor investigación y
producción literaria sobre la organización temática de los recursos de información, en
general, y sobre su evolución histórica, en particular. Dicho lo anterior, esta investigación
tiene por objetivo trazar una revisión diacrónica de la organización temática de los recursos
de información en las bibliotecas, considerando los recursos, el proceso, las personas que
lo desarrollan y los lenguajes de indización auxiliares de la actividad.

Para cumplir con el propósito establecido, el estudio se fundamentó en la revisión y análisis


de un conjunto de fuentes de información relevantes sobre el tema. A partir del análisis
desarrollado, el presente artículo presenta diacrónicamente etapas trascendentales por las
que ha atravesado la organización temática de los recursos de información. Los resultados,
se exponen en cuatro periodos: (1) antes del establecimiento de la bibliotecología como
disciplina, (2) la estandarización bibliotecaria de los siglos XIX y XX, (3) los tiempos de la
segunda mitad del siglo XX y (4) los albores del siglo XXI.

Es importante mencionar que la investigación se ofrece como un artículo de revisión que


pueda ser de gran utilidad para la formación académica de estudiantes de bibliotecología,
una obra de consulta para profesionales de la disciplina interesados en el tema y un
material de lectura para todas aquellas personas apasionadas por la historia de las
bibliotecas y sus procesos.

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II. Desarrollo

a. El periodo antes del establecimiento de la bibliotecología como


disciplina
Nuestro conocimiento sobre el momento preciso en el que inició el tratamiento temático de
los recursos de información es reducido “debido a que mucha de la evidencia ha sido
destruida por los estragos del tiempo, la quema de libros y la fragilidad de los materiales en
los que la información ha sido registrada” (Bates y Maack, 2010, p. 2282). No obstante, se
cree que tal momento se encuentra asociado a épocas muy antiguas de la humanidad en
las que surgieron recursos de información (huesos de animales, piezas de madera, tablas
de arcilla, etc.) que superaron la capacidad de memoria humana. En cierto momento,
“…alguien se dio cuenta de que los registros escritos debían organizarse para facilitar su
acceso” (Cleveland y Cleveland, 2013, p. 33) y, justo entonces, el ser humano empezó a
hacer algo para que la información almacenada fuera recuperable mediante el arreglo de
ciertos rasgos en un orden establecido o a través de la condensación de documentos
extensos en resúmenes o nociones elementales del tema tratado (Witty, 1973).

Las evidencias más antiguas sobre el tratamiento temático de recursos de información se


encuentran en la civilización mesopotámica, alrededor del año 3000 a. C. (Stockwell, 2001;
Gil Leiva, 2008; Cleveland y Cleveland, 2013). La civilización mesopotámica, formada por
los pueblos sumerios, babilonios, acadios y asirios, se organizó en ciudades estado y
desarrolló actividades políticas, sociales, económicas y religiosas. Como resultado,
generaron información registrada en tablas de arcilla de diversos tamaños. Las primeras
instituciones resguardadoras de documentos de las cuales se tienen pruebas fehacientes
son “los repositorios de tabletas de arcilla de los Sumerios y las colecciones de cilindros de
arcilla de los Asirios” (Stockwell, 2001, p. 30). Tales recursos, ocasionalmente, hacían
referencia al contenido temático que albergaban; en las tablas los escribas solían agregar
datos de contenido expresadas en resúmenes cortos, mediante oraciones breves o
palabras referidas al contenido (Gil Leiva, 2008).

En Egipto, desde el año 3500 a. C. hasta el 30 a. C. se contó con depósitos de registros


documentales tanto en el ámbito institucional como privado (Webb, 2013). Zinn señala que
mientras las bibliotecas actuales buscan ofrecer servicios, las bibliotecas de ese periodo

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perseguían la “preservación y transmisión del saber colectivo” (2007, p. 175). Hacia el año
2000 a. C. las tablas de arcilla, como soporte de la información, fueron sustituidas por
papiros que para enrollarse tenían una vara de soporte en la cual los encargados del
depósito solían colgar etiquetas con las primeras frases del documento u oraciones
relacionadas con el asunto tratado (Gil Leiva, 2008). Aunado a ello, algunos resquicios
arqueológicos muestran inscripciones en los muros de los depósitos de documentos que
registran información sobre los materiales albergados (Webb, 2013). Tales inscripciones no
intentaban ser una clasificación o un catálogo bibliotecario, pero al paso del tiempo
muestran posibilidades de una primigenia organización de las colecciones.

