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Costumbres y legado de la Antigua Roma

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ROMA

Roma es una ciudad, capital de la región del Lacio y de


Italia. Con una población de 2 857 321 habitantes,3 es el
municipio más poblado de Italia y la tercera ciudad más
poblada de la Unión Europea.4 Por antonomasia, se le
conoce desde la Antigüedad como la Urbe (Urbs). También
es llamada «La Ciudad Eterna» (en italiano: Città Eterna).

En el transcurso de su historia, que abarca tres milenios,


llegó a extender sus dominios sobre toda la cuenca del
Mediterráneo y gran parte de Europa, Oriente Próximo y
África del Norte. Como capital de la República y del Imperio romano, llegó a ser la primera gran
metrópolis de la humanidad,56 centro de una de las civilizaciones antiguas más importantes.
Influyó en la sociedad, la cultura, la lengua, la literatura, la música, el arte, la arquitectura, la
filosofía, la política, la gastronomía, la religión, el derecho y la moral de los siglos sucesivos.

COSTUMBRES

1. Pasión por los balnearios: Milenios después, tanto


individual como colectivamente, el placer por visitar este
tipo de termas hace que sean de los lugares más visitados
en cuanto al sector turístico y de ocio. Como culto a las
aguas termales, la civilización moderna todavía sigue
realizando este tipo de praxis de higiene y relajación.

2. Estética capilar: En la Antigua Roma, al igual que ahora,


la calvicie estaba mal vista, ya que se asociaba a la vejez y
a la impotencia sexual. Por lo tanto, una buena melena era
sinónimo de vigorosidad, tanto en hombres como
mujeres. Un claro ejemplo fue el de Julio César, a quien le
avergonzaba tanto su calva que decidió coronarse con
laurel y disimular así su escaso cabello.

3. A la última en tendencias: No seamos ilusos, esta gente


sí que iba a la moda. Paradójicamente, la palabra moda,
deriva del latín "modus", la manera de cada época. Así es,
los trajes y vestimentas del Imperio Romano estaban
relacionadas con los diferentes periodos, sin olvidar la
diferencia entre clases sociales.

4. Acto nupcial que por ahora perdura: En la Antigua Roma no casarse, no solo estaba mal visto,
sino que hacerlo era una obligación y las personas solteras
eran sancionadas. Al contrario que en la actualidad, los
matrimonios no necesitaban ser registrados
administrativamente y podía tratarse de un acto de
libertad.

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