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MARTÍN GELABERT BALLESTER

234
G35G

GRACIA
Gratis et amore

EDITORIAL SAN ESTEBAN


SALAMANCA
GRACIA ES EL AMOR GRATUITO
DE DIOS

Gracia significa, en primer luga6 la iniciativa sobe-


rana de Dios, que ama al ser humano de forma incon-
dicional, antes de cualquier respuesta posible del hom-
bre, siendo fiel a ese amor en toda circunstancia.
Ya en nuestra introducción hemos dicho que "Dios
es Amor:", sólo amor. La fidelidad de Dios a su amor
encuentra su más poderosa manifestación en el hecho
de que ame a sus enemigos (Rm 5, 10). Ahí se mani-
fiesta la incondicionalidad de un Amor: "el Altísimo es
bueno con los desagradecidos y los perversos" (Lc 6,
35). Ahora bien, la "gracia", en su más acabado sen-
tido teológico, no se realiza en el amor al enemigo.
Porque la gracia es esencialmente encuentro y rela-
ción. En Dios es comunión y en el hombre es apertu-
ra que responde y acoge con agradecimiento la ofer-
ta divina de comunión. Ni Dios sólo ni el hombre sólo
constituyen la gracia.La gracia es el encuentro de dos
amores (y puestos a emplear la mejor de las ilumina-
ciones, que es la cristológica, diríamos que estos amo-
res se encuentran sin confusión, sin separación, sin
absorción, potenciándose mutuamente), aunque en el
caso del amor del hombre a Dios, tal amor haya sido
suscitado por el previo amor divino. Hay que tener

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esto muy t: n cucnt¿I, pt-lcs si ¿rlror'¿r v¿lnl()s ¿r c()nlcltz¿u. tlt' r¡rrc t'slc st.r' lrrnn¿ul«r lr¿r sido crc¿rdo "a imagen" de
hablando del amor de Dios, sólo tcndr-cnros una co- l)ios, ¿r inrargcn dcl Amor'. El Dios que es Amo¡ Comu-
rrecta visión y comprensión de la gracia, cuando haya- rritilt, y por tanto, donación, entrega, encuentra su
mos tratado de los efectos transformadores que el lcllc.jo, su imagen, en la apertura, receptivid ad, capa-
amor de Dios produce en el ser humano. r.'iclad de acogida del ser humano. Larazónúltima por
ll que Dios crea al ser humano a su imagen es porque
l)ios quiere al hombre como su interlocutor.
PoR auoR, Dros cRe¿ uN sER coN cApACTDAD
La imagen establece el mínimo de igualdad nece-
PARA LA GRACIA
s¿rria entre Dios y el hombre para que sea posible la
reciprocidad que pide el amor pleno, pues la reci-
El amor de Dios comienza a manifestarse en la procidad del amor implica una cierta igualdad entre
creación. Dios crea gratis, sin motivo, sin razón. Eso los amantes. Decimos "mínimo de igualdad" y "cier-
no significa que Dios actúe arbitrariamente, sino que, ta igualdad" para dejar claro que Dios siempre ama
si queremos hablar de motivo en la creación, este más y ama primero, pero esta primacía no sólo no
motivo hay que buscarlo en el desbordante corazón de impide, sino que suscita la capacidad de amar en el
Dios que nada necesita, pero que no quiere guardar ser humano. Dios crea un ser capaz de responder a su
para él sólo el gozo de la vida. Dios crea, por decirlo amol, de "permanecer" en un amor como el suyo (Jn
a nuestra manera, sin necesidad alguna, sin nada que
15, 9). Se comprende así lo que dice Tomás de Aqui-
le coaccione o le obligue. Crea gratis. La ciencia estu-
no: por ser imagen de Dios, el hombre tiene capaci-
dia el cómo y el cuando de este mundo, cómo son sus dad para la gracial, o sea, para acoger el amor de
leyes, cuando comenzó, cómo evolucionó. Pero la Dios, y al acogerlo, realizar el encuentro en el que con-
ciencia supone el mundo ya existente. La existencia siste la gracia.
del mundo no tiene ninguna explicación científica. No
hay ningunarazón para que exista el mundo. Está ahí
como hecho gratuito. Lo mismo puede decirse de mi Pon auon Dros cRBa uN sER euE No puEDE ESTAR srN ÉL
vida, de todas las vidas. Lo fundamental aparece gra-
tis, existe por gracia. La comprensión de la imagen como capacidad
Y cuando Dios se decide a creaÍ, tampoco lo hace para la gracia resuelve de raíz las dificultades que en
condicionado por nada ni por nadie. Así se explica que teología se han dado al entender lo sobrenatural como
sólo cree lo que le agrada, pues si algo no le gustase separado u opuesto a lo natural. Se entendía por natu-
no lo habría creado (cf. Sab 11 , 24). Para designar el ral lo que pertenece al ser humano como constituti-
acto creadol el libro del Génesis, en su versión grie- vo suyo; por sobrenatural lo que no pertenece al ser
ga, emplea la palabra poiesis -poesía* (Gen 1 , I; cf .
humano ni como constitutivo, ni como consecuencia,
Hech 1,7,24): el agua,los árboles, el sol,las estrellas... ni como exigencia. Dios era sobrenatural porque el
son una poseía de Dios. Pero la mejor obra de arte del
artista divino es el ser humano. Y esto hasta el puntcr
7. Suma de Tbología,I-II, 113, 10.

82
83
ser humano no podí¿r pr-clcnclcr; c()lt sus l)()sibilirl.lr 'l':rl rlcsc'r) n() cs clc un dcsrncdido
ttll sítttol.l'l¿t
des, alcanzarTo, ni obligarle er que sc nr¿util'cst¿rsc. l.:r ('[1()ísnl() lluttt¿uto clLle quisiera posesionarse de Dios,
gracia pertenecía a lo sobrenatul-al pol-que tl-¿tscie n ni rt¿rcc dc una exigencia meramente humana. Fue
de infinitamente lo natural. Pero entender así Io n¿rlu l)i«rs nrismo quien creo al hombre de manera que no
ral y lo sobrenatural, o dicho de forma más concrctrr, l)ucd¿r llegar a ser plenamente feliz si no está unido a
ó1. Fue Dios quien sembró en el corazón humano el
l

