OBESIDAD
DEFINICIÓN
La obesidad es una enfermedad
compleja que consiste en tener
demasiada grasa corporal. La obesidad
no es solo un problema estético. Es un
problema médico que aumenta el riesgo
para muchas otras enfermedades y
problemas de salud. Estos pueden
incluir enfermedades cardíacas, diabetes, presión arterial alta, colesterol alto,
enfermedad hepática, apnea del sueño y determinados tipos de cáncer.
Hay muchas razones por las que algunas personas tienen dificultad para
perder peso. A menudo, la obesidad es el resultado de factores hereditarios,
fisiológicos y ambientales, combinados con la alimentación, la actividad física y
las opciones de ejercicio.
CLASIFICACIÓN
Tipos de obesidad según la distribución de la grasa
El reparto de la grasa no tiene por qué encontrarse extendido por todo el
organismo. En función de su distribución, existen tres tipos de obesidad:
Obesidad abdominal o androide: como su
nombre indica, el tejido adiposo se almacena
en el abdomen. Suele ser más común en
varones y debido a su localización es la que
suscita mayor riesgo de patología cardíaca,
diabetes tipo II o síndrome metabólico.
Obesidad periférica o ginoide: la grasa se ubica en caderas, muslos y
glúteos. La mayoría de pacientes suelen ser mujeres y conlleva un
menor riesgo cardiovascular debido a que las vísceras abdominales no
están tan afectadas.
Obesidad homogénea: al contrario que en las situaciones anteriores, el
exceso de grasa no prevalece en una zona en concreto, sino que se
reparte uniformemente por el cuerpo.
Tipos de obesidad según la causa que la provoca
Aunque la mayoría piense que la obesidad se debe a ingerir más calorías de
las que se consumen, realmente se trata de un fenómeno multicausal en el que
intervienen diversos factores. Según predominen unos u otros podemos hablar
de diferentes tipos:
Genética: es el factor más determinante. Sin embargo, es importante
tener en cuenta que la genética no lo es todo. Es decir, cumplir con
las recomendaciones sobre un estilo de vida equilibrado puede
contrarrestar la predisposición de los genes al exceso de peso.
Dietética: obedece a hábitos alimenticios no saludables, donde el
consumo de alimentos ricos en grasas y pobres en nutrientes es
abusivo. Además, está relacionado con estilos de vida sedentarios, en
los cuáles la falta de ejercicio físico contribuye al almacenamiento de
tejido adiposo.
Nerviosa: se produce debido a desórdenes del sistema nervioso central
(ansiedad, depresión o estrés). Esta afección provoca una alteración de
los mecanismos de saciedad que conduce a la ingesta desmedida de
calorías.
Endocrina: está relacionada con patologías de tipo hormonal
(hipotiroidismo), exceso de producción de insulina (hiperinsulinismo) o
exceso de producción de glucocorticoides (hipercorticismo).
Medicamentoso: la toma de algunos fármacos (corticoides,
antituberculosos o antidepresivos) desencadenan una serie de efectos
secundarios que ocasionan problemas de peso.
Cromosómico: surge debido a defectos cromosómicos como el
Síndrome de Down o el de Turner.
CAUSAS
En la inmensa mayoría de los casos, el sobrepeso y la obesidad son
fruto de una alimentación poco saludable (rica en grasas y azúcares) y
un estilo de vida sedentario, todo ello añadido a factores conductuales
perjudiciales para la salud como el tabaco y el alcohol.
Pueden influir y condicionar nuestro peso otros factores como la edad, la
etnia, la menopausia, el nivel sociocultural, factores psicológicos, el
descanso nocturno inadecuado o la toma de determinados fármacos.
En un pequeño porcentaje de casos, el exceso de peso tiene su origen
en algún tipo de alteración genética, metabólica u hormonal (por
ejemplo, el hipotiroidismo, ovario poliquístico, síndrome de Cushing,
etc.). En estos casos, la obesidad seria consecuencia de alguno de
estos procesos y hablaríamos de obesidad secundaria.
CONSECUENCIAS
Un índice de masa corporal (IMC) elevado es un importante factor de riesgo
para enfermedades no transmisibles, entre las cuales se incluyen:
Enfermedades cardiovasculares,
principalmente cardiopatías y accidentes
cerebrovasculares, que son la principal causa de
muerte en la población.