Las grandes bibliotecas de la antigüedad también desarrollaron actividades asociadas al


tratamiento temático de sus materiales. En Hattusa, antigua capital del imperio hitita, se
han encontrado restos de tablas de arcilla con información sobre conjuros, himnos,
oraciones, asuntos médicos, registros históricos, leyes, y listas de vocabularios y “para
mantener el orden en la biblioteca un número de tabletas eran catálogos de títulos” (Olof,
1998, p. 48). La biblioteca de Nínive, establecida por Ashurbanipal era vasta
temáticamente, incluía obras sobre asuntos administrativos, legales, diplomáticos,
comerciales, espirituales, encantamientos, himnos a dioses, tratados médicos, compendios
astronómicos y trabajos literarios. Tenía más de doce salas y las tabletas estaban
temáticamente organizadas, mientras un pequeño inventario se encontraba frente a cada
sala (Polastrón, 2007; Borcoman, 2017). En La biblioteca de Ebla en el norte de Siria una
misión arqueológica emprendida en 1974 encontró restos de más de 16,000 tabletas de
arcilla que datan de aproximadamente el año 2400 a. C., y, en algunas de sus partes, se
observan palabras referidas a entradas o secciones de la información registrada
posteriormente (Cleveland y Cleveland, 2013).

Una biblioteca de la que se tiene más información sobre sus colecciones y organización
fue la de Alejandría, fundada en 300 a. C. Es considerada la mayor biblioteca de la
antigüedad y se cree que albergó aproximadamente 700 mil papiros (Borcoman, 2017).
Los ptolomeos, que reinaron por casi trescientos años, promovieron reunir en ella
colecciones amplias y hacerlas accesibles. Sus materiales fueron ordenados según su
contenido temático y colocados en colecciones generales o específicas. Zenodoto (330 a.
C.-260 a. C.) empleó el orden alfabético como modelo de organización (Cleveland y

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Cleveland, 2013); no obstante, “cuando hablamos de arreglo alfabético en la antigüedad,


no significa el detallado letra-por-letra-hasta-el-final-de-la-palabra” (Witty, 1973, p.194),
sino un orden más ligero que contemplaba la primera letra o acaso las tres primeras.
Posteriormente, Calímaco (305-204 a. C.) generó el catálogo Pinakes formado por “120
rollos y contenía registros sobre los autores y sus obras” (Olense, 2014, p. 5). Se cree que
el catálogo pudo haber tenido diez divisiones temáticas; sin embargo, solo tres son
conocidas con certeza: leyes, retórica y miscelánea. También se piensa que pudo haber
tenido “subclases de tipo cronológico, topográfico o biográfico” (Witty, 1958, p. 136).

En las culturas clásicas también se encuentran registros del tratamiento temático de los
recursos de información (Polastron, 2007). En Grecia, cuna de la civilización occidental, los
soportes de la información fueron tablas de diversos materiales (madera, arcilla, metal) y el
pergamino en rollos de diversos tamaños. Las bibliotecas contaban con colecciones
vastas, inventarios de los recursos y memorias de consultas (Oldfather, 1938). La
biblioteca imperial, según Tucci, fue más allá del arreglo de la “división en secciones
griegas y latinas (una distinción académica que es muy probable que esté equivocada)”
(Tucci, 2013, p. 247). Es casi seguro que tenía colecciones temáticas o autorales y
subcolecciones a partir de categorías semejantes creadas por los curadores de cada área.

En Roma el conocimiento fue un aspecto fundamental y “todas las casas de los hombres
ricos tuvieron repositorios” (Stockwell, 2001, p. 32) que albergaban obras de filósofos,
políticos, retóricos, poetas, etc. Entre las bibliotecas particulares destacaron las de Lucio
Carpunio Piso, Lucinio, Marco Tulio Cicerón y Tito Pomponio Ático. Tales espacios estaban
organizados, los documentos eran colocados en cajas de madera agrupadas bien por autor
o contendido temático (Dix, 1994). En los años siguientes, la idea de tener bibliotecas
públicas tomó fuerza y fueron establecidas la Bibliotheca in Atrio Libertatis, Bibliotheca
Templi Apollinis, Bibliotheca Porticus Octaviae, Bibliotheca Templi Augusti, Bibliotheca
Domus Tiberiana, Bibliotheca in Templo Pacis, Bibliotheca in Foro Traiano, Bibliotheca in
Capitolio, Bibliotheca in Templo Aesculapi. Una encuesta de las construcciones romanas
llevadas a cabo en el año 337 d. C. indica la existencia de 28 bibliotecas públicas
(Stockwell, 2001) reguladas por el Procurator Bibliotecorum.

