Intervenciones Psicoanalíticas en Niños
Intervenciones Psicoanalíticas en Niños
CLÍNICA PSICOANALÍTICA I 1
Historia de la Infancia - Lloyd deMause 4
Intervenciones en la clínica psicoanalítica con niños - Beatriz Janin 4
El sufrimiento psíquico en los niños - Beatriz Janin 11
El niño en análisis y el lugar de los padres - Alba Fresler 16
La primera entrevista con el psicoanalista - Maud Mannoni 21
El niño, su “enfermedad” y los otros - Maud Mannoni 25
Padres, madres y parientes de niños en análisis. El dispositivo de presencia en la clínica
psicoanalítica lacaniana con niños - Pablo Peusner 28
La transferencia a la cantonade - Erik Porge 32
El niño y el significante – Ricardo Rodulfo. 35
La violencia de la interpretación. Del pictograma al enunciado - Piera Aulagnier. 37
La fundación de lo inconsciente – Bleichmar. 39
Hay un fin de análisis para los niños - Eric Laurent. 44
Niños y púberes. La dirección de la cura - Liliana Donzis 46
Del suceder psíquico - Neves y Hasson 47
Dos notas sobre el niño - Jacques Lacan. 51
El creador literario y el fantaseo - Sigmund Freud 51
La imagen inconsciente del cuerpo - Francoise Doltó 52
Más allá del principio de placer - Sigmund Freud 61
Proyecto de psicología para neurólogos: Primera vivencia de satisfacción - Sigmund Freud 65
PULSIÓN 67
LA REPRESIÓN (1915) 72
Introducción a la obra de Melanie Klein - Hannah Segal 75
El proceso de maduración en el niño - Donald Winnicott 80
Realidad y juego - Donald Winnicott 90
Los otros creen que no estoy. Autismo y otras psicosis infantiles - Velleda Cecchi 94
Qué es el autismo - Tendlarz y Bayón 104
Psicoanálisis en Problemas del Desarrollo Infantil - Alfredo Jerusalinsky 112
Posiciones perversas en la infancia - Lujan Iuale, Luciano Lutereau, Santiago Thompson 122
Metamorfosis de la pubertad - Sigmund Freud (1905) 125
Patologías del acto en la adolescencia - José Barrionuevo y Alicia Cibeira 126
Acerca de las Neurosis - Caso Hans 132
Caso: “La joven homosexual / Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina.” Freud
(1920) 139
Caso Dick 140
Caso Daniel 145
Caso Piggle 148
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Historia de la Infancia - Lloyd deMause
El autor apunta que el concepto de infancia que tenemos actualmente así como la actitud hacia la infancia
nace en la época contemporánea.
La noción de infancia varía a lo largo de la historia, hasta el punto que podemos afirmar que la concepción de
la infancia como grupo social específico no existe hasta muy entrado el siglo XVIII. Antes los niños no
existían. Se confunden entre la población y sufren la agresión del adulto.
Se inspira en el psicoanálisis para construir la Teoría psicogénica de la infancia, la tesis principal de la cual es
que la infancia debe estudiarse desde la génesis de las relaciones paternofiliales.
Cuando un adulto se halla ante un niño que necesita algo, el adulto dispone de tres reacciones:
1. Reacción proyectiva: puede utilizar al niño como vehículo para la proyección de los contenidos de su
propio inconsciente. En este tipo de reacción el adulto considera que las diferentes reacciones del niño
están hechas con intencionalidad y que tienen un componente de provocación hacia ellos.
2. Reacción de inversión: puede utilizar al niño como sustituto de una figura adulta importante en su
propia infancia. El niño debe satisfacer necesidades afectivas de los adultos y está “protegido”
mientras el adulto obtiene un provecho y reduce sus ansiedades. Se da una evidente inversión en
papeles donde el niño acostumbra a asumir responsabilidades que corresponden al adulto mientras
que el adulto manifiesta un comportamiento infantilizado.
3. Reacción empática: puede experimentar empatía respecto a las necesidades del niño y actuar para
satisfacerlas.
En función de estos tres tipos de reacción, se establecen seis periodos en las formas de relación
paterno-filiales que han ido apareciendo a lo largo de la historia:
1. Infanticidio: el derecho de vivir o morir del niño lo poseían los padres. Actitud pasiva hacia los niños,
dejarlos de lado, indiferencia, que los mataba de a poco. Con la muerte del niño, los padres resuelven
las angustias que le produce el niño.
2. Abandono: el discurso religioso le da otro estatus al niño. Los niños se abandonaban, desprotegidos
gravemente que generalmente acababan con la muerte del niño.
3. Ambivalencia: no hay un lugar específico en la sociedad para el niño; los adultos no tenían
conciencia de las particularidades o de los procesos de crecimiento y maduración. Explotación de los
cuerpos infantiles, le daban una ganancia a la familia. Ingresa el discurso capitalista a la sociedad. Se
considera un niño malo con tendencias punibles, puede ser castigado y amoldado. Castigos físicos
habituales, para erradicar conductas del niño y para que el adulto descargue su peso emocional.
4. Intrusión: aparece el sentimiento moderno de la infancia. El niño comienza a tener otro lugar pero
sigue siendo corregido y evaluado. Nace la pediatría como especialidad médica. Disminuye la
mortalidad infantil.
5. Socialización: las proyecciones descienden notablemente, el carácter habitual se decanta más hacia
cuidar y formar (guiarlo) en lugar de dominar la voluntad del niño/a.
6. Ayuda: la relación con el niño pretende ser básicamente empática. Actitud parental paciente y
dedicada.
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En las entrevistas preliminares se va esbozando quién pide y qué es lo que pide, quién sufre y por qué; se
puede ir reconociendo en parte, los avatares pulsionales y defensivos de padres e hijos. Y también donde se
va poniendo en juego la historia de cada uno, de la pareja, del hijo, las identificaciones y las relaciones
transferenciales que se entrecruzan.
Consultar por un hijo implica generalmente una herida narcisista. Herida que genera dolor; los padres
¿no son suficientes para resolver sus problemas? un sinfín de ilusiones, sueños y expectativas se derrumban.
¿Quiénes consultan?
Es preferible que a la primera entrevista en la consulta concurran los padres solos, sin embargo, se reciben a
los que llegan y se los escucha, porque es el modo en que ellos eligieron presentarse y porque no soy yo la
que puede determinar de entrada quiénes son los consultantes.
Si pensamos las entrevistas con los padres como anamnesis, al estilo médico, como un lugar para recabar
datos, siguiendo un cuestionario prefijado, estaremos operando con una teoría de la historia como
acumulativa, con una idea de la constitución psíquica que nos lleva a buscar “hechos traumáticos”. Estaremos
suponiendo un registro “objetivo” de sucesos y por consiguiente que los padres funcionan a pura conciencia.
Cada suceso cobra sentido en tanto recuerdo ligado a otros recuerdos. Entonces, embarazo y parto,
alimentación y control de esfínteres, se enlazarán a las pasiones, a los conflictos, a las esperanzas y a las
decepciones que marcan los avatares de la relación, irrepetible en su repetición, de esos padres con ese hijo
→ Preguntar sobre cuánto tiempo tomó el pecho o cuando fue el control de esfínteres son datos que,
preguntados en la primera entrevista, obturan la posibilidad de que esos elementos aparezcan en un relato en
el que se anuden a afectos y a otros recuerdos. También hay que tener en cuenta que el padre y la madre
suelen relatar historias distintas, acompañadas de diferentes matices afectivos → esto hace que no se pueda
predecir de antemano el número de entrevistas, en tanto no sabemos qué rumbo van a tomar ni cuánto
tiempo pueden llevar.
Una cuestión clave es, desde el comienzo, ubicarse como psicoanalista, renunciar a un lugar de juez o de
maestro, de aquél que conoce los secretos del “niño perfecto” y de la crianza ideal.
Tipos de consultas
Niño El niño aparece como causa del malestar familiar y quieren acallarlo. Prima
problema la desesperación y es fundamental escuchar a los padres. No pueden
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descentrarse de sí y pensar al niño como un ser sufriente. Solo en la medida
en que se sientan escuchados, contenidos y sostenidos por otros, podrán ir
armando un lugar, un espacio para su hijo.
Aquí lo más importante es ir desarmando las certezas de los padres
respecto al niño.
Niño Hay un registro del niño como sujeto sufriente, con conflictos y
sufriente posibilidades.
Los padres tienen angustia pero también esperanza. Parte del trabajo ya
está hecho.
No hay tipos de consulta puras, sino que pueden aparecer fluctuaciones entre una y otra posición.
Otra cuestión a tener en cuenta en estas entrevistas es la duda, señal de que está operando la represión,
predominio neurótico; mientras que cuando prevalecen las certezas, habrá primacía narcisista, lo que llevaría
a la necesidad de hacer algunas intervenciones particulares, en tanto tendremos que ayudar a abrir
interrogantes allí donde aparece un “lleno” que tape el vacío.
El modo en que encaremos las primeras entrevistas va a determinar en gran medida el curso de las
posteriores.
Diferencia entre trastorno en la estructuración psíquica y síntoma: Los trastornos son fallas en la
constitución del aparato psíquico que derivan de conflictos que incluyen a varios individuos; son efecto de
movimientos defensivos, deseos contradictorios, identificaciones, prohibiciones, externos o internos al aparato
psíquico. En cambio, el síntoma es el producto de la transacción entre lo reprimido y la represión.
Entrevistas “abiertas”
No hay pautas precisas, los consultantes van marcando los hilos de la historia por los que podemos ir viendo
la trama que se fue armando.
Las entrevistas de inicio implican una escucha activa, que muestra un analista atento a todo lo que se dice y
hace, interesado en lo que se le transmite y que sigue el decurso de aquello que proponen los consultantes.
Preguntamos a partir de lo que ellos vienen desarrollando. Al indagar sobre lo que los otros relataron, al
intentar profundizar en algunas cuestiones mencionadas al pasar, se van registrando los vacíos, aquello que
fue omitido en el decir de los padres.
Nadie comunica de entrada los ejes fundamentales de sus padecimientos, pero sí da algunas líneas de
aproximación.
Freud → “Nuestra tarea no consiste en “comprender” enseguida un caso clínico; sólo habremos de
conseguirlo tras haber recibido bastantes impresiones de él”.
Se debe tener en cuenta cómo se posiciona cada uno frente al padecer del niño y ante la situación difícil de
pedir ayuda para un hijo.
Si la realidad fundamental para un niño es la realidad psíquica de sus padres, se plantea la necesidad de
trabajar con esa realidad psíquica para posibilitar transformaciones en el niño mismo.
La realidad para un niño es la realidad psíquica de sus padres, me planteo la necesidad de trabajar con esa
realidad psíquica para posibilitar transformaciones en el niño mismo.
- El relato que los padres realicen sobre la vida del hijo es clave para pensar las vías identificatorias que
le han sido propuestas a ese niño.
- Debemos evaluar si pueden historizar la vida del niño y fantasear sobre su futuro.
- Debemos ir dando espacio frente a la pregunta “¿qué hacer?”, para que los temores, identificaciones e
ideales sean puestos en palabras y la compulsión a la repetición ceda, abriendo camino a la creación
→ Lo que nos proponemos es posibilitarles la creación de recorridos novedosos en el vínculo con su
hijo.
Especificidad del psicoanálisis con niños → aquellos que consultan por el niño están implicados en una
relación estructurante, es decir, no son relatores de una historia ajena, sino personas comprometidas con esa
historia.
Los padres son las primeras figuras de identificación:
- Primaria: supone “ser” el otro y por ende es totalizante;
- Secundaria: implica “ser como” el otro, por lo que tiene que ver con rasgos.
Ese “soy” viene precedido por una frase de otro (dicha o no) dirigida al niño. El yo va construyendo una
historia sobre su pasado y fantaseando un futuro; el niño se identifica tanto a la imagen que los otros le
devuelven como a la que le dan de ellos mismos. Es decir, el niño transforma, liga a su manera los
enunciados identificatorios que recibe y eso tendrá que ver en gran medida con los afectos que acompañan a
esa enunciación en las personas que los emiten. También tendrá que ver con las posibilidades de
relativizarlos que ese niño tiene; lo que transforma una frase en sentencia es el valor que el niño otorga a las
palabras de esos otros.
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Cuando el niño llega es importante informarle quién soy, cómo me llamo, que voy a intentar ayudarlo y que
los padres hablaron conmigo me transmitieron qué es loq ue los preocupa de lo que le está pasando, pero
también aclaro que me parece importante que él o ella me cuente en qué le gustaría que yo lo ayude, si hay
algo que le molesta, que le hace sufrir o que quisiera que cambie (siempre teniendo en cuenta las
posibilidades representacionales del niño). También señalo que me van a poder contar lo que les pasa del
modo en que quieran, que pueden jugar, dibujar, o modelar y que yo voy a tratar de entender lo que me
quieren decir. Y les aclaro que vamos a trabajar juntos. La palabra trabajo ayuda a enmarcar una situación en
la que él/ella no sólo viene a jugar sino que el juego es un modo de relatar y elaborar.
- El acto de preguntarle si hay algo que le preocupa, que le hace sufrir, que querría que cambie, es
importante porque es diferenciar la demanda de un niño de la de sus padres y maestros e implica
darle la palabra al niño, ubicarlo a él como protagonista de su historia y de su análisis.
¿Qué es lo que podemos pensar como la “cura” en el análisis de un niño? Será construir, estructurar,
instaurar diferencias, nombrar lo innombrable, armar una red representacional que opere como sostén,
deshacer mitos, quebrar repeticiones; abrir espacios diferenciados, de construir un adentro-afuera, de que la
excitación deje paso al deseo, de que se armen escenas. Que el niño pueda representar el mundo y que
encuentre placer en ello.
¿Hay un fin de análisis para los niños? El análisis se dará por finalizado cuando el niño haya realizado los
cambios necesarios, no sólo a nivel sintomático sino en su funcionamiento psíquico. Esto no quiere decir que
no nos importen los síntomas ni la resolución de los trastornos que presentaba. Por el contrario, lo que
intentamos es que no sólo dejen de estar presentes sino que no queden latentes, como aquello que puede
reaparecer en cada momento → Intentaremos entonces desanudar armados enquistados, desentramar
historias coaguladas, deshacer mitos, quebrar repeticiones, para que ese niño pueda desplegar sus deseos,
sus funciones yoicas, sostener fantasías, proyectos e ideales.
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cuando anticipamos que vamos a terminar, cuando hay una
constancia en el encuadre, con secuencias de sonidos,
repitiendo sus ruidos o movimientos, intentando instaurar una
secuencia placentera y compartida. Esto sobre todo se da con
niños que no tienen lenguaje verbal y no juegan ni dibujan.
Pasar del afecto al Dar sentido a expresiones que aparecen fuera de toda intención
sentimiento y del comunicativa, permite ir construyendo lenguaje allí donde
grito al llamado predominaba el vacío y la impulsión. Es frecuente que
verbalicemos, que pongamos en palabras aquello que el niño
siente, pero no tiene palabras para nombrar. El nombrar los
afectos, el devolverle una imagen de sí que lo conecte con lo
que le pasa, presupone pasar del afecto al sentimiento.
Nombrar el afecto sin plantear una certeza imposible, formular
la significación en forma de pregunta para que el niño pueda ir
apropiándose de lo que ocurre.
El juego
a. Se da cuando el niño tiene algo de exceso porque la vivencia no se ligó a otras representaciones
b. Es un modo de hacer activo lo vivido pasivamente
c. Requiere que pueda haber una diferenciación Yo-No yo, capacidad de sustitución, y capacidad de
presentificar una ausencia
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d. Sirve para la creación de enlaces representacionales, apropiación del acontecimiento, y
reorganización de huellas mnémicas
Tipos de juegos
Las intervenciones posibles son desde ir cambiando un juego repetitivo, seguir ritmos, armar diálogos con
sonidos, nombrar afectos, partes del cuerpo, delimitar espacios, diferenciar el cuerpo propio del cuerpo del
niño posibilitar el despliegue lúdico.
Las intervenciones estructurantes tienen que ver con la posibilidad de funcionar como un armado.
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2. Intervenciones de contención, permiten desplegarse sin desorganizarse, se recibe y se devuelve de
manera modificada al estallido del otro.
3. Intervenciones de nombramiento de afecto: nombrarlos, devolverles una imagen de sí que lo conecte
con lo que le pasa, ubicarlo como ser vivo, presupone que pase del afecto al sentimiento a través de la
identificación.
4. Armado de una trama: permite luego la construcción de una historia y sirve de sostén interno para
enfrentar los avatares de la vida.
5. Construcción de una historia (generalmente se hace con los padres) que permite ubicar al niño en un
antes y un después.
¿Qué se busca con estas intervenciones? Que se produzcan desfijaciones, desidentificaciones, posibilitar
el entramado de redes, ligar lo traumático, que el niño pueda ir sustituyendo modos de funcionamiento donde
prima el sufrimiento por otros más creativos y placenteros. Que pueda ubicarse como sujeto, que soporte
embates al narcisismo, que ceda la compulsión a repetir, que cuente con mecanismos defensivos ante
distintas situaciones.
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● Un mismo trastorno (o síntoma) puede aparecer en estructuras psíquicas muy diferentes. Es decir, no
hay correlación entre el síntoma y la estructura. Así, un problema como “la falta de atención” puede
estar ligado a un proceso de duelo, a una retracción en la fantasía, etc.
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2. Síntomas neuróticos, determinados por un conflicto intrapsíquico: producto de la transacción
entre lo reprimido y la represión.
Trastornos en la Ante la tendencia expulsora del niño que intenta echar fuera de sí todo lo
constitución de ligazones displaciente, la madre se ofrece como pantalla de proyección y a la vez
que operen como como metabolizadora. Pero si frente al grito, el otro funciona como espejo, si
inhibidoras del desborde es él el que estalla y se desborda y no contiene su propia angustia,
pulsional y de la descarga difícilmente el niño pueda tejer la trama, y el movimiento desincriptor se
a cero reforzará.
Dificultades en la Frente a la necesidad, así como frente al dolor, el bebé grita o llora y es la
atribución de significados madre la que va a otorgarle a esa descarga el sentido de un llamado. Si no
se le otorga un
sentido, si no es escuchado como un llamado, esto interfiere en las
posibilidades del niño de ir armando su capacidad de comunicar, de decir.
Cuando aquel que ejerce la función de significar las manifestaciones del
niño le otorga sentidos delirantes y/o autorreferenciales a su accionar (“Grita
porque me quiere volver loca”), lo que hace es ejercer una violencia, a
veces devastadora.
Trastornos en la La ligazón de las diferentes zonas erógenas está posibilitada por otro
constitución de una unificador. Para movernos armónicamente debemos tener la convicción de
imagen unificada de sí que somos una unidad, y que el otro está separado de nosotros, es alguien
a quien nos podemos acercar y de quien nos podemos alejar. Es clave ser
mirado como sujeto. Pero a veces puede pasar que no hayan tenido un
espejo, o que se unifiquen a una representación negativa pero que les
permite ser alguien, o que los padres les devuelvan una imagen unificada
incompatible con ser amado.
Trastornos en el pasaje del La posibilidad de sentir sentimiento está dada por la respuesta empática de
afecto al sentimiento otro que pueda poner en palabras lo que el niño registra como puro
displacer. Cuando no hay posibilidad de tramitar los afectos, estos quedan
como marcas en el cuerpo, que llevan a patologías psicosomáticas.
Trastorno por predominio Cuando lo vivenciado se torna insoportable, es expulsado hacia el mundo,
de la desestimación dejando un vacío y un mundo que cobra características siniestras. El niño
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vive el medio como hostil y cuando este avanza, el niño se empobrece. Esto
puede generar un rechazo de sí mismo, una desestimación del pensamiento
doloroso o que los deseos no puedan sostener y haya apatía.
Falla en la salida del Puede pasar de que exista un exceso de narcisización y una imposibilidad
narcisismo. Trastornos por de los padres de ubicar a su hijo en relación con las leyes de la cultura, ya
predominio de la que su caída
desmentida supondría soportar las propias fracturas narcisistas. Ante la imposibilidad de
tolerar la caída de los padres, el niño tenderá a desmentir las carencias
materno-paternas y
a ofrecerse como sostén del narcisismo parental a costa de su propio juicio
de realidad.
Efectos de identificaciones Todo niño se constituye como sujeto a partir de identificaciones con el otro,
masivas del estilo “yo soy pero cuando estas se vuelven masivas y un padre lo ubica como
el otro” equivalente a él, lo limita a ser una versión de sí mismo que tiene un solo
camino a transitar. Ya todo está escrito y el niño sólo puede ser una
reedición de una vida ajena: “Es igual a mí. Yo sé que miente, porque yo he
sido siempre un mentiroso”.
Renuncia a sujetarse a La ética de los padres opera como estructurante ya que en su transmisión
normas culturales se le otorgan al niño vías transformadoras de las metas pulsionales.
Cuando una madre erotiza a su bebé no sólo sus deseos están en juego,
sino que, en ella, Ello, yo y superyó están operando y guían los modos de la
erotización. Aquello que considere correcto e incorrecto, así como las
posibilidades sublimatorias, determinarán los modos del cuidado. Cuidado
del otro que es uno de los pilares de la moral cotidiana.
Si el adulto se supone Dios, y entonces no hay normas ni ideales que no
sean aquellos que emanan de su arbitrio, o si se siente confundido, o
renuncia de antemano a toda posibilidad de cumplimiento de ideales, la
transmisión se verá complicada (en la libidinización misma están operando
los deseos, normas e ideales).
Si lo que se le exige al niño es el sometimiento a la voluntad de otro, la
renuncia a sí mismo, esto ya no posibilitará una búsqueda creativa, sino una
anulación de la propia subjetividad.
Dificultades en el pasaje Los ideales del yo se caracterizan por apuntar al “ser” y a la perfección,
de los ideales, del yo-ideal implican una totalidad. Los ideales del yo son movibles, implican rasgos, y
al ideal del yo como son inalcanzables
marcan el camino a seguir. Estos son los rasgos de los padres, sus metas y
valores, y cómo son algo a alcanzar y a ser cumplido, siempre habrá una
distancia. Para que se puedan constituir los ideales del ideal del yo es
imprescindible que el yo haya caído como ideal.
Transmisión de secretos y Hay veces que en la familia hay cosas que se transmiten, no historias, sino
fantasmas silencios y vacíos, temas de los que no se puede hablar. Esto dejará marcas
de lo no dicho, y
pueden dejar agujeros en el psiquismo que llevarán a repeticiones
compulsivas de lo vivido por otros.
Repetición a través de las Hay veces que en la familia hay cosas que se transmiten, no historias, sino
generaciones silencios y vacíos, temas de los que no se puede hablar. Esto dejará marcas
de lo no dicho, y pueden dejar agujeros en el psiquismo que llevarán a
repeticiones compulsivas de lo vivido por otros
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Patologías graves en la infancia: A veces pueden llegar a la consulta niños que no hablan, no juegan, no
pueden controlar su cuerpo y vienen acompañados generalmente por adultos que exigen una cura urgente y
traen consigo el temor a una cronicidad.
- No debemos: Clasificar o catalogarlo, porque le estamos quitando su subjetividad.
- Debemos: Detectar sus dificultades, ver qué es lo que quiere decir y qué es lo que trae; Humanizarlo;
Tolerar sus idas y vueltas, sostener la conexión, posibilitarles regresiones y progresiones =
subjetivarlo.
Las patologías infantiles principales son las PSICOSIS INFANTILES y el AUTISMO (Tendlarz lo considera
estructura distinta la psicosis; Janin y Cecchi lo toman dentro de las psicosis infantiles).
Posibles Hay una violencia por parte de la Cecchi: No hay un Otro que signifique de
causas interpretación de los padres, quienes hacen manera adecuada las sensaciones del
sobreinterpretaciones y generan un exceso niño, que queda sumido en el desamparo
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de significación. No se da una subjetivación de modo persistente, por lo que no se logra
de ese niño. Este niño se supone existiendo la comprensión mutua. Por sentimientos
fusionado con la madre y cuando esta se hostiles de los padres, el niño entonces
va, queda paralizado, porque la separación queda expuesto a situaciones de dolor,
del Otro implica su desaparición. internas y externas, que no son
significadas, y que dificultan la
conformación de un yo con buen
funcionamiento inhibidor. Este odio de los
padres es reprimido y por lo tanto
difícilmente reconocido. Consecuencia: la
libido es retirada de los objetos y de esta
manera se produce la barrera del
encapsulamiento que permite el repliegue
defensivo.
Posibles El niño tendrá que destruir un discurso Detectar los más mínimos gestos y sonidos
intervenciones originario (materno) como verdadero para a fin de armar una respuesta a ellos e ir
poder pensarse a sí mismo en una sucesión armando un ritmo compartido.
generacional. Osea oponerse al Ir estableciendo un espacio transicional
pensamiento de alguien investido para permitir una conexión empática que
libidinalmente que a la vez es dé lugar a armar rep. cosa rep. palabras.
imprescindible para la vida. Tratar de significar lo que pueda estar
sintiendo.
Ir jugando con el objeto autista
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● Es sujeto del lenguaje, en primera instancia, en la medida en que su ser es un ser tocado por el
lenguaje.
● Una primera ganancia, agenciada ante la falta de un goce, es que despierta el deseo “Con esta sí, con
esta no”. Sólo si el objeto no está predestinado por el instinto puede haber elección de objeto.
● El sujeto no tiene edad pero sí tiempos, tiempos de lo Real, de reorientación de los goces; tiempos de
lo Imaginario, que se realizan en cambios de escena, y tiempos de lo Simbólico, en los cuales se
recrean los juegos de la palabra. En cada uno de ellos se podrán apreciar distinciones que atañen a
los tiempos del sujeto del inconsciente, tiempos del sujeto de la pulsión y tiempos del sujeto del
fantasma.
● Aceptar que el psicoanálisis atiende al niño pero apunta al sujeto y que tal sujeto no tiene edad
sino tiempos, invita a interrogar las intervenciones del analista, en función ya no de especialidades por
edades, sino atendiendo a especificidades del acto analítico según los tiempos del sujeto → Juegos,
juguetes, dibujos y el lugar de los padres no pueden ser reducidos a meros recursos técnicos para
sustentar una práctica especializada en el tema sino que responden a cuestiones de estructura.
- El nudo es útil para abordar las intervenciones del analista, en plural: intervenciones en lo Real, en lo
Simbólico y en lo Imaginario.
- Si se corta uno de los tres anillos, se desarma la estructura, también se separan los otros dos anillos.
- Para Lacan, el objeto a escribe una doble función: como falta, será causa del deseo, y como plus de
gozar, será objeto de goce. Cuando el objeto a falta o está ausente, es un plus de gozar, que en caso
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de mantenerse fijo, obtura como un tapón, el sitio o hueco necesario para el engendramiento o
promoción del movimiento deseante.
La anticipación de la madre
● En la madre, el deseo de un hijo no ha surgido sólo a raíz de una falta promovedora del anhelo de
tenerlo, sino también de una ilusión de obtenerlo. El falo que la sustenta como articulador significante,
incentivará en ella, desde ella, una operación que resultará fundante: la operación de anticipación del
sujeto por venir → Será la madre quien anticipará la existencia del sujeto cuando él no es siquiera un
viviente. Gracias a esa anticipación también se representará al bebé antes de que realmente esté
conformado, le podrá donar en su imaginación un cuerpo separado del propio cuerpo: comprar
escarpines anticipando abrigo para sus pies y hablarle sin esperar que le responda. En definitiva, ella
anticipará para él un lugar anudado, preexistente y necesario para el hecho mismo de engendrarlo. Tal
operación de anticipación impulsará el recubrimiento narcisista de su cuerpo y la llevará también a
buscarle un nombre.
● La función de esa operación de anticipación materna, esencial para el sostén narcisístico, y todas sus
consecuencias, es un tiempo que para el sujeto se dialectizará en una bivalencia: ser o no ser el falo.
- El falo imaginario, un franco operador introducido por la madre, concita un atractivo esencial
para la economía del deseo materno, contrayendo a su vez para el sujeto un comprometido
desafío → el niño intentará denodadamente convertirse en su equivalente y colmar las
expectativas propuestas para ser cuidado y atendido en sus necesidades básicas (Freud:
el cachorro humano sólo entra al mundo con la baraja de una equivalencia simbólica
significativa para otro ser humano, la madre).
Diferenciar:
- Falo como significante, naipe elemental para poner en juego una lógica de incompletud en la delicada dinámica
de la relación madre-hijo.
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- Falo imaginario como tiempo de cobertura y velo de esa primera falta que causó para la madre el deseo de tener
un hijo.
Tres son los historiales freudianos en los que son los padres quienes realizan la consulta: el padre de Juanito,
el de Dora y el de la joven homosexual. Ellos permiten situar, en la diversidad de respuestas que cada padre
da ante el desajuste que se presenta en sus hijos, tres versiones de la impotencia del padre:
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La autoridad de los padres
● La profunda dependencia que el cachorro humano mantiene con otro ser humano es primordial para
su existencia como sujeto → A tal punto que, los modos en que esa dependencia renueve su apuesta,
desde el nacimiento hasta la pubertad, definirán otro de los logros mencionados por Freud
(Metamorfosis de la pubertad), el desasimiento de la autoridad de los padres.
● El desasimiento de la autoridad se ha de lograr sólo si la autoridad funcionó.
● Autorizado no por sí mismo, sino por el nombre que lo hizo padre, la autoridad del padre ha de
funcionar renovando su operación dominante, enlazando la regulación y el acceso a cada nuevo goce
para cada uno de los tiempos del sujeto en la infancia. De este modo, cada nominación provee
elementos para enlazar goces y entramarlos en la orientación deseante, que, por esta vía, se
encaminará hacia la salida exogámica, conllevando en este trámite el desasimiento de la autoridad de
los padres, sólo si la autoridad funcionó. De lo contrario, si falla la función, el sujeto en lugar de
desasirse se deshace. Los desórdenes pulsionales suelen ganar la partida; muchas veces inclinando
la balanza hacia la muerte más que hacia la vida.
● El resultado de la operación “deseo de los padres” tendrá por condición y contrapunto que los padres,
transmisores como tales de la ley del deseo entre ellos y por el hijo, al mismo tiempo pongan a
resguardo sus goces. O bien hagan privado sus goces de hombre y de mujer u ofrezcan el velo
indispensable, activador, generador del vacío orientador de su propia vía deseante sobre el que un hijo
montará la pantalla del fantasma.
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poco la virtud de la palabra, se reclama una respuesta acorde a la demanda. No hay búsqueda de
saber. Semicerrados a cualquier pregunta que reinstituya “la dignidad del síntoma”, esos padres se
muestran refractarios a cualquier movimiento dialéctico.
3. Algunos padres llegan enviados, están molestos. Ellos jamás se hubieran acercado a un analista y, si
l o hacen, es porque alguna instancia los ha dirigido allí. Tal terceridad suele ser aquel que ha
registrado la persistencia de algún goce parasitario que, sin duda, no causa malestar en los padres,
sino que generalmente hace ruido en el ámbito público: la escuela, la calle, el hospital, el juzgado →
De ser así, los padres vienen molestos por la interrupción de un goce que a ellos no los perturba y el
analista ha de vérselas con el costado más real de la transferencia que lo enfrenta con perfiles
francamente pasionales.
Consultan. Buscan saber El niño como objeto de Vertiente simbólica de la Es el caso más abierto al
(preguntan). deseo. transferencia. lugar de síntoma que el
niño ocupa en la pareja
parental.
Cuando se trata de niños perturbados, es el niño quien, mediante sus síntomas, encarna y hace presentes las
consecuencias de un conflicto viviente, familiar o conyugal, camuflado y aceptado por sus padres.
El niño es quien soporta inconscientemente el peso de las tensiones e interferencias de la dinámica
emocional sexual inconsciente de sus padres → El niño o el adolescente son sus portavoces; de este modo,
los síntomas de impotencia que el niño manifiesta constituyen un reflejo de sus propias angustias y procesos
de reacción frente a la angustia de sus padres.
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La profilaxis mental de las relaciones familiares patógenas
Lo que tiene importancia, no son los hechos reales vividos por un niño, tal como otros podrían percibirlos, sino
el conjunto de las percepciones del niño y el valor simbólico originado en el sentido que asumen estas
percepciones para el narcisismo del sujeto → Este valor simbólico depende en alto grado del encuentro del
sujeto con una experiencia sensible efectivamente nueva, y de las palabras (justas o no) o la ausencia de
ellas con respecto al hecho, en las personas que él escucha; estas palabras, o su falta, se conservan y se
volverán a presentar en su memoria como representantes verdaderos o falsos de la experiencia vivida. La
imposición del silencio ante las preguntas y las palabras del niño o la falta de diálogo respecto de estas
percepciones, no integran, en realidad, esta percepción real del niño al mundo humano, y las relegan, a ellas
y a quien las ha vivido con pena o con placer, al mundo de la mentira o a lo inefable del mutismo cósmico
mágico. Esto puede producirse en relación con experiencias reales directas, pero también con experiencias
no reales.
Toda vez que antes de la edad de la resolución edípica (6-7 años como mínimo) uno de los elementos
estructurantes de las premisas de la persona es alterado en su dinámica psicosocial (presencia o ausencia de
uno de los padres en un momento necesario, crisis depresiva de uno de ellos, muerte que se esconde,
características antisociales de su conducta), la experiencia psicoanalítica nos muestra que el niño está
informado de ello en forma total e inconsciente y que se ve inducido a asumir el rol dinámico complementario
regulador como en una especie de homeostasis de la dinámica triangular padre-madre-niño → Esto es lo
patógeno para él.
● La situación particular de cada ser humano en su relación triangular real y particular, por dolorosa que
sea o haya sido, conforme o no a una norma social, y, si no se la camufla o falsifica en las palabras, es
la única que puede formar a una persona sana en su realidad psíquica, dinámica, orientada hacia un
futuro abierto. Cualquiera sea el sujeto, esta situación triangular se construye a partir de su existencia
inicial en el momento en que él la concibe, y luego, en su inexistencia o en su existencia hechas
presentes, en su primera y segunda infancia, por sus verdaderos progenitores. En ese caso, está
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simbolizada, para el niño, por personas sustitutivas en quienes transfiere sus opciones bipolares
sexuales.
El ser humano sólo puede superar su infancia y hallar una unidad dinámica y sexual de persona social
responsable si se desprende de ella a través de una verdadera expresión de sí mismo ante quien pueda
oírlo. Este "decir" lo ubica, entonces, en su estructura de
criatura humana verídica, cuya imagen específica, verticalizada y orientada hacia los otros hombres por el
símbolo de un rostro de hombre responsable, el suyo, es referida a sus dos progenitores particularizados, y
al nombre que recibió a su nacimiento de acuerdo con la ley.
¿Qué quiere decir resolución edípica? Se trata de una aceptación de la ley de prohibición del incesto, una
renuncia, incluso a nivel imaginario, al deseo de contacto corporal genital con el progenitor del sexo
complementario y a la rivalidad sexual con el del mismo sexo. Es también una aceptación del duelo de la vida
imaginaria infantil protegida, ignorante, llamada inocente; se trata también de una eventual aceptación de la
muerte posible de los padres, sin culpabilidad mágica al pensar en ella.
1. Las pesadillas o las escenas de oposición de caracteres o de celos de amor que traducen el período
crítico de los 7 años cesan, ya no aparecen más los pequeños síntomas que caracterizan la vida de
todos los niños en esa época. El niño, en circunstancias favorables, comienza a desinteresarse en
forma cortés, pero clara, de la impresión que causa a su padre o a su madre, a despreocuparse por su
vida íntima que, hasta el momento en que conoció su sentido (al que su nacimiento y el de sus
hermanos y hermanas confirman), estimulaba su curiosidad.
2. Se vuelve mucho más sensible a las condiciones sociales. Se interesa cada vez más, lo demuestre o
no, en la vida de los niños de su edad, en su escolaridad, en sus propias ocupaciones personales, y
abandona el modo de vida en el que todo giraba para él alrededor del juicio de los adultos sobre su
persona, tanto en su hogar como en el mundo exterior.
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3. El hecho de que el complejo de Edipo ha sido resuelto se manifiesta en forma indirecta cuando el niño
que se desenvuelve bien en el hogar puede desplazar la situación emocional triangular primitiva y
situarla en el medio ambiente, en la escuela y en las actividades lúdicas: de entre sus muchos
compañeros, puede hacerse dos o tres amigos verdaderos, amistades que todavía están expuestas a
desilusiones que las pongan a prueba. Por el contrario, el niño que no ha resuelto su Edipo sigue
estando muy dominado por el ambiente emocional de su relación con el padre o con la madre.
“El rol del psicoanalista es el de permitir que un sujeto neurótico o enfermo mental descubra su sentido, y también el de
lanzar un grito de alarma ante las carencias de la educación estatal, los métodos e instituciones escolares tan a menudo
patógenos, y frente a las carencias y al rol patógeno individuales de muchos padres del mundo al que se llama
civilizado”.
Freud → una palabra, incluso cuando es engañosa, constituye como tal la verdad del sujeto: su decir tiene
que ser integrado en el discurso del inconsciente. Los recuerdos de la infancia y los “traumatismos” adquieren
un sentido cuando se los sitúa con relación al deseo del sujeto.
El juego en un análisis debe ser comprendido, no en el nivel de una experiencia vivida, sino como uno de
los elementos o accidentes del discurso que se emite.
Erikson → el analista debe introducirse en el mundo fantasmático del paciente, ya que si se queda fuera, solo
podrá dar una descripción del fenómeno carente de utilidad curativa; “La cura solo tiene sentido cuando
logramos hacer rebotar la pregunta no únicamente en el niño sino también en los padres” → De este modo
seguimos el desarrollo de un tema mítico en el cual el enfermo y su familia ocupan un puesto aunque no lo
sepan.
En la cura debe darse mucha importancia al fantasma, que no debe comprenderse como imagen o huella de
la experiencia vivida sino como palabra perdida.
El síntoma aparece como una palabra por medio de la cual el sujeto designa, de forma enigmática, la manera
en que se sitúa con respecto a toda relación de deseo.
En el análisis, no importa la relación de dos con el analista, sino lo que ocurre en el discurso, es decir, el lugar
desde donde el sujeto habla, a quién se dirige y para quién lo hace.
Como analistas, tenemos que enfrentarnos con una historia familiar. La evolución de la cura es en parte
función de la manera en que cierta situación es aprehendida por nosotros. El niño que nos traen no está solo,
sino que ocupa un sitio determinado en el fantasma de cada uno de los padres. En cuanto sujeto, él mismo se
encuentra a menudo alienado en el deseo del Otro. El niño no puede ser aislado artificialmente de cierto
contexto familiar; desde el comienzo tenemos que contar con los padres, con su resistencia y con la nuestra.
- La realidad de la enfermedad no es subestimada en ningún momento en un psicoanálisis, pero se trata
de desentrañar de qué manera la situación real es vivida por el niño y por su familia. Lo que adquiere
entonces un sentido es el valor simbólico que otorga el sujeto a esa situación en resonancia con cierta
historia familiar.
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- Para el niño, asumirán importancia las palabras pronunciadas por quienes lo rodean acerca de su
enfermedad → Esas palabras o su ausencia crearán en él la dimensión de la experiencia vivida.
También la verbalización de una situación dolorosa le permitirá dar un sentido a lo que vive.
- En la cura, lo que va a reemplazar a la demanda o a la angustia de los padres y del niño, es la
pregunta del sujeto, su deseo más profundo que hasta entonces estaba oculto en un síntoma o en un
tipo particular de relación con el medio.
La transferencia es un concepto propuesto por Freud (1895,1901,1912) para designar el dispositivo que se
organiza en la situación analítica y que permite la asociación libre y el análisis propiamente dicho,
señalando que no se provoca, sino que tiene lugar, y que es lo que permite la interpretación.
Las reacciones de los padres forman parte del síntoma del niño y, en consecuencia, de la conducción de la
cura.
El niño enfermo forma parte de un malestar colectivo, su enfermedad es el soporte de una angustia parental.
Si se toca el síntoma del niño se corre el riesgo de poner brutalmente en descubierto aquello que en tal
síntoma servía para alimentar, o para colmar, la ansiedad del adulto.
Sugerirle a uno de los padres que su relación con el objeto de sus cuidados corre riesgo de ser cambiada,
implica suscitar reacciones de defensa y de rechazo. Toda demanda de cura del niño, incluso cuando está
motivada en el plano de la realidad, cuestiona a los padres, y es raro que un análisis de niños pueda ser
conducido sin tocar para nada los problemas fundamentales de uno u otro de los padres (su posición con
respecto al sexo, a la muerte, a la metáfora paterna).
El analista está sensibilizado por lo que se expresa en esos registros; participa de la situación con su propia
transferencia → Necesita situar lo que representa el niño dentro del mundo fantasmático de los padres y
comprender también el puesto que éstos le reservan en las relaciones que establece con el hijo de ellos: las
bruscas interrupciones de la cura están en relación por lo general con el desconocimiento, por parte del
analista, de los efectos imaginarios, en los padres, de su propia acción sobre el niño.
Toda demanda de curación de un niño enfermo hecha por los padres debe ser situada ante todo en el plano
fantasmático de los padres (y particularmente en el de la madre) y luego debe ser comprendida en el nivel del
niño (¿Se siente implicado por la demanda de curación? ¿Cómo utiliza su enfermedad en sus relaciones con
el Otro?). El niño solo puede comprometerse en un análisis por su propia cuenta si se encuentra
seguro de que está sirviendo sus intereses y no los de los adultos.
Este problema se plantea también de una manera diferente en los casos de psicosis y de atraso mental.
Cuando madre y niño se encuentran en una relación dual, es en la transferencia donde se puede llegar a
estudiar lo que está en juego en esta relación, e interpretar de qué modo, por ejemplo, las necesidades del
niño son pensadas por la madre. Con esto se alcanzan ciertas posiciones fundamentales de la madre, que
solo pueden analizarse a través de la angustia y en una situación persecutoria.
Los padres siempre están implicados de cierta manera en el síntoma que trae el niño. Esto no debe perderse
de vista, porque allí se encuentran los mecanismos mismos de la resistencia: el anhelo inconsciente “de que
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nada cambie” a veces tiene que hallarse en aquél de los padres que es patógeno. El niño puede responder
mediante el deseo “de que nada se mueva”, reparando así (perpetuando su síntoma) sus fantasmas de
destrucción con respecto a su madre.
Por lo tanto, si se pudiese introducir una nueva dimensión en la concepción de la situación transferencial,
sería partiendo desde el puesto de escucha del analista para aquello que se juega en el mundo fantasmático
de la madre y del niño.
El analista trabaja con varias transferencias. No siempre le resulta cómodo situarse con sus propias
fantasías en un mundo donde corre el riesgo de convertirse en aquello que una alternativa pone en juego:
alternativa de muerte o vida para el niño o para los padres, que despierta el fondo de angustia persecutoria
más antiguo que en él subsiste.
- El problema de los padres se plantea de manera diferente según se trate de psicosis o de neurosis: la
diferencia reside esencialmente en el problema particular que suscita el análisis de un niño que, por la
situación dual instaurada con la madre, se presenta para nosotros únicamente como “resultado” de
cuidados y nunca como el sujeto del discurso que nos dirige. Puesto que esta situación no se creó por
obra del niño únicamente, se comprende entonces hasta qué punto el adulto puede sentirse
cuestionado a través de la cura de su hijo.
“Parientes” → en el diccionario de la lengua francesa, les parents, también se utiliza para referirse a todas
aquellas personas con las que se tiene un lazo familiar, más allá incluso del lazo sanguíneo.
Quienes practican el psicoanálisis con niños se encuentran siempre con los padres, las madres y/o con los
parientes de los analizantes en el consultorio (y esto es algo que no es la norma en los casos de analizantes
que no son niños, aunque en ciertas ocasiones resulte necesario aplicarla, en función de determinadas
coordenadas de los casos.
La presencia de padres, madres y parientes en el consultorio nos obliga a tomar decisiones muy rápidamente,
no tenemos tiempo de pensar en ese momento. Sostengo que el psicoanalista solo podrá tomar decisiones
analíticas si previamente ha estudiado y reflexionado en torno a los problemas teóricos que delimitan su
campo de intervención.
¿Cómo responder en diversas situaciones que ocurren sólo porque tenemos a los padres, madres y
parientes de los niños presentes físicamente en el consultorio? La única manera es reflexionando mucho
acerca de las cuestiones teóricas que organizan nuestro trabajo e intentando utilizar ese recurso para dar una
respuesta → Esta presencia, en la clínica psicoanalítica lacaniana, no es un problema técnico.
La presencia no es un real de la clínica psicoanalítica → Existe una dependencia de los niños a sus otros
primordiales, pero se trata de un fenómeno biológico, y la noción de real en juego allí es distinta de la noción
de real propia del psicoanálisis. Lacan afirma que esa dependencia del individuo es al significante “en un
estadio increíblemente precoz de su desarrollo”.
Hay psicoanalistas que atienden niños y no trabajan con esa presencia, no mantienen entrevistas regulares
con los padres (Melanie Klein); la excepción llega cuando hay algún problema serio, aunque en tales casos
son los padres quienes solicitan la entrevista o, directamente, irrumpen en el consultorio.
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Cuando hablamos de presencia se trata de un dispositivo.
Michel Foucault.
Dispositivo → red entre distintos elementos heterogéneos: discursos. Planificaciones arquitectónicas: los
consultorios para atender niños deben cumplir con ciertas condiciones, entre las cuales la más importante es
la sala de espera, sobre todo para quienes utilizamos la sesión de duración variable, una herramienta
específicamente lacaniana.
Decisiones reglamentarias, leyes y medidas administrativas también tenemos: horarios, honorarios,
frecuencia, política de sesiones caídas, etc.
Enunciados científicos.
Por otra parte, en lo que nos cuentan, escuchamos y prestamos mucha atención a lo dicho y a lo no-dicho,
algo que para nosotros también es muy importante.
Este modo de pensar la presencia de padres, madres y parientes como un dispositivo es la mejor manera de
evitar caer en el prejuicio biologicista de que los padres son inevitables porque están allí y acompañan la vida
del niño. Si los padres, madres y parientes están presentes en el consultorio a lo largo del análisis de un niño
es porque hay maniobras del analista que lo introducen, que lo producen. Y si esas maniobras no están, no se
ejecutan, no hay motivos para pensar que la presencia ocurrirá de todos modos.
- Objetivo central: acompañar la posición de estos actores para favorecer el desarrollo del análisis del
niño, trabajar con ellos para que ocupen el mejor lugar posible mientras se lleva adelante el análisis de
un niño, siendo el mejor lugar aquel desde donde el análisis se favorece y no se obstaculiza.
La palabra que hablamos todos los días, la palabra de cualquier persona, lleva la marca de todas las palabras
concretas (dichas), que se dijeron antes del nacimiento de la persona.
Nacemos tanto de las palabras como del acto sexual entre nuestros padres, allí hay un nudo entre lo real de
la reproducción, la articulación simbólica de los significantes y lo imaginario de su significación.
- Nuestros padres tanto como nuestros parientes son los intermediarios entre nuestra inexistencia (o
existencia solo simbólica) y nuestra existencia real, ya que sus palabras tienen un rol genésico.
Ocurre que muchas veces el cuerpo habla en un hueco fisiológico; es decir, en algún lugar del cuerpo donde
se cava un hueco y se deposita un síntoma. Lacan afirma que ese síntoma que habla allí, en el cuerpo, es en
realidad el reflejo de palabras dichas, vividas, que han determinado el nacimiento del sujeto. Hay una relación
directa entre esas palabras y lo que ocurra después.
- Hay una diferencia entre un sujeto y una persona. No hay persona sin cuerpo. El sujeto nace de las
palabras, incluso mucho antes de que aparezca el cuerpo… Y cuando decimos “sujeto” podemos
considerar la traducción del término francés sujet como “asunto”. Entonces, hay un asunto que surge
con las palabras de los padres y de los parientes mucho antes de que aparezca el cuerpo. Determinan
el inconsciente y los síntomas de la persona en cuestión. A la hora de trabajar clínicamente, no hay
ninguna necesidad de diferenciar entre un niño y un adulto cuando se desarrollan este tipo de
argumentos. Esto vale tanto como para cualquier paciente adulto como para cualquier paciente niño.
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Lacan → Constelación familiar: La constelación original que presidió el nacimiento de la persona, su destino, y
yo diría, incluso su prehistoria. Es, a saber, las relaciones familiares fundamentales que estructuraron la
reunión de sus parientes tiene una relación muy precisa y posiblemente definible mediante una fórmula de
transformación con lo que aparece como lo maps contingente, lo más fantasmático y lo más paradojalmente
mórbido de su caso.
- Es probable que si logramos establecer la constelación familiar de alguien, luego podamos seguir la
fórmula de transformación para captar cómo esta se transformó en la manifestación clínica en
cuestión.
- La constelación del sujeto está formada en la tradición familiar por el relato de cierto número de rasgos
que especifican la unión de los parientes → En todas las familias circulan estos textos que le otorgan
cierta especificidad a la historia, al linaje, a los nombres y apellidos en juego; y no necesariamente son
historias vergonzosas, a veces son bastante particulares, cómicas, dramáticas, e incluso presentan
diferentes versiones.
En psicoanálisis se repite lo mismo que no es lo mismo. Que algo ocurra puede tener muchas causas, incluso
puede ser un accidente. Pero si eso ocurre por segunda vez, es mucho más difícil creer que uno no está
implicado allí de cierta manera, cuesta más evitar sentir una apelación a la posición subjetiva.
En la repetición psicoanalítica hay algo que cambia, que se modifica, que se transforma… Pero también
hay algo que persiste, algo que sigue estando, que permanece y que encontramos siempre en el mismo lugar.
Eso es lo que tenemos que intentar establecer a través de las generaciones. Nosotros trabajamos con niños y
esos niños forman parte de una secuencia de generaciones. Y les recuerdo que Lacan exigía un trabajo a
través de tres generaciones para lograr obtener cierta rigurosidad en la interpretación de ese legado, de ese
asunto o sujeto.
Ese núcleo de la repetición que se tiende a pensar como algo muy personal, es una manifestación del Otro en
uno → Si lo que hay en el niño en realidad es una transformación de algo que ya existía en una generación o
en dos generaciones anteriores, es posible plantear que eso que encontramos en el niño, el síntoma, está de
alguna manera afectado por lo que viene del Otro o de lo Otro. Creo que cuando Lacan decía que el
inconsciente es el discurso del Otro, justamente, hablaba de esta misma lógica.
No todo lo que hay en uno es de uno; a su vez, esto plantea la dificultad de poder establecer qué hay en uno
que sea de uno, y qué es lo que viene del Otro. Cuando planteamos que el síntoma está generado por una
fórmula de transformación que opera sobre la constelación familiar, uno perfectamente podría preguntarse de
quién es el síntoma. Aunque quien le ponga el cuerpo sea el niño es posible suponer que en ese síntoma hay
algo del Otro.
Hay otra clínica psicoanalítica que puede abordar lo que le ocurre a un sujeto humano hablante como un
asunto relacionado con lo que se inscribe en Otro lugar → Esta clínica encuentra su segundo obstáculo (el
primero son los analistas mismos que se niegan a estudiar esas cosas) en los padres, madres y parientes de
nuestros pacientes niños. En ocasiones, al enunciarles que utilizaremos el dispositivo que exige su presencia,
puede ocurrir que respondan: “Pero… ¿para qué? Si el que tiene el problema es el niño…”. En tales casos,
ellos mismos harán coincidir el síntoma con la persona del niño, con su cuerpo discreto, y sugerirán que el
asunto que lo causa no está relacionado con Otro asunto que los incluye.
● Lacan afirma que la familia conyugal es un residuo de las anteriores (patriarcal, paternal, agnática,
cognática, etc) en tanto que más allá de las variaciones de formato, hay algo que no ha variado, algo
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imposible de reducir, “irreductible” dice el: la transmisión. Hay transmisión más allá del cambio de
formato.
El dispositivo de presencia de padres, madres y parientes se trata de aquellos enunciados que pudieran dar
cuenta de la continuidad entre las generaciones.
Lacan → “criptograma”, un documento cifrado que es contado por el paciente, es consciente de él. Solo que
no conoce el código en el que está cifrado y por eso, hay que descifrarlo, leerlo, traducirlo. Ese texto en clave
representa al sujeto como asunto, al asunto de todo un sistema, de toda su constelación familiar, más allá de
sus límites sensibles y de sí mismo.
- Para Lacan, si bien se trata de un criptograma, resulta legible, es descifrable, tiene una lógica y una
coherencia que lo constituye.
