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Deje Que Dios Pelee Sus Batalla - Joyce Meyer

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INTRODUCCIÓN

Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla.


Simplemente, quédense quietos en sus puestos, para que
vean la salvación que el Señor les dará. ¡Habitantes de
Judá y de Jerusalén, no tengan miedo ni se acobarden!
Salgan mañana contra ellos, porque yo, el Señor, estaré
con ustedes.
2 Crónicas 20:17, NVI

Todos nosotros enfrentamos distintas batallas en nuestras vidas.


Nadie se escapa de los problemas y desafíos, los cuales a
menudo llamamos “las tormentas de la vida”. Las buenas noticias
son que Dios ya conoce lo que Él hará cuando enfrentamos las
dificultades; Él tiene un plan donde nos dará la victoria. En 2
Crónicas 20 nos dice que no necesitamos pelear nuestras propias
batallas porque nuestras batallas son del Señor, no nuestras.
Todo lo que necesitamos hacer es tomar nuestra posición y
permanecer ahí hasta que venga nuestra victoria.
¿Cuál es nuestra posición? Yo considero que es adorando a
Dios.
Si nuestra fe no está puesta completamente en Dios, cada vez
que una tormenta se levante en nuestras vidas, lo primero que
sucede es que perdemos nuestra paz y comenzamos a sentir
miedo. Nuestro enemigo, Satanás, introduce pensamientos de “y
qué si” en nuestras mentes, y a menudo comenzamos a pensar
que hasta tendremos el peor de los desenlaces. Tan pronto eso
sucede, debemos darnos cuenta de lo que está pasando: El
enemigo está tratando de impedir que cumplamos la voluntad de
Dios y veamos los planes buenos que Él tiene para nosotros.
Dios quiere que seamos totalmente libres de todo temor. Él no
quiere que vivamos atormentados, y tampoco quiere que el temor
nos detenga de hacer confiadamente lo que Él nos dirige a hacer.

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Cuando tenemos un entendimiento claro del perfecto amor
incondicional de Dios por nosotros, realizamos que Él siempre
tendrá cuidado de todo aquello que nos concierne. Tal
conocimiento eventualmente nos libera del temor. En la medida
que adquirimos más experiencias con Dios y vemos que siempre
Él nos cuida y provee de aquello que necesitamos, comenzamos
a tener más confianza.

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor


echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo.
De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el
amor.
1 Juan 4:18

Dios se mueve en nuestro favor cuando nos enfocamos en Él


en lugar de nuestros miedos. Los pensamientos o sentimientos
de temor son nada más que tentativas del enemigo para
distraernos de Dios y su voluntad para nuestras vidas. En
ocasiones, podemos sentir temor en nuestras vidas, pero
podemos confiar en Dios, y si necesitamos hacer algo aun
cuando nos sentimos atemorizados, podemos hacerlo. Esta teoría
de “hacerlo con todo y miedo” es algo que Dios comenzó a
enseñarme muchos años atrás. Lo pude ver cuando Él le dijo a
Josué “no temas” (Josué 8:1), le estaba advirtiendo, de hecho,
que el temor trataría de detenerlo de cumplir el plan de Dios para
su vida; que en lugar de que el temor lo controlara, necesitaba ser
fuerte y armarse de valor, y seguir adelante. Él necesitaba pelear
y ganar la batalla contra el temor para que así pudiera
experimentar la victoria de cumplir el plan de Dios y disfrutar todo
lo que Dios tenía para él.

Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino un


espíritu de poder, de amor y de buen juicio.
2 Timoteo 1:7, DHH

Cuando sentimos temor o comenzamos a tener pensamientos


atemorizantes, lo primero que debemos hacer es orar. A menudo
digo: “Ore por cualquier cosa y no tema a nada”. Debemos

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ponernos la meta de buscar a Dios hasta que sepamos que
hemos vencido nuestros miedos mental y emocionalmente.
Mientras buscamos a Dios, estamos enfocándonos en Él y no en
nuestros temores. Le adoramos por quién es Él y expresamos
nuestra gratitud por las bondades que Él ha hecho, está haciendo
y continuará haciendo.
Dios tiene nuevas oportunidades y grandes cosas guardadas
para nosotros. Para recibirlas, necesitamos dar pasos de fe. En
ocasiones, eso significa hacer cosas que no sentimos hacerlas o
que aun pensamos que no funcionarán. Nuestra confianza y
reverencia hacia Dios debe ser mucho más de lo que pensamos,
queremos o sentimos.
El enemigo nos presenta toda clase de tormentas en nuestras
vidas. Él también trata de usar el temor en muchas formas
diferentes para evitar que experimentemos todo lo que Dios tiene
para nosotros. Aun cuando sintamos temor, necesitamos
enfocarnos en Dios. Él tiene un plan de batalla para nosotros, y Él
nos dará el valor y la fe para recibir la paz, las victorias y las
bendiciones que Él tiene para nosotros.
En este libro, usted leerá mucho sobre la alabanza y la
adoración, y quizá se pregunte cuál será la diferencia entre
ambas. Creo que una de las maneras de explicarlo es que
alabamos a Dios por todos sus actos maravillosos, y le adoramos
por quién es Él. Si nuestras vidas están llenas a plenitud de
ambas, veremos a Dios pelear nuestras batallas por nosotros y
experimentaremos victorias jubilosas.

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PARTE 1

EL PLAN DE BATALLA DE DIOS

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CAPÍTULO 1

Fase 1: Escuche directamente a Dios

En 2 Crónicas 20:1, varios tipos de “itas” vinieron contra el rey


Josafat y el pueblo de Judá: los moabitas y los amonitas. En otras
partes del Antiguo Testamento, están también los “eos”: jebuseos,
heteos, amorreos, ferezeos, heveos y cananeos. Todos eran
enemigos del pueblo de Dios. En este tiempo, como creyentes,
enfrentamos algunas clases de “itas” y “eos”: temor-eos,
enfermedad-itas, ansiedad-itas, pobreza-itas, inseguridades-itas,
rechazo-eos, y muchos otros.
Así que déjeme preguntarle algo: ¿Le persiguen los “itas” y
“eos”? ¿Cuántas cosas vienen contra usted ahora mismo? Para
ayudarle a que conozca cómo lidiar con ellos, veamos lo que el
rey Josafat hizo cuando enfrentó a sus enemigos. Él volvió su
atención a Dios en lugar de enfocarse en todos los “itas” que
trataban de derrotarlo, destruirlo y tomar su reino.

Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo:


Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar,
y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es
En-gadi. Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su
rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno
a todo Judá.
2 Crónicas 20:2-3

Cuando Josafat escuchó que los “itas” venían contra él, lo


primero que hizo fue atemorizarse. Pero entonces hizo algo más:
humilló su rostro para consultar a Jehová. Determinó escuchar a
Dios, y hasta proclamó ayuno por toda la tierra por tal motivo. Él
sabía que necesitaba escuchar a Dios. Necesitaba un plan de

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batalla, y sólo Dios podría darle uno que garantizaría la victoria.
La primera fase del plan de batalla de Dios es combatir el
temor escuchando a Dios. Romanos 10:17 nos enseña que “la fe
es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Este versículo no se
refiere a la palabra escrita de Dios, pero a la palabra hablada de
Dios, llamada rema en griego (el idioma original del Nuevo
Testamento). En otras palabras, cuando escuchamos la palabra
de Dios, la fe inunda nuestros corazones y se lleva el temor.
Josafat sabía que tenía que escuchar a Dios, y usted y yo
tenemos esa misma necesidad.
Dios nos puede hablar dándonos una paz interna, dándonos
una idea creativa, calmando nuestras emociones revueltas, o
llenando nuestros corazones con una seguridad absoluta de que
todo estará bien en cierta situación. En el 1989, yo necesité
escuchar a Dios de esas maneras.
Fui al médico para un examen de rutina. Él descubrió un
pequeño nódulo en mi seno y quiso hacerme una biopsia de
inmediato. No pensé que sería algo serio, pero el resultado
mostró un tipo de cáncer agresivo, y los doctores recomendaron
altamente una cirugía inmediata.
Recuerdo caminar por el pasillo de mi casa, acosada por el
temor tan fuertemente que sentía que podría caerme al piso.
Sentía que mis rodillas realmente colapsarían. Cada noche
cuando iba a la cama, me era difícil quedarme dormida. Cuando
podía dormir, no era un sueño bueno o reparador, sino todo lo
contrario. Casi a menudo, despertaba, y cuando lo hacía, los
temores se apoderaban de mi mente.
Cáncer es una palabra que casi siempre trae consigo gran
temor. No importa cuántos amigos o familiares me dijeron que
Dios tendría cuidado de todo, todavía batallaba con el temor,
hasta que una mañana bien temprano, cerca de las tres de la
mañana, Dios me habló muy adentro de mi corazón y me dio la
seguridad absoluta de que Él tendría cuidado de mí. Después de
eso, no volví a experimentar esa repugnante e incapacitante
sensación de temor otra vez.
Luego de mi cirugía, estuve inquieta mientras esperaba por los
resultados de las pruebas de mis nódulos linfáticos para ver si iba
a necesitar tratamiento adicional. Pero me mantenía creyendo

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que estaba en las manos de Dios, y cualquier cosa que
sucediera, Él tendría cuidado de mí.
Todo resultó que no necesitaría tratamiento adicional. Nos
dimos cuenta, de hecho, que por medio de la detección temprana,
Dios había salvado mi vida. Terminé siendo agradecida en lugar
de ser temerosa.

Busque a Dios, no al método

Cuando Josafat escuchó que un gran ejército se estaba


reuniendo para venir contra Judá, él supo lo que haría y lo que no
haría. Él no buscó el consejo de otras personas: amigos,
familiares o aun de sus sabios consejeros militares; él fue
determinado en escuchar a Dios.
Josafat probablemente había luchado en otras batallas antes,
pero ¿por qué no simplemente usó algunos de los métodos que
había usado antes? No importa cuántas veces algo ha funcionado
en el pasado, puede que en la crisis actual no funcione a menos
que Dios le confiera algo fresco o una nueva estrategia. Él puede
permitir que un método viejo sea efectivo, pero también Él puede
darnos una dirección que antes no teníamos. Debemos siempre
buscar a Dios, no a los métodos.
Dios usa métodos, pero ellos no tienen el poder a menos que
Él obre a través de ellos. Enfocarse en un método es tan
insensato e inefectivo como enfocarnos en nuestros temores.
Nuestro enfoque, nuestra fuente de provisión, debe ser Dios, y
solamente Dios. Nuestras respuestas no están en los métodos,
están en la relación con Dios.
Josafat sabía que a menos que oyera a Dios, estaría vencido.
Esa necesidad de oír al Señor fue lo que la Amplified Bible en
inglés llama su “vital necesidad” (2 Crónicas 20:3). Algunas cosas
las hacemos sin ella, pero otras son necesarias y vitales. Josafat
sabía que la dirección de Dios era vital.
Usted puede estar en una situación similar a la de Josafat.
Usted, igualmente, puede necesitar una palabra o una dirección
clara de parte de Dios. Puede que usted sienta que, como la
persona que se está ahogando, está a punto de desfallecer.
Puede estar necesitando desesperadamente una palabra de

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parte del Señor si va a sobrevivir.
Cobre aliento. Dios quiere hablarle aun más de lo que usted
quiere escuchar de Él. Búsquelo a Él, no al método, dándole su
tiempo y la atención necesaria, y no se arrepentirá.

Muéstrele a Dios su sinceridad

Josafat proclamó ayuno a todo Judá, y el pueblo se reunió para


pedir la ayuda de Dios, unidos de todo corazón.

Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a


Jehová; y también de todas las ciudades de Judá
vinieron a pedir ayuda a Jehová. Entonces Josafat se
puso en pie en la asamblea de Judá y de Jerusalén, en
la casa de Jehová, delante del atrio nuevo; y dijo:
Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en
los cielos ?
2 Crónicas 20:4-6

Josafat proclamó un ayuno para mostrar su sinceridad a Dios.


Cuando tenemos un problema, es bueno que pasemos tiempo
adicional con Dios, quizá usar el tiempo que pasamos comiendo o
viendo televisión para orar y buscar la sabiduría de Dios. En lugar
de pasar una tarde con sus amigos hablándoles de sus
problemas y pidiéndoles consejo, utilice ese tiempo para ir donde
Dios primero. Estos tipos de acciones muestran que usted sabe
que oír a Dios es vital. He aprendido que buscar significa
perseguir, desear e ir tras algo con todas tus fuerzas. En otras
palabras, una persona que busca es como el hambriento en
búsqueda de alimento para poder mantenerse vivo. El proceso de
búsqueda es así de intenso.

Dígale a Dios sobre Él mismo

En lugar de presentar su problema inmediatamente al Señor,


Josafat comenzó a decirle al Señor sobre cuán poderoso era Él.
Tornó su enfoque en el Señor en lugar de mantenerlo en su
problema.

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Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en
los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de
las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder,
que no hay quien te resista?
2 Crónicas 20:6

En lugar de decirle a Dios solamente de nuestros problemas,


necesitamos decirle sobre Él mismo, acerca de quién es Él,
acerca del poder de su nombre y del poder de la sangre de su
hijo Jesús, acerca de las grandes cosas que Él ha hecho y las
que Él puede hacer. Luego de que lo hayamos alabado y adorado
en esa forma, podemos comenzar a mencionarle nuestros
problemas. Debemos entrar a la presencia de Dios con acción de
gracias y venir ante su trono con alabanza (ver Salmo 100:4).
Cuando pienso sobre esto, pienso sobre mis hijos. No me
gustaría que entraran corriendo por la puerta de la casa y me
dijeran lo que necesitan sin siquiera decirme: “Hola, mamá,
¿cómo estás?”. No quisiera que ellos pasaran tiempo conmigo o
me prestaran atención sólo cuando tienen problemas. Yo quiero
que compartan tiempo conmigo más a menudo. El mismo
principio aplica a todos nosotros con respecto a Dios. No
queremos ser personas que sólo lo buscan cuando estamos en
problemas, sino que necesitamos tener comunión con Él todo el
tiempo.
Dios llamó a Abraham su amigo. Eso es lo que yo deseo ser
también: una persona que pasa tiempo con Él cuando las cosas
van bien y cuando no lo están. El Señor no sólo es nuestra
solución a los problemas; Él es nuestro todo, y necesitamos
relacionarnos con Él de esa manera.

“Ahora, Señor, mira nuestros problemas”

Si prestamos atención a lo que el Señor está diciendo a través de


2 Crónicas 20:7-11, aprenderemos algo que cambiará nuestro
plan de batalla. Nos dará una nueva manera de lidiar con
nuestros problemas por el resto de nuestras vidas y abrir el
camino para obtener victoria tras victoria.

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Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta
tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la
descendencia de Abraham tu amigo para siempre? Y
ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella
santuario a tu nombre, diciendo: Si mal viniere sobre
nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre,
nos presentaremos delante de esta casa, y delante de
ti (porque tu nombre está en esta casa), y a causa de
nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y
salvarás. Ahora, pues, he aquí los hijos de Amón y de
Moab, y los del monte de Seir, a cuya tierra no quisiste
que pasase Israel cuando venía de la tierra de Egipto,
sino que se apartase de ellos, y no los destruyese; he
aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de la
heredad que tú nos diste en posesión.
2 Crónicas 20:7-11

Luego de comenzar su oración reconociendo cuán grande,


formidable, poderoso y maravilloso es el Señor, Josafat empezó a
relatar sobre actos específicos que Dios había ejecutado en el
pasado para proteger a su pueblo y sostuvo las promesas que Él
les hizo a ellos. Y al final de su petición, empezó a expresar su
confianza en que el Señor manejaría el problema. Josafat
básicamente dijo: “Ah, por cierto, nuestros enemigos vienen
contra nosotros para tratar de quitarnos la posesión de nuestra
herencia. Yo pensé mencionarte este pequeño problema. Pero tú
eres tan grandioso, que sé que ya tú lo tienes todo bajo control”.
A menudo he escuchado que nuestras alabanzas deben superar
nuestras peticiones, y estoy totalmente de acuerdo.
Nosotros podemos y debemos siempre pedirle a Dios por
nuestras necesidades, pero no creo que todo nuestro tiempo de
oración deba consumirse en aquello que necesitamos. Debemos
siempre incluir la alabanza, la adoración, la acción de gracias, y la
intercesión por otros.
Dios tiene un plan para nuestra liberación antes que nuestros
problemas aparezcan. A Él no le sorprende cuando el problema
se presenta. Él no está en el cielo ansioso tratando de ver qué
puede hacer. Él está en control. Nuestra parte es enfocarnos en

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Él y su maravilloso poder, adorarlo y alabarlo por la manifestación
de su solución, y escuchar la palabra de dirección de parte de Él.