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Durante la Edad Media, las bibliotecas estuvieron asociadas principalmente a las cortes y los
monasterios. Aunque el periodo frecuentemente es considerado de oscurantismo, en lo relativo
a las bibliotecas hubo avances. En el Scriptorium -zona específica de los conventos- los
religiosos se organizaban para desempeñar cinco tareas: (1) la preparación de los pergaminos,
(2) la copia de la obra, (3) la decoración del manuscrito, (4) la colocación y la gestión del
manuscrito en la biblioteca y (5) la comercialización o distribución de copias para otras
bibliotecas (Stockwell, 2001). El contenido temático tratado en los manuscritos fue central para
su recuperación y el resumen del documento se empleó como una técnica para que los usuarios
determinaran su utilidad.

Llegado el siglo XV, algunos hechos contribuyeron a una renovada concepción histórica: la
caída de Constantinopla, la invención de la imprenta, el auge de las Universidades y los grandes
descubrimientos científicos (Galende Díaz, 1996). La imprenta fue una innovación que posibilitó
avances en todos los campos científicos y permitió a la disidencia religiosa florecer. Datos,
pensamientos y expresiones que “pudieron rápidamente haberse perdido en el abismo de
sistemas de memoria defectuosos, métodos de escritura engorrosos e inadecuadas formas de
transportación ahora podían ser mantenidos por décadas entre las cubiertas de los libros”
(Stockwell, 2001, p. 47). Las colecciones de las bibliotecas crecieron debido a la naciente
facilidad de reproducción y, consecuentemente, durante los siglos XV y XVI los encargados de
las bibliotecas se vieron en la necesidad de crear catálogos de consulta local y “ordenamientos
de las colecciones por disciplinas” (O’Brien, 2016, p. 228).

Para el siglo XVII el avance de los impresos había crecido de forma impresionante,
predominaban periódicos, revistas, novelas, panfletos, publicaciones para niños, etc. (Stockwell,
2001) y apareció un nuevo tipo de recurso de información: la revista (Cleveland y Cleveland,
2013). Con la proliferación de las revistas, los índices se volvieron esenciales. Al principio fueron
instrumentos rudimentarios, formados de títulos y referencias a las páginas, pero pronto
empezaron a combinar el acceso temático al final de la publicación. Justo hacia finales de ese
periodo, tras el fortalecimiento del mundo académico y la naciente literatura científica, los índices
y tareas de control temático de los recursos se vislumbraron necesarios y, consecuentemente,
los siglos posteriores se caracterizaron por la institucionalización de las bibliotecas, el
surgimiento de la profesión bibliotecaria y la aparición de normas para la organización tanto
descriptiva como temática de los recursos de información.

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b. La estandarización de los siglos XIX y XX


Durante el siglo XIX la organización tanto descriptiva como temática de los recursos de
información se observó impostergable, en vista de que las bibliotecas albergaban gran
cantidad de recursos (Mahapatra y Bhubaneswar, 1999). Según Stockwell (2001). El
primer catálogo de libros por tema apareció en la biblioteca de la abadía de St. Galo en
Suiza durante el siglo XIX y consistió en un registro calendárico-temático sobre las vidas
de los santos y asuntos religiosos, de modo que fueran fácilmente localizables para su
lectura en los días de festividad. Se formaba de categorías generales: la biblia, escritos de
los padres de la iglesia, obras teológicas, homilías, vidas de santos y literatura secular.

Una figura icónica del siglo XIX en torno a la organización de los recursos de información
fue Anthony Panizzi (1797-1879), director de la Biblioteca del Museo Británico. Su principal
aporte a la bibliotecología reside en sus 91 reglas para la compilación del catálogo
bibliotecario (1941) que tratan sobre el registro de los autores, los títulos y el ordenamiento
alfabético del catálogo. Aunque la obra no considera asuntos relativos a la organización
temática, abre la puerta a un nuevo periodo de estandarización bibliotecaria.

