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Articulos 1529-1542

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Artículo 1529º

Definición
Por la compraventa el vendedor se obliga a transferir la
propiedad de un bien al comprador y éste a pagar su precio en
dinero.

Un contrato de compraventa es un acuerdo legal con términos y condiciones


que se constituye entre dos o más partes. Donde el vendedor está obligado a
transferir una propiedad de un bien inmueble al comprador a cambio de un
monto económico.
Este concepto se establece en el artículo 1529 del Código Civil de Perú, para
crear y formalizar una relación jurídica patrimonial. Además de definir los
criterios para su modificación o eliminación, según sea el caso.
En otras palabras, esta disposición legal en referencia a la compraventa
sostiene dos elementos principales. Que son la existencia de un bien que se
transfiere y un precio que concierne al pago por adquisición.

 Rasgos de un contrato compraventa y normativa


De acuerdo a las disposiciones legales, el contrato de compraventa tiene los
siguientes rasgos:

 Un contrato de compraventa se define en consenso, por lo tanto,


requiere un convenio entre ambas partes.

 Este tipo de contratos son de perfil obligatorio. Es decir, el vendedor


debe transferir el bien y el comprador entregar una cantidad de
dinero a cambio.

 La compraventa se regula en función de las disposiciones


del artículo 1352 del Código Civil. Este precepto sostiene como rasgo
principal que los contratos de compraventa se ajustan por el
consentimiento de ambas partes.

 Las partes pueden definir de forma libre el contenido del contrato,


siempre y cuando no sea opuesto a las normativas. En conformidad a
los criterios designados en el Código Civil, artículo 1354.
 No existe contrato de compraventa mientras las partes interesadas
no estén conformes con todas las estipulaciones. Lo cual se
sustenta en las disposiciones del Código Civil peruano, artículo 1359.

Componentes de un contrato compraventa


Con base a la definición y los rasgos de un contrato de compraventa, se
pueden distinguir los siguientes componentes esenciales:

 Partes del contrato


Se refiere a los involucrados en el acuerdo legal, es decir, el vendedor y el
comprador. De hecho, el vendedor es el que transfiere el bien y el comprador
el que otorga la suma de dinero como pago.
Además, las partes del contrato compraventa son los encargados de la
negociación, redacción y ejecución del mismo.

 Obligaciones de las partes


La persona denominada vendedor tiene la obligación de entregar un bien
como parte de la transacción. Mientras que la otra persona designada como
comprador tiene el deber de pagar una suma de dinero.
En otras palabras, se trata de la obligación de transferir un bien a cambio
de un pago en dinero.

 Bien de compraventa
En este caso, se trata de la propiedad, artículo u objeto que está sujeta al
acuerdo legal. Por ejemplo, una casa, un vehículo o algún producto que sea la
esencia del intercambio.
También, es relevante destacar que el bien debe cumplir con los
criterios legales que le otorguen la condición de apto.

 Precio
Se entiende como la cantidad de dinero que debe pagar el comprador al
vendedor en vista del acuerdo. Lo cual representa un elemento vital para que
exista un contrato de compraventa formal.
De hecho, el precio de un contrato compraventa se define en función de
varios factores específicos. Por ejemplo, la naturaleza del bien, las
condiciones definidas y los términos.
ARTÍCULO 1530
GASTOS DE ENTREGA Y TRANSPORTE
«Los gastos de entrega son de cargo del vendedor y los gastos
de transporte a un lugar diferente del de cumplimiento son de
cargo del comprador, salvo pacto distinto».

1. GASTOS SUSCEPTIBLES DE ORIGINARSE POR LA ENTREGA


Resulta evidente que la entrega podría generar gastos. Hemos utilizado
una expresión condicional, por cuanto existen determinados casos en
los cuales la entrega en la compraventa no generará gasto alguno. Para
ilustrar lo señalado, vamos a mencionar un ejemplo. Supongamos que
dos personas se encuentran en un mismo lugar y una de ellas ofrece a
la otra en venta un libro (que tiene en su poder en ese instante).

El destinatario de la oferta acepta y el vendedor ejecuta su obligación de


manera inmediata. Está claro que en este caso la entrega no habrá
implicado gasto alguno, razón por la cual dicho vendedor no se
perjudicará en la menor medida. Ahora bien, la entrega podría
considerarse como generadora de gastos en la medida que dicha
actividad implique, al menos, un desembolso patrimonial para el
vendedor, por más mínimo que sea, como podría ser el caso –siguiendo
con nuestro ejemplo anterior– en que dicho vendedor no tuviera consigo
el libro y se viera en la necesidad de recogerlo de algún lugar para
entregarlo a manos de la parte compradora. Sin embargo, el ejemplo
anotado sería uno en el cual los gastos que ocasionase el pago tendrían
importancia patrimonial absolutamente insignificante, pero podríamos
imaginar otros supuestos en que tal situación sea sustancialmente
distinta, lo que se presentaría cuando, por ejemplo, el vendedor tenga
que trasladar el bien a un lugar muy lejano, para entregarlo allí al
comprador, o cuando tenga que sufragar determinados gastos o costos
adicionales relativos a dicha entrega, como sería el caso de contratar
seguros, fletes, etc. En relación a este tema debe mencionarse que el
mismo adquiere relevancia mayúscula en lo que respecta a la
compraventa internacional de mercaderías.

2. TRANSPORTE.
El tema del transporte se encuentra íntimamente relacionado con el de
la entrega, ya que, salvo en los casos de tradición ficta, o en el de
inmuebles por naturaleza, resultará imposible efectuar una entrega sin el
transporte de los bienes al lugar en que debe realizarse el pago. Dentro
de tal orden de ideas, en la mayoría de casos, la entrega será el efecto
del transporte; y el transporte será la causa de la entrega. Se puede
decir, de esta forma, que entre ambos conceptos existe una íntima
relación de causa y efecto.

3. GASTOS SUSCEPTIBLES DE DERIVARSE DEL TRANSPORTE


En realidad, resulta difícil pronunciarnos en términos unívocos y
concluyentes en torno a los gastos susceptibles de derivarse del
transporte, ya que –independientemente de la parte que los asuma– el
monto de los mismos dependerá del medio que se emplee para efectuar
dicho transporte, como podría ser la vía terrestre, aérea o marítima,
supuestos en los cuales, como resulta evidente, los costos de dicho
transporte variarán de manera notable.
Además debe tenerse en consideración que dentro de cada uno de los
medios de transporte mencionados, los costos no serán los mismos,
pues variarán de acuerdo al prestigio y calidad de la firma que se escoja
para ejecutar dicho transporte, a la par que de la naturaleza del objeto u
objetos que se vayan a transportar.

