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El Peligro de la Ira y sus Ramificaciones

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LA IRA

La ira es uno de los 7 “Yoes Capitales”; la ira es una emoción negativa de altísima peligrosidad, pues en
casos extremos no vacila en asociarse con los “Yoes” de la violencia y del homicidio.
La ira (lo sabemos todos por experiencia propia) provoca intranquilidad, impaciencia, desasosiego, y
constituye un serio obstáculo para lograr la iluminación, pues esta sólo se alcanza cuando hay paz en el
corazón tranquilo. Grandes Maestros colocan al nivel de nuestro entendimiento, las sublimes
enseñanzas secretas de Jesús El Cristo, y refiriéndose a este tan nefasto Agregado Psíquico nos dice:
“Uno se asombra ante la locura de la ira; los ojos de los iracundos revelan demencia total”.
Luego continúa la develación del siguiente modo:
“Gente muy devota dentro de su Templo, aparentemente muy sencillas, se vuelven espantosas durante
los ataques de ira. Gente que estudia nuestras enseñanzas, algunas hasta dedicadas a la disolución de
los Agregados Psíquicos indeseables que en nuestro interior cargamos, de pronto, llenas de grande ira,
rasgan sus vestiduras, truenan y relampaguean”.
Los agregados psíquicos de la ira:
Los hay por celos, o por odio, o por cualquier deseo frustrado, o por motivos monetarios egoístas, o por
asuntos de pleitos, o por terror, o por estados de ánimo, de mente, cuerpo, lengua, etc.
Los pasos para que este agregado venga a manifestarse son los siguientes:

– Inconsciencia
– Débil voluntad.
– Identificación.
– Fascinación.
– Sueño.

Ramificaciones de este defecto:


ANTIPATÍA: Menor grado de repugnancia, aversión, alejamiento por algo, hay dos clases de
antipatía: La mecánica y la provocada.

AGRESIVIDAD: Ataque violento de palabra, acción o mental.

ALARMISTA: Todo lo hace más grande de lo que es, esto es una desenvocación, muchas veces, de
una inseguridad de sí mismo, afán de llamar la atención a los demás; a veces actúa con crueldad
en un afán de hacer sufrir a los demás.
ALTANERÍA: Altivez, arrogancia, (también esto es derivado del orgullo) cuando alguien está herido
u ofendido se actúa de esta manera contra alguien.

BLASFEMIA: Palabras ofensivas contra alguien. Cuando alguien es herido en su amor propio,
después de un resentimiento, suele blasfemar, también a raíz de una antipatía, o se blasfema con
crueldad interior.

BELIGERANTE: El que siempre está en guerra, el peleador. Suele ser producto o manifestación de
una insatisfacción continua, de un hastío por la vida, por otras personas o cosas. Muy en el fondo
es una falta de amor al prójimo que lo hace actuar en esa forma, buscando impacientar a los
demás.

BURLA: Acto, ademán, gesto o dicho para ridiculizar. Existen burlas de varias clases, a través de la
mirada, sonrisa de medio lado, risa fuerte, etc. A través de la burla volvemos a las personas
inseguras. Suele salir a través de bromas con doble sentido.

CONFLICTIVO: Individuo que tiende a entorpecer cualquier acción. Hay personas que les gusta
buscar el conflicto a todo, no les gusta ser prácticos.

CAPRICHOSO: El que se obstina de tener algo aún sin merecerlo (también es derivado del orgullo).
Este es uno de los primeros agregados que se van manifestando desde la niñez, con el fomento
de esta, la persona se va tornando hipócrita.

CRITICA MORDAZ: Es una crítica que ofende y afecta.

CONTRINCANTE: Alguien que siempre contradice en todo. Por ser el centro de atención, por un
disgusto o una insatisfacción constante.

COMPETITIVO: Acción de competir para dominar (También derivado del orgullo) visto mucho en
jugadores, deportistas, estrellas de cine, etc.

CONTURBADO: Molestar a otros con ánimo de inquietarlos. Puede hacerse a través de una burla
fina o disimulada, por un anhelo de venganza.

IRRESISTIBLE: No puede vencer al impulso de la ira.

IRRESPETUOSO: Falta al respeto a otros sin importarle sexo, edad, etc.