Charles Ami Cutter (1837-1903) fue otro personaje clave para el desarrollo del trabajo
bibliotecario. Su obra Rules for a dictionary catalog en 1876 estableció un paradigma en la
organización de recursos de información. Respecto a la organización temática, estableció
dos proposiciones trascendentales: (1) permitir a las personas (no habla de usuarios)
encontrar un libro cuyo tema es conocido y mostrar lo que la biblioteca tiene de un tema
dado y (2) analizar asuntos relacionados con el lenguaje, los sinónimos, las palabras
temáticas, los homónimos y los temas compuestos al representar temáticamente un
material de la biblioteca (Cutter, 1891). Además de hablar de las palabras que pueden ser
usadas como tema de los libros, esboza aspectos de normatividad y control que serán
fundamentales para la categorización inherente a la representación temática de las
colecciones y el desarrollo de vocabularios controlados.

Melvin Dewey (1851-1931) fue un bibliotecario esmerado en su profesión y relevante para


la estandarización bibliotecaria. Como indica Lor, compartió “la preocupación de los
bibliotecarios del siglo XIX por construir instituciones encargadas de adquirir, catalogar,
acomodar y proporcionar acceso a las colecciones; aunado a ello, tuvo un constante

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énfasis en las cuestiones técnicas” (2019, p. 23). Dewey dirigió sus esfuerzos tanto al
desarrollo de herramientas para la gestión de las colecciones bibliotecarias a través de la
planeación y construcción del Sistema de Clasificación Decimal Dewey (1976) como para
la formación de bibliotecarios profesionales mediante el establecimiento de la Columbia
School of Library Economy en 1887. Esta última acción fortaleció la figura del bibliotecario
y, en los años posteriores, será la base que apuntalará la instauración de la bibliotecología
como una disciplina con actividades enfocadas a la gestión formal de los recursos de
información.

Paul Outlet (1868-1944), frecuentemente denominado padre de las ciencias documentales


es otra de las figuras representativas de nuestro campo de conocimiento. Durante su vida
trabajó en la creación del Instituto Internacional de Bibliografía (1895), publicó el Tratado
de documentación (1934), una obra fundamental sobre la profesión bibliotecaria y
contribuyó para la consolidación de la Clasificación Decimal Universal, a partir de
modificaciones sustanciales a la clasificación decimal elaborada por Melvin Dewey en 1876
(Arnaut, 1995).

En 1876 se establece la American Library Association (ALA), una organización profesional


de bibliotecarios cuya misión fue congregarse “para permitir a los bibliotecarios hacer su
trabajo más fácilmente y con menos gastos” (ALA, 2020). Posteriormente, su acta
constitutiva de 1879 contempla una misión más amplia sobre su misión, asociada a:
[…] promover [los] intereses de las bibliotecas [del país] y de todo el mundo
intercambiando opiniones, llegando a conclusiones e induciendo a la cooperación en
todos los departamentos de la ciencia y la economía bibliotecaria; inclinar la voluntad
de las personas para la fundación y el mejoramiento de las bibliotecas; y cultivar la
buena voluntad entre sus propios miembros (ALA, 2020).

Derivado de la consolidación de la American Library Association, en 1895 apareció List of


subject headings for use in dictionary catalogs, un apéndice a las reglas de Cutter para el
catálogo diccionario cuyo objetivo fue simplificar el trabajo del catalogador en lo tocante a
la representación temática de los recursos de información. En su construcción, la
herramienta recuperó otros vocabularios controlados como la lista de temas de Peabody
Institute y The harvard subject index (Cleveland y Cleveland, 2013). Incluía

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encabezamientos comunes para una biblioteca pequeña o mediana y daba algunas


recomendaciones respecto a cómo construir un encabezamiento (forma, sintaxis, número) cuando
no estuviese en la lista y fuese requerido.

Para este momento la Biblioteca de Congreso de los Estados Unidos se había establecido como
una institución dirigida a la investigación y desarrollo de estándares bibliotecológicos. En lo tocante
al contenido temático, desde 1898 trabajaron en la construcción de un listado autorizado y en
1909 publican Subject headings used in the library catalogues of the Library Congress.
Rápidamente la herramienta obtiene reconocimiento y “se convierte en referente para el resto de
las bibliotecas del mundo que la traducen o adoptan en otros idiomas” (Gil Leiva, 2008, p. 110).
Como señala Chan (2020, párr. 3) “esta ahora enorme estructura comenzó con un pequeño paso.
Después de que la biblioteca se trasladó del Capitolio a su nuevo edificio en 1897, sus
funcionarios se enfrentaron a la pregunta de cómo debía organizarse la colección”.