4. TRANSPORTE AL LUGAR DEL CUMPLIMIENTO (PAGO)


Como se recuerda, la regla general de Derecho de Obligaciones en lo
referente al lugar de pago, está constituida por el artículo 1238, norma
que establece que el pago debe efectuarse en el domicilio del deudor,
salvo estipulación en contrario o que ello resulte de la ley, de la
naturaleza de la obligación o de las circunstancias del caso. Debe
concordarse esta norma con lo dispuesto específicamente para el
contrato de compraventa (artículo 1553), cuando se señala que el bien
debe ser entregado, a falta de estipulación, en el lugar en que se
encuentre en el momento de celebrarse el contrato; en tanto que si el
bien fuera incierto, la entrega se hará en el domicilio del vendedor, una
vez que se reaice su determinación. Independientemente de los
comentarios que efectuamos más adelante con ocasión del análisis del
artículo 1553 del Código Civil, es evidente que si el bien debe ser
entregado en el lugar donde se encuentra o en el domicilio del deudor
(vendedor), no habrá que efectuar transporte alguno al lugar del
cumplimiento, pues al momento de celebrarse el contrato el bien ya se
encontraba en esa ubicación.

En estos casos, sólo habrá que efectuar un transporte del bien, cuando
a pesar de las circunstancias antes mencionadas, el mismo no se
encontrará en ese lugar al momento de la celebración del contrato.
Ahora bien, si se tratase de una entrega que debe realizarse en un lugar
distinto a los antes mencionados, evidentemente habrá que transportar
el bien a dicha ubicación.

5. ESTUDIO DE LA POSIBILIDAD DE UN «TRANSPORTE A UN LUGAR


DIFERENTE DEL DE CUMPLIMIENTO»
Debemos confesar que siempre nos ha llamado la atención el extremo
del artículo 1530 del Código Civil peruano de 1984 cuando se refiere «a
un lugar diferente del de cumplimiento». Decimos esto, porque dentro
del Derecho de Obligaciones y Contratos resultaría imposible que se
efectúe un pago en un lugar distinto o diferente del de cumplimiento. Nos
explicamos

Si ello fuera así, esto equivaldría a decir que se puede cumplir con
ejecutar una obligación en lugar distinto al convenido o al establecido
por la ley. Entendemos que la frase que estamos criticando constituye
un error, ya que lo propio no era referirse «a un lugar diferente del de
cumplimiento», sino a un nuevo lugar que las partes hayan convenido
para el cumplimiento de la obligación de entrega, diferente del
originalmente pactado; vale decir, entendemos que se alude al supuesto
en el cual se ha variado –evidentemente por mutuo acuerdo– el lugar en
que debía efectuarse la entrega. En tal entendido, serían aplicables a
este extremo del artículo 1530 del Código Civil peruano, similares
críticas que las esgrimidas contra el texto del artículo 1570 (norma
referente a la teoría del riesgo en el contrato de compraventa), ya que, si
las partes han acordado el cambio del lugar de pago, todo lo relativo a
los gastos de entrega y a los gastos de transporte se regirá en torno al
nuevo lugar que contemple el contrato modificatorio.
Una interpretación diferente en lo que respecta a este punto carecería
de sentido.

Articulo 1531
Condiciones del contrato
Si el precio de una transferencia se fija parte en dinero y
parte en otro bien, se calificará el contrato de acuerdo con
la intención manifiesta de los contratantes,
independientemente de la denominación que se le dé.
Si no consta la intención de las partes, el contrato es de
permuta cuando el valor del bien es igual o excede al del
dinero; y de compraventa, si es menor.

1. RELACIÓN ENTRE EL CONTRATO DE COMPRAVENTA Y EL CONTRATO


DE PERMUTA
El artículo 1531 del Código Civil peruano plantea un punto de relación
sumamente concreto entre el contrato de compraventa y el contrato de
permuta, contrato este último definido por el Código peruano en su artículo
1602 como aquel por el cual los permutantes se obligan a transferirse
recíprocamente la propiedad de bienes.
Si bien es cierto que el contrato de permuta ha cedido su importancia inicial
al contrato de compraventa –sin lugar a dudas el más usual de los
contratos–, no ha dejado de tener alguna significación, sobre todo en
localidades en donde el comercio artesanal y a menor escala, resulta
frecuente, como es el caso de muchos pueblos del interior del Perú y de
otros países de América Latina. En cuanto a la posición que ha adoptado el
Derecho moderno frente al contrato de permuta, podríamos recordar que el
Código Civil francés, considerado como el primero de la llamada
modernidad, legisla acerca de este contrato en seis normas: los artículos
1702 a 1707. Sin lugar a dudas este es un tratamiento sumamente reducido
si se le compara con el otorgado por el mismo cuerpo legislativo al contrato
de compraventa (artículos 1582 a 1701). Sin embargo, si es confrontado con
el que otorgan al contrato de permuta Códigos más modernos, vemos que el
Código Napoleón fue bastante generoso. la legislación de nuestra tradición
jurídica se inclina cada vez más por reducir el tratamiento normativo que
otorga al contrato de permuta, observándose que los Códigos modernos
optan por incluir, en su gran mayoría, sólo dos normas: una que define
al contrato, y otra que remite el tratamiento del mismo al articulado del
contrato de compraventa, en cuanto le fuera aplicable. Este es el caso del
Código Civil peruano de 1984, el que, como vimos, define al contrato de
permuta en su artículo 1602, y que en virtud del artículo 1603 remite el
tratamiento del mismo a las normas de la compraventa.