→ “Se trata más de reescribir la historia que de recordarla”: hay padres, madres y parientes de nuestros
analizantes niños que cuando no recuerdan algún dato intentan investigarlo, contrastarlo, preguntarle a algún
otro familiar, etc. Allí es cuando surgen versiones cruzadas, distintas, y surge la verdad no-toda con la que
nos enfrentamos en el análisis todo el tiempo. La regla fundamental del psicoanálisis exige que se diga, pero
no que se diga la verdad. Esto es una especie de fenómeno neurótico. Los analistas no pedimos la verdad,
podemos trabajar perfectamente y con mucha efectividad sin que parezca toda la verdad, estamos
acostumbrados a verla surgir a medias.
- En diversas ocasiones, Lacan afirmó el carácter transindividual del inconsciente.
No tenemos un manual de instrucciones acerca de cómo proceder en las entrevistas con los padres y
parientes de un analizante-niño, pero podemos evaluar el potencial de situación: o sea, intentar aprovechar lo
que la situación nos provee para nuestros propios fines, intentar aprovechar lo que la situación nos provee
para nuestros propios fines, intentar obtener provecho del estado de las cosas en favor del objetivo que nos
proponemos.
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Me atrevo a afirmar que el análisis procede mediante una transformación silenciosa. No vemos crecer una
planta, pero cuando nos ofrece un fruto, allí resignificamos el proceso que se desarrolló, pero no vimos el
proceso, porque se trata de un proceso global.
¿La práctica con niños es realmente análisis? La práctica con niños está más expuesta que aquella con
adultos porque se desarrolla implicando a terceros que pueden intervenir directamente ante el analista.
¿Qué es lo mínimo que sólo un analista está apto para efectuar cuando los padres consultan a un
“psi”? La transferencia.
La cuestión que se plantea es saber si esta neurosis se encuentra en los niños o no. Sí dice Freud, en el caso
de neurosis en el adulto: “en ninguno de los que luego se vuelven neuróticos echamos de menos el
anudamiento a la enfermedad infantil, que no necesita haber sido demasiado llamativa en su época”. Pero de
todas maneras “la neurosis infantil no es la excepción, sino la regla”.
1932 → Freud inicia una distinción entre los estados propios de los niños y la neurosis. No es más la neurosis
de los niños la regla sino que son “(los) estados que es lícito equiparar a las neurosis” que atraviesan muchos
niños durante sus primeros años. Es el caso de todos aquellos que se enferman más tarde mientras que “en
numerosos niños la contracción de una neurosis no aguarda hasta la madurez; estalla ya en la infancia” →
Aparece una distinción entre una afección neurótica y estados equivalentes.
- La transferencia desempeña otro papel, puesto que los progenitores reales siguen presentes.
Transferencia en el adulto
Cuando el paciente muestra al menos tal complacencia que respeta las condiciones de existencia del tratamiento,
conseguimos regularmente dar una nueva significación de transferencia a todos los síntomas de la enfermedad,
reemplazar su neurosis ordinaria por una neurosis de transferencia, de la cual puede ser curado por el trabajo
terapéutico. La transferencia crea así un reino intermediario entre la enfermedad y la vida por el que se efectúa el
pasaje de la primera a la última. El nuevo estado endosó todos los caracteres de la enfermedad; pero presenta una
enfermedad artificial, que es por todos lados accesible a nuestras intervenciones. Es simultáneamente un fragmento
de experiencia vivida real, pero posibilitada por condiciones particularmente favorables, y tiene la naturaleza de algo
provisorio.
Esta simultaneidad de dos planos en la dirección del mensaje se llama “hablar a la cantonade”.
*Cantonade era un término de teatro, designaba, en las obras italianas, un costado del teatro donde una parte de los
espectadores estaban sentados sobre bancas en forma de pequeño anfiteatro. Luego designó los pasillos.
Hablar a la cantonade es hablar a un personaje que no está en escena.
No se trata del discurso egocéntrico de Piaget, donde la psicología sostiene que no hay una reciprocidad →
En este famoso discurso, que se puede grabar, el niño no habla para sí, como se dice. Sin duda, no se dirige
al otro, pero tiene que haber otros allí, entonces hablan, hablan a la cantonade, en voz alta y a nadie en
particular. Este discurso egocéntrico es a buen entendedor.
El punto de ruptura de la transferencia en uno de los padres es ese punto en que ya no es más buen
entendedor donde no escucha más la división del sujeto en su mensaje, justamente ahí donde sería
importante que la escuche. Este desfallecimiento es tan general como la neurosis del niño.
- Esta neurosis del niño, neurosis de transferencia, se declara cuando quien está a cargo de hacer
pasar socialmente el mensaje familiar, ya no asume su función de sujeto supuesto saber hacer pasar;
cuando rechaza la transferencia confundiendo; en su escucha del niño, el enunciado del mensaje
directamente dirigido a él con el lugar tercero al que es mensaje está destinado y desde donde
justamente puede regresar al sujeto → Es una respuesta mentirosa.
- Ese modo de desfallecimiento asigna al analista, cuando es solicitado, un lugar equivalente al que
juega para el niño la novela familiar (el conjunto de fantasías por las que el niño se imagina que es un
niño adoptado, de otro matrimonio, y que sus verdaderos padres son más distinguidos que aquellos
con los que vive) → Como lo subraya Freud, esas fantasías “sustituyen al padre efectivo por un padre
más noble; no hacen más que expresar en el niño la nostalgia de una época feliz y perdida en la que
su padre se le aparecía como el hombre más fuerte y su madre como la mujer más bella. El niño no
elimina, propiamente hablando, a su padre sino que lo enaltece. La novela familiar es una manera
de restablecer el pedestal de donde los padres han caído. El analista es llevado a cubrir la
misma función, a restablecer una transferencia puesta a prueba y es lo que hace en el mejor de
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los casos. Esto marca el límite del papel del analista en el análisis del niño y permite abordar la
cuestión del fin del análisis de niños.
En primer lugar, aparece que la transferencia del niño sobre el analista no es muy evidente, por eso a uno
siempre le asombra la lectura de informes de análisis de niños por la manera en que desde los primeros
encuentros el analista de algún modo fuerza la transferencia del niño. De entrada el analista se dirige al niño
como si hubiese comprendido.
En efecto, el analista llega a encontrar un lugar en la neurosis de transferencia del niño. Pero no será, como
en el adulto, una neurosis de transferencia que sustituirá a la neurosis ordinaria, porque esta neurosis
ordinaria es ya para el niño la transferencia. Entonces ¿cómo llamar a esta transferencia particular en el
análisis del niño? Es una transferencia indirecta que aspira a sostener la transferencia sobre la persona que
de entrada se reveló inepta para soportarla. Es además una transferencia indirecta contemporánea al
establecimiento de un lazo de transferencia sobre un progenitor en el mismo momento que este último
desfallece → propongo llamar a esa transferencia particular, la que se trata con el analista, una transferencia
a la cantonade.
● El analista permitirá que la neurosis de transferencia del niño se desarrolle y que el entorno la tolere.
● Lo que demanda el niño es que lo dejen hacer su neurosis. Quiere poder hablar a la cantonade, es su
manera de subir a escena. Incluso es necesario que el lugar de esta cantonade sea preservado y
diferenciado. Las intervenciones del analista sobre la ubicación de los padres frente a la neurosis del
niño son tan o más importantes que sus intervenciones directas sobre esta neurosis. De esas
intervenciones, la más simple pero no la menos eficaz, consiste simplemente en cerrar la puerta del
consultorio donde se recibe al niño.
● La transferencia sobre la persona misma del analista no puede ser analizada como tal por el niño. Esto
es correlativo al hecho de que la neurosis del niño está ya constituida como neurosis de transferencia
antes de encontrar al analista. La transferencia del niño sólo es analizada en tanto recoloca al niño en
un cuadro edípico; el trabajo del analista es su contribución social al edipismo.
● Si hay un límite estructural a la interpretación de la transferencia al analista no podría haber allí fin del
análisis con el niño.
● Este límite estructural existe. No hay análisis de la transferencia amorosa niño-analista. Este es
sistemáticamente proyectado sobre el plano edípico. Sino, uno se encuentra en un más allá de la cura.
● El niño no puede tener acceso al análisis de la transferencia amorosa con el analista, porque no tiene
acceso a lo que en y por el encuentro sexual, lo pone en la determinación de la fórmula “no hay
relación sexual” → La efectuación de esta prohibición puede, en el mejor de los casos, realizarse en el
niño con el psicoanálisis. Pero la prohibición no está sobre el mismo plano que lo imposible de la
relación sexual. No está solamente exceptuado para la reproducción, sino que, también está
exceptuado de un saber: “no hay relación sexual”. No saber que suplen las teorías sexuales infantiles.
El amor para el que el niño está listo es el amor determinado por las teorías sexuales infantiles: todos
los humanos tienen un pene, lo que provoca una Verwerfung del saber de la vagina y un efecto
paralizante: el niño es evacuado por el ano, la concepción sádica del coito.
Hay un momento en que el análisis del niño se detiene y esta detención se localiza por comparación con la
estructura de la relación amorosa, que más tarde será determinante.
Entonces ¿Cómo terminar un análisis con un niño cuando sabemos que por una necesidad de
estructura queda inacabado? El fin de los trastornos no es forzosamente el fin de la neurosis de
transferencia y el fin de esta neurosis no es forzosamente el fin del análisis. Entonces ¿cómo terminar de tal
forma que sea inacabado pero de una buena manera? Se puede intentar hacer que el fin de los trastornos
sea el fin de la neurosis de transferencia en el sentido en que yo lo definí. Ese no es siempre el caso. Por el
contrario, hay una diferencia a mantener: entre un fin de análisis de neurosis de transferencia y un fin de
análisis de la transferencia. Esta diferencia es además la garantía de que el sujeto pueda formular una
demanda, si siente la necesidad de ella, cuando sea adulto.
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¿Se debe tomar a un niño en análisis? Sí, a condición de detenerse a tiempo. Freud dijo que la neurosis y
sus equivalentes son la regla en el niño, pero que contrariamente a la tuberculosis, no hay vacuna posible y
que en general es espontáneamente superada.
- Lo que emerge como neurosis de transferencia, la neurosis del niño ¿es susceptible de una evolución
espontánea tal, que juegue exactamente el mismo papel que un psicoanálisis? Sí, pero sólo que sea
encontrado, en un momento u otro, un buen entendedor. Entonces ¿por qué el analista no lo sería?
Capítulo 7: Las tesis sobre el jugar (I): Más acá del juego del carretel
En los momentos de la estructuración subjetiva se observan variantes y transformaciones en las funciones del
jugar.
Winnicott → se habla del jugar, no de juego, ya que el juego remite al producto de cierta actividad, con
determinados contenidos, la actividad en sí debe ser marcada por el verbo en infinitivo, que indica su carácter
de producción.
El concepto de jugar es el hilo conductor para no perdemos en la compleja problemática de la constitución
subjetiva, dado que no hay ninguna actividad significativa en el desarrollo de la simbolización del niño que no
pase vertebralmente por aquel más allá de las parcialidades, no hay nada significativo en la estructuración de
un niño que no pase por la actividad del juego, de modo que este es el mejor hilo para no perderse. Para
evaluar el estado de desarrollo simbólico de un chico el estado de sus posibilidades en cuanto al jugar es el
mejor índice. No hay ninguna perturbación significativa en la infancia que no se espeje de alguna
manera en el jugar.
Los primeros textos psicoanalíticos hablan del fort/da, y durante mucho tiempo este juego de aparición y
desaparición quedó consagrado como la manifestación de la actividad lúdica en su originalidad, siendo su
función primera, nada menos que poder simbolizar una desaparición, una pérdida, dar representación a la
ausencia.
1985 → Rodulfo llegó a la conclusión de que existen funciones del jugar más arcaicas, más decisivas, más
primordiales que las del fort/da. La clínica evidencia funciones del jugar anteriores a aquel, funciones que
pueden verse desplegadas en su estado más fresco a lo largo del primer año de vida, relativas a la
constitución libidinal del cuerpo.
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Desde la perspectiva del significante del sujeto, al referirnos a la necesidad de extraer materiales para fabricar
el cuerpo (materiales arrancados al cuerpo del Otro), las primeras funciones del jugar son ese proceso mismo.
Puede decirse que, a partir del jugar, el chico se obsequia un cuerpo a sí mismo, apuntalado en el
medio. Todo lo que hace el entorno posibilita u obstruye, acelera o bloquea, ayuda a la construcción o a la
destrucción de ciertos procesos del sujeto, pero este no es un eco o un reflejo pasivo de ese medio, sino que,
apoyado en las modalidades de aquel (fundamentalmente el mito familiar, la estructuración de la pareja
paterna, la circulación del deseo), el niño va produciendo sus diferencias.
● La idea de que el niño es pasivo en aquel primer nivel es de por sí absurda, sabemos que al
mamar trabaja para fabricar la leche que toma, mediante la estimulación de las glándulas mamarias.
En cierta forma el pequeño se da de comer a sí mismo a través de la madre. Por otra parte, nada de
lo que se ve en psicoanálisis avala la concepción del infans como ente pasivo. En todo caso, el
término “pasivo” nos conviene a veces más a los adultos, pero nunca antes.
Cuando detectamos en un infans algo de pasividad, es que se presenta frente a una perturbación
seria, como una depresión o un proceso autista, o bien una enfermedad orgánica que lo aquieta. En
cambio, si todo está en orden, el niño a través del jugar, durante el primer año de vida y apoyado en
las funciones, hace lo que ya se ha señalado. Y nada ni nadie puede reemplazarlo en esa labor. → Eso
es precisamente lo que Winnicott aísla como el factor de la espontaneidad, algo que ni la madre ni el padre le
dan al bebé.
Estos modos de funcionamiento psíquico no se dan de una vez y para siempre si no que se retoman a lo largo
de la vida, en aquellas circunstancias donde algo del orden corporal aparece amenazado.
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La violencia de la interpretación. Del pictograma al enunciado - Piera Aulagnier.
Para Freud el aparato psíquico se apuntala sobre la primera vivencia de satisfacción, sobre lo orgánico del
chupeteo en la teta y su posterior búsqueda de satisfacción. Lo que allí produce el bebé Freud lo llama
“alucinación del pecho materno”. Aulagnier propone que no hay evidencias de que haya trabajo alucinatorio y
que previamente a la alucinación existen operaciones que en el bebé no están dadas el trabajo psíquico no
comienza con el proceso primario y la función de apuntalamiento sino antes con el proceso originario.
El proceso originario resulta de los primeros encuentros dobles entre la madre y su hijo. La madre lleva su
cuerpo y sus procesos psíquicos, se presenta mediante lo que dice y como lo dice: su entonación musical,
tonalidad afectiva y muscular y otras formas de comunicación no verbal. El BB en este encuentro aporta
también su cuerpo, recibe información polisensorial, libidinal a través de los sentidos. Esta información es
recibida por un trabajo de metabolización en donde el niño incorpora información que le es heterogénea
(ajena) y la vuelve homogénea a su estructura.
Esta información libidinal contiene desde un principio un dualismo pulsional: placer displacer, pulsión de vida y
muerte. De estos encuentros se dan las primeras marcas, inscripciones pictográficas que el aparato psíquico
asimila en donde la imagen y aquello que quiere decir se sueldan como un estado de fusión (aún no hay
entrada a lo simbólico). En los pictogramas de fusión el estado afectivo de la madre se fusiona con la
corporeidad del bebe, y al mismo tiempo se van ligando entre sí los distintos pictogramas que se van
formando, inscribiendo.
Los pictogramas de rechazo, en cambio, se encuentran ligados a la pulsión de muerte, a lo displacentero que
no se inscribe en el aparato psíquico.
Son 3 los procesos psíquicos que permiten el funcionamiento y la constitución del aparato psíquico:
Representación: es el equivalente psíquico del trabajo de metabolización característico de la actividad
orgánica, en donde se rechazan elementos heterogéneos, para luego transformarlos en un material que se
convierta en homogéneo (es la incorporación de un determinado elemento de información que no es físico;
implica poder internalizar un objeto para saber de lo que se habla).
Estos tres procesos no están presentes desde un primer momento en la actividad psíquica sino que se
suceden temporalmente.
No va a haber metabolización secundaria sin que haya habido una primaria, y esta no se va a dar sin que
haya habido algo originario desde lo pictográfico.
La primera representación tendrá lugar a partir de la puesta en relación de los efectos originados en el
encuentro entre el cuerpo del infans y las producciones maternas.
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El cuerpo es un conjunto de órganos y funciones sensoriales gracias a los cuales la psique descubre su poder
(de ver, oír, tocar, etc.) se convierte en fuente y lugar de un placer erógeno, que permite que algunos de sus
fragmentos sean catectizados de inmediato por la libido narcisista al servicio del Eros.
POSTULADO: Todo existente es autoengendrado por la actividad del sistema que lo representa. Si el aparato
en los primeros momentos depende de la interpretación del Otro, quiere decir que lo que exista va a depender
de lo que este Otro interprete.
REPRESENTACIÓN PICTOGRÁFICA
Caracterizada por la dualidad.
Es la representación que hace la psique sobre sí misma como actividad representante: ella se re-presenta
como fuente que engendra el placer erógeno de las partes corporales, contempla su propia imagen y su
propio poder en lo que engendra, es decir, en lo visto, en lo oído, en lo percibido que se presenta como
autoengendrado por su actividad.
La psique se considera poderosa creyendo que puede controlar los elementos de afuera.
POSTULADO: Todo existente es un efecto del poder omnímodo del deseo del Otro.
Surge la representación del Otro, agente y garante del poder omnímodo del deseo y la representación del
propio espacio corporal como separado, consecuencia de este deseo.
Lo que caracteriza a la producción fantaseada es una puesta en escena en la que efectivamente existen dos
espacios, pero estos están sometidos a este poder absoluto del deseo de uno solo.
Hablamos de interpretación violenta porque estamos a merced del deseo del Otro en nuestra constitución,
ya que lo que el niño demanda y lo que el Otro interpreta no siempre coinciden.
La existencia del deseo del Otro es el punto nodal para la psiquis y representa el postulado a partir del cual
puede instaurarse el conjunto del sistema. Es a partir de estos reconocimientos en que se instaura la
infraestructura de tres elementos de toda organización fantaseada:
a. Una mirada que experimenta un afecto de placer o displacer (por parte del infans) hacia la relación
puesta en escena entre el representante del Otro (figura materna) y este otro lugar (padre, pareja,
figura paterna).
b. Una estructura es la que permitirá los fenómenos de inversión, sustitución y cambio de meta que
definen el juego pulsional.
c. La certeza de la existencia del poder del deseo del Otro constituye una necesidad lógica para la
actividad fantaseada, el único camino que le permite plantear la existencia del Otro, y más tarde, de
los otros y de ese modo, la existencia de una realidad.
Lo primario crea prototipos que lo secundario hereda y transforma, ya que sin ellos el psiquismo no podría
tener acceso a lo que luego se convertirá en la tercera representación con el mundo.
3° LO SECUNDARIO Y LA REPRESENTACIÓN IDÉICA (LA PUESTA EN ESCENA COMO OBRA DEL YO)
En este momento aparece un pensamiento que pueda simbolizar. Es posible reconocer la significación
particular de cada uno.
POSTULADO: Todo existente tiene una causa inteligible que el discurso podrá conocer, pero para esto deberá
estar autoengendrado y a su vez el otro deberá haber intervenido con su interpretación.
VIOLENCIA: en tanto el discurso del Otro se impone a la psique en construcción del infans y las demandas
del portavoz que sólo puede responder a las necesidades del niño con la pretensión de saber algo de lo que,
en realidad, no tiene conocimiento alguno.
Conjunto de funciones sensoriales Lo que caracteriza al ser viviente Es el equivalente psíquico del
que son también vehículo de es su situación de encuentro trabajo de metabolización
cierta información continua que no continuo con el medio característico de la actividad
puede faltar porque es condición físico/psíquico que lo rodea. Este orgánica, en donde se rechazan
para la supervivencia somática, encuentro será la fuente de tres elementos heterogéneos, para
además porque constituye la producciones cuyos lugares de luego transformarlos en un
condición necesaria para una inscripción y los procesos que los material que se convierta en
actividad psíquica que exige que producen delimitan tres homogéneo (es la incorporación
sean libidinalmente catectizado espacios-funciones; o modos de de un determinado elemento de
tanto el informado como el funcionamiento; o procesos de información que no es físico,
informante. metabolización. implica poder internalizar un
objeto para saber de lo que se
habla).
Violencia: en tanto el discurso del Otro se impone a la psique en construcción del infans y las demandas del
portavoz que sólo puede responder a las necesidades del niño con la pretensión de saber algo de lo que, en
realidad, no tiene conocimiento alguno.
Producciones de la psique de la madre: los enunciados mediante los cuales habla del niño y le habla al niño.
● Violencia 1 → Es un tipo de violencia que no se puede evitar, necesaria y decisiva para la puesta en
marcha del aparato psíquico. Implica que la oferta materna siempre precede en un comienzo a lo que
el niño pueda formular con sus palabras, la madre ofrece sentido en sus enunciados con un efecto de
anticipación en donde la oferta precede a la demanda.
● Violencia 2º → Es una violencia innecesaria, la oferta aquí se anticipa pero del otro lado ya
encontramos un yo que demanda en su singularidad. La anticipación se da de yo a yo y resulta
intrusiva y perjudicial para el desarrollo de la subjetividad.
37
Modo de circulación de la economía libidinal en un trastorno precoz del sueño
Bleichmar fue consultada por una pareja que se presentó en la entrevista con un bebé de cinco semanas que
al decir de los padres “no dormía nada”, la consulta fue requerida con una urgencia inusual.
Sabía que la estrategia de abordaje terapéutico dependía del modo en que se conciba el funcionamiento
psíquico precoz, en primer lugar, se trataba, de definir el tipo de trastorno ante el cual nos encontrábamos.
Para la definición de trastorno, diferenció, siguiendo la perspectiva freudiana, entre síntoma, en tanto
formación del icc, producto de transaccional entre los sistemas psíquicos efecto de una no lograda
satisfacción pulsional y algo de otro orden, que no puede ser considerado como tal en sentido estricto, en la
medida en que el funcionamiento psíquico no está operando, sea por su no constitución, como en el caso
que veremos que sea por su fracaso total o parcial.
Si no consideramos entonces esta perturbación del dormir como un síntoma, ¿Desde qué perspectiva puede
ser un trastorno del sueño generado en los primeros meses de vida ser abordado como algo de origen
psíquico? Y ¿a qué tipo de psiquismo respondería?
En primer lugar, tomando la dirección teórica que sostiene que el inconsciente no es existente desde los
orígenes, sino una fundación operada por la represión originaria. El problema definir es ¿a qué tipo de orden
psíquico responden estas inscripciones precoces que no son inconscientes? y en segundo lugar, plantea la
estrecha interrelación entre el psiquismo infantil incipiente y el incc materno, concebir en el trastorno del
sueño como efecto de una perturbación en el vínculo primordial con la madre no deja de someternos a
interrogantes tales como: ¿Cuáles serían las vías de pasaje y a partir de qué premisas una perturbación de
este tipo se constituirá?. La primera cuestión se inscribe en la preocupación por diferenciar entre constitución
del incc e inscripciones sobre las cuales esta represión se establece. Y la preocupación por abordar el modo
de instalación del autoerotismo y de la economía libidinal antes de que esto se estructure.
Se trataría de formular, para los primeros tiempos de la vida, siguiendo los modelos freudianos de las formas
de circulación de la economía libidinal.
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La “fijación”, efecto de un sobreinvestimiento que no logra canales de derivación.
Pensando en una madre en la cual fallan las constelaciones narcisistas en los tiempos de ejercer cuidados
primordiales con su bebé, esto puede ser efecto de una falla estructural o de una falla circunstancial como por
ejemplo, una depresión que retira libido narcisista del objeto como en el caso de Daniel, esta madre realiza
las funciones sexualizantes que permiten la instalación de la pulsión y además propicia los investimientos que
permiten la constitución de una zona excitante; zona erógena apuntalada en un objeto sexual pero que no es,
objeto de amor. Las condiciones de una pulsación originaria que de origen a las mociones libidinales está ya
en marcha, en oposición a lo anterior ocurrirá que, la mirada de la madre autoeroticamente estará centrda
entre la boca y el pezón, no podrá ver el cuerpo del bebé, y la totalidad sobre la cual se instalarán las
representaciones que tome a su cargo, a posteriori, el yo como trasposición totalizante de la superficie
corporal. (Daniel)
Entonces, la energía desencadenada no encontrará vías dentro del principio de placer para derivarse.
Estaremos en un más acá del principio de placer, a partir de ellos, el bebé se prenderá con desesperación al
pecho, adherido a un objeto que no logrará propiciar la disminución de tensión endógena y del cual la
paradoja excitación-apaciguamiento devendrá un circuito en la medida en que no puede clivarse para cumplir
la función de distensión. Esto será efecto de un punto de fijación, como exceso de investimento que insiste,
de modo no ligado, en las patologías más severas no solo de la infancia sino de la edad adulta. Y ante cada
displacer, tenderá a reproducirse el más acá del principio de placer en una compulsión de repetición
traumática que no logra encontrar vías de ligazón y retorna a un circuito siempre idéntico dado que es
inevacuable.
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El niño, con su síntoma, da una significación a esa x, al deseo de la madre. Puede interpretarse como
identificación con el síntoma de la madre, pero en la medida que se articula con la posición del padre. Lacan
(1969) dice que el síntoma del niño representa la verdad del discurso de la madre, es decir, la verdad de la
estructura de la pareja y no el discurso de la madre como tal, porque se trata de la articulación del Otro entre
el Deseo de la Madre y el Nombre del Padre.
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El fantasma va a situarse frente a la madre y esta será para el niño la respuesta construida al ¿qué quiere la
mujer? Por esta razón, para Lacan (1969) hay una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de los niños:
la sexualidad femenina. Lacan en “El reverso del psicoanálisis” justifica que el hombre apunta al objeto a para
atrapar a la mujer, para satisfacerse utilizándola, dando una versión perversa: se sirve de su fantasma para
atrapar a la mujer. Pero para la mujer no es lo mismo, porque ella apresa al hombre. En un primer tiempo lo
que va a buscar en el hombre es castrarlo. El amor femenino esencialmente tiende a castrar al hombre que
ama el sujeto.
En la enseñanza de Lacan el estatuto del niño se desplaza del falo al objeto a y esto implica una basculación
de la teoría que afecta al fin del análisis con los niños. En un caso, es el niño quien puede responder desde el
punto de vista fálico y la respuesta que puede dar determina el fin. Cuando el niño tiene una versión del falo
no vale la pena continuar, porque ya es suficiente. En el segundo caso, lo que hará falta es que el niño tenga
una versión del objeto a.
Diferencia entre un niño y un adulto desde el psicoanálisis, según Laurent → Goce que tiene el sujeto en la
posición fantasmática.
● ¿Qué es el juego?
● ¿Por qué un niño no puede leer?
● ¿Qué posición tiene la autora respecto de la medicalización?
● Diferencia entre hiperactividad e hiperkinesia.
● Asperger, autismo y TGD.
● Posibles abordajes.
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Esa acción específica que es realizada por un asistente externo experimentado es lo que va a permitir la
sustitución del principio de inercia por el principio de constancia. A partir del llanto, el bebé va a convocar al
contexto empático, que va a venir a operar con esta acción específica que es brindarle el alimento para
calmar la tensión de esa necesidad. Lo que sucede para que se vaya complejizando en esta estructuración
yoica es que prima el mecanismo de la proyección, que tiene tres formas:
Proyección no defensiva: es una interrogación al contexto que permite pasar de la cantidad a la cualidad, lo
cual se refiere a la demanda, es decir, la demanda del bebé a un Otro, la cual es proyectada en términos de
empatía, por lo tanto, es una bienestar de base, que es registrado como una empatía materna del contexto, si
esta demanda es reconocida por dicho contexto, el bebé la registra con empatía y le servirá para que el
contexto se constituya como un filtro que permita la imposición de límites a los excesos pulsionales y
metabolizar los elementos que le sirven al bebé para ser introyectados y dejar por fuera aquellos que no. Es
así, que se constituye una coraza protectora de antiestímulos, como una placenta interna. Si se produce la
hiperestimulación al bebé se pierde la función de filtro.
Proyección defensiva normal: es lo que retorna al exterior lo que de allí proviene, es decir, es aquello que el
bebé registra como invasivo, por lo cual, es proyectado y complejiza así la estructura psíquica.
Proyección defensiva patológica: expulsa afuera aquello que es propio, entonces, tiene que ver con la
descomplejización o descarga cero, ya que lo expulsado no es tolerado y resulta tenso; y si se deposita
afuera se produce un vacío representacional, lo que lleva a la desconstitución del psiquismo. Por ello, se
remarca la importancia de los apremios de la vida, ya que es necesario que se inscriban huellas para que se
constituya el psiquismo.
En esta primera estructuración yoica se empieza a registrar la representación órgano o la representación del
cuerpo, y particularmente el cuerpo se registra a partir del dolor. Freud dice que el modo en que a raíz de
enfermedades dolorosas uno adquiere nueva noticia de sus órganos es arquetípico del modo en que uno
llega a la representación de su cuerpo propio, es decir, se advierte de la existencia de algún órgano que
perturba. El silencio de la salud no permite registrar ciertos funcionamientos de los órganos, entonces, Freud
sostiene que para inscribir algo de ese propio cuerpo se debe lograr ciertas vivencias dolorosas, por ejemplo,
en el bebé sería el llanto, ya que le permite registrar los órganos respiratorios, lo cual remite a una tensión
que se empieza a inscribir en el cuerpo, es decir, comienza a funcionar el sistema digestivo del bebé, el cual
muchas veces se debe a los cólicos.
Freud dice que para evitar ese dolor se produce una contrainvestidura que genera cierto gasto psíquico y que
empobrece a otros tipos de investidura. Si ante esa experiencia de dolor, interviene una acción específica, el
dolor cesa, por lo tanto, la contrainvestidura se retira (desinvestidura), pero deja un resto, una espacialidad
cenestésica: surge la representación órgano. Si esa acción específica no adviene, esa vivencia va a adquirir
una tonalidad traumática, porque se va a inscribir sin la posibilidad de la vivencia calmada.
Existe algo del chupeteo del bebé que tiene que ver con el registro alucinatorio, porque el bebé alucina que
está mamando el pecho de la madre, que es un recurso que le sirve un tiempo, pero si después de un tiempo
el bebé está chupeteando para autocalmarse, es decir, si luego no adviene la acción específica para calmarlo
efectivamente, si no aparece en el contexto la madre para calmar, entonces, ya no alcanza el recurso
alucinatorio y se produce el trauma. Si esto insiste o perdura de manera constante en el tiempo va a aparecer
el registro del pánico.
Se establece una diferenciación, siguiendo a Abraham, de la fase oral primaria y la fase oral secundaria. En la
primera se ubica la succión, la meta y la incorporación, mientras que la segunda es ubicada como sádica o
canivalística, ya que apunta a la devoración. Esto sirve para entender la apertura de las zonas erógenas y la
primera vivencia de satisfacción. Lo que se produce en este punto es el encuentro de los ritmos
(simultaneidad), por un lado, el ritmo biológico que trae la tensión de necesidad del bebé, que se enlaza con
el ritmo de la madre o el contexto, y que a través de la intervención de la madre, de manera rítmica en un
estímulo que es constante como el chupeteo, se produce ese encuentro entre dos ritmos, lo que indica un
entendimiento mutuo.
Se produce la inscripción de las primeras huellas mnémicas, es decir, cuando no sólo se introduce el alimento
(objeto de la necesidad), sino además el matiz afectivo, que se sostiene en un contexto empático materno,
entonces, se habla de un plus de placer relacionado a la primera vivencia de satisfacción. Esa vivencia no
refiere a la primera vez que el bebé toma el pecho, sino que es ese encuentro entre el afecto proporcionado
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por el otro más allá de la necesidad, por lo tanto, comienza siendo una necesidad biológica y después lo que
se busca es el registro del placer, del encuentro (apuntalamiento).
En esta fase oral primaria coinciden al principio el objeto y la zona, porque el bebé no interpreta que el pecho
es de la madre, sino que interpreta que el pecho es parte de su propio cuerpo. Por eso se habla de que
coincide la zona erógena de la boca del bebé con el objeto, que todavía no es registrado como externo, sino
que todavía es parte de su propio cuerpo, por eso todavía se encuentra en la fase autoerótica.
En la fase oral secundaria se produce la separación del objeto de la zona erógena, porque se expulsa el
objeto (considerado antes como una zona erógena), la boca ya no produce el pecho, ya no alcanza con una
satisfacción alucinatoria, sino que se necesita percibir el objeto. Esto coincide con la dentición, que tiene un
valor importante, porque hay algo del orden de la agresividad que se pone en juego con el morder, debido a la
aparición de los primeros dientes, entonces, comienza a inscribirse algo del orden de la percepción, porque ya
no alcanza con la sensación, ya que debe percibir desde afuera. También empieza la investidura de la piel,
que es un conector de las zonas erógenas. En este punto se habla de la segunda estructura yoica, que es el
Yo Placer Purificado y del Principio del Placer, por lo tanto, el objeto se constituye como unificado y
proyectado fuera el Yo, y se reencuentra vía identificación.
Para hablar de narcisismo tiene que producirse un nuevo acto psíquico que es la identificación primaria. El
objeto se ubica en el lugar de modelo, entonces, hay una búsqueda de identificarse con ese objeto, lo cual va
a permitir el sentimiento de sí. Winnicott va a decir que la madre va a funcionar como espejo, por lo tanto, la
madre va a tener que poder identificarse con su bebé para registrar los estados afectivos y poder
satisfacerlos. Además, el bebé debe encontrar en la madre un espejo, es decir, el bebé se identifica a partir de
la mirada del otro (la madre), que le devuelve su mismo estado afectivo. Por ejemplo, se puede ubicar con la
sonrisa social, ya que, si en el otro aparece el registro de que el bebé se ríe o sonríe, este bebé es registrado
como un ser o un sujeto que quiere decir algo, y no como un mero cacho de carne. Ese registro es el que
habilita a que la madre le devuelva al bebé ese mismo estado que él experimenta, de manera que pueda
identificarse con ella, lo que produce el sentimiento de sí.
Winnicott dice que si la madre no devuelve ese mismo estado emotivo al bebé y devuelve otro tipo de estado
como puede ser la angustia, la depresión o la tristeza, el bebé tiene que poder identificarse con algo para
poder exigir y puede identificarse a uno de esos estados emotivos materno, lo cual se ejemplifica con la
depresión postparto, que traían como resultado bebés que estaban adormecidos, donde no había demasiado
registro, que no responden a la mirada o a la estimulación del entorno, porque se quedaron identificados a
ese estado emotivo.
El juicio de atribución refiere a la aceptación de lo que se considera como útil o no. En este punto, la
diferenciación que realiza el aparato psíquico es que lo placentero va a ser parte del yo y lo displacentero va a
ser parte del no-yo, siendo aceptado como parte del yo aquello que causa placer, como el pecho materno,
mientras que queda por fuera del yo, aquello que causa displacer. Este momento, se ubicaría
cronológicamente durante la angustia del octavo mes, ya que el bebé puede reconocer el rostro materno y
diferenciarlo de los demás, entonces, puede aparecer la desesperación cuando se ve rostros extraños,
porque teme que se haya modificado el objeto. Si este temor se sostiene en el tiempo se puede generar la
desestructuración a nivel del trauma. Y lo que permite ese pasaje de habilitar algo del orden de la separación
con ese objeto privilegiado, es el objeto transicional.
En la fase anal primaria comienza a utilizarse el orden de la musculatura, que permite la función de la
agresión. Por eso, se puede ver que el control de esfínter puede ser efectivo cuando se produce primero la
adquisición del lenguaje y de la marcha. Si este control es demasiado temprano puede ser perjudicial para el
niño, ya que puede generar síntomas enuréticos o encopréticos posteriores, porque por un lado, el cuerpo de
niño no está preparado para esa pérdida y por el otro, porque no cuenta con la eficacia de la visión y
coordinación motriz que le permita ir incorporando, aceptando y duelando esa pérdida. Por eso, el niño
cuando comienza a ir al baño necesita poder nominar algo para sustituir el objeto por la palabra, si no hay
sustitución, el objeto no se registra como algo externo, sino como parte del propio cuerpo y es como un corte
real del cuerpo, que es lo que Doltó llama mutilación. La visión le permite algo del orden del control, porque
suele ser común que cuando los niños van al baño y hacen sus necesidades, miran para atrás, lo que indica
que tienen el control de esa musculatura que les permite darse vuelta para mirar sus necesidades. Si este
proceso se fuerza precozmente va a significar un exceso para el psiquismo infantil.
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Se habla de la constancia objetal, referido a que el niño comienza a ubicar que el objeto que no se ve, no
desapareció, sino que está tapado. Al principio los bebés suelen llorar cuando no ven a la madre cerca,
porque no tienen inscripto todavía la presencia del objeto. Esta inscripción comienza cuando la madre
introduce la palabra y el bebé la escucha, entonces, va inscribiendo de a poco la presencia del objeto, lo que
le permitirá al bebé más adelante saber que la madre no se fue, sino que está en otro lugar y va a volver. La
hostilidad aparece cuando no se puede utilizar este recurso de la motricidad.
En la fase anal secundaria empieza aparecer el control, la nominación de la palabra, lo propio y lo ajeno, la
representación del cuerpo y el cuerpo como entubado o cerrado. Esto último es importante, porque cuando
hay un registro del cuerpo como un espacio que está cerrado, el niño tiene ciertos manejos de su cuerpo y no
se produce el drenaje de las producciones corporales, es decir, el niño controla cuando va a orinar y defecar.
Si el cuerpo no está cerrado simbólicamente, no hay posibilidad de controlar el drenaje o de poder retener, por
lo tanto, se produce muchos trastornos enlazados a la enuresis y encopresis, donde el niño no registra que
hizo sus necesidades, no hubo un cierre del cuerpo, entonces, es como un drenaje que sale sin control, por lo
cual, esto da cuenta de que no hubo una unificación del cuerpo.
En esta fase también se habla de las teorías sexuales infantiles, que implica la diferenciación entre el varón y
la niña. Esto da comienzo a lo que va a ser el Complejo de Edipo y es a partir de allí que se habla de la
estructuración del Yo Real Definitivo, que permite el dominio del preconsciente verbal y la posibilidad de
superar la inmediatez del presente, con lo cual logra esperar por más que sea displacentero. Se introduce la
palabra (significante), por lo cual no es necesario repetir una vivencia para recordarla. Cuando se habla del Yo
Real Definitivo, se habla también de la inscripción del Principio de Realidad. Durante esta estructura yoica,
aparece el juicio de existencia, cuando se comienza a introducir algo de la castración, la aceptación de la
castración materna, y con ella la propia, lo cual no es placentero, pero existe. El juicio de existencia no opera
en la psicosis, porque no hay reconocimiento de la castración.
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Dos notas sobre el niño - Jacques Lacan.
El síntoma del niño responde a lo que haya sintomático en la estructura familiar, como representante de la
verdad; puede representar la verdad de la pareja familiar, este es el caso más complejo, pero también está
más abierto a nuestras intervenciones.
- La articulación se reduce cuando el síntoma que llega a dominar compete a la subjetividad de la
madre: el niño está involucrado directamente como correlativo de un fantasma. (perversión)
Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte tomada del deseo de la madre no tiene
mediación (la que asegura normalmente la función del padre) el niño queda expuesto a todas las capturas
fantasmáticas. Se convierte en el objeto de la madre (se convierte en el falo de la madre) y su única función
es revelar la verdad de este objeto (que ella no tiene y él le da).
El niño realiza la presencia de eso que Lacan designa como el objeto a en el fantasma.
- Satura de este modo, sustituyéndose a ese objeto, el modo de falta en el que se especifica el deseo
(de la madre), sea cual fuere la estructura especial de este deseo: neurótico, perverso o psicótico.
- El niño aliena en él todo acceso posible de la madre a su propia verdad, dándole cuerpo, existencia e
incluso la exigencia de ser protegido.
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Sin embargo, el niño diferencia muy bien su mundo del juego, a pesar de toda su investidura afectiva, y tiende
a apuntalar sus objetos y situaciones imaginados en cosas palpables y visibles del mundo real. Ese
apuntalamiento diferencia el jugar del fantasear.
Cuando el niño crece, deja de jugar, y se transforma en un adulto, no resigna el placer que le producía
el juego (resigna la actividad, es decir, el jugar) pero ahora lo obtiene mediante el fantaseo.
El niño no juega para el adulto (como si este fuera un público, pero tampoco oculta su juego). En cambio, el
adulto se avergüenza de sus fantasías y las oculta de los otros.
El jugar del niño estaba dirigido por deseos: el de ser un adulto, imita a los mayores.
El adulto sabe que esperan de él, que no juegue ni fantasee, sino que actúe en el mundo real, entonces su
fantasear lo avergüenza por infantil y no permitido.
Solo los insatisfechos fantasean, cada fantasía es un cumplimiento de deseo.
Si bien los deseos van a ir variando de acuerdo a la persona, en general se pueden agrupar en:
- Deseos ambiciosos.
- Deseos eróticos.
Las fantasías se alteran de acuerdo a las condiciones de vida, es decir, no son inmutables.
Una fantasía oscila entre tres tiempos:
1. El trabajo anímico se anuda a una impresión actual que despertó los deseos de la persona.
2. Se remonta al recuerdo de una vivencia anterior (infantil, por lo general) en que ese deseo se cumplía.
3. Crea una situación referida al futuro en la que se cumpliría ese deseo (sueño diurno, fantasía).
Al mediador de estas tres instancias psíquicas (Ello, Yo, Superyó) lo he denominado imagen del cuerpo. Lo
que permite comprender que se pueda hacer psicoanálisis de niños, es el hecho de que el propio niño aporta
elementos de la interpretación con lo que dice acerca de sus dibujos fantasmagóricos, es decir, la imagen del
cuerpo no es la dibujada o representada en el modelado, sino la que es revelada por el diálogo
analítico con el niño.
Al principio, el niño parece dibujar una escena, pero en realidad, por la manera en la que él mismo habla de
su dibujo, prueba que mediatiza pulsiones parciales de su deseo, en lucha con pulsiones parciales de su
deseo en un nivel diferente. Estos niveles de la psique son el Yo, el Yo Ideal y el Superyó. Y la energía que se
encuentra puesta en juego no es otra cosa que la libido misma que se expresa por medio de su cuerpo, de
manera pasiva (en su equilibrio psicosomático) o de una manera activa (en su relación con otros).
El esquema corporal es una realidad de hecho, en cierto modo es nuestro vivir carnal al contacto del
mundo físico. Ciertamente algunas afecciones orgánicas pueden provocar trastornos en el esquema
corporal, y estos, a su vez, pueden acarrear modificaciones pasajeras o definitivas a la imagen del cuerpo. Es
frecuente, empero, que en un mismo sujeto cohabiten un esquema corporal invalidado y una imagen del
cuerpo sana, para que esto suceda, su relación con la madre y el entorno humano haya sido satisfactoria,
flexible, sin excesiva angustia por parte de los padres, una relación adaptada a sus propias necesidades.
Asimismo, tendrá que poder expresar y fantasmatizar sus deseos.
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El esquema corporal será el intérprete activo o pasivo de la imagen del cuerpo, en el sentido de que permite
la objetivación de una intersubjetividad, de una relación libidinal fundada en el lenguaje.
Si en principio el esquema corporal es lo mismo para todos los individuos, la imagen del cuerpo es
propia de cada uno, se encuentra ligada al sujeto y a sus historias. De ello resulta que el esquema
corporal es en parte inconsciente, pero también preconsciente y consciente, mientras que la imagen del
cuerpo es eminentemente inconsciente.
La imagen del cuerpo es la síntesis viva de nuestras experiencias emocionales. Se la puede considerar como
la encarnación simbólica inconsciente del sujeto deseante y ello, inclusive antes de que el individuo pueda
designarse por el pronombre personal “Yo” (Je).
Gracias a nuestra imagen del cuerpo portada por -y entrecruzada con- nuestro esquema corporal, podemos
entrar en comunicación con el otro.
El esquema corporal, que es abstracción de una vivencia del cuerpo en las tres dimensiones de la realidad, se
estructura mediante el aprendizaje y la experiencia, mientras que la imagen del cuerpo se estructura mediante
la comunicación entre sujetos y la huella del gozar frustrado.
En resumen:
ESQUEMA CORPORAL IMAGEN DEL CUERPO
Refiere el cuerpo actual en el espacio a la Refiere el sujeto del deseo a su gozar, mediatizado
experiencia inmediata. Puede ser independiente del por el lenguaje memorizado de la comunicación
lenguaje. entre sujetos.
Es inconsciente, preconsciente y consciente. Puede hacerse independiente del esquema corporal.
Es evolutivo en el tiempo y en el espacio. Se articula con este último a través del narcisismo.
Es siempre inconsciente, y está constituida por la
articulación dinámica de una imagen de base, una
imagen funcional y una imagen de las zonas
erógenas donde se expresa la tensión de las
pulsiones.
Está del lado del deseo, no ha de ser referida a la
mera necesidad.
Si el lugar, fuente de las pulsiones, es el esquema corporal, el lugar de su representación es la imagen del
cuerpo.
Las pulsiones de muerte incitan al sujeto a retirarse de toda imagen erógena, como en la enuresis o
encopresis secundaria surgidas de un niño que ya era continente, cuyo esquema corporal había adquirido ya
la continencia natural de todo mamífero, y que confrontado con un estado emocional inasimilable por su
imagen del cuerpo y la ética a ella enlazada, equivale al adormecimiento o bien de una imagen de
funcionamiento, o bien de una imagen de zona erógena, aquí la zona erógena uretral o anal. Puede así
perder esa continencia, por pulsión de muerte, durante vida vigil o dormida, puede perderla por obra de un
deseo que él se prohíbe, que mientras duerme le hace volver a una imagen del cuerpo arcaica.
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LOS TRES ASPECTOS DINÁMICOS DE LA MISMA IMAGEN DEL CUERPO
Podemos distinguir 3 modalidades de la misma imagen del cuerpo, constituyendo y asegurando todas ellas
juntas la imagen del cuerpo viviente y el narcisismo del sujeto en cada estadio de su evolución. Estas
imágenes se encuentran ligadas entre sí en todo momento.
1. Imagen de base: es lo que le permite al niño experimentarse en una continuidad narcisista o en
continuidad espaciotemporal que permanece a partir de su nacimiento. Ella está fundamentalmente
“referida a”, es fundamentalmente “constitutiva de”, lo que denomino narcisismo primordial. La imagen
de base no puede ser afectada, no puede ser alterada sin que surja de inmediato una representación,
un fantasma, que amenazan la vida misma. Cuando se ve amenazada, aparece un estado fóbico
contra un peligro sentido como persecutorio, y la propia representación de esta persecución
fantasmatizada está ligada a la zona erógena actualmente predominante para el sujeto. Esto equivale
a decir que hay una imagen de base propia de cada estadio.
2. Imagen funcional: imagen esténica de un sujeto que tiende al cumplimiento de su deseo. Aquello que
pasa por la mediación de una demanda localizada dentro del esquema corporal, en un lugar erógeno
donde se hace sentir la falta específica, es lo que provoca el deseo. Gracias a la imagen funcional las
pulsiones de vida pueden apuntar, tras haber subjetivado el deseo, a manifestarse para obtener placer,
a objetivarse en la relación con el mundo y con el otro.
3. Imagen erógena: está asociada a determinada imagen funcional del cuerpo, el lugar donde se
focalizan el placer o displacer erótico en la relación con el otro. Su representación está referida a
círculos, óvalos, concavidades, bolas, palpos, rayas y agujeros de finalidad agradable o desagradable.
El psicoanálisis permitió descubrir que los intercambios son soportes del narcisismo indispensable para el
reencuentro de la salud afectiva, los que fundamentan el pronóstico psicosocial, más allá de la distancia del
cuerpo a cuerpo entre el bebé y su madre nutricia cuando ésta ha salido de su campo visual, las percepciones
sutiles de su olor y de su voz siguen constituyendo para el niño el lugar en que él acecha el retorno de su
madre, el lugar de su vínculo narcisizante y esa sensación de vivir en seguridad, estas relaciones más allá de
la distancia deberán ser preservadas, para que el narcisismo del sujeto no experimente demasiadas fracturas,
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sosteniendo la seguridad, que le permite reconocerse humano. En la primera infancia es indispensable que la
imagen del cuerpo se organice ante las percepciones ausentes y presentes, las que lo sorprenden y que el
testigo adulto le da respuesta a su sorpresa. Su imagen del cuerpo, unida por la relación simbólica continua,
asume percepciones que, si esta relación no existiera sería despedazante. Como puede observarse, el
narcisismo, que al comienzo de la vida parece estar ligado a la euforia de una buena salud, en realidad se
encuentra entrecruzado con la relación sutil del lenguaje, creadora de sentido humano, originado en la madre
y mantenido por ella. El narcisismo fundamental del sujeto (que permite al cuerpo vivir) echa raíces en las
primeras relaciones repetitivas que acompañan a la vez la respiración, la satisfacción de las necesidades
nutritivas y deseos parciales, olfativos, auditivos, visuales, entre otros. Cuando entre el niño y su madre
nutricia se advierte una separación, el deseo se frustra, pero el niño solo se percata de esto al reaparecer la
necesidad que va unida al deseo, y entonces la necesidad es satisfecha por cualquier persona, pero el deseo
no puede reconocer la audición, la visión, la olfacción de la persona que antes venía enlazada a estas
satisfacciones.
La circunstancia de que el narcisismo asegure la continuidad del ser de un individuo humano no significa que
el narcisismo no tenga que reorganizarse en función de las duras pruebas con las que tropieza el deseo del
niño, estas son las castraciones, que van a posibilitar la simbolización y al mismo tiempo contribuirán a
modelar la imagen del cuerpo. La castración es la prohibición radical opuesta a una satisfacción buscada y
anteriormente conocida. El cociente de esta operación de ruptura es la posibilidad, para el niño, de recoger
los “frutos de la castración”.
➔ El fruto de la castración oral (privación del cuerpo a cuerpo nutricio), es la posibilidad para el niño de
acceder a un lenguaje que no sea comprensible únicamente por la madre, lo cual permitirá no seguir
dependiendo exclusivamente de ella.
➔ El fruto de la castración anal (o ruptura del cuerpo a cuerpo tutelar madre-hijo) priva al niño del
placer manipulatorio compartido con la madre; privación del retorno a intimidades compartidas en
contactos corporales de placer. La castración anal, una vez brindada por la madre a su hijo, da
seguridad al niño para asumirse en el espacio tutelar, para realizar sus propias experiencias, para
adquirir una autonomía expresiva, motriz, en lo tocante a sus necesidades. Esta castración es la
condición de la humanización y de la socialización, la madre entrega al niño los medios para el
cuidado de su cuerpo, el uso prudente de su libertad de movimientos. El fruto de la castración es
también el descubrimiento de una relación viva con el padre, con las otras mujeres, los compañeros
preferidos. Gracias a esta autonomía puede colocarse en el lugar de otro. La castración simbología es
dada por alguien en quien el niño tiene confianza por causa de su pertenencia al grupo. Tras la
castración anal, el niño ansía con fervor los derechos placeres del adulto, padre (o educador) de su
sexo, madre o padre, en relación con su objeto preferencial, el otro progenitor. Permite entrar en el
actuar y el hacer de varón o niña en la sociedad, saber controlar sus actos, discriminar el decir del
hacer, lo posible de lo imposible. La verbalización de la prohibición del incesto hará que el niño reciba
la castración edípica.
➔ El fruto de la castración edípica es su adaptación a todas las situaciones de la sociedad, las
pulsiones orales, anales, uretrales, que ya fueron castradas van a metaforizarse en la manipulación de
esos objetos sutiles que son las palabras, la sintaxis, las reglas de todos los juegos, los signos
representativos de los fonemas, los signos que representen a los números, son sublimaciones, es
decir frutos de todas las castraciones anteriores.
El niño entra en el periodo de latencia con las promesas de un futuro que arribará en la pubertad, una
castración con todas las posibilidades de éxito es la que se da a tiempo, ni tarde ni temprano, por parte de un
adulto a quien el niño estima. Los frutos de la castración son la suerte reservada a aquellas pulsiones que
no pueden satisfacerse directamente en la satisfacción del contacto corporal, o en la satisfacción del cuerpo
con objetos eróticos incestuosos. Estás pulsiones entran, tras un periodo más o menos prolongado de
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silencio, de represión, en los procesos de sublimación, es decir, en la cultura: para el cuerpo propio se trata de
la soltura, la gracia, la destreza, la habilidad deportiva, la autonomía total; para lo mental se trata de la
comunicación con base en el lenguaje y de la inteligencia de las cosas de la vida.
La sublimación de las pulsiones genitales va a realizarse durante el período de latencia sobre objetos
extrafamiliares, en el esfuerzo del niño por abrirse paso hacia la pubertad y posteriormente la adolescencia, la
cual reorganiza todos los conflictos de las castraciones mal conseguidas del sujeto y de sus modelos arcaicos
como sus hermanos mayores y padres. Los adolescentes, ahora responsables de sus actos, asumidos en su
vida amorosa y social, se convierten en adultos.