lo humano y lo divino, es olvidar la realidad de la his


toria de salvación en la que estamos situados, la únicrr ¿urhelo del Infinito y el deseo de amarlo y contem-
historia que existe y que se ha dado. Cierto, ya l<, ¡rlarlo cara a cara. Fue Dios quien estructuró al ser hu-
hemos dicho en nuestra introducción, Dios pud<, nrano de esta forma. El deseo natural de Dios no es
haber creado un ser inteligente sin destinarlo a la vida una exigencia meramente humana: "el grito del hom-
eterna, al encuentro con El. Pero de hecho, eso no h¿r bre es sólo eco de la voz de Dios que lo llama"s. Por
sucedido nunca. Desde siempre, Dios ha creado al ser. cso hay en el hombre una inquietud permanente, un
humano como ser de comunión y le ha llamado a res- vacío que sólo se colma cuando se encuentra con
ponder al amor que desde siempre le ha manifestado Dios. No hay, por tanto, una especie de doble finali-
y otorgado2. Desde siempre hay en el hombre una dad en la vida humana, una que sería mundana o
"capacidad de Dios"3, y urr "deseo natural de ver a natural y otra que sería sobrehumana o sobrenatural.
Dios"a. La única finalidad es la sobrenatural: "la vocación
suprema del hombre en realidad es una sola, la divi-
2.
"Dios queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatu- fra"6', "todos los hombres son llamados a un sr¡lo e
rai, principio a nuestros primeros padres" (Dei Ver-
se reveló desde el
idéntico fin, esto es, Dios misrno"7. Esta única voca-
burn,3). "Desde su mismo nacimiento el hombre es invitado al diá-
logo con Dios" (Gaudium et Spes, 19). ción humana integra (sin anularlas) las exigencias del
3. Es esta una de las formulaciones más osadas y afortunadas orden natural: no se puede ser auténticamente divino
de la tradición: el hombre es capa-x. Dei. Aparece por primera vez en
Rufino, comentando la encarnación: anitna capax Dei (Syntb.13; ML
sin ser también plenamente humano. La humanidad
2l , 352). San AgustÍn la usa para describir al hombre que es "imagen está siempre penetrada por lo divino: "en Dios vivi-
de Dios en cuanto es capaz de Dios y puede participar de Dios" (De mos, nos movemos y existimos" (Hech 17,28).
Trin.XIY,8, 11). En esta línea Sto. Tomás afirrna que "el alma es capaz
de Dios porque es su imagen" (SwnaIII,6,2; cf. De Spe, l, ad5; Suma
I-II, 1 1 3, 10), " capaz de Ia bienaventuranza" (Suma lII, 9, 2, ad 3; II-
II, 25, 12, ad 2', cf . De Spe l, ad 8; De caritate 7, ad 5;8), "capaz del Pon ruuon Dros acpprA sER INCoMPRENDIDo
sumo bien" (Sunta I, 93, 2, ad 3) Tambié n: De Veritate, I 4, lO, arg. 2.
E. INCLUSO NEGADO
El Catecisnto de la lglesia Católica (nn. 26 y 27) títula el cap. 1 de su
comentario al Credo con esta fórmula, para introducir otro tema con
la que está relacionada: el hombrc como deseo de Dios. La mejor Hecha esta aclaración, debemos volver a la prima-
manifestación de esta capacidad del ser humano está en la Encár-
nación: si Dios puede hacerse hombre, eso signilica que la naturale-
cía del amor de Dios, incondicional y fiel. Pues no es
za humana es capaz de acoger a Dios.
4. TouÁs pe Aeurr.ro, Sunta de Tbología, I, 93, Z, ad 3; cf . I-II 2, 5. L. Bonr, Gracia y liberaciórt del hombre, Cristiandad, Ma-
8; 3, 8. Sobre esto ver: MerrÍN Gereesnr, "La apertura del hombre a drid, 1978,66.
Dios", en Tbología Fundantental. kntas y propuestas para el nuevo 6. Gaudium et SPes,22.
milenio, Declée, Bilbao 1999,83-128, sobre todo 87-92. 7. GaudiumetSPes,24.

84 85
fácil conrprendcr Lln ¿lll()r'c()nl() cl rlc' I)ir»s y, ('n ¡r1.¡,, rlr, l)it)s, l)('ns¿ul(l«t t¡ttc ¿tltt¿t tlllis lt los.justtls quc ¿,t los
ral, todo auténticr¡ antor. que a
¡',.. irrlr)r'cri, () clr.lc ¿Ittl¿I ltríts ¿t un¿rs personas
Una primera dificultad viene dcl hcclro clc r¡u., , I rrtr¡rs (.y uc¡uí suclcn ¿tducir como si fuera un argu-
amor se define y califica por el bien. El orrilntc sit,nr rrrrnlr¡ inc«rntcstable el nombre de María). Pero en
pre desea lo bueno, lo mejo¡ para el amado. [:l r¡u, l)rr¡s no hay más ni menos. En Dios sólo hay "su"
vive en el amor se encuentra en la práctica imposil,r ¡rilr( )r'. Somos nosotros los que, al amar limitadamen-
hdad de hacer el mal (Rm 13, 10). Ningún anr¿urr( tr', urnárrtos egoístamente. Esta visión desigualitaria
auténtico haríaun mal al amado, ni siquiera €D el cirs,, ,1.'l ¡rmot- de Dios es una proyección de nuestros amo-
de que el amado se lo pidiera. Pensaría el amante r¡rr,. r..s lirnitados -por pequeños y por falta de visión-, que
esta petición se debe al errorl ala falta de visión o tl,. Ircnden a la celotipia o a la envidia, y no pueden acep-
información. Se expone entonces el amante a ser nr¿rl tiu'que si Dios me ama a mí, pueda también amar a
interpretado, a que el amado piense que no le ama p,,r t¡trión yo ni amo ni quiero alnar. El hombre se rebela
no responder a sus deseos, cuando en realidad no rcs t'ontra un amor así. Esto explica que el amor de Dios
ponde a sus deseos porque le ama, prefiriendo el bic¡¡
¡rtreda acabar crucificado. Y desde nuestro punto de
del amado al suyo propio. Así puede ocurrir con t,l vista, termine "enemistado" con todos, no porque
amor de Dios. El ser humano, debido a su limitación, l)ios busque la enemistad, sino como consecuencia
puede entender que es bueno para él 1o que en reali irrevitable de la grandezay universalidad de su amor.
dad es malo. O puede no ver Ia bondad divina, pues Sólo en la medida en que yo voy transformándome
ésta solo se manifiesta (como toda manifestación cle comprender y vivir
.y amando a mis enemigos, ¡luedo
Dios) por medio de las realidades creadas. y los bienes un amor como el de Dicls. Y" al hacerlo, me ocurrirá
creados siempre son ambiguos. Puede ocurrir inclus<¡ algo similar a lo que le pasó a Jesús: ser incompren-
que lo bueno, lo realmente bueno, nos parezca malo, dido y rechazado a causa del amor. Paradójicamente,
como "el bien espiritual les parece a algunos malo, en cuando el amor se encuentra con el egoísmo puede
cuanto es contrario al deleite carnal, en cuya concupis- producir, al menos en un primer momento, incom-
cencia están asentados"s. prensión y desamor: "si tu enemigo tiene hambre, dale
Otra dificultad de comprensión puede provenir del de comer; si tiene sed, dale de beber", pero sabiendo
hecho de que Dios ama a todos; y a todos por igual, que, lejos de ganártelo,le "pondrás colorado", "amc)n-
pues a todos los ama con todo su amor.Igual no quie- tonarás ascuas sobre su cabeza" (Prov 25,21-22;Rm
re decir que a todos ama de la misma manera: al ase- 12,20) y, por tanto, encontrará nuevos motivos para
sino le ama deseándole lo mejor para é1, o sea, que se volverse contra ti.
convierla. Esta igualdad core el riesgo de no ser com-
prendida ni aceptadu y, en ocasiones, esta incom-
prensión proviene de gentes que se consideran pia- Pon erton Dtos va uÁs allÁ DE LA JUSTICIA
dosas, pues tienen la tendencia a desigualar el amor
La mayor dificultad de comprensión de un Dios
8. Ton¿Ás ¡E AeurNo, De Caritate, a. 12. sólo de gracia, de un Dios de amor excesivo, que llega