2. EL PROBLEMA DEL PRECIO MIXTO


El tema del precio mixto, sin duda es uno muy discutido. Como se señala en
este trabajo, el precio, de acuerdo a un criterio mayoritario en doctrina, debe
consistir –fundamentalmente– en dinero o en signos que representen al
dinero, siendo el caso más común el de las monedas extranjeras. Esto
significa que en tanto en una compraventa se convenga un precio en
metálico (ya sea moneda nacional o extranjera) o en una mezcla de estos
dos elementos, vale decir moneda nacional y moneda extranjera a la vez, no
habría problema alguno para saber que nos encontramos frente a un
contrato de compraventa.
El problema nace cuando el precio en moneda nacional y/o extranjera, se
presenta con el agregado de un bien de distinta naturaleza de los
mencionados, vale decir, por un bien que no sea ni dinero ni signo que lo
represente (moneda extranjera). En este caso, la interrogante que ha
preocupado a la doctrina es si estamos ante un contrato innominado (o
atípico), ante un contrato de permuta o ante un contrato de compraventa.
Disposiciones generales 35 No ha existido ni existe criterio unánime al
respecto. Pero tanta variedad de criterios como los encontrados en doctrina,
hallamos en los diversos Códigos Civiles de nuestra tradición jurídica.
legislativas.
El esquema y razonamiento de este criterio es muy sencillo, y podríamos
grafi carlo de la siguiente manera: (a) Si el dinero convenido vale más que el
bien, el contrato será de compraventa. (b) Si el dinero pactado vale menos
que el bien, el contrato será de permuta. (c) Si el dinero que se ha acordado
entregar vale igual que el bien, para unos el contrato deberá considerarse
compraventa y para otros, deberá considerarse permuta. Así de conciso es
este planteamiento. El segundo criterio, el fundamentalmente subjetivo, en
cambio, no parte de elementos fácilmente advertibles, sino que remite la
naturaleza del contrato a la intención que las partes contratantes (comprador
y vendedor) manifiesten en el acto mismo que hayan celebrado. Este será el
primer criterio de calificación para la corriente subjetiva. Recién, de no haber
manifestado las partes claramente su intención de calificar al contrato
celebrado como de compraventa o de permuta, empezarán a regir criterios
objetivos, que en la mayoría de casos analizados encierran los mismos
conceptos que los esgrimidos por la corriente objetiva. Es decir que el
criterio fundamentalmente subjetivo es subsidiariamente objetivo. El Código
Civil peruano hace una distinción entre la «intención manifiesta de los
contratantes» y «la denominación que se le dé al contrato». En esta parte
debemos advertir un primer punto de discusión: el de si la intención
manifiesta de las partes debe o no equipararse a la denominación que ellas
otorguen al contrato. La voluntad de las partes no hay que entenderla como
absoluta, en el sentido de ser capaz de hacer que un intercambio de
propiedad de bien por bien sea una compraventa. Comentarios al contrato
de compraventa 38 Pero debemos preguntarnos si resultan equiparables las
expresiones «intención manifiesta» y «denominación que se le dé».
Consideramos que no necesariamente, pero creemos que la denominación
que las partes otorguen al contrato será fundamental para saber su intención
al respecto, a la vez que representará un elemento definitivo para dicho
efecto, de no encontrarse otros que distingan esa presunción. En este
sentido se pronuncia mayoritariamente la doctrina española. No estamos
convencidos de que la distinción que hace el Código Civil peruano en su
artículo 1531, sea realmente valedera y útil, ya que «la intención manifiesta
de los contratantes» se verificará, por lo general, en una denominación que
los mismos den al contrato celebrado. De no encontrarse manifestada en
una denominación respecto del contrato, será muy difícil saber cuál ha sido
la «intención manifiesta de los contratantes», ya que es justamente el
carácter dudoso del punto el que nos hará revisar el contrato en su
integridad. Sin lugar a dudas, nos inclinamos por el primero de los criterios
anotados, vale decir, por el objetivo, ya que reviste una serie de ventajas
sobre el de carácter fundamentalmente subjetivo.
Se considera a dichas ventajas las siguientes:
(I) Facilidad para la determinación de la naturaleza del contrato, ya que
bastará simplemente con verificar de manera objetiva los valores del
dinero y del bien dado como suplemento de éste (o viceversa).
(II) La corriente objetiva está de acuerdo a la naturaleza de los actos
jurídicos y de las cosas. Decimos reiteradas veces a lo largo del
tratamiento que damos al requisito del precio consistente en que sea
pagado en dinero o signo que lo represente, que es precisamente
este elemento el que marca la distinción esencial entre el contrato de
compraventa (en el que el precio debe pagarse en dinero,
fundamentalmente) y el contrato de permuta, en el que ambas partes
se obligan a transferir la propiedad de bienes.
De manera concisa, podríamos decir que esta división nos trae el siguiente
esquema:
(a) Cuando se obliguen las partes a transferir dinero por la propiedad de un
bien, estaremos frente a un contrato de compraventa
(b) . (b) Cuando se obliguen las partes a transferir la propiedad de un bien
por la propiedad de otro bien, estaremos ante un contrato de permuta.
Como puede deducirse las opiniones citadas hacen referencia al caso
del precio mixto previsto en el artículo 1531 de nuestro Código Civil,
donde conforme a la interpretación tradicional del primer párrafo,
estamos frente a un caso particular de transmisión de bienes, en que la
posibilidad de elegir entre un contrato de permuta o de compraventa
dependerá en primera instancia de la manifiesta intención de las partes,
al margen de la denominación que le hayan dado al negocio; es decir, la
configuración del contrato debe ser de tal manera que no exista duda
acerca del tipo contractual que ellas han elegido pues, de lo contrario, la
calificación que ellas le otorguen no tendrá mayor significado ni
trascendencia jurídica que la de un simple título.

Respecto al segundo párrafo del mismo artículo: “Si no consta la


voluntad de las partes, el contrato será de permuta cuando el valor del
bien es igual o excede al del dinero; y de compraventa, si es menor; es
decir, como lo expresamos en un inicio, si la determinación del tipo
contractual no es clara, la doctrina tradicional considera que, ya sea
porque las partes creyeron hacer un contrato de compraventa y le
pusieron el título de ‘compraventa’ pero, por el contenido del contrato y
de su intención manifiesta, se deduce que en realidad se trata de un
contrato de permuta, entonces en aplicación, de manera supletoria, de
este segundo párrafo se determinará de la siguiente manera: si el valor
del bien resulta equivalente al valor de la prestación dineraria, el valor es
de permuta; si el valor del bien es mayor al de la prestación en dinero, el
contrato es también de permuta, y si el valor del bien resulta menor al de
las prestaciones en dinero, el contrato es de compraventa”.

Como hemos visto, en opinión de algunos autores el precio mixto sería


aplicable a la permuta estimatoria y a la compraventa, donde se utiliza el
dinero como medio de cambio, unidad de valor o cuenta. Esta forma de
unir dos contratos que por su naturaleza parecieran ser distintos,
obedece, entre otras razones, a la interpretación que se ha hecho
acerca del precio.
Muchos estudiosos del derecho al tratar de definir el precio
inmediatamente lo relacionan con el dinero, por tanto, su origen sería el
mismo. Esto que aparentemente resulta muy entendible para muchos de
nosotros que vivimos en una sociedad con una economía de mercado,
no lo sería tanto en las sociedades de la antigüedad, donde si bien es
cierto existía el precio, esto no necesariamente implicaba la utilización
del dinero.

Algunos estudiosos del Derecho como Wayar, Lafaille, Bonnecasse,


Mazeaud, Gasca, Colín y Capitant, Barandiarán relacionan el precio
inmediatamente con el dinero. Pero otros como Rezzónico, Rubino,
Sánchez, en algunos casos, lo relacionan con el valor pecuniario,
definición que por cierto se acercaría más a su verdadero significado.
No obstante, cabe aclarar que el dinero es, simplemente, una de las
formas que el hombre ha inventado para reducir los costos de
transacción para hacer más rápidas y eficientes sus transferencias pues,
como vimos, en la antigüedad el uso de bienes como medio de pago,
poco a poco, fue resultando menos adecuado. Así, la permuta, que sirvió
como medio de intercambio, en su real sentido, fue desapareciendo.
La valorización absolutamente subjetiva que las partes hacían de sus
prestaciones en el contrato de permuta tuvo que dejar paso a su
sucesora: la compraventa. El precio, entonces, no es igual al dinero. El
dinero es tan sólo una de las formas como se ve representado, el cual
es visto como uno de los medios más útiles para minimizar los costos de
transacción y maximizar los beneficios que provienen del intercambio de
bienes.