Para 1950 la organización temática de los recursos de información era una actividad común en las
bibliotecas. Se fundamentaba en el análisis documental, la determinación del contenido temático
de los materiales y su concreción en símbolos extraídos de vocabularios controlados,
principalmente encabezamientos de materia. En cuanto al acceso temático, el catálogo era
impreso y los materiales se encontraban físicamente ubicados en estanterías, según un sistema
de clasificación.

c. Los tiempos de la segunda parte del siglo XX


Pasada la primera mitad del siglo, el periodo posguerra trajo consigo una gran explosión de
la información basada en el uso de tecnologías computacionales (Cleveland y Cleveland,
2013). Las potencias mundiales emprendieron arduas labores de desarrollo tecnológico y
hubo una creciente demanda de información bajo temáticas generales y altamente
especializadas (Mahapatra y Bhubaneswar, 1999). “La investigación sobre IRR
[Information Representation and Retrieval] no se transformó en un campo clave en las
ciencias de la información hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial” (Chu, 2010, p.
1). A partir de entonces y durante todo el siglo XX se hizo necesario recuperar información
de modo preciso, en derivación, se mejoraron los procesos de selección, adquisición,
almacenamiento, diseminación y recuperación de los recursos de información en
bibliotecas gubernamentales, académicas y públicas.

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A mitad del siglo, ALA concreta un código de catalogación en el que habían estado
trabajando desde 1908 y publica Rules for descriptive cataloging in the Library of Congress
donde establece un área de descripción asignada al contenido temático de los recursos.
Posteriormente, encarga a Seymour Lubetzky (1898-2003) la revisión de las normas y en
1967 aparece la primera edición de Anglo American Cataloguing Rules (AACR) que sigue
manteniendo el área de descripción bibliográfica asociada a la representación del
contenido temático de los recursos.

También a mitad de siglo, Hans Peter Luhn establece las bases de la indización
automatizada. Propone, el índice KWIC (Keywords in Context-Palabras en contexto) el cual
a partir de los términos más frecuentes del documento establece de qué trata
temáticamente. La indización automatizada se observó como una opción viable para el
tratamiento temático de los recursos de información en vista de que eliminaba la
subjetividad inherente al proceso de catalogación humana y reducía costos y tiempo de
indización; sin embargo, también evidenció que la computadora no posee el poder analítico
de los humanos (Gil-Leiva y Rodríguez-Muñoz, 1997).

En la década de 1960 las metodologías para la construcción de tesauros empezaron a


desarrollarse y “alcanzaron su momento de mayor esplendor en 1980´s cuando alcanzaron
el estatus de lineamientos ISO para tesauros monolingües y para tesauros multilingües”
(Keyser, 2012, p. 7). El tesauro tiene sus antecedentes en el siglo XII, periodo en el que
fueron elaborados compendios denominados Thesauri que eran “obras conceptuales de
control sinonímico y bases de datos léxicas”. (Bates y Maack, 2010, p. 2283). En
comparación, los tesauros como herramientas documentales son un asunto moderno
enfocado al control del vocabulario de un área de especialidad. En 1967 se publica
Guidelines for the development of information retrieval thesauri elaboradas por el Federal
Council for Science Technology. En 1970 Guidelines for the stablishment and development
of monolingual scientific and technical a cargo de la UNESCO, en 1974 ISO 2788: 1974
Guidelines for the stablishment of development of monolingual thesauri y en 1986 ISO
2788-1986 Guidelines for the stablishment and development of monolingual tesauri.

