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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CONCEPCION
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACION
CONCEPCION-PARAGUAY
TRASTORNOS DEL APRENDIZAJE
TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCION E HIPERACTIVIDAD
Integrantes:
● Angela Agüero
● Ortencia Aldana
● Marcela Matiauda
● Magui Villagra
Encargada de Catedra: Mg. Sonia Mabel Fretes Torales.
TERCER AÑO- 6TO SEMESTRE
SETIEMBRE-2023
ÍNDICE DE CONTENIDO
Portada…………………………………………………………..……….….1
Índice……………………………………………………….………….……2
Introducción……………………………………………...……….………3-4
Desarrollo Temático…………………………………….…………....….5-16
Conclusión………………………………………………………….……...17
Referencia Bibliográfica…………………………………………….….18-19
Anexo………………………………………………………………...…20-22
I. INTRODUCCION
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los
trastornos del neurodesarrollo más comunes en la infancia y adolescencia,
caracterizado por síntomas persistentes de inatención, hiperactividad y/o
impulsividad, que interfieren de manera significativa en el funcionamiento
académico, social y emocional de quienes lo padecen (American Psychiatric
Association, 2013). Este trastorno afecta aproximadamente al 5% de los niños en
edad escolar a nivel mundial, y su prevalencia ha generado un interés creciente en la
investigación científica debido a su impacto en el desarrollo infantil y su persistencia
en la vida adulta en un porcentaje considerable de casos
En el contexto escolar, el TDAH representa un desafío considerable tanto
para los estudiantes como para los docentes, dado que los síntomas interfieren con el
rendimiento académico, la capacidad de atención sostenida, la regulación emocional
y la relación con sus compañeros. La hiperactividad y la impulsividad, en particular,
pueden conducir a problemas conductuales que complican la integración del
estudiante en el entorno escolar y afectan negativamente su bienestar psicológico.
Por lo tanto, comprender los mecanismos que subyacen a estos comportamientos y
los factores que los exacerban o atenúan es fundamental para mejorar las
intervenciones educativas y terapéuticas.
A pesar de los avances en la identificación y diagnóstico del TDAH, sigue
existiendo controversia y debate en torno a sus causas y manifestaciones, lo que
subraya la importancia de la investigación continua. Existen factores biológicos,
como alteraciones en los circuitos neuroquímicos del cerebro, así como factores
ambientales y psicosociales, que interactúan para influir en la severidad de los
síntomas y el pronóstico del trastorno. Asimismo, las estrategias de intervención
varían desde enfoques farmacológicos hasta intervenciones conductuales, lo que
resalta la necesidad de enfoques integrados y personalizados para el manejo del
TDAH.
El presente trabajo de investigación se centra en analizar los efectos de la
hiperactividad, como uno de los componentes clave del TDAH, en el ámbito escolar,
así como las estrategias de intervención más efectivas para manejar este
comportamiento en estudiantes de nivel primario y secundario. La investigación
busca aportar información actualizada sobre los principales desafíos que enfrentan
los estudiantes con TDAH en su proceso educativo, y cómo los docentes y los padres
pueden contribuir de manera positiva a su desarrollo y bienestar académico.
Con esta investigación, se espera contribuir al entendimiento del impacto del
TDAH y la hiperactividad en la dinámica educativa, así como ofrecer propuestas
para mejorar la calidad de vida y el rendimiento escolar de los estudiantes que
presentan este trastorno.
II. TRASTORNO DE DEFICIT DE ATENCION E HIPERACTIVIDAD
(TDAH)
Según el DSM-V, el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad
(TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo definido por niveles problemáticos de
inatención, desorganización y/o hiperactividad-impulsividad. La inatención y la
desorganización implican la incapacidad de seguir tareas, que parezca que no
escuchan y que pierdan los materiales a unos niveles que son incompatibles con la
edad o el nivel del desarrollo. La hiperactividad-impulsividad implica actividad
excesiva, movimientos nerviosos, incapacidad de permanecer sentado, intromisión en
las actividades de otras personas e incapacidad para esperar que son excesivos para la
edad o el nivel del desarrollo. En la infancia, el TDAH frecuentemente se solapa con
trastornos que a menudo se consideran "trastornos exteriorizado res", como el
trastorno negativista desafiante y el trastorno de conducta. El TDAH a menudo
persiste hasta la edad adulta, con consecuentes deterioros del funcionamiento social,
académico y ocupacional.
