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“W ,S J L y otros s/abuso sexual con acceso carnal –para P

altern. encub. agravado y –recurso de casación, impugnación extraordinaria”


CSJ 1/2021/RH1

Ministerio Público
Procuración General de la Nación

Suprema Corte:

I
La Sala 1ª en lo Penal del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos –en lo
que aquí interesa– resolvió hacer lugar a la impugnación extraordinaria de la defensa
de N R P contra la resolución de la Sala I de la Cámara de Casación
–que oportunamente hizo lugar a los recursos de casación de los representantes del
Ministerio Público Fiscal y de la querella contra la sentencia del Tribunal de Juicio y
Apelaciones de Gualeguay que lo había condenado a cinco años de prisión por el
delito de encubrimiento agravado por el que había sido acusado en forma
alternativa, la anuló en lo relativo a su intervención y ordenó que otro tribunal
realizara un nuevo juicio–, declarar mal admitidos los recursos de los acusadores y la
nulidad parcial de la resolución en ese aspecto y en lo relativo al rechazo del recurso
de casación de la mencionada defensa y reenviar las actuaciones al tribunal de
casación para que se pronunciara sobre dicha impugnación.
Contra esa decisión interpuso recurso extraordinario la querella, que fue
declarado inadmisible y dio origen a la presente queja.

II
a. Surge de las actuaciones que la fiscalía y la querella acusaron a S
J L W yaN R P como coautores de abuso sexual con
acceso carnal en concurso ideal con homicidio agravado por haber sido cometido
con alevosía, criminis causa y mediando violencia de género, de M G , y en
forma alternativa y como tesis subsidiaria, a P como autor del delito de

1
encubrimiento agravado de W El tribunal de juicio condenó a prisión
perpetua a W por ser autor del abuso sexual agravado y homicidio agravado, y
a cinco años de prisión a P por el delito de encubrimiento agravado. Todas las
partes interpusieron recurso de casación contra la sentencia y la sala interviniente
sólo hizo lugar a los de los acusadores público y privado, que habían impugnado por
arbitrariedad el rechazo de la acusación principal de P .
b. Las defensas de W y P presentaron sendas impugnaciones
extraordinarias locales contra esa decisión; el a quo rechazó la primera e hizo lugar al
recurso a favor de P con el alcance referido en el punto anterior.
Para así resolver, en el primer voto –al que adhirió el siguiente– se sostuvo
que, si bien la acusación alternativa o subsidiaria no está prevista en el ordenamiento
procesal local, no existe impedimento constitucional para proceder de ese modo, a
la vez que contribuye al mejor ejercicio del derecho de defensa. Con cita de doctrina
se expresó que “…radica habitualmente en interés del acusado, que quiere evitar en
el caso de la existencia de varios procesos…” y que “… el acusador pondrá en juego
las hipótesis posibles, cuidando de describir todas las circunstancias necesarias para
que puedan ser verificadas en la sentencia, sin perjuicio de ordenar el escrito de
manera que permita entender cuál es la tesis principal y cuál o cuáles las subsidiarias
o alternativas”. No obstante, el magistrado postuló que al momento de concretar la
acusación final la fiscalía debe elegir una de las alternativas de su múltiple acusación
y solicitar la condena en virtud de la certeza que le ofrece la prueba producida en el
juicio. Consideró que esa convicción no es posible respecto de dos hechos que,
como en la especie, se excluyen entre sí y que el mantenimiento de las acusaciones
por el abuso sexual en concurso ideal con homicidio y el encubrimiento de un
tercero autor de aquel delito encierra una clara contradicción y una evidente falta de

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altern. encub. agravado y –recurso de casación, impugnación extraordinaria”
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certeza en la acreditación de la hipótesis principal o más grave. En esa línea agregó


que, en el caso, las dos hipótesis fácticas de la acusación más que alternativas o
subsidiarias se presentan disyuntivas y la verificación de una de ellas necesariamente
excluye a la otra y por ese motivo la acusación no puede racionalmente sostenerlas.
Concluyó luego que, en la medida en que el tribunal de juicio receptó en forma
íntegra la acusación subsidiaria contra P , conforme lo dispuesto en el artículo
513 del código procesal local, la fiscalía y querella no estaban legitimados para
recurrir pues no se aplicó una pena inferior a la mitad de la solicitada.
Respecto del fondo consideró que los elementos de convicción reunidos en
relación con la participación de P en el abuso sexual y femicidio de M
G “puntual y conglobadamente analizados por el tribunal sentenciante no
ofrecen más que datos meramente anfibológicos”, no brindan certeza respecto de la
hipótesis principal de la acusación y solo entregan material para conformar simples
conjeturas que no superan el grado de una duda razonable.
Por su lado, el tercer vocal del a quo sostuvo que la facultad de recurrir de la
fiscalía no puede obstaculizarse en los supuestos en los que existe cuestión federal,
aunque reconoció que ese criterio quedó en minoría y respecto de la querella
recordó que las normas convencionales reconocen a la víctima el derecho al recurso
(arts. 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos).
Coincidió con el voto anterior en lo relativo a la validez de la acusación
alternativa y a que al momento de formular el alegato no puede acusarse por dos
hipótesis que se excluyen entre sí, como en el sub lite, pues de adverso se admite la
endeblez de la tesis principal y la insuficiencia de la prueba que la sustente.
Asimismo, consideró que los recursos de casación interpuestos por los acusadores
carecen de agravio y sólo traslucen una mera discrepancia con lo resuelto en la

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medida en que el tribunal de juicio escogió una de las hipótesis de la acusación y
condenó a P a la pena solicitada por el delito de encubrimiento agravado.

