ORGANO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
Director, PEDRO M. IBAÍTEZ
Bogotá — República de Colombia
DOCUMENTOS
referentes á la jornada emprendida por Hernán Pérez de
Quesada en busca del Dorado.
Tomados de las actas de las sesiones de Cabildo celebradas en Julio de 1541,
por el Archivero Histórico del Departamento de Boyacá.
En 21 de Julio de 1541 años. En este día entraron en
su Cabildo, según que lo han de uso y costumbre de se ayun
tar, conviene á saber: el muy magnifico Sr. Hernán Pérez de
Quesada, Justicia Mayor de este Reino por S. M., y los
muy nobles Sres. Gonzalo Suárez, Capitán y Justicia Mayor
en esta dicha ciudad, y Jorge de Olmeda, Alcalde ordinario
en la dicha ciudad, y Jerónimo de Aguayo, y Hernando de
Beteta, y Juan de Mendaño, y Martín Pujol, y Hernando de
Escalante, y Juan Valenciano, Regidores.
En este dicho Cabildo respondió el Sr. Hernán Pérez de
Quesada, Justicia Mayor, á un requerimiento que se le hizo
en el Cabildo antes de éste, y su respuesta está inserta en este
libro de Cabildo, que requerimiento y respuesta son como
siguen.
En 20 de Julio de 1541 se presentó este requerimiento
por la Justicia y Regimiento de esta ciudad, ante el muy
magnifico Sr. Hernán Pérez de Quesada.
Por testimonio y memoria que haga fe á Nos, Justicia y
Regimiento de esta ciudad de Tunja, como requerimos y pe
dimos al muy magnífico Sr. Hernán Pérez de Quesada que
por cuanto después que el Licenciado Jiménez, que este Rei
no poblo y conquistó, fue á dar cuenta á S. M., y viendo que
su real servicio convenía, no quitando la fuerza de los dichos
poderes sino para mayor abundancia y por evitar algunos es
cándalos y alborotos que suelen suceder; elegimos y nombra
mos á Sumerced por Capitán general y Justicia Mayor de este
642 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Reino, la cual dicha elección atiende ser provechosa para lo
que dicho se tiene, ni más ni menos, muy conveniente para
que este Reino estuviese pacífico y quieto, así de los indios
naturales de estas Provincias como de otras cualesquier cosas
que podían ocurrir, como suelen en los reinos y señoríos de
S. M. de estas partes. Y ahora somos informados y creemos
ser así que el dicho Sr. Hernán Pérez de Quesada quiere de
jar este Reino é ir á descubrir nuevas tierras y señoríos para
aumento de la Corona Real, y quiere dejar esta tierra, así de
su persona como de otros muchos españoles que consigo
lleva, de lo cual Dios Nuestro Señor y S. M. serían muy de
servidos y los que en este Reino quedasen serían con muy
gran detrimento de sus vidas y haciendas; por tanto Nos,
como leales vasallos y servidores de S. M., y como tales en
este Cabildo estamos nombrados para los semejantes oficios,
para lo que nos ha sido tomada la solemnidad del juramento
en forma requerida, pedimos y requerimos á Su Señoría una,
dos y tres veces y cuantas de derecho se requiere, que no
deje este Reino hasta tanto que S. M. provee de Gobernador
y el dicho Gobernador haya llegado á él, en lo cual parecerá
el dicho señor buen servidor de S. M. como hasta aquí lo ha
sido. Y lo contrario haciendo, protestamos de nos querellar
ante la imperial persona de S. M. y alto Consejo de las In
dias, como de persona que no da buena cuenta de lo que le
ha sido encomendado á lo más tocando al servicio de S. M.
Y protestamos que si Sumerced todavía quiere hacer la dicha
jornada y por tal causa sucediese algo escandaloso ó algunos
escándalos así de caciques de la tierra como de españoles,
como de otras cosas que suelen acaecer, que todo caiga sobre
la persona y bienes de dicho Sr. Hernán Pérez de Quesada y
no sobre las nuéstras, pues no podemos hacer más de requeri
mientos, y no fuerza, en la cual notoriamente nos recibimos que
riendo Sumerced hacer el dicho viaje, y de ella como de todo
lo demás protestamos para ante quien dicho es y para ante
quien y con derecho debamos, y de cómo lo pedimos y re
querimos pedimos á vos el dicho Escribano nos le deis por fe
y testimonio para que ahora ni en ningún tiempo nos pueda
parar perjuicio.
Gonzalo Suárez—Jorge de Olmeda—Diego Martínez
Juan de Pineda—Jerónimo de Aguayo—Hernando de Bctctd
Juan de Mendaño—Martín Pujol—Francisco Villaviciosa
Hernando de Escalante.
En el dicho día, mes y año susodichos yo Alonso de Mi
randa, Escribano del Cabildo, notifiqué este dicho requerí-
DOCUMENTOS 643
miento de suso contenido por mandado de los Sres. Justicia
y Regimiento de esta dicha ciudad, al muy magnífico Sr. Her
nán Pérez de Quesada, Justicia Mayor, de este Nuevo Reino.
Y luego incontinenti este dicho día, mes y año susodi
chos, el dicho Sr. Hernán Pérez de Quesada, Justicia Mayor
susodicho, dijo que lo oía y lo responderá para otro Cabildo.
Alonso de Miranda, Escribano del Cabildo
RESPUESTA DEL SR. HERNÁN PÉREZ DE QUESADA
En la ciudad de Tunja, veintiún días del mes de Julio del
dicho año de mil y quinientos cuarenta y un años, estando en
el Ayuntamiento y Cabildo de esta dicha ciudad el dicho Sr.
Hernán Pérez de Quesada, Justicia Mayor de este Nuevo Rei
no, respondiendo al requerimiento á él hecho por parte de la
Justicia y Regimiento de esta ciudad, dijo que á él más que á
ninguno convenía dejar en recaudo el dicho Reino, y que si
se mueve para hacer la dicha jornada es por el grande servi
cio que á S. M. se le hace en hacerla, por las grandes noti:
cías de riquezas que hay, y que sería imputado de gran culpa
y de no hacer lo que debe al servicio de S. M. si deja de
hacer el dicho viaje, porque por tal causa podía S. M. perder
mucha cantidad de oro y plata, piedras preciosas y otros
muchos géneros de riquezas de que tiene noticia. Y allende
esto muchas tierras y señoríos se dejarían de descubrir, de que
vendría gran perjuicio á la Corona y patrimonio real de S. M.
Porque aunque otros de otras partes quisiesen hacer el dicho
descubrimiento, no tienen tan buen camino, ni tan cerca ni
tan sin peligro, ni tan viva la noticia, ni tan buen aparejo de
gentes, armas y caballos como es notorio y claro á todos los
de este Reino y á los de fuéra de el, cuanto más que dejara
recaudo de gentes y caballos y pertrechos de guerra en el
dicho Reino necesarios tantos cuantos convengan y como se
puedan sustentar muy bien, porque allende de moverle para
hacer la dicha jornada lo que dicho tiene no ha sido poco,
pues antes muy grande servicio que en este Reino hay mu
cha gente y que no se podía sustentar y que era necesario
que fuese á buscar de comer á otras partes, de lo cual podía
dejar de seguirse alboroto, como suele haber donde hay con
gregación de gente desocupada y sin tener de comer y viendo
el dicho Sr. Hernán Pérez lo uno y lo otro, y que en todo se
hacía gran servicio á S. M., determinó de hacer la dicha jorna
644 BOLETIN T)E HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
da á su costa y mención, en la cual ha gastado grande suma
de pesos de oro, que será más de treinta mil pesos de buen oro,
en lo cual está empeñado todo á causa de servir á S. Mt y au
mentar sus reinos y señoríos, de todo lo cual y de lo uno y
de lo otro le piensa hacer relación en su tiempo y lugar y
cuando pueda ir mensajero. Y esto dijo que daba y dio por
su respuesta.
Este dicho día, mes y año susodichos, yo Alonso de
Miranda, Escribano de dicho Cabildo ley notifiqué de verbo
ad verbum esta respuesta en presencia de los dichos señores
Justicia y Regimiento. Luégo los dichos señores Justicia y
Regimiento dijeron que tornaban á requerir al Sr. Hernán Pé
rez de Quesada lo que dicho y requerido le tienen. Luégo
el dicho Sr. Hernán Pérez de Quesada, Justicia Mayor suso
dicho, dijo que responde y respondía lo que dicho tiene. Pasó
ante mí, Alonso de Miranda, Escribano del dicho Cabildo.
En veintisiete días del mes de Julio de mil quinientos cua
renta y uno entraron en su Cabildo según que lo han de uso y
de costumbre de su ayuntar, conviene á saber : los muy no
bles Sres. Gonzalo Suárez, Justicia mayor en esta ciudad de
Tunja, por S. M., y Jorge de Olmeda y Diego Martínez,
Alcaldes ordinarios en esta ciudad, y Jerónimo de Aguado, y
Juan de Pineda, y Hernando de Beteta, y Esteban de Al
marcha, y Hernando de Escalante, y Juan de Mendaño, Re
gidores. En este dicho Cabildo el Sr. Alcalde Jorge de Ol
meda dijo: que por cuanto él va en servicio de S. M. y por
mandado del muy magnífico Sr. Hernán Pérez de Quesada,
Capitán general y Justicia mayor de este Nuevo Reino, con su
mandado á descubrir nuevos reinos y señoríos y grandes
riquezas de que piensa S. M. sea muy servido y sus rentas y
patrimonio real muy acrecentado; y porque conviene que en
esta ciudad quede una persona en su lugar, caballero hijo
dalgo y suficiente para el dicho cargo, que él ha tenido por
tanto con acuerdo y parecer de los dichos señores Capitán y
Regimiento, deja la vara de S. M. en poder de Hernando de
Beteta, Regidor de esta dicha ciudad, para que él como el
dicho Sr. Jorge de Olmeda use y ejerza el dicho cargo, pues
esta dicha ciudad no puede quedar sin Justicia.
Luégo los dichos señores Justicia y Regimiento dijeron
que para más abundancia ellos de nuevo elegían al dicho
Sr. Hernando de Beteta, nombrado por el dicho Sr. Jorge de
Olmeda, por cuanto tenían ser cosa que cumplía al servicio
de S. M. y á esta dicha ciudad de Tunja. Y luégo el dicho
Sr. Capitán dijo que en nombre de S. M. y del muy magní
fico Sr. Hernán Pérez de Quesada, cuyos poderes tiene de
nOOUMTNTOfl 6<S
nuevo, lo nombraba y nombró al dicho Hernando de Beteta
por Alcalde ordinario de esta dicha ciudad, como lo son y
suelen ser los demás que en estas partes de Indias son nom
brados, pues es cosa que tanto toca al servicio de S. M. Y
luégo incontinenti el dicho Sr. Capitán tomó y recibió el ju
ramento y solemnidad que en tal caso se requiere del dicho
Hernando de Beteta, su cargo del cual le encargó que bien
fiel y diligentemente con justicia use y ejerza el dicho cargo
de Alcalde ordinario en esta dicha ciudad, mirando al servicio
de Dios Nuestro Señor y de S. M., bien y procomún de esta
dicha ciudad y Provincia; y si así lo hiciere Dios le ayude y
contrario haciendo, El se lo demande. Dijo sí juro y amén.
Gonzalo Suárez—Diego Martínez—Hernando de Beteta.
Jorge-de Olmeda Francisco de Aguayo Juan de Pineda
Sebastián de Almarcha—Juan de Mendaño—Hernando de
Escalante.
En este dicho Cabildo el Sr. Alcalde Diego Martínez
dijo que por cuanto él iba en servicio de S. M. por mandado
del muy magnífico Sr. Hernán Pérez de Quesada, Capitán
general de este nuevo Reino, con ánimo de descubrir nuevos
reinos y señoríos y grandes riquezas de que se piensa S. M.
sea muy servido y sus rentas y patrimonio real muy acrecen
tado ; y porque conviene en esta ciudad otra persona en su
lugar, caballero hijodalgo y suficiente para el dicho cargo que
él ha tenido; por tanto, con acuerdo y parecer de los dichos
Sres. Capitán y Regimiento dijeron que dejaba y dejo la
vara de S. M. en poder del Sr. Jerónimo de Aguayo, para
que él, como el dicho Sr. Alcalde Diego Martínez, use y ejerza
el dicho cargo de Alcalde ordinario en nombre de S. M.
Luégo el dicho Sr. Capitán dijo que en nombre de S. M.
y del muy magnífico Sr. Hernán Pérez de Quesada, cuyos
poderes tiene de nuevo, le nombraba y nombro al dicho
Jerónimo de Aguayo por Alcalde ordinario de esta dicha
ciudad, como lo son y suelen ser los demás que en estas par
tes de Indias residen, pues es cosa que tánto toca al servi
cio de S. M.
En este mismo día, mes y año los susodichos Sres. Jus
ticia y Regimiento dijeron que nombraban y nombraron por
ausencia de mí, Alonso de Miranda, Escribano que hasta
ahora he sido de este dicho Cabildo, por Escribano público de
esta dicha ciudad y del Cabildo de ella á Domingo de Agui-
rre, vecino también de ella, como á persona hábil y suficiente
para el dicho cargo de Escribano, al cual dijeron que daban
BOLETÍN DE HI8TOKIA Y ANTIGÜEDADES
y dieron todo su poder cumplido para que pueda usar y ejer
cer el dicho cargo de Escribano público de este Cabildo, y
mandáronse de á las escrituras y los demás autos judiciales y
extrajudiciales de toda la fe y crédito que se da y suelen dar
á los Escribanos públicos de S. M. Del cual recibieron el ju
ramento y solemnidad que en tal caso se requiere su cargo,
del cual le encargaron que bien y fielmente use el dicho cargo
de Escribano público y del Cabildo según dicho es en todas
las cosas que en esta ciudad y sus términos se ofreciere se
gún y como lo suelen usar los otros Escribanos públicos en
estas partes de Indias.
En la ciudad de Tunja, á siete días del mes de Septiem
bre, año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de
mil y quinientos y cuarenta y un años, en presencia de mí,
Domingo de Aguirre, Escribano público y del Cabildo de
esta dicha ciudad, se juntaron en su Cabildo y Ayuntamiento
como lo han de uso o de costumbre para tratar de las cosas
convenientes al servicio de Dios Nuestro Señor, de S. M.,
bien de los pobladores y vecinos y naturales de esta dicha
ciudad, conviene á saber: los muy notables Sres. Jerónimo
de Aguayo y Hernando de Beteta, Alcaldes ordinarios de
S. M., Francisco de Villaviciosa, y Hernando de Escalante, y
García Arias Maldonado, y Juan de Pineda.
Y así todos juntos en el dicho Cabildo, como dicho es,
pareció presente Pedro de Quiralte en nombre y voz del
Sr. Capitán Gonzalo Suárez, Capitán y Justicia mayor de esta
dicha ciudad, y presentó un poder y ciertas escrituras, y nom
bramiento que al dicho Sr. Capitán se hizo en la ciudad de
Santafé, de Capitán general y Justicia mayor en este Nuevo
Reino de Granada como otras ciertas escrituras, su tenor de
las cuales, sacadas en este libro de Cabildo de verbo ad ver-
bum, es este que se sigue:
Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo Gonzalo Suá
rez, Capitán general y Justicia mayor en este Nuevo Reino
de Granada y sus Provincias hasta tanto que S. M. otra
cosa provea y mande, otorgo y conozco por esta pre
sente carta que doy y otorgo todo mi poder cumplido, libre
y llenero, y bastante según qne yo le he y tengo del muy
magnífico Sr. Hernán Pérez de Quesada, Capitán general y
Justicia mayor que fue de este Nuevo Reino, y del Cabildo,
Justicia y Regimiento de esta ciudad de Santafé, que es en
este dicho Nuevo Reino, el cual parecerá más largo como
en él se contiene, y según que mejor y más cumplida
mente yo lo puedo y debo dar, y de derecho más puede
y debe valer á vos Pedro de Quiralte y á vos Pedro Nú-
DOCVMBJWTOS «47
ñez de Cabrera, vecinos de la ciudad de Tunja, que es en
este Nuevo Reino, que estáis ausentes, bien así como si fue-
sedes presentes, y cada uno y cualesquier de Vos in solidum,
porque yo estoy ocupado en cosas tocantes y convenientes al
servicio de S. M. y á la ejecución de su real justicia en esta di
cha ciudad de Santafé y no puedo personalmente ir. Especial
mente para que por mí y en mi nombre cada uno ó cualquier
de vos los susodichos os podáis presentar y presentéis con los
poderes que yo para ello tengo ante los muy nobles Cabildos
y Ayuntamientos de la dicha ciudad de Tunja y Vélez, y
por virtud de los dichos poderes pedir y requerir en mi nom
bre como dicho es me reciban en nombre de S. M. y en lu
gar del dicho Hernán Pérez de Quesada, por su ausencia, por
Capitán general y Justicia mayor de las dichas ciudades de
Tunja y Vélez y sus Provincias de este Nuevo Reino de Gra
nada, como el dicho Sr. Hernán Pérez lo era y por los
dichos poderes yo lo soy, y me admitan y sea admitido
al uso y cargo y ejercicio del dicho oficio de Capitán gene
ral y Justicia mayor como dicho es, y en razón de ello toma
dos ante los dichos Cabildos como dicho es vos, los susodichos,
cada uno como dicho es, podáis hacer y hagáis cualesquier
demandas, protestaciones, pedimentos, requerimientos y autos
y diligencias que yo mismo haría y hacer podría presente,
siendo y para que si necesario es, en razón de lo que dicho
es y os fuere pedido por los dichos Cabildos en mi nombre po
dáis dar cualesquiera fianzas y hacer en vuestro lugar y en mi
ánima cualesquier solemnidad de juramentos que por los
dichos Cabildos os fueren pedidos, sean fechos y otrosí si
por virtud de los dichos poderes recibidos en mi nombre, y
yo fuere admitido al dicho cargo de Capitán y Justicia ma
yor como dicho es y nuevamente fuere nombrado en mi nom
bre cada uno de vos los susodichos podáis aceptar y tomar la
posesión del dicho oficio y uso y ejercicio de la cual vos, los
susodichos y cada uno de vos, tomando digo que la he por
tomada y estoy metido en la dicha posesión y bastante poder
yo tengo, como dicho es, y de derecho se requiere para todo
lo susodicho y para cada una cosa y parte dello otro tal y
tan cumplido bastante y ese mismo que lo he y tengo del
dicho Sr. Hernán Pérez de este dicho Cabildo y Regimiento
de esta ciudad de Santafé, lo doy á cada uno y renuncio y
traspaso á vos y en vos los dichos Pedro Quiralte y Pedro
Nuñez Cabrera, con todas sus incidencias y dependencias, emer
gencias, anexidades y conexidades, y con libre y general ad
ministración, y para lo haber por firme, estable y valedero
obligo mi persona y bienes muebles y raíces habidos y por
648 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
haber. En testimonio de lo cual otorgué esta carta ante el
presente Escribano y testigos. Que es fecha y otorgada en la
dicha ciudad de Santafé, á postrero día del mes de Agosto,
año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil y
quinientos y cuarenta y un años. Testigos que fueron pre
sentes á lo que dicho es. El Sr. Alcalde, Juan de Dios Hi
dalgo, Alcalde ordinario de S M. en esta dicha ciudad, y Juan
Moscoso y Alonso Domínguez, estantes al presente en esta
dicha ciudad y el dicho otorgante lo firmó de su nombre en
este mi Registro. Y yo, Cristóbal de los Nidos, Escribano de
S. M. que al otorgamiento de esta carta de poder juntamente
con los dichos testigos en uno presente fui y de pedimento
de dicho Sr. Capitán Gonzalo Suárez le fice escribir e fice
aquí este mi signo á tal en testimonio de verdad.
Cristóbal de los Nidos, Escribano de S. M.