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CAPÍTULO 2

Fase 2:Admita su dependencia de Dios

¡Oh Dios nuestro! ¿No los juzgarás tú? Porque en nosotros


no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra
nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros
ojos.
2 Crónicas 20:12

La segunda fase del plan de batalla de Dios para Josafat se


encuentra en 2 Crónicas 20:12. Aquí Josafat le admitió a Dios
abiertamente su completa inhabilidad para lidiar con el problema.
Como Josafat, necesitamos darnos cuenta que no podemos
solucionar los problemas que enfrentamos en la vida. No tenemos
las respuestas para cada pregunta. No sabemos cómo lidiar con
cada situación que enfrentamos. No somos diferentes a Josafat
en eso; hay momentos en donde simplemente no sabemos qué
hacer. En lugar de dar vueltas tratando de ver cómo
solucionamos las cosas que no podemos solucionar hasta
terminar completamente frustrados y agotados, necesitamos
permitirle a Dios hacer por nosotros lo que no podemos hacer por
nosotros mismos.
Por años, traté arduamente de cambiarme a mí misma sin
ningún éxito. Traté afanosamente por mucho tiempo de romper
con malos hábitos, solo para fracasar una y otra vez. Traté de
alterar las cosas en mi vida de manera diferente, de hacer que mi
ministerio creciera y que fuera sanada. Constantemente estaba
batallando contra mis “itas”. Recuerdo haber querido darme por
vencida simplemente porque estaba tan exhausta de tratar de
pelear mis propias batallas.
Seguía tratando, sin éxito, cada vez hasta que un día me puse

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un poco melodramática al respecto, tratando de impresionar a
Dios con lo miserable que me sentía. Dije algo así como: “Dios,
ya no puedo más. Hasta aquí llegué. Se acabó. Nada de lo que
hago está funcionando. Me doy por vencida. No voy a hacer esto
más”.
En ese preciso momento, dentro de mí, sentí la voz del
Espíritu Santo diciéndome: “¿De veras?”.
Era casi como si Él estuviera emocionado. Quizás sea porque,
a menudo, el único momento que Él puede obrar en nosotros es
cuando llegamos a estar tan exhaustos que finalmente decidimos
rendir todo a Dios.
Tratar de hacer lo que Dios solamente puede hacer nos
agotará bien rápido. ¿Por qué no dejar a un lado su propio
esfuerzo y seguir el ejemplo de Josafat? Admítale a Dios que
usted no tiene fuerza para enfrentar a sus enemigos y no sabe
qué hacer, sino que busca su dirección y liberación.
Tres cosas bien importantes hizo Josafat. La primera, él
reconoció que no tenía fuerza para luchar contra sus enemigos.
La segunda, él admitió que no sabía qué hacer. Y tercera, dijo
que sus ojos se volvían a Dios. Diciendo estas tres cosas, Josafat
se colocó a sí mismo en posición de recibir un milagro.

Total dependencia en Dios

Jesús dijo: “… porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan


15:5). La primera vez que leí este versículo, aún no había
empezado a darme cuenta de cuán cierto es. Era una persona
muy independiente, y Dios comenzó a resaltarme esta escritura
en mis primeros pasos de mi caminar con Él. Una de las claves
para recibir algo de parte de Dios es una total dependencia en Él.
Sin fe, no podemos agradar a Dios (ver Hebreos 11:6). La fe es el
canal por el cual nosotros recibimos de Él, y la Amplified Bible en
inglés describe esa fe sincera como la inclinación de toda la
personalidad humana en una confianza absoluta “en su poder,
sabiduría y bondad” (2 Timoteo 1:5).
Tenemos que apoyarnos, confiar y depender enteramente en
Dios, tomando todo el peso de nuestras cargas y problemas de
nosotros mismos y poniéndolo todo sobre Él. Piense de este

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modo: Cuando me desplomo en un cómodo sillón, estoy poniendo
mi total dependencia en que ese sillón me sostendrá. Tomo todo
el peso de mí misma y lo pongo todo en ese sillón. Es increíble
que muchas veces confiemos más en un sillón que en Dios. A
menudo decimos que nos apoyamos en Dios, y quizás lo
hacemos parcialmente, pero se nos hace difícil apoyarnos
completamente en Él. En ocasiones, tenemos un plan alterno en
caso de que Dios no llegue a tiempo.
Veamos un resumen de lo que sabemos hasta ahora acerca
de cómo Josafat obtuvo las directrices para pelear su batalla
cuando los “itas” vinieron contra él. Sabemos que él mismo se
propuso buscar a Dios y hasta comenzó a ayunar. Sabemos que
empezó a hablar con Dios sobre su increíble bondad y fidelidad.
Y sabemos que no le mencionó el problema a Dios hasta
después que lo alabó y adoró. Luego que hizo todas esas cosas,
él abiertamente admitió su total dependencia en Dios. Él dijo que
a menudo se nos hace duro tener que decir: “No sé qué hacer”.
Josafat no se sintió débil o inepto cuando no supo qué hacer,
ni tampoco nosotros deberíamos. Él le dijo a Dios: “No sabemos
qué hacer, y aun si lo supiéramos, no tendríamos la fuerza para
hacerlo”. Al decir esto con sinceridad, se colocó a sí mismo en
una posición de total dependencia en Dios. Él lo hizo al inicio de
la batalla, enseñándonos que mientras más pronto confiemos
totalmente en Dios, más pronto vendrá nuestra victoria.
Sin la ayuda de Dios no podremos cambiar nada en nuestras
vidas. No podemos cambiarnos a nosotros mismos, nuestros
cónyuges, nuestras familias, nuestros amigos o nuestras
circunstancias. Verdaderamente, separados de Dios, nada
podemos hacer que pudiera tener un valor duradero y se haga de
forma correcta.
A menudo tratamos de descifrar las cosas que no nos
competen aun con respecto a nuestra forma de pensar, y
renunciamos a la paz y el gozo cuando no le damos a Dios el
control total sobre nuestras vidas. Algunas cosas son
simplemente muy difíciles para nosotros entenderlas, pero no hay
nada difícil para Dios. Dios es infinito, mas nosotros somos seres
humanos finitos con limitaciones. Dios tiene un conocimiento
incomparable, pero el nuestro es limitado (ver 1 Corintios 13:9).

17
Conocemos algunas cosas, pero no lo conocemos todo. Hay
algunas cosas que solo necesitamos dejarla como están. Nunca
podremos conocerlo todo, pero podemos madurar a un nivel
donde estemos satisfechos con saber que hay Uno que sí lo
conoce todo. Cuando llegamos a ese nivel, entramos en el
descanso de Dios, el cual además libera el gozo en nuestras
vidas.
Una de las declaraciones más liberadoras que podemos decir
es: “Señor, yo no sé qué hacer, y aun si lo supiera, no podría
hacerlo sin ti. Mis ojos están puestos en ti, Señor. Voy a esperar y
ver lo que harás con respecto a esta situación, porque no hay
absolutamente nada que yo pueda hacer al respecto, a menos
que me des dirección”.
Cuando somos enfrentados ante situaciones difíciles o
imposibles, el enemigo puede susurrar una y otra vez en nuestras
mentes: “¿Qué vas a hacer? ¿Qué vas a hacer ahora?”. Nuestras
amistades podrían decirnos: “Oí de tu situación. ¿Qué vas a
hacer?”.
Estos son los momentos donde debemos decir: “Yo voy a
hacer lo que Josafat hizo. Voy a dejársela al Señor, y a esperar
en Él. Él hará algo maravilloso, ¡y voy a disfrutar viendo lo que Él
hará!”.

Esperar en el Señor

Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus


niños y sus mujeres y sus hijos.
2 Crónicas 20:13

Yo creo que 2 Crónicas 20:13 es un “versículo poderoso” cuando


lo aplicamos a nuestras vidas. Estar quietos es una acción desde
la perspectiva divina, una acción espiritual. Usualmente nosotros
tomamos acción en el ámbito natural, pero espiritualmente no
hacemos nada, sino esperar en Dios y estar quietos ante Él.
Josafat tomó una acción espiritual. Él estaba básicamente
diciendo: “Señor, voy a esperar en ti hasta que tú hagas algo
respecto a esta situación. Mientras tanto, voy a disfrutar mi vida
mientras espero en lo que tú vas a hacer”.

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Disfrutar la vida mientras esperamos en lo que Dios hará no es
ser irresponsables. Jesús dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar
y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que
la tengan en abundancia” (Juan 10:10).
Somos tentados a pensar que no hacemos nuestra parte si no
nos preocupamos o tratamos de descifrar algún tipo de solución.
Debemos resistir esa tentación porque ella impide nuestra
liberación en vez de beneficiarla.
Confrontados por una fuerza abrumadora que descendía sobre
ellos para tomarlos por esclavos y destruir su tierra, todo Judá
vino y estuvo de pie ante el Señor. Mientras, todo ese tiempo el
enemigo les atacaba con pensamientos como: “Y tú ¿qué vas a
hacer?”, “Y tú ¿qué vas a hacer?”.
Pero ellos sólo estaban de pie, esperando en el Señor.
En Isaías 40:31 leemos: “… pero los que esperan a Jehová
tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas;
correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.
Podemos necesitar las fuerzas que acumulamos durante esta
espera, para ejecutar lo que Dios nos ordene hacer, en el
momento en que nos lo indique. Quienes esperan en el Señor
son los únicos que reciben respuestas y que tienen suficientes
fuerzas para seguir la dirección de Dios, una vez que la reciben.

Esperar por respuestas

Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías, hijo de Benaía,


hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de
Asaf, sobre el cual vino el Espíritu de Jehová en medio
de la reunión; Y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros
moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os
dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta
multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra,
sino de Dios.
2 Crónicas 20:14-15

Cuando todo Judá estaba reunido ante el Señor, uno de ellos


comenzó a profetizar. El Espíritu de Jehová vino sobre él porque
todos ellos estaban esperando en Dios.

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Cuando aprendemos a buscar a Dios y a esperar en Él, nos
dará una respuesta, que puede ser muy directa y sencilla. Dios le
dijo a Judá que no temieran porque la guerra no era de ellos, sino
de Él. Eso no suena muy místico ni con mucha profundidad
espiritual, pero era lo que necesitaban oír.
¡Qué buena habrá sido la noticia para Josafat y el resto del
pueblo: “…no es vuestra la guerra, sino de Dios”. Eso no
significaba que ellos no tendrían que hacer nada; sino que Dios
iba a señalarles su parte. Ellos podrían hacerla en la fuerza y
sabiduría del Señor, pero la batalla era de Él y la victoria también.
Luego de esa palabra de aliento, siguió otra de instrucción,
como veremos más adelante. Debemos esperar en el Señor
hasta que Él nos haya dicho lo que vamos a hacer—y luego,
hacerlo en sus fuerzas, que hemos acumulado mientras
esperábamos en Él.

20
CAPÍTULO 3

Fase 3: Tome su posición

Mañana descenderéis contra ellos; he aquí que ellos


subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo,
antes del desierto de Jeruel. No habrá para qué peleéis
vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la
salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no
temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque
Jehová estará con vosotros.
2 Crónicas 20:16-17

Este pasaje enseña al pueblo de Judá la posición que debe


tomar para la batalla. Siempre pensé que su posición y la nuestra
era estar quietos. Aunque esto es cierto, había otra orden
igualmente importante. Luego de recibir aquel mandato del Señor,
Josafat se inclinó sobre sus rodillas, el rostro en tierra, y adoró
(ver el versículo 18). ¡Wao! La adoración era la posición que le
correspondía en ese momento, y en esa adoración también podía
estar quieto. La posición reverente de poner el rostro en tierra es
una postura de combate. Estar de rodillas con las manos
levantadas es una postura de combate.
David dijo de Dios que Él “adiestra mis manos para la batalla”
(Salmo 144:1). Yo creo que a él se le enseñó a levantar las
manos en adoración y rendición al Señor, y se dio cuenta de que
ésa era una postura de combate. Quizás cuando David tocaba
sus instrumentos musicales, sus dedos estaban peleando.
Alabanza, adoración, cántico, la Palabra de Dios, gozo: todas
estas cosas son armas de guerra.

Nuestras armas no son carnales

21
Porque las armas de nuestra milicia no son carnales,
sino poderosas en Dios para la destrucción de
fortalezas.
2 Corintios 10:4

Nuestras armas no son naturales. No son algo que el mundo


pueda entender, ni que se pueda ver operando en el campo de lo
natural. Pero en el reino de Dios, ellas operan. Cuando los
israelitas iban a la guerra, generalmente enviaban a Judá al frente
del ejército. ¿Por qué? Porque Judá representaba la alabanza.
Iban a la batalla con sus adoradores delante de ellos.
Al igual que los israelitas, debemos aprender a pelear a la
manera de Dios, no a la del mundo. Efesios 6:12 dice: “Porque no
tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados,
contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de
este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones
celestes”. En otras palabras, nuestra guerra no es contra la gente
(carne y sangre); es contra Satanás, el enemigo de nuestras
almas. Por lo tanto, tomamos la posición de batalla en el campo
espiritual cuando nos mantenemos firmes en nuestro lugar y
adoramos al Señor.
Efesios 6:13-14 también nos dice: “Por tanto, tomad toda la
armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y
habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes…”.
Estar firmes significa entrar o habitar en el reposo de Dios. No
es descansar físicamente, sino espiritualmente. Cuando me paro
firme en mi lugar, me rehúso a ceder. Persevero en la convicción
de que Dios me dará la salida. Estoy habitando (permaneciendo
continuamente) en Él.
En la lucha contra nuestros enemigos espirituales, nuestra
posición está en Cristo. Es habitar y descansar en Él. Es darle
alabanza y adoración. Cuando se enfrente con alguna crisis y no
sepa qué hacer, siga las instrucciones que Dios les dio a Josafat
y a su pueblo: Tome su posición (adoración); párese firme y vea
la salvación del Señor. Cálmese. Dígale a su mente que no
intente buscar respuestas, y concéntrese en Dios. Abra su boca,
y cante las alabanzas que sienta en su corazón. En el Salmo
32:7, Dios dice que nos dará cánticos de liberación. Dios los da,

22
pero nosotros debemos cantarlos para que sean efectivos contra
las fuerzas del maligno.
La adoración a Dios no es una práctica reservada para las
reuniones de la iglesia, sino también como adoración privada en
nuestra vida diaria. No siempre podemos postrarnos, levantar
nuestras manos o cantar en alta voz; quizá estemos en lugares
donde es inapropiado. Pero en nuestros corazones siempre
podemos adorar, en cualquier momento y en cualquier lugar.

Postrarse, levantarse, adorar a Dios

Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo


todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron
delante de Jehová, y adoraron a Jehová. Y se
levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos
de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con
fuerte y alta voz.
2 Crónicas 20:18-19

Trate de imaginar lo que ocurrió en esta situación. Primero, todo


el mundo se postró para adorar al Señor. Una posición de
humillación ante Él. Luego, algunos de ellos se pusieron de pie y
comenzaron a alabar a Dios “con fuerte y alta voz”.
Pienso que postrarse ante el Señor es algo que necesitamos
hacer regularmente, así como ponerse en pie para adorarle. No
es necesario que nos enfrasquemos en cuáles posturas o
posiciones son correctas, pero sí necesitamos adorar a Dios
consistentemente, porque creemos que Él merece nuestra
adoración y porque nuestros corazones rebosan de amor y
reverencia hacia Él.
Si tiene un negocio que está pasando por problemas
financieros y usted está en una situación donde ya no sabe qué
hacer, le recomiendo que vaya a su oficina, cierre la puerta,
arrodíllese, alce sus manos y agradezca a Dios porque Él es
bueno y Él tiene cuidado de todos sus problemas. Incluso puede
hacer esto varias veces al día, especialmente cuando comience a
sentirse abrumado.

23
Crea y permanezca firme

Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al


desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat,
estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de
Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis
seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.
2 Crónicas 20:20

Luego que hubo adorado y alabado al Señor, el pueblo salió a


encontrarse con su enemigo. Note que salieron a encontrarse con
el enemigo después de haber adorado y alabado, no antes.
Mientras salían, Josafat les recordó que debían tener presente
la palabra que el Señor les había dado el día antes, y no dudar de
ella. Quizá algunos de nosotros necesitemos recordar algo que el
Señor nos ha dicho en el pasado. Dios puede darnos una palabra
de consuelo o dirección, y nos entusiasmamos, nos llenamos de
fe, y nos sentimos audaces y capaces a conquistar al enemigo.
Pero también puede suceder que la hayamos olvidado,
especialmente si ha pasado mucho tiempo y no se ha cumplido,
en cuyo caso será necesario volver a acordarnos de ella. Por
ejemplo, el Nuevo Testamento nos relata una historia donde
Timoteo se sentía temeroso y desanimado, pero Pablo lo animó a
recordar las palabras de la profecía que le fue dada en el
momento de su ordenación (ver 1 Timoteo 4:14; 2 Timoteo 1:6-7).
Josafat dijo al pueblo que creyera a sus profetas y que
recordara la palabra dada por el profeta el día anterior, que la
guerra no era de ellos sino de Dios. El enemigo le susurrará toda
clase de mentiras, pero la palabra de Dios es verdadera. Acuda a
la Palabra escrita de Dios o a una palabra personal que Él le haya
dado en algún momento, y recuerde que Dios no puede mentir.
Sus promesas son seguras, y puede depender de ellas.
Permanezca firme en la fe, y será liberado.

