PEC 2:
∙ Entre en la página web de la Junta Electoral Central y conteste a las siguientes
preguntas.
- ¿Qué tipo de órgano es la Junta Electoral Central?
La Junta Electoral Central es el órgano superior de la Administración electoral y además es
un órgano permanente, lo que significa que no solamente está activa durante el periodo
electoral, si bien es cuando más repercusión tiene, sino que lo está durante toda la
Legislatura.
- ¿Cuántos miembros tiene y cómo se designan?
La Junta Electoral Central está formada por 13 miembros de los cuales 8 son Vocales
Magistrados del Tribunal Supremo y los cinco restantes son Vocales Catedráticos de Derecho
o de Ciencias Políticas y de Sociología en activo.
La designación de los ocho miembros Vocales Magistrados del Tribunal Supremos es
mediante insaculación, es decir, por sorteo, por el Consejo General del Poder Judicial.
Los cinco miembros Vocales Catedráticos de Derecho o de Ciencias Políticas y de Sociología
en activo. Son designados a través de una propuesta conjunta entre los partidos o
agrupaciones de electores que disponen de representación en el Congreso de los Diputados.
Estos cinco miembros se deben elegir en los noventa días siguientes a la sesión constitutiva
del Congreso de los Diputados. Si en este plazo de noventa días no se hubiera realizado,
corresponderá a la Mesa del Congreso de los Diputados, una vez haya oído a todos los grupos
políticos representados en la Cámara, designar a estos miembros teniendo en cuenta su
proporción.
- ¿Cuáles son las principales funciones de esta institución? Resúmalas con palabras
propias (máx. 50 palabras).
Las principales funciones de la JEC son: velar para que los procesos electorales se desarrollen
dentro de la legalidad establecida por la LOREG, proteger los derechos de los ciudadanos y
de los partidos políticos y garantizar un escrutinio transparente y ajustado a la realidad.
- ¿Qué decisiones relevantes ha llevado a cabo este órgano en las últimas convocatorias
electorales y cuáles de ellas han generado debate público?
Las decisiones más relevantes y que más debate público han suscitado en las campañas de las
Elecciones Generales, tanto las realizadas el 28 de abril como las del 10 de noviembre de
2019, han sido sin lugar a dudas las ocasionadas por las polémicas pancartas y símbolos
partidistas que la Generalitat de Catalunya lució en sus edificios, en especial en el balcón del
Palau de la Generalitat, y que han terminado con el juicio por desobediencia al Presidente de
la Generalitat de Catalunya.
Está decisión vino precedida de una reclamación interpuesta por Ciutadans-Partido de la
Ciudadanía el pasado 11 de marzo de 2019, en el que se reclamaban las acciones y las
omisiones que el Govern de la Generalitat estaba realizando al exhibir símbolos partidistas en
edificios y espacios públicos. La Junta Electoral Central argumentó en su acuerdo 55/2019 de
11 de marzo que “tiene una reiterada doctrina sobre la obligación de los poderes públicos de
mantener estrictamente la neutralidad política durante los procesos electorales”, “doctrina
confirmada por la Sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal
Supremo (Sección 6º) de 28 de abril de 2015)”. Además, deja claro que las libertades
ideológicas y de expresión son derechos fundamentales de las personas, no de los
gobernantes, y le daba un plazo máximo de 48 horas para ordenar la retirada de todos los
elementos partidistas que se encontraran en “cualquier edificio público dependiente de la
Generalitat de Catalunya”.
Dos días después del acuerdo de la Junta Electoral Central, el Presidente de la Generalitat de
Catalunya, presentó alegaciones argumentando que la bandera “estelada” es un “símbolo que
representa un anhelo de libertad y una reivindicación democrática, legítima, legal y no
violenta”, conforme a lo declarado por el Parlament de Catalunya en la Resolución 497/X.
En su acuerdo 66/2019 de 18 de marzo, la Junta Electoral Central recuerda que los partidos
políticos pueden usar la “estelada” en su propaganda electoral, pero no así los poderes
públicos como queda reflejado en el artículo 50.2 de la LOREG.
En cuanto a los lazos amarillos, usados para recordar, en el momento de ese acuerdo, que
había dirigentes o candidatos políticos en situación de prisión provisional, la Junta Electoral
Central, argumentó la misma tesis. Los partidos políticos pueden usarlos en campaña, pero
no así los poderes públicos.
También le comunicó que no aceptaba su argumentación sobre que no podía cumplir el
requerimiento escudándose el señor Torra en que la Generalitat dispone de muchos edificios
que no son de su propiedad o no las gestiona directamente. De la misma forma, la Junta
Electoral Central, rechazó las alegaciones del Presidente de la Generalitat en referencia a que
él debe respetar el derecho fundamental de los empleados públicos, ya que ese derecho no
incluye los edificios ni los espacios públicos.