El precio, entonces, no es igual al dinero. Es tan sólo una de las formas


como se ve representado. El dinero es visto como uno de los medios
más útiles para minimizar los costos de transacción y maximizar los
beneficios que provienen del intercambio de bienes.
ARTÍCULO 1532
REQUISITOS DEL BIEN MATERIA DEL CONTRATO DE
COMPRAVENTA:
«Pueden venderse los bienes existentes o que puedan
existir, siempre que sean determinados o susceptibles de
determinación

1.- Que el bien exista o sea susceptible de existir


Cabe considerar ahora cuáles son los requisitos legales que el Código exige
expresamente al bien materia de la venta, sea este una cosa mueble o
inmueble o un derecho, para asumir que el contrato es válido y eficaz en
cuanto a este elemento. En otras palabras, cuáles son los parámetros que la
ley pone o las condiciones que tolera respecto del bien para otorgar validez y
eficacia al negocio de compraventa. Tales requisitos están mencionados con
carácter concurrente en el ARTÍCULO 1532 del Código Civil y son la
existenciala determinabilidad y la comerciabilidad del bien; de modo que
faltara alguna de estas características en el bien materia de la venta el
contrato sería nulo, con lo que no resulta del todo precisa la frase de León
Barandiarán cuando dice que "en principio cualquier cosa puede
ser objeto de compraventa", toda vez que la ley exige las
mencionadas condiciones.
A lo que estamos haciendo referencia, concretamente, es a la situación de que
el bien debe existir al momento de la celebración del contrato o tener la
posibilidad de existencia, es decir, ser susceptible de existir. En este punto no
nos detendremos a cuestionar todos los problemas que puede plantear el tema,
ya que, por razón de prioridades, hemos preferido hacerlo cuando analicemos
el contrato de compraventa de bienes futuros. Cuando hacemos referencia al
requisito de que el bien exista o sea susceptible de tener existencia, estamos
tratando acerca de un requisito, casi diríamos, obvio o evidente del bien
materia de la prestación. Cuando dos partes contratantes celebran una
compraventa, resulta claro que una de ellas, el comprador, tiene la intención de
recibir la propiedad y el bien (físicamente) de cuya propiedad se trata, y que la
otra, el vendedor, busca recibir el dinero que le entregará el comprador como
contraprestación

Pero cuando estamos frente al contrato de compraventa, éste tiene dos


elementos fundamentales: el bien y el precio, sin los cuales no puede formarse.
Sin bien que se venda, la obligación del vendedor carecerá de objeto, por lo
que el contrato será nulo. Esto, naturalmente, en el supuesto en que el contrato
de compraventa verse sobre un bien que no es susceptible de tener existencia,
vale decir, de un bien que nunca ha existido, que ya no existe, o que nunca
podrá ser susceptible de tener existencia. Pero en la medida en que el bien
exista o sea susceptible de existir, la obligación del vendedor no carecerá de
objeto.

Planiol citaba como ejemplo de un pacto nulo al contrato por el cual alguien se
obligaba a llevar a otro a la Luna. Resulta evidente que al momento en el cual
el citado profesor expresaba estas palabras, era inimaginable la llegada del
hombre a la Luna, hecho que recién se produjo en el año 1969. Sin duda, si el
ejemplo fuese propuesto hoy en día, no estaríamos frente a un acto físicamente
imposible.

En lo que respecta a la posibilidad de existencia futura de los bienes, cada vez


con mayor frecuencia tenemos algunos que van saliendo del rubro de aquellos
de existencia físicamente imposible, para ingresar dentro del conjunto de
bienes cuya posibilidad de existencia física es factible. Sólo por citar un
ejemplo actual, diríamos que si en 1990 se hubiera celebrado una compraventa
cuyo objeto consistiese en la transferencia de propiedad de una mamífero
clonado de otro, ese acto, en cualquier parte del mundo hubiese sido calificado
como de objeto físicamente imposible.
Resulta evidente que si hoy se celebrara ese contrato, su objeto sería
físicamente posible, debido a que los experimentos cuyo objeto era la clonación
de mamíferos, han tenido éxito, desde la clonación de la ya famosa oveja Dolly

2.- Que el bien sea determinado o determinable


Para el caso de la determinabilidad, debemos comenzar señalando que no
estamos refi riéndonos de ninguna manera a la obligación, ya que ésta es un
vínculo jurídico abstracto nacido del contrato, y que nada cabe determinar en
ella que no lo esté en el contenido del contrato; tampoco estamos hablando de
la prestación, ya que si tenemos un contrato con varias prestaciones y no se ha
determinado cuál de ellas va a ser ejecutada por el deudor frente al acreedor,
sólo podremos estar frente a los supuestos de obligaciones con prestaciones
alternativas o facultativas, lo que por su naturaleza, escapa al tema de nuestro
tratamiento, ya que en estos casos, estamos frente a la indeterminación de la
prestación misma, y no necesariamente de su contenido.

Como es de suponer, a lo que nos estamos refi riendo cuando aludimos a la


determinabilidad, es al objeto de la prestación, a aquellas prestaciones que el
Código peruano contempla en el artículo 1142, como de bienes inciertos,
señalando que éstos deben indicarse, cuanto me nos, por su especie y
cantidad. Este requisito exigido por la legislación, es indispensable para un bien
objeto de una prestación materia de una obligación contractual. Lo que se
busca cuando las partes contratan sobre cualquier materia es,
fundamentalmente, que ese acto revista toda la seriedad que corresponde a un
acto jurídico. Y, evidentemente, el primer elemento necesario para que un acto
sea serio consiste en que el bien que es materia de la prestación de una de las
obligaciones derivadas del contrato, sea perfectamente identifi cable, es decir,
determinado. Lo ideal es que dicho bien esté determinado, pero sin embargo,
basta con que sea susceptible de determinación, es decir, con que en el
contrato se establezcan las reglas necesarias y suficientes para que con
posterioridad al momento de la celebración del contrato, las partes o un tercero
puedan determinar, identificar el bien que una de ellas se ha obligado a
entregar. Esto significa que el principio es que todo bien que sea objeto de una
prestación esté determinado en cuanto a su especie y que esté determinado o
sea determinable en cuanto a su cantidad.

3.-Que su enajenación no esté prohibida por ley


Esta condición se refi ere expresamente a que el bien materia de la prestación
tenga una situación jurídica compatible con la del acto del cual va a formar
parte. Vale decir, que quienes estén contratando sobre el mismo, puedan
hacerlo respecto de aquél; en otras palabras, que no exista nada que prohíba o
impida su contratación.

Se trata, pues, de determinar qué bienes están y cuáles no en el "comercio de


los hombres" (o, como se dice en la norma, aquellos "cuya enajenación
no esté prohibida por
la ley"); o qué casos es jurídicamente imposible que respecto de un bien
se pretenda la transferencia de propiedad.