Se estima que afecta entre el 5 y el 7% de los niños en edad escolar a nivel
mundial (Polanczyk et al., 2015), con una prevalencia que varía según la región y los
criterios diagnósticos empleados. Aunque tradicionalmente se ha considerado un
trastorno infantil, un número significativo de individuos continúa presentando
síntomas en la adolescencia y la adultez, lo que destaca la naturaleza crónica y
multifactorial del TDAH (Faraone et al., 2015). Hay 3 tipos de TDAH según
predomine la falta de atención, la hiperactividad/impulsividad o una combinación de
ambas. El diagnóstico se realiza por criterios clínicos. Por lo general, el tratamiento
incluye farmacoterapia con fármacos estimulantes, terapia conductista e
intervenciones educacionales.
En términos etiológicos, el TDAH es considerado un trastorno de origen
multifactorial, influenciado por factores genéticos, neurobiológicos y ambientales.
Los estudios de gemelos sugieren que entre el 70 y el 80% de la variabilidad en el
desarrollo del TDAH es heredable (Thapar et al., 2013). A nivel neurobiológico, las
investigaciones han identificado disfunciones en el circuito frontoestriatal,
particularmente en las áreas implicadas en la regulación de la atención, la
planificación y el control inhibitorio (Rubia et al., 2014). Estas alteraciones están
vinculadas con la disregulación de neurotransmisores como la dopamina y la
norepinefrina, lo que contribuye a los déficits observados en los procesos cognitivos
y conductuales (Arnsten, 2015).
El entorno también juega un rol crucial en la manifestación y manejo del
TDAH. Factores como el estrés familiar, la exposición a toxinas ambientales, y los
estilos de crianza pueden exacerbar o mitigar los síntomas del trastorno (Nigg, 2013).
En el ámbito educativo, los estudiantes con TDAH enfrentan retos particulares, como
dificultades para mantener la atención sostenida, la organización de tareas y la
regulación de la conducta. Esto puede derivar en un bajo rendimiento académico,
problemas de disciplina y relaciones conflictivas con sus pares (Barkley, 2015).
El TDAH no solo afecta al individuo, sino también a su entorno. Los
docentes, en particular, desempeñan un papel fundamental en el manejo de los
síntomas en el aula. La hiperactividad e impulsividad pueden interrumpir el flujo
normal de la clase, generando un ambiente desafiante tanto para el estudiante
afectado como para sus compañeros. Es por ello que las intervenciones
psicopedagógicas, que combinan técnicas conductuales con adaptaciones en el
entorno de aprendizaje, se han mostrado eficaces en la mejora del rendimiento
académico y el comportamiento (DuPaul & Stoner, 2014).
La intervención farmacológica también ha demostrado ser efectiva en el
manejo de los síntomas del TDAH. El tratamiento con estimulantes, como el
metilfenidato, es el más común y ha mostrado una mejora significativa en la atención
y la reducción de la hiperactividad en niños y adolescentes (Faraone & Buitelaar,
2010). Sin embargo, es importante considerar los efectos secundarios y la necesidad
de combinar la medicación con estrategias psicoeducativas para optimizar los
resultados (Ramsay & Rostain, 2015).
La hiperactividad es un componente esencial del TDAH que se manifiesta a
través de una actividad motora excesiva, dificultad para permanecer sentado y una
tendencia a actuar de manera impulsiva sin considerar las consecuencias (American
Psychiatric Association [APA], 2013). Estos comportamientos afectan
significativamente el rendimiento académico y las interacciones sociales de los niños
y adolescentes afectados. Estudios han demostrado que los estudiantes con TDAH
tienen mayores riesgos de bajo rendimiento escolar, dificultades en el aprendizaje y
problemas de comportamiento en el aula (DuPaul & Stoner, 2014).