El día 21 de marzo, la Junta Electoral Central requirió al “Conseller de Interior” de la
Generalitat de Catalunya para que diera las pertinentes instrucciones a Mossos para retirar
cualquier símbolo partidista que estuviera colocado en cualquier edificio utilizado por la
Generalitat. En ese mismo Acuerdo, se abrió expediente sancionador al señor Torra y se
remitió testimonio a la Fiscal General del Estado sobre las posibles responsabilidades penales
en las que hubiera incurrido el Presidente de la Generalitat.
En una nueva forma de desafío hacia la institución de la Junta Electoral Central en particular
y al Estado en general, el gobierno de la Generalitat de Catalunya colocó en los días
posteriores otra pancarta con el lema “Llibertat d’opinió i d’expressió”, que la JEC consideró
que no incumplía su Acuerdo del día 21 de marzo y que por tanto, no ordenaba su retirada.
En el Acuerdo 97/2019 de 27 de marzo, la Junta Electoral Central instó al Presidente de la
Generalitat a ordenar la retirada de un lazo amarillo aparecido en la delegación del Govern de
la Generalitat en el Reino Unido y le daba un plazo de 24 horas para cumplir con dicho
Acuerdo.
Todo este proceso se encuentra actualmente en espera de sentencia por parte del TSJC de la
vista que tuvo lugar el pasado 18 de noviembre y en el que el señor Torra se enfrenta a una
posible inhabilitación por desobediencia y que deja a Catalunya en un estado de
incertidumbre por si va a haber condena de inhabilitación, adelanto electoral, relevo de
Presidente sin elecciones…
Todo esto ha provocado que en todos los medios de comunicación de España y sobretodo de
Catalunya, se hayan producido innumerables debates sobre si se debía permitir colocar
símbolos partidistas, si se debía denunciar, si se debía inhabilitar… En ciertos medios como
TV3, maquinaria de propaganda independentista dónde las haya, se ha pasado de generar
debate a tener un juicio paralelo contra la Junta Electoral Central y contra todas las
instituciones del Estado. Un juicio en el que solo participaban personas afines al
independentismo y en el que por supuesto, desde el primer momento, se ha declarado
inocente al Presidente de la Generalitat y culpable al Estado.
Esto ha hecho que el debate haya polarizado las calles y que se haya dividido aún más a la
sociedad catalana, si eso es posible, y que además se haya mezclado con los recientes
altercados y disturbios producidos en las calles de Catalunya y que han ocasionado grandes
desperfectos en los espacios públicos.
Parece claro que cuando se produzca la sentencia, sea cual sea la misma, la sociedad catalana
seguirá totalmente dividida y a la mitad le va a disgustar el veredicto.
∙ Busque dentro de esta página web los resultados de las elecciones generales de 1986 y
1996. Examine los datos y compárelos, extrayendo conclusiones que le parezcan de
interés sobre la distribución de votos, la distribución de escaños, la fuerza electoral de
los partidos de ámbito nacional y de ámbito autonómico/regional.
Antes de analizar los resultados, detallo los datos de las elecciones de 1986 y 1996 sobre los
que se basa el análisis. Por un lado, comparativa de número de electores censados, votantes
que fueron a las urnas y porcentaje de participación en cada uno de los dos procesos
electorales.
Por otra parte, reparto de los votos, escaños y sus porcentajes, separados por bloques. Hay
que tener en cuenta que el partido que se presentó en 1986 ocupando el centro político, no
participó en las elecciones de 1996. También se debe tener en cuenta que se han tomado los
datos de los partidos que consiguieron representación parlamentaria en ambas elecciones, y
que en las dos, resultaron elegidos trece partidos con representación en el Congreso de los
Diputados.
1996
1986
Censo 32.531.833
Censo 29.117.513
Votantes 25.172.058
Votantes 20.497.912
% Part. 77,38%
% Part. 70,39%
Incremento
Censo 11,73%
Votantes 22,80%
% Part. 6,99%
Año Concepto Izquierda Derecha Centro Nac./Reg.
