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Misterio en la Granja Familiar

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Cuento

Mi familia y yo vivimos en una especie de granja, apartados del movimiento y saturación de la


gran ciudad. Mis padres siempre quisieron tener una y hace algunos años lograron comprar
una propiedad por estos terrenos a un buen precio, algo raro dado que el precio de las
propiedades siempre fue un factor que les impedía poder adquirir su tan preciada granja.

Vivíamos con relativa tranquilidad, los animales y las cosechas nos generaban los ingresos
necesarios para poder subsistir, iba a la escuela con normalidad viviendo la vida de una
adolescente común; sin embargo, siempre me sentía intranquila, los pocos vecinos que
teníamos se comportaban siempre de manera un tanto extraña, pero nunca le di importancia
pues estaba concentrada en mis asuntos. Todo iba bien, hasta aquella noche, que fue en que
todo cambió.

Hace unas cuatro semanas aproximadamente, apareció una luz muy brillante en los
alrededores de nuestra granja, obviamente me llamó mucho la atención, era una luz
resplandeciente, y parecía que iba descendiendo hacia el suelo; miraba perpleja dicha
situación. Salí corriendo de mi habitación para ir a la granja a ver de cerca dicha luz, pero en la
sala de estar ya se encontraba mi papá con su rifle a punto de salir mientras se despedía de mi
mamá, ella se veía muy alterada. Mi padre me miró fijamente y solo me dijo: “Cuida a tu
hermanito”, yo asentí con la cabeza. Inmediatamente salió para revisar qué era lo que
provocaba dicha luz.

Pasaron alrededor de 45 minutos, dicha luz se había ido apagando cuando mi padre salió,
angustiada, quise salir a ver lo que pasaba, pero mi madre no me lo permitía. De un momento
a otro tomo la decisión y voy corriendo hacia la puerta de salida. En el momento justo cuando
estaba por cruzar la puerta aparece mi padre, me sentí aliviada; sin embargo, noté algo raro en
él. Para empezar, aunque sin mucha importancia, ya no traía su rifle, y no dio explicación
alguna sobre eso, de hecho, no brindó ningún tipo de explicación. Cuando me vio,
simplemente sonrió, una sonrisa enorme, de esas que, si las miras fijamente por el tiempo
suficiente te empiezas a sentir incomodo, yo le pregunté qué había sucedido, pero él, con esa
enorme sonrisa, solo me respondió: “Todo está bien, cariño, fue una falsa alarma”. Acto
seguido, entró a la casa y preguntó si la cena estaba hecha. Mi madre solo atinó a verme
anonadada y confundida al mismo grado que lo estaba yo.

Pasaron los días y mi padre se comportaba de manera extraña, había olvidado incluso cómo
encender el tractor, cuando fue él quien me enseñó cómo hacerlo. Fue sumamente extraño
que se lo tuviera que enseñar, más aun, porque parecía que se lo estaba enseñando a un niño
pequeño que no entendía nada. Mi madre la pasaba peor, me comentó que una noche,
mientras se estaba quedando dormida, le pareció ver que mi padre había parpadeado de una
manera extraña, esto la sorprendió y se levantó de sobre golpe, solo para verlo dormir, más
tarde esa noche ella se levantó porque le había parecido escuchar un ruido y vio a mi padre
parado mirando literalmente a la nada, le preguntó lo que estaba haciendo y él, en un acto
aparentemente no humano, giró primero la cabeza y luego el cuerpo y le dijo que volviera a
dormir, acto seguido se acostó también. Tras contarme esto, me dijo que le comentara
cualquier cosa extraña que notara en mi padre.

Ahora me encuentro asustada, mi madre se había convertido en mi soporte, podría recurrir a


ella frente a todos los actos extraños que realizaba mi padre; hubiera sido lo ideal. La noche
siguiente al día en que me comentó lo que había ocurrido mientras dormía con mi padre,
mientras yo dormía, me pareció ver nuevamente aquella luz, no estoy segura, quizá estaba
soñando, lo curioso es que, a la mañana siguiente, mi madre tenía la misma sonrisa que tuvo
mi padre en aquella primera visita de esa extraña luz. El comportamiento de mi madre se
volvió errático, torpe y cuando le cuestionaba algo solo atinaba a decirme que me amaba. Una
noche vi cómo cargó a mi hermano de su polo con solo su brazo izquierdo, dicha escena me
atormentó, en especial cuando recordé que mi madre tuvo un accidente y no movía muy bien
su brazo izquierdo. Le pedí que soltara a mi hermanito y ella solo se disculpó moviendo la
cabeza de un lado a otro como si fuera un robot. Al día siguiente pasó algo que me hizo
entender la situación; nosotros tenemos un perro, el viejo Pecas lo llamamos, nos había
acompañado desde que tengo memoria. Durante la mañana de aquel día me pareció escuchar
en la parte trasera de la casa que alguien comía, se escuchaba como si un animal salvaje
devorara a su pobre presa, atribuí lo que escuché a esta situación, aunque, posteriormente, vi
a mis padres ingresar a la sala a lavarse inmediatamente la cara, lo cual se me hizo extraño, y
me pareció ver manchas rojas por su rostro, pero no le di importancia. El día avanzaba con
normalidad hasta que llegó la noche y busqué al viejo Pecas para darle su comida, pero este no
se encontraba por ningún lado. Continué buscando hasta que llegué a la parte trasera de la
casa, y ahí estaba, o, al menos, lo que quedaba de él. Era una escena escalofriante y
repugnante, mi viejo amigo se encontraba tirado cerca del césped del patio trasero con el
estómago abierto y sin órganos internos, la piel parecía haber sido cortada con una especie de
colmillos grandes y filudos, y parte de su cuerpo había sido desollado; sin dudarlo, supe
inmediatamente quiénes habían sido los responsables: mis “padres”. Me di cuenta entonces
que no podía dejar a mi hermano menor con ellos, y no podía seguir yendo a la escuela
mientras trataba de averiguar qué les había sucedido a mis verdaderos padres, porque esas
cosas no lo eran.

Entendí que, si ellos notaban que me había dado cuenta de lo ocurrido, esa luz regresaría por
mí, y mi hermano no tendría quién lo proteja, así que debía fingir y hacer de cuenta que todo
estaba bien mientras trataba de pedir ayuda para poder escapar de ese lugar. Mi primera
acción fue tratar de llamar a la policía, pero cuando traté de usar el teléfono, este no
funcionaba, le habían cortado los cables de la casa, y los celulares habían dejado de funcionar
con normalidad hace algunos días por lo que el mío se encontraba en reparación.

Durante la cena me empecé a sentir muy nerviosa, sentía que las miradas de mis falsos padres
no se separaban de mí, creo que ya sabían que me había dado cuenta; sin embargo, yo trataba
de seguir fingiendo que no y traté de platicar. Todo era inútil, sus respuestas eran cortantes y
no podían conjugar bien sus palabras, fueron los 15 minutos más tensos de mi vida.

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