8ó 87
hasta el extremr¡ (Jn 13, 1).y ar-nzr ¿t sLls cltcntigos (l{nr un()s ll()c()s sc s¿rlv¿u'án, quedarndo así satisftecha tanto
5, 10), es eminentemente teológica. Pucs un amor así lir.ir-rsticia como Ia misericordia: "Dando la gracia a
es indulgente (Sab II, 26) y paciente (2 pe 3, 9) .y algunos aunque no la merecen, quiso Dios que fuese
puede, a veces, parecer injusto. En el perdón de los gratuita ciertamente y, por ende, verdadera gracia; no
pecados que Jesús prodiga a manos llenas se mani- clándola a todos, claramente manifiesta y hace ver
fiesta esta injusticia del amor a los ojos humanos, pues qué es lo que todos merecen"lr.
el pecado, más que perdonado, exige ser castigado y Con pocas variantes la mayoría de los grandes
reparado. Por eso, Jesús es criticado (Lc 15, Z). autores siguen este planteamientor2. Así Sto. Tomás
Un amor como el de Dios, tal como se revela en repite doctrina agustinian aparajustificar que en Dios
Jesús, parece negar su justicia, atributo sin el cual no hay iniquidad "cuando no trata igual a quienes son
Dios no parece que pueda ser Dios. Desde muy anti- iguales", pues "Dios quiso representar su bondad en
guo, y precisamente dentro del contexto de la refle- algunos hombres, los que predestina, a través de su
xión sobre gracia y salvación, la cuestión de la justi- misericordia, con el perdón;y a otros, los que conde-
cia de Dios ha ocupado y preocupado a los autores rra, a través de su justicia, con el castigo"tr. Aún así,
cristianos. A la luz de la Escritura no se puede negar en Tomás de Aquino encontramos otro tipo de textos
que Dios es gracia, misericordia, amor. Pero tampo- que abren nuevas perspectivas: "la obra de la justicia
co se puede negar que es justo. Ambos atributos, lle- divina presupone la obra de la misericordia, y en ella
vados al extremo, parecen incompatibles. La teología se funda". Por tanto "en cualquier obra de Dios apa-
ha buscado su compaginación. rece la misericordia como raíz.Y su eficacia se man-
Ya desde San Agustín un presupuesto condiciona- tiene en todo, incluso con más frerza, como la causa
ba (y viciaba) toda posible compaginación, a saber: la primera, que actúa con más fiterza que la causa
indignidad de todos los seres humanos, ya que a causa segunda"la.
del pecado original toda la humanidad se convierte en En Dios,la bondad es lo condicionante de todo su
pecadora y, por tanto, merece la condenación. Si esto ser y obrar. Esta perspectiva que aparece en Tomás de
ocurriera la justicia de Dios quedaría satisfecha. pero Aquino va en la dirección correcta. Pues según la
para que también se manifieste su graciay misericor- Escritura, Dios manifiesta su.justicia no condenando,
dia, es necesario que algunos se salven: nadie escapa sino salvando. Y allí donde aparece un conflicto entre
del castigo 'justo y debido, si no es por una misericor-
dia y una gracia indebida"e. A partir de tales supuestos
nacen las disputas sobre la proporción entre salvados
11 . Del don de la perseverancia, 1.2, 28; Ct. De la corrección y la
y condenados, aunque ya San Agustín afirma que la gracia, 13, 39-42; Sobre diversas cuestiones a Simpliciano I,2, 17; De
mayoría de los seres humanos se condenaráto, y sólo la predestinación de los santos, 6, ll;8, 14.
12. Para conocer algunos detalles de la postura de San AgustÍn,
San Anselmo y Sto. Tomás sobre esta cuestión, ver: M. Gr,rassnr, "La
misericordia se siente superior al juicio", en Teología Espiritual,20O0,
9. S¿N AcusrÍN, kt Ciudad de Dios, XXI, 12. 270-275.
10. "La mayor parte de los hombres no llega a ser bienaventu- 73. Suma de Teología, I, 23, 5, ad 3.
rado" (SaN AcusrfN, Enchirion , 97). 14. Sunta de Teología, I, 21, 4.

88
justicia y nrisericordia, óstc sc r-csr-rclvc ¿r l¿rvor dc lrr (lll(' ('ri irrslr tl, 2-5). "Lo just«r" cn este caso es
»,'" (( )r.rr I
misericordia. En efecto, aunque cn el Antigr-r«r'll'sta- ¡rcrclonar: A[rr'¿rlr¿u-l-l no es más que figura del verda-
mento el concepto de justicia es complejo, en los Sal- rlt'r'¿rrncntc.justo, cuya justicia tiene un valor inmen-
mos y en otros textos aparece que Dios se muestr'¿r s,r ¿r los ojos de Dios: "Si alguno peca, tenemos un
justo al manifestar su misericordia: la justicia de Dios lbogzrdo ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. El es víc-
hace vivir (Sal 1 19, 40). Pero es sobre todo en el Nuevcr lirl¿r de propiciación por nuestros pecados, no sólo
Testamento donde la justicia de Dios se manifiesta en ¡ror los nuestros, sino también por los del mundo
la rehabilitación del pecador por pura gracia. Dios cntero" (1 Jn 2, I-2).
manifiesta su justicia, leemos en Rm 3,24-26,justifi- Las consecuencias de pensar a Dios en términos
cando, o sea, haciendo justo al pecador y teniendo cle justicia pueden llegar a extremos tales como la jus-
misericordia de todos. Por este motivo, en el Evangelio tificación de guerras y venganzas. Y esos extremos se
se revela la justicia de Dios (Rm 1, 17). Esta justicia es han dado. Y se siguen dando. Aunque todo tiene su
una buena noticia, pues no se trata de la justicia retri- momento y su contexto, vistas con ojos de hoy, sol-
butiva, por la que Dios pr:emia o castiga según los prenden las exhortaciones que hacía San Bernardo a
merecimientos de cada uno, sino de la justicia que jus- los cruzados: A los soldados de Cristo "matando, Cris-
tifica (hace justo) al impío. to mismo se les entrega como premio. El acepta gus-
En suma, en Dios gracia o misericordia y justicia, tosamente como una venganzala muerte del enemi-
lejos de oponerse, se identifican. Aunque también cabe go... La muerte del pagano es una gloria para el
decil si nos fijamos en un texto en donde parecen cristiano, pues por ella es glorificado Cristo"r-s. Pala-
distinguirse, que respecto a nosotros, su misericordia bras que contrastan con las que, en su mensaje del I
es mayor: "la misericordia se siente superior al juicio" de enero de 2002, bajo el lema de "no hay paz sin jus-
(stg 2, l3). ticia, no hay justicia sin perdón", pronunció Juan
Pablo If: "es una profanación de la religión... hacer
en su nombre violencia al hombre"; "mostrar miseri-
Pon ¿uon Dros peRooNA y No coNDENA cordia significa vivir plenamente Ia verdad de nues-
tra vida"; "el Dios que nos redime es un Dios de mise-
ricordia y de perdón"; "el perdón comporta siempre
Entre los hombres, la excesiva preocupación por
justicia a corto plazo una aparente pérdida, mientras que, a
la puede convertirse en un deseo de justa ven-
ganza. Pero no es esta la lógica divina. La lógica de
lalarga, asegura un provecho real"; "el perdón podría
parecer- una debilidad; en realidad, tanto para con-
Dios es que un solo justo merece el perdón de todos
cederlo como para aceptarlo, hace falta una gran
los pecadores (Rm 5,15-21). Este es el argumento que
ya en el Antiguo Téstamento emplea Abraham al invo-
fterza espiritual y una valentía moral a toda prueba.
Lejos de ser menoscabo para la persona, el perdón la
car el perdón para las ciudades de Sodoma y Gomo-
rra. Si hay en ellas algunos justos, no parece justo des-
truirlas: "El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo 15. "Las glorias de la nueva milicia", 4, en Obras Contpletas,
BAC, Madrid , 1983, t. I, 503.