III
La querella señaló que su recurso extraordinario se dirige contra una
sentencia equiparable a definitiva, pues la decisión impugnada causa un gravamen de
imposible reparación ulterior en razón de que impide tratar en el futuro la
imputación a P por el abuso sexual agravado y homicidio agravado de M
G
Invocó la doctrina de la arbitrariedad de sentencia y planteó que en el sub lite
se suscita cuestión federal por encontrarse discutida la inteligencia y aplicación de
normas federales que protegen los derechos de las mujeres víctimas de violencia de
género, de acceso a la justicia, a la verdad, a la tutela judicial efectiva, al recurso y a
que el proceso judicial se sustancie bajo el parámetro de debida diligencia reforzada
(arts. 1.1, 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos; 4.f y g, y
7.b de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la
Violencia contra la Mujer –Convención de Belém do Pará– y 1 y 2.c y d de la
Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer) y el cumplimiento de las garantías de debido proceso y defensa en juicio (art.
18 de la Constitución Nacional). Asimismo, afirmó que la arbitrariedad en la
valoración de la prueba configura cuestión federal pues contraviene el artículo 16,
inc. i, de la ley 26.485.
Expuso que, a pesar de haber advertido, con cita de jurisprudencia, que las
investigaciones de hechos de violencia contra la mujer deben observar las normas
invocadas e incluir un enfoque de género a fin de asegurar el derecho de acceso a la

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justicia sin discriminación y un juicio imparcial, el a quo soslayó su deber de control


de convencionalidad y omitió pronunciarse sobre la cuestión federal o, al menos, no
explicó por qué las normas federales no eran aplicables en el sub lite. Puso de relieve
que ese proceder condujo a la paradoja de que en el caso de M G no se
aplicó la perspectiva de género, obligatoria a partir de la ley 27.499 que lleva su
nombre.
Adujo que el superior tribunal local no atendió al planteo de arbitrariedad,
que era conducente para la decisión sobre la admisibilidad del recurso de casación, y
que con independencia de la limitación objetiva establecida en la ley provincial, debe
ser analizada en la instancia de casación y por el a quo. En ese orden invocó el
precedente de Fallos: 338:1021 donde V.E. consideró que “cuando en un caso de
violencia contra la mujer la parte acusadora impugna la sentencia de absolución
alegando, no un mero error en la valoración de la prueba, sino el vicio de
arbitrariedad, no es posible desoír el planteo mediante la sola aplicación de los
límites formales del recurso de casación del art. 458 del Código Procesal Penal de la
Nación, sin evaluar el mérito de la petición”.
Sin perjuicio de ello, afirmó que el sub judice cumple el requisito previsto en el
artículo 513 del código procesal local pues si bien P resultó condenado a cinco
años de prisión, lo fue por un hecho distinto del acusado por la fiscalía y la querella
en su tesis principal, homicidio agravado, que conlleva prisión perpetua. Remarcó
que la querella no tuvo duda sobre los dos hechos por los que acusó, con diferente
prueba de cargo, y que el imputado pudo defenderse debidamente.
Sostuvo que se rechazó en forma arbitraria la tesis de la acusación relativa a
la coautoría de W y P en el abuso y homicidio agravados de M
G En esa línea, señaló que se otorgó preeminencia a un parte policial sobre la

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declaración en el debate de la testigo N Z que refirió que en la madrugada
del día en que la víctima fue capturada escuchó que una mujer gritaba “auxilio,
auxilio, déjenme, no me peguen, no me maten, auxilio” y se omitió que el oficial
R G dijo que en una cámara que captó al auto utilizado en el hecho se
podía ver un brazo del lado del acompañante. Se agravió también por la valoración
de los testimonios de M D –que manifestó que en el camino que conduce
al lugar donde el cuerpo fue ocultado fue sobrepasada por un auto en el que iban
dos personas– y de G O –que dijo que cuando lavó el vehículo observó “la
huella de una mano grande con barro en el lado del acompañante”–. Negó que la
acusación de P dependiera sólo de los dichos de W y que lo involucrara
con la finalidad de eximirse de su responsabilidad y vengarse de quien aportó datos
para su detención. También se quejó porque se descartó infundadamente el pacto de
silencio entre ambos y se conjeturó sobre el motivo por el cual W no le dijo a
su pareja que había estado con P Asimismo, impugnó la valoración del estado
físico, antecedentes y conocimientos en ataques sexuales de W y la conclusión
de que P no estaba involucrado en el hecho basada en el resultado negativo de
pruebas periciales. Señaló que el fallo dejó sin respuesta la pregunta sobre si P
se estaba “autoencubriendo” o no.
Cuestionó el doble estándar probatorio y afirmó que el juzgador fue parcial,
pues los criterios de ponderación variaron según a qué imputado beneficiaba o
perjudicaba la prueba. Expuso que se valoraron de modo distinto las
contradicciones de uno y otro imputado y que para desincriminar a P respecto
del homicidio, se desacreditaron las declaraciones de N G yS O
por ser familiares de O (absuelto), quienes habían referido que la mencionada en
último término recibió un mensaje entre las 3.30 y 4 de la madrugada del día del

