Mediología y redes sociales digitales
Mediología y redes sociales digitales
ISSN: 1885-365X
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Universidad Francisco de Vitoria
España
En el presente trabajo se abordan los temas de la mediología y las redes sociales digitales. Se analizan las
categorías de icono digital, de lo virtual, de la interacción en las redes sociales digitales, con el apoyo de la
hermenéuca analógica, la deconstrucción, la éca y la sociología desde el enfoque de un realismo críco.
Analizo el po de interacción que acontece en las redes sociales digitales y sus efectos en el tejido social,
con la intención de invitar a un uso prudente y responsable de las nuevas tecnologías de la información.
This paper addresses the issues of mediology and the social networks. Categories of digital icon of the virtual, of interacon in
online social networks, with support of hermeneucs, deconstrucon, ethics and sociology from the perspecve of crical realism
are analyzed. The aim is to analyze the type of interacon that occurs in digital social networks and their impact on the social net,
with the intenon of inving a prudent and responsible use of new informaon technologies.
1. Introducción
¿Qué lugar ocupa la Comunicación dentro de las ciencias? Inicialmente este cuesonamien-
to implica valorar la Comunicación en su justa dimensión, lo cual lleva a plantear interro-
gantes sobre el trasfondo en el que se apoya el empirismo contemporáneo. Los alcances de
este estudio problemazan, sin ser exhausvo, los ejes que estructuran a la Comunicación.
El enfoque adoptado corresponde al realismo críco. Por realismo críco entendemos que
la teoría ene un componente aplicavo, igual de importante que su fundamentación. Por
lo tanto se trata de pensar que la Comunicación es más que un campo profesional deter-
minado por leyes, categorías y estrategias (Bourdieu, 2003), dado que la comprensión de la
concepción de lo comunicavo revela el entramado de experiencias de vida, de desarrollo
y de desplazamiento de las comunidades de seres humanos. Solo desde una teoría de la
Comunicación como encuentro con el otro será posible pensar sobre la trascendencia de
lo que es la Comunicación. Las ciencias sociales marcadas por el posivismo de nales del
siglo XIX y principios del siglo XX, se encuentran embarcadas desde entonces bajo el bino-
mio causa y efecto. Las metodologías empleadas recurrentemente revelan cuesones de
interés, como son las diferencias entre generaciones y grupos, los índices sobre los que se
mide el consumo de medios, los diferentes pos de interacciones, pologías de usuarios, y
así, se analizan inde nidamente las movaciones que inclinan a los hombres a comunicarse.
De igual manera, la cultura empirista se ha propuesto medir escrupulosamente los efectos
de los contenidos de los medios masivos en las llamadas audiencias, diferenciando segmen-
tos de la población. Así, los estudios de Comunicación forman parte de las disciplinas que
supieron adoptar con rigor y encuadre el mandato empirista. Sobre todo fueron las ciencias
sociales las que mejor supieron explotar esta perspecva. Sin embargo, las ciencias sociales
marcan a los estudios de Comunicación de una manera que restringen el potencial que se
encuentra en su objeto de estudio.
Esta restricción no es menor, porque lo que se encuentra empeñado en la comprensión
de la concepción de la Comunicación es el sendo mismo de lo humano. La noción de Co-
municación nos comunica dimensiones incuan cables. En efecto, desde la Comunicación
el hombre se ve involucrado en lo real, en la Comunicación centellean realidades no pre-
vistas por el ojo humano. Como sujeto y actor de una realidad que lo sobrepasa, el hombre
se esfuerza por comprender a Dios que a su vez se comunica a los hombres. Antropólogos,
lósofos y novelistas –como Peter Sloterdijk (2006a) y Mario Vargas Llosa (2008)– han re-
ferido que desde empos del paleolíco la humanidad se moviliza gracias a la vocación de
narradores que con el apoyo de soportes comunicavos, contagian a su público espectador
de un entusiasmo que les lleva a rozar lo no presente. Convivir con lo otro, con lo ausente,
con lo que está más allá, es uno de los tantos motores que impulsan la acción comunicava.