El panorama trazado anteriormente permite comprender la noción de castración simbolígena (la palabra
simbolígena provee el sentido psicoanalítico). En psicoanálisis, la palabra castración alude al proceso que se
cumple en un ser humano cuando otro ser humano le significa que el cumplimiento de su deseo, con la forma
que él querría darle, está prohibida por la Ley.
La verbalización de la prohibición impuesta a determinada mira de su deseo, a condición de que el niño sepa
a ciencia cierta que el adulto está tan marcado como él por esta prohibición lo ayudará a soportar la prueba, y
sigue habiendo confianza en el sujeto. Así pues, el sujeto deseante es iniciado, por prohibición, en la potencia
de su deseo.
La Ley no es únicamente una Ley represiva, es en realidad una ley que promociona al sujeto para su
actuación en la comunidad de los seres humanos, las pulsiones así reprimidas experimentan una
reestructuración dinámica, y el deseo, aborda su realización por medios nuevos, sublimaciones: medios que
exigen para su satisfacción un proceso de elaboración que no exigía el objeto previamente. Solo este último
proceso lleva el nombre de simbolización.
La castración umbilical: El papel simbolígeno del nacimiento, para el recién nacido, es indeleble, y sella con
modalidades emocionales primeras su llegada al mundo en cuanto ser humano, según la manera en si se lo
acepta tal cómo es, frustrante o gratificante para el narcisismo de cada uno de los padres. La censura
umbilical origina el esquema corporal separada la placenta del útero. La imagen del cuerpo, originada
parcialmente en los ritmos, el calor, las sonoridades, las percepciones fetales, se ve modificada por la
variación brusca de estas percepciones, en particular por la pérdida del doble latido del corazón acompañada
por la aparición del fuelle pulmonar y el tubo digestivo. Esta castración umbilical es fundadora con las
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modalidades de alegría o angustia manifestadas al nacimiento del niño en relación con el deseo de los otros.
La pérdida de percepciones conocidas y este surgir de percepciones nuevas constituyen lo que se ha dado en
llamar “trauma” del nacimiento y sella con un estilo de angustia más o menos memorizado, su primera
sensación liminar de asfixia, estas modificaciones cataclísmicas marcan nuestro nacimiento, nuestra primera
partición mutante. El niño descubre brusca y brutalmente percepciones desconocidas y el elemento auditivo
más destacado será su nombre y la clasificación de su sexo son lanzados por voces animadas por la alegría o
por la reticencia, expresando satisfacción o no del entorno. Los padres también sufren una castración, que
corresponde a la inscripción del niño en el registro civil, de ahora en adelante él está a su cargo, pero no les
pertenece enteramente, pues es un sujeto legal de la sociedad sobre el cual sus derechos son limitados. Así
pues, es el lenguaje el que simboliza la castración del nacimiento que llamamos castración umbilical, este
lenguaje golpeará repetitivamente el oído del bebé como el efecto de su ser en el impacto emocional de sus
padres, de las modulaciones y afecto que él percibe de manera intuitiva, etc.
Hay dos fuentes de vitalidad simbolígena que promueve la castración umbilical: una se debe al impacto
orgánico del nacimiento en el equilibrio de la salud psicosomática de la madre; y la otra es el impacto afectivo
que la viabilidad del niño aporta, en más o menos narcisismos cada uno de los dos progenitores y, por otra
parte, el nacimiento de un bebé en una familia despierta las castraciones de los hijos mayores.
La castración oral: Significa la privación de lo que constituye para el bebé el canibalismo respecto de su
madre, es decir el destete, y también la prohibición de comer aquello que no es alimentario. Esta castración
cuando es juiciosamente dada culmina en el deseo y posibilidad de hablar y por tanto en el descubrimiento de
nuevos medios de comunicación. Los objetos son soporte de transferencia del pecho por un placer aún
mayor, compartido con la potencia tutelar. El destete implica que la madre también acepte la ruptura cuerpo a
cuerpo en que el niño se hallaba. Esta castración oral de la madre implica que ella misma es capaz de
comunicarse con su hijo de otra manera, tomándole sus excrementos y devorándolo con besos y caricias. La
castración también es la privación de su relación erótica con la boca del niño, cómo igualmente de su relación
erótica táctil y ofensiva con el trasero de este, si el niño puede simbolizar las pulsiones orales y anales en un
comportamiento con base de lenguaje, es porque su madre disfruta viéndolo capaz de comunicarse con ella y
con otros, promoviendo en el inconsciente y en el psiquismo de su hijo, posibilidades de relación simbólica.
El efecto simbolígeno de la castración es la introducción del niño a la relación con otro, aceptando la
asistencia de cualquier persona con la cual la madre se encuentre en buenos términos. Si la madre práctica
intercambios mímicos y verbales con su hijo, a distancia, el niño goza auténticamente y aplaude. He aquí de
lo que es capaz un niño que todavía no camina pero que jamás se desespera porque su madre esté presente
o no, siempre que no se encuentra demasiado lejos, al avance de la voz. El niño no se aburre porque los
frutos simbólicos de la castración oral ya han hecho de él un individuo humano, que posee una vida interior
relacionada con las alegrías de su madre, asociadas a sus propias alegrías.
La castración anal: se designa como un segundo destete, sinónimo de la separación entre el niño, ahora
capaz de motricidad voluntaria, y la asistencia auxiliar de su madre para todo lo que constituye el “hacer”.
Necesario para la adquisición de la autonomía “yo solo” “yo, tú no”, que depende de la tolerancia parental al
hecho de que el niño desarrolla su autonomía dentro del espacio. Deja de ser un objeto parcial retenido en la
dependencia de la instancia tutelar.
La otra acepción es la de prohibición significada al niño de todo “actuar” dañoso, de “hacer” a otro lo que no le
gustaría que le hiciera. Todo niño con madre y padre no castrados analmente de él y que pretenden inculcar,
en lo que le dicen o le hacen, la prohibición de hacer daño (mientras que ellos mismos dañan su
humanización al considerarlo como objeto de adiestramiento) significa lo contrario del ejemplo que dan. Estos
padres no dan la castración anal, el niño es denegado, en vez de que las pulsiones del deseo del niño sean
en parte interceptadas y en sostenidas a la entrada en el lenguaje por un comercio de intercambio lúdico y
socializado con valor de placer entre sujetos. Solo es posible hablar de castración anal si el niño es
reconocido como sujeto, esta castración es la prohibición de dañar su propio cuerpo y el mundo inanimado y
animado que rodea el triángulo inicial padre-madre-hijo.
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¿Por qué llamarla anal? porque aquí se sitúa la primera motricidad de la que tiene pruebas que es agradable
para él mismo y de que en general da satisfacción a su madre, puesto que ella viene a cambiarlo de lo que ha
producido.
Los seres humanos son capaces de dar la castración anal, tanto por el ejemplo cómo por la palabra, el niño
ha comido de mamá por un placer ligado al canibalismo imaginario y expulsa ahora lo que, de mamá, por
placer, se des-corporiza de el en excreciones sólidas y líquidas. Lo que él toma y expulsa es una mamá
imaginaria, mientras la madre real le ha dado el objeto alimentario parcial y le sustrae el objeto digestivo
excremencial. Los excrementos del niño son valorizados en cuanto objetos supuestamente de alimento y
placer para la madre, su motricidad pasa a ser para la madre un problema que ella intenta resolver suscitando
posibilidades de desplazamiento explorador, fuentes de palabras, restricciones y de autorizaciones
concertadas y significadas mediante el lenguaje. El niño se vuelve continente cuando logra el dominio motor
de sí mismo, la castración anal es posible de manera simboligena, solo cuando hay identificación motriz con
el objeto total que representa cada uno de los padres y de los hermanos mayores en su motricidad intencional
observable por el niño. Cuando la simbolización de la motricidad en actos útiles y lúdicos no puede cumplirse
por falta de iniciación, palabras y de alegría lúdica con el entorno, el niño no puede sublimar el placer
anorrectal. El niño retorna por falta de castración anal simboligena, a la comunicación inicial que tenía con la
madre interior, es decir, juega a retener, por estreñimiento o a exteriorizar las heces en forma de diarrea. La
madre sigue siendo imaginariamente interior, en vez de estar representada inconscientemente por todos los
objetos exteriores que ella ha nombrado y que ella debe permitir manipular. La diarrea no es sino una manera
de rechazar un peligro materno imaginariamente incorporado. Si pudiera gritar este ya sería otro recurso. Si ni
siquiera el grito es oído por alguien, y no mueve a alguien a acudir para tranquilizarlo entrando en lenguaje
con el niño, entonces éste dirige la tensión sobre la madre arcaica imaginaria del tubo digestivo.
La castración anal debe ser dada por aquellos que sostienen lo que nosotros llamamos identificación con su
sexo, el Yo ideal del niño. Si el niño desobedece las prohibiciones verbales que se le habían impuesto pero
obtiene placer sin causar perjuicio a otro ni para sí mismo, cuando la instancia tutelar descubre esta
transgresión motriz, debería felicitar por elaboración al niño que ha desobedecido, en vez de culpabilizarlo por
haber desobedecido un decir, de ningún modo hacerlo dependiente de una palabra prohibidora de la
motricidad. Si su perseverancia y sus esfuerzos son recompensados podrá acceder un día a la misma
potencia que observa en sus padres, y quizás incluso a una potencia mayor que la de éstos. La castración
anal sólo puede ser dada si los padres son realmente respetuosos del niño y de sus bienes, si lo educan
prestando confianza a la inteligencia y a la vida en devenir de este hombrecito o esta mujercita, si dejan
amplio margen a su iniciativa, si reducen día a día el número de prohibiciones que le han sido impuestas, en
la medida de su desarrollo y de las experiencias adquiridas. La no socialización del niño proviene de que los
educadores no han respetado día a día sus deseos de iniciativas motrices, aun cuando no comportan ningún
peligro real, simplemente porque éstas eran un poco ruidosas, alteraban un tanto la ordenación del espacio y
provocan en los padres angustias fantasmáticas. El niño por experiencia descubre que las prohibiciones son
aseguradoras desde el momento en que, si las transgrede, acarrean para él un sufrimiento real, esta
experiencia le depara confianza en sus padres y sus verbalizaciones.
Esta adquisición, cuando es excesivamente precoz, lejos de ser educativa, es mutiladora, por lo cual no opera
como castración simbolígena. La continencia esfinteriana es natural tan pronto como el desarrollo
neurofisiológico lo permite. La conducta de aquellos adultos que evidencian un deseo de controlar las
necesidades de los niños acaba conduciéndolos a utilizar la retención para complacer o disgustar al adulto
exigente, un niño al que nunca se han pedido o exigido excrementos no juega con ellos, y prefiere jugar con
otros objetos. No pone interés salvo que sea inducido por una actitud valorizante cotidiana de su madre hacia
el contenido de sus deposiciones o del orinal. Una castración anal sanamente dada, es decir, no centrada en
el pipí y la caca sino en la valorización de la motricidad manual y corporal, permitirá al niño sustituir los
placeres excremenciales por la alegría de hacer, de manipular objetos de su mundo. Las manos son, lugar de
desplazamiento de la zona erógena oral tras el destete, actúan como boca prensiva sobre los objetos, es
posible ver que un bebé gusta de jugar a desgarrar con sus manos, con alegría lúdica.
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El lenguaje del padre y de la madre concerniente a este “tócalo todo” explorador, aporta una seguridad
asistida. Adquisiciones motrices y creadoras se verán contrariadas si al problema del pipí -caca, y a la
continencia precoz del niño, se le asigna un valor estúpido. El niño siempre es capaz de ella por sí mismo; la
educación consiste únicamente, una vez adquirida dicha continencia, en depositar sus excrementos en el
lugar destinado a ellos para todo el mundo. Solo de los niños a quienes se les exigió demasiado pronto la
continencia salen los que manifiestan retraso en relación con el esquema corporal en la imagen del cuerpo,
para ellos la única manera de seguir siendo sujetos es oponerse a las órdenes apremiantes de la madre y
privarla de este placer. El control lúdico de sus excrementos puede, dependiendo de las exigencias
educadoras, convertirse en un intercambio valorado con los otros, intercambio con base en el lenguaje y
comercio de los objetos, de allí la importancia del estilo de respuesta que aportará a ello el adulto, en especial
la madre, si ella concede a la recepción, a la visión o no visión del objeto parcial excremencial tanta
importancia como al niño entero, da valor de lenguaje a las necesidades, a los excrementos como tales. Estos
pasan a ser un regalo para el niño si la madre los celebra más de lo que celebra sus actividades lúdicas
manuales y vocales. Vemos así a madres que le cuentan a todo el mundo sobre el pipí–caca de su hijo, y él
intenta complacer aún más a su madre exhibiendo su talento cuando hay extraños. Aquí es donde,
precisamente, la castración simbólica, y no la represión pura, será bienvenida: “no traigas eso, mejor trae tu
juguete, a tu padre o a mí nunca a nos has visto trayendo nuestra caca a todo el mundo”, es así como la
madre ayuda al niño a aportar algo al orden social.
Para el niño de aproximadamente 9-10 meses la entrada en el estadio anal activo del placer motor de todo su
cuerpo supone el advenimiento del deseo y del placer de los descubrimientos motores voluntarios. Obtenidos
por fin la destreza del estadio anal y el control muscular generalizado, el niño realiza un descubrimiento
mucho más preciso del conjunto de todo lo que, de su cuerpo, conocía, en la tactilidad que hasta ahí su
madre había impuesto. Ahora el centro de su interés son sus propios descubrimientos. Necesita palabras para
especificar todas estas regiones de exploración sensible de su cuerpo; y es preciso que estas palabras le
hagan comprender que él está hecho como todos los otros seres humanos.
La castración anal debe enseñar al niño la diferencia entre lo que es su posesión de la que es enteramente
libre, y lo que es la posesión de otro, cuyo uso para él debe pasar por la palabra.
La castración primaria, a veces llamada castración genital no edípica, se trata del descubrimiento de la
diferencia sexual entre niñas y varones. Ha conocido el espejo y observado todas las regiones corporales
homólogas a las suyas en el prójimo. De hecho, sólo una vez que ha conocido la cara posterior del cuerpo del
otro se interesa el niño por la cara anterior de la pelvis; tanto la suya en el espejo, como la del otro. Las
palabras que se le dicen en lo que concierne a estas diferencias del cuerpo los incitan a suponer, sobre todo
si son varones, que la protrusión palpable de su sexo y del sexo de los hombres es de la misma naturaleza
que esta otra protrusión, palpable en el tórax de las mujeres: los pechos. El niño descubre la diferencia a
través de preguntas relativas al cuerpo diferente que presentan sus padres; pero, para eso, también es
preciso que advierta que del lado posterior del cuerpo no hay diferencia entre chicas y varones. Esto trae
aparejado la curiosidad por la delantera diferente, el niño piensa que las niñas tienen un pene, pero que está
escondido momentáneamente adentro.
Las palabras verdaderas que expresan la conformidad de su sexo con un futuro de mujer o de hombre,
proporcionan valor de lenguaje y valor social a su sexo y al propio niño; y preparan un porvenir sano para su
genitalidad. Es indispensable que los niños, cuando expresan sus dudas o curiosidad, reciban en ese
momento preciso no la orden de callarse ni palabras que los ridiculicen, sino las palabras justas del
vocabulario referentes a su observación, palabras verdaderas, justas y simples. Los niños esperan sobre todo
que no se de muerte al deseo ni al placer: porque esto es lo que más le importa al niño, que lo ha descubierto
mucho antes de advertir la distinción entre el placer que acompaña a la liberación excremencial y el que el
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siente ya sea por manipulación de esas zonas. Hacia los 30 meses, acabando el periodo anal, la pulsión
epistemológica del niño sitia en el “para qué sirve”. En síntesis, sobre lo que suministraba ya los criterios de
satisfacción o de renunciamiento ante los peligros de la pulsión es orales y anales. Uno de esos peligros es
disgustar a mamá, y este displacer el niño lo constata en torno al placer que a él le procuran sus
excrementos. Esta constatación es uno de los medios que tiene el niño para discriminar lo que corresponde a
lo sexual en relación con lo excremencial, mientras que al principio ambos están confundidos. Para cualquier
niño sus padres son los poseedores de todo el saber y sus dichos tienen autoridad. Con la maduración
neuromuscular, el desplazamiento del interés hace que el niño registre, respecto de los dichos y los actos, el
carácter agradable o desagradable que percibe de ellos tanto en su propio cuerpo como en la armonía de sus
relaciones emocionales con su entorno. La castración brindada por la instancia tutelar con palabras, es decir,
las prohibiciones que limitan la libertad del niño conciernen a lo bueno y lo malo para su cuerpo y para el otro
y los seres vivos.
En la mayoría de los casos, que evolucionarán saludablemente gracias a su entorno educativo que posibilite
al niño la inteligencia de lo que observa y que ame al niño como futuro hombre o mujer, la aceptación de la
castración implica para el niño/a la valorización del pene en su forma bella y deseable. Esta bella forma del
pene se inscribe en la continuidad de la bella forma del pecho. En cuanto a la niña, sólo en un segundo
tiempo y después de la reflexión admite que para su cuerpo es más valioso no tener pene para hacer pipí; al
aprender que su madre y las mujeres hechas como ella están conformes, deduce de esto que ésa es la
condición para ser mamá y gustar a los papás. Debe hacerse saber con palabras que el padre y la madre
están tan implicados y son tan responsables el uno como el otro en la fecundidad. Cuando pregunta para qué
sirve el sexo, debe oír claramente expresado lo que constituye la fecundidad de los seres humanos, es decir,
la responsabilidad humana de la paternidad y la maternidad en la unión de los sexos. Esa respuesta acerca
de la concepción abre la posibilidad de una palabra verídica del adulto sobre el placer sexual, que no siempre
está forzosamente al servicio de la fecundidad. Si no se les dice esta verdad, los inocentes imaginan el acto
sexual como estrictamente funcional y animal. La verdad hablada le revela la humanización de la sexualidad
genital, lenguaje de vida y no sólo proceso funcional, le permite comprender el sentido simbólico de las
palabras de la parentalidad de cuerpo, de la parentalidad afectiva o de corazón, y de la parentalidad social.
Es necesario decir la realidad de los hechos, y en lo posible aportar precisiones sobre el apellido y la familia
del progenitor.
El niño, apaciguado en cuanto a las preguntas que se ha hecho, entra en un período de inteligencia de la
relación triangular y de la vida en su conjunto que lo conducen al complejo de Edipo. La castración primaria,
es decir el descubrimiento de su sexo por el niño y de que sólo a este sexo pertenece y de lo que ello significa
para el futuro, puede fallar completamente en cuanto a sus efectos simbolígenos a causa de la falta de
información, de las reprimendas, que acompañan las reacciones de los adultos ante sus preguntas.
Complejo de Edipo y castración genital edípica: La imagen de su cuerpo cambia para él, ya no es
inconsciente, sino que es conscientemente aquella que debe, en la realidad, ponerse en concordancia con un
cuerpo que más tarde será el de una mujer o un hombre. El deseo que el sujeto tiene es el de identificarse al
ser que más ama en ese momento de su vida, y por eso es tan importante que el niño haya obtenido
respuesta en lo que atañe al papel que el cuerpo a su padre en su concepción y después en su nacimiento. A
partir de la entrada en el Edipo se desarrolla en el niño una visión de sí en el mundo donde su vida imaginaria
está dominada por su relación actual con los dos progenitores, en cuanto ligada al proyecto de su porvenir
adulto, según su sexo, seductor y exitoso. El Edipo puede resultar conflictivo o patológicamente conflictivo a
causa de la derelicción de pertenecer al sexo que tiene. Esto puede suceder cuando la madre no ha podido o
querido decir la verdad sobre la filiación del niño/a.
Para poder seguir desarrollándose acorde con el orden de su genitud, debe ser sostenido, esforzándose por
confiar en él como su hijo o hija. (psicoanálisis: sostener el narcisismo del niño). Hay un deseo de hacerse
adulto en el sexo que le es suyo.
● El varón: Las pulsiones genitales activas siguen siendo pulsiones parciales penianas, de sentido
centrífugo en dirección al objeto del deseo. Las pulsiones que traspone sobre los objetos parciales que
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representan, a su vez, imágenes parciales de su cuerpo, el sexo peniano en particular, que él desplaza
sobre todos los instrumentos pertinentes, las armas destinadas al ataque, juegos balísticos, etc.
Proyecta él aquí su deseo de lanzar un líquido mortífero, bien sea su deseo de lanzar algo con lo que
hacer bebés. En este período, la vida y la muerte son la cuestión más importante, renunciará entonces
a sus juegos agresivos penianos, gracias a la prohibición del incesto, que debe ser pronunciada tanto
en relación con los hermanos como con las hermanas. Trasponen la agresión peniana de tipo
centrífugo, inconsciente o preconsciente deseada, sobre la actividad manual, intelectual o lúdica. Por
la palabra del padre y su ejemplo de respeto a las mujeres, el varón capta la diferencia entre su deseo
uretro anal de adueñarse del cuerpo del otro, de palmearlo agresivamente para sentirse viril y el
hecho de dar un día la vida, llegada la elección del amor asociado al deseo. Cuando esto es dicho por
el padre a su hijo, se trata de la iniciación del hijo para la vida humana. Si el padre o alguien no
imparten esta educación en el dominio del deseo prohibiendo el incesto, el varón puede seguir toda su
vida con la idea de una elección exclusivamente narcisista del objeto elegido, que tal vez no sea su
hermana o su madre pero que estará destinado exclusivamente a sus placeres parciales genitales:
objeto elegido eventualmente para ser mantenido bajo su dependencia por intimidación y violencia.
● La niña: al principio es tanto homosexual como heterosexual. Entra en la vida genital con la finalidad
de seducir a alguien que la haga madre igual que su madre. Para ella, que se remite al falo, los
hombres tienen pene y las mujeres tienen niños. La niña sólo puede entrar en el Edipo a condición de
que intente transgredir la prohibición del incesto, haciendo caer a su padre en la trampa de su
seducción. Sus pulsiones son centrípetas. Ella atrae hacia sí. Acecha el objeto que para ella
representa la potencia y que quiere tomar para sí misma. Lo que desea es gustar. Este deseo la lleva
a desarrollar cualidades femeninas que puede utilizar para el éxito social: aprender sus lecciones,
portarse bien, etc. Las niñas han descubierto que su poder de seducción reside en su aceptación de
no tener pene y en su deseo de que otro se lo dé; no para tener el pene, sino para ser dueñas de
quien lo tiene y puede así satisfacerlas. El narcisismo de las niñas respecto de la femineidad que
tienen que mostrar se vive mucho más en la superficie que el de los varones, cuya vivencia del Edipo
es mucho más profunda. La prohibición del incesto despierta en la niña sublimaciones de las pulsiones
pregenitales, mientras que en el varón provoca sobre todo el despertar de las pulsiones
epistemofílicas.
Es decir, la prohibición del inceso saca al varón del Edipo, y al contrario, introduce a la niña.
59
II
Se llama neurosis traumática a un estado que sobreviene tras accidentes con riesgo de muerte. El cuadro de
la neurosis traumática se aproxima al de la histeria por presentar en abundancia síntomas motores similares;
pero lo sobrepasa, por lo regular, en sus indicios de padecimiento subjetivo. En la neurosis traumática común
se destacan dos rasgos: la causación se sitúa en el factor sorpresa, en el terror y que un daño físico o herida
contrarresta la producción de la neurosis. La angustia designa cierto estado de expectativa frente al peligro y
preparación para él, aunque se trate de un peligro desconocido. El miedo requiere un objeto determinado
presente. El terror se produce cuando se corre un peligro sin estar preparado: destaca el factor sorpresa. El
sueño de los neuróticos traumáticos reconduce al enfermo a la situación de su accidente de la cual despierta
con renovado terror [función del sueño alterada]. El enfermo está fijado psíquicamente al trauma. La función
del sueño resultó afectada y desviada de sus propósitos. Ahora pasa a ser un intento de cumplimiento de
deseo. Freud observa el juego infantil, un niño jugaba a arrojar lejos de sí todos los pequeños objetos que
hallaba a su alcance. Y al hacerlo decía con expresión satisfacción "o-o-o-o", que significaba “fort” (se fue). El
niño jugaba que sus juguetes "se iban". Al tirar su yoyo, desaparecia y este decía "n-o-o-o", luego tiraba del
hilo, apareciendo así el yoyo mientras y decía “da” (acá está). Este era, el juego completo. La mayor parte de
las veces no realizaba el juego completo (lo cual sería placentero), sino que repetía el primer acto (fort). Esta
interpretación fue certificada con otra observación, en la cual, luego de que su madre se ausentó muchas
horas, fue saludada por el niño diciendo “bebé o-o-o-o”, durante la soledad el niño había encontrado hacerse
desaparecer a sí mismo. El juego simbolizaba su renuncia pulsional (renuncia a la satisfacción pulsional) de
admitir sin protestas la partida de la madre. Se satisfacía escenificando, con los objetos de su alcance, ese
desaparecer y regresar de su madre. Si la partida de la madre era desagradable ¿Cómo se concilia con el
principio de placer que repitiese en calidad de juego esa vivencia penosa? Se pueden hacer varias
interpretaciones: jugaba a la partida porque era condición previa de la gozosa reaparición, la cual contendría
el genuino propósito del juego, aunque la mayoría de las veces sólo jugaba a la partida; en la vivencia era
pasivo, era afectado por ella, ahora se ponía en un papel activo repitiendola como juego, a pesar de que fue,
vuelve activo lo que vivió pasivo; el acto de arrojar el objeto para que se vaya, quizás es la satisfacción de un
impulso, sofocado por el niño en su conducta, a vengarse de la madre por su partida (no te necesito, te echo).
Cuando el niño repitió en el juego una impresión desagradable, se debió a que la repetición iba conectada a
una ganancia de placer de otra índole, pero directa. Bajo el imperio del principio de placer existen medios y
vías para convertir en objeto de recuerdo y elaboración anímica lo que es displacentero.
III
El médico dedicado al análisis deduce, reconstruye y comunica en el momento oportuno lo icc oculto para el
enfermo. El psicoanálisis era un arte de interpretación pero como no se solucionaba la tarea terapéutica, se
planteó otro propósito: pedir al enfermo a corroborar la construcción mediante su propio recuerdo. El centro
de gravedad recayó en las resistencias, el arte consistía ahora en describirlas a la brevedad, mostrarlas y por
medio de la influencia humana moverlo a que las resigne. Se hizo claro que devenir cc lo icc no podía
alcanzarse por ese camino., El enfermo no puede recordar todo lo reprimido, se ve forzado a repetir lo
reprimido como vivencia presente, en vez de recordarlo. Esta reproducción tiene por contenido un fragmento
de la vida sexual infantil y, por tanto, del complejo de Edipo, se escenifica en el terreno de la transferencia en
relación con el médico. La neurosis original se sustituye por una nueva neurosis a neurosis de transferencia.
A esta repetición la llamaremos compulsión de repetición. Lo reprimido no ofrece resistencia a la cura sino
que aspira a invadir a la cc. La resistencia proviene de los mismos sistemas de la vida psíquica que en su
momento llevaron a cabo la represión. Eliminamos esta oscuridad poniendo en oposición el yo coherente y lo
reprimido. En el interior del yo es mucho lo icc lo que puede llamarse el "núcleo del yo"; solo una pequeña
parte la llamaremos preconciente. La resistencia del analizado parte de su yo, designamos la compulsión de
repetición a lo reprimido icc. (3 versión, luego del icc dinámico y descriptivo). La resistencia del yo cc y precc
está al servicio del principio de placer, quiere ahorrar el displacer que se excitaría por la liberación de lo
reprimido, nosotros queremos conseguir que ese displacer se tolere invocando el principio de realidad. Lo que
la compulsión de repetición hace re vivenciar provoca displacer al yo, saca a luz mociones pulsionales
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reprimidas. Esta clase de displacer no contradice al principio de placer, es displacer para un sistema y
satisfacción para el otro. La compulsión de repetición devuelve vivencias pasadas que no producen placer,
tampoco en aquel momento pudieron ser satisfacciones, ni siquiera de las mociones pulsionales reprimidas.
Los neuróticos repiten en la transferencia todas ocasiones indeseadas y situaciones afectivas dolorosas,
remojandolas. Nada de eso pudo procurar placer; la acción de pulsiones que estaban destinadas a conducir a
la satisfacción, en aquel momento no lo produjeron, sino que conllevaron displacer. Se la repite a pesar de
todo; una compulsión esfuerza a ello. Eso mismo que el psicoanálisis revela en los fenómenos de
transferencia de los neuróticos puede encontrarse también en la vida de las personas no neuróticas. En estas
hace la impresión de un destino que las persiguiera, y desde el comienzo el psicoanálisis juzgo que ese
destino fatal era autoinducido y estaba determinado por la temprana infancia. La persona parece vivenciar
algo pasivamente sustraído a su poder, a despecho de lo cual vivencia una y otra vez la repetición del mismo
destino. En la vida anímica existe una compulsión de repetición que se instaura más allá del principio de
placer. Los fenómenos de la transferencia están al servicio de la resistencia del yo, persistente en la
represión; la compulsión de repetición, que la cura pretendía poner a su servicio, es ganada para el bando del
yo, que quiere aferrarse al principio de placer.
IV
El aparato anímico tiene un sistema precc-cc, donde llegan las percepciones del mundo exterior y las
sensaciones de placer y displacer que se originan en el interior del aparato. Se encuentra en la frontera entre
lo exterior y lo interior. Estas sensaciones y percepciones que llegan no dejan huellas en el sistema cc, la cc
surge en reemplazo de la huella mnémica. El sistema cc se singulariza por la particularidad de que en él, el
proceso de excitación no deja una alteración permanente de sus elementos, sino que se agota en el
fenómeno de devenir-conciente. Imaginemos una vesícula de sustancia estimulable, su superficie vuelta hacia
el mundo exterior se diferencia por su ubicación y sirve como órgano receptor de estímulos. Por el persistente
ataque de estos estímulos externos contra su superficie, se forma una corteza que ofrece las condiciones más
favorables para la recepción de estímulos y ya no puede modificarse. En el sistema cc, esto significa que el
paso de la excitación ya no puede recibir ninguna alteración permanente en sus elementos, están modificados
al máximo.
Esta vesícula sería aniquilada por la acción de los estímulos del mundo si no estuviese provista por una
protección antiestimulo. La obtiene cuando su superficie más externa se vuelve inorgánica, y opera apartando
los estímulos, como una membrana. Hace que las energías del mundo exterior puedan propagarse solo con
una fracción de su intensidad a los estratos. Para el organismo vivo, la tarea de protegerse contra los
estímulos es más importante que la de recibirlos; está dotado de una reserva energética y transforma la
energía. Los órganos sensoriales, además de recibir acciones estimuladoras específicas, tienen particulares
mecanismos preventivos para la protección contra volúmenes super grandes e inadecuados de estímulos. La
vesícula viva está dotada de una protección anti estímulo frente al mundo exterior. El estrato cortical es un
órgano para la recepción de estímulos externos. Este, más tarde será el sistema cc, y recibe también
excitaciones desde adentro; la posición del sistema entre el exterior y el interior, y la influencia desde un lado
y desde el otro, se vuelven decisivas para su operación y la del aparato anímico como un todo. Hacia afuera
hay una protección anti estímulo; hacia adentro, la protección es imposible, y las excitaciones se propagan de
manera directa y no reducida, produciendo sensaciones de placer y displacer. Las excitaciones provenientes
del interior serán por su intensidad y caracteres cualitativos. Esta constelación determinara dos cosas: la
prevalencia de las sensaciones de placer y displacer sobre los estímulos externos; y cierta orientación de la
conducta respecto de las excitaciones internas que produzcan demasiado displacer. Se tenderá a tratarlas
como si no obraran desde adentro, sino desde afuera, para poder aplicarles el medio defensivo de la
protección antiestimulo. Serán traumáticas aquellas excitaciones externas que poseen la fuerza suficiente
para perforar la protección antiestimulo, lo que provocará una perturbación energética del organismo y pondrá
en acción todos los medios de defensa. En un primer momento el principio de placer quedará abolido
entonces, se deberá dominar el estímulo, ligandolo psíquicamente a fin de conducirlos, después de su
tramitación. El displacer específico del dolor corporal se debe a que la protección antiestimulo fue perforada
en un área limitada. Y entonces, desde este lugar afluyen al aparato anímico excitaciones continuas, que por
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lo regular solo podrían venirle del interior del aparato. Es movilizada la energía de investidura energética a fin
de crear una investidura energética de nivel correspondiente. Se produce una enorme "contrainvestidura" y se
produce una parálisis u otra operación psíquica. Un sistema de elevada investidura en sí mismo es capaz de
recibir nuevos aportes de energía fluyente y "ligarlos" psíquicamente. Cuanto más alta sea su energía ligada
propia, tanto mayor será también su fuerza ligadora y cuanto más baja su investidura, menos capacitado
estará el sistema para recibir energía afluente. En el aparato psíquico pueden ocurrir dos cosas frente a los
estímulos que se le presentan: la energía inviste a una huella y se liga (no perturba) o la energía irrumpe y
rompe la cadena de representaciones. Si esto último ocurre, el aparato psíquico intentará ligar para poder
conducir su tramitación de acuerdo con el principio de placer. La compulsión a la repetición tiene como
función ligar la excitación. La neurosis traumática es el resultado de una ruptura en la protección antiestimulo
(terror, peligro de muerte). El terror tiene falta deangustia (esta conlleva a la sobreinvestidura de los sistemas
que reciben primero el estímulo). A raíz de esta investidura más baja, la protección antiestimulo se rompe más
fácil. La angustia constituye la última protección antiestimulo. Si en la neurosis traumática los sueños
reconducen al enfermo a la situación en que sufrió el accidente, es visible que no están al servicio del
cumplimiento de deseo, cuya producción alucinatoria devino la función de los sueños bajo el imperio del
principio de placer. Estos sueños buscan recuperar el dominio sobre el estímulo por medio del desarrollo de
angustia cuya falta causó la neurosis traumática. Esto es independiente del principio de placer, muestra una
función del aparato psíquico más originaria que el propósito de ganar placer y evitar el displacer. Es una
excepción a la tesis de que el sueño es cumplimiento de deseo. Los sueños traumáticos ya no pueden verse
como cumplimiento de deseo. Más bien obedecen a la compulsión de repetición, que en análisis se apoya en
el deseo de convocar lo olvidado y reprimido. Las neurosis de guerra podría tratarse de neurosis traumáticas
facilitadas por un conflicto en el yo. Las posibilidades de contraer neurosis se reducen cuando el trauma es
acompañado por una herida física. La violencia mecánica del trauma liberaría el quantum de excitación
sexual, cuya acción traumática es debida a la falta de angustia; y, por otra parte, la herida física simultánea
ligaría el exceso de excitación al reclamar una sobreinvestidura narcisista del órgano doliente.
V
Las excitaciones que ingresan al aparato sin el resguardo de la protección, adquieren la mayor importancia
económica y dan lugar a perturbaciones. Las fuentes de esa excitación interna son las pulsiones: los
representantes de todas las fuerzas eficaces del interior del cuerpo que se transfieren al aparato anímico. Las
mociones pulsionales obedecen al proceso móvil. En el icc las investiduras pueden transferirse, desplazarse y
condensarse. Se llama proceso psíquico primario a la modalidad de estos procesos que ocurren en el icc, a
diferencia del proceso secundario, que rige nuestra vida normal de vigilia. Debido a que todas las mociones
pulsionales afectan a los sistemas icc, obedecen al proceso psíquico primario; y por otra parte, este se
identifica con la investidura móvil y el proceso secundario con las alteraciones de la investidura ligada. La
tarea de los estratos superiores del aparato anímico sería ligar la excitación de las pulsiones que entra en
operación en el proceso primario. El fracaso de esta ligazón provocaría una perturbación análoga a la
neurosis traumática; solo tras una ligazón lograda podría establecerse el principio de placer. Las
exteriorizaciones de una compulsión de repetición muestran en alto grado un carácter pulsional y se
encuentran en oposición al principio de placer. En el caso del juego infantil, el niño repite la vivencia
displacentera porque mediante su actividad consigue un dominio sobre la impresión intensa que el que era
posible en el vivenciar pasivo. Cada nueva repetición parece perfeccionar ese dominio; pero la repetición de
vivencias placenteras será bastante para el niño. En el adulto la novedad es condición de goce, la repetición
no. En cambio, en el niño se muestra firme a la repetición. La repetición, el reencuentro de la identidad,
constituye una fuente de placer. En el análisis la compulsión de repetición de la transferencia se sitúa más allá
del principio de placer. El enfermo se comporta de manera infantil, muestra que las huellas mnémicas
reprimidas de sus vivencias de tiempo primordial subsisten en estado no ligado y son insusceptibles de
proceso secundario. La compulsión a la repetición es un carácter universal de las pulsiones. Una pulsión es
un esfuerzo, inherente a lo vivo, de reproducir un estado anterior que lo vivo debió resignar bajo el influjo de
fuerzas perturbadoras externas.
62
VI
Las pulsiones sexuales son llamadas así por su relación con los sexos y con la función de reproducción. Con
la tesis de la libido narcisista y el concepto de libido, la pulsión sexual se convirtió en Eros, que procura
esforzar las partes de la sustancia viva unas hacia otras y unirlas; y las llamadas pulsiones sexuales
aparecieron como la parte de este Eros vuelta hacia el objeto. Eros actúa desde el comienzo de la vida como
"pulsión de vida", entra en oposición con la "pulsión de muerte" nacida por la animación de lo inorgánico.
Llamamos pulsiones yoicas a aquellas orientaciones pulsionales que podían diferenciarse de las pulsiones
sexuales dirigidas al objeto; pusimos las pulsiones yoicas en oposición a las pulsiones sexuales. Más tarde
entramos en el análisis del yo y aclaramos que una parte de las pulsiones yoicas es de naturaleza libidinosa y
toma por objeto al yo propio. Estas pulsiones de autoconservación narcisistas debieron computarse,
entonces, entre las pulsiones sexuales libidinosas. La oposición entre pulsiones yoicas y pulsiones sexuales
se convirtió en la que media entre pulsiones yoicas y pulsiones de objeto, ambas de naturaleza libidinosas.
Pero en su lugar surgió una nueva oposición entre pulsiones libidinosas (yoica y de objeto) y otras que están
en el interior del yo y quizá puedan indagar en las pulsiones de destrucción. La especulación convirtió esta
oposición en la que media entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte.
VII
El séptimo y último capítulo es el más breve y comienza de este modo: «Si realmente es un carácter general
de las pulsiones el querer reconstituir un estado anterior, no tenemos por qué maravillarnos de que en la vida
anímica tengan lugar tantos procesos independientemente del principio del placer [...] Pero todo esto que
escapa aún al principio del placer no tendrá que ser necesariamente contrario a él».
Más adelante, separando lo que es una función de lo que es una tendencia, dirá que «el principio del placer
será entonces una tendencia que estará al servicio de una función encargada de despojar de excitaciones el
aparato anímico, mantener en él constante el montante de la excitación o conservarlo lo más bajo posible [...]
observamos que la función así determinada tomaría parte en la aspiración más general de todo lo animado, la
de retornar a la quietud del mundo inorgánico».
También nos indica que las pulsiones de vida son las que con mayor facilidad registramos porque se nos
aparecen como perturbadoras y traen consigo tensiones cuya descarga es sentida como placer; sin embargo,
las pulsiones de muerte parecen efectuar de modo silencioso su labor. Y se despide así: «Debemos ser
pacientes y esperar la aparición de nuevos medios y motivos de investigación, pero permaneciendo siempre
dispuestos a abandonar, en el momento que veamos que no conduce a nada útil, el camino seguido durante
algún tiempo. Tan sólo aquellos crédulos que piden a la ciencia un sustitutivo del abandonado catecismo (los
que en la actualidad llamamos 'cientificistas') podrán reprochar al investigador el desarrollo o modificación de
sus opiniones. Por lo demás, dejemos que un poeta nos consuele de los lentos progresos de nuestro
conocimiento científico: Si no se puede avanzar volando, bueno es progresar cojeando, pues está escrito que
no es pecado el cojear».
En un principio, el psiquismo humano se rige por el Principio de Nirvana, el cual se basa en disminuir a 0 las
energías provenientes del exterior del psiquismo.
La función primaria del modelo es descargar cantidades de energía que ingresan al aparato, pero este, al
ser tan precario, no está preparado para procesar tanta energía, por lo que termina siendo traumático.
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Cuando esta huida de energía fracasa, es porque el Otro introduce una acción específica (que reduce la
tensión interna) que para ser ejecutada, el sujeto necesitará de un Yo. El Yo es un conjunto de neuronas que
mantienen fija su energía (neuronas nucleares) y la cual será liberada por medio de una alteración interna.
A partir de allí, es necesaria una nueva organización, la función secundaria o inhibición, donde se vuelve al
principio para poder reorganizarse, para poder procesar la cantidad almacenada y buscar satisfacer una
necesidad de la cual es imposible huir, y así aprender a tolerar una cantidad determinada de energía, lo
suficiente como para satisfacerse cuando se realiza una acción específica, es decir, ser capaz de controlar la
respuesta de su organismo ante un estímulo.
El aparato tiene una primera función que es la de descarga. Ya que el individuo presenta una necesidad
(displacer/ tensión energética que debe evacuar), un otro satisface su necesidad, o sea que, estimula al
individuo (Acción Específica, ingresa energía al circuito) entonces el psiquismo se pone a trabajar frente a
este estímulo. Controla que no se fuguen las energías, lo cual es imposible ya que el sistema es muy precario
y muy débil, por lo que se terminan generando traumas (huellas mnémicas).Una vez que sucede esto, el
infans ya no tiene necesidad sino Deseo, y el psiquismo necesita organizarse de una nueva manera.
Sucede la segunda función del aparato, la inhibición, en donde se procesa la cantidad almacenada para
lograr una Acción Específica (bajar la tensión). Se aprende a controlar y mantener un nivel de energía
constante, a lo que el Principio de Inercia pasa a ser Principio de Constancia, y se accede al Principio de
Placer (vivencia de satisfacción) donde la tensión se mantiene lo más baja posible. Al generarse el Principio
de Constancia, ya no hay tensión-alivio, sino más bien placer-displacer. El displacer es la tensión de energía
acumulada que hace que se solicite la acción específica y se genere placer para minimizar las energías. La
experiencia se repite una y otra vez, y pero NUNCA de la misma manera, y se irán inscribiendo. Aquí se
acude entonces a la alucinación, al no existir entre lo exterior y lo interior, todo es relativamente lo mismo,
generando una confusión entre Percepciones y Representaciones.
Las Representaciones se siguen inscribiendo en el aparato como Huellas Mnemicas, por lo que es necesario
la fundación de una Barrera que permita distinguir el recuerdo de la percepción. La Barrera es el Yo, es
defensa primaria de las consecuencias de la capacidad adquirida por el infans, gracias al Principio de
Constancia, de representar el objeto que satisface su displacer.
La experiencia de satisfacción queda constituida entonces por: 1) La imagen del objeto de satisfacción 2) La
imagen motriz del movimiento que posibilitó la descarga.
Vivencia de dolor: Irrupción de cantidades hipertróficas de Q (cantidad exterior) a las neuronas de psi (de
ligazón), la vivencia del dolor se da por un aumento excesivo y rápido de energías provenientes del exterior
hacia las neuronas receptoras de información, las cuales quedan marcadas. Se genera así un displacer en el
preconciente, que al no poder ser puesto en palabras, lo que se hace es transferirlo para descargarlo de otra
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forma. Este displacer buscara todas las vías posibles para descargarse, y al no lograr hacerlo, genera un
Trauma que es reprimido. El objeto hostil aquí, genera un movimiento de la defensa primaria, o Reinvestidura,
donde justamente, se reinviste en huellas mnémicas de placer para contrarrestar los efectos del dolor y aliviar
la tensión generada por el displacer de no tener objeto que lo satisfaga.
La Pulsión
AUTOR: FREUD
Definición: concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, representante psíquico de los procesos que
provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma como una medida de la exigencia de trabajo que es
impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal.
Una pulsión nunca puede pasar a ser objeto de la conciencia, solo puede serlo la representación que
es su representante. Tampoco en el inconsciente puede estar representada si no es por la representación. Si
hablamos de una moción pulsional inconsciente o reprimida, nos referimos a esa moción pulsional, cuya
agencia representante-representación es inconsciente.
Un estímulo es aquello que es aportado al tejido vivo, desde afuera, y es descargado hacia afuera mediante
una acción. La pulsión sería un estímulo para lo psíquico. Por ejemplo, sentir sequedad en la mucosa de la
garganta.
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El aparato psíquico está dominado por el principio de placer, es decir, se encuentra regulado por
sensaciones de placer-displacer. Estas sensaciones reflejan el modo en el que se cumple el dominio de los
estímulos. El displacer implica que hay un incremento de estímulos, y el placer, implica que hay una
disminución.
Freud distingue dos grupos de pulsiones, las pulsiones yoicas o de autoconservación y las pulsiones
sexuales. Las pulsiones yoicas o de autoconservación, buscan la afirmación y la conservación del yo,
mientras que las pulsiones sexuales buscan el placer del órgano que pueden estar dirigidas hacia un objeto o
el propio cuerpo. Primeramente, existen las yoicas, donde el bebé satisface su pulsión de alimentarse con el
seno de la madre, entendida como la pulsión de la autoconservación, y más delante se distingue otra pulsión
sexual, que en este caso sería la pulsión de chupar el pezón sin necesidad de alimentarse, como así también
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se puede presentar una pulsión autoerótica que podría representarse en chuparse el dedo por placer al
órgano.
1. Trastorno hacia lo contrario: se dan dos procesos diversos, primero, vuelta de una pulsión de la
actividad a la pasividad, por ejemplo, el sadismo-masoquismo y el placer de ver-exhibición. Atañe a las
metas de la pulsión, la meta activa -martirizar, mirar- es reemplazada por la pasiva -ser martirizado,
ser mirado-. El trastorno en cuanto al contenido sólo se descubre en el caso de la mudanza de amor
en odio.
2. Vuelta hacia la persona propia: lo esencial en este proceso es el cambio de objeto, aunque las
metas siguen siendo las mismas. Por ejemplo, el masoquismo es un sadismo llevado al yo.
3. Represión.
4. Sublimación.
a. Sadismo, es una acción violenta en una afirmación de poder dirigida hacia otra persona como objeto.
b. Este objeto es sustituido por la persona propia (masoquismo). Se da un traspaso de la meta activa a la
pasiva.
c. Se busca otra vez como objeto a una persona ajena que tiene que tomar sobre sí el papel de sujeto,
es decir, el papel activo, el agente.
El último caso es el del masoquismo. La satisfacción en este caso proviene del camino del sadismo originario,
en cuanto el yo pasivo se traslada en su fantasía a su puesto anterior, que ahora se deja al sujeto ajeno. El yo
fantasea que su puesto anterior ahora lo ocupe alguien ajeno, ve reflejado su puesto anterior (ser activo) en
alguien ajeno.
En el caso del b, se da una vuelta hacia la persona propia sin la pasividad hacia alguien ajeno. Se engendra
el automartirio y el autocastigo, más no el masoquismo.
Esta pulsión, de igual forma, parece perseguir una acción-meta especial: infligir dolor.
Una vez que se consuma la trasmudación al masoquismo, los dolores se prestan a proporcionar una meta
masoquista pasiva, puesto que el dolor produce sensaciones placenteras incluso aunque pueda consentirse
aún el displacer del dolor. Una vez que sentir dolor se convierte en una meta masoquista, puede
transformarse en una meta sádica, es decir, infligir dolor. En ambos casos se goza de la excitación sexual que
esto acarrea.
Sin embargo, la pulsión de ver es anterior a la etapa “a”. Porque inicialmente es autoerótica, se satisface en el
cuerpo propio, sólo más tarde se permuta al objeto.
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Una etapa semejante a esta falta en el sadismo.
Estas mudanzas (de actividad en pasividad y vuelta a la persona propia) no afectan del todo al monto de la
moción pulsional.
El hecho de que se pueda observar una moción pulsional junto con su opuesto merece el nombre de
ambivalencia.
La etapa previa de la pulsión de ver, es decir, cuando el placer viene al mirar el cuerpo propio, pertenece al
narcisismo. Lo mismo sucede con la trasmudación del sadismo al masoquismo.
1. AMAR-ODIAR.
2. AMAR Y SER-AMADO.
3. AMAR Y ODIAR.
La segunda se relaciona con la vuelta de la actividad a la pasividad y se admite como una pulsión de ver
(amarse a sí mismo).
La oposición entre el yo y no-yo se le impone tempranamente al sujeto, aunque puede acallar estos estímulos
exteriores mediante la acción muscular, se encuentra indefenso ante los estímulos pulsionales.
La polaridad placer-displacer es una sensación relevante para la decisión de las acciones (voluntad).
La oposición entre activo y pasivo se fusiona con lo que media entre masculino y femenino, es decir, se
establece una relación entre la actividad y lo masculino, y la pasividad y lo femenino.
Al principio de la vida anímica, el yo se encuentra investido por pulsiones, y puede satisfacerlas en sí mismo
(es decir, es autoerótica la manera de satisfacer) a esto se lo llama narcisismo. El mundo exterior no se
encuentra investido, por lo que resulta indiferente. Entonces:
Yo-sujeto = placentero.
Sin embargo, el yo recibe objetos del exterior debido a las pulsiones de autoconservación, entonces por un
tiempo siente displacenteros los estímulos pulsionales internos. Más tarde, gracias al principio del placer
recoge del exterior los objetos que le son placenteros, y expele de sí lo que en su interioridad le causa
displacer. Se muda en un yo-placer. Una parte del mundo se le ha incorporado como placer, y un resto es
ajeno, lo siente como hostil. Entonces:
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Yo-sujeto (coincide) con placer.
Se despliega entonces la antítesis amar-odiar. Ama una parte del mundo, pero lo odia al mismo tiempo.
Desde un principio el objeto exterior es aportado al yo por las pulsiones de autoconservación; el sentido
originario del odiar implica el odio, la indiferencia.
Los opuestos:
Pasada la etapa narcisista, placer y displacer implican relaciones del yo con el objeto, si este se vuelve
placentero, se busca acercarlo al yo mediante la atracción. Por el contrario, si se vuelve displacentero, hay
una repulsión, esta puede volverse hostil y buscar agredir al objeto. Sin embargo, no es correcto afirmar que
la pulsión ama u odia al objeto, sino que estos vínculos están reservados al yo-total. Cabe aclarar que no se
ama a los objetos de la pulsión de autoconservación, se los necesita. El “amar” se reserva para hablar de un
vínculo de placer del yo con el objeto, los sexuales principalmente.
AMOR ODIO
Proviene de la capacidad del yo para satisfacer de Es más antiguo que el amor.
forma autoerótica una parte de sus mociones Brota de la repulsa que el yo narcisista opone al
pulsionales. comienzo al mundo exterior.
Es originariamente narcisista, luego pasa a los Mantiene un vínculo con las pulsiones de
objetos que se incorporaron al yo ampliado, y conservación.
expresa el intento de este de alcanzarlos en Las pulsiones yoicas y sexuales pueden entrar en
cuanto fuentes de placer. oposición, ya que, si las primeras gobiernan la
Se enlaza con el quehacer de las posteriores función sexual, prestan a la meta pulsional los
pulsiones sexuales, y luego la aspiración sexual caracteres del odio.
total. En la primera, se trata de una modalidad de
amor compatible con la supresión del objeto, por lo
que se lo puede denominar ambivalente. En la
siguiente, la organización pregenital sádico-anal,
se intenta alcanzar el objeto mediante su
apoderamiento, y es indiferente el daño o
aniquilación, esta etapa es apenas diferenciable
del odio.
El odio mezclado con amor proviene de las etapas previas de amar no superadas, y por el otro lado, de la
repulsa que viene de las pulsiones yoicas. En ambos casos eso se remonta a la fuente de las pulsiones de
conservación del yo.
La tercera oposición, la de mudanza del amar en un ser-amado, responde a la injerencia de la polaridad entre
actividad y pasividad.
Los destinos de pulsión consisten en que las mociones pulsionales son sometidas a las influencias de las tres
grandes polaridades que gobiernan la vida anímica. De estas polaridades:
Antes del primado genital, es válido suponer una organización “pregenital”, en el que se le da gran
importancia al sadismo y al erotismo anal.
Difícilmente hallan una distinción, y son permutados entre sí. En el ICC, estos elementos son tratados,
muchas veces como si fueran equivalentes entre sí y como si pudieran sustituirse mutuamente.
El vínculo existente entre “hijo” y “pene” es que a ambos se los denomina “pequeño”, ese es el símbolo
común dentro del lenguaje simbólico que los une (puede referirse tanto a genital masculino como femenino).