90 91

I
lleva hacia una hunranid¿ul lnhs plcrra .y nriis r.icir,
capaz de reflejar en sí nrisnl¿r Lrrt r-ayo dcl csplcnclor
del Creador".Ya henros dicho que Cristo, perdonarr
do y justificando en la cruz a sus enemigos, es lrr
mejor revelación del Dios de perdón y misericordia.

GRACIA
ES LA PERSONA TRANSFORMADA
POR EL AMOR DE DIOS

La doctrina sobre Ia gracia afirma no sólo que Dios


ama al ser humano, sino también que este amor
transforma a la persona, permitiéndole así realizar el
encuentro al que tiende todo amor: En efecto, el antor
no retiene su categoría, rompe su tr-anscendencia,
cubre la distancia, quiere llegar al amado asemeján-
dolo a é1, busca la reciprocidad. El amor se realiza ple-
namente en la amistad, en la recíproca benevolencia
de quienes se aman.
Eso de que Dios quiere acercarse al hombre y esta-
blecer con él una relación de amistad no es algo obvio
para el hombre religioso. Una expresión como la de
1 Jn 3, 2, "seremos semejantes a El, porque le veremos
tal cual es" es inconcebible -si no blasfema- para un
musulmán. Definiciones bíblicas como "hijo de Dios"
en sentido pleno, o como la frase evangélica de que
"ya no os llamaré siervos sino amigos", son también
blasfemas para un musulmán. Dios está siempre más
allá y no puede ponerse al nivel del hombre. Y aunque
Alá es confesado en cada sura del Corán como "cle-
mente y misericordioso", entre los cien nombre de
Dios falta el único que le da el Nuer¡o Testamento:

92 93
"Dios es Amor"16. P¿lr-¿r cl nlrrstrlnrlin, I)ios cs Scilor, r l)irrs (.ln .3, 1.5; 3, .16; 5,24; 6, 4O.47; 10, 2t'l; 17,2 ss',20,
el Señor juzga, premia y casligzt, po-o Iicr-rc sl,r 1-rr'o¡rio ll; l.lrr 5, l2).
sitio, distinto del sitio del hombre. Ni cl homltrc s,'
(lorr l¿r cx¡rrcsirin "gracia creada", la teología quie-
parece a Dios ni puede pretender alcanzarlo. rt' tlcsignar- csta presencia de Dios en el hombre y la
Ir:rr¡slor-mación que opera. Al acoger el amor de Dios,
t'l lror-nbre acoge al mismo Dios (ya que los amantes
ET HoNISRE, PARTÍCIPE DE LA NATURALEzA DIVINA t'nlrcgan al amado su persona por medio del amor); y
¿rsícl hombre se asemeja a Dios viviendo la vida divi-
La teología de la gracia pide comprender no sól<r na (la vida de Dios, que es Amor, ya que el amado se
que Dios ama al ser humano, sino también que cl lscmeja al amante). Cristo, afirma Fulgencio de
hombre, al acoger el amor de Dios queda transfor- l(uspe, "ha traído el don de la caridad, por la que los
mado y, además, que esta transformación es consc- lrombres se hacen partícipes de la naturaleza divina"rT.
cuencia de la presencia de Dios en é1, pues al acoger lin muchos ambientes la palabra caridad ha adquiri-
el amor de Dios en realidad acogemos a Dios mismo clo connotaciones sentimentales y ha perdido su fuer-
que es Amor. ¿Cómo es esto posible? z.a ontológica originaria. Por medio de ella, el cristia-
En el Nuevo Testamento encontramos dos series de no y Dios son syrLergoi (= colaboradores, colegas,
afirmaciones, pudiendo ser la segunda una buena cómplices) en la misma empresa (1 Co 3,9).La mejor
interpretación de la primera. Por una parte, el Nuevo imagen para entender lo que esto puede significar la
Testamento afirma que Dios mismo, por medio de su ofrece Jesús al decir: "yo soy la vid; vosotros los sar-
Espíritu, se hace prcsente en el hombre justo: "Si algu- mientos" (Jn 15, 5). Los sarmientos viven por y con la
no me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, misma savia de la vid, del mismo modo que si injerto
y vendremos a é1, y haremos morada en é1" (Jn 14,23); una rama de limonero en un naranjo, la rama del limo-
"Dios mora en nosotros por el Espíritu que nos ha nero produce limones con la energía y la savia del
dado" (1 Jn 3, 24); "el amor de Dios ha sido derrama- naranjo. Se comprende así que el Discurso a Diogne-
do en nuestros corazones por el Espíritu Santo que to (texto del siglo II) diga: El cristiano "suministra a los
nos ha sido dado" (Rm 5, 5; cf. Gal4,6). De este modo necesitados lo mismo que él recibió de Dios, se con-
el hombre se convierte en santuario de Dios y templo vierte en Dios" para sus prójimosr8. Es la providencia
del Espíritu (2 Co 6, 16;1 Co 3, 16; Ef 2,21-22., I Co de Dios, su mano, porque actia con la misma fuerza
6, l9). También afirma el Nuevo Testamento que el de Dios. La imagen de la vid y el sarmiento sugiere
hombre justificado se convierte en una nueva crea- muy bien la vida divina que transforma al creyente,
ción, en un hombre nuevo y renovado, transformado pero al mismo tiempo indica también que el creyen-
(Rm 6, 3-11; Gal 6, 15',2 Co 5, 17; Col3, 10; Ef 2, 15; te sigue siendo é1 mismo, produciendo sus propios
4,24), viviendo yala vida eterna, la misma vida de
17 . Sermón 3, 2: CCL 91 A 906.
1ó. Cf. CoNsr,u P¡RneN¡,Nr ¡s CrusrreNlsiun r JusrÍcla, Islnm y 18. "Discurso a Diogneto", X, en Padres Aposfólicos (ed. de D.
Occidente , Cuadernos CJ, Barcelon a, 2001 , 4-5. Ruiz Bueno), BAC, Madrid, 1974,857.