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hecho que demostraba que W yP estaban juntos. Empero –se quejó la


querella– los jueces no estimaron que la relación de parentesco fuera un obstáculo
para valorar los testimonios de la esposa de P y de su hijo, que afirmaron que
llegó a su casa a las 4.00 o 4.20 de ese día. Puso de relieve que ningún vecino
confirmó la versión de P que dijo que lo habían visto arribar a esa hora.
Afirmó que el tribunal de juicio incurrió en arbitrariedad al valorar la
declaración de W pues consideró que su autoincriminación era relevante para
acreditar su responsabilidad, pero desechó la parte en que dijo que P intervino
en el abuso sexual y posterior femicidio de la víctima.
Agregó que la distinción que realizó según las diversas clases de elementos de
convicción desatiende las reglas de amplitud probatoria y valoración de los hechos
de violencia de género establecidas en los artículos 16 y 31 de la ley 26.485, a la que
adhirió la provincia de Entre Ríos por ley 10.058.
Asimismo, señaló que el tribunal descartó la participación de P como
consecuencia de estereotipos del agresor sexual y femicida y comprometió su
imparcialidad. El tribunal tuvo en cuenta que W “no era un improvisado en
ataques sexuales”, que “posee dos condenas por abuso sexual cometido con acceso
carnal” y que tenía una relación conflictiva con su pareja. La querella consideró que
la prueba fue valorada para reforzar aquel estereotipo como hombre vicioso,
consumidor de estupefacientes, que desprecia a las mujeres y es un criminal
conocido, descripción que se adecua a W y para desacreditar la idea de que un
hombre de familia y trabajador, como P pudiera involucrarse en crímenes de
género.
Consideró que al confirmar una sentencia arbitraria el a quo incurrió en el
igual vicio de fundamentación.

7
Por último, planteó que el caso suscita gravedad institucional pues excede el
interés individual de las partes y atañe a toda la comunidad en la medida en que
pone en riesgo el juzgamiento de hechos de violencia de género con arreglo a los
principios del derecho internacional, de aplicación obligatoria en nuestro país. En
este sentido destacó que se ha sancionado la ley 27.499, que lleva el nombre de la
víctima, que establece la capacitación obligatoria en materia de género de los
integrantes de los tres poderes del Estado para que el acceso a la justicia de las
mujeres sea una realidad.
Concluyó que el a quo ha inobservado la obligación de debida diligencia
reforzada y de perspectiva de género, situación que no sólo resulta paradójica, sino
que trasciende al caso individual por la significancia social e institucional que el
nombre de M G representa.

IV
Si bien en la decisión impugnada se han declarado mal admitidos los
recursos de casación de los acusadores y la nulidad parcial de la sentencia en ese
aspecto, también se ha extendido a la invalidez al rechazo del similar recurso de la
defensa de P y se ordenó el reenvío de las actuaciones al tribunal de casación
para que se pronunciara sobre dicha impugnación. A ese respecto y con relación al
requisito de sentencia definitiva, considero pertinente señalar que, en principio,
resultaría aplicable la doctrina del Tribunal según la cual las cuestiones federales
eventualmente resueltas por un pronunciamiento no definitivo, no quedarán, por
esa razón, al margen del conocimiento de la Corte, pues podrán ser presentadas en
ocasión del recurso extraordinario que, en su caso, quepa deducir contra la sentencia
que cierre la causa (Fallos: 308:723; 311:667; 324:817). Empero y toda vez que, en lo

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atinente a la posibilidad de condenar a P en orden al delito de homicidio de


