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Historia de la Península Ibérica hasta 711

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BLOQUE 1

LA PENÍNSULA IBÉRICA DESDE LOS PRIMEROS HUMANOS HASTA LA DESAPARICIÓN DE LA


MONARQUÍA VISIGODA (711)
CONTENIDOS:
TEMA 1: LA PREHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA: la evolución del Paleolítico al Neolítico; la pintura cantábrica y la levantina.
La importancia de la metalurgia.
TEMA 2: ESPAÑA EN LA HISTORIA ANTIGUA: La configuración de las áreas celta e ibérica: Tartesos,
indoeuropeos y colonizadores orientales. Hispania romana: conquista y romanización de la península; el
legado cultural romano.
TEMA 3: EL COMIENZO DE LA EDAD MEDIA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA: La monarquía visigoda: ruralización de la economía; el
poder de la Iglesia y la nobleza.

TEMA 2. ESPAÑA EN LA EDAD ANTIGUA


La configuración de las áreas celta e ibérica: Tartesos, indoeuropeos y colonizadores orientales.
Hispania romana: conquista y romanización de la Península; el legado cultural romano.

CRITERIOS DE EVALUACIÓN (en rojo, son los que establece la LOMCE) y ESTÁNDARES DE APRENDIZAJE EVALUABLES (en azul,
son actividades y /o preguntas de examen, son los que establece la LOMCE):

1. Explicar las características de los principales hechos y procesos históricos de la península Ibérica desde la prehistoria hasta la
desaparición de la monarquía visigoda, identificando sus causas y consecuencias.
1.3. Resume las características principales del reino de Tartesos y cita las fuentes históricas para su conocimiento.
1.4. Explica el diferente nivel de desarrollo de las áreas celta e ibérica en vísperas de la conquista romana en relación con la
influencia recibida de los indoeuropeos, el reino de Tartesos y los colonizadores fenicios y griegos.
1.5. Define el concepto de romanización y describe los medios empleados para llevarla a cabo.
1.6. Compara el ritmo y grado de romanización de los diferentes territorios peninsulares.
1.8. Busca información de interés (en libros o Internet) sobre pervivencias culturales y artísticas del legado romano en la España
actual, y elabora una breve exposición.
1.9. Dibuja un mapa esquemático de la península Ibérica y delimita en él las áreas ibérica y celta.
1.11. Partiendo de fuentes historiográficas, responde a cuestiones o situaciones.

NOTA ACLARATORIA SOBRE EL USO DE LOS COLORES EN EL TEXTO: el lila indica que se trata de información adicional,
conceptos previos a lo que se va a estudiar, ampliación, etc, no es para estudiarla; el negro indica que se trata de información para
estudiar y para trabajar sobre ella en las actividades, esquematizar, etc; el rojo indica que se trata de información imprescindible,
que no se puede olvidar; el verde oscuro indica que se trata de un comentario y, o , análisis de una imagen, de un texto, de un mapa,
de una gráfica, de un eje cronológico o de una tabla de datos, corresponde a información que no hay que estudiar para incluir en el
desarrollo del tema pero que hay que intentar imitar al analizar y comentar fuentes históricas o historiográficas.
TEMA 2. ESPAÑA EN LA EDAD ANTIGUA

1.- LA PROTOHISTORIA: PRIMERAS GRANDES INMIGRACIONES Y EDAD DEL HIERRO


Se llama Protohistoria, en la Península, a la etapa que se extiende desde el inicio de las primeras invasiones
indoeuropeas o celtas, en el 1200 a. C., hasta la llegada de los romanos. Recordemos que estos celtas serían los
mismos pueblos de los Campos de Urnas, llegados por el noreste y propagados hacia otras regiones.
Se conoce bien por testimonios escritos de ella de griegos y romanos.
Los inicios del uso del hierro en la Península se denominan Primera Edad del Hierro: los que trajeron y
difundieron la metalurgia del hierro fueron los pueblos indoeuropeos, hacia el 800 a.C, y los fenicios, que entran
en contacto con los peninsulares hacia el año 1000 a. C.
La Segunda Edad del Hierro es el período en que ya se ha implantado del uso del hierro en sustitución del
bronce, a partir del siglo VI a. C. (aunque permaneció la cultura del bronce talayótica).

2.- LAS COLONIZACIONES MEDITERRÁNEAS: FENICIOS, GRIEGOS Y CARTAGINESES Y EL


PRINCIPIO DE LA HISTORIA DE ESPAÑA
Durante el primer milenio a. C. llegan a las Baleares, Levante y costas de Andalucía pueblos procedentes del
Mediterráneo oriental más avanzados que los peninsulares y dedicados al comercio marítimo, el contacto con
aquellos introdujo a la península Ibérica en la Historia.
Estos pueblos fueron, sucesivamente, fenicios y griegos, que conocían el alfabeto y practicaban la escritura,
empleaban el hierro, aún desconocido en Occidente, usaban moneda en sus intercambios y tenían ritos religiosos
complejos; y, posteriormente, los cartagineses, procedentes de Cartago, una colonia fenicia de la actual Túnez.
Su objetivo era obtener en la Península Ibérica metales -oro, plata, cobre y estaño- , recursos pesqueros,
salazones de la costa de Andalucía, sal y objetos de lujo (de orfebrería) escasos en el Mediterráneo Oriental.
Establecieron colonias en la costa mediterránea y el, entonces, Golfo Bético.
Estos intercambios comerciales y culturales fueron trascendentales para el desarrollo de los pueblos indígenas
pues les transmitieron un legado de innovaciones técnicas y culturales:
- cultivos: lino, esparto y olivo (fenicios).
- Extendieron la metalurgia del hierro.
- Introdujeron el uso del torno de alfarero (fenicios).
- Utilización de la escritura y alfabeto (fenicios y griegos).
- uso de la moneda (griegos)
- Modelos y técnicas de orfebrería y de las artes.
- Modos de vida urbana (griegos)
- y formas de organización social como la esclavitud.

Colonizaciones
mediterráneas
a) Fenicios
Fueron el primer pueblo colonizador histórico de la Península Ibérica, su presencia está confirmada desde el
siglo IX a. C., al que corresponde el yacimiento arqueológico más antiguo, Morro de Mezquitilla, en Málaga.
Buscaban la plata de Riotinto (Huelva) y el hierro del sureste.
Fundaron colonias en muchas islas del Mediterráneo: en las Baleares, Iboshim o Ebussus (Ibiza) y, en la
Península, las factorías de Malaka (Málaga), Gadir (Cádiz), Sexi (Almuñécar, en la costa de Granada) y Abdera
(Adra, en la costa de Almería).
Establecieron otras colonias en Toscanos (Vélez-Málaga), Cerro del Prado (Bahía de Algeciras), Chorreras (Velez-Málaga),
Villaricos (en Cuevas de Almanzora, Almería), Mazarrón (Murcia), Guardamar de Segura (Alicante); y, en el área atlántica en
Onuba (Huelva), Chiclana de la Frontera, (Cádiz), Abul (Alcacer do Sal) y probablemente en Olissipo (Lisboa) y en otras escalas
en la ruta comercial de origen prehistórico que llegaba hasta Galicia y las Islas Británicas.

Rutas comerciales
de los fenicios

La diosa fenicia Astarté en un trono flanqueado


por esfinges. Estatuilla descubierta en Tutugi
(Granada). Siglo VII a.C. Museo Arqueológico
Nacional, Madrid.

Pendiente de oro (404-399 a.C.). Barco fenicio de guerra,


con espolón para embestir naves enemigas. La tradición
sitúa la fundación de Cádiz hacia 1100 a.C. pero las
excavaciones de 2008 y 2010 en el Teatro Cómico de esta
ciudad sitúan su nacimiento más tarde, a finales del siglo IX
o comienzos del siglo VIII a.C. Pero antes habría habido
contactos comerciales de tartessios y fenicios que habrían
transformado las sociedades indígenas.

Existen fuentes históricas sobre la colonización fenicia, concretamente sobre la fundación de Gadir por
navegantes fenicios de Tiro sobre lo que, antaño, era un pequeño archipiélago (formado por las islas: Erytheia,
Antípolis y Kotinousa) y, en la actualidad, es el conjunto de Cádiz y San Fernando para explotar las ricas rutas
atlánticas del estaño y del cobre y el mercado tartésico-turdetano. Fue conocida por los griegos como Gádeira y
por los romanos como Gades. La descripción más extensa sobre la fundación de Gadir se debe a Estrabón y, por
ello, es uno de los autores más citados. Menciona la existencia de dos intentos previos, fallidos por voluntad
divina a través de ritos y oráculos, en Sexi —Almuñécar--- y Onoba — acaso Huelva—, muy lejos del Estrecho,
mas,
“en la tercera expedicion fundaron Gadeira, y alzaron el santuario en la parte oriental de la isla, y la ciudad en
la occidental”
Estrabón, Geografía, III, 5, 5.
Comercian con los pueblos del sur y sureste peninsular e influyen en ellos con dos consecuencias
importantísimas:
1ª) generalizaron el uso del hierro en la Península (lo fabricaban ya aquí).
2ª) dieron lugar a una cultura nueva, la de Tartessos, los tartesios se extendieron por la zona del Bajo
Guadalquivir (tesoro del Carambolo, Sevilla) y Extremadura. (Tartessos se verá más adelante).
Los fenicios desaparecen de la Península hacia el siglo VI a. C porque uno de sus núcleos originarios, la
ciudad de Tiro (al sur de El Líbano), es conquistada por los babilonios, lo que les hizo decaer y abandonar su
actividad comercial en la Península.

b) Griegos
Llegaron procedentes de varias polis hacia el siglo VII a.C, en la época arcaica de la Hélade, durante su etapa
de colonización de puntos del Mediterráneo occidental; pero la verdadera colonización se inició en el siglo V
a.C., con la llegada de focenses de Massalia (Marsella, en la actual Francia, era una colonia de focenses, es decir,
de griegos procedentes de la ciudad de Focea, en la actual Turquía). Desarrollan ciudades con auténtica
estructura y funciones urbanas: colonias comerciales en la costa noreste de la Península, como Emporion
(Ampurias, en Gerona) y, después, Rhode (Rosas), Hemeroskopeion (Denia, en Alicante, aunque hoy se duda de
si la fundaron o la compartían con sus fundadores fenicios), Saguntum (Sagunto, en Valencia).

Moneda de Emporion. En el anverso vemos la


cabeza de la ninfa Arethusa y en el reverso la
leyenda emporiton (emporitanos) en griego y un
pegaso, símbolo de la ciudad.

También Estrabón es la fuente histórica a la que hay que acudir par conocer la fundación de Emporion:
«Los emporitanos habitaban antes una islita delante de la costa que hoy se llama Palaiápolis, pero hoy viven ya en
la tierra firme. Emporion es una ciudad doble, estando dividida por una muralla, teniendo antes, como vecinos,
algunos indiketes (...). Pero con el tiempo se unieron en un solo estado, compuesto de leyes bárbaras y griegas,
como sucede también en otras muchas ciudades»
Estrabón, Geografía, III. 4, 8.
Mantuvieron un comercio muy intenso con los tartesios y, luego, con los iberos.

Casco griego hallado en la ría de Huelva en 1930. Siglo VI a.C. Real


Academia de la Historia, Madrid. Atestigua la presencia griega en
Tartessos y sus tratos con los tartesios.

Sobre el comercio con los íberos, podemos tomar como fuente las palabras del romano Tito
Livio sobre la Ampurias griega, escritas ya en tiempos romanos.
“Los griegos tenían muy bien guardada la parte de la muralla que daba a tierra, en la que habían una sola puerta
y en la que siempre estaba de guardia uno de los magistrados. Durante la noche, una tercera parte de los habitantes
hacían la guardia sobre las murallas; y no tanto como quien sigue una costumbre y para cumplir la ley, sino como si el
enemigo se hallase enfrente, así guardaban la vigilancia y hacían las rondas. No recibían en su ciudad a hispano alguno,
ni salían tampoco sin necesidad. La salida al mar era libre para todos, mas por la puerta que comunicaba con la ciudad
hispana nunca salían sino en gran número, por lo general la tercera parte que la noche anterior había estado de vigilia en
las murallas. El motivo de sus salidas era el siguiente: que, no siendo los hispanos prácticos en la navegacion, se
beneficiaban en el comercio de los griegos y deseaban adquirir aquellas mercancías exoticas que las naves llevaban, y
vender, a su vez, los frutos de sus campos. El interés de este mutuo comercio hacía que la ciudad hispana fuese accesible a
los griegos, y aumentaba su seguridad el hecho de haberse cobijado bajo la sombra de la amistad con Roma a la cual
servían , si con menos fuerza que los masaliotas (habitantes de Massalia, Marsella) con una fidelidad pareja”.
Tito Livio, XXXIV, 9.

De los restos materiales de su cultura nos quedan abundantes piezas cerámicas y esculturas en piedra y
bronce, todo lo cual influyó muchísimo en el arte ibérico.
c) Cartagineses
Llegan procedentes de Cartago a partir del siglo VI a.C. y se convierten en la potencia hegemónica del área.
Inicialmente ocuparon las antiguas factorías fenicias por motivos comerciales, primero Ibiza, y se repartieron
con los griegos áreas de influencia en la Península.
Su verdadera expansión llegó en el siglo III a.C., en la época de las Guerras Púnicas contra Roma, por
intereses militares de los cartagineses (púnicos): como los romanos les habían arrebatado Córcega, Cerdeña y
Sicilia, quisieron conquistar el sur y este peninsulares como base para invadir Roma por tierra. De la ocupación
del sur y este peninsulares se encargaron los generales Bárquidas (Amílcar Barca, Asdrúbal y Aníbal Barca): a
partir del año 237 a.C., Amílcar Barca y su yerno Asdrúbal sometieron la costa mediterránea y el valle del
Guadalquivir y Asdrúbal fundó la nueva Qart Hadasht (la Cartago Nova romana, actual Cartagena, en Murcia);
también a esa época pertenecen los restos púnicos de Melilla (Rusadir).
Aníbal, el hijo de Amílcar, atacó Italia desde la Península en una singular expedición militar, pero los ejércitos
romanos desembarcaron en Emporion en el año 218 a.C. y ya no abandonaron la Península, mientras que los
cartagineses desaparecieron tras su derrota definitiva hacia el 206 a. C. (vencidos por Escipión el Africano en
Cartagena, en Ilipa, o Alcalá del Río, y en Carteia).
Aparte de obtener metales, los cartagineses reclutaron mercenarios para sus guerras con los romanos (guerras
púnicas), entre ellos honderos baleares y jinetes peninsulares.
En la I Guerra Púnica, los romanos habían expulsado
a los cartagineses de Sicilia. Por ello, los
cartagineses invaden la península Ibérica con la
doble intención de aprovechar sus riquezas y de que
les sirva de base de operaciones para lanzarse contra
Roma por tierra. La Guerra empieza porque los
romanos, situados al Norte del Ebro por cierto
tratado con los cartagineses, sin embargo, se
declaran protectores de Sagunto, colonia griega en la
zona de dominio cartaginés y Aníbal la ataca y
masacra y se lleva un gran botín, ello supuso una
provocación hacia los romanos, que decidieron
empezar una nueva guerra, la II Guerra Púnica, que
va desde el año 218 a. C., fecha de la declaración de
guerra de Roma tras la destrucción de Sagunto, hasta
el 201 a. C., en el que Aníbal y Escipión acordaron
las condiciones de la rendición de Cartago.
En la II Guerra Púnica, la operación más arriesgada
fue la invasión de Italia por el Norte por los cartagineses de Aníbal con elefantes de guerra y 100.000 hombres, a los que hizo
atravesar los Alpes, sólo quedaron 40.000 hombres y 3 elefantes, pero ocupó el norte de la península Itálica. Roma comprendió que
tenía que desalojar a los cartagineses de Hispania para evitar una nueva invasión cartaginesa, por lo que envió a Publio Cornelio
Escipión, el futuro Escipión el Africano, quien tomó Cartago Nova, se alió con numerosas tribus hispanas y, tras sucesivas victorias,
consiguió derrotar definitivamente a los cartagineses de Hispania en la batalla de Ilipa, ciudad turdetana, hoy, Alcalá del Río, en
Sevilla, año 206 a.C., y expulsarlos. En esta guerra destacan las batallas de Cannas y Zama.
Es el desembarco romano en Emporion (Ampurias), en el 218 a. C., lo que dio inicio a la presencia romana en Hispania. La toma de
Qart Hadasht (209 a. C.) por Escipión el Africano fue el hecho más decisivo. Las batallas de Baecula (208 a. C.), de Ilipa, del
Guadalquivir y de Carteia (206 a. C., Carteia estaba en San Roque, en la bahía de Algeciras) significaron el fin de la presencia
cartaginesa en la península Ibérica, aunque se mantuvieron más tiempo en las Baleares.

Algunos de los restos culturales materiales más interesantes que dejaron


los cartagineses son: los sarcófagos antropoides de Cádiz y, según algunos
historiadores, el tesoro de La Aliseda, en Cáceres (aunque, para otros este
tesoro sería tartésico).

Sarcófagos antropoides de Cádiz: el


femenino es el más antiguo, podría ser
fenicio, el masculino es púnico
(cartaginés).
3.- LOS PUEBLOS PRERROMANOS

3.1.- Tartessos: la primera civilización peninsular


La cultura de Tartessos nace en la primera mitad del primer milenio a. C. en el suroeste de la Península
Ibérica, Cádiz, Huelva, Sevilla, al contactar un pueblo del Bronce Final Atlántico con fenicios y griegos, pero, en
el siglo VII. a.C., se extiende hasta Córdoba, Cáceres y Portugal (Valle del Guadalquivir hasta Jaén; por el oeste,
hasta Cáceres y el Algarve).
Desapareció hacia el siglo V a. C. tras haber decaído su comercio, al ser derrotados los griegos focenses, con
los que practicarían la mayor parte del comercio, por los cartagineses en el siglo VI a.C., en la batalla de Alalía,
en Córcega. Pero no se sabe exactamente por qué desapareció.
Aún no hay acuerdo entre los historiadores sobre si, además de una cultura, fue un río, o una ciudad o un reino
extenso desde Huelva hasta Cartagena. Tampoco hay pruebas de la existencia de todos los personajes tartesios
que las fuentes mencionan, así, los supuestos monarcas Gerión, Gárgoris y Habis, son míticos, mientras que
parece ser que el rey Argantonio sí fue real, aunque también está envuelto en la leyenda.
Tampoco se ha localizado su centro más importante, la ciudad principal, para unos estaría en las proximidades
de Huelva, para otros, en alguna de las islas existentes entonces en la desembocadura del Guadalquivir.
Cada vez tenemos más fuentes arqueológicas, los yacimientos tartésicos: en la provincia de Huelva, La Joya y
el Cabezo de San Pedro; en la de Sevilla, El Gandul, Carmona y El Carambolo (hoy se duda de si es tartesio o
fenicio); en Córdoba, La Colina de los Quemados; en Badajoz, Medellín y Cancho Roano; en Portugal, Alcácer
do Sal; en Cádiz, Mesas de Asta, la Asta Regia romana (próxima a Jerez de la Frontera). De algunos de ellos
proceden tesoros fabulosos como el de El Carambolo (Sevilla, hacia 600 a. C. o 550 a.C).
Tesoro de El Carambolo, hoy es considerado fenicio. Se guarda en la caja fuerte
de un banco (sendas reproducciones pueden verse en Sevilla, en su Museo
Arqueológico y en su Ayuntamiento). Muestra un exquisito trabajo de orfebrería,
algunas concavidades seguramente llevaban incrustaciones de turquesas, piedras
semipreciosas o pasta vítrea.
Se halló en 1958 en el cerro de El Carambolo, municipio de Camas, a tres
kilómetros de Sevilla. Recientes estudios concluyen que se trata del ajuar propio
de animales que eran sacrificados en templos fenicios dedicados al dios Baal y la
diosa Astarté, lo que confirmaría las hipótesis formuladas en 1979, que divergían
de la tradicional atribución de las piezas a la cultura tartésica, que había sido
mantenida desde que el Tesoro fue estudiado por una de las máximas
autoridades en Tartessos, el profesor Juan de Mata Carriazo, y mantenida por
otros grandes historiadores como Blanco Freijeiro y Maluquer de Motes. Hay
controversia: para muchos, es improbable su uso en animales dado el valor del ajuar -ya que son unos tres kilos de oro- y
dado el uso que se daba normalmente a las joyas en la Antigüedad.

Lo que sabemos de la brillante civilización tartésica es que:


• tenían una economía basada en la agricultura, ganadería, minería, artesanía y el comercio de metales,
especialmente con los fenicios (exportación de oro, plata, cobre, estaño, hierro y plomo).
• S u sociedad estaba jerarquizada, con una élite o aristocracia dominante (lo prueban las tumbas
principescas de la necrópolis de La Joya).
• Estaría gobernada por un monarca hereditario perteneciente a la aristocracia, como fue Argantonio.
• Tenían leyes escritas, al menos en el sur de Portugal y bajo Guadalquivir (escritura emparentada con la
fenicia y la griega. Su existencia la prueban unas lápidas sepulcrales del Algarve, Alemtejo y bajo
Guadalquivir, como mínimo, del siglo V a. C. con
inscripciones en un idioma desconocido semisilábico escrita
de derecha a izquierda. De su idioma parece que derivó la
lengua de los turdetanos, de los que dice Estrabón que tenían
escritos y leyes con más de 6.000 años de antigüedad).

Reproducción de la Estela de Bensafrim (al suroeste de


Portugal, cerca del cabo San Vicente), con una
inscripción en escritura y lengua supuestamente
tartésicas.
• Tenía cultos religiosos (relacionados con Astarté) y modelos
artísticos transmitidos por los fenicios.

Pieza de bronce tartésica conocida como «Bronce Carriazo» que


representa a la diosa fenicia Astarté como diosa de las marismas
y los esteros. Se encuentra en el Museo Arqueológico de Sevilla
y es una de las obras tartésicas más conocidas.

Tesoro, de La Aliseda (Cáceres), de oro, tal vez fue


el ajuar funerario de una dama de alcurnia Permite
apreciar el influjo fenicio en el ámbito de Tartessos.
Así sucede con el cinturón, en el que se han
representado temas orientales como grifos alados,
palmetas y un hombre luchando con un león.

Pendiente de oro del tesoro tartésico de La Aliseda (comarca de La Serena, en


Cáceres). Siglo VII a.C. Museo Arqueológico Nacional, Madrid. Permite
comprobar cómo la presencia fenicia introdujo en orfebrería motivos y técnicas
orientales, así, la palmeta, que aquí se repite, representa el árbol de la vida, tema
iconográfico de Oriente Próximo.

En cuanto a las fuentes históricas para el conocimiento de Tartessos, la primera mención escrita a un lugar que
los historiadores han coincidido en que se trata de Tartessos aparece en La Biblia, en el Libro de los Reyes, pero
es muy dudosa; según ella, en el siglo X a. C. las naves de Salomón, rey de Israel, y las del rey fenicio de Tiro
volvían cada tres años cargadas de oro de un lejano y misterioso lugar llamado Tarshish, pero muchos autores
consideran que se refiere a algún puerto del Mar Rojo (escrito en el siglo VII a.C., se remite a tres siglos atrás, cuando la
opulencia mineral del sur de la península Ibérica atraía a los primeros navegantes semitas del Mediterráneo; atestiguaría la
actividad comercial de Israel y Tiro con Tartessos):
«El rey Salomon tenía en el mar naves de Tarsis con las de Hiram [rey de Tiro], y cada tres años llegaban las
naves de Tarsis, trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales».
Libro de los Reyes, I, 10-22

Diversos autores de la Antigüedad posteriores a Tartessos escribieron sobre ella y nos han proporcionado las
fuentes escritas históricas para su conocimiento. Así, las Historias de Heródoto, del siglo V a. C., hablan del rey
Argantonio (“Hombre de plata”, se dice que vivió 120 años y reinó 80) y de su incontable riqueza, sabiduría y
generosidad, así como de las relaciones de Tartessos con Grecia.
Según Heródoto, Argantonio propició el comercio con los focenses durante 40 años para romper el monopolio fenicio. Les ofreció
que se asentaran en sus tierras cuando los persas acosaban Focea, en Jonia, los focenses rechazaron su ofrecimiento pero les dio un
cargamento de plata para costear el reforzamiento de sus murallas. Después de él desaparecen las citas relativas a Tartessos.
...Un navío samio [perteneciente a Samos, isla del archipiélago de las Espóradas], que tenía por patrono a Colaios y que se
dirigía hacia Egipto, fue arrojado fuera de su ruta a la isla de Platea; los samios confiaron todo el asunto a Corobios y le
hicieron un deposito de víveres para un año. Ellos mismos, que, al partir de la isla, habían marchado con un enorme deseo de
llegar a Egipto, navegaron fuera de su ruta, arrastrados por el viento del Este; y, sin dejar de soplar el viento, alcanzaron las
columnas de Hércules y, conducidos por un dios, llegaron a Tartessos. Este lugar de comercio estaba sin explotar en esta época,
de forma que, a su vuelta, estos samios realizaron con su cargamento el mayor beneficio que haya conseguido hasta ahora
ningún griego, del que nosotros tengamos referencias exactas, si exceptuamos a Sostrato, hijo de Laodamente de Egina, que
ningún otro puede compararse con éste. De sus ganancias los samios dedujeron el diezmo, seis talentos [unidad de moneda de
cuenta en Grecia y Roma antiguas, correspondía aproximadamente a la masa del agua que se necesitaba para llenar un ánfora, en
Grecia eran unos 26 kg, de plata, normalmente] y ordenaron fabricar un jarron de bronce en forma de crátera argolica.
Heródoto, Historias, IV, 152.
El viaje de Coleo de Samos a Tartessos hacia 640-630 a.C. narrado por Heródoto es el primer testimonio de la presencia griega
en Occidente. Respecto a estas fuentes griegas, la historiadora M. E. Aubet observa que transmiten una imagen idealizada de
Tartessos donde personajes míticos (Heracles o Gerión) se mezclan con otros históricos, como Argantonio, entre leyendas sobre
sus fabulosas riquezas argéntea, agrícola y ganadera.

Otros historiadores y viajeros de la Antigüedad de los siglos VI al IV a.C. dejaron constancia de Tartessos: el
griego Hecateo de Mileto, y, sobre todo, el escritor romano Avieno, que, en su Ora marítima, hablaba de un río
llamado Tartessos que ceñía la isla en la que se encontraba la ciudad, también denominada Tartessos (Ora
marítima es un poema que describe las costas mediterráneas basándose, según Avieno, en fuentes antiquísimas
de autor desconocido, una de las cuales, del siglo IV a. C., dice ser un «periplo», viaje de navegación costera, de
un marino griego o cartaginés, desde las costas de Britannia hasta Massalia, y describe los lugares visitados por
el marino, por ello proporciona las noticias más antiguas sobre la península Ibérica); otro autor del siglo IV a.C.,
Eforo, se refería igualmente a:
«un mercado muy prospero, la llamado Tartessos, ciudad ilustre, regada por un río que lleva gran cantidad de estaño,
oro y cobre de Céltica»

Pectoral de oro en forma de piel de toro perteneciente al tesoro de El Carambolo, hallado


en 1958 en el cerro del mismo nombre, próximo a Sevilla, y de casi 3 kg. de oro. Entre
2002 y 2005 se excavó allí un recinto sagrado del siglo VIII a.C., ampliado en el siguiente.
Es de tipo fenicio, pero su altar en forma de piel de toro extendida, que se corresponde con
los pectorales del tesoro que tienen igual forma, es un rasgo original del mundo tartesio.
Puede que las joyas que forman el tesoro de El Carambolo fuesen ornamentos de una
imagen de culto (quizás adornaron toros sagrados) o atributos sacerdotales.

Arreo de caballo procedente de Cancho Roano (Badajoz), con la forma de «señor


de los caballos» (despotes hippon). A principios del siglo VI a.C., en el valle de
la Serena (Badajoz) se levantaba un palacio-santuario que fue reedificado en dos
ocasiones, la última a principios del siglo V a.C.; su arquitectura y los altares en
forma de piel de toro extendida recuerdan los de El Carambolo. El santuario de
Cancho Roano, excavado desde 1978, se ha relacionado con las élites tartesias, y
su ubicación en Extremadura atestigua la amplia difusión de la cultura tartésica y
de la influencia oriental que la caracterizaba.

Estela de Solana de Cabañas (Cáceres).


Siglos VIII-VI a.C. Museo Arqueológico
Nacional, Madrid. Guerrero con escudo,
armas y carro. Las estelas funerarias de
guerreros halladas en Extremadura y
Andalucía son una manifestación de la
cultura tartésica.

Ánfora griega del siglo VI a.C. que muestra la lucha entre Hércules y Gerión, mítico soberano de
tres cabezas que gobernaba Tartessos, país situado en los confines del mundo conocido. Cuenta el
mito griego que Hércules, después de matar al gigante Gerión –el primer rey de Tartessos, según la
leyenda–, se apropió de su rebaño de toros rojos, en el que fue el décimo de sus doce trabajos. El
toro debió de ser un elemento importante en la cultura de Tartessos. Esta representación muestra el
conocimiento de Tartessos por parte de los griegos.

ACTIVIDADES
1. Resume las características principales del reino de Tartessos y cita las fuentes históricas para su conocimiento.

Sobre el mito y la realidad de Tartessos y los hallazgos e interpretaciones diversas os dejo una ampliación al final del tema, sólo
por si os interesan los enigmas de Tartessos.
3.2.- Las culturas peninsulares prerromanas de la Edad del Hierro

Durante la Edad del Hierro y hasta la llegada de


los romanos (siglos VIII a III a.C.) se configuraron
en la Península y en las Islas Baleares varias
culturas indígenas c o n distintos grados de
desarrollo:
a) la cultura íbera,
b) la cultura celta y precéltica y
c) la cultura celtíbera.

a) Iberos, una civilización histórica:


Eran un conjunto de pueblos con una lengua común situados entre las costas mediterráneas y la Meseta, serían
los mismos peninsulares de la Edad del Bronce anteriores a la llegada de los indoeuropeos o celtas, que ya son
de la Edad del Hierro.
Ocupaban una ancha franja mediterránea y Andalucía (zona costera desde el sur de Francia hasta Alicante y,
hacia el interior, valle del Ebro, el del Segura, gran parte de La Mancha meridional y oriental hasta el río
Guadiana y valle alto del Guadalquivir).
Sus nombres, según diversos autores de la
Antigüedad clásica, eran: airenosinos y andosinos en el
Pirineo Catalán, indigetes, lacetanos, layetanos y
ausetanos de norte a sur en Cataluña, sedetanos en
Huesca, ilergetas en Teruel, ilercavones, edetanos y
contestanos, de norte a sur, en Valencia, mastienos en
la costa de Murcia, bastetanos en Andalucía oriental,
turdetanos, herederos de los tartesios, en Andalucía
central y occidental, conios, también de ascendencia
tartésica, en el Algarve portugués, oretanos, en Jaén
(centrados en Cástulo), Ciudad Real y Albacete,
baleáricos, además de elisices, sordones, ceretanos,
bergistanos, castelani, cossetanos, iacetanos,
suessetanos.
Su civilización fue fruto de la aculturación de los
pueblos indígenas de la edad del bronce por la presencia de los colonos fenicios y griegos (aculturación:
asimilación por un pueblo de características de una cultura exterior por contacto).
Se dedicaban a la agricultura y a la ganadería, a la minería y actividad textil y comerciaban con los
colonizadores mediterráneos, de los que asimilaron el uso de la moneda.
Tenían una organización social jerarquizada en tres niveles: el primero,
una aristocracia de jinetes, el grupo dominante, el segundo, siervos y, el
tercero, esclavos. Existía una relación personal de culto al jefe, se
denomina “devotio iberica”.

Jinete ibero del siglo III a. C. Parte del


Grupo Relieve de Osuna (Sevilla).
Museo Arqueológico Nacional, Madrid.

S u organización política e r a e n tribus, que vivían en ciudades


independientes, cada una de las cuales estaba gobernada por un reyezuelo o
“tiranos”, aunque también podía gobernar en más de una. Apreciaban los
valores guerreros.
Réplica del Guerrero de la doble armadura, procedente del yacimiento del Cerrillo Blanco de
Porcuna, Jaén. Hoy en el Museo de Jaén. Escultura ibérica de la primera mitad del siglo V a. C.
realizada en piedra calcarenisca blanca de grano fino. Sólo se conservan la cabeza, el torso y parte
del brazo izquierdo y del muslo derecho. Representa a un guerrero aristócrata en combate, ataviado
con armadura, casco — con piezas metálicas integradas—, escudo circular o caetra, que llevaría en
la mano izquierda, y espada desenfundada en la derecha. Muestra la influencia de la escultura
griega arcaica (rostro esculpido sobre un cuadrado, tratado en grandes planos rectilíneos, es un
joven sereno, de proporciones armoniosas, con una boca fina de labio inferior algo carnoso,
esbozando una leve sonrisa, y ojos rasgados con pupilas y párpados fuertemente marcados). Permite
conocer la indumentaria de un guerrero ibero aristócrata del siglo V a. C. (casco de cuero, que
cubría las orejas y llegaría hasta la nuca, y con una cinta en el centro, base de una cimera que
representaba un felino del que sólo se conserva una parte de las patas, posiblemente, el casco
llevaba alas y cuernos. Viste túnica muy ajustada, ceñida por un cinturón con hebilla, con escote en
forma de «V» por delante y por detrás; sobre esta se dispone el peto, sujeto por correas que pasan
sobre los hombros y se cruzan por la espalda. Sobre el peto se disponen las grandes fáleras (discos
de bronce), que cubren pecho, espalda y hombros, unidas con correas anchas; por encima, un
ancho tahalí de donde cuelga, sujeta con anillas, una vaina vacía para alojar una falcata (espada de
gran tamaño). Brazalete en espiral.

Falcata íbera del siglo IV a.C.,


Museo Arqueológico Nacional, Madrid.

Culturalmente eran muy avanzados, con alfabeto y


escritura propios surgida por influencia de los fenicios
(podemos leer sus textos porque su alfabeto fue descifrado en
la década de 1920 por Manuel Gómez-Moreno pero no
podemos comprender casi nada de ellos).

Escritura íbera en los Plomos de Ullastres, Murcia, siglo IV


a.C. Existen unas dos mil inscripciones en escritura íbera en
estelas funerarias, plomos, cerámica, monedas, etc.

Sus ciudades o poblados, a los que los romanos llamaron “oppida”, estaban en lugares elevados y defendidos
por murallas de piedra, pues los iberos habían desarrollado la arquitectura, tenían las casas de piedra y calles
empedradas.
Seguían modelos artísticos fenicios y griegos. Así su escultura tiene características arcaizantes, destacan la
funeraria (damas con una cavidad posterior para depositar las cenizas u ofrendas: damas de Elche y de Baza) y la
de altares a sus divinidades (relacionadas con caballos y lugares sagrados, hay esculturas de genios alados
protectores). Su primera cerámica ya es a torno e imita la forma decoración de la fenicia del siglo VII a. C,
luego, imita a la griega de figuras rojas, por ser un producto de lujo muy apreciado por las élites para mantener
su prestigio. Su moneda también es de influencia griega.

Dama de Baza (procedente del


yacimiento Cerro del
Santuario, necrópolis de la
ant igua Bast i, Granada),
reproducción que representa
cómo se había dispuesto en una
tumba, quizá de una reina-
sacerdotisa íbera. Es de piedra
caliza policromada.

Dama de Elche, Alicante


Bicha de Balazote, Albacete. Siglo VI a. C. Tiene cabeza humana con cuernos y cuerpo de
toro en reposo. El hieratismo y los cabellos geométricos son rasgos arcaicos llegados desde
Grecia. Como los griegos usaban estatuas de toros androcéfalos para representar los ríos, que,
a su vez, significaban fertilidad de los campos, el toro era símbolo de fecundidad, por ello se
piensa que esta escultura formaría parte de un templo con carácter funerario y representaría la
vida futura que se le deseaba al difunto.

Esfinge de El Salobral, Albacete. Tiene función


protectora y raíces en Grecia, donde habían
tomado el tema de pueblos de Oriente Medio
anteriores (Asirios, babilonios y persas).

Imitación ibérica de ánfora fenicia, del


Alto de Benimaquia (Denia), sigloVI a.C.

Cerámica ibérica pintada del Castellet de


Bernabé (Llíria – Valencia).

Urna de orejetas perforadas de La Solivella (siglo VI-V a.


C.). Era imitación de una cerámimca procedente del Este
del Mediterráneo que se hizo muy común para guardar las
cenízas del difunto por tener tapa hermética, aparece en
casi todas las necrópolis ibéricas.

Detalle del Vaso de los Guerreros del yacimiento de Tosal de San


Miguel, antigua Edeta (los edetanos estaban en Valencia), hallado
en Liria. Corresponde a la escuela de Liria-Oliva, estilo decorativo
epigráfico, floral y humano de la cerámica ibérica pintada, donde
se representan personajes de ambos sexos ocupados en actividades
como el combate, la caza o la vida espiritual, a veces acompañados
de leyendas epigráficas en alfabeto levantino. Es evidente la
influencia de los modelos cerámicos griegos. Corresponde a la
producción de bienes de prestigio impulsada por la aristocracia.

En cuanto a las fuentes escritas, los griegos utilizaron la palabra “ibero” para designar
el litoral mediterráneo occidental, y posteriormente, para todas las tribus de la península Ibérica. También
llamaban Iberia al conjunto de sus pueblos. Las primeras descripciones de la costa ibera mediterránea provienen
del poeta romano Avieno del siglo IV en su Ora maritima, del viaje de un marino de Massalia mil años antes
(530 a. C.):
“La mayor parte de los autores refieren que los iberos se llaman así justo por este río, pero no por aquel río que baña a los
revoltosos vascones. Pues a toda la zona de este pueblo que se encuentra junto a tal río, en direccion occidente, se la denomina
Iberia. Sin embargo el área oriental abarca a tartesios y cilbicenos”.
Avieno, Ora marítima.
Otros autores de la Antigüedad que aportan noticias sobre los iberos son: el geógrafo e historiador griego del
fines del siglo I a. C y principios del I Estrabón, hace una descripción de esta zona basándose en autores
anteriores, y se refiere a las ciudades de la Turdetania, como descendientes de la cultura de Tartessos; el
historiador romano del siglo II Apiano habla de pueblos y ciudades íberas ya desaparecidos en su época y
describe la parte más occidental de Andalucía.
LA TURDETANIA
“De la Turdetania se exporta trigo, mucho vino y aceite; este último en cantidad y calidad insuperables. Se exporta también
cera, miel, mucha cochinilla y minio. Fabrican ellos mismos sus barcos con maderas del país (...). Hay en Turdetania sal fosil y
no pocos ríos salados. Además se hace no poca salazon de pescado. Anteriormente, importaban muchos tejidos, hoy en día, sus
lanas son muy solicitadas y no hay ninguna que las supere en belleza. La abundancia de rebaños de todo tipo es muy grande,
como también lo es la caza (...).
Los turdetanos tienen fama de ser los más cultos entre los iberos; tienen una gramática y poseen escritos de antigua memoria,
poemas y leyes en verso, que, según dicen ellos, tienen seis mil años. Los otros iberos tienen también su gramática; pero ésta no
es uniforme, porque tampoco todos hablan la misma lengua (...)”.
ESTRABÓN: Geografía. Libro III (siglo I a.C.)

ACTIVIDAD
2. Tras haber leído el texto anterior, contesta las siguientes preguntas.
a) ¿A qué pueblo prerromano se refiere y a qué cultura o conjunto de pueblos pertenecía?
b) ¿Qué aspectos de los pueblos prerromanos se reflejan en él ?
c) ¿Quién es el autor de esta fuente histórica?

b) La cultura celta y la precéltica:


Se extendía por el territorio no ocupado por los íberos, excepto el centro-este, donde se situaron los celtíberos.
Los celtas eran pueblos indoeuropeos que llegaron a la Península Ibérica entre el siglo IX a. C. y el siglo VII a.
C., trajeron el uso del hierro y ocuparon lo que hoy es Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, norte de Castilla
y p a r t e d e P o r t u g a l (Según
recientes estudios podría ser una
cultura autóctona del norte de la
Península que se habría expandido
por las costas del Atlántico
Noroccidental). En cualquier caso,
la influencia de los pueblos
mediterráneos colonizadores fue
mucho menor sobre los celtas que
sobre los íberos.
Algunos de estos pueblos eran:
los berones, en La Rioja, los
vacceos en Tierra de Campos
(Segovia,Valladolid, Palencia y
Zamora), vetones en Cáceres,
Salamanca, Ávila y Zamora,
carpetanos en Madrid, Toledo y
Ciudad Real, y lusitanos en el
centro de Portugal.
Se organizaban en pueblos que
se federaban en tribus, dominadas
por grupos aristocráticos. Vivían
en poblados pequeños pero
permanentes y fortificados (castros), con casas de planta circular y cubierta de paja.
Se resistieron a la conquista romana.
Unos vivían de la agricultura, como los vacceos, y, muchos otros de la ganadería (pastoreo), como los vetones,
que dejaron muestras de ello en sus grandes esculturas de piedra de animales conocidas como verracos, los más
famosos de los cuales son los Toros de Guisando (Ávila), los cuales estarían relacionados con cultos ganaderos.
Poseían una metalurgia del hierro avanzada que les proporcionó gran capacidad guerrera y extendieron el uso
de este metal. Sin embargo apenas tenían artesanía ni comercio.

Castro celta y Toros de Guisando (El Tiemblo, en Ávila), conjunto escultórico vetón (los vetones estaban en Badajoz, Cáceres,
Salamanca y Ávila) próximo al cerro de Guisando. De los siglos II y I a. C., durante la Edad del Hierro. Son cuatro esculturas en
bloques de granito de más de dos metros y medio de largo que representan toros pues en algunas de las cabezas hay oquedades para la
inserción de cuernos, también podrían ser verracos (cerdos sementales). Se encuentran costado contra costado, formando una línea en
dirección norte-sur y miran al oeste, a la loma del cerro de Guisando. Muestran un incipiente realismo pues, además de los agujeros
para los cuernos, tienen suaves surcos paralelos en el cuello que reproducen los pliegues naturales. Se supone que eran protectores del
ganado o que tendrían fines religiosos, mágicos, funerarios, o podrían haber sido hitos en las cañadas o marcadores territoriales.

COSTUMBRES DE LOS LUSITANOS


Se dice que los lusitanos son hábiles en planear emboscadas, diligentes para indagar, agudos, rápidos, buenos en la maniobra.
Llevan un escudo pequeño de dos pies de diámetro, concavo por delante, atado con correas, ya que no tiene asas ni por el centro
ni por los costados. Llevan, además, una daga o un cuchillo. La mayoría se cubre con una cota de lino. Son raros los que emplean
cota de malla y cascos de triple cimera, ya que la mayoría emplean cascos hechos de tendones.
Los infantes utilizan grebas y cada uno lleva varios venablos. Algunos emplean también lanzas, siendo de bronce las puntas.
Se dice que algunos de los pueblos que habitan en las riberas del Duero llevan una vida espartana: se ungen con aceite dos veces
al día y practican baños de vapor (vertiendo agua) sobre piedras escaldadas. También se bañan en agua fría y comen una sola vez
al día frugal y limpiamente. Los lusitanos son amantes de los sacrificios y examinan las entrañas sin cortarlas. También escrutan
las venas de los costados y hacen sus predicciones, observándolas.
Consultan igualmente las entrañas de los prisioneros de guerra. Primero los cubren con sayos, luego, cuando el arúspice les
golpea en las entrañas, obtienen un primer presagio por el modo como cae el cuerpo. Cortan las manos a los cautivos y consagran
las diestras a la divinidad.
ESTRABÓN, Geografía, III, 3, 6

c) Celtíberos:
Eran un conjunto de pueblos asentados en la Meseta oriental y Sistema Ibérico, en torno a las cabeceras del
Tajo y del Duero. Eran celtas o muy influidos por estos y por la cultura de los “campos de urnas” (del final de la
Edad del Bronce y de la del Hierro) pero tenían más contacto cultural con los iberos del Levante que el resto de
pueblos peninsulares y, tardíamente, recibieron influencias de ellos, por ejemplo, aprendieron a hacer la cerámica
a torno, de ahí su nombre.
Destacan los arévacos, en Segovia y Guadalajara, los pelendones, en Soria y los lusones, titos, belos y
turboletas, en Zaragoza y Teruel.
Se organizaban en tribus. Habitaban poblados fortificados, de los que destaca la ciudad de Numancia (Soria) y
se dedicaban al pastoreo, pero también eran cotizados mercenarios por su arrojo en el combate y salvajismo y
tendían al bandolerismo y al pillaje, que les llevaba a saquear los ricos poblados ibéricos levantinos o del valle
del Ebro.
COSTUMBRES DE LOS CELTÍBEROS
Los celtíberos proporcionan para la guerra no solo hábiles jinetes, sino también soldados de infantería, excelentes por su
vigor y valor. Visten éstos ásperos mantos negros, cuya lana se parece a la piel de cabra.
Algunos de los celtíberos van armados de escudos ligeros, como el de los galos. Otros llevan escudos de mimbre, tan
grandes como un escudo griego y llevan grebas hechas de pelo. Sobre su cabeza portan yelmos de bronce adornados con
penachos de púrpura. Sus espadas son de doble filo, de excelente fundicion; llevan también dagas de un palmo de largas
para las luchas cuerpo a cuerpo [...]. Entierran planchas de hierro y las dejan bajo el suelo hasta que, pasado el tiempo, la
herrumbre devore lo más débil del hierro y quede solo lo más solido. De ello obtienen excelentes espadas y otras armas. El
armamento así fabricado atraviesa todo lo que se le pone por delante [...].
Luchan de dos maneras: después que han vencido a caballo al enemigo, desmontan y, actuando como infantes, pelean de
modo admirable.
Tienen entre ellos una costumbre peculiar: son limpios y cuidadosos en su vida diaria, pero observan una práctica que es
vulgar y muy sucia: bañan con orina su cuerpo y limpian sus dientes con el mismo producto, pensando que es muy sano para
el cuerpo.
Los celtíberos son crueles con sus enemigos y adversarios, pero con los extranjeros se comportan muy dulce y
amablemente. Todos ruegan a los extranjeros que tengan a bien hospedarse en sus casas y rivalizan entre ellos en la
hospitalidad.
Aquellos a quienes prestan servicio los extranjeros gozan de gran predicamento y se les llama amados de los dioses.
En cuanto a la comida, se alimentan de toda clase de carnes en gran abundancia. Como bebida utilizan vino mezclado
con miel, ya que la region produce gran cantidad de este producto, aunque, en cuanto al vino, lo adquieren de los
comerciantes que lo importan.
DIODORO SÍCULO, V, 33, 34

Reconstrucción de una vivienda celtibérica en Numancia (Soria). Las casas,


tenían tres habitaciones: en la principal, con un hogar de piedra, comían, dormían
y amaban; otra era la despensa y, la tercera, vestíbulo y entrada. La techumbre se
hacía con centeno. Anejo, había un corral rectangular. Una muralla reforzada por
varios torreones, con cuatro puertas, defendía a los numantinos, que podían vivir
de modo permanente en un número de 2.000.

d) Pueblos del norte:


Se situaban desde la costa atlántica de
Galicia hasta el Pirineo aragonés, eran tribus
de zonas montañesas que se dedicaban al
pastoreo, a p e na s c ul t i va b a n , t a m bi é n
recolectaban y pescaban, otra actividad era el
pillaje. Eran los galaicos, astures, cántabros,
autrigones, casistios, várdulos y vascones.
Estaban influidos por la cultura celta, por
ejemplo, solían vivir en castros, poblados
fortificados cuyas viviendas eran, en su
mayoría, circulares, con techo de paja o
ramaje, y sin ordenación alguna dentro del
poblado, siguiendo los altibajos del terreno, en
colinas de fácil defensa.
S u sociedad se organizaba en familias
matriarcales y en función de la capacidad
guerrera.
Tenían ritos relacionados con la naturaleza y
la hechicería (magia y adivinación).
En cuanto a las fuentes escritas, Estrabón,
autor griego del siglo I a. C., afirmaba que todos los pueblos del norte de la península Ibérica tenían unas
costumbres salvajes.
Este mapa muestra los territorios que habían entrado en
la Historia, con civilizaciones con escritura propia,
durante la Edad del Hierro en la Península Ibérica. Es
evidente que son los que mantenían intensas relaciones
comerciales con los pueblos mediterráneos
culturalmente más avanzados, fenicios, griegos y
cartagineses, o, como en el caso de los celtibéricos, por
el contacto con los que tenían ese contacto directo, los
íberos.

ACTIVIDADES
3. Explica el diferente nivel de desarrollo de las áreas celta e ibérica en vísperas de la conquista romana
en relación con la influencia recibida de los indoeuropeos, el reino de Tartesos y los colonizadores fenicios y
griegos.

4. Dibuja un mapa esquemático de la península Ibérica y delimita en él las áreas ibérica y celta.

5. Lee el siguiente texto y contesta las siguientes preguntas:


a) ¿A qué conjunto de pueblos se refiere y cuáles son?
b) ¿Qué fiabilidad te merece este texto ? (¿el autor es fiable? ¿es coetáneo de lo que expone? ¿lo
conoce de primera mano? ¿es una fuente histórica o historiográfica?...), explícate.
c) ¿qué grado de refinamiento cultural se expone? (explícate)
d) ¿qué actividades económicas tenían y cómo eran sus transacciones?
e) ¿Estaban influidos estos pueblos por los colonizadores mediterráneos? (explícate)
f) ¿A qué cronología (fecha) y época corresponde?

“Todos los que en los montes habitaban, eran gente que comía poco, no bebían sino agua y dormían en el suelo.
Llevan el cabello crecido y largo como las mujeres, y al combatir se cubren con mitras la cabeza. Comen mucha carne
de cabras, las sacrifican a Marte y también prisioneros y caballos... Gustan de los certámenes gimnásticos,
ejercitándose en el manejo de las armas, en montar a caballo, en el pugilato y en la carrera y en los combates de
escuadrones. Los montañeses se alimentan en dos épocas del año de bellotas, secándolas, moliéndolas y, haciendo
pan con esta harina, las conservan largo tiempo. Beben cerveza, porque la tierra escasea en vino, y cuando se proveen
de él, al punto lo consumen en convites con los parientes. No usan aceite, sino la grosura y la manteca de vacas. Cenan
sentados, dispuestos, a este fin, asientos en las paredes. La edad y la dignidad llevan los primeros lugares. Mientras se
sirve la bebida, bailan al son de la gaita y flauta... Vístense todos de negro, con sayos, de que forman cama, echándolos
sobre jergón de hierbas. Beben en vasos de cera como los celtas; y las mujeres gastan ropas floridas. Cortando algo de
una lámina o plancha de plata, se servían de ello para sus transacciones mercantiles como numerario. A los
condenados a muerte los precipitan desde una roca; y a los parricidas los cubren de piedras, fuera de sus términos o de
sus ríos. Los casamientos son al modo de los griegos. A los enfermos los sacan al público, como los egipcios, a fin de
tomar consejo de los que hayan sanado de semejante accidente. Usaron de barcos de cuero hasta los tiempos de Bruto
para las inundaciones por las mareas (esteros) y para las lagunas, pero ahora emplean canoas. Tienen sal purpúrea,
que molida se convierte en blanca.
Este es el modo de vivir de aquellos montañeses que terminan al lado septentrional de España: de los gallegos,
digo, asturianos y cántabros, hasta los vascones y Montes Pirineos, pues todos viven de un mismo modo; pero como yo
huyo de fastidiar con un género de escritura desagradable, no gusto de poner muchos nombres, si ya no es que alguno
guste de oír los Pletauros, Barduetas y Allotrigas y otros nombres peores y más desconocidos que éstos. Pero la
inhumanidad y fiereza de costumbres, no tanto les proviene de la guerra como de tener morada alejada de otros,
porque los viajes hacia ellos son largos por tierra y por mar. Con lo cual ha sucedido que, no comerciando, han perdido
la sociedad y la humanidad. [...]
Circulan muchos relatos de testigos oculares sobre las costumbres en general de los pueblos íberos. Los del
norte se caracterizan especialmente no sólo por su valor, sino por una crueldad e insensibilidad totalmente salvajes. En
efecto, durante las guerras contra los cántabros las madres han matado a sus propios hijos para que no fueran
capturados. Se dice que un niño, obedeciendo órdenes de su padre, mató a sus padres y hermanos que estaban
encadenados como cautivos, y de una mujer que hizo lo mismo con sus compañeros de cautividad. Otro prisionero,
llamado por unos soldados borrachos, se lanzó a una hoguera [...].
Las mujeres se dedican a las labores del campo. Después de haber parido sirven en seguida a sus maridos,
quienes se acuestan, en vez de ellas, sobre la cama. Dan a luz en medio del trabajo, para luego, al borde de cualquier
corriente de agua, bañar y ceñir a los recién nacidos [...]. Se cuenta, también, a propósito de la falta de sensibilidad de
los cántabros, que algunos prisioneros clavados en cruces cantaban himnos de victoria. Tales actitudes podrían servir
de ejemplo de costumbres salvajes. Pero los cántabros tienen otras costumbres que quizá no sean aún muy urbanas,
pero al menos no son animalescas, como, por ejemplo, que los hombres den a las mujeres dote y que sean las hijas las
que hereden y las que escojan esposa para sus hermanos. Esta es una especie de matriarcado, aunque no se puede
denominar culturalmente avanzado”.
Estrabón, Geografía, Libro III, cap. 3.

4.- HISPANIA: LA PENÍNSULA IBÉRICA BAJO DOMINACIÓN ROMANA

4.1. Conquista y dominio


L a conquista romana de la Península comienza con la invasión romana en el 218 a. C. durante la II
Guerra Púnica y dura unos doscientos años.
Roma no había planificado esta conquista sino que se lanzó a ella como parte de sus acciones militares
contra los cartagineses, sus rivales en el Mediterráneo occidental, instalados en la costa este peninsular, en
Cartago Nova, desde el siglo III a. C. Inicialmente, ambos pueblos se habían repartido sendas áreas de influencia
en el Tratado del Ebro (226 a. C.), pero Aníbal lo rompió al atacar Roma por tierra, por lo que los romanos
decidieron atacar a los cartagineses en sus bases de la península Ibérica. Una vez aquí se dieron cuenta de las
riquezas que ofrecía la Península y decidieron ocuparla.
En la conquista se pueden diferenciar cuatro etapas:
1ª) La victoria de Roma sobre Cartago (218– 197 a.C): en ella, durante la II Guerra púnica, conquistan el sur y
el este peninsulares sin mucha resistencia indígena e incluso con su colaboración. Destacan las conquistas de
Cartago Nova y, finalmente, Gades por el general romano Publio Cornelio Escipión, el Africano.

Retrato del general romano Publio Cornelio Escipión, el Africano, quien, en 206 a. C. venció
definitivamente a los cartagineses en Hispania en la gran batalla de Ilipa (hoy, Alcalá del Río), cerca de
Hispalis (hoy, Sevilla). El ejército cartaginés quedó definitivamente destruido. Las últimas bases de Cartago
en Hispania cayeron rápidamente, la última ciudad púnica en Hispania, Gadir (la actual Cádiz), se rindió.
Durante la campaña, Escipión asentó a sus heridos y veteranos en una ciudad turdetana preexistente, a la que
llamó Itálica, bajo y junto a la actual Santiponce, a unos kilómetros de Hispalis, la actual Sevilla.

Operaciones de la II Guerra Púnica

2ª) Sometimiento del interior peninsular (197 – 154 a.C.): ocupan el alto Ebro, Este de la Meseta y suroeste, A la
vez es una etapa de consolidación y organizan administrativamente Hispania, creando dos provincias, la Citerior,
al norte, la Ulterior, al sur.
3ª) Ocupación del centro y Oeste, del 154 al 29 a. C.: para ello tuvieron que acabar con la fuerte resistencia de
los lusitanos (Viriato), en las llamadas guerras lusitanas, y de poblaciones celtíberas (Numancia), en las guerras
celtibéricas. Al final de esta etapa ocupan también las Baleares.

La Muerte de Viriato, detalle, obra de José de Madrazo y Agudo, 1808.


Viriato, caudillo indiscutible de la Lusitania, plantó cara a los
conquistadores mediante la guerra de guerrillas y llegó a imponer al
Senado un tratado de amistad. Pero el pacto fue efímero. Liquidado el
acuerdo de paz, Viriato fue traicionado por tres de los suyos, amigos que
habían sido sobornados por los romanos y que lo asesinaron en su
campamento mientras dormía. La victoria romana no tardó en llegar, y
con ella, el fin progresivo de las insurrecciones lusitanas.
Los últimos días de Numancia, de Alejo Mera,
1880. Los numantinos se resistieron a la
conquista hasta la muerte, fueron asediados por
Escipión. Finalmente, ante la imposibilidad de
rechazar a los romanos, la mayoría se suicidó
tras haber pasado a cuchillo a sus hijos y esposas
para no caer en la esclavitud. Numancia fue
arrasada y, de los pocos supervivientes, los
inútiles fueron asesinados por los romanos, el
resto fueron esclavizados. (Numancia está en
Soria).

Esta etapa se complicó porque, en ella, algunos episodios de Guerras Civiles de Roma (133-31 a.C) se desarrollaron y decidieron
en Hispania: los partidarios de los dirigentes romanos Sertorio y Pompeyo utilizaron Hispania como plataforma contra sus
respectivos enemigos; César venció a los pompeyanos en Munda (Montilla, Córdoba).

4ª) Sometimiento de las montañas del norte (29– 19 a.C.) durante las guerras cántabras, en las que el emperador
Octavio Augusto emprendió campañas contra galaicos, astures y cántabros, que se resistieron fuertemente. Al
finalizar esta guerra, Augusto funda Emérita Augusta para soldados veteranos. Con la victoria de Augusto,
finalizó la conquista de Hispania y se inició la Pax Romana.
ACTIVIDADES
1. Lee el siguiente texto y contesta las preguntas:
a) ¿Qué acordaron los romanos y con qué potencia extranjera en el 226 a. C)?
b) ¿Cómo se llama el acuerdo que firmaron?
c) ¿Quién tenían la autoridad sobre los cartagineses en la Península por entonces?
d) Sobre la fuente de información: Busca en la Wikipedia Polibio y contesta ¿el texto es histórico o
historiográfico? ¿Polibio fue coetáneo de los acontecimientos que narra o no? ¿Es fiable?

TRATADO DEL EBRO ENTRE ROMA Y CARTAGO (226 A.C.)


Por aquella época, Asdrúbal, actuando de un modo inteligente y pragmático, hacía en todo grandes avances
[...]. Los romanos, al ver que el poderío de los cartagineses era cada vez mayor y más temible, se decidieron a
intervenir en los asuntos de Iberia. Cayeron en la cuenta que se habían dormido en los tiempos anteriores y que
habían permitido a los cartagineses constituirse en una gran potencia, por lo que intentaron, en lo posible,
recuperar el tiempo perdido. Por aquel entonces no se atrevían a dar órdenes a los cartagineses o a hacerles la
guerra, ya que pendía sobre su nación el temor de los celtas y esperaban cada día una invasión. Adulando a
Asdrúbal y tranquilizándole, decidieron hacer frente a los celtas y luchar contra ellos. Pensaban que jamás
podrían dominar Italia y ni siquiera habitar seguros en su patria, teniendo a tales gentes como vigilantes sobre
sus cabezas. Por estas razones, enviaron embajadores a Asdrúbal para firmar un acuerdo en el que, sin
mencionar al resto de España, se decía que los cartagineses no podían atravesar el río Ebro con fines belicosos.
Al mismo tiempo emprendían la guerra en Italia contra los celtas.
POLIBIO, Historias-II, 13, 3-7

2, Lee el siguiente texto y contesta las preguntas:


a) ¿A qué pueblo se refiere el texto y a qué conjunto de pueblos pertenecía?
b) ¿Hacia qué fecha situarías estos acontecimientos?
c) ¿Dentro de qué fase de la conquista romana de la Península los incluirías y dentro de qué guerras?
d) ¿Qué general romano acabó con la resistencia numantina?
e) Sobre la fuente de información: Busca en la Wikipedia Apiano y contesta ¿el texto es histórico o
historiográfico? ¿Apiano fue coetáneo de los acontecimientos que narra o no? ¿Es fiable?

CAÍDA DE NUMANCIA
Los numantinos, agotados por el hambre, enviaron cinco hombres a Escipión, a los que se les había
ordenado preguntar si se les iba a tratar humanamente en el caso de rendición [...]. Escipión, que sabía lo que pasaba
en la ciudad por algunos prisioneros, respondió simplemente que los numantinos debían rendir sus armas y
entregarse ellos y la ciudad en sus manos. Cuando conocieron esta respuesta [...] los numantinos se enfurecieron con
Avaro y le mataron junto con los otros embajadores que habían ido con él por ser portadores de malas noticias y
porque quizá habían hecho arreglos para sí mismos con Escipión.
Poco después, se les acabaron todas las provisiones: no tenían ni grano, ni ganado, ni pastos. Entonces
empezaron, en primer lugar, como algunos otros en necesidades de guerra, a hervir pieles y a chuparlas. Cuando éstas
faltaron, comieron carne humana cocida. En primer lugar, las carnes de los recién fallecidos, cortándolas a trocitos.
Luego no quisieron las carnes de los enfermos y los más fuertes forzaron a los más débiles. Ningún sufrimiento les era
ajeno y sus espíritus se habían vuelto salvajes por tal clase de comida. Sus cuerpos parecían los de bestias salvajes,
con pelos largos y macerados por el hambre, la peste y el paso del tiempo.
En estas circunstancias se entregaron a Escipión. Este les ordenó que reunieran todas sus armas en el lugar
que les designara y al día siguiente que se reunieran en otro lugar. Pero algunos de ellos retrasaban ese día, declarando
que muchos estaban aún apegados a la libertad y que deseaban vivir su propia vida. Por este motivo, pidieron un día
para disponerse a morir [...]. Los que quisieron se mataron a sí mismos de las maneras más diversas. El resto se
presentó al tercer día en el lugar señalado con un aspecto horrible y absolutamente espantoso [...]. Escipión eligió a
cincuenta de ellos para su triunfo, vendió a los demás y arrasó la ciudad.
APIANO, Ibérica, 95-98

3. Lee el siguiente texto y contesta las preguntas:


a) ¿A qué pueblo se refiere el texto y a qué conjunto de pueblos pertenecía?
b) ¿Hacia qué fecha situarías estos acontecimientos?
c) ¿Dentro de qué fase de la conquista romana de la Península los incluirías y dentro de qué
guerras?
d) ¿Qué emperador romano acabó con esta resistencia ?
e) ¿Qué tiene que ver Mérida con esta campaña militar?
f) Sobre la fuente de información: Busca en la Wikipedia Dion Casio y contesta ¿el texto es histórico
o historiográfico? ¿Apiano fue coetáneo de los acontecimientos que narra o no? ¿Es fiable?

LAS GUERRAS CÁNTABRO-ASTURES


El propio Augusto combatió a la vez contra los astures y cántabros, pero como no se le acercaran,
resguardados en sus elevadas fortificaciones, ni se le ponían a mano por ser inferiores en número y utilizar
casi todos ellos armas arrojadizas y, además, le ocasionaban muchas dificultades si se ponían en
movimiento, al caer sobre él siempre desde posiciones más elevadas, y le tendían frecuentes emboscadas en
las hondonadas y los lugares boscosos, llegó a encontrarse en una dificultad completamente insuperable. A
causa de estos esfuerzos y preocupaciones, se sintió enfermo y se retiró a Tarraco para recuperarse allí.
Cayo Antistio continuó la lucha contra ellos y los reprimió por completo, no porque fuese mejor general que
Augusto, sino porque, teniéndole en menos los bárbaros, salieron al mismo tiempo al encuentro de los
romanos y fueron derrotados. De esta forma pudo tomar algunos de sus lugares y posteriormente Tito Carisio
conquistó Lancia, la mayor aldea de los astures, que había sido abandonada, y sometió a otras muchas.
Una vez finalizada esta guerra, licenció Augusto a sus soldados más veteranos y decidió fundar para
ellos una ciudad en Lusitania, que se llamó Emérita Augusta […].
Dion Casio, Historia Romana, LIII, 25, 5-8 y 26,1.

4. En conclusión ¿Cuáles son nuestras fuentes para el estudio de la conquista romana de la península
Ibérica?

4.2. La Romanización de la Península Ibérica


La romanización es el proceso histórico de aculturación por el cual la población indígena de Hispania asimiló
la cultura y los modos de vida romanos en diversas facetas: vida urbana, instituciones políticas y sociales,
economía, religión politeísta y modelos artísticos. Se produjo a través de los siguientes instrumentos: el latín (se
perdieron casi todas las lenguas indígenas), el derecho romano, la red de calzadas y el asentamiento de las
legiones (y, en menor medida, de funcionarios y comerciantes romanos).
La península Ibérica, que presentaba una gran diversidad cultural y estadios de desarrollo también diversos a
la llegada de los romanos, con dos ámbitos muy diferenciados, la Iberia mediterránea y la meseteño-atlántica, fue
homogeneizada por Roma, que impuso una política integradora al someter toda la Península a su civilización y
vertebró Hispania.
En ese proceso de romanización, Roma fundó ciudades, construyó vías y puertos, puso en funcionamiento
minas y explotaciones agrícolas que permitieron a numerosísimos soldados, funcionarios y comerciantes
extender la civilización romana por todo el territorio peninsular, aunque hubo desde zonas muy romanizadas, las
que más fueron las del sureste (de la Bética hasta el Levante, costa catalana y valle del Ebro), hasta otras poco
romanizadas, las que menos fueron el País Vasco y Navarra.
En Hispania, Roma impuso una organización administrativa, militar y religiosa común que reforzó el sentido
d e unidad aún en los territorios menos romanizados, así, aunque, respetó los cultos locales siempre que no
amenazaran la lealtad a Roma y al emperador, este hubo de ser venerado como un dios más en todo el territorio.
Los aspectos más destacados en los que se muestra la Romanización fueron la organización administrativa en
provincias, la fundación de ciudades e implantación de un modo de vida urbano, la integración de Hispania en la
economía imperial, una nueva organización social y un brillante papel en la cultura romana. Veámoslos.

4.2.1. Administración provincial:


Conforme los romanos conquistaron la Península, la organizaron administrativamente en provincias. Una
provincia romana era, inicialmente, el ámbito de competencias de un magistrado, más tarde, pasó a designar una
demarcación territorial concreta. En la evolución de la Administración romana de la Península y Baleares se
diferencian tres etapas, en las que, progresivamente se fueron creando más provincias:

1 ª ) durante la República, la Península se


dividía en dos provincias: Hispania Ulterior
(capital Corduba) e Hispania Citerior (capital
Tarraco), hasta Cartagena, a cuyo frente había
sendos pretores;

2ª) en el Alto Imperio (siglos I a.C – III


d.C), la Hispania se dividía en 3 provincias:
Bética (con capital en Corduba), Lusitania
(Emerita Augusta) y Tarraconense
(Tarraco);
3ª) en el Bajo Imperio (III – V d.C), Hispania se
dividía en siete provincias:
• Bética (con capital en Corduba),
• Lusitania (Emerita Augusta),
• Gallaecia (Bracara Augusta),
• Cartaginense (Cartago Nova),
• Tarraconense (Tarraco) y
• Baleárica (Palma),
• incluía Mauritania Tingitana, e l
Noroeste del actual Marruecos.
Cada una de ellas estaba dirigida por un vicarius
(delegado).

NOTA: Dejo una breve cronología del Imperio en el ANEXO.

4.2.2. La urbanización de Hispania


La ciudad era el centro económico y político y donde residía la mayoría de la población. Pero también era
la unidad de administración básica establecida por los romanos y el instrumento de la romanización junto con la
lengua latina, los legionarios y comerciantes instalados y el derecho romano.
Utilizaron dos vías en este proceso: crear
ciudades nuevas poblándolas con ciudadanos
procedentes de Roma o de la península Itálica (y, a
veces, con soldados veteranos licenciados (Emerita
Augusta, Italica); o transformar ciudades ya existentes
en ciudades romanas, a las que se le daba un trato
privilegiado (la primera fue Carteia, hoy San Roque,
en la bahía de Algeciras, que pasó a llamarse Colonia
Libertinorum Carteia, Malaca, Gades, Saguntum,
Cartago Nova y Tarraco).
Desde el punto de vista urbanístico, las ciudades
hispanorromanas seguían el mismo patrón que las del
resto del Imperio: tenían un foro, o gran plaza central
corazón político y económico de la ciudad, templos,
termas, teatros...
En las ciudades hispanorromanas, Roma implantó el
régimen municipal de gobierno de las latinas, que
implicaba la ciudadanía de su varones libres; primeramente lo estableció sólo en las colonias fundadas para
latinos, pero después lo extendió a las ciudades de origen indígena (antes, a las que no habían opuesto
resistencia, que se habían rendido y habían acordado un tratado por el que los romanos les reconocían ciertos
derechos).
El historiador romano Plinio el Viejo clasificó las ciudades hispanorromanas de comienzos del Imperio en:
• estipendiarias: sujetas a pago de tributos y sin derechos políticos (las que se habían resistido),
• libres: completamente autónomas en su gobierno,
• federadas: ligadas al Imperio por un acuerdo específico, foedus, que regulaba su funcionamiento y relaciones con Roma, y
• colonias, pobladas y dirigidas por grupos de origen romano, muy integradas en el Imperio, con derechos ciudadanos
reconocidos.
El emperador era el que les concedía el régimen municipal, que implicaba el derecho de ciudadanía para sus habitantes.

Por el régimen municipal, las ciudades estaban gobernadas por una curia o consejo y unos magistrados, éstos
(duoviri, ediles, etc.) eran elegidos y ejercían el cargo sólo un año, sin remuneración y a costa de su propio
erario, por lo que eran miembros de sectores socio-económicos poderosos.
Ruinas de la Colonia Libertinorum Carteia, ciudad
hispanorromana, San Roque, Cádiz, siglo II. Fue la ciudad
más importante del Campo de Gibraltar y la primera
“Colonia Latina” fuera de Italia; fundada en 171 a.C. de
forma peculiar, para asentar a 4.000 hombres hijos mestizos
de soldados romanos y de sus esposas indígenas, la primera
generación hispanorromana. Según Tito Livio, una legación
de ellos se había presentado al senado romano para pedir el
reconocimiento de su "tipo nuevo" de estatus jurídico, el
senado romano improvisó una solución: para darles la
ciudadanía romana, pues no la tenían, tramitó sus casos
como si fueran hijos de esclavos manumitidos (libertini,
hijo de liberto), porque era más fácil conceder la ciudadanía
latina a un hijo de liberto, e incluso a un esclavo liberto, que
a un no latino.
Está en un Enclave Arqueológico (denominación oficial) que se remonta a épocas fenicia (siglo VII a.C.,) y
cartaginesa (incluye, además, los de la romana y posteriores, visigótica, bizantina, islámica y cristiana.

4.2.3. Integración de Hispania en la economía imperial romana


El objetivo de la actividad económica era la exportación para abastecer a la capital del Imperio, Roma, de
todo lo necesario para mantener a su abundante población y sus lujos. Se desarrolló:
• la explotación agraria de cultivos de secano como el cereal (trigo), la vid y el olivo (para exportación de
grano, vino y aceite a Roma) en grandes propiedades, destacaba en ello la Bética, y
• explotación de minas de plata, cobre, oro, plomo y mercurio, y también estaño y cinabrio.
Ejemplos importantes:
◦ Cartago Nova, donde trabajaban hasta cuarenta mil esclavos y de donde Roma extraía 25.000
denarios al día, según Estrabón, y Mazarrón, en Murcia, con plata y plomo,
◦ Riotinto, en Huelva, con hierro y cobre.
◦ Las Médulas, en León, la mayor mina de oro de occidente; hubo otras de oro por la zona (Corona de
Quintanilla, en León, y Los Corralones, en Zamora).
Lingotes de plomo procedentes
de las minas de Cartago Nova.
Museo Nacional de Arqueología
Subacuática de Cartagena.

Las Médulas, a unos 65 kilómetros de Astorga. El extraño paisaje


es producto de la técnica de explotación minera que aplicaban los
romanos para extraer el oro, inundando las galerías y provocando
derrumbes (con los esclavos dentro). Hoy es Patrimonio de la
Humanidad.

A la derecha, bocas de entrada en una


mina de cobre explotada en época romana
en Texeo (Principado de Asturias).
Alpargata, útiles y
herramientas mineras
procedentes de las minas de
Cartago Nova. Museo
Arqueológico Municipal de
Cartagena.

• actividades importantes en f a c t o r í a s de
transformación de materias primas, así, las salazones, por
ejemplo en Baelo Claudia, hoy Bolonia, en Cádiz (donde
fabricaban la afamadísima y exquisita salsa de pescado
garum).

Ruinas de Baelo Claudia (playas


de Tarifa), ciudad-factoría del
garum.

Aunque, por lo común, se importaban de Roma las manufacturas, especialmente las de lujo, existían en
Hispania talleres artesanales cuyos objetos se destinaban al consumo local, de cerámica, orfebrería, vidrio y
mosaico.
Las tierras estaban en manos de grandes propietarios y las otras actividades correspondían a sociedades
cuyo objetivo era el máximo beneficio.
La mano de obra era esclava.
Disponían de un sistema de vías terrestres para unir
centros productivos y comerciales, como la Vía de la Plata, en el
oeste, y la Vía Augusta, en el este, y de puertos, porque los
productos se distribuían en barco por todo el Mediterráneo.
La economía estaba organizada desde las ciudades, en
especial, desde las portuarias, destacan los puertos de Gades,
Cartago Nova y Tarraco.

Principales vías romanas en Hispania


4.2.4. Las estructuras sociales hispanorromanas

El mayor cambio social que introdujeron los romanos en la Península fue la gran extensión que tuvo la
esclavitud.

• En el grupo de hombres libres había diferencias jurídicas y económicas.


◦ Diferencias jurídicas: unos tenían derecho de ciudadanía romana y otros no. Esto se acabó al final del
Alto Imperio, cuando, en el 212, el emperador Caracalla concedió el derecho de ciudadanía romana a
toda la población por la Constitutio Antoniniana.
◦ Diferencias económicas:
▪ el sector social más elevado era el de los terratenientes, hombres de negocios y oligarquías
urbanas, eran el grupo dominante, lo componían ciudadanos romanos, los colonos romanos e
itálicos, minoría con plenos derechos jurídicos (derecho de ciudadanía romana) y de propiedad,
que llegó a influir en la vida política y cultural de Roma. Este grupo dominante eran los
honestiores. Las élites indígenas imitaban a los romanos (costumbres, nombres, idioma, estructura
familiar) y progresivamente se fueron incorporando al grupo dominante de los romanos;
▪ Por debajo estaban las capas populares: los campesinos modestos y artesanos de las ciudades, eran
llamados humiliores, este grupo abarcaba también a los indígenas libres sin riqueza ni poder.

• Por debajo de los humiliores estaban los libertos o esclavos liberados por manumisión: obtenían algunos
derechos pero no rompían sus vínculos con sus antiguos dueños; y por último,
• los esclavos: no tenían categoría de persona en la jurisprudencia romana ni derechos.

4.2.5. La cultura en Hispania: legado cultural (artístico) romano


Hispania fue romanizada, aunque la cornisa cantábrica y las montañas del Norte lo fueron con menos
intensidad, lo que explica que el latín desplazara todas las lenguas indígenas menos el euskera.
Como resultado de la romanización, el legado de los romanos a Hispania fue riquísimo, en él destaca el
patrimonio inmaterial, al que pertenecen la lengua latina (de la que derivaron tres de las actuales lenguas de
España, castellano, gallego y catalán, buena parte de la toponimia y gentilicios) y el derecho romano, pero
también es inmenso el patrimonio material, formado por la red de calzadas y puentes, base de buena parte del
trazado de carreteras actual, la red urbana, base de la actual, con sus edificaciones, otras muestras artísticas, etc.
Desarrollemos estos aspectos.
Tal fue el grado de romanización de Hispania que dio grandes figuras a la cultura romana en el mundo del
conocimiento, todas del sur o el este, lo que muestra el mayor grado de romanización de estas zonas; estas
personalidades fueron: el filósofo estoico cordobés Lucio Anneo Séneca, interesado por los problemas de la
moral, su sobrino, también cordobés, el historiador y poeta Lucano, escritores como el brillante retórico
(abogado) Quintiliano (calagurritano, es decir, de Calahorra, en La Rioja), y Marcial, autor de ingeniosos
epigramas (bilbilitano, de Bílbilis, hoy Calatayud, en Zaragoza), el geógrafo algecireño (de Tingentera, hoy
Algeciras) Pomponio Mela y el agrónomo gaditano Columela.

Lucio Anneo Séneca, Séneca el Joven, siglo I. Filósofo y político romano (cuestor, pretor y
senador bajo Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, de éste fue, además, tutor y consejero. Caído en
desgracia ante el perverso emperador Nerón, se retiró de la política pero, acusado falsamente de
conjura, el Emperador lo condenó a muerte, por lo que se suicidó para evitar la tortura que el
sadismo de Nerón, sin duda, le tendría preparada. Nos queda la narración de su muerte escrita por
su coetáneo y uno de los más grandes historiadores clásicos, Publio Cornelio Tácito (c. 55-120).
Este busto romano de dos caras (por detrás está el rostro de Sócrates) se halla en el Neues
Museum de Berlín.

Entre las personalidades romanas naturales de Hispania destacan dos emperadores sevillanos de Itálica:
Trajano y Adriano.
El legado artístico es soberbio. En él, Hispania destacó en la construcción de grandes obras públicas
destinadas a:
• mejorar las comunicaciones: calzadas y puentes como el de Alcántara, en Cáceres, o el de Córdoba.
• asegurar la defensa de las ciudades: murallas como la de Lugo,
• y el fortalecimiento de la imagen del gobernante: arcos conmemorativos como el de Bará, en Tarragona,
o el de Medinaceli, en Soria),
• satisfacer las necesidades materiales de la población urbana: acueductos como el de Segovia,
alcantarillado,
• o para satisfacción cultural y de ocio de la población urbana: teatros como el de Mérida, en Badajoz, o el
de Sagunto, en Castellón, anfiteatros como el de Itálica, en Sevilla, circos, y
• para uso de la religión romana: templos como el de Diana, en Mérida.
También hay monumentos funerarios de particulares como la Torre de los Escipiones, en Tarragona (el
nombre es erróneo, no están enterrados en ellas estos personajes).
Hoy conservamos magníficos conjuntos urbanísticos hispanorromanos como el de Mérida.

Red de calzadas de Hispania Mapa con los principales teatros, acueductos, etc. de Hispania.
Puente de Alcántara sobre el río Tajo, en Cáceres. Puente romano de Córdoba sobre el Guadalquivir, está
declarado Bien de Interés Cultural.

Acueducto de Segovia y Teatro romano de Mérida, Badajoz.

Murallas de Lugo,

Anfiteatro de Itálica, Santiponce, Sevilla


A la izquierda, la mal llamada Torre de los Escipiones.
En el centro, el Arco de Bará, en Tarragona. Templo de Diana en Mérida.

La escultura, sobre todo de dioses y emperadores, se desarrolló abundantemente.


Los mosaicos abundan en todas las ciudades hispanorromanas para decoración de las viviendas señoriales,
pero también los hallamos en villas rurales, hay magníficos ejemplos en Itálica, como el de la casa de Neptuno
(otros se hallan hoy en el Palacio de la Condesa de Lebrija, en Sevilla, en museos o han desaparecido por robo),
Mérida (muchos en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida), Gades (el de la disputa de Apolo y Marsias),
o en termas, como el de Paterna de la Ribera, en Cádiz, donde se representan delfines, caracolas y centauros.

Mosaico de Liria, Valencia, con las hazañas de Hércules,


hoy se halla en el Museo Arqueológico Nacional.

Mosaicos del Planetario y de la Casa de los


Pájaros, en Itálica.
Mosaico de las Gracias, hallado en una
“villa” de Fuente Álamo (Puente Genil,
Córdoba).

Motivo central del Mosaico de los Amores, descubierto en 2012 en el Conjunto Arqueológico de Castulo, en Linares, Jaén.
Mide 12 por 6 metros, muestra motivos geométricos alrededor de dos escenas mitológicas en el centro, el juicio de Paris y el
mito de la diosa Selene y Endimión; se completa con motivos animales y alegorías de las cuatro estaciones. Puede ser
contemplado on-line al haber sido fotografiado en alta resolución.

ACTIVIDADES
3. Define el concepto de romanización y describe los medios empleados para llevarla a cabo.

4. Compara el ritmo y grado de romanización de los diferentes territorios peninsulares.

5. Busca información de interés (en libros o Internet) sobre pervivencias culturales y artísticas del legado
romano en la España actual y elabora una breve exposición (puedes usar también el material del Tema).
4. 3. Hispania en el Bajo Imperio: Cristianismo y crisis del Imperio Romano
(La LOMCE no tiene estándares de aprendizaje respecto a este apartado, podemos deducir que se puede estudiar
más superficialmente).

4. 3. 1. La crisis del Bajo Imperio


A partir del siglo III d.C., se inició el declive del Imperio Romano, que empezó con una crisis
generalizada y terminó con las invasiones bárbaras que acabaron con el Imperio Romano de Occidente en el
siglo V, provocando tal cambio que ahí se da por terminada la Edad Antigua y comienza la Edad Media.
La crisis que comienza en el siglo III d. C. afecta a varias estructuras:
- Económica: porque, por un lado, la defensa de las extensas fronteras del imperio se hace carísima por los
continuos ataques de los bárbaros, ello afecta a la población y al Estado, que se endeuda para pagar un ejército
más numeroso: por otro lado, por estancamiento y reducción del número de esclavos al haber terminado la fase
de conquistas y expansión del Imperio, cuya economía era esclavista; e, igualmente, al reducirse la llegada de
productos de los territorios conquistados, lo que hunde el comercio y provoca el retorno a una agricultura de
autoabastecimiento.
- Política: al no poder expandirse más el Imperio y no poder mantenerse firme en todas sus fronteras y al ir
incluyendo en sus legiones a mercenarios bárbaros, así como al tener que permitir el asentamiento en su interior
de pueblos bárbaros que se presentan como aliados frente a posibles invasores, y, al luchar muchos generales
según sus propios intereses, se desintegra el poder militar y la Administración pierde su eficacia. En un intento
de defender mejor sus fronteras, los romanos dividen el Imperio en dos: Occidente, que caerá por las invasiones
bárbaras (y donde quedó Hispania, con todas sus consecuencias negativas) y Oriente (que se convertirá en el
brillante y milenario Imperio Bizantino).
Todas estas circunstancias favorecieron las invasiones germánicas.
- Social: por la imposibilidad de asegurarse el sustento y la seguridad en las ciudades, por la reducción de
esclavos y de los productos abundantes que antes llegaban de los territorios conquistados, se produce el
abandono de las ciudades, dónde sólo quedará el obispo como símbolo de autoridad, lo que acarrea la decadencia
de la cultura romana (ya no son necesarias las termas, los teatros, etc, ni hay quien se encargue de mantenerlos).
Comienza la marcha a las zonas rurales, así los más pudientes irán a residir a “villas”, haciendas con residencia
lujosa, que se convierten en el núcleo de la economía, que se ruraliza.
De toda esta destrucción material y cultural se salvó parte de la cultura, como el idioma, el latín, que era
la lengua utilizada en el derecho, la ciencia y la cultura.
- Crisis de identidad romana y de valores al extenderse religiones procedentes del Próximo Oriente como el culto
a Mitra o el Cristianismo, que sustituye a la cultura romana como elemento de cohesión de la sociedad hispana
una vez superada la etapa de persecuciones y martirios (que dura hasta el 313, en que Constantino permite el
culto cristiano).

4.3.2. El cristianismo en Hispania

A poco de la muerte de Cristo, llegó el Cristianismo desde el Próximo Oriente, se extendió rápidamente
entre los sectores más pobres y desfavorecidos, como los esclavos, por su mensaje sencillo que prometía la
salvación para todos. Sus seguidores fueron perseguidos y condenados a pena de muerte por negarse a adorar al
emperador (su culto era obligatorio en el Imperio como medio de unificación); por este motivo fueron, venerados
como mártires por sus correligionarios;
pero en el 313, Constantino, por su Edicto de Milán, consintió el
culto cristiano. Para entonces la Iglesia estaba ya muy bien asentada
y organizada en Hispania, ello se demuestra por la asistencia de
diecinueve obispos y veintiséis presbíteros de toda la península
Ibérica al concilio de Iliberis, Elvira, en Granada.

Sarcófago paleocristiano de San Vicente


mártir. Valencia, siglo IV.
Más tarde, el estado romano convirtió el cristianismo en su religión oficial mediante el Edicto de
Tesalónica, del emperador, Teodosio, en el 380; desde entonces fue la Iglesia cristiana la que aglutinó a toda la
población, que ahora debía ser obligatoriamente cristiana, y colaboró en la latinización de la sociedad hispánica,
pues el latín sería su lengua de culto y la oficial en sus documentos.

Piscina del baptisterio de la basílica paleocristiana de Vega del Mar,


San Pedro de Alcántara, Marbella, tiene forma de cruz griega, de
influencia oriental, servía para recibir el bautismo por inmersión, como
se hacía en el cristianismo primitivo. Esta basílica de tres naves y
baptisterio es una de las muestras más importantes en España de la
época paleocristiana (siglo IV).

Son muchas las personalidades de prestigio procedentes del cristianismo en el Imperio Romano. Así, de
entre los mártires, destacan por su relevancia algunos que han sido canonizados: Justo y Pastor, muertos en
Alcalá de Henares, Eulalia, noble martirizada en Mérida en 303, Cucufate, o Cugat, en Barcelona y Félix en
Girona.
En la primitiva Iglesia cristiana de Hispania, destacan también figuras influyentes como el obispo Osio de
Córdoba, que tuvo un importante papel en el concilio de Iliberis (ciudad de origen íbero hoy desaparecida ¿en el
barrio del Albaicín de Granada?).
En la cultura de inspiración cristiana destacan: el historiador Orosio y el poeta Prudencio.
También se desarrolló un arte cristiano inicial, paleocristiano, en Hispania del que destacan los
sarcófagos, como los de Santa Engracia, en Zaragoza, San Félix, en Girona, o el de Écija, en Sevilla.

Sarcofago de la Trilogía Petrina


(hacia 340-350 d. C), en la
Basílica de Santa Engracia
(Zaragoza).

Sarcófago paleocristiano de
Écija, Sevilla, siglo V. Se halla
en la iglesia de Santa Cruz,
como mesa de altar.
Presenta tres escenas, de
izquierda a derecha son:
"Sacrificio de Isaac", "Buen
Pa s t or " y " Da ni e l e n t r e
leones". Tiene inscripciones
en griego.
Otro hallazgo destacable muy reciente hecho
en el Conjunto Arqueológico de Cástulo
(Linares, Jaén) es una patena (bandejita para
la consagración eucarística) de vidrio tallado
del siglo IV que muestra una de las primeras
representaciones de Cristo. De tonalidad
verdosa, mide 22 cm de diámetro y 4 cm de
altura, conserva el 80% de su volumen y
muestra, mediante la técnica del esgrafiado, a
un Jesús imberbe y de cabello rizado al estilo
alejandrino, que sostiene una cruz gemada en
la diestra y las Sagradas Escrituras en la
izquierda, está flanqueado por dos figuras,
posiblemente el apóstol Pedro y Pablo. La
escena se enmarca entre dos palmeras, una alegoría tradicional del más allá en la iconografía cristiana; también aparecen un
crismón y las letras alfa y omega. Aquí os presento el original y una reconstrucción ideal.

Incluso se produjeron desviaciones del cristianismo propias de Hispania, es el caso de la herejía de Prisciliano,
obispo de Ávila que fue acusado de mezclar en el cristianismo la magia y el maniqueísmo, y fue muerto en el
385, cuando ya las autoridades religiosas eran muy influyentes sobre los emperadores. Sus ideas permanecieron
en Gallaecia y Lusitania.
Hay autores que consideran que fue acusado falsamente de herejía para acabar con su influencia y por intereses particulares
y ambición de otros obispos próximos al emperador, del que consiguieron que ordenara su ejecución. En realidad lo que
predicaba, dentro del cristianismo, era un comportamiento ascético y de unión con la naturaleza frente al enriquecimiento
rápido de la Iglesia oficial. Según ciertos autores, la pervivencia de sus ideas en Gallaecia habría podido llevar a la
veneración de los restos de Prisciliano, que luego serían confundidos con los de Santiago.

4.4. La llegada de los pueblos bárbaros: desaparición de la Hispania romana y comienzo de la Hispania
visigoda
Con las invasiones de los pueblos germánicos o bárbaros en el siglo V se acabó el mundo antiguo y
comenzó la Edad Media. Veamos cómo afectó este fenómeno a Hispania.

En el año 409, bandas


de suevos, alanos y vándalos,
pueblos bárbaros, penetraron
e n l a P e n í n s u l a. L o s
emperadores romanos
recurrieron a otro pueblo
bárbaro, los visigodos, que
acordaron establecerse en el
sur de las Galias (actual
F ra n c i a ); a c a m bi o , l o s
visigodos debían acabar con
los bárbaros de la Península
Ibérica. Así nació el reino
visigodo de Tolosa (hoy
Toulouse, en Francia).
Pero, posteriormente, los
francos desplazaron del sur de
Francia a los visigodos; éstos,
a su vez, expulsaron a los
suevos hacia el noroeste de la
Península y a los vándalos hacia el norte de África y las Baleares. Así quedaron establecidos los visigodos en
Hispania, donde formaron un reino con capital en Toledo (507), pero no pudieron ocupar, de momento, todo el
territorio de Hispania, pues el Imperio Bizantino, en plena expansión y fortaleza bajo Justiniano, había
recuperado la costa peninsular desde Cádiz hasta Valencia así como las Islas Baleares.
Con este reino visigodo comienza la Edad Media en España.

A PARTIR DE AQUÍ NO ENTRA EN SELECTIVIDAD NI ES PARA ESTUDIAR, SÓLO PARA


AMPLIAR POR GUSTO

ANEXOS
1) CRONOLOGÍA DEL IMPERIO ROMANO
Alto Imperio: periodo que va de Augusto a Diocleciano, del 27 a.C- 305 d.C.
Resumen por etapas:
• Del 14 al 68, se suceden herederos de Augusto: Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón; termina con
la guerra civil del año 68 entre tres emperadores que gobernaban. Ponen orden los emperadores
de la familia de los Flavios.
• Les sucedieron los Antoninos (96-193): emperadores Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío,
Marco Aurelio y Cómodo.
• Les suceden los Severos (197-235): Septimio Severo, Caracalla, Macrino, Heliogábalo y
Alejandro Severo.
• Del 235 al 300 período de la “Anarquía militar”: emperadores soldados, el ejército asume el poder
durante unos cincuenta años para la mejor defensa de las fronteras del Imperio, que se estaban
empezando a debilitar por continuos ataques de los pueblos bárbaros y de los procedentes de
Persia.
En el año 284, Diocleciano se proclama emperador por un levantamiento militar, salvó al Imperio pero
instauró la Tetrarquía, sistema con cuatro co-gobernantes ( dos augustos y dos césares) que fue ineficaz y
llevó a Diocleciano a abdicar en el año 305, lo que puso fin al Alto Imperio.
Esta última época se caracteriza por :
◦ empobrecimiento de la población y gran endeudamiento del Estado: porque las continuas
guerras defensivas encarecieron el mantenimiento del ejército.
◦ pérdida de la identidad y los valores: porque hay una crisis religiosa al entrar nuevas
religiones desde Oriente.
◦ Aumenta la persecución contra los cristianos para defender al Imperio de estas religiones que
estaban diluyendo su identidad. La peor fue la de Diocleciano (Gran Persecución).

El Bajo Imperio es la última etapa del Imperio Romano, desde la abdicación de Diocleciano en el 305 a la
conquista de Roma por los bárbaros ostrogodos en 476.
Resumen:
1º) Los primeros años fueron de luchas, al final de las cuales Constantino se proclamó único emperador
de Occidente, en el 312. La capitalidad del Imperio pasa a Bizancio, que se llamó Constantinopla o
ciudad de Constantino desde 324.
Constantino permitió el cristianismo (por el Edicto de Milán, 313).
2º) Teodosio convirtió el cristianismo en la religión oficial del Imperio (por el Edicto de Tesalónica,
380). Para una mejor defensa de las fronteras contra los bárbaros, el Imperio fue dividido en dos por
Teodosio en el 395, al morir y dejar una parte a cada uno de sus dos hijos, Arcadio y Honorio, así
surgieron el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente.
Se agravan los ataques e invasiones de los pueblos germánicos y se debilita cada vez más el Imperio, los
emperadores cada vez son más inútiles y la decadencia aumenta.
En el año 476 cae el Imperio Romano de Occidente en manos de los pueblos germánicos, el último
emperador era un niño, Rómulo Augústulo. El Imperio Romano de Oriente, posteriormente llamado
Imperio Bizantino, sobrevivió hasta 1453, fecha de la caída de Constantinopla, la actual Estambul, en
manos de los turcos.

2) TARTESSOS: ESTADO DE LA CUESTIÓN


A continuación se expone información muy prolija, sólo por si se quiere profundizar en los tartesios, su
localización en Andalucía y las últimas teorías sobre ellos, según las cuales, no existió realmente una cultura
tartésica, sino que sus restos serían obra de los fenicios que colonizaron el sur de España (está basada en un
artículo de Daniel Casado Rigalt. Universidad a Distancia de Madrid, Historia NG nº 102).
Los tartesios ¿eran fenicios?
Según cuenta el Antiguo Testamento, en el siglo X a. C. las naves de Salomón, el rey de Israel, volvían
cada tres años cargadas de oro de un lejano y misterioso lugar llamado Tarsis: «El rey Salomón tenía en el mar
naves de Tarsis con las de Hiram [rey de Tiro], y cada tres años llegaban las naves de Tarsis, trayendo oro, plata,
marfil, monos y pavones». La cita procede del Libro de los Reyes, escrito allá por el siglo VII a.C., pero nos
remite tres siglos atrás, cuando la opulencia mineral del sur de la península Ibérica atraía hasta el otro extremo
del Mediterráneo a los primeros navegantes semitas. La mayoría de historiadores lo tiene claro: el primer autor
que mencionó a Tarsis se estaba refiriendo a las relaciones comerciales que los israelitas mantenían con
Tartessos, el reino situado más allá de las columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar), en el Bajo
Guadalquivir, que rigió el mítico rey Argantonio. Desde esta primera mención, el aura enigmática en torno a
Tartessos no se ha desvanecido. Viajeros, filólogos y arqueólogos se han lanzado durante decenios a la búsqueda
de los restos de aquella civilización que floreció entre los años 1000 y 500 a.C., para desaparecer luego y caer en
un olvido silencioso que ha durado hasta hace poco, inmersa en una nebulosa de incertidumbres y conjeturas.
Salomón y la reina de Saba. Relieve en bronce dorado por
Lorenzo Ghiberti. 1438-1440. Puerta del Paraíso, en el
baptisterio de Florencia. Salomón, monarca de Israel, vivió
hacia 970-931 a.C. El libro bíblico de los Reyes hace
referencia a las naves que el soberano enviaba junto con
Hiram I de Tiro a Tarsis, identificada con Tartessos por
muchos autores, y que volvían cargadas de metales preciosos
y productos exóticos. El emporio fenicio de Tiro tendió una
amplia red comercial sobre el Mediterráneo occidental, y
fueron precisamente navegantes tirios quienes fundaron
Gadir (Cádiz), considerada la primera ciudad de Occidente.

Tartessos y la Atlántida
El interés por la misteriosa Tartessos se remonta a la Antigüedad. Diversos historiadores y viajeros
griegos de los siglos VI al IV a.C. dejaron constancia de lo que se sabía, o creía saberse, sobre aquella
civilización. Tal fue el caso de Hecateo de Mileto, de Heródoto y, sobre todo, de Avieno, que en su Ora
marítima hablaba de un río llamado Tartessos que ceñía la isla en la que se encontraba la ciudad, también
denominada Tartessos. Otro autor del siglo IV a.C., Eforo, se refería igualmente a «un mercado muy próspero, la
llamada Tartessos, ciudad ilustre, regada por un río que lleva gran cantidad de estaño, oro y cobre de Céltica». A
todos ellos se sumó una referencia aún más intrigante, la de la Atlántida cantada por Platón en sus Diálogos,
particularmente en el Timeo, y que muchos no dudaron en identificar con Tartessos. ¿A qué, si no, podría aludir
Platón cuando describe la Atlántida como «una gran isla, más allá de las columnas de Heracles, rica en recursos
mineros y fauna animal»? Incluso arqueólogos contemporáneos han creído hallar los restos de la Atlántida en la
región tartesia. Pero, de momento, se trata de una conexión imposible, basada más en las fabulaciones que en las
certezas. Tal es caso de la tesis del francés Jacques Collina-Girard, que ubicó en 2001 la Atlántida en la isla
Espartel, a medio camino entre Cádiz y Tánger; y de los avistamientos de Rainer Kuehne, quien en 2004 dijo
haber localizado con imágenes aéreas los vestigios del templo de «plata» consagrado a Poseidón y el templo
«dorado» levantado en honor a Cleito en la Marisma de Hinojos, cerca de Cádiz.
Al margen de la cuestión de la Atlántida, el primer autor que intentó localizar con exactitud Tartessos fue
un filólogo, Antonio de Nebrija, responsable de la primera gramática castellana. En 1492, Nebrija identificó
Tartessos con el río Betis (Guadalquivir) y con el paisaje de brazos marinos que formaba el río en su
desembocadura. Pero las conjeturas de Nebrija, emitidas desde la intuición, no contaban con ningún tipo de
respaldo arqueológico.
Tras las riquezas de Argantonio
La investigación arqueológica se hizo esperar hasta el siglo XIX. El primero que removió las entrañas
andaluzas en busca de Tartessos fue George Bonsor, un pintor anglofrancés que quedó fascinado por los paisajes
de Andalucía y que, desde la década de 1880, cambió lienzo y acuarela por pico y pala en cuanto comprobó el
potencial arqueológico que se extendía bajo sus pies. Nadie le había enseñado a excavar, pero su ilusión pudo
más que su bisoñez. Bonsor recuperó un alijo de piezas tartésicas en diversas necrópolis sevillanas como las de
Cruz del Negro, Carmona, Setefilla y Cerro del Trigo.
A Bonsor lo siguió el alemán Adolf Schulten, gran impulsor de la investigación en el yacimiento de
Numancia, de donde salió enemistado con las autoridades culturales españolas. Schulten quería seguir el ejemplo
de su compatriota Schliemann, que había desenterrado Troya gracias a su fe en las fuentes clásicas. La Ora
marítima de Avieno sería para Schulten lo que la Ilíada había sido para Schliemann; y el Coto de Doñana haría
las veces de colina de Hissarlik, en Turquía, donde Schliemann encontró, en 1873, la Troya cantada por Homero.
Schulten pretendía demostrar que Tartessos yacía en las Marismas de Doñana y pasó a la acción con la
ayuda de Bonsor. Se hizo con las herramientas necesarias y dirigió la ambiciosa aventura de localizar allí
Tartessos. Pero al final lo único que encontró fueron unas ruinas de época romana en el llamado Cerro del Trigo.
Schulten fracasó, pero su contribución no dejó por ello de ser importante. Su obra Tartessos, publicada en 1924,
sirvió para ordenar todos los conocimientos que se tenían sobre la antigua civilización del Guadalquivir y
constituyó el punto de partida de investigaciones posteriores.

Adolf Schulten (1879-1960). Además de su actividad como arqueólogo,


Schulten estudió profundamente la etnología y la geografía de Iberia. Tras excavar
en el área de Numancia entre 1905 y 1914, este arqueólogo alemán volvió a España
una vez concluida la primera guerra mundial, y se enfrascó en la búsqueda de la
capital de la legendaria Tartessos de la que hablaban los autores griegos, que él
situaba en Doñana. Aunque no tuvo éxito en esta empresa, su Tartessos.
Contribucion a la historia más antigua de Occidente (1924) constituyó un hito en el
estudio de la cultura tartésica.

Todos los testimonios legados por las fuentes se refieren a Tarsis o Tartessos como una civilización de alma
metalúrgica: «El más elegante de los mercados, la ciudad del oro y la plata…». Tanto es así que Argantonio, el
rey tartesio por antonomasia, lleva la plata (Arg-) incorporada a su nombre. Pero la literatura se elevó a certeza
arqueológica el 30 de septiembre de 1958, el día en que una cuadrilla de obreros que trabajaban en un terreno de
un club de cazadores de Sevilla –la Real Sociedad de Tiro al Pichón–, en la localidad de Camas, cuatro
kilómetros al oeste de Sevilla, hizo un sensacional descubrimiento: un recipiente de barro en cuyo interior
aparecieron 16 placas, dos brazaletes, dos pectorales y un collar. Todas las piezas eran de oro macizo y pesaban
casi tres kilos. Después de analizarlas, el arqueólogo Juan de Mata Carriazo concluyó que era «un tesoro digno
de Argantonio».
El hallazgo del tesoro de El Carambolo (se lo llamó así por el cerro de 91 metros de altura, de este
nombre, en el que se encontró) alborotó los foros científicos cuando muchos se resignaban ya a una Tartessos
virtual. El Carambolo se convirtió en la imagen de cabecera de la cultura tartesia y Juan de Mata Carriazo, en el
padrino del descubrimiento. Durante tres años, Mata Carriazo excavó el yacimiento que representaba a la
Tartessos tangible. Desenterró muros, estudió cerámicas, cotejó niveles estratigráficos y demostró, por fin, que
Tartessos no era una alucinación de los autores de la Antigüedad.
De este modo, los estudiosos pudieron definir un mapa de la civilización tartesia, que se extendía por la
mitad sur de la Península. Diversos yacimientos quedaban, así, asociados con Tartessos: en la provincia de
Huelva, los de La Joya y el Cabezo de San Pedro; en la de Sevilla, El Gandul y Carmona; en Córdoba, La Colina
de los Quemados; en Badajoz, Medellín y Cancho Roano, e incluso en Portugal se considera tartesio el
yacimiento de Alcácer do Sal. También cabe incluir en el área tartesia la localidad gaditana de Mesas de Asta, la
Asta Regia romana (próxima a Jerez de la Frontera); el término “Regia” es una interesante pista sobre el tipo de
organización política del mundo tartésico; investigadores como Manuel Bendala sospechan que alguna élite
tartésica gobernó estas tierras antes de que Roma le pusiera nombre.
En años recientes, la cuestión que más debate ha suscitado en torno a la cultura de Tartessos es la de su
relación con el mundo fenicio. A partir del siglo VIII a.C., navegantes y comerciantes fenicios fundaron ciudades
y factorías en el sur peninsular, especialmente en las provincias de Málaga, Granada, Cádiz, Almería y Alicante;
un territorio, pues, muy próximo al de los tartesios, con quienes sin duda los fenicios mantuvieron contactos de
todo tipo, tanto económicos como culturales y artísticos.
¿Tartesios o fenicios?
Tradicionalmente, se ha pensado que ambas áreas, pese a la cercanía geográfica y a las relaciones que se
establecieron entre ellas, permanecieron sustancialmente independientes una de otra. El territorio nuclear tartesio
se ha ubicado tradicionalmente lejos de la costa, mientras que lo fenicio se asocia al litoral andaluz y alicantino.
Sin embargo, algunos estudiosos plantean hoy en día que entre tartesios y fenicios se dio una auténtica fusión
cultural, hasta el punto de que en términos arqueológicos se hace muy difícil distinguir en muchas ocasiones qué
elementos son tartesios y cuáles fenicios.
Ésta es justamente la teoría que mantienen dos arqueólogos sevillanos, Álvaro Fernández Flores y Araceli
Rodríguez Azogue, que entre 2002 y 2005 excavaron en el yacimiento de El Carambolo, ampliando la
investigación que había llevado a cabo Mata Carriazo décadas atrás. En su opinión, El Carambolo no sería un
asentamiento indígena, producto de la civilización tartesia, sino un santuario fenicio, dedicado a la diosa Astarté,
que alcanzó su máximo esplendor en el siglo VII a.C. y se abandonó en el siguiente. Una sentencia que reduce
Tartessos a atrezzo imaginario y cuya onda expansiva ha sacudido a la comunidad científica.
Ambos autores mantienen que el área de expansión colonial de los fenicios se extendió incluso a
Extremadura. Creen que los objetos bautizados como tartésicos (entre ellos, el propio tesoro de El Carambolo)
son la expresión colonial de un pueblo semita que se asentó en Cádiz allá por el siglo X a.C. para luego
expandirse por la costa y el interior peninsular. De esta forma, El Carambolo sería un santuario fenicio, resultado
de un cierto «mestizaje» entre lo semita y lo local. Se podría comparar con la colonización española de América
tras la llegada de Cristóbal Colón. Si uno contempla la huella dejada por los españoles en catedrales o iglesias de
América Latina, ¿las catalogaría como obras españolas o locales?
Un reciente congreso, celebrado en Huelva en diciembre del año 2011, ha dado resonancia a las
posiciones de los «tartesoescépticos», aquellos que dudan de que Tartessos pueda ser considerada como una
cultura diferenciada. Por ello en las vitrinas del Museo Arqueológico de Sevilla, donde se han expuesto desde
diciembre de 2011, las piezas del tesoro de El Carambolo, que durante
décadas habían permanecido a buen recaudo en la caja fuerte de un banco,
se puede leer que es fenicio.

Ruinas de la Tiro romana (ciudad del sur de El Líbano). Desde el siglo


IX a.C., la poderosa ciudad fenicia de Tiro estableció contactos
comerciales con el mundo tartésico, habría sido su metrópoli.

Sin embargo, para la mayoría de especialistas el dictamen de Fernández Flores y Rodríguez Azogue peca
de atrevido. Creen, por el contrario, que en El Carambolo sí se advierten rasgos específicamente tartesios. Una
evidencia de ello se encontraría en el altar con forma de piel de toro que ha aparecido en el epicentro del recinto
sagrado, la misma forma de los pectorales del tesoro de El Carambolo. En ningún santuario fenicio se encuentran
altares con este perfil; únicamente en territorio hispano. Otros altares del área tartesia tienen la misma forma que
el hallado en el Carambolo, como los de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz) y Cerro de San Juan
(Coria del Río, Sevilla).

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