Cante alabanzas y dé gracias

Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que


cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos

24
sagrados, mientras salía la gente armada, y que
dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es
para siempre.
2 Crónicas 20:21

En este versículo se encuentra la esencia de esta fase del plan


de batalla de Dios para Josafat y su pueblo, y aun para nosotros:
Cantar al Señor; alabarlo y glorificarlo, darle gracias a Él.
Mientras iban a la guerra, el pueblo ofrecía alabanzas diciendo:
“¡Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre!”.
Cantar y glorificar a Dios dándole gracias no parecería ser lo
adecuado en el momento del problema; pero créanme, eso es
exactamente lo que debemos hacer. Muchas cosas carecen de
sentido para nosotros, pero no significa que no debamos
hacerlas. Confiamos tanto en lo que nuestras mentes nos dicen
que no nos damos cuenta que nuestro patrón de pensamientos
ha sido programado erróneamente por tantos años de operar en
el sistema de pensamiento del mundo. Por eso Romanos 12:2
nos enseña que debemos renovar continuamente nuestras
mentes con la Palabra de Dios, para que comprobemos cuál sea
su buena voluntad para nuestras vidas.
Permítame darle un ejemplo de cuánta efectividad tiene la
alabanza a Dios mientras atravesamos una situación difícil.
Años atrás estaba teniendo fuertes dolores de cabeza, por lo
que el doctor me recetó algunas medicinas. La medicina me hizo
sentir como si un tren de carga atravesara mi cabeza. Realmente
escuchaba un rugido tan fuerte dentro de ella, que me parecía
que me estaba volviendo loca.
Había tomado el medicamento durante un día, y esa noche
cuando me fui a la cama no podía dormir. Estaba enferma del
estómago; sentía en la cabeza el rugido más el dolor, y el
enemigo me atacaba con mentiras. En mi familia había
antecedentes de enfermedad mental y Satanás estaba tomando
ventaja de eso, diciéndome que estaba perdiendo la razón.
Mientras todo esto me estaba pasando cerca de las dos de la
mañana, mi esposo Dave dormía. La casa estaba bien silenciosa
y me sentía completamente sola con mi dolor. Creí que iba a
vomitar, así que me levanté y fui al baño.

25
Sentada en el piso del baño con la cabeza apoyada en el
asiento del inodoro, escuché claramente al Espíritu Santo que me
decía: “Canta”.
Me sentía deprimida, con ganas de llorar, miserable y, además,
enojada con mi esposo Dave, porque él seguía durmiendo
mientras yo estaba sufriendo. Pero sabía que si yo
verdaderamente estaba esperando una respuesta de parte de
Dios, necesitaba obedecerle y nos dejarme llevar por mis
sentimientos.
Mientras me preguntaba qué cantar, pensé en un himno
antiguo que no había escuchado desde hacía años, titulado “A
solas con Jesús”. Me hacía acordar de Jesús y cómo sufrió en el
Huerto de Getsemaní. Seguramente, si Él pudo soportarlo, yo
también podía. Obedeciendo a Dios, abrí mi boca y comencé a
croar la canción. En poco tiempo, comencé a sentirme mejor y
pude irme a la cama y me dormí.
Espero que este ejemplo le haya animado a cantarle a Dios
cuando el problema llega a su vida. Josafat pudo haber sentido lo
mismo que yo en el piso de aquel baño, miserable y quizás
queriendo darse por vencido, pero él fue obediente a Dios, y esa
fue la clave para vencer a su enemigo.

Solo adore

Cuando tengamos una necesidad en nuestra vida, vayamos a


Dios en actitud de adoración en lugar de estar rogándole que la
supla. Santiago 4:2 declara que no tenemos lo que deseamos
porque no pedimos. Así que podemos pedir, para que nuestra
necesidad sea conocida, pero no de un modo mendicante. Somos
cristianos, no mendigos.
Mateo 6 nos enseña que cuando oremos no usemos vanas
repeticiones, las mismas frases una y otra vez, pensando que
seremos escuchados por toda nuestra palabrería. La calidad es
mucho más importante que la cantidad. A menudo, tenemos la
idea errónea de que mientras más largas sean las oraciones más
efectivas resultarán, pero no es cierto.
Personalmente, creo que muchas veces decimos tanto que ya
ni sabemos lo que queríamos pedir al principio. De hecho, yo me

26
he encontrado diciendo tantas cosas en la oración que me
confundí. Hace unos años, Dios estuvo tratando esto conmigo, y
me desafió a que comenzara a pedirle lo que deseaba y
necesitaba de una manera sencilla, usando la menor cantidad
posible de palabras. Eso requirió que aprendiera una nueva
disciplina, pero comencé a hacerlo. Luego utilizo el resto de mi
tiempo esperando en su presencia o simplemente adorándolo a
Él. He encontrado que esto es mucho más refrescante y efectivo.
En ocasiones, me doy cuenta de que vuelvo a mi antiguo método,
pensando que ‘más’ es ‘mejor’, pero el Señor vuelve a
recordarme que la sencillez es poderosa.
Creo que la mejor manera de ver que nuestras necesidades
son cubiertas, es pedir lo que queremos o necesitamos, y luego
adorar a Dios porque Él es lo que necesitamos. Él no sólo nos da
lo que necesitamos, sino que Él es lo que necesitamos. Cuando
necesitamos paz, Él es nuestra paz. Cuando necesitamos saber
que somos limpiados, justos y sin culpa ante Él, Él es nuestra
justificación. Cuando necesitamos gozo y fortaleza, Él es nuestro
gozo y su gozo nos da fortaleza.
Me he dado cuenta de que cuando adoro a Dios por uno de
sus atributos, veo que ese atributo es liberado a mi vida. Si
necesitamos misericordia, debemos comenzar a alabar y adorar a
Dios por su misericordia. Si necesitamos provisión o recursos
financieros, debemos comenzar a alabar y adorar a Dios porque
Él ya nos ha prometido que nunca careceremos de ningún bien
(ver Salmo 84:11). Cualquier cosa que necesite, lo mejor que
puede hacer es orar, alabar y adorer a Dios. En la medida que
recuerde su necesidad en los próximos días y semanas,
agradezca a Dios que ya Él ya escuchó su oración y está en el
proceso de obrar en su situación. Dele gracias por las buenas
cosas que ya vienen en camino.

Liberación a través de la adoración

Algunas veces estamos bajo tanta presión mental o emocional


que sentimos que necesitamos algo de liberación. La adoración
trae esa liberación. Mientras adoramos al Señor, vamos soltando
esa carga de emociones y pensamientos que nos afligen. En la

27
medida que nos enfocamos en la inmensidad y grandeza de Dios,
esa carga comienza a desvanecerse.
Le animo a que empiece su adoración temprano en la
mañana, incluso antes de levantarse de su cama. Adore mientras
se prepara para el trabajo; adore mientras se dirige a cumplir sus
obligaciones. Si hace eso, se asombrará al ver cómo las cosas
comienzan a cambiar en su hogar y en su trabajo por la manera
en que Dios comienza a obrar. La adoración se enfoca en la
persona de Dios, su carácter, bondad, fidelidad, gracia, amor, y
en muchos otros atributos maravillosos.
La murmuración, el descontento y la manía de criticar, o ser
negativo, crean una atmósfera propicia para que el enemigo
actúe. Pero la adoración hace exactamente lo contrario; crea una
atmósfera donde Dios puede obrar.
La adoración nos transforma. Cuando comenzamos a adorar a
Dios por los cambios que está haciendo en nosotros, notamos
que esos cambios empiezan a manifestarse más y más, y
experimentamos nuevos niveles de la presencia de Dios, su
poder y bondad en nuestras vidas. Mientras adoramos, estamos
en posición de recibir estas cosas y todo lo que Dios tiene para
nosotros.

28
CAPÍTULO 4

Fase 4: El Señor trae la liberación

Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza,


Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del
monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían
contra Judá, y se mataron los unos a los otros.
2 Crónicas 20:22

Este versículo nos dice que mientras el pueblo de Judá cantaba


alabanzas a Dios, Él hizo que sus enemigos cayeran en sus
propias emboscadas y se mataran unos a otros. La alabanza hizo
confundir al enemigo.
¡Extraordinaria noticia! El pueblo de Dios determinó buscar a
Dios en lugar de vivir atemorizado. Le expresaron a Dios lo
grandioso que es; no se movieron, sino que esperaron en Él. Dios
les envió un profeta con una palabra, diciéndoles que la guerra no
era de ellos sino suya. Les ordenó que tomaran sus posiciones y
estuvieran firmes. Ellos alabaron y adoraron. Josafat escogió
cantores para que cantaran y alabaran, y el Señor derrotó a sus
enemigos confundiéndolos de tal forma, ¡que se mataron unos a
otros!
En el libro de los Jueces vemos otro ejemplo de liberación que
Dios hace a través de un plan de batalla, que en lo natural, no
funcionaría.

Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es


Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él,
acamparon junto a la fuente de Harod; y tenía el
campamento de los madianitas al norte, más allá del
collado de More, en el valle. Y Jehová dijo a Gedeón:

29
El pueblo que está contigo es mucho para que yo
entregue a los madianitas en su mano, no sea que se
alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha
salvado. Ahora, pues, haz pregonar en oídos del
pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca,
madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y
se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y
quedaron diez mil.
Jueces 7:1-3

Gedeón estaba enfrentando una gran batalla, pero en lugar de


decirle a Gedeón que le daría más hombres, Dios le dice que
tiene demasiados como para darle la victoria. Es interesante ver
que, en ocasiones, Dios obra mejor a través de nuestras
debilidades que a través de nuestras fortalezas. Hay
oportunidades en que estamos obteniendo demasiadas cosas en
lo natural como para que Dios, además, nos dé la victoria. No
podemos esperar el milagro de nadie más, sino de Dios. Dios le
estaba diciendo a Gedeón que eran demasiado fuertes en sí
mismos, así que quería llevarlos a una posición en la que
debieran depender totalmente de Él.

Permita que el temeroso regrese a casa

El Señor instruyó a Gedeón para que todos los hombres que


tuvieran temor, regresaran a sus casas; veintidós mil de ellos lo
hicieron, quedando sólo diez mil para enfrentar a todo un ejército.
Eso nos dice que eran más los hombres que tenían miedo,
que quienes no lo tenían. ¿Cuántas veces Dios pone en nuestro
corazón algo para hacer, pero se presenta el temor y
comenzamos a titubear y nos volvemos indecisos? Dios dice: “No
temas, porque yo estoy contigo” (Isaías 41:10). Esta es la razón
número uno por la que no tenemos que doblegarnos ante el
temor ni permitirle que controle nuestro destino. Dios está con
nosotros y nos protegerá si ponemos nuestra confianza en Él.

Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo;


llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo

30
te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de
cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal
no irá. Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová
dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con
su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte;
asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus
rodillas para beber. Y fue el número de los que
lamieron llevando el agua con la mano a su boca,
trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se
dobló sobre sus rodillas para beber las aguas.
Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos
hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré
a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás
gente cada uno a su lugar.
Jueces 7:4-7

Cuando leí por primera vez este pasaje, me preguntaba de


qué se trata todo eso de arrodillarse y lamer el agua, así que le
pedí al Señor que me ayudara a entenderlo. Él me guió a buscar
en las notas de otra Biblia que normalmente no utilizo para
proveerme una explicación de ese incidente.
La escena pudo haber sido la siguiente: Todos los hombres
estaban sedientos. Cuando vieron el agua, algunos de ellos
corrieron, se inclinaron sobre sus rodillas, metieron la cara en el
agua y comenzaron a beber. Otros, en cambio, usaron sus manos
como copas para sacar agua y beber. Los que usaron sus manos
para sacar agua aún podían mirar a su alrededor y estar atentos
al enemigo mientras bebían. Estos permanecieron alertas y listos
para hacer su trabajo mientras que los demás sólo pensaron en
satisfacer su sed y no prestaron atención a lo que sucedía a su
alrededor. Estaban tan emocionalmente absortos en mitigar su
sed que perdieron la oportunidad de ser parte del milagro que
Dios haría.
Así como estos soldados, podemos estar tan ocupados en
nuestras propias necesidades, que perdemos la voluntad de Dios
para nuestras vidas. Los trescientos hombres que bebieron el
agua con sus manos mostraron sabiduría, diligencia, y la
disposición de estar atentos a sus alrededores, pendientes al

31
enemigo mientras satisfacían su sed. Esta es la clase de gente
que Dios escoge para trabajar con ellos.

Mantenga su vista fija en Dios

Y habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus


trompetas, envió a todos los israelitas cada uno a su
tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía
el campamento de Madián abajo en el valle. Aconteció
que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y
desciende al campamento; porque yo lo he entregado
en tus manos. Y si tienes temor de descender, baja tú
con Fura tu criado al campamento, y oirás lo que
hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y
descenderás al campamento. Y él descendió con Fura
su criado hasta los puestos avanzados de la gente
armada que estaba en el campamento. Y los
madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente
estaban tendidos en el valle como langostas en
multitud, y sus camellos eran innumerables como la
arena que está a la ribera del mar en multitud. Cuando
llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando
a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé
un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el
campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó
de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo,
y la tienda cayó.
Jueces 7:8-13

Aquí vemos nuevamente a Gedeón recibiendo la palabra que


necesitaba de Dios, que esta vez venía en forma de sueño.
Gedeón tenía mucha necesidad de ese aliento, ya que su ejército
de treintidós mil hombres se había reducido a un puñado de sólo
trescientos. El ejército enemigo era tan inmenso que parecía
como la arena del mar. El sueño le hacía saber a Gedeón que su
pequeño ejército no derrotaría a su enemigo por medios
naturales, sino que Dios les daría la victoria por medios
sobrenaturales.

32
Cuando estudié este pasaje de la Biblia, aprendí que el pan de
cebada era considerado inferior en muchas maneras al pan
hecho con “harina cernida”. Pero en el sueño de Gedeón el pan
de cebada era suficiente para darle la victoria. El Señor le
demostró a Gedeón que si un pan de cebada insignificante podía
ser usado para aplastar el campamento enemigo, él también
podía ser usado por Dios. El Señor no estaba tratando de
menoscabar a Gedeón, sino simplemente estaba tratando de
llevarlo a la posición en que todos debemos estar: reconocer que
sin Dios, nada podemos hacer. Esta historia nos debe animar,
como a Gedeón, que no necesitamos los mejores recursos de
acuerdo al estandar del mundo para ganar nuestras batallas.
Todo lo que debemos hacer es mantener nuestra vista fija en
Dios.
Hace poco estuve en un gran evento en Tulsa, Oklahoma. Se
celebró con el fin de alcanzar a los pobres y necesitados en la
ciudad, y me habían pedido que hablara. El evento se realizó en
un estadio de béisbol de pequeñas ligas, y el podio estaba en el
área del home plate. También estaba lloviendo ese día, por lo que
la gente que asistiera se iba a mojar, a menos que trajeran
paraguas, y la mayoría de ellos no los tenían. Yo me iba a mojar
también, pero estaba dispuesta a hacerlo solo si la gente venía.
Dios me recordó otra vez cuando en otra ocasión Él llenó la casa
a pesar de la lluvia y confié en que Él podía hacerlo de nuevo.
Diez mil personas se presentaron, y toda la actividad de alcance
para la gente necesitada de allí fue un gran éxito.
Las malas circunstancias no detienen a Dios. Él puede liberar
con muchos o con pocos, y Él puede tener éxito en tiempo de
sequía o de lluvia.
Cuando los compañeros de Gedeón regresaron, supieron que
Dios había hablado, y después de compartir las buenas nuevas
con Gedeón, ellos adoraron.