IMPOSICIÓN: Es acción de imponerse o dominar.

LA CALUMNIA: Imputación falsa, ya sea por venganza u odio. Es una persona en un estado de amor
propio herido, resentida, quiere vengarse y lo hace a través de decir lo que no es.

CORAJE: Puede ser arrojo, esfuerzo, enojo. Una persona cobarde, cuando tiene una cólera grande
es capaz de hacer cosas que jamás haría.

CRIMINAL: Asesino, el que mata.

CRUELDAD: Es una satisfacción ver sufrir a alguien, su Karma es la ceguera.


CÓLERA: Enojo descontrolado. Es una emancipación fuerte del estado de ira, el individuo, ya está
lleno de ira y el centro mental para nada actúa, es puro centro instintivo. Un individuo que
siempre tiene cólera, primero trae crisis nerviosas, luego úlceras y por último se vuelve una
persona neurasténica. Una persona así es intolerante, todo le molesta, se vuelve inclusive
hipocondríaco pues quiere la atención de las personas y al mismo tiempo no las quiere.

DRÁSTICO: El desequilibrio de la Severidad. La severidad es un don que se puede tener, dirigir o


mandar, sin embargo, el drástico actúa inflexiblemente, se vuelve tirano.

DISCUTIDOR: Todo diálogo lo hace exagerado, muchas veces nace a través de un yo de


Autosuficiencia.

DOMINANTE: Persona que influye sobre los demás, Sería la acción del drástico.

DESESPERACIÓN: Pérdida de la esperanza, consecuencia de la impaciencia.

DISCORDIA: Falta de compenetración con alguien.

DESPRESTIGIO: Actitud negativa al prestigio de alguien, se actúa así a veces por ambición.

DESOBEDIENCIA: Aquel que no acata órdenes. Puede ser por rencor y generalmente, también por
orgullo.

DESTRUCTOR: El que tiende a deshacer lo construido. Son los primeros defectos que van naciendo
en la niñez. Supongamos que el niño quiere jugar con el florero y lo destruye, se va riendo de lo
bien que sonó y la mamá en vez de reprenderle le dice «Pobre, es mi hijo» y se ríe también, hubo
una mala educación, más tarde ese niño destruirá el jardín, tirará papeles por la calle, raspará las
paredes, y cuando pase el tiempo y sea adulto, quiere destruir matrimonios, quiere destruir la
felicidad porque ese ego quiere alimento.

DISGUSTO: Pequeña molestia por algo, contraria al gusto. Nace de la insatisfacción. El individuo se
mueve a través de motivaciones y cuando no existen proviene el disgusto. Se vuelve pesimista y
exagerado. El disgusto suele marcar el rostro, a veces es el rasgo que nos caracteriza, cuando este
disgusto encuentra el gusto dentro del cuerpo físico, va marcando a este y le va gustando estar
siempre disgustado.

DESPECHO: Un pesar por un desengaño. Producto de los celos…

DISIDENCIA: Desacuerdo de opiniones, ya sea mental o física. Hay veces que por hacernos notar
que somos tan inteligentes con una bárbara preparación, caemos en un grupo en forma disidente.

DISONANTE: Tono exagerado de la voz.

DISPLICENCIA: Pequeño grado de desagrado o indiferencia.

EGOÍSMO: Negarse a todo, no da nada de sí, muchas veces motivado por el temor, es necesario
que conforme vayamos eliminando egoísmo, nos pongamos en el lugar de los demás, vamos
adquiriendo amor.
FALACIA: Mal hábito de engañar, va unida a la mentira, aquel que para cubrir algo o que para salir
del paso miente, quien miente peca contra el padre y vende al Cristo.

FASTIDIAR: Perjudicar, afectar, dañar.

FATALISMO: Grado de pesimismo, por ejemplo, vamos en el coche de alguien y a uno por miedo le
sale la ira y pide por favor al conductor que vaya más despacio y entonces uno dice: «No corras,
no vayas tan fuerte, ¿no ves que nos vamos a matar?».

GROSERO: Persona que utiliza un vocabulario grosero, obsceno.

GENOCIDIO: Exterminio de un grupo, ya sea nacional, racial, religioso o de otro tipo, derivado en
muchas ocasiones, de un orgullo relacionado con el grupo: patriótico, racial, religioso, etc.