Diabetes mellitus.
Hipertensión arterial.
Trastornos del aparato locomotor, especialmente la osteoartritis, una
enfermedad degenerativa de las articulaciones que puede ser muy
discapacitante.
Ciertos tipos de cáncer, como los de endometrio, mama, ovarios,
próstata, hígado, vesícula biliar, riñones y colon.
Problemas de salud mental, sobre todo en adolescentes, que pueden
manifestarse como depresión y ansiedad.
El riesgo de desarrollar estas enfermedades no transmisibles aumenta con el
incremento del IMC. En el caso de la obesidad infantil, esta se asocia con una
mayor probabilidad de obesidad, muerte prematura y discapacidad en la edad
adulta. Además de estos riesgos futuros, los niños obesos pueden sufrir
dificultades respiratorias, un mayor riesgo
de fracturas e hipertensión, y presentar
marcadores tempranos de enfermedades
cardiovasculares, resistencia a la insulina
y efectos psicológicos negativos.
DIAGNÓSTICO
Para diagnosticar la obesidad, generalmente el profesional de la salud podría
realizar un examen físico y recomendar algunas pruebas.
Por lo general, estos exámenes y pruebas son los siguientes:
Detallar tu historial médico. Tu
equipo de atención médica puede
revisar tu historial de peso, tus
esfuerzos para bajar de peso, tu
actividad física y tus hábitos de
ejercicio. También puede hablar
sobre tus patrones alimentarios y el control del apetito. El profesional de
la salud puede preguntarte sobre otras enfermedades que hayas
padecido, los medicamentos que tomas, tus niveles de estrés y otras
cuestiones sobre tu salud. También podrían revisar el historial médico de
tu familia para saber si tienes más probabilidad de padecer
determinadas afecciones.
Realizar un examen físico general. Esto incluye medir tu estatura,
verificar signos vitales como la frecuencia cardíaca, la presión arterial y
la temperatura, escuchar tu corazón y pulmones, y examinar tu
abdomen.
Calcular tu IMC. El profesional de la salud revisa tu índice de masa
corporal, denominado IMC. Un IMC de 30 o más se considera obesidad.
Los números superiores a 30 aumentan aún más los riesgos para la
salud. Haz que te controlen el IMC al menos una vez al año. Esto puede
ayudar a precisar tus riesgos generales de salud y los tratamientos que
podrían ser adecuados para ti.
Medir el tamaño de la cintura. La medida del contorno de la cintura se
denomina circunferencia. La grasa almacenada alrededor de la cintura, a
veces llamada grasa visceral o grasa abdominal, puede aumentar aún
más el riesgo de enfermedades cardíacas y diabetes. Las mujeres con
una cintura que mide más de 35 pulgadas (89 centímetros) y los
hombres con una cintura mayor de 40 pulgadas (102 centímetros)
podrían tener más riesgos para la salud que las personas con medidas
más pequeñas de cintura. Al igual que con la medición del IMC, la
circunferencia de la cintura debe revisarse al menos una vez al año.
Controlar otros problemas de salud. Si tienes problemas de salud
conocidos, tu equipo de atención médica los evaluará. El profesional de
la salud también buscará otros posibles problemas de salud, como
presión arterial alta, colesterol alto, tiroides poco activa, problemas
hepáticos y diabetes.
La recopilación de esta información los ayudará a ti y a tu equipo de atención
médica a elegir el tipo de tratamiento que más te convenga.
TRATAMIENTO
Los tratamientos para la obesidad buscan no solo la reducción del peso, sino
también la mejora de la salud en general y la promoción de hábitos de vida
saludables a largo plazo.
Estos tratamientos pueden incluir diferentes enfoques de salud, como
asesoramiento nutricional individualizado, programas de ejercicio, terapia
conductual, uso de medicamentos e intervenciones quirúrgicas, como la cirugía
bariátrica.
De esta manera, es posible reducir los riesgos de recuperar el peso perdido,
como suele ocurrir con algunos programas de pérdida de peso «de moda».
Cambios en la alimentación: Mantener una
dieta equilibrada y saludable es fundamental
para el manejo de la obesidad. Estos cambios
generalmente incluyen la reducción de la ingesta
de calorías, la elección de alimentos nutritivos y
ricos en fibra dietética, disminuir el tamaño de las porciones y evitar
alimentos altamente procesados, ricos en grasas saturadas y azúcares
refinados.