En la ciudad de Santafé, que es en la Provincia de Bo
gotá y Nuevo Reino de Granada, á diez y nueve días del
mes de Agosto, año del nacimiento de Nuestro Salvador Je
sucristo de mil quinientos cuarenta y un años, en presencia
de mí Diego de Parteamoyo, Escribano dei muy magnífico
Cabildo y Regimiento de esta dicha ciudad; estando juntos
en su Cabildo y Ayuntamiento, según que lo tienen de uso y
de costumbre de se ayuntar para las cosas tocantes al servicio
de S. M. y Gobierno de este dicho Reino, los muy nobles
Sres. el Capitán Juan de Dios Hidalgo, Alcalde ordinario de
la dicha ciudad, y el Sr. Hernán Venegas, y el Contador Pe
dro de Colmenares, y Gonzalo García, el Zorro, y Francisco
Contreras, y Antón de Ololia, y Hernando de Rojas, Regi
dores, y dijeron que por cuanto el muy magnífico Sr. Hernán
Pérez de Quesada, Capitán general y Justicia mayor de este
Nuevo Reino,, por noticia que tiene de tierras que son muy
ricas, va á descubrir y conquistar, y ensanchar nuevos reinos
y señoríos á la imperial Corona de S. M., y poner el dominio
y yug° real á los naturales de las dichas tierras que no es
tán en su servicio, y porque para el Gobierno y mando y pa
cificación y sosiego de este dicho Nuevo Reino era necesario
al servicio de Dios Nuestro Señor y de S. M. que quedase
una persona caballero hidalgo, idóneo y suficiente que lo
rigiese y gobernase, teniendo respeto al celo de la justicia, re
quiriendo al dicho Sr. Hernán Pérez que antes que se saliese
del dicho Reino dejase la tal persona. El cual teniendo res
peto al servicio de S. M. y que el dicho Nuevo Reino sería
bien gobernado, nombró por Teniente y Justicia mayor y
DOCUMENTOS 649
Capitán general del dicho Reino al Capitán Gonzalo Suárez,
porque es tal persona y que en él concurren las calidades di
chas, al cual por virtud de los poderes que tenía le sustituyó
y dejó en su lugar y le dio poder cumplido en forma, según
que de derecho en tal caso se requiere para el gobierno del dicho
Reino, el cual dicho poder, el dicho Sr. Gonzalo Suárez, ante
ellos presentó, el cual por ellos visto lo aprobaron y ratifica
ron por bastante y porque al dicho poder no fuese puesto
ningún escrúpulo y por evitar dichos de los españoles que en
el dicho Reino quedan y porque conviene al servicio de Dios
Nuestro Señor y de S. M. que el dicho Nuevo Reino y la
Gobernación y mando de él esté debajo de la mano de una
persona como la del dicho Sr. Capitán Gonzalo Suárez, por
que es persona para lo regir y gobernar ; por ende todos jun
tos unánimes y conformes nemine discrepante de un acuerdo
y consentimiento le elegían y eligieron en nombre de S. M.
y nombraban y nombraron de nuevo por Capitán general y
Justicia mayor del dicho Nuevo Reino, ansí en lo que está des
cubierto y poblado en él como en lo que se descubriere y po
blare de aquí adelante, al dicho* Capitán Gonzalo Suárez, que
está presente, hasta que S. M. provea de Gobernador á este
dicho Reino, y le entregaron la vara de Justicia mayor del
dicho Reino y porque conviene al servicio de S. M. que lo
sea, le requerían y pedían que lo acepte y use del dicho car
go de hoy en adelante y tenga debajo de su mano y gobier
no el dicho Nuevo Reino y tan cumplido y bastante poder
como ellos han y tienen de S. M. para lo que dicho es, dan,
ceden, renuncian y traspasan al dicho Capitán Gonzalo Suárez,
con todas sus incidencias y dependencias, emergencias, conexi
dades y anexidades, con libre y general administración y por
virtud del dicho poder pueda quitar y mover Capitanes y Te
nientes de las ciudades que están pobladas como en las que se
poblaren en la conquista y conquistas que por su mandado se
hicieren, y poner y nombrar y criar á otros de nuevo, lo cual
haga con causa y sin ella, y como tal Capitán y Justicia ma
yor elegido y nombrado nuevamente por ellos pueda hacer y
haga en el mando y gobierno de dicho Reino y en la con
quista y pacificación de todo aquello que vea que cumple al
servicio de Dios Nuestro Señor y de S. M. y al bien y pro
de los españoles que en él quedan, y de los naturales de la
tierra, haciendo asimismo todo lo contenido en el poder que
el dicho Sr. Hernán Pérez de Quesada le deja, el cual tenga
y contenga en sí toda fuerza y vigor, para lo cual declarado
el cual dicho nombramiento hacían con aditamento que si el
dicho Sr. Hernán Pérez por algún inconveniente volviese a
650 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
este dicho Nuevo Reino, que torne á tomar en sí el mando y
Gobierno él como de antes lo tenía, y sea visto este nom
bramiento y elección ser en sí ninguno y de ningún efecto, y
no contenga en sí fuerza ni vigor alguno. Y por ésta requi
rieron á todos los Capitanes y caballeros hijosdalgo, y con
quistadores, y pobladores que en el dicho Nuevo Reino están
que hagan y tengan por tal Capitán general y Justicia mayor
del diqho Nuevo Reino al dicho Capitán Gonzalo Suárez y
hagan y cumplan sus mandamientos so las penas que les pu
siere, y prometía y prometieron que ahora ni en ningún tiem
po hasta tanto que S. M. otra cosa provea de no revocar ni ir
ni venir ni pasar contra este dicho nombramiento que ansí lo ha
cen porque en lo hacer S. M. se sirve de ello y este dicho Nue-
» vo Reino será gobernado como cumple á su real servicio, y si
contra el dicho nombramiento fueren ó lo revocaren, que no
les valga ni sean admitidos en ningún juicio, antes sean repe
lidos de él como personas que van contra el bien y pro de la
República. En firmeza de lo cual otorgaron esta carta de
nombramiento y elección ante mí el dicho Escribano.
Y así hecho el dicho nombramiento y elección nueva
mente al dicho Capitán Gonzalo Suárez de Capitán general y
Justicia mayor del dicho Nuevo Reino, luégo los dichos Sres.
Alcaldes y Regidores tomaron y recibieron juramento en for
ma debida de derecho por Dios y por Santa María, y por la
señal de la cruz (tal como esta f) en que en su mano derecha
puso corporalmente, y á las palabras de los Santos Evange
lios de que más largamente se hará mención. Estando pre
sente el dicho Sr. Capitán Gonzalo Suárez, el cual le otorgó
su cargo del dicho juramento que él prometió que bien y fiel
y diligentemente como buen cristiano temeroso de Dios, te
niendo respeto al celo de la Justicia, mirando el servicio de
Dios Nuestro Señor y de S. M., usara y ejerciera dicho oficio
de Capitán general y Justicia mayor que le es encargado y
encomendado con toda fidelidad y rectitud, mirando en pro
de los españoles que en este dicho Nuevo Reino están, y por
el de los naturales, y guardara las ordenanzas y estatutos de
esta dicha ciudad y del dicho Nuevo Reino y no las que
brantara, y que en todo hará lo que como Capitán y Justicia
mayor debe y es obligado á hacer, y si así lo hiciere Dios
Nuestro Señor le ayude en este mundo al cuerpo y en el
otro al ánima, donde más ha de durar. Lo contrario haciendo
se le demande como á aquel que se perjura su santo nombre
en vano, el cual dicho juramento hizo y otorgó en forma se
gún derecho, etc.
Y así hecho el dicho juramento por el Sr. Gonzalo Suá-
DOCUMENTOS 651
rez, luégo los dichos Sres. y Alcaldes y Regidores dijeron al
dicho Sr. Gonzalo Suárez que conforme á derecho y leyes
del Reino es obligado por el dicho nuevo nombramiento á
dar fianzas llanas y abonadas para que usara bien y fiel y
diligentemente con toda fidelidad y rectitud del dicho cargo
de Capitán general y Justicia mayor del dicho Reino, haciendo
todo lo que está declarado en la elección y nombramiento
que hoy dicho día le han hecho, y si alguna cosa le faltare en
el dicho cargo que él por su persona y los fiadores lo paga
ran porque es así la intimación real. Y luégo el Sr. Gonzalo
Suárez dijo que estaba pronto de dar las dichas fianzas como
le son pedidas, etc.
Parecieron presentes Jerónimo de Aguayo y Juan Mal-
donado, vecinos de la ciudad de Tunja, y dijeron que por
ausencia del Sr. Hernán Pérez de Quesada, Capitán general
y Justicia mayor de este Nuevo Reino, la Justicia y Regimien
to de esta ciudad de Santafé en su Cabildo, porque convenía al
servicio de Dios y de S. M. que en ér quedase una persona
caballero hijodalgo, idóneo y suficiente que rigiese y admi
nistrase el dicho Nuevo Reino, hoy día eligieron y nombra
ron nuevamente por Capitán general y Justicia mayor de este
dicho Nuevo Reino al Capitán Gonzalo Suárez, al cual le
pidieron fianzas, legas llanas y abonadas para que bien y fiel
mente con toda fidelidad y rectitud usara del dicho cargo de
Capitán general y Justicia mayor del dicho Reino, por ende
que ellos con vos todos de mancomún á vos de uno y cada
uno de ellos por sí insolidum y por el todo renunciando como
renunciaron la Ley de duobus tex de vendí y el auténtica pre
sente fide de jusoribus y el beneficio de la división y todas
las otras leyes que hablan en razón de la mancomunidad, y
salían y salieron por tales fiadores del dicho Capitán Gonzalo
Suárez y obligaban y obligaron sus personas y bienes mué
bles y iaíces habidos y por haber. Que dicho Capitán Gon
zalo Suárez usara y ejerciera bien y fielmente con toda fide
lidad y rectitud el dicho cargo y oficio de Capitán general y
Justicia mayor del Nuevo Reino que nuevamente le es encar
gado, y mirara por el servicio de Dios y de S. M. y de la
República y por el pro de los españoles y naturales que en el
dicho Reino están, y enviando S. M. Juez de Residencia á
este dicho Reino, el dicho Capitán Suárez hará residencia de
todo el tiempo que tuviere á cargo el dicho mando y gobier
no, y no la haciendo la harán ellos por él y pagarán aquello
que contra el dicho Capitán Gonzalo Suárez fuere juzgado y
sentenciado llanamente, sin pleito ni contienda alguna, de jui
cio, con todo lo demás que por no usar el dicho Capitán Suá-
652 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
rez el dicho Oficio como de derecho es obligado, fueren obli
gados á pagar y para que así lo hagan cumplir y pagar lo
contenido. En esta forma dieron poder cumplido á cuales
quier justicia de S. M., á la jurisdicción de Jas cuales se some
tieron, renunciando su propio fuero y jurisdicción y domici
lio, para que por todo rigor de justicia les compelan y apre
mien á cumplir y pagar lo susodicho, haciendo ejecución en
sus personas y bienes y los vendan y rematen en.pública al
moneda y fuera de ella y de los maravedís que valieren,
entreguen y paguen a Ja parte que hubiere de haber de
todo enteramente, de manera que no falte cosa alguna bien
así como si en ello fueren condenados y juzgados por sen
tencia definitiva de Juez competente y por ellos consentida y
pasada en cosa juzgada. Cerca de lo cual renunciaron cuales
quier leyes y derechos, y ordenamientos viejos y nuevos, y
partidas especiales y generales de que en esta parte se pien
san ayudar y aprovechar, y toda excepción de fuerza y enga
ño, y renunciaron la ley y derecho que dice que general re
nunciación de leyes que Orne faga e non vala. En firmeza de
lo cual otorgaron esta carta ante mí el dicho Escribano y
testigos juro escriptos que fue y pasó día, mes y año y lugar
susodichos—Testigos que estaban presentes á lo que dicho es:
el dicho Capitán Juan Díaz Hidalgo, Alcalde, y Hernán Ve-
negas, Tesorero, y el Contador Pedro de Colmenares, y Fran
cisco de Contreras, Regidores; y los dichos otorgantes lo fir
maron de sus nombres- Gonzalo Suárez—Juan Díaz Hidal
go--Hernán Venegas—Pedro de Colmenares—Gonzalo Gar
cía— Francisco de Contreras—Hernando de Rojas—Antón de
OlaPa—Jerónimo de Aguayo—García Arias Maldonado.—Y
yo Diego Partearroyo, Escribano de Cabildo y Regimiento
de esta dicha ciudad de Santafé, que á lo dicho es junta
mente con los dichos testigos presente fui. Y de pedimento
del dicho Sr. Gonzalo Suárez este público y notorio testimo
nio escribí y por ende fice aquí este mío signo en testimonio
de verdad—Diego de Partearroyo, etc.
Sepan cuantos esta carta de poder vieren cómo yo el
Licenciado Gonzalo Jiménez, Teniente de Gobernador y de
Capitán en esta Provincia de Santa Marta por el ilustre y
muy magnífico Sr. D. Pero Hernández de Lugo, Adelan
tado de las Islas de Canaria y Gobernador perpetuo de la
ciudad de Santa Marta y sus Provincias por S. M., por virtud
de los poderes que he y tengo del dicho Sr. Adelantado de
Teniente de Gobernador y de Capitán general. El cual po
der de Teniente de Gobernador no va aquí inserto por su
gran prolijidad y por ser tan notorio á todos. Y el dicho po
DOCUMENTOS ó53
der de Teniente de Capitán general es este que se sigue :
Por la presente nombro por mi Teniente general al Li
cenciado Jiménez, de la gente así de pie como de caballo, al
cual dicho Licenciado doy todo poder cumplido, según que
lo yo he y tengo de S. M., y no vaya ni pase en cosa alguna ni
en parte de ello de los capítulos susodichos sino que en todo
y por todo se cumplan por la forma y manera susodicha, so
pena de la vida y de perdimiento de todos sus bienes para la
Cámara y Fisco de S. M., y mando á todos los Capitanes y á
toda otra gente de guerra que fuere á la dicha entrada que
lo obedezcan y acaten como á mi Teniente general de mi
armada sola dicha pena el que lo contrario hiciere de todo
lo susodicho. El cual dicho poder vos doy con todas sus in
cidencias y dependencias. Fecho en Santa Marta, á primero
de Abril de mil y quinientos y treinta y siete años—El Ade
lantado—Por mandado del Sr. Adelantado, mí, Sr. García
de Corita—Por virtud de los cualas dichos poderes de Te
niente de Gobernador y de Capitán general, otorgo y conoz
co por esta presente carta que en la mejor forma y manera
que puedo y de derecho debo, sustituyo los dichos poderes,
según y de la manera y forma que yo los he y tengo del di
cho Sr. Adelantado, á vos Hernán Pérez de Quesada, mi
hermano que estáis presente para que en mi lugar y su nom
bre del dicho Sr. Adelantado podáis hacer y hagáis todas
aquellas cosas y casos que yo por virtud de los dichos pode
res podría hacer siendo presente, cuán cumplidos poderes
como yo he y tengo del Sr. Adelantado, otro tal y ese mismo
lo doy y otorgo á vos el dicho Hernán Pérez, mi hermano,
con sus incidencias y dependencias. En firmeza de lo cual
otorgan esta carta ante el Escribano y testigos, juro escriptos
y lo firmo de mi nombre en el Registro. Que fue fecha en la
ciudad de Santafé, á ocho días del mes de Mayo, año del na
cimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil quinientos
treinta y nueve. Testigos que fueron pr^entes á lo que dicho
es: Martín Pujol, y Juan López, y Juan Tafur, estantes en esta
dicha ciudad. El Licenciado Jiménez—Y yo Juan Rodríguez
de Benavides, Escribano de S. M. y del Cabildo de esta ciu
dad de Santafé en uno fui presente á lo que dicho es con los
dichos testigos y del otorgamiento y fines, aquí este mi signo
acostumbrado en testimonio de verdad—Juan Rodríguez de
Benavides.
«5+ BOLETÍN DIB HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ORIGENES ETNOGRAFICOS DE COLOMBIA
CAPITULO I
LAS GRANDES RAZAS SURAMERICANAS
La dura sombra de los siglos cubre la historia primitiva
de la América con impenetrable velo, que probablemente Ha
ciencia jamás podrá levantar.
¿ Cuál es el origen del hombre americano ? Hé aquí un
problema que desde las primeras épocas del descubrimiento
del Nuevo Reino ha venido interesando vivamente á los hom
bres de ciencia y á los pensadores en general. Centenares de
volúmenes se han escrito sobre el asunto ; hipótesis más ó
menos ingeniosas, sistemas tan eruditos como variados y
contradictorios, no han pasado de hipótesis y de sistemas que
no se pueden comprobar. Faltan los principales elementos
para la reconstrucción de las primitivas sociedades.
Concretándonos á la América meridional, parte del con
tinente en que está situada la República de Colombia, en la
vasta extensión de su territorio era desconocido el s’stema
de escritura, pues no pueden considerarse como tál ni los
quipos peruanos, ni los petroglifos chibchas, ni las rocas gra
badas de caribes ó pampeanos, dado caso que dichos graba
dos y pinturas señalaran, como se cree generalmente, el re
gistro de acontecimientos ó de hechos importantes en la vida
de esos pueblos. Por consiguiente, no había literatura pro
piamente dicha, y los acontecimientos históricos, que sólo se
transmitían por el sistema oral, de generación en generación,
no se conservaban sino por corto tiempo y eso con Jas adulte
raciones y mutilaciones que le son consiguientes.
Prescindiendo de las civilizaciones incásicas y de los
scyris en el resto del Continente, ó sea en su mayor parte, no
se conocía la arquit&tura, y sólo han quedado en muy redu
cido número vestigios aislados de misteriosa civilización, de
pueblos desconocidos, como los que en las costas de Esmeral
das y en el valle de San Agustín labraron gigantescas esta
tuas de piedra, únicas huellas que dejaron de su paso (i), ó
los que en las montañas de Antioquia construyeron los edi
ficios y las amplias calzadas que ya en olvidadas ruinas en
contraron los conquistadores (2).
(1) Véase Carlos Cuervo Márquez—Prehistoria y Viajes—San Agustín.
(2; Colección de Documentos inéditos—A. B. Cuervo—Tomo II, página 40J.
ORÍGENES ETNOGRAFICOS DE COLOMBIA 655
En 1a conquista europea, en ese inmenso naufragio de la
raza americana, se perdió la parte más considerable y más
interesante de sus tradiciones y de su historia, de su indus
tria y de sus artes.
Para intentar la reconstrucción de los antiguos pueblos
americanos apenas se cuenta con los siguientes elementos :
° Los objetos que se han conservado en antiguas tum
i.
bas ó sepulcros.
2.0 Las relaciones de los cronistas y de los conquista
dores, en que refieren costumbres, usos y tradiciones de los
pueblos americanos, siempre incompletas, algunas veces adul
teradas, tanto por el espíritu de la época como por el orgullo
egoísta de todo conquistador, que lo lleva á mirar como co
sas de poco menos todo lo que se relaciona con el pueblo
conquistado.
3.0 Los restos de estos pueblos, ya sean los que so
metidos llevan una vida civilizada y se han incorporado á
las nuevas nacionalidades que surgieron de la conquista, ya
sean los que en tribus errantes llevan una vida independiente
en los bosques ó en las desiertas pampas ; aun cuando el
estudio de unos y otros, sobre todo de los primeros, que han
perdido todo recuerdo y hasta el idioma de sus antepasados,
da muy poca luz sobre el asunto; y
4.0 Los vestigios filológicos, conservados en millares de
nombres geográficos en toda la extensión del Continente,
vestigios de indiscutible importancia, porque < la Filología
es la única ciencia que puede entrar en lo hondo de las
tinieblas de las antiguas edades, y enseñarnos cómo se enla
zan las diferentes razas (1).=
Estos son los elementos directos, escasos y deficientes,
por cierto, con que se cuenta para el estudios de los obscu
ros problemas relacionados con los primitivos habitantes de
la América meridional.
