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Acción de Reivindicación en Derecho Civil

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Gastón Martínez Aquino

Derecho Civil - FCEA

ACLARACIÓN: La presente configura una breve guía de clase para el Curso de Derecho Civil,

Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, UDELAR. La misma se basa en el Manual de


Derecho Civil (elaborado por algunos integrantes del grupo de docentes de la referida asignatura), así
como en aportes directos del docente encargado del dictado de la temática en cuestión. A todo ello se le

suma el análisis imprescindible del derecho positivo vigente. Por lo tanto, al constituir una guía,
cumple con la finalidad de tal, razón por la cual, los estudiantes deben asimismo acudir a la

bibliografía oficialmenterecomendada para el curso respectivo.

REIVINDICACIÓN
1. CONCEPTO
Principio general – Art. 676 C.C.:

Conforme a nuestro codificador civil, todo propietario dispone del derecho para perseguir en juicio la
propiedad de su cosa, contra cualquier otra persona que la posea –que ejerza derechos posesorios
sobre la misma– y pretenda retenerla –esto es, conservarla bajo su dominio–.

Asimismo, la presente acción se denomina “reivindicación” o “acción de dominio” (tener presente la


hipótesis del artículo 1318 C.C.).

Configura una acción de naturaleza real, ya que la misma puede pretenderse contra quien conserva la
cosa, independientemente de quién sea, ya que la principal protagonista de esta acción o pretensión es
la cosa, de allí su carácter real. Quien detenta la cosa se halla en medio del eventual propietario y la
cosa propiamente dicha.

2. PRESUPUESTOS DE LA ACCIÓN REIVINDICATORIA


a. El actor debe ser el propietario del bien que se pretende recuperar o reivindicar.

b. El actor no debe encontrarse poseyendo la cosa objeto de la respectiva acción.

c. Qué el demandado –sujeto pasivo del juicio– esté ejerciendo derechos posesorios sobre el
bien y pretenda retenerlo (este último comportamiento es lo que origina el conflicto a nivel
judicial).

3. OBJETO DE LA ACCIÓN REIVINDICATORIA (Arts. 677


y 678 C.C.)
a. Pueden ser objeto de la acción reivindicatoria tanto los bienes raíces –inmuebles–, como los
bienes muebles (ver artículo 1213).

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b. El objeto a reivindicar puede tener naturaleza corporal o incorporal (ver artículo 474 C.C.).

c. Asimismo, pueden reivindicarse –además del dominio pleno o derecho de propiedad–, los
otros derechos reales (como la nuda propiedad, por ejemplo).

d. También puede reivindicarse una cosa en su totalidad, o sólo una cuota parte o
porcentaje de la misma, siempre que la cosa sea singular: determinada (sin perjuicio del
artículo 678 C.C.).

Conforme a este último artículo mencionado, puede ser objeto de una acción reivindicatoria
una universalidad, pero únicamente en lo referente a las cosas o bienes cuya titularidad
corresponda al actor de la acción.

4. ALGUNOS ASPECTOS DEL SUJETO ACTIVO


Puede ser sujeto activo o reivindicante el dueño o la persona titular de un derecho real menor, quien
debe conservar la titularidad del derecho desde que comienza la acción hasta la sentencia definitiva.

Cabe considerar que el comprador de un bien a quien no se le ha entregado el mismo, no tiene la


facultad para reivindicar, ya que únicamente tiene un derecho personal contra su vendedor.

Para reivindicar un bien inmueble es suficiente con que el reivindicante tenga el derecho de poseer,
aunque no haya tenido la posesión del bien en ningún momento; verbigracia, conforme al artículo 490
C.C., quien adquiere el dominio recibe el derecho de poseer inherente a la propiedad.

Hipótesis particular: El titular de una promesa de enajenación inscripta es dudoso que pueda
reivindicar, ya que tiene un derecho real de garantía. En este caso puede ejercer acción publiciana (art.
649, numeral 6, C.C.). Configura una excepción al principio de que únicamente el propietario puede
reivindicar.

Artículo 649, numeral 6 C.C.: La posesión da diferentes derechos al que la tiene: 6o.- Perdida la
posesión, puede usar de la acción reivindicatoria, aunque no sea dueño, contra el que posea la cosa
con título inferior al suyo.

5. ALGUNOS ASPECTOS DEL SUJETO PASIVO (Arts. 680


y 681 C.C.)
Como se dijo antes, la llamada acción reivindicatoria se dirige contra el actual poseedor, esto es,
contra quien se halla habitando el bien inmueble o detenta el bien o cosa mueble, o derecho real
menor.

