Evolución de la Organización Temática en Bibliotecas
Evolución de la Organización Temática en Bibliotecas
EISSN: 1659-3286
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Licencia: Creative Commons (BY-NC-SA) 4.0 Internacional
Resumen
La organización temática de los recursos de información en las bibliotecas ha sido una
actividad sustancial que ha prevalecido desde las civilizaciones antiguas hasta nuestros
días. El objetivo de este trabajo es trazar una revisión diacrónica de la actividad,
considerando los recursos, el proceso, las personas que lo desarrollan y los lenguajes
de indización auxiliares. La metodología empleada consistió en el análisis de un
conjunto de fuentes de información académicas sobre el tema. Se encontró que la
organización temática de los recursos de información ha pasado por diversas etapas,
englobadas en cuatro periodos: (1) antes del establecimiento de la bibliotecología como
disciplina, (2) la estandarización bibliotecaria de los siglos XIX y XX, (3) los tiempos de
la segunda mitad del siglo XX y (4) los albores del siglo XXI. Se concluye que el
ordenamiento temático de los recursos de información es una actividad en constante
evolución, a partir de los recursos de información, las tecnologías para su arreglo y las
necesidades de la población usuaria.
Palabras clave
Organización temática, Indización, Catalogación temática, Acceso temático, Bibliotecas
Abstract
The subject organization of informational resources in libraries has been an essential
activity since the ancient civilizations to our present day. The target of this work is to
present a diachronic revision of the subject organization taking into consideration the
resources, the processes, the people who develop them, and the indexing languages
employed in such activities. The methodology for this work consists in the revision and
analysis of a set of academic sources of information on the topic. This work proves that
the subject organization of informational resources has undergone different phases that
can be categorized into four different periods: (1) before the establishment of
librarianship as a discipline, (2) the stage under the library codes and standards in the
nineteenth and twenty centuries, (3) during the second half of the twenty century and (4)
the starting of the 21st century. Conclusively, this is an activity that has evolved,
constantly, as the informational resources, the technologies employed for their
classification, and the needs of their users have required it.
Keywords
Subject organization, Indexing, Subject cataloging, Subject Access, Library
Bibliotecas. Vol. 39, N° 1, enero - junio, 2021. EISSN: 1659-3286
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I. Introducción
El acceso temático a los recursos de información es una opción de consulta que las
bibliotecas han ofrecido desde antaño y se ancla en las necesidades de información de las
personas usuarias. En la búsqueda de recursos es común que los usuarios tengan un
autor o título en mente, pero también es frecuente que revelen una exigencia tópica
asociada a su contexto académico, laboral, económico, familiar, recreativo, etc., por
ejemplo, un estudiante que investiga sobre las “células procariontes”, un trabajador social
que busca información sobre “derechos infantiles” o un ama de casa que requiere la receta
del “pastel tres leches”.
Para cumplir con tal exigencia, las bibliotecas han desarrollado actividades dirigidas a la
organización temática de los recursos de información (OTRI). Según Barité (2015), la OTRI
es el proceso de descripción y representación del contenido temático de un documento,
mediante un número limitado de términos tomados directamente del documento (palabras
clave) o de vocabularios controlados (descriptores o encabezamientos de materia) que
caracterizan al recurso, de modo que faciliten su futura recuperación.
Es una actividad que el personal bibliotecario realiza día a día; sin embargo, en medio de
las múltiples ocupaciones laborales, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre su
origen, establecimiento y funcionalidad. ¿Cuándo empezó la actividad? ¿En qué momento
se instauró como proceso esencial de las bibliotecas? ¿Cómo evolucionó a través del
tiempo? ¿Siempre han existido bibliotecarios encargados de la organización temática?
¿Siempre se ha desarrollado el proceso que realizamos actualmente? ¿Cuándo
aparecieron los lenguajes de indización que apoyan la actividad?
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artículos sobre cada periodo que contribuyen a la formación del panorama desde la
antigüedad -por ejemplo, Haikal (2008) con su artículo Private collections and temple
libraries in ancient Egypt o Dix (1994) con Public libraries in ancient Rome: ideology and
reality- hasta documentos sobre la actividad en tiempos recientes como Keyser (2012) con
Indexing: from thesauri to the semantic web o Chowdhury y Chowdhury (2007) en
Organizing information: from the shelf to the web.