Se ha conservado la tradición de que los incas y los ca
ras llegaron por mar, en muy remota época, al Perú y al Ecua
dor, respectivamente, navegando los primeros de Occidente
á Oriente, y los segundos viniendo del Noroeste. Pero cuan
do estos grupos civilizadores llegaron á las costas americanas,
ya esas vastas comarcas estaban ocupadas por densas pobla
ciones medianamente organizadas, cuyos orígenes se pierden
en el horizonte de los tiempos, pero que por su carácter,
por su índole y por su organización, pueden reducirse á tres
(i) Duruy. Histoirt des Grecs—dYmts® !•
6^6 BOLETÍN DE HTBTORfiL Y * KTIGUEDÁDES
grandes grupos, cuyos lincamientos generales están regular
mente definidos de acuerdo con las condiciones topográficas
del Continente, y son las siguientes :
1. ° Los pampeanos ó paras ;
2. ° Los caribes, y
j.° Los andinos.
Según parece, estos dos últimos grupos son derivacio
nes del primero, más ó menos acentuadas por la acción de
los siglos y por la diferencia del medio en que se desarrollan.
Los pampeanos ó paras—Ocuparon toda la región orien
tal, desde los confines meridionales del Continente hasta las
costas del mar de las Antillas, y se extendieron en las pam
pas y en las selvas que se dilatan desde la base de la Cordi
llera de los Andes hasta las playas del Océano Atlántico.
Sus tribus diseminadas en este inmenso territorio estaban
constituidas en sociedades rudimentarias y muchas de ellas
subsisten todavía en ese mismo estado.
Luciano Adams, Von den Stcimen y otros viajeros y etnó
grafos que han recorrido esas regiones reconocen la existencia
de este importante grupo. El primero le da el nombre de
maypure, por el de una de sus tribus que vive en el Orinoco
central. El segundo lo llama aravac ó arnaco, denominación
usada por muchas tribus de regiones distintas entre sí. No
hemos aceptado estos nombres, que pertenecen á partes del
conjunto, y hemos preferido el de pampeanos, concordante
con el del gran piso cuaternario de la América oriental, en el
cual alcanzó su desarrollo ; ó el de para, vocablo caracterís
tico diseminado en la inmensa región que ocuparon los pam
peanos.
Probablemente en esta familia se encuentran los más ge-
nuinos representantes del primitivo hombre suramericano,
que, contemporáneo de los equídeos de las pampas, debió
hacer su aparición en esas mismas regiones y cuya descen
dencia al extenderse en el Continente dio origen, en el curso
de los tiempos y de acuerdo con los nuevos medios que en
contró, á los grupos etnográficos de la época histórica. Al
ascender las cordilleras en las altas mesas del Perú y de Bo-
livia, formó la raza andina y produjo la singular civilización
que le fue peculiar, más ó menos impulsada por la influencia
de civilizaciones extranjeras venidas seguramente de la China
ó del Japón. En las selvas del Brasil y en la región amazó
nica conservó mejor su carácter primitivo por. vivir en un
ORÍGENES ETNOGRÁFICOS DE COLOMBIA 6S7
medio menos apto para la cultura y que la aislaba de todo
contacto con otras razas y con otras civilizaciones. Más al
Norte, en las pampas abiertas del Orinoco, en las costas del
mar y en las islas del archipiélago antillano, dio origen al
grupo caribe, que más emprendedor y con mayor poder de
expansión, debía más tarde desempeñar un papel importan
tísimo en la historia de la América del Sur, y ocupar todas
■las tierras bajas que demoran al Norte de la línea equinoccial.
La primitiva zona de dispersión de los pampeanos se
reconoce fácilmente por la voz para, que significa agua, río ó
lluvia; en uno de los dialectos del Perú, en la Provincia de
Trujillo, tiene esta última acepción. Este vocablo se encuen
tra en centenares de nombres geográficos diseminados desde
el Paraguay y el río de La Plata hasta La Goajira y el mar de
las Antillas.
En la región septentrional se encuentra á veces combi
nada con voces netamente caribes, como para boa, en el
Vichada ; para ima y paraguay-poa, en La Goajira ; baranda
en Bolívar y Baracoa en Cuba, en las cuales la p se ha cam
biado en b, como sucedió con el nombre del Brasil, que pri
mitivamente era parasil, por la mutación tan fácil y natural
de estas dos consonantes.
La presencia de unos mismos nombres en toda la zona
oriental de la América del Sur, desde el Paraguay hasta las
Antillas, y en los valles andinos ocupados por los caribes que
de allí vinieron, indica la estrecha relación que existe entre
pampeanos y caribes. Por ejemplo :
Paraguay poa, en La Goajira. Paraguay en el Sur.
Cayabo, pueblo y sitio de los Colimas. Cuyabo, afluente
*del Paraguay.
Guaira, en la costa de Venezuela. Guaira, en el Para
guay.
Haití, isla caribe de las Antillas. Haití, pueblo del Pa
raguay.
Iqueima, cacique de los panches. Queima, río del Pa
raguay.
Paria, golfo de Venezuela Paria, ciudad y lago de Bo
lívar.
Palagua, sitio de los colimas. Paragua, río del Brasil.
Itaibe, río de Tierradentro, de los paeces. ltabe, pueblo
del Paraguay.
Paraná, nombre indígena del Orinoco. Paraná, gran río
afluente del Plata.
Ese parentesco está corroborado por la existencia de
.grupos llamados artihacos ó aruacos que en La Goajira, en
III -42
658 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Casanare y en la Guayana viven mezclados con las tribus ca
ribes ; los cuales al tiempo del descubrimiento vivían tam
bién en las Antillas junto con los caribes, en algunas de
cuyas tribus las mujeres no hablaban sino la lengua aruhaca,
muy distinta del idioma caribe que usaban los hombres.
En Colombia la raza pampeana no alcanzó gran des
arrollo. Si ocupó las llanuras orientales, La Goajira y parte de
la costa de Santa Marta, fue desde remotos tiempos reempla
zada por la caribe. Algunas tribus, sin embargo, vagan aún
en estado primitivo en las selvas de algunos afluentes del
Orinoco y del Amazonas. Tales son los bamias. \os yaruros,
los mirañas. los orejones, etc. etc. Los aruhacos de La Goajira
y del Valle de Upar pertenecen al mismo grupo. De suerte
que la influencia de esta raza ha sido nula ó poco menos,
como elemento demográfico de Colombia.
La familia andina, que se desarrolló en toda la ex
tensión de la cordillera de los Andes y cuyo núcleo principal
y más remoto origen estuvo en las altas mesas del lago de
Titicaca. De su seno surgieron las naciones más cultas, más
adelantadas y mejor organizadas de la América del Sur: el
Imperio de Tihuantisuyo ó de los incas, en el Perú; los Caña-
ris, purhuaes, etc., en el Ecuador; los chibchas, los quimba-
yas, y los zenúes, en Colombia.
En épocas muy remotas debió de recibir esta raza la in
fluencia de antiguas civilizaciones asiáticas, cuyos vestigios se
encuentran en toda la región occidental del Continente, y
con mayor frecuencia la de los nahuas y mayas de la Amé
rica Central, cuyas colonias se habían extendido por el Sur
hasta Veraguas y Chiriquí. La navegación del Pacífico era
conocida y practicada tanto por estos pueblos como por los
del Perú, desde una época muy anterior á la llegada de los
españoles, y ellos mantenían entre sí relaciones comerciales
que probablemente fueron más activas y frecuentes antes de
que los caribes hubieran ocupado las costas del Darién y del
Chocó. Cerca de Tumaco hay un sitio llamado Usmal. que
es el mismo nombre de la misteriosa ciudad de Centro Améri
ca cuyas grandiosas ruinas son la admiración de ios viajeros.
Quizás ese sitio fue escala comercial de la ciudad cuyo nombre
lleva. Tumaco, nombre del hermoso puerto vecino á nues
tra frontera con el Ecuador, era también el nombre de un caci
que del Darién del Sur, que fue el primero que dio á Balboa
vagas noticias del Perú y de las ricas tierras que demoran al
Sur costa abajo, en donde la gente andaba vestida y tenía
animales de carga. Las estatuas de piedra de Manta y Por-
toviejo en el Ecuador, según las describen las crónicas de la
ORÍGENES ETNOGRÁFICOS DE COLOMBIA 659
conquista, y las del Valle de San Agustín tienen extraña se
mejanza con las encontradas en la isla de Momotombo, en
Nicaragua, como labradas por artífices de la misma raza é
inspiradas por una misma civilización.
Por lo que respecta á Colombia, la familia andina formó
tres grupos: uno, el de los chibchas y guanes, en la cordillera
oriental; otro en la central, cuyos representantes al tiempo
de la conquista eran los quimbayas en el norte del Cauca,
los catíos en Antioquia y los zinúes en Bolívar, que en épo
cas anteriores debieron formar un todo continuo que fue roto
y destrozado por las invasiones caribes, que también amena
zaban destruir la unidad del grupo oriental. Pero no parece
que hubiera existido continuidad entre los grupos andinos de
una y otra cordillera; y el tercero, el de los pastos, en el ex
tremo meridional de la República, cuyas poblaciones ocu
paban y ocupan aún las altas mesas de Pasto y de Túque-
rres, desde Almaguer y Bolívar hasta la frontera ecuatoriana;
poblaciones densas, de origen quilla, que aisladas en sus al
tiplanicies vivían miserables y atrasadas hasta que con las
conquistas de Tupac-Yupanqui y Huayna-Capac alcanzaron
á recibir la influencia, débil por cierto, de la civilización in
cásica.
Los Taironas de la Sierra Nevada de Santa Marta. El
General D. Ernesto Restrepo Tirado, en su erudito estudio
publicado con el nombre de Las invasiones caribes antes de la
conquista española {Boletín de Historia y Antigüedades, año
I?, número 5?), reúne los pueblos andinos colombianos que
quedan mencionados, con los taironas de Santa Marta y los
chiriquíes y comagres de Panamá, en un sólo grupo que él
llama de los tairos. Pero los guahimíes, los chiriquís y las
otras tribus similares de Panamá no pueden relacionarse sino
con los nahuas y mayas de la América Central.
En cuanto á los taironas, según se deduce de lo que di
cen de ellos las crónicas de la conquista, tampoco tenían afini
dad alguna con los pueblos andinos ; más bien parecen ser el
resultado de una fusión de caribes con alguna nación del
grupo pampeano ó para, que ocupaba ese territorio cuando
principió la inmigración caribe. Cerca de los taironas, vecinos
de ellos vivían tribus que tenían el nombre de caribes, y unos
y otros lucharon juntos, con igual valor, con la misma energía
de la raza, contra los conquistadores; y no hay ejemplo de
que caribes y andinos se hubieran aliado para resistir la con
quista; lejos de eso, los andinos siempre se aliaron con los
europeos para combatir los caribes, á quienes consideraban
como á sus mayores y más crueles enemigos.
66o BOLETIN UH HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Además, ni en el idioma chibcha ni en los vestigios que
quedan de los otros idiomas andinos, se encuentra la raíz
del nombre tairona, que más bien parece venir de idiomas
pampeanos. Con efecto, en guaraní ó tupi, taira significa
hijo (i) ; y está en la índole de estos pueblos dar á sus tri
bus nombres relativos de ascendencia y descendencia. En la
misma obra citada (2) encontramos lo siguiente :
< Etimológicamente hablando, este nombre tupi, que es
el nombre nacional, unos se decían tupinambas ó varoniles,
llamándose otros tamayos ó abuelos, y sus descendientes temi-
minos ó nietos.=
Siendo esto así, nada tendría de extraño que una tribu
pampeana tupi, como á sí misma se llama la raza en cuyo
idioma taira quiere decir hijo, tomara esta palabra para for
mar con ella su nombre. Debe recordarse que en el Valle de
Upar, cerca de la Sierra Nevada y vecinas de los taironas,
vivía una tribu importante que se llamaba tupi ; y que una
de las tribus de la nación Tairona tenía la singular costumbre
de deformarse el lóbulo de las orejas agrandándolo hasta
dejarlo < del tamaño de un platillo de los nuestros,= como
dice el Padre Simón ; por lo cual los españoles los llamaban
Orejones; costumbre idéntica á la de la tribu pampeana del
Putumayo y del Brasil, que se conoce con el mismo nombre,
y ya hemos visto la estrecha relación que existe entre los
caribes y los pampeanos, á los cuales parecen pertenecer los
guaraníes ó tupis. Además, de los pocos nombres de los Tai
ronas que han llegado hasta nosotros hay muchos cuyo ori
gen caribe no puede ponerse en duda, tales son : buritaca,
macotama, betoma, maomas.
Por todas estas razones lamentamos no poder aceptar
la clasificación presentada por el Sr. General Restrepo Tira
do, ni en el nombre del grupo ni en los elementos que le
componen, sin negar la posibilidad de que pueblos andinos
hubieran ocupado alguna vez pacte de la hoya inferior del
río Cesar.
Los caribes, últimos ocupantes del territorio, al cual lle
garon por emigraciones sucesivas efectuadas de Norte á
Sur y de Oriente á Occidente.
Los Negroides en América. Varios hechos aislados pero
concordantes permiten suponer que antes de la formación y
desarrollo de los tres grandes grupos etnográficos de que
(I» Ruiz Montoya, Arte de la lengua guaraní, preludio, página I*
(2) Introducción al Vocabulario, página v.
ORÍGENES í TNOGllÁFICOb HE COLOMBIA 661
acabamos de hablar: pampeanos, andinos y caribes, gran
parte de la América estuvo ocupada por una raza inferior de
tipo negroide.
Los conquistadores encontraron dispersas en toda la ex
tensión del Nuevo Mundo pequeñas tribus que desde el pri
mer momento fueron consideradas como pertenecientes á la
raza negra ; tales fueron, por ejemplo: los otomíes, de Mé
jico ; los caracoles, de Haití; los argahos, de Cutara; los
Aravos, del Orinoco; los porcejis y los matayas, del Brasil;
los manabís, de Quito ; los chuanas, del Darién, etc.
Vasco Núñez de Balboa, en su expedición para el des
cubrimiento del mar del Sur, encontró con gran sorpresa, al
decir de Gomara, que los cuarecas de Panamá poseían escla
vos negros, los que obtenían de tierras lejanas, según di
jeron (i).
Los negros figuran con frecuencia en las más remotas
tradiciones de algunos pueblos americanos. Algunas tribus
del Darién dicen que cuando por primera vez llegaron sus
antepasados á esa región, estaba ocupada por hombres pe
queños y negros que luégo se retiraron á los bosques, en
donde algunos viven aún, al decir del cacique Nañaquina (2).
Los payas y tapalisas, otra tribu de los cunacunas, hacen
remontar el origen de su nación á un hombre y á dos mu
jeres, una india y otra negra, que vivían á orillas del Tatar-
cuna (3).
A esta raza deben referirse los antiguos esqueletos de
estructura muy distinta de los de la raza roja americana, que
en varios puntos del Continente se han encontrado desde Bo-
livia hasta Méjico. Dignos de atención á este respecto son
los dos cráneos de exagerado prognatismo, de frente rebajada,
de apófisis muy desarrolladas y de fuertes arcos superciliares
que en las montañas de Sumapaz encontró el ilustrado Pro
fesor Dr. D. Juan de Dios Carrasquilla.
En las misteriosas estatuas de piedra de San Agustín, en
el extremo meridional del valle del Magdalena, hay dos con
las facciones características del tipo negroide; ambas son de
apariencia antiquísima y están representadas con singulares
atributos : el hombre sostiene con las manos un gran pesca
do, y la mujer una culebra que se enrolla sobre los pe
chos. Estas extrañas figuras, sin duda, no representan el tipo
(1) Gomara, Historia general de Indias, parte I.
(2) F. J. Vergara.y Velasco, Nueva Geografía de Colombia, tomo I, pa
gina 878.
(3) Ernesto Restrep>o, Un viaje al Darién.
662 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
de los antiguos pobladores de San Agustín, sino que son re
miniscencias de época muy anterior; representan mitos remo
tos conservados al través de los tiempos por su carácter re
ligioso (i).
No son estas las únicas esculturas americanas que repro
ducen las facciones del tipo negroide ; igual cosa se ve en las
antiguas esculturas mejicanas de época anterior á la de los
Otomíes, tales como la gran cabeza diorítica de Huayepán y
el hacha gigantesca del Veracruz, cuya cabeza presenta gran
semejanza con la de la figura de mujer de la mencionada
estatua de San Agustín: ambas tienen facciones idénticas,
son de un mismo estilo y como obedeciendo á un mismo mo
delo : el de la raza negroide autóctona cuyos restos disper
sos encontraron los conquistadores, sobre la cual se formó
posteriormente la llamada roja ó americana.
Probablemente nuevos hechos y nuevos descubrimientos
vendrán á confirmar la suposición de que la primitiva pobla
ción americana fue de raza negroide ; por ahora y por lo que
hace á la índole y al propósito de nuestra obra, nos limitare
mos al estudio de las razas ó grupos etnográficos que exis
tían en el territorio de la República en la época de la con
quista, y cuya influencia sobre el posterior desarrollo de la
población colombiana ha sido de mayor ó menor trascenden
cia, pero siempre efectivo, como sucede con los caribes y
con los andinos. En cuanto á los pampeanos ó paras, su
acción quedó reducida á limitadas regiones de las desiertas
llanuras orientales, y quizás en época muy remota á una par
te reducida de la vertiente del Atlántico.
CAPITULO II
LOS CARIBES
Caracteres generales.
La mayor parte del territorio de Colombia - las costas,
las extensas hoyas de los nos caudalosos, los valles interan
dinos—-estaba ocupada por numerosas tribus pertenecientes á
la raza caribe, las cuales, aunque presentando entre sí gran
des diferencias, tenían caracteres y rasgos generales que les
(i) Carlos Cuervo Márquez, Prehistoria y viajes—San Páginas
*37 y 138-
ORÍGENES ETNOGRÁFICOS DE 66j
eran comunes. Valientes y aguerridos, tenían una organización
militar propia de pueblos guerreros y conquistadores; eran
antropófagos y no conocían la piedad ; en los combates que
libraban, si conservaban los prisioneros era con el objeto de
engordarlos y de tener por mayor tiempo fresca la carne hu
mana, que era una de sus mayores delicias. Como objeto de
ornato y motivo de orgullo, algunas tribus exhibían en las
palizadas que rodeaban sus habitaciones los cráneos de sus
enemigos, y otras conservaban los pellejos, llenos de ceniza
colgados en las paredes interiores de sus templos; envenena
ban las púas que ocultaban en los caminos y las flechas que
usaban en los combates, siendo todos hábiles en extremo en
la preparación de estos venenos, tan activos como sutiles. En
tre sus armas les era característica la pica de más de veinti
cinco palmos de longitud, que manejaban con sin igual des
treza. Todas ó casi todas tenían la extraña costumbre de de
formar el cráneo de los recién nacidos, achatándolo hacia
atrás, para dar á los guerreros ese aspecto de ferocidad que
causaba terror á las naciones con las cuales guerreaban y que
era considerado como el rasgo distintivo de su valor. En los
grandes ríos y en el mar eran navegantes audaces y exper
tos, y sus hordas, que no reconocían obstáculo en sus con
quistas, se habían adueñado de la mayor parte del territorio;
en todas partes conservaban sus rasgos caracteaísticos, y
euando sobrevino la conquista amenazaban destruir los nú
cleos que en Colombia quedaban de lo que podemos llamar
la raza andina, raza más culta, de costumbres más suaves,
pero que no podían resistir el vigoroso embate de esas tribus
enérgicas y feroces, cuyas emigraciones continuas se suce
dían unas á otras como las olas de un mar embravecido.