Reciba la palabra y adore

Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa


sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de
Israel. Dios ha entregado en sus manos a los

33
madianitas con todo el campamento. Cuando Gedeón
oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró; y
vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos,
porque Jehová ha entregado el campamento de
Madián en vuestras manos.
Jueces 7:14-15

Tan pronto como Gedeón recibió la instrucción personal de Dios,


comenzó a hablar de la batalla como si ya estuviera ganada.
Empezó a alabar y adorar a Dios como si la victoria ya fuera un
hecho. No esperó a ver los resultados de la batalla, sino que
proclamó el triunfo del Señor.
Me asombra ver cuán a menudo la gente que Dios usa deja de
adorar. Esto me ha enseñado una gran lección sobre cómo lidiar
con las batallas de la vida, y oro para que haga el mismo efecto
en usted.
En Éxodo 15, los israelitas cruzaron el Mar Rojo en seco,
mientras sus enemigos perecieron ahogados. Una vez cruzaron
al otro lado, cantaron una alabanza a Dios. Estaban todos
emocionados, danzando y tocando sus tamborines. Cantaron por
largo rato acerca de la grandeza de Dios, después de haber visto
la manifestación de su poder. Cantaron la canción correcta, pero
quizás la cantaron en el lado equivocado del río.
Ciertamente, podría ser una tragedia no alabar y adorar a Dios
después de las victorias, pero el hecho de que los israelitas
reconocieron el milagro que Dios hizo es bueno. Pero Gedeón
hizo algo mejor que fue adorar a Dios antes de ver la victoria. Él
sólo tuvo que oír y creer que la victoria venía de camino, y
comenzó a adorar a Dios. Este tipo de fe obtiene la atención de
Dios.
Deuteronomio 1:2 nos dice que el viaje de los israelitas a
través del desierto hasta llegar a la Tierra Prometida les habría
tomado cerca de once días. Sin embargo, les tomó cuarenta
años.
Cuando echamos un vistazo al patrón de adoración de los
israelitas, después de la liberación que Dios hizo, posiblemente
podemos entender por qué anduvieron tanto tiempo por el
desierto cuando intentaban hacer un viaje relativamente corto.

34
Ellos adoraron luego de ver el milagro, pero la mayor parte del
tiempo estaban murmurando y quejándose de sus circunstancias
mientras deambulaban en círculos alrededor de las mismas
montañas. Si hubieran cantado y adorado más a Dios, podrían
haber cruzado el desierto y llegado a la Tierra Prometida mucho
antes.
Debemos seguir el ejemplo de Gedeón, no el de los israelitas,
y adorar a Dios antes de que Él obre a nuestro favor, creyendo
que Él es por nosotros y confiando en que Él ganará nuestras
batallas. ¡La adoración debe venir antes de la victoria, así como
después de obtenerla!

Deje que el Señor pelee su batalla

Y repartiendo los trescientos hombres en tres


escuadrones, dio a todos ellos trompetas en sus
manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de
los cántaros. Y les dijo: Miradme a mí, y haced como
hago yo; he aquí que cuando yo llegue al extremo del
campamento, haréis vosotros como hago yo. Yo tocaré
la trompeta, y todos los que estarán conmigo; y
vosotros tocaréis entonces las trompetas alrededor de
todo el campamento, y diréis: ¡Por Jehová y por
Gedeón! Llegaron, pues, Gedeón y los cien hombres
que llevaba consigo, al extremo del campamento, al
principio de la guardia de la medianoche, cuando
acababan de renovar los centinelas; y tocaron las
trompetas, y quebraron los cántaros que llevaban en
sus manos. Y los tres escuadrones tocaron las
trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la
mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas
con que tocaban, y gritaron: ¡Por la espada de Jehová
y de Gedeón!
Jueces 7:16-20

Cuando Dios envió al pequeño ejército de Gedeón a combatir con


el de los madianitas, muy superior en potencia y número, Él a
propósito colocó algo en cada mano de cada hombre para que no

35
pudieran pelear. De esa manera, ninguno podía sacar su espada
y comenzar a pelear su propia batalla. Dios envió trescientos
hombres quienes no tenían temor y estaban enfocados en lo que
estaban llamados a hacer, y no pelearía su propia batalla.
Tendrían que depender completamente de Él para pelear la
batalla en su lugar. Todo lo que debían hacer era romper los
cántaros, sostener las antorchas, y gritar: “¡Por la espada de
Jehová y de Gedeón!”. En otras palabras, todo lo que tenían que
hacer era mostrar la luz y alabar a Dios.
Las instrucciones de Dios a Gedeón fueron diferentes de las
que se le dieron a Josafat. A pesar de que su intención era la
misma: darles la victoria. Por eso, debemos buscar y escuchar a
Dios por nosotros mismos. No podemos hacer algo sólo porque
otra persona lo hizo; Dios nos dirige individualmente. Él nos
dirigirá a aquello que funciona para nosotros, no necesariamente
para lo que funciona en otro.

¿Qué sucedió?

Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en


derredor del campamento; entonces todo el ejército
echó a correr dando gritos y huyendo. Y los trescientos
tocaban las trompetas; y Jehová puso la espada de
cada uno contra su compañero en todo el
campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, en
dirección de Zerera, y hasta la frontera de Abel-mehola
en Tabat.
Jueces 7:21-22

El resultado final de la batalla de Gedeón fue el mismo de


Josafat. Cuando el ejército del Señor hizo lo que Dios le ordenó
hacer, el enemigo comenzó a correr. Una vez más, cuando el plan
de batalla de Dios se pone en acción por fe en Él, resulta en un
éxito total.

36
PARTE 2

TRANSFORMADOS POR MEDIO DE


LA ADORACIÓN

37
CAPÍTULO 5

No luche, adore

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne…


Efesios 6:12

Cuando hacemos guerra espiritual, debemos recordar que los


adversarios con quienes luchamos son Satanás y sus demonios,
no sangre y carne: es decir, no peleamos contra otras personas,
ni contra otros, ni contra nosotros mismos.
Probablemente nuestra mayor guerra es la que hacemos
contra nosotros mismos, porque el enemigo es un maestro en
tornar la gente a pelear contra ellos mismos. El conflicto nace de
comparar el lugar donde estamos espiritualmente con aquel
donde consideramos que deberíamos estar. Podemos lidiar,
pensando que debimos haber alcanzado más de lo que hemos
logrado en la vida. Podemos sentir que hemos fracasado en
nuestros trabajos o relaciones, o en muchas otras áreas. Pero
una cosa es cierta: No cambiaremos nada frustrándonos o
peleando. Sólo Dios puede pelear nuestras batallas internas y
triunfar.
Se hace muy difícil llegar al punto donde podamos ser
honestos con nosotros mismos acerca de nuestras faltas,
pecados y fragilidades, y a la vez se hace difícil entender que
estamos bien con Dios por medio de la justicia que Jesús nos
otorgó. Quiénes somos en Cristo es diferente de lo que hacemos.
Muchos cristianos irán al cielo porque han sido salvos, pero
que nunca disfrutarán del viaje, pues no aprendieron a disfrutar ni
de sus propias vidas ni de Dios. La razón por la que nunca
disfrutan de sus vidas, es porque tienen un conflicto interno y
privado consigo mismos por todas sus insuficiencias. La razón
por la que nunca disfrutan de Dios, es porque sienten
continuamente que Dios no está complacido con ellos, y hasta

38
está enojado por sus flaquezas. Luchan continuamente consigo
mismos, están en permanente guerra, siempre con el mismo
conflicto.
Una vez hice un estudio titulado “¿Se ha convertido en una
prueba para usted mismo?”. Casi siempre estamos hablando de
nuestras pruebas y problemas, pero a menudo los problemas
más grandes somos nosotros mismos. Tenemos más problemas
con nosotros mismos que con el diablo o con otras personas.
Algunas veces somos nuestro peor enemigo, ¡pero hay buenas
noticias! Podemos ser cambiados mientras adoramos y
contemplamos a Dios; no en cómo nos vemos a nosotros mismos
y nuestras flaquezas, sino en cómo lo vemos a Él.

Estamos cambiando

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta


como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados de gloria en Gloria en la misma imagen,
como por el Espíritu del Señor.
2 Corintios 3:18

La mayoría de nosotros queremos cambiar. Queremos ver


cambios en nuestra conducta y tener un continuo progreso hacia
donde nos queremos dirigir. Queremos ser más estables
emocionalmente o más amorosos, o mostrar más del fruto del
Espíritu. Queremos ser amables y buenos con las personas,
aunque no sintamos ser buenos o estar bien, o cuando no
tengamos un día bueno.
No podemos hacer nada de eso en nuestras fuerzas, pero
Dios nos ha dado el Ayudador, el mismo Espíritu Santo, para
auxiliarnos en ser como Jesús. Mediante el poder del Espíritu
Santo que está en nosotros, podemos ser capaces de reflejar
dulzura, bondad y amabilidad, aunque las cosas no sean como
esperamos. Podemos ser capaces de mantener la calma cuando
todo a nuestro alrededor parece dar vueltas, cuando todo parece
conspirar contra nosotros para hacernos impacientar, enojar y
perder la serenidad.
Mucho antes de que mi hijo más pequeño sacara su licencia

39
de conducir, Dave y yo le ayudamos a conseguir un auto. Por
supuesto, él esperaba ansioso poder conducirlo lo antes posible.
Como cualquier joven, había hecho planes para salir con su auto
la primera noche que tuviera su licencia. Deseaba ir a la reunión
de estudio bíblico de su grupo, en una área de la ciudad lejos de
nuestra casa. Dave le había dicho que no quería que condujera
esa noche, porque estaba nevando y era peligroso por la
distancia.
Nos preguntó si al regresar del estudio bíblico podría salir con
su auto, y le respondimos que posiblemente podría hacerlo. Pero
a su regreso, nevaba copiosamente. Una vez más se sintió
desilusionado cuando le dijimos que no podía sacarlo esa noche
por el mal tiempo.
La mañana siguiente, las carreteras estaban muy resbaladizas
y todavía seguía nevando. Dave se fue a su trabajo, y luego me
llamó y me pidió que le dijera a nuestro hijo que no podía sacar el
auto todavía. Ya en ese punto, nuestro hijo se puso furioso,
aunque estaba segura de que, en lo profundo de su ser, él sabía
que no era lo más prudente.
Le dije a mi hijo que se calmara. “Es un solo día de tu vida”, le
dije. “Ya tendrás muchos más para conducir tu auto”.
Traté de explicarle cómo Dios nos prueba, nos estira y nos
despliega a través de esas pruebas, a menudo preparándonos
para futuras bendiciones. Mis palabras de ánimo no parecieron
ayudar mucho, aunque sabía exactamente cómo se sentía, pues
yo había pasado por eso cientos de veces. Probablemente, usted
también.
Les cuento esta historia porque ésa es nuestra reacción
normal cuando las cosas no salen como queremos. Nuestras
emociones se exaltan y comienzan a volar en todas direcciones.
Uno de mis objetivos personales es mantener la serenidad
cuando las cosas no salen a mi manera. He mejorado muchísimo
a través de los años, pero puedo asegurar que no hice ningún
progreso positivo hasta que aprendí que no puedo cambiar por mí
misma. Aprendí que el amor de Dios por mí no está basado en
mis ejecutorias, sino por su gracia. Aprendí a buscar a Dios,
esperando en Él y adorándole, para aprender que Él pelearía mis
batallas por mí.

40
Yo necesitaba grandes cambios en mi vida. Había sido
abusada sexual, mental y emocionalmente durante mi niñez, y
como resultado de esas experiencias tenía muchos problemas.
Era rebelde a la autoridad, especialmente a la masculina; tenía
malas actitudes; no confiaba en las personas; sentía lástima de
mí misma; era rencillosa, entre muchos otros problemas, y sentía
que todo el mundo estaba en deuda conmigo.
Cuando miro hacia atrás me doy cuenta que a través de los
años he cambiado muchísimo. Pero todo fue sucediendo poco a
poco. Así es como Dios nos cambia. Saca a luz algo, y espera
hasta que decidimos entregárselo; cuando lo hacemos, va
formando su carácter en esa área de nosotros.
La cantidad de tiempo que requieren los cambios dependerá
de: 1) cuánto tiempo nos tome reconocer ante Dios que tenemos
el problema que Él dice que tenemos; 2) cuánto tiempo nos lleve
dejar de dar excusas o de echarles la culpa a otros; 3) cuánto
tiempo le demos vueltas a la situación, tratando de cambiarla
nosotros mismos; 4) cuánto tiempo pasemos estudiando su
Palabra, esperando y adorando, confiando en que Él realmente
está obrando en nosotros mientras lo buscamos.
Dios siempre está trabajando en nosotros, en nuestras familias
y en nuestras circunstancias. Siempre está presente. Dios se
llama a sí mismo el “Yo Soy” (Éxodo 3:14), no “El que era” o “El
que será”, sino “Yo Soy”. El que está presente y listo para trabajar
en nuestras vidas. Pero es un caballero y no hará su tarea en
nosotros por la fuerza, sino que debe ser invitado. Mientras
descansamos bajo su poderosa mano, Él comienza a moldearnos
hacia lo que había sido su intención original, antes de que
sucumbiéramos ante la influencia del mundo. Definitivamente, Él
hará un buen trabajo si nos ponemos en sus manos.

Disfrute su vida

Dios comienza a moverse en la medida en que liberamos nuestra


fe. Dios podría aun cambiarlo mientras lee este libro, si usted
confía en que Él lo haga. Él tomará los principios divinos y su
palabra para obrar tanto en usted como en su situación, mientras
usted se sienta y disfruta de su presencia.

41
Algunas personas se consumen por el deseo de ser vistos
como perfectos por los demás. Se odian a sí mismos cada vez
que cometen algún error. Esta aversión y rechazo hacia ellos
mismos, puede transformarse en problemas más graves. Esa
actitud no solo les causa problemas a ellos mismos y en su
relación con Dios, sino que también los provoca en su vinculación
con otras personas. Todas nuestras relaciones se fundan en
cómo nos vemos a nosotros mismos. Si no nos llevamos bien con
nosotros mismos, tampoco podemos llevarnos bien con los
demás. ¡No podemos amarnos y respetarnos a nosotros mismos
a menos que sepamos cuánto Dios nos ama!
Si usted está peleando permanentemente consigo mismo, y no
está disfrutando su vida, es una gran tragedia. Como nuestra
lucha no es contra sangre ni carne (ver Efesios 6:12), su lucha no
es contra usted, sino contra principados y poderes demoníacos
que durante años han levantado fortalezas en su vida mediante
engaños. Cada vez que usted estudia y medita en la verdad de la
Palabra de Dios, esos engaños quedan al descubierto. La verdad
nos hará libres si permanecemos en ella (ver Juan 8:32).
Dios nos transforma de gloria en gloria (ver 2 Corintios 3:18),
poco a poco, un paso a la vez. Lo más importante que debe
recordar al respecto es que no olvide disfrutar en donde está
mientras se dirige hacia la próxima. (Para más información,
busque mi libro Disfrute donde está camino a donde va). No
compare la gloria donde está ahora con la gloria en que está
algún amigo o familiar, que parece ser de un grado mayor. Somos
individuos, y Dios trabaja de modo diferente con cada uno en
particular, de acuerdo con lo que Él sabe que necesitamos y que
podemos manejar.
Puede ser que no note cambios a diario, pero puede disfrutar
su vida cada día, y con el correr de los años, verá ha hecho
cambios en usted poco a poco. Le animo a que se mantenga
creyendo que Dios está obrando, tal como dijo que lo haría.
Cuando piense que no está ocurriendo cambios, continúe
esperando en Dios y adórele. Siga creyendo que Él le ama
incondicionalmente. Al pasar el tiempo, verá que Él ha estado
obrando todo el tiempo y usted ha sido transformado a su
imagen.

42
Nuestro objetivo: ser como Cristo

Porque a los que antes conoció, también los predestinó


para que fuesen hechos conformes a la imagen de su
Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos
hermanos.
Romanos 8:29

El objetivo número uno de nuestra vida cristiana debe ser


asemejarnos a Cristo. Jesús es la “imagen misma de su
sustancia” [del Padre] (Hebreos 1:3), y nosotros tenemos que
seguir sus pisadas. Jesús vino como el pionero de nuestra fe para
mostrarnos, mediante el ejemplo, cómo debemos vivir y
conducirnos en la vida. Debemos conducirnos con las personas
de la forma en que Jesús lo hizo. Nuestra meta no es ver cuánto
éxito podemos lograr en los negocios o cuán famosos podemos
ser, sino ser como Cristo. Esto no puede suceder a menos que
aprendamos a dejar que la gracia de Dios nos cambie, en lugar
de estar luchando tratando de cambiarnos a nosotros mismos.
Nuestra respuesta al amor de Dios es querer ser como Él
Cuando proclamamos ser cristianos, necesitamos responder
con acciones que respalden lo que decimos creer. Ofrecer
perdón, ser misericordiosos, y amar es una de las mejores
maneras que podemos hacerlo, pero eso solo puede pasar si
hemos recibido el perdón, la misericordia y el amor de Dios.
Nuestras vidas deben provocar en otros hambre y sed de lo que
tenemos en Cristo. La Biblia se refiere a nosotros como la sal,
que pone a la gente sedienta, y la luz, que expone y saca a las
personas de la oscuridad (ver Mateo 5:13-14).
No tenemos que haber llegado a ser perfectos para testificar a
otros, pero tampoco podemos esperar impresionarlos con nuestra
fe mientras seguimos siendo carnales.
Si se lo permitimos, Dios nos transforma de gloria en gloria
cuando escudriñamos su Palabra. Vemos su imagen en la
Palabra de Dios escrita y ésta se convierte en un espejo para
nosotros. En otras palabras, nos vemos a nosotros mismos a la
luz de la Biblia y nos damos cuenta de lo que necesitamos
cambiar, al encontrar las directrices y la fuerza necesaria en ella

43
para hacerlo. A medida que oramos respecto a los cambios que
necesitamos y deseamos, y buscamos a Dios para que los haga,
Él nos va a ir transformando poco a poco, y cada vez vamos a ser
más parecidos a Jesús.
Una vez Dios comienza a cambiarnos mientras nosotros
confiamos en que Él lo hace, podemos estar seguro que Él
completará su obra en nosotros. La Biblia nos dice en Filipenses
1:6 que Aquel que comenzó la buena obra en nosotros la
terminará: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en
vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de
Jesucristo”.