M G cometido con alevosía, criminis causa y mediando violencia de género,
la decisión resulta equiparable a definitiva, pues no existe la posibilidad de que un
pronunciamiento ulterior disipe el agravio alegado por la recurrente (Fallos:
333:241), estimo aplicable al sub lite el criterio de Fallos: 337:354, considerando 6° y
sus citas, y 338:1538.
V.E. ha señalado que las resoluciones por las cuales los superiores tribunales
de provincia deciden acerca de la procedencia o improcedencia de los recursos
extraordinarios de carácter local que se interponen ante ellos no son, en principio,
revisables en la instancia del artículo 14 de la ley 48, y la tacha de arbitrariedad a su
respecto es especialmente restrictiva; no obstante, la regla puede ceder cuando lo
resuelto conduce a una restricción sustancial de la vía utilizada por el apelante sin
fundamentación idónea o suficiente, lo que se traduce en una violación de la
garantía del debido proceso consagrada en el artículo 18 de la Constitución Nacional
(el dictamen de la Procuración General al que la Corte remitió en Fallos: 343:625 y
344:2765).
También ha dicho que si bien los agravios remiten a cuestiones de hecho,
prueba y derecho común y procesal, resultan ajenos, como regla, a la vía del artículo
14 de la ley 48, ello no es óbice para que la Corte pueda conocer en los casos cuyas
particularidades hacen excepción al principio, con base en la doctrina de la
arbitrariedad, toda vez que con ésta se tiende a resguardar la garantía de la defensa
en juicio y el debido proceso, exigiendo que las sentencias de los jueces sean
fundadas y constituyan una derivación razonada del derecho vigente con aplicación
a las circunstancias comprobadas de la causa (Fallos: 311:948, 2402 y 2547;
312:2507; 318:652; 324:4123).

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Asimismo, en el sub examine han sido puestos en cuestión la interpretación y
aplicación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la
Violencia contra la Mujer, su ley reglamentaria n° 26.485 y el derecho a recurrir de la
víctima del delito o de su representante a partir de las normas internacionales sobre
garantías y protección judicial previstas en los artículos 8, apartado 1° y 25 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos y la decisión del superior tribunal
de la causa resulta contraria al derecho que la recurrente funda en esas normas
federales (art. 14, inc. 3°, de la ley 48 y Fallos: 336:392; 338:1021; 329:5994
respectivamente).
En esas condiciones, estimo que el recurso extraordinario ha sido mal
denegado.
Advierto, por último, que las causales de arbitrariedad alegadas se vinculan de
modo inescindible con la cuestión federal planteada. En consecuencia, de acuerdo
con el criterio de V.E. que ha establecido que si existe conexión entre la
interpretación del derecho federal y la tacha de arbitrariedad invocada, es adecuado
el tratamiento de ambos aspectos sin disociarlos (Fallos: 308:1076; 322:3154;
323:1625 y 327:5640), así habré de proceder al examinar el caso.

V
A tal efecto, resulta indispensable hacer referencia a cuestiones de hecho,
prueba y derecho común, pues aun cuando en principio son ajenas a la vía intentada,
su valoración se impone a los fines indicados.
Así las cosas, cabe recordar que en la decisión que declaró mal admitidos los
recursos de casación de los acusadores el a quo consideró que, aunque no está

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previsto en el ordenamiento local, no existe objeción constitucional a la acusación


alternativa o subsidiaria pues contribuye al ejercicio del derecho de defensa y
procura evitar la existencia de varios procesos. No obstante, postuló que al
momento de concretar la acusación final debe elegirse una de las alternativas y
solicitarse la condena en virtud de la certeza que ofrece la prueba producida en el
juicio, y que esa convicción no es posible respecto de dos hechos que se excluyen
entre sí –como en el sub lite– porque la acusación por el abuso sexual en concurso
ideal con homicidio y por el encubrimiento de ese delito, encierra una contradicción
y exhibe una falta de certeza en la acreditación de la hipótesis principal o más grave.
Juzgó que más que alternativas o subsidiarias, las hipótesis fácticas son disyuntivas y
la verificación de una excluye a la otra y por ello no es razonable sostener ambas.
También concluyó que en la medida en que el tribunal de juicio receptó en forma
íntegra la acusación subsidiaria contra P conforme lo dispuesto en el artículo
513 del código procesal local, la fiscalía y la querella no estaban legitimados para
recurrir en virtud de que no se aplicó una pena inferior a la mitad de la solicitada.
En mi opinión, corresponde descalificar lo resuelto por el a quo pues no
constituye una derivación razonada del derecho vigente con aplicación a las
circunstancias comprobadas de la causa.
Cabe señalar que, como hipótesis principal, los acusadores imputaron a
P haber interceptado el 1° de abril de 2017 a M G haberla obligado a
subir a un automóvil, trasladado, abusado sexualmente y, por negarse a someterse a
sus pretensiones y para garantizar la impunidad, haberle comprimido su cuello hasta
asfixiarla, ocultando luego el cuerpo; hecho que fue calificado como abuso sexual
agravado en concurso ideal con homicidio agravado en carácter de coautor. En
forma alternativa, lo acusaron por haber realizado aportes fundamentales para que