Se ha considerado, y con razón, que estas numerosas na
ciones pertenecían á la gran raza caribe, raza interesantísima
por, sus raras condiciones, por sus grandes energías y por el
gran papel que en los siglos anteriores á la conquista le tocó
desempeñar en una vasta extensión del Continente ameri
cano, debido á su extraordinario poder de expansión. La al
tivez y el valor personal y un desmedido amor á la libertad,
que eran los rasgos prominentes de su carácter, hicieron que
siempre rechazaran con éxito el yugo de servidumbre que les
querían imponer los europeos; y así en las Antillas ó en Ve
nezuela, en Antioquia, en el Tolima ó en el Cauca, cuando
llegaban á ser vencidos por los conquistadores y no tenían ya
adonde emigrar en busca de la libertad, preferían darse la
muerte antes que someterse á la esclavitud. El orgullo euro
peo, despechado por no poder reducir, ni por la perfidia ni
¿64 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
por las armas, á esta altiva y orgullosa raza, vengaba su im
potencia pintándola con los más negros colores, como sumi
da en el último grado de abyección y de salvajez, haciendo
resaltar sus defectos y sus vicios pero guardando silencio res
pecto de sus virtudes y de sus grandes cualidades.
Con efecto, á los pueblos caribes, además de la antropo
fagia, no se les puede condenar sino sus ritos sanguinarios y
su crueldad para con los prisioneros ; pero estos eran vicios
comunes á todos los pueblos americanos, aun á los más cul
tos, como los aztecas, ó de costumbres más suaves y de ca
rácter más dulce, como los chibchas; recuérdese si no el rito
sangriento del moja ó la ceremonia para la construcción de
los templos, en la cual los maderos que servían de columnas
se enterraban aplastando los cuerpos vivos de doncellas esco
gidas. Además de que todos los pueblos de la tierra, sin
excepción alguna, han tenido en las primeras épocas de su
desarrollo ritos y ceremonias sanguinarios y crueles.
Pero en cambio era una raza valiente, intrépida, inte
ligente y ambiciosa. Su organización política estaba sólida
mente constituida y en ella se consagraban el poder aristo
crático y la influencia sacerdotal, el respeto á los principios y
á la religión, el obedecimiento á las leyes y la adhesión á las
antiguas costumbres. Habituados desde niños á los ejer
cicios guerreros y al manejo de las armas, eran ágiles y vigo
rosos, y constituían una raza fuerte y sana, y en la cual un
caso de deformidad era verdaderamente excepcional.
Según el testimonio de los misioneros franceses de las
Antillas, y según se desprende de las crónicas de los con
quistadores de Tierrafirme, la perfidia, la mentira y otros vi
cios les eran desconocidos antes de la llegada de los espa
ñoles.
Las relaciones de la Conquista abundan en rasgos de he
roísmo y de abnegación ejecutados por individuos de esta
raza, en la cual los afectos de familia estaban intensamente
desarrollados. La Gaetana vengando en Añasco la muerte de
su hijo y promoviendo el formidable alzamiento de paeces,
apiramas, yalcones y pijaos, és la imagen del amor materno,
desesperado, loco, llevado hasta lo trágico. Y el adolescente
Metaqui pidiendo para él la muerte que se iba á dar á su ma
dre, presenta uno de los más bellos ejemplos de amor filial;
Intrépidos marinos en el Océano, montañeses atrevi
dos en las cordilleras, dominadores de los grandes ríos, á
dondequiera que les guía su espíritu emprendedor y de con
quista, á través de los mares, en las ásperas montañas ó en
los profundos y extensos valles, llevan consigo sus cualidades
ORÍGENES ETNOGRÁFICOS DE COLOMBIA 66S
y sus defectos y en todas partes se les reconoce al primer gol
pe de vista. La misma deformación del cráneo de los varo- »
nes, el uso de sutiles venenos, la misma táctica militar, los
mismos cerrados escuadrones de los cuales decían los espa
ñoles que parecían < soldados tudescos ó que hubieran he
cho las guerras de Flandes = ; y en todas partes la misma
altivez individual, el mismo orgullo de raza.
II
Sus aptitudes de progreso.
Desde luégo que—como lo hace notar Taine en la intro
ducción á su 'Historia de la literatura inglesa—no debe espe
rarse que todas las agrupaciones pertenecientes á la misma
raza se desarrollen simultáneamente y adquieran el mismo
grado de cultura. Infinidad de causas influyen en la diferen
ciación de los distintos grupos, entre los cuales señaló el cé
lebre escritor francés lo que él llamó el medio y el momento
como las principales que desvían ó modifican los caracteres
secundarios ó superficiales, que estimulan ó contienen el des
arrollo, pero que no pueden alterar el fondo mismo del ca
rácter etnográfico, la esencia ó el espíritu de la raza, el cual
se reconoce al través de las más variadas circunstancias, de
los más diferentes grados de cultura, ya sea en la prosperi-
jdad ó en la desgracia, en el estado de civilización ó de salva-
ez, en la nación rica y poderosa ó en la tribu miserable.
Toda raza avasallada cuyos grupos emigrantes se des
prenden en épocas de cultura distintas, ó sea en distintos
momentos ; que á su paso encuentran regiones de condicio
nes muy diferentes, presenta extraordinaria variedad en su
desarrollo y en su cultura. Las agrupaciones que encuentran
territorios ricos, climas suaves, en una palabra, condiciones de
bienestar favorables para su progreso, de las cuales han dis
frutado muchos siglos, tienen necesariamente que parecer
muy distintas de aquellas otras á las que han tocado en suer
te terrenos pobres, climas mortíferos ó luchar en sus emigra
ciones con una naturaleza tan poderosa como indomable.
De igual manera, un grupo fijado de tiempo atrás en un
territorio favorable tiene que parecer muy distinto de otro a
quien la observación científica sorprende en el período de su
éxodo, ó del que está recientemente fijado en regiones cuya
naturaleza no ha tenido aún tiempo para dominar.
Este era precisamente el estado en que se encontraba la
mayor parte de las tribus caribes de Colombia al tiempo de
la conquista. Algunas, como los paeces y al parecer los mu
666 BOLETÍN DE HISTORIA X ANTIGÜEDADES
zos, estaban en el período de emigración. Las demás, con po
cos excepciones, hacía poco tiempo relativamente que ha
bían llegado al territorio en que las encontró la Conquista, y
unas y otras habían tenido que recorrer regiones inmensas,
de climas mortíferos y ásperas montañas, cubiertas de selvas
exuberantes. Carecían pues del principal elemento para el
desarrollo de su cultura. No habían tenido tiempo para
ello. Por consiguiente, no puede juzgarse por el estado
social de estas tribus al tiempo de la Conquista, de la apti
tud ó capacidad de la raza para su progreso ó mejora
miento ; así como no podría juzgarse déla cultura y civiliza
ción española, por ejemplo, por el estado miserable y lastimoso
de Alvarado y sus compañeros, cuando en su desastrosa pe
regrinación al través de las selvas ecuatoriales llegaron á
Quito como ejército de espectros.
Otras tribus parecían haberse fijado ya al terreno de
una manera definitiva y haberlo ocupado por varias genera-
nes; tal, por ejemplo, la de los panches, de quienes los cro
nistas dicen que no ambicionaban nuevos territorios, se dis
tinguían por su organización política y social, por sus cos
tumbres que aunque viciadas por la antropofagia eran sin
duda menos bárbaras que las de otras naciones de su misma
raza, y sobre todo por las numerosas poblaciones, algunas de
relativa importancia, que existían en su territorio. Se encon
traban pues en los principios de sd desarrollo nacional.
Mientras que en Haití, en donde por muchas generaciones y
en el curso de los siglos habían disfrutado de circunstancias
favorables, encuentran los descubridores estados florecientes
en los cuales reina el bienestar. Allí la familia caribe no tie
ne como en otras partes la guerra por oficio y por única
preocupación ; ya se piensa en lo cómodo y en lo bello : las
poblaciones son grandes, las habitaciones cómodas y rodea
das de jardines, comunican con el mar por medio de aveni
das ornamentadas con plantas y con flores cuidadosamente
cultivadas ; y en las mismas ventajosas condiciones se encon
traban muchas tribus de la costa de Tierrafirme. Los noána-
mas, por ejemplo, cultivaban hermosos jardines que sorpren
dieron agradablemente á los descubridores. El Padre Du-
tertre y los demás misioneros franceses de las Antillas están
de acuerdo en afirmar que los caribes, á la llegada de los
europeos, eran < el pueblo más dichoso, el más laborioso, el
más feliz, el menos vicioso y el más sociable de las naciones
del mundo (i).
(I) Dutertre, Historia general de las Antillas.
ORÍGENES ETNOGRÁFICOS DE COLOMBIA 667
En una de las fortalezas que los temibles pijaos tenían
en lo más agrio de la cordillera central encontraron los con
quistadores un reloj de sol, hecho que indica un relativo ade
lanto en esas tribus, consideradas como de las más salvajes
que ocupaban el interior del territorio colombiano.
Otra de las causas que más influyen en el desarrollo de
las naciones es el contacto con razas más civilizadas. Los di
ferentes pueblos bárbaros ó semisalvajes que con los nombres
de germanos, godos, se lanzaron sobre Europa occidental y
arruinaron el Imperio Romano después de varios siglos de
lucha, acabaron por asimilarse la cultura grecolatina del gran
de Imperio que acababan de destruir; y esta facultad de asimi
lación no fue extraña á la raza caribe en las excepcionales cir
cunstancias en que le fue dado ejercerla.
Las tribus caribes que en Panamá ó en Centro América
estuvieron en contacto con los nahuas, tomaron de éstos
parte de su adelantada civilización. Así vemos á los que lle
garon al Ecuador con el nombre de caras, fundar un reino
bien organizado y floresciente, el de los scyris, contra el
cual se estrellaron repetidas veces los numerosos ejércitos de
los incas conquistadores. Huayna Capac, para incorporar á
Quito definitivamente á su Imperio, tuvo que apelar, como
político sagaz, al recurso de las alianzas de sangre, casándose
con la hija heredera del último de los scyris. En esa resis
tencia tenaz, lo mismo que en la que más tarde se hizo á los
españoles por los Generales de origen cara, se reconoce la
parte de sangre caribe que todavía bullía en las venas de ese
pueblo (1).
Tenía pues esta importante raza aptitudes y* capacida
des de cultura y de progreso para juzgar de las cuales no se
deben considerar únicamente las agrupaciones que, por una
ú otra de las causas apuntadas estaban en decadencia ó ha
bían permanecido estacionarios; así como no se podría juz
gar de la capacidad civilizadora de la raza arya, por ejem
plo, por el estado actual de alguna de las muchas tribus que
en el centro del Asia llevan hoy todavía uní existencia mise
rable y semibárbara, como llevaron siglos atrás, pero ya den
tro del período histórico, los pueblos genitores de las nacio
nes hoy más ricas, más poderosas y más cultas de la tierra.
(i) Los únicos Generales scyris que resistieron á Tupac Yupanqui yá
Huayna Capac, fueron Epiclachima y Calicuchima, nombres de indudable origen
caribe, sobre todo el último.
668 BOLETIN DE HI8TOBIA Y ANTIGÜEDADES
III
El nombre caribe.
Aun cuando cada una de las tribus ó nacionalidades
pertenecientes á esta raza llevaba un nombre especial, pro
bablemente el núcleo principal ó sea el tronco de donde se
desprendieron las distintas ramas, era el que poseía el nom
bre genérico de caribe ó caraibe, con el cual se designa hoy
á toda esta gran familia etnográfica.
Este nombre se encuentra citado por primera vez en las
relaciones de viajes de Colón y de los primeros descubrido
res, como propio de los habitantes de Haití y de las pequeñas
Antillas, y también lo poseían algunas tribus de Tierrafirme,
entre ellas una de la Sierra de Santa Marta, vecina de los
taironas, llamados carazbes.
Los caracteres especiales de estas tribus hicieron desde
el principio tal impresión en el ánimo de los conquistadores
y descubridores, que el nombre de caribe se popularizó bien
pronto hasta e! punto de dársele al mar de las Antillas, desde
los primeros tiempos del descubrimiento, el significativo nom
bre de mar de los Caribes.
El indomable valor, la energía y el tesón con que de
fendían su libertad y su independencia; la desesperada gue
rra á muerte con que trataron de resistir la invasión euro
pea, cuando se convencieron que los europeos se presenta
ban como conquistadores á despojarlos de sus propiedades,
arrancarlos de sus hogares y reducirlos á la más dura escla
vitud ; la ferocidad con que en sus represalias respondieron á
la crueldad implacable y a la inaudita perfidia de los euro
peos, hicieren que muy pronto el nombre caribe fuera sinó
nimo de valiente, de sanguinario y de cruel, y que los indivi
duos de esta raza fueran considerados como bestias feroces,
cuya destrucción era permitida y cuya esclavitud era de
cretada.
¿ Cuál es el origen de este nombre que tánta resonancia
ha tenido en la historia del Nuevo Mundo ?
Como veremos después, el Padre Laffiteau, el Abate
Brasseur de Bourbourg y otros autores han querido relacio
nar el nombre caribe con el de los antiguos caryos del Asia.
El Padre Gregorio García en su Origen de los Indios (i)
dice que < caribe es corrupci n de cariphe, como batallador,
pues careb en fenicio significa batalla.=
(I) Página 235.
ORÍGENES ETNOGRAFICAS DE COLOMBIA 669
Dejando á un lado estas hipótesis sobre el origen asiático
del nombre, las cuales sólo mencionamos como curiosidad, lo
cierto es, como lo afirma el sabio americanista cubano Sr. Ba
chiller y Morales (1), que en la lengua caribe la raíz car, cara.
significa alto, excelente ; y cari equivale á hombre, pero á
hombre de esta raza, ó sea hombre noble ó varón por exce
lencia.
En lo general las razas superiores se han dado nombres
laudatorios. Los aryas quiere decir los nobles, los ilustres ;
los slavos, los gloriosos ; y según la anterior etimología, los
caribes serían los nobles, los excelentes; lo cual atestigua el
orgullo de esa raza y la conciencia que tenían de su morali
dad y de su valor.
La raíz car ó cara la conservaban la mayor parte de las
tribus caribes al través de las generaciones y de las vicisitudes
de las más largas peregrinaciones, de los más penosos éxo
dos ; y cuando después de largos años de marcha se fijan en
una región, le imponen el nombre que dan á los sitios y á los
pueblos, como recuerdo de la lejana patria.
El nombre de caras fue el que llevaron al Ecuador las
tribus que conquistaron á los quitus, y ála bahía donde prime
ro desembarcaron en esas regiones dieron el nombre de Ca-
raqués, idéntico al de varios puntos de la costa de Vene
zuela.
En el idioma caribe, como en todos los demás que no se
han fijado por medio de la escritura, es muy frecuente el em
pleo de unas consonantes por otras, sobre todo en tratándose
de dialectos diferentes, ó de uno mismo hablado por tribus ó
parcialidades distintas. Esta variabilidad es muy explicable
en tratándose de consonantes afines, como sucede en el ca
ribe, en que con frecuencia se cambia la c en g, la r en /, etc.
Algunas tribus caribes se llaman galibis, y con este nombre
es generalmente designada la lengua de los caribes del Bra
sil. La raíz car, cara se encuentra convertida en cal, cala,
como en Calamar!, Calandaima, Calamoima, Calima, etc. ; en
gara, como en Garagoa ; en gal, como en Galibi, etc. etc.
En centenares de nombres geográficos, que aún subsis
ten en Colombia, en el Ecuador y sobre todo en las Antillas
y en Venezuela, se encuentra pura ó más ó menos adulterada
la raíz del nombre caribe; huella imperecedera que de su
paso al través de los mares, á lo largo de los ríos, en las de
siertas pampas ó en las arrugadas y altas cordilleras dejó esta
raza altiva é indomable.
(U Cuba primitiva , segunda sección, vocabulario.
670 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
IV
Otigen de los caribes y medio en que se formó su carácter.
Muy diversas opiniones se han emitido respecto del ori
gen de los pueblos de la raza caribe. Algunos autores los
hacen venir de los países situados al norte del golfo deMéji-
co, mientras que otros los creen originarios de las montañas
del interior del Brasil; pero la mayor parte están de acuerdo
en considerarlos como naturales de las pequeñas Antillas ó
de la Guayana.
Colón encontró en Haití y en las otras Antillas los pri
meros pueblos caribes en Estados perfectamente organizados
y florecientes, y parece que los más expertos navegantes de
la América tuvieron su cuna en estas islas, en donde desde la
infancia se acostumbraban á desafiar intrépidos los peligros
de la navegación y á oír sin temor los rugidos de las olas.
Desde allí sus tribus dieron principio á las continuas y largas
emigraciones al través de los mares y á lo largo de los gran
des ríos, en los cuales se adueñaron casi por completo de todo
el norte de la América meridional.
Remontando un poco más en la historia de los tiempos,
algunos ilustrados americanistas como el Padre Laffiteau (1)
primero, y el Abate Brasseur de Bourbourg después, han
querido relacionar los caribes con los carios, aquellos otros
intrépidos navegantes del Antiguo Mundo. El segundo de
estos autores dice así: < El nombre de los caras ó carios, des
pués que ellos desaparecieron, se conservó aplicado á un gran
número de ciudades y de lugares en Asia Menor, en Afri
ca y en la India; pero en ninguna parte se difundió tan
to como en América, donde más de mil nombres de pueblos,
de tribus, de ciudades y de algunos sitios tenían el afijo car,
cal, gal. etc., en la época, de Colón, y entre esos nombres se
encuentran todos los que los caryos habían dejado en
Asia= (2).
Otros autores, desde los que primero comenzaron á ocu
parse en los problemas relacionados con el origen de las po
blaciones americanas, han creído que los caribes de las Anti
er) Maeurs des sauvages comparees aux meurs des premiéres temps. París,
1725, 2 V. in 4.
(2) Brasseur de Bourbourg. 4 carta sobre Méjico, número 15. Véase tam
bién Origen de ¿os indios, por el R> P. Gregorio García, Madrid, 1729.
ORÍGENES ETNOGRÁFICOS DE COLOMBIA 671
lias descienden de los restos de población que se salvaron del
hundimiento y destrucción de la legendaria Atlántida.
Sea de ello lo que fuere, y sin detenernos en el estudio
de estas hipótesis tan interesantes como difíciles de compro
bar, lo que sí parece cierto es que aun cuando hubiera sido
originaria del Brasil, fue en las Antillas y en las costas de ese
mar en donde la raza caribe adquirió su desarrollo y formó
definitivamente su carácter. Con efecto, el hecho primordial
de esta raza, el de las continuas emigraciones que en el trans
curso de muchos siglos se desprendían sucesivamente del
núcleo principal, permite suponer que fue de este archipiélago
de numerosas y pequeñas islas de donde el exceso de pobla
ción, no pudiendo ensancharse en su propio territorio, se veía
obligado á emigrar á tierras lejanas, como lo hacía, invadien
do en todas direcciones el vecino continente.
Al contemplar el mapa de la América, llama sobre todo
la atención la singular disposición de las Antillas, que de ma
yor á menor corren en delicada y graciosa curva desde el
golfo de Méjico hasta el delta del Orinoco, semejando las
protuberancias vertebrales de la espina dorsal de inmenso
sauriano adormecido entre las aguas con la cabeza entre
Yucatán y La Florida, y las extremidades de la cola tocando
en la costa de Paria.
La línea continua que forman estas islas, su naturaleza
rocosa y su formación volcánica, han hecho suponer á los
geólogos que señalan una cordillera cuyas cimas y partes
más altas han quedado sobre el nivel de las aguas, mientras
que el resto se ha hundido á causa de cataclismos violentos
y sucesivos. Algunos autores las consideran como vestigios
de la famosa Atlántida.
