Argumentos Filosóficos sobre Dios
Argumentos Filosóficos sobre Dios
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ARGUMENTOS DE LA EXISTENCIA DE DIOS
El argumento moral:
¿PODEMOS SER BUENOS SIN DIOS?
Los deberes y valores morales nos impactan cada día.
Por ejemplo, prácticamente toda persona sabe que
torturar a los bebes solo por diversión es malo
objetivamente, y tener compasión de los indefensos
es objetivamente bueno.
También fácilmente entendernos que los que están en
desacuerdo son anormales (o sea, psicópatas).
Pero ¿Por qué? ¿Qué hace del mundo un mundo
moral?
Podemos formalizar este argumento así:
Si dios no existe, no existen los objetivos morales.
Los objetos morales existen. Entonces, dios existe.
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EL ARGUMENTO COSMOLÓGICO: “EN EL
PRINCIPIO…”
En el principio ¿Qué había? Genesis 1:1 dice, “En el
principio creo Dios los cielos y la tierra”, pero,
¿Por qué pensar que esto es cierto? Primero, nada
llega a existir sin una causa, que es una regla básica
de la ciencia y de lo racional.
Todo lo que vemos tenia que haber tenido algún tipo
de causa.
Sabemos también que el mismo universo tuvo un
principio.
Las leyes de la termodinámica implican
poderosamente que el universo tuvo un principio; ¡y
una regresión infinita de causas secundarias no podría
existir, por que se puede demostrar matemáticamente
que eso llegaría a lo absurdo! De modo que el
universo mismo tuvo una causa.
¿pero por qué puede dar lugar al universo?
Podemos familiarizar el argumento de esta manera:
Todo lo que tuvo principio tuvo una causa.
El universo tuvo un principio.
Entonces, el universo tuvo una causa.
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EL ARGUMENTO DEL DISEÑO: LA UTILIDAD DE
LAS MATEMÁTICAS EN LA CIENCIA.
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EL ARGUMENTO ONTOLÓGICO: ÚNICAMENTE
DIOS ES SUPREMO
Desde que Anselmo de Canterbury presento su
tesis en el siglo XI, los argumentos ontológicos han
servido como fuente de muchas discusiones y
debates.
Estos descansan sobre dos ideas básicas.
El primero es del mismo Anselmo: Dios es “lo que
excluye la existencia de algo más grande”
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Vida y pensamiento de San Anselmo
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Biografía de San Anselmo de Canterbury
San Anselmo era originario de Aosta, en el Piamonte,
en Italia, donde nació en el año 1033. A pesar de ello
es más comúnmente conocido como san Anselmo de
Canterbury, al haber sido arzobispo de dicha ciudad
durante algunos años, donde murió en 1109. Su
educación corrió a cargo de los benedictinos, luego de
una experiencia poco afortunada con el primero de los
profesores a los que fue encomendado, al no haberle
sabido transmitir el aprecio por los estudios.
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conflictos mantenidos con Guillermo el Rojo y,
posteriormente, con Enrique I.
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cuestión lo formula San Anselmo como sigue, en el
capítulo II del Proslogion:
2.1 Así, pues, ¡oh Señor!, Tú que das inteligencia a la
fe, concédeme, cuanto conozcas que me sea
conveniente, entender que existes, como lo creemos,
y que eres lo que creemos. Ciertamente, creemos que
Tú eres algo mayor que lo cual nada puede ser
pensado.
2.2 Se trata de saber si existe una naturaleza que sea
tal, porque el insensato ha dicho en su corazón: no
hay Dios.
2.3 Pero cuando me oye decir que hay algo por
encima de lo cual no se puede pensar nada mayor,
este mismo insensato entiende lo que digo; lo que
entiende está en su entendimiento, incluso aunque no
crea que aquello existe.
2.4 Porque una cosa es que la cosa exista en el
entendimiento, y otra que entienda que la cosa existe.
Porque cuando el pintor piensa de antemano el cuadro
que va a hacer, lo tiene ciertamente en su
entendimiento, pero no entiende todavía que exista lo
que todavía no ha realizado. Cuando, por el contrario,
lo tiene pintado, no solamente lo tiene en el
entendimiento, sino que entiende también que existe
lo que ha hecho. El insensato tiene que conceder que
tiene en el entendimiento algo por encima de lo cual
no se puede pensar nada mayor, porque cuando oye
esto, lo entiende, y todo lo que se entiende existe en
el entendimiento.
