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Mi Relación con Dios y su Obra

Texto Base – 1 Corintios 13

Cuando pensamos en el amor, lo primero que nos viene a la mente, por lo regular, es una
pareja feliz tomada de la mano paseando por un campo de flores (o al menos eso me han
contado), otros pueden pensar en su propia pareja, quizás algunos conozcan el amor por su
padre o su madre o incluso sus hermanos u otro familiar. Hay una frase muy interesante que
dice: “No sabia lo que era el amor, hasta que te conocí”. Sin lugar a dudas es una frase
muy usada entre parejas que están en la etapa del enamoramiento. Sin embargo, hay
muchos que tuvieron una vida tan difícil que nunca supieron lo que era el amor, hasta que
conocieron a Dios.

¿Cómo es nuestra relación con Dios?

El amor provoca cambios en nosotros: Colosenses 3:12-14: Vestíos, pues, como


escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de
humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos
unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así
también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo
perfecto.

Cuando una pareja está en la etapa de enamoramiento, durante la fase de conocerse,


comienzan a cambiar muchas cosas en su vida. Comienzan a tener ciertos cambios que son
notorios para las personas que los rodean y que son inspirados principalmente por la pareja.
Si a un hombre que se deja la barba su pareja le dice que prefiere a los hombres que se
rasuran, muy probablemente comience a rasurarse. O si le dice que le gustan los hombres
detallistas, seguramente comience a escribir cartas, comprar flores o chocolates. Si le dice
que no le gusta la forma en que se comporta en tal o cual situación, comenzará a cambiar su
forma de ser porque quiere agradar a su pareja. Cuando una persona conoce el amor de
Dios sin lugar a dudas va a cambiar. Hemos escuchado tantos testimonios de hermanos y
hermanas que llevaban una vida tan alejada de los caminos del Señor que parecía imposible
que hubiera alguna esperanza para ellos, pero cuando conocieron el amor de Dios hubo un
cambio tan grande que se volvieron personas irreconocibles. Porque muchos de ellos
buscaban llenar ese vacío con vicios, con dinero, con un buen trabajo, con una posición
social, pero nada de eso los satisfacía y en su desesperación y frustración comenzaron a
llevar una vida terrenal, pero al conocer el amor de Dios hicieron morir la vida antigua y se
vistieron con la vida nueva, se vistieron como escogidos de Dios, santos y amados, de
entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, de
tolerancia, de perdón. Pero sobre todas estas cosas, de amor, que es el vínculo perfecto.

Ese cambio nos prepara para trabajar en la obra de Dios: Colosenses 3:23: Y todo lo
que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.
1 Corintios 16:14: Todas vuestras cosas sean hechas con amor.

Una persona enamorada hace todo pensando en agradar a su pareja y enamorarla cada día
más. Lo hace todo con paciencia, con esmero y, en definitiva, con amor. Si va a regalar un
chocolate, busca que sea el más rico, el que más le guste a su pareja. Se pone el perfume
que más le gusta al otro. La ropa con la que el otro lo mira más guapo. Si debe hacer un
regalo, busca lo mejor de lo mejor. Todo lo hace pensando “es para mi amor”. Una
persona enamorada de Dios se enamora indudablemente también de su obra, del trabajo que
conlleva y busca hacerlo lo mejor posible. Pero es necesario que hayamos tenido ese
cambio, porque una persona llena de enojo no pude trabajar en la obra, porque todo le
parece mal. Si está llena de rencor, vivirá recordando cualquier daño que se le haya hecho
y, en casos extremos, incluso podría buscar vengarse. Una persona que está llena de
mentira no puede trabajar en la obra, ni mucho menos una persona chismosa. Esas personas
no aman a Dios ni a su obra, sino solo lo que Dios les ofrece. Una persona realmente
enamorada da lo mejor de si y no espera nada a cambio. Cuando amamos a Dios
verdaderamente amamos también su obra y buscamos trabajar de la mejor manera dentro de
ella, sin importar cual sea nuestro trabajo o las personas con las que debamos trabajar,
porque todo lo hacemos con amor y sin fingimiento.