Práctica de ejercicio físico: La práctica de ejercicio físico es otro punto
esencial en el tratamiento de la obesidad, ya que ayuda tanto en el
mantenimiento del peso como en el aumento de la masa magra. Además,
el ejercicio también contribuye a mejorar la salud mental, la autoimagen y la
socialización.
Medicamentos para la obesidad: El uso de medicamentos puede ser una
estrategia efectiva para lograr la pérdida de peso, especialmente cuando se
combinan con cambios en el estilo de vida. Sin embargo, el uso de
medicamentos por sí solo no es suficiente para mantener los resultados a
largo plazo si no se implementan cambios en el estilo de vida.
Cirugía Bariátrica: Existen diferentes tipos de cirugía bariátrica, que
pueden implicar distintos niveles de restricción en la absorción de calorías y
nutrientes, además de reducir la cantidad de alimentos que la persona
puede ingerir. En general, el tratamiento quirúrgico se recomienda para
casos más graves de obesidad o para personas que tienen complicaciones
de salud relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2.
Psicoterapia: La psicoterapia es un componente muy importante en el
tratamiento de la obesidad, ya que contribuye a:
Facilitar cambios duraderos en el comportamiento.
Mejorar la autoestima y la imagen corporal.
Desarrollar estrategias para evitar el aumento de peso.
Tratar posibles trastornos alimentarios y otros problemas de salud
mental.
Tratamientos para problemas de salud asociados a la obesidad:
También es importante tratar cualquier condición de salud relacionada con
la obesidad, como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, el colesterol
alto y la apnea del sueño. Esto puede implicar el uso de medicamentos
específicos, monitoreo frecuente y cambios en el estilo de vida.
PREVENCIÓN
Una alimentación adecuada y realizar ejercicio de forma habitual contribuyen a
mejorar la calidad de vida. Las principales recomendaciones son:
Limitar el consumo de azúcares: La OMS anunció que el consumo de
azúcares libres aumenta la ingesta calórica. Aparte de las consecuencias
en el peso, un consumo en exceso de
azúcar puede llevar a un diagnóstico
de diabetes. También aumenta el
riesgo de enfermedades cardíacas y
presión arterial alta.
Comer varias veces al día fruta y verdura: Los últimos estudios de la
OMS apuntan al consumo de cinco porciones diarias de fruta y
verdura. Frutas y verduras se encuentran en lo alto de la pirámide
alimentaria saludable. Un escalón
por debajo están lácteos, legumbres,
pescados y carnes blancas. Deben
consumirse entre dos y tres raciones
al día. Y un escalón más abajo,
alimentos para consumir de forma
ocasional: carnes rojas, embutidos,
bollería y aperitivos.
Hacer ejercicio de forma regular: Se trata de realizar ejercicio conforme a
la edad y condiciones físicas de cada persona. Es importante abandonar
hábitos sedentarios y lograr rutinas más activas. Sin duda, el ejercicio
aeróbico es el más efectivo y necesario. Caminar, correr, ir en bicicleta o
nadar un mínimo de treinta minutos cada día es un excelente trabajo físico.
Dejar de fumar: Fumar afecta a la forma física y provoca que la actividad
aeróbica disminuya. El tabaco hace que aumente
la grasa abdominal y se incremente el riesgo de
diabetes. También aumenta los niveles de la
hormona del estrés, el cortisol. Esta alteración
hace que se acumule grasa y afecte a la calidad
del sueño.
Minimizar el consumo de alcohol y refrescos: Algunas bebidas
alcohólicas contienen las mismas calorías que una comida, pero sin sus
nutrientes. Consumir más de un refresco azucarado al día incrementa el
riesgo de padecer obesidad en un 37 %.
Estas bebidas se endulzan con
sacarosa o fructosa, que inhibe la
producción de leptina e insulina, las
hormonas que regulan el azúcar en
sangre y están directamente
relacionadas con la obesidad.
Pesarse regularmente: Es importante para tomar conciencia de la
importancia de mantener un peso óptimo para encontrarse sano. Pesarse
de manera habitual ayuda a detectar cualquier aumento y corregirlo de
inmediato si se han producido cambios en el estilo de vida. También es un
buen indicador de posibles alteraciones debido a problemas de salud.