2.5 Y ciertamente aquello mayor que lo cual nada
puede ser pensado, no puede existir sólo en el
entendimiento. Pues si existe, aunque sólo sea
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también en el entendimiento, puede pensarse que
exista también en la realidad, lo cual es mayor. Por
consiguiente, si aquello mayor que lo cual nada puede
pensarse existiese sólo en el entendimiento, se podría
pensar algo mayor que aquello que es tal que no
puede pensarse nada mayor.
2.6 Conclusión Luego existe sin duda, en el
entendimiento y en la realidad, algo mayor que lo cual
nada puede ser pensado."
El argumento ontológico fue llamado así por primera
vez por Kant (s. XVIII), y ha sido uno de los
argumentos más polémicos de la historia de la
filosofía. Filósofos de la talla de Descartes y Hegel lo
consideran válido y lo introducen en sus respectivos
sistemas. Otros, como Sto. Tomás, Hume y Kant,
rechazarán la validez del argumento, negando su
fuerza probatoria. San Anselmo introduce el
argumento en el contexto de una plegaria a Dios y su
estructura lógica puede resumirse como sigue:
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c) En consecuencia, Dios existe no sólo en la
mente (como idea) sino también extramental
mente, en la realidad.
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a) Partir de la idea de Dios suministrada por la
Revelación.
b) Identificar el orden lógico con el real.
c) Concebir la existencia divina como un simple
atributo de su esencia.
TEORÍA DE LA VIRTUD.
Aristóteles
La ética de la virtud es una filosofía que desarrollo
Aristóteles y otros grandes filósofos griegos.
Tiene que ver con la búsqueda de vivir una vida
moral.
Esta perspectiva privilegiada el carácter moral de las
personas, y dicta que adquirimos la virtud a través de
la práctica.
Al practicar la honestidad, valentía, justicia,
generosidad, etc. Las personas desarrollan un carácter
moral y honorable.
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Según Aristóteles, al desarrollarse ciertos hábitos
virtuosos, las personas podrán tomar decisiones
correctas cuando enfrenten retos éticos.
Aristóteles define la virtud como la excelencia.
La virtud es la acción mas apropiada a la
naturaleza de cada ser; el acto mas conforme con
su esencia.
Esta acción propia de cada ser que es la virtud, es
también el bien propio de cada ser.
En el hombre, por tanto, la virtud es la excelencia
de su parte esencial que es el alma.
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“Todos los hombres desean por naturaleza
saber”.
Según este principio, recogido en la obra Metafísica,
vivió Aristóteles durante toda su vida. No solo se
interesó por todas las disciplinas que llamaron su
curiosidad -aunque sea recordado principalmente
como filósofo-, sino que buscó la verdad incluso
aunque significase llevar la contraria a aquellos que le
habían protegido, ya fueran maestros o reyes. De su
gran mentor, cuyo pensamiento a menudo no
compartió, dijo una vez:
“Soy amigo de Platón, pero más aún soy amigo
de la verdad”.
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Así pues, Aristóteles fue enviado a Atenas para
estudiar en el mejor lugar posible para una mente
polifacética como la suya: la Academia de Platón.
Aunque la gran polis griega había perdido el poder
político que tuvo en los tiempos de Pericles, seguía
siendo la capital helenística del pensamiento y las
artes, y su ambiente dinámico y abierto ofrecían al
joven estudiante un ambiente rico de estímulos de
todo tipo. La Academia era principalmente conocida
por sus enseñanzas en filosofía, pero al igual que
Aristóteles se interesaba por un amplio abanico de
materias que incluían tanto ciencias naturales como
sociales. Platón le puso el apodo de “el lector” por la
avidez con la que devoraba las obras de la biblioteca
de la Academia. Su propio nombre parecía un
signo del destino, pues significa "destinado a lo
mejor".
“Aristóteles fue enviado a Atenas para estudiar
en la Academia de Platón y se convirtió en su
mejor discípulo.”
DE ALUMNO A MAESTRO
El carácter y el pensamiento de Aristóteles se
entienden a menudo en contraposición con los de su
maestro Platón: mientras que el segundo estaba más
interesado en el mundo de las ideas, su discípulo
prefería estudiar el mundo tangible. Esta dicotomía
fue reflejada magistralmente por el artista del
Renacimiento Rafael Sanzio, que la plasmó en su
famoso fresco La escuela de Atenas, en el Palacio
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Apostólico del Vaticano: en el centro de la obra
aparecen Platón y Aristóteles, señalando
respectivamente hacia el cielo y la tierra.
