Concepción Cabrera: Laica, Mística y Apóstol.
Joel Santiago Tovilla| Coordinador Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús
Concepción Cabrera de Armida, mujer laica, mexicana, que fue beatificada el pasado 4 de mayo de
2019, fue el instrumento profético que Dios eligió para iniciar una corriente espiritual en la Iglesia
contemporánea cuyo carisma consiste en el seguimiento y vivencia del Sacerdocio Místico.
Completamente identificada con Cristo Sacerdote y Víctima, sin haber abandonado nunca su entorno
familiar y social. Mujer multifacética, pues fue hija, hermana, novia, esposa, madre, viuda, abuela,
escritora mística, fundadora, que vino a recodarle al mundo el Evangelio de la Cruz.
Laica, mexicana, mujer.
Una combinación providencial. Lo fue toda su vida. Se desenvolvió en medio del mundo y pasó
viviendo las virtudes de una manera heroica. Claro que tuvo la inquietud de haber querido ser religiosa.
Pero el Señor la quería laica. Así se lo expresó su último director espiritual, el Siervo de Dios Luis
María Martínez, Arzobispo Primado de México. Nos enseña con su vida, que Dios puede
transformarnos allí donde estamos insertos, en medio de las realidades temporales. Viviendo nuestra
vida con sus mil detalles y problemas. Que la vida laical es una vocación para cristalizar también allí la
santidad. Que la santidad no está reservada sólo para los consagrados. Que los laicos no somos
cristianos de segunda o de tercera categoría, como se pensaba antes del Concilio Vaticano II.
Mexicana. Le tocó vivir momentos difíciles para la Iglesia mexicana, la persecución cristera. Apoyó a
obispos y sacerdotes en aquel vía crucis de la nación. No se desentendió de la realidad circundante. Fue
una laica comprometida con su tiempo. Nos enseña que debemos poner nuestro granito de arena para
transformar los males que nos rodean y no solo criticar o peor aún huir buscando la seguridad del
encierro, del desinterés. Mujer. Abarcó todas las facetas del ser femenino, fue hija, hermana, novia,
esposa, madre, abuela, tía, suegra, amiga… y supo llenar del fuego divino cada uno de estos roles.
Supo vivirlos con pureza, con fineza, con detalles propios del genio femenino. Nos enseña con su vida,
que no es necesario desatender la vida familiar y social “para ser más de Dios”. En medio del ajetreo de
la vida de una madre de familia, encontraba tiempo para la eucaristía diaria, escribir su diario espiritual,
realizar sus obras de apostolado… sin jamás descuidar sus deberes de estado. Conchita como mujer es
muy natural: ama de casa, cuida de los detalles del hogar, al pendiente de su esposo y de sus hijos,
atenta a sus necesidades, siempre habla con ternura de ellos, y siempre dio prioridad a sus deberes de
estado, tenía una frase muy de ella: “vana sería mi ilusión si al querer cumplir con Dios no cumplo con
mi obligación”, como vemos era una mujer muy equilibrada, con los pies muy puestos en la tierra.
Supo acomodarse a las exigencias de la época en la que vivió; hablando de su marido decía que “tenía
que condescender en ir a teatro y bailes, él nunca iba solo”. También decía que “el disfrutar de las
fiestas y de su noviazgo nunca la alejó del amor de Dios”. Su personalidad psíquica era de contrastes:
tenía una gran sensibilidad física y psicológica, fina, delicada; y sin embargo tenía una gran fortaleza
para soportar el dolor físico y moral.
Era una mujer débil físicamente, pero de una voluntad férrea y de pleno autodominio. Ella misma
manifiesta su sensibilidad en sus escritos: “Yo siempre he sufrido mucho por querendona. Mucho ha
sufrido mi alma por su sensibilidad”.
Mística.
Su vida estuvo llena de Dios. “Me sentía atraída por Él”. Y todo comenzó con un original acto de
entrega a Dios, para manifestar, que quería pertenecerle. Vivió una experiencia de Dios única, al grado
de fundar una nueva escuela de espiritualidad: La Espiritualidad de la Cruz, o de Cristo Sacerdote y
Ofrenda. Tenía coloquios frecuentes con Jesús. Es la mística que más ha escrito en la historia de la
Iglesia. Sus apuntes abarcan más de 66 volúmenes manuscritos, 6242 cartas, 47 obras editadas, 27
obras inéditas. Abarcó temas teológicos muy densos sin haber tenido formación en ellos. Más de
66,000 páginas. Podría llegar a ser Doctora de la Iglesia en su canonización, es comentario de Fray
Raniero Cantalamesa. Y volvemos al principio, ¿se pueden alcanzar esos grados de misticismo en la
vida laical? Sin lugar a dudas. El resumen de su vida mística lo encontramos en el signo que tuvo en
una visión privilegiada y que se convirtió en el símbolo de su espiritualidad: La Cruz del Apostolado.
Realmente, su grandeza se centra en que con todo y los conflictos e inseguridades que sufrió desde
pequeña y que marcaron de manera importante su personalidad, ella pudo ir superándolos con la ayuda
del Señor, a su vez, que Él la eligió asumiéndola integralmente con toda su realidad personal (con sus
potenciales, debilidades y limitaciones), logrando así hacerla crecer en su amor y en la perfección
espiritual, que más tarde le llevarán a cumplir como misión el anunciar al mundo el misterio de Cristo
Sacerdote y Ofrenda, como único medio de salvación para los hombres.
Apóstol.
Sin descuidar su vida laical, se dio tiempo para fundar las Obras de la Cruz. El Apostolado de la Cruz,
para todos los que quieran vivir la Espiritualidad de la Cruz en cualquier estado de vida. Las Religiosas
de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, para mujeres contemplativas eucarísticas. La Alianza de
Amor con el Sagrado Corazón de Jesús, para laicos comprometidos, que vendría siendo la obra que
más se asemeja al estilo de vida de Conchita. La Fraternidad Sacerdotal, para obispos y presbíteros
que quieren vivir la Espiritualidad de la Cruz enriqueciendo su vida consagrada sean diocesanos o
religiosos. Los Misioneros del Espíritu Santo, para varones religiosos, fundada junto con el venerable
P. Félix de Jesús Rougier. Caso único en la Iglesia: que una mujer laica funde 5 Obras para diferentes
estados de vida.
Conchita es un ejemplo actual de que es posible alcanzar la santidad viviendo la vida de familia, en
medio de un entorno social difícil, como el que nos toca vivir en estos días.
ORACIÓN SACERDOTAL también llamada OFRECIMIENTO DEL VERBO ENCARNADO:
Padre Santo,
por las manos de María
te ofrecemos como víctima al Verbo Encarnado,
en quien tienes todas tus complacencias.
Impulsados por la caridad que el Espíritu Santo
ha derramado en nuestros corazones,
nos ofrecemos constantemente en su unión
como hostias vivas
y nos sacrificaremos por tu amor
en las ocasiones que se nos presenten,
implorando gracias para el mundo y la Iglesia,
especialmente por los sacerdotes.
Jesús, Salvador de los hombres ¡Sálvalos!