A. De la Prehistoria al reinado de los primeros Borbones.
Tema 1. La Prehistoria y la Edad Antigua en la Península Ibérica:
1.1. El Paleolítico y el Neolítico.
1.2. Los pueblos prerromanos y las colonizaciones de los pueblos del Mediterráneo.
1.3. La Hispania romana.
1.4. La monarquía visigoda.
1.1. El Paleolítico y el Neolítico.
Teniendo en cuenta los hallazgos paleontológicos más recientes se considera que el origen de la especie
humana se encuentra en África y que la Península Ibérica jugó un papel importante en el proceso de
hominización en Europa. Entre todos los yacimientos peninsulares destaca el de Atapuerca (Burgos),
donde los restos fósiles descubiertos registran varias fases de la evolución humana:
Paleolítico Inferior (1.300.000 ac.) En esta etapa, Atapuerca presenta dos hallazgos de extraordinaria
importancia el Homo Antecesor con unos 800.000 años de antigüedad que se considera uno de los
homínidos más antiguos de Europa. También de este periodo serían los restos del Homo Heidelbergensis
con unos 250.000 años de antigüedad y anterior al Hombre de Neanderthal.
Paleolítico Medio (100.000-35.000ac.) El resto fósil más importante es el Homo Neanderthalensis u
hombre de Neandertal. Su capacidad craneal era similar a la del hombre actual, su tecnología lítica
sofisticada y tenían un sentido trascendente de la vida como lo demuestra el enterramiento de la cueva
de Morín (Cantabria) y las primeras representaciones artísticas.
Paleolítico Superior (35.000-8.000ac.) Durante este periodo el registro fósil más abundante pertenece al
Hombre de Cromagnon que debemos incluirlo en nuestra propia especie Homo Sapiens. Su desarrollo
técnico y cultural se manifiesta en la perfección de sus instrumentos líticos y en la creación del arte
rupestre.
Durante la Prehistoria las relaciones sociales y económicas fueron variando:
En el Paleolítico: economía depredadora (basada en la optimización de recursos, caza, pesca,
recolección); forma de vida nómada o seminómada; sociedades igualitarias y tecnología lítica (piedra
tallada).
El Neolítico (piedra nueva) se inició hace 10000 años en el Próximo Oriente con la llamada Revolución
Neolítica, que significó aparición de la agricultura, la ganadería, el sedentarismo y una nueva tecnología
basada en la piedra pulida, pero también en la producción de tejidos y cerámica. A partir del 6.000 a.C.
se documentan estas novedades en la península. En el Neolítico: economía productora (control de
recursos vegetales, agricultura y animales, ganadería); forma de vida sedentaria con desarrollo del
urbanismo; sociedades complejas y tecnología agrícola (piedra pulimentada, cestería y cerámica).
A partir del III milenio a.C. la península Ibérica recibe la influencia de las avanzadas cultural del
Mediterráneo oriental: comercio y llegada de nuevos avances culturales. Edad de los Metales: Calcolítico
y Edad del Bronce (3.000-800 a.C) con primeras culturas complejas y protourbanas (Millares y Algar, en
Almería), con jefaturas y clases sociales (ajuares).
El arte rupestre o parietal se desarrolló fundamentalmente durante la Prehistoria. Aparece en el interior
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de cuevas y refugios sobre paredes y techos con representaciones de pintura, incisiones y grabados. En
la Península se distinguen dos áreas diferenciadas:
a) El arte rupestre Cantábrico o Franco-cantábrico datado en el Paleolítico Superior y caracterizado
por sus representaciones naturalistas de fauna (bisontes, ciervos, etc.) y sus representaciones
simbólicas (manos en negativo, puntos). Las pinturas son policromas, utilizando pigmentos
naturales, y con aparente ausencia de composición. Las cuevas más importantes son Altamira
(Cantabria) y El Castillo.
b) El arte rupestre Levantino desarrollado en el área mediterránea. Está datado entre el Mesolítico
y el Neolítico (8.000-5.000 a C.). Son pinturas que se caracterizan por su esquematización,
dinamismo y sentido narrativo de escenas cotidianas (caza, recolección, ritos). Los yacimientos
más importantes están en Cogull ( Lérida) y Valltorta (Castellón).