En el ámbito cognitivo, se ha observado que los niños con TDAH presentan
déficits en las funciones ejecutivas, las cuales incluyen habilidades como la memoria
de trabajo, la planificación, la organización y el control inhibitorio (Barkley, 2015).
Estos déficits contribuyen a las dificultades en la realización de tareas académicas
que requieren atención sostenida y autorregulación. La hiperactividad e impulsividad
pueden interrumpir el proceso de aprendizaje, no solo para el estudiante afectado
sino también para sus compañeros, al generar un ambiente disruptivo en el aula
(Willcutt et al., 2012).
Las intervenciones conductuales han mostrado eficacia en la reducción de los
síntomas del TDAH y en la mejora del rendimiento académico y social. Estrategias
como el refuerzo positivo, la implementación de sistemas de puntos y el
establecimiento de rutinas claras pueden ayudar a los estudiantes a desarrollar
habilidades de autorregulación y mejorar su comportamiento en el aula (Fabiano et
al., 2009). La participación activa de los padres y docentes es crucial en la aplicación
consistente de estas estrategias y en el seguimiento del progreso del estudiante
(Chronis et al., 2004).
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es otra intervención efectiva,
especialmente en combinación con el tratamiento farmacológico. La TCC se centra
en modificar patrones de pensamiento y comportamiento disfuncionales y en enseñar
estrategias de afrontamiento para mejorar el control de impulsos y la atención
(Safren et al., 2005). En adolescentes y adultos con TDAH, la TCC ha demostrado
mejoras significativas en el funcionamiento académico y laboral (Young &
Bramham, 2012).
Es importante destacar la alta comorbilidad del TDAH con otros trastornos,
como los trastornos de conducta, trastornos de ansiedad y trastornos del estado de
ánimo (Pliszka, 2015). La presencia de comorbilidades puede complicar el
diagnóstico y el tratamiento, y suele asociarse con un peor pronóstico si no se
abordan adecuadamente. Una evaluación integral es esencial para identificar todos
los problemas que puedan estar afectando al individuo y para diseñar un plan de
intervención efectivo (Brown & Landgraf, 2010).
En términos de impacto social, los niños y adolescentes con TDAH e
hiperactividad a menudo enfrentan desafíos en sus relaciones interpersonales. La
impulsividad y la dificultad para seguir reglas sociales pueden llevar al aislamiento y
a conflictos con pares y figuras de autoridad (Hoza, 2007). Programas de
entrenamiento en habilidades sociales han sido implementados con éxito para
mejorar las interacciones sociales y reducir comportamientos problemáticos (Kern et
al., 2015).
Además, la transición a la adolescencia y la adultez presenta nuevos desafíos
para individuos con TDAH. La hiperactividad tiende a disminuir con la edad, pero
los problemas de inatención y disfunción ejecutiva pueden persistir, afectando el
desempeño académico superior y la adaptación laboral (Sibley et al., 2017). Por lo
tanto, es crucial proporcionar apoyo continuo y adaptar las intervenciones a las
necesidades cambiantes a lo largo del desarrollo.
Finalmente, la colaboración interdisciplinaria entre profesionales de la salud,
educadores y familias es fundamental para abordar de manera efectiva el TDAH y
sus manifestaciones de hiperactividad. La educación sobre el trastorno y la
promoción de estrategias basadas en la evidencia pueden mejorar significativamente
los resultados para los individuos afectados (Evans et al., 2014).
Continuando con el marco teórico, es esencial profundizar en las estrategias
de intervención y el impacto que el TDAH tiene en diferentes ámbitos de la vida del
individuo, especialmente en el contexto educativo y social.
2.1 Intervenciones Psicoeducativas
Las intervenciones psicoeducativas son fundamentales para el manejo del
TDAH, ya que combinan técnicas conductuales y educativas para abordar los
desafíos que enfrentan los estudiantes (Evans, Owens, & Bunford, 2014). Estas
intervenciones incluyen la modificación del entorno de aprendizaje, la
implementación de técnicas de manejo conductual y el entrenamiento en habilidades
sociales y organizativas. La evidencia sugiere que cuando los docentes reciben
formación específica sobre el TDAH y aplican estrategias adaptadas, se observa una
mejora significativa en el comportamiento y el rendimiento académico de los
estudiantes (DuPaul et al., 2012).
