Flor del espinillo : Corrientes - 1a ed.
Curuzú Cuatiá : Municipalidad de Curuzú Cuatiá, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8313-66-5
1. Antología de Poesía. 2. Poesía Argentina. I. Corrientes.
CDD A861
Editora: Carolina Zamudio.
Maquetación: Oscar Fortuna.
© 2020 de sus respectivos textos: María del Carmen Vianna y Graciela
Schust.
Publicado en Argentina / Published in Argentina.
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, bajo cualquier
método, incluidos reprografía, la fotocopia y el tratamiento digital, sin la
previa y expresa autorización por escrito del titular del copyright.
María del Carmen Vianna
(Monte Caseros, Corrientes).
A los ocho años se radicó con su familia en Curuzú Cuatiá,
donde transcurrió sus escuelas primaria y secundaria. Entre
1979 y 1984 vivió en Paraná (Entre Ríos), donde se recibió de
profesora de Castellano, Literatura y Latín. Ya de regreso a
Curuzú Cuatiá, trabajó como bibliotecaria y ejerció la docencia
secundaria en escuelas nocturnas públicas hasta su jubilación.
En 2006 editó, bajo el sello Moglia, cuatro poemarios: «Es
vasta la noche y otros poemas» (1986-1991), «Los días del
amor» (otoño de 1993), «El corazón a la intemperie» (abril-
mayo 1994), «La noche de los girasoles» (1995-1996). El resto
de su obra, consistente en prosa y verso, permanece inédita.
Actualmente se halla en una nueva etapa de reencuentro con
la escritura, después de varios años de silencio creativo.
5
Caminos
…sigo avanzando sin saber adónde
Samuel T. Coleridge
Hay unos altos pájaros más allá de la lluvia.
Todo es una elegía al filo de la tarde
y en las últimas ramas ya no hay sino sombras.
Yo voy por el camino herido de la lluvia.
Soy un hombre solo.
Devastado y torpe.
Por las piedras, mis pasos.
Hacia las grietas.
Hacia todas las grietas del mundo.
Del libro «Es vasta la noche y otros poemas» (1986-1991),
Moglia Ediciones, Corrientes, 2006.
7
Carpe Diem
I
Hacia el atardecer, mariposas tristes.
Bella, la tristeza.
Contra el cielo, hojas negras
que mañana alguien verá caídas en la zanja.
En la casa, el olor de unos pomelos.
II
Estos blancos jazmines han brillado
bajo el día como luces.
Y tú te has preguntado
por una música
que era bella y tristísima y habías escuchado
una vez
en tu lejana habitación.
III
Pero has pensado:
arañas verdes, los helechos en el muro.
Del libro «El corazón a la intemperie» (Abril-Mayo 1994).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
8
El Abrazo Abrasante
Ayer ella recibió una carta.
La leyó mientras la tarde devenía bajo el viento
y ella devenía.
Ella leía la carta.
En tanto,
unas palabras que extravió
no sabía dónde
entre llamas envueltas vinieron a abrasarla.
Oh Poiesis.
Misterio que ella cubrirá
entre sus pechos redondos como soles.
9
Son Constantes Las Fugas
Y azulosos de olvido,
los caballos del recuerdo.
Abril,
el otoño yéndose al Centro de la noche.
La hojarasca es un tierno oro
que tú querrías cobijar
en esta casa de tu melancolía.
Una flor que dibujaste,
una niña que fuiste.
Todo se lleva ese azuloso rayo, ese lento miedo,
ese trágico ritual que te devora.
Del libro «El corazón a la intemperie» (Abril-Mayo 1994),
Moglia Ediciones, Corrientes, 2006.
10
El concierto de ruidos que le pone un contorno
a tu ausencia
puede oírse el alarido del aire
incendiándose
Macky Corbalán
Las chicharras conforman un infierno en la tarde.
Son otras flechas sin fin en mis nervios,
como el viento el otro día aullándole a la siesta.
La T.V. enciende videos estridentes.
Tu ausencia me mira y yo la abrazo,
desesperada.
Del libro «La noche de los girasoles» (1995-1996).
Moglia Ediciones, Corrientes, 2006.
11
El extraño rocío
Ya son negros los árboles contra el breve crepúsculo.
Ella mira esos árboles
y piensa:
«Tristes músicas, felicidades breves».
Azules, los caballos del recuerdo.
Azul, su vasto corazón a la intemperie.
En el alféizar
reviven unas flores.
Sobre su cabeza
que el cabello cubre como seda,
un rocío cae de extraño verdor.
Del libro «El corazón a la intemperie» (Abril-Mayo 1994).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
12
El Hueco
en la noche del corazón
en el centro de la idea
negra/ ningún hombre es visible
nadie está en ningún jardín
Alejandra Pizarnik
Esta noche desearías vomitar tu corazón.
Y que en su sitio sólo quedara un hueco redondo y negro,
profundo y vasto.