Sobre este punto cabe hacer acaso una distinción no tan sutil:

i) Bienes que por su naturaleza no podrían ser objeto de


ninguna contratación, tales como el
aire, aun cuando ahora se duda si realmente puede
existir esta categoría, es decir que exista"bienes que estén fuera del
comercio
de manera absoluta en razón de su naturaleza" (CASTILLO FREYRE
, p. 43).

ii) Bienes cuya enajenación tal como dice la norma está


prohibida expresamente por la ley
Por tratarse de bienes de propiedad estatal que son:
a) Los bienes de dominio público (destinados al uso
público constituidos por obras públicas de
aprovechamiento o utilización general; los bienes de servicio
público destinados directamente al cumplimiento de los fines
públicos de responsabilidad de las entidades estatales y a la
prestación de servicios públicos o administrativos; los bienes
reservados y afectados en uso a la defensa nacional, etc.) y
que son inalienables; y
b) los bienes de dominio privado del Estado (que siendo
de propiedad de la entidad pública no están destinados al uso
público ni afectados a algún servicio público) y que solo
podrían entrar al comercio si existe disposición expresa.
iii) Bienes que, no siendo de propiedad estatal, están prohibidos de
ser comercializados por razones de seguridad o salud pública,
Tales como productos pirotécnicos, ciertas armas de fuego, ciertos
medicamentos o drogas, etc.

iv) Bienes cuya enajenación no está prohibida, pero por aplicación de


la ley con motivo de un acto de voluntad resultan estándolo, Tales
como los bienes que por voluntad privada se constituyen como patrimonio
familiar, siendo consecuencia legal su inalienabilidad.
v) Bienes cuya enajenación tampoco está prohibida legalmente,
pero que resultan ser objetos jurídicamente imposibles de un contrato
de compraventa en particular al no poder ser materia de
derechos y obligaciones
Tal es el caso de los bienes ya transferidos por una compraventa anterior o
por un título distinto. En nuestra opinión, al aplicarse las reglas sobre
concurrencia de acreedores (ARTÍCULOS 1135 y 1136), eso determina que el
acto que no se "prefiere" termina teniendo un objeto
jurídicamente imposible, que es el mismo bien que se constituye en objeto del
acto al cual se otorga la preferencia
Artículo 1533
Perecimiento parcial del bien
Si cuando se hizo la venta había perecido una parte del
bien, el comprador tiene derecho a retractarse del
contrato o a una rebaja
por el menoscabo, en proporción al precio que se fijó por el
todo.
Uno de los primeros problemas que plantea el tema bajo análisis y en especial
el artículo 1533 del Código Civil Peruano de 1984, es el relativo a de qué
magnitud debe ser la pérdida del bien para que el comprador pueda
"retractarse" del contrato.
El Código Peruano vigente, a nuestro entender, ha hecho mal al no señalar
algo acerca de la magnitud de dicha pérdida, para que pueda servir de
elemento de juicio a las partes, en primer término, y a los magistrados, en
segundo.
Debe verse cada caso concreto. Si bien resultará necesario que la pérdida no
sea insignificante, también lo será que, de acuerdo al contenido integral del
contrato celebrado, se deduzca que la parte perdida era realmente necesaria o
de fundamental interés para los fines que buscaba el comprador al momento de
la celebración del contrato. En tal sentido podremos estar frente a las más
diversas situaciones, ya que una pérdida de porcentaje minoritario podría ser
fundamental, como en el caso del corte de tela adquirido por el comprador para
hacerse un terno; o que un porcentaje mayor pueda o no resultar de
fundamental interés, como en el caso de un embarque de 10,000 toneladas de
trigo, de las que se pierda el 15%. Todo esto deberá ser apreciado por el Juez,
en razón del acto jurídico celebrado, considerándolo integralmente.
ARTICULO 1534
Compra venta de bien futuro
En la venta de un bien que ambas partes saben que es
futuro, el contrato está sujeto a la condición suspensiva
de que llegue a tener existencia.
La condición prevista en el 1534 no sería cualquier condición, sino una conditio
juris o sea una exigencia, mandato o prescripción de carácter imperativo de tal
suerte de que no sería más una modalidad del negocio jurídico o elemento
accidental, sino un elemento esencial.

El artículo 1534 del CC precisa que ambas partes sepan que el bien es futuro,
de lo contrario el negocio jurídico será nulo por faltar la manifestación de
voluntad del agente.
Podemos definir a la venta de bien futuro como aquel acuerdo en virtud
del cual una parte denominada vendedora se obliga a transferir la
propiedad de un bien, que no tiene existencia actual sino potencial, a
otra denominada compradora a cambio de un precio en dinero. Ambas
partes deberán saber que el bien objeto de la prestación aún no existe y
que el contrato solo surtirá efectos a partir del momento en que dicho
bien cobre existencia.
Artículo 1535
Riesgo de cuantía y calidad del bien futuro
Si el comprador asume el riesgo de la cuantía y calidad del bien
futuro, el contrato queda igualmente sujeto a la condición
suspensiva de que llegue a tener existencia.
Empero, si el bien llega a existir, el contrato producirá desde
ese momento todos sus efectos, cualquiera sea su cuantía y
calidad, y el comprador debe pagar íntegramente el precio.

El artículo 1535 del Código Civil Peruano introduce un tipo especial de


compraventa de bienes futuros donde el comprador asume el riesgo de la
cuantía y calidad del bien futuro, pero no de su existencia. A diferencia de la
compraventa condicional del artículo 1534, donde el bien debe existir con las
características pactadas, el artículo 1535 admite que el bien exista con
cualquier cuantía y calidad, siempre que exista.

Este artículo se distingue también de la compraventa aleatoria del artículo


1536, donde la existencia misma del bien es incierta. El artículo 1535, por lo
tanto, se ubica en un punto intermedio entre la compraventa condicional y la
aleatoria, con la condición suspensiva de la existencia del bien, pero con la
aleatoriedad en la cuantía y calidad.

Semejanza con el Artículo 1534: Ambos artículos comparten la condición


suspensiva de la existencia del bien. Sin embargo, el artículo 1534 exige que el
bien exista con las características pactadas, mientras que el artículo 1535
permite que el bien tenga cualquier cuantía y calidad.
Diferencia con el Artículo 1536: El artículo 1535 difiere del 1536 en que no
admite aleatoriedad en la existencia del bien. El artículo 1536 es
completamente aleatorio, mientras que el artículo 1535 es aleatorio solo en la
cuantía y calidad del bien.

Alcance de la Asunción de Riesgos: La asunción de riesgos de cuantía,


calidad o existencia del bien tiene diferentes implicaciones. Si se asume solo el
riesgo de cuantía, el bien debe existir en una cantidad mínima apreciable, pero
con la calidad pactada. Si se asume el riesgo de calidad, el bien debe tener la
calidad pactada, aunque su cuantía puede variar. Si se asumen los riesgos de
cuantía y calidad, la existencia del bien, sin importar la cuantía y calidad,
bastará para la validez del contrato.

Posibilidad de Combinación de Riesgos: El artículo 1535 permite diferentes


combinaciones de asunción de riesgos, incluso la posibilidad de que uno solo
de los contratantes asuma un riesgo específico.

Importancia de la Certidumbre: Si bien el artículo 1535 exige la existencia del


bien, no requiere que las partes tengan una presunción razonable de que el
bien llegue a existir. La certeza sobre la existencia del bien no es un requisito
esencial para la validez del contrato.

ARTÍCULO 1536
Compra-venta de esperanza incierta
En los casos de los Artículos 1534º y 1535º, si el comprador
asume el riesgo de la existencia del bien, el vendedor tiene
derecho a la totalidad del precio, aunque no llegue a existir.