Todo el grupo hace parte de un sistema volcánico tan
activo como formidable, relacionado con los de Venezuela y
de Centro América, el cual se manifiesta con frecuentes tem
blores de tierra, y en las pequeñas Antillas con terribles
erupciones.
Consta el archipiélago de más de 360 entre islas é islo
tes, separados unas de otros por canales más ó menos anchos,
pero de navegación difícil, especialmente en época de bo
rrasca.
Situadas las Antillas en la zona tórrida, tienen un clima
ardiente y malsano en el verano ó estación seca ; los rayos
de un sol de fuego caldean la atmósfera en el día: en el in
vierno ó estación lluviosa caen permanentemente lluvias to
rrenciales, acompañadas con frecuencia de aquellos huracanes
terribles llamados tornados, tan violentos como los tifones
672 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
del mar de la India, que desbaratan los edificios, arrancan de
raíz los árboles corpulentos y empujan tierra adentro las olas
inmensas del mar furioso, llevando la ruina y la desolación á
todas partes: en la tierra, destruyendo poblaciones y plan
tíos, y en el mar haciendo naufragar los buques que por des
gracia se encuentran á su paso (1).
Este fue el medio en donde se desarrolló la familia ca
ribe. Su carácter se formó y se templó en las empresas y en
los peligros de la guerra, en las aventuras marítimas y en la
lucha con los elementos.
Los combates constantes, los terromotos de sus islas, las
erupciones de sus volcanes, las tormentas de sus mares y las
conmociones atmosféricas de los tornados les infundieron la
energía, el valor personal, el desprecio á la muerte y á los do
lores, y la altivez, que fueron rasgos característicos de la
raza.
Semejanzas de idioma entre las Antillas y el Continente.
Las observaciones filológicas confirman la creencia de
que las tribus caribes del mar de las Antillas en sus invasio
nes llevaron hasta el centro del Continente no sólo el idioma
propio de esas islas, puro ó modificado en dialectos deriva
dos del idioma primitivo, sino también muchos nombres de
lugares y sitios de ese archipiélago, principalmente de Haití y
de Puerto Rico.
Los intérpretes que los primeros conquistadores trajeron
de la Española á los descubrimientos de Tierrafirme, se hacían
entender fácilmente de las tribus caribes del litoral del Conti
nente; y los que sacó de Santa Marta el Adelantado Jimé
nez de Quesada prestaron fácilmente su servicio durante todo
el descubrimiento y exploración del bajo Magdalena, hasta,
que la expedición conquistadora tocó en los confines del
reino chibcha. En el Epítome de la Conquista se dice clara
mente que cuando los conquistadores transmontaron las Sie
rras del Opón < iban como ciegos por no saber la tierra en
que estaban, y también porque lenguas con que entenderse
con los indios ya no las había, porque la lengua del Río
(2) Según el R. P. Antonio García {Origen de los indios} li palabra espa
ñola huracán ha sido tomada del caribe hurac, con la cual los primitivos habi
tantes de las Antillas designaban los vientos fuertes y encontrados.
ORÍGENES ETNOGRÁFICOS DE COLOMBIA 673
Grande ya no se hallaba en las sierras, ni en el Nuevo Reino
se hallaba la de las sierras = (1). En esto están de acuerdo to
dos los cronistas é historiadores. Declaración importantísi
ma que demuestra la comunidad de idioma en todo el Mag
dalena y en el litoral.
Entre los nombres caribes del Continente y los de las
Antillas que se han conservado hasta nosotros, se encuentran
grandes semejanzas y extrañas afinidades, que sólo se explican
por la comunidad de origen. Señalaremos, aunque sea bre
vemente, algunas de las más importantes.
Caraibes ó caribes, como ya hemos indicado, era el nom
bre nacional de los pobladores que en las Antillas encontra
ron los primeros descubridores, y con este mismo se llama
ban varias tribus del Continente tanto de Venezuela como de
Colombia, una de ellas en Santa Marta, vecina de los taironas ;
y como derivadas de este nombre, infininad de voces del
Continente, como caribes, caribabari en Venezuela, caricari en
La Goajira, catibana en Urabá, etc. etc.
Toa, en idioma caribe haitiano significa pechos, leche y
también rana. Así se llamaba un sitio de Puerto Rico. Con
ese nombre se conocen unas islas de la ensenada de Calabo
zo. Es el nombre de una región al oriente de Pandi, sobre el
río Sumapaz, Doa, por el cambio frecuente y natural de la t
en d\ y hasta entre los caras de Quito, Toa era el nombre
de una princesa de la familia de los scyris. No debe olvidarse
que en Haití Toa, por su significación, era usado como nom
bre propio de mujer.
Baracoa en Cuba. Baranoa en Bolívar.
Avipana, cacique de Haití. Avipana, sitio de La Goa
jira.
Coron cacique de Haití. Coron, cacique de Bolívar.
Guayama, río de Puerto Rico. Guayana, región del Con
tinente.
Coamo, río de Puerto Rico. Coamo, río del Tolima.
Daguao, río de Puerto Rico. Dagua, río del Chocó.
Guarionex, cacique de Puerto Rico. Guannoes, tribu y
río del Tolima.
Guacana-gari, (2) cacique de Haití. Guacana, cacique
<ie Tocaima, panches.
(1) Página 92.
(2) Como se ha visto, cari ó gari, que indica alto, ilustre, puede tomarse
como signo de nobleza ó atributo de mando, en el nombre del cacique haitiano, el
cual entonces quedaría idéntico ai del Cacique panche de Tocaima*
i í i —43
674 BOLETIN DE HTSTORlA Y ANTIGÜEDADES
Neiwa, río de Haití. Neiva, río del sur del Tolima.
Hocoa, río de Haití. Ocoa, río de Villavicencio, afluente
del Negro.
Jaragua, río de Haití. Jaraguay, río del Sinú.
Maragua, río de Haití. Maragua, río de Panamá.
Samana, golfo de Haití. Samana, nombre de varios ríos
del interior.
Los vocablos poa ó boa, que quiere decir lugar ó sitio, y
coa, que quiere decir fuerte, pertenecen al genuino idioma ca
ribe de las Antillas, principalmente de Santo Domingo, y en
tran en la composición de un número considerable de nom
bres del Continente, tanto de Venezuela, como de Colombia
y del Ecuador.
Tihui, en el caribe de las Antillas, significa montaña, voz
que convertida en Tigua se encuentra en nombres propios
de varios puntos del Continente ; así se llama, entre otros, un
promontorio de la costa de Tolú.
Las palabras en que entra como elemento final el dip
tongo oa pertenecen también al caribe antillano, tales son,
entreoirás: Omoa, en Veragua; Camoa, en San Martín;
Baranoa, Simoa, Chilloa, Saloa, Taroa, Tacaloa, Popoa, etc.,
á lo largo del bajo Magdalena.
Bastan estos ejemplos para demostrar el estrecho paren
tesco que unía á las tribus caribes del Continente con las que
ocupaban el archipiélago de las Antilllas, parentesco que des
de los primeros tiempos de la Conquista había llamado la
atención de los conquistadores. El Adelantado Pascual de
Andagoya, en la relación de los sucesas de Tierrafirme que
escribió en 1541, dice hablando de los indios de Santa Mar
ta : 0 La gente de esta tierra son casi á la manera de los de
la Dominica: son flecheros y de yerba = (1).
VI
Antigüedad de las emigraciones.
Desde las costas de la Guayana y probablemente tam
bién de las Antillas, la familia caribe principió á extenderse
en todas direcciones; primero, á lo largo de la costa com-
(I) A. B. Cuervo, Colección de documentos inéditos. Tomo 11, página 79.
ORÍGENES ETNOGRÁFICOS DE COLOMBIA
675
prendida entre las bocas del Orinoco y el Darién ; y más
tarde, remontando el curso de los ríos que entran al mar en
este extenso trayecto, sus tribus penetraron hasta el mismo
corazón del Continente. De la región ístmica otras se lanza
ron al través del Océano Pacífico y ocuparon casi todo el lito
ral de Colombia y gran parte del Ecuador.
También llegaron á la América Central y á la cuenca del
golfo de Méjico, y quizás algo más al Norte todavía; pero las
grandes emigraciones se dirigieron al Sur principalmente.
Muy remota debió de ser la época en que la raza caribe
dio principio á su poderoso movimiento de expansión, y por
lo mismo muy difícil de calcular.
Se ha considerado < la inmigración de los caras al Ecua
dor como una poderosa invasión caribe que por su contacto
con los nahuas aprendió la ciencia del gobierno y la organi
zación política del Estado (i).=
Los caras llegaron por primera vez en grandes balsas
navegando del Noroeste á la bahía de Caraques en las costas
ecuatorianas, en los siglos VIII ó ix de la éra cristiana, según
cómputo del Padre Velasco (2). Desde allí se internaron en
el país y dieron principio á la conquista del reino de los qui-
tus; pero según la autorizada opinión del Sr. González Suá
rez, < probablemente Iq s antiguos quitus eran caribes y perte
necían á la misma raza que pobló las Antillas mayores y
menores y gran parte del Continente meridional america
no = (3). De todos modos, desde los más remotos tiempos las
emigraciones caribes habían ocupado una gran parte del te
rritorio ecuatoriano. Las tribus de este origen se reconocían
por los caracteres generales de la raza, por su táctica militar,
por el uso de armas envenenadas, por la deformación de los
cráneos y por el idioma. <En la comarca de Lactacunga hasta
la Provincia de Riobamba, al sur abundan las palabras cari
bes, del puro .y genuino idioma de las Antillas, principal
mente de Santo Domingo (4) Una de estas tribus, del inte
rior de Manabí, llevaba en la época de Huaina Capac el nom
bre de Colima, idéntico al de la Nación caribe vecina de los
chibchas de Bogotá, que ocupaba la actual Provincia de la
Palma, y muy semejante al nombre de varios sitios del valle
del Cauca y de la cordillera occidental: Calima, Jelima, etc.
(1) González Suárez. Historia del Ecuador, texto del Atlas, página 47•
(2) Historia antigua del Reino de Quito, tomo Ii, página 4.
(?) Historia del Ecuador, texto del A tías, página 25.
(4) González Suárez, Historia del Ecuador, texto del Atlas, página 44.
676 BODTCTIN DB HISTERIA Y ANTIGÜEDADES
No puede suponerse que estas tribus caribes que llega
ron al Ecuador, se hubieran trasladado directamente de las
Antillas, navegando primero en el Atlántico, cruzando en se
guida el Istmo de Panamá y navegando después el Pacífico
en sus grandes balsas hasta desembarcar en las costas ecua
torianas. El pueblo caribe, como los demás pueblos invaso
res, debía adelantar lentamente y hacer su éxodo por etapas
más ó menos duraderas. Las emigraciones van poco á poco;
las invasiones de los pueblos jamás avanzan con la rapidez de
los ejércitos conquistadores de las grandes naciones.
Probablemente las invasiones caribes del Ecuador par
tieron, si no de las costas del Cauca, sí por lo menos de co
lonias establecidas de tiempo atrás en Panamá ó en el Da
rién, en donde con tánta razón lo conjetura el Sr. González
Suárez, algunas de ellas, entre otros los caras, se pusieron en
contacto con los nahuas y se asimilaron parte de su civili
zación.
De los hechos anteriores, y prescindiendo de apreciar el
tiempo que la tribu de los paeces, por ejemplo, tardó en re
montar la 200 leguas del curso del río Magdalena, fuéra del
tiempo empleado en llegar á las costas de Colombia, se de
duce que antes del siglo VIII de nuestra éra las colonias de
raza caribe ocupaban en estado floreciente las costas colom
bianas del Pacífico, en el Cauca ó en Panamá. ¿ Cuántos años
haría que esas colonias habían ocupado esas regiones ? ¿Cuán
tos siglos probablemente haría que sus antecesores se habían
desprendido del tronco principal y habían abandonado la
patria, situada probablemente en las Antillas y sobre todo en
Haití ó en las costas de Venezuela ? Ningún dato existe para
dar respuesta satisfactoria á estas interesantes preguntas.
Sin duda alguna la familia caribe dio principio á sus emi
graciones desde tiempos muy remotos, y este poderoso mo
vimiento se continuó por varios siglos. La invasión caribe
avanzaba día por día, y sin la conquista española, se hubiera
adueñado en el curso de los años de toda la mitad septen
trional de la América del Sur.
VII
Paralelo entre normandos y caribes.
Al estudiar los primitivos pueblos de la Europa septen
trional, anglos, sajones» frisones, jutos, designados con el nom
bre genérico de normandos ú hombres del Norte, y los cari
ESTUDIOS ETNOGRAFICOS DE COLOMBIA «77
bes primitivos habitantes de las Antillas, llaman la atención
desde el primer momento las semejanzas en el carácter, en la
organización social y en el modo de vivir de estas dos razas,
tan desconocidas la una para la otra, tan separadas por la
distancia y tan distintas desde el punto de vista etnográfico.
Pero se comprenden estas semejanzas si se tiene en
cuenta que unos y otros vivían en un medio semejante; am
bos en archipiélagos de pequeñas islas ó en tierras cercanas
separadas por numerosos canales; ambos sobre el mar: el
mar era el elemento primordial de su vida, el que ejercía una
influencia definitiva sobre su carácter. Marinos intrépidos y
esforzados, en sus frágiles barcos de cuero ó de cortezas de
árboles, se lanzaban como aves de rapiña al través de los
canales y después al través del Océano, á sus empresas y
aventuras guerreras. Cuando después de haber luchado con
los elementos, de haber vencido en los combates, volvían á
sus hogares cargadas sus embarcaciones con el botín de la
guerra, que era principalmente de prisioneros, la familia y la
tribu tomaban parte en los festejos de la victoria, consistentes
sobre todo en los sacrificios humanos llevados á cabo en me
dio de bailes y de festines. Los niños que crecían viendo
estas escenas de sangre y oyendo las proezas de sus padres,
se hacían más crueles, más atrevidos y más valerosos, si ello
era posible. Así se desarrollaban estos reyes del mar.
< Suplicios y matanzas, anhelos de peligro, furor de des
trucción, desencadenamiento de instintos carniceros son los
rasgos que aparecen á cada paso en las antiguas Sagas = (i).
Eso mismo es lo que se encuentra en todas las crónicas y en
todas las relaciones referentes á los caribes. Siempre el gusto
por las emociones rudas y fuertes. Las sensaciones suaves les
eran desconocidas porque no les encontraban sabor.
El mar era su elemento, y si había tempestad tanto me
jor. Como los normandos, los caribes podían cantar : < El
soplo de la tempestad ayuda nuestros remos ; el rayo ni el
trueno nos perjudica; el huracán está á nuestro servicio y
nos arroja adonde queremos ir.=
Los siguientes conceptos de Taine, referentes á los sajo
nes primitivos, pueden aplicarse palabra por palabra á los pri
mitivos caribes pobladores de las pequeñas Antillas : < Pira
tas primero; de todas las cacerías la cacería del hombre es la
más provechosa y la más noble ; dejaban el cuidado de la
tierra á las mujeres y á los esclavos; navegar, combatir y pi
llar era para ellos el único oficio de un hombre libre. Se lan-
(i) Taine, fíitioirt de la littíratwe angltise.
678 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
zaban al mar sobre sus barcos de dos velas, abordaban al
azar para volver á comenzar más lejos, habiendo degollado
en honor de sus dioses la décima parte de sus prisioneros y
dejando tras sí el rojo fulgor del incendio. Señor, decía una
letanía, libradnos del furor de los jutos (i).=
Las poblaciones americanas de otra raza y luégo las es
pañolas en los primeros siglos de la Conquista, exclamaban
también: < Señor, libradnos del furor de los caribes.=
Los caribes, como los primeros sajones, verdaderos re
yes del mar, se reían de los vientos y de las tempestades, y
en unos y otros las permanentes luchas, la presencia cons
tante de la muerte y de las escenas de sangre les desarrolla
ban los instintos carniceros y el desprecio por la vida.
Pero las mismas condiciones de esta azarosa existencia
desarrolla en ellos la dignidad del individuo y la conciencia
de hombres libres. Debajo de la corteza de barbarie y de
salvajez se ven germinar nobles sentimientos, principal
mente el del cumplimiento del deber, movimiento espontá
neo que sólo obedece á impulsos internos. Al sajón que huye
en el combate sus compañeros lo ahogan en el lodo. El ca
ribe no concibe la cobardía. Un panche que no pudo asistir
á la primera batalla que dio su nación á los españoles, cuando
llega á su campo y ve á los suyos destrozados y en derrota,
vuela á alcanzar el ejército de Quesada y libra combate él solo
contra los vencedores de la víspera, no para vencer, que no
lo esperaba, sino para vengar la muerte de sus deudos y de
sus amigos y la afrenta de su nación.
Como los antiguos sajones, los caribes vivían general
mente aislados: edificaban sus cabañas en el sitio que les
parecía más á propósito, y aun en las aldeas, como sucede
todavía en los pueblos paeces de Tierradentro (2), las casas
no se tocaban. El individuo en todas las manifestaciones de
su vida tenía necesidad de libertad y de independencia.
Cuando no estaban dominados por las duras pasiones
que engendran las aventuras de la guerra, su carácter era
grave y melancólico, y en ambas razas el sentimiento religio
so, más que aparente y externo, era de sentido interior; se
ha dicho que carecían de templos, porque sus templos esta
ban en la Naturaleza. Sin embargo, tenían tan arraigadas sus
ideas religiosas, que su conversión fue siempre difícil y á am
bos se les tuvo como fanáticos y encarnizados enemigos del
cristianismo. El Padre Dutertre confiesa que en el espacio de
(1) Taine, Histoire de la littérature anglaise, tomo I. página 8.
(2) Carlos Cuervo Márquez, Prehistoria y Viajes, páginas 8> y 88.
ESTUDIOS ETNOGUÁFICO8 DE COLOMBIA 679
treinta y cinco años todos los misioneros reunidos de las
Antillas no alcanzaron á convertir, y eso con infinitos traba
jos, á más de veinte adultos (1).
Si se tienen en cuenta las grandes semejanzas geográficas
del medio en que primero vivieron estas dos grandes razas,
sajones y caribes, se comprende fácilmente el porqué de las
grandes analogías que presenta el carácter de esos atrevidos
navegantes, ambos reyes del mar los unos del Báltico y del
mar del Norte y los otros del mar de las Antillas.
Más tarde los sajones, al ponerse en contacto con el
moribundo Imperio romano, fueron herederos de su refina
miento y de su cultura, la cual, modificándola de acuerdo
con su carácter, se la asimilaron lentamente, pero de una
manera sólida y segura ; y el cristianismo, no sin grandes
dificultades, logró al fin suavizar sus bárbaras costumbres.
Los caribes en sus emigraciones no tuvieron contacto
sino con pueblos bárbaros, y cuando en la marcha de los
acontecimientos históricos se encontraron con la civilización
europea, el antagonismo de sentimientos y de intereses era
tan inmenso que el choque fue violento ; la guerra á muerte y
el conflicto dieron por resultado natural no el vencimiento sino
la desaparición total de esta altiva raza que prefirió la muerte
á la esclavitud (2).
En las pequeñas excursiones á las islas vecinas en sus
archipiélagos, al través de los estrechos canales que las sepa
ran, sajones y caribes se familiarizaron con los peligros del
mar y adquirieron el espíritu de aventura, que se convirtió en
seguida en espíritu de conquista. A las cortas excursiones, si
guieron las grandes empresas y las formidables invasiones
que llevaron á los unos, los sajones, á conquistar las islas en
donde más tarde sus descendientes han formado un grande
imperio que al mismo tiempo es una nación modelo ; y á los
otros, los caribes, á adueñarse de una vasta extensión del
(i) Dutertre J. D. Histoiregenérale des Antilles-
(2/ En relación con las analogías de carácter y de costumbres de sajones y
caribes pueden verse los siguientes autores:
Para los germanos:
Tácito, De moribus Germanorum,
Beda, V, io Sidorio VIII- 6-
Aug. Thiery, Hist. Sancti Edmundi-
Pictorial history- etc. etc.