Platón era un pensador idealista para quien el mundo
de los hombres era solo un pálido y corrupto reflejo de
un mundo superior y perfecto. Aristóteles se
caracterizaba por su pragmatismo: prefería estudiar el
mundo que podía ver, tocar y entender. Aunque se le
recuerde como filósofo, dedicó gran parte de su
estudio a la biología, la botánica y la medicina; e
incluso en el ámbito de las ciencias sociales era muy
práctico: su estudio de la política y la historia se guían
por los principios de Tucídides, quien concibe el
mundo en base a una lógica de causa-efecto que nada
tiene que ver con la voluntad divina o con una justicia
superior. Esa visión influiría de forma determinante en
su pensamiento y en sus elecciones vitales, como la
de convertirse en maestro de Alejandro Magno.
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A pesar de la marcada oposición entre sus visiones del
mundo y de las críticas de Aristóteles al pensamiento
platónico en casi todas sus facetas, el viejo maestro lo
consideraba su mejor discípulo y, en sus propias
palabras, “la mente de la escuela”. De ese modo, tras
veinte años en la Academia -primero como estudiante
y luego como maestro-, habría sido el sucesor natural
de Platón cuando este murió en el año 347 aC. Sin
embargo, Aristóteles era un meteco -un extranjero, no
un ciudadano de la polis- y según la ley ateniense eso
le prohibía dirigir las instituciones. La sucesión recayó
en Espeusipo, sobrino de Platón, y Aristóteles aceptó
la invitación de Hermias, amigo y antiguo compañero
de la Academia, ahora convertido en tirano de la
ciudad de Atarneo en Asia Menor -en la costa oeste de
la actual Turquía.
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Aristóteles tenía ya casi 50 años y una enorme fama a
sus espaldas, lo que le permitió fundar su propia
escuela, el Liceo, al margen de las limitaciones que le
habían impedido años atrás hacerse cargo de la
Academia de Platón. Muy pronto acudieron a él un
gran número de discípulos, a los que llamó
“peripatéticos” (del griego peripatêín, “pasear”,
pues tenía la costumbre de enseñar mientras
caminaban). La escuela peripatética, tras la muerte de
su fundador, tomó un rumbo más enfocado a las
ciencias naturales, en contraste con muchas otras que
daban más peso a las sociales. Fue en ese periodo
cuando Aristóteles escribió buena parte de las obras
que nos han llegado. Muchas de ellas eran
originalmente material para sus clases y fueron
recopiladas más tarde por discípulos u otros
seguidores del pensamiento aristotélico.
Su estancia final en Atenas duró poco más de una
década: en el año 323 aC, la muerte de Alejandro
Magno hizo resurgir los ánimos antimacedonios en la
ciudad, liderados por el orador Demóstenes. Aunque
Artistóteles se había distanciado completamente de su
antiguo discípulo, consideró más prudente alejarse de
la ciudad: justo a tiempo pues sus enemigos lo
acusaron de impiedad, el mismo crimen por el que la
"democracia radical" ateniense -término acuñado por
el propio Aristóteles- había condenado a muerte a
Sócrates. Se refugió en Calcis, en la isla de Eubea,
donde murió el 7 de marzo del año siguiente en
circunstancias extrañas que, según algunas teorías no
demostradas, podían sugerir un envenenamiento.
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EL PENSADOR DE LAS CIEN CARAS
Aristóteles es, junto con su maestro Platón y otros
eruditos -como Tucídides- de cuyos conocimientos
bebió, uno de los pensadores más importantes de la
Antigüedad y especialmente en la historia del Viejo
Mundo, cuya influencia traspasa los límites de Grecia.
A través de su discípulo Alejandro la cultura
helenística llegó hasta el corazón de Asia y a Egipto,
donde el rey macedonio fundó la ciudad
destinada a convertirse en el nuevo faro del
pensamiento: Alejandría.
Su insaciable curiosidad, lo polifacético de sus
intereses y su apego a la realidad y al estudio práctico
de las cosas hicieron de Aristóteles un pensador de
cien caras y que marcó un punto de inflexión no solo
en la filosofía, sino en el conocimiento en general. Su
legado fue recogido por los romanos, los árabes y los
persas hasta llegar a la Italia del Renacimiento y a las
estancias vaticanas decoradas por Rafael. Desde el
maravilloso fresco, en compañía de su maestro, nos
lanzan un doble mensaje a distancia de más de dos
mil años: apuntar hacia los cielos, pero con los pies en
la tierra. Una oposición en vida transformada en
complementaria por el pincel del genio de Urbino.