En los casos de los artículos 1534 y 1535, si el comprador asume el riesgo de


la existencia del bien, el vendedor tiene derecho a la totalidad del precio,
aunque no llegue a existir»
Aquí el comprador asume el riesgo de la existencia del bien, es decir, la
aleatoriedad del contrato recae en la propia existencia del bien. • La falta
existencia del bien no perjudicará la eficacia contractual: El comprador deberá
pagar íntegramente el precio sea que el bien llegue a existir o no.

Artículo 1537
Compromiso de venta de bien ajeno
El contrato por el cual una de las partes se compromete a
obtener que la otra adquiera la propiedad de un bien que
ambas saben que es ajeno, se rige por los Artículos 1470º,
1471º y 1472º.
El artículo 1537 del Código Civil Peruano de 1984 ha generado controversia en
cuanto a su naturaleza jurídica. Dos posiciones dominan el debate: 1) Contrato
atípico y 2) Promesa de la obligación o del hecho de un tercero.

1) Contrato atípico:
El Dr. Manuel de la Puente y Lavalle argumenta que la redacción del
artículo 1537 no contempla la figura de la promesa de la obligación o del
hecho de un tercero, ya que solo se describe un contrato en el que una
parte se compromete a obtener que la otra adquiera la propiedad de un bien
ajeno. De acuerdo a su análisis, la norma establece un contrato atípico, es
decir, un tipo de contrato que no está definido específicamente en el Código
Civil.

2) Promesa de la obligación o del hecho de un tercero:

Esta interpretación, defendida por el autor del artículo, sostiene que el


artículo 1537 define un caso de promesa de la obligación o del hecho de un
tercero, en el que ambas partes acuerdan conscientemente que una de
ellas se compromete a lograr que la otra adquiera la propiedad de un bien
ajeno. En este caso, el promitente se obliga a obtener la transferencia de la
propiedad por parte del tercero, propietario del bien.

El artículo 1537 se rige por los artículos 1470, 1471 y 1472, referentes a la
promesa de la obligación o del hecho de un tercero. En este contexto, el
autor destaca que la figura de la promesa de la obligación o del hecho de un
tercero es aplicable a la mayoría de los contratos en la legislación civil
peruana.

El artículo 1537 describe un supuesto de promesa de la obligación o del


hecho de un tercero. El artículo 1538 del Código Civil peruano, que
establece la obligación del promitente de transferir la propiedad del bien,
refuerza esta interpretación.
El artículo 1537 solo contempla la posibilidad de cumplir con la obligación
mediante la transferencia de la propiedad por parte del tercero. No incluye
la posibilidad de que el promitente adquiera la propiedad del bien y luego la
transfiera al promisorio, como se contempla en el Código Civil italiano.

La venta de bien ajeno, según el Código Civil, implica la transferencia de un


bien que pertenece a un tercero, no al vendedor. Este acto legal presenta
ciertas características esenciales para su validez.

1. Determinación del Bien:


El Código se refiere a la venta de un bien determinado, no a una venta
genérica. En este sentido, se hace referencia a un bien específico, como un
automóvil con características específicas, o un inmueble con dirección y
ubicación exacta.

2. Conocimiento Mutuo de la Ajenidad:


Es difícil que tanto el vendedor como el comprador sean conscientes de que el
bien pertenece a un tercero. Este conocimiento es fundamental para que se
cumpla la fórmula legal del artículo 1537 del Código Civil.
3. Consecuencias del Desconocimiento:
Si el comprador no está al tanto de la ajenidad del bien, el contrato de
compraventa se considera un delito de estelionato, según la Casación 1017-
1997, Puno.

4. Aplicación de la Promesa de Obligación o Hecho de Tercero:


La venta de bien ajeno se asemeja a una promesa de obligación o hecho de un
tercero, donde el vendedor se compromete a conseguir que el tercero transfiera
el bien al comprador. En caso de incumplimiento, el vendedor debe ofrecer una
compensación al comprador.

5. Definición de la Venta de Bien Ajeno:


Se define la venta de bien ajeno como un negocio jurídico en el que el
vendedor se obliga a que un tercero le transfiera un bien a un comprador a
cambio de un precio. Tanto el vendedor como el comprador son conscientes de
la ajenidad del bien, y el vendedor asume la responsabilidad de ofrecer una
compensación en caso de incumplimiento.

Para que la venta de bien ajeno sea válida, ambos contratantes deben conocer
la ajenidad del bien. En caso contrario, se configura un delito de estelionato. La
venta de bien ajeno se basa en la promesa de obligación o hecho de un
tercero, donde el vendedor se compromete a lograr la transferencia del bien al
comprador, asumiendo la responsabilidad de compensar al comprador en caso
de incumplimiento.

Artículo 1538
Conversión del compromiso de venta de bien ajeno en compra
- venta
En el caso del Artículo 1537º, si la parte que se ha
comprometido adquiere después la propiedad del bien, queda
obligada en virtud de ese mismo contrato a transferir dicho
bien al acreedor, sin que valga pacto en contrario.

El artículo 1538 del Código Civil Peruano establece que, si la parte que se
comprometió a transferir un bien ajeno adquiere posteriormente la propiedad
del mismo, queda obligada a transferirlo al acreedor, sin que valga pacto en
contrario. Este artículo ha generado controversia en la doctrina nacional,
suscitando debates en torno a su naturaleza jurídica.

Diversas interpretaciones:
Obligación legal de transferir la propiedad: Algunos autores consideran que el
artículo 1538 establece una obligación legal de transferir la propiedad del bien
adquirido, independiente de la voluntad de las partes.

Conversión legal: El doctor Manuel de la Puente, reconocido jurista peruano,


sostiene que el artículo 1538 representa un caso de conversión legal. Según él,
el contrato innominado del artículo 1537 se transforma automáticamente en un
contrato de compraventa, sin necesidad de un nuevo acuerdo.
Esta interpretación puede ser considerada en un sentido amplio, como una
mutación de un tipo de contrato a otro, o en un sentido jurídico, como una
convalidación de un acto jurídico nulo. Sin embargo, el requisito fundamental
para la conversión es la nulidad del acto jurídico original, y el artículo 1537
presupone un acto válido. Por lo tanto, la conversión legal no es aplicable en
este caso.

Novación legal: El artículo 1538 puede ser considerado como un caso de


novación legal, es decir, la sustitución de una obligación por otra. La novación
se suele entender como un acto voluntario, pero también existe la novación
legal, que opera de pleno derecho o en virtud de una resolución judicial. En
este caso, la novación se produce por la adquisición de la propiedad del bien
por parte de la parte que se había comprometido a transferirlo.
Novación legal como interpretación más acertada:
La interpretación del artículo 1538 como novación legal es la más acertada. El
artículo 1277 del Código Civil establece que la novación implica la sustitución
de una obligación por otra, con la voluntad de novar expresada o implícita en la
nueva obligación. En el caso del artículo 1538, la voluntad de novar no es
necesaria, pues la ley misma establece la obligación de transferir la propiedad
del bien adquirido.