94 95
frutos de vida ccln l¿r vicla clc [)ios. 'li.:l-trlrcnxrs r¡r'irsir »¡r Itcnlr¡s rlicl¡o t¡ut'lrr gnrcilr ('s cr)cucr)lrrr.y rclzrci<in; l¿r
de decir que la gracia no anula al scr hul-narno, sir-lo t¡rrr. rt'lircirin no ;rrtulit, sino quc ¡rotcncia a cada uno de los
al divinizarlo le potencia en su humanidad, Ie hacc sr.r :rnrantcs, ¡rcr'«r csta potcnciación sólo es posible en la
más humano. rrrcclicla que la relación permanece. La relación no es
El concepto de gracia creada pretende indicar qrrt, irlgo dado de una vez por todas. Se mantiene en la
cuando el hombre acoge a Dios y su amor transfor.- nrutua donación de dos amores. El amor no sólo con-
madori se establece una relación en la que nadie cs siste en da4 sino en permitir a los otros amarnos y dar-
sustituido. La deificación de la que hablaban los rros algo de ellos mismos. El Dios amante nos hace
Padres de la Iglesia no puede entenderse como si Dios capaces de ama4 de responderle con amor.
ocupase nuestro lugar. Dios nos comunica un dina- Para entender la acogida personal de Dios hay que
mismo, una facultad de actuar. Pero somos nosotros preguntarse: ¿cómo se acoge a una persona, cómo se
quienes obramos. Se ve claro en el pasaje de Rm 8,14 la recibe? ¿Cómo Dios puede hacerse presente en lo
"todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios
más profundo de mí? Una buena explicación pudiera
son hijos de Dios". AI acoger el amor de Dios, el hom- ser: la persona se recibe por medio de la palabra.
bre se hace capaz de actos y actitudes que antes le eran Cuando el amado me dice una palabra de amor se
imposibles. Pero para que tales actos sean suyos y no me está dando y yo le estoy acogiendo. Con la palabra
de Dios obrando en él sin é1, algo tiene que haber ocu- no sólo comunico información. Me comunico a mí
rrido en su interior. Si no se hubiera dado un cambio mismo, me expreso en ella. Dirigir a otro la palabra no
en el hombre, cuando éste actuase "según Dios" eso es sólo cubrir la distancia que del otro me separa, sino
sólo podría significar que el hombre es un juguete en dar a conocer mi interioridad y ponel'algo de mi alma
manos de Dios, que actúa coaccionado y forzado desde en la del otro. La palabra es el medio por el que dos
el exterior. Pero no es así, pues el amor acogido pro- interioridades se manifiestan una a la otra para vivir
duce una conformación ontológica y vital con Dios. en reciprocidad. La palabra es signo de amistad.
Dios no es una fuerza que nos mueve desde fuera. Dios Hablar es una forma de donación de la persona a otra
nos constituye desde dentro, pero al hacer]o no nos persona. Uno se abr-e al otro, ofreciéndole la hospita-
anula; nos da el ser y lo potencia. Se comprende así lidad, en lo mejor de sí mismo. Cada uno da y se da en
que la gracia no puede entenderse como algo "nues- una comunicación de amol'. Pues bien, Dios en Cristo
tro", en el sentido de que, una vez adquirida, pueda nos ha entregado su Palabra. Al acoger las palabras de
considerarse independiente de su fuente, el amor de Jesús, le acogemos a él (cf. Jn 75, 7 .10), y al recibirle
Diosre. Todo lo contrario: este amor es el principio per- a é1, recibimos al Padre (Jn 13, 20). Al acoger sus pala-
manente de la transformación del hombre. por eso bras, Jesús mismo se nos hace presente por medio de
su Espíritu: "Cristo vive en mi" (Gal 2, 20). Se produ-
ce entonces en el hombre una transformación. Se hace
19. Cl. Ivss M.-J. CoNcar, El Espíritu Santo, Herder; Barcelona,
1983, 58-59; J.L. Rurz DE LA PEñA, El don de Dios, Sal Terrae, San-
capaz de ama4 de responder con amor al amor. Esta
tander, 1991, 349-350; Lurs F. Laoa«ra, Téología del pecado original y transformación podemos calificarla como opción fun-
de la gracia, BAC, Madrid, 1993, 167-168. damental, como una orientación radical de toda nues-

96
97
tra vida. No sc proclucc sr¡l«¡ rrn c¿unlrio cn nucslrrr vrrrl:r¡'rrrr-'slls. lis lronr[l'c ¡'lcrlccto, n<l srilo en c.l sen-
actuar. La opción fundanrcnterl pr-oducc trn c¿rntltio crr Irrlrr rlc (luc p()scc un¿r vcrdadcra naturaleza humana,
nuestro modo de ser. Todo esto es lo que se quicrt. rirrr¡ sr¡[;r'c tod«r porque en él la humanidadalcanzala
designar con el concepto de gracia creada2o. ¡rt.r'li.cción, la plenitud de lo humano. Y la plenitud de
lr » lrunrano es Dios. Así, Jesús es hombre perfecto por
se l la imagen de Dios invisible. tJno es tanto más per-
La cnacm coMo HUMANTzACTóN l'r'ctamente humano cuanto más se acerca a Dios, ya
r¡ttc Dios es el fundamento, la perfección y la meta del
La gracia es la acogida del amor de Dios. El honr- scr humano: "todo fue creado por él y para é1" (Col 1,
bre vive así en la alegría de saberse amado y de poder ló). No resulta fácil pensar la humanidad de Jesús. Y
amar. Ahora bien, el amor madura, logra el equilibrio menos aún, pensar que es tanto más humano cuanto
afectivo y personal, eleva a la persona, le proporcion¿r más divino es. Porque tendemos a separar lo divino de
estabilidad y segur:idad, ofrece un sentido a la vida. lo humano, a rodearlo del brillo fantasmagórico de lo
Dios, lejos de anular al hombre, le potencia. Esta es "superhumano". Algunas escrituras apócrifas sucum-
la ley de todo auténtico amor: respetar al amado, que- bieron a esta tentación. El alto valor de los Evangelios
riendo lo mejor para el amado, precisamente en tanto canónicos reside precisamente en que junto a la con-
que otro distinto y en tanto que es é1. La gracia, lejos fesión de Jesús como Hijo de Dios, afirman también
de alienarnos, nos hace ser lo que de hecho somos y sus limitaciones humanas y su crecirniento en huma-
nos orienta en lo mejor de nosotros mismos. No puede nidad. En Cristo, su divinizaciót"t fue su humaniza-
haber oposición entre lo que el hombre es y lo que ción. En raz6n de la íntima unión entre lo humano y
Dios le hace se6 pues Dios precisamente le hace ser lo el Verbo, el hombre Jesús se hizo más intensamente
que es. Desde este punto de vista, la voluntad de Dios humano. Porque Dios no nc¡s alcanza desde fuera,
coincide con los mejores deseos del ser humano: lo sino desde dentro, desde el centro fundamentador de
que Dios quiere es que el hombre sea feliz. nuestra existencia, desde dentro del núcleo de nues-
En este asunto me parece fundamental la ilumi- tra persona.
nación que aporta la cristología: Jesús es al mismo Dios es una idea forjadora de identidad. Cuando se
tiempo "imagen de Dios invisible" y "Hombre per- habla de divinización del cristiano por la gracia, este
fecto"2r. Pero no como si se tratase de dos realidades hacerse divino no puede entenderse como una huida
de lo humano, que en la práctica se traduce muchas
20. Sobre la palabra como el medio por el que se acoge a una veces como un desprecio por lo corporal, sino como
persona y también a Dios mismo, y sobre la gracia como opción fun- el encuentro con lo que nos hace humanos: Dios
damental, me ha explicado abundantemente en otros libros míos y no
considero necesario repetir lo ya dicho: M. Gnl-eeenr, Salvación como mismo. Dios nos hace "normales". Por eso, la seme-
Humanizacióre, Paulinas, Madrid, 1985, 1 16-127 y 131-144; Vivir conto janza del hombre con Dios no consiste en dejar de ser
Cristo, San PÍo X, Madrid, 1992, 172-17 5; Jesús, revelación del núste-
rio delhombre, San Esteban-Edibesa, Salamanca-Madrid, 2001 (3."
hombre, ni en pretender ser "más que hombre": "el
ed.),226-235. hombre se asemeja más a Dios cuando tiene cuanto
21. Gaudiunt et Spes,22. requiere su condición natural", dice magistralmente