Cabe tener presente que el llamado “mero tenedor”, esto es, quien detenta la cosa, únicamente es
obligado a declarar el nombre y la residencia de la persona a cuyo nombre la tiene (ver artículo
1801 C.C.), por lo cual se concluye que no tiene la representación del poseedor.

Asimismo, el proceso judicial iniciado contra la persona que no es el verdadero poseedor no lo obliga
a éste; sin embargo, cuando una persona de forma intencional –dolosa– se hace pasar por
poseedora cuando en los hechos o fácticamente no lo es, se le concede al sujeto reivindicante la

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acción para indemnizarse por los eventuales daños y perjuicios causados (artículo 683 C.C.; ver
también artículo 1319 C.C.).

Lo importante es tener en cuenta que la acción reivindicatoria jamás procede contra los meros
tenedores (verbigracia, contra un inquilino), y sólo procede contra el o los poseedores del bien.

6. DISTINTAS HIPÓTESIS RESPECTO DE LA COSA


DURANTE EL TRANSCURSO DEL JUICIO
a. Enajenación o destrucción de la cosa por parte del sujeto pasivo –demandado– (art. 864
C.C.).

Esta disposición jurídica sólo alude a bienes de naturaleza mueble, y menciona aquella hipótesis en la
cual el demandado vende o enajena la cosa a un desconocido, o la destruye de forma intencional; en
caso de concretarse alguno de ambos eventos (enajenación o destrucción), será condenado a abonar lo
que el actor jurase que la cosa valía, previa aprobación judicial.

Se descarta la hipótesis tratándose de bienes inmuebles desde que éstos debido a su sistema de
publicidad no pueden enajenarse a persona desconocida; asimismo, siempre se conservará su base
territorial, pese a que sus eventuales construcciones puedan destruirse.

Finalmente, corresponde distinguir entre dos escenarios ante una hipótesis de enajenación del bien
reivindicado y su destrucción por parte del adquirente: a) el adquirente destructor se halla de buena fe,
esto es, se creyó dueño, entonces quien responde ante la reivindicación es el vendedor; b) el
adquirente destructor se halla de mala fe; aquí el destructor responde de modo solidario con quien le
enajenó el bien (en la instancia de restitución de la cosa son aplicables los incisos 3 y 4 del artículo
1316).

b. Prohibición de enajenar la cosa (art. 685 C.C.).

Se sanciona con nulidad el acto mediante el cual el reivindicante cede su derecho sobre la cosa luego
de iniciado el juicio reivindicatorio.

Otra hipótesis de nulidad es cuando el poseedor enajena o hipoteca la cosa luego de iniciado el juicio
e inscripta la demanda en el Registro respectivo (ver artículo 17.8, Ley N o 16.871).

De todos modos, la doctrina considera que se está ante hipótesis de inoponibilidad, y no de nulidad.

c. Secuestro de la cosa mueble (arts. 686 C.C. y 309.2 C.G.P.).

Se puede solicitar su secuestro siempre que se cumpla con dos condiciones: que opere como medida
preparatoria para promover el juicio o luego de iniciado; y que el actor pruebe o acredite el motivo en
que se funda, es decir, el peligro que existe al dejar la cosa en poder del deudor –como puede ser sus
intentos de enajenarla–.

Debe considerarse que, asimismo, el artículo 309.2 del Código General del Proceso consagra la
exhibición de la cosa mueble que se pretende reivindicar o su secuestro como diligencia preparatoria
del juicio.

d. ¿Qué sucede con el bien inmueble? (art. 687 C.C.).


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El demandado sigue gozando de la cosa hasta que el fallo judicial definitivo adquiera la calidad de
cosa juzgada, esto es, hasta que adquiera firmeza. El demandado es el poseedor, y hasta que no se
pruebe que no es el dueño del bien, es legítimo que continúe gozando del bien. De todos modos, el
actor queda facultado para solicitar las providencias necesarias a efectos de evitar el eventual
deterioro del inmueble y sus muebles anexos.