El precio a pagar

Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la


carne, vosotros también armaos del mismo
pensamiento; pues quien ha padecido en la carne,
terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta
en la carne, conforme a las concupiscencias de los
hombres, sino conforme a la voluntad de Dios
1 Pedro 4:1-2

Sacrificio y padecimiento no siempre son palabras populares


entre los cristianos, pero no obstante, son términos bíblicas,
frecuentemente mencionados por Jesús. Él pagó el precio
completo por todos nuestros pecados, y damos gracias que
jamás tendremos que pagar por ellos. Pero para ser cristianos
maduros espiritualmente o “el ser como Cristo” no puede
obtenerse sin “morir a uno mismo”. Eso simplemente significa
decirle sí a Dios y no a nuestros deseos egoístas. Me encanta
decir que necesitamos “morir para realmente vivir”.
La voluntad de Dios siempre nos dirige a un gozo y
satisfacción profundos, pero se necesita algún tiempo para llegar
a experimentarlos. Necesitamos llegar al final de nuestra
testarudez y voluntariedad. Al principio, cuando comenzamos a
ceder cosas y a permitir cambios inspiradores de Dios en
nuestras vidas, nuestra carne sufrió. En otras palabras, nuestra
carne se inclinaba hacia otra cosa y no quería ceder su propio

44
plan. No quería sacrificarse, estar incómoda, ser molestada ni
esperar.
En la primera carta de Pedro 4:1-2, declara que debemos
tener la misma actitud de Cristo, quien padeció en la carne por
nosotros. En otras palabras, debemos pensar: Prefiero padecer
en la voluntad de Dios que padecer fuera de la voluntad de Dios.
Cuando estamos dispuestos a ceder nuestra propia
independencia y someternos a la voluntad de Dios para nuestras
vidas, aceptamos un tipo de sufrimiento que lleva a una victoria
gloriosa, a vivir una vida verdadera, ¡de la manera que Dios
quiere que la vivamos! El sufrimiento que nos lleva a gozar de
una vida buena, eventualmente desaparece y es reemplazado
con descanso, relajamiento y una paz y un gozo increíbles. Pero
si permanecemos fuera de la voluntad de Dios, sufriremos un tipo
de miseria y padecimiento que nunca pasará o nos lleva a un
quebrantamiento.
Cuando hablo de sufrimiento, no me refiero a pobreza,
enfermedades y desastres. Estoy hablando del sufrimiento que
tiene la carne cuando no puede hacer lo que quiere. La carne
está compuesta del alma—mente, voluntad, emociones—y el
cuerpo, o de la manera que somos y hacemos. Tenemos todo
eso, pero primero y sobre todo somos seres espirituales,
llamados por Dios a andar en el Espíritu (ver Gálatas 5:16). Esto
quiere decir simplemente que debemos dejarnos guiar por el
Espíritu Santo, quien reside dentro del espíritu humano de cada
creyente en Cristo. El Espíritu Santo está para ser Guía y Él nos
guía a toda verdad (ver Juan 16:13)y hacia la perfecta voluntad
de Dios.
Por ejemplo, si Dave y yo tenemos un argumento y sentimos
tensión y conflicto entre nosotros, puedo sentir al Espíritu Santo
instándome a tomar la iniciativa para hacer la paz. No quisiera ser
la primera que busque disculparse, pero si por mi terquedad
rehuso seguir las indicaciones del Espíritu Santo, sufriré la
miseria de saber que he sido desobediente, y estaré enojada, lo
cual me hace sentir más miserable todavía. Sin embargo, si me
trago mi orgullo, a pesar de que es doloroso hacerlo, y hago lo
que el Espíritu Santo me inquieta a hacer, entonces ese
sufrimiento momentáneo en la carne me conduce al gozo y la

45
paz.
Por eso le exhorto encarecidamente a que se disponga a
pagar el precio de hacer la voluntad de Dios en su vida; ¡el
premio bien vale la pena!

46
CAPÍTULO 6

La adoración interna y externa

Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se


doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.
Romanos 14:11

No sólo necesitamos tener las actitudes correctas y adorar a


Dios en nuestros corazones, pero además necesitamos expresar
nuestra adoración de manera externa. Podemos demostrar con
nuestras acciones la adoración y la reverencia que tenemos para
con Dios de diferentes formas. Creo que una de esas maneras es
cuando tomamos la Comunión, que algunos grupos llaman La
Santa Cena, y otros la Eucaristía. Primera de Corintios 11:26 dice:
“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis
esta copa, la muerte del Seños anunciáis hasta que él venga”.
Es importante que demostremos con nuestras acciones lo que
creemos en nuestro corazón. Cuando tomamos la Comunión,
estamos expresando nuestra fe con nuestras acciones, no sólo
con lo que decimos que creemos en nuestros corazones. La fe es
poderosa, ¡pero también lo son nuestras acciones!
Cuando tomo la Comunión, le digo: “Señor Jesús, al tomar
este pan, estoy tomándote a ti como mi Pan de Vida. Mientras
coma de ti y tenga comunión contigo, nunca estaré insatisfecha.
Cuando tomo esta bebida, estoy bebiendo de ti, el Agua Viva.
Siempre que beba de ti y tenga comunión contigo estaré
satisfecha, a tal punto que ninguna circunstancia externa, sea
cual fuere, me podrá perturbar. Al tomar esta Cena estoy
declarando que tú, Señor Jesús, eres todo lo que yo necesito en
la vida para ser verdaderamente feliz y realizada. Gracias, Jesús,
que soy perdonada de todos mis pecados”. Esto también es un
buen momento para confiarle a Dios cualquier sanidad que
necesite en cualquier área de su cuerpo.

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Luego cierro diciendo: “Hay muchas otras cosas que me
gustaría tener y disfrutar. Puedo vivir si ellas si tengo que hacerlo,
pero no puedo vivir sin ti. Tú eres mi necesidad primordial”.

Declárelo con acciones

Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con


voz de júbilo.
Salmo 47:1

La Biblia nos insta a danzar, tocar instrumentos musicales y hacer


toda clase de cosas externas para expresar adoración al Señor.
Necesitamos expresar nuestra adoración; eso trae liberación a
nuestra vida, honra a Dios y nos ayuda a pelear y vencer las
batallas que enfrentamos en la vida.
No es suficiente decir: “Bueno, Dios sabe lo que siento por Él.
No tengo por qué hacer una gran demostración”. Eso sería lo
mismo que decir: “Bueno, Dios sabe que creo en Él; por lo tanto,
no veo la necesidad de bautizarme”. O decir: “Dios sabe que me
he arrepentido de mis pecados; por lo tanto, no es necesario
arrepentirme de ellos”. Vemos claramente cuán necias pueden
ser estas declaraciones. La gente de todas las denominaciones
cristianas está de acuerdo en que necesitamos ser bautizados y
confesar nuestros pecados, pero no todas las denominaciones
enseñan a la gente a expresar externamente su alabanza y
adoración.
Asistí durante muchos años a una iglesia donde cantábamos
canciones del himnario como parte de cada servicio, pero no
había ningún tipo de expresión tal como aplaudir, danzar o
levantar las manos. En esa iglesia, la gente pensaría que
expresar la adoración a Dios en esas maneras es algo
inapropiado. No sólo no permiten tales expresiones de
entusiasmo por Dios, sino que algunos criticaban a otras
denominaciones que eran más agresivas en expresar sus
emociones.
Sin embargo, la Biblia enseña de todas esas expresiones,
aunque esta iglesia, como muchas otras, considera que la
reverencia es la única demostración apropiada para nuestra

48
adoración a Dios. Definitivamente, necesitamos tiempos para
estar quietos y reverentes, pero también necesitamos otros, para
liberar nuestras emociones en adoración. Es hermoso estar
quietos y callados en la presencia de Dios, pero es igualmente
hermoso expresar una sincera adoración por medio de nuestras
emociones.
No estoy propiciando dar rienda suelta a nuestras emociones.
Todos sabemos que hay personas “emocionales”, que en realidad
distraen a los demás. Pero nuestras emociones son parte de
nosotros, de igual manera que nuestros cuerpos, mentes y
espíritus. Dios nos las ha dado, y no veo por qué no debamos
expresarlas en adoración. ¿Por qué es aceptable expresar
nuestras emociones de júbilo en un partido de baloncesto o
fútbol, pero no cuando adoramos? No podemos dejarnos
controlar por ellas, porque se sabe que pueden ser variables o no
confiables, pero tampoco podemos suprimirlas ni resistirlas.
Mientras asistía a la iglesia que mencioné antes, hubo
momentos en que las emociones querían brotar dentro de mí.
Sentía necesidad de expresarlas de alguna manera, pero no tenía
idea de cómo hacerlo. Pienso que es lamentable que la gente no
sepa que es libre para expresarse y manifestar su amor a Dios de
una forma equilibrada.
Las expresiones de adoración que mencioné son todas
bíblicas. Puede leer sobre ellas especialmente en el libro de los
Salmos. El rey David gritó, danzó y mostró sus emociones
mientras él adoraba a Dios. Le animo a que sea expresivo en su
alabanza y adoración a Dios. Si usted asiste a una iglesia donde
expresar sus emociones en el servicio a Dios es inaceptable,
entonces adore a Dios por medio de sus acciones en casa o con
un grupo pequeño de creyentes que adoran de manera similar.
También le aliento a que ore por usted y los demás creyentes,
para que todos adoren a Dios como sólo Él merece ser
verdaderamente adorado. Y por último, permítame decirle que
jamás debemos criticar a nadie simplemente porque ¡ellos no
adoran de la forma en que nosotros lo hacemos!

Declárelo con palabras

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Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él,
sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que
confiesan su nombre.
Hebreos 13:15

La confesión de nuestra boca es un arma poderosa contra el


enemigo. Proverbios 18:21 nos enseña que el poder de la vida y
de la muerte está en la lengua. Podemos pronunciar vida para
nosotros mismos y muerte para el plan de destrucción de
Satanás. Las palabras de agradecimiento, por ejemplo, son
devastadoras para el diablo. Él odia absolutamente oír a una
persona agradecida hablando acerca de la bondad de Dios.
En Hebreos 4:12 se nos enseña que la Palabra de Dios es una
espada de dos filos. Yo creo que un filo de esa espada derrota a
Satanás, mientras que el otro corta y abre las bendiciones del
cielo. Se nos dice en Efesios 6:17 que la espada que el Espíritu
empuña, esto es la Palabra de Dios, es una de las piezas de la
armadura con que debemos vestirnos para hacer eficazmente la
guerra espiritual.
En los Salmos, David hacía frecuentemente declaraciones
tales como: “Diré yo a Jehová: Él es mi Esperanza, y mi Castillo;
mi Dios, en Él yo confío”, (Salmo 91:2). Quizás debamos
preguntarnos: “¿Qué estoy diciendo yo del Señor?” Es necesario
decir cosas buenas, no sólo pensar en ellas. Alguien puede
pensar: “Yo creo todas esas cosas buenas acerca del Señor”,
pero es importante también decirlas. A menudo la gente declara
creer en algo, ¡aunque de su boca sale lo opuesto! Las palabras
tienen poder, por lo que necesitamos declarar las creencias
correctas acerca de Dios. Sin necesita ayuda o ejemplos de cómo
hacerlo, mi libro El poder secreto para declarar la Palabra de Dios
puede ser un recurso excelente.
Es necesario que verbalicemos nuestra alabanza y adoración
hacia Dios, y hacerlo en los momentos y lugares apropiados.
Permita que las confesiones verbales sean parte de su tiempo de
comunión con Dios. A menudo hago mis caminatas por la
mañana y mientras camino, estoy orando, cantando y confesando
la Palabra en alta voz. En cada momento puedo decir algo como:
“Dios está de mi lado. Puedo realizar cualquier cosa que Él me

50
indique”. O también: “Dios es bueno, y Él tiene un buen plan para
mí. Las bendiciones me siguen y sobreabundan en mi vida”. Es
como darle una estoqueada al enemigo con una espada bien
afilada.
Verbalice su agradecimiento, su alabanza y su adoración.
Cante en alta voz canciones llenas de amor y devoción a Dios.
Así su corazón será fortalecido, será animado y le ayudará a
ganar las batallas de la vida.

Manos levantadas

Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi


alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca
y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu
gloria, así como te he mirado en el santuario. Porque
mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te
alabarán. Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre
alzaré mis manos.
Salmo 63:1-4

El sacrificio siempre ha estado vinculado con la cristiandad.


Desde el comienzo, en el Antiguo Testamento, la ley requería
distintas clases de sacrificios. David habla en el Salmo 141:2 de
levantar manos “como la ofrenda de la tarde”.
En la Escritura hay muchas otras referencias respecto a
levantar las manos (ver Salmo 63:4; 134:2; 1 Timoteo 2:8).
Parece algo natural hacerlo cuando estamos en la presencia de
Dios. Para mí, es una expresión de adoración, reverencia y
entrega. Debemos rendirnos continuamente delante de Dios y su
plan para nosotros. Cuando nos rendimos, Dios toma el control.
Él no impondrá su voluntad en nosotros por la fuerza. Él espera
hasta que hayamos puesto nuestra confianza en Él.
Usted puede levantar sus manos y declarar palabras de
alabanza a Dios durante todo el día. Aun en su trabajo, puede
usar su momento de descanso o receso para adorar y dar gracias
a Dios.
La gente que nunca en su vida ha levantado las manos en
alabanza y adoración a Dios, puede obtener, al hacerlo, una

51
maravillosa liberación de emociones contenidas. Nuestro espíritu
anhela adorar expresándose libremente; hay algo espiritual que
perdemos hasta que lo hacemos. Yo fui cristiana durante muchos
años antes de hacer esto. Anhelaba una liberación de alabanza y
adoración en mi vida, pero no había recibido la enseñanza
adecuada para hacerlo. Si algo dentro de usted está anhelando
esa liberación, le animo a que comience a adorar a Dios con
manos levantadas. Se maravillará de lo que esta clase de
expresión de rendición y adoración puede hacer en su vida.

Haga una pausa para alabar

Siete veces al día te alabo a causa de tus justos


juicios.
Salmo 119:164

Creo que no hay nada que bendiga más a Dios que detenernos,
en ocasiones, en medio de lo que estemos haciendo, y levantar
nuestras manos para adorarlo. En el Salmo 119:164, el salmista
dice ¡que alababa a Dios siete veces al día!
Piense, por ejemplo, en un hombre de negocios, quizás el
presidente de una gran compañía. Qué maravilloso sería que dos
o tres veces al día, él cerrara la puerta de su oficina, le echara
llave, se arrodillara, levantara sus manos y dijera: “Dios, quiero
tomar este tiempo para adorarte. Padre, te agradezco por todas
las cosas que me has dado—el negocio y el éxito son buenos—
pero yo sólo quiero adorarte a ti. Te engrandezco. Tú eres
maravilloso. Te amo por quien tú eres, ¡y no simplemente por lo
que tú haces por mí!”.
Creo que si ese hombre de negocios hace eso, nunca
necesitará preocuparse por sus negocios, sus finanzas o éxito.
Todas estas cosas estarían siendo cuidadas. Mateo 6:33 dice:
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas”.
Así como el hombre de negocios, un ama de casa podría tener
muchos más días apacibles y fructíferos, si tomara tiempo para
detenerse y alabar y adorar a Dios. No existe ninguna persona
que no pueda ser grandemente beneficiada por tomar una “pausa

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para alabar”.
Así como hacemos una pausa de alabanza para honrar a Dios,
también podríamos hacerlo cada vez que nos sintamos con
mucho estrés, extremadamente cansados, frustrados o que casi
estemos dándonos por vencidos. Esto nos refrescará y nos
enfocará en Dios. Al realizar esta clase de acción, una vez más
expresamos nuestra total dependencia del Señor.