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II. Desarrollo
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perseguían la “preservación y transmisión del saber colectivo” (2007, p. 175). Hacia el año
2000 a. C. las tablas de arcilla, como soporte de la información, fueron sustituidas por
papiros que para enrollarse tenían una vara de soporte en la cual los encargados del
depósito solían colgar etiquetas con las primeras frases del documento u oraciones
relacionadas con el asunto tratado (Gil Leiva, 2008). Aunado a ello, algunos resquicios
arqueológicos muestran inscripciones en los muros de los depósitos de documentos que
registran información sobre los materiales albergados (Webb, 2013). Tales inscripciones no
intentaban ser una clasificación o un catálogo bibliotecario, pero al paso del tiempo
muestran posibilidades de una primigenia organización de las colecciones.
Una biblioteca de la que se tiene más información sobre sus colecciones y organización
fue la de Alejandría, fundada en 300 a. C. Es considerada la mayor biblioteca de la
antigüedad y se cree que albergó aproximadamente 700 mil papiros (Borcoman, 2017).
Los ptolomeos, que reinaron por casi trescientos años, promovieron reunir en ella
colecciones amplias y hacerlas accesibles. Sus materiales fueron ordenados según su
contenido temático y colocados en colecciones generales o específicas. Zenodoto (330 a.
C.-260 a. C.) empleó el orden alfabético como modelo de organización (Cleveland y
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En las culturas clásicas también se encuentran registros del tratamiento temático de los
recursos de información (Polastron, 2007). En Grecia, cuna de la civilización occidental, los
soportes de la información fueron tablas de diversos materiales (madera, arcilla, metal) y el
pergamino en rollos de diversos tamaños. Las bibliotecas contaban con colecciones
vastas, inventarios de los recursos y memorias de consultas (Oldfather, 1938). La
biblioteca imperial, según Tucci, fue más allá del arreglo de la “división en secciones
griegas y latinas (una distinción académica que es muy probable que esté equivocada)”
(Tucci, 2013, p. 247). Es casi seguro que tenía colecciones temáticas o autorales y
subcolecciones a partir de categorías semejantes creadas por los curadores de cada área.
En Roma el conocimiento fue un aspecto fundamental y “todas las casas de los hombres
ricos tuvieron repositorios” (Stockwell, 2001, p. 32) que albergaban obras de filósofos,
políticos, retóricos, poetas, etc. Entre las bibliotecas particulares destacaron las de Lucio
Carpunio Piso, Lucinio, Marco Tulio Cicerón y Tito Pomponio Ático. Tales espacios estaban
organizados, los documentos eran colocados en cajas de madera agrupadas bien por autor
o contendido temático (Dix, 1994). En los años siguientes, la idea de tener bibliotecas
públicas tomó fuerza y fueron establecidas la Bibliotheca in Atrio Libertatis, Bibliotheca
Templi Apollinis, Bibliotheca Porticus Octaviae, Bibliotheca Templi Augusti, Bibliotheca
Domus Tiberiana, Bibliotheca in Templo Pacis, Bibliotheca in Foro Traiano, Bibliotheca in
Capitolio, Bibliotheca in Templo Aesculapi. Una encuesta de las construcciones romanas
llevadas a cabo en el año 337 d. C. indica la existencia de 28 bibliotecas públicas
(Stockwell, 2001) reguladas por el Procurator Bibliotecorum.
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Durante la Edad Media, las bibliotecas estuvieron asociadas principalmente a las cortes y los
monasterios. Aunque el periodo frecuentemente es considerado de oscurantismo, en lo relativo
a las bibliotecas hubo avances. En el Scriptorium -zona específica de los conventos- los
religiosos se organizaban para desempeñar cinco tareas: (1) la preparación de los pergaminos,
(2) la copia de la obra, (3) la decoración del manuscrito, (4) la colocación y la gestión del
manuscrito en la biblioteca y (5) la comercialización o distribución de copias para otras
bibliotecas (Stockwell, 2001). El contenido temático tratado en los manuscritos fue central para
su recuperación y el resumen del documento se empleó como una técnica para que los usuarios
determinaran su utilidad.