Además, la colaboración entre padres, docentes y profesionales de la salud es
crucial para el éxito de las intervenciones. La terapia multimodal, que combina
tratamiento farmacológico, intervenciones conductuales y apoyo psicoeducativo, ha
demostrado ser más efectiva que cualquier enfoque individual (MTA Cooperative
Group, 2004). Esta estrategia integral aborda tanto los síntomas centrales del TDAH
como las dificultades asociadas en el ámbito social y académico.
2.1.2 Tratamiento del TDAH por Psicólogos
Los psicólogos también pueden tratar el TDAH a través de enfoques no
farmacológicos, como las intervenciones psicológicas y las terapias conductuales.
Algunas de las intervenciones más comunes incluyen:
Terapia cognitivo-conductual (TCC): Ayuda a los pacientes a gestionar
mejor sus síntomas, mejorar la atención, reducir la impulsividad y desarrollar
habilidades de organización.
Entrenamiento en habilidades sociales: Enseña a los niños y adolescentes a
mejorar su interacción con los demás y a manejar la frustración.
Psicoeducación: Tanto para el paciente como para la familia, se les enseña a
entender el TDAH y a implementar estrategias de manejo.
Terapia familiar: Ayuda a los padres a establecer límites claros y a mejorar
la dinámica familiar para apoyar al paciente.
4 consejos para controlar el TDAH infantil
Criar a un niño con TDAH plantea retos únicos. Como cuidador, puedes
ayudar a tu hijo a afrontar la situación encontrándole la ayuda profesional adecuada y
utilizando diversas estrategias conductuales, como:
Desarrollar rutinas: Trabajen juntos para hacer una lista de las tareas que
hay que hacer en torno al colegio, los deportes, las tareas domésticas y otras
responsabilidades. Tener un horario preestablecido puede ayudarles a no
desviarse de la tarea.
Establezca hábitos saludables: Asegúrese de que su hijo duerme lo
suficiente, sigue una dieta equilibrada y realiza actividades psíquicas con
regularidad para ayudarle a sentirse bien y minimizar los síntomas del
TDAH.
Da instrucciones claras: Da instrucciones breves y cortas que vayan
directamente al grano, e intenta mantener el contacto visual o tocar
suavemente su brazo para llamar su atención.
Elogiar: Refuerza los comportamientos positivos con elogios y céntrate en
sus puntos fuertes para aumentar su autoestima.
Cómo afrontar el TDAH en adultos
Si eres un adulto con TDAH, es posible que te cueste procrastinar, que tengas
problemas para cumplir los plazos o que te comportes de forma impulsiva. Prueba
algunas estrategias sencillas para controlar tus síntomas y mejorar tu calidad de vida:
Cíñase a un horario: Fija plazos y recordatorios para las tareas laborales y
personales. Utiliza agendas y calendarios o haz listas que te ayuden a cumplir los
plazos.
Simplifique la gestión del dinero: Establece sistemas sencillos de gestión del dinero
y pago de facturas para evitar gastos excesivos y retrasos en los pagos.
Prioriza el cuidado personal: Asegúrate de que comes sano, duermes lo suficiente y
haces ejercicio con regularidad.
Practica la atención plena: Pruebe a meditar durante breves periodos para reducir el
estrés, mejorar la concentración y disminuir la impulsividad.
2.2 Impacto Social y Emocional
El TDAH no solo afecta el rendimiento académico, sino también el desarrollo
social y emocional del individuo. Los niños con TDAH suelen experimentar
dificultades en las interacciones sociales, lo que puede conducir a aislamiento social,
problemas de autoestima y mayor riesgo de trastornos emocionales como la ansiedad
y la depresión (Hoza, 2007). La impulsividad y la hiperactividad pueden provocar
conflictos con sus pares y adultos, aumentando el riesgo de rechazo social y bullying
(Mrug et al., 2012).