Para los caribes :
Fray Pedro Simón, Noticias historiales,
Iñigo Abad, Historia de Puerto Rico.
Fray Gregorio García, Origen de los indios,
Oviedo, Theódoro de Bry, Historia de América*
68o BOLETÍN DE HISTORIA. Y ANTIGÜEDADES
Continente americano. En el mismo período histórico en los
diez primeros siglos de la era cristiana, desempeñaron los
caribes en el Nuevo Mundo un papel semejante al que á sa
jones y daneses les tocó desempeñar en el otro Continente.
Ca r l o s Cu e r v o Má r q u e z
( ConcluiráJ.
—----------- «e»....................
NOTAS OFICIALES
Washington, November 9, 1905
Dear Sir:
I am authorized by the Secretary to acknowledge the
receipt of the publications enumerated on the enclosed sheet,
which you have been so good as to send to the Smithsonian
Institution.
The Annual Reports of the Institution will be sent to
you regularly, beginning with that for 1904.
I send under sepárate cover a copy of the list of the
publications of the Smithsonian Institution, that you may se-
lect therefrom those you desire to secure.
Very respectfully yours,
Cy r u s Ad l e r
In Charge of Library and Echanges, Assistant Secretary.
Sr. D. Pedro M. Ibáfiez, Secretario Academia de Historia Nacional—Bogotá.
Bogotá, Abril 5 de 1906
Sr. Dr. D. Pedro M. Ibáfiez. Secretario perpetuo de la Academia Nacional de
Historia.
A honor y muy grande para mí he tenido el habérseme
concedido por esa ilustrada Academia el título de miembro
honorario de ella, según se sirve usted avisármelo en su oficio
de fecha 2 del presente.
Al aceptar, como lo hago, prometo trabajar con el fin
de cooperar en lo posible á sus patrióticas labores.
Por su bien digno conducto doy las gracias á los miem
bros de la Academia, y poniéndome á sus órdenes, con sen
timientos de verdadera consideración, me suscribo del Sr. Se
cretario atento servidor y colega,
Ma n u e l Ma r í a Me s a
NOTAS OFICIALES 681
República de Colombia—Ministerio de Obras Públicas y Fo
mento—Dirección de Obras Públicas nacionales—Bogotá^
6 de Abril de 1906.
Sr. Secretario de la Academia de Historia y Director del Boletín de la misma.
En cumplimiento de orden superior remito á usted el
cuadro adjunto, para que llene las columnas respectivas con el
número de muebles y útiles que existan en la oficina de su
cargo, haciendo al pie las observaciones del caso.
Atento y seguro servidor,
G. So l a n o
Bogotá, Abril 7 de 1906
Sr. Secretario perpetuo de la Academia Nacional de Historia—E. L. C.
Acepto el titulo de miembro honorario de la Academia
Nacional de Historia, con el cual se me ha honrado para es
timularme á continuar en las investigaciones sobre historia
patria que he emprendido y que usted se ha servido comu
nicarme en nota número 354 de 2 del presente.
Sírvase presentar mis agradecimientos á la honorable
Corporación por la distinción que me ha hecho ; y usted re
ciba mi especial manifestación de gratitud por haberme pre
sentado á la Sociedad, y por haberme señalado como candi
dato para recibir el honor que se me ha discernido.
De usted muy atento, seguro servidor y colega,
Ma n u e l Ma r ía Fa j a r d o
Washington, D. C., 2 de Abril de 1906
Director del Boletín de Historia y Antigüedades.—Bogotá, Colombia.
Muy señor mío : La Oficina de las Repúblicas america
nas desea recibir el Boletín de Historia y Antigüedades con
regularidad, y le ofrece como canje su Boletín mensual, un ejem
plar del cual ha sido ya remitido á usted por el correo que
lleva la presente. Tenemos el número 33 (ah° ni) de su im
portante publicación, y quisiéramos, si es posible, todos los
números de los años uno y dos.
En lo esperanza de que usted accederá a esta solicitud,
soy de usted atento y seguro servidor.
Wil l ia m s C. Fo x , Director.
682 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
República de Colombia—Ministerio de Instrucción Pública.
Sección i*—Ramo de Negocios generales—Número 793
Bogotá, 19 de Abril de 1906.
Sr. Presidente de la Academia Nacional de Historia.
Como resultado del atento oficio de usted, marcado con
el número 25, de 17 de los corrientes, tengo el gusto de co
municarle que hoy mismo me he dirigido al Sr. Ministro de
Hacienda y Tesoro en solicitud de la orden respectiva para
que en la Litografía Nacional se impriman dos mil ejempla
res del Cuadro Cronológico de Colombia que usted se dignó
enviar á este Despacho, cuyos autores son el Sr. Presbítero
Dr. Pedro María Rebollo y el Sr. General Tulio Samper y
Grau.
Dios guarde á usted.
C. Cu e r v o M.
Bogotá, 19 de Abril de 1906
Sr. Dr. D. Pedro M. Ibáñez, Secretario perpetuo de la Academia Nacional de
Historia—E. L. C.
He tenido el honor de recibir la atenta comunicación de
usted, de fecha 16 de los corrientes, por medio de la cual tie
ne usted á bien participarme que la Academia Nacional de
Historia se ha dignado admitirme en su seno en calidad de
miembro honorario.
Me apresuro á expresar á usted mi sincero agradeci
miento por tan grata comunicación, y suplico á usted se digne
ser mi intérprete cerca de los respetables miembros de esa
docta Academia, á la cual presento por el digno conducto
de usted la expresión de mi viva gratitud por el honor que
ha tenido á bien hacerme y que acepto con positivo placer.
Soy de usted muy atento servidor y colega q. b. s. m.,
E. DE Ar g á e z
Bogotá, 20 de Abril de 1906
Sr. Dr. D. Pedro María Ibáñez, Secretario perpetuo de la Academia Nacional
de Historia.
Sumamente agradecido correspondo á la atenta nota de
usted, de fecha 2 del presente, en que usted me comunica
NOTAS OFICIALES 683
que la Academia Nacional de Historia me ha distinguido con
el honroso título de miembro correspondiente de ella, por
unanimidad de votos.
Presento, por el digno conducto de usted, mi expresivo
agradecimiento á la honorable Corporación, y tendre á mucha
honra el título que se me ha dispensado, aunque sin mereci
miento alguno, pero como voz de aliento en el estudio de la
historia patria, á que he sido aficionado, y como lazo de
unión patriótica con los distinguidos y beneméritos miembros
de la Academia, en obra tan meritoria.
Soy de usted atento servidor y colega,
Pe d r o Ma r ía Re b o l l o , Presbítero.
República de Colombia—Bogotá, Abril 22 de 1906=
Sr. D. Eduardo Posada, Presidente de la Academia Nacional de Historia—S. M.
Por la presente tengo el agrado de comunicar á usted
que he resuelto, si acaso me lo permite, poner la conferencia
científico-literaria que dictaré en esta capital bajo los auspi
cios de la distinguida Corporación de que es usted digno
Presidente.
Sin otro motivo me es grato saludar á usted y por su
intermedio á los miembros de la Academia Nacional de His
toria, con la mayor distinción y aprecio.
Su segura servidora,
Is a b e l Be l m o n t d e Co r r e a
Bogotá, 24 de Abril de 1906
Sr. Dr. D. Pedro M. Ibáñez, Secretario de la Academia Nacional de Historia
Por el respetable órgano de usted doy á esa ¡lustre Aca
demia, cuyas patrióticas labores son dignas de todo encomio,
las más rendidas gracias por el favor que me ha dispensado
con el nombramiento de socio correspondiente de ella, no sin
expresar á la vez que tal nombramiento me ha sorprendido
muchísimo, ya que en verdad estoy muy lejos de merecer
tan alta cuanto honrosa distinción.
Me refiero al atento oficio de usted, numero 353* de fe
cha 2 del mes en curso, que dejo así contestado.
Con sentimientos de la mayor consideración tengo el
honor de suscribirme de usted muy obsecuente servidor,
Au g u s t o N. Sa m pe r
634 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER
CARTAS INÉDITAS DEL DR. BERNARDINO TOBAR, DEL GE
NERAL DIEGO IBARRA Y DEL COMANDANTE JOSÉ MARÍA
CANCINO
Socorro, Marzo 25 ¿e *820
Mi apreciadísimo General: Yo no puedo resistir á lo»
sentimientos de mi corazón, y me es preciso explicarlos en
esta carta, en obsequio del mérito y de la virtud. No verá
V. E. en ella los votos de un gran político ni de un hombre
de Estado, pero sí los de un ciudadano honrado y amantí-
simo de la libertad de su país. Otros hablarán del mérito de
V. E. con más belleza, pero ninguno con más sinceridad y
conocimiento de lo que expresa. Tengo el honor de haber
conocido á V. E. desde su más tierna edad y de haber se
guido juntos la carrera de las letras hasta coronarla con los
grados correspondientes en las superiores facultades. En ellas
fui testigo de las luces, entendimiento y aplicación qne mani
festó V. E. en el curso literario, y era en la clase uno de los
más bien notados por su habilidad y conducta ; defendió con
lucimiento y aplauso varios actos literarios y mereció aplauso
y estimación de los catedráticos y superiores. La felicidad de
haber recibido educación en un colegio no la tienen todos
los Jefes del día, y por esta razón no corresponden bien algu
nos de ellos á lo que deben á su nacimiento.
Al concluir la carrera literaria y obligaciones de colegio
sucedió la transformación política en que tomó V. E. parte, y
para la defensa de la justa causa que se acababa de adoptar,
emprendió V. E., con otros jóvenes de calidad, la carrera de
las armas, en la que ha hecho brillar su prudencia y su valor.
En las repetidas acciones campales en que se ha hallado ha sa
lido siempre con lucimiento y por una fortuna apenas tuvo par
te en los primeros ensayos de la guerra civil dirigiendo desde
entonces sus operaciones contra el verdadero y común ene
migo á quien constantemente ha hecho temer su bravura. En
la desgraciada pérdida de la República V. E. fue uno de los
Jefes que con empeño y honor trató de salvar los restos del
Ejército, que hoy han contribuido á su restablecimiento. Des
de la retirada de las tropas por Cáqueza se doblaron los tra
bajos y fatigas de V. E., pero también las ocasiones de mani
festar su firme adhesión al sostenimiento del sistema adoptado.
Cuando resonaba en la Nueva Granada el nombre de V. E.
ÁfcOHTVO DEL GENERAL SANTANDER 685
se concebían mayores esperanzas de la libertad; las accio
nes que se referían solamente apoyaban esta esperanza. Cuan
do ya no se podía soportar el yugo de la tiranía y que por
su dilación causaba ya una desesperación de las gentes, se
supo de un modo casi indudable que V. E. había venido al
Llano á arreglar el Ejército para venir de ahí á redimir estos
países. Confieso á V. E. que nada me parece más heroico
que esta valiente resolución. El Ejército de Los Llanos se
componía de unas hordas de gentes insubordinadas, inmorales,
sin disciplina, poseídas de vicios detestables, aunque adorna
das de las grandes virtudes de patriotismo y de valor. Estos
guerreros que en medio del desorden en que vivían no respe
taban ni aun la persona del famoso General Serviez, ceden á
la obediencia y respeto que V. E. les inspira. En medio del
desorden, de la barbaridad y de la más espantosa energía se
presenta V. E. con un puñado de hombres, impone silencio
y regla á la arbitrariedad, restablece la disciplina, organiza los
cuerpos y sujeta á estos soldados díscolos y feroces á una
rígida subordinación, empezando por deponer y castigar á los
Jefes de la desobediencia. Esta sola acción debía hacer me
morable eternamente el nombre de V. E. Pero á ella se si
guen otras no menos brillantes y útiles al bien público. Em
prende V. E. la redención de su país natal, bajo las órdenes
del Supremo Libertador Bolívar. Aquí fue donde se desple
garon las virtudes de V. E. ; la prudencia, el valor y la cons
tancia que manifestaron los libertadores en esta empresa será
admirable en todos los tiempos. Palmo á palmo iban ganando
el terreno que conquistaron á fuerza de sangre, sacrificios y
trabajos, hasta que por fia triunfa la constancia y la Provi
dencia se decide á dispensar sus favores á unos héroes tan
benéficos á la humanidad. ¿Quién podría expresar debida
mente los sentimientos de gratitud que son debidos á tan
grande favor ?
Muy heroico fue el valor que V. E. manifestó en la cam
paña que precedió inmediatamente á la libertad de la Patria,
y muy grande el heroísmo con que se ha dado á conocer uno
délos más prudentes y experimentados Generales. Pero acaso
habrían sido inútiles estos grandes sacrificios si no se hubiera
seguido inmediatamente otra empresa no menos laudable.
Organizar el Gobierno y las rentas del Estado y establecer la
República sobre unos cimientos sólidos no es obra sólo del
valor y pericia militar. Para ella se requieren talentos, luces y
tino y prudencia. No es menos gracia saber conservar que
adquirir, y V. E. ha hecho uno y otro. Bien notorio es el or
den y arreglo que llevan los negocios públicos en el día, y es
6*6 BOLETIS DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
una de las más bellas cualidades que tiene V. E. el ser amigo
del orden. Yo admiro cómo un joven que se crió con nosotros,
obedeciendo á infinidad de superiores, catedráticos, pasantes,
vicerrectores y rectores, en el colegio, y después en la carrera
militar: capitanes, comandantes y Generales, con otras varias
relaciones de amistad y parentesco, ha sabido sobreponerse á
todos estos respetos, haciéndose obedecer sumisamente y
tratando al mismo tiempo con decoro y amabilidad á las
personas por quienes tiene esas consideraciones. Creo firme
mente que el Gobierno estuviera muy desorganizado si no
hubiera caído en manos de V. E., pues yo no veo otro Jefe que
hubiera sido capaz de desempeñarlo. Es indudable que V. E.
es el único que puede ser segundo del Excmo. Sr. Presidente
Bolívar, ó al menos este es mi concepto. Yo no veo otro Ge
neral que al valor y disciplina militar reúna las cualidades de
la educación, luces, prudencia, moralidad y religiosidad. No
ignoro los asombros de valor que se han visto en Venezuela
y que los nombres de aquellos Generales hacen temblar á la
España entera, pero tampoco ignoro que á muchos de ellos
ha precipitado en su ruina una ciega ambición, con notable
perjuicio de la República: otros están dominados por una
sórdida avaricia y se han manifestado con una codicia insacia
ble; otros han sido insubordinados y sediciosos, y otros no
han recibido la menor educación y llega su ignorancia hasta el
término de no saber sentar su nombre en el papel. A vista
de estos monstruos de valor, de entusiasmo y al mismo tiem
po de vicios y defectos, ¿cómo no ha de brillar la humanidad
de un General que obediente siempre á las supremas autori
dades ha cooperado con su ejemplo, con. su valor y con su
prudencia al objeto de que nunca ha separado la vida, á sa
ber : la independencia ? Sus grados los ha conseguido por
los términos regulares de los ascensos, y cada uno en premio
de alguna acción heroica. Nunca se ha oído decir el menor
defecto público de V. E., cuando la rapacidad, la insubordi
nación y la inmoralidad han manchado las nobles acciones de
otros Generales que han sido un asombro de valor y dis
ciplina.
Pueda yo algún día manifestar al público y al soberano
Congreso estos verdaderos sentimientos, no tanto en obse
quio de V. E. cuanto en beneficio de la República y honor
del país: un discurso bien ordenado y concebido en regla
patentizará á la Suprema Autoridad de la República el acierto
de la elección del Jefe que manda el Departamento de Cun-
dinamarca. Convencido yo é íntimamente penetrado de las
verdades que he expresado en esta carta, me hago un honor
ARCHIVO Í)EL GENERA! SANTANDER
de haber sido su condiscípulo, su amigo, su paisano y hoy su
ciudadano. Hubiera tenido al escribir esta carta el concepto
de V. E. por la satisfacción que me tomo de interrumpir su asi
duo á interesante trabajo, con expresar los sentimientos de
un ciudadano que nada significa en la República; pero con
fiado en la amabilidad con que me ha tratado me he atrevido
á exponerle las consideraciones de respeto y admiración que
tengo por V. E., quedándome la satisfacción de que en me
dio de mi obscuridad tengo siquiera la clarísima luz suficiente
para conocer y confesar el verdadero mérito. Por él dirijo
mis votos al Cielo y pido conserve siempre á V. E. con las
bellas cualidades que hoy lo adornan y que el tiempo y la
experiencia está haciendo más perfectas.
De oficio comuniqué á V. E., por conducto del Ministe
rio de Justicia, la posesión de mi Gobierno político, y hoy,
privadamente, ratificó las consideraciones de amistad y res
peto que tengo por V. E., á quien Dios guarde por muchos
años.
B. 1. m. de V. E.
Be r n a r d in o To b a r
San Cristóbal, Abril 15 de 1820
Mi querido General: No había querido escribir á usted
por no quitarle el poco tiempo que tiene en ver tonterías, que
es lo único que yo puedo decir, y ahora lo hago para probarle
que no ha sido por flojera que he dejado de escribirle sino
por no gastar el tiempo.
Por las cartas y oficios del General verá usted las varia
ciones que ha habido de planes de campaña y el retardo que
vamos á tener para comenzar á obrar ; me parecen muy bue
nas las razones que tiene para estas variaciones y retardo,
pues conozco todas las desventajas y ventajas que pueden
resultarnos de dilatarnos hasta Octubre, y también estoy per
suadido que por un mal que nos resulte nos da mil bienes;
pero no puedo sufrir la idea de estar seis meses en la inac
ción y sin obrar activamente, ó aunque fuese con lentitud, con
tal que hiciéramos algo. En fin, es preciso que ya que lo
ponen á uno en el caso de esperar seis meses, que aprenda
algo, aunque no sea á pelear, pues en dicho tiempo no se
puede conocer esta ciencia. Después que usted lea estas y
todas las demás que le han escrito sobre este asunto espero
tenga la bondad de decirme su opinión con respecto á este
plan nuevo y si es usted del mismo parecer que yo. En la
688 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
suposición de que si usted no quiere que Tío Juanito sepa
nada de lo que me diga, no tendrá más que ponerme una R
al principio ó fin de la carta. Yo soy de opinión de no estar
quietos, aunque no sea más que marchando, pues de tener
nuestras tropas paradas no sacamos más sino que se pierdan,
y estas marchas, me parece, se pueden hacer con mucha
utilidad contra Latorre ; tanto para Cundinamarca como para
el Ejército les son favorables: para Cundinamarca, porque yén
dose Latorre, como es probable, ocupamos á Mérida y puede
ser á Trujillo, y por supuesto no se acaban de agotar estos
valles y se le quitan esos recursos al enemigo; y para el Ejér
cito, porque lo tenernos distraído y sin exponerlo, pues si vi
niese Morillo sobre nosotros, podemos siempre retirarnos á
nuestro Cundinamarca, y entonces Páez ocupa á todo Vene
zuela y en ninguna parte se derrota á Morillo como en est-
país, aunque á costa de algunos sacrificios. Este es mi paree
cer y el que le dije al General cuando supe su nueva disposi
ción ; él no lo aprobó, pero ni lo desaprobó totalmente, y así,
si á usted le parece bueno y conviene con lo que haya cal
culado, escríbamelo á ver si lo hace, que no lo dudo lo hará si
usted se lo dice. Yo tengo un gran interés en esto y así, si le
parece útil, aconséjeselo una y mil veces á fin de hacer algo y
no estar quietos, que es lo que me mata.