Llegado el siglo XV, algunos hechos contribuyeron a una renovada concepción histórica: la
caída de Constantinopla, la invención de la imprenta, el auge de las Universidades y los grandes
descubrimientos científicos (Galende Díaz, 1996). La imprenta fue una innovación que posibilitó
avances en todos los campos científicos y permitió a la disidencia religiosa florecer. Datos,
pensamientos y expresiones que “pudieron rápidamente haberse perdido en el abismo de
sistemas de memoria defectuosos, métodos de escritura engorrosos e inadecuadas formas de
transportación ahora podían ser mantenidos por décadas entre las cubiertas de los libros”
(Stockwell, 2001, p. 47). Las colecciones de las bibliotecas crecieron debido a la naciente
facilidad de reproducción y, consecuentemente, durante los siglos XV y XVI los encargados de
las bibliotecas se vieron en la necesidad de crear catálogos de consulta local y “ordenamientos
de las colecciones por disciplinas” (O’Brien, 2016, p. 228).
Para el siglo XVII el avance de los impresos había crecido de forma impresionante,
predominaban periódicos, revistas, novelas, panfletos, publicaciones para niños, etc. (Stockwell,
2001) y apareció un nuevo tipo de recurso de información: la revista (Cleveland y Cleveland,
2013). Con la proliferación de las revistas, los índices se volvieron esenciales. Al principio fueron
instrumentos rudimentarios, formados de títulos y referencias a las páginas, pero pronto
empezaron a combinar el acceso temático al final de la publicación. Justo hacia finales de ese
periodo, tras el fortalecimiento del mundo académico y la naciente literatura científica, los índices
y tareas de control temático de los recursos se vislumbraron necesarios y, consecuentemente,
los siglos posteriores se caracterizaron por la institucionalización de las bibliotecas, el
surgimiento de la profesión bibliotecaria y la aparición de normas para la organización tanto
descriptiva como temática de los recursos de información.
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Una figura icónica del siglo XIX en torno a la organización de los recursos de información
fue Anthony Panizzi (1797-1879), director de la Biblioteca del Museo Británico. Su principal
aporte a la bibliotecología reside en sus 91 reglas para la compilación del catálogo
bibliotecario (1941) que tratan sobre el registro de los autores, los títulos y el ordenamiento
alfabético del catálogo. Aunque la obra no considera asuntos relativos a la organización
temática, abre la puerta a un nuevo periodo de estandarización bibliotecaria.
Charles Ami Cutter (1837-1903) fue otro personaje clave para el desarrollo del trabajo
bibliotecario. Su obra Rules for a dictionary catalog en 1876 estableció un paradigma en la
organización de recursos de información. Respecto a la organización temática, estableció
dos proposiciones trascendentales: (1) permitir a las personas (no habla de usuarios)
encontrar un libro cuyo tema es conocido y mostrar lo que la biblioteca tiene de un tema
dado y (2) analizar asuntos relacionados con el lenguaje, los sinónimos, las palabras
temáticas, los homónimos y los temas compuestos al representar temáticamente un
material de la biblioteca (Cutter, 1891). Además de hablar de las palabras que pueden ser
usadas como tema de los libros, esboza aspectos de normatividad y control que serán
fundamentales para la categorización inherente a la representación temática de las
colecciones y el desarrollo de vocabularios controlados.
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énfasis en las cuestiones técnicas” (2019, p. 23). Dewey dirigió sus esfuerzos tanto al
desarrollo de herramientas para la gestión de las colecciones bibliotecarias a través de la
planeación y construcción del Sistema de Clasificación Decimal Dewey (1976) como para
la formación de bibliotecarios profesionales mediante el establecimiento de la Columbia
School of Library Economy en 1887. Esta última acción fortaleció la figura del bibliotecario
y, en los años posteriores, será la base que apuntalará la instauración de la bibliotecología
como una disciplina con actividades enfocadas a la gestión formal de los recursos de
información.
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Para este momento la Biblioteca de Congreso de los Estados Unidos se había establecido como
una institución dirigida a la investigación y desarrollo de estándares bibliotecológicos. En lo tocante
al contenido temático, desde 1898 trabajaron en la construcción de un listado autorizado y en
1909 publican Subject headings used in the library catalogues of the Library Congress.
Rápidamente la herramienta obtiene reconocimiento y “se convierte en referente para el resto de
las bibliotecas del mundo que la traducen o adoptan en otros idiomas” (Gil Leiva, 2008, p. 110).
Como señala Chan (2020, párr. 3) “esta ahora enorme estructura comenzó con un pequeño paso.
Después de que la biblioteca se trasladó del Capitolio a su nuevo edificio en 1897, sus
funcionarios se enfrentaron a la pregunta de cómo debía organizarse la colección”.
