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Perspectiva Étnico-Racial en Políticas Públicas

Teorías del racismo en Venezuela
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Teorías del racismo en Venezuela
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ISSN 2683-9644

CUINAP
Año 2 • 2021 Cuadernos del INAP
Argentina

¿De qué hablamos

6
cuando hablamos de
racismo?
La necesidad de una perspectiva
étnico-racial en el desarrollo,

1
implementación y evaluación de las
políticas públicas.

Federico Pita

Capacitar e investigar para fortalecer las capacidades estatales

INA Instituto Nacional


de la Administración
Pública
P
ISSN 2683-9644

CUINAP
Año 1 • 2020 Cuadernos del INAP
Argentina

¿De qué hablamos

6
cuando hablamos de
racismo?
La necesidad de una perspectiva
étnico-racial en el desarrollo,

1
implementación y evaluación de las
políticas públicas.

Federico Pita
Autoridades

Dr. Alberto Ángel Fernández


Presidente de la Nación
Lic. Santiago Andrés Cafiero
Jefe de Gabinete de Ministros
Dra. Ana Gabriela Castellani
Secretaria de Gestión y Empleo Público
Lic. Mauro Solano
Director Institucional del INAP
Índice
Prólogo 6

Introducción 10

1. Racismo estructural 12

2. Racismo institucional 15

3. Racismo interpersonal 20

4. Racismo criollo 22

5. Raza y género 30

Referencias Bibliográficas 33

El siguiente texto tiene como origen la conferencia del Lic. Federico Pita en el
ciclo virtual Con- ferencias INAP, realizada el día 4 de agosto de 2020,
desgrabada por María Laura Lencinas, que puede verse en el siguiente link:
https://youtu.be/43vfVugBZEc

INAP • Secretaría de Gestión y Empleo Público 5


Este artículo, que consiste en la desgrabación
de una conferencia realizada por el politólogo
Federico Pita para el INAP, introduce un
elemento fundamental cuya importancia es
muchas veces subestimada en la gestión
pública: la perspectiva étnico-racial. El autor
sostiene que sólo adoptando un enfoque de
este tipo pueden desarrollarse políticas públicas
que combatan el racismo y la discriminación.
Para sostener esta afirmación, cuya profunda
relevancia debe enfatizarse, Pita elabora un
detallado análisis sobre el fenómeno social,
político y cultural que representa el racismo,
partiendo de planteos generales, en el plano
teórico, y arribando a las formas que este hecho
adquiere en el contexto particular argentino. En
primer lugar, se lo define como un factor que se
desarrolla «de arriba hacia abajo», es decir, desde
las estructuras que rigen la vida social hasta el
comportamiento de los individuos. Este último
es el resultado de la existencia del racismo, no
su causa.
Pita divide al fenómeno estudiado en tres
dimensiones, de acuerdo a este funcionamiento
específico. El primer nivel es estructural: se trata
Prólog

de un conjunto de procesos que reproducen la


desigualdad racial. La segunda dimensión es
institucional; en este punto, el autor hace
hincapié en el Estado y la administración pública.
Finalmente, el tercer eje es interpersonal: esta
es la forma más evidente del racismo, la que
se desarrolla entre los miembros de la
sociedad. Para esta descripción, el texto se vale
o

de múltiples fuentes teóricas, que permiten una


clara comprensión de las diversas variables que
involucra esta problemática.
Como ejemplo del racismo institucional, se cita a la
Constitución Nacional, que hace una referencia explícita a la
preferencia por la inmigración europea. Esta es la primera de
una serie de referencias similares, que son empleadas de forma
convincente por Pita para demostrar la persistencia del
racismo en Argentina, que es calificado como «criollo». Este
fenómeno es a su vez descompuesto en tres factores: la
invisibilización, la negación y la extranjerización. El artículo
concluye con una reflexión acerca del cruce entre la cuestión
étnico-racial y el género. Se señala de este modo la importancia
de pensar en términos interseccionales y la urgencia de elevar
el lugar dado a la lucha contra el racismo en el ámbito
público.
Los aportes realizados por Pita no solo demuestran con eficacia
la necesidad de dotar de una perspectiva étnico-racial al diseño
y la implementación de políticas públicas. Asimismo, son útiles
para comprender la administración pública en su conjunto.
Como sostuvo Goldberg, los estados son raciales no sólo por
la composición de su personal ni por sus políticas, sino también
por «la posición estructural que ocupan en la producción y
reproducción (...) de posibilidades, accesos y restricciones,
inclusiones y exclusiones, concepciones y modos de
representación formados racialmente»1 (p. 104). Debido a esto,
es necesario realizar transformaciones estructurales en el
estado, que permitan generar marcos de equidad social, sin
discriminación de ningún tipo.

Dr. Juan Ignacio Doberti


Director de Gestión del Conocimiento,
Investigación
y Publicaciones del INAP
1 Goldberg, D. T. (2002) The racial state. Blackwell Publishers.

7
¿De qué hablamos cuando
hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-
racial en el desarrollo, implementación y
evaluación de las políticas públicas.