En la neurosis, es común encontrar que una mujer tiene como deseo reprimido el poseer un pene. Un fracaso
accidental en su vida como mujer puede reactivar este deseo, y gracias a la libido, lo convierte en el principal
portador de síntomas neuróticos. Aquellas mujeres que no registran este deseo, lo reemplazan con el deseo
de un hijo. En otras, se comprueba que ambos deseos estuvieron presentes en la infancia, primero la niña
deseaba tener un pene, y luego (dentro de la infancia), quiso tener un hijo.
El deseo del pene se muda en el deseo del varón. Esas mujeres encuentran posibilitadas un tipo masculino
de amor de objeto, que se puede afirmar al femenino, que es derivado del narcisismo. Ya que generalmente
suele ser el hijo el que produce el paso del amor narcisista al de objeto.
Algunos sueños de mujeres revelaban el deseo de guardar consigo el pene que habían sentido, y por tanto
respondían a una regresión pasajera del varón al pene como objeto de deseo. Se reconduce de una manera
racionalista el deseo del varón al del hijo, pues entiende que, sin la adjunción del varón, no se puede tener al
hijo. Puede ocurrir que el deseo del varón nazca independientemente del hijo, y que el deseo del pene se le
acople gracias a un refuerzo libidinoso. Este proceso transporta hasta la feminidad un fragmento de la
masculinidad narcisista de la joven, volviéndolo inocuo para la función sexual femenina.
El hijo es considerado como un “lumpf”, algo que se desprende del cuerpo mediante el intestino. En lo
lingüístico se relaciona al hijo y a la caca con “recibir de regalo un hijo”. La caca es el primer regalo que sale
del cuerpo del niño, solo se separa de él si la persona amada se lo pide. Se presenta un conflicto entre el
amor narcisista y el amor de objeto, ya que o entrega la caca sacrificándola al amor, o se satisface
autoeróticamente.
El interés por la caca se continúa en aquel que siente por el dinero, y por otra parte se transporta al deseo del
hijo. En el último se dan una moción anal-erótica y una genital. El pene posee una significatividad anal-erótica,
ya que el nexo entre el pene y el tubo de mucosa llenado y excitado encuentra su prototipo en la fase sádico
anal pregenital. El bolo fecal es el primer pene, se da una analogía, entre este y la vagina, que vendría a
constituir el intestino.
La Represión (1915)
AUTOR: FREUD
Cuando una moción pulsional choca con las resistencias que buscan hacerla inoperante, entra en el estado
de la represión. Esto sucede porque la satisfacción de la pulsión sería inconciliable con otras exigencias y
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designios. Por ende, produciría placer en un lugar y displacer en otro. La condición para la represión es que el
motivo de displacer cobre un poder mayor que el placer de la satisfacción.
La represión se establece únicamente cuando se da una separación nítida entre actividad consciente y
actividad inconsciente del alma. Su esencia consiste en rechazar algo de la conciencia y mantenerlo alejado
de ella.
Represión primordial: primera fase, consiste en que a la agencia representante psíquica de la pulsión se le
deniega admisión en lo consciente. Se establece una fijación, la agencia representante y su pulsión continúan
ligadas.
Represión propiamente dicha: recae sobre retoños psíquicos de la agencia representante o sobre aquellas
representaciones que hayan establecido un vínculo con ella.
La represión sólo perturba el vínculo con lo consciente, pero no impide que la agencia representante de la
pulsión siga existiendo en lo inconsciente. Sin embargo, los retoños de lo reprimido tienen acceso a lo
consciente si se han desfigurado, en la técnica psicoanalítica se invita al paciente a producir dichos retoños, el
paciente lo hace hasta que tropieza con un pensamiento cuyo vínculo con lo reprimido es tan fuerte que trata
de hacerlo reprimido nuevamente.
La represión trabaja de manera individual, cada retoño puede tener su destino particular. En ocasiones, se
trata de burlar a la represión, logrando que aquellas fuerzas psíquicas que producirían displacer puedan
resultar placenteras, en el chiste, por ejemplo, sin embargo, dicha cancelación es provisional.
Lo reprimido puja por salir a lo consciente constantemente, por lo que debe darse un equilibrio mediante una
contrapresión incesante.
Una moción pulsional reprimida puede encontrarse en diversos estados: estar investida con poca energía
psíquica o bien estar investiga en grados variables, esto último no implica que se cancele la represión, más
bien se ponen en movimiento los procesos que se cierran con la irrupción en la conciencia.
La representación pulsional cuenta además con un monto de afecto, que por lo general tiene un destino
diferente al primero. El destino de la representación representante de la pulsión es desaparecer de lo
consciente si antes fue consciente, o evitar su paso a la consciencia.
La pulsión tiene tres posibles destinos: es sofocada; sale a la luz como un afecto; se muda en angustia.
Si una represión no consigue impedir que nazcan sensaciones de displacer o angustia, se puede afirmar que
ha fracasado, aunque haya conseguido enviar al inconsciente la representación.
De la represión sale una formación sustitutiva y al mismo tiempo deja síntomas como secuela. Sin embargo,
no es la represión misma la que crea formaciones sustitutivas y síntomas, estos últimos son retornos de lo
reprimido que deben su origen a procesos diversos.
Freud brinda un ejemplo en relación a la histeria de angustia, la de la fobia a los animales. Una moción
pulsional propensa a la represión es una actitud libidinosa hacia el padre, luego de la represión, esta
desaparece, y se encuentra como sustituto a un animal. La formación sustitutiva se estableció por vía de
desplazamiento, sin embargo, la angustia sigue presente, solo que ante un objeto diferente. Aquí nuevamente
se admite que la represión ha fracasado.
En el caso de la histeria de conversión, se consigue hacer desaparecer el monto de afecto, por lo que el
enfermo exhibe una conducta denominada por Charcot como “La bella indiferencia de las histéricas”. Otras
veces, esta sofocación no es exitosa, y surgen los síntomas somáticos, a veces de naturaleza sensorial, y
otras de forma motriz. El lugar donde se ha depositado el monto de afecto implica una porción de la pulsión
reprimida que se ha atraído hacia sí gracias a la condensación.
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En la neurosis obsesiva, los afectados están constantemente preocupados por pensamientos que no les
interesan. El tipo de pensamientos que sufren estos pacientes son de un contenido que les genera rechazo, lo
que puede llevarlos a tener comportamientos indeseados. La formación sustitutiva se encuentra en una
alteración del yo, en la forma de escrúpulos de conciencia extremos, aunque esto no puede definirse como un
síntoma. Sin embargo, el afecto que en un principio había logrado ser desalojado, retorna como una angustia
social, de conciencia moral, de reproches sin medida. Se ponen en acción los mismos mecanismos de huida
por medio de evitaciones que se dan en las fobias, pero el rechazo que presenta el paciente ante la idea de
que la representación vuelva a lo consciente, se mantiene, porque acarrea la coartación de la acción.
Entonces, este trabajo de la represión se vuelve una pugna interminable.
Otra pieza de este nexo se discierne en el varón cuando ha descubierto que la mujer no tiene pene. Entonces,
empieza a pensar en el como algo que puede ser separado del cuerpo, y entra en analogía con la caca, que
fue el primer trozo corporal al que debió renunciar. Entonces, el viejo desafío anal entra en constitución con el
complejo de Edipo.
Si aparece un hijo, la investigación sexual pasa a discernirlo como “lumpf”, y lo inviste con un interés
anal-erótico. Este recibe un segundo complemento cuando lo social demuestra que el hijo puede ser
concebido como un regalo.
Las tres columnas caca-pene-hijo son cuerpos sólidos que al penetrar o salir excitan un tubo de mucosa (la
vagina).
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Cabe aclarar que la investigación sexual que realiza el niño sólo puede descubrir que el hijo sigue el mismo
camino que la columna de heces, pero no descubre la función del pene.
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Objeto ideal (pecho o pene): es experienciado por el bebe durante la posición esquizo-paranoide como resultado de la
escisión y de la negación de persecución. El bebe atribuye todas sus experiencias buenas, reales o fantaseadas, a este
objeto ideal al que anhela poseer y con el que ansía identificarse.
Objeto malo (o persecutorio): es experienciado como resultado de la escisión ocurrida durante la posición
esquizo-paranoide. El bebe le proyecta toda su hostilidad y a su actividad atribuye toda experiencia mala.
Objeto bueno: el término objeto parcial bueno se aplica generalmente al pecho o pene tal como se los experiencia en la
posición depresiva en relación con experiencias buenas. Se siente al objeto bueno como fuente de vida, amor y bondad,
pero no es ideal. Se reconocen sus malas cualidades y, en contraste con el objeto ideal, puede ser experienciado como
frustrante; se lo siente vulnerable a los ataques, y por consiguiente bulo suele sentir dañado o destruido. Se siente que el
pecho bueno y el pene bueno pertenecen respectivamente a la madre buena y al padre bueno, pero se los puede
experienciar antes de que se establezca plenamente la separación de objeto total.
OBJETOS TOTALES: se refieren a la percepción del otro como persona. La percepción de la madre como objeto total
caracteriza la posición depresiva. El objeto total es lo opuesto tanto del objeto parcial como de los objetos escindidos en
partes ideales y persecutorias. La ambivalencia y la culpa se experiencian en relación con objetos totales.
PADRES COMBINADOS: imagen fantaseada de los padres combinados en coito. Se origina cuando no se diferencia al
padre de la madre y se siente su pene como parte del cuerpo de la madre. Cuando surgen ansiedades edípicas esta
fantasía se reactiva regresivamente como medio de negar el coito parental. Por lo general se la experiencia como figura
terrorífica.
PERSEGUIDORES: son objetos en los que se ha proyectado parte del instinto de muerte. Originan ansiedad paranoide.
REALIDAD PSÍQUICA: la experiencia de la realidad psíquica es la experiencia del propio mundo interno, incluyendo la
experiencia de impulsos y los objetos internos.
REPARACIÓN: actividad del yo dirigida a restaurar un objeto amado y dañado. Surge durante la posición depresiva
como reacción a ansiedades depresivas y a la culpa. La reparación se puede usar como parte del sistema de defensas
maníacas, en cuyo caso adquiere las características maníacas de negación, control y desprecio.
SENTIDO DE REALIDAD: es la capacidad de experienciar la realidad psíquica como tal y de diferenciarla de la realidad
externa.Implica la experiencia simultánea y la correlación de los mundos interno y externo.
● Melanie Klein → en su trabajo con niños, descubrió que el complejo de Edipo y el superyó se manifiestan
claramente mucho antes de lo que se suponía.
● Las posiciones son fases del desarrollo. Podrían considerarse subdivisiones de la etapa oral.
● NO SON ETAPAS O FASES TRANSITORIAS → Posición: implica una configuración específica de relaciones
objetales, ansiedades y defensas, persistente a lo largo de la vida → La posición depresiva nunca llega a
reemplazar por completo a la posición esquizo-paranoide; la integración lograda nunca es total. El individuo
puede oscilar entre ambas posiciones.
● La forma de integración de las relaciones objetales durante la posición depresiva queda como base de la
estructura de la personalidad.
● MK - Neurosis infantil → es una defensa contra ansiedades paranoides y depresivas subyacentes, y una forma
de ligarlas y de elaborarlas. A medida que continúan los procesos integradores iniciados durante la posición
depresiva, disminuye la ansiedad, y la reparación, la sublimación y la creatividad reemplazan en gran parte a los
mecanismos de defensa tanto psicóticos como neuróticos.
Hasta los 3-4 meses de vida. Segunda mitad del primer año.
Caracterizada por: Inicia cuando se reconoce a la madre como objeto total.
El bebé no reconoce “personas”, sino que se relaciona El bebé reconoce un objeto total y se relaciona con dicho
con objetos parciales; predominio de la ansiedad objeto.
paranoide y de procesos de escisión (escisión: cuando no Caracterizada por: la relación con objetos totales y por el
se indica en cuantas partes se han dividido el objeto o el predominio de integración, ambivalencia, ansiedad
yo; disociación: cuando se indica claramente que se ha depresiva y culpa.
dividido en dos partes). Es una constelación de relaciones objetales y ansiedades
caracterizada por la experiencia del bebe de atacar a una
madre ambivalentemente amada y de perderla como
objeto externo e interno. Esta experiencia origina dolor,
culpa y sentimientos de pérdida.
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La posición esquizo-paranoide
Hay suficiente yo al nacer como para sentir ansiedad, utilizar mecanismos de defensa y establecer primitivas
relaciones objetales en la fantasía y en la realidad → esto no significa que el yo se parezca mucho al de un bebé
bien integrado de seis meses, ni al de un niño o de un adulto plenamente desarrollado.
El yo inmaduro del bebé está expuesto desde el nacimiento a la ansiedad provocada por la innata polaridad
de los instintos –el conflicto inmediato entre instinto de vida e instinto de muerte. Está también
inmediatamente expuesto al impacto de la realidad externa, que le produce situaciones de ansiedad, por
ejemplo el trauma del nacimiento, pero también le da vida, por ejemplo el calor, amor y alimento provenientes de la
madre. Cuando se ve enfrentado con la ansiedad que le produce el instinto de muerte, el yo lo deflexión.
- El yo se escinde y proyecta fuera su parte que contiene el instinto de muerte, poniéndola en el objeto
externo original: el pecho. Es así como el pecho llega a experienciarse como malo y amenazador para
el yo, dando origen a un sentimiento de persecución. De este modo, el miedo original al instinto de
muerte se transforma en miedo a un perseguidor. Parte del instinto de muerte que queda en el yo se
convierte en agresión y se dirige contra los perseguidores.
- Al mismo tiempo se establece una relación con el objeto ideal. Así como se proyecta fuera del instinto
de muerte, para evitar la ansiedad que surge de contenerlo, así también se proyecta la libido, a fin de
crear un objeto que satisfaga el impulso instintivo del yo a conservar la vida. Lo mismo que pasa con el
instinto de muerte, pasa con la libido.
- El objetivo del bebé es tratar de adquirir y guardar dentro de sí al objeto ideal, e identificarse con éste,
que es para él quien le da vida y lo protege, y mantener fuera el objeto malo y las partes del Yo que
contienen el instinto de muerte. La ansiedad predominante de la posición esquizo-paranoide es que el
objeto u objetos persecutorios se introducirán en el yo y avasallaron y aniquilarán tanto al objeto ideal
como al Yo.
- La ansiedad predominante es paranoide, y el estado del yo y de sus objetos se caracteriza por
la escisión, que es esquizoide.
- Contra la abrumadora ansiedad de ser aniquilado el yo desarrolla una serie de mecanismos de
defensa, siendo probablemente el primero el uso defensivo de la introyección y de la proyección. Como
expresión de los instintos y como recurso defensivo, el yo se esfuerza por introyectar lo bueno y proyectar lo malo. También
hay situaciones en que se proyecta lo bueno, para mantenerlo a salvo de lo que se siente como abrumadora maldad interna,
y situaciones en que se introyectan los perseguidores e incluso se hace una identificación con ellos, en un intento de
controlarlos.
- De la proyección original del instinto de muerte surge otro mecanismo de defensa: la identificación
proyectiva → se escinden y apartan partes del Yo y objetos internos y se los proyecta en el objeto
externo, que queda entonces poseído y controlado por las partes proyectadas e identificado con ellas.
La identificación proyectiva tiene múltiples propósitos:
1. Se la puede dirigir hacia el objeto ideal para evitar la separación, o hacia el objeto malo para obtener
control de la fuente de peligro.
2. Se pueden proyectar varias partes del Yo con diversos propósitos: se pueden proyectar partes malas del
Yo tanto para liberarse de ellas como para atacar y destruir el objeto; se pueden proyectar partes buenas
para evitar la separación o para mantenerlas a salvo de la maldad interna, o para mejorar al objeto
externo a través de una especie de primitiva reparación proyectiva. La identificación proyectiva comienza
en cuanto se instala la posición esquizo-paranoide en relación con el pecho, pero persiste y muy a
menudo se intensifica cuando se percibe a la madre como objeto total y la identificación proyectiva
penetra en todo su cuerpo.
- Cuando los mecanismos de proyección, introyección, escisión, idealización, negación, e identificación
proyectiva e introyectiva no alcanzan a dominar la ansiedad y ésta invade al yo, puede surgir la
desintegración del yo como medida defensiva → El yo se fragmenta y escinde en pedacitos para evitar
la experiencia de ansiedad. Este mecanismo, muy dañino para el yo, generalmente aparece combinado con la
identificación proyectiva: de inmediato se proyectan las partes fragmentadas del yo. Este tipo de identificación
proyectiva es de carácter patológico cuando se la utiliza extensamente.
El bebé utiliza diversos mecanismos de defensa para proteger de sentir, al principio, el miedo a la muerte desde
dentro, y a los perseguidores externos e internos, una vez que ha deflexión el instinto de muerte.
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- La desintegración es el más desesperado de todos los intentos del yo para protegerse de la ansiedad.
A fin de no sufrirla el yo hace lo que puede por no existir, intento que origina una aguda ansiedad
específica: la de hacerse pedazos y quedar pulverizado.
El bebé normal no pasa la mayor parte del tiempo en estado de ansiedad. Por el contrario, en circunstancias
favorables pasa la mayor parte del tiempo durmiendo, mamando, disfrutando de placeres reales o alucinados,
y de este modo asimilando gradualmente su objeto ideal e integrando su yo. Pero todos los bebés tienen
períodos de ansiedad, y las ansiedades y defensas que constituyen el núcleo de la posición
esquizo-paranoide son parte normal del desarrollo humano.
● Una de las conductas de la posición esquizo-paranoide es la escisión. La escisión es lo que permite al
yo emerger del caos y ordenar sus experiencias. Por excesivo y extremo que pueda ser al comienzo,
este ordenamiento de la experiencia que acompaña al proceso de escindir al objeto en uno bueno y
otro malo sirve, sin embargo, para ordenar el universo de las impresiones emocionales y sensoriales
del niño y es una condición previa para la integración posterior. Es la base de lo que será después la
capacidad de discriminar, cuyo origen es la temprana diferenciación entre lo bueno y lo malo.
Para que la posición e-p dé lugar, en forma gradual y relativamente no perturbada al siguiente paso del
desarrollo, las experiencias buenas deben predominar sobre las malas (internos y externos) → el yo
llega a creer que el objeto ideal prevalece sobre los objetos persecutorios, y que su propio instinto de vida
predomina sobre su propio instinto de muerte.
- El yo se identifica repetidamente con el objeto ideal, adquiriendo así mayor fuerza y mayor capacidad para
enfrentarse con ansiedades sin recurrir a violentos mecanismos de defensa. Disminuye el miedo a los
perseguidores y disminuye también la escisión entre objetos persecutorios e ideales. Se permite a ambos que se
aproximen más y esto los prepara para la integración. Simultáneamente, a medida que el yo se siente más fuerte
y con mayor afluencia de la libido, va disminuyendo la escisión dentro del yo. Su relación con el objeto ideal es
más estrecha y le asusta menos su propia agresión y la ansiedad que ésta le provoca; sus partes buenas y
malas pueden entrar en mayor contacto. A la vez que disminuye la escisión y el yo tolera más su propia
agresión, disminuye la necesidad de proyectar, de esta manera, el yo se prepara para integrar sus objetos, para
integrarse él mismo y distingue cada vez mejor (por la disminución de los mecanismos proyectivos) entre lo que
es Yo y lo que es objeto. De este modo se prepara el terreno para la posición depresiva.
La posición depresiva
A medida que los procesos de escisión, proyección e introyección le ayudan a ordenar sus percepciones y
emociones y a separar lo bueno de lo mano, el bebé se encuentra ante dos objetos: uno ideal y uno malo.
Ama al objeto ideal, trata de adueñarse de él, de conservarlo y de identificarse con él. En el objeto malo ha
proyectado impulsos agresivos y lo siente como una amenaza para sí mismo y para su objeto ideal.
El bebe comienza a percatarse de que sus experiencias buenas y malas no proceden de un pecho o una
madre buena y de un pecho o madre mala, sino de la misma madre, que es a la vez fuente de lo bueno y de
lo malo.
- Reconocer a la madre como persona total significa también reconocerla como individuo con una vida propia y
con sus propias relaciones con otras personas. El bebé descubre cuán desamparado está, cómo depende
totalmente de ella, y cuántos celos le provocan los demás.
Este cambio en la percepción del objeto se acompaña de un cambio en el yo, a medida que la madre se
convierte en objeto total, el yo del bb se convierte en un yo total, escindiéndose cada vez menos en sus
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componentes buenos y malos → Al disminuir los procesos proyectivos e integrarse más el yo, se distorsiona
menos la percepción de los objetos, de modo que el objeto malo y el objeto ideal se aproximan el uno al otro.
- Al percibir a la madre como objeto total, el bb puede recordarla.
- A medida que prosiguen estos procesos de integración, el bb reconoce más y más claramente que es una
misma persona (él mismo) que quien ama y odia a una misma persona (su madre).
En la posición depresiva se intensifican los procesos de introyección. Esto se debe en parte a la disminución
de los mecanismos proyectivos, y en parte a que el bb descubre cuánto depende de su objeto.
El bb bien integrado, que puede evocar y conservar su amor por el objeto bueno, incluso mientras lo odia,
está expuesto a nuevos sentimientos: el duelo y la nostalgia por el objeto bueno al que se siente perdido y
destruido, y la culpa provocada por el sentimiento de que perdió a su objeto bueno por su propia
destructividad.
- El bb recuerda que ha amado, y en realidad ama aún a su madre, pero siente que la ha devorado o destruido y
ya no puede recurrir a ella en el mundo exterior.
El bb cambia radicalmente su concepción de la realidad → Al integrarse más su yo, al disminuir sus procesos
de proyección y al empezar a percibir su dependencia de un objeto externo y la ambivalencia de sus propios
instintos y fines, el bb descubre su propia realidad psíquica, advierte su propia existencia y la de sus objetos
como seres distintos y separados de él.
- El bb adquiere la capacidad de amar y respetar a las personas como seres separados, diferenciados. Puede
ahora reconocer como propios sus impulsos, responsabilizarse por ellos y tolerar la culpa.
- Cambia el carácter del superyó. El objeto persecutorio es vivenciado como autor de castigos crueles y
retaliatorios. El objeto ideal, con quien el yo anhela identificarse, se convierte en la parte del superyó
correspondiente al ideal del yo. A medida que se aproximan entre sí el objeto ideal y el objeto persecutorio
durante la posición, el superyó se integra más.
- A medida que el yo se organiza más y las proyecciones se debilitan, la represión reemplaza a la escisión.
Fantasías
● MK → La fantasía inconsciente es la expresión mental de los instintos y existen, como éstos,
desde el comienzo de la vida.
- Los instintos son buscadores-de-objetos. En el aparato mental se experiencia al instinto vinculado con la
fantasía de un objeto adecuado a él. De este modo, para cada impulso instintivo hay una fantasía
correspondiente. Ejemplo: al deseo de comer, le corresponde la fantasía de algo comestible que satisfaría ese
deseo: el pecho.
● Están siempre presentes y activas en todo individuo.
● Crear fantasías es una función del yo.
- Desde el nacimiento, el yo es capaz de establecer relaciones objetales primitivas en la fantasía y en la
realidad. Desde el momento del nacimiento, el bebé se tiene que enfrentar a experiencias de
gratificación y frustración de sus deseos. Estas experiencias con la realidad influyen inmediatamente en
la fantasía icc, que a su vez influye en ellas.
- La fantasía no es tan sólo una fuga de la realidad; es una concomitante constante e inevitable de las
experiencias reales, en constante interacción con ellas.
● Su presencia no es índice de enfermedad ni de falta de sentido de la realidad → Lo que determinará
el estado psíquico del sujeto es la naturaleza de las fantasías icc y su relación con la realidad
externa.
Las funciones de la fantasía son múltiples y complicadas, y la fantasía tiene un aspecto defensivo. Como el
objetivo de la fantasía es satisfacer impulsos instintivos prescindiendo de la realidad externa, se puede
considerar que la gratificación proveniente de la fantasía es una defensa contra la realidad externa de la
privación. Es también una defensa contra la realidad interna.
Ejemplo: cuando el sujeto hace una fantasía de realización-de-deseos, no está evitando solamente la frustración y el
reconocimiento de una realidad externa displacentera; también está defendiéndose contra la realidad de su propia
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hambre y de su propia ira, o sea, contra la realidad de su propia hambre y de su propia ira, o sea, contra su realidad
interna. Además, algunas fantasías se pueden utilizar como defensa contra otras fantasías.
● La estructura de la personalidad está determinada en gran parte por las fantasías más permanentes
del yo sobre sí mismo y los objetos que contiene.
● Al analizar las relaciones del yo con los objetos, internos y externos, y al modificar las fantasías sobre
estos objetos, es que podemos influir esencialmente sobre la estructura más permanente del yo.
La palabra “criatura”
Esta palabra se emplea para denominar al niño de muy corta edad (todavía no habla). Mientras que infancia,
hace referencia al periodo previo a la imagen mental de las palabras y al empleo de símbolos verbales, por lo
cual refiere al periodo de dependencia del cuidado materno, el cual se basa en la identificación emocional por
parte de la madre que con comprensión se expresa verbalmente.
En este periodo de desarrollo del ego (yo) cuyo principal rasgo es la integración. Las fuerzas del id (ello), al
inicio externas, buscan atención. Lo normal es que el Id se ponga al servicio del ego, quien lo domina de
modo que las satisfacciones del id se conviertan en refuerzos del ego. Sin embargo, esto constituye un logro
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propio del desarrollo normal y en la infancia existen muchas variaciones que dependen del relativo fracaso de
este logro.
La teoría explica la principal razón de que durante el desarrollo infantil la criatura, por lo general, aprenda a
dominar a Id (y el ego logre incorporarlo) gracias al cuidado materno, en que el ego materno complementa el
ego infantil y le dé fuerza y estabilidad. Luego el ego infantil acaba liberándose del apoyo del ego materno, de
tal forma que la criatura alcanza una independencia mental con respecto a la madre, es decir, una
diferenciación que le otorga una personalidad propia.
1. La criatura
La palabra clave es dependencia. Las criaturas humanas no pueden empezar a ser salvo en ciertas
condiciones, de distintas maneras, según sean favorables o desfavorables. Las condiciones no determinan el
potencial de la criatura, ya que este es heredado. Este potencial puede estudiarse teniendo en cuenta que la
criatura no puede llegar a ser una criatura a menos que vaya ligado al cuidado materno. El potencial heredado
incluye la tendencia al crecimiento y desarrollo.
Al emplear en este contexto el término “sostenimiento” refiere al conjunto de condiciones ambientales que
antecede al concepto de convivencia. Es decir, la relación tridimensional o espacial a la que gradualmente se
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le va sumando el factor tiempo, que coincide en parte con las experiencias instintivas que con el tiempo
determinarían las relaciones objetales. Incluye el uso de experiencias inherentes a la existencia, tales como la
terminación (y por ende la no terminación) de procesos (físicos y psicológicos) que son determinados por la
consciencia y la identificación de la madre.
El término “convivencia” entraña relaciones objetales y la salida de la criatura de su estado de fusión con la
madre o su percepción de los objetos como externos a él mismo.
Dependencia
En la fase de sostenimiento la criatura se encuentra en un estado de máxima dependencia. Sería posible
clasificar la dependencia del siguiente modo:
a. Dependencia absoluta. La criatura no dispone de medios de conocer el cuidado materno. La criatura
no tiene el control de lo que está bien y de lo que está mal hecho; sólo puede sacar partido o sufrir la
perturbación.
b. Dependencia relativa. La criatura da cuenta de la necesidad que tiene de los cuidados materno y, los
relaciona con un impulso personal y más tarde, en un tratamiento psicoanalítico, puede reproducirlos
en la transferencia.
c. Hacia la independencia. La criatura crea medios para prescindir de un cuidado ajeno. Lo consigue
mediante la acumulación de recuerdos del cuidado recibido, la proyección de las necesidades
personales y la introyección de detalles de dicho cuidado, con el desarrollo de confianza en el medio
ambiente. Es necesario añadir el elemento representado por la comprensión intelectual y todas sus
tremendas implicaciones.
Aniquilamiento
Como ya se mencionó, la angustia está relacionada con la amenaza de aniquilamiento.
En la fase, caracterizada por la existencia esencial de un ambiente sostenedor, el “potencial heredado” se
convierte en una “continuidad del ser”. La alternativa a ser es reaccionar, y el reaccionar interrumpe el ser y
aniquila. Ser y aniquilación son las dos alternativas de esta fase. Por lo tanto, la función principal del ambiente
sostenedor es la reducción a un mínimo de los peligros a los que la criatura tiene que reaccionar con el
consiguiente aniquilamiento de su ser. En condiciones favorables, la criatura inicia una continuidad de
existencia y luego empieza a crear los mecanismos más complejos que posibilitarán la colocación de los
peligros al servicio de la omnipotencia. En esta etapa la palabra “muerte” no significa nada. Hay ideas que son
propias de una fase posterior a la de la dependencia del medio ambiente sostenedor, tales como “el deseo de
herir”: donde la persona odiada y amada es mantenida en vida castrándola o bien hiriéndola en vez de
matándola.
El sostenimiento: Las madres, espontáneamente son capaces de prestar un cuidado satisfactorio, pueden
mejorarlo si ellas mismas son cuidadas de modo que tengan presente la naturaleza esencial de su tarea. Las
madres que no reúnan tal condición natural no mejorarán a base simplemente de instrucción.
- El sostenimiento comprende el sostener a la criatura en brazos y constituye una forma de amar, y
quizás la única que permite a la madre demostrar su amor por la criatura. Las hay que saben sostener
una criatura y otras que no; las últimas generan una sensación de inseguridad, y llanto angustiado en
la criatura.
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Esto conduce a la instauración de las primeras relaciones objetales y sus primeras experiencias de
satisfacción instintiva; e incluye y coexiste con ellas.
No se debe anteponer la satisfacción instintiva (alimentación) o las relaciones objetales (relación con el seno
materno) a la organización del ego. La satisfacción instintiva y de las relaciones objetales, cuando todo va
bien, se dan por sentado con demasiada facilidad.
La salud mental del individuo se apoya en este cuidado materno. Esta provisión o condición ambiental es
continuación de la vida de los tejidos y de la salud funcional, que proporciona un apoyo del ego. Esquizofrenia
o psicosis infantil, están relacionados con la falta de provisión ambiental. En el trabajo de Klein acerca de los
mecanismos de defensa por escisión, las proyecciones, las introyecciones y demás, son un intento de
enunciar los efectos de la falta de provisión ambiental en términos del individuo.
Con “el cuidado que recibe de su madre” toda criatura es capaz de tener una existencia personal, y así
empieza la evolución de lo que podría denominarse una continuidad existencial. Partiendo de esta
continuidad, el potencial heredado va desarrollándose hasta convertirse en una criatura individual. Si el
cuidado materno no es lo bastante bueno, entonces la criatura no llega realmente a tener una existencia, ya
que no hay ninguna continuidad existencial; en su lugar, su personalidad se edifica sobre una serie de
reacciones provocadas por los conflictos ambientales. Aunque, es posible proveer un buen cuidado inicial y
no lograr completar el proceso debido a la incapacidad para permitir que llegue a su fin natural, con lo que la
madre tiende a permanecer fusionada a la criatura y a demorar la separación.
Todo esto es significativo para el analista. Esta labor sobre la dependencia infantil proviene del estudio de los
fenómenos de la transferencia y de la contratransferencia pertenecientes al trabajo del psicoanalista en los
casos límite.
Freud fue capaz de descubrir la sexualidad infantil bajo un nuevo aspecto por haberla reconstruido partiendo
de su labor analítica con los pacientes psiconeuróticos. Ampliando la labor para que incluya el tratamiento del
caso límite de los pacientes psicóticos, se puede reconstruir la dinámica de la infancia y de la dependencia
infantil, así como del cuidado materno que satisface dicha dependencia.
Hay que tener en cuenta que, sin aparato electrónico no puede haber experiencia alguna y, por lo tanto,
ningún ego. Sin embargo, la funcionalidad del id no se pierde normalmente, sino que se reúne en todos sus
aspectos y pasa a ser la experiencia del ego. Así, pues, no tiene sentido aplicar la palabra “id” a fenómenos
que no son experimentados y finalmente interpretados por la funcionalidad del ego.
En las primeras fases del desarrollo de un niño, la funcionalidad del ego debe ser tomada como inseparable
del de la existencia de la criatura en tanto persona. Se puede ignorar la vida instintiva que pueda haber aparte
de la funcionalidad del ego, ya que la criatura todavía no es una entidad que viva unas experiencias. No hay
id antes del ego. Sólo partiendo de esta premisa es posible justificar el estudio del ego.
El ego se ofrece para ser estudiado antes de que la palabra “self” resulte pertinente.
La primera pregunta que surge con respecto al ego: ¿hay un ego desde el principio? El principio está en el
momento en que el ego empieza.
La segunda pregunta: el ego, ¿es fuerte o débil? Depende de la madre de que se trate y de su capacidad
para satisfacer la dependencia absoluta de su criatura al principio, antes de que separe del self de la madre.
La madre suficientemente buena es aquella que es capaz de hacer frente a las necesidades de su criatura al
principio, que al tener lugar su salida de la matriz de la relación madre-criatura, es capaz de vivir una breve
experiencia de omnipotencia.
La tarea de la madre es posible ya que el niño está dotado de una capacidad para relacionarse con objetos
subjetivos cuando la función de apoyo del ego materno es operativa. Al respecto, puede que el bebé se
encuentre con el PR a cada dos por tres: es decir, el bebé retiene áreas de los objetos subjetivos junto con
otras áreas en las que existe cierta relación con objetos percibidos objetivamente o, dicho de otro modo,
objetos que «no son él».
83
Cuando la madre no es lo bastante «buena», el pequeño no logra iniciar la maduración de su ego o bien, de
hacerlo, este desarrollo sufrirá deformaciones en ciertos aspectos de vital importancia.
En esta etapa, es necesario pensar al bebé como un ser inmaduro que en todo momento se halla al borde de
una angustia inconcebible. Esta angustia inconcebible es mantenida a raya por la función que la madre
desempeña en esta fase: su capacidad para ponerse en el lugar del bebé y saber cuáles son sus necesidades
dentro del gobierno general del cuerpo y, por ende, de la persona. El amor, en esta fase, sólo puede
demostrarse en términos de cuidados corporales.
La angustia inconcebible presenta variantes, cada una de las cuales constituye la clave de un aspecto
determinado del crecimiento normal:
1. Deshacerse. 2. Caer para siempre. 3. No tener relación alguna con el cuerpo. 4. Carecer de
orientación.
Estas se tratan de la “materia prima” de las angustias psicóticas, las cuales, desde el punto de vista clínico,
corresponden a la esquizofrenia o a la aparición de un elemento esquizoide oculto en una personalidad por lo
demás no psicótica.
Lo que le sucede al bebé que no recibe un cuidado satisfactorio durante la primera fase, antes de que el bebé
haya establecido una diferencia entre la percepción objetiva y la subjetiva, causa numerosas variantes que
puede hacer referencia a:
1. Las deformaciones de la organización del ego que constituyen la base de las características
esquizoides.
Las consecuencias de un deficiente apoyo del ego por parte de la madre son a veces devastadoras;
citaremos las siguientes:
En algunos casos hay indicios de una reacción producida por el fracaso del apoyo del ego.
b) Esquizofrenia latente
Se hace evidente por la fragilidad de los “logros”. Las tensiones propias de las fases posteriores del
desarrollo pueden ocasionar una enfermedad.
c) Falsa autodefensa
El empleo de defensas, especialmente la consistente en una falsa personalidad, hace posible que gran
número de niños parezcan “prometedores”, pero a la larga algún trastorno vendrá a revelar la ausencia en
ellos de una verdadera personalidad.
d) Personalidad esquizoide
2. Personalización; el ego se basa en un ego corporal, el bebé empieza a enlazar el cuerpo y sus
funciones, con la piel en su cometido de membrana restrictiva.
3. El ego inicia la relación objetal. 'Con un buen cuidado materno al principio, el bebé no se halla
sujeto a las satisfacciones instintivas salvo en la medida en que exista la participación del ego. En este
sentido, se trata de permitirle encontrar y adaptarse por sí mismo al objeto (seno, biberón, leche, etc.).
No parece imposible emparejar estos tres fenómenos del desarrollo del ego con tres aspectos del cuidado de
criaturas y niños:
La integración surge de elementos motores y sensoriales, es decir, de la materia básica del narcisismo
primario, adquiriendo una tendencia hacia un sentido existencial. Es necesario postular los rudimentos de una
elaboración imaginativa de la funcionalidad corporal pura si se pretende reclamar el inicio de la existencia de
este nuevo ser humano que empieza a recoger experiencias que pueden calificarse de personales.
Todo esto tiende hacia la instauración de un self unitario, pero hay que volver a señalar que lo que sucede en
esta fase temprana depende de la protección del ego proporcionada por el elemento materno del
acoplamiento criatura-madre.
Puede afirmarse que la satisfactoria protección del ego por parte de la madre permite que la nueva persona
humana se edifique una personalidad de acuerdo con el patrón de una continuidad existencial. Todos los
fallos ocasionan una reacción que corta al través la continuidad existencial. Si persisten las reacciones de
esta índole se instaura un patrón de fragmentación. Un patrón de fragmentaciones se enfrenta a una labor de
desarrollo que apunta hacia la psicopatología.
Se puede afirmar que, sean cuales fueren los factores externos, lo que cuenta es la visión (fantasía) que tiene
el individuo sobre ellos. Además, es necesario recordar que hay una etapa anterior a que el individuo repudia
su percepción objetiva. En esa fase tan primitiva no hay factor externo alguno: la madre forma parte del niño.
Durante esta fase en el patrón del niño se halla incluida su experiencia de la madre, tal como ella es en su
realidad personal.
Lógicamente, lo contrario de integración es desintegración; pero aquí, para referirnos a lo contrario es mejor
hablar de no integración. El término “relajación” refiere al hecho de no sentir la necesidad de integrarse, al
darse por sentada la función materna de apoyo del ego.
85
El término «desintegración” se emplea para describir una compleja defensa; en ausencia del apoyo del ego
por parte de la madre; es decir, contra la angustia inconcebible resultante de la falta de sostenimiento durante
la fase de dependencia absoluta.
La integración se halla estrechamente ligada con la función ambiental del sostenimiento, siendo su logro la
integración en la unidad. En primer lugar, viene “yo”, incluyéndose en ello “todo lo demás no soy yo”. Luego
viene «yo soy, yo existo, adquiero experiencias y me enriquezco y poseo una interacción introyectiva y
proyectiva con el NO YO, el mundo real de la realidad compartida». A esto se le suma lo siguiente: “EI hecho
de que yo existo es visto o comprendido por alguien” y, después, lo siguiente: «Me es devuelta la evidencia
necesaria para saber que he sido reconocido como ser.»
En circunstancias favorables, la piel se convierte en la frontera entre el «yo» y el «no yo», la psique ha
entrado a vivir dentro del soma, dando inicio a una vida psicosomática individual.
Una reacción persecutoria es inherente a la idea de la repudiación del «no yo» que acompaña a la limitación
de la personalidad unitaria dentro del cuerpo, contenido en la membrana restrictiva de la piel.
El inicio de las relaciones objetales es complejo. No puede tener lugar sin la provisión ambiental de la
presentación objetal, realizada de tal forma que el bebé sea quien crea el objeto. El patrón es el siguiente: en
el bebé se desarrolla una vaga expectación que tiene su origen en una necesidad no formulada. La madre
presenta un objeto o manipulación que satisface las necesidades del bebé, y de esta manera el bebé empieza
a necesitar justamente lo que la madre le presenta. De este modo el bebé llega a adquirir confianza en su
capacidad para crear objetos y para crear el mundo real. La madre da al bebé un breve periodo en el que la
omnipotencia es una cuestión de experiencia.
Parece oportuno examinar el crecimiento en términos de los cambios graduales que van sucediéndose a
partir de la dependencia y hasta alcanzar la independencia. Ello no invalida la exposición del crecimiento en
términos de zonas erógenas o de relaciones objetales.
La socialización
La madurez del ser humano entraña también su socialización. Digamos que, en la normalidad, el adulto es
capaz de identificarse con la sociedad sin tener que sacrificar excesivamente su espontaneidad personal; o,
puesto al revés, el adulto es capaz de atender a sus propias necesidades personales sin por ello ser
antisocial.
La independencia jamás es absoluta. El individuo sano no queda aislado, sino que se relaciona con el medio
ambiente de tal forma que el individuo y el medio podrían calificarse de interdependientes.
El recorrido
Cuando hablamos de la salud, nos referimos tanto a la salud del individuo como a la de la sociedad, ya que la
madurez plena del individuo no es posible dentro de un marco social inmaduro o enfermo.
Tres categorías
Al planear esta breve exposición es necesario tres categorías en lugar de dos; es decir, no basta con la
dependencia y la independencia simplemente.
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1. Dependencia absoluta
En las primeras fases del desarrollo emocional de toda criatura, esta depende por completo de la provisión
física aportada por la madre viva. No obstante, en términos de la psicología el niño es a la vez dependiente e
independiente. Por un lado, está todo lo que la criatura hereda, incluyendo los procesos de maduración
(evolución del ego y del self, incluye la teoría del Id, de los instintos y sus vicisitudes, así como las defensas
en el ego en relación con el instinto); todo ello tiene una realidad propia, y nadie puede alterarlo. Al mismo
tiempo, la evolución de los procesos de maduración depende de la provisión ambiental. El medio ambiente no
hace al niño, lo que hace es permitirle realizar su potencial.
Dicho de otro modo: una madre y un padre poner en marcha un proceso de desarrollo partiendo de la
existencia de un “huésped” dentro del cuerpo de la madre, luego en sus brazos y más tarde en el hogar
provisto por los padres; lo que acabe por ser el «huésped» en cuestión escapa al control de los demás. Los
padres dependen de las tendencias heredadas por la criatura. Pero, pueden proveer lo necesario para que el
niño alcance la madurez propia de cada etapa de su vida. Si esto es exitoso, entonces los procesos de
maduración de la criatura reciben satisfacción y, pasan a formar parte del niño.
Los procesos de maduración exigen muchísimo de los padres. Al principio es la misma madre quien
constituye el medio ambiente posibilitador, para lo cual necesita apoyo, ya sea del padre de la criatura, la
abuela materna, la familia y el medio ambiente social más inmediato.
Este estado especial de la madre es denominado «preocupación maternal primaría», durante las postrimerías
del embarazo y primeras semanas después del parto, la madre se preocupa del cuidado del niño y se entrega
a esta tarea; el niño parece formar parte de ella, ya que la madre se halla muy identificada con él bebe y sabe
muy bien cómo se siente. De esta manera la misma madre se halla en estado de dependencia y de
vulnerabilidad. Es para describir esta fase que utilizó las palabras «dependencia absoluta» al referirme al
estado del bebe.
La naturaleza dispone lo que el niño necesita: un elevado grado de adaptación. En los primeros tiempos del
psicoanálisis la palabra «adaptación» sólo podía tener un significado: la satisfacción de las necesidades
instintivas de la criatura. Aunque, las necesidades infantiles no se limitan a las tensiones instintivas, por
importantes que éstas sean; existe el desarrollo total del ego infantil, con sus propias necesidades. A este
respecto diremos que “la madre no abandona a su hijo”, si bien puede y debe frustrarlo en el sentido de
satisfacer las necesidades instintivas. Resulta asombroso comprobar lo bien que las madres satisfacen las
necesidades del ego de sus hijos. Aunque siempre hay unas cuantas que son incapaces de la entrega total
necesaria en esta primera fase, aunque ésta dure unos pocos meses solamente, hacia el fin del embarazo y
el principio de la vida de la criatura.
Entre las necesidades del ego, el mejor ejemplo es el sostenimiento. Nadie es capaz de sostener un bebé en
brazos a menos que sepa identificarse con él, hablando de la dependencia absoluta. Todo se reduce a una
cuestión de que la existencia de la criatura se vea o no amenazada.
Todos los procesos de una criatura viva constituyen una continuidad existencial. La madre que sabe
entregarse durante un breve período a esta misión natural sabe igualmente proteger la continuidad existencial
de su hijo. Todas las amenazas producen una reacción que trunca la continuidad. Con la ausencia relativa de
reacciones ante amenazas, las funciones corporales de la criatura proporcionan una buena base sobre la que
edificar un ego corporal.
La criatura no tarda en dar cuenta de que obtiene algo positivo de las rabietas causadas por lo que podríamos
denominar “pequeños fallos de adaptación”. Pero la madre ya empieza a reemprender su propia vida, que a la
larga se independiza relativamente de las necesidades de su criatura. Una madre que no sepa ir fallando
poco a poco en lo que hace a la adaptación sensible fallará en otro sentido; fallará en dar a la criatura motivos
de enfado, se encuentra con grandes dificultades al tratar de unir la agresión con el amor.
2. Dependencia relativa
La fase siguiente, la de dependencia relativa, consiste en una fase de la adaptación en la que ésta va
disminuyendo poco a poco. Las madres están capacitadas para aportar una desadaptación gradual que esté
acoplada a la rapidez con que el niño vaya haciendo progresos.
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La totalidad del procedimiento del cuidado infantil debe caracterizarse principalmente por el modo firme y
estable de presentarle el mundo a la criatura. Esto es algo que no puede hacerse con el pensamiento, sino
que debe ir a cargo de un ser humano que se muestre siempre como ella misma, no tiene cabida la
perfección.
Hay que establecer una distinción entre la persona que interprete el papel del cuidado de los niños pequeños.
Pero no basta con una actuación o interpretación. La criatura sólo recibirá una presentación clara de la
realidad externa cuando sea cuidada por un ser humano consagrado a la criatura y a la trea de cuidarla. La
madre irá desprendiéndose poco a poco de este estado de consagración, y reanudará sus actividades
normales.
En la primera fase el proceso de desarrollo de la criatura no sufre ninguna deformación. En esta segunda fase
de dependencia relativa de algún modo, la criatura empieza a ser consciente de su dependencia. Cuando la
madre permanece alejada durante un periodo superior a la capacidad de la criatura para creer en su
supervivencia, la angustia hace acto de presencia, lo cual es el primer indicio de que la criatura es consciente.
La fase que sigue a esa en la que la criatura tiene cierta conciencia de que necesita a la madre se caracteriza
por el hecho de que la criatura empieza a comprender que la madre es necesaria.
Cuando la criatura alcanza los dos años, se han producido ya algunos acontecimientos que preparan a la
madre para enfrentarse con la pérdida. Además de estos acontecimientos o avances de la personalidad de la
criatura existen ciertos factores ambientales, variables, que deben tenerse en cuenta. Por ejemplo, la
existencia de un equipo formado por la madre y una niñera, así como de una serie de personas adecuadas
-tías, abuelos, amigos íntimos de los padres- que por su presencia constante se hacen acreedoras al título de
“madres sustitutivas”.
Hacia la independencia
Una vez estas cosas han quedado instauradas, como sucede en la normalidad, el niño se va viendo
capacitado para enfrentarse con el mundo y todas sus complejidades, ya que cada vez más cosas se hallan
presentes en su propia personalidad. Mediante una serie de círculos, cada vez más amplios, de la vida social,
el niño se identifica con la sociedad, ya que la sociedad local es una muestra del mundo personal del ser
además de ser muestra de unos fenómenos verdaderamente externos.
Naturalmente, incluso en las últimas fases posteriores a la pubertad y a la adolescencia, son muchas las
posibilidades de que se produzca un retroceso en este desarrollo de la socialización. Hasta los individuos
sanos se exponen a encontrarse con una tensión social superior a lo que el individuo podía tolerar.
En la práctica se observa cómo los adolescentes van pasando de un grupo a otro, abarcando sin interrupción
los fenómenos nuevos. Los padres resultan necesarios para el gobierno de sus hijos adolescentes mientras
éstos van explorando un círculo social tras otro; porque ellos pueden ver en qué casos es demasiado rápido
el paso desde un círculo social limitado a otro círculo social ilimitado, debido quizás a causa de la actitud
desafiante propia de la pubertad y el rápido desarrollo de la capacidad sexual. Los padres son necesarios
debido especialmente a las tensiones instintivas y a los patrones susceptibles de reaparecer tras haber sido
abandonados por vez primera a la edad en que se dan los primeros pasos.
Las palabras «hacia la independencia» describen los esfuerzos del niño pequeño y del niño que se encuentra
en la pubertad. Durante el período de latencia los niños suelen contentarse con cuánta dependencia tengan la
suerte de experimentar. El período de latencia es aquel en que la escuela desempeña el papel de sustituta del
hogar.
El proceso de crecimiento debe seguir en la edad adulta. Una vez encontrado su lugar en la sociedad a través
del trabajo, o contrayendo matrimonio o estableciendo algún patrón de vida que represente un compromiso
entre la emulación de los padres y el desafío a los mismos mediante la instauración de una identidad
personal, una vez hayan tenido lugar todos estos pasos evolutivos, entonces podremos decir que la vida
como adulto ha empezado, y los individuos, uno a uno van saliendo de la zona comprendida en esta breve
exposición del crecimiento en términos de dependencia hacia la independencia.
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El objeto transicional de Winnicott: objeto que el niño necesita fijamente, durante un cierto período de tiempo,
como punto de apego y que no ingresa en el plano intercambiable de los objetos. Tiene la característica,
además, de que al cabo de cierto tiempo se lo olvida, se lo abandona. Es definido por Winnicott como un
objeto que funciona en un espacio transicional entre el niño y su madre: no es de uno ni de otro, sino que está
entre los dos. Tiene la función de sustituir al pecho materno, elemento que también se ubicaba en ese espacio
entre los dos.
Lacan rinde homenaje a Winnicott por haber percibido el momento preciso en que se constituye en la vida del
niño el objeto a. Lacan lo dice explícitamente: el objeto transicional manifiesta clínicamente al objeto a,
tomando la conceptualización de Winnicott como válida al establecer al objeto a como un objeto ambo-ceptor
que se ubica entre el sujeto y el Otro, que no pertenece a ninguno de los dos pero hace lazo entre ellos. Los
objetos a son sustancias episódicas, y el objeto oral, el seno, es uno de ellos, junto con las heces, la mirada y
la voz: los cuatro son definidos como amboceptores.
Pero no sólo eso: el momento preciso en que este objeto transicional aparece en la vida del niño y luego se
abandona, es el correlato clínico de la operación lógica de la separación. El momento definido donde ese
objeto es dejado caer, se abandona, es el momento donde la separación se ha producido.
El sujeto se constituye como tal, reaparece como deseante, luego de la desaparición del objeto a.
Estudio Teórico
1. El objeto transicional representa el pecho materno, o el objeto de la primera relación.
2. Es anterior a la prueba de la realidad establecida.
3. En relación con el objeto transicional el bebé pasa del dominio omnipotente (mágico) al dominio por
manipulación (que implica el erotismo muscular y el placer de la coordinación).
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4. A la larga el objeto transicional puede convertirse en un objeto fetiche y por lo tanto persistir como una
característica de la vida sexual adulta.
5. A consecuencia de la organización erótica anal, el objeto transicional puede representar las heces
(pero no se debe a ello que llegue a tener mal olor y a no ser lavado).
Ilusión – Desilusión
Un niño no tiene la menor posibilidad de pasar del principio del placer al de realidad, o a la identificación
primaria y más allá de ella, si no existe una madre lo bastante buena. La "madre" lo bastante buena (que no
tiene por qué ser la del niño) es la que lleva a cabo la adaptación activa a las necesidades de este y que la
disminuye poco a poco, según la creciente capacidad del niño para hacer frente al fracaso en materia de
adaptación y para tolerar los resultados de la frustración.
Entre los medios con que cuenta el bebé para enfrentar ese retiro materno se cuentan los siguientes:
1. Su experiencia.
2. Una eficiente percepción del proceso.
3. El comienzo de la actividad mental.
4. La utilización de satisfacciones autoeróticas.
5. El recuerdo.
Si todo va bien, el bebé puede incluso llegar a sacar provecho de la experiencia de frustración, ya que esto
produce que los objetos pasen a ser reales, es decir, odiados tanto como amados. La consecuencia es que si
todo va bien el bebé puede resultar perturbado por una adaptación estrecha a la necesidad, cuando dicha
adaptación continúa durante demasiado tiempo y no se permite su disminución natural. Pero al principio la
adaptación tiene que ser casi exacta, pues de lo contrario al bebé no le es posible empezar a desarrollar la
capacidad para experimentar una relación con la realidad exterior, o por lo menos formarse una concepción
de ella.
La ilusión y su valor
Al comienzo, gracias a una adaptación de casi el 100 por ciento, la madre ofrece al bebé la oportunidad de
crearse la ilusión de que su pecho es parte de él. Por así decirlo, parece encontrarse bajo su dominio mágico.
La tarea posterior de la madre consiste en desilusionar al bebé en forma gradual, pero no lo logrará si al
principio no le ofreció suficientes oportunidades de ilusión.