Postrarse

Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado,


entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara
que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al
día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo
solía hacer antes.
Daniel 6:10

Cuando nos postramos, nos humillamos ante Dios. Estamos


diciendo con nuestras acciones: “Señor, te doy reverencia y
honor. Tú eres todo, y yo soy nada sin ti. No puedo hacer nada
sin ti”.
En el Antiguo Testamento, el joven Daniel había alcanzado
una posición alta en el reino, y por tal motivo sus enemigos
estaban celosos de él. Como Daniel era un hombre recto, ellos
sabían que no había forma de acusarlo de alguna conducta
impropia. Por eso, buscaron la manera de romper su devoción a
Dios a través del temor al perjuicio. Persuadieron al rey para que
promulgara un edicto según el cual, por el término de treinta días,
cualquiera que demandara petición de cualquier dios u hombre
fuera del rey, sería echado en el foso de los leones.
Los enemigos de Daniel sabían que él tenía el hábito de ir a su
dormitorio tres veces al día, abrir las ventanas y arrodillarse para
orar y adorar a Dios. Daniel se rehusó a comprometer su
adoración. Luego que se emitió el decreto del rey, la próxima vez
que adoró a Dios de esa forma, sus enemigos lo atraparon y lo
llevaron ante el rey, quien no tuvo otra alternativa que dejar que lo
echaran en el foso de los leones.
Una de las partes de esta historia, que es mi favorita, es donde

53
dice que él oraba con las ventanas abiertas, como era su
costumbre, aun sabiendo que violaría el decreto y pondría su vida
en peligro. En otras palabras, no mantenía su oración y adoración
en secreto. No trataba de esconder su fe. Su temor reverente y
respeto por Dios excedían cualquier temor que pudiera tener al
hombre.
Daniel tuvo que ir al foso de los leones por su dedicación a
Dios, pero al día siguiente salió sin ningún daño, porque Dios
había cerrado las bocas de las fieras. En lugar de que los leones
lo devoraran, fueron sus enemigos quienes corrieron esa suerte.
Si usted y yo adoramos a Dios, cuando tengamos problemas
de cualquier índole, nosotros, como Daniel, no sufriremos ningún
daño. Podemos atravesar cualquier dificultad, pero al final todo
saldrá bien. Si nos ponemos regularmente de rodillas en
adoración y alabanza a Dios, Él nos pondrá en un lugar de
victoria.
Victoria no es la ausencia de problemas; es tener paz y gozo
en medio de ellos. Victoria es llevar continuamente buen fruto
para el reino de Dios, aun cuando atravesemos dificultades en el
camino.
Si continuamente adoramos y honramos a Dios, entonces no
importa lo que el enemigo traiga contra nosotros, nuestro
comportamiento demostrará que nuestra fe en Dios está
actuando a nuestro favor y estamos confiados en que Él nos
guiará a través de las dificultades para darnos la victoria. Cuando
usualmente ponemos a Dios primero, cuando lo adoramos y
tomamos tiempo para postrarnos ante Él, Dios siempre nos
exaltará.

54
CAPÍTULO 7

La adoración y la oración

Mientras él les decía esto, un dirigente judío llegó, se


arrodilló delante de él y le dijo:
—Mi hija acaba de morir. Pero ven y pon tu mano sobre
ella, y vivirá.
Mateo 9:18, NVI

Cuando Jesús fue a la casa del dirigente judío y tocó la niña,


ella resucitó. Ahora, note lo primero que hizo este hombre
importante en Mateo 9:18, no lo último que hizo, sino lo primero.
Él no esperó hasta ver la manifestación de su milagro para
postrarse y adorar a Jesús. Él lo adoró antes de pedirle que
hiciera algo por su hija.
¿Cuántas veces le hemos pedido a Dios que cambie a
nuestras amistades o nuestra familia sin tomar primero un tiempo
para adorarlo? “Dios, tú tienes que cambiar mi familia. Ya no
resisto más, si tú no lo haces. ¡Tienes que cambiarlos o de lo
contrario no sé cuánto más puedo soportar!”.
¿Qué pasaría si cambiamos la manera en que nos acercamos
a Dios sobre estas personas y la manera en que oramos sobre
estas situaciones? ¿Qué sucedería si sólo nos postramos y le
adoramos, dándole honor, gracias y alabanza a Él? ¿Qué tal si
damos un paso más y ponemos nuestro rostro en tierra como lo
hizo Josafat mientras aguardaba a que Dios le diera la victoria
sobre sus enemigos?
En vez de decirle a Dios cuán difícil están nuestras situaciones
y cuánto necesitamos que Él las cambie, debemos decirle
expresiones como: “Oh Dios, yo te adoro. Engrandezco tu
nombre, Señor. Tú eres digno de ser alabado. Tú me fortaleces
cuando estoy débil. Puedo hacer cosas que, de otra manera, no

55
podría hacer sin ti. Yo sé, Dios, que deseas en tu corazón lo
mejor para mí. Tú eres bueno, Padre, y creo que tu bondad
seguramente se manifestará en mi vida. Creo que ahora mismo tú
estás trabajando en mi vida y en mis circunstancias. Creo que tú
me estás cambiando a mí, y a mi familia y amistades. Yo creo que
tú estás obrando con los que todavía no han nacido de nuevo.
Creo que ellos han de aceptarte, y serán llenos con tu Espíritu
Santo y manifestarán tu carácter en sus vidas. Yo de adoro, Dios,
por la obra que tú estás realizando ahora mismo y por tu
fidelidad”.
¿Qué cree usted que comenzará a ocurrir en su vida si orara
de esta manera? Yo creo que empezará a ver cambios en su vida
y en sus circunstancias, así como también en las personas que
usted ama.
Uno de los principios que vemos a través de las Escrituras,
una verdad que se entreteje a través de este libro, es que el
cambio viene después que adoramos a Dios, no antes.

Más que un método

No estoy tratando de venir con un nuevo plan de reglas y


ordenanzas para obtener respuesta a las oraciones. Como lo
mencioné antes, Él ve nuestro corazón, y su sinceridad es lo más
importante para Dios. Adorarlo primero, antes de hacer
peticiones, no es una fórmula o método que va a funcionar como
un amuleto mágico para ayudarnos a conseguir lo que queremos
o necesitamos. A menos que nuestra adoración sea real y
provenga de un corazón genuinamente agradecido y lleno de
alabanza, bien podemos olvidarnos de obtener buenos
resultados. El mero hecho de que nos levantemos por la mañana
y vayamos de rodillas a alabar y adorar, no significa que todo en
nuestra vida va a cambiar de la manera que nosotros queremos.
Que nos postremos y levantemos nuestras manos en alto, no
significa que vamos a conseguir cualquier cosa que pidamos en
oración. Alabar y adorar a Dios antes de pedirle cualquier cosa no
es una fórmula a seguir para obtener lo que queremos de Dios. Si
va a ser tomado y aplicado de esa forma, carecerá de todo poder.
La actitud correcta del corazón—la que es sincera, que ama

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genuinamente a Dios y desea su voluntad—es la base del poder.
Después de eso, el método es usado como un medio para que el
poder fluya y actúe. Dios siempre está interesado, antes que
nada, en el motivo de nuestros corazones. Él siempre ve el
“porqué” detrás del “qué”. En otras palabras, a Dios no le interesa
meramente qué hacemos, sino que está interesado en por qué lo
hacemos.
Si estamos adorando a Dios interna y externamente, porque
verdaderamente creemos que Él es digno de alabanza y
adoración, y creemos que es el único que puede resolver
nuestros problemas y satisfacer nuestras necesidades, entonces
y sólo entonces veremos resultados positivos y recibiremos más
respuestas a nuestras oraciones.

La oración nos transforma

Todos queremos oraciones contestadas. Nos gustaría que Dios


nos dijera simplemente que sí a todas las cosas que le pedimos.
Algunas veces Él dice sí, y algunas veces lo que Él hace con
nosotros mientras oramos es cambiarnos, hacernos más a la
imagen de Cristo, y darnos autoridad para ministrar a otros más
efectivamente.
En Lucas 9, Jesús subió al monte a orar. Pedro, Juan y Jacobo
lo acompañaron. Mientras oraba, la apariencia de su semblante
cambió y sus vestiduras se pusieron de un blanco
resplandeciente.
Moisés y Elías estaban conversando con Él, hablaban sobre
su salida de esta vida, que acontecería muy pronto.
Por supuesto, Pedro y Juan estaban atónitos; jamás habían
sido testigos de algo semejante. Pedro quería hacer unas
enramadas y permanecer en la montaña disfrutándolo. Sin
embargo, Jesús le dijo que tenían que bajar de allí y ministrar a
los demás.
Note en Lucas 9:29 que Jesús fue cambiado mientras estaba
orando. A pesar de que la Biblia no dice explícitamente que Él
estuviera adorando, creo que Jesús siempre adoraba cuando
oraba. Estoy convencida de que sus oraciones contenían más
alabanza que petición. Ésta es una lección para todos nosotros.

57
Si queremos ver cambios positivos en nuestras vidas, vamos a
orar, alabar y adorar. He encontrado que yo puedo querer
cambiar, ¡pero después de todo necesito confiarle a Dios que
haga el cambio! Si decido meramente “tratar” de cambiar, podría
tener algo de éxito, pero será solo una modificación de conducta
y no un cambio de verdadera transformación. Mientras adoramos,
Dios transforma nuestros corazones. Experimentamos su amor y
eso causa que respondamos obedientemente por el amor que le
tenemos.

Más alabanza que petición

Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha


gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él,
diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús
extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio.
Y al instante su lepra desapareció.
Mateo 8:1-3

Muy a menudo vamos a Dios por sanidad, por liberación,


buscando una salida a nuestro problema, y lo primero que
hacemos es pedirle lo que queremos o necesitamos. Decimos:
“Señor, necesito sanidad. No puedo resistir más este dolor. Tú
tienes que hacer algo, Señor; tienes que cambiar mi
circunstancia”.
Pero cuando el hombre de la historia de Mateo 8 vino a Jesús
para que lo sanara de su lepra, primero se postró ante Él y lo
adoró. Luego, preguntó: “Señor, ¿por favor, podrías sanarme?”.
Esta historia enfatiza la lección que aprendimos de la del
dirigente judío y su hija, al inicio del capítulo: Pienso que es mejor
adorar antes que presentar nuestras peticiones. En nuestras
oraciones, necesitamos más alabanza que petición. Está bien que
le pidamos cosas a Dios. La Biblia nos enseña que lo hagamos
(ver Filipenses 4:6), pero no creo que debamos comenzar
nuestras oraciones con peticiones. Lo primero que mencionamos
en nuestra conversación, demuestra qué es lo más importante
para nosotros que cualquier otra cosa. Recuerde, la Biblia dice
que entremos a sus puertas con acción de gracias y en sus atrios

58
con alabanza (ver Salmo 100:4).
Si examinamos de cerca las oraciones del apóstol Pablo,
podemos aprender lecciones poderosas sobre cuáles deben ser
nuestras prioridades en nuestra relación con Dios. En la carta a
los Efesios 1, el apóstol oró más que nada para que la gente
conociera y experimentara el amor de Dios, que tuvieran una
revelación verdadera y manifiesta de su poder. En la carta a los
Filipenses 1, oró para que la gente escogiera cosas más
excelentes. En la carta a los Colosenses 1, oró para que la gente
fuera fortalecida con todo poder, para que pudieran ejercitar la
resistencia y la paciencia, y hacerlo con gozo. También oró
muchas otras cosas maravillosas.
Mientras examinaba las oraciones de Pablo descubrí que
nunca pidió por cosas materiales. Estaba más preocupado por las
necesidades espirituales que por las necesidades materiales.
Además, sus oraciones estaban llenas de acciones de gracias,
que es un tipo de alabanza y adoración.
Estoy segura de que Pablo presentó sus necesidades físicas
al Señor, pero es obvio que ese tipo de oración no insumía mucho
de su tiempo. Podemos ver el mismo principio en las oraciones
de Jesús. Él no invertía su tiempo orando por deseos y
necesidades materiales, sino que se arrodilló en el Huerto y oró
para ser fortalecido para cumplir la voluntad de Dios (ver Lucas
22:41-44). Cuando se sentía agotado de ministrar al pueblo, se
iba a las montañas a orar (ver Mateo 14:23; Marcos 6:46), y estoy
segura de que sus oraciones estaban llenas de alabanza y
adoración al Padre.

Engrandezca al Señor

Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su


nombre.
Salmo 34:3

Cuando oramos, algo que podemos hacer cuando adoramos a


Dios en nuestras oraciones es engrandecerlo a Él. La palabra
engrandece significa “agrandar”. Cuando oramos y le decimos a
Dios: “Te engrandezco”, literalmente estamos diciendo: “Tú eres

59
en mi vida mucho más grande que cualquier problema o
necesidad que pueda tener”. Durante años, he cantado muchas
canciones que hablan sobre engrandecer al Señor, sin darme
cuenta del significado de la palabra. Somos muy propensos a
hacer eso mucho. Cantamos y hablamos acerca de cosas que
realmente no entendemos. Son meras frases que hemos
aprendido en la iglesia.
Necesitamos entender cuán poderoso es engrandecer al
Señor, y hacerlo más grande que nuestros problemas. Él es
ciertamente más grande que cualquier cosa que haya en nuestra
vida. Cuando lo alabamos y adoramos, estamos haciendo
justamente eso. Estamos diciendo: “Tú eres tan grande, tan
grande que quiero adorarte”, y “Tú eres más grande que cualquier
necesidad que yo pueda tener”.
Cuando esté enfrentando una batalla en su vida, no importa
cuán grande sea, comience a orar y engrandecer al Señor.
Cuando Él sea más grande que su problema, puede estar seguro
que su victoria viene de camino.

60
CAPÍTULO 8

La adoración y el cambio

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he


aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo
amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.
Mateo 17:5

En el capítulo anterior leímos cómo Jesús tomó a tres de sus


discípulos y fue a un monte a orar, y dije que creía que Él
adoraba a Dios mientras oraba. En Mateo 17:5, vemos lo que
Dios dice de Jesús a los discípulos en ese momento: “Este es mi
Hijo amado, en quien tengo complacencia”.
Yo creo que cada persona que desea ser poderosa en Dios y
victoriosa en la vida, necesita oír ese mismo mensaje. Como hijos
amados de Dios, cada uno de nosotros tiene necesidad de saber
que el Señor está complacido con él, personal e individualmente.
Es mi deseo y mi oración que cuando termine de leer este libro,
no le quepa duda de que Dios está complacido con usted.
Escribo este deseo sabiendo que es muy probable que usted
ya esté diciendo: “Oh, no, Dios no puede estar complacido
conmigo, no por la manera en que actúo”. Una de las cosas más
importantes que usted debe saber como cristiano es que Dios no
está complacido con usted porque haga las cosas bien. Está
complacido con usted porque puso su fe en Jesús, el Único que
hizo todo perfecto, a su favor. Corintios 5:21 nos dice que: Al que
no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como
pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios (NVI).

Dios lo está cambiando

Aun cuando haya aceptado lo que Jesús ha hecho por usted,


pueden haber todavía áreas en su vida o maneras de pensar o

61
actuar que necesitas ser cambiadas. Porque la naturaleza de
Dios vive en usted, puede estar confiado que todo lo que necesita
ser cambiado será cambiado mientras confía en Él.
Primera de Juan 3:9 dice: “Todo aquel que es nacido de Dios,
no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en
él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.
Como tiene la vida de Dios dentro de usted, cada día está
sufriendo cambios, y no hay nada que el enemigo pueda hacer al
respecto. Dios está trabajando en usted, completando la buena
obra que Él comenzó (ver Filipenses 1:6).
Cuando el enemigo comience a acusarle, tratando de que
usted se sienta mal de usted mismo o decirle que usted nunca
cambiará, usted debe decirle: “Satanás, tú eres un mentiroso.
Estoy creciendo espiritualmente cada día. Cada vez estoy siendo
más agradable. Amo a la gente más y más. Siento más cariño y
generosidad hacia las personas. Respondo más rápidamente a
las indicaciones de Dios. Me he vuelto más alegre, más
bondadoso y compasivo, más gentil y pacífico cada día que pasa
—y no hay nada que puedas hacer al respecto, Dios está en mí;
¡Él me está cambiando! Tú puedes decirme todo lo que está mal
conmigo, ¡pero yo te diré todo lo que está bien conmigo por
medio de Cristo!”.
Justamente en medio de todas las acusaciones del enemigo,
puede recuperar las fuerzas y obtener la victoria diciéndole a
Dios: “Gracias, Señor, porque tú me estás cambiando. Yo te
adoro y magnifico tu nombre. No hay nadie como tú. Te amo,
Señor. Te amo; te amo; te amo”. Esto mantendrá su mente
enfocada en lo que Dios está haciendo en su vida y guardará su
corazón abierto a los cambios que Él está operando en usted.

¿Qué debo hacer para complacer a Dios?

usted y yo podemos confiar que Dios está complacido con


nosotros, aunque Él está cambiándonos día a día. No estamos
donde deberíamos estar, pero gracias a Dios, tampoco donde
estábamos antes. El Señor mira nuestro progreso, no cuánto nos
falta por llegar.
En Juan 6:28, algunos le preguntaron a Jesús básicamente:

62
“¿Qué debemos hacer para complacer a Dios?”.
Jesús les contestó: “Creer”.
Cuando Jesús les dijo que necesitaban creer si querían
complacer a Dios, lo que Él quiso decir era que debían creer lo
que las Escrituras decían acerca de Él. Permítame recordarle
varias de las cosas que la Palabra de Dios nos dice acerca de
Jesús, verdades que necesitamos creer. Nos dicen que Jesús,
quien no conoció pecado, por nosotros se hizo pecado, para que
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Corintios
5:21). También dice que a medida que escudriñamos las
Escrituras, Él nos está cambiando, y vamos experimentando
niveles de gloria cada vez mayores (2 Corintios 3:18). Y, poco a
poco, nuestros enemigos son derrotados (Deuteronomio 7:22).
Podemos ver que desde 2 Corintios 3:18 y Deuteronomio 7:22, el
cambio es un proceso que conlleva tiempo.