FURIA: La peor manifestación de la ira, desequilibrio mental, aquí el ego puede acabar con el cuerpo
físico.

FUSTIGAR: Es una molestia muchas veces disimulada.

FRUSTRACIÓN: Privar a alguien de lo que espera.

IMPACIENCIA: El que no tiene calma en la espera. La impaciencia nace de la preocupación y


desemboca en la preocupación, por ejemplo, alguien tiene una cita y al ver que se retrasa empieza
a torturar su centro mental, empieza a preocuparse, pasa el tiempo y la cita no llega y ya con
impaciencia comienza a pasearse en forma rápida de aquí para allá y en un acto de desesperación,
empieza a golpear, a dar patadas en la acera, entre otras reacciones.

INCOMPRENSIÓN: No colocarse en el lugar de sus semejantes.

INTOLERANCIA: Le molestan las cosas, nada soporta. El intolerante es impaciente y nunca se pone
en el lugar de los demás.

INSOLENTE: Persona atrevida, que con descaro dice o hace hechos malos.

INJURIA: Ultraje de obra o de palabra, se deriva de la mentira.

INMUTAR: Enojo reprimido, como que no le afecta nada. Unido a la indiferencia, es el arma más
cruel que penetra profundamente.

INFANTICIDIO: El que comete crimen con los niños.

INIQUIDAD: Injusticia, maldad. Cuando el individuo ya es una lacra sin conciencia, ni Kaom.

INTRIGA: Acción secreta de hacer daño. El cobarde nunca habla de frente y es hipócrita, como
lanzando cizaña a través de su astucia mental.

INTEMPERANCIA: Falta de templanza. No hay moderación ni continencia.

IMPULSIVO: Lo irreflexible y violento, no mide consecuencias.


INCONFORME: Desagrado a todo: Personas, lugar, cosas. Muy unido al disgusto e insatisfacción. La
insatisfacción puede ser positiva, no conformista, para mejorar, y está también la insatisfacción
del ego.

INTRANSIGENCIA: insistencia, presión molesta.

INTRUSIÓN: Acción de introducirse o penetrar sin derecho. Es desvergonzado este defecto. Le gusta
meter sus narices donde no le llaman –y se la da de muy consejero–.

IRONÍA: Burla fina disimulada.

INTRÉPIDO: Acción de coraje sin medir consecuencias. Puede ser del ego o de la conciencia.

IRRACIONAL: Carente de razonamiento.

IRREFLEXIVO: Todo lo que dice y hace es sin pensar.

IRRITABLE: Tiende a desesperarse por cualquier cosa.

Uno debe auto-observarse durante un ataque de ira para especificar realmente cuál es la clase de ira
que nos invade en un momento dado, porque a veces la ira se debe al amor propio herido, o a la vanidad
herida, o a veces se debe al orgullo herido. La ira se asocia con muchos Agregados Psíquicos, y lo más
grave es que el iracundo fracasa en la Gran Obra del Padre.
Una vez auto observado y comprendido éste o aquél “Yo” de la ira, “hay que dirigir el Rayo de la
Kundalini contra ese defecto psicológico para perforarlo y desintegrarlo atómicamente” ...

LAS MANIFESTACIONES DEL “YO” DE LA IRA

El fracaso a que conduce el “Yo” de la ira se explica porque nadie puede ni siquiera auto-observarse
careciendo de serenidad. La serenidad y la dulzura son las virtudes antitéticas o contrarias al “Yo” dela
ira.
Durante un ataque de ira el Centro Intelectual entra en un proceso de locura, de enajenación, de
descontrol total, y el Centro Instintivo Motor también sufre las consecuencias de esa emoción negativa,
al punto de llevarnos a cometer acciones desordenadas, grotescas, violentas, delictuosas. Téngase en
cuenta que la ira surge como una respuesta o reacción (inconsciente, subconsciente e incluso
infraconsciente) a los deseos no satisfechos, a las frustraciones, las molestias físicas, etc.
Es decir:

Cuando los hechos de la vida práctica no coinciden con nuestros modos


específicos de pensar y de sentir, brota de inmediato la rabia, ira o cólera.
La rabia, asociada con los “Yoes” del orgullo y sus derivados, se torna
impositiva, dictatorial, dogmática, intransigente, y quiere por lo tanto (a
la fuerza), que las demás personas piensen, sientan y actúen como ese
“Yo” quiere, como ese “Yo” opina, como ese “Yo” desea, como ese “Yo”
espera, etc. Existen diversas formas de manifestación del “Yo” iracundo.
Y así tenemos que hay rabia corporal, ira de la lengua y cólera del ánimo.
La rabia corporal surge debido a la inconformidad física, porque estamos
acostumbrados a darle gusto al cuerpo y no toleramos el calor, el frío, las
incomodidades ni mucho menos las enfermedades.

En este sentido uno puede observar que hasta un pequeño dolor muscular, o de estómago, o de la
cabeza, provocan iras a las que la mayoría de las personas no le conceden ninguna importancia, las
consideran “normales” o “naturales”, ignorando que tales iracundias son el producto del miedo al dolor
físico y al sufrimiento.

Similarmente, los “Yoes” de la gula se asocian íntimamente con los de la ira cuando no son plenamente
satisfechos, y otro tanto ocurre con los Agregados Psíquicos de la pereza que no gustan de ver
alterada su comodidad, su desidia, su indiferencia, su apatía y así sucesivamente.

Los hechos demuestran que quienes gustan de comer y beber en exceso, o que simplemente quieren
siempre más dinero, más vestidos, más lujos, más comodidades, más títulos, más reconocimientos de
parte de sus semejantes, más conocimientos intelectuales y en general más sensaciones y
satisfacciones, son extremamente débiles frente a la adversidad, es decir cuando surgen situaciones
críticas y difíciles, y de allí que sean al propio tiempo exigentes, carentes de la más mínima humildad,
iracundos y soberbios frente a sus semejantes, con la sociedad donde se desenvuelven. Surge así,
entonces, la ira de la lengua con su maldecir, con sus airadas protestas, sus quejas, sus ironías, sus
frases destempladas y groseras.
La cólera del ánimo, por su parte, nos convierte en personas malhumoradas, pesimistas, terriblemente
negativas. La cólera del ánimo inclina hacia el odio, el resentimiento, la sed de venganza o revanchismo
y hacia muchas otras actitudes psicológicas equivocadas que nos granjean la animadversión o repulsa
de quienes nos rodean.
Hay sin embargo quienes disfrutan con la rabia, suponiendo (muy equivocadamente, desde luego) que
esa actitud les proporciona cierto prestigio, cierto ascendiente sobre los hijos, sobre la esposa o esposo,
sobre los amigos, sobre los compañeros de trabajo y sobre el prójimo en general, y por eso el “Yo”
iracundo apela al argumento del regaño, del sermón, de la amonestación, disfrazándose con la toga del
Juez.
Los gritos, el levantar mucho la voz, es una de las tantas características físicas que delatan la presencia
en nosotros del “Yo” de la ira, aun cuando también puede suceder que dicho “agregado” utilice la
palabra entrecortada (silabeante, incisiva, cínica), con poco volumen, para herir así sutilmente al
adversario, a quien se tiene como objeto de la rabia. Lo cierto es que el verbo se violenta con los accesos
de ira, lo tornan gutural, enredado y ostensiblemente vulgar, debido precisamente a la falta de
coherencia intelectual, debido a la irreflexión y torpeza de ese centro en los instantes de rabia.
Es tal la locura de la ira, que bien puede expresarse con carcajadas estruendosas y sarcásticas como con
sonrisas irónicas, o ya con terribles llantos o con silencios de insólita soberbia, pero en todo caso la
descomposición del rostro (muy especialmente de los ojos) revela, señala o acusa el carácter
demoníaco del “Yo” iracundo.
En suma, la ira, cólera, enojo o enfado aniquila la capacidad de pensar con atención y profundidad, e
impide por lo tanto resolver cualquier problema que se nos presente. Al quitarnos la paz o serenidad
del corazón, las emociones negativas de rabia nos vuelven también incomprensivos.
Para lo único que sirve la rabia, ira, cólera, enojo o enfado es para amargarnos la vida y para
amargársela a los demás.
Siempre que nos airamos o nos encolerizamos se produce un derrumbe de nuestra imagen exterior
esto nunca es conveniente en el mundo de las Inter relaciones. Aún más: los diversos procesos de la ira
conducen a la persona hacia horribles fracasos económicos, políticos y sociales, afectando por
añadidura la salud del cuerpo físico.
Sabido es por la ciencia médica oficial que la ira produce úlceras estomacales, la gastritis, los infartos,
los derrames cerebrales y muchas otras graves enfermedades. La ira es hermana gemela de la violencia
y además se emparenta íntimamente con el odio.
La ira, combinada con la violencia y el odio:
Produce más violencia, guerras, enemistades y problemas gravísimos que suelen concluir en los siempre
inútiles derramamientos de sangre, muerte y desolación.
Siendo (como en efecto lo es) una emoción de tipo muy inferior, la rabia nos convierte también en
personas chismosas y calumniadoras, fáciles presa de la envidia, de los celos y de los recelos o
desconfianzas, en amigos de las discusiones, peloteras, rencillas, pleitos, demandas, querellas,
altercados, etc.
Una discusión enojosa o colérica entre dos personas o más, carece del poder de convicción.
Cuando dos o más personas discuten acalorada y rabiosamente, es porque quieren imponerse las unas
sobre las otras, estando la razón muy lejos de ellas.
Cualquier diálogo fecundo y creador exige que los interlocutores sepan escuchar.
La ira, incuestionablemente, es un Ego que destruye sin compasión alguna la fragancia de la cortesía,
del trato amable y amistoso, de la disposición necesaria para intercambiar impresiones pacíficamente.