Los fenómenos transicionales representan las primeras etapas del uso de la ilusión, sin las cuales no tiene
sentido para el ser humano la idea de una relación con un objeto que otros perciben como exterior a ese ser.
La tarea principal de la madre (aparte de ofrecer la oportunidad para una ilusión) consiste en desilusionarlo.
Esto es previo a la tarea del destete, y además sigue siendo una de las obligaciones de los padres y los
educadores. Si las cosas salen bien en ese proceso de desilusión gradual, queda preparado el escenario para
las frustraciones que reunimos bajo la denominación de destete.
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Desarrollo de la teoría de la ilusión – desilusión
La tarea de aceptación de la realidad nunca queda terminada, ningún ser humano se encuentra libre de la
tensión de vincular la realidad interna con la exterior, y el alivio de esa tensión lo proporciona una zona
intermedia de experiencia que no es objeto de ataques (las artes, la religión, etc).
En la infancia la zona intermedia es necesaria para la iniciación de una relación entre el niño y el mundo, y
posibilita una crianza lo bastante buena en la primera fase crítica. Para todo ello es esencial la continuidad (en
el tiempo) del ambiente emocional exterior y de determinados elementos del medio físico, tales como el o los
objetos transicionales.
RESUMEN
Las primeras experiencias del niño sano, tales como la relación con la primera posesión, proporcionan un rico
campo de observación.
Esta primera posesión se vincula en el tiempo con los fenómenos autoeróticos y la succión del puño y del
pulgar, y más adelante con el primer animal o muñeca blandos y con los juguetes duros. Por otra parte, tiene
vinculaciones con el objeto exterior (el pecho materno) y con los objetos internos (el pecho mágicamente
introyectado), pero es distinta de ellos.
Los objetos y fenómenos transicionales pertenecen al reino de la ilusión que constituye la base de iniciación
de la experiencia. Esa primera etapa del desarrollo es posibilitada por la capacidad especial de la madre para
adaptarse a las necesidades de su hijo, con lo cual le permite forjarse la ilusión de que lo que él cree existe en
la realidad.
La zona intermedia de experiencia, no discutida respecto de su pertenencia a una realidad interna o exterior
(compartida), constituye la mayor parte de la experiencia del bebé, y se conserva a lo largo de la vida en las
intensas experiencias que corresponden a las artes y la religión, a la vida imaginativa y a la labor científica
creadora.
Cuando se habla de Objeto Transicional es claro que lo transicional no es el objeto. Este representa la
transición del bebé, de un estado en que se encuentra fusionado a la madre a uno de relación con ella como
algo exterior y separado.
La madre debe ser suficientemente buena, en su justa medida. Que pueda ilusionar y desilusionar
progresivamente.
- La ilusión es que el bebe crea el pecho de la madre. Crea el pecho como suyo.
- Los objetos y fenómenos de la madre REPRESENTAN la relación con la madre.
- Objetos (algo concreto), fenómenos (por ej, una melodía).
Los otros creen que no estoy. Autismo y otras psicosis infantiles - Velleda Cecchi
La autora propone la siguiente clasificación para las psicosis
infantiles:
● Psicosis confusional.
● Autismo.
● Esquizofrenia infantil.
Psicosis
Estructuración de las psicosis
En la psicosis se construye una nueva realidad.
- Realidad → es lo que está fuera del sujeto. Lo más importante es el objeto que está en ella, en el que se
satisface la pulsión.
El psicótico no tolera ese vínculo con ese objeto de la realidad, su pulsión no logra la satisfacción con ese
objeto entonces huye de este vínculo. Decatectiza la representación-cosa de los objetos; entonces deja de
desear a los objetos de la realidad, les quita investidura libidinal, con lo cual los objetos dejan de tener
existencia psíquica. La libido se vuelca al yo y se conforman los síntomas que son el efecto de esta expansión
del yo.
- Si el enfermar está relacionado con la frustración, ya desde los primeros momentos de la vida, es en extremo
dolorosa y no le permite seguir en contacto con ese objeto que es excesivamente frustrante para él. Es un objeto
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que no cumple con su función, lo cual es frustrante tanto sea por exceso o por defecto. Ese objeto primario no le
da el estatuto de sujeto, y el psicótico queda cosificado.
Freud → el recién nacido es puro cuerpo, con la transmisión filogenética y las exigencias pulsionales
(estímulos internos), que se encuentra en un mundo que él define como masa en movimiento, algo que se
muere y que tiene cantidades enormes de estímulo.
- Función del asistente (ajeno experimentado): morigerar estímulos internos y externos → sin esta
asistencia, el infans muere. Es un yo que lo inscribe en lo humano y en la cultura, lo auxilia para ir
conformando su aparato psíquico en ese mundo.
- Los estímulos externos (luz, calor, ruidos), deben ser mitigados por el yo auxiliar. Esto constituye la
barrera protectora antiestímulo.
Los estímulos internos (hambre, respiración, sexualidad) son nominados por el otro como tales,
porque lo que el infans tiene es una sensación desagradable por aumento de cantidad → No sabe que
es hambre, es el otro el que denomina “tú tienes hambre”, no sólo diciéndolo sino por sobre todo
satisfaciendo la necesidad. Se disminuye así la cantidad, se van conformando el yo del infans y la
conciencia que va a percibir como cualidad perceptual a través de la adquisición del pensamiento.
Con las experiencias de satisfacción y de dolor (en cantidades que superan lo tolerable por el recién nacido),
se va estructurando el aparato psíquico que sólo se puede conformar adecuadamente si existe ese yo auxiliar
que aporta la barrera antiestímulo y la satisfacción de la necesidad; protegiendo, evitando excesos y
adecuándose a las necesidades del infans. Allí surge el deseo; de “ser de la necesidad” → Una vez
satisfechas las necesidades básicas, nace el deseo de placer que produjo el contacto con el otro. Todo este
proceso permite la conformación del yo.
Es así como se va configurando este complejo aparato psíquico que en un sentido funciona como
barrera de protección frente a las exigencias del vivir → Si este proceso protector falla, aumenta la
cantidad de estímulos que recibe el infans, y se constituyen situaciones traumáticas que pueden llevar
al aparato psíquico a trastornos severos.
- Traumas que no pueden ser tramitados, morigerados, inhibidos, incluidos en el circuito
representacional por el yo, por la fragilidad propia de los primeros momentos de la vida. Esto provoca
que este yo permanezca en su fragilidad y no se constituya adecuadamente, y así no pueda dar la
señal de alarma adecuada siendo arrasado permanentemente por situaciones más o menos nimias,
permaneciendo invadido de angustia automática. Este arrasamiento permanente no le permite al yo
inhibir la tendencia a la satisfacción alucinatoria de deseo, es decir, pasar de identidad de percepción a
identidad de pensamiento. Al no haber posibilidad de representación ni de pensamiento, se producen
descargas motoras o construcciones delirantes y alucinatorias.
El aparente desorden psicótico es, en realidad, un nuevo orden; establece una nueva lógica donde los
personajes internos y externos sostienen funciones rígidas y complementarias en las cuales tanto el psicótico
como los demás quedan atrapados. El trabajo psicoanalítico consiste en entrar en esta configuración,
comprender este aparente caos y modificarlo.
En todas las psicosis, la modalidad del vínculo es de dependencia: por un lado, el psicótico no es un sujeto
individuado; y, por otro lado, la madre lo necesita porque ella tampoco es un ser independiente. No se
resuelve el complejo de Edipo, por ende, queda excluido o se excluye el padre que ejerce la separación
madre e hijo (ley del incesto) → esta imposibilidad de triangulación se juega de alguna manera en el momento
del nacimiento de este niño que devendrá psicótico.
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La psicosis es un modo particular de estructuración del aparato psíquico temprano, no algo que sucede
accidental y ulteriormente. Podemos hablar de dos fallas en la constitución del psiquismo:
1. No hay inscripción de experiencias; por lo tanto, no hay secuencia ni noción de temporalidad. Por esto
mismo, no hay posibilidad de aprendizaje. Cuando hablamos de permeabilidad del aparato psíquico en
estos niños, nos referimos a que no se constituye la barrera antiestímulos que protege del arribo de
grandes cantidades, lo que permite el juicio y el pensamiento. Los hechos y las vivencias deberían
inscribirse en el aparato psíquico como experiencias. No hay posibilidad de inscribir, y se tornan sólo
eventos, sucesos puntuales traumáticos.
2. El aparato psíquico no adquiere la función de continente. Para que se constituyan los contenidos, debe
haber una madre continente que recepcione, decodifique y devuelva significadas las proyecciones.
Para que se instaure la noción de continente, tiene que haber un modelo de éste que cumpla esas
funciones. Las proyecciones de estos niños se tornan difusas, enloquecedoras, confusas. Estas
alteraciones en el proceso del establecimiento de la noción de continente convierten el aparato
psíquico del niño en demasiado permeable. Esto también impide el aprendizaje. Estas madres
priorizan las necesidades físicas, hay fallas en su decodificación, pero lo logran al fin. En cambio,
codifican erróneamente lo emocional del niño, sus sentimientos, sus emociones y los sucesos de la
realidad. Lo más perturbador es que esta errónea interpretación se realiza desde un lugar de certeza,
este asistente no se reconoce como un ser falible. Éste es un aspecto psicótico de la madre que actúa
sobre el niño alterándole la percepción. Además, no hay una figura paterna que instale una duda y que
denuncie la incumpletud de la madre.
Psicosis infantiles
Aquellas en las que los síntomas se manifiestan en edad temprana.
- Los cuadros muchas veces no son puros o se imbrican con trastornos orgánicos. De esto se infiere la
necesidad de trabajar en colaboración con otros especialistas y realizar un diagnóstico diferencial.
- Realizar diagnósticos a partir de lo fenomenológico, de la historia familiar y del encuentro con el
paciente → Generalmente, las historias que aportan los padres de niños psicóticos son llamativas por
la pobreza y la confusión de la información, lo que marca ya una divergencia con las historias de niños
que presentan solamente trastornos neurológicos o debilidad mental congénita, que por lo habitual son
detalladas y claras.
A. PSICOSIS CONFUSIONAL
Se diagnostica alrededor de los tres o cuatro años, cuando se hace evidente que el niño no puede separarse
de su madre, está adherido a ella conformando un bloque único.
Con las otras personas busca frenéticamente el contacto físico, sino puede intentar adherirse a otra superficie
(el piso, un mueble, etc.). De lo contrario sufre crisis de golpes a sí mismo o a los otros, gritos con gran
violencia que expresa la ansiedad que lo aqueja. Este adherirse al otro, que puede entenderse en un primer
momento como contacto, que son niños cariñosos, y hacer pensar en un pronóstico favorable, en realidad es
una necesidad imperiosa de pegarse a otro sin importar quién y expresa la intolerable sensación de no existir
como individuo.
Lenguaje estereotipado aunque en un principio parezca espontáneo; puede haber ecolalia. Presentan
ecopraxias, risas inmotivadas, mucha inquietud, en permanente estado de ansiedad, demandan atención
constante pero nunca se logra satisfacerlos (todo el tiempo están buscando algo en el Otro, tiene que ver con
esta sensación de estar vivo en tanto el Otro está en conexión). En un primer contacto, no presentan las
bizarrías motrices de las demás psicosis, son armónicos físicamente; luego se los puede confundir con
débiles pero al poco tiempo se conserva que no logran las adquisiciones que pueden obtener estos de
acuerdo con su nivel.
B. AUTISMO
Es de detección temprana entre los dos o tres años, pero los padres suelen consultar tardíamente, alrededor
de los cuatro o cinco años cuando, en el jardín de infantes lo detectan como un niño distinto.
A diferencia de la psicosis (que tiene un punto de desencadenamiento), no tiene un punto de estallido.
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El signo más relevante es el aislamiento, que se refleja como indiferencia al medio, rechazo hacia las
personas, falta de reacción al separarse de la madre o sustituto, ausencia de contacto, de obediencia
automática y de respuesta anticipatoria.
No presentan conductas autoeróticas habituales: chuparse el dedo, tocarse los genitales, etc. Otros signos
son: rocking (balanceo, movimiento estereotipado), conductas autoagresivas, no muestran reacción al dolor.
Suelen presentar retraso locomotor, falta el gateo, pero una vez que logran caminar realizan “proezas
motrices”. Movimientos estereotipados: aleteos, palmadas, hacer girar objetos o mirar objetos que giran.
Muestran interés por objetos inanimados, habilidad para armar y desarmar objetos mecánicos. En los casos
más severos, se observan trastornos en la alimentación, resistencia y hasta negativismo a masticar y deglutir
la comida; algunos niños sólo llegan a aceptar alimentos líquidos. Perturbaciones del lenguaje: no adquisición
completa, denominado mutismo primario; pérdida una vez adquirido, a lo que llamamos mutismo secundario;
o un lenguaje que parece no tener un valor comunicacional. Con frecuencia los padres creen que son sordos
porque no responden a los estímulos auditivos.
C. ESQUIZOFRENIA INFANTIL
Se puede detectar a partir de los 4 o 5 años.
En su primera infancia son descritos como buenos, tranquilos, no lloran, juegan solos durante horas, no
juegan con otros niños, el rendimiento escolar puede ser bueno e incluso excelente en algunas áreas, como
matemáticas. Si la desorganización es más intensa, no acceden a la lectoescritura o presentan grandes
dificultades de aprendizaje.
En análisis, se trabaja la construcción del cuerpo de una forma simbólica por sobre algo de lo real que está
totalmente desarticulado, como lo está el cuerpo esquizofrénico.
Estas conductas si son egosintónicas con el medio familiar, pasan inadvertidas (“está bien que sea así”, no
llama la atención). Cuando estos síntomas de retraimiento (corte del lazo social, cuando el niño de un
momento para otro no quiere saber nada de un encuentro con los otros, Freud diría que la libido vuelve al yo,
queda en el yo sin interés por que salga afuera) dan paso a las manifestaciones esquizofrénicas se realiza la
consulta.
La sintomatología es similar a la del adulto: estereotipias, manierismos, neologismos, lenguaje estereotipado
no comunicacional, soliloquios, fabulaciones, ideas fantásticas, alucinaciones, delirios, descargas motrices,
conductas de retracción alternando con conductas impulsivas, autoagresiones, negativismo.
No hay retraimiento, rechazo absoluto, puede haber negativismo, no querer saber nada del otro, pero no
significa que sea como en el autismo.
95
La existencia de la psicosis simbiótica, o psicosis confusional infantil, reúne aspectos de otras psicosis,
(fenomenológicos=fusión y confusión; ansiedades=confusionales). En esta la confusión es entre el yo y el
objeto.
Otros autores (Freud, Klein, entre otros) no consideran que el bebé esté en un estado vegetativo hasta los 2
años, sino que la conformación del aparato psíquico implica un trabajo psíquico del infans, y el material
hereditario que trae consigo precisa del contacto con el medio para ser activados.
El recién nacido es activo y establece un vínculo objetal desde el inicio, por lo cual, la función materna no es
intercambiable una vez establecida (teoría del apego). A su vez, también hay que pensar, que las primeras
impresiones de abandono, o de maltrato, quedan registradas en el inconsciente como situaciones
traumáticas, por más que aún no exista representación-palabra, el preconsciente está preparado y
activamente las inscribe.
Freud no hablaba de vínculo objetal desde el inicio, pero no concibe a este en un estado vegetativo, sino
como ser activo, que busca la experiencia de satisfacción, lo cual implica trabajo psíquico del recién nacido.
La madre se adecua a ese niño, y decodifica lo más adecuadamente posible sus descargas y necesidades
(no solo fisiológicas, sino que el plus de placer se obtiene de ser acariciados, sostenidos, etc.). Buscan algo
que no tienen y que necesitan, los atributos del objeto.
Aspectos generales
La confusional es la primaria de las psicosis, presenta un aparato psíquico precario y tiene el peor pronóstico.
Se diagnostica alrededor de los tres o cuatro años, al ingresar al jardín de infantes, ya que la sintomatología
es egosintónica con el funcionamiento familiar. La madre no lo considera un ser separado de sí, con
características personales y diferentes. Son niños muy demandantes y madres muy apegadas, que crean un
vínculo ambivalente (irritación, pero no pueden desprenderse).
Esta fusión, provoca el terror de ser absorbido, pero también, está presente el terror a la separación que crea
sensación de aniquilamiento. Las ansiedades de fusión y separación son predominantes.
En una primera observación, estos niños/adolescentes no se diferencian de otros de su misma edad en su
aspecto externo. Pero, en el lenguaje adquirido, son ecolalias (repetición de frases sin mucha modificación de
su interlocutor), o bien, este lenguaje es solo decodificado por la madre. No disciernen a las personas que se
encuentran en su entorno. Suelen confundirse con débiles (retraso intelectual, físico y emocional). Presentan
altos grados de ansiedad manifestados en ecopraxias, risas inmotivadas, mucha inquietud, en permanente
estado de ansiedad, demandan atención constante pero nunca se logra satisfacerlos.
Psicodinamismos (etiología)
Según Mahler, en el momento en que la representación de la madre debería convertirse gradualmente en
representación de objeto total, aumenta la dependencia emocional en ella por sensaciones de impotencia y
amenaza de pérdida del objeto. Esta nueva exigencia hacia el niño produce accesos de pánico en vez de
señales de ansiedad.
Para entender, podría pensarse que el asistente que en vez de decodificar las necesidades auténticas del
niño le impone las propias. El niño queda capturado en un vínculo con alguien de quien no se puede
desprender ya que no se le permite adquirir su propia identidad. No reconoce sus propios sentimientos, no
sabe si está triste o contento. No establece juicios de existencia, de atribución y el pensamiento, sino que
toma los impuestos por la madre, quien brinda una visión deformada paranoicamente de la realidad. La
modalidad del establecimiento del vínculo con la madre es luego transferida a las demás personas con las
que se encuentre a lo largo de su vida.
La madre se convierte en imprescindible en un mundo que para ella es hostil y por lo tanto peligroso para él.
No hay un sí mismo que le permita hacer una apreciación diferente de lo que propone la madre. La
separación con la madre se hace imposible (aniquilación).
La madre tampoco puede separarse ya que este funciona como acompañante imprescindible. Si se rompe
esta mutua dependencia aparece en la madre el vacío, y el funcionamiento paranoico se desplegaría hacia el
mundo externo, en lugar de desplazarlas hacia el niño, encriptándolas.
96
En las ideas paranoides la persecución es proyección de la propia hostilidad, en este caso hacia el
hijo-apéndice. La posibilidad de que se separe genera agresividad, en la que subyacen fantasías y deseos
inconscientes de muerte de ese hijo.
En casos donde aparece el rechazo hacia el objeto-madre, se puede considerar un intento, sano, de
separación del objeto que lo absorbe (engolfamiento). Pero estos intentos son frustrados inmediatamente por
el temor a la aniquilación.
Compara a la psicosis confusional con los siameses, quienes ante la posibilidad de separarse no lo hacen. La
madre, no tiene un hijo, sino que tiene un apéndice con el cual crea circuitos vitales compartidos. Cuan mayor
sea la implicación del aparato psíquico de cada integrante de la diada, mayor grado de patología estará
presente.
Para el tratamiento, resulta indispensable trabajar con la díada, para que la madre vaya elaborando la
separación, de lo contrario se siente excluida, y podría entorpecer o cancelar el tratamiento.
Es confusional, porque el niño tiene un mínimo registro de que la madre es un objeto diferente a él. Posee un
yo que puede cohesionarse, pero tiene dificultad para inscribir y ligar representaciones.
Los objetos de la realidad no han sido catectizados, porque la libido queda atrapada en la confusión con la
madre. Al no haber tenido la primera vivencia de satisfacción, no tienen como revivir esa experiencia, por lo
cual, los confusionales, van en busca de un objeto tras otro sin esperar la posible satisfacción, padecen de
una insatisfacción básica, son eternos insatisfechos. Parecen quererlo todo, pero no toman nada. No hay
constancia del deseo, tampoco constancia objetal. Sienten inquietud, ansiedad, un ir y venir sin sentido, de la
misma manera que sucede con el analista, cuando se recrean la relación y las ansiedades de fusión.
El cuerpo de estos niños parece derramado, desarticulado, no hay internamente la noción de continente, que
les permita tener una imagen del cuerpo cohesionado.
Buscan frenéticamente el contacto con otro presionando una zona de su cara. Parece querer penetrar en el
cuerpo del otro. No dan signo de dolor. Esta actividad es la escenificación del drama fusional, penetrar el
cuerpo del otro cuerpo para constituirse como completo, pero a la vez, dañar el cuerpo del otro porque es
persecutorio. O bien puede pensarse como un modo de controlar el objeto persecutorio.
Si no logran el tipo de contacto anterior o son rechazados, puede intentar adherirse a otra superficie (el piso,
un mueble). De lo contrario sufre crisis de golpes a sí mismo o a los otros, gritos, etc. (sensación de no existir
como individuo). No hay imagen corporal, no hay límites corporales, suelen no lograr la figura humana.
La confusión familiar
La familia generalmente comparte un alto grado de indiscriminación, de aglutinamiento.
Capítulo 4: Autismo
Dificultades a considerar (teorizaciones anteriores, postura de la autora)
“Nosotros afirmamos que sí es un trastorno psicológico, es una psicosis, con lo cual decimos que no es
orgánico, que no es un misterio para dejar de lado, que es posible comprenderlo como una particular
conformación del aparato psíquico, y que es abordable para el psicoanálisis”. (pp. 46)
Leo Kanner en 1943, lo describió y lo aisló de otras esquizofrenias.
Algunas teorías plantean al niño autista como “no nacido”, con el supuesto de que hay crear un psiquismo
desde el maternaje o la insuflación de contenidos psíquicos; o bien desde el conductismo crear seres
humanos adaptados a la manera del reflejo condicionado de Pavlov.
Meltzer: considera al autismo como una estructuración con aparato psíquico, pero sometido por momentos a
los procesos de desmantelamiento y desmentalización.
Frances Tustin: postula la no existencia de un yo y de mecanismos de protección y no de defensa, como ser
la utilización de objetos y figuras autistas.
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vínculo con la madre donde se va constituyendo un aparato psíquico que se encuentra siempre demasiado
expuesto “en carne viva” frente a los estímulos externos e internos.
Segunda serie freudiana, los avatares del vínculo: toma al “Proyecto…” (primera tópica) donde refiere a la
inermidad del recién nacido, al mundo externo como masa en movimiento y el asistente ajeno experimentado.
En el caso del autismo, ese otro no significa de manera adecuada las sensaciones del infans, que queda
sumido en el desamparo. Esto sucede de modo persistente y no se revierte, por lo tanto, no se logra la
comprensión y el entendimiento mutuo. Este asistente repite su propia experiencia de no haber sido
adecuadamente significado. Así el niño autista queda expuesto a situaciones de dolor, tanto internas como
externas, que dificultan la conformación de un yo con buen funcionamiento regulador, inhibidor de las
funciones facilitaciones. El recién nacido que padecerá de autismo es acosado permanentemente por
sensaciones dolorosas, internas y a su vez percibirá la hostilidad del asistente.
Padres: mecanismo principal: formación reactiva: Frecuentemente se habla de la madre depresiva del autista,
se comprueba la existencia de un distanciamiento afectivo como defensa frente a los sentimientos hostiles
hacia el hijo, desmentidos por todas las madres. Este distanciamiento impide que cumpla adecuadamente con
su función de protegerlo del exceso de estímulos, morigerarlos y significarlos. Esta conducta la protege a ella
de sus propios sentimientos hostiles y busca preservar la vida física del niño, no así la vida psíquica. Este
odio es reprimido, por lo tanto, eficazmente patógeno y difícil de ser reconocido, pues son padres que suelen
mostrarse como atentos cuidadores por formación reactiva. Sin embargo, la autora afirma que existe esta
hostilidad desde los primeros contactos.
Los padres del niño autista tienen una apariencia de “normalidad” por lo que resulta disonante verlos con un
niño tan perturbado. La patología del niño parece no coincidir con estos padres tan “buenos”, “adecuados”,
“preocupados”. Es aquí donde la pulsión de muerte actúa silenciosamente; aquello que no se ve aparece
desde la sintomatología, irrumpe al modo de lo siniestro desde el inconsciente de los padres y grita y se
revela en la patología del niño. El silencio (defensivo) del autista es un grito desesperado que está al servicio
de su pulsión de vida.
Tercera serie complementaria: Estos pacientes padecieron en épocas muy tempranas situaciones traumáticas
reiteradas, que precipitan en un momento dado, y esto provoca un retraimiento masivo. El autista se
constituye en la “desconfianza básica”, de la que se defiende con aislamiento, aparente sordera, no-
respuesta, en una actitud de constante defensa. El mundo, las personas, son peligrosas, como lo es la
hostilidad materna. La función paterna que debería salvarlo de ese vínculo también está fallida debida a su
propia hostilidad.
Son niños que nacieron en situaciones adversas: los ejemplos pág. 54, muestran circunstancias que por sí
solas no determinan el autismo, pero los rasgos de personalidad de los padres impiden un “buen encuentro”
con ese hijo en particular. El no deseo, uso narcisista del hijo para satisfacciones narcisistas. Es muy
frecuente en estas familias, la línea de muerte, violencia, abandono, no-reconocimiento, y convergen en el
niño, identificaciones patológicas. Sus padres, no arribaron a lo que Dolto define como genitalidad oblativa,
capacidad para crear algo fuera de sí mismos, que no les pertenece. Estos niños, autistas, nacieron en
momentos no adecuados.
En cada familia, el niño cumple otra función. Pero lo que está claro es que no es “his majesty the baby”, aquel
que va a lograr lo bueno por los padres, sino que queda capturado como hijo-cosa. El yo ideal no se
estructura como tal, por lo contrario, el niño se constituye en la carencia. El hijo nunca los va a abandonar,
como lo hicieron sus padres, y a su vez, estos padres serán protectores, ocupando el lugar de padre
“cuidador” que no tuvieron.
Otro aspecto observable de estos padres es la perversión, como proceso en el cual el goce está implicado a
partir de la desubjetivación del otro, y el hijo es usado para satisfacciones eróticas como objeto parcial. Falla
en la libidinización por parte del asistente ajeno. El plus de placer no se produce de manera satisfactoria, por
lo tanto, en este niño no resulta la erogenización del cuerpo. El niño queda alienado en la medida en que está
al servicio del goce perverso del otro.
El yo del autista
Todos los signos que presenta el niño autista hacen pensar en la descripción de un yo frágil, pero el trabajo
psicoanalítico muestra que este yo instrumenta fuertes mecanismos de defensa, entre los cuales se encuentra
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el aislamiento. Estos signos que tienen apariencia de desinterés, desconcentración, o sin sentido, tiene un
sentido, la defensa implementaría frente a los mundos interno y externo terroríficos.
Hay un yo en contacto con la realidad, en hipercontacto con ciertos aspectos, como los sentimientos del
asistente. Esta hiperconexión es dolorosa, aterradora, los estímulos irrumpen violentamente y el yo se
defiende replegando una parte de sí (aislamiento), aparentemente en función de la pulsión de
autoconservación. Está en alerta permanente, en estado de terror. La carga de estas sensaciones se aligera
en lo motor. Por lo cual, se puede decir que el yo débil, es aquel manifiesto. El principal mecanismo de
defensa es la escisión yoica.
El repliegue autista es utilizado para mantener la escisión, lleva al encapsulamiento. Esta barrera es sostenida
por la libido retirada de los objetos, y el yo la emplea para conformar el mecanismo defensivo. Es una
trinchera y el gasto libidinal de la defensa empobrece al yo. Este repliegue está al servicio de la evitación,
evita mirar, oír, responder. Conectarse con los objetos es peligroso, establecer vínculo lo llevaría a tomar
contacto con los sentimientos terroríficos por los cuales se replegó.
Cuando el repliegue se abre, la libido vuelve al yo y emerge la omnipotencia. La barrera se establece por
momentos, y alternando permite, cuando la libido vuelve al yo, conectarse con el otro. En el tratamiento, se
produce el despliegue del sujeto, si se crea la confianza básica. Desplegarse en buen término, se trata de un
repliegue táctico, defensivo.
1. Repliegue defensivo, permite oír, ver, saber todo, mientras los otros suponen lo contrario.
2. El aislado es el otro, que debe ser mantenido a raya. “Mientras yo sé todo, los otros creen que no
estoy”.
El repliegue y el aislamiento constituyen la barrera protectora autoconformada para evitar situaciones
traumáticas.
La inhibición de la agresión es otro rasgo, producto del temor a la retaliación. Inhiben para no destruir al
objeto y para evitar la venganza de este. La consecuencia es que la inhibición se extiende a otras actividades
necesarias para la vida, desde el apoderamiento del objeto hasta la supervivencia. (caso Dick)
La memoria
1. Reaccionan con grados de angustias que exceden lo esperado para su edad. Ante frustraciones, o el
desaparecimiento de su ancla. Recurre al repliegue, se envuelve, se protege del mundo que lo frustra,
ataca, mientras él se silencia y sumerge en el delirio autístico. En el análisis, el descuido del analista,
lo sumerge en la situación básica de desamparo, ya que de esa índole son los recuerdos, es un
presente perpetuo. El eterno retorno de lo igual.
2. Tienen recuerdos de los primeros tiempos de vida, los cuales son situaciones dolorosas. En el análisis,
poder aparecer verbalizados como tales, en sesiones vinculares, ser explicados por los padres.
100
c. Falla en la constitución de la barrera anti-estímulo, está expuesto a cantidades excesivas, que no son
elaboradas. No es un recuerdo, es revivir el hecho traumático, y cada vez que lo revive es traumático
en sí.
d. La ausencia de la noción del paso del tiempo. Al no inscribir representaciones, ni investir recuerdos, la
memoria queda interrumpida como proceso secuencial. También impide el aprendizaje.
Pero ¿por qué quedan fijados los recuerdos dolorosos? Porque esos recuerdos les connota el objeto como
hostil, del cual deben defenderse, aislarse. El hecho traumático que remite a esto queda congelado porque no
es abreccionado, ni entra en cadena asociativa.
Aspectos fenomenológicos
Se puede detectar a partir de los 4 o 5 años, suelen llegar a consulta a esta edad. En su primera infancia son
descritos como buenos, tranquilos, no lloran, juegan solos durante horas, no juegan con otros niños, el
rendimiento escolar puede ser bueno e incluso excelente en algunas áreas, como matemáticas.
Crean una realidad propia y la reflejan en el juego, (no es como si, es); se pierde el contacto con la realidad
compartida, es estereotipado y posee un contenido oscuro (amigo imaginario producto de alucinaciones).
Puede presentarse de formas muy variadas, porque tiene un aparato psíquico más desarrollado que en otras
psicosis infantiles, están más individualizados. Pueden ser hiperactivos, aislados, tener estereotipias
corporales, tienen lenguaje, algunos fabulan, o presentan delirios no sistematizados, por falta de organización
lógica. Establecen contacto, miran, se comunican, pueden ser agresivos en momentos (descargas motrices).
Las bizarrías físicas corresponden a situaciones de aislamiento, pueden tener un contenido mágico de
protección, constituyen maneras de expresar fantasías o situaciones traumáticas, maneras que deben ser
comprendidas y darles sentido, sino queda estigmatizado e inamovible. Las risas o llantos inmotivados,
miradas fijas, se presentan, frecuentemente, cuando el niño sufre de delirios, alucinaciones (positivas o
negativas) que dan cuenta de la proyección hacia el mundo externo de objetos internos. El fabulador inventa
historias compulsivamente vinculadas a deseos insatisfechos, pero hace saber que está inventando. Mientras
que el delirio, adquiere carácter de realidad. El hablar mecánico, monótono, inexpresivo, son un modo de
aislamiento/retracción, y la caracterización de la voz remite a la desafectivación y control de sentimientos. El
encuentro con un psicótico implica comprender este lenguaje único, que colisiona con el usado socialmente.
Psicodinamismos
Esta psicosis infantil, no difiere en lo sustancial en la del adulto. Como en otras psicosis, se trata de un yo
escindido, por parte conectado con el mundo consensuado, y por otra, conectado con la realidad creada. El
interjuego entre ambas depende de la gravedad de la enfermedad o las circunstancias del paciente. El yo del
esquizofrénico, no está subjetivado, y para él el otro no es realmente otro (omnipotencia de pensamiento), el
no tiene vida propia y el objeto tampoco. Regido por el PP, la tendencia a la inercia.
El paciente esquizofrénico es capaz de establecer fuertes relaciones de amor y odio con el analista, esto se
debe a que no solo el yo está escindido, sino que también el objeto, es parcial, o es bueno, o es malo. Esta
escisión yoica es consecuencia del doble mensaje que recibe del discurso de la madre, que vehiculiza una
hostilidad enmascarada. El doble vínculo se establece de la siguiente manera:
- Es emitido un mensaje que constituye una negación de la existencia del sujeto, pues contiene dos
proporciones complementarias y contradictorias. Se vuelve prisionero del doble vínculo.
101
- La experiencia se repite durante un largo periodo. El receptor del mensaje se halla ante la
imposibilidad de salir del marco fijado por el mensaje; se le prohíbe la posibilidad de reconocer la
contradicción con la paradoja del mensaje, la violencia es auto mantenida por el doble vínculo,
convirtiéndose en el modelo de comunicación esquizofrénica.
En la esquizofrenia, el niño, está incluido en el discurso, aunque este es paradójico, en el autismo, los
mensajes son ambivalentes y se expresan en los actos, siendo excluidos del discurso; en la psicosis
confusional, no hay espacio para el lenguaje, la imbricación madre-hijo es tal que no hace falta hablar.
De los mensajes paradojales de la esquizofrenia, deviene un proceso identificatorio contradictorio, por lo cual
estas no cumplen lo que es constituir al yo y fortalecerlo, es más, lo transforman en incoherente.
El superyó toma las características de las figuras parentales primordiales destructivas (manifiestas en los
delirios) y ataca al yo de manera permanente, siendo el superyó representante del mundo externo da cuenta
de una realidad cruel e incomprensible para él.
La angustia fundamental es de derrumbe, frente a ella surge la fragmentación que se revela en los delirios, y
como fenómeno reconstructivo, se crea una nueva realidad. Aquí, el trabajo psíquico es para defenderse de la
aniquilación.
Producción gráfica
Si la desorganización es intensa, los pacientes no pueden acceder a la lectoescritura o presentan grandes
dificultades para el aprendizaje. Pero poseen una gran producción gráfica, con alto contenido simbólico, que
expresa su fragmentación.
La idea de que los psicoanalistas culpabilizan a los padres encuentra sus raíces en las descripciones hechas
por Leo Kanner respecto de los padres de niños autistas. Él decía que se trata de padres fríos, distantes, y
Bruno Bettelheim contribuyó a expandir la idea de que los psicoanalistas acusaban, culpabilizaban, a los
padres del autismo de los niños, cuando en realidad no hay nada cierto en eso. Es cierto que el psicoanálisis
en sus inicios se preguntó por la etiología no biológica sino psíquica del autismo, su psicogénesis, y algunos
102
autores postfreudianos intentaron investigar si había alguna correlación entre la personalidad de los padres y
el autismo de los hijos. Ante eso, Lacan, en el seminario 3, establece la causalidad de la neurosis, la psicosis,
incluso del autismo, a partir de su mecanismo fundante: represión o forclusión, y establece una “insondable
decisión del ser” como aquella que funda a la estructura mediante un mecanismo determinado. La pregunta
acerca de la causa del autismo no es psicoanalítica, como así tampoco la orientación de culpabilizar a los
padres, desde el psicoanálisis, por fuera de las causas que pudieron haber motivado el autismo, incluso si
fueran genéticas, se busca contribuir a que el niño encuentre su intervención singular sin evaluar los
resultados de acuerdo a criterios preestablecidos.
Diagnósticos en expansión
El autismo tiene tres características fundamentales:
● Alteración de la interacción social: afectación de la práctica de los comportamientos no verbales,
incapacidad para desarrollar actitudes sociales, que puede ser por incomprensión de criterios sociales,
por ejemplo, no entienden cuando alguien se ríe o llora, los niños más pequeños se aíslan, en los
adolescentes puede haber interés por desarrollar una interacción social pero no pueden hacerlo por
falta de comprensión.
● Alteración en la comunicación: se refiere al habla, por un lado un retraso en el lenguaje o una ausencia
total del lenguaje, y por el otro lado, una alteración en la habilidad para sostener una comunicación o
evitación completa de la misma. También encontramos aquí la falta de juego espontáneo. Si hay habla
tiene características de volumen, entonación, velocidad, ritmo o acentuación acelerados. Por último, se
incluye aquí la alteración de la comprensión del lenguaje, puede ser que entiendan todo pero no
hablen y que solamente lo hagan en alguna circunstancia especial. Este aspecto del habla es el que
permite el diagnóstico diferencial con el trastorno de Asperger, donde se dan las tres características
del autismo, excepto que en el trastorno de Asperger se conserva el habla y en el autismo está
alterada.
● Patrones de comportamiento o intereses estereotipados, restringidos o repetitivos: preocupación
absorbente por determinado objeto o determinada actividad repetitiva, las rutinas o rituales y los
manierismos motores. Por ejemplo, cierto movimiento de las manos, el balanceo, el rocking, etc.
103
Se hace evidente que para que se pueda dar el pasaje del grito al llamado del infans y de lugar al circuito de
necesidad, demanda y deseo, debe haber un acuse de residuo del Otro: el reconocimiento del Otro. Si el
sujeto no reconoce al Otro como tesoro de significantes, ese Otro no logrará constituir al sujeto como tal. Es
decir que en ese acto (el grito que pasa a ser llamado), se funda el Otro (el nacimiento del Otro) que lo
escucha y que, a su vez, con su respuesta, funda al sujeto.
El llamado es la primera forma, originaria, de la dirección al Otro. Así, el llamado es el tiempo 0 de la palabra
que funda al sujeto. Es lo que permite pasar del lenguaje a la palabra.Si no hay llamado no hay palabra,
aunque si haya lenguaje. Si el lenguaje no dispone del llamado es un lenguaje sin Otro. En el autismo, se
rechaza al Otro.
Dick, no pronunciaba ningún llamado, ya que había una interrupción de la posición del sujeto que se produce
entre el lenguaje y la palabra, es decir, dispone del lenguaje, podía enunciar, pero no hablaba dirigido a un
Otro. El lenguaje no llega a enlazarse con lo imaginario por ese grito que nunca se convierte en llamado.
En el sujeto autista, algo queda detenido en ese pasaje del lenguaje a la palabra por no lograr entrar en la
dimensión del llamado, algo se congela. Por ende, un factor clave es el lenguaje que aparece desafectivizado,
robotizado.
Por más que el lenguaje pueda aprenderse y tomar una función comunicativa, no tiene en sí ese elemento
que lo vivifica y le da su carácter humanizado.
Dado que el llamado no se ha constituido, el sujeto no ingresa al nivel de la demanda ni al deseo, ya que la
dimensión de la demanda implica que la madre se constituya como símbolo y luego como un Otro potente. La
consecuencia principal de la ausencia del llamado es la inexistencia del Otro.
De este modo, las intervenciones del analista, estarán dirigidas a situarlo en la dimensión del llamado, al
nacimiento del Otro, y con él, al nacimiento del sujeto.
No se habla de rechazo del Otro porque si nunca se constituyó, no hay nada que rechazar.
La otra persona, el semejante, para un autista está deshumanizado, ya que implica un lugar tercero simbólico
que encarne al Otro, sin un Otro simbólico no se otorga el carácter humanizante al semejante. Es una cosa
más entre otras, lo puede tratar de la misma forma que un mueble u objeto inanimado, no hay nada que lo
diferencie. Ya que la función del Otro simbólico es lo que le da carácter humanizado al semejante.
Esto sucede con Dick, la soledad fundamental en que está (el sujeto) cuando el Otro no está constituido: Dick
trata a Klein como un mueble más, no la rechaza, si no que se dirige indiferente a ella, ya que no encarna al
Otro como instancia simbólica.
Todo es igualmente real, indiferente, porque lo simbólico no recortó, de lo indiferenciado del mundo exterior,
significantes que tengan cierta significación ni se han libidinizado. Queda inmerso en lo real, ya que no se
logra poner un límite.
Se habla de una falla en el Estadio del Espejo, donde en autista libidiniza solo ciertos aspectos de su realidad,
muy reducidos, como sí lo demás no existiera. Pero esta falla en lo especular depende también de una falla
en lo simbólico. Tanto el cuerpo como el mundo exterior deben imaginarse, entrar dentro de lo especular, para
poder significarse.
De esto se trata el estadio del espejo, la realidad se va imaginarizando progresivamente. Esto es solamente
posible porque el significante recorta los elementos discretos de esa realidad,a los que le da una significación,
y el sistema simbólico crece en la medida en que se producen las oposiciones simbólicas.
Lacan dice que Klein le enchapa el Edipo a Dick con sus intervenciones debido a que logra crear una primera
oposición significante que lanza el sistema de oposiciones. Al consentir a esa primera oposición significante,
no sólo se inscribe el significante, sino el Otro simbólico encarnado en el analista, y a partir de eso, la serie
metonímica de figuras edípicas que también encarnan al Otro. Con la intervención Tren papito y Tren Dick se
inicia un aumento progresivo de lo simbólico y su anudamiento con lo imaginario, por el cual el estadio del
espejo se pone en funcionamiento.
Esto implica que el autista puede ingresar en la dimensión del llamado, y la mejoría de Dick se da por ello.
Pero esto no significa que el niño deje de ser autista, sino que se da una mejoría.
La forclusión en el autismo afecta al punto específico de la constitución del sujeto, hay algo congelado,
detenido, por lo que el sujeto no entre en el nivel del lenguaje, no se produce la constitución del Otro y no hay
anudamiento entre lo simbólico e imaginario, ya que impide el Interjuego entre lo simbólico y lo imaginario y
por ende se da la falla en el estadio del espejo.
104
Cap. 3: “La elección del ser vacío del sujeto”.
En la alienación se constituye el sujeto y en la separación se produce el deseo.
Hay un consentimiento por el que el sujeto se inscribe en la cadena significante del Otro, a un primer
significante que lo representa ante otro significante, y en esa mínima oposición de dos significantes ya está
constituido el inicio del aparato del lenguaje.
Solo hay sujeto cuando un S1, que representa al sujeto, a través de la metáfora inaugural de la constitución
subjetiva, se inscribe en relación al S2, que representa al Otro, y por eso el nacimiento del sujeto es
simultáneo al nacimiento del Otro.
El consentimiento a alienarse a la cadena significante del Otro implica esclavizarse a ella.
El rechazo de la alienación
En el autismo se rechaza a la alienación, porque justamente no se reconoce al Otro, y no se constituye el
sujeto ni la constitución del “objeto a” como consistencia lógica (agujereando el goce, dando lugar a la falta o
poniendo un límite a lo real).
Si no se consiente la alienación y se elige el vacío, por ende, la petrificación del S1: “no les quedaría más que
este ser vacío del sujeto porque perderían el segundo conjunto (S1 S2)”. Del mismo modo el sujeto elige no
consentir la alienación al lenguaje y también el nacimiento del otro. Y en relación a la posición de sujeto, la
elección del ser implica que el sujeto no queda dividido por la cadena significante. No significa que no haya
sentido en el autismo, sino que se constituye un sujeto del lado del vacío, no del lenguaje. “Si escogemos el
ser, el sujeto se nos escapa, caen en el sin-sentido”: elegir el ser implica perder los dos: un el sujeto dividido,
ni el otro (vel alienante). En pocas palabras, el rechazo de la alienación produce un modo de constitución del
sujeto: el ser vacío del sujeto, que no está dividido por el lenguaje.
El rechazo de la alienación en el autismo no significa que no haya inscripción del significante, sino que el
autista rechaza el lazo con el S2, y, por lo tanto, con la cadena significante (no hay articulación entre S1 y S2).
El autista queda petrificado en ese vacío, en el 0 inicial y no entra en la serie de los significados del Otro.
Entonces, la inscripción repetida de un S1, que se inscribe y se vuelve a inscribir, pero sin hacer serie con los
demás (siempre se trata de la primera vez, por lo que se puede repetir indefinidamente la misma acción,
como decir una cosa por meses).
Este rechazo también impide que el goce se embarque en la palabra, ya que no se dan las condiciones
mínimas para que la palabra se articule con el objeto voz y a la pulsión. Hablar entonces, puede ser
experimentado como una mutilación.
La separación
Es el paso lógico que sucede a la alienación, es la operación en la que se constituye un deseo propio. Esto
solo sucede en la medida en que el sujeto capta que hay una falta a nivel del Otro, que no es omnipotente. Se
da en el momento del interrogante ¿Qué me quiere?
De la alienación esclavizante a la cadena significante del Otro, a la separación que implica liberación iniciando
la búsqueda deseante propia.
En la separación se produce el recubrimiento de dos faltas: la división de uno recubre la del otro. Es
fundamental el objeto que lo simbólico no puede nombrar y el que las dos faltas recubren, el objeto a, el cual
se sitúa en el intervalo entre S1 y S2, que designa la falta del Otro. La separación se define entonces como la
extracción del objeto a (ubicado en el intervalo entre S1 y S2).
En la alienación se da el nacimiento del Otro simbólico y en la separación del Otro deseante.
Los niños autistas están inmersos en lo real, no hay palabra, no tiene acceso al llamado. Inmerso en la
dimensión de lo terrible, donde nada falta.
105
Este borde está ubicado entre lo simbólico y lo real y es necesario para que la pulsión haga su recorrido, y
para que se constituya el cuerpo como la superficie que rodea al borde.
La extracción del objeto a (Unlust, ese real inasimilable para lo simbólico) consiste en la producción de un
agujero real en lo simbólico que conlleva un borde. Sin embargo, una segunda operación logra hacer entrar a
ese agujero en la simbolización al inscribirlo como falta: el objeto a pasa a ser ya no un agujero, sino una
sustancia episódica que se ubica como objeto perdido. A partir de ahí, ese objeto se busca en el campo del
Otro, y solo desde allí se puede hablar de falta. Este concepto es el de la castración, que permite simbolizar lo
que fue un agujero en la medida en que el sujeto percibe la falta en el Otro (lo cual produce la causa de
deseo). Del agujero a la falta.
A partir de la producción e la falta, como causa de deseo, el recorrido de la pulsión hace su paso por el Otro
para obtener satisfacción, por lo que el “objeto a” se constituye como un objeto buscado, demandado, en le
campo del Otro. Ya no se trata de un agujero real sino de un objeto que se demanda (a través de la cual se
realiza el recorrido pulsional).
A partir de la zona erógena (el borde dejado por la extracción del objeto a) la pulsión hace su recorrido.
El goce en el que el sujeto se incluye de entrada no tiene forma, por lo que cobra forma del objeto a. El objeto
a es lo que permite armar un agujero y un borde topológicos.
El agujero se aplica al autismo y a la psicosis y la falta a la neurosis.
● En el autismo, no hay producción del agujero, tampoco se produce un borde, como forma de no
extracción del objeto a. (forclusión del agujero).
● En la psicosis hay agujero, pero no hay falta. Hay objeto (una localización del campo inasimilable),
pero no es un objeto que se demanda al Otro.
● En la neurosis ese agujero pasa al registro de la castración, el objeto está en falta (negativizado)
quedando enlazado simbólicamente y la pulsión está obligada a hacer el rodeo por el Otro para
obtener su satisfacción. Se demanda al Otro a través del fantasma.
Del lado del Otro, la falta implica que el Otro está castrado: A (tachado). Del lado del sujeto, la pérdida implica
que el objeto está perdido para él y debe demandarlo: S (barrado).
La separación entonces consiste en la extracción del objeto inasimilable para lo simbólico que produce el
agujero, y luego la coordinación con la castración que produce la falta y la pérdida, y que se constituye como
lo que se demandará en el campo del Otro.
108
repetición, reiteración, pero en la que queda acentuada que la acción o dicho siempre vuelve a realizarse
como si fuera la primera vez.
La lengua particular del autista, tiene que ver con esta iteración de la letra, sin tener necesidad de recurrir al
esquema de alienación y separación y de su fracaso, se trata del goce de lalengua como una lengua privada,
sin la significación, ya que solo dispone de esta y su funcionamiento singular que no le deja la posibilidad de
hacer uso de las significaciones comunes.
En el autismo no hay cuerpo, es un Uno que solo se repite (porque no se elabora). La diferencia radical entre
psicosis y autismo es el acontecimiento del cuerpo, en la psicosis hay cuerpo, imaginario, y la posibilidad de la
construcción de un delirio. En cambio, en el autismo no hay cuerpo porque tampoco hay imaginario, es un S1
solo, sin cuerpo y sin delirio.
Toda frase emitida por el sujeto autista en una situación de tensión extrema, toda verbalización aislada es
experimentada no como una palabra, sino como un trozo de sí mismo (como la saliva, la sangre, las heces),
emisiones del cuerpo, trozos de goce experimentado como automutilaciones.
La estrategia del sujeto de armar un encapsulamiento, un borde, es que funcione a la manera de un cuerpo,.
Ante el traumatismo de lalengua, se produce una iteracion de la letra en “puro cálculo”, de allí que como
particularidad en los niños autistas, se destacan los cálculos formidables y captaciones inmediatas. Es el puro
cálculo de la letra, que evita la contaminación de lo imaginario y el lazo con el Otro.
Como resumen, en el autismo, el sujeto se presenta fuera del discurso y sin lazo con el Otro, el sujeto queda
encapsulado en defensa de la amenaza que encarna el Otro y como manera de suplencia frente a su
imposibilidad de constitución de un cuerpo.
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En la entrevista a padres: no culpabilizar ni desampararlos, hay que contribuir y encaminarlos en tratamientos
posibles. De no hacerlo, llevará a que busquen soluciones rápidas readaptativas.
No se puede aprehender al autismo por una suma de síntomas ya que no es una enfermedad, sino un
funcionamiento subjetivo singular, que corresponde a las particularidades del niño autista, tras su
caparazón no se esconde ningún niño anormal.
Su multiplicidad de formas de presentación conlleva a múltiples dispositivos posibles y soluciones
personales que deben construirse a la medida de cada sujeto.
Deficiente instintivo
El individuo de la especie humana es un deficiente instintivo porque nada en su sistema genético-neurológico
le define el objeto capaz de calmar su malestar. A diferencia de las otras especies, el bebé humano queda
expuesto a sus necesidades sin recursos biológicos suficientes para definir ni con qué, ni cómo satisfacerlas;
“(...) el hombre no tiene objeto que se constituya para su deseo sin alguna mediación” (Lacan, 1978)
Cuando se trata de estímulos externos, los que producen malestar, una acción basta y es eficaz para evitar
sus efectos. Pero cuando se trata de estímulos internos allí el niño (el sujeto) no tiene escapatoria, y sólo a
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través del otro ser humano tutelar podrá operar una tentativa de resolución. Es por eso que el objeto humano
lo constituye el Otro.
Lo que define para este objeto su campo de alteridad y, por lo tanto, la alienación del sujeto con respecto a él.
Este objeto, en lo imaginario se constituye como idealizado, y en lo Real como imposible. En su lugar, para
representarlo aparece el significante.
En el caso del animal, el objeto de la acción corresponde a la satisfacción de la necesidad y están prescritos
por transmisión hereditaria en su sistema nervioso. Es decir, el animal “sabe” biológicamente lo que conviene
a su inquietud, y de ese “saber” extrae el “reconocimiento” que lo que se le ofrece como presa de su apetito,
proceso que opera aunque no lo haya visto antes, porque cierra perceptivamente sobre un imago cuya
eficacia depende meramente de la presencia del objeto asignado como “adecuado”, teniendo una variabilidad
limitada al tener que presentarse en reciprocidad con dicho imago.
En cambio el ser humano, para bien ilustrar se habla del bebé, las cosas de este orden están por completo
indefinidas. El campo instintivo se reduce a los ritmos biológicos, y como tal no se recorta ninguna fuente
corporal tensionada hacia ningún fin. Mucho menos define un objeto al que pueda vincularse. Es esta
insuficiencia que deja lugar a una dimensión psíquica: la pulsión como representante de lo biológico (Trieb
Representanz). Pero, para que esta se articule como representante se necesita del obrar del semejante que,
en el caso humano, no se presenta como imago recíproca a una pre-establecida, sino como quien viene a
trabajar ese malestar del bebé en la delimitación de una fuente (corporal, Quelle), direccionar su fuerza
(Drang), articular la posición de objeto (Objektreprasentanz) en relación con un fin (Zielvarstellung).
El papel del semejante no es puramente imaginario como el caso de las otras especies animales, sino
significante. Inclusive ese imaginario, en el humano, depende de Otro, porque de acuerdo con lo que el otro
desee, lo que psicológicamente se llegue a constituir como imago de objeto faltante será esencialmente
diferente. Ocurre que frente a lo Real que lo arroja a un malestar de lugar vacío de objeto, la única posibilidad
que al bebé le ofrece es desear lo que el Otro desea en él. Otro que, entonces, no opera una imagen sobre él
sino un discurso. Esta es la dimensión significante en la que el semejante no se ofrece de imagen especular
solamente,sino referido a otro lugar: lugar desde donde ese semejante trata incesantemente de recubrir lo
que en lo Real permanece siempre abierto, a saber, el objeto.