Transformación y transfiguración

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por


medio de la renovación de vuestro entendimiento, para
que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta.
Romanos 12:2

La palabra transformación viene de las palabras griegas “meta”


(alteración) y “morphè” (forma), que significa “cambiar en otra
forma”.1 De ahí se desprende la palabra metamorfosis en
español.
El mundo natural nos da un gran ejemplo de este proceso de
metamorfosis en el cual las orugas se convierten en mariposas.
La oruga come hasta crecer hasta cierto tamaño. En ese
momento, comienza a tejer alrededor de sí misma una cubierta
llamada capullo. Puede esconderse en el suelo o tras un trozo de
corteza de árbol. Podría decirse que es una especie de entierro.
La idea del entierro es común en las Escrituras, tanto literal
como simbólico. La Biblia nos enseña que debemos morir a
nosotros mismos a fin de que vivamos completamente para
Cristo. El apóstol Pablo decía en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy

63
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y
lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el
cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.
Yo he experimentado este morir a uno mismo, y lo sigo
haciendo cuando Dios trata conmigo acerca de algo que deseo,
pero que no es su voluntad para mí. Hay cosas a las que
debemos morir: actitudes, patrones de pensamiento, modos de
actuar y hablar, nuestros propios planes y deseos. Es mucho más
fácil decirlo que hacerlo, pero podemos pedirle a Dios por su
gracia (poder, favor inmerecido), y de esa manera Dios
transforma nuestras vidas.
Tal como la oruga debe sufrir su “entierro” para ser
transformada en mariposa, así nosotros debemos sufrir cambios
que requieren una forma de muerte. Ir muriendo a uno mismo
puede ser un asunto personal y doloroso; no es algo que
podamos compartir con cada persona que conocemos. Creo que
Dios asigna a cada uno, lo que yo llamo “años de silencio”. Son
los años en que Dios nos tiene escondidos, mientras realiza su
gran obra en nosotros. Él nos está transformando a su imagen,
para que podamos vivir para su gloria.

Los años de silencio

La mayoría de la gente que Dios usa atraviesan por años de


silencio. Esos son años cuando usted está solo con sus sueños
para el futuro, y parece como si nada está sucediendo. Usted
está solo, esperando ¡y tratando de no darse por vencido! Incluso
puede parecer que lo que le está sucediendo a usted lo está
conduciendo en dirección contraria de lo que había imaginado.
Esto fue así para Moisés, Abraham, José y Juan el Bautista.
Incluso Jesús tuvo un período de tiempo donde no hay registro
bíblico excepto el hecho de que “Él crecía”. Pero los años de
silencio no se limitan a las personas que vivieron durante los
tiempos bíblicos. La gente de hoy también experimenta estos
años de silencio, y mientras Dios le prepara para usarlo en
mayores niveles, no se sorprenda si usted los atraviesa también.
Ciertamente yo lo viví. Aun cuando nada está pasando en
nuestras circunstancias, hay mucho que se está formando dentro

64
de nosotros. Al igual que Jesús, estamos creciendo en sabiduría,
experiencia y conocimiento de la Palabra de Dios.
Mientras Dios me preparaba para el ministerio que tengo hoy
en día, Él tuvo que lidiar conmigo de muchas maneras. El
proceso me tomó mucho más tiempo del que yo esperaba o
planeaba y fue mucho más doloroso de lo que hubiera pensado
que podía soportar. Si hubiera sabido antes lo que tendría que
pasar al aceptar su llamado al ministerio, no habría dicho que sí.
Supongo que esa es la razón por la cual Dios nos oculta ciertas
cosas y nos va dando gracia para cada una de ellas, a medida
que las afrontamos. Le animo grandemente a que se mantenga
esperando durante esos años de silencio, y le prometo que ¡Dios
tiene el tiempo correcto en su vida para la liberación!
Mientras estaba siendo preparada para este ministerio, puedo
asegurarle que no siempre me comporté bien. Tuve un gran
sueño y una gran visión de parte de Dios, pero por años, nada
grande parecía sucederme. Sí tuve oportunidades pequeñas,
pero como mi visión era grande, no agradecía ni apreciaba las
pequeñas cosas que Dios me permitía hacer. La mayor parte del
tiempo estaba frustrada y me comportaba malagradecida.
No siempre fui una mujer de fe. Experimenté muchos cambios
emocionales, altibajos y muchos momentos de ira, cuando las
cosas nos salían a mi manera. Me resultó muy difícil aprender a
ser sumisa a la autoridad y no mostraba mucho del fruto del
Espíritu. Como creyente, la semilla estaba en mi espíritu, pero
debía desarrollarse.
Para cumplir el llamado de Dios en mi vida, necesitaba
muchos cambios, y todavía necesito otros, pero al menos ahora
entiendo el proceso. Me siento muy apenada por las personas
que pelean con Dios durante toda su vida, sin llegar a
comprender lo que Él está tratando de hacer. Debemos confiar en
el Señor en los momentos difíciles. Debemos adorar en el
desierto, no sólo en la Tierra Prometida. Recuerde que los
israelitas adoraron a Dios después de haber cruzado el Mar Rojo,
cuando estuvieron a salvo. Cantaron la canción correcta, pero del
lado incorrecto del Mar Rojo. Dios desea oír nuestra alabanza
antes de que experimentemos la victoria. Esa es una de las
formas en que ganamos las batallas de la vida.

65
Hubo años en los que el enemigo me decía una y otra vez que
estaba loca, que no había sido llamada por Dios y que nunca
cambiaría, y que fracasaría. Me aseguraba que nada de lo que
hiciera daría buen fruto. Me dijo que el sufrimiento no terminaría,
que el dolor nunca pararía. Me decía que era una tonta por creer
en algo que no vería.
Dios me dio gracia para proseguir poco a poco. Cambié por la
gracia de Dios, y de manera correspondiente, las cosas
cambiaron en mi vida. Descubrí que Dios nos revela lo que
podemos manejar apropiadamente, y doy gracias que nos da lo
que no podemos manejar bien y con humildad. La peor situación
en la que una persona pueda estar, es obtener algo que Dios no
lo preparó para manejar. Dios sabe lo que podemos manejar y
administrar bien. Él nos liberará aquellas cosas cuando estamos
listos para ellas, en vez de simplemente darnos lo que le
pedimos, cuando Él conoce que esas cosas podrían convertirse
en cargas o problemas para nosotros.
Dios me ha cambiado tanto durante estos años que a veces
casi ni recuerdo cómo era antes. Esos años de silencio fueron
difíciles, pero cuando se terminó el tiempo, le di gracias a Dios
por la obra que había hecho en mí, por su gracia. Mientras estuve
allí no me gustaron, ni los entendí; pero si no los hubiera vivido,
no podría ser quien ahora soy ni llegar adonde he llegado.
Si usted tiene un sueño o una visión para que Dios lo use,
prepárese para soportar algunos años de silencio. Mantenga un
corazón de adoración durante ese tiempo, sabiendo que Dios
está cambiándolo para su gloria, y un día, usted mirará hacia
atrás y agradecerá por todo lo que Él ha hecho en su vida.
Cuando comience a sentirse cansado, declare en alta voz: “Dios
me está cambiando. Él está preparándome para cosas buenas”.

El reposo de Dios

Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.


Porque el que ha entrado en su reposo, también ha
reposado de sus obras, como Dios de las suyas.
Hebreos 4:9-10

66
Cuando comencé a estudiar sobre el proceso de la metamorfosis
y me di cuenta cómo se aplicaba a nuestras vidas espirituales,
descubrí que el tiempo que la oruga teje su capullo y se oculta
detrás de un trozo de corteza o algo similar, era la etapa de
reposo. El capullo realmente no hace nada; simplemente deja que
el cambio se produzca. La oruga es gradualmente transformada
en una mariposa, y emerge de su capullo como una criatura
enteramente nueva.
Si usted está atribulado y disgustado, preocupado y
consumido por todos los cambios que se deben hacer en su
persona, le tengo buenas noticias: puede entrar en el reposo de
Dios. Puede descansar y dejar que Dios haga su trabajo. Estar
luchando o estando frustrada o preocupada no lo cambiará.
Mientras más descanse en Dios, más rápido verá el cambio. Él
sabe lo que está haciendo en usted y cómo hacerlo. Si deja de
batallar y se rinde a su obra, estará más en paz y Él hará lo que
necesita hacer en usted. Simplemente diga: “Señor, no puedo
cambiarme a mí mismo. Creo que solo tú eres el único que puede
hacer la obra que necesita hacerse en mí. Me dispongo
completamente en tus manos, y espero en ti para que produzcas
los cambios que tú sabes que deben hacerse en mí. Confío en
tus caminos, y confío en tus tiempos”. De esta forma, usted
puede disfrutar de la comunión con Dios sin preocuparse por lo
que pueda pasar en su vida. Puede descansar y dejar que Él
haga lo que necesita hacer.
El proceso de metamorfosis le va a doler en algunos
momentos. Deje que le duela. Mientras más luche, más tiempo
insumirá y el dolor parecerá más intenso. A una mujer encinta, en
el momento de dar a luz, siempre se le dice que se relaje y
respire. Si se relaja durante los momentos dolorosos en su vida,
Dios lo mantendrá más cerca de su liberación. Sobre todo, confíe
en Dios y ámelo con todo su corazón. ¡Adórelo, alábelo, y sea
agradecido!
Le animo a decirle: “Señor, cuando hayas acabado conmigo
con esta parte de mi proceso de transformación, ni siquiera podré
reconocerme a mí mismo. Soy una nueva criatura en Cristo, y
quiero comportarme así. ¡Quiero ser más como Jesús!”.

67
Adore en vez de preocuparse

A veces, cuando atravesamos por momentos difíciles, tenemos


problemas para ver algo bueno en nuestra vida. Es porque
estamos mirando las cosas incorrectas y preocupándonos por
ellas. Miramos mucho lo que está mal en nosotros, pero no lo
suficiente para ver qué está bien con Jesús. Hebreos 12:2 nos
dice que miremos a Cristo porque Él es la fuente y consumador
de nuestra fe.
En Números 21 vemos que muchos israelitas morían en el
desierto a causa de una plaga de serpientes que había sido
enviada contra ellos por su pecado. En medio de todo, Moisés fue
ante el Señor y adoró. Puso inmediatamente su atención en Dios,
no en sí mismo ni en nadie más, para resolver el problema. De
hecho, a lo largo de la Biblia, cuando la gente tenía problemas,
aquellos que obtuvieron victorias, rehusaron preocuparse. Ellos
adoraron.
Moisés buscó a Dios para saber qué hacer con las serpientes.
No diseñó su propio plan y le pidió a Dios que lo bendijera; no
trató de buscar una respuesta, ni se preocupó. Él adoró a Dios, y
su acción trajo una respuesta de Dios. La vemos en Números
21:8: “Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y
ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a
ella, vivirá”. La gente que se frustra usualmente no oye a Dios,
pero cuando entramos en su descanso por medio de la
adoración, su dirección se hace clara.
El asta con la serpiente de bronce representó la cruz donde
Jesús pagó por nuestro pecado. El mensaje sigue siendo el
mismo: “Mira y vive”. Si miramos a Jesús y lo adoramos en vez
de preocuparnos, Dios nos dará la victoria en las batallas que
enfrentemos en nuestras vidas.

68
CAPÍTULO 9

Adore a Dios con una conciencia limpia

Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con


limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis
oraciones noche y día.
2 Timoteo 1:3

La verdadera adoración debe provenir del corazón del adorador.


No es, y nunca puede ser, meramente una conducta aprendida.
Dios está interesado en el corazón del hombre más que en
cualquier otra cosa. Él busca gente que tenga un corazón sincero,
que verdaderamente lo amen y genuinamente deseen adorarlo.
Por el contrario, si el corazón no es puro, nada que venga del
hombre es aceptable para Dios. Cualquier obra ofrecida por
motivos impuros será inaceptable, lo mismo si se trata de una
adoración fingida, que no proviene de un corazón puro y de una
conciencia limpia.
La conciencia es, de hecho, la mejor amiga del hombre,
porque continua y tenazmente ayuda al creyente a saber lo que
agrada y lo que no agrada a Dios. Ella es el mejor predicador que
jamás haya conocido alguien en su vida, y está diseñada para
enseñarnos la voluntad de Dios. La conciencia es iluminada por la
Palabra de Dios; por lo tanto, mientras más aprendamos de su
Palabra, más activa será la conciencia.

Una conciencia iluminada

Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me


da testimonio en el Espíritu Santo.
Romanos 9:1

69
Pablo se refería a su conciencia como estando iluminada por el
Espíritu Santo. Su conciencia le decía cuando su conducta era o
no aceptable a Dios, y estoy segura que, de la misma manera,
podía discernir cuando sus pensamientos, sus palabras o sus
acciones no eran aceptables. Ésa es la función de la conciencia.
En Hechos 24:16, Pablo escribe sobre la importancia de
mantener una conciencia limpia: “Y por esto procuro tener
siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”.
Si Pablo hizo un gran esfuerzo para mantener una conciencia
limpia, seguramente eso debe ser muy importante. Como vimos
en 2 Timoteo 1:3, Pablo adoró a Dios con una conciencia clara y
limpia. Ésa es también la única forma en que le ofrecemos una
adoración aceptable.
No deseo ofrecer métodos, llamados “adoración”, como
medios para obtener victoria o bendiciones del Señor. Es
indiscutible que Él trae victoria a la vida del adorador, pero la
verdadera adoración proviene de un corazón puro y una
conciencia limpia.
Esto significa que no podemos adorar apropiadamente a Dios
si sabemos que hay pecado en nuestras vidas. La confesión de
pecado debería ser el preludio para una adoración verdadera,
porque debemos acercarnos a Dios con una conciencia limpia.
No hay paz para la persona que tiene una conciencia culpable.
Su fe no puede actuar; por consiguiente, sus oraciones no
pueden ser contestadas (ver 1 Timoteo 1:19; 3:9).

Sea perfecto

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que


está en los cielos es perfecto.
Mateo 5:48

La Biblia nos ordena que seamos perfectos así como nuestro


Padre que está en los cielos es perfecto. Si no entendemos esto
apropiadamente, podemos sentirnos derrotados y hasta
temerosos cuando lo leemos. La versión en inglés de la Amplified
Bible cita este versículo y lo aclara mejor cuando dice que
“perfecto” es el estado de madurez espiritual hacia el cual

70
crecemos. Debemos proseguir continuamente hacia la meta de la
perfección con un corazón sincero que busca agradar a Dios,
olvidando diariamente los errores del pasado.
En otras palabras, nuestros corazones pueden ser perfectos
cuando nacemos de nuevo, pero nuestra conducta no lo es.
Continuamente vamos mejorando, y damos gracias a Dios por
ello, pero no hemos llegado todavía. Somos perfectos en Cristo,
pero dentro y fuera de nosotros, todavía estamos creciendo hacia
la perfección por medio de la gracia de Dios que obra diariamente
en nuestras vidas.

El camino hacia una conciencia limpia

Para tener una conciencia limpia, uno debe abstenerse de pecar,


o confesar sus pecados cuando obra mal y comete errores. Pero
vamos creciendo y cada vez vemos que cometemos menos
errores a medida que pasa el tiempo. Sin embargo, la Biblia nos
enseña que una pequeña levadura afecta toda la masa. Incluso
un pecado pequeño hace que necesitemos limpieza.
Es excelente estar progresando cada día, pero el regalo que
merece mi mayor gratitud es la posibilidad de arrepentirnos.
Primera de Juan 1:9 promete que si admitimos nuestros pecados
y los confesamos, Dios es fiel y justo para limpiarnos
completamente de toda nuestra maldad. ¡Qué buenas noticias!
Podemos vivir ante Dios con una conciencia perfectamente
limpia, porque no hay condenación para aquellos que están en
Cristo (ver Romanos 8:1).
La razón por la que Pablo vivió ante Dios y los hombres con
una conciencia perfectamente limpia no fue porque nunca
cometió errores. De hecho, fue todo lo contrario. Sí cometió
errores. Él se llamó a sí mismo el jefe de todos los pecadores, y
dijo que no había llegado al nivel de perfección (ver 1 Timoteo
1:15; Filipenses 3:12).
Por medio de un corazón obediente y haciendo uso del regalo
del arrepentimiento cuando fallamos, Pablo podía vivir ante Dios y
los hombres con una conciencia limpia. Y, por lo tanto, podía
adorar a Dios debidamente y confiar que Dios satisfacería sus
necesidades.