Lic. Federico Pita, Politólogo UBA. Asesor sobre


racismo y afrodescendencia en el Instituto Na-
cional contra la Discriminación, la Xenofobia y el
Racismo (INADI). Politólogo de la UBA y activista
afroargentino. Fundador de la Diáspora Africana
Federic de la Argentina (DIAFAR). Docente universitario.
o Pita Miembro de la Articulación Regional de Afrodes-
cendientes de las Américas y el Caribe (ARAAC).
Integrante del Grupo de Trabajo CLACSO: Crisis
civilizatoria, reconfiguraciones del racismo,
movi- mientos sociales afrolatinoamericanos.
Nacido en la Ciudad de Buenos Aires en 1979. El
activismo a favor de la causa afroargentina es
parte de su historia familiar: su abuelo, Justo Pita,
fue uno de los organizadores de las fiestas de
carnaval de la comunidad afroporteña de la
segunda mitad del siglo XX, su tía Micaela
Cuello fue co-fundadora del club afroporteño
“Martín Fierro” y su tío abuelo Enrique Nadal,
exiliado durante la última dictadura militar, fundó
el Comité Argentino Latinoamericano Contra el
Apartheid. Responsable de la Comisión para el
Reconocimiento Histórico de la Comunidad
Afroargentina, dependiente del INADI.
Federico
Pita

Resumen
El objetivo general de este material es brindar herramientas para
la reflexión a nivel federal, particularmente para la
capacitación de trabajadoras y trabajadores estatales,
acerca de la pertinencia de la perspectiva étnico-racial en el
desarrollo, implementación y evaluación de las políticas
públicas en la República Argentina. Introducir el concepto
raza como categoría social y política. Distinguir los tres niveles
de análisis del racismo: estructural, institucional e
interpersonal. Indagar en el caso argentino, y los tres
aspectos fundamentales del racismo criollo: la
invisibilización, la negación y la extranjerización.

Palabras clave
Raza, Racismo estructural, Racismo criollo, Afrodescendiente,
Administración pública.

Abstract
The main objective of this material is to provide tools for the
consideration, on the federal level, specifically for the
training of state workers, of the pertinence of an ethno-
racial perspective in the development, implementation and
evaluation of public policies in Argentina. To introduce the
concept of race as a social and political category. To
distinguish between the three analytical levels of racism:
structural, institutional and interpersonal. To study the
situation of Argentina and the three main aspects of criollo
racism: invisibilization, denial and foreignization.

Key words

INAP • Secretaría de Gestión y Empleo 9


Público
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
Race, structural racism, criollo racism, afro-
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

descendants, public administration

10 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita

Introducción
El objetivo de este artículo es abordar las categorías
racismo y raza, y analizar el contexto argentino a modo de
estudio de caso, a modo de ejemplo.

El racismo es un fenómeno social, político y cultural que se


cimenta en tres niveles: estructural, institucional e
interpersonal; es un fenómeno que nace de arriba hacia abajo,
es decir, que está en las estructuras mismas del sistema-
mundo, que es parte nodal de las relaciones sociales,
culturales y políticas con las que se organizan nuestras
sociedades capitalistas modernas.

“Raza” es un concepto esquivo a la realidad política argentina.


La negación se debe a que, según la concepción actual de la
ciencia, la raza humana es una sola. Desde esta perspectiva,
parecería que hablar de raza para referenciar distinciones
internas es sinónimo de ser racista.

Es urgente abordar la discusión sobre el racismo en el


análisis de la actualidad, en este caso en la agenda de los
trabajadores públicos. Si no tenemos presente esta
categoría, y en cambio la sustituimos con la falsa idea de
corrección política (no hay que hablar de raza porque hablar
de raza es ser racista), entonces estaremos reproduciendo
el racismo, suscribiendo políticas públicas que se dicen
universales pero que desatienden la especificidad de los
actores que son beneficiarios de esas políticas públicas. No
repararemos en los propios actores a los que se dirigen
estas políticas; actores que están atravesados por categorías
INAP • Secretaría de Gestión y Empleo 9
Público
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.
raciales, no en el sentido biológico sino en el sentido social y
político, es decir, como conceptos que ordenan y regulan las
biografías individuales, determinando quiénes ocupan qué
roles en la sociedad.

12 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita

La falta de estadísticas que den cuenta de la realidad de las


poblaciones racializadas es una de las consecuencias de no
hablar de raza en términos políticos y sociales. Solo a partir
de diagnósticos certeros existirá la posibilidad de diseñar
políticas públicas eficaces. De ahí la necesidad de rescatar la
categoría raza para un análisis más fiel de nuestra realidad.
En Argentina, a menudo se sostiene que el clivaje que
caracteriza a nuestra sociedad se dirime únicamente desde una
perspectiva de clase. Una mirada más atenta advierte que la
raza juega un rol preponderante en la distribución de la
población en los distintos estratos económicos.

En última instancia, el racismo es una ideología que consiste


en afirmar la superioridad racial blanca y la inferioridad racial
negra. No existen múltiples racismos; el racismo es un único
fenómeno. Sin embargo, se pueden distinguir tres niveles
de análisis del racismo: estructural, institucional e
interpersonal.

