Los taínos eran las comunidades étnicas más numerosas e importantes que habitaban las Antillas al
momento del descubrimiento. Ellos resumían los aspectos más avanzados de anteriores grupos
caribeños que desarrollaron la técnica del montículo agrícola, que construyeron bateyes o plazas
ceremoniales y practicaban rituales empleando sustancias alucinógenas. Las comunidades taínas se
desarrollaron, entre los siglos IX y XVI, en Puerto Rico, en casi toda la Isla de Santo Domingo, en el
oriente de Cuba, en parte de Jamaica, en las Islas Vírgenes y las Bahamas. En cada uno de esos
espacios, generaron una diversidad de niveles culturales, pero con menor desarrollo si los
comparamos con los grandes conjuntos culturales americanos del período pre colonial. En cuanto a
los taínos de la Isla de Santo Domingo, se reconoce que fueron eficientes agricultores. Ellos
heredaron de grupos predecesores el método de los montones agrícolas, superando la tala y la
quema de bosques que practicaban los ostionoides. Amontonando la capa vegetal de la tierra, la
más fértil, en un área circular de doce pies de diámetro y tres de altura, el rendimiento de la cosecha
era tan elevado que obtenían un excedente en la producción de yuca, maíz, batata, ají, maní y
yautía, sus cultivos más importantes. Ellos intercambiaban con otras tribus la producción sobrante,
mediante el trueque. Vivían también de la caza, la pesca y la recolección. Los taínos se organizaron
en tribus, integradas por varias familias bajo la autoridad de un jefe. La familia era monógama y
patriarcal porque el jefe de la familia, que era el padre, estaba casado con una sola mujer. En torno
al patriarca se movían sus familiares y seguidores. Si varias tribus se unían, formaban un clan,
unidades más amplias de organización social. Algunas aldeas o tribus se colocaban bajo las órdenes
de otras, constituyendo así una confederación tribal con fines guerreros, la cual dio origen al
cacicazgo. El cacique era asistido por los nitaínos, jefes militares de las unidades en que se dividía la
tribu, y también por los behíques, los curanderos y sacerdotes que servían de mediadores ante la
divinidad, teniendo así mucho poder e influencia entre el cacique 18 / Notas de historia prehispánica
y colonial y el resto de la población. En el más bajo nivel de aquella estructura social y política estaba
la población taína, la más numerosa y la encargada de realizar las actividades económicas. Existió
también un segmento social inferior a los taínos llamado naborías, considerados sirvientes de los
caciques y sus ayudantes. Es muy probable que los naborías descendieran de grupos anteriores,
absorbidos por los taínos. A pesar de esa estratificación social, no existían en la sociedad taína ni las
clases sociales ni la lucha de clases. Lo que sí sabemos es que entre ellos existió la división natural
del trabajo, pues mientras las mujeres fabricaban vasijas, tinajas, vasos y cucharas, los hombres
fabricaban canoas, hachas de piedra y los utensilios necesarios para la caza, la pesca y la defensa.
Los primeros cronistas españoles dicen que los taínos estaban organizados en cinco confederaciones
o cacicazgos con distintas denominaciones, pero con límites muy difícil de establecer. Los taínos
fueron también grandes artistas. Elaboraban la cerámica con fines rituales y para uso cotidiano.
Fabricaban ídolos y amuletos, confeccionados de piedra, madera, concha y otros materiales. Los
jefes taínos, llamados caciques, se rodeaban de un vistoso conjunto de objetos religiosos y
suntuarios que los diferenciaba de los demás. Llevaban coronas de oro, finos cinturones, collares y
otros objetos llamativos que ellos usaban en los actos ceremoniales. Los taínos alcanzaron un alto
grado de desarrollo en su cultura material. De la yuca amarga fabricaban el casabe que los hispanos
llamaban “el pan de las Indias”. Fabricaban dos tipos de viviendas, el caney, de techo cónico y forma
casi circular, y los bohíos, de forma rectangular y con marquesinas, donde el cacique recibía a sus
visitantes. Los taínos eran comunidades sin escritura, pero hablaban una lengua común. En las
cavernas que usaron de refugio, llegaron a desarrollar una especie de escritura de las ideas, a través
del arte rupestre. En cuanto a las creencias mágicas y religiosas, los taínos poseían bastante
imaginación para explicar los fenómenos de la naturaleza, aunque no de manera racional. Al igual
que las demás Filiberto Cruz Sánchez / 19 sociedades primitivas, los taínos también fueron
politeístas, creían en la existencia de varios dioses, aunque para ellos algunos dioses eran más
“fuertes” que otros. Al poseer los más fuertes, los caciques se hacían respetar por toda la población,
pues tenían el privilegio exclusivo de ponerse en contacto con ellos mediante una ceremonia
llamada Rito de la Cohoba, en la que previamente el cacique inhalaba una sustancia alucinógena que
además de hacerle perder el conocimiento, lo ponía en comunicación con los grandes dioses y unos
espíritus protectores llamados cemíes que servían de intermediarios entre los dioses y los caciques.
En las ceremonias religiosas, los behíques desempeñaban también una función muy importante,
pues organizaban y dirigían los ritos religiosos y curaban a los enfermos. Ellos también se
comunicaban con los dioses y cemíes. Por eso tenían mucho poder y prestigio social. Considerados
hombres sabios, debían mantener vivas entre la población tanto las creencias religiosas como las
tradiciones taínas. Esas tradiciones se conservaban en relatos míticos y en canciones legendarias
llamadas areítos, las fiestas y cantos corales que servían de canal para la supervivencia de las
tradiciones taínas que la ominosa presencia de los invasores no pudo desaparecer por completo.