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W lograra eludir las tareas investigativas y el accionar de la justicia entre el 3 y 7
de abril de 2017. Pavón procuró que el camionero E G llevara oculto
a W hacia Campana, le facilitó dinero para solventar los gastos para
mantenerse en la clandestinidad y coordinó con J F E , pareja de la
madre de W , que lo ayudó hasta que fue detenido.
De ello se desprende que la acusación comprendió dos hechos, dos
acontecimientos reales, que sucedieron en lugares y tiempos diferentes.
Como se expuso, el a quo objetó a la fiscalía y a la querella que al mantener las
dos acusaciones incurrían en contradicción, a la vez que exhibían su duda o falta de
certeza sobre la acreditación de la hipótesis principal y que la verificación de una
excluye a la otra.
Empero, es preciso señalar al respecto que al formular sus alegatos la fiscalía
y la querella no expresaron dudas en punto a los momentos en que P habría
actuado. En efecto, con base en la certeza derivada de la prueba producida en el
debate los acusadores consideraron que estaban acreditados dos hechos, tanto la
participación de P con W en el abuso sexual y homicidio como, tras su
comisión, la ayuda a éste para eludir las investigaciones de las autoridades y
sustraerse de la justicia. Las figuras, sin contradicción lógica, podrían concurrir en
forma material porque recaen sobre conductas sucesivas e independientes, la
primera realizada el 1° de abril de 2017 y la segunda entre el 3 y 7 del mismo mes y
año, pero como el encubrimiento de P resultaría impune en razón de que el
artículo 277, inciso 1°, del Código Penal contiene como presupuesto negativo para
la punibilidad que el autor no haya participado del delito ejecutado por otro, en la
acusación principal se requirió la condena por el delito de abuso en concurso ideal
con homicidio. Es pertinente indicar que, en virtud de esa cláusula, si participó en el

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delito no es punible su conducta posterior de autoencubrimiento ni el


encubrimiento de otro partícipe.
Por otra parte, si bien el a quo no cuestionó la validez procesal del instituto,
es pertinente indicar que la doctrina ha admitido la acusación alternativa o
subsidiaria cuando la falta de receptación de la tesis principal no implica la
imposibilidad de una condena por un mismo acontecimiento y también en casos,
como el del sub lite, que comprende dos hechos; en ambas situaciones el instituto
procura respetar la defensa del imputado sin someterlo a más de una persecución
penal. (cf. Maier, Julio B., “Derecho Procesal Penal", Tomo I Fundamentos,
Editores del Puerto, 2012, págs. 568 y sgtes.).
La acusación alternativa formulada en autos tuvo la finalidad de resolver la
situación procesal de P respecto de los dos hechos en un único proceso. Si bien
el tribunal de mérito juzgó que P no participó en el abuso y homicidio y no era
necesario un pronunciamiento expreso respecto de ese delito (ver Fallos: 329:3455),
corresponde entender la decisión como una absolución implícita por ese hecho.
En consecuencia y sin menoscabo de la facultad de interpretar las normas de
derecho provincial que, por regla, es propia de los jueces locales, cabe señalar que el
código procesal penal entrerriano abona la posición que sustenta la recurrente. En
efecto, su artículo 513 establece que el fiscal y el querellante están legitimados para
recurrir en casación la sentencia absolutoria o condenatoria cuando la pena aplicada
sea inferior a la mitad de la pena pretendida. En ese marco legal, considero que el
tribunal de casación había habilitado correctamente su jurisdicción pues P no
fue condenado por los delitos de abuso y homicidio, por el que se había requerido la
pena de prisión perpetua e incluso, si se compara el quantum que los acusadores
solicitaron al momento de alegar con la pena impuesta de cinco años de prisión,

13
también se verifica el límite objetivo previsto en la norma, es decir que la sentencia
dictada por el tribunal causó un agravio o perjuicio a la parte que le permitía el
acceso a la instancia de revisión y en consecuencia resulta arbitrario el criterio del a
quo por haberse apartado de la ley aplicable.
Cabe remarcar que el criterio que aquí se postula no pretende una injerencia
indebida en una cuestión de índole local, sino que se respete la normativa procesal
vigente, dictada por la provincia en ejercicio de sus facultades constitucionales, de
conformidad con lo resuelto por el Tribunal in re “Sandoval, Antonio Eduardo y
otros s/recurso de inconstitucionalidad” (CSJ 001341/2017/RH001, sentencia del 7
diciembre de 2023).
Sin perjuicio de lo anterior, y al solo efecto de dar mejor fundamento al
temperamento que postulo, estimo que los recursos de casación también eran
admisibles en atención a que los agravios federales planteados contra la sentencia
que no había hecho lugar a la condena de P por el delito de abuso en concurso
ideal con homicidio, al involucrar –como quedó expuesto– materia apta para ser
conocida por V.E. por la vía del artículo 14 de la ley 48, los tribunales locales no
podían rehusar su conocimiento por limitaciones de orden provincial, como el
monto de la condena, tal como juzgó el a quo al declararlos mal admitidos con
invocación de lo establecido en el artículo 513 del código procesal.
En esas condiciones, su decisión se aparta de la doctrina elaborada por el
Tribunal conforme a la cual, si bien los temas vinculados a la admisibilidad de los
recursos locales resultan ajenos a la vía federal por revestir carácter netamente
procesal, a partir de los precedentes "Strada" (Fallos: 308:490) y "Di Mascio" (Fallos:
311:2478) ha precisado que las limitaciones de orden local no pueden ser invocadas

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por los máximos tribunales provinciales para rehusar el abordaje de las cuestiones
federales sometidas a su conocimiento (Fallos: 339:194).