11
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

1
Racismo estructural
El racismo en su dimensión estructural es el conjunto de
procesos, prácticas y estructuras que reproducen la inequidad
racial. El racismo estructural se sustenta en la ideología de
la supremacía racial blanca/inferioridad racial negra,
ideología conocida originalmente como racismo científico o
biologicista que dividía a la raza humana en subrazas y, a
su vez, las jerarquizaba.

No existe la gente cuyo color de piel sea blanco como una


heladera o negro como un carbón. “Raza blanca” y “raza
negra” son categorías abstractas y estructurales,
herramientas de una ideología que plantea que lo blanco es lo
superior y lo negro es lo inferior; funciona en espejo. Esta
ideología supo gozar de prestigio y consenso en el mundo
de las ciencias, en el ámbito hegemónico del pensamiento
moderno. Sin embargo, nunca fue un pensamiento
mayoritario.

Aníbal Quijano, un pensador peruano fallecido recientemente,


planteaba:

“En América, la idea de la raza fue un modo de otorgar

12 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita
legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la
conquista. La posterior construcción de Europa como nueva
identidad después de América y la

13
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

expansión del colonialismo europeo sobre el resto del mundo


llevaron a la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de
conocimiento y con ella a la elaboración teórica de la idea de
raza como naturalización de esas relaciones coloniales de
dominación entre europeos y no europeos. Históricamente,
eso significó una nueva manera de legitimar las antiguas ideas
y prácticas de relaciones de superioridad e inferioridad entre
dominados y dominantes. Desde entonces ha demostrado ser el
más eficaz y perdurable instrumento de dominación social
universal, pues de él pasó a depender inclusive otro
igualmente universal, pero más antiguo el intersexual o de
género: los pueblos conquistados y dominados fueron situados
en una posición natural de inferioridad y, en consecuencia,
también sus rasgos fenotípicos, así como sus descubrimientos
mentales y culturales. De ese modo, raza se convirtió en el
primer criterio fundamental para la distribución de la población
mundial en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder
de la nueva sociedad. En otros términos, en el modo básico de
clasificación social universal de la población mundial”.

El racismo es una ideología antigua, la idea de lo blanco


como lo bueno y lo negro como lo malo ya aparece en los
textos bíblicos. Ahora bien, lo importante es pensar el racismo
en relación a cómo se construye el sistema mundo que nace
con la conquista y colonización de América.

En un libro publicado este año, Agustín Lao Montes, un


pensador afrodescendiente de la diáspora caribeña, más
precisamente de Puerto Rico, plantea lo siguiente:

14 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita
“El hecho de que la raza es una construcción histórica tampoco
debe negar su existencia social, su ontología y materialidad
como discurso que configura

15
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

identidades e influye de manera significativa en las condiciones


de opresión y por ende en las gestas de liberación y
posibilidades de vida o muerte. La racialización es un factor
importante para determinar procesos y relaciones en infinidad
de espacios sociales, desde dónde vives y trabajas, si estás libre
o en prisión, hasta con quiénes establecer relaciones íntimas y
familiares”.

Lao Montes retoma el concepto raza y lo pone en un plano


concreto, material, analizando cómo afecta este discurso
racial a las autobiografías. Cuando Quijano alude a fenotipos
se refiere a los aspectos superficiales con los que suele
asociarse la raza: el color de la piel, el tipo de cabello y los
rasgos faciales. Rasgos que poco tienen que ver con
diferencias biológicas. En términos de especie somos todos
seres humanos. Pero la menor o mayor oscuridad de la piel va
a posibilitar distintos tipos de acceso a oportunidades.

16 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita

2
Racismo institucional
El racismo institucional es el modo en que esta idea
abstracta es instrumentada por las instituciones. Las
principales instituciones son los Estados-nación.

Durante el período colonial, uno de los fenómenos sociales


fundamentales fue la trata esclavista. La triangulación del
tráfico esclavista entre África, Europa y América no se hacía
entre Estados. No existían España, Argentina o Senegal. Los
Estados-nación no siempre existieron y probablemente no
siempre existirán. Estas instituciones son recientes y se
construyeron alrededor de ideas de control social como el
racismo y la idea de la raza.

Además de la superioridad racial blanca, los Estados-Nación


instrumentan otras ideas abstractas. La cuestión del género,
por ejemplo, ha ganado espacio en la agenda pública y
política. Los feminismos y las disidencias discuten que el
hombre sea superior a la mujer, plantean que es una idea
antojadiza, que no tiene ningún correlato científico, pero sin
embargo opera sobre las realidades, los cuerpos y las
trayectorias de las personas. En ese sentido, el patriarcado y el
racismo son pilares que cimentan instituciones como son los
Estados-nación.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

Los intelectuales y activistas afroestadounidenses Stokely


Carmichael (Kwame Ture) y Charles V. Hamilton dan
ejemplos de lo que ocurre en Estados Unidos y que
también sirven para analizar nuestras realidades locales:

“El racismo es a la vez franco y encubierto […] El primero


consiste en actos manifiestos de individuos que causan muerte,
daño, heridas o la destrucción violenta a la propiedad. Este tipo
pueden registrarlo las cámaras de televisión y con frecuencia
pueden observarse en el momento de su comisión. El
segundo tipo es menos franco, mucho más sutil, menos
identificable en relación con los individuos específicos que
cometen los actos. Cuando una familia negra se muda a una
casa de un barrio blanco y es apedreada, quemada o
expulsada, es víctima de un franco acto de racismo individual
que condenará mucha gente, por lo menos de palabra. Pero
es racismo institucional el que tiene encerrada a la gente
negra en viviendas ruinosas de barrios miserables, sometida a
ser presa diaria de los amos del barrio, los comerciantes, los
prestamistas voraces y los agentes discriminatorios de bienes
raíces […] Individuos respetables pueden absorberse a sí
mismos de toda la inculpación individual; no pondrán nunca una
bomba, no apedrearán a una familia negra. Pero siguen apoyando
a los funcionarios y las instituciones políticas que perpetuarán y
perpetúan políticas institucionalmente racistas. Estos actos de
franco racismo individual no pueden representar a la sociedad,
pero sí la representa el racismo institucional, con el apoyo de
actitudes racistas individuales encubiertas”.

No construir políticas públicas con perspectiva étnico-racial,


18 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita
nos puede hacer imaginar que la oscuridad de piel de los
habitantes de las villas argentinas y la piel clara de los
barrios de clase media son cuestiones

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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

arbitrarias, o que simplemente el sol es más fuerte en un


barrio que en otro. Este tipo de análisis de problemáticas
sociales nos permitirá construir políticas públicas que
comiencen a desandar el racismo.

En Argentina hay un ejemplo de racismo institucional


indisimulable: el artículo 25° de la Constitución Nacional.

“El gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no


podrá restringir, limitar ni gravar con impuestos a todos los que
vengan a trabajar en Argentina…”.

Está naturalizada la noción de que la Argentina es un país


abierto a la inmigración. Pero lo cierto es que hay
inmigraciones más deseadas que otras.

Podría matizarse este artículo mencionando la reforma de la


Ley de Migraciones de la última dictadura militar, conocida
como Ley Giustiniani, que considera a la migración como un
derecho humano. Lo cual, indudablemente, fue una política
pública de avanzada en relación a otros países. Sin embargo,
el espíritu de la constitución política, social y cultural de la
Argentina tiene una matriz racista que se manifiesta en el
artículo 25°: “los bienvenidos son los europeos”. En 1853,
cuando se sanciona esta Constitución -aún vigente-, ese era
el pensamiento hegemónico, que nunca fue el pensamiento
de la mayoría.

La enorme y abrumadora mayoría estaba en contra de la


esclavitud, fundamentalmente indígenas y
20 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita
afrodescendientes, que la condenaban como las personas
pobres condenan la pobreza. Sin embargo, el

21
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

pensamiento dominante dictaba que lo superior era lo


blanco europeo y lo inferior era lo negro afrodescendiente e
indígena.

Cuando se diseña una política pública que señala como positivo


un aspecto, en forma tácita termina marcando lo negativo. No
hace falta ser un gran analista o un politólogo para advertir
qué se piensa de las migraciones boliviana, paraguaya o
senegalesa; y qué se piensa de las migraciones europeas:
italiana, española, francesa o inglesa. Esto es sentido común y
quien lo niega, tapa el sol con una mano.

En la Reforma del 1994, en el artículo 75° se incluye un inciso


según el cual Argentina adhiere a una serie de convenciones
internacionales como el Programa de Acción de Durban, un
compromiso que tiene el Estado para erradicar el racismo.
Pero ciertos aspectos de estas discusiones siguen
apareciendo como letra muerta. No se trata de barrer debajo de
la alfombra sino de comprender de dónde parte el
fenómeno. Argentina es un país que construye su idea de
progreso sobre el pilar del racismo.

Sarmiento es uno de los pensadores fundamentales de la


argentinidad. En 1845, algunos años antes de influir con su
pluma en el texto constitucional, escribió Facundo o
civilización y barbarie en las pampas argentinas. En este
clásico del pensamiento nacional, nos ofrece un buen ejemplo
del fenómeno de la invisibilización:

“La raza negra casi extinta ya -excepto en Buenos Aires-, ha


dejado sus zambos y mulatos, habitantes de las ciudades,
22 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita
eslabón que liga al hombre civilizado con el palurdo; raza
inclinada a la civilización, dotada de talento y de los más
bellos instintos de progreso”.

23
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

Sarmiento sostiene que los afrodescendientes nos


extinguimos como los dinosaurios, aunque señala dos
excepciones: zambos y mulatos, nomenclaturas
biologicistas que referían a las mezclas entre el indio y el
blanco, y entre el blanco y el negro. Distinguía subespecies
y las caracterizaba como el eslabón entre el hombre
civilizado y el palurdo. En esa conjunción genética el
hombre civilizado es el blanco europeo o eurodescendiente y
el palurdo, que es un animal de carga, una bestia, así es
como interpreta al negro y al indígena.