Basta de Marte y tomemos á Cupido, que son mis dioses
favoritos y los que me tienen medio loco; se me olvidaba el
querido Baco, que no deja de ser también, y aun más que
Marte. ¿ Cómo están las divinas bogotanas ? ¿ Pepita se ha
casado ? ¿ La Mochita está muy afligida con la venida de
Arenita ? ¿ Bernardino quiere dar muerte á Plaza todavía ? ó
ya se ha calmado con....
Dispense usted estas confianzas y mande á su afectísimo
é invariable amigo,
D. Ib a r r a
Expresiones á las Ibáñez, Barayas y Parises y Girardoes,
ó más bien diremos á mi querido Bogotá.
Septiembre, 8 de iSao
Mi apreciadísimo y respetado General: Las contesta
ciones de V. E. y las noticias que he recibido de las provi-
dencias tomadas por V. E. para remediar los males que afli
gían á esta Provincia, han causado un general transporte en
ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 689
sus habitantes, y en mi corazón un nuevo convencimiento de
la inviolable integridad de V. E., de su grande interés por el
bien público y por el alivio y descanso de los pueblos. V. E.
ha libertado dos veces á esta Provincia, y ella, llena de gra
titud, no sabe cómo tributar elogios á la liberalidad y recti
tud del Gobierno. Yo por mí nada digo, porque ni es nuevo
esperar con toda confianza mil bienes de mano de V. E. ni
el remedio de los males que se le representan, en cuanto está
de su parte. No quiero exagerar el beneficio que V. E. ha
hecho nuevamente á esta Provincia con oír sus clamores y
separar la causa de ellos, porque me remito en todo al con
cepto público y á la voz general, que habrá llegado á los oí
dos de V. E. Yo he tenido padecimientos indecibles, que no
he querido representar por ser personales, moviéndome sólo
á hacerlo los males públicos, aunque es verdad que llegó día
de verme tan desaseado, desesperado y violento, que me re
solví á tomar mi caballo é irme á presentar al Gobierno, no
para que me castigase con la pena que mereciese un ciuda
dano que no quería servir á su país en el Gobierno del Soco
rro, prefiriendo antes llevar el fusil ó abandonar su lugar (sic);
cuyo procedimiento irregular se contuvo sólo por considera
ción á la persona de V. E., á quien no debo yo faltar en lo
más mínimo y de quien debo esperar un remedio á todos los
males. V. E. no sabe ni puede calcular el gran beneficio
que acaba de hacerle á esta Provincia; pero los que sabemos
sus padecimientos y el funesto influjo que iban á tener en la
causa de la República, lo equiparamos al triunfo de Paya.
Unas veces se triunfa por el valor y otras por la prudencia y
acierto en las providencias, y de uno y otro modo el beneficio
redunda siempre en favor de estos pueblos, que con verdad
y con razón lo conocen, lo confiesan y lo saben agradecer.
Yo doy á V. E. las más expresivas gracias por todos sus fa
vores y me repito con todas las consideraciones de amor, res
peto y gratitud, su afectísimo estimador y amigo q. b. s. m.,
Be r n a r d in o To b a r
Cali, Abril 18 de 1820
Sr. General y amigo: Por falta de tiempo no le había es
crito circunstanciadamente como lo voy á hacer sobre el estado
de mis negociaciones con los cunas. Luégo que llegué al Citará
escribí al Capitán Varela para que él personalmente explotase
una vereda ó camino que por entre aquellos pueblos con-
III—44
690 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
duce á Panamá. Quiso la casualidad que después de haberle
hecho este encargo, llegó allí un cacique de las inmediaciones
de Yabiza, con el objeto de refugiarse porque venía perse
guido de los godos. Para cumplir Varela mejor mi encargo
me lo trajo en unión de dos Capitanes más y algunos indios
que fueron enviados por el primer cacique de aquella nación
á consecuencia de algunas invitaciones que yo les había he
cho. Ellos á nombre de su Jefe vinieron á darme una idea
completa del camino y ofrecerme sus víveres para la man
tención de las tropas, y sus fuerzas para conducir los pertre
chos, caso que yo intentase atacar á Panamá, como ellos lo
penetraban. El camino/hasta Yabiza, que es uno de los pue
blos más pingües de Panamá, dicen ser de seis días, y los re
cursos de víveres que nos podrán prestar, bastantes. Traían
también por objeto el que se les diese una bandera nuestra y
el anunciarme que dentro de seis ú ocho semanas vendría á
Citará el cacique por quien eran enviados, acompañado de
cuarenta indios de que se componía su guardia de honor. Yo
que conozco bastante cuánto nos interesa la amistad de aque
lla nación, me empeñé en obsequiarlos, les di un banquete y
mandé hacer inmediatamente tres uniformes de paño, cuatro
espoletas, de las cuales dos puse al cacique y una sobre el
hombro derecho de cada uno de los capitanes; di á cada uno
de ellos un bastón, porque gustan mucho de esta insignia;
mandé con ellos mismos un oficio á su cacique para que se
dignase aprobar los empleos ó distinciones que el Gobierno
de la República en muestra de hermandad confería á sus su
balternos. Le remití también una proclama, y se fueron tan
pagados de la buena acogida que tuvieron, que uno de los
capitanes hasta me dejó su hijo por cuatro meses, el cual he.
traído conmigo y lo contemplo como si fuese un hijo. El Ca
pitán Varela no acaba jamás de hacer elogios de aquella na
ción ; él, como es un hombre del otro tiempo, dice que si no
fuera porque sabe que no son bautizados, él creería que son
ángeles; que la hospitalidad y todas las demás virtudes tie
nen- allí su trono y que no debemos dudar de la buena fe
con que se nos ofrecen. Ellos me dieron satisfacciones sobre
los males que habían causado en otro tiempo á la Provincia
del Citará ; dicen que por equivocación, pues nos confundían
con los españoles, pero que ya Varela y algunos otros los
han enseñado á distinguir, y sobre todo que la luz más clara
que han tenido para desengañarse es la guerra que han esta
do observando les hacemos á los godos. Ellos se empeñaron
mucho en que yo les explicase la razón, y en esto me esforcé
cuanto pude. Ciertamente á Varela se le debe mucho sobre
ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 691
la ilustración que en esta materia han adquirido los cunas.
Yo dispuse que él se volviese á mantenerse entre ellos, y pien
so también en mandar dos ó tres sujetos más. Yo espero
que usted tendrá á bien remitirme el despacho que le tengo
pedido para el cacique y los otros dos más para los dos Te
nientes, cuyos nombres son González y Franco; ellos no
usan más que un nombre así como aparece (cuna).
Que los indios tengan alguna mira sobre el Istmo, yo lo
presumo, porque ya dije á usted la cosa del Almirante de
Jamaica. Illingrowt, que no es hombre común, ha tenido con
migo el mayor empeño en que le consiga un cuna; y sé
también que en días pasados estuvo un barco inglés sondean
do una gran barra que forma el mar del Norte en la costa
de! Darién ; esto puede haber sido parecer de los indios, quie
nes me dieron la noticia ; pero sea lo que fuere, yo no omito
comunicarlo á usted. Los ingleses, por las ventajas incompa
rables que para el comercio ofrece el Istmo, no dudo tengan
sus miras sobre él; por tanto, mi General, nada, nada nos con
vendría más que descender de Quito inmediatamente sobre
Panamá. No pierdo la esperanza de concurrir á todo. Estoy
bastante repuesto de mis males, pero todavía no puedo sen
tarme y sólo aguardo acabarme de reponer y tratar con el
Gobernador Concha para largarme luégo á mi destino ó don
de la necesidad me pida, mediante la voluntad de usted.
Adiós, mi General y amigo. Su afectísimo,
Jo s é M. Ca n c in o
Buga, Mayo 3 de 1820
Sr. General y amigo: Tengo presente que hablando con
usted en su casa sobre la medida que me convendría tomar
acerca de esclavos, me dijo y con acierto: que la libertad de
estos arruinaría enteramente el Chocó. En esta atención tuvo
á bien, en uno de los artículos de las instrucciones; dejar á
mi prudencia, esta medida con advertencia de que en el caso
de tomarla jamás, fuese con generalidad. Luégo llegué á la
Provincia de mi mando y tomé conocimiento de ella, cuando
advertí que de 14,000 habitantes que tiene, los 9,000 son es
clavos; nada creí menos conveniente que dar la libertad ni á
uno solo, pero que por fin, aquellas razones que tengo dichas
á usted, me obligaron á tomar esta providencia, pero de un
modo que me parece menos gravoso y sin una peligrosa
transición. He quintado las cuadrillas sin alarmar, como tengo
comunicado á usted; pero á mi llegada al Cauca he oído
692 BOLETIN DE HlgTOklA Y ANTIGÜEDADES
publicar un bando que cobija á todos sin excepción y con
una generalidad que será la ruina de esta Provincia y la del
Chocó. Preveo muchos males, deseo evitarlos y para ello he
procurado acordarme con el Sr. Gobernador Concha, como
verá usted por la adjunta que acompaño, mientras ordena
usted lo que mejor convenga, después de meditadas mis re
flexiones.
No hay una noticia cierta de la situación de Calzada;
dicen unos que se halla en Popayán; pero un tal Iluía, que se
ha pasado del enemigo, declaia que se ha retirado á Timbío;
pero no hay una probabilidad. Todos generalmente convie
nen en que su fuerza consta de 3,000 hombres, entre ellos
1,600 fusileros. Se dice que Simón está en Mondomo á la
cabeza de 400 hombres, la mayor parte esclavos. Yo aún
sigo con mis males, que tan presto se disminuyen en parte
como se agravan; trato de sujetarme á una cura formal mien
tras la llegada del Sr. Gobernador Concha.
Adiós, mi General y amigo; soy siempre afectísimo,
Jo s é M. Ca n c in o
Buga, Mayo 15 de 1820
Sr. General y amigo : A un tiempo he recibido hoy las
dos apreciables de usted, la primera fecha 21 de Enero y la
otra de 22 del pasado. Yo no puedo concebir en qué admi
nistración se retarda la correspondencia ni la razón que haya
para ello. En contestación á ambas digo : que toda pondera
ción es ninguna hab’ando de la miseria del Chocó ; yo no
creyera semejante indigencia si no la estuviera palpando.
Desde que se me comunicó la orden se ha echado un repar
timiento, y para exigirlo ha sido preciso dar tiempo para que
hagan sus lavadas de minas y busquen otros recursos. Ya he
dado orden á los Cabildos para que estrechen el cobro; pero
si cuando éste se realice procedo á remitirlo, me encuentro
con la dificultad de no tener con qué pagar los elementos de
guerra que deben venir de Chile, los cuales importarán se
senta ó setenta mil pesos, á cuya suma aún no asciende el
repartimiento, á pesar que ha sido excesivo respecto á las
facultades Je los vecinos del Chocó. Las cajas del Estado
están exhaustas; ellas no tienen ingresos de consideración y
menos faltando el comercio con Cartagena. Es preciso pues
que se tenga alguna consideración con esta pobre Provincia;
ella á pesar de su escasez le contribuye con más de $ 30,000
ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER
al Capitán Juan María Gómez, y ella va á contribuir con el
repartimiento que se ha echado quién sabe á costa de qué sa
crificios.
La noticia de la venida de Muñoz desgraciadamente se
falsificó ; fue equivocación de unos individuos que, al llegar
á La Gorgona la fragata Los Andes, descubrieron la ban
dera de la República de Chile y creyeron que era el bergan
tín que conducía á dicho comisionado y volaron á dar la no
ticia á Iscuandé. Efectivamente me ha convenido la reflexión
que usted me hace á consecuencia de mi solicitud sobre la
agregación del puerto de la Buenaventura al Chocó.
Doy á usted las gracias por las noticias tan lisonjeras
que me comunica por su carta última; yo no pongo la me
nor duda en ninguna de ellas, y la del carácter que ha tomado
la revolución de Méjico se justifica con la marcha de Aury
para Trujillo, cuya noticia comunica Varela. He tenido la sa
tisfacción de estar con el Coronel Concha, mi amigo, aun en
una misma casa. Como tan afecto á esta Provincia, como tan
interesado en su felicidad y por la vecindad que tiene con la
mía, he celebrado mucho la elección en este digno sujeto
para Gobernador de ella. Él tiene actividad y energía ; estoy
muy satisfecho. Mis males siguen y sobre los muchos nacidos
me ha resultado arador; estoy desesperado por sanar pronto
y dejar de estar ocioso.
Adiós, mi General y amigo. Su siempre afectísimo,
Jo s é M. Ca .n c in o
Buga, Mayo 29 de 1820
Sr .General y amigo: Ha llegado al Citará el Subte
niente Acosta, comisionado á Providencia, y con este motivo,
sin atender á la situación lastimosa de mi salud, parto pa
sado mañana para el Chocó y luégo que me vea con dicho
Oficial espero comunicar á usted muchas cosas. Algunos
bribones residentes en el pueblo de Iscuandé, prevalidos de
la ineptitud y tibieza de Fernández, sobre que he hablado á
usted diferentes ocasiones, han tratado de introducir la dis
cordia en aquel pueblo. Yo había anticipado al Capitán Gam
ba con dos Compañías de artillería volantes, para que en la
isla de Tumaco las mantuviese en una constante disciplina,
mientras se desocupaban las otras dos que había traído yo
en auxilio de esta Provincia. Este Oficial, poco acostumbrado
á tratar con aquella política que se necesita con los extranje-
694 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ros, tuvo lugar Zamora y otros de su calibre, para propor
cionar una enemistad entre él y el Comandante de la fragata,
después que por medio de la intriga y seducción habían in
fundido en los iscuandereños un odio contra dicho Oficial, en
términos de llegar á alarmarse el pueblo para impedir el cum
plimiento de sus órdenes ; así fue que Illingrott, con el objeto
de hacerse cargo de mantener el orden en aquel lugar, dictó
la proclama que en copia acompaño para su inteligencia. El
ha tenido siempre la atención de darme parte de cuanto ocu
rre, y así lo ha hecho respecto de este asunto. Mis graves y
penosas enfermedades no me han permitido pasar á aquel
punto luégo que tuve noticia de estas novedades; pero de
acuerdo con el Coronel Concha, Gobernador de esta Provin
cia y por consiguiente de aquellos pueblos, hemos dispuesto
que siga el Teniente Coronel Murgueitio con el carácter de
Comandante departamental de la Costa y de la fuerza que
allí se halla. El ha sido el Oficial más á propósito que hemos
hallado para este destino, y no dudo que con su política y
talento reducirá ese pueblo á su orden y hará desaparecer las
turbulencias que casi sin un principio han introducido y han
tratado de alimentar, porque no han hallado firmeza y carác
ter en Fernández ni Gamba.
El cacique de Piñogana me comunica con fecha 20 del
pasado desde el pueblo de Paya que de Panamá habían
salido 900 hombres contra el Chocó y que se dirigían por la
vía de Cupica. Yo no puedo creer que Panamá esté en es
tado de desprenderse de un número de hombres como este, y
estoy persuadido que en el caso de mandar alguna pequeña
expedición, sea más bien en auxilio de Guayaquil ó de algún
punto perteneciente á Méjico ; pero sin embargo ya he dado
las órdenes necesarias para establecer el espionaje, por los
puntos que he creído conveniente, para poner la Provincia en
defensa, y es el motivo principal que me precipita á marchar
á pesar del quebranto de mi salud.
Adiós, mi General y amigo. Soy siempre su atento ser
vidor,
Jo s é M. Ca n c in o
Buga, Mayo 20 de I820
Sr. General y amigo : Sin embargo de que pasado ma
ñana he de verme con Acosta y en su virtud poder comuni
car á usted con seguridad las muchas y favorables noticias
ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER
que espero, me anticipo á decirle de oficio lo poco que he
adquirido. Incluyo a usted un oficio que me ha dirigido el
cacique principal de los cunas, de quien le he hablado en otra
ocasión. El me anuncia su venida, y yo, con el objeto de
agradarlos todavía más y complacerlos, á pesar de mis males,
parto para el Chocó á recibirlo y obsequiarlo. También
le acompaño el parte que me de el cacique de Piñogana,
La primera noticia probablemente es falsa, y por tál la tengo;
la segunda no la dudo, pues ha sido uno de los objetos de la
comisión de Acosta; ahí conocerá usted la letra de ese indí
gena tan benemérito y tan útil.
Adiós, mi General y amigo. Soy su afectísimo,
Jo s é M. Ca n c in o
Llanogrande, Junio 4 de 1820
Sr. General y amigo : El Coronel Concha comunica á
usted los dos partes que acabo de recibir de la Costa; por
esta razón omito el hacerlo yo. En este momento partimos
para Cali, donde hallaré á Acosta con las Gacetas de Jamaica
y el resultado de su comisión, todo lo que participaré á usted
inmediatamente. Sin embargo de que aún no me he acabado
de alentar, como tengo dicho á usted, sigo ya para mi Pro
vincia con el objeto de obsequiar al cacique principal de los
cunas, que ha llegado al Citará y con el que remitiré á usted
los negros á la mayor brevedad. A esta medida tengo dado
ya principio con la remisión de cuarenta y cuatro, que mandé
á Buga para ésa hace cuatro días.
Adiós, mi General y amigo. Su afectísimo,
Jo s é M. Ca n c in o
Cali, Junio 8 de 1820
Sr. General y amigo: El Subteniente Acosta, sin parar
un momento en el Citará, se vino volando, en términos que
llegó aquí antes de mi salida. El me asegura que Aury lo re
cibió muy bien en Providencia y que le dio un gran baile y
convite el día de su llegada. Acosta hace muchos elogios de
este General y dice que es muy granadino. Él ya estaba de
terminado á venir al Citará, poniendo su escuadra en las bo
cas del Atrato, en cuya resolución permaneció algunos días,
696 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
y por esta razón el Oficial comisionado tuvo que demorarse
un mes; pero desistió de pensamiento cuando tuvo noticia de
la escasez de víveres que se experimenta en el Chocó, lo que
es positivo, y también por influjos de Rafael de Mérida, ene
migo del General Bolívar, que desgraciadamente mantiene á
su lado y es el mismo autor de un cuaderno que le acompaño.
Marchó luégo, contra Trujillo, capital de Nicaragua, cuya
plaza tenía casi probabilidad de ocupar. Ya verá usted la
contestación de este Jefe, que le remito por Secretaría. Las
Gacetas extranjeras que igualmente le acompaño impondrán á
usted de noticias muy lisonjeras. También incluyo un papel
puesto por el Canónigo Madariaga, refutando una proclama
del Obispo de Cartagena; verá usted que es una obra so
berbia, digna de leerse. Advertirá usted también que en las
Gacetas de Jamaica se habla muy mal de la fragata Los An
des, y en efecto ella tiene una gente muy corrompida. La
fragata Przieba, enemiga, anda por la Costa, y la nuéstra se ha
retirado á Ibagué, por la absoluta carencia de víveres que
tiene ; pero de acuerdo con el Coronel Concha hemos tratado
de proveerla de los necesarios para que pueda salir á prote
ger la venida del Capitán Muñoz, sin embargo que él debe
venir bien convoyado, en virtud de los instrucciones que llevó
Illingroot y más.
A pesar de mis males voy al Chocó con el fin de arre
glar los ramos de Hacienda y demás cosas de gobierno, sobre
que hasta ahora por las atenciones de la guerra no he dado
un solo paso, con probabilidad de que mis males se han de
agravar. Voy á destinar un par de meses en hacer la visita
de la Provincia y tratar de dar cumplimiento, en lo posible,
á la reunión de negros y dinero que se me pide; sin embargo
de que, como he dicho á usted en otras ocasiones, aquella es
una Provincia miserable, insignificante absolutamente, escasa
de sujetos pudientes y de todo recurso. Por desgracia el Ofi
cial Gamba y casi todos los demás de mi columna han en
fermado por las penalidades que sufren en la más pequeña
marcha, que siempre se hace en embarcaciones incómodas y
al rigor del sol y de las lluvias.