VI
Respecto del fondo, el a quo consideró –como ya reseñé– que los elementos
de convicción reunidos en relación con la participación de P en el abuso sexual
y femicidio de M G , “puntual y conglobadamente analizados por el
tribunal sentenciante no ofrecen más que datos meramente anfibológicos”, “no
brindan certeza corroborante de la hipótesis principal de la acusación y solo
entregan material para conformar simples conjeturas que no superan el grado de una
duda razonable”.
Esa afirmación deviene dogmática pues no ofrece las razones que conducen
a la conclusión y tampoco examina ni refuta los fundamentos por los cuales la sala
de casación había descalificado la sentencia del tribunal oral como acto judicial
válido. A ese respecto cabe señalar que, al fundar la arbitrariedad alegada, la querella
invocó los yerros argumentales que el tribunal de casación había observado en la
sentencia de mérito y adujo que, al confirmarla, el a quo incurrió en igual vicio de
fundamentación (ver punto III).
Al revisar aquella decisión, la sala de casación concluyó –a partir de
argumentos que, según mi criterio, le brindan suficiente sustento e impiden su
descalificación– que la situación de P había sido resuelta en forma arbitraria. En
ese sentido descartó que la acusación por el abuso sexual y homicidio dependiera
exclusivamente de la declaración de W que fuera beneficiosa para éste y que lo
involucrara por venganza. Asimismo, censuró el distinto tratamiento de los indicios
según cada imputado; la falta de análisis en conjunto de la prueba y que se haya

15
desestimado el pacto de silencio entre los nombrados. Rechazó las suposiciones
relativas al barro observado en el auto y al porqué W no le dijo a su pareja que
había estado con P . También discrepó con los jueces de mérito en cuanto a que
para afirmar la intervención de un único autor valoraron los antecedentes y
supuestos conocimientos en ataques sexuales de W ; minimizaron las
contradicciones de P y consideraron concluyente la falta de pruebas periciales
en su contra.
La sala también descalificó lo relativo al modo en que tres personas podrían
acomodarse en el auto de W y a la conducción del rodado; la valoración de los
testimonios de Z D ,S O de la esposa e hijo de P y del
coimputado O ; y de los mensajes entre N G pareja de W , y
P En el mismo sentido cuestionó, entre otros defectos argumentales que
advirtió en la evaluación de la prueba, la comparación de los estados de cada
imputado luego del hecho y el análisis relativo al camionero G y su relación
con P El tribunal de casación destacó como “yerro fundamental: dejar sin
respuesta la pregunta sobre si P se estaba autoencubriendo o no”.
A esta altura cabe poner de relieve, sin detrimento de la inmediación, que de
las constancias de las actuaciones surge que N Z declaró en el debate que
el 1° de abril de 2017 estaba durmiendo cuando escuchó que una mujer gritaba
“auxilio, auxilio, déjenme, no me peguen, no me maten, auxilio”, miró la hora y eran
las 5.38 y continuó descansando; que a la mañana al salir de su casa vio un calzado
que luego se determinó que era de la víctima y que una vecina le refirió que no había
sido un sueño, que fue verdad que gritaron y que “supuestamente levantaron una
chica”. En lo atinente al número de personas que capturaron a la víctima, el tribunal
de juicio se inclinó por el informe del comisario Sebastián Rivasseau en virtud de su

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“W ,S J L y otros s/abuso sexual con acceso carnal –para P
altern. encub. agravado y –recurso de casación, impugnación extraordinaria”
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carácter de director de investigaciones y porque fue realizado a horas del hecho


mientras que el debate se llevó a cabo seis meses después, cuando ya era público que
los acusadores imputaban a dos personas lo cual pudo haber influido en el
testimonio. En dicho informe se consignó, como referido por la testigo, que la
mujer que gritaba decía “auxilio, no me pegues…no me pegues”.
Sin menoscabo de la facultad de interpretar las normas de derecho provincial,
que por regla es propia de los jueces locales, es pertinente señalar que el código
procesal provincial sustenta la objeción del tribunal de casación y de la recurrente.
En efecto, su artículo 446 dispone que las declaraciones testimoniales no podrán ser
suplidas, bajo sanción de nulidad, por la lectura de las recibidas durante la
investigación penal preparatoria, excepto los supuestos allí enumerados. En
particular, cabe aclarar que no existieron contradicciones entre las declaraciones de
la testigo prestadas en la etapa preparatoria y en el debate, lo cual podría haber
permitido la lectura de la primera, sino que se trató de una discordancia entre la
declaración de Z en el juicio y lo consignado como referido por la testigo en el
citado informe policial del día del hecho. En ese contexto, observo que el tribunal
de mérito incurrió en arbitrariedad al desestimar la declaración de la testigo en el
debate, a pesar de lo previsto en ley procesal y del principio que establece que las
pruebas se producen en el juicio oral, público y contradictorio, etapa en que las
partes tienen la oportunidad de proponer, contradecir y analizar la relevancia jurídica
de aquéllas en punto a sus pretensiones.
Por su parte, la testigo M D refirió que el 1° de abril de 2017 entre
las 8.15 y 8.25 horas en un camino que conduce al lugar donde fue hallada M
G a unos 2500 metros del sitio, un automóvil Renault 18 break (que luego
reconoció en la televisión) casi embiste al suyo, la sobrepasó a gran velocidad y,