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TEORÍA DEL DEBER
El concepto “de deber” ocupa uno de los lugares
centrales de nuestro lenguaje moral.
Nos referimos con el a los mandatos y obligaciones
mediante de los cuales modificamos nuestra conducta
y, en general, al conjunto de exigencias que
conforman nuestra praxis cotidiana.
Añadir el predicado moral implica introducir un factor
diferenciador esencial: se trata ahora de una auto
obligación, de una auto limitación, que, a diferencia de
otro tipo de coacciones, se enfrenta solo a las
sanciones internas derivadas de nuestra propia
conciencia de la responsabilidad de la acción.
Como todas las formas de obligación, el deber moral
limita el ámbito posible de elección y, por tanto, de
actuación. Pero aquí nos encontramos con una
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obligación libre, es decir, voluntaria y reflexivamente
aceptada.
La existencia de este tipo de actuaciones la
encontramos directamente reflejada en nuestra
capacidad de discusión. Las dificultades aparecen mas
bien cuando dejamos el nivel intuitivo de nuestro
propio lenguaje moral y nos comprometemos a
replicar el sentido de este tipo de acciones.
UTILITARISMO.
Una filosofía centrada en el placer y la felicidad
John Stuart Mill
En ocasiones se critica a los filósofos por teorizar
demasiado acerca de la realidad y las ideas que
utilizamos para definirlas y prestarle poca atención a
investigar la naturaleza de aquello que nos hace
realmente felices.
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Esta es una acusación desacertada por dos razones.
1. La primera es que no es la tarea de los filósofos
estudiar los hábitos que pueden contribuir a hacer
felices y grandes grupos de personas; Esa es la
función de los científicos.
2. La segunda es que si hay por lo menos una
corriente filosófica que pone a la felicidad en el
centro de su ámbito de interés. Su nombre es
Utilitarismo
¿Qué es él utilitarismo?
El utilitarismo es una teoría de la rama ética de la
filosofía según la cual las conductas moralmente
buenas son aquellos cuyas consecuencias producen
felicidad.
De este modo, hay dos elementos básicos que definen
el utilitarismo: su modo de relacionar el bien con la
felicidad de los individuos y su consecuencialismo.
Esta ultima propiedad significa que al contrario de lo
que ocurre con algunas doctrinas filosóficas que
identifican el bien con las intenciones buenas que
tiene alguien a la hora de actuar, el utilitarismo
identifica las consecuencias de las acciones como el
aspecto que debe ser examinado a la hora de juzgar si
una acción es buena o mala.
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EL CÁLCULO DE LA FELICIDAD DE BENTHAM
Examina la bondad o maldad de los actos centrándose
en las intenciones que tenemos puede parecer fácil a
la hora de evaluar al grado en el que somos
moralmente buenos o no.
A fin de cuentas, solo tenemos que preguntarnos si
con nuestras acciones buscábamos perjudicar a
alguien o mas bien beneficiar a alguien.
Desde la perspectiva del utilitarismo, sin embargo,
ver si nos ceñimos al bien o al mal no es tan fácil, por
que se pierde la referencia clara que son nuestras
intenciones, un ámbito en el que cada uno de nosotros
somos nuestros únicos jueces.
Pasamos a tener la necesidad de desarrollar un modo
de “medir” la felicidad que generan nuestras
acciones.
Esta empresa fue emprendida en su forma mas literal
uno de los padres del utilitarismo, el filósofo ingles
Jeremy Bentham, que creía que la utilidad puede ser
evaluada cuantitativamente tal y como se hace con
cualquier elemento que puede ser identificado en el
tiempo y espacio.
Este cálculo era un esfuerzo por crear una forma
sistemática de establecer objetivamente el nivel de
felicidad que tienen como consecuencia nuestras
acciones, y por lo tanto se ajustaba totalmente a la
filosofía utilitarista.
Incluía ciertas medidas para ponderar la duración e
intensidad de las sanciones positivas y placenteras
que se experimentan y para hacer lo mismo con las
experiencias dolorosas. Sin embargo, las intenciones
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de objetivar el nivel de felicidad de una acción pueden
ser puestas en duda fácilmente.