A parr de esto es posible la analogía entre la paleopolíca, la medioesfera y la videoesfe-
ra como esferas-comunicavas que engloban el devenir de la humanidad hasta la época
contemporánea (Debray, 2001). La idea es que la comunidad sobrevive a las tensiones, a
los con ictos y a las crisis, resisendo a las decepciones y a los desencuentros, gracias a la
efecva Comunicación de estados anímicos. De tal suerte que la Comunicación lo es todo,
es la acvidad a través de la cual se comparte un estado espiritual que anima, agrupa y
alimenta al grupo (Sloterdijk, 2006a).
Si la Comunicación lo es todo, si todo ene su epicentro en la Comunicación, o, como
dice Baudrillard, “en nuestro empo, al parecer, todo se ha vuelto un problema de Comu-
nicación” (Baudrillard, 2000b, p. 32), hay que comenzar por abrir la comprensión de la Co-
municación hacia un horizonte cien co de mayor calado que el que otorga el empirismo.
Esta tarea requiere convocar a un conjunto de disciplinas que favorezcan la apertura sobre
una unidad temáca que se revela como horizonte y con un carácter factual. Es decir, la
Comunicación permite dibujar un horizonte –un puente, una línea en el empo– de cual
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se desprende una comprensión del pasado, del presente y del porvenir de las comunidades
humanas, y por otro lado, la Comunicación permite ubicar los ejes sobre los que se teje
en franca relación tanto la faccidad espiritual, como la materialidad de un soporte co-
municavo y lo real de la convivencia humana. Estos ejes se pueden agrupar bajo el tulo
de mediología. La mediología trabaja analógicamente y empíricamente, conjunta en una
singular dialécca, tanto endades ideales como soportes técnicos. La Comunicación como
disciplina puede ser ciencia del espíritu e ingeniera social; teje y trama el aspecto espiritual
que cobran las múlples formas de Comunicación, lo que comúnmente llamamos con el
tulo de tradiciones.
La comprensión de endades ideales está a la base de las ciencias exactas, como lo es el
de las matemácas y el de la geometría. Edmund Husserl (2000) cuesonó el grave error
en el que cayó Galileo y con él, el desarrollo posterior de las ciencias en la modernidad, al
descuidar la comprensión del horizonte comunicavo que hacen comprensibles los postula-
dos, los axiomas y los principios de la geometría. Las endades numéricas y los axiomas de
la geometría requieren un horizonte a parr del cual se desprenda un punteo de supuestos
compardos. El hombre de ciencia moderna demeritó explicar el estatus precien co de
las Ideas: las bases culturales, polícas y técnicas. Se omite considerar las disputas entre
grupos que conforman una civilización, los con ictos entre grupos de cien cos (Latour,
2007). Los geómetras modernos abordan las cuesones relacionadas con la lógica en un
proceso de puri cación, limpieza y exfoliación de los elementos impuros. Según Husserl
(2000), Galileo no se cuesonó jamás el sendo de la génesis pasiva en la mente de los
primeros hombres que captaron las cuesones ideales, estructura pasiva que es general a
cualquier mente que se inicie en el estudio de endades ideales. Entendió que la rigurosi-
dad es sinónimo de descontextualización.
La idea de puri car, la delimitación de objeto y el método y la descontextualización fue-
ron las formas de ocultar las tensiones entre grupos de invesgadores. La forma de operar
de las ciencias modernas desembocó en lo que George Steiner (2001) denomina la gramá-
ca de la tristeza del pensamiento. Zygmunt Bauman (2004) describió el fracaso rotundo
de las ciencias sociales: son incapaces de comunicar algo vivo, estable y con sendo a las
comunidades. Lo emero, lo líquido y movedizo no son caracteríscas exclusivas de las
relaciones humanas, también los resultados de las ciencias son conngentes; a lo mucho,
perspecvas de la realidad sin ningún po de anclaje en la experiencia de la comunidad.
Sin embargo, gracias a la introducción del análisis sobre el papel que juegan las tecnolo-
gías de la Comunicación en el desarrollo de las mentes, los cuerpos y la vivencia interior, la
mediología está en la capacidad de mostrar los cambios en las estructuras de convivencia
humana, así como explicar la génesis en la comprensión de endades comunicavas. Como
se verá, la mediología elabora puentes de comprensión a parr de entrelazar cuesones re-
ferentes a las tecnologías de Comunicación, con cuesones relacionadas con el poder y sus
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vínculos con estados anímicos de convivencia comunitaria. Estos puentes se pueden esrar
tan ampliamente en tanto existan los su cientes elementos teóricos y los soportes técnicos
que permitan acercarse a comunidades del pasado para entrelazarlas con las comunidades
actuales. La mediología es una tecno losoa del encuentro, requiere de tecnologías de la
memoria y polícas de la memoria para propiciar un encuentro con el otro.