1.2. Los pueblos prerromanos y las colonizaciones de los pueblos del Mediterráneo.
Denominamos pueblos prerromanos a las poblaciones que vivían en la Península Ibérica en el I milenio
a.C., antes de la llegada de los romanos. Podemos agruparlos en varias áreas culturales:
a) Los Íberos: su área cultural se extendía por todo el espacio mediterráneo desde el sur de Francia
hasta Andalucía. Se agrupaban en tribus y en organizaciones de ciudad-estado. Su contacto con
fenicios y griegos transformaron su economía y su cultura incorporando, el uso de la moneda y
de la escritura. En su arte destacan la Dama de Elche y la Dama de Baza
b) El área celta o indoeuropea comprendía el centro, oeste y norte peninsular. Era menos
desarrollada en los aspectos económico y urbano, practicando una agricultura de subsistencia,
aunque conocían la metalurgia del hierro. Se agrupaban en tribus (Celtíberos, Lusitanos, Vetones,
Carpetanos…) y en poblados elevados y fortificados, ”castros”.
c) Tartesos está considerado como un espacio cultural, no unificado políticamente, localizado en el
sureste peninsular y organizado en torno al comercio de metales entre los siglos IX y VII a.C.
Aparece citado en documentos griegos haciendo mención a un río (probablemente el
Guadalquivir), y a un extenso territorio que se extendería de Huelva a Cartagena. Aunque se han
encontrado diversos vestigios arqueológicos (como el Tesoro del Carambolo), su prosperidad se
debió a la explotación de minerales metálicos (cobre, plata) y a sus riquezas agrícolas y
ganaderas, controladas por jefaturas aristocráticas.
Los pueblos colonizadores. Conocemos como “pueblos colonizadores” a una serie de pueblos
procedentes del Mediterráneo oriental, con un avanzado desarrollo cultural, que llegaron a la
península Ibérica atraídos por sus riquezas minerales y por la posibilidad de establecer relaciones
comerciales. El contacto con estas culturas introduce en los pueblos peninsulares novedades
tecnológicas y culturales: desarrollo de cultivos como el olivo y la vid; mejora de las técnicas
metalúrgicas; torno alfarero; uso de la moneda y escritura.
1) Los fenicios procedían del actual Líbano y, a través del Mediterráneo, contactan con la
peninsula a finales del Segundo milenio (1.100 a.C., fundación mítica de Cádiz). Eran magníficos
navegantes y su principal interés era el comercio. Fundaron diversos enclaves en la península
como Gadir (Cádiz), Malaka o Abdera (Adra, en Almería).
2) En torno al 800 a.C. llegan a las costas peninsulares mediterráneas grupos de colonizadores
griegos. Los griegos fundaron diversas colonias con la intención de establecerse en la península
de forma permanente. Eran originarios de Focea (en la actual costa de Turquía) y de Massalia
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(Marsella). Entre sus fundaciones destacan: Rhode y Emporiom (Ampurias) en la costa catalana.
3) Por último, los cartagineses procedían de Cartago, ciudad norteafricana de origen fenicio, y
pasaron a tutelar las fundaciones fenicias desde el siglo VI a.C. Aparte de controlar el comercio
de metales, a partir del siglo III a.C., reclutaron mercenarios para sus enfrentamientos con los
romanos (Guerras Púnicas). Tras su derrota ante Roma en la 1ª Guerra Púnica, con escenario en
Sicilia (264-241 a.C.), los cartagineses Amílcar y Asdrúbal Barca sometieron la costa
mediterránea y el valle del Guadalquivir, fundando Cartago Nova (actual Cartagena). Los
cartagineses, liderados por el general Aníbal Barca, se mantuvieron en la península Ibérica hasta
el año 205 a.C., año en la que fueron expulsados por las legiones romanas durante la Segunda
Guerra Púnica.
1.3. La Hispania romana.
La conquista romana de la Península se inició durante la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.c.), que
enfrentó a Roma y a Cartago. Después de la ocupación de la zona levantina y del valle del Guadalquivir
durante este conflicto, el resto de la Península sería ocupado tras diversas campañas militares que
acabarían prolongándose casi doscientos años (218-19 a.c.):
a) campaña de Catón, 195 a.c. contra la sublevación de las tribus iberas.
b) Guerras celtibero-lusitanas (154-133 a.c.) que acabaron con la conquista del centro y del
oeste peninsular tras el asedio de la ciudad celtíbera de Numancia y la muerte del líder
lusitano Viriato.
c) Guerras cántabro-astures (29-19 a.c.) dirigidas por el emperador Augusto para someter a
los pueblos del norte peninsular.
Después de las conquistas militares los romanos llevaban a cabo un proceso de asimilación cultural. La
romanización es el proceso de imposición de las costumbres y de las formas culturales romanas a la
población indígena. Fue más temprana y efectiva en el área ibérica (Levante y Andalucía), cuya
organización social era similar a la romana y más tardía e irregular en el centro y norte peninsular, por su
menor grado de urbanización y desarrollo.
Los romanos se sirvieron de diversos cauces para imponer su forma de vida:
1) utilización del ejército como vehículo de difusión de la civilización romana y reclutando a
los indígenas como tropas auxiliares
2) Fundando colonias con inmigrantes venidos de Italia como el caso de Itálica.
3) Extendiendo el modelo de vida urbano con la fundación de nuevas ciudades.
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4) Imposición del Latín como lengua oficial y administrativa que acabó desplazando a las
lenguas vernáculas o mezclándose con ellas, dando origen, siglos después, a las lenguas
romances (castellano, catalán, gallego)
5) El derecho romano que imponía el sistema legislativo romano.
6) La religión, con la introducción primero del panteón de dioses romano o el culto al
emperador y, al final del imperio, el cristianismo.
Hispania se convirtió en provincia romana entrando en los ámbitos social, económico y cultural romano.
Se impuso un sistema económico de carácter monetario, esclavista y colonial. El desarrollo de obras
públicas como las calzadas, una red de calzadas (Vía Augusta, Vía de la Plata), que servían de vías de
comunicación entre las ciudades romanas entre la que destacamos Emérita Augusta (actual Mérida),
Tarraco (Tarragona), Itálica (Sevilla), Barcino (Barcelona) o Cesaraugusta (Zaragoza). Las obras públicas y
el urbanismo se desarrollaron bajo el dominio romano con la construcción de puentes (Alcántara),
acueductos (Segovia, Mérida), murallas (Tarragona, Lugo), teatros (Mérida), anfiteatros (Itálica). Hispania
aportó grandes figuras públicas como los emperadores Trajano y Teodosio, el filósofo Séneca, los poetas
Lucano y Marcial, el geógrafo Mela o el agrónomo Columela.
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1.4. La monarquía visigoda.
En el siglo V la Península Ibérica fue invadida por suevos, vándalos y alanos, pueblos bárbaros que
sometieron a los hispanorromanos. Otro pueblo germano, los visigodos, un pueblo muy romanizado que
vivía a orillas del río Danubio, decidió desplazarse hacia Italia amenazando a Roma. Los emperadores
romanos pactaron con ellos una alianza o “foedus”, por la cual les concedían tierras para que se
asentasen en la Galia y en Hispania a cambio de que combatiesen, en nombre del estado romano, a los
pueblos que habían invadido Hispania.
Cuando el imperio romano desapareció en el año 476, los visigodos decidieron crear su propio reino,
primero en el sur de la Galia (reino de Toulouse o Tolosa), y, cuando fueron derrotados por los francos
en la batalla de Vouillé, el año 507, decidieron asentarse en Hispania creando el reino visigodo de
Toledo (509-711).
En un principio los visigodos impusieron una política de dominio sobre la población hispanorromana. Sin
embargo, con el tiempo emprendieron medidas unificadoras entre ambos pueblos:
a) Unificación territorial impulsada por el rey Leovigildo (573- 586).
b) Unificación religiosa propiciada por el rey Recaredo (586-601) al abrazar el catolicismo dejando su
fe arriano-cristiana.
c) Unificación legislativa promulgada por el rey Recesvinto, que estableció el Fuero Juzgo, un código
de leyes para ambos pueblos.
Organización política
En principio, la institución visigoda más importante fue la asamblea de notables (Aula Regia) donde
residía el poder del reino, que se entregaba a un rey elegido por ellos. La monarquía era electiva aunque
algunos reyes, como Leovigildo, asociaron a su hijo al trono convirtiéndola en hereditaria. Las tensiones
entre la monarquía electiva y hereditaria debilitaron el poder visigodo.
Entre las instituciones visigodas destacaban:
1) El Aula Regia o Consejo Real, órgano asesor del rey.
2) Los Officium Palatinum o cargos de palacio ocupados de la administración. Destacaban los Comes,
encargados del tesoro real; los Duces, delegados del rey en las provincias; los Comites civitatis, jueces
de las ciudades y los Gardingos, jefes militares.
Los Concilios eran asambleas de nobles y alto clero que tomaban decisiones religiosas primero, pero más
tarde, también legislativas y políticas. Destacó el Tercer Concilio de Toledo del año 589, en el que
Recaredo y su corte se convirtieron al catolicismo.
Los visigodos adoptaron y continuaron la tradición latina, cristiana e imperial romana, pero sobre una
sociedad ruralizada, ya que la vida en las antiguas ciudades entro en una profunda decadencia. La cultura
se reducía al ámbito religioso. El escritor más destacado fue San Isidoro de Sevilla quien, en el libro
Etimologías, intento mantener el legado cultural romano.