Para 1950 la organización temática de los recursos de información era una actividad común en las
bibliotecas. Se fundamentaba en el análisis documental, la determinación del contenido temático
de los materiales y su concreción en símbolos extraídos de vocabularios controlados,
principalmente encabezamientos de materia. En cuanto al acceso temático, el catálogo era
impreso y los materiales se encontraban físicamente ubicados en estanterías, según un sistema
de clasificación.
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A mitad del siglo, ALA concreta un código de catalogación en el que habían estado
trabajando desde 1908 y publica Rules for descriptive cataloging in the Library of Congress
donde establece un área de descripción asignada al contenido temático de los recursos.
Posteriormente, encarga a Seymour Lubetzky (1898-2003) la revisión de las normas y en
1967 aparece la primera edición de Anglo American Cataloguing Rules (AACR) que sigue
manteniendo el área de descripción bibliográfica asociada a la representación del
contenido temático de los recursos.
También a mitad de siglo, Hans Peter Luhn establece las bases de la indización
automatizada. Propone, el índice KWIC (Keywords in Context-Palabras en contexto) el cual
a partir de los términos más frecuentes del documento establece de qué trata
temáticamente. La indización automatizada se observó como una opción viable para el
tratamiento temático de los recursos de información en vista de que eliminaba la
subjetividad inherente al proceso de catalogación humana y reducía costos y tiempo de
indización; sin embargo, también evidenció que la computadora no posee el poder analítico
de los humanos (Gil-Leiva y Rodríguez-Muñoz, 1997).
Los estándares antes mencionados “datan de un tiempo cuando la información era casi
exclusivamente publicada en libros impresos y revistas que eran almacenadas en las
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Durante la primera mitad del siglo XX, la bibliotecología contó con pocas tecnologías para
la producción, almacenamiento y ordenamiento de la información. En comparación, las
décadas de la segunda mitad del siglo “representan los años dorados en el desarrollo de la
representación y recuperación de información” (Chu, 2010, p. 2). Los cincuentas trajeron
consigo el primer sistema de recuperación por computadora; los sesentas implicaron
trabajos experimentales en la organización y en la recuperación temática, los setentas nos
dieron una conversión generalizada para operaciones automatizadas, en los ochentas el
tratamiento temático de los recursos de información migró hacia bases de datos y en los
noventas nos llevaron al espacio web. De manera que:
Para cuando el siglo XX había terminado, era evidente que la indización había
sobrepasado las ideas de los tiempos antecedentes. Habíamos progresado de los
índices para obras monográficas, a los índices cooperativos, a los índices de bases
de datos masivos y ahora teníamos la World Wide Web con muchos cambios
formidables y oportunidades en la indización (Cleveland y Cleveland, 2013, p. 40).
Durante la segunda mitad del siglo XX se fortalecieron los estándares para la organización
temática de la información y los lenguajes de indización. Por demás, la figura del
bibliotecario se consolidó mediante el establecimiento de escuelas de bibliotecología en
Estados Unidos, Europa y América Latina.
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Llegados a este punto, fue indispensable reflexionar sobre un planteamiento esencial: ¿la
organización temática de los recursos de información en los contextos bibliotecológicos
digitales es distinta a la organización temática realizada en la biblioteca física? Al respecto,
Martínez Arellano indica que:
Los tipos de acceso temático no han sido modificados substancialmente, a pesar de
haber surgido nuevas opciones para la recuperación temática apoyada en
alternativas que actualmente brindan los sistemas y las tecnologías, como son los
thesaurus, los sistemas de indización, las ontologías y la web semántica (Martínez,
2012, p.7.)
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En cuanto a las normas, los cambios derivados de las tecnologías trajeron consigo
modelos conceptuales acordes al siglo XXI, entre los que es posible mencionar FRBR-
Funcional Requeriments for Bibliographic Records y su derivación sobre el control de
autoridades temáticas en FRSAD-Functional Requeriments for Subject Authority Data que
plantea aspectos concretos sobre cómo debe ser el acceso temático actualmente (IFLA,
2010).
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III. Conclusiones
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Derivado del objetivo inicial del estudio: trazar una revisión diacrónica de la indización
considerando los recursos, el proceso, las personas que la realizan y las herramientas
auxiliares de la actividad, se identificó que la organización temática de los recursos de
información ha sido una actividad constante que abarca desde las civilizaciones más
antiguas (Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma), atraviesa períodos históricos esenciales de
la civilización occidental (Edad Media, Renacimiento, Edad Moderna) y se mantiene
vigente en los tiempos actuales.
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IV. Referencias
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V. Notas de la Autora
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