Mediológicamente, entonces, podemos elaborar la siguiente pregunta de invesgación
que guiará el presente estudio: ¿qué le ocurre y, qué está por ocurrirle al tejido social
–entramado anímico– en tanto gran parte del epicentro comunicavo acontece en los nue-
vos soportes de la Comunicación digital?
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cuenta con mayores recursos técnicos para hacerse de un saber especializado, indaga apo-
yándose en puntos jos, en estrategias de observación, como es el panópco, el hospital
psiquiátrico, la prisión y demás instuciones que modelan la conducta de las personas como
también lo es la escuela. Estos saberes sirven con la nalidad del control y la modelación de
conductas, perfeccionan tecnologías de observación, respaldadas por saberes disciplinarios
como lo es la psicología, la pedagogía, la teoría del derecho penal, entre muchas otras.
Los estudios emprendidos por Foucault (2001), y de igual forma, los trabajados de Peter
Sloterdijk (2006b), detallan, de manera provisional, algunas de las perspecvas que la me-
diología puede adoptar como enfoque interdisciplinario del conocimiento. Enfocar la aten-
ción en los usos sociales de la tecnología para conocer las estrategias de modelación de la
conducta, permite adentrarse en la trama del poder. La hipótesis radica en que la conducta
de individuos y de grupos que se saben observados, dependiendo del perfeccionamiento de
estrategias y herramientas que ulice el poder para sus propios nes, modi ca los estados
anímicos del resto de la sociedad. Las preguntas que se haría un mediólogo serían: ¿qué
estado anímico re eja la sociedad disciplinada por la existencia de prisiones y de hospitales
psiquiátricos en comparación con la situación premoderna de convivencia? ¿Cómo describir
esta transición sintomáca del alma?
El estudio de la imbricación entre saber-poder-tecnología no es para nada nueva, se en-
cuentra en Platón (2003), por ejemplo, por su puesto de manera disnta al enfoque medio-
lógico, pero, lo importante es que muestra la necesidad que ene el lósofo gobernante,
un lósofo rey, tejedor y pastor de comunidades de hombres, que requiere echar mano de
aquellos recursos disponibles para gobernar lo mejor posible. La referencia a Platón obe-
dece a la necesidad de mostrar que la jerarquización de los saberes está en la génesis de la
cultura occidental, y para mostrar que la relación entre conocimiento y poder está presente
dentro de las preocupaciones platónicas. En el Políco, Platón divide el conjunto de las
ciencias en dos especies: una ciencia prácca y otra pura y simplemente cognosciva. La
división no es dictada por prejuicios, según Platón, obedece a un orden lógico-ontológico,
lo real se presenta como racional, lógico y por lo tanto comprensible. Dentro de las ciencias
práccas, Platón describe o cios como el de la carpintería. La ciencia pura y simplemente
cognosciva es dividida en dos, en saberes direcvos y en saberes crícos (krikĕ cuya fun-
ción es la de juzgar, discernir, emir un juicio, krínein). Los sabes crícos implican la posición
de espectador para juzgar con agudeza. Por su parte, la ciencia puramente cognosciva y
direcva es caracterizada por el arte de tejer comunidades de hombres disímiles.
Ahora bien, la mediología ene la necesidad de deconstruir el orden instaurado por una
falsa comprensión platónica del mundo, la cual oculta las tensiones, los con ictos y los
estados anímicos que se producen en la comunidad (Derrida, 1978). (La deconstrucción
es el desmontaje de supuestos teóricos que jerarquizan un cierto orden de las cosas). Por
una extraña razón, el horizonte cultural que rige las esferas del poder ende a perpetuarse,
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El icono es algo intermedio, un signo que no es completamente ar cial, convencional o cultu-
ral. No es completamente cultural porque no es mero producto del acuerdo, sino que requiere
cierta semejanza con lo que representa. Tampoco es completamente natural, pues requiere la
intervención del hombre, que lo capta ya interpretándolo (Beuchot, 2007: 18).