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aunque los vidrios eran oscuros, por efecto del sol pudo ver a dos personas, y tuvo
la impresión que el acompañante era más alto que el conductor. El tribunal de juicio
descartó sus dichos por las circunstancias en que observó al vehículo en cuestión no
obstante que la testigo había declarado en forma inequívoca que vio a dos personas.
Ambas declaraciones resultaban relevantes a los fines de la hipótesis de la
acusación relativa a que el abuso sexual y el homicidio no fue cometido sólo por
W sino que participó otra persona. Los testimonios acreditaban que a las 5.45
del 1° de abril de 2017 (hora determinada por el tribunal), M G fue
obligada por más de una persona a subir al automóvil (que luego se estableció era de
W ) y que unas horas después, entre las 8.15 y 8.25, en las proximidades donde
fue ocultado su cuerpo, el vehículo fue visto con dos individuos a bordo. Esos
testimonios junto con indicios, presunciones y demás elementos de convicción
enumerados por la casación y citados por la querella, valorados en forma conjunta,
indican que no resulta razonable descartar la participación de P en el abuso
sexual y homicidio, hecho ocurrido entre esos dos momentos, máxime en los
términos dogmáticos invocados.
En esas condiciones, estimo aplicable al sub lite la doctrina del Tribunal que
establece que corresponde dejar sin efecto la sentencia que absolvió al imputado si
tal conclusión liberatoria sólo fue posible por haber considerado los indicios en
forma fragmentaria y aislada, incurriendo en omisiones y falencias respecto de la
verificación de hechos conducentes para la decisión del litigio, prescindiendo de una
visión de conjunto y de la necesaria correlación de los testimonios entre sí, y de ellos
con otros elementos indiciarios, lo que desvirtúa la esencia del medio probatorio de
que se trata y presta al fallo un sustento sólo aparente (Fallos: 311:948, 2402, 2547;
313:559; 314:346; 319:1728; 345:1374). En igual sentido, en el precedente de Fallos:

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308:640 V.E. sostuvo que es arbitraria la sentencia que, para absolver al acusado,
seleccionó únicamente las pruebas que permitieran su liberación, sin confrontarlas
críticamente con la múltiple variedad producida en la causa.
Esa deficiente fundamentación, que bastaría para desestimar lo resuelto,
adquiere mayor entidad al haberse omitido considerar el sub judice a la luz de la ley
26.485, reglamentaria de la Convención Belém do Pará, que establece que la víctima
de la violencia de género tiene derecho a la amplitud probatoria para acreditar los
hechos denunciados y que las pruebas deben evaluarse de acuerdo con el principio
de la sana crítica y se considerarán las presunciones que contribuyan a la
demostración de los hechos, siempre que sean indicios graves, precisos y
concordantes (arts. 16, inc. i, y 31).
Si bien –como ya dije– los aspectos de hecho y prueba podrían entenderse
impropios de esta instancia, he considerado necesario referirlos a fin de brindar base
suficiente al criterio que postulo, pues los defectos de fundamentación señalados
autorizaban al tribunal de casación a descalificar la sentencia de los jueces de mérito
con arreglo a la doctrina de la arbitrariedad, incluso con sustento en la ley procesal
local que establece que las sentencias deberán ser motivadas bajo pena de nulidad
(art. 151) y, a su vez, prevé, entre otros supuestos, que será nula cuando faltare o
fuese contradictoria la motivación o no se hubiesen observado las reglas de la sana
crítica racional siempre que el defecto tenga un valor decisivo en el pronunciamiento
(art. 457).
Así lo estimo, pues al confirmar el a quo la absolución que el tribunal de
casación había anulado en función de las normas citadas, convalidó un método
crítico que no respeta la doctrina antes mencionada respecto a la valoración de los