Los estándares antes mencionados “datan de un tiempo cuando la información era casi
exclusivamente publicada en libros impresos y revistas que eran almacenadas en las

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bibliotecas físicas” (Keyser, 2012, p. 7); no obstante, tras la masificación de la web, el


tesauro ha sido un lenguaje de indización que logró integrarse al mundo digital, en donde
sus metodologías de planeación se han renovado con las nuevas normas ISO-25964-
1:2011 Information and documentation-thesauri and interoperability with other vocabularies-
Part 1: thesauri for information retrieval e ISO-25964-2:2013 Information and
documentation-thesauri and interoperability with other vocabularies-Part 2: interoperability
with other vocabularies, así como su correspondencia europea UNE-ISO 25964-1: 2014
Información y documentación. Tesauros e interoperabilidad con otros vocabularios. Parte
1: tesauros para la recuperación de la información y UNE-ISO 25964-2: 2016 Información y
documentación. Tesauros e interoperabilidad con otros vocabularios. Parte 2:
interoperabilidad con otros vocabularios.

Durante la década de 1980 hubo gran atención hacia la representación temática y el


proceso que los indizadores realizaban para determinar el aboutness de un recurso de
información (Hjørland, 1997). En 1981 se publica ISO-5127/3A-1981 Information and
documentation vocabulary. Acquisition, identification and análisis of document and data
que trata sobre la terminología asociada a la representación temática de los recursos de
información. Luego, en 1985 se publica ISO 5963:1985 Methods fo examining documents.
Determining their subjects and selecting indexing terms que, por una parte, define los
lineamientos sobre el proceso que el catalogador debe seguir para establecer de qué trata
un recurso y, por otro, proporciona la pauta para la selección adecuada de los
encabezamientos de materia o descriptores que simbolicen el contenido temático.

A lo largo de las décadas de los sesentas, setentas y ochentas, la bibliotecología enfrentó


cambios que transformaron completamente su dominio de acción. Primero, a los libros y
revistas impresos se agregaron otros soportes informativos como casetes, videos, discos
compactos, etc. Luego, los catálogos físicos se convirtieron legibles por máquinas
mediante formatos específicos como Machine Readable Cataloging (MARC). Por último, la
década de los noventas se caracterizó por el catálogo público de acceso en línea (Online
Public Access Catalog-OPAC) y la masificación de la web que redefinió el ciclo de la
información y su consecuente recuperación, “dando paso al advenimiento de la
computadora, el Internet y otras tecnologías de la información de la era digital y la era en
red” (Chu, 2010. p. 4).

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Durante la primera mitad del siglo XX, la bibliotecología contó con pocas tecnologías para
la producción, almacenamiento y ordenamiento de la información. En comparación, las
décadas de la segunda mitad del siglo “representan los años dorados en el desarrollo de la
representación y recuperación de información” (Chu, 2010, p. 2). Los cincuentas trajeron
consigo el primer sistema de recuperación por computadora; los sesentas implicaron
trabajos experimentales en la organización y en la recuperación temática, los setentas nos
dieron una conversión generalizada para operaciones automatizadas, en los ochentas el
tratamiento temático de los recursos de información migró hacia bases de datos y en los
noventas nos llevaron al espacio web. De manera que:
Para cuando el siglo XX había terminado, era evidente que la indización había
sobrepasado las ideas de los tiempos antecedentes. Habíamos progresado de los
índices para obras monográficas, a los índices cooperativos, a los índices de bases
de datos masivos y ahora teníamos la World Wide Web con muchos cambios
formidables y oportunidades en la indización (Cleveland y Cleveland, 2013, p. 40).

Durante la segunda mitad del siglo XX se fortalecieron los estándares para la organización
temática de la información y los lenguajes de indización. Por demás, la figura del
bibliotecario se consolidó mediante el establecimiento de escuelas de bibliotecología en
Estados Unidos, Europa y América Latina.

En nuestro contexto latinoamericano, aparecieron también algunas herramientas auxiliares


de la organización temática de los recursos de información como Lista de
encabezamientos de materia para bibliotecas (1967) compilada por Carmen Rovira y Jorge
Aguayo, Lista de encabezamientos de materia (1978) de Gloria Escamilla y Lista de
encabezamientos de materia para bibliotecas (1998) editada por la Biblioteca Luis Ángel
Arango. En cuanto a la formación bibliotecológica se establecieron escuelas de
bibliotecología en varios países de la región como México, Colombia, Costa Rica,
Argentina, Uruguay y Cuba donde, además, se han establecido centros de investigación
que cuentan con numerosas líneas de investigación propias de la disciplina.