Características de la novación legal:


Operación de pleno derecho: En el caso del artículo 1538, la novación legal
opera de pleno derecho, sin necesidad de que las partes la acuerden.
Transmisión de garantías: A diferencia de la novación voluntaria, en la
novación legal las garantías de la obligación original se transmiten a la nueva
obligación. Esto evita que el acreedor se vea perjudicado al perder las
seguridades para el cobro de la deuda.

ARTÍCULO 1539
Rescisión del compromiso de venta de bien ajeno
«La venta de bien ajeno es rescindible a solicitud del comprador, salvo
que hubiese sabido que no pertenecía al vendedor o cuando éste
adquiera el bien, antes de la citación con la demanda».

En primer lugar, debemos señalar que cuando hablamos de un contrato de


venta de bien ajeno, estamos haciéndolo, precisamente, de un contrato de
compraventa y no de una fi gura similar, parecida o afín.
Por ello es que sostenemos la necesidad de robustecer esta idea: estamos
hablando de un contrato de compraventa, con todas las obligaciones y efectos
que genera esta fi gura típica, regulada, en el caso peruano, por los artículos
1529 a 1601 de su Código Civil.

En segundo término, queremos precisar que el tema de la contratación en


general sobre bienes ajenos, y en especial el del contrato de compraventa de
bienes de tal carácter, no tiene relevancia en todos los casos, ya que sólo la
tendrá cuando estemos ante bienes ciertos.
Los supuestos de bienes indeterminados o de bienes fungibles no tendrán
relevancia para nuestro análisis, aunque al momento de la celebración del
contrato no pertenezcan en propiedad al vendedor de los mismos.

Sin lugar a dudas, a nadie pertenecerán todos los automóviles del mundo, pero
podrá darse el caso de que a una persona no le pertenezca algún automóvil
que se ha comprometido a entregar.

Aquí caben dos posibilidades: que esa persona se haya obligado a entregar un
automóvil perfectamente delimitado, es decir, un bien cierto, o que esa persona
se haya comprometido a entregar un automóvil de una determinada marca, sin
especificarlo ni determinarlo, supuesto en el cual estaremos frente al caso de
una obligación de dar un bien incierto o indeterminado.

No hay lugar a dudas que el primer contrato (aquél de bien cierto) deberá
regirse perfecta y completamente por las normas del contrato de compraventa
de bienes ajenos, ya que al tratarse de un bien cierto o determinado al
momento de la celebración del contrato, será verdaderamente relevante el
hecho de que ese bien pertenezca o no al patrimonio de quien se obliga a
transferirlo.

Sin lugar a dudas, aquí se plantea plenamente el tema de la contratación


sobre bienes ajenos y sus consecuencias teóricas y doctrinarias. El bien no es
de quien lo vende, y como se trata de bien cierto que está en propiedad de un
tercero, vamos a ver cuáles son las soluciones que plantea la ley para este
problema, el cual consiste en determinar para el Derecho las consecuencias de
un acto de estas características, de un contrato de compraventa algo extraño,
pero de compraventa al fin.

Pero el segundo caso, vale decir aquel en el cual una persona vende a otra un
vehículo indeterminado, pero determinable (sólo determinado en su especie y
en su cantidad), no va a plantearnos mayores problemas, ya que se trata,
precisamente, de un bien indeterminado.

Es evidente que cuando uno celebra cualquier contrato por el cual se


compromete a dar en propiedad o en otra condición o calidad, bienes
indeterminados, en las más de las veces, dichos bienes no pertenecerán en
propiedad a quien se obliga a transferirlos, dado que existe una razón
fundamental para presumir ello: si no se ha efectuado una determinación o
precisión de los mismos al momento de la celebración del contrato, esto será,
en la mayoría de casos, porque las partes desconocen de qué bien de dicha
especie se tratará, y este desconocimiento, a nuestro entender, sólo podría
justificarse en que dicho bien no es conocido por los contratantes, en que dicho
bien no pertenece al patrimonio de ninguno de ellos (aunque pueda darse el
caso que los bienes pertenezcan al patrimonio del vendedor, pero éste no haya
decidido cuál vender al momento de la celebración del contrato). Similar
opinión tenemos de los bienes fungibles que al momento de la celebración del
contrato no pertenezcan en propiedad al vendedor, ya que se trata de bienes
que por lo general no pertenecerán a aquél al momento de la celebración del
contrato. Para el caso de dichos bienes fungibles, vale decir, aquellos en los
que cada uno equivale al otro y son plenamente intercambiables, deberá ser de
aplicación el tratamiento general (y no alguno específico) de las normas
relativas al contrato de compraventa, además, naturalmente, de las normas
relativas a dicho tipo de bienes, contenidas en los artículos 1142 a 1147,
referidos a las obligaciones de dar.
Artícul 1540-

Venta de bien parcialmente ajeno

En el caso del artículo 1539, si el bien es parcialmente ajeno, el


comprador puede optar entre solicitar la rescisión del contrato o la
reducción del precio.

SUPUESTOS DE VENTA DE BIEN PARCIALMENTE AJENO


Son diversos los supuestos que la doctrina nacional entiende como susceptibles de estar
comprendidos dentro de los alcances del artículo 1540,
no se está convencido de la conveniencia de incluir, dentro de los supuestos de
compraventa de bien parcialmente ajeno, la primera posibilidad, ya que si bien resulta
evidente que lo que priorizaría en un contrato de esta naturaleza sería el hecho de que
los bienes estén siendo vendidos como conjunto, y éste debiese ser tomado como un
todo, como una unidad, no por venderse los bienes en esta forma, estos dejarían de
tener individualidad propia. No por ello se dejaría de estar vendiendo algunos bienes
totalmente propios y algunos otros totalmente ajenos»

Pero el artículo 1540 combina, a su vez, dos figuras que son lo mismo:

la venta de la totalidad de un bien en condominio por uno de sus condóminos y que


dicho bien tenga el carácter de parcialmente ajeno. Como vemos, estos dos artículos
se ocupan, bajo diferente regulación, de un mismo asunto, ya que un bien en
condominio es obviamente un bien parcialmente propio y, por lo tanto, parcialmente
ajeno. Si la normatividad y efectos de ambos artículos fuese la misma, aparte de la
innecesaria doble regulación, no se plantearía ningún problema, pero
lamentablemente, no es así.
El artículo 978 otorga validez a la venta en esas condiciones, sólo desde el momento en
que se adjudica el bien (entiéndase la totalidad del bien) o la parte al copropietario que
practicó dicha venta. La adjudicación de la totalidad o de la parte correspondiente, se
entendería, según aquello de que haya dispuesto dicho copropietario. En otras
palabras, para el artículo 978, una venta de estas características, en principio no es
válida, por no contar el copropietario con la facultad de disponer de una parte material
del bien indiviso, ya que sobre él no se ha realizado la partición correspondiente. El
copropietario es dueño de una cuota ideal sobre el bien. Es decir, ese bien, en parte le
pertenece y en parte no. En parte es propio y en parte es ajeno. El problema para los
artículos 1539 y 1540 estriba en que el contrato, mientras no se plantee la acción de
rescisión, es un contrato que surte efectos. En cambio, para el artículo 978, no es
válido mientras no se produzcan los supuestos en él contemplados.
Artículo 1541.