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elementos de convicción y que autoriza a descalificar el pronunciamiento por
arbitrariedad.
Ese temperamento se proyectó sobre la indebida aplicación del principio in
dubio pro reo, lo cual también abona la procedencia de la apelación extraordinaria. En
ese sentido, es doctrina de V.E. que la duda como fundamento de la absolución no
constituye obstáculo para concluir en la arbitrariedad del fallo, pues al no haber
surgido como consecuencia de la debida consideración de los elementos de juicio
esenciales y conducentes para la solución del litigio, la sentencia no reconoce otra
razón más que la voluntad de quienes la pronunciaron (Fallos: 311:512) y que el
estado de duda no puede reposar en una pura subjetividad sino que debe derivarse
de la racional y objetiva evaluación de las constancias del proceso (Fallos: 314:833;
315:495; 321:2990 y 3423 y 324:1365).
Asimismo, la Corte ha establecido que todo aquél a quien la ley reconoce
personería para actuar en juicio en defensa de sus derechos, está amparado por la
garantía del debido proceso legal consagrado en el artículo 18 de la Constitución
Nacional, sea que actúe como acusador o acusado, como demandado o demandante;
ya que en todo caso media interés institucional en reparar el agravio si éste existe y
tiene fundamento en la Constitución, puesto que ella garantiza a todos los litigantes
por igual el derecho a obtener una sentencia fundada previo juicio llevado en legal
forma, cualquiera sea la naturaleza del procedimiento –civil o criminal– de que se
trate (Fallos: 268:266; 297:491; 321:3322; 324:4135; 344:2765).
Entiendo que en el sub lite ha sido menoscabada la garantía constitucional del
debido proceso pues –como se ha expuesto– la fiscalía y querella estaban facultadas
por el artículo 513 de la ley procesal a recurrir en casación la sentencia del tribunal

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oral que no hizo lugar a la acusación por abuso sexual y homicidio agravados delito
por el que se requirió prisión perpetua.
Además, la Convención de Belém do Pará establece que toda mujer tiene,
entre otros, el derecho a un recurso sencillo y rápido ante los tribunales
competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos (art. 4, inc. g). En
ese marco y en atención a los agravios planteados en aquel recurso, resulta aplicable
mutatis mutandis el precedente de Fallos: 338:1021 donde V.E. sostuvo que sin
perjuicio de la validez de las restricciones a las facultades recursivas del Ministerio
Público (que se extienden a la querella), cuando se plantean cuestiones federales no
es posible soslayar la intervención de la cámara de casación como tribunal
intermedio, más aún cuando la decisión está en tensión con el deber de actuar con la
debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer
que impone la Convención de Belém do Pará.
Ello es así pues los derechos a la tutela judicial efectiva y al acceso a la justicia
reconocidos en los artículos 18 de la Constitución Nacional, 8°, inciso 1°, y 25 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos, y 2°, inciso 3°, y 14 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, adquieren mayor entidad en la especie
en la medida que dicho resguardo resulta especialmente exigible en un proceso
donde se investiga el abuso sexual con acceso carnal en concurso ideal con
homicidio con alevosía, criminis causa y mediando abuso de género de M
G hecho que configura violencia contra la mujer de acuerdo a los artículos 1º
de la Convención de Belém do Pará y 4° de su ley reglamentaria n° 26.485, de
Protección Integral de las Mujeres. En estos supuestos, el resguardo de los derechos
constitucionales que asisten a las víctimas en general está especialmente garantizado
por la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación

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contra la Mujer, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar
la Violencia contra la Mujer y la citada ley 26.485 (del dictamen de la Procuración
General al cual remitió la Corte Suprema en Fallos: 343:103 y 344:2765).
Por último, cabe mencionar que la decisión impugnada fue dictada por el 31
de julio de 2020, cuando ya había entrado en vigencia la ley 27.499 que lleva el
nombre de la víctima del hecho que ha sido objeto de este proceso: “Ley Micaela de
capacitación obligatoria en género para todas las personas que integran los tres
poderes del Estado”. Allí se ha establecido que esa finalidad debe regirse por la
normativa, recomendaciones y otras disposiciones de los organismos de monitoreo
de las convenciones vinculadas a la temática de género y violencia contra las mujeres
suscriptas por el país, que además de obligatorias habían sido expresamente
invocadas por la acusación y, a pesar de ello, fue desatendida en la sentencia que
aquí se recurre.
Por todo lo expuesto considero que la decisión recurrida no es un acto
judicial válido en tanto convalida una sentencia que valora arbitrariamente la prueba
y desconoce el derecho al recurso que la ley reconoce a la parte, máxime tratándose
de una víctima de violencia de género respecto de la cual el Estado ha asumido una
obligación reforzada que exige actuar con la debida diligencia para prevenir,
investigar y sancionar la violencia contra la mujer (art. 7.b de la Convención Belém
do Pará) (conf. caso “González y otras -‘Campo Algodonero’- vs. México”,
Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, sentencia de 16 de noviembre
de 2009, párr. 258, entre otros).

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VII
En definitiva, opino que V.E. debe hacer lugar a la queja, declarar procedente
el recurso extraordinario interpuesto, dejar sin efecto la sentencia apelada y ordenar
el dictado de una nueva conforme a derecho.

Buenos Aires, 9 de abril de 2024.

Firmado digitalmente por: CASAL


23 Eduardo Ezequiel
Fecha y hora: 09.04.2024 10:52:19

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