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Reflexión sobre Marx y el Marxismo

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TAREA 5: REFLEXIÓN SOBRE MARX COMO ECONOMISTA Y EL MARXISMO COMO

IDEOLOGÍA

Alumno: Eugenio Muinelo Paz

Dentro de la historia del pensamiento económico, Karl Marx es conocido por haber llevado a
su culminación la tradición clásica: perfecciona la teoría del valor-trabajo con su distinción entre
"trabajo" (la prestación concreta) y "fuerza de trabajo" (la capacidad para trabajar, indiscernible de
la vida misma del trabajador, y que es lo que el trabajador verdaderamente "vende"), y en virtud de
dicha distinción consigue explicar mejor que los autores clásicos anteriores el punto central de la
teoría clásica: la economía capitalista se caracteriza por el hecho de que "el excedente aparece en el
proceso productivo, y no en la circulación de mercancías" (Roncaglia, 2017, 163). Como es sabido,
a esto Marx lo llamaba explotación, concepto controvertido, como toda la obra marxiana, porque
pareciera que en él se mezclan aspectos científico-descriptivos con aspectos ético-normativos. No
obstante, en esto, que es lo que muchas veces se le reprocha a Marx, reside para mí parte de su
grandeza (ambigua, ciertamente, pero incuestionable). No hay teoría económica "pura", sino que
toda teoría económica entraña un modelo de sociedad, y eso será siempre ya una cuestión ética y
política (de ahí que Marx haya sido uno de los economistas modernos que más haya tenido en
consideración a Aristóteles, por ejemplo).
Volviendo a la cuestión de la explotación: en ella se aúna una descripción (el excedente se
genera en la producción, con la prolongación —¡no pagada!— del uso de la fuerza de trabajo más
allá del trabajo socialmente necesario), con una valoración (esa situación es intolerable y ha de ser
denunciada). No cabe duda de que la motivación radical de todo el esfuerzo teórico de Marx es esto
último, pero esto no le resta valor a sus hallazgos teóricos. Sin embargo, es legítimo preguntar:
¿distorsionó en algún punto su visión de la economía el hecho de que para él lo importante era
servir a una causa política? Desde luego, es difícil discernir cuándo Marx comete un error
puramente teórico, o cuando es su ideología la que lo está condicionando. Por ejemplo, su intuición
del aumento imparable de la composición orgánica del capital es de una relevancia científica
enorme, pero de ella Marx extrajo la conclusión de la caída tendencial de la tasa de ganancia
(resumiendo: la automatización hace superfluo o depaupera al trabajador, pero sin trabajador
tampoco hay comprador). Esto acabaría propiciando la descomposición del capitalismo y la
necesidad de alumbrar un orden nuevo que superase sus contradicciones internas. Esa conclusión es
errónea, como el tiempo ha demostrado, dándole la razón en cambio a Ricardo, quien había
afirmado que, aunque se introduzcan permanentemente nuevos métodos productivos, "con una tasa
real dada y constante de salario, esto implica que, en lugar de disminuir, la tasa general de ganancia
subirá o se mantendrá constante" (Kurz, 2022, 94). En cierto sentido, el keynesianismo de
posguerra fue esto. Cabría preguntarse si, tras la crisis de este, el futuro no le acabará devolviendo
la razón a Marx, pero el agotamiento del proyecto socialista tampoco parece inducir demasiado a
ello.
En cualquier caso, Marx subestimó la capacidad de autotransformación del capitalismo. ¿Se
equivocó involuntariamente, como economista? ¿O más bien de forma premeditada, para infundir
en el movimiento obrero, abanderado por él, el ánimo y la fortaleza que solo confieren la
convicción de que aquello por lo que luchamos saldrá bien? Tal vez las dos respuestas tengan su
momento de verdad.
Para concluir, pasemos revista al marxismo como ideología. Es cierto que bien pronto,
supuestamente tomando como base la obra de Marx, se erigió un monolítico edificio ideológico,
que tomaba casi como "sagrado" cualquier pasaje de la obra de Marx y Engels, incluso sacado de
contexto. De ese modo, se incurrió en una palmaria falacia de composición: a partir de los
incuestionables descubrimientos de Marx (la no-neutralidad de la ciencia económica, la noción de
fuerza de trabajo, la reproducción ampliada y el dinamismo de la economía capitalista, la
composición orgánica del capital, etc.), se da por hecho que cualquier cosa que haya escrito Marx es
una verdad absoluta (cosa que, cabe imaginar, a él mismo dado su talante crítico le repugnaría). Su
filosofía de la historia, su materialismo, su crítica de la religión, que son aspectos de su pensamiento
muchos más endebles científicamente, fueron primero vulgarmente simplificados y luego venerados
como doctrina revelada.
Del otro lado del espectro ideológico no se contribuyó a arrojar luz sobre el verdadero Marx,
fomentando un fatídico juego de espejos al emplear también falacias, en este caso la falacia ad
consequentiam: dado que de la obra de Marx se derivaron consecuencias tan nefastas (una ideología
cerrada y rígida, en lo teórico, y un régimen autoritario, en lo político), es la que la propia obra de
Marx debe de ser perversa en sí misma.
Tras el derrumbe de la Unión Soviética, ya es hora de desenterrar el pensamiento de Marx,
con todas sus tensiones y problemas, pero con toda su pasión y lucidez. La historia del pensamiento
económico no puede prescindir de un capítulo tan importante de sí misma.

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