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d. Los albores del siglo XXI


Derivado del surgimiento de nuevos soportes de la información y las nuevas necesidades
de los usuarios, el arreglo temático de los recursos de información desde la perspectiva
bibliotecológica tuvo una etapa de enriquecimiento, incorporando nuevas teorías y métodos
(Peña Vera, 2011). Los trabajadores de las bibliotecas también aprendieron una nueva
forma de actuar, derivada de las comunicaciones, la Internet y las tecnologías de la
información. “El bibliotecario ahora es un especialista de la información y la biblioteca un
centro de información” (Stockwell, 2001, p. 148). En este nuevo rol, los expertos del campo
se mueven, por un lado, en el espacio físico de la biblioteca tradicional y, por otro, se
insertan en el ciberespacio que se vislumbra como el nuevo mundo para repositorios y
bibliotecas digitales (Rubin, 2010).

Llegados a este punto, fue indispensable reflexionar sobre un planteamiento esencial: ¿la
organización temática de los recursos de información en los contextos bibliotecológicos
digitales es distinta a la organización temática realizada en la biblioteca física? Al respecto,
Martínez Arellano indica que:
Los tipos de acceso temático no han sido modificados substancialmente, a pesar de
haber surgido nuevas opciones para la recuperación temática apoyada en
alternativas que actualmente brindan los sistemas y las tecnologías, como son los
thesaurus, los sistemas de indización, las ontologías y la web semántica (Martínez,
2012, p.7.)

Como señala Martínez Arellano, el acceso temático no ha sido modificado


sustancialmente, pero a partir de las posibilidades tecnológicas, el abanico de los sistemas
para la representación y organización temática de los materiales ha crecido. Chowdhury y
Chowdhury (2007) coinciden con tal aseveración cuando asumen que:
Con la introducción de la Web y las bibliotecas digitales, el mundo de la información
ha cambiado de manera dramática en la última década en términos de volumen,
variedad, formato, naturaleza y complejidad de recursos de información electrónica.
Esto dio lugar a la necesidad de nuevas y mejores herramientas, técnicas y
estándares para la organización de la información (Chowdhury y Chowdhury, 2007,
p.18).

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La organización temática de los recursos de la información actualmente se desarrolla


mediante procesos manuales, automatizados o híbridos (Gil Leiva, 2008).
a) La indización manual se fundamenta en la tarea experta de un indizador quien
aplica un proceso de análisis documental y a través de la consulta de lenguajes de
indización (tesauros, taxonomías, encabezamientos de materias, etc.) concreta en
signos lingüísticos qué tratan los recursos.
b) La indización automatizada emplea programas que, mediante frecuencias
estadísticas y algoritmos lingüísticos, establecen de qué tratan temáticamente los
recursos de información.
c) La indización híbrida se vale de tecnologías que pueden sugerir los temas del
recurso a la vez que hay validaciones humanas sobre los encabezamientos o
descriptores propuestos.

En cuanto a las normas, los cambios derivados de las tecnologías trajeron consigo
modelos conceptuales acordes al siglo XXI, entre los que es posible mencionar FRBR-
Funcional Requeriments for Bibliographic Records y su derivación sobre el control de
autoridades temáticas en FRSAD-Functional Requeriments for Subject Authority Data que
plantea aspectos concretos sobre cómo debe ser el acceso temático actualmente (IFLA,
2010).

Aunque la organización temática de los recursos de información no ha sido modificada


sustancialmente, han surgido nuevas normas y lenguajes de indización, también
denominados sistemas para la organización del conocimiento (Hodge, 2000). Los
lenguajes de indización tradicionales (encabezamientos de materia, tesauros) se han
enriquecido con nuevas estructuras como tesauros y taxonomías digitales que han migrado
al espacio web y mapas tópicos, ontologías y folksonomías emergidas del mismo contexto
digital (Suárez Sánchez, 2017). Al respecto Keyser (2012, p. 21) señala que por más de un
siglo las bibliotecas han estado trabajando con clasificaciones, encabezamientos de
materias y tesauros, pero “nuevos instrumentos para clasificar e indizar documentos y el
conocimiento fueron inventadas en el mundo de la gestión del conocimiento: taxonomías y
ontologías” que abren las posibilidades de la organización temática hacia tiempos actuales
y futuros vinculados con el ciberespacio.