Efectos de la recisión

En los casos de rescisión a que se refieren los artículos 1539 y 1540, el


vendedor debe restituir al comprador el precio recibido, y pagar la
indemnización de daños y perjuicios sufridos. Debe reembolsar
igualmente los gastos, intereses y tributos del contrato efectivamente
pagados por el comprador y todas las mejoras introducidas por éste.

Obligaciones que surgen de los supuestos de rescisión de la venta de bien total


o parcialmente ajeno
La norma contenida en este artículo tiende a restablecer el equilibrio contractual en
caso que el comprador que hubiese ignorado el carácter de total, o parcialmente ajeno
del bien se hubiese visto perjudicado en alguno de los supuestos contemplados por la
propia norma. Ya el artículo 1349 del Código Civil peruano de 1936 contenía una
disposición en el sentido que el comprador que había contratado desconociendo el
carácter ajeno del bien, podía demandar al vendedor la restitución del precio y el pago
de los daños y perjuicios.
Obligación del vendedor de restituir al comprador el precio recibido
Si bien es cierto que el Código Civil impone al vendedor la obligación de devolver el
precio recibido, en caso se rescinda el contrato, entendemos que hubiera sido de
justicia establecer que en caso hubiese actuado de mala fe, no sólo deba devolver el
precio, sino el valor que tendría el bien al momento de efectuar dicho pago al
comprador. Esto tendría el sentido de impedir una injusticia derivada de una eventual
desvalorización de la moneda y evitar, asimismo, un enriquecimiento indebido por
parte del vendedor.

En otras palabras, consideramos que, si el vendedor hubiera actuado de buena fe,


debería imponérsele una obligación de carácter netamente nominalista, en tanto si
hubiese actuado de mala fe, ella debería tener carácter valorista

Obligación del comprador de


restituir el bien (en caso de
haberlo
recibido) al vendedor o a su
verdadero propietario
Esta es una consecuencia lógica y natural de la rescisión producida, ya que cuando un
contrato se rescinde se trata de volver las cosas al estado en que se encontraban al
momento de su celebración. En tal sentido es que el comprador deberá entregar el
bien, ya sea al vendedor que no era propietario del mismo (en caso no se identifique al
verdadero propietario) o al propietario del bien (en el supuesto que sea conocido
fehacientemente), ya que es esta persona a quien le corresponde poseerlo, salvo
casos excepcionales, como podría ser el supuesto en el cual se esté discutiendo
judicialmente la propiedad del bien entre el vendedor y un tercero, hipótesis en la que
procedería la consignación obligación del vendedor de pagar al comprador una
indemnización por los daños y perjuicios causados Esta obligación que la ley impone
al vendedor, naturalmente supone que el mismo haya actuado con culpa leve, culpa
inexcusable o dolo, vale decir que exista causa imputable al vendedor. Resulta
evidente que si dichos daños y perjuicios se hubiesen causado en ausencia de culpa
(por causa no imputable), no debería resarcimiento alguno. No debemos olvidar, por
más que se trate de un supuesto excepcional, que dichos daños y perjuicios también
podrían haber sido ocasionados por causa imputable al comprador, caso en el cual
sería este contratante el responsable de la indemnización de los daños y perjuicios.

Finalmente, podríamos encontrarnos ante el supuesto de concurrencia de culpas, caso


en el cual se aplicarían las consecuencias previstas por el artículo 1326 del Código
Civil peruano, norma que establece que, si el hecho doloso o culposo del acreedor
hubiese concurrido a ocasionar el daño, el resarcimiento se reducirá según su
gravedad y la importancia de las consecuencias que de él deriven.

Artículo 1542.

Adquisición de bien en tiendas o locales

Los bienes muebles adquiridos en tiendas o locales abiertos al público no


son reivindicables si son amparados con facturas o pólizas del vendedor.
Queda a salvo el derecho del perjudicado para ejercitar las acciones
civiles o penales que correspondan contra quien los vendió
indebidamente
El ARTÍCULO bajo comentario tiene su fuente mediata en el ARTÍCULO 85
del Código de Comercio español de 1885, por ello se deben tener muy en cuenta los
fundamentos que han motivado la aparición de esta norma en el ámbito del
Derecho Mercantil, dispositivo luego incorporado al sistema jurídico civil.

En la Exposición de Motivos del referido Código se indicaba, en general,


que sus disposiciones tenían el propósito de facilitar la contratación mercantil y
asegurar su cumplimiento de un modo sencillo y rápido. Con este propio objeto, y para
completarlo de una manera favorable al comercio, consignaba el Código
dos importantísimas disposiciones (una de ellas el ARTÍCULO 85) relativas a las
ventas verificadas en almacenes o tiendas abiertas al público.

En el mismo texto citado, se reparaba en que sabido era que los


intereses del comercio consisten principalmente en que todo comprador
pueda adquirir las mercancías que el vendedor tiene en su poder para la venta, con
la plena seguridad de disfrutarlas tranquilamente, sin temor a que, una vez
apoderado de la cosa comprada, mediante la tradición, se vea molestado por
reclamaciones de un tercero que pretenda tener el
dominio o algún derecho real sobre la misma.

La doctrina nacional, al comentar el Código Civil. ha subrayado que son


condiciones de aplicación de la norma:

1) que las ventas se realicen en tiendas o locales abiertos al público;


2) que estén amparadas por facturas o pólizas.

Bigio Chrem incluye como requisitos la entrega de la posesión de la cosa y el deber


de actuar de buena fe, referida al desconocimiento de que quien
vende en un local abierto al público no es el verdadero propietario o, expresado de
otra manera, la creencia de que se está adquiriendo del verdadero propietario.
Sin embargo, dicho requisito no está incluido en la norma a pesar de que sí
es mencionado en la Exposición de Motivos

No obstante este parecer, la norma permite dada su amplitud que se proteja incluso al
comprador de bienes robados o perdidos, lo cual no ha pasado desapercibido por
la doctrina nacional.

En efecto ya Castillo Freyré ha precisado que el ARTÍCULO 1542 no especifica si el


carácter favorece al adquiriente de buena o mala fe.
Además, dice, no hace ninguna distinción respecto de aquel comprador que adquiere
el bien con conocimiento o desconocimiento del carácter ajeno del bien. Al no
hacerse tal especificación la aludida norma estaría otorgando protección al adquiriente
de mala fe, es decir a aquel que compró conociendo el carácter ajeno del bien.

Castillo Freyre agrega, además, que el Código Civil estaría yendo contra el antiguo
principio jurídico de que la ley no debe amparar a quien actúa de mala fe.
Adicionalmente esta norma podría constituirse en una injusta excepción a lo
establecido en el ARTÍCULO 948 ya que mientras este exige el requisito de la buena
fe, el ARTÍCULO 1542 no lo hace: Además, la norma del ARTÍCULO 948
exceptúa de la regla contenida en el mismo a los bienes perdidos y a los
adquiridos con infracción de la ley penal, bienes que de acuerdo con el
ARTÍCULO 1542 podrían ser adquiridos en propiedad por alguien que aún de
mala fe los compre en tiendas o establecimientos abiertos al público.

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