Es importante destacar que las habilidades sociales pueden mejorarse a través
de intervenciones específicas, como el entrenamiento en habilidades sociales y la
terapia cognitivo-conductual, que ayudan a los niños a desarrollar estrategias para
manejar sus emociones y comportamientos en situaciones sociales (Antshel &
Remer, 2003). Estas intervenciones no solo mejoran las relaciones interpersonales,
sino que también contribuyen al bienestar emocional general del individuo.
2.3 Perspectiva a Largo Plazo
A largo plazo, el TDAH puede tener implicaciones significativas en la vida
adulta. Los adolescentes y adultos con historial de TDAH tienen mayor riesgo de
enfrentar desafíos académicos, laborales y relacionales. Estudios longitudinales
indican que el TDAH está asociado con menores tasas de finalización de estudios,
mayor desempleo y dificultades en las relaciones personales (Biederman et al.,
2006). Además, existe una mayor prevalencia de conductas de riesgo, como el abuso
de sustancias y comportamientos delictivos, especialmente en ausencia de un
diagnóstico y tratamiento adecuados (Sibley et al., 2011).
Por lo tanto, es fundamental que las intervenciones se inicien tempranamente
y se adapten a las necesidades cambiantes del individuo a lo largo de su desarrollo.
El seguimiento continuo y el apoyo en la transición hacia la adolescencia y la adultez
pueden mitigar muchos de los riesgos asociados y promover una mejor adaptación y
calidad de vida (Shaw et al., 2012).
2.4 Factores Culturales y Contextuales
Los factores culturales y contextuales también influyen en la manifestación y
percepción del TDAH. Las normas sociales, las prácticas educativas y las
expectativas familiares pueden afectar cómo se identifican y manejan los síntomas
(Singh, 2008). En algunas culturas, los comportamientos asociados con el TDAH
pueden ser menos tolerados, lo que aumenta el estigma y dificulta el acceso a los
servicios de salud mental (Hartman et al., 2007). Es esencial considerar estas
variables al diseñar e implementar intervenciones, asegurando que sean
culturalmente sensibles y relevantes.
2.5 ¿Cómo se pueden detectar señales de TDAH en los niños?
Los síntomas del TDAH pueden variar según la edad y es importante que los
padres estén alerta al respecto. Los síntomas nucleares (inatención, hiperactividad e
impulsividad) pueden aparecer a cualquier edad, pero en cada etapa vital predomina
uno sobre los demás.
En la edad preescolar (Educación Infantil), predomina la hiperactividad
combinada con impulsividad:
Nerviosismo
Movimientos constantes
Inquietud persistente
Esta actitud suele ocasionar problemas de disciplina, como obedecer órdenes
de padres y maestros, dificultad para relacionarse con los niños de su edad y
problemas de aprendizaje, como en la lectura.
En la edad escolar (Educación Primaria), la falta de atención acostumbra a
ser el síntoma primordial. Esta conducta conlleva problemas de rendimiento
académico, con la lectura, la escritura, etcétera. En ocasiones sólo se presenta con
déficit de atención, hiperactividad o impulsividad.
En la edad adolescente (Educación Secundaria), los problemas más serios
son los de impulsividad. Cualquier chico en esta edad es complicado, pero si le
sumamos dificultades en el ámbito escolar, en las relaciones sociales, en el
comportamiento… La adolescencia es una edad muy complicada en estos chicos.
Características diagnósticas según el DSM-V
La característica principal del trastorno por déficit de atención/hiperactividad
(TDAH) es un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad—impulsividad que
interfiere con el funcionamiento o el desarrollo. La inatención se manifiesta
conductualmente en el TDAH como desviaciones en las tareas, falta de persistencia,
dificultad para mantener la atención y desorganización que no se deben a un desafío
o a falta de comprensión. La hiperactividad se refiere a una actividad motora
excesiva (como un niño que corretea) cuando no es apropiado, o a jugueteos, golpes
o locuacidad excesivos. En los adultos, la hiperactividad puede manifestarse como
una inquietud extrema y un nivel de actividad que cansa a las otras personas. La
impulsividad se refiere a acciones apresuradas que se producen en el momento, sin
reflexión, y que crean un gran riesgo de dañar al individuo (p. ej., ir corriendo a la
calle sin mirar). La impulsividad puede reflejar un deseo de recompensas inmediatas
o la incapacidad de retrasar la gratificación. Los comportamientos impulsivos pueden
manifestarse como una tendencia a inmiscuirse socialmente (p. ej., interrumpir
excesivamente a los otros) y/o a tomar decisiones importantes sin tener en cuenta las
consecuencias a largo plazo (p. ej., aceptar un trabajo sin información adecuada).