Taparías el hueco como se tapa un pozo, con siete llaves
en sus siete puertas.
Que ningún ave anide en su morada.
Que ninguna flor brote en su penumbra el rostro brillante de
su
alegría.
Y ya arrojado de ti,
querrías que ruede tu corazón como un sol gastado por la calle,
pisoteado por la muchedumbre,
mordido por los perros.
13
Toda hueco,
que te quedes sin sangre,
estatua cruel en la noche de las angustias.
Del libro «La noche de los girasoles» (1995-1996).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
14
El testigo
Pitágoras revela a sus griegos
que la forma del tiempo es la del círculo.
J.L.B.
No morirán contigo, cuando mueras,
la voz de Macedonio y esa imagen
del caballo en vastísimo baldío
y la barra amarilla del azufre.
A estas conjeturas de tu sueño
(que me fue dado soñar en la tarde)
sumo la forma minuciosa de
tu verso, tus monedas, tus espadas
y el oro de tus tigres que se esconden
en la selva. Y digo que el espejo
que te acecha, tampoco morirá
cuando te mueras. Tú sigues estando,
con tu arduo universo que figura
Una Orilla Perfecta y Verdadera.
Del libro «Es vasta la noche y otros poemas» (1986-1991).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
15
Ella, Alejandra en el espejo
Y eso serías tú, tal vez,
un pétalo frío que un viento llevaría
a desmayar entre unas llamas.
Qué habría para ti
bajo la lluvia.
Acaso un sol con su casa de rojos tejados,
la muñeca pálida
que serías en la mañana que olvidaste.
Un jardín por el estío devastado.
Ah, desolación profunda,
Más vasta que tu vasto corazón de pesadumbre.
Del libro «El corazón a la intemperie» (Abril-Mayo 1994).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
16
En el abrazo de mi amado
Yo te celebro, acto divino.
Walt Whitman
En el abrazo de mi amado
encuentro toda la blandura y el reposo,
el cesar de mi desolación más profunda,
el inicio de otro desvelo:
el torrente del Amor
que en su infinito remolino
nos hunde
y nos levanta,
incesantes.
Del libro «La noche de los girasoles» (1995-1996).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
17
J. L. B.
En el dormitorio vacío
la noche cerrará los espejos.
Acechante al final del laberinto,
con los ojos del tigre y del espejo,
te aguardaba la oscura maravilla,
la flecha vertical, liberadora
del no-ser. La luz. Ínsula absoluta,
la eternidad. El lacerante cosmos
que no podías abarcar. Y el único
Rostro que Es y rige la batalla.
Despojado de agónicas ficciones,
ya sin Sur, sin esquina y sin memoria,
en otro Centro navega tu sueño.
Gira una extraña, incomprensible música
y qué vano mi verso y qué sombría
la trama en que se teje el ajedrez.
Del libro «Es vasta la noche y otros poemas» (1986-1991).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
18
La estatua vacía
Ella recordó de pronto la estatua en el jardín.
El jardín era triste:
pastos amarillos y hojarascas tiernas,
su gastado esplendor.
Como una melancólica vieja música
han flotado esta noche en sus ojos
los ojos de la estatua en su jardín de tristeza.
Ojos de la estatua: paisajes sin nada.
Ella tal vez ha pensado:
«Es brevísima la noche y tan largo tu cansancio».
Del libro «El corazón a la intemperie» (Abril-Mayo 1994).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
19
El castigo infinito
Polvo también es la palabra escrita
por tu mano. J.L.B.
Y de pronto, un día (no se sabe
cómo) percibes que tu casa se
derrumba. Y descubres, en el centro
de tantas cáscaras vacías, que
te estaba señalado ese destino.
Y entonces le preguntas a la Nada
si acaso no estuviste en el abismo
desde siempre, cual péndulo horroroso
suspendido. Que todo es ilusorio;
que es engañosa la evasión del sueño
(que prefigura una dorada orilla
sólo alcanzable en la segura muerte),
ya lo sabes. Y añoras el Final,
como un ángel, perdidos Paraísos.
Del libro «Es vasta la noche y otros poemas» (1986-1991).
Ediciones Moglia, Corrientes,
20
XX
La fuente
Hasta aquí he venido, ciervo en la umbría, a entibiar mi
sed. Mi sed es quemante como una brasa viva, como un alto
fuego que en su fuego se alimenta es mi sed. Mas de ti me
llueve un agua más fresca y más clara que una silenciosa sua-
vísima lluvia. Suavísimas son las aguas de tu corazón, silen-
ciosas son como un cielo dormido. Fuente mía, he venido
por el bosque buscando tu hermosura serena. Agua para mi
sed. Leche y miel para mi pesadumbre amarga. Fuente mía,
dulzura donde me tiendo hasta ser un azul navegante sin
medida.
Del libro «Los días del amor» (Otoño de 1993).
Moglia Ediciones, Corrientes, 2006.