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En este sendo, la mediología (Debray, 2001), es una forma de abordar la interacción en las
redes sociales digitales, encargada de enfazar las condiciones ineludibles que impone el so-
porte técnico sobre el pensamiento y la sociedad. Para el primer Derrida (1978), lo mismo que
para Debray (2001), la materialidad del signo y del soporte conducen modos de convivencia.
Jean Baudrillard (2000b) advierte que la pantalla de los disposivo electrónicos se parece
a un desierto y a un enjambre, también a un aluvión de luminiscencias vectorizadas, hetero-
géneas, super ciales y conngentes; la memoria es llevada al límite en la interacción digital.
De una experiencia del empo, se pasa a la sensación de simultaneidad de la Comunicación,
el paso de la conngencia del empo al estallamiento del vérgo, de la nitud de los proce-
sos psíquicos a una tormentosa transparencia. “La instantaneidad, la simultaneidad crean la
transparencia obscena y pornográ ca” (Del Prado, 2015). Entonces, la mediología se pre-
gunta: ¿qué le ocurre a nuestra memoria colecva, a nuestros lazos de empaa comunitaria,
cuando la producción masiva de simulacros asechan sin tregua a la Comunicación digital?
¿Cómo cambia la Comunicación digital nuestra responsabilidad con el otro, la comunidad
y la democracia? ¿Qué di cultades se presentan a la convivencia simulada? El simulacro
consiste en una cuesón de indecidibilidad entre lo real y la cción de una Comunicación
digital. Para Baudrillard (2000a) el olvido del ser deja de ser un problema, el simulacro es
apremio de lo actual.
Por otro lado, la interacción en la web ende a anular las barreras entre lo público y lo
privado, desaparece el razonamiento prudencial sobre la vida privada, disponibilidad para
comunicar fragmentos de estados anímicos desconectados del entorno familiar y social. La
lógica de estar siempre actualizado, eclipsa el empo de rero para el descanso en soledad.
El instante en la web es como epicentro de todas las facetas del hombre, éxtasis de la tem-
poralidad desajustada, “Out of joint” (Derrida, 1995: 33), el mundo a la mano enloquecido,
1/ Algunas de estas ideas de este apartado fueron expuestas en el III Internaonal Conference on Media
ic , en la Universidad de Sevilla, España, marzo del 2015 (en prensa).
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que enlazan al enjambre (Han, 2014). El ecosistema digital pone en situación de crisis las
capacidades de resistencia de los individuos, la tristeza del pensamiento (Sloterdijk, 2013),
la estrategia que sigue el mercado de comunidades virtuales es muy simple pero efecva,
se trata de converr al consumo como una decisión racional y emova, de esta forma, el
sujeto es rodeado de argumentos y emociones que modelan su conducta de compra. Como
menciona Lipovetsky, el hiperconsumo provoca felicidad paradójica (2013: 13).
En consecuencia, una Comunicación líquida, nita y fantasiosa, hiperconcentración de la
Comunicación a través de la Comunicación digital. Mundo digital habitado por forasteros,
de extraños que simulan interacción. La Comunicación digital no propicia el encuentro con
el otro, es decir, la vida espiritual de la comunidad digital está compuesta de piezas sueltas.
La fantasía de la Comunicación digital acecha cuando el drama humano, ya sea individual
o social, pasa o se agota en el ámbito de las redes digitales como apariencia de realidad o
simulacro de encuentro con el otro. Hiperrealidad como analogía con el consumo de dro-
gas (Baudrillard, 1988). La hiperrealidad es la apreciación que tenemos de lo real a través
de los soportes tecnológicos. Hiperrealidad o éxtasis de la Comunicación, en palabras de
Baudrillard (1988), se trata del vérgo seductor de la inmediatez ar cial de la interacción
humana. La interacción digital no se reduce al acto de comparr información, se traduce en
escenario, en hiperrealidad, en la exacerbación de la imagen, en videoesfera.
El enfoque de Baudrillard (2000a) señala la muerte de lo real, la videoesfera es la con-
formación con la hiperrealidad, la anulación del motor que inspira a trabajar por un mundo
diferente. Inmanencia, trasparencia, obscenidad digital, todo secreto es expuesto, revelado,
transparentado; las redes digitales como espacio para la expansión de una Comunicación
pornográ ca, es decir, lo ínmo se trasmite sin reservas, obscenidad, trasparencia del mal.