A fin de cuentas, no hay un criterio único e
incuestionable acerca del grado de importancia que
hay que darle a cada “variable” del nivel de felicidad;
a algunas personas les interesara más la duración de
estas, a otras su intensidad, a otras el grado de
probabilidad con el que se acarreara mas
consecuencias placenteras, etc.…
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JEREMY BENTHAM
Trayectoria académica
Doctrina de Bentham
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Legado e importancia
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manifiesta, en palabras de Bentham, de la siguiente
forma:
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Así, en relación con algunas instituciones del Estado,
Bentham plantea en primer lugar la discusión entre
administración pública y privada, enfatizando en esta
última. La idea de un centro penitenciario privado
ciertamente está en la agenda incluso de los patriotas
chilenos.
Su influencia en Chile
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Hacia 1820, la mayoría de los libros de Bentham eran
conocidos en Chile. El trabajo más importante
relacionado con el sistema de penal.
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John Stuart Mill
(Londres, 1806 - Aviñón, Francia, 1873) Economista,
lógico y filósofo británico. Hijo del también economista
James Mill, fue educado de forma exclusiva por su
progenitor según los estrictos principios
del Emilio de Rousseau. Dotado de una inteligencia
extraordinaria, a los diez años estaba versado en
griego y latín y poseía un exhaustivo conocimiento de
los clásicos. A los trece años su padre le introdujo en
los principios de la lógica y de la economía política,
centrándose en este ámbito en la obra de Adam
Smith y David Ricardo.
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John Stuart Mill
En 1823 ingresó en la Compañía de las Indias
Orientales, donde llegaría a ocupar el cargo de jefe de
la Oficina para las Relaciones con los Estados Indios.
Activo políticamente en defensa de la causa
abolicionista durante la guerra civil estadounidense,
desde 1865 y durante tres años ocupó un escaño en la
Cámara de los Comunes, donde sería objeto constante
de polémica a causa de su decidido apoyo a las
medidas a favor de las clases menos privilegiadas y
de la igualdad de derechos para la mujer.
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atrio privilegiado desde el que difundir su ideario
liberal.
En el campo de la ética, John Stuart Mill defendió una
suerte de matizado utilitarismo en el que pueden
entreverse influencias de Bentham y en el que
introdujo una constante preocupación por incluir en el
concepto habitual de «utilidad» las satisfacciones
derivadas del libre ejercicio de la imaginación y la
conciencia crítica. Sobre las principales tendencias
filosóficas de su tiempo, Mill se manifestó a favor del
positivismo de Auguste Comte y contrario al
intuicionismo de Hamilton.
Políticamente mostró siempre un gran entusiasmo
por la democracia como forma de gobierno,
atemperado por el pesimismo sobre la incidencia real
en el bienestar social de su práctica. Sus trabajos
sobre lógica y metodología de las ciencias revistieron
gran importancia en su tiempo, fundamentalmente
mediante su búsqueda constante de un principio
válido para la inferencia de leyes generales; tras los
pasos de Hume, Mill definió la causalidad como un
proceso empírico falsable que denominó «inducción
por enumeración».
En su papel como economista, John Stuart Mill fue
considerado históricamente como un representante
tardío de la escuela clásica inglesa; algunos autores
posteriores, como Marx, discutieron dicha filiación y
destacaron su alejamiento de la noción del valor-
trabajo. Su obra principal en el campo de la economía
política apareció en 1848 bajo el título de Principles of
Political Economy (Principios de economía política), en
los que cabe distinguir tres partes diferenciadas.
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En la primera, Mill elaboró un completo análisis del
proceso de formación de los salarios que entendió
determinado por la interacción entre la oferta de
trabajo y de la demanda del mismo en forma de fondo
de salarios. Consideró el beneficio como renta del
capital y lo hizo dependiente del nivel general de
precios. En su teoría del intercambio introdujo la
utilidad como factor determinante del valor de cambio
de un bien, a la par con su coste de producción. En el
campo de la economía internacional se le debe la
introducción del término «relación real de
intercambio».
En la segunda parte se ocupó de cuestiones de
estática y dinámica y expuso su idea de una evolución
hacia el estancamiento de la totalidad del sistema
capitalista a causa de una tendencia irreversible a la
reducción de los beneficios, concepto que sería
recuperado por Marx. La tercera parte es la que mejor
refleja su talante reformista y trata de las medidas
necesarias para favorecer una más justa distribución
de la renta, entre las que Mill propuso la limitación de
la herencia, la cooperación obrera e interterritorial y la
promoción de la pequeña propiedad campesina.
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