98 99
Tomás de Aquino22. Dios r-r«r rccnr¡rl¿rz¿1, n() sr-rslilrr.yt', rntrrrclo, clr.rc cs cl l>icn. E,l bicn es lo que conviene al
no ocupa nuestro lugar. Al contral-io, impulser, libcrrr Ir«rrrrbre, lo que lerealiza,lo más conforme a su natu-
al orientarnos y situarnos en nuestra verdadcr.lr rirlczár, que está hecha para el bien. El pecado, a pesar
dimensión (cf. Jn 8, 31-36). Dios es artífice e impuls«rr rlc las apariencias, es un atentado contra nuestro
de nuestra propia responsabilidad, hace que el honr- bicn23. "Los pecadores son enemigos de sí mismos"
bre tome en sus manos su destino y lo haga con todos ('nob 12, 10). "El pecado rebaja al hombre, impidién-
los medios racionales y humanos de que dispone. Así, dole lograr su propia plenitud"24.
la omnipotencia divina y la autorresponsabilidad hu- Precisamente porque Dios es la maduración del
mana crecen en la misma proporción, no en propor- ser humano, su gracia nos hace más libres. Se com-
ción inversa. prende así que Dios pueda, a veces, parecer inseguro
Esta "teología" (este discurso sobre Dios) implica e inconfortable. No nos trata como a niños inmadu-
una determinada antropología: el hombre se realiza en ros, sino como a hombres libres en quienes la liber-
el bien, en el amor al prójimo, en la entrega de la vida. tad es un reflejo de su gloria. Al contrario de lo que
Una palabra de Jesús expresa la estmctura básica de ocurre con el pecado, que cada vez esclaviza más,la
toda la realidad y, sobre todo, de la realidad humana: gracia deja a uno cada vez más libre. Y, en consecuen-
el que entrega la vida, ese la gana (cf. Mt 16, 25).La cia, le hace más responsable. Dios no es un tranqui-
llamada de Jesús a "perder" Ia vida por el Evangelio o lizante que soluciona los problemas y dispensa al
por el hermano hay que entenderla en un sentido total- hombre de pensar.
mente positivo. Pues de lo que se trata es de ganar la
vida. Pero la vida sólo la encuentra el que la da. Solo
el que busca la felicidad de los demás, ese y sólo ese ExpBnrENcrA DE LA GRACIA
trabaja por su propia felicidad. Este es el sentido de la
crLtz: en la entrega amorosa del que nada se reserva, Si la gracia transforma humanizando; si es, en defi-
se encuentralavida para uno mismo y para los demás. nitiva, una realidad en el hombre, ¿puede hablarse de
Por eso la gracia es éxodo, encuentro con el otro, para una experiencia de la gracia? Clásicamente esta cues-
encontrar ahíla más cabal identidad. tión se ha formuiado de otra forma, dando lugar a dis-
Lo que hace la gracia es renovar al ser humano, cusiones y polémicas que hoy me parecen superadas:
incidir en su ser auténtico, que es el amor. Por tanto, ¿podemos saber con certeza que estamos en gracia?25.
la gracia hace del hombre no un sujeto egoísta, que se
pierde en si mismo, sino un sujeto solidario, que se 23. Cf. To¡r,tÁs o¡, AoutNo, Stmta contra los Getttiles, lll, 122;
encuentra a sí mismo en el otro. La gracia nos orien- Sunta de Tbología, I-Il, 7 3, 2; 7 8, 3; 1 09, 8.
ta así a la búsqueda de lo mejor de uno mismo, que es 24. Gaudiunt et Spes,13. Por el contrario, en el scguimiento de
Cristo, "el hombre se perfecciona cada vez más en su propia dignidad
Dios; a la búsqueda de las huellas de Dios en este de hombre" (Gaudium er Spes,41).
mundo, de todo lo que hace a Dios presente en el 25. Según Lutero "es necesario que luchemos cada dÍa a fin de
pasar de la incertidumbre a Ia certeza y extirpar de raíz la opinión per-
niciosa que ha devorado al mundo entero: que nadie sabe si está en
22. Suma de Tbología, Supl. 75, 1, ad 4. gracia" (M. Lurer.o, Oeuvres, Labor et Fides, Gendve, 1957 ss. t. XVI,