El negro, el indio y el gaucho representan la barbarie. Son


elementos a desterrar si queremos acogernos al
progreso, a las ideas y, fundamentalmente, a las
personas europeas, porque la pureza está en su sangre, el
avance está en su genética. No hay que perder de vista que
Sarmiento fue uno de los pensadores más influyentes de la
América hispánica. Un pensador destacado y
profundamente racista, sus convicciones políticas estaban
atravesadas por la idea abstracta de la supremacía racial
blanca, una piedra angular de la construcción del relato
nacional.

24 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita

3
Racismo interpersonal
Finalmente, el tercer y último nivel de análisis es el racismo
interpersonal. Es la forma más evidente del racismo, se pone
de manifiesto en ciertas metáforas del lenguaje cotidiano:
“trabajo en negro”, “mano negra”, “denigrar”; en insultos
como “negro de mierda”, “negro planero”, “negro
choripanero”; y en prácticas que van desde preguntar una
tontería hasta cometer crímenes de odio racial. Es importante
advertir el racismo en este nivel, pero es necesario profundizar
el análisis hacia los niveles de racismo que lo condicionan: el
estructural y el institucional.

Cuando se habla de racismo, generalmente se piensa en este


tercer nivel, en un fenómeno que tiene lugar en la
interacción entre las personas. Pero como ya se mencionó, el
racismo no es un fenómeno de abajo hacia arriba. No es que
las personas sean racistas y tornen a la sociedad racista. Y
luego las sociedades hagan racista al sistema mundo de
matriz colonial
-como lo llama Quijano- o al capitalismo, o como se quiera
caracterizar al fenómeno global actual. Creer que el racismo
va de abajo hacia arriba supondría que vivimos en un sistema
justo, sin desigualdades intrínsecas y que luego los individuos
lo estropean con sus incapacidades y prejuicios.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.
El pensamiento negro sostiene que el fenómeno es inverso:
que es un fenómeno sistémico que estructura nuestras
condiciones y nuestras posibilidades materiales de desarrollo
y de existencia. En general, cuando

26 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita

se diseñan o se evalúan las políticas públicas, los Estados


parten desde abajo hacia arriba. Proponen encuestas en
torno a la percepción de los sujetos sociales en relación a la
problemática a trabajar. Se les pregunta, por ejemplo: ¿alguna
vez te sentiste discriminado? Este tipo de enfoque se centra
en el tercer nivel de análisis. El racismo interpersonal, si
bien puede resultar interesante para algún tipo de estudio,
no alcanza para explicar la situación y mucho menos para
transformarla.

En este tipo de políticas públicas, el Estado no considera que


el racismo es un hecho que estructura las demás
dimensiones de la vida social.

Es preciso analizar el fenómeno del racismo desde el punto


de vista del Estado, para situar luego la cuestión interpersonal,
un fenómeno a superar. Pero para lograrlo es importante
incorporar el enfoque étnico-racial, y tener en claro que el
racismo es un fenómeno de arriba hacia abajo.

27
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

4
Racismo criollo
Argentina se presenta al mundo como la sociedad más blanca
de América Latina. Esto no es simplemente una cuestión
cromática, también esboza una idea de superioridad, ya no
racial sino cultural. Parte de nuestro relato nacional consiste en
entendernos como una sociedad elevada: un país con
universidad pública, por ejemplo. Sin embargo, las personas
que tienen mi color de piel son minoría dentro de la facultad,
aunque todos sabemos que somos mayoría afuera de la
facultad.

No hay ninguna ley que diga los morochos o los


afrodescendientes, los indígenas o los “negros cabezas” no
pueden ir a la facultad; sí hay una idea meritocrática de que
van los que pueden o los que tienen las mejores condiciones;
por el contario, quienes no llegan es porque no tienen las
condiciones o no se esforzaron lo suficiente. Si
desestimamos esa idea, advertiremos que la categoría racial
opera en las biografías individuales y es el Estado el mayor
responsable de este proceso, al diseñar políticas universales
que no contemplan una situación que, sostenida en el tiempo,
generación tras generación, termina por naturalizar a la
meritocracia como una idea válida y justa para la ciudadanía.

Para analizar cómo el racismo se aplica en nuestro país, el


28 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita
fenómeno que yo llamo “racismo criollo”, debemos
detenernos en tres aspectos fundamentales: la
invisibilización, la negación y la extranjerización.

29
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

4.1 Invisibilización

En Argentina solemos imaginar que no existe el racismo,


una sospecha asociada a la idea de que no hay negros
argentinos ni negras argentinas. Según este discurso
ingenuo, si no tenemos negros no hay racismo. Por eso
impacta el asesinato de un negro en Estados Unidos (como
el reciente caso de George Floyd), porque entendemos que en
Estados Unidos hay negros y que los blancos racistas existen.

Los afroestadounidenses son del 12% de la población, es decir,


una minoría. Una minoría sobre-representada en las películas,
en la población carcelaria y en la población asesinada a
manos de la policía.