En resumen, el TDAH es un trastorno complejo que requiere un enfoque
interdisciplinario para su diagnóstico y tratamiento. Los factores genéticos y
neurobiológicos interactúan con el entorno, lo que complica tanto su diagnóstico
como su manejo. Es fundamental seguir investigando sobre las intervenciones más
efectivas en el ámbito educativo, para proporcionar un apoyo integral a los
estudiantes que enfrentan este trastorno.
En Paraguay
En la república del Paraguay la Ley Nº 6.668 promulgada el 26 de agosto de 2020,
establece que el 13 de julio de cada año se conmemore el “Día Nacional de
Sensibilización sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad
(TDAH)”, en todo el territorio de la república del Paraguay.
En la mencionada ley se establece que el Ministerio de Educación y Ciencias,
impulse campañas educativas a nivel nacional, respecto de las características del
trastorno, aspectos clínicos, psicológicos, sociales y de las formas apropiadas de
prevención y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad
(TDAH).
Conclusión
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una
condición compleja y multifactorial que afecta tanto al desarrollo académico como
social de quienes lo padecen. Como se ha visto en este trabajo, los síntomas de
inatención, hiperactividad e impulsividad pueden generar grandes desafíos en el
entorno educativo, dificultando el rendimiento escolar y las relaciones
interpersonales. Además, el TDAH no solo tiene un impacto durante la infancia, sino
que puede persistir en la adolescencia y la adultez, complicando aún más el
desarrollo personal y profesional.
Es fundamental adoptar un enfoque interdisciplinario para su diagnóstico y
tratamiento, que incluya la colaboración entre profesionales de la salud, educadores y
familiares. Las intervenciones psicopedagógicas, que combinan técnicas
conductuales con adaptaciones educativas, han demostrado ser efectivas en la mejora
del rendimiento académico y la calidad de vida de los estudiantes con TDAH. A su
vez, las intervenciones farmacológicas deben estar acompañadas de estrategias
psicoeducativas para optimizar los resultados y minimizar los efectos secundarios.
Con este trabajo concluimos que, aunque el TDAH presenta desafíos
significativos, un tratamiento adecuado y un enfoque integral pueden ayudar a los
afectados a alcanzar un mejor rendimiento académico y a desarrollarse de manera
plena en su entorno social y personal. Es crucial seguir investigando para mejorar las
estrategias de intervención y ofrecer un apoyo más efectivo a quienes conviven con
este trastorno.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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%C3%A9ficit-de-atenci%C3%B3n-hiperactividad-tda-tdah
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hiperactividad-tdah
- Biblioteca y Archivo Central del Congreso de la Nación :
https://www.bacn.gov.py/leyes-paraguayas/9476/ley-n-6668-establece-el-13-de-
julio-como-dia-nacional-de-sensibilizacion-sobre-el-trastorno-por-deficit-de-
atencion-e-hiperactividad-tdah-en-todo-el-territorio-de-la-republica-del-paraguay
- Redacción Medica : Neurofeedback eficacia:
https://www.redaccionmedica.com/secciones/psiquiatria/logran-tasas-de-remision-
del-tdah-de-hasta-un-47-con-neurofeedback-2847
ANEXO
Tratamiento sin medicación del TDAH
Muchos niños son tratados farmacológicamente, pero se ha demostrado que el
mantenimiento de los cambios desaparece al dejar de tomar la medicación y además
se han observado distintos efectos secundarios como el retraso en el crecimiento, la
dificultad para ganar y retener peso, problemas de sueño o poco apetito, entre otros.