El Otro primordial (la madre), hace en este sentido un verdadero esfuerzo: toma el pecho como un don, la
caca como un regalo, la voz como llamado, la mirada como interpelación; costura y recubre lo que
incesantemente reaparece como abertura: la insuficiencia de su niño, la caída incesante de los agujeros que
en el cuerpo se ofrecen y la llaman para ser llenados.
Cuando el niño se vuelve explorador del mundo no hace más que recoger la observación de los efectos de
esa estructuración. Pero hay una diferencia importante: el niño que se constituye como un sujeto deseante se
detendrá, antes o después de extraerlos de sus agujeros, en ellas, esas cosas,analizándolas como
poniéndoles un interrogante encima. Interrogación, pausa, que, ciertamente, alude a sus nombres, a sus
destinos en la alternancia de presencias y ausencias que el lenguaje captó, ordenando así su percepción.
Ejemplo de ello es el fort-da descripto por freud en Más allá del principio del placer osea en el principio de la
discontinuidad del significante. Porque el niño trabaja esta estructura, que hace de la ausencia de la cosa su
posibilidad de tornarse objeto, es que su mirada escudriña y sus manos experimentan.
En esta ausencia la que coloca a la cosa en el nivel de Sachvorstellung (representación cosa), o sea reducida
al nombre, ya que la presencia de la raíz “ver” muestra que , en la cuestión de la imagen de la cosa, la
palabra cumplía su función. (p. 24)
Ocurrió que en ese niño, el Otro operó una separación que lo distanció de su cuerpo real: la madre tomó
como un regalo su caca pero no la retuvo, la canción y la modulación de su voz hizo ausencia en sus oídos; el
sostén hizo falta en su equilibrio; el pecho hizo nostalgia en su boca; y así en cada repliegue de su cuerpo. En
ese corte su cuerpo pasó a residir, como imagen, mucho más en la mirada del Otro que en su propiocepción.
Cada agujero, cada repliegue de su cuerpo, retorna así, desde el Otro, como una evocación de su ausencia,
como simbólico de una plenitud perdida aunque renovadamente prometida. En esa excavación cabe el
significante, allí, desde ese vació del otro, y por obra del arte de la madre de no dar demasiado ni demasiado
poco, aunque dándolo todo como promesa, por el trabajo del discurso parental denegando su insuficiente y
detritus (“No es que sea un genio, pero su mirada…”) por eso, aunque no diga una palabra, el bebé, allí habla.
111
Habla en la medida en que es hablado por Otro. Su lugar simbólico en la cadena significante de los padres
reordena su cuerpo en un sistema que nada tiene que ver con lo biológico, en un más allá de la mera
subsistencia. Constituyéndose sus separaciones como carencias materiales sino como daños narcisisticos.
Heridas que operan sobre esta segunda piel de símbolos que lo recubre como una laminilla y que contiene el
mapa de la moral sexual de los padres.
Se ha indicado, acertadamente, que el niño adquiere ya la representación de un daño narcisistico por pérdida
a nivel corporal, con la pérdida del seno materno después de mamar, por la expulsión de las heces, e incluso
ya por su separación del cuerpo de la madre en el momento de su nacimiento (… ) (Freud, O.C, La
organización genital infantil, p. 1188)
Esto nos demuestra cómo se constituye el cuerpo en el ser humano: capturado por una serie simbólica que
opera sobre su propio funcionamiento.
Si es invocante ¿qué invoca? Sólo puede ser al ojo, la voz, la boca, la oreja, que por ser invocados, se les
hace la falta en la que el Otro Inscribirá el trazo unario que la madre sitúa, con su mirar, en él otro extremo de
la línea imaginaria que la relaciona con su hijo.
El mirar se ubica así, en el ojo materno captado por el niño como un modo primitivo del Shifter (lugar del
sujeto). Ya que al faltar en el ojo del niño el testimonio de la mirada materna ésta cae en una ausencia de
cuyo contorno se hará objeto en falta a. Objeto causa de deseo que el yo (moi) se apresurará a recubrir,
capturando, a través de la imitación o del júbilo del reencuentro, el trazo imaginario que lo resitúe
simbólicamente en ese mirar. Copia lo que el Otro se le ofrece como yo, alejándose así del organismo.
El papel de la mirada, del toque, de la voz y su modulación específicamente dirigida al bebé, son insustituibles
señaladores del lugar del sujeto en una época de la vida en que las partículas lingüísticas verbales aún no le
dicen nada al pequeño niño
Cuando este mediador falta, porque el niño no es mirado o porque es ciego, el riesgo de que este niño quede
excluido del campo significante (autismo) aumenta.
En el caso del ciego congénito, lo que la mirada proporciona como oportunidad de colocarse en la perspectiva
del Otro para mirarse a sí mismo (especularización), queda sustraído.
El niño sustituye esta carencia para responder al deseo del otro, tomando en su voz aquello que lo invoca:
cuando se le pregunta, o interpreta o se lo refiere. Así el pequeño ciego suele ser un precoz parlante, lo que
no quiere decir que hable, en el sentido preciso del término. Este hablar vació, que inicialmente parece una
apoyatura, fácilmente se toma un obstáculo, porque en esta ecolalia él mismo se estructura como el Otro
primordial sin distancia simbólica a él. En lugar de haber especularización hay verdadero espesamiento: el
espejismo de ser el otro se torna real. Allí la visión faltante no cae (en invocación parental), sino que es
llamada de sus padres, entonces pasa a ser un objeto a que es “necesario remoldear”. Alli los padres insisten:
es necesario que vea, ésa es la solución. Entonces la psicosis adviene.
113
La demanda de los padres se presenta como peticiones de diagnóstico, evaluaciones, test, indicaciones
educativas, remedios, etcétera. Demanda que se orienta , en su apariencia, a que les arreglen el “muñeco
roto” de su narcisismo.Debido a esta convergencia entre la demanda explícita de los padres y la formación
académica de los terapeutas, debemos confesar que el psicoanálisis se enfrenta a grandes dificultades para
entrar. Y, sin su concurso, resulta imposible ordenar aquello a que la transferencia trabaja aunque no la
trabajamos.
¿En qué modo suele trabajar la transferencia en esta clínica?: en la demanda de la sugestión. El núcleo de la
transferencia es la posición del sujeto supuesto saber. La sugestión navega en esta transferencia, porque,
precisamente, para ser eficaces, que su palabra trabaje en el campo de “autoridad de la materia”. Pero aquí el
saber no juega como supuesto, sino que se desliza hacia una posición en la que no puede evitar cierta
medida de impostura: dejar que el otro lo suponga más allá de su límite. Y, decimos, son capaces de anular
los efectos de lo que su paciente demanda: un saber en la medida suficiente para ofrecerle la fórmula que
acabe con su dolor.
Hay una suposición de que el terapeuta dispone de un tipo de saber del que carece por completo: saber sobre
lo que gobierna el destino del niño.
La escucha psicoanalítica de este tipo de supuesto saber significa no colocarse en el lugar del sujeto que
sabe, sino en el punto en que este sanar que nos es supuesto a nosotros, los terapeutas, en realidad
corresponde a un sujeto al que aún nada se le ha preguntado y no se le ha preguntado porque se le teme a
su respuesta. Este es el sujeto del niño, sujeto que, en los albores de la vida, en los que se presentan los
primeros signos de la patología del desarrollo, está mucho más en el discurso parental que alberga en el niño
mismo.
Puntuaciones del trabajo mismo:
● Establecer lo Real: establecer lo Real es, precisamente eso mismo lo Real. Lo que se opone como
límite efectivo en el momento en que el significante pugna por imponer su movimiento. Esto supone
escuchar con precisión, también, en qué posición, con respecto con el niño, la serie simbólica está
actuando. Porque en ello reside la posibilidad de una conclusión engañosa en el plano diagnóstico.
También significa definir cómo los padres se oponen, inadvertidamente, con su propia fantasmática, a
viabilizar un sujeto en ese niño.
● Desdoblar la escucha de la demanda: es necesario que la admisión del paciente sea hecha de tal
modo que, desde el inicio, se haga presente una doble escucha; la que tiene que vérselas con lo real
en su propio campo, y la que se propone operar en este Real en el campo de lo fantasmático.
● Establecimiento y desarrollo de la transferencia: ésta se instala de modo necesario en el desarrollo de
un tratamiento, cuando los padres del niño no se resignan a la deficiencia, pero, paradójicamente , se
resignan a que ella le imponga límites a su niño (si así no lo hicieran no verían los problemas que el
niño tiene y no sabrían cómo ayudarlo). Surge una idealización del terapeuta, una regresión en los
padres de no saber como cuidarlo, depresión por auto culpabilización, agresivización de la relación
terapéutica, desidealización del terapeuta. Aquí se juega la continuidad del tratamiento, pero si el
terapeuta pudo renunciar a su saber supuesto, en un ejercicio incesante de hacer trabajar a los padres
lo que no se puede responder, es bien probable que los padres retomen la conducción de su hijo, con
las limitaciones que le sean propias.
● La denegación del deseo de muerte: ocurre que el sujeto previamente estructurado en el lenguaje se
torna incompatible, en el imaginario parental, con el niño. La ruptura narcisistica que se opera en los
padres hace que éstos tropiezan con serias dificultades para encontrar eneste niño trazos que se
avengan a lo simbólico, de un modo tal que pueda ser considerado digno, a la altura, del Ideal que su
cadena significante había previamente establecido.
● Vacilaciones del yo ideal del niño: cada vez que éste demuestra su fragilidad, el trabajo técnico hace
una pausa, para dar lugar a una intervención analítica.
● Hay ciertas cuestiones que retornan desde el fantasma social a los padres y al niño, cada vez que
éstos dan un paso en la dirección de la integración del niño a la comunidad. Hay momentos que
reabren los anudamientos que se articularon alrededor de la enfermedad del niño en el momento
traumático inicial:
● Primeras salidas a los lugares frecuentados por otros niños: rechazo social.
114
● Primera salida hacia otra institución fuera de la familia: percibe diferencias con otros niños.
● Escolarización: se plasma los límites del aprendizaje.
● La pubertad: surgimiento de lo real de la cuestión sexual.
● Juventud, integración social y trabajo: restricción de lugar social.
● Fin del tratamiento. Se trata de muchos niños, después jóvenes que necesitan tratamiento durante
muchos años de sus vidas.
4) Algunas vicisitudes en el psicoanálisis del deficiente mental y sus padres: el deseo del hijo es
tomado en una controversia cuando los padres no pueden reconocerse en él. No se reconocen porque una
falta tomó distinto. Esa falla puede situarse en lo real o en lo imaginario. En ambos casos el efecto es el
mismo: el reconocimiento no se produce porque el destino para el que ese hijo fue imaginado se torna
imposible, de un modo innegable.
Sin embargo, cuando desde lo real el límite se corre más allá, estrechando las posibilidades del niño, se
produce un contraste con los otros límites, aquellos a los que todo humano está sometido, la muerte, la
fragilidad, en fin su corporalidad. En lo real, este niño no es como los otros, y esta irrupción del límite en un
lugar en el que no se lo espera, produce el mismo efecto siniestro.
Si lo siniestro se impone, la sombra del hijo deseado caerá sobre el yo de los padres abriendo el camino de la
depresión melancólica. Los padres también pueden hacer un esfuerzo explicativo para suavizar este efecto
siniestro. Desarrollando formas transitorias de delirio, delirio que tienden a restituir lo que en el narcisismo de
los padres ha sido dañado, para lo que ha perdido su trayectoria, siendo el niño para ellos un mártir o un
héroe. El delirio deja caer al niño, reducido, sin más, a un puro límite real. Quedará en el imaginario materno
como objeto complementario , todo estará previsto, para no perder ni un minuto, para que llegue a lo máximo;
el niño, cuyo reconocimiento en lo humano queda distanciado y hace entrada en la psicosis.
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5)Intervenciones psicoanalíticas en los problemas del desarrollo: A las intervenciones que hacemos con
los padres y los niños, a menos que se trate del psicoanálisis formal del chico, lo llamamos intervenciones
cortas. Cortas y no breves, porque su brevedad depende, y porque no están abreviadas desde el vamos
concentración de objetivos. Tienden a un carácter de corte que aceptamos para que se reabra en el momento
oportuno; porque, ciegamente, no es posible mantener la denegación sobre la deficiencia, si, por ejemplo,
hubiese compromiso de hablar de ella todas las sesiones.
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Psicoanálisis y Deficiencia Mental
1) Psicoanálisis y Educación Especial
Los padres a veces ponen al educador en posición de agente receptor de sus demandas, lo que fuerza
constantemente a salir de su papel puramente educativo. Problemas que van desde la alimentación a la
sexualidad, desde la incertidumbre hasta la convivencia, le son incesantemente consultados.
Sometido el educador a preguntarse desde qué saber debe responder, en el supuesto caso de que tales
preguntas pudieran tener una respuesta unívoca.
Ciertamente no es desde su experiencia y valores personales que él podría responder, ya que no se trata de
su vida sino de la que él podría responder, ya que no se trata de su vida sino de la de los otros, que lo
consultan en el supuesto de que él dispone de un saber que está más allá de las circunstancias de su propia
persona. Un saber supuesto, del cual el mismo educador se siente carente.
Es verdad que algunos se tientan con estas atribuciones y responden. También es verdad que algunos han
intentado elaborar listas de comportamientos “recomendables” basados en modelos sociales construidos
estadísticamente. Pero al dar, tanto una cuanto otra respuesta, sea la personal, sea la estadística, se está
repudiando lo que de más importante navega en tales preguntas de los padres. A saber: una interrogación
angustiosa acerca del destino de sus hijos.
Pregunta que, más que una respuesta, requiere un juego simbólico más allá del drama, y una inscripción del
sujeto más allá de su imposibilidad. O sea: una operación que trascienda la enseñanza de las letras, los
hábitos y los números.
Ocurre que la Educación Especial ocupa un lugar necesariamente intermedio entre lo educativo y lo
terapéutico, y cualquier docente con un poco de experiencia en este campo sabe cuán infructuosas resultan
las tentativas de silenciar las diferentes vertientes de la demanda del niño y de sus padres. Demanda que, por
un lado, ubica a los padres en la espera de una prueba que humanice a sus hijos ante sus ojos, y, por otro
lado, sitúa al niño a la expectativa de encontrar, junto a su educador, lo que en algún lugar quedó perdido.
2) La función del sujeto en el deficiente mental: lo que se anticipa en el bebé puede constar un
sujeto
En frente de la deficiencia mental hay un acuerdo en la necesidad de transmitirle a los niños algo concreto y
útil, pensando en que el éxito de esta enseñanza residirán sus posibilidades de adaptación social.
Contrariamente a este pensamiento, los bebés, por su extrema sensibilidad en la intervención del otro, los
proyectos y programas encerrados en lo concreto y lo útil pueden conducir a un borramiento de la condición
humana. (caso Haciendo un poco de historia, p. 116)
Las posturas dominantes en este sentido era la conductista, centrado en sólo brindar “lo útil y concreto” al
sujeto; lo que en la práctica tiene un efecto mucho más arrasador que la simple indiferencia, qye que
descalifica de cuajo toda confiabilidad del otro como punto de identificación y referencia, dejando al niño
librado a la pura exterioridad real de las acciones y reacciones: un verdadero programa de robotización.
El resultado de esto fue el nacimiento de programas de óptimas intenciones que insistían en las letras y en los
números, en los conocimientos académicos y en la aproximación del niño deficiente mental al aprendizaje
realizado en las escuelas comunes. La escuela diferenciada, después llamada especial, desdoblaba los
curriculums del primario en varios otros grados. Cuya metodología didáctica oscilaba entre la contención
afectiva y la repetición conductista.
Paralelamente avanzaban las demostraciones psicoanalíticas, revelando el insustituible papel del otro social
en la constitución del sujeto. Todo aprendizaje queda así subordinado a un efecto de transferencia. Primero,
esto fue revelado, unilateralmente por Anna Freud, que aseveró que era imposible cualquier tipo de
aprendizaje bajo una transferencia negativa. Conjuntamente, la controversia con Melanie Klein iluminó la
importancia de la resistencia y de la transferencia negativa, anteriormente analizada por Freud como eje de
todo tratamiento pero ahora valorada en los procesos de aprendizaje. De todo ello resultaba la afirmación de
cuán determinantes eran los procesos internos del niño en la incorporación de cualquier conocimiento,
precisamente aquellos procesos que el conductismo despreciaba como “meras especulaciones que no
conducen a ningún resultado práctico”.
Lo Posible y Lo Imposible en la Cura del Síndrome de Down
“No me discriminan.
117
Sólo no consideran importante
lo que yo hago. Es peor”
(M.P., 25 años, con síndrome de Down)
Se proponía abordar bebés afectados por enfermedades incurables o portadores de secuelas crónicas que
comprometían de un modo definitivo su desarrollo. No se pretendía, ciertamente, una cura total. Pero sí se
formulaba la hipótesis de que una intervención adecuada en épocas tempranas de la vida, podría modificar
sustancialmente las discapacidades y la condición psicosocial del individuo victimado por una constitución
desventajosa para su normal evolución y desempeño. Se debe anotar que, por más plausible que hoy en día
nos parezca haber formulado tal hipótesis, por entonces muy pocas y dispersas investigaciones
(inespecíficas) podían ser alegadas en su apoyo.
Además, la clínica con niños pequeños permitió llegar a la convicción de que los bebés, aún los
discapacitados, no eran meramente pasivos en el registro de lo que se les ofrecía. Y que podían ser
conducidos a ser pasivos precisamente por el conjunto de actitudes de los que los rodean, cuando ellas están
inspiradas, precisamente, en suponer su apoyo.
Hacer un bebé discapacitado e incurable, alguien activo y participante en su propia terapia, para la época era
algo difícil de realizar.
Se encontró aliento para continuar en tres fuentes:
1) En los resultados que día tras día sorprendía, desmintiendo lo inmodificable de diversas patologías
genéticas y neurológicas (Aún con límites reales en los alcances terapéuticos).
2) En el hecho de que en disciplinas básicas de la clínica, tales como la psicología, el psicoanálisis y la
neurología, se operaron demostraciones cada vez más contundentes del papel marcante y transformador que
tienen las experiencias tempranas de la vida, cuando se trata de experiencias prolongadas y sostenidas.
3) En las manifestaciones de los padres y los niños que, a pesar del tormentoso laberinto de deseos y
repudios en que se veían sumidos por el encontronazo con una realidad cercenadora, se empeñaban
decididamente hacia el encuentro de una salida cuando se les ofrecían medios de enfrentarse, en algún
modo, con su desgracia.
A pesar de las diferentes reacciones corporativistas de los diferentes grupos profesionales, actualmente está
bastante claro que cualquier tentativa de cura de un sistema neuronal afectado, obtiene mucho mejores
resultados si ella se ejerce no sólo en el terreno químico o quirúrgico, sino en el curso mismo del ejercicio de
la función para la cual tal sistema está potencialmente constituido.
Mejor aún es el efecto terapéutico cuando se pone en juego la marca, la inscripción, que diferencia la función
y la articula al conjunto del sistema psíquico.
Así, inscripción, función, estructura neuronal, aparecen como indisociables en una buena práctica clínica
referida a las enfermedades o condiciones discapacitantes.
Esta fuerte articulación, que obliga a los terapeutas a la interconsulta y quiebra la autonomía del ejercicio
profesional, ha provocado formaciones reactivas en la dirección de reducir estas tres caras de desarrollo y su
patología a una sola.
Algunos psicoanalistas afirman que con una modificación en la posición subjetiva del niño el resto “viene
solo”; o los terapeutas que realizar su práctica como si fuese un simple ejercicio de la función la tarea
estuviese cumplida; ni tampoco faltan los neurólogos o psiquiatras que reducen el acto clínico al campo de lo
químico o de lo descriptivo, o bien articulan simplemente una terapia funcional, descuidando o
menospreciando la inscripción de la función en el campo subjetivo.
En el caso de las personas afectadas de síndrome de Down, por ejemplo, cualquier reduccionismo suele
tener consecuencias graves. La reducción del síndrome a una expresión puramente orgánica coloca a los
afectados simplemente en el terreno de lo incurable. La reducción a una perspectiva puramente funcional,
lanza a esta persona a un campo de habilidades y performances que siempre la situarán como perdedora. La
reducción a una concepción exclusivamente psicanalítica, dejará, a un sujeto capaz de pensar en su posición
social, a merced de sus torpezas y déficit, en la angustia de carecer de la ayuda específica para vérsela con
sus limitaciones.
Se insiste por esta razón en la interdisciplina para poner en juego lo mejor de esta clínica, pero no se trata de
una yuxtaposición de prácticas diferentes, se trata de una paciente y demorada labor de descifrar y entretejer
en cada caso los detalles de sus dificultades, las limitaciones de su cuerpo y su disposición de su deseo, para
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hallar el modo como los conceptos de las diferentes disciplinas se coloquen al servicio de un sujeto que, aun
siendo portador de un síndrome, demanda ser persona.
120
lo es. Entonces, cuando afirmamos que el niño lo es, en verdad deberíamos decir que la sexualidad infantil es
perversa polimorfa, y diferenciar esto de lo que sería una primera manifestación de cierta posición respecto a
la sexuación. Frente al carácter perverso polimorfo de la sexualidad no todos los niños tomarían la misma
posición. Algo se inscribe y algo se rechaza, dando lugar a las posiciones perversas en la infancia.
Perversión y objeto a
El perverso se ofrece lealmente a ser ese objeto al servicio del goce; en un intento, siempre fallido, de
restituirle el goce al Otro. Dicho goce es fantasmático.
La perversión siempre tiene la dimensión de la demostración, no es que ella demuestre para nosotros sino
que el perverso es demostrador, es quien tiene la intención. Lo que demuestra es que la copulación “natural”
es prescindible como medio de goce.
A partir del exhibicionismo, lo que se trata es hacer surgir la mirada en el campo del Otro y en pos de querer
restituirle el goce al Otro el perverso necesita del partenaire como soporte que permitiría obturar la falta en el
Otro que denotaría su inconsistencia.
El objeto a está en posición de funcionar como lugar de captura del goce, es este el que el perverso intenta
restituir en el campo del Otro, intentando hacer existir el goce del Otro. Lacan afirma que el perverso intenta
tapar el agujero del Otro, sabe de la castración y por ello se ve compelido a taponarla de alguna manera.
El perverso necesita de la suposición de la existencia del Otro, recuperándolo bajo la forma de alguno de los
objetos: la voz en el masoquista, la mirada en el exhibicionista.
122
Lacan enfatiza el desplazamiento que se promueve en la perversión del deseo al goce, afirma que el deseo
se vuelve voluntad de goce. El perverso se hace soporte de una ley, pero no es sin un costo para el sujeto, en
la medida en que debe renunciar a su condición de tal para ofrecerse como objeto al Otro, para mantener al
Otro sin tachadura. Lacan sugiere que el perverso desconoce “al servicio de qué goce se ejerce su actividad”,
porque el partenaire nunca es otro perverso, y al encarnar ese objeto lo que se promueve es el partenaire es
la división misma, con su correlato de angustia.
123
La tensión sexual (Placer y dolor)
Una sensación de tensión tiene que ser de carácter desplaciente, ya que tal sensación trae consigo un
impulso a modificar la situación psicológica, cosa totalmente opuesta a la naturaleza del placer. Pero la
tensión de la excitación sexual entre las sensaciones desplacientes se tropieza enseguida con que dicha
tensión es sentida como placer. Todas las zonas erógenas son utilizadas para producir, bajo un estímulo
apropiado, determinada aportación de placer, de la cual surge la elevación de la tensión, que debe hacer
surgir la energía motora necesaria para llevar a término el acto sexual. Podemos diferenciar el placer
producido por la excitación de las zonas erógenas y el producido por la descarga de la materia sexual. El
primero es el placer preliminar que es el mismo que hubieron de provocar, aunque en menor escala, las
pulsiones infantiles. Y el placer final que es nuevo, y que se halla ligado a condiciones que no han aparecido
hasta la pubertad. (Mucosa vaginal y materia seminal).
La teoría de la libido
Libido como fuerza cuantitativamente variable, que no permite medir los procesos y las transformaciones de la
excitación sexual. La libido del yo encuentra su empleo psíquico en el revestimiento de objetos sexuales; esto
es cuando se ha convertido en libido del objeto. Entonces podemos encontrarla al concentrarse en objetos,
fijarse en ellos, o en ocasiones abandonándolos, trasladándose de unos a otros y dirigiendo desde estas
posiciones la actividad sexual del individuo, que conduce a la satisfacción; esto es, a la extensión parcial y
temporal de la libido. También, la libido del objeto puede ser retirada de ellos, quedando flotante en
determinados estados de tensión, hasta recaer de nuevo en el yo y convertirse de nuevo en libido del yo,
libido narcisista.
El hallazgo de objeto
Cuando la primitiva satisfacción sexual estaba aún ligada con la absorción de alimentos, la pulsión sexual
tenía el pecho materno como un objeto sexual exterior al cuerpo del niño. Este objeto sexual desaparece
después, quizás en el momento que el niño logra construir la representación total de la persona a la cual
pertenecía el órgano productor de satisfacción. Entonces la pulsión sexual se hace auto erótica, hasta que,
terminando el periodo de latencia se vuelve a buscar un objeto exogámico. El hallazgo de objeto no es
realmente más que un retorno al pasado.
124
Se considera al adolescente como sujeto que como tal no es otro que sujeto del psicoanálisis, sujeto
deseante, sujeto del inconsciente, ubicando al conflicto como constitutivo del psiquismo o inherente al mismo:
entre deseo y defensa, entre diferentes sistemas o instancias, entre pulsiones. Se debe enfrentar con la
transformación en el orden del cuerpo, un cuerpo real sexuado, vivido inicialmente como un cuerpo extraño y
con nuevas formas de goce que exigen trabajos psíquicos que se presentan para el sujeto en contundente
conmoción estructural. Desde dos planos, el del cuerpo como imagen y el del cuerpo como objeto pulsional, la
pubertad viene a trastocar, a conmover al sujeto.
También a los otros, en lo familiar y social, es que conmocionan las transformaciones o los cambios del niño
que antes fuera. Se conjugan la admiración y el rechazo, proceso de identificación y envidia u hostilidad
simultáneamente, opuestos que se mueven en lo afectivo del Otro familiar. En los padres se replantea la
historia de cada quien y resignifican la propia adolescencia, hay un replanteo de lugares.
La definición de la adolescencia en su relación con el término “adolecer” ubica al adolescente en un momento
de la vida en el cual le faltaría “madurar”, en realidad al adulto también le sucede lo mismo porque el sujeto es
sujeto inconsciente, sujeto deseante y por ello atravesado por la castración. Como todo sujeto el adolescente
está en falta, adolece, coexistiendo con un “ir en aumento” o fortaleciéndose en cuanto a su posición respecto
de los otros.
Adolescencia no sería ni etapa ni pasaje, el acento está puesto en el cambio de lugar, de posición, se habla
de un tiempo “lógico” de la vida de un sujeto que enfrenta contundente conmoción estructural, con
revitalización de la conflictiva edípica, lo cual supone un reposicionamiento del sujeto en relación al Otro, con
debilitamiento del fantasma y en cuanto a la ubicación del sujeto respecto del objeto a en procura de descubrir
su propio deseo. Plantea la exigencia de elaboración de procesos de identificación, y de desidentificaciones,
para lograr para sí un lugar simbólico propio.
La expresión “contundente conmoción estructural” está haciendo referencia a aquello que se produce como
síntoma. Y lo real, como no aprehensible ni representable, como aquello que no se puede poner en palabras,
deja al sujeto desprotegido ante la angustia que la irrupción que la tormenta o la nueva oleada de la
sexualidad provoca en la pubertad.
El adolescente intenta encontrar respuesta al interrogante respecto del deseo del Otro, debilitado el fantasma
procurando rearmarlo o consolidarlo para sostener su sentimiento de sí en un replanteo de la conflictiva
edípica, que supone a veces suaves y también virulentas manifestaciones de afectos amorosos y hostiles en
relación al Otro familiar.
El concepto de fantasma se apoya en el de fantasía o sueño diurno freudiano, es una construcción para
definir un lugar en relación al deseo del Otro recurriendo a lo imaginario y lo simbólico para encontrar una
respuesta.
La adolescencia es una crisis que implica la existencia de “duelos” que la caracterizarían y que se deben
elaborar, lo equívoco es considerar dicha relación crisis-duelo como privativa de un único momento de la vida.
No se trata solo de esta dimensión sino que también hay que considerar las fuerzas y el interés puesto en
juego en la tarea de encontrar nueva posición, el atrevimiento creador o el goce que se encuentra en lo lúdico,
en el fantasear y en la posibilidad de arriesgar y permitirse sorprenderse ante las experiencias nuevas o en la
riqueza de la imaginación adolescente. (Dolto, 1990) La adolescencia como “el periodo de las alegrías más
intensas”.
Respecto del sujeto en la posmodernidad, en los adolescente de este tiempo en que vivimos pesa un plus a
tener en cuenta: constituyen objetos de consumo, lo cual provoca la admiración de los adultos que los
emplazan en e lugar de modelos o ideal, dándose asi procesos identificatorios por los cuales se
“adolescentiza” la adultez, y son destinatarios de violencia o agresión al ser ubicados como personificación de
transgresiones, de las adicciones y del descontrol.
Si bien las expresiones de malestares subjetivos ante la exigencia cultural no llegan a la mayoría de los casos
a patologías graves sino que se expresan en lo “normal” solo como síntomas, como psicopatologías de la vida
cotidiana, en la adolescencia se presenta el incremento de intentos de suicidio, anorexia-bulimia, adicciones,
es decir patologías del acto, que constituyen configuraciones clínicas predominantes derivadas de las
condiciones de vida que la cultura impone.
El duelo y la angustia, afectos que en dichas patologías se presentan con dimensiones mayores a las
normales y se encuentran en la base de dichas configuraciones influyendo en la constitución del fantasma,
125
que le permitirá procesar afectos desbordantes en tiempos del capitalismo tardío, sociedad de consumo que
vende o promete felicidad total oponiéndose a aceptar el malestar.
Duelo
(Freud, 1905) La elección de objeto de la época de la pubertad tiene que renunciar a los objetos infantiles y
empezar de nuevo como corriente sensual. (Freud, 1915) El duelo es la reacción frente a la perdida de una
persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc. A raíz de
idénticas influencias, en muchas personas se observa, en lugar de duelo, melancolía. El examen de la
realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él ahora la exhortación de quitar toda libido
de sus enlaces con ese objeto. Se pone una comprensible renuencia, puede alcanzar tal intensidad que
produzca un extrañamiento de la realidad y una retención del objeto por vía de una psicosis alucinatoria de
deseo. Lo normal es que prevalezca el acatamiento a la realidad. Se ejecuta pieza por pieza con un gasto de
tiempo y de energía de investidura, y entre tanto la existencia del objeto perdido continúa en lo psíquico.
La peculiaridad del trabajo del duelo, diferenciando la posición del sujeto ante la pérdida del objeto, habría
inicial renuencia u oposición a reconocer el juicio de realidad que decreta la pérdida del objeto, y tras la
sobreinvestidura de los recuerdos, con nostalgia y anhelo por los objetos perdidos, se produce el trabajo
propiamente dicho de elaboración de la pérdida, en tanto el vínculo sujeto-objeto se habría construido a través
de múltiples inscripciones o puntos de enlaces entre uno y otro.
En primera instancia, el sujeto se resiste a reconocer tal pérdida, oposición desde la lógica del yo placer, si
bien existe el reconocimiento del juicio que proviene de la lógica del yo realidad definitivo. En todo proceso de
duelo la inicial reacción correspondería al accionar de la desmentida.
No cualquier pérdida provoca dolor o supone una exigencia de procesar un duelo, sino solo aquellas que son
determinantes en la posición subjetiva del sujeto. Lacan (1963) afirma que solo estamos de duelo por alguien
de quien podemos decirnos Yo era su falta.
Freud diferencia entre duelo normal y melancolía, define así como normal y patológico un determinado
proceso adolescente. Melancolía: puede ser reacción ante la pérdida de un objeto amado pero no atinamos a
discernir con precisión lo que se perdió, tampoco el enfermo puede apresar en su conciencia lo que ha
perdido. En la melancolía el sujeto sabe que algo o alguien no existe más pero no lo que perdió con dicha
pérdida, se tratará de una pérdida de objeto sustraída de la conciencia, sin reconocimiento de que se hubiera
producido. Se observa un importante empobrecimiento yoico: “En el duelo el mundo se ha hecho pobre y
vacío; en la melancolía eso le ocurre al yo mismo”.
Freud va a decir que el resultado aquí no es el normal que sería un quite de la libido de ese objeto y su
desplazamiento hacia uno nuevo, sino que aquí la investidura de objeto resultó poco resistente y a libido libre
se retiró hacia el yo, ahí sirvió para establecer una identificación del yo con el objeto resignado. En esta
pérdida se despliega con fuerza la ambivalencia y como consecuencia el odio, y puede darse muerte o poner
en riesgo la vida, dirigiendo contra sí la hostilidad u odio que recaída sobre el objeto; identificado con el objeto
que no se ha perdido sino que está en él se da muerte para así matarlo.
Otro camino es la salida maníaca con impredecibles consecuencias, Freud sitúa a la manía como opuesto de
la melancolía. En la manía habría un triunfo sobre el objeto introyectado vía identificación en la melancolía,
emancipándose o desprendiéndose de aquel a través de la búsqueda de un goce sin control en una
hiperactividad, una omnipotencia que lo alejaría del delirio de empequeñecimiento. De la intensa alegría se
puede pasar a la cólera que puede llevar al sadismo o a la agresión tal como puede observarse en algunas
patologías del acto.
Lacan va a decir que si bien son opuestas la manía y la melancolía, en ambas se daría una perturbación o
desorganización del discurso, todas ellas tendientes a la construcción de lazo social.
Angustia
Dos teorías según Freud:
1. La angustia surgiría a partir de un exceso de libido sexual desviada de su empleo normal, una
explicación económica.
126
2. La angustia como señal de una inquietante amenaza, y no es la represión la que crea la angustia sino
que la angustia está primero ahí, puesto que es la angustia la que provocaría la represión.
Inhibición, síntoma y angustia, Freud (1926): “la angustia…es algo sentido…es un estado afectivo…como
sensación tiene un carácter displacentero…pero no a todo displacer podemos llamarlo angustia”.
Esta se habría generado como reacción a una estado de peligro que se encuentra ubicado en la dimensión
del trauma, se reproduce regularmente cuando un estado semejante amenaza volver a presentarse.
Freud (1933) dice que toda época del desarrollo lleva adscrita como adecuada a ella una condición de
angustia, o sea, cierta situación peligrosa. Se refiere al peligro de la inermidad o desprotección psíquica ante
la inmadurez del yo, al temor por la pérdida del amor o ante la falta de objeto de amor en los primeros años
infantiles, a la reacción ante el peligro de la castración en la fase fálica y al miedo al superyó en la latencia.
¿Habría en la adolescencia una peculiar condición de angustia, o bien si se trataría de condiciones
convergentes de angustia? Es posible pensar que se reactivarían los primeros tres peligros cuando las
transformaciones de la pubertad plantean sentimientos de ajenidad o ante el propio cuerpo cambiante y de
indefensión o desprotección ante la pérdida de los padres protectores y omnipotentes de la infancia.
Lacan sostiene que la angustia es un afecto, algo que “afecta” al sujeto, enfrentado a lo irreductible de lo real,
al deseo del Otro, sosteniendo que no es sin objeto en tanto está involucrado el objeto a. Plantea que la
angustia es lo que “no engaña”, al enfrentarse el sujeto al significante enigmático del deseo del Otro no puede
deslizarse en la cadena significante, impide la sustitución mentirosa que si se produce en los “sentí-mientos”.
Fantasma
Es según Lacan la intersección entre deseo y la construcción de la realidad por parte del sujeto, en el intento
de encontrar respuesta al interrogante acerca del deseo del Otro, al Che vuoi? O qué desea el Otro de mí. El
sujeto construye una frase como argumentación discursiva a lo que supone que el Otro desea, es respuesta
al interrogante. Es posible su conformación siempre y cuando el goce del Otro no aplaste al sujeto, en cuyo
caso no quedaría lugar para el deseo.
Ante la angustia que se presenta frente a este interrogante en tanto el deseo del Otro es algo del orden de lo
real, y desde lo imaginario y desde lo simbólico es desde donde se intenta dar cuenta de ese enigma
construyendo la escena que se impone para el sujeto como realidad, es realidad psíquica (Freud),
construyendo un texto en el que se pone en palabras la escena construida desde lo imaginario
transmitiéndose desde lo simbólico en forma de producciones discursivas lo que se supone respecto de cuál
es el lugar del sujeto en relación al Otro (familiar, fraterno, social…).
En la adolescencia se tendría que producir la consolidación de la respuesta implícita en el fantasma, en un
trabajoso fortalecimiento de la posición del sujeto que solo es posible si este puede construir un lugar
simbólico propio. Y el fortalecimiento o no de los fantasmas tendrá que ver con la forma en que las vicisitudes
de la relación sujeto-Otro refuercen o debiliten los puntos de articulación que la historia familiar otorga al
trabajo de reposicionamiento subjetivo sobre la base que provee la estructura.
En este segundo movimiento subjetivo que es la adolescencia, el fantasma vacila, se torna insuficiente o se
desdibuja, el sujeto llega a no poder contar con él en una instancia critica como toda situación de crisis vital o
ante situaciones traumáticas.
(Freud, 1915) Lo reprimido inconsciente procura volver a la conciencia con disfraces en una transacción entre
el deseo y la defensa, en la cual se deforma una representación, idea, fantasía o pensamiento inaceptable
127
para el sujeto, al mismo tiempo se devela lo que se presenta en el retorno de lo reprimido con las
deformaciones que la lógica del inconsciente produce, esto constituye el síntoma. La represión incluirá: retiro
de la investidura y consiguiente contrainvestidura (desalojo de representaciones).
(Freud, 1916) La formación de síntomas tiene que ver con recuerdos, remarcando la importancia de la
realidad psíquica, no siempre con acontecimientos que hubieran ocurrido, el síntoma tiene un sentido que
cuyo develamiento se trabaja en el espacio terapéutico. Los denominados fenómenos de una neurosis serian
“consecuencias de determinadas vivencias e impresiones” considerados como “traumas etiológicos” (Freud,
1939).
(Freud, 1917) El síntoma es una formación sustitutiva, una forma de lograr una satisfacción, un beneficio de
la enfermedad, por el constante empuje pulsional la libido regresa a determinados puntos de fijación.
(Freud, 1905) En “análisis fragmentario de una histeria”: Dora poseía síntomas somáticos y psíquicos. Ante la
carta de suicidio, Freud, en el intento de proponer explicación a la presentación de tal o cual manifestación u
observable, fundamenta la existencia de situaciones traumáticas vividas y correspondiente resignificación: el
asco, la sensación de opresión en el pecho y el horror a los hombres como expresión de experiencias
sexuales de seducción del señor K., que derivan transformadas en manifestaciones de la oralidad (chupeteo
infantil) y el desplazamiento de abajo a arriba en cuanto al contacto con el miembro viril como “mecanismo de
una fobia destinada a proteger contra una revivencia de la percepción reprimida”…”un síntoma corresponde a
varios significados simultáneamente, también puede explicar varios significados sucesivamente”. Un síntoma
tiene que explorarse inserto en la historia vivida por cada sujeto, la realidad psíquica de quien llega a consulta
psicológica.
Todo lo que pasó en la triada y triada invertida de Dora, configura una compleja maraña de afectos diversos
ocasionadores de los síntomas histéricos.
Lacan dice que el síntoma funciona como una metáfora, opera como una complejidad de significantes que
están en relación sustitutiva con “algo” que lo provoca, deja un resto no simbolizable, el objeto a, u objeto
causa del deseo. Para su desciframiento sería necesario entenderlo como un significante que sustituye a otro,
siendo preciso romper con lo visible, jerarquizando la escucha para leer de esta forma lo simbolizado.
(Lacan, 1975) El síntoma es un encuentro entre lo traumático del goce y la palabra, es del orden de lo real y
tiene en él su sentido, el volver siempre al mismo lugar es una de las definiciones de dicho registro o cuerda
del nudo borromeo.
128
(Freud, 1914) Actuar puede darse más allá de la dimensión transferencial en análisis: “El analizado no
recuerda nada de lo olvidado o reprimido sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino
como acto: lo repite sin saber que lo repite”.
Lacan (1962) tiene al acto como lindante con la angustia, siendo aquel un intento de tramitación de la misma
mediante la acción. La angustia es: ante lo “irreductible de lo real”, frente a aquello que se presenta como
siempre igual, ante la falta de la falta, en formulas no excluyentes. Y el sujeto, ante la dificultad de vérselas
con ella,enfrentando a la angustia,recurre al acto como propósito de eludirla.
La adolescencia implica un reposicionamiento en relación a la estructura opositiva falo-castración, en relación
al objeto a, Lacan lo designa como el objeto que nunca puede alcanzarse, sería objeto “causa” del deseo y no
aquello hacia lo que el deseo tiende. Pone en movimiento el deseo, las pulsiones no intentan obtener al objeto
a sino que giran en torno a él. Es el objeto de la angustia definido por Lacan (1962) como “resto” o
“remanente” del avance de lo simbólico sobre lo real.
El síntoma produce y supone el anudamiento de los tres registros, implica un avance de lo simbólico sobre lo
real intentando dar cuenta de aquello que no puede ponerse en palabras; en el acting out y en el pasaje al
acto puede haber fuerte movimiento en la estructura del nudo o producirse su desanudamiento en caso
extremo de una psicosis clínica.
Considera Lacan que el único acto verdaderamente logrado, no fallido, es el suicidio exitoso, en tanto
consigue su finalidad, el sujeto rompe con la cadena significante; mientras que en los intentos, por la vía del
actuar, en el recurrir a un toxico, violencia, anorexia-bulimia, transgresiones…habría desestabilización de la
posición subjetiva y podríamos decir: en el acting out y pasaje al acto, se pretende evitar o eludir la angustia,
apelándose al Otro o sin el Otro.
En el acting out es la exclusión de un elemento simbólico que retorna desde lo real como comportamiento
inquietante, provocador, exigiendo algo. Lacan: “el acting out es un signo de que al paciente se le pide
mucho”. Dora, frente a una equivocación de Freud, demanda la posibilidad de abrir un lugar respecto del
deseo del Otro, exige una respuesta otra, diciendo sin hablar, abandonando el tratamiento, que el analista se
ha salido de su lugar o que se ha equivocado.
Se podría considerar al acting out como respuesta a la resistencia del analista en la dirección de la cura,
siendo la angustia del analista la que lo lleva a intervenir sin escuchar, ante lo cual el analizante reacciona a
su vez con angustia y rechazo, léase transferencia negativa.
En el intento de eludir la angustia, el sujeto en acting out apela al Otro, personificado por el analista (SSS), o
bien por una figura significativa para el sujeto a quien se le pide que lo contenga, una demanda de atención.
Mientras que en pasaje al acto el sujeto apuesta ante la indeterminación o la inconsistencia del Otro, otro no
atravesado por la función paterna, con la certeza de que no hay escucha para su padecer. Y así sale o se
borra de escena, en un pasaje al acto en la cual se pone en juega su posición subjetiva, denunciando que el
fantasma no alcanza.
Dora es una adolescente aún, que se interroga acerca de qué es ser mujer para un hombre y para otra mujer,
es posible ubicar las actuaciones, amenazas en realidad y manifestaciones sintomáticas en el cuerpo, como
derivaciones del esfuerzo por encontrar respuesta ante los enigmas que producen angustia.
El sujeto en el pasaje al acto se barra de una forma tan radical que se “hace” objeto, es un exceso, y el sujeto
apuesta sin Otro, no hace llamado al Otro. El sujeto se supone en el lugar de la falta del Otro, en el lugar de
objeto. El objeto a es también un objeto de amor y objeto de duelo, esto se juega en el pasaje al acto, hay un
exceso que empuja a lo real que es un saber que se rechaza conocer como tal, exceso que se trata de cortar
de poner un límite. Por eso es el empuje, la cuestión del suicidio o de los riesgos que se desestiman y pueden
llegar a tener graves consecuencias para la integridad física o vida del sujeto.
El actino out forma parte de las vicisitudes normales de la tarea de reposicionamiento subjetivo durante la
adolescencia, el cuestionamiento a la ley del padre puede llevar transgresiones que se expresa en la
dimensión del actuar, en el mejor de los casos, en la dimensión de la búsqueda del sujeto de encontrar una
respuesta a la pregunta del deseo del Otro que lleva a la construcción del fantasma desde el accionar de los
registros imaginario y simbólico con lo cual el sujeto procura lograr un lugar para sí que lo sostiene como tal.
129
Lacan (1972) plantea lo insostenible del “discurso capitalista” en tanto es imposible alcanzar la felicidad “total”
por la vía del consumo. Este discurso es una formulación lacaniana para prensar el rechazo de la castración
en una sociedad del consumo que hace creer que todo es posible de lograr en tanto todo es mercancía,
objetos del mercado. Subraya la relación de la plusvalía con el plus de goce propio de la estructura del
significante, ubicando a la plusvalía como la causa del deseo: es la causa de la producción en exceso y de la
consecuencia de consumo insaciable de objetos.
El superyó, cuando más acepta el sujeto las leyes del consumo, se hace cada vez más demandante, como
equivalencia de la voracidad del discurso capitalista. Al no reconocer lo imposible como un tope, se deja la
sujeto sometido a un imperativo de goce sin límite al sostenerse que todo se puede. El consumo frustra al
deseo, se exige goce sin límite y en la misma medida se va produciendo pobreza del deseo.
En esta dimensión capitalista es importante marcar el incremento de patologías del acto de fuerte presencia
durante la adolescencia. Estas son configuraciones clínicas que se pueden presentar en cualquiera de las
estructuras freudianas, no constituye estructura en sí misma, recurriendo el sujeto a la acción en intento de
eludir la angustia inmanejable ante la cual resulta imposible acudir al pensar y a la palabra para responder
ante afectos desbordantes.
En ellas habría un déficit importante en la función paterna, en el ste NDP, diferente a su ausencia en la
psicosis. La fragilidad en el ejercicio de dicha función se encuentra en directa relación con el debilitamiento de
la dimensión del deseo materno. Debilitadas ambas funciones, el sujeto no posee sostén identificatorio
suficientemente fuerte como para enfrentar intensa angustia. En las patologías del acto la impulsión o la
tendencia a pasar al acto es el recurso utilizado en tanto si bien el sujeto en estas problemáticas habita el
lenguaje no puede apelar al mismo en ciertas circunstancias en las cuales un pánico sin nombre hace
imposible todo procesamiento psíquico con riesgo consiguiente de quedar a merced del goce del Otro, como
objeto.
Las PDA serian expresión del fallido intento de hacer jugar la función paterna, como llamado al Otro,
demandando por medio del acto no solo su reconocimiento sino también su existencia misma. Esto tendría
relación directa con el reforzamiento del goce materno o “lo materno arcaico”, toma nuevas fuerzas lo
incestuoso ya que el sujeto se protege del goce de Otro con la Ley, construyendo sobre la célula narcisista
madre-hijo una red de protección tejida con palabras que impide la caída a un vacio de muerte y de silencio.
O sea: debilidad del Ste NDP – empobrecimiento del orden simbólico y por lo tanto de la palabra-
jerarquización del acto, hablaría de transformaciones en el sujeto, habría revitalización de lo incestuoso y
refuerzo del goce materno que plantearía en la adolescencia la exigencia de enfrentar un nuevo trabajo
psíquico a la luz de las condiciones de vida que ofrece al hombre la actual modernidad.
130
Su interés por el mismo no es meramente teórico, sino que este lo estimula a también a tocarse el miembro. A
la edad de 3 1⁄2 años, su madre lo encuentra con la mano en el pene y lo amenaza de contárselo. Más o
menos a la misma edad, exclama alegremente excitado ante la jaula de un león: “He visto el hace pipí del
león”, el apetito de saber y curiosidad sexual parecen ser inseparables entre sí . El gran acontecimiento en la
vida de Hans es, el nacimiento de su hermanita Hanna, que se produjo cuando él tenía exactamente 3 1⁄2
años.
A la edad de 3 y nueve meses ocurre el primer sueño de Hans, del cual inicialmente Freud lo destaca como
la añoranza de pasar 6 meses lejos de Gmunden y de las tardes de juegos junto a sus amiguitas Olga, Berta
y Fritzl. “El pequeño Hans relata lo siguiente: “Hoy, mientras dormía, he creído que estaba en Gmunden con
Mariedl.” (Freud, 1992. p. 12). Dentro de este relato, Mariedl, es la hija del dueño de la residencia veraniega
en Gmuden; una niña de trece años que ha jugado con él varias veces. Rato después, cuando el padre de
Juanito le comenta el sueño a madre frente a él, este lo contradice diciendo: “No con Mariedl, sino solo,
completamente solo, con Mariedl” (Freud,1992. Pp: 12).
Tal sueño remite a que Juanito pasó el verano de 1906 en Gmunden, donde pasaba el día con los hijos del
dueño de la casa. Cuando se fueron de Gmunden, los papás de Juanito creían que sería un momento penoso
para él, pero para su sorpresa esto no fue así. Tiempo después comenzaron a emerger en Hans recuerdos
vivamente coloreados del tiempo que había pasado en aquella localidad; y un mes después de la vuelta del
viaje, transforma tales reminiscencias en fantasías, como fantasear estar jugando con Berta, Olga y Fritzl y
hablar con ellos como si estuvieran presentes, de esta manera se entretiene así horas enteras.
Debido a esto, posteriormente, comienza llamándolas “mis hijas” influenciado por el quehacer respecto a los
hijos, el cual oye referido a su nueva hermana, que con su nacimiento trajo muchas incógnitas en él sobre el
problema del origen de los hijos, y comentaba: “También a mis hijas, Berta y Olga las trajo la cigüeña” (Freud,
1992, p. 13). Esta manera de referirse a ellas como “mis hijas”, “mis niñas” también se darán en otras
circunstancias donde el pequeño conoce a otros pares con los cuales frecuenta.
El comportamiento en Hans generado por el nacimiento de su hermana fue tomado en cuenta de inmediato
por su padre. Siendo las 5 de la mañana cuando inicia el trabajo de parto, la cama de Hans es llevada a una
habitación contigua, motivo por el cual se despierta las 7 y escucha los sonidos parturientos de su madre, por
lo cual le surgen diferentes dudas “«“¿Por qué tose mama?”» Y después de una pausa añade: “«Es seguro
que hoy viene la cigüeña»”. (Freud, 1992. p.11).
Juanito, a quienes días antes le comentaron que la cigüeña sería quien traería una niña o un niño, asoció de
manera correcta el gemir de la madre con su llegada, al ir a la cocina y ver la maleta del médico repite con
mayor énfasis “hoy viene la cigüeña” (Freud, 1992. p. 11). Al momento de ingresar a la habitación de la
madre, Hans logra atisbar que la bacinilla presenta restos de sangre, a lo que sorprendido dice “Pero… de mi
hace-pipí no sale nada de sangre” (Freud, 1992. p. 11). El niño se va a mostrar celoso para con su hermana
recién nacida y al escuchar que la alaban el afirma en un tono jocoso que todavía no poseía dientes, llegando
a la conclusión que su falta de habla se daba por la ausencia de estos.
Los primeros días, como de manera esperable, se encontró relegado y contrajo una angina, lo cual ocasionó
una fiebre, momento en el cual manifiesta que él no quiere tener una hermanita. Con el pasar de cierto tiempo
(medio año aproximadamente), los celos cedieron y quedaron superados, y Hans se vuelve un hermano
tierno, consciente de su superioridad en relación con su hermana menor.
Por otra parte, respecto a la amenaza de castración de la madre, como se ha mencionado anteriormente, su
interés por el “hace pipí” fue aumentando. Y cuando su madre lo encuentra con la mano en el pene lo
amenaza: “Si haces eso, llamaré al doctor A., que te corte el hace-pipí. Y entonces, ¿con qué harías pipí?”. A
lo que él responde inmediatamente “con la cola” haciendo alusión al ano. (Freud, 1992, p. 9). Hans responde
todavía sin conciencia de culpa, pero es la ocasión en que adquiere el complejo de castración. Es así que
Freud llega a la conclusión de que el niño, en lugar de sentirse asustado o intimidado con el ultimátum de su
madre, este produjo el efecto contrario, es decir, que el pequeño siga pendiente del “hace pipí”.