En Argentina suele imaginarse que hay una única forma de ser


negro y negra, un criterio relacionado con determinada paleta
cromática. El estereotipo de negro o negra es: negro de piel,
con pelo mota y labios gruesos. Pensemos en el acto escolar del
25 de mayo, un ritual dentro del ámbito público, que constituye
una de las pocas instancias en donde se habla de la negritud, y
para representarlo pintan a algún alumno con corcho quemado y
lo muestran como un cuentapropista.

Este esquema se repite en otros niveles de la educación. Yo


estudié Ciencias Políticas, y en ninguna de las treinta y seis
materias me tocó estudiar un autor o autora
afrodescendiente. Y mujeres, en general, muy pocas.
Entonces, la mayoría de los autores que estudié fueron
varones (vivos o muertos) blancos: europeos o
estadounidenses. La facultad de Ciencias Sociales de la UBA es
diversa en cuanto a sus posicionamientos ideológicos, pero en
30 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita
este aspecto por acción u omisión termina teniendo una
currícula brutalmente racista que transmite una afirmación:
a los negros y a las

31
¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

negras no se nos cae una idea. Cuando existe una inmensa


biblioteca de pensadores negros y negras que abordan y
problematizan esta realidad.

Podría pensarse que no importa el color de los que


escriben; creo que tampoco debería de importar. El
problema es que, si en toda la currícula los autores son
blancos, evidentemente a alguien le está importando el
color de la gente, porque sino es como imaginar que los
negros y las negras no escriben.

Esto sucede en todas las universidades del planeta. La sobre-


representación del varón blanco tiene un sesgo hegemónico
total, el punto de vista de los que mandan, no de la mayoría. El
varón blanco es una minoría a nivel global pero es mayoría en
los espacios de poder. Por ejemplo, en las universidades los
autores que se leen y se estudian, y los sujetos que tienen la
posibilidad de leer y estudiar son blancos, europeos o
eurodescendientes.

Este tipo de prácticas tiende a invisibilizar a una determinada


población. Durante el período colonial no había censos sino
registros de posesión. Se trata de un racismo franco o
manifiesto; los registros contaban con categorías como
negro, mulato o pardo, términos vinculados a la posesión.
Porque eso era lo esclavizado: una pieza, una mercancía. Por
ejemplo, un criollo tenía veinte mulas, cuarenta negros y
cien hectáreas. Esa forma cosificante de nombrar tipificaba a
las poblaciones afrodescendientes e indígenas. Con el fin de
la esclavitud y la fundación de la República, con la
Constitución de 1853, que entra en vigencia en 1860, el
racismo se vuelve más sutil, menos identificable, se
32 Cuadernos del
INAP
Federico
Pita
encubre. Fue Sarmiento quien durante su presidencia
introdujo la noción de estadística moderna en la Argentina.
Los primeros censos dejan de contar población en términos
raciales. Con el pretexto de no racializar nuestras
estadísticas se borra

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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

la nomenclatura “negro” y simultáneamente se crean


categorías como el “trigueño” que invisibilizan la
procedencia o la identidad étnico-racial.

Los indígenas y los afrodescendientes son sujetos políticos


concretos. Si se los despoja de su relato político, social, cultural
e histórico, su especificidad termina siendo simplemente una
cuestión cromática y entonces parece que es una casualidad
que la pobreza estructural del 30% -que no para de crecer
gobierno tras gobierno y que es uno de los grandes fracasos
de la democracia- siempre afecta mayoritariamente a los
que tienen la piel más oscura.

El pensamiento de Sarmiento era dominante de su tiempo,


pero no era el único. Por ejemplo, en 1869 el pensador
afroargentino Horacio Mendizábal escribió su última obra poco
antes de morir, a los 24 años, como víctima de la epidemia
de fiebre amarilla. Sarmiento, que era presidente, se fue de
Buenos Aires y en su lugar se organizó una junta de vecinos
ilustres. Mendizábal fue uno de los secretarios de esa junta.
Dejó un escrito cuya introducción, dedicada al presidente
Sarmiento, cuestiona el racismo, desde su propia negritud,
desde su afroargentinidad:

“¿Tendríais horror de ver un negro sentado en el primer


puesto de la república? ¿y por qué, si fuese ilustrado como el
mejor de vosotros, recto como el mejor de vosotros, sabio y
digno como el mejor de vosotros?
¿Tan solo porque la sangre de sus venas fue tostada por el
sol de África en la frente de sus abuelos?

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¿Tendríais horror de ver sentado en las bancas del parlamento a
un hombre de los que es tan insultante desdén llamáis
mulato, tan sólo porque su

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La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

frente no fuese del color de la vuestra? Si eso pensáis, yo me


avergüenzo de mi pueblo y lamento su ignorancia.”

Esto pensaba Horacio Mendizábal en 1869. Sus palabras


gozan de una actualidad que nos debería avergonzar.