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quc dio 'lbrrrás clc Ac¡uin«¡ ¿r cst¿r l)r'cgr.ln-
Ler r-cs¡tuestit No cstít cott lo ott'o, sino cn todo lo otro, como fun-
su
ta me parece orientadora: "pzllir conoccl'algo con ccr- rlirr-nento, conlo el que da el ser y hacer ser' Por eso
tezahay que estar en condiciones de verificarlo alaluz. grarcia (el don de su amor) no es una cosa más exce-
de su principio propio... Ahora bien, el principio de la lcnte junto a otras cosas que lo son menos' La gracia
gracia, como también su objeto, es Dios mismo, que el ámor de Dios y el modo de ser que adquieren las
por su propia excelencia nos es desconocido... Y así su "s
personas cuando quedan penetradas por el mjsterio de
presencia en nosotros, Io mismo que su ausencia, no blor. Y Dios manifiesta su amor no como "algo"' por-
puede ser conocida con ceÍteza". Dios siempre es un que el amor no es una "cosa" sepat'ada y delimit-ablez7 '
Misterio. Un acceso directo a él es imposible en las É1 "r", del amor" es ser causa, motor, impulso'
forma'
condiciones de este mundo. Tener, pues, una expe- fin, sentido. Por eso no existe separado, por sí mismo'
"lo
riencia inmediata de Dios es imposible. Pero si no es sino "en" y a través de otras realidades28, es como
posible un encuentro directo, cara a cara con Dios, sí medicinai respecto a los jugos de yerbas y lo militar
que resulta posible tener una experiencia indirecta de respecto a lo ecuestre"ze ' o "el calor respecto de la cale-
Dios, pues los efectos nos permiten tener una idea de factión"'O. Esto significa que la gracia, el amor de
las causas: cuando veo hurno, aunque nunca haya Dios, sólo lo encarnado, en ott-a realidad'
visto el fuego, puedo pensar que algo o alguien lo pr:o- "n.o.rt.ur.,os
I as realidades, personas o cosas penetradas por el
duce, aunque la idea que me hago del productor es amor de Dios, son el necesal'i<l s<-rporte de la gracia' y
necesariamente muy limitada. De este modo resulta el lugar: donde el hombre descub|e la cercanía divina.
posible una experiencia indirecta o conjetural de Dios, Pero, puesto que a Dios sólo se le encuentra y expe-
pues el creyente sabe que en todas las realidades hay rimenia "a través de" nrediaciclnes, ptrede uno que-
una huella de su Autor, una huella de Dios: "una cosa darse en las mediaciones, sin encontrar al que en ellas
puede ser conocida de manera conjetural, por medio se manifiesta.
de indicios. Y de esta suerte sí puede el hombre cono- Resulta así que la gracia siempre es "sacramental"'
cer que posee la gracia, porque advierte que su gozo o sea, se da a tt'avés de otra realidad significativa'-una
se encuentra en Dios y menosprecia los placeres del realidad que desde sí misma apunta más allá de sí
mundo, y porque no tiene conciencia de haber come- rnir..tu, una realidad en la que uno descubre "algo
pero
tido pecado mortal... Sin embargo, este conocimien- más", algo que está en ella y se me olrece en ella'
que no Ie úmita a ella. No existe la gratuidad o ia
i
to es imperfecto"26.
Dios en este mundo nunca se experimenta como úenerrol"rrcia en sí. Lo gratuito se manifiesta a través
una cosa. Nunca lo encontramos delimitado. Dios no de un modo de ser del hombr:e y del mundo' Se mani-
es una realidad más excelente junto a otras realidades.
no
27. Cf .TomÁs DE AQUINo, De Carilate a' 4' arg' 9: la caridad
cuerpo; a- 7, arg. 17: la caridad no es algo material' sino es-
es un
90). El Concilio de Trento, mal entendiendo seguramente lo que Lute- piritual.
ro cntcndía por certeza de la gracia y de la salvación, calificó sus posi- 28. ToMÁs pr' AQurNo, De Crtritate a' 3' ad 8'
ción de "vana confianzzr alejada de toda piedad" (DH, 1533). 29. TonÁs »e AQulNo, De Caritate a' 5'
26. Sunta de kología,I-il, 112,5. 30. TouÁs oE Aout¡.to, De Caritale a' 7, ad 17 '

102 103
fiesta cuandcl cclntcrn¡rl«r l¿rs cos¿rs.y l«rs lr«»nrl)r't,s,.rr ,,,, rl¡rtlr, rt«r l<¡ t¡ttc'lti ('sl)cl-¿ts, silt«r ttl-t¿t l-ltlchc más pt-o-
relación con Dios y los vivo c()nt() don .y gr.alrrirl,r,l Irnrcl:r tocl¿tví¿t, l¿r n<;chc dc, la n¿rda"3r. Experimentar la
como presencia de Dios en e I ntundo. La grzrci¿1, t.r,¡r¡, ,
¡-l,rrciit ¡rucde ser también una experiencia de debilidad
presencia de Dios en mi vida, se m¿rnif:iest¿r t¿unlrit.n (c1.2 Co 12,9). Y así no es fácil mantenerse en pié-
"en" (no'junto a" o"además de") mi capacidad clc ¡r,., lrsta situación puede vivirse no sólo como "experien-
dón, de amor desinteresado, de alegría por el bien r,.., t'iit clel alma", sino también como experiencia de una
lizado, de anhelo de justicia, en mi Iucha contra el rr r; rl, sitr.ración social e histórica insoportable, en donde la
en el gozo de la oración. irr.iusticia y el mal nos rodean de tal forma que resul-
Pudiera ocurrir también que la experiencia dc lrr ta difícil ver a Dios en medio de tanto sufrimiento. En
gracia resultase paradójica, y además de darse crr Iodo caso, también ahí, en la lucha contra el mal, está
realidades sacramentales plenificantes o positivas Dios acompañándonos, y en esta lucha misma se hace
(capacidad de perdón, ayuda que me prestan o prcs presente. Y, a propósito de tantos que, buscándole, no
to, admiración que produce la belleza del cosmos) cncuentran a Dios, hay que decir que Dios mismo está
se manifestase en forma de carencia o de vacío. Di. presente en la búsqueda. Se hace presente haciéndo-
hecho, los considerados grandes amigos de Dios, los se desear: "¿Le buscas? Es que le tienes" titula una de
santos, hablan con frecuencia de sequedad o de nochc sus poesías Amado Nervo, inspirándose en un pensa-
oscura, de la ausencia o el hueco dejado por un Dios miento de Pascal32. Creer en Dios también es eso: "sen-
al que desean encontrar. A veces pensamos que una tir hambre de Dios, hambre de divinidad, sentir su
vida dedicada a Dios conduce a experiencias lumino- ausencia y vacío"¡¡.
sas. En bastantes ocasiones ocurre lo contrario. Es sor- En suma, la experiencia de Dios y de su gracia sólo
prendente que Teresa de Lisieux puede mantener su se da en estructuras finitas. Más que experimentar a
confianza en Dios habiendo experimentado, al bus- Dios, nos experimentamos a nosotros mismos en
carle, la más profunda oscuridad: "De pronto,las tinie- nuestra relación con Dios. De ahí la dificultad de dis-
blas que me rodean se hacen más densas, penetran en tinguir "claray distintamente" (Descartes) lo que en
mi alma y la envuelven de tal suerte, que me es im- esta relación procede de Dios y Io que es propio de la
posible descubrir en ella la imagen tan dulce de mi naturaleza humana (aunque también esto propio de
patria. ¡Todo ha desaparecido...! Cuando quiero que la naturalezaproceda de Dios). Por eso, la experiencia
mi corazón, cansado por las tinieblas que lo rodean, de Dios es paradójica, ambigua v puede prestarse a
descanse con el recuerdo del país luminoso por el que diversas i nterpretaciones.
suspira, se redoblan mis tormentos. Me parece que las
tinieblas, adoptando lavozde los pecadores, me dicen
burlándose de mí: Sueñas con la luz, con una patria 31. TsxEse or, Ltsteux, Obras conrylelas, Editorial Monte Car-
melo, Burgos, 1996, 279-280.
aromada con los más suaves perfumes; sueñas con la 32. "Óonsole-toi, tu ne me chercherais pas, si tu ne m'avais pas
posesión eterna del Creador de todas esas maravillas; trouvé" (B. Ptsc¿1, Pensamientos, n." 736, ed. Chévalier; n." 553 ed'
crees que un día saldrás de las nieblas que te rodean. Brunschvicg).
33. Mtcurl o¡, UuenuNo, Obras contpletas, Escélicer, Madrid,
¡Adelante! ¡Adelante! Alégrate de la muerte, que te 1966 ss., t. VII,2l8.