7. ALGUNAS DIFERENCIAS ENTRE ACCIÓN


REIVINDICATORIA Y ACCIONES POSESORIAS
a. Según la pretensión: las acciones posesorias sólo se reclaman contra la perturbación o
despojo de la posesión, esto es, no se reclama el dominio o la propiedad. Mediante la acción
reivindicatoria se discute la titularidad del derecho de propiedad u otro derecho real menor –
debiendo probarse tal derecho–.

b. Según los bienes sobre los que recaen: las acciones posesorias pretenden la conservación o
recuperación de la posesión de bienes inmuebles o derechos reales constituidos sobre ellos
(art. 658 C.C.); en cambio, la acción reivindicatoria admite tener como objeto bienes muebles
o inmuebles (art. 677 C.C.).

c. Prescripción: las acciones posesorias prescriben al año contado desde la perturbación


despojo (art. 662 C.C.). En cambio, la acción reivindicatoria no prescribe por sí sola, sino que
resulta menester que otra persona adquiera el dominio por prescripción (ver artículos 1204 y
siguientes C.C.).

d. Según el procedimiento: las acciones posesorias se tramitan en juicio extraordinario;


mientras que la reivindicatoria se desarrolla en juicio ordinario.

e. Sentencia: en las sentencias de los juicios posesorios se deja al vencido –a quien no es


beneficioso el fallo judicial– la chance o facultad de promover juicio reivindicatorio. Por su
parte, el fallo o la providencia en los juicios reivindicatorios posee efectos definitivos, ya que
no podrá discutirse más el conflicto si no tienen lugar alteraciones en el estado situacional de
las partes del juicio.

8. RESTITUCIÓN DE LA COSA (art. 688 C.C.)


El contenido de la sentencia del juez puede ser: absolver al poseedor o determinar la restitución de la
cosa al actor –propietario– con sus frutos y accesiones.

El juez debe señalar un plazo prudencial dentro del cual el poseedor perdidoso debe cumplir lo
sentenciado; y en caso de no cumplir, el actor puede solicitar la ejecución de aquel fallo, esto es, que
el mismo se observe a efectividad.

Cuando la cosa fue secuestrada, el actor debe abonar los gastos de la custodia y la conservación de la
misma, quedando eximido de dicho pago cuando se tratase de un poseedor de mala fe.

Por lo demás, el secuestre tiene derecho de retención hasta la satisfacción de aquellos gastos (arts.
2286 y 2271 C.C.); para el caso de posesión de buena fe, el reivindicante debe hacerse cargo de los
gastos del secuestre.

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9. LUGAR DE RESTITUCIÓN DE LA COSA (art. 691 C.C.)


Es el lugar donde se encuentra la cosa; en el caso en que durante el transcurso del proceso judicial el
sujeto haya trasladado la cosa a un sitio más distante, debe retornarla al lugar específico donde se
encontraba hasta iniciado el proceso.

Tratándose de un inmueble, se cumple dejando al mismo “desembarazado”. En caso de tratarse de un


edificio, se cumple entregando las llaves del apartamento o unidad de que se trate (art. 692 C.C.).

10. FRUTOS
El poseedor de buena fe debe restituir los frutos percibidos luego de la contestación de la demanda;
mientras que el poseedor de mala fe debe todos los frutos percibidos durante su injusta detentación y
todos aquellos frutos que el propietario haya dejado de percibir por su culpa (ver artículos 694, 695 y
733 C.C.), y que un buen padre de familia hubiera percibido (ver artículos 1246 y 1319 C.C.)1.

Aquel poseedor de buena fe no se encuentra obligado a restituir aquellos frutos naturales e industriales
percibidos antes de la contestación de la demanda, pero aún no los consumió, ya que para hacer la
diferenciación entre los frutos a devolver el artículo 694 tiene en cuenta el momento de la percepción.

Los frutos civiles se producen día a día y pertenecen al poseedor de buena fe en esa proporción.

En toda restitución de frutos, el legislador estipula (art. 696 C.C.) que se debe abonar a quien la hace
aquellos gastos ordinarios que han invertido en la producción de ellos (art. 734 C.C.).

Adicionalmente (art. 697 C.C.), cuando la demanda reivindicatoria tiene por objeto la nuda propiedad
de una cosa, no habrá lugar a la restitución de frutos, a menos que luego de la demanda se haya
extinguido el usufructo.

11. BUENA Y MALA FE (art. 693 C.C.)


Se llama poseedor de buena fe a quien lo es en virtud de un título traslativo de dominio, cuyos vicios
ignora. Por su parte, el poseedor de mala fe es a quien le consta que le falta título para poseer o que el
que tiene adolece de ciertos vicios o deviene insuficiente.

Respecto de la prueba de la buena fe, en materia de prescripción, el legislador prevé una presunción
simple de buena fe (ver artículo 1207 C.C.); de todos modos, las presunciones son de interpretación
restrictiva, desde que requiere de una disposición especial que la consagre, y en caso de no existir tal
normativa, no existe presunción en el juicio reivindicatorio. El poseedor que alegue su buena fe, debe
probarla.