1986 Votos 9.669.876 5.247.677 1.838.799 2.053.158
1996 Votos 11.768.467 9.716.006 ----- 2.764.515
Variación % 21,70% 85,15% -----
1986 % Votos 48,16% 26,13% 9,16% 10,22%
1996 % Votos 47,45% 39,18% ----- 11,16%
Variación % -0,71% 13,05% ----- 0.94%
1986 Escaños 190 105 19 36
1996 Escaños 160 156 ----- 34
Variación % -30 51 ----- -2
1986 % Escaños 54,28% 30% 5,43% 10,3%
1996 % Escaños 45,72% 44,57% ----- 10%
Variación % -8,56% 14,57% ----- -0,03
Una vez estudiados los datos de estos dos procesos electorales, cabe destacar el vuelco que se
produjo en la orientación del voto en España. Se pasó de un PSOE muy fuerte que aglutinaba
más del 44% del voto y casi nueve millones de votantes (PSOE + PSC) respecto al 26% del
Partido Popular en 1986, a un Partido Popular mucho más fuerte que aquel PSOE, que si bien
tenían prácticamente el mismo porcentaje de votos que anteriormente poseía el PSOE (44%),
junto con los dos partidos regionalistas con los que se presentó en coalición, el PAR y UPN,
frente al 38% en el que se quedaron los socialistas, consiguió sumar más de cuatro millones
de votos más que una década antes. Parece razonable pensar que al Partido Popular le
benefició que en las elecciones de 1986 ya no participara CDS lo que supuso que ese votante
de centro, decidiera ceder su voto al centro-derecha en mayor número que al centro-
izquierda.
Este avance tan importante del PP hizo que Felipe González perdiera un gobierno que había
tenido en sus manos en los anteriores 14 años, y que hasta la anterior legislatura, lo había
logrado con mayorías absolutas en 1982, 1986 y 1989.
En este punto entran los partidos autonómicos, nacionalistas o regionalistas. En 1993, cuando
el PSOE perdió la mayoría absoluta, necesitó el apoyo de la derecha catalana, CiU,
encabezada por Jordi Pujol. Habiendo resultado paradójico que la derecha catalana prestará
sus apoyos a la izquierda en 1993, no resultaba tan extraño que tres años después, una vez
retirado su apoyo a Felipe González antes de la aprobación de los Presupuestos Generales del
Estado de 1993 y provocando con ello la convocatoria adelantada de las elecciones, hiciera
Presidente del Gobierno a José María Aznar, líder del Partido Popular y claro vencedor de las
elecciones de 1996 después de obtener 15 escaños más que el Partido Socialista, más aún
sabiendo que la antigua Convergencia era un partido que usaba sus escaños para conseguir las
máximas ventajas para su comunidad autónoma.
En las elecciones de 1996, Convergencia, que había empeorado sus resultados tanto en
número de escaños como en porcentaje de votos respecto a las elecciones de 1986, se
convertía en este punto, en un apoyo vital para quien quisiera gobernar. Con sólo un 4’57%
de los escaños de la cámara baja, el partido de Jordi Pujol obtuvo tras 55 días de intensa
negociación, gran cantidad de compromisos por parte del PP en materia económica y quizás
la más trascendental, por el profundo significado que tenía, que no fue otra que lograr las
competencias en Tráfico, lo que supuso la “expulsión” de la Guardia Civil de las carreteras
catalanas. Estos acuerdos se materializaron en el famoso “Pacto del Majestic”.
El resto de partidos nacionalistas/regionalistas a excepción de los anteriormente mencionados
PAR y UPN, no tuvieron la mínima capacidad de ser decisivos, puesto que entre estos ocho
partidos aun sumando casi medio millón más de votos que CiU y dos escaños más que los
convergentes, no estaban en condiciones de poder pactar con un candidato al Gobierno,
puesto que eso significaba tener que haber dado muchas más concesiones a muchos partidos,
algunos de ellos contrarios al estado de derecho y de la Constitución.
El hecho de que no existiera un tercer partido político, de centro, que pudiera ser capaz de
pactar a ambos lados del espectro ideológico político, obligaba a que los grandes partidos
líderes de los dos bloques, se vieran obligados a necesitar los apoyos de partidos
nacionalistas, que anteponen sus intereses al interés general de todos los españoles, cuando
estos no eran capaces de alcanzar mayorías absolutas. El otro partido que en 1996 estaba en
condiciones de poder pactar con los grandes partidos era IU, pero evidentemente, es un
partido de izquierdas que no iba a permitir con sus votos la investidura de Aznar y que con
sus apoyos no le daba al PSOE para alcanzar el Gobierno de nuevo.
En resumen, de 1986 a 1996, se pasó de una izquierda que superaba ampliamente en número
de escaños y votos a la derecha, a prácticamente un empate técnico entre los dos bloques que
propició que los partidos nacionalistas ganaran peso en la gobernabilidad de España. La
desaparición de CDS benefició al Partido Popular, que logró captar a ese votante de centro
que tendía más hacia la derecha que hacia la izquierda e Izquierda Unida aún habiendo
logrado casi el triple de votos, no pudo ser decisiva ya que muchos de sus votantes habían
votado anteriormente al PSOE y lo que hicieron fue repartir el voto en lugar de sumarlo.