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Experil-nentáu-nos, cn t¡cltsi<)ncs, r)rrcslr'¿t vitllt "r'tr" ¡t¡,¡lr ¡s ic itil-t i t-lvct-s¿r t¿rnl biép cs vcrdadet'a:
zirc irir r. [.u
Dios, orientada hacia É1. p,n «rtr-¿rs (¿'las rnás?), cx¡r..' lir lrumani zaciónnos diviniza, nos hace hijos de Dios'
rimentamos nuestra lejanía de Dicls, l¿t ¿rñol'¿rnz¿r clc ur¡ Ahora bien, el que pueda vivirse la gr acia fuera de las
Dios ausente o, al menos, siempre muy impet-tcclrr clir-nensiones estrictamente religiosas, el que uno
mente poseído en este mundo. De un modo u otro lrr pueda encontrarse con Dios y no enterarse, y desde
experiencia de Dios y de su gracia se traduce siemprt' ir.r"go, el que lo importante no sea el enterarse sino el
en una mayor humanización, en su doble vertiente clt' encontrarle, no debe hacernos minusvalorar la impor-
más madurez personal y más entrega al bien de lo. tancia del enterarse. La toma de conciencia no añade
demás: por medio del Espíritu que hemos recibido "sc' "más encuentro", Por así decirlo. Pero sí que añade
restaura internamente todo el hombre" y el hombre sc calidad de vida. La alegría de saber que somos hijos
siente "capaz de amar"3a. de Dios, la alegría de sabernos amados, es una gracia
"A Dios nadie le ha visto jamás" (l Jn 4, l2), o sea, nueva con relación a la gracia de encontrarle sin
no es posible una exper^iencia directa de Dios. Pero conocerle. En la toma de conciencia hay un aumen-
"todo ei que ama, conoce a Dios" (1 Jr-r 4,7). Es posi- to de gracia.
blé, pues, una experiencia de Dios "en" el amor y al
amar. De modo que me parece legítimo afirmar que,
si bien no es posible una experiencia directa de Dios, Iupr,nr'¡,cctóN DE l-A GRACIA

sí es posible una experiencia de la gracia, aunque tal


experiencia es la experiencia de una mediación, a sa- Si gracia es el encuentro de dos amores, eso no
bet de los efectos de vida y amor que en mí o en los significa que estos amores sean iguales. Suele ocurrir
otros produce la acción del Espíritu. normalmente en toda relación. En ninguna hay una
Explicada así Ia experiencia de la gracia, cabe una igualdad total: uno ama y otro se deja amal uno más
pregunta: ¿puede darse el caso de que alguien expe- q"e el otro. En el caso de la relación entre Dios y el
rimente la gracia, pero no la refiera a Dios? ¿Es posi- hombre, Dios siempre ama primero y siempre ama
ble una experiencia de la gracia fuera de un clima reli- más.
gioso? Al dar de comer al hambriento, el hombre, aún Dios nos ama con todo su amor. Por eso, de Dios
sin saberlo, se encuentr:a con Dios, afirma con toda podemos esperarlo todo: "de Dios no se puede esperar
claridad el Evangelio (Mt 25,35). A veces se oye decir un bien menor que El"3s. Aunque el hombre responda
que los valores naturales son santificados según Ia a Dios con todo su amo4 aunque le ame "con todas sus
intención con que se realizan. No me parece que esta fllerzas" (Dt ó, 4) resulta patente la desproporción: el
sea una buena perspectiva. "Tuve hambre y me distéis amor de Dios no tiene límites; las fuerzas del hombre
de comer" y, ul hacerio, Dios estaba allí. Su presen- son limitadas. Por ser limitadas, no sólo aman a Dios
cia no dependía de ninguna "intención" especial. Ya limitadamente, sino que también acogen el amor de
hemos dicho que la divinización es nuestra humani-

34. Gaudiutn et Spes,22. 35. TonrÁs »e AQultlo, Suma de kología,II-IJ, 17 ,2'

t07
106
Dios según la nrcdida clc sus 1-losibiliclaclt's. St' r'onr N ttcsl I1 ) :t r I r(,t; t't I cl c icltl, ¿tlc¿tl-lz¿rl-/l su perltección'
prende así que hablando dc la grzrci¿r, 'lirrrás clc Ar¡rrr l't'rrr t¿rnrbió'n crr la patria celestial Dios seguirá sien-
no diga: "el alma participa dc la ltoncl¿rcl divinrr ,1, rlo rneryor, inabarcable. La medida humana no es ca-
manera imperfecta"3ó. "Llevamos este tesorc¡ cn r'(.( r
¡xrz cle llenarse totalmente del infinito divino ni
en la
pientes de barro" (2 Co 4,7). ticr-ra ni en el cielo: "¡Qué incomparables encuentro
Además, nuestra limitación está muy condiciorrrr Irrs designios, Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
da por la realidad del pecado que continuamente n( ):, Si me pongo a contarlos son más que arerra', si los doy
acosa y, en ocasiones, nos invade, aunque sea levt' por terminados, atin me quedas tú" (5a7139). Cuan-
mente. Esto incide, en este caso no "naturalmentc", clo en nuestra ingenuidad creemos haber terminado
sino culpablemente en la imperfección de nuestrr, con Dios, ¡nisiquiera hemos empezadol De ahí que,
amor y, por tanto, de la vivencia de Ia gracia. Nuestros por parte del hombre, en su encuentro con Dios, hay
amores siempre están marcados por el egoísmo, tam siempre un permanente dinamismo, una tensión
bién nuestro amor a Dios. Sin embargo, el amor dr. ineliminable. Cuanto más le conoce, más desea cono-
Dios es incondicional. Nos ama a pesar de todo y en cerle. Cuanto más cerca de él está, más hambre de
contra de todo. Desde esta perspectiva quizás sc Dios siente. Toda posesión no es sino el alimento de
podría entender una fórmula de Martín Lutero: el un nuevo deseo, y todo encuentro el principio de un
hombre justificado es justo y pecador a la vez. Si nuevo don: "gusté de t7" y en vez de quedar saciado
pecado es lo que nos separa de Dios (en el sentido de "siento hambre y sed"37. A Dios siempre se le encuen-
que mientras vivimos en este mundo estamos priva- tra como el espacio abierto nunca colmado. Incluso
dos de la gloria de Dios, y además vivimos nuestro en la vida eterna.
amor mezclado con el egoísmo), entonces la fórmu-
la designa tristemente la psicología del creyente, que
se sabe permanentemente necesitado de perdón, y por
eso 1o pide diariamente al recitar la oración que Jesús
le enseñó. Pero si pecado es lo que nos hace enemigos
de Dios, hay que decir que, aunque en este mundo la
gracia sea imperfecta por tantos motivos, la fórmula
no es válida, porque el hombre puede vivir en la ale-
gría de saber que ama a Dios y está unido a él (si bien,
insistimos, imperfectamente).

36. Sunru de kología,I-Il, 1 10, 2, ad2.No voy a dedicarmucho


más espacio a esta cuestión debido a que en la editor"ial que publica
el presente libro, acabo de publicar otro, en el que dedico un capítu-
lo entero a la imperfección de la vida teologal: M. G¡raseRr, Para
encontrar a Dios. Vida teologal. San Esteban-Edibesa, Salamanca-
Madrid, 2002,98-107.

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