12. MEJORAS

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Cuando se trate de restitución de ganados y procreos, el legislador estipula que se debe estar a lo que fijen
las leyes especiales sobre la materia.

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El poseedor de mala fe es responsable de los deterioros que por su hecho o culpa ha sufrido la cosa;
en tanto, el poseedor de buena fe, mientras permanece en ella, no responde por esos deterioros, sino
cuando se hubiera aprovechado de ellos (ver artículos 1343, 1549, 1551 y 1553 C.C.).

 Las mejoras se clasifican en:

a. Mejoras necesarias (art. 698 C.C.).

Se trata de aquellas mejoras invertidas en la conservación de la cosa, y que de no haberse llevado a


cabo, la cosa hubiera perecido; son gastos que permiten conservar el valor de la cosa, impidiendo que
el mismo descienda; por ejemplo: pintar una pared.

b. Mejoras útiles (art. 699 C.C.).

Aquéllas que, sin ser necesarias, son capaces de incrementar el valor de la cosa. El legislador las
distingue de las mejoras voluptuarias: cuando se aumenta el valor de la cosa, se está ante una mejora
útil; en cambio, cuando sólo se transforma la cosa en más cómoda para determinadas personas, la
mejora es voluptuaria; en zonas grises resuelve la autoridad judicial.

c. Mejoras voluptuarias (art. 701 C.C.).

Configuran obras de lujo y ornato para comodidad o recreo; consisten en expensas que no aumentan
el valor de la cosa, ni se efectúan atendiendo a una necesidad urgente, sino que se limitan a procurar
un placer –como pueden ser jardines, miradores, etc.–.

 Pago de las mejoras (arts. 698 – 699 C.C.).

Primeramente, aquellas expensas de carácter necesario son abonables a todo poseedor de buena o
mala fe (art. 698 C.C.), ya que desde que consisten en mejoras que el propietario de todos modos
tendría que haber realizado, resulta obligado a abonarlas, siendo irrelevante la fe del poseedor.

Por lo demás, las expensas útiles realizadas con anterioridad a la contestación de la demanda son
abonables al poseedor de buena fe (art. 699 C.C.), empero, a su elección, el propietario puede: a)
pagar el importe de las mejoras, o b) pagar el aumento de valor que tenga la cosa.

Al poseedor de mala fe el legislador no le concede el derecho de cobrar las mejoras útiles, sino que
sólo puede retirarlos cuando pueda separarlos sin detrimento para la cosa y el propietario rehúse pagar
el precio que los mismos tendrían una vez separados (art. 700 C.C.).

Existe detrimento cuando la separación deje la cosa en peor estado que antes de ejecutar las obras (art.
702 C.C.). Asimismo, si el poseedor de mala fe no puede separar los materiales sin detrimento, no
podrá llevárselos, debiendo dejarlos, sin derecho a indemnización.

Las mejoras voluptuarias no son indemnizables ni al poseedor de buena ni de mala fe. Únicamente
tiene derecho a llevarse los materiales que puedan separase sin detrimento, siempre que el propietario
no quiera abonarle el precio que tendrían esos materiales una vez separados.

Debe tenerse presente que la buena o mala fe del poseedor se debe tener en cuenta al momento en que
fueran realizadas las mejoras; ello en el entendido que deviene insignificante que el poseedor tenga
buena fe al adquirir la posesión si la perdió cuando se realizaron las mejoras.

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 Derecho de retención por las mejoras (arts. 698-699 C.C.).

El crédito del poseedor de buena o de mala fe por las mejoras necesarias (art. 698 C.C.) y el de buena
fe por las mejoras útiles (art. 699 C.C.) realizadas con anterioridad a la contestación de la demanda
otorga el derecho de retención. Por tanto, en los restantes casos, el poseedor no goza del derecho (ver
artículo 2310, inciso 2 C.C.).

El poseedor con derecho de retención no se encuentra obligado a devolver la cosa hasta que se le
pague. Si entrega la cosa, no pierde su crédito, pero sí la respectiva garantía.

 Mejoras debido a la naturaleza o el tiempo (art. 703 C.C.).

Aquellas mejoras provenientes de la naturaleza o del tiempo, ceden siempre en beneficio del
propietario (ver artículo 731 C.C.); por tanto, no son indemnizables –por ejemplo, aumento de la cosa
por aluvión; ver artículo 754 C.C.).

13. MATERIAL UTILIZADO


 AA.VV., Manual de Derecho Civil, CSE, Universidad de la República, 2011.

 Código Civil uruguayo.

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