4.2 Negación

Otra estrategia sutil o encubierta del racismo criollo es la


negación. Se trata de negar la propia existencia de este
sujeto social que es el negro, y reducir a minoría al conjunto
de los pueblos originarios. Un ejemplo emblemático del siglo
XX lo constituye un pensador, político, diplomático y fundador
de muchas universidades: Joaquín V. González. Una persona
muy reconocida pero poco analizada.

González da un discurso en el Congreso de la Nación en 1913,


en el cual se refiere a la importancia del censo que se está
por realizar en Argentina:

“Cuando hablo de razas inferiores, lo hago a toda conciencia,


porque yo no soy de los que sostienen que todos los hombres
son iguales, sino en sentido político… Bien; las razas inferiores,
felizmente han sido excluidas de nuestro conjunto orgánico, por
una razón o por otra, nosotros no tenemos indios en una
cantidad apreciable… No tenemos negros, los que se
introdujeron, en abundancia… han desaparecido también; no
se advienen a nuestro medio social”.

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Federico
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Según este político, los afroargentinos, ya sea por


incompetencia o por mérito propio, nos hemos extinguido.
Esto fue dicho en pleno siglo XX, por una persona que fue
fundadora de organizaciones eugenésicas, que sostenían la
idea de mejorar la raza. Lo lamentable es que existen infinidad
de fenómenos políticos y sociales donde estos personajes siguen
gozando de prestigio. La tarea no es simplemente acusar de
racistas a Sarmiento o a Joaquín V. González; eso sería
circunscribirse al tercer nivel de análisis, al racismo
interpersonal. El hecho de problematizar estas figuras nos
sirve para entender que el racismo era parte fundamental
del relato histórico que construían las instituciones.

A los afroargentinos nos hicieron desaparecer en las


estadísticas y en el relato historiográfico. Hay un estudio
previo al último censo de 2010 que indica que somos más de
dos millones de argentinos y argentinas que respondemos a
esa categoría, un 5% de la población. Pero si como política
pública se representa lo negro pintando la piel con un corcho
y hablando con tonada cubana, no encontraremos muchos
negros argentinos que respondan a esos estereotipos. La
mayoría, en cambio, se parecen a mí. En ese sentido, es
común que la gente piense que no existimos. Entonces, no
desaparecimos, pero sí nos quisieron hacer desaparecer.

4.3 Extranjerización

Desde el retorno de la democracia vivimos en un mundo en que


los cuerpos migran. Pero hoy, como en 1853, algunas
inmigraciones incomodan más que otras, sobre todo la
migración afrolatina y africana que ennegrece nuestro
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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
horizonte.
políticas públicas. Son los “negros-negros” que pintan con corcho en
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las

las escuelas. Ese ritual supone que no hay ningún cuerpo en el


curso que sea negro, por eso hay que pintarlo con corcho,
porque se sostiene que ese

38 Cuadernos del
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Federico
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personaje se ha extinguido, que no existe o que al menos no


está dentro de nuestras fronteras.

La extranjerización de la negritud local es un proceso que


termina por reforzar la idea de que lo negro no es propio de
la Argentina. Por lo tanto, el relato político e histórico
nacional sigue resguardando la idea de que todos
descendemos de los barcos europeos.

Un ejemplo interesante se puede ver en un capítulo del


dibujo animado Zamba. Se trata de una producción de la
Televisión Pública, que se transmite en los canales Paka-
Paka y Encuentro. Es una política pública efectiva. Zamba es
un personaje muy conocido, influyente. En ese capítulo aparece
una cocinera, una esclavizada de Rosas a quien ella llama
“patrón”, una escena que intenta suavizar un contexto
dramático.

Más allá de esto, se incluye un detalle que no es menor: la


cocinera habla como cubana. Una licencia artística
desopilante. Si este mensaje está dirigido a las infancias,
después no debemos sorprendernos cuando a un
afroargentino de ese color, una persona como puede ser mi
papá, le preguntan sistemáticamente, cada vez que lo ven:
“¿de dónde sos?” Sin importar el humor que tenga mi papá, un
día puede contestar “de Palermo”, porque es donde vive. En
realidad, lo que le están preguntando es otra cosa, y se
incomodan después de esa respuesta, porque advierten que
esa pregunta es un ejemplo del racismo individual. Nadie
concibe que está siendo racista. Pero no hay que pensarlo
en términos individuales, porque ese individuo en algún lado
lo escuchó, alguien se lo enseñó. Con Paka Paka es el Estado
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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.
el que le enseña a la más temprana infancia que cuando uno
es negro es de Cuba, ni siquiera de África. Este es un ejemplo
práctico, concreto y actual de extranjerización.

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El sentido común de los argentinos afirma por ejemplo que los


bolivianos son inferiores, los colombianos son
narcotraficantes, los peruanos son pungas y los senegaleses
son la “mafia de la bijouterie”. Valga la aclaración: migrar es
una cuestión traumática, el desarraigo siempre es duro. Se
migra en busca de mejores condiciones de vida, para escapar
de una hambruna o una guerra. La migración siempre es
traumática, pero el fenómeno de la xenofobia no está
simplemente circunscripto al odio al migrante sino a
determinadas migraciones. Y esas migraciones selectivas son
determinadas por categorías raciales. Entonces, las
migraciones “no blancas” son migraciones que no
contempla el artículo 25° de la Constitución, sino que van a
estar entre paréntesis.