Posterior a la mudanza, ya instalados en el nuevo hogar, Hans descubre que, frente a su casa, vive una niña
de alrededor de 7 u 8 años, de quien adquirió una profunda admiración. Cada tarde, cuando la niña regresa
de la escuela, el pequeño Hans la observa desde una escalera que da al balcón, haciendo surgir un “amor a
distancia”. Todas las tardes, espera ansiosamente su regreso, cuando la niña no aparece en el horario que
131
Hans percibe como el habitual, emerge en él un estado de inquietud, el cual lo lleva a preguntar
insistentemente a los miembros de la casa el porqué de que la niña no ha aparecido.
Un día el pequeño Hans les pide insistentemente a sus padres poder ir a dormir con Marield o, aunque sea,
poder ser integrada a su hogar para facilitar las cercanías. Ante esta situación, sus padres manifiestan que
esto no podía ser, preguntándole si él estaba dispuesto a dormir sin mami ni papi. Posteriormente, él intenta
tomar su ropa y se dirige a la escalera para ir a dormir con Marield, por lo cual es retenido, reflejando así su
deseo erotico y su estado completamente enamorado.
Más adelante, Hans comienza a presentar una perturbación nerviosa. Esto, según detalla el padre, está
asociado al hecho de que le asusta el pene grande del animal que Hans logra observar desde la primera
escena. Allí es cuando el pequeño repara el miembro del caballo y lo asocia a que su madre al ser tan
grande, ha de tener un “hace-pipí” como el del caballo. Entonces comienza a tener miedo de toparse con uno
y que lo muerda por la calle. Ante esto, presenta cierto malestar al atardecer, lo que el padre lo relaciona 188
con el miedo a un pene grande y que esto pueda deberse a la hiperexcitación sexual por la ternura de la
madre.
A su vez, Juanito tiene un sueño de angustia, en el cual hacía referencia a la madre lejos de él, debido a que
no la tendría para hacerle cumplidos. Asimismo, posteriormente al sueño, él estaba en la cama con su madre
y dice “Sabes tú, Tia M. ha dicho 'Pero que lindo pichilín tiene''(Freud, 1992, pp. 22). Por consiguiente, al ir
paseando con la niñera por la calle, comienza a llorar y pide volver a la casa para hacer cumplidos con la
mami, sin querer decir el porqué de la situación. A raíz de estos sucesos al anochecer no puede separarse de
su madre, queriendo hacer cumplidos con ella una y otra vez.
Pasando los días, la madre lo vuelve a llevar a pasear y nuevamente no quiere seguir caminando, esta vez
tiene miedo y comienza a llorar. Al volver, le dice a la madre que lo que sentía era miedo de ser mordido por
un caballo. A lo cual, el niño vuelve a pedir hacerle cumplidos y expresa que sabía que al otro día iba ser
llevado a pasear y que el caballo entraría en su habitación.
Tiempo después, se podría advertir en Juanito una breve mejoría, ya que ahora se atreve a salir a la puerta
de su casa, pero al percibir la presencia de caballos, retrocede e ingresa nuevamente. Esto se debe a que,
como lo expresó el padre de Juanito a Freud, frente a su casa había un depósito, del cual entraban y salían
los carruajes, en la cual el pequeño al observar la entrada y salida de los mismos, sentía miedo; tras ello
manifiesta que tiene miedo de que los caballos se tumben cuando el carruaje da la vuelta. Ante esto, Juanito
intenta cruzar al depósito alentado por su padre, pero no logra su cumplimiento y regresa a su casa.
En un momento posterior, Juanito comenta a su padre que siente miedo de los caballos que tienen algo en la
boca. Agrega además que tiene miedo de los carros mudanceros, sosteniendo que los animales que tiran de
los carros los van a tumbar. Entonces, frente a la pregunta del padre acerca del motivo de su miedo sobre
éstos, Hans responde, que una vez observó como un caballo de carruaje se tumbó y agrega que fue en ese
momento que apareció la “tontería”, porque cuando el caballo se dió vuelta se asustó mucho. Este objeto
fóbico que aparece como privilegiado, debido a la gran sobredeterminación que Freud (1992) le proporciona a
través de su interpretación; es, como se menciona anteriormente, caballo que representa de este modo, el
poder del padre de Juanito: su "figura" y su "potencia". Por consiguiente, dado el Edipo heterosexual del niño,
según Freud (1992), el caballo simboliza al padre por una relación de semejanza que se refleja en las
siguientes propiedades: grande, fuerte, muerde, arranca cosas (castración). Por ello, según su interpretación,
el objeto fóbico de Juanito (debido a la presencia de ciertas semejanzas con el padre), representa al agente
de castración, que vendría a ser la función del padre.
Síntomas:
Teniendo en cuenta los planteos de Freud (1992) en torno al síntoma considera a este como un indicio de un
proceso patológico, y un sustituto de una satisfacción pulsional interceptada, el cual es resultado de un
proceso represivo que, de igual modo, la moción pulsional logra hallar un sustituto desplazado e inhibido; esta
lucha, se termina a veces mediante la formación de dicho síntoma. Dentro de los síntomas que presenta
Juanito, se puede destacar primeramente la angustia de castración, que comienza a manifestarse en una
actitud edípica de celos y hostilidad hacia su padre, simultáneamente con un conflicto de ambivalencia, amor
y odio hacia él mismo: lo ama toda vez que no entre en cuenta la madre como causa de una falta de acuerdo,
y a su vez, permitir al yo suspender el desarrollo de angustia. Cabe destacar la existencia del temor a la
132
mordida del caballo y una incapacidad para andar por la calle como un fenómeno de inhibición, lo cual tiene
un nexo estrecho con una rebaja de una función, justamente manifiesta el miedo a que un caballo lo muerda
por la calle. “Cuando sale a pasear con la niñera como de costumbre por la calle, empieza a llorar y pide que
lo lleven a casa, quiere hacer cumplidos con la mami” (Freud, 1992. pp. 22).
“Lo que la convierte en neurosis es, única y exclusivamente, otro rasgo: la sustitución del padre por el caballo
(...) tal desplazamiento es posibilitado o facilitado por la circunstancia de que a esa tierna edad todavía están
prontas a reanimarse las huellas innatas del pensamiento totemista.” (Freud, 1992, p.99).
Su fobia nace, entonces, como un intento de solucionar ese conflicto de ambivalencia. Se pueden atribuir
todos sus síntomas a una estructura neurótica por el hecho de que Juanito sustituye la figura del padre por el
caballo, es decir que hay un desplazamiento. Freud (1992) va a exponer que el motor de la represión es la
angustia frente a la amenaza de castración. Es por ese motivo que Hans resigna la agresión hacia el padre y
surge la angustia producto del miedo a que el caballo lo muerda y arranque sus genitales, es decir, lo castre.
Complejizando aún más, podría decirse que el caballo que se desploma y muere, y que puede morderlo, es
un símbolo de “ser castrado por el padre”, como formación sustitutiva. El caballo posee una gran “hacepipí”
como su padre y tiene “algo negro” en la boca que podría relacionarse o parecerse a un bigote, como
menciona Freud (1992) el monto de afecto desplazado se encuentra en relacion con lo reprimido. No
obstante, Juanito desea la muerte de su progenitor para poder estar más tiempo a solas con su madre. Al
mismo tiempo, tales deseos le producen sentimientos de culpa y vergüenza que se resuelven en la angustia
hacia los caballos.
Juanito expresa este tipo de fantasías edípicas recurriendo a la curiosa historia de las jirafas. De aquí lo
importante es la ambivalencia de los sentimientos del niño: ama a su padre y al mismo tiempo desea verlo
muerto. Mediante la formación de su fobia, se cancela la investidura de objeto como la madre tierna, un
proceso que afecta a los componentes del complejo de edipo, tanto la moción hostil hacia al padre y la tierna
respecto de la madre. Esta angustia de la fobia resalta Freud (1992) es facultativa, ya que solo emerge
cuando el objeto es asunto de la percepción, sólo entonces está presente la situación de peligro, ya que se
sustituye un peligro pulsional interior por uno de percepción exterior, por el cual puede protegerse mediante la
huida.
La pérdida del objeto y la amenaza de castración son también peligros que se ciernen desde afuera (...). En
las zoofobias el peligro parece sentirse todavía enteramente cómo uno exterior, de igual modo que en el
síntoma experimenta un desplazamiento hacia el exterior. (Freud, 1992, p.137).
Ahora bien, es en el periodo de embarazo de su madre, donde Hans incrementa su curiosidad por lo sexual y
la masturbación, a lo que la madre le responde con amenazas de cortarle los genitales si lo sigue haciendo.
De esta manera se puede esclarecer que el miedo a la castración tiene su origen en la advertencia de su
madre. La amenaza entonces, permanece latente hasta que un año más tarde el sentimiento de culpa se
activa. Por otro lado, surgen los primeros índices de ansiedad, sufre depresiones, crisis de angustia en la que
expresa miedo a perder a su madre, incluso en una ocasión en el que se encuentra de paseo con su niñera,
pide volver a su hogar por temor a no encontrarla.
El padre, orientado por Freud, advierte que la angustia y el miedo son consecuencias de la insistencia de la
madre para que abandone la masturbación. En la medida en que Juanito se daba cuenta de los motivos de su
miedo, se construyó un camino desde la crisis de angustia hasta la aparición de la fobia interpretada por el
psicoanalista. Desde esta perspectiva, un elemento primordial en el surgimiento de la fobia está
estrechamente relacionado con el nacimiento de su hermana menor. Podría decirse que la presencia del bebé
le quita aún más tiempo a su madre, lo cual provoca en Juanito el deseo de ver desaparecer a Hanna y a su
padre, ocupando el lugar de este último, y fantaseando con que la madre deja ahogar a su hermanita en la
bañera.
Juanito acostumbraba a preguntarse sobre los mecanismos biológicos asociados al nacimiento; luego de
comprobar que no era la cigüeña quien trajo a su hermanita al mundo, se dio cuenta de que Hanna había
salido de la barriga de su madre, al igual que salen los excrementos. Esto también puede asociarse al caballo
190 que defeca en la calle. Así, queda en manifiesto que la amenazante llegada de más hermanos, que
podrían significar el apartamiento de su madre, se transforma en la ya mencionada fobia hacia los caballos,
especialmente a los que llevan una carga pesada, carruajes, carros mudanceros y diligencias, además ante
caballos que se ponen en movimiento, de aspecto grande y pesado. No obstante, la curación tiene lugar a
133
partir de que los padres de Juanito le explican cómo vienen exactamente los niños al mundo, lo cual deviene
en un alivio notable de su fobia.
Se podría evidenciar, entonces, la formación del síntoma en el caso del pequeño Hans, donde la represión ha
fallado, puesto que emerge la angustia, y como se dijo anteriormente, la moción pulsional encuentra un
sustituto. De esta manera, la lucha defensiva contra la moción desagradable, se termina a veces mediante la
formación del síntoma. “Toda formación de síntoma se emprende sólo para escapar de la angustia” (Freud,
1992, p.136).
Angustia:
Freud (1992), menciona a la represión como un mecanismo psíquico utilizado para rechazar aquellas
representaciones que resultan intolerables para la consciencia, sin embargo, estos contenidos rechazados no
son eliminados, sino que conservan su afectividad psíquica y se sintomatizan. “Su esencia consiste en
rechazar algo de la conciencia y mantenerlo alejado de ella”. (Freud, 1992, p.142). Así mismo, el yo se opone
a estas sensaciones desagradables, tal como ocurre en el caso del pequeño Hans, donde la representación
intolerable remite a una perturbación que es inducida por pensamientos tiernos hacia la madre, en la cual se
presenta una intensidad de moción que no es dominable por el niño. Como lo menciona el autor, esta tristeza
erótica que presentaba hacia la madre (libido reprimida), deviene en angustia.
La angustia en sí, es algo sentido, un estado afectivo que tiene un carácter displacentero, con particulares
acciones de descarga que siguen determinadas vías, y se genera como reacción frente a un estado de
peligro. Dicha angustia, luego es manifestada en una fobia que deviene como una formación sintomática
(formación sustitutiva), es decir, el monto de afecto desplazado encuentra un sustituto, que al mismo tiempo
se halla en relacion con el complejo reprimido. Es así, como Juanito presenta miedo a los caballos, ya que
esa investidura de un sustituto por desplazamiento del conflicto inconsciente, se proyecta al exterior y el yo se
comporta como si el peligro no lo amenazara, pues sustituye un peligro pulsional interior por un peligro de
percepción exterior (Freud, 1992). En relación al caso, este peligro era la castración, peligro que se manifiesta
en angustia, y que ha encontrado su descarga en el síntoma, el miedo a los caballos.
Freud (1992) establece que la mayoría de las fobias se remontan a una angustia del yo frente a exigencias
de la libido. En ellas, la actitud angustiada del yo es siempre la impulsión para la represión. Ahora bien, se
puede decir que la angustia en la zoofobia que se presenta en Juanito, es la angustia de castración del yo. Es
decir, que la angustia no es producida por la represión, sino que ésta provoca a la misma:
El efecto-angustia de la fobia, que constituye la esencia de esta última, no proviene del proceso represivo, de
las investiduras libidinosas de las mociones reprimidas, sino de lo represor mismo; la angustia de la zoofobia
es la angustia de castración inmutada, vale decir, una angustia realista, angustia frente a un peligro que
amenaza efectivamente o es considerado real. Aquí la angustia crea a la represión y no —como yo opinaba
antes— la represión a la angustia (Freud, 1992, p. 104)
Desde esta perspectiva, la teoría de la angustia propone que la interpretación del caso se de a partir de la
articulación del complejo de Edipo con el de castración, logrando comprender el motor del mecanismo
represivo, y por lo tanto también la función de la angustia en dicho proceso. Por ende, al ser la angustia el
resultado del proceso represivo, es considerada como una señal producida por el yo, que permite anticipar el
peligro de la subyugación del aparato psíquico.
Ahora bien, las fobias de la infancia y la exteriorización de la angustia se produce justamente cuando el niño
está solo, en la oscuridad o con alguna persona ajena a la madre, la condición es que se eche de menos a la
persona amada. Esta imagen es investida intensivamente y así, ésta se presenta como una reacción frente a
la ausencia del objeto. Asimismo, la angustia de castración tiene por contenido la separación respecto de un
objeto estimado en grado mayor y la angustia más originaria que se engendra a partir de la separación de la
madre, también se desarrolla como una angustia social. “La privación de ese miembro equivale a una nueva
separación de su madre” (Freud, 1992, p.131).
Se podría percibir en Hans, lo mencionado anteriormente en diversas circunstancias; cuando sale a pasear
con su niñera en repetidas ocasiones llora y pide por su madre. Como por ejemplo, en una situación donde
sale con su madre nuevamente llora, y expresa que no quiere seguir porque tiene miedo. De todas formas
continúan pero es evidente la angustia.
134
En el viaje de regreso de Schonbrunn dice a la madre, tras mucha renuencia: «Tuve miedo de que un caballo
me mordiera». (De hecho, en Schonbrunn se intranquilizó cuando vio un caballo). Al anochecer me dicen que
tuvo un ataque parecido al del día anterior, con pedido de hacer cumplidos. Se lo tranquiliza. Dice llorando:
«Sé que mañana me llevarán de nuevo a pasear», y luego: «El caballo entrará en la pieza»(Freud, 1992. pp.
22).
“Esta angustia, que corresponde a una añoranza erótica reprimida, carece al comienzo de objeto, como toda
angustia infantil: es todavía angustia y no miedo”(Freud. 1992. pp 23). Es por ello, que Hans al pasear con su
niñera, no puede saber de qué tiene miedo y por ende, no es capaz de expresarlo.
Considerando lo dicho anteriormente respecto a las zoofobias, la constitución de la angustia es entendida
como una reacción afectiva del yo ante el peligro; es decir, la fobia se presenta como una estabilidad para el
yo frente a lo amenazante de la castración que es impuesta por el superyó.
Freud (1992) sostiene que toda angustia, es angustia de castración: “el contenido de la angustia permanece
inconsciente, y sólo deviene consciente en una desfiguración (...) lo que sobreviene en la fase fálica, es una
angustia de separación (...) El peligro es aquí la separación de los genitales” (p. 121-131). En la fobia, la
angustia de castración recibe otro objeto y aparece una expresión desfigurada, como se mencionó
anteriormente, la sustitución del padre por el caballo. Ahora bien, se podría decir que ya no se trata de una
angustia indeterminada frente al caballo, sino de una determinada expectativa angustiante de que el caballo lo
muerda. La moción pulsional reprimida en esta fobia es una moción hostil hacia el padre, por ende a través de
esta angustia de castración Juanito resigna la agresión hacia el mismo: “su angustia de que el caballo lo
muerda puede completarse: que el caballo le arranque de un mordisco los genitales, es decir, lo castre”.
(Freud, 1992, p. 103).
Teniendo en cuenta que la angustia más originaria según Freud, deviene del acto del nacimiento tras la
separación de la madre que le brindaba sus necesidades, este nuevo sentimiento de temor de pérdida por sus
genitales que siente Hans implicaría nuevamente una separación de la madre, sin embargo, ya relacionada a
la libido genital. Cabe destacar que la llegada de la hermana menor le aparejó varios acontecimientos que le
ocasionaron malestar:
En primer lugar un poco de privación; al comienzo, una separación temporaria de la madre, y luego, una
disminución duradera de sus cuidados y atención, que tuvo que acostumbrarse a compartir con la hermana.
En segundo lugar, una reanimación de sus vivencias placenteras en la crianza, provocada por todo lo que
veía hacer a su madre con la hermanita. De ambos influjos resultó un acrecentamiento de su necesidad
erótica, que empezó a sufrir una falta de satisfacción (Freud. 1992. pp 106).
La angustia de que venga un hijo más tiene desde entonces un sitio en su pensar consciente. La angustia de
Hans al baño era una angustia de retribución por el deseo de muerte contra la hermana. Es evidente que 192
ha tratado a ambas personas, tanto a su hermana como a su padre, de igual modo en lo inconsciente, porque
los dos le quitan a la mami, lo perturban en su estar solo con ella.
En otras palabras, Juanito es un niño que se encuentra frente a varios cambios como ser el desarrollo de su
independencia y otras necesidades, todas ellas pueden ser consideradas peligros que provocan la aparición
de la angustia, ya que justamente “la angustia es la reacción frente al peligro” (Freud, 1992, pp. 141).
Fantasías:
El primer rasgo de gran importancia que Freud (1992) advierte en el caso Juanito es su gran interés por la
“cosita de hacer pipí”. Es mediante este último, que descubre una posibilidad de diferenciar lo animado de lo
inanimado, en base a la presencia o ausencia de la “cosita”. A partir de lo anterior, Juanito presupone la
existencia de un pene en todos los seres, que según él, son semejantes a su persona. Al mismo tiempo, lo
observa en animales de gran tamaño y atribuye a su padre, madre e incluso a su hermana la presencia del
órgano genital masculino. De este modo, por su intensa curiosidad sexual y gran interés por la “cosita de
hacer pipí”, es que tiene lugar uno de los sueños, que Freud (1992) sitúa en el período inicial de la represión,
en el cual tiene por contenido el deseo de que una de sus compañeras le ponga a hacer pipí, es decir, el
deseo que advierte ver sus genitales. Por otro lado, el niño en cuestión había observado que los animales de
gran tamaño tenían una cosita más grande que la suya. Esto lo lleva a suponer que en sus padres, se porta
un miembro de igual proporción y desea comprobarlo; lo que conduce a la fantasía de que su madre porta el
mismo órgano genital “como el de un caballo”. Pero haciendo referencia a esto, vale decir que frente a una
135
pasada aclaración sexual del padre, acerca de que las mujeres no tienen “cosita”; Juanito reacciona con el
relato de otra fantasía, según la cual imagina haber visto a su madre mostrando su partes genitales. Según
Freud (1992), esta última se origina debido a que el niño se hallaba bajo la impresión de la amenaza de
castración que su madre le había hecho un año y medio antes.
En cuanto a los deseos de muerte de su padre, estos le provocan sentimientos de culpa y vergüenza, los
cuales encuentran resolución en la angustia hacia los caballos, al mismo tiempo Juanito expresa este tipo de
fantasías edípicas, recurriendo a la curiosa historia de las jirafas:
En la noche había en la habitación una jirafa grande y una jirafa arrugada, y la grande ha gritado porque yo le
he quitado la arrugada. Luego dejó de gritar, y entonces yo me he sentado encima de la jirafa arrugada
(Freud, 1992. p 32).
El padre de Hans, propone la idea de que la jirafa de cuello largo es él, mientras que la jirafa arrugada es la
madre, es decir, el padre con el pene grande y la madre con el miembro arrugado, esto permite esclarecer la
fantasía que aconteció. En base a esto, el padre, conjetura:
El todo es la reproducción de una escena que en los últimos días se desarrolla casi todas las mañanas.
Juanito siempre acude temprano a nosotros, y mi esposa no puede dejar de tomarlo por algunos minutos
consigo en el lecho. Sobre eso yo siempre empiezo a ponerla en guardia, que es mejor que no lo tome
consigo ("La grande ha gritado porque yo le he quitado la arrugada"), y ella replica esto y aquello, irritada tal
vez: que eso es un absurdo, que unos minutos no pueden tener importancia, etc. Entonces Juanito
permanece un ratito junto a ella. ("Entonces la jirafa grande dejó de gritar, y luego yo me senté encima de la
jirafa arrugada".)
La solución de esta escena conyugal transportada a la vida de las jirafas es, pues: él sintió en la noche
añoranza de la mamá, añoranza de sus caricias, de su miembro, y por eso vino al dormitorio. El todo es la
continuación del miedo al caballo. (Freud, 1992, p. 34).
Siguiendo al mismo autor, se advierte que en la constitución sexual de Juanito su zona genital es, desde un
inicio, la más acentuada de todas las zonas erógenas y sólo se halla testimonio, además de esta última, 193
del placer excremental vinculados a la micción y a la defecación. En relación a esto, es que en su última
fantasía, en la cual contiene niños a quienes se los lleva al retrete y se los limpia, “haciendo con ellos todo lo
que se hace con los niños”. Freud (1992) interpreta que estas operaciones son constituyentes en su fantasía,
ya que fue para Juanito en su primera infancia una fuente de placer. Siendo este último, un placer emanado
de zonas erógenas que le fue procurado por su madre, lo que conduce por lo tanto a una elección de objeto.
Asimismo, durante un veraneo, a partir de las alternativas de presencia-ausencia del padre es que Freud
(1992) percibe en Juanito el deseo de hacer desaparecer a su padre para quedarse solo con su madre y
dormir con ella. Este deseo, es según Freud enlazado a una impresión accidental vinculada a otra partida,
que origina el miedo a ser mordido por un caballo blanco. Posteriormente, con el regreso de su familia a
Viena, donde Juanito no podía contar con las ausencias del padre, el deseo anteriormente mencionado se
convierte en el deseo de la muerte del padre.
Estas fantasías edípicas suelen tener un trasfondo sádico, por lo general se confiesa que le gustaría azotar a
los caballos, el cual, como se resalta a lo largo del caso, es símbolo del padre y también de la madre, a quien
le gustaría golpear con “el batidor de alfombras”. Hans, experimenta una hostilidad inevitable hacia su padre
pues lo contempla como rival y, al mismo tiempo, una “concupiscencia oscura, sádica” sobre la madre.
Es por ello que, como lo interpreta Freud (1992), esta última fantasía de golpear y excitar a los caballos
contempla una doble determinación; por un lado se apoya en la burla hacia el padre y por el otro, en impulsos
sádicos dirigidos a la madre. A lo cual, se vería compelido como una acumulación de impulsos eróticos,
provenientes de la fase autoerótica y, como se menciona anteriormente, vinculados con la elección de objeto.
Fantasía que consiste en que Juanito se encuentra en convenio con su madre y tiene muchos niños a los que
atiende y cuida a su manera.
La segunda fantasía repara el miedo a la castración. Un instalador llega a la casa y le cambia su trasero y su
“hace-pipí” por otros más grandes. En ella expresa “Ha venido el instalador y con unas tenazas me ha quitado
primero el trasero y después me ha dado otro, y después el hace-pipí” (Freud, 1992, p. 81). La interpretación
de Freud deviene en que el instalador, que sería el médico, le quita el pene; sin embargo, lo hace para darle
uno más grande, por ende, ya no habrá una angustia penosa por miedo a ser castrado sino que conservará el
pene.
136
Por otro lado, frente a la aclaración sexual del padre, acerca de que las mujeres no tienen cosita; Juanito
reacciona con el relato de una fantasía, según la cual imagina haber visto a su madre mostrando la cosita.
Según Freud (1992), esta última se origina debido a que el niño se hallaba bajo la impresión de la amenaza
de castración que su madre le había hecho un año y medio antes. Es así, que Freud califica a esta fantasía
como de protección y defensa, ya que la creencia de que su madre hacía lo mismo que él estaba destinado a
justificarle y disculparle. Asimismo, la revelación de que las mujeres no tienen cosita resulta apropiada para
intensificar la preocupación de Juanito en cuanto a la posible pérdida de la suya propia.
El niño relata a su vez dos fantasías, la de haber infringido una prohibición que cerraba el paso a uno de los
departamentos del zoológico, y la de romper un cristal de una ventana del tranvía; todo esto con la
complicidad del padre. Freud (1992) interpreta estas dos fantasías, a partir del deseo de toma de posesión de
la madre. El autor anteriormente mencionado manifiesta que existe en Juanito una especie de presentimiento
sobre algo que podría hacer con la madre, y encuentra para ello ciertas representaciones gráficas que tienen
en común la idea de ilicitud y violencia. Según Freud (1992) consisten en fantasías simbólicas del coito, de
hacer con la madre algo prohibido pero que el padre tiene permitido hacer con ella.
A la edad de tres años y medio, Juanito observa el embarazo de la madre, y luego del parto acepta con
absoluto escepticismo la fábula de la cigüeña. Él sabía muy bien la procedencia de la niña y el lugar en dónde
había estado antes del parto. La prueba de ello, es según Freud (1992), la fantasía en la cual Hanna estaba
con ellos en Gmunden un verano anterior a su nacimiento. En esta última, la hermana de Juanito poseía una
capacidad funcional mucho más amplia que incluso, un año después de nacer. Todo ello constituye para
Freud (1992) una venganza contra el padre, por haber querido engañar a Juanito con la fábula de la cigüeña.
137
Freud comienza el análisis frente a dos representaciones pasadas de la joven. Entre los trece y catorce años
manifestó una predilección tierna y, a juicio de todos, exagerada por un niño que aún no había cumplido los tres
años y a quien podía ver de manera regular en un parque infantil. Tan a pecho se tomó a ese niño que de ahí
nació una larga relación amistosa con los padres del pequeño. De ese hecho puede inferirse que en esa época
estaba dominada por un fuerte deseo de ser madre ella misma y tener un hijo. Pero poco después el niño
comenzó a serle indiferente, y ella empezó a mostrar interés por mujeres maduras, aunque todavía jóvenes,
interés cuyas exteriorizaciones le trajeron pronto una sentida reprimenda de parte del padre.
Antes su libido estuvo depositada en la maternidad, después fue una homosexual enamorada de mujeres
maduras. Esta mudanza ocurrió por un acontecimiento tan importante para la compresión, el cual es el nuevo
embarazo de la madre y el nacimiento del tercer hermano cuando ella tenía 16 años.
Es entonces que nuestra muchacha, tras esa desilusión previamente mencionada había arrojado de sí: el deseo
de tener un hijo, el amor por el varón y el papel femenino. Y es evidente que habrían podido ocurrir muy
diversas cosas; lo que finalmente sucedió fue lo más extremo: Ella se trasmudó en varón y tomó a la madre en
el lugar del padre como objeto de amor.''
Dicho esto, objeto que no es misión del psicoanálisis solucionar el problema de la homosexualidad, tiene que
conformarse con revelar los mecanismos psíquicos que han llevado a decidir la elección de objeto y rastrear
desde allí los caminos que llevan hasta las disposiciones sexuales.
El análisis enseñó que la joven arrastraba un complejo de masculinidad muy acentuado en sus años de infancia.
Nada gustosa de que la relegase ese hermano mayor desde aquella inspección de los genitales, ya que había
desarrollado una potente envidia del pene cuyos retoños impregnaron más en sus pensamientos.
Caso Dick
Melanie Klein
Historia previa de Dick
Su lactancia había sido excepcionalmente insatisfactoria y perturbada porque durante varias semanas la
madre había insistido en una infructuosa tentativa de amamantarlo, y el niño había estado a punto de morir de
inanición. Se había recurrido entonces a la alimentación artificial. Por fin, cuando Dick tenía siete semanas, se
le procuró una nodriza, pero ya no pudo mejorar en sus mamadas. Padeció de trastornos digestivos, prolapso
anal, y, más tarde, de hemorroides. Posiblemente su desarrollo quedó afectado por el hecho de que, aunque
recibió toda clase de cuidados, nunca se le prodigó verdadero amor, la actitud de la madre hacia él había
sido, desde el principio, de excesiva angustia. A los dos años de edad tuvo una nueva niñera que si se
mostraba afectuosa al igual que su abuela. Estos cambios tuvieron influencia en su desarrollo, sin embargo,
no habían conseguido poner en marcha la ausente relación objetal.
Dick era un niño de 4 años, que presenta una desusada inhibición en el desarrollo del yo y actitudes de un
bebé de entre 15 a 18 meses, debido a que tenía un desarrollo intelectual propio de esta edad. Además, no
presentaba adaptación a la realidad ni tampoco relaciones emocionales con su ambiente, ya que le era
indiferente a la ausencia o presencia de su madre o niñera. Solo rara vez manifestado angustia, incluso en un
grado anormalmente reducido. Tampoco demostraba interés, no jugaba, y no tenía contacto con su medio.
Generalmente, articulaba sonidos inteligibles y repetía constantemente ciertos ruidos. Además cuando
hablaba, utilizaba incorrectamente su escaso vocabulario, pero no solo era incapaz de hacerse inteligible, sino
que tampoco lo deseaba. La madre advertía, en Dick una actitud fuertemente negativa, es decir, realizaba
acciones contrarias a las que se esperaban de él, es por esto que en la oposición y obediencia de Dick no se
advertía afecto ni comprensión alguna. Además, cuando se lastimaba, demostraba gran insensibilidad al dolor
y no experimentaba para nada el el deseo universal en niños pequeños de ser consolado y mimado. Su
torpeza física también era muy notable.
138
● Articulación teórica con el caso
Klein (1990) plantea que tras el análisis del caso, descubrió que la desusada inhibición de desarrollo de Dick
se debía al fracaso de las etapas primitivas, lo que implicaba que el niño tenga una incapacidad completa
para tolerar la angustia. Lo genital había intervenido muy precozmente; esto produjo una prematura y
exagerada identificación con el objeto atacado y contribuyó a la formación de una defensa igualmente
prematura contra el sadismo. El yo había cesado el desarrollo de su vida de fantasía y su relación con la
realidad. Después de un débil comienzo, la formación de símbolos se había detenido. Las primeras tentativas
habían dejado su huella en un interés que, aislado y sin relación con la realidad, no podía servir de base a
nuevas sublimaciones. El niño era indiferente a la mayor parte de los objetos y juguetes que veía a su
alrededor, y tampoco entendía su finalidad o sentido. Pero le interesaban los trenes y las estaciones, y
también las puertas, los picaportes y abrir y cerrar puertas.
El interés hacia esos objetos y acciones tenía un origen común: se relacionaba en realidad con la penetración
del pene en el cuerpo materno Las puertas y cerraduras representaban los orificios de entrada y salida del
cuerpo de la madre, mientras que los picaportes representaban el pene del padre y el suyo propio. Por lo
tanto, lo que había producido la detención de la actividad de formación de símbolos era el temor al castigo
que recibiría (en especial por parte del pene del padre) cuando hubiese penetrado en el cuerpo de la madre.
Además, sus defensas contra sus propios impulsos destructivos resultaron un impedimento fundamental de
su desarrollo. Era absolutamente incapaz de cualquier agresión, y la base de dicha incapacidad estaba
señalada en un periodo muy temprano en su rechazo a morder los alimentos. A los cuatro años, no podía
manejar tijeras, cuchillos ni herramientas y era sumamente torpe en todos sus movimientos Las defensas
contra los impulsos sádicos dirigidos contra el cuerpo materno y sus contenidos -impulsos relacionados con
fantasías de coito habian tenido por consecuencia el cese de las fantasías y la detención de la formación de
símbolos. El desarrollo ulterior de Dick había sido perturbado porque el niño no podía vivir en fantasías la
relación sádica con el cuerpo de la madre.
Se puede ver como en Dick, en cierta forma, no se manifestaron las primeras experiencias con el alimento y
la presencia de la madre. Donde estas primeras experiencias van a determinar la relación de objeto. La
ansiedad persecutoria es la causa de la inhibición en la alimentación. Además, se puede pensar que esta
ansiedad persecutoria en Dick no pudo ser aliviada correctamente por haber dificultades en la proximidad
física a su madre durante la alimentación.
Las condiciones buenas, es decir, las experiencias gratificantes, las cuales satisfacen las necesidades de
amor, bienestar y nutrición (Segal,1981), deben predominar sobre las malas haciendo referencia a las
displacenteras, para dar paso a la posición depresiva. A dicho predominio le contribuyen tanto factores
internos como externos. Según lo que se pudo pesquisar en el caso, Dick no contó con experiencias
gratificantes brindadas por su entorno, a lo que se puede suponer que habría una predominancia de la
posición esquizo-paranoide, ya que su ansiedad persecutoria era intensa y esto no permitia la integración de
su yo. Para que la libido llegue a atenuar las pulsiones destructivas, conduciendo a una disminución efectiva
de la ansiedad para constituir la condición fundamental del desarrollo normal, es necesario este proceso de
integración. (Klein, 1988).
Por otra parte, debido a la predominancia de dicha posición, Dick en sus fantasías destructivas muerde y
desgarra el pecho, lo aniquila y lo devora sintiendo que el pecho podría atacarlo de la misma manera ya que
las pulsiones sádico-anales y sádico-uretrales se fortalecen y el niño ataca el pecho, lo que implica el miedo a
la persecución y temor al pecho malo, haciendo referencia a lo que la autora propone como la retaliación, lo
que hace que se produzca problemas en la alimentación en Dick (Klein, 1988).
Una forma posible de ataque fantaseado es vaciar el cuerpo materno de todo lo bueno y deseable, tal como
procede Melanie Klein (1990) al interpretar que Dick estaba sacando las heces del cuerpo de su madre,
debido a que éstas representaban para él sustancias dañinas y peligrosas. Esto se pudo visualizar cuando el
139
niño arrojó los trocitos de madera del carrito, junto con su contenido, manifestando que éste “se fue”. De esta
forma, expresaba la expulsión de objeto dañado y de su propio sadismo.
La posición depresiva es un momento importante del desarrollo infantil, sin embargo, Dick presentó
dificultades a la hora de arribar a esta posición ya que no logra percibir a su madre como objeto total, siendo
esto el hito fundamental para que dicha posición se lleve a cabo (Segal, 1981).
Lo que se refleja en la relación del bebé con la madre es la identificación con ella, que se fortalece cuando el
niño percibe o introyecta a los padres como personas, u objetos totales. Cabe destacar que como condición
previa para que el yo pueda introyectar a la madre es necesario cierto grado de integración (Klein, 1988),
caso contrario a lo que sucede en Dick donde el yo presenta dificultades para integrarse como un yo total.
Siendo un factor importante la cuestión de que la madre de Dick no le prodigó verdadero amor, si no que su
actitud fue de desmesurada angustia.
La posición del analista en este caso, alude a que a través de las interpretaciones se introduce la
simbolización en Dick, por ejemplo, cuando Klein toma dos trenes de distintos tamaños designandolos como
tren “papito” y “tren dick”. Posteriormente el niño, toma el tren llamado Dick haciéndolo rodar hasta la ventana,
diciendo “estación”, a lo que la analista interpreta “la estación es mamita, Dick está entrando en mamita”. Dejó
entonces el tren, fue corriendo hacia el espacio formado por las puertas exterior e interior del cuarto y se
encerró en él diciendo "oscuro", y volvió a salir corriendo. Repitió esto varias veces: Le expliqué "Dentro de
mamita está oscuro Dick está dentro de mamita oscura". Entretanto, él tomó nuevamente el tren, pero pronto
corrió otra vez al lugar entre las puertas. Mientras yo le decía que él estaba entrando en la mamita oscura, él
habla dijo dos veces en tono interrogativo: "Niñera?" Le contesté "Niñera viene pronto", cosa que él repitió,
utilizando luego las palabras correctamente, y reteniéndolas en su mente. De tal manera que aquí surgiria el
encuentro inaugural entre Dick y Klein.
En la sesión siguiente se comportó de idéntica manera. Pero esta vez Dick escapó corriendo de la habitación
hacia el oscuro vestíbulo. Colocó allí el tren "Dick" e insistió en dejarlo allí. Preguntaba repetidamente: "Viene
niñera?" En la tercera hora analítica se comportó de la misma manera, sólo que además de correr al vestíbulo
y entre las puertas, se escondió también detrás de la cómoda. Entonces se angustió y me llamó por primera
vez. Su aprensión era evidente entonces por la forma en que preguntaba insistentemente por su niñera, y al
finalizar la sesión la acogió con placer inusitado. Vemos que simultáneamente con la aparición de la angustia
había surgido un sentimiento de dependencia, primero hacia mi y luego hacia la niñera y al mismo tiempo
empezó a interesarse por las palabras tranquilizadoras "Niñera viene en seguida", que contrariamente a su
conducta habitual, habia repetido y recordado.
En el análisis de Dick, Klein establece que pudo llegar hasta su inconsciente a través de los rudimentos de
vida de fantasía y de formaciones simbólicas que manifestaba. El resultado obtenido fue una disminución de
la angustia latente, de modo que cierto monto de angustia quedó manifiesta. Pero esto implicaba que la
elaboración de dicha angustia comenzaba con el establecimiento de una relación simbólica con cosas y
objetos, y al mismo tiempo se movilizaron impulsos epistemofilicos y agresivos. Todo progreso era seguido
por la liberación de nuevas cantidades de angustia, y lo llevaba a apartarse en cierta medida de las cosas con
las que había establecido ya relaciones afectivas, y que, por consiguiente, se habían convertido en objetos de
angustia. Al apartarse de ellos, se dirigía hacia nuevos objetos, y éstos también llegaban a convertirse en el
objetivo de sus impulsos epistemofilicos y agresivos. Por ejemplo:
Junto con el aumento de intereses y el establecimiento de una transferencia cada vez más intensa hacia mí,
había aparecido la relación de objeto que hasta entonces faltaba Durante estos meses su actitud hacia la
madre y la niñera se ha tornado afectuosa y normal Desea ahora su presencia, quiere que ellas le presten
atención y se entristece cuando lo dejan También con su padre su relación muestra indicios cada vez más
claros de una actitud edipica normal, y, en general, existe una relación mucho más firme con todos los
objetos. El deseo de hacerse inteligible, antes nulo, está actualmente en plena actividad. Dick trata de
hacerse entender por medio de su vocabulario, todavía pobre, pero en constante aumento, y que él mismo se
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empeña en enriquecer. Existen además muchos otros indicios de que ha comenzado a establecer relación
con la realidad.
Para finalizar, en cuanto a la hipótesis de estructura, según la autora, Dick se encontraría dentro de lo que
se denomina psicosis, de tipo esquizofrenia, aclarando que hubo una inhibición del desarrollo en el niño, por
lo tanto, difiere de la esquizofrenia típica ya que generalmente ésta se trata de una regresión luego de que se
haya superado satisfactoriamente cierta etapa. Mencionando que resulta difícilmente admisible que en Dick
haya ocurrido una regresión desde una etapa ya superada porque su grado total de desarrollo era escaso.
(Klein, 1990)
● El primer caso de autismo que Lacan comentó en su Seminario fue un niño tratado por Melanie Klein
llamado Dick...
Lo que caracteriza a Dick es que él no ha entrado en la dimensión del llamado. El concepto de llamado se
sitúa lógicamente en un momento anterior a la constitución del significante, e implica tres consecuencias:
permite la constitución del Otro y del sujeto, produce el pasaje del lenguaje a la palabra, y constituye el
anudamiento entre lo simbólico y lo imaginario, que localiza lo real.
El grito del niño, como displacer sin forma, es sancionado por el Otro que le da una respuesta significativa, y
en esa respuesta, ese acto de sanción del Otro, el grito se constituye en llamado. A partir de ahí, el grito ya no
existe como tal, sólo hay un llamado, Miller dice ¿Qué diferencia hay entre el grito y el llamado? El llamado
supone al Otro. En cambio, el grito, en tanto secreción orgánica, prescinde de él, como si concerniera
solamente al organismo ¿Qué se necesita para que el grito se convierta en llamado? Se necesita el acuse de
recibo del Otro, el reconocimiento del Otro.
Lo fundamental de este reconocimiento del Otro es que allí mismo se crea el sujeto en la medida en que
reconoce un llamado pero, en un único acto se funda el Otro que lo escucha que, con su respuesta, funda al
sujeto del lado del sujeto, llamar al Otro implica fundarlo como tal, y simultáneamente, el Otro funda al sujeto.
Por esta razón, Rosine y Robert Lefort utilizaron la expresión nacimiento del Otro, porque a partir del llamado,
el Otro nace como tal Lacan dice "Con Dick estamos a nivel del llamado El llamado cobra su valor en el
interior del sistema ya adquirido del lenguaje. Ahora bien, ocurre que este niño no pronuncia ningún llamado
El sistema por el que el sujeto llega a situarse en el lenguaje está interrumpido a nivel de la palabra. El
lenguaje y la palabra no son lo mismo este niño hasta cierto punto es dueño del lenguaje, pero no habla Es un
sujeto que está allí, y que, literalmente, no responde La palabra no le ha llegado El lenguaje no se ha
enlazado a su sistema imaginario, cuyo registro es extremadamente pobre.
El lenguaje, sistema de oposiciones significantes que se rigen de acuerdo a leyes, preexiste al sujeto Lacan
habla del "baño de lenguaje" para situar que todas las necesidades del niño son significadas por aquellos que
se ocupan de él desde el inicio, es decir, aquellos que ocupan el lugar del Otro, y por lo tanto, siempre está en
el lenguaje, incluso antes de aprender su uso.
Lacan presenta a Dick como un niño que dispone del lenguaje, que puede enunciar y comunicar, pero no está
en la dimensión del llamado que es la primera forma de la direccionalidad al Otro. De esto se desprende que
si el lenguaje no dispone del llamado es un lenguaje sin Otro. Como ejemplo de ese lenguaje sin Otro
encontramos al lenguaje de las computadoras, que intercambian información, incluso significaciones, donde
se cumplen los dos primeros niveles de Buhler, pero no el tercero Lacan defina a la palabra como hablarle al
Otro.
El llamado es la primera forma, originaria, de la dirección al Otro. Una vez inscripto el llamado y sus
consecuencias, un sujeto puede tomar la palabra y hablarle al Otro. Así, el llamado es el tiempo cero de la
palabra que funda al sujeto Es lo que permite pasar del lenguaje a la palabra. Y si no hay llamado, tampoco
habrá palabra
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Algo del sujeto autista quedó detenido en ese pasaje del lenguaje a la palabra por su rechazo a entrar a la
dimensión del llamado "El sistema por el que el sujeto llega a situarse en el lenguaje está interrumpido a nivel
de la palabra".
Resumiendo, tenemos tres instancias: primero el lenguaje como sistema de oposiciones significantes,
siempre estamos en el lenguaje, desde el inicio. Segundo, el llamado que constituye al Otro y al sujeto, y
permite el pasaje del lenguaje a la palabra. Tercero, la palabra es hablar al Otro, tomar la palabra, y a su vez
ser hablado por el Otro a nivel inconsciente. Esta es la variable fundamental que Lacan designa para el
autismo Dick; dispone del lenguaje, tiene un lenguaje articulado, pero no dispone ni del llamado ni de la
palabra. Es la clave del lenguaje desafectivizado, descrito como robotizado de los autistas.
Si ese tiempo cero de la palabra no se ha constituido, por más que el lenguaje pueda aprenderse y tomar una
función comunicativa no tiene en sí el elemento que lo vivifica y le da su carácter humanizado. (!!!!!!)
Dado que el llamado no se ha constituido en el autismo, el sujeto no ingresa ni a nivel de la demanda ni al del
deseo.
La consecuencia principal de la ausencia del llamado es la inexistencia del Otro El nacimiento del Otro. Lo
que define al autismo es esa inexistencia del Otro. De este modo, cuando Lacan dice que Dick trata a Klein
como un mueble, no pensamos que la rechaza, sino que ella no encarna al Otro como instancia simbólica.
Entonces, ¿qué es la otra persona, el semejante, para un autista? Si no hay Otro, el semejante no tiene ese
rasgo que lo vuelve fundamental, necesario para el sujeto: aquel que da, aquel que reconoce al sujeto, aquel
que funciona como garante de su existencia, y por eso, el semejante está deshumanizado. De allí que un
autista pueda tratar a una persona del mismo modo que un mueble o un objeto inanimado La función del Otro
simbólico es lo que le da el carácter humanizado al semejante, y si el Otro no existe, el semejante es una
cosa más entre otras, no hay nada que lo diferencie como algo más significativo que cualquier otro objeto
En el autismo, se produce una falla en el estadio del espejo que genera una estrechez en el registro
imaginario, por la cual el autista libidiniza sólo ciertos aspectos muy reducidos de su realidad, como si lo
demás no existiera. Pero esa falla en lo especular, además, depende de una falla en lo simbólico.
Para Lacan, el niño va imaginarizando poco a poco su mundo exterior con fantasmas que le permiten
capturarlo en el plano especular, y lo simbólico irá recortando esos fantasmas, dándoles una significación
determinada.
Tanto en el cuerpo como en el mundo exterior deben imaginarizarse, entrar en el dominio especular, para
poder representarse o significarse. De eso se trata en el estadio del espejo la realidad se va imaginarizando
progresivamente.
Cuando Lacan dice que Klein le "enchapa el Edipo" a Dick con su intervención tren grande papa-tren pequeño
Dick", quiere decir que ella logra crear una primera oposición significante que lanza el sistema de oposiciones.
A partir de ese momento Dick mejora notablemente al consentir a esa primera oposición significante, no solo
se inscribe el significante, sino el Otro simbólico encarnado en el analista, y a partir de eso, la serie
metonímica de figuras edípicas que también encarnan al Otro.
Con esta intervención se inicia un aumento progresivo de lo simbólico y su anudamiento con lo imaginario, por
el cual el estadio del espejo se pone en funcionamiento En la dirección del tratamiento el autista puede
ingresar en la dimensión del llamado. Esto, no implica que el sujeto deje de ser autista, sino que, como efecto
del análisis, ingresa en la dimensión del llamado, con la mejoría fundamental que eso implica. Cuando Klein
interviene con "tren grande papá-tren pequeño Dick” lo fundamental es el consentimiento del sujeto en
inscribir la división significante a partir del acto de nacimiento del Otro.
142
Caso Daniel
El caso clínico abordado por Silvia Bleichmar, en relación a un bebé de cinco semanas de vida el cual
presentaba un precoz trastorno del sueño. Los padres de Daniel se presentan a consulta de manera
desesperada ya que su hijo recién nacido no podía conciliar el sueño, tan solo dormitaba por períodos
relativamente cortos de tiempo, lo cual enunciaba una problemática no solo para el pequeño, sino también
para los padres
Ahora bien, la dificultad para dormir de Daniel ¿constituiría un síntoma? Para que haya un síntoma tiene que
haber una conflictiva entre instancias, debe dar cuenta de la represión originaria a partir de la huella mnémica.
Esto permite el clivaje psíquico, la diferenciación entre icc primordial y consciente. Ella concibe al aparato
psíquico como algo que se tiene que armar, se tiene que constituir. Toma como fundamental el vínculo con un
Otro, en una relación sexualizante. Es por eso que el icc es producto de cultura.
Por otro lado, Janin también explica que el síntoma enuncia un conflicto intrapsíquico y que por ende, debe
dar cuenta de la represión originaria, dada a partir de la inscripción de la huella mnémica (permite el placer en
el propio cuerpo). Esta constituye una primera vivencia de placer que Freud definía como mítica ya que
verdaderamente no hay un momento específico en el cual puede situarse su constitución. Sin embargo,
Bleichmar expone que este momento de la constitución es real y es lo que trata de explicar con el caso
Daniel. Es por ello que una de las intervenciones de la analista apuntaba a generar un espacio vincular en el
cual se produjese la inscripción de esta vivencia de satisfacción y que poco a poco se diera la inscripción de
un ritmo.
Ahora bien, al hablar de un trastorno se habla de una falla en la estructuración del psiquismo. Cuando nace
un bebé, es necesario que, además de brindarle los cuidados al organismo, se lo humanice. A la acción
específica se le agregan los matices afectivos. La humanización viene de la mano de la palabra, es necesario
brindarle al bebé ‘algo más’, otorgarle un plus.
El bebé tiene hambre (polo perceptual) y llora para que alguien lo alimente (polo motor y tendencia a la
descarga 0). En la medida en que viene la madre y decodifica ese grito, se entra en la instancia del llamado.
Una vez que se da la inscripción de huella mnémica, el bebé comienza a regirse por el Principio de Placer y
puede recurrir al recuerdo para fantasear el pecho y angustiarse menos, por eso la huella es inhibidora de la
descarga 0. En Daniel, Bleichmar observa dificultades en este encuentro: la madre lo mantenía alejado de
cuerpo o bien las manos de Daniel interferían en el cuerpo a cuerpo; no había palabras ni mirada, por lo cual
el bebé no podía ser acreedor de una vivencia de placer que lo calmara más allá de sus necesidades
nutricias. Es por ello que Bleichmar propone el uso del chupete, para que el bebé, poco a poco, logré sentir
una satisfacción en el chupeteo.
¿Qué sucede cuando el bebé no encuentra en el otro un plus de placer y alguien que decodifique sus
necesidades? Se corre el riesgo de que se configure un circuito tanático desinscriptor en el cual predomina un
rechazo al otro y la pulsión de muerte, en lugar de inscribir una huella mnémica, la desinscribe. En su lugar
surgen los rayos o vacíos que tienden a la descomplejización del psiquismo. En la medida en que en Daniel
se diera la inscripción de una experiencia de satisfacción, la huella mnémica actuaría como inhibidora de la
descarga 0 y tendería a la complejización psíquica. Esto se lograría gracias a la instauración de ritmos
psíquicos y a la posterior formación de una díada entre Daniel y su madre que poco a poco haría que el niño
adquiera más posibilidades por sí mismo.
Bleichmar comenta que se hallaba ante el “riesgo futuro de una psicosis infantil”. Sin embargo, Tendlarz
comenta que para hablar de psicosis en los niños, primeramente se deben pensar en las operaciones lógicas
de alienación y separación. Debe haber un consentimiento a la vel alienante, aceptar el significante del Otro.
En el caso de Daniel, Bleichmar habla de una posible psicosis ya que podría pensarse en una violenta
143
interpretación de la madre en cuanto a las necesidades de su hijo, sin embargo, para que se observe un
camino hacia la estructuración psicótica, debería haber como mínimo un vínculo. El caso de Daniel refiere,
posiblemente, a un funcionamiento singular autista en el cual no se constituye la instancia del llamado. El niño
emite un grito, pero este no logra ser decodificado, no ingresa a la instancia del llamado y por ende se
rechaza la alienación al Otro. Es decir, la madre, el agente externo, el conmutador, no significa de manera
adecuada las sensaciones del infans que queda sumido en el desamparo y se defiende por sí mismo, es su
único y propio protector.
Cecchi ubica el autismo dentro de un tipo de psicosis. Comenta la madre quedó sumida en un estado de
desamparo por otra madre, se centra en cómo fue decodificado el psiquismo materno que no puede
decodificar a su bebé. En el caso de la madre de Daniel esto es observable e incluso Bleichmar comenta
ciertas dificultades en el narcisismo primario de la madre de este niño. En cuanto a la disposición, esta madre
no se hallaba del todo disponible, hay mociones pulsionales contrapuestas entre ser madre y su deseo de
mujer.
Todas las funciones son fallidas, por eso no se puede “enseñar a ser padres”. Lacan, en 2 notas a un niño,
expone que siempre se actúa desde el equívoco, desde la incompletud. La función materna implica no colmar;
debe poder mediar entre el dar y el no dar ya que el colmar no permite que el niño desee y por ende puede
interferir en su constitución como sujeto deseante. A su vez, la función paterna debe poder enunciar la ley y
humanizar al niño, es decir, el padre debe poder poner en duda y denunciar la incompletud materna; debe
privar a la madre y prohibir al niño para que surja así el sujeto, por eso la castración humaniza, en caso
contrario, no hay sujeto, y el niño se objetiviza.