EL TRABAJO SOBRE EL “YO” DE LA IRA

Comprendamos el trabajo de la disolución del Ego. Al sumergirnos por medio de la meditación en


nuestros propios infiernos atómicos, con el propósito de comprender tales o cuales defectos
psicológicos, nos ponemos en contacto con tal o cual infra dimensión natural. La sección fundamental
de la ira, obviamente al tratar de comprender en forma íntegra los diversos procesos del enojo, del
coraje, de la violencia, de la soberbia, etc. En la Interrelación existe Auto-Descubrimiento y Auto-
Revelación.
Quien renuncia a la convivencia con sus semejantes, renuncia también al Auto-Descubrimiento.
Cualquier incidente de la vida, por insignificante que parezca, es incuestionable tiene por causa un actor
íntimo en nosotros, un Agregado Psíquico, un “Yo”. El Auto-Descubrimiento es posible cuando nos
encontramos en estado de Autobservación.
Se debe observar cómo se manifiestan los detalles o facetas de ese “agregado” en el Cerebro Intelectual
(centro mental), en el Cerebro Emocional (centro emocional) y en el Cerebro Motor-Instintivo-Sexual
(centro motor, centro instintivo, y centro sexual).
Para luchar contra las emociones de rabia, ira, coraje, enfado o enojo, es absolutamente necesario
cultivar las virtudes de la paciencia y de la serenidad.
Vamos entendiendo que la serenidad, la dulzura, la bondad, la paciencia, la humildad y la comprensión
(entre otras), constituyen emociones trascendentales y permanentes que pueden ayudarnos a vencer
(o mejor dijéramos eliminar) la ira, el coraje, enojo o enfado.
Los Agregados Psíquicos que regresan del pasado (de anteriores existencias), debido a las
consecuencias kármicas, sufren terribles frustraciones al no poder auto-complacerse, y a medida que
se van reincorporando en la personalidad del niño, comienzan a manifestar sus rabias, sus iras nefastas,
acompañándonos luego por el resto de la existencia y fortaleciéndose merced a la ignorancia de lo que
psicológicamente somos.
La ira es, pues, impositiva e intolerante, violenta y altanera, demencial y enemiga de nosotros mismos
y de los demás. La ira desgarra las carnes y hace arder la sangre, nos obliga a derrochar muchísima
energía vital y adormece en forma alarmante la conciencia individual, motivos más que suficientes
como para comprender la necesidad de erradicarla de nuestra psiquis, si es que realmente queremos
afianzarnos en el Reino del Amor, de la Paz, de la Bondad, de la Comprensión.

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