El fenómeno sigue siendo el racismo, aunque no sea franco o


manifiesto, aunque se vuelva sutil y se encubra como
xenofobia.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

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Raza y género
En los últimos tiempos, el movimiento de mujeres ha
logrado penetrar en la política de masas como pocas veces
se ha visto en nuestro país. La incorporación del análisis de la
intersección entre género y raza es una lucha que comienzan a
dar las mujeres racializadas dentro del movimiento. La
interseccionalidad, el reconocimiento de la simultaneidad de
opresiones (raza, clase y género), es el gran aporte
epistemológico del Feminismo Negro al mundo entero. Sueli
Carneiro, intelectual feminista afrobrasilera explica:

“Si el feminismo debe liberar a las mujeres, debe enfrentar


virtualmente todas las formas de opresión. Desde ese punto de
vista se podría decir que un feminismo negro, construido en el
contexto de sociedades multirraciales, pluriculturales y racistas -
como son las sociedades latinoamericanas- tiene como
principal eje articulador al racismo y su impacto sobre las
relaciones de género dado que él determina la propia jerarquía
de género de nuestras sociedades. […] El racismo establece la
inferioridad social de los segmentos negros de la población en
general, y de las mujeres negras en particular, operando
además como factor divisionista en la lucha de las mujeres por
los privilegios que se instituyen para las mujeres blancas. Desde
esta perspectiva, la oposición de las mujeres negras contra la
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opresión de género y raza viene diseñando nuevos contornos
para la acción política feminista y antirracista, enriqueciendo
tanto la discusión racial, como la discusión de género”.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

En el último tiempo, el movimiento de mujeres en la Argentina


ha generado una revolución política. Como correlato, en el
ámbito de las políticas públicas puede destacarse la paridad de
género, una política afirmativa que exige a los partidos políticos
que al menos el 50% de sus candidatos sean mujeres. Sin
embargo, sigue habiendo más parlamentarios que
parlamentarias, más varones que mujeres. Para revertir la
tendencia histórica, las listas de representación para las
próximas elecciones no deberían tener el 50% como techo sino
que, por ejemplo, el 70% sean mujeres y el 30% varones. Si bien
la Ley de Cupo constituyó un avance, todavía queda mucho
por discutir.

En el mismo sentido, la variable racial merece una discusión


urgente. Si se analiza una foto de los representantes del
pueblo argentino, se advierte que todos son blancos. Pero en
la calle, la paleta cromática de la ciudadanía es multicolor y
mayoritariamente de piel oscura. Es decir, los cuerpos
blancos sólo prevalecen en los espacios de privilegio,
prestigio y poder: la universidad, el parlamento o las
dependencias del Estado. Pero en otros espacios sociales, por lo
general la gente es oscura: en el sistema carcelario, los barrios
populares y las empresas tercerizadas de limpieza. Para ser
empleada doméstica no necesariamente hay que ser mujer
y oscura de piel, aunque la mayoría de las personas que
ejercen este oficio quedan circunscriptas a esas
características.

En nuestro imaginario está muy presente la movilidad social


ascendente que abrazó a la abuela italiana o al abuelo judío,
sintetizada a principios del siglo XX con “M’hijo el dotor”. Pero
los descendientes de indígenas y los afrodescendientes
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encuentran un techo en su progreso social y muchas veces
no tiene que ver sólo con lo económico. Además, si
ponemos en la balanza la figura del arquitecto que maneja
un taxi, advertiremos que independientemente de que los
sectores privilegiados de la sociedad siguen siendo los
mismos, la brecha de los excluidos es cada día más amplia.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo?
La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de las
políticas públicas.

Durante la administración anterior, la pobreza creció en 15


millones de habitantes. Cabe aclarar que esos pobres no
son importados, son argentinos que se hicieron pobres. Y es
muy difícil recuperar la equidad social porque esa injusticia
tiene un carácter estructural. Por lo tanto, es urgente
comprender que el racismo, así como el patriarcado, son
fenómenos que afectan a la mayoría. No solamente porque,
de hecho, la mayoría son mujeres y la mayoría de la
población es no blanca, sino porque el problema del racismo
no es un problema de los negros y el patriarcado no es un
problema de las mujeres. Es necesario entender que esos
son los sujetos y los cuerpos a donde el conflicto apunta,
pero que estos conflictos terminan afectando a la sociedad en
su conjunto y beneficiando a un sujeto concreto: el varón
blanco.

De modo que no se puede ser imparcial, el racismo es un


fenómeno que no contempla grises. Como señala la
pensadora feminista negra afroestadounidense Ángela
Davis:

“No es suficiente con no ser racista, se debe ser activamente antirracista”

Si la perspectiva étnico-racial no está presente a la hora de


diseñar, aplicar y evaluar las políticas públicas, el racismo
institucional se seguirá reproduciendo.

46 Cuadernos del
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Federico
Pita

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políticas públicas.

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Año 2 – N.° 61 – 2021

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