71
¿Por qué me refiero al arrepentimiento como un regalo? He
visto gente que no se siente arrepentida de sus pecados, y eso es
algo terrible. Cuando la conciencia se cauteriza (se endurece), el
hombre es incapaz de sentir el peso y la seriedad de su conducta
errónea. Por esta causa, todos debemos orar para tener una
conciencia sensible a Dios.

Qué hacer cuando su conciencia le trae convicción

El enemigo nos condena; el Espíritu Santo nos trae convicción.


La convicción no es para que nos sintamos condenados o mal por
lo que hayamos hecho, sino más bien provocar nuestro
arrepentimiento para ayudarnos a sentirnos mejor. Durante años
desconocí esta verdad. Cada vez que el Espíritu Santo me
convencía de pecado, inmediatamente me sentía culpable y
condenada. ¡Era horrible! Me había vuelto una estudiante seria de
la Palabra de Dios; por lo tanto, cuanto más estudiaba cómo
debía vivir, más condenada me sentía por no vivir de esa manera.
Casi todo el tiempo me sentía culpable y condenada sobre algo
en mi vida.
Cuando, finalmente, vi la verdad de que el Espíritu Santo trae
convicción para Él ayudarme a ser libre del pecado, sentí una
maravillosa liberación. Ahora disfruto cuando siento convicción.
No disfruto cuando estoy pecando, pero me alegra que puedo
arrepentirme y pedirle a Dios que me perdone y me ayude a
crecer más allá de mi debilidad. Ahora, también, puedo discernir
cuándo el enemigo es quien está tratando de hacerme sentir
culpable y lo resisto.
Verdaderamente, quiero animarlo a que no haga las cosas por
hacerlas, cuando no sienta paz. Deje que su conciencia sea su
amiga, no una fuente de tormento. Colosenses 3:15 declara que
la paz es como el árbitro en nuestras vidas; ella puede arbitrar
con finalidad en cualquier cosa que se suscite en nuestras
mentes. En otras palabras, si siente paz sobre algo, acéptelo,
pero si no le trae paz, rechácelo.
Ser tentado por el pecado no es lo mismo que pecar. La
tentación no es pecado. Todos somos tentados a hacer lo malo;
Satanás se asegura de eso. Sin embargo, cuando somos

72
tentados, podemos clamar al Espíritu Santo para que nos ayude a
resistir. No tratemos de resistir en nuestras propias fuerza y
poder; pidamos simplemente la ayuda del Espíritu Santo. Él está
siempre dispuesto a ayudarnos en cualquier cosa que
necesitemos en la vida.

Agradezca a Dios el perdón

Seguir la dirección del Espíritu Santo y, por consiguiente, la


obediencia a Dios, es siempre la mejor manera de actuar, pero el
hecho es que todos cometemos errores. Ninguno de nosotros es
cien por cien obediente todo el tiempo. Hay momentos en los
cuales hasta el más dedicado de los cristianos toma malas
decisiones. Ahí es cuando necesitamos, rápidamente,
arrepentirnos y pedir y recibir el perdón de Dios.
Sería prudente comenzar siempre nuestras oraciones
arrepintiéndonos para limpiar nuestras conciencias de cualquier
pecado que hayamos cometido, consciente o inconscientemente.
Nuestro perdón ya fue pagado por la muerte y resurrección de
Jesús, y todo lo que necesitamos es pedirlo y recibirlo para que
nuestro gozo sea completo (ver Juan 16:24). Si somos consciente
de situaciones específicas o el Espíritu Santo trae algún pecado a
nuestra mente, podemos arrepentirnos siendo específicos. El rey
David aun le pidió a Dios que lo perdonara de faltas y pecados
inconscientes u ocultos. Él quería acercarse a la presencia de
Dios totalmente libre y listo para orar sin impedimentos. Podemos
pedirle al Señor que nos dé convicción de pecado, decirle que
deseamos cambiar y hacer las cosas correctas. Luego podemos
pedirle que nos dé de su gracia, la cual es su poder capacitador
que nos ayuda a no cometer los mismos errores en el futuro. Si
hacemos estas cosas, no como un ritual o método, sino con
corazones puros, estaremos dispuestos a adorar con nuestras
conciencias limpias.

73
CAPÍTULO 10

Dios es por nosotros

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros,


¿quién contra nosotros?
Romanos 8:31

Dios es un Dios grande; nada es imposible para Él, y está de


nuestro lado. No tenemos nada que temer de nuestros enemigos,
porque ninguno de ellos es tan grande como nuestro Dios. Dios
es por nosotros. El enemigo está contra nosotros; esa es su
posición. Pero Dios está sobre nosotros, debajo de nosotros, a
través de nosotros, por nosotros, y alrededor de nosotros.
El Salmo 125:1-2 dice: “Los que confían en Jehová son como
el monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para
siempre. Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así
Jehová está alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre”.
Así como el monte de Sión, no debemos movernos ante las
tormentas de la vida, porque Dios está alrededor de nosotros. Y si
eso no fuera suficiente, Él está dentro de nosotros, y nunca nos
dejará ni nos desamparará (ver 1 Corintios 3:16; Deuteronomio
31:6). Como estas son verdades, estamos listos para cualquier
batalla y no tenemos ninguna razón para sentirnos amedrentados
o intimidados por el enemigo o por las personas. Estamos
completamente seguros y no tenemos que temer a nada.

Tema al Señor, no al hombre

Digan ahora los que temen a Jehová, que para siempre


es su misericordia. Desde la angustia invoqué a
Jehová, y me respondió Jehová, poniéndome en lugar
espacioso. Jehová está conmigo; no temeré lo que me
pueda hacer el hombre.

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Salmo 118:4-6

En el primer versículo de este pasaje, el salmista está adorando a


Dios por algunos de sus atributos, específicamente por su
misericordia y su bondad. Nuestra fe aumenta cuando meditamos
y hablamos sobre los grandes atributos de Dios.
En el siguiente versículo note que el salmista no clamó al
Señor en su angustia sino hasta después de haber adorado y
alabado al Señor por aquellas cosas que él necesitó en el tiempo
de la angustia.
En el tercer versículo, el salmista declara: “Jehová está
conmigo; no temeré”. ¿Por qué debemos temer? Si el Dios
Todopoderoso está por nosotros, y lo está, entonces ¿qué puede
hacernos un simple hombre? Necesitamos darnos cuenta de
cuán grande es Dios y cuán pequeños son nuestros enemigos.
Aun cuando no tengamos razón alguna para temer a otras
personas, algunos invierten mucho tiempo preocupándose o
temiendo lo que alguien pudiera hacerle. Tal vez, usted está
angustiado por lo que alguien podría hacerle. Puede estar
preocupado porque alguien puede quitarle su trabajo, o porque
podría perder una relación importante, o quizá no tendrá lo que
usted necesita. O quizá puede estar temeroso por lo que alguien
podría pensar o decir acerca de usted.
La Biblia nos dice en el Salmo 118:4 que nos debemos temer
al hombre, pero que temamos al Señor con reverencia y
adoración. Proverbios 29:25 es muy claro cuando se refiere a
esto: “Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía
en el Señor sale bien librado” (NVI). Cuando rehusamos temer al
hombre, y a la vez tememos al Señor con reverencia y adoración,
Dios se mueve en nuestro favor, y nada de lo que el hombre trate
de hacer podrá causarnos un daño permanentemente. Ellos
pueden venir contra nosotros por un camino, pero tendrán que
huir de nosotros por diferentes caminos. Así lo dice Deuteronomio
28:7: “Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra
ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de
delante de ti”.
Por un tiempo puede parecer que alguien está sacando
ventaja de nosotros. Pero si mantenemos nuestros ojos fijos en

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Dios y continuamos adorándolo, deseando su voluntad en todas
las cosas, al final Dios nos recompensará y traerá justicia a
nuestras situaciones, porque Él es el Dios de justicia y aborrece
la injusticia (ver Isaías 61:8).
Nuestro problema se prolonga cuando tratamos de hacer que
la gente nos dé lo que pensamos que nos debe. En lugar de
hacer eso, debemos esperar en el Señor, y dejar que Él nos dé lo
que considere que debemos tener. Dios es nuestro Defensor. No
podemos defendernos a nosotros mismos, y cuando lo hacemos,
las situaciones empeoran.
Debemos dejar de cuidarnos a nosotros mismos sobre lo que
otros piensen o puedan tratar de hacernos. Más bien, debemos
echar nuestras cargas al Señor porque Él tiene cuidado de ellas
(ver 1 Pedro 5:7). Si nos mantenemos enfocados en Dios, nadie
va a tomar ventaja de nosotros por mucho tiempo o herirnos de
manera permanente. Dios tiene miles de maneras para darnos
sus bendiciones y protegernos del mal o de cualquier daño. Por
eso es que nuestra actitud debe ser: “Si Dios es por nosotros,
¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).

¿Qué puede hacer el hombre?

La Palabra de Dios está llena de promesas de que Dios tendrá


cuidado de nosotros. Una de estas promesas está tan bellamente
declarada que no sé cómo podemos leerla y seguir con temor.

…pues Dios ha dicho:


Nunca te fallaré. Jamás te abandonaré.
Así que podemos decir con toda confianza:
El Señor es quien me ayuda, por tanto, no temeré.
¿Qué me puede hacer un simple mortal?
Hebreos 13:5-6, NTV

Estas escrituras me reconfortan mucho. Son enfáticas, y declaran


que Dios no nos dejará solos y sin ayuda. Le animo a que medite
en estas escrituras cada vez que sienta temor acerca de
cualquier cosa que venga a su mente por cualquier razón. Hay un
poder que es inherente a la Palabra de Dios, por eso el sólo

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hecho de meditar en ella lo hará sentir mejor.

Temor reverente a Dios

Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en


tu casa; adoraré hacia tu santo templo en tu temor.
Salmo 5:7

Cuando hablamos acerca del temor de Dios, no nos referimos a


una clase indebida de temor. Hablamos de ese temor reverente,
que hace que nos maravillemos de Él, nos inclinemos ante su
presencia, y que postrados ante Él, podamos decir: “Mi Dios, no
hay nadie como tú; ¿a quién temeré? Si tú estás conmigo, ¿qué
podrá hacerme el hombre?”.
El apóstol Pablo dijo en Gálatas 1:10: “Pues, ¿busco ahora el
favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los
hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería
siervo de Cristo.”. Esa escritura ha estado siempre mi corazón,
pues sé en qué medida el rechazo del hombre ha tratado de
impedir que siga adelante con el llamado de Dios para mi vida.
Todos hemos sido atacados por el rechazo, el cual de alguna
manera el enemigo usa para tratar de impedir que sigamos
adelante. Él sabe que si estamos en la voluntad de Dios seremos
bendecidos, así que utiliza el temor al rechazo del hombre para
detenernos.
El enemigo ha lanzado ataques de rechazo contra mí en
temporadas importantes de mi vida y en mi caminar con Dios.
Muchas veces, esos ataques vinieron a través de personas que
amaba y quería, y esos momentos fueron muy dolorosos. En
ocasiones, por tratar de complacer a la gente, quería ceder ante
las presiones y desistir de las cosas de Dios que perseguía
apasionadamente. Me estremezco al pensar en todo lo que
habría sacrificado si hubiera cedido. Estoy segura que no estaría
donde estoy hoy. Puedo mirar retrospectivamente y ver que cada
vez que venía contra mí un ataque de rechazo, sucedía que Dios
estaba tratando de hacer algo nuevo en mí o promoverme al
próximo nivel de lo que Él tenía para mi vida.
Cualquiera que desee hacer la voluntad de Dios, debe temerle

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a Él más que al hombre. Todos deseamos ser aceptados, y el
rechazo es siempre doloroso. pero si tememos al Señor con
reverencia y determinamos seguirle en vez de complacer a otros,
Él nos bendecirá. No importa lo que otros traten de hacerle a
usted, Dios es su Defensor (ver Salmo 135:14) y su recompensa
viene de Él.
Dios quiere que usted y yo resistamos y nos mantengamos
firmes contra el temor de la gente y el temor al rechazo. Podemos
sentir miedo, pero no tenemos que ceder ante sus demandas.
Dios sabe que nunca lograremos ser todo lo que Él quiere que
seamos o hagamos todo lo que Él quiere que hagamos, si el
temor nos controla. Debemos estar más preocupados por lo que
piensa el Señor que lo que otros piensen porque Él es nuestro
Protector (ver Salmo 91:1-2), nuestro Proveedor (ver Filipenses
4:19), nuestro Libertador (ver Salmo 68:20), y nuestra Victoria
(ver 1 Corintios 15:57).

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CAPÍTULO 11

Dios proveerá

Ha dado alimento a los que le temen; Para siempre se


acordará de su pacto.
Salmo 111:5

Muchas veces, las batallas que enfrentamos en nuestras vidas


se enfocan en nuestra provisión. Podemos sentirnos temerosos
de no tener lo que necesitamos, o no estar seguros de dónde
vendrá nuestra provisión. Durante años, he realizado encuestas
entre la gente que asiste a nuestras conferencias, y he
encontrado que al menos un cincuenta por ciento de la gente en
nuestra audiencia tiene temor por algún aspecto sobre provisión.
La Biblia contiene muchas historias de gente que necesitó
provisión y Dios proveyó de manera milagrosa. Hay dos ejemplos
de esto que encontramos en el mismo capítulo, 1 de Reyes 17.
Dios, en un momento dado, dirigió a Elías, de quien hablaré más
adelante, que descansara un momento cerca de un arroyo. Todo
el tiempo que estuvo ahí, había hambre y sequía en la tierra, pero
los cuervos le traían alimento. Después que abandonó el arroyo,
Dios lo envió a conocer a una viuda pobre que solo tenía
suficiente harina y aceite para preparar la última cena para ella y
su hijo. Elías le pidió que le diera algo de comer, y ella lo hizo,
aun sabiendo que era todo lo que le quedaba. Luego de eso, Dios
le proveyó a ella de tal manera que jamás ella careció de harina y
aceite. La viuda necesitaba un milagro, y para poder tenerlo,
necesitaba dar, por lo que Dios le envió a alguien a quien ella
podía ayudar. Una de las maneras en que adoramos a Dios es
con nuestra dádiva en fe. Cuando damos algo de lo que tenemos,
aun cuando pareciera que no tenemos suficiente para nosotros
mismos, estamos diciéndole a Dios con nuestras acciones: “Dios,
confío en que tú provees”.

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En el Salmo 111:5, el salmista está alabando y adorando a
Dios por sus grandes obras a favor de su pueblo. Esto nos dice
que siempre que adoremos a Dios, vamos a tener su provisión.
Vemos continuamente el mismo tema en la Palabra de Dios: La
adoración gana la batalla.
Quizás le han dicho que perderá su empleo o su casa. Quizás
usted es una persona que vive de su retiro o un ingreso fijo
limitado, y se pregunta qué le deparará el futuro. O ve los precios
que suben todo el tiempo, y el enemigo le susurra al oído: “No
vas a tener suficiente para vivir”. Tal vez los números
simplemente no le cuadran y sus ingresos sencillamente no
alcanzan para mantenerlo, aunque esté haciendo todo lo que está
a su alcance.
Cualquiera sea el motivo que lo preocupe acerca de su
provisión, tome el Salmo 111:5 y digiéralo. Medite en él una y otra
vez , pensando realmente qué significa para usted
individualmente. Piense en él, ore sobre él, y deje que se
convierta en algo real y personal para su vida.
Esa escritura dice que Dios da alimento y provisión, y provee a
los que le temen reverentemente y lo adoran. Eso significa que,
cualquiera sea su situación, Dios le proveerá siempre que usted
lo adore y lo exalte. No se preocupe sobre su provisión. La batalla
le pertenece al Señor y Él tendrá cuidado de usted mientras usted
sigue honrándole y adorándole.

La adoración es sabiduría

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.


Salmo 111:10

Si usted leyera el libro de Proverbios y viera todas las promesas


fundamentales hechas para la persona que camina sabidamente,
se daría cuenta de que la reverencia y la adoración son el
principio de la sabiduría. Rápidamente, vería por qué la
reverencia y la adoración son tan importantes.
La Biblia dice que quienes caminan en sabiduría serán
extremadamente felices y prósperos, y vivirán una larga vida (ver
Proverbios 3:1-8). Pero no existe tal cosa como sabiduría sin

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adoración. Actualmente, muchas personas buscan conocimiento,
y el conocimiento es bueno, pero la sabiduría es mejor. La
sabiduría es el uso correcto del conocimiento. El conocimiento sin
sabiduría puede hacer que la persona se infle, se llene de orgullo,
lo que finalmente arruinará su vida. Una persona sabia siempre
será conocedora, pero no todas las personas conocedoras son
sabias.
Creo que nuestra sociedad actual exalta el conocimiento más
de lo que debe. La educación parece ser el principal objetivo de la
mayoría de la gente, y sin embargo, nuestro mundo decae
moralmente en forma vertiginosa. La educación es buena, pero
no es mejor que la sabiduría. Necesitamos buscar diligentemente
la sