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VAE PODCAST

¿Cómo vivir una vida de santidad?


Introducción: ¿Luchas constantemente contigo mismo para vivir una vida de santidad delante
de Dios? ¿Cómo puedo mantener una vida de santidad? Muchas veces hemos escuchado, e incluso
se nos ha enseñado, que vivir en santidad consiste en seguir normas y reglas. Sin embargo, la
santidad no se trata solo de cuánto nos alejamos del pecado, sino de cuán frecuentemente nos
acercamos a la santidad de Dios.

Historia real: En una conversación con un amigo, me comentó una situación delicada que le
ocurrió al invitar a un conocido a la iglesia. Durante el sermón, el pastor comenzó a predicar
casualmente sobre un pecado específico, que coincidía con algo que el invitado de mi amigo
estaba viviendo de manera visible. Al terminar la predicación, esta persona se levantó
indignada y ofendida, sintiendo que la iglesia lo había señalado como si fuera una mala
persona o alguien que hace daño a la sociedad. Sus palabras hacia mi amigo fueron: "Por esta
razón no voy a la iglesia, porque me hacen sentir como si yo fuera una mala persona."

No existe acción justa lo suficientemente grande que haga al ser humano


merecedor del cielo.

A lo largo de los años, se nos ha inculcado la idea de que basta con ser una buena persona,
realizar obras de justicia, apoyar los derechos humanos o ayudar a los necesitados para
merecer el cielo. Existen doctrinas (conjuntos de pensamientos que moldean la conducta de
un individuo) que nos han hecho creer que somos lo suficientemente buenos como para
merecer la plenitud del cielo.

Este pensamiento ha sido tan adoptado que incluso lo enseñamos a nuestros niños y
jóvenes, haciéndoles creer que una buena conducta es suficiente para que Dios les abra las
puertas del cielo. Ahora, hasta nos ofendemos cuando escuchamos una predicación sobre el
pecado y sus consecuencias, porque creemos que somos "lo suficientemente buenos"
comparados con otros que, en nuestra opinión, pecan más que nosotros.

¿Qué dirías de una persona que va al médico y, tras examinarla, el doctor le dice: "Tienes
cáncer y te quedan tres meses de vida"? Luego, esa persona sale enojada y ofendida,
diciendo: "No volveré a este doctor porque me hace sentir enfermo". ¿No crees que, antes de
aceptar el tratamiento adecuado para una enfermedad grave, es necesario que la persona
reconozca primero que está enferma? De la misma manera, esto ocurre con aquellos que se
consideran lo suficientemente buenos y no comprenden la verdadera esencia de Dios: Su
santidad vs nuestra condicion imperfecta.

Dios aborrece el pecado

versiculos a meditar:

Salmos 5:5: Los que se ensalzan no estarán delante de Tus ojos; Aborreces a todos los
que hacen iniquidad.
Salmos 11:5: El Señor prueba al justo y al impío, Y Su alma aborrece al que ama la
violencia.

Es importante entender que Dios aborrece a quien ama hacer el mal, ya sea una "mentira
piadosa" o actos como robar o matar. No existen pecados grandes o pequeños, todos son
acciones que, por más insignificantes que parezcan, ya son suficientes para que seamos
condenados y pasar una eternidad en el lugar de sufrimiento, alejados de Dios. Delante de la
santidad de Dios no hay ningun pecado que pueda ser consentido por Dios ya que ÉL es
santo, puro o limpio. Dios no envía el pecado al infierno. Él envía al pecador al infierno,
porque aborrece al pecador impenitente que se convierte en el objeto de su ira.

Charles Spurgeon:

"No hay un pecado pequeño porque no hay un pequeño Dios contra el que pecar".

John Owen:

"El castigo de un pecado, por pequeño que sea, es infinito, porque contra el que se peca es
infinito en majestuosidad y santidad".

El plan de rescate basado en Su amor

Romanos 5:8 (meditar) <<Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo
aún pecadores, Cristo murió por nosotros.>>

Este es el amor de Dios: que aun siendo pecadores, es decir, enemigos de Dios, Él abrió una
puerta a través de Jesús para aquellos que se arrepientan de sus pecados y vuelvan sus
corazones a Él. Dios nos está salvando de Su propia ira, la cual será derramada en el día del
juicio sobre quienes amaron el pecado y se entregaron a sus propios deseos.

Es peligroso pensar que un Dios tan santo podría consentirnos mientras amamos mentir,
robar, engañar, ofender, envidiar, fornicar, y cometer otros pecados. El amor y el favor de Dios
están sobre aquellos que se han arrepentido y han rendido sus vidas a Jesús, quien es el
único que puede salvarnos de la muerte eterna.
Pasajes bíblicos que demuestran la condición del corazón del ser humano y las
consecuencias del pecado:

Santiago 2:10 Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero falla en un punto, se ha
hecho culpable de todos.
Romanos 6:23 Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida
eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Mateo 7:11 Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto
más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?

En nosotros no habita el bien, sino el mal, y somos culpables de pecar contra el mismo
Dios. Es como cuando limpias un vidrio y piensas: "Qué limpio está", hasta que el sol lo
ilumina y revela todas las marcas y líneas que no se habían limpiado bien. De manera similar,
la única forma de ver nuestra pecaminosidad en su totalidad, y entender cuán bajo hemos
caído y lo lejos que estamos de salvarnos por nuestra propia cuenta, es admirando la
santidad de Dios. Solo al contemplar Su pureza podemos reconocer lo profundamente
necesitados que estamos de Su perdón y gracia.

¿QUÉ ES LA SANTIDAD DE DIOS?

1- La santidad de Dios no es solo un atributo más, sino que define todo lo que Él es; es Su
esencia misma. Dios es completamente único, incomparable, y no hay nada ni nadie que se
asemeje a Él. Por eso, Él mandaba a Su pueblo que no hicieran ninguna imagen de Él, ya que
cualquier intento humano de representarlo sería una ofensa contra Su santidad. Dios es tan
puro y diferente que cualquier representación creada por el hombre distorsiona y disminuye
Su verdadera naturaleza.

2- Pureza moral: La santidad de Dios implica Su absoluta perfección y pureza moral. Sin Su
santidad, Él no sería Dios. Es precisamente por Su perfecta santidad que podemos confiar
plenamente en Él, descansar en Su fidelidad, sabiendo que nunca mentirá, fallará ni olvidará.
En Dios no existe ni la más mínima sombra de pecado, ni un solo rastro de impureza. Su
santidad es lo que garantiza Su total confiabilidad.

Aquí algunas declaraciones para meditar sobre lo que significa tener un


encuentro con la santidad de Dios:

El correcto entendimiento y apreciación de la santidad de Dios es la base para una vida


de devoción y amor hacia Él.
Es imposible tener un encuentro genuino con Dios sin antes encontrarse con Su
santidad.
Buscar un encuentro con Dios sin encontrarse con Su santidad es como querer nadar en
el océano sin mojarse.
Encontrarse con Su santidad siempre te lleva al arrepentimiento y expone tu corazón a la
verdad.
Personajes de la Biblia que se encontraron con la santidad de Dios y cómo esto
marcó sus vidas para siempre.

-Éxodo 3: “Moisés, al ver la zarza ardiente, se cubrió el rostro con miedo por presenciar la
santidad de Dios.”
Lucas 5:8-11: “Pedro, al ver la pesca milagrosa, dijo a Jesús: ‘Apártate de mí, porque soy
un pecador.’”
Isaías 6:1-5: “Este encuentro ha sido uno de los más increíbles y temibles; al encontrarse
con Dios, se sintió y vio su propia suciedad delante de alguien tan puro como Dios.”
Apocalipsis 4:8: “Cuando Juan ve a los cuatro seres vivientes en Apocalipsis, experimenta
lo mismo que Isaías y menciona las siguientes palabras: 'Santo, santo, santo es el Señor
Dios'.”

¿Cómo afecta mi día a día el conocer la santidad de Dios?

1- Entender la santidad de Dios avivará mi vida de oración, devoción y relación con Él.

El tipo de relación, respeto y admiración que tienes por una persona cambia en función
del conocimiento y la posición que esa persona ocupa. Por ejemplo, no te relacionarías de la
misma manera con tu amigo o tu hermano que con el presidente de una nación.

Cuando se menciona que Jesús enseñó a sus discípulos a orar en Mateo 6:9-13, vemos
que, antes de interceder o pedir algo, Jesús pedía que Dios, su Padre, fuera santificado en la
tierra. Esto significa que, por encima de todas las facetas de Dios, Él es, ante todo, santo, puro
e incomparable y ÉL quiere que nosotros le veamos con reverencia.

Esta realidad determina cómo nos relacionamos con Dios. Nunca podremos orar
correctamente si no comprendemos bien Su santidad. Dios es nuestro Padre, cercano e
íntimo, pero no debemos perder de vista que ÉL es SANTO, SANTO, SANTO. Y cuando yo,
siendo un pecador de lo más bajo, puedo hablar y dirigirme al único Dios Santo, ¿cómo esto
no transformaría mi relación con Él?

2- Me llevará a conocerme a mí mismo y a vivir una vida de santidad y humildad.

1 Pedro 1:15-16 (meditar): sino que, así como Aquel que los llamó es Santo, así también sean
ustedes santos en toda su manera de vivir. Porque escrito está: «Sean santos, porque Yo soy
santo».

Buscar la santidad no consiste solo en pecar cada día menos, sino en esforzarnos por
parecernos cada día más a Jesús. ¿Es posible ser santo como ÉL es santo?
Absolutamente. Sin embargo, tenemos que entender que ser santos no se esta refiriendo
a que sigamos una lista de mandamientos a los cuales seguir, sino se refiere a que al que
tenemos que seguir para que Su nauraleza de santidad vaya siendo formada en nosotros
es a Jesús.
En Isaías 64:6 (leer) se nos revela la naturaleza de nuestros corazones: ni siquiera al hacer
una buena acción significa nada para Dios, porque nada que se haga con un corazón
contaminado puede ser puro y digno de admiración. Por ello, no se trata de buscar la
santidad en las acciones, sino de buscar la santidad en una constante relación con Jesús.

3- Conocer la santidad de Dios me llevará a depender de Su gracia y a abrazar la cruz de


Cristo.

Nosotros, que merecíamos la ira de Dios y el infierno, lo más lejos posible de la santidad
de Dios, hoy podemos tener acceso a ella por medio de la sangre del Cristo.
Cuando contemplo cada día más la santidad de Dios, valoro más la cruz, porque
reconozco lo que el sacrificio de Jesús significó para que hoy tengamos acceso a Dios.
Tú y yo no somos santos porque esta semana caímos menos en el pecado en el que
venimos luchando, sino que somos santos porque al aceptar a Jesús, a través de Su
sacrificio, nos impartió Su santidad.
Hoy debemos vivir y perseverar desde la santidad que Jesús ya nos otorgó.- Hebreos
12:14: <<Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.>>

Conclusión: Entender que nuestro Dios es santo y que en Él no habita sombra de maldad o
pecado nos llevará a relacionarnos con Él de manera correcta y con respeto. También
recordaremos constantemente la condición de nuestro corazón, lo cual nos impulsará a
correr diariamente a Sus pies para ser purificados en Su presencia. Cuando Su Palabra nos
ilumina alguna área de nuestras vidas en la que estamos fallando, no es motivo para salir
huyendo; al contrario, debemos correr hacia la cruz, arrepentirnos de nuestros pecados y
tener la fe de que Jesús nos perdona inmediatamente, porque Su sangre es lo que nos acerca
al Padre.

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