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Actualmente, la organización temática de los recursos de información en las bibliotecas


considera dos aspectos: la teoría bibliotecológica más sustancial sobre representación,
organización y recuperación de la información y, por otro, agregó componentes
tecnológicos. Retomo a Hodge cuando señala que:
La tecnología facilita la conexión de comunidades de conocimiento dispares a nivel
de red. Sin embargo, el descubrimiento de los recursos y la verdadera accesibilidad
requieren que el contenido y su organización sean comprendidos por estas
comunidades dispares. Al proporcionar accesos temáticos alternativos, añadir
modos de comprensión, apoyar el acceso multilingüe y proporcionar términos para
ampliar la búsqueda de texto libre, los KOS pueden facilitar el descubrimiento y la
comprensión por parte de comunidades dispares, y permitir que estas comunidades
interactúen de nuevas maneras (Hodge, 2000, p. 22).

Las actividades bibliotecarias respecto a la organización temática de los recursos en el


siglo XXI se mantienen vigentes y en continuidad. Asimismo, el acceso temático a los
recursos deberá mantenerse ya sea mediante herramientas que generen entradas
alfabéticas o sistemas más tecnológicos que posibiliten estructuras jerárquicas o
semánticas (Hider y Harvey, 2008).

III. Conclusiones

La historia de la organización temática de los recursos de la información en las bibliotecas


es extensa y evolutiva como la sociedad misma. Como señala Peña Vera (2011), la
relación entre las necesidades recuperadoras y la actividad organizadora ha sido la
constante en la evolución de la organización temática de los materiales a lo largo del
tiempo. En la actividad se encontraron implicados cuatro elementos: (1) los recursos de
información, (2) las necesidades de los usuarios, (3) el procedimiento ordenador y (4) los
lenguajes de indización. Todos son dependientes, pues en la medida en que los soportes
de la información y las necesidades de las personas usuarias cambian, el proceso y las
herramientas deberán ajustarse para dar respuesta al arreglo (Chowdhury y Chowdhury,
2007).

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Derivado del objetivo inicial del estudio: trazar una revisión diacrónica de la indización
considerando los recursos, el proceso, las personas que la realizan y las herramientas
auxiliares de la actividad, se identificó que la organización temática de los recursos de
información ha sido una actividad constante que abarca desde las civilizaciones más
antiguas (Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma), atraviesa períodos históricos esenciales de
la civilización occidental (Edad Media, Renacimiento, Edad Moderna) y se mantiene
vigente en los tiempos actuales.

Los resultados obtenidos ofrecen un somero análisis de la organización temática de los


recursos de información a lo largo del tiempo a la vez que evidencian momentos,
personajes, estándares y lenguajes de indización que requieren ser investigados con
mayor detenimiento y análisis. En consecuencia, el presente trabajo abre un inmenso
abanico de líneas de investigación sobre una etapa específica del ordenamiento temático
de las entidades bibliográficas (Antigüedad, Edad Media, Renacimiento, siglo XX, etc.),
trabajos comparativos entre una etapa y otra, estudios evolutivos de las normas y
herramientas auxiliares de la actividad (vocabularios controlados, reglas de catalogación) y
más trabajos panorámicos sobre el tema en lengua española.

De igual modo, es indispensable trazar un panorama diacrónico de la organización


temática de los recursos de información en el contexto latinoamericano que,
indudablemente, tendrá múltiples variantes en comparación con una visión general en la
que prevalecen procesos y herramientas del contexto anglosajón.

Finalmente, es importante mencionar la relevancia de la organización temática de los


recursos de información y el trabajo de los bibliotecarios quienes mediante la actividad
tiende un puente entre las necesidades tópicas de la población usuaria y los recursos que
la satisfagan. Dado que la biblioteca es una institución en constante evolución, cada una
de sus actividades lo son y la organización temática de los recursos de información no es
la excepción. En los tiempos antiguos empezó a modelarse, durante el siglo XX se
estandarizó y actualmente posibilita el acceso tópico tanto en catálogos bibliotecarios
asociados con la biblioteca física como en sistemas recuperadores de información
vinculados con la biblioteca digital. Así, su tendencia, es hacia la continuidad como
actividad y tema de investigación con ricas vetas de aprendizaje y conocimiento.

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V. Notas de la Autora

Adriana Suárez Sánchez. Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información,


Universidad Nacional Autónoma de México, México. Investigadora Asociada. Correo
electrónico [email protected]. ORCID: http://orcid.org/0000-0003-0215-337X

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