El amor no muere, pero se va apagando: Cantares 8:6-7: Ponme como un sello sobre tu
corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; duros
como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no
podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su
casa por este amor, de cierto lo menospreciarían.
Creo que el miedo más grande para una pareja puede ser que un día la otra persona le diga:
ya no siento lo mismo por ti. El amor muchas veces se va apagando. En algunas ocasiones
es lento, poco a poco; otras, es rápido, como soplar una vela. La rutina, la falta de tiempo,
la poca comunicación, el desinterés y hasta la distancia son factores que provocan que el
amor se vaya apagando en una relación en pareja. Nuestra relación con Dios no está exenta
de cualquiera de estas situaciones. Cuando venir a la iglesia, orar o incluso ayunar se
vuelve una rutina. Cuando el trabajo, los estudios u otras responsabilidades no nos dejan
tiempo para orar o asistir a la iglesia. Cuando ya no doblamos nuestras rodillas para hablar
con Dios y dejamos de cantar alabanzas al Señor. Cuando los afanes de este mundo desvían
nuestra mirada de lo que realmente importa, es cuando se empieza a apagar el amor.

¿Cómo avivar el amor? Apocalipsis 2:2-7: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y
paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser
apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia,
y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo
contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y
arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu
candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.

Muchos hemos oído casos de mujeres que se quejan de sus matrimonios, porque sus
parejas, cuando se casaron, dejaron de ser como eran. Ya no les llevan flores, ya no les
regalan dulces, ya no hay cenas románticas o salir por un café. Y si tienen hijos es peor.

Es entonces cuando uno de los dos decide “avivar la llama de la pasión”. Entonces
comienzan a hablar de las cosas que los molestan, las cosas que han cambiado, de lo que les
gustaría volver a hacer. Empiezan a hablar sobre salir de nuevo por ese café, de ir a cenar a
ese lugar que tanto les gustaba cuando eran novios, de ir a caminar tomados de la mano por
un campo de flores (o eso me han contado). Comienzan a hacer las cosas que hacían
cuando apenas empezaba su relación. Si queremos avivar la llama de nuestro amor por Dios
y su obra, debemos retomar las cosas que hacíamos al principio, cuando recién conocimos
el amor de Dios. Cuando una persona acaba de conocer el amor de Dios, quiere venir todos
los días a la iglesia, ora mañana, tarde y noche, quiere trabajar y ayudar y en todo. Se la
pasa sonriendo y bendiciendo a todos. No deja de hablar de ese momento en que conoció el
verdadero amor que es el de Dios. Debemos recordar de donde caímos y hacer las primeras
obras, y regresar a nuestro primer amor.

Nuestra relación con Dios no es muy distinta de una relación en pareja, salvando las
distancias, claro está. Está la fase de enamoramiento, el conocer a Dios, querer estar en
todo lo que tenga que ver con Dios, pero lamentablemente también está la parte donde
tenemos que regresar al lugar del que hemos caído.
Yo me preguntaba a mi mismo y se lo preguntaba al Señor, ¿Por qué 1 Corintios 13?
La Biblia dice en 1 Juan 4:8: El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
La preeminencia del amor es esta, no que el amor sea paciente, bondadoso, que no se jacte
de nada, que no busque lo suyo; sino que Dios es amor, por tanto, podemos decir que Dios
es sufrido, benigno, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece, no hace nada
indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no es rencoroso, no se goza de la injusticia, sino
que se goza con la verdad. Si Dios es amor podemos decir que Dios todo lo sufre, todo lo
cree, todo lo espera y todo lo soporta.
Todo lo que hagamos, hagámoslo con amor; todo lo que hagamos, hagámoslo con Dios;
todo lo que hagamos, hagámoslo de forma sufrida, con benignidad, sin envidia, sin
jactancia, sin vanidad, sin hacer nada indebido, sin buscar lo nuestro, sin irritarnos, sin
rencor, sin gozarnos de la injusticia, sino gozándonos de la verdad.

¡¡¡Dios los bendiga!!!

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