21
XXI
Dile adiós a la muerte para siempre
Dile adiós a la muerte para siempre. Ahora la vida germina
aquí su diáfana flor de amor entre las ruinas. Siempreviva luz
que crecerá más alta que la luna más alta y más serena brillará
que las estrellas más serenas. Música será que mi corazón lle-
vaba enmudecida. Fuego de ti que alentaba dormido. Diáfano
amor de la triste hojarasca rescatado. Y dile adiós a la muerte
para siempre. Y adiós para siempre al insomnio y a la fiebre, al
filoso pájaro agorero que del techo colgaba y en la puerta sus-
pendía un fantasma de angustia. Ahora el amor ha encendido
el deseo, esa hoguera perenne donde se quemará el dolor. Me
has traído esta luz y en ella hundiré mi sueño. Y en mi sueño
te dormirás para soñar conmigo. Dile adiós a la muerte para
siempre, pues ya brotan de la sombra los puentes hacia el día.
Del libro «Los días del amor» (Otoño de 1993).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
22
XXII
Amantes dormidos
Cierto es que la noche alguna vez ha sorprendido a los amantes
llamándose entre sueños.
¿No crees que parezcan sus labios mariposas de un ternísimo
matiz? ¿Has pensado que el aire circula en sus bocas grave y
tibio y que su sabor acaso sea el de una elegida manzana?
Juntos están, mas su universo interior por un instante el sueño
ha separado. Y es por eso que a veces la noche los sorprende
nombrándose dormidos.
¿Y has visto que si sus manos se buscan y se encuentran, nace
entre sus dedos una constelación sin fin? ¿Y no supones que si
se abrazan llamándose dormidos, es porque sobre ese abismo
momentáneo su desolación ha extendido un puente de luz?
A veces por un instante el sueño ha separado a los amantes. Y
cierto es que el alba los sorprende en un dormir sosegado y uni-
tivo.
Del libro «Los días del amor» (Otoño de 1993).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.
23
Graciela Martha Schust
(Corrientes, 1947).
Un año después, con mi familia, llegué a Curuzú Cuatiá. La
historia de mi vida está en esta ciudad, por eso me siento y soy
curuzucuateña.
No recuerdo con precisión cuándo empezó mi atracción por
la escritura. Sí tengo claro que ella aparece muy
tempranamente…
He publicado dos poemarios ( «Instancias» y «Ferozmente…
Poesía!»). Y hay otro en espera de salir a la luz. No sé y no
puedo (y creo que no me interesa) definir qué pasa en el
momento de escribir un poema. Y considero que es,
justamente, ese misterio lírico el que me hace persistir en la
búsqueda del inconmensurable universo de la palabra
poética.
25
(Del alborozo)
De día:
Total y perfecta coherencia verde la mañana.
Cáliz irreverente todo el sol.
Los duendes solamente ofrecen simetrías.
De noche:
Tus manos multiplican mis sentidos…
(De «Instancias»)
26
(Del silencio)
En este momento en la casa
entra el silencio.
Como una lluvia redonda y seca
que sostiene el sonido de su propia esfera.
Círculo callado
que alisa las paredes del espacio.
Mientras el camino
se agota
El silencio es mi propio cuerpo.
(De «Instancias»)
27
Una sólida nervadura detiene el Reloj.
Tan sólo
La poesía
agita la redondez del tiempo.
(De «Instancias»)
28
Y me descalzo otra vez.
Pero no hablo de los pies.
Me acordé de los ojos ausentes.
Otra vez.
(De «Instancias»)
29
¿Qué puede entender de heridas
El sabor de la primera madrugada?
Quien espera tiene
Siempre el corazón dibujado contra el alba.
(De «Instancias»)
30
En vastísima esfera
la luz oxida su propio candor.
Sobre la mesa de los días
un trueno se descalza mansamente
hasta rodear
el olor
de
una
manzana.
(De «Instancias»)
31
Quiero que me escuches.
desaparezco
sin tu eco.
(De «Ferozmente… Poesía!»)
32
Siempre ese desorden.
Repetido eco de papeles
buscando el puerto
en el que anclará algún poema…
(De «Ferozmente… Poesía!»)
33
Jugar a que
los ojos solamente descubren plenitudes.
Y las venturas
nos iluminan con infinito sol.
(De «Ferozmente…Poesía!»)
34
“Todo es cuestión de oficio”, dicen…
Puede ser.
¿Será por eso que la palabra taladra
y la magia es arena lloviendo entre los muros?
(De «Ferozmente… Poesía!»)
35
Con frágiles labios
la noche
me pronuncia mil calmas…
(Inédito)
36
¿Quién alisa
los gestos de mi insomnio
cuando me duermo en tus labios?
(Inédito)
37
Mis pies juegan
y se divierten
en un espejo de rocío…
(Inédito)
38
Amor:
sería todo más fácil sin él.
(Pero
no habría nada…)
(Inédito)
39
Lápices furtivos
me dibujan
la ausencia de tu piel…
(Inédito)
40