El metilfenidato es el estimulante que con más frecuencia se receta para este tipo de
casos en niños y adolescentes. Sin embargo diversos estudios han demostrado que
el neurofeedback tiene la misma eficacia que este tipo de tratamientos, los
cambios se mantienen con el tiempo y no tiene efectos secundarios.
Esta terapia avalada, en noviembre del 2012, por la Asociación de Pediatría
Americana como terapia de primer nivel para el tratamiento de TDAH.
Es un tratamiento especialmente dirigido para aquéllos padres que no desean medicar
a sus hijos, pero necesitan soluciones con una eficacia contrastada, cuyos resultados
se mantengan en el tiempo y no sean invasivas para el problema que presenta su hijo.
En qué consiste el tratamiento con neurofeedback
Durante las sesiones de neurofeedback, técnica que se encuentra dentro de las
denominadas técnicas de biofeedback, los niños toman conciencia de sus
respuestas fisiológicas y de este modo se les entrena a tomar el control de su
lóbulo frontal que es el centro responsable de las funciones ejecutivas. A través de
unos electrodos se registra la actividad eléctrica de las células cerebrales.
El neurofeedback se centra en la actividad del sistema nervioso central y la actividad
cerebral para aportar información a tiempo real.
Cómo funciona el neurofeedback
Durante una sesión tipo de neurofeedback se colocan sensores EEG en el cráneo. La
actividad eléctrica específica es detectada, amplificada y grabada. Esta información
se envía instantáneamente al terapeuta y al cliente a través de unas pantallas. El
terapeuta informa al cliente de lo que está observando y le entrena en el modo de
lograr control de su actividad cerebral para lograr niveles óptimos de la misma.
Con la ayuda de programas de videojuegos, el paciente aprende a mantener bajas la
actividad de sus ondas delta y a incrementar la actividad de sus ondas beta, de otro
modo el juego se detiene. De esta forma el paciente ejercita su cerebro y aumenta su
capacidad de atención y concentración.
Se ha estudiado y comprobado que las ondas de las personas con TDAH no tienen
una buena regulación de su lóbulo frontal. A través del neurofeedback se logra
fortalecer el funcionamiento del lóbulo frontal y se logra una mejor conexión de esta
zona cerebral con el mesencéfalo permitiendo que la atención, la concentración, los
impulsos y las reacciones emocionales sean más manejables.
Numerosos estudios indican la eficacia del Neurofeedback en el tratamiento del
TDAH; su aplicación, se realiza con frecuencia, en combinación con otras
intervenciones. Su nivel de eficacia en el TDAH es de nivel 4 Eficaz (Yucha y
Montgomery, 2008). Fuentes: American Psychiatric Association, APA
La APA reconoce el neurofeedback como una terapia complementaria basada en la
evidencia en algunos contextos, aunque subraya la necesidad de más estudios
controlados para confirmar su eficacia a largo plazo. El neurofeedback puede ser útil
como parte de un enfoque terapéutico más amplio, pero la APA recomienda que los
profesionales de la salud mental lo utilicen en combinación con otros tratamientos
establecidos, como la terapia cognitivo-conductual (TCC) o intervenciones
farmacológicas, para optimizar los resultados.
Conclusiones sobre su eficacia
Según estudios recientes y la postura de la APA, el neurofeedback ha demostrado
tener una eficacia moderada en el tratamiento de trastornos como el TDAH, aunque
sigue siendo necesario más investigación para estandarizar su uso y evaluar los
beneficios a largo plazo (Micoulaud-Franchi et al., 2015).
La Asociación Americana de Psicología (APA) no incluye el neurofeedback entre
los tratamientos de primera línea para el TDAH o los trastornos de ansiedad, pero lo
reconoce como una opción terapéutica emergente y complementaria. Se subraya que
su uso debe ser parte de un enfoque integral que combine otros tratamientos basados
en evidencia, como la TCC y, en algunos casos, la medicación.
La APA también recomienda que los profesionales utilicen criterios basados en la
evidencia antes de implementar neurofeedback, asegurándose de que los
tratamientos sean proporcionados por especialistas capacitados y que los pacientes
reciban un seguimiento adecuado.