El Alférez Acosta me ha dado la noticia que el Dr. Ca
bero, como tan interesado en la libertad de Colombia, se em
peñó con los comerciantes de Jamaica y equipó la expedición
del General Gregor contra Portobelo. Ella tuvo un desgra
ciado suceso, como usted sabe ; el plazo se cumplió, y por
que Cabero no tuvo arbitrios para cubrir la cantidad, gime
hoy en una de las cárceles de Kingston. No le comunico por
ahora otras noticias interesantes que trae, por no molestarlo
ARCHIVO DEL fiKNERAT. SANTANDER 697
con una carta tan larga; lo haré antes de pocos días. In
cluyo á usted una carta de Colion, que es un inglés muy in
teresado por nuestra felicidad; en ella toca sobre un punto
concerniente á Panamá, y en todo caso puede sernos muy
útil y se puede contar con este abrigo para cualquiera em
presa contra esa plaza.
Adiós, mi General y amigo. Su muy afecto,
Jo s é M. Ca n c in o
Cali, Junio 12 de 1820
Sr. General y amigo: A tiempo que me escandalizaba
de ver la demasiada indulgencia del soberano Congreso con
los enemigos del sistema, expidiendo un indulto tan amplio en
favor de ellos, he visto la reforma hecha por el Sr. Libertador
Presidente, que usted me ha comunicado por Secretaría. Yo
ya estaba temiendo que Sámano, después de pasar los cuatro
meses que se le fijan y cuando hubiera visto lo inútil de sus
esfuerzos para dominarnos, hubiera tomado el partido de
presentarse prometiendo ser un fiel defensor de la República,
y de aquí que teníamos que sufrirlo de Virrey de este De
partamento, según el espíritu del indulto. Otro tanto podría
hacer Calzada y tantos criminales pertinaces, hijos de esta
Provincia que le acompañan. Podían hacer la campaña,
que necesariamente se terminaría en menos del tiempo que
se les concede para su presentación ; derrotados que fueran,
presentarse y reclamar también sus empleos.
Adiós, mi General y amigo. Hoy mismo parto al Chocó ;
ojalá que mi salud no tenga el funesto resultado que me pro
mete. Su más adicto y amigo,
Jo s é M. Ca n c in o
Juntas de Dagua, Junio 18 de 1820
Sr. General y amigo: Mis males y yo vamos caminando
para el Citará. Transmito á usted un capítulo de una carta
del Comandante de la fragata, que acabo de recibir con fecha
30 de Mayo último, y es el siguiente : < Parece cierto que el
Callao de Lima no está bloqueado, que la escuadra de Chile
ha cruzado sobre San Blas y Acapulco, dejando libres, por
este modo, las fuerzas marítimas del enemigo ; pero no dudo
que en el mes que va entrando el dicho bloqueo se restablcz-
6 98 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ca; entretanto he tomado providencias para tener noticia fija
del estado de aquellas partes. Pudiéramos temer por nues
tro Muñoz que hubiera caído en manos del enemigo, si no
fuera más probable que el desamparo de Lima y el sa
ber en Chile que la escuadra enemiga está afuera, son las
verdaderas causas de su tardanza. El estado de la fragata de
mi mando; la entera ruina que ha padecido su casco, vela
men, jarcia, armamento y demás aperos ; la quebrada salud de
mi gente; la escasez de recursos; la entera falta de auxilios,
etc., todo hace imposible el aguardarme un solo momento
más en estas costas, que el tiempo necesario para restablecer
un poco mi salud, comprar los víveres suficientes para el
viaje á Chile y recibir las últimas comunicaciones del General
Bolívar para mi Gobierno, si tal vez el dicho Jefe no tardara
mucho tiempo en llegar. También no dejará usted de hon
rarme con las comisiones para aquel país, porque de todos
modos hemos de tener comunicación. La fragata enemiga
siguió el rumbo para Panamá, sin duda para componer sus
averías.= En cuanto á la opinión de éste respecto de la tardan
za de Muñoz, yo me adhiero en todo á su modo de pensar.
Yo, en el concepto de que ya marcha el Ejército para Pasto
y que muy pronto deben dirigirse las operaciones sobre Gua
yaquil, y que cooperando la fragata se lograría más pronto la
rendición de aquella plaza, pues que ella podía advertir á La
Prueba, para que no hiciese ninguna tentativa contras las
fuerzas nuéstras. Me parece muy conveniente la permanen
cia de Illingroot en nuestros puertos y trataba de interesarme
en lo posible á fin de suspenderlo ; pero como han venido
muchos pliegos de usted para el Gobierno de Chile, no sé
usted tendrá por conveniente que marche. El debe hacer
alguna maniobra mientras se provee de víveres y hay tiempo
para que usted me diga su determinación y que si determina
el que se aguarde le escriba al mismo Illingroot sobre el par
ticular. Adiós, mi Jefe y amigo. Su más adicto,
Jo s é M. Ca n c in o
—■—--------
BOCETOS BIOGRAFICOS
D. Jo a q u ín d e Ca y c e d o y Cu e r o —Quien haya ho
jeado la historia de nuestros tiempos coloniales y gozado,
con el sabor especialísimo de la rancia nobleza y el linajudo
pergamino, en la lectura de nuestras viejas crónicas, habrá
BOCETOS BIOGBÁFIOOS 699
tropezado con el nombre y sucesos del Alférez Real de Cali,
D. Manuel de Caycedo y Tenorio, Regidor perpetuo y Co
ronel de milicias disciplinadas, tipo del empingorotado penin
sular, que á más de dejar su nombre en la historia con el sello
característico de aquellos tiempos, ha dado pie para una de
las más sentimentales novelas de autor colombiano.
Pues bien : el Alférez Real D. Manuel de Caycedo y
Tenorio casó, como es sabido, con D? Francisca Cuero y
Caycedo, de su misma estirpe y de su misma sangre, dotada
como él de virtuosas prendas y de no escasos bienes de for
tuna.
Vastago de aquel respetable matrimonio fue D. Jo a q u ín
DE Ca y c e d o y Cu e r o , nacido en la < muy noble y muy
leal= ciudad de Cali el 22 de Agosto de 1773. Al lado de
su padre, y con el auxilio de uno ó dos Profesores extraños,
hizo los primeros y más rudimentales estudios en la casa pa
terna. Cursó luégo humanidades y fiilosofía en el Colegio
Real y Seminario de San Francisco de Asís de Popayán.
Tuvo allí, entre otros Profesores de primera nota, al notable
filósofo y aventajado jurisconsulto D. Félix Restrepo, funda
dor entre nosotros de los buenos estudios escolásticos. Ter
minados los que entonces se exigían para optar al título de
Bachiller, pasó á la capital del Virreinato á cursar Jurispru
dencia en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario, y hacia
el año de 1798 vio coronados sus esfuerzos escolares con el
grado de Doctor y el íttulo de Abogado que le confirieron
los notables juristas que entonces componían el Cuerpo de
Profesores de aquel tradicional establecimiento.
Por oposición y en competencia con eruditos abogados
se le encargó la cátedra de Derecho Real, en el mismo Cole
gio, en donde durante sus estudios había desempeñado tam
bién otros varios destinos.
Su primer ensayo en el foro fue la brillante defensa que
hizo de la reputación de su padre, atacada injustamente por
gratuitos enemigos Sus elocuentes y razonados alegatos ante
la Real Audiencia y en la Sala del Virrey le merecieron ca
lurosas felicitaciones de hombres de la talla de Camilo To
rres, y obtuvieron el éxito de una completa absolución del Al
férez Real y la condenación de su adversario.
Provisto del merecido título académico, que entonces no
se prodigaba comoquiera, y ufano con el brillante resultado
de sus primeros ensayos jurídicos, regresó Ca y c e d o á su
ciudad natal, al terminar el siglo que le vio nacer, y allí con
trajo matrimonio con su prima D? Juana María Camacho y
Caycedo.
700 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Hallábase el joven abogado de Regidor y Alférez Real
en Cali, en reemplazo de su ya finado padre, cuando se tuvo
allí noticia de los primeros movimientos libertadores iniciados
en 1810, y no vaciló un punto en corresponder á la excita
ción de la Junta de Santafé, renunciando aquel empleo y
cuantos títulos honoríficos pudiera haber heredado por con
cesión de la Península, y poniéndose á la cabeza del pronun
ciamiento que en favor de la independencia estalló poco des
pués en las Provincias del sur de Nueva Granada. Merced á
su elocuencia y al valioso prestigio de su nombre logró le
vantar el espíritu republicano en las poblaciones del valle del
Cauca, las cuales enviaron sus Diputados á Cali, para formar
una Junta patriótica, de que fue Secretario el mismo Sr. CAY-
CEDO.
Careciendo los patriotas de elementos necesarios para
hacer frente á los ataques con que amenazaba á la Junta el
Gobernador Tacón, no vaciló Ca y c e d o en poner todos
sus caudales á órdenes de ésta, mientras llegaban los recursos
que de Santafé se les habían enviado con los Oficialas Baraya
y Girardot. Reunidas las fuerzas de estos bravos militares á
las colecticias del valle, pudieron dar un fuerte ataque á las
de Tacón, obligándolas á dispersarse en el memorable campo
de Palacé, el 28 de Marzo de 1811, primer hecho de armas
que se vio en aquel lugar entre opresores y oprimidos. Li
bres con tan esplendido triunfo los pueblos del Sur, se orga
nizó en Popayán una Junta de Gobierno, en la cual tomó
asiento Caycedo como Representante por Cali.
Refiere el cronista que á tiempo de partir pasó á des
pedirse de un amigo y pariente suyo ya le habló del favor
que le habían dispensado algunos mandatarios españoles, pro
metiéndole la consecución de honores; de la oferta que le
hizo en Santafé el mismo Virrey Teniente general D. Pedro
Mendinueta y Muzquiz, de obtener en su favor el nombra
miento de Oidor de la Audiencia de Méjico; de la del co
merciante capitalista su amigo D. Bernardo Gutiérrez, de
costearle el viaje á Madrid y los gastos hasta conseguir el
indicado empleo: que él había desechado aquellas ofertas;
que su posición social y monetaria le permitía un horizonte
venturoso para lo futuro ; que en su hacienda de Cañasgor
das veía el patrimonio y riqueza de sus hijos ; que partiendo
para el Ejército, adonde se le llamaba con instancia, todo lo
exponía; pero que delante de la imagen de la Patria en ca
denas, honor, riqueza, tranquilidad y vida no tenían precio á
sus ojos ; y concluyó exclamando al darle el último adiós:
<Sálvese la Patria, y aunque perezca yo con mi familia.=
BOCETOS BlOGÁtflCOS
Siendo Presidente de la Junta de Popayán, y con el
grado de Coronel, marchó sobre Pasto como segundo Jefe
de las fuerzas que comandab? el Coronel Baraya. Ocupaba
Tacón aquella plaza; pero viéndose atacado al mismo tiem
po por tropas del Sur y del Norte, abandó la ciudad, no sin
extraer de las arcas públicas cerca de ochenta mil pesos en
monedas de oro y plata, de que envió una parte á las costas
del Pacífico para los gastos de guerra.
Disueltas y dispersas las tropas de Tacón en todo el
valle del Patía, resolvió el Coronel Baraya regresar á Popa
yán y dejar el mando de las fuerzas de la Junta á su Presi
dente D. Jo a q u ín d e Ca y c e d o y Cu e r o , quien intimó ren
dición á las guarniciones realistas que Tacón había dejado en
Pasto, y una vez derrotadas por los patriotas de Quito, en el
campo de Guapuscal, entró á la ciudad con una parte de sus
tropas. Con su cristiana caballerosidad dedicóse desde luégo
á impedir cualquier abuso que pudiera cometerse con los
vencidos y á dar hospitalidad en su propio domicilio á los
jefes españoles que recelaban, y no sin motivo, una justa re
presalia.
Supo allí que una fuerte suma en oro extraída por Ta
cón de la Casa de Moneda de Popayán y recobrada por los
pastusos, impidiendo su remisión á Lima, había sido tomada
por las tropas de Quito, considerándola como buena presa de
guerra. Con la energía que en todo tiempo lo caracterizaba, re
clamó el Dr. CAYCEDOaquelIasuma como perteneciente al nue
vo Gobierno de Popayán. Logró sí que las tropas de Quito, por
demás envalentonadas con su triunfo, se retiraran de la ciu
dad y dejaran en paz á los oprimidos pastusos; pero como
nada alcanzara respecto al dinero incautado, se trasladó á
Quito, comisionado por la Junta de Popayán, á iniciar la re
clamación ante el Congreso.
Con sabia y conciliadora política logró que cesaran las
pretensiones de la Junta de Quito respecto á la intervención en
el régimen y Gobierno del Cantón de Pasto ; logró asimismo
obtener un avenimiento entre los dos partidos en que se había
dividido aquel Congreso, y cuando ya terminaba sus gestio
nes respecto á la reclamación del dinero, se le llamó del
Cauca, con suma urgencia, por haberse suscitado nuevos al
zamientos en favor de la causa española.
Llegado á Pasto, empezó á preparar la defensa de la
ciudad, ya amenazada por los enemigos patianos. Pero fue
ron inútiles sus previsiones, pues las fuerzas realistas eran
muy superiores en número á las patriotas, y estas, faltas de
pertrechos y asediadas tamuién por los españoles de la po
ÉOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
blación, tuvieron al fin que capitular y entregar los pocos ele
mentos que les quedaban, después de una heroica y prolon
gada resistencia. A consecuencia de este desgraciado hecho
de armas, que tuvo lugar el 21 de Mayo de 1812, sufrieron
los patriotas nuevas y bárbaras vejaciones de parte de los
cabecillas españoles, quienes, violando los pactos celebrados,
apresaron á los rendidos y al Coronel Ca y c e d o , de quien
habían recibido el más caritativo tratamiento cuando eran
ellos los vencidos, lo sujetaron con grillos en un inmundo
calabozo. Así correspondían los españoles la magnanimidad
de los patriotas, y así aprendieron éstos á conocer á sus ver
dugos para acrecentar el valor y denuedo con que de ellos se
defendieron después.
Sólo en virtud de un nuevo convenio celebrado á los
dos meses entre el americano Macaulay y las fuerzas pastu-
sas, quedaron en libertad Ca y c e d o y sus bravos compañe
ros. Unidos estos dos Jefes, dieron el combate de Catam-
buco, el 12 de Agosto de 1812, en que fueron batidas y dis
persas las tropas realistas, quedando las republicanas dueñas
del campo. Pero cuando ya éstas emprendían marcha á Po
payán, cargaron sobre ellas los pastusos con nuevo vigor, y en
pocas horas quedaron destrozados los patriotas : Macaulay
fugitivo, preso el Coronel Ca y c e d o con todo su Estado Ma
yor y perdidas también armas y municiones.
Parecía terminar allí toda esperanza de redención para
los oprimidos caucanos, pues este desastre dio nuevo brío á
les patianos realistas, y los valerosos republicanos tuvieron
que ceder por entonces al ímpetu de los vengativos penin
sulares. Encerrados en inmundas mazmorras, casi privados
del alimento y del agua, no tardaron en desarrollarse las epi
demias que fueron devorando á los infelices prisioneros; lo
cual, sabido por Montes y por Sámano, los hizo saltar de
gozo como la fiera en su guarida, según se ve por las comu
nicaciones oficiales en que se da parte de la batalla y en que
se ordena el fusilamiento de Ca y c e d o , lo mismo que el de
Macaulay, á quien habían dado alcance los indios de Buesaco.
No valieron súplicas y ruegos de las damas más princi
pales, como la esposa misma del ex-Gobernador Tacón, en fa
vor del Presidente Ca y c e d o : era mucho pedir á los españoles
el indulto de un patriota ; pero era pecado inaudito pedir la
vida de un Caldas, un Torres, un Ca y c e d o , que daban lustre
y honor á su Patria
Todo fue en vano : los inflexibles pacificadores, que ja
más se saciaban de sangre, quisieron inmolar nuevas vícti
mas, y en la tarde del 26 de Enero de 1813 fueron fusilados
EXTRACTO DE LAS AOTA8
Ca y c e d o , Macaulay y muchos Oficiales en la plaza principal
de Pasto.
Rindió la vida aquel procer anonadado con la convic
ción de que no había esperanza de redención para su Patria,
y de que todos sus esfuerzos y todos sus sacrificios, á más de
inútiles, iban á ser mirados como infame borrón ante la His
toria. Esta y el Congreso granadino de 1847 se han encar
gado, aunque tarde, de rehabilitar su memoria y colocar
su nombre en el Panteón inmortal de los mártires y primeros
caudillos de nuestra gloriosa independencia.
Recogidos sus restos con piadosa veneración en la igle
sia Catedral de Pasto, todavía se quiso apurar la copa de la
amargura en su desolada familia, obligándola á presentarse
diariamente al feroz Montes, el autor de aquel sacrificio, que
había quedado por entonces dueño y señor de todo el valle
del Cauca.
Por una rara casualidad, muchos años después el limo.
Sr. Dr. D. Manuel José de Caycedo, Obispo de Pasto, dice
su primera misa pontifical en el mismo sagrado recinto en
que reposan las cenizas de su ilustre progenitor, y hoy este
virtuoso sacerdote, honra y prez del clero colombiano, en
quien se han perpetuado los talentos y bellas prendas de su
ilustre abolengo, ocupa la silla archiepiscopal de Popayán.
Jo s é Jo a q u ín Gu e r r a
EXTRACTO OE LAS ACTAS DE LAS SESIONES
Sesión del día z? de Abril de 190b—(Presidencia del Dr. Eduardo Posada).
La Secretaría informó que el Dr. Manuel María Mesa acepta el puesto de ho
norario. Dio noticia el Dr. Posada que el cuadro cronológico presentado por el
Presbítero Dr. Pedro M. Rebollo, en su nombre y en representación del 'Sr
General Tulio Samper y Gran, de Barranquilla es, trabajo serio y útil, y ofreció
rendir informe por escrito. Fue nombrado honorario el Dr. Enrique de Argáez,
en atención á que por su esfuerzo se han extendido las relaciones de la Acade
mia en el Extranjero. A moción del Presbítero Dr. Rebollo se nombró co
misión para estudiar las disposiciones legales dictadas sobre pabellón y escudo
de la República; fueron designados para desempeñarte los Sr^s. Fajardo
Moros, Posada y Rebollo.
9°4 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
AVISOS OFICIALES
COLECCIONES DEL BOLETIN
Los días i® y 15 de todos los meses se reúne la Acade
mia de Historia á las siete p. m., en el local situado en la calle
10, número 259, ó sea en el edificio de la Facultad de Dere
cho y Ciencias Políticas.
En atención á la demora con que han aparecido algunos
números de este periódico, por recargo de trabajo en la Im
prenta Nacional, se ha visto constreñida la Dirección á no
guardar orden cronológico de meses, sino seguir en las colec
ciones anuales, doce números, únicamente el orden numérico.
El iii volumen principió en el número 25, que apareció
en Enero del año en curso ; lo recordamos á los lectores por
haber aparecido en la última página de dicho número un gra
ve error tipográfico; allí dice fin del 11 volumen, cuando es
el primero de la serie ó volumen m.
De acuerdo con lo dispuesto por la Academia Nacional
de Historia y por el Ministerio de Instrucción Pública, se ven
de el Bo l e t ín d e His t o r ia y An t ig ü e d a d e s en la Im
prenta Nacional, á los siguientes precios:
El número suelto........................................... $ 5 ••
El volumen de doce números (un año). — 5o - -
Cada mes aparece un número, algunos con ilustraciones,
La Secretaría de la Academia de Historia Nacional está
al servicio del público desde las 12 m. hasta las 3 p. m. en el
local número 265 de la calle 10.
IMPRENTA NACIONAL