¿Qué fue lo que posibilitó una mejoría en el trastorno precoz del sueño que presentaba Daniel? Puede
pensarse que gracias a las intervenciones de Bleichmar, un progreso en las tareas de la madre. Se pueden
aludir a los conceptos de Winnicott en tanto al holding y el handling, ya que son funciones maternas que
posibilitan la integración y personalización del bebé con un cuerpo que le pertenece y que se halla unificado
por la piel como membrana limitadora. Aun no se habla de la función de la presentación objetal en sí porque
el caso es relativamente corto.
El caso de Daniel tiene su cierre cuando unos años más tarde, la madre de Daniel llama a la analista
comentando que había vuelto a ser madre, esta vez de una niña. En esta ocasión, la preocupación de la
madre surge no por algo en específico que le estuviese aconteciendo a uno de sus hijos, sino que por su
propia angustia. Expresaba sentimientos angustiosos que la embargaban y sentía, nuevamente, que la
situación sería inmanejable para ella. Bleichmar comenta que, posiblemente, esto era dado debido a sus
propios conflictos edípicos. Esto se relaciona a lo que expone Doltó en el prefacio de Manoni, siempre que
alguien consulta por un niño, se debe escuchar de quién hablan y por quién consultan.
En el caso Daniel se expresa en cuanto a la madre que: por relación a su posicionamiento femenino y a la
estructura de su narcisismo, esta mujer no habría logrado producir el desplazamiento pene-niño que
inaugura en la mujer el deseo de un hijo. Se sentía frustrada por un pene fantasmático, de ahí que los
productos de su cuerpo no pudieran ser valorizados, y sí los de su hermano (objeto fálico envidiado durante
su infancia). Su no deseo de tener un hijo porque le obstaculizaba en su trabajo, daba cuenta de la dificultad
para pasar por las ecuaciones simbólicas. El extrañamiento ante su hijo era lo que le impedía saber qué
es lo que su bebé necesita. S u caso se encontraba a nivel de una dificultad de estructuración del
narcisismo secundario, en el cual la castración femenina posibilitaría el pasaje “trasvasante” al hijo
como posicionamiento narcisista. Este trasvasamiento narcisista era donde radicaba la posibilidad de
alterancia generacional: el riesgo futuro de una psicosis infantil “un niño al que nunca pude entender”, en
realidad fue un niño al que nunca pudo trascribir a un registro que lo capturara en un sistema de signos,
constituyente en la medida en que se propician las ligazones que dan origen al yo futuro. En el caso Daniel,
esta mujer no habría logrado producir el desplazamiento pene-niño que inaugura en la mujer el deseo de un
144
hijo. (Se sentía frustrada por un pene fantasmático, de ahí que los productos de su cuerpo no pudieran
ser valorizados, y sí los de su hermano (objeto fálico envidiado durante su infancia). Su caso se
encontraba a nivel de una dificultad de estructuración del narcisismo secundario, en el cual la castración
femenina posibilitaría el pasaje “trasvasante” al hijo como posicionamiento narcisista.
Manifestaciones:
● Daniel tenía dificultades para conciliar el sueño, causando preocupación en los padres.
● Observación de problemas en el encuentro madre-hijo: interferencia con el cuerpo a cuerpo, falta de
palabras y miradas.
● La madre mantendría al bebé alejado o interferiría en el contacto directo.
● Daniel mostraba resistencia al chupete y tenía una alimentación desesperada.
● La madre experimenta sensaciones terribles en el posparto y tiene dificultades para sostener y
comprender.
● La madre se siente culpable por la hostilidad hacia su hijo y presenta problemas en la lactancia.
● El padre no tolera el llanto del niño e interviene de manera que aumenta la excitación del bebé.
● Riesgo de psicosis infantil según Bleichmar, relacionado con interpretaciones violentas de la madre
sobre las necesidades del hijo.
● Planteamiento de posible funcionamiento singular autista en Daniel, donde no se constituye la
instancia del llamado.
● Dificultades en la vinculación madre-hijo.
● Problemas en la satisfacción de necesidades básicas del bebé.
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● Posible impacto de la historia materna y relaciones familiares en las dificultades actuales.
Datos Relevantes:
● Historia de la madre marcada por relaciones conflictivas con su propia madre y suegra.
● Resistencia del bebé a aceptar el chupete y ciertas dificultades en el contacto físico.
● La participación progresiva del padre reveló sus temores y su identificación con el hijo.
● Importancia de reconocer y abordar las mociones pulsionales y las representaciones en la relación
temprana madre-hijo.
Caso Piggle
Particularidades del encuadre:
El caso en cuestión se presenta como paradigmático no solo dentro de la obra winnicottiana, sino que rompe
con determinados paradigmas psicoanalíticos a raíz de las particularidades del encuadre.
Los padres de Gabrielle contactan con Winnicott cuando la niña tenía 2 años y 4 meses, encontrándose éstos
a una considerable distancia de donde residía el psicoanalista. Por dicho motivo las sesiones se dieron
espaciadas una de la otra, en ocasiones durante meses.
Así, el encuadre resulta poco habitual, tanto la distancia geográfica como temporal podrían ser factores
que dificultan el tratamiento. Sin embargo, la cura se llevó a cabo bajo un modelo “más libre” y “a
pedido” de los padres o de la propia Gabrielle.
La familia está formada por el padre, la madre, Gabrielle y Susan, hermana de la pequeña Piggle. La consulta
es a pedido de los padres a través de cartas.
Los padres observan cambios en su hija a partir del nacimiento de la hermana Susan (cuando ella tenía
solo siete meses).
La madre hace alusión a su propia experiencia con su hermano, con el cual se lleva el mismo tiempo y
no tiene una buena relación.
Piggle era una niña muy madura para su edad con importantes recursos internos. Aparece el rechazo hacia la
madre y apego al padre, pero luego se volvió a la madre aun con cierto resentimiento.
Los padres señalan que, además, Piggle tiene problemas para dormir por las noches, y a veces parecen
afectar el conjunto de su vida y sus relaciones con los otros.
Manifestaciones clínicas
Las manifestaciones clínicas que se pueden observar en el caso de la pequeña Piggle son:
- Fantasías que la llevan a llamar a sus padres a los gritos en el medio de la noche: “tiene un papá y
una mamá negros”.
- Insomnio.
- Rara vez se concentra en el juego: es difícil que acepte ser ella misma, es el “baba” o es la mamá.
Los principales cambios que presenta Piggle, con respecto a que tiene pesadillas, se despierta a los gritos y
muchas veces se araña la cara, dentro de estas pesadillas se encuentran elementos propios de su fantasía
con la madre “Negra”, el babacar, bebé such; los cuales hacen alusión al conflicto por sentirse desplazada de
su lugar único entre ella y sus padres.
En cuanto a las fantasías la pequeña piggle, presenta dos fantasías muy particulares: La primer fantasia es
que tiene padres negros. La mama negra aparece de noche y la reprende diciendo “¿Donde estan mis yams
(pechos)?”, a veces tira a piggle al inodoro y vive en su vientre donde se la puede llamar por teléfono con
frecuencia está enferma y no se la puede hacer sentir mejor.
La segunda fantasía, “Babacar”, la cual es una palabra inventada. Los padres le piden que le cuente sobre
ello, la pequeña piggle, no dice muchas cosas sobre el tema, solo que es un personaje que aparece de vez en
cuando, en su fantasía de manera de manera muy terrorifica. La mamá y el papá negro suelen estar juntos en
el Babacar, o algún hombre solo, en donde muy de tanto en tanto se manifiesta una piggle negra.
Respecto a la posición del analista se podría decir que en un inicio es la de Piggle y más tarde la de “bebé
Winnicott”.
La modalidad de trabajo de Winnicott es el juego, donde el va asumiendo los roles que Gabrielle le va
adjudicando. Se vale del efecto que producen en ella sus interpretaciones y sus intentos para verificar si las
mismas son acertadas. Sin embargo,la modalidad terapéutica no corresponde con la de un análisis ya que se
encontraban a una gran distancia, por lo tanto las consultas debìan ser esporádicas.
En las primeras sesiones con Piggle lo importante fue la pregunta por el babacar y a como el analista debe
responder ( más bien no responder) a esa interrogación. Al principio acepta saber y lanza una interpretación
un poco a ciegas para que se instale la creencia en el análisis. Interpretación que luego se dio cuenta que
estaba equivocado.
Por otro lado lo que realizó Winnicott fue tratar de dar cuenta de que la “mama negra” pertenecía al sueño y
que en el despertar posterior aparecían las ideas contrastantes entre esta madre y las personas
reales,pudiéndose ver en la parte que dice (...) “ yo dormía, no podía hablar; era solo un sueño”(...) “ si, era
un sueño con la mama negra DENTRO.”
En la sesión 13 se puede observar que Piggle comienza a ir a sesión por placer. (...) “ sabes arreglar las
cosas, de modo que ya no me necesitas para eso. Así que ahora soy el Sr Winnicott.””(...)(...) “ no,no rompo
nada más.Ahora rompo cosas en pedazos. Este tornillo cabe. si, lo has arreglado por ti misma y puedes
repararte a ti misma”.(...).
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Finalmente en la última sesión se dio más como un “encuentro de amigos”,donde Winnicott manifestó al
finalizar que Gabrielle dejó la impresión de una niña de 5 años adaptada.
Piggle se encuentra en la elaboración de una nueva relación con la madre, no existe diferenciación, por ende
no se habilita un espacio como sujeto en la niña. Asimismo, existe un temor a volverse “negra”, tal como la
madre se ha puesto por la cuota de odio que Piggle ha puesto en ella, lo cual se manifiesta en todos los
cambios de la pequeña ( apatía, aburrimiento, celos,angustia ) y defensas rígidas que estructuran la
enfermedad ( Piggle pasa gran parte del tiempo ordenando, limpiando y lavando)
Además posee una estructura defensiva que se constituye como enfermedad. Se podrían observar rasgos
depresivos y obsesivos. Se constituye un falso self,donde el yo auténtico aparece escondido, es decir, que
este falso self protege al verdadero self (inhibiciones en el juego) no está habilitado para expresarse, se
observan adultos en miniatura, no se sueltan para jugar porque hay un falso self en exceso.
Esta configuración se construye a raíz de la nueva relación que Piggle debe elaborar con su madre a partir del
nacimiento de su hermana quien durante esa epoca todavia era un objeto subjetivo y trajo con Piggle una falta
de libertad en el juego como así también pesadillas
Piggle sufre una falla ambiental ya que la presentación objetal no fue suficientemente buena,y Piggle no se
identificó con la madre e inhibió o anuló la expresión del verdadero self quedando en un estado de sumisión
debido al nacimiento de su hermana, en la fase de dependencia absoluta con el yo inmaduro, pudiéndose
observar que no hay diferenciación yo/no-yo.
Asimismo teniendo en cuenta la etapa del desarrollo del niño que plantea Winnicott , se podría decir que
Piggle se quedó en la etapa de dependencia absoluta donde no registra que necesita de los cuidados
maternos como la falta de sostén adecuado en dicha etapa , no teniendo algún control sobre el ambiente,
sufre de perturbaciones y no puede hacer nada para que se produzca un cambio en el ambiente.
Conductas auto agresivas amar y odiar al objeto de amor,es decir,a la madre,lo que implica montos de
sentimientos de culpa por dañar al objeto amado.
Cuando Piggle hace referencia a mama negra, se podría ver como una versión dividida de la madre,por un
lado la madre que no comprende a los bebés,o una madre que los comprende tan bien que su ausencia o
pérdida lo pone “todo negro”. Es la mamá buena que ha estado perdida,pudiéndose notar en la sesión nueve
cuando dice “la quería mucho. ¿Quién mató a mamá?”
Primer alivio de la fobia al “negro”, en donde se logra ver una resolución parcial sobre la base de la
vinculación del negro, con el odio relacionado al tema del papá dando un bebé a mamá, pero un tanto
intelectualizada. Por otro lado, se resuelven las cuestiones “Yo - no Yo”. Además, la liberación de la fantasía,
es decir, el poder sentir el placer en el juego. Aparece la depresión como evidencia de unidad del Yo como
reconocimiento del propio impulso agresivo.
Al final del tratamiento pudo integrarse, se presenta como una niña adaptada, se pudo introducir en el juego e
ir a las sesiones por placer, como así también mostró otros intereses, placer por ir a la escuela. Llegando a la
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última sesión la cual se dio más como un “encuentro de amigos” Winnicott manifiesta que Gabrielle finalizó el
tratamiento a los cinco años como se dijo con anterioridad como una niña adaptada.
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CASO DOMINIQUE
• Dominique Bel es un chico de 14 años, el segundo de tres hermanos, que es traído por su madre
para un diagnóstico y un consejo respecto a su ubicación escolar.
• Su ocupación favorita es dibujar, pero también hace modelados estereotipados
• Está completamente desorientado en el tiempo y el espacio. Al salir de la escuela, si la maestra no
se lo impide, sigue a cualquier, y su hermano mayor debe acompañarlo a la escuela todos los días
para asegurarse de que llegue.
• En su casa juega con autos, pero no se ocupa de nada práctico.
• Era sano psíquica y caractereológicamente hasta el nacimiento de su hermanita (cuando el tenía
2 años aprox), momento donde tuvo reacciones fuertes de celos debido a que su cuna fue ocupada
por su hermana y él fue enviado a una cama de adulto a dormir en la habitación de su hermano
mayor
• La enuresis nunca cesó, y comenzaron situaciones de encopresis noctura y diurna, estados de
agresividad en la escuela.
• Hubo momentos de mutismo e insomnio
• A los 6 años es enviado a la escuela primaria donde su interacción social es nula, sigue
ensuciándose y no logrando adaptarse. Esto lo lleva a una psicoanalista con la que trabaja seis
meses y quien descubre los celos contra su hermana.
• Al llegar a los 12, ya puede leer, es un niño fácil, pero muy distraído, a quién hay que atenderlo en
todo, no tiene memoria y sigue siendo enurético. No le gusta que laven su ropa ni bañarse. No tiene
noción de las proporciones ni el dinero y rehuye los contactos físicos.
• La Sra Bel se encuentra extremadamente sola por el trabajo de su marido, afirma ser padre y madre
a la vez, y dice que "afortunadamente tiene a sus hijos". Esta fobia al contacto social se encuentra
originada en el rechazo de sus propias padres con ella por haber nacido niña y no niño.
• Con relación a la Sra Bel y el hijo mayor, se menciona mucho el "nosotros" en relación a una pareja
(situación triangular familiar)
• Doltó en el primer encuentro describe una aproximación diagnóstica "psicótico inteligente que
no se encuentra dificultado por la escolaridad, sino por su equilibrio mental y sus nulas
posibilidades sociales
• 4 sesión: Doltó explica el sentido de las defensas frente a los peligros de ataque (fobia de ser
mirado = evitación de contacto ocular) y (fobia a ser escuchado = caídas de la voz) → Doltó dice
que esto engloba la fobia a ser agredido, producto de haber sido presa del pánico ante el temor a
ser separado, lo que lo conduce a comportamientos de evitación.
• Dominique jamás tuvo la posibilidad de renunciar al cuerpo de la madre en pos de poder
comenzar a explorar su propio cuerpo y el mundo (claro fallo de la función paterna). Era el objeto
fálico de esta, quien no se había acomodado aún a la falta de pene. Por lo tanto, Dominique,
enajenado de su cuerpo esqueleto-muscular, invalidaba las sensaciones y percepciones
corporales que percibía su cuerpo.
• Esta no separación de la madre era en dos sentidos, pues Dominique también controlaba a su
madre, a golpes contra la cuna, haciendo que esta lo asista y separándola del padre que, no
anunció nunca su presencia paterna en palabras a Dominique, por lo que los encuentros
imprevistos con su madre durante la noche no tenían un sentido para el niño.
• Explicación de la regresión a comportamientos de un bebé: el conflicto de Dominique con
relación a su identidad se da por el nuevo valor fálico de esta hermanita, ya que en vez de, a través
del amor dirigido a su madre que permitiría simbolizarla con un valor fálico para identificarse con
ella e introyectar su comportamiento, termina adoptando como comportamientos valiosos los de
la bebé, quien es mirada por todos los miembros de la casa
• Otra cosa que menciona Doltó es que el hermano mayor fue quien más contribuyó a la reclusión
autista de Dominique. Este hermano mayor que, incorrectamente, fue valorizado por su cuidado
maternal con Dominique (cuando en realidad este vitoreo no permite que esta conducta se adopte
a conciencia y no forzadamente). Esta imitación del progenitor por parte del hermano mayor ante
la inferioridad de Dominique lo que hizo fue minar en sus defensas estructurantes, pues, es justo
cuando este decide dejar la escuela y ya no va a acompañar a Dominique que, el niño pierde a su
guía y debe ir a una escuela especial.
• El traumatismo que se presentó en Dominique no fue la frustración de la ternura, ha sido el pecho
nuevamente dado y la caída de las exigencias educativas que habrían conservado la identidad
humana.
• En la primera sesión Dominique se presenta con una voz nasal, aguda, amanerada y rehuyendo la
mirada. Doltó menciona que no se puede mantener un intercambio con él, habla para sí mismo, y
cuando parece dirigirse a ella, esta (Doltó) no encuentra un sentido literal a sus palabras.
• Después de los primeros dos encuentros, la Sra Bel relata que Dominique a mejorado su
comportamiento en el hogar y la escuela especial, es atento, amoroso, dedicado y estudioso,
que “nunca lo había visto así” (Doltó va a decir que esta reacción tan repentina como positiva es
producto de que el niño ha visto que sus estructuras profundas iban a ser tocadas y utiliza una
serie de resistencias camufladas detrás de rituales superyoicos obsesivos que satisfacen al
ambiente).
Dominique era el falo de mamá, era el rey en la cámara conyugal, le bastaba darse cabezazos para
que la madre lo asistiera, satisfaciendo así, no sus necesidades, sino su deseo de separarlo de su
marido. Añadir también que las amenazas de ensuciar o mojar la cama que podría ser generada por
la rabieta del niño eran un peligro real para la Sra Bel, quien era fóbica de la suciedad.
Llegado los 2 años y medio es enviado a una escuela donde se adapta perfectamente y vive con la
abuela paterna previo al nacimiento de su hermana. Al volver a su casa, se encuentra con que su
cuna ha sido ocupada por un nuevo ser que ha llegado a transformar el equilibrio familiar y atraer la
mirada completa de toda la familia.
Es comprensible el gran choque ante lo insólito sufrido por Dominique en su regreso ¿Cómo
reconocerse allí? ¿por qué esta hermana tenía tanta importancia?
Finalmente, los encuentros cesan por decisión del padre que no quería seguir pagando, pero
Dominique se va, dejando la puerta abierta a volver por su propia cuenta cuando cuente con los
recursos económicos propios
TEORÍA DE DOLTÓ
Ella habla de Yo Ideal, Superyó e Ideal del Yo, como instancias del psiquismo, estas cobran su valor a
través de su papel dinámico en el desarrollo del niño y nos permite dar cuenta de la estructuración de
este, y de su desestructuración patológica.
YO
El sujeto del deseo llega poco a poco a la noción de su existencia autónoma y consciente, lo logra
cuando emplea el pronombre “yo”. En cuanto al apellido, es coexistencial a la generación del sujeto e
indisociable de la estructura del yo edípico, ¿por qué? Porque prohíbe el deseo incestuoso de sus
progenitores, además de que articula la existencia del sujeto al Edipo de sus padres, despertado por
este hijo.
YO IDEAL
Es otra instancia ICC del psiquismo. Está siempre representando por un ser vivo, objeto al que el sujeto
solicita insistentemente. El ser humano que lo representa valor fálico simbólico. La dependencia de
este niño a esta persona, estimula sus pulsiones a que se canalicen en realizar aquello que ve hacer a
su Yo-Ideal.
¿Por qué en un momento Dominique se identifica con su hermana menor? Porque todo objeto
preferencial para su madre adquiere para el niño (Dominique) valor fálico. Lo habitual sería que el Yo-
Ideal sea la madre y también compartido luego por el padre, quien hereda este papel de Yo-Ideal por
su relación particular con la madre, distinta a la de cualquier otro miembro.
CASTRACIÓN PRIMARIA
La castración primaria superada provoca la búsqueda de identificación del yo con el Yo-Ideal lo que
conduce al niño a las conquistas culturales, dirigido a identificarse totalmente con el progenitor adulto
o, en su ausencia, con un sustituto elegido del mismo sexo. Este deseo de identificación con el adulto
del triangulo familiar conduce a todo niño a la fantasía de concepción incestuosa, prometida a su
deseo de llegar a ser adulto genital.
CASTRACIÓN EDÍPICA
Después de algunos años en los cuales el niño desarrolla su narcisismo de pequeña persona que se
afirma frente al entorno familiar y extrafamiliar, elementos como: el dominio del lenguaje, la destreza
corporal y manual, y el descubrimiento de sensaciones autoeróticas genitales, acompañadas de
fantasías edípicas, sobreviene la angustia de la impotencia seductora frente a un adulto parental
siempre más atraído por el otro adulto. Cada vez que surge su deseo a conquistar el objeto incestuoso,
la realidad le impone una frustración. Es entonces cuando sobreviene la angustia de castración (el
temor de destrucción de su persona o de mutilación de su sexo).
¿Qué pasa si la ley de la prohibición del incesto no se le significa al niño? El niño puede quedar fijado
en un estado de estructura edípica conflictiva latente, no superada hasta la pubertad, donde la oleada
fisiológica de esta edad hará surgir entonces de forma intensa el conflicto del deseo incestuoso, hasta
resolverse en la renuncia al deseo genital (no solo al incestuoso) que puede ser reprimido por el
adolescente toda su vida.
Alrededor de los 7 años, ocurre la clara noción de la prohibición del incesto, se produce una
reelaboración estructural de la libido antes de la entrada en el período de latencia. La disociación entre
el deseo genital y el amor casto a los padres permite al narcisismo de la persona, del yo, renunciar a
las expectativas infantiles. Aparece entonces un Yo autónomo, sometido al Superyó genital, guardian
de la prohibición del incesto, y guiado por un Ideal del Yo que permitirá una conciencia moral
autónoma, un sentido de la responsabilidad de sus actos y de su palabra.
Luego de la resolución edípica, el niño comienza a buscar “yos auxiliares” fuera del núcleo familiar,
amigos del mismo sexo que también han aceptado la castración, con los cuales organizar conquistas
culturales en sociedad. Además, en este período de latencia, se buscarán celebridades del momento
con las cuales identificarse transitoriamente hasta lograr el descubrimiento “de sí mismo” en la vida
social.
SUPERYÓ
Constituido a partir de la introyección de la ley de prohibición incestuosa y heredero de una ética del
deseo, tiene su función en proteger al sujeto contra el retorno de la angustia de castración y, además,
ayuda al narcisismo a dirigir las pulsiones genitales hacia objetos heterosexuales fuera del núcleo
familiar, tanto en la forma de conquistas amorosas, como de éxitos competitivos profesionales y
culturales en sociedad.
IDEAL DEL YO
Instancia que surge de los escombros del deseo incestuoso, atrae y estimula al Yo para que produzca
realizaciones culturales valiosas en la sociedad extrafamiliar. Se considera imposible por definición
pues no es representado ya por un ser humano, sino que es una ética que guía las pulsiones día a día
en iniciativas, creadoras, válidas en sociedad: las sublimaciones.
NEUROSIS Y PSICOSIS
La Psicosis ocurre en un niño que antes de los 3 años no tuvo como soporte de su Yo-Ideal una madre
orgullosa de su femineidad y un padre contento con su virilidad, felices de haberlo concebido y felices
de que haya nacido con el sexo que tiene. Esto ocurre cuando dos adultos que no han resuelto su
propio Complejo de Edipo, han reprimido su deseo genital y se han unido en pareja por el objetivo de
mantener materialmente la primogenitura únicamente.
Cuando se analiza a un psicótico, se descubre que desde su más temprana infancia no ha tenido un
Yo-Ideal representado por un adulto parental genitalmente emparejado.
También aclara la importancia de mirar más allá del rendimiento escolar del niño, que un buen nivel
escolar e intelectual no es un criterio de salud afectiva, mental ni motora, porque puede haber buenos
alumnos que esconden fobias, angustias, dependencia y retraimiento social.
Habla también de la importancia de no separar al niño de su medio familiar en el cual deberá ser
educado correctamente para la profilaxis de trastornos afectivos y sexuales hasta los 8 o 9 años, donde
será preciso que se le abran posibilidades deportivas, musicales, corporales y lúdicas entre los 8 y 14
años. Finalmente, llegada la adolescencia será necesario educarlo en materia de información sexual y
jurídica para impulsar y motivar así una participación en la vida cívica, profesional y cultural.
CASO DICK
• Dick es un niño de 4 años que presentaba un pobre vocabulario y desarrollo intelectual, falta de
adaptación a la realidad y relaciones emocionales con su ambiente, carencia de afecto e
indiferencia a la presencia o ausencia de la madre o la niñera, articulaba sonidos ininteligibles
y repetía constantemente ciertos ruidos, demostraba gran insensibilidad al dolor y torpeza física
notable.
PREHISTORIA
• Su lactancia había sido perturbada e insatisfactoria, sin éxito su madre había intentado
amamantarlo, se tuvo que realizar una alimentación artificial. Dick además creció en un
ambiente pobre de amor. Al llegar a los 2 años, tuvo una nueva niñera que era muy afectuosa al
igual que su abuela con la cual pasó una larga temporada, lo que dio como fruto un desarrollo
en su caminar, hábitos de limpieza, grados de ambición, sensibilidad al reto.
• Su niñera cuando se entera que se masturbaba, le reprocha y esto genera en Dick sentimientos
de culpa.
INTERVENCIONES DE KLEIN
• Klein, con la ayuda de muy pocas palabras logró establecer contacto con Dick, a través de
nombramientos de objetos como los trenes, las palabras tranquilizadoras, y la simbolización
del carrito como “mamá”. Además, con las pocas interpretaciones que realizó, logró tener
acceso al inconsciente de Dick, movilizando así la angustia, que luego puedo regular y resolver
para permitir intereses y afectos por parte de Dick.
• Posiblemente, el desarrollo de Dick quedó afectado por el hecho de que aunque recibió toda
clase de cuidados, nunca se le dio verdadero amor, la actitud de la madre hacia él había sido,
desde el principio, de excesiva angustia.
• La inhibición del desarrollo del Yo de Dick se dio por una incapacidad a tolerar la angustia, esto,
sumado a una prematura llegada de lo genital, generó una prematura identificación con el
objeto dañado (su madre) provocando una defensa contra su sadismo igualmente precoz,
cesando así su relación con la realidad.
• Su interés por los trenes y las estaciones, y los picaportes y las puertas, era porque estos objetos
se asemejaban a la penetración del pene en el cuerpo materno. Lo que había producido la
detención de la actividad simbolizadora era el temor al castigo por parte del pene paterno al
momento de penetrar en el cuerpo de su madre.
• Esta expulsión prematura de su sadismo fue la explicación de su impotencia agresora, al punto
tal de no querer masticar y morder los alimentos.
• Sumada a su incapacidad de tolerar la angustia, se añadía su prematura empatía, factor
decisivo en la represión de sus impulsos destructivo. De este modo se explicaba su desinterés
de los diversos objetos del mundo externo que representaban el contenido del cuerpo de la
madre, a los cuales, únicamente tenía acceso y posibilidad de simbolización a través de su
sadismo
• La resolución de los montos de angustia liberados luego durante el trabajo analítico se dio en
parte por las interpretaciones de Klein, que lo ayudaban a Dick a tolerar esa angustia, y en parte
porque él distribuía esta angustia sobre los distintos objetos que encontraba.
• Klein habla de una esquizofrenia en Dick y aclara que no es la típica, porque en Dick ella dice no
hay una regresión a etapas anteriores porque el grado total de desarrollo que presentaba Dick
en un inicio era tan escaso que no podía pensarse una regresión a etapas previas. Había si, un
desarrollo latente, expresado en la rápida mejoría de Dick y en la posibilidad de conectar con su
inconsciente, pero no el suficiente para pensar en la regresión.
TEORÍA KLEINIANA
Klein plantea que hay una etapa temprana del desarrollo mental en que se activa el sadismo, el cual
alcanza su punto culminante en la fase oral-sádica al querer el niño devorar el pecho materno. En este
período el fin es apoderarse del contenido del cuerpo de la madre y destruirla con las armas del
sadismo. Según Klein, el niño espera encontrar dentro del cuerpo de la madre, heces, otros niños y el
pene del padre, y homologa todos estos a sustancias comestibles (las cuales devora en la realidad).
De acuerdo con las fantasías infantiles sobre el coito, el niño considerará que durante este, el pene
paterno es incorporado por el cuerpo de la madre, de este modo, los ataques sádicos tienen como
objetivo a ambos padres. Estos ataques despertarán angustia en el niño por el temor de ser castigado
por los padres unidos. Estas situaciones serán muy angustiantes.
El exceso de sadismo despierta los mecanismos defensivos más primitivos del yo (expulsión). La
defensa impuesta por el Yo es en relación a dos fuentes: el objeto dañado y el sadismo propio. Este
temor al sadismo propio es en relación a los objetos que el Yo utiliza para dañar, de los cuales teme lo
dañen a él también. Y el temor al objeto dañado es simplemente por el temor de que este le provea
ataques similares.
Klein agrega que, sumado al interés libidinal, es la angustia la que propicia el mecanismo de
identificación en el niño. Este desea destruir los órganos (pecho, pene) que representan los objetos
(acordate que los objetos del medio, para el niño, son solamente una extensión de la madre). Por este
deseo de destruirlos a los objetos, comienza a tenerles miedo, volviéndose así, objetos de angustia.
Esta angustia genera que traslade la comparación de esos órganos que busca destruir, con otros
objetos distintos de los primeros, y es a través de esta ecuación que se repite y se repite, que el niño
constituye su interés en nuevos objetos y va armando las relaciones simbólicas con ellos. Es entonces
sobre este simbolismo, que se va constituyendo la relación del sujeto con el mundo exterior.
Las fantasías sádicas dirigidas contra el cuerpo materno representan la primera relación del niño con
el mundo exterior, su desarrollo dependerá del grado de capacidad que tenga para tolerar la angustia
que le generen estas primeras situaciones
• A diferencia de Freud, las posiciones que puede ocupar el Yo para Klein no son evolutivas, sino
oscilantes, y son la posición esquizo-paranoide y la posición depresiva
• Menciona que durante el pre parto, todas las necesidades eran satisfechas, y el parto vendrá a ser
una experiencia traumática, donde a partir de allí, este bebé será un Yo rudimentario endeble que se
verá superado por las sensaciones displacenteras generadoras de temores y angustias, de las cuales
se defenderá a través de una agresividad proyectada sobre un objeto parcial, el pecho.
• Sin dimensionarlo aún como algo ajeno a él, el niño identificará dos pechos, uno bueno, gratificante
y uno malo, dando origen dentro de los primeros ocho meses a la posición esquizo-paranoide
(esquizo porque el mundo exterior está conformado por objetos parciales, y paranoide porque los
objetos malos son persecutorios).
• Es importante que las experiencias gratificantes sean superiores a las frustrantes, si esto se da así,
comenzará a surgir la idea de que pecho bueno y pecho malo son lo mismo, y debe ser conservado
porque gratifica más de lo que priva. Debe haber un resto no agredido y que no agreda para que se de
la integración de los objetos parciales, que dará como resultado el objeto total madre. Es aquí donde
surge la “angustia de los 8 meses” expresada en la angustia al momento de no ver el rostro materno,
que llega con la posesión depresiva, representada por temor y culpa de haber dañado al objeto total
(madre) en la búsqueda de dañar el objeto parcial (pecho malo).
• Con el tiempo el niño dará cuenta que el objeto total madre, pudo, puede y podrá resistir los embates.
• La madre debe funcionar como aquella que pueda significar vivencias dolorosas para el niño con
el objetivo de que puedan ser transformadas en vivencias calmantes y se inscriban correctamente
como huellas mnémicas; para esto debe poder atender a la necesidad y significar la vivencia. Por
lo tanto, ese otro que instaura ese plus de placer en la satisfacción de la necesidad tiene u na
función ligadora. Este aspecto también lo menciona Bleichmar, S.(1993), al momento de hablar de
la madre como aquella con una función conmutadora para el niño en donde la madre traduce lo
que le pasa al bebé desde su propio inconsciente.
• Un aspecto a tener en cuenta con lo relacionado a la funcionalidad materna es su utilidad como
una pantalla que separe al niño del mundo exterior, la autora Janin, B. (2011) refiere que es
necesaria la construcción de una protección anti- estímulo que sirva de filtro y proteja al niño de
todo lo que llega del mundo, creando así un espacio que permita ir definiendo un adentro y un
afuera.
• Otras función materna que teoriza Janín, B. (2011) es la de operar como estructurante a través de
su ética, otorgándole a su hijo vías transformadoras de las metas pulsionales y motivándole a una
búsqueda creativa de sí mismo
• La madre debe renunciar a ser madre perfecta de un hijo perfecto, esto permitirá una visualización
a futuro de sí mismo y no una necesidad imperiosa de ser el hijo perfecto que sus padres quieren
que sea
• Según Bleichmar, la madre ayuda al niño a conformar su capacidad de comunicar, atendiendo a
su llanto como un llamado
• Según Janin, la madre debe ver a su hijo como un sujeto, una unidad, devolverle una imagen
unificada de sí mismo, demostrarle que es alguien distinto de ella, de quien puede alejarse o
acercarse. Esto permitirá que el niño ligue sus zonas erógenas y camine armónicamente.
Según Lacan
• Lo teorizado por Lacan, J. (1988) en relación a la función materna, es que los cuidados maternos
están signados por un interés particularizado, como las vías de las carencias propias.
• Otro elemento que toma Lacan, J. (1988), es el del actuar de la madre desde el equívoco, y no
desde la certeza
Según Winnicott
• Sostén (holding): la madre sostiene al bebé con devoción, lo mece con suavidad. Implica sostener la
ilusión de omnipotencia del bebé. Posibilita la capacidad para relacionarse con otros.
• Manipulación (handling): manipulación física del cuerpo del bebé, debe encajar en la madre.
Repertorio relacional de acciones sutiles, tiernas, placenteras. Facilita la coordinación motriz.
Resultado: Personalización
Sensación de habitar el propio cuerpo, sentirlo propio, estable, confiable.
• Presentación objetal: promueve la capacidad del bebé de relacionarse con objetos. La constancia en
el cuidado materno permite la continuidad existencial del bebé. La madre presenta los objetos de
manera gradual, pasaje de la relación al uso:
o objeto subjetivo: es creado y encontrado por el bebe a partir de la omnipotencia infantil producto
de la ilusión materna.
o objeto transicional: primera posesión no-yo, permite soportar la ausencia materna.
o objeto objetivo: lo puede usar y percibir, tiene existencia propia por fuera del control omnipotente.
Resultado: Realización. Conformación del verdadero y el falso self.
El bebé se irá relacionando con la realidad externa y los objetos que la pueblan. Esa relación con el
mundo será en función de la relación con la madre. Si ésta provee suficiente estabilidad, confianza,
seguridad, tranquilidad para sus logros madurativos. La constancia en el cuidado materno permite la
continuidad existencial del bebe.
FUNCIÓN PATERNA
Según Lacan
Es una función que limita al deseo de la madre escindiendo la unidad que inicialmente forman la
madre y el infante, escisión positiva que logra la función paterna al transmitir la ley desde Otro. La
función paterna es efectuada por un tercero. El padre -lo sepa o no- provoca un clivaje y sirve de
modelo identificatorio o de comparación.
Puede decirse que la función paterna es altamente ordenadora: si el deseo de la madre es una
relación con una ambigüedad, la función paterna añade un referente (el padre). Tal función (valgan
los ejemplos tomados de la lingüística) provoca una desambiguación en el psiquismo del infante que
significará -en la niña o en el niño- un pensar coherente, el pensar coherente de todo sujeto integrado
en la cultura.
Lo que crea la función del padre es el nombre del padre. No se trata de la presencia o ausencia del
padre en la realidad ya que el complejo de Edipo puede constituirse incluso aunque el padre no esté
ahí. Lo central en el Edipo es que el sujeto se dé cuenta de que está excluido de una relación: lo
fundamental es la triangularidad. Es un significante que viene a ocupar el lugar de otro significante.
Lo que había en el lugar del deseo de la madre como incógnita ahora es ocupado por la Ley de la
prohibición incestuosa. A esto es a lo que Lacan denomina metáfora paterna y culmina a partir del
declinamiento del proceso edípico, momento máximo de introyección de los valores culturales
INDICADORES DE SUBJETIVIDAD SEGÚN JANIN
1. Constitución de ritmos: el niño nace con ritmos biológicos y la madre a su vez tiene sus propios
ritmos. Es en el vínculo con otro que se van construyendo los ritmos psíquicos.
2. Constitución de ligazones que operen como inhibidoras del desborde pulsional y la descarga a
cero
Se nace con la tendencia a descargar todo lo que genera displacer (Principio de Nirvana), pero para
evitar esta descarga a cero, tiene que haber alguien que signifique esas vivencias displacenteras y que
se formen así vivencias calmantes que liguen el estallido (Principio de Constancia)
• Si frente al llanto y al movimiento descontrolado del niño el otro funciona como espejo, el niño
se enfrentará a lo que este le devuelve, es decir, a esta imagen agigantada, que derivará en más
terror.
• Se puede pesquisar esto en niños que expulsan el aparato para pensar pensamientos, como la
posibilidad de registrar sentimientos. Apareciendo un vacio de ideas o afectos.
3. Interjuego presencia-ausencia
El adulto tiene que estar y no estar, estar cerca pero no abrumar, permitir espacio para crear. Para que
el niño pueda significar la ausencia y luego ésta no implique para él la desaparición del Otro.
Si la persona que cuida al niño grita sin parar o lo alimenta permanentemente, el estímulo se
transforma en una fuerza permanente de la que no hay huida posible. El niño queda subsumido en un
mundo en que los limites interno-externo se borran. Provocando dificultades en la diferencias adentro-
afuera.
4. Erotización y articulación de zonas erógenas
Será a través del cuidado materno que se abrirán los recorridos de placer y displacer. Cada madre
erogeneizará de acuerdo a su propio mapa erógeno.
• Puede pasar que sea visto como únicamente un cuerpo a ser alimentado, cuidado, donde no se
juegan deseos ni se construyen historias, será un NIÑO COSA
• puede pasar también que esta erogeneización sea desmedida y el niño sea tomado como parte
del propio cuerpo o vía de satisfacción erótica
La ligazón de las diferentes zonas erógenas está posibilitada por un otro unificador
¿Qué pasa si la madre no funciona como un otro unificador?
Si el hijo no ocupa un lugar en el narcisismo materno, no podrá constituir el yo como yo placer, ligando
las diferentes zonas erógenas
CASO PIGGLE
• Gabrielle es una niña de 2 años y 4 meses que es llevada a consulta con Winnicott a causa de sufrir
terrores nocturnos donde sueña con “padres negros” y un “babacar” que es la conjunción de sus
padres. Además de esto, su madre relata que se aburre y deprime con facilidad, no acepta ser ella
misma y no se concentra en el juego.
• Era difícil para la madre explicar el problema además de los sueños, describía a Piggle como una niña
que no era traviesa y que trataba amablemente a su hermanita, lo que quería dejar en claro sobre su
hija es que “no era ella misma”
• Su hermanita había nacido cuando ella tenía 21 meses
• Cuando Piggle tenía seis meses, era muy cercana a su padre y despótica con su madre, pero con el
nacimiento de Susan, comenzó a alejarse del padre y ser más afectiva con su madre.
• El tratamiento inicio por medio de cartas ya que por la distancia tenían que verse de vez en cuando, y
por medio de las cartas estos padres informaban a Winnicott de los síntomas que iba presentando
Piggle
• El análisis tuvo una duración de 2 años y 8 meses, con encuentros espaciados primeramente por un
mes hasta llegar a encuentros cada 3, 4 y 5 meses.
• Sesión 1: Piggle es llevada por ambos padres y Winniccot comienza usando el juego como recurso
terapéutico, donde va asumiendo los roles que la niña le va adjudicando. Piggle ira jugando con los
juguetes, apartando trozos de trenes del desorden general "aquí hay otro uno, otro uno" aludiendo a
camiones y locomotoras, a lo que W. interpreta que se trata de otro bebe, el bebe Sush y de las
dificultades relacionadas al nacimiento de su hermanita.
• En la entrevista con la madre, referirá que Piggle presentaba conductas regresivas y actuaba como un
bebé respectivamente.
• Sesión 2: Piggle llega acompañada solo de su padre, mientras jugaba, pregunta a W si sabe algo del
babacar, a lo que este interpreta diciendo que es el interior de la madre de donde salió el bebe, a lo
que Piggle confirma "si, el interior negro" (logró poner en palabras algo sobre el babacar)
• Sesión 4: dos meses después, regresa con su padre pero con una actitud regresiva, necesitando que
este entre con ella al consultorio, donde Piggle jugaba entre sus piernas, trepandose y saliendo una y
otra vez, jugando a que el bebé nacía del papá. En este encuentro, W. ocupó dos lugares, a) como
mamá que estaba celosa de Piggle y b) como Piggle que estaba celosa por este nuevo nacimiento
• Sesión 6: Winnicott deja de llamarla Piggle y se dirige a ella por su nombre. Aquí se presenta el
verdadero self en donde hay un intento de aceptación de su identidad y conciencia de ella misma que
permite la creación y el juego.
• Gabrielle sobre Susan: "pronto se pondrá más grande y andará sin papá ni mamá, y Gabrielle podrá
andar sin Winnicott o sin nadie".
• Luego de esa sesión, en palabras de la madre “ella ya es capaz de investir el mundo exterior con
significados propios”
• Sesión 7: mientras jugaba, Gabrielle menciona que "ya no tiene problemas para contarle a W", a lo
que este responde que ve a una Gabrielle sin problemas.
• Después comienza a colocar en forma de S una hilera de casas, de un lado ella se ubica sentada junto
a aquellos objetos que la representaban, y del otro lado se ubicaba Winnicott pero sin ninguna
representación de él, dando a notar su separación con respecto a Winnicott por el establecimiento
de su Yo.
• Después, Gabrielle relata que no puede visitar a su amiga por una cuarentena de paperas, esto W. lo
interpreta como una barrera defensiva entre Yo-No yo
• Sesión 8: en esta sesión es la primera vez que Gabrielle se va dejando todos los juguetes
desordenados. Winnicott interpreta esto como una mayor confianza de Gabrielle en la capacidad de
Winnicott de tolerar la suciedad, las cosas interiores.
• Sesión 9: en este encuentro, Winnicott buscaba hablar de la madre negra como si fuera un sueño,
tratando de dar a entender a Gabrielle que la mamá negra pertenecía a la dimensión de los sueños, y
que en el despertar era donde contrastaban la mamá negra y las personas reales.
• Gabrielle comienza a hacer una diferenciación entre madre negra y madre luminosa , afirmando que
la madre negra es su mamá mala. Aquí Winnicott en sus comentarios apuntará a que la madre negra
es una versión de madre que no comprende a los bebés, o los comprende tan bien que su ausencia
vuelve todo negro.
• Sesión 13-16: a la altura de estos encuentros, Gabrielle ya es capaz de entrar por sí misma al
consultorio y comenzar a jugar, esto da el indicio de su capacidad de estar sola ante la presencia de
alguien y empieza a entender que se acerca el final del análisis
• Es aquí donde Winnicott comienza a tomar notas ya en su asiento y no en el piso, marcando esa
distancia entre ambos
• En la sesión 13, Gabrielle arregla un tren que estaba roto y Winnicott le indica: "lo has arreglado tu
sola, eso significa que ya no me necesitas, ahora soy el Sr. Winnicott" (ya no Dr.)
• Gabrielle: "el tren iba despacio, pero no se detuvo en todo el camino" (Winnicott interpretó esto luego
como el tren representando al análisis, que, más allá de la duración, llegó a destino)
• Gabrielle expresó su tristeza por no poder ver tan seguido a Winnicott por la escuela, y este le mostró
que era porque ya no lo visitaba por necesidad, sino por gusto, porque antes también tenía escuela y
eso no le impedía viajar para verlo
• Sesión 15: juego del rodillo, separación sin desesperación
• Destrucción de Winnicott a través de torcer el muñeco
• "He destrozado a Winnicott". Winnicott le responde que también le gustaría terminar con ella para
poder ser los otros Winnicotts. (los que no son para el análisis de ella) Esto demuestra un resumen
de análisis por parte de Piggle que ha logrado reorganizar su vida dentro de una transferencia positiva.
• Sesión 16: es un encuentro más de amigos dice Winnicott, juegan nuevamente con la regla y leen
libros. En un momento Winnicott reconoce avergonzada a Gabrielle al querer decirle que lo quiere.
Posteriormente, al llegar la hora, se dispone voluntariamente a retirarse y naturalmente se despidió
con 5 años.
INTERVENCIONES DE WINNICOTT
Funciona como una “madre sustituta” que permite una gradual separación con respecto a Gabrielle a
través de:
Se puede observar que Gabrielle pasó por etapas donde se sintió desplazada por sus padres con la
llegada de su hermanita. Esto es lo que generó regresiones a etapas anteriores, adoptando conductas
infantiles y viendo a sus padres como rivales, causándole esto montos de angustia y problemas de
sueño, debido a la drástica separación con respecto a su madre.
Durante el análisis, Winnicott buscó dejar a Gabrielle representar estas situaciones angustiantes para
reexperimentarlas y tramitarlas ahora con el acompañamiento de Winnicott bajo distintos roles y como
una madre sustituta, permitiendo esto que pueda liberarse de la angustia acarreada y que pueda
aceptar su propia identidad y la separación de sus padres de un modo saludable y gradual.
TEORÍA DE WINNICOTT
LA INTEGRACIÓN DEL YO EN EL DESARROLLO DEL NIÑO
EL YO
• El término Yo, puede utilizarse para describir la parte de la personalidad en crecimiento que en
condiciones adecuadas tiende a integrarse en una unidad.
• El yo se logra mucho antes que el self (sí mismo).
• ¿Hay yo desde el principio? El principio está en el momento que comienza el yo.
• ¿Es el yo fuerte o débil? La respuesta depende de la madre real y de su capacidad para satisfacer
la dependencia absoluta del infante real al principio, antes que se separe del self de la madre.
El desarrollo del Yo se da por tres tendencias:
Dependencia Absoluta: en este estado el infante no tiene modo alguno de conocer el cuidado
materno. No tiene ningún control sobre el ambiente, solo puede sacar partido o sufrir la perturbación.
Importancia de la adaptación a ritmos.
Dependencia relativa: el infante percibe la necesidad que tiene de los cuidados maternos y en medida
creciente los relaciona con sus impulsos personales.
Hacia la independencia: el infante desarrolla medios para prescindir del cuidado real.
Lo logra gracias a:
• La acumulación de recuerdos de cuidados.
• La proyección de necesidades personales.
• La introyección de detalles de cuidado con el desarrollo de confianza en el ambiente.
• Aumenta la comprensión intelectual.
• Sostén (holding): la madre sostiene al bebé con devoción, lo mece con suavidad. Implica sostener la
ilusión de omnipotencia del bebé. Posibilita la capacidad para relacionarse con otros.
• Manipulación (handling): manipulación física del cuerpo del bebé, debe encajar en la madre.
Repertorio relacional de acciones sutiles, tiernas, placenteras. Facilita la coordinación motriz.
Resultado: Personalización
Sensación de habitar el propio cuerpo, sentirlo propio, estable, confiable.
• Presentación objetal: promueve la capacidad del bebé de relacionarse con objetos. La constancia en
el cuidado materno permite la continuidad existencial del bebé. La madre presenta los objetos de
manera gradual, pasaje de la relación al uso:
o objeto subjetivo: es creado y encontrado por el bebe a partir de la omnipotencia infantil producto
de la ilusión materna.
o objeto transicional: primera posesión no-yo, permite soportar la ausencia materna.
o objeto objetivo: lo puede usar y percibir, tiene existencia propia por fuera del control omnipotente.
El bebé se irá relacionando con la realidad externa y los objetos que la pueblan. Esa relación con el
mundo será en función de la relación con la madre. Si ésta provee suficiente estabilidad, confianza,
seguridad, tranquilidad para sus logros madurativos. La constancia en el cuidado materno permite la
continuidad existencial del bebe.
• Sí mismo
• Conciencia de ser nosotros mismos, sensación de existir, de vivenciar, experienciar, tener un lugar en
el tiempo y el espacio.
• El niño se da cuenta de sí mismo a través de la mirada de los otros.
• Permite la creación y el juego.
• Habilitado por la ilusión que permite la madre, si traduce el gesto del bebe.
FALSO SELF
• Originado en la sumisión del infante. Cuando hay incapacidad materna para interpretar el gesto
espontaneo del bebé y devolverlo en espejo.
• La gradación del falso self va desde la actitud cortés y adaptada de la persona normal, hasta la
existencia vacía del esquizofrénico en el cual el falso self ha hecho desaparecer el verdadero self.
CASO DANIEL de Bleichmar
• Una joven pareja se presenta con un bebé de cinco semanas que se mantenía despierto veinte horas
al día, llorando, sin conseguir que nada lo calme
• Los tiempos que lograban que se duerma no eran mayores a quince minutos
• El pediatra había descartado cualquier perturbación orgánica y se veía a los padres confundidos y
deprimidos, con la sensación de que algo había fallado en el vínculo con este primer hijo
• Desde el lado de los abuelos maternos y paternos, no había nadie que conectara empáticamente
con este niño, lo miraban como un enemigo molesto
• El bebé comía en forma desesperada y no le gustaba bañarse
• Bleichmar consideró importante en primera instancia, recibir a los padres, escucharlos,
contenerlos y acompañarlos, pues, ellos eran elementos protagonistas en la estructuración de ese
niño
• Bleichmar propuso un segundo encuentro el mismo día pero únicamente con la madre y el niño, en
donde le solicitó que lo alimentara en el encuentro, donde notó que no sabía sostenerlo, el brazo
estaba doblado, la cabeza estaba mal posicionada y los brazos de ella estaban cruzados, no
acunaban al bebé.
• En ese momento, la madre se sinceró relatando que tardó muchos años en decidirse a tener un hijo
ya que estaba muy ocupada con su trabajo y consideraba que un hijo llenaría su tiempo.
• La madre no sabía sostenerlo, y le generaba culpa reconocer que en ciertos momentos emergía una
hostilidad por parte de ella hacía su bebé. Tampoco sabía tocarlo y no permitía que este se agarrara
de su pecho, no podía soltarlo, obstaculizando la relación entre su hijo y este pecho, que sería su
primer contacto con el medio externo. Bleichmar sentía que en este momento estaba presenciado
la inauguración de una envoltura narcisizante.
• Bleichmar también insistió con el chupete, pues, es un antecesor importante del objeto transicional
y fundamento de la relación objetal. A este pedido, la madre afirma que su hijo lo rechazaba (aquí
Bleichmar supone que es porque de las pocas huellas mnémicas del bebé, una correspondía a las
pezoneras que su madre había usado en un momento como una barrera entre él y el pecho, mismo
plástico que relacionaba con el del chupete). La madre nunca había insistido con el chupete por
miedo a entrar en batalla con su hijo y que este tuviera significaciones negativas contra ella como
ella las tenía con su madre.
• Para la tercera sesión, la madre había declarado que había logrado "soltar" a su hijo y aceptar la
imposibilidad de satisfacerlo omnipotentemente
• En el cuarto encuentro, se descubre que esta no insistencia de la madre con el chupete estaba
relacionada con la prohibición de su marido, quien se identificaba con su hijo y revivía situaciones
de su vida propia con su madre intrusiva. Era este, por desconocimiento, quien impedía el
cumplimiento de la función materna de su mujer, quien estaba en una dualidad entre obedecerlo o
cumplir con su misión (intrusión del marido que no aceptaba no ser parte de la relación inicial entre
la madre y el hijo).
• Diversos elementos llevaban a pensar que esta mujer no había logrado producir el desplazamiento
pene-niño que inaugura en la mujer el deseo de un hijo. Tener un hijo había sido un tributo que
brindaba a su marido para poder seguir recibiendo su pene.
• El parto no había producido solo una depresión posterior por desprender de un producto de su
cuerpo, sino por la sensación de encadenamiento que le producía ese ser exxtraño del cual se veía
obligada a hacerse cargo. Este extrañamiento ante su hijo le impedía tener la convicción delirante
de toda madre de saber qué es lo que su bebé necesita. Esa falla en la narcisización era lo que
producía en ella la sensación de estar ante un extraño, un "niño que no puede entender", cuando en
realidad fue un niño que nunca se pudo transcribir en un registro que lo capturara en un sistema de
signos, sistema alienante.
• En las semanas siguientes las entrevistas se espaciaron
• La madre comenzaba a atribuir pensamiento a su hijo, lo imaginaba como a un ser pensante. Esta
potencialidad estructurante es lo que daría algún día a su hijo la posibilidad de sentirse humano.
• Comenzó a poder dejar al niño algunas horas con su madre, o la niñera y la aliviaba poder empezar
a sentirse mejor consigo misma como con su hija.