La sensualidad privada pierde su encanto al perderse el diálogo, la distancia, la diferencia, el
respeto, la alteridad de lo otro (Levinas, 1995).
El análisis mediológico compara escenarios de convivencia. Por ejemplo, a diferencia de
otros soportes –como el libro, la hoja de papel, la página–, las redes digitales producen un
efecto seductor. Sabemos que la escritura en papel invita a la re exión, a la interiorización,
a pensar, al goce de la lectura gracias a que permite el empo de distancia, el respeto entre
el texto y el sujeto. Por otro lado, la interacción en las redes digitales provoca encantamien-
to. La lectura en papel es a temperatura media, sin embargo, la interacvidad en las redes es
mucho más intensa, emocionante, verginosa y adicva (Boudrillard, 1988). De esta forma
se produce un éxtasis en la Comunicación digital: atracción irresisble, fascinación abduc-
tora frente estas nuevas posibilidades de interacción; provocación, sugesón del medio. Es
posible que el sujeto esté seducido por esta realidad de lo virtual, llegando al extremo de
padecer una fuerte angusa cuando las conexiones fallan o faltan.
De cara al simulacro, la mediología enende al icono digital como diagrama en que se re-
vela un sendo analógico de parcipación comunitaria y democráca, no como algo absolu-
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tamente porvenir, sino como diagrama que opera para que las cosas sucedan en el presente
sin perder de vista la noción de juscia, así el icono digital que se revela como diagrama
operante de juscia (Beuchot, 2007: 18-19).
5. Conclusión
La mediología ene un lado luminoso, nos ayuda a evitar el consumismo mediáco, a mirar
con recelo críco las supuestas bondades que acarrea la Comunicación por Internet, el
recurso que nos quedan es asumir una “la analogía, modo de signi car (e, incluso de hablar
y de conocer) intermedio entre la univocidad y la equivocidad, pero en ella, a pesar de la se-
mejanza predomina la diferencia” (Beuchot, 2007: 15-16). Invitación a la prudencia, actud
precavida, en serenidad y responsablemente, cuesonar qué es lo que le ocurre a nuestra
interacción digital que puede caer en la simulación, pero que también puede ser condición
para el encuentro con el prójimo. El mismo cuesonamiento se puede hacer respecto a la
sociedad: qué le ocurre a nuestra convivencia una vez que dependemos de la Comunicación
digital. ¿Cuál es el resultado del éxtasis de la Comunicación digital? El ecosistema digital es
una analogía impropia con riesgos de equivocismos, en estas alegorías la libertad del hom-
bre es cuesonada. El abuso, la dependencia total en la Comunicación digital comporta el
riesgo de lo que Baudrillard (2000b) llama como la deserzación de lo social y de la misma
naturaleza. Se trata de la muerte de lo real o su eclipse por medio de la invasión de pantallas
digitales. En efecto, actualmente las carreteras de la información son el paradigma de las
carreteras por donde transitamos a pie o en auto: invadidas de publicidad, y como fondo,
la naturaleza muerta (Baudrillard, 2000b). Pantallas de todo po, pantallas planas, simples,
sin trascendencia, ocupan el centro de los espacios, más que decoración, las pantallas ar-
monizan el entorno, ecosistemas de pantallas. La mediología, la producción éca de bienes
simbólicos, resiste al consumo desmedido, se aparta de la vida materialista, valora la ulidad
de los móviles, de las computadoras y de la tecnología en función de propiciar encuentros
reales con el otro, cara a cara con el prójimo, en la proximidad con el otro, condición preo-
riginaria de la éca (Levinas, 1995). En cambio, el abuso, un uso imprudencial y desmedido
de la producción técnica de la imagen propicia una Comunicación obscena, que no respeta
nada, no hay lugar para el secreto y la inmidad, todo queda expuesto en la web. La medio-
logía revisa el anudamiento entre cultura, tecnología y estados del alma. El icono digital se
revela como medio entre una estructura referencista y la producción de bienes simbólicos
comunitario, que puede remir a un carácter realista de la Comunicación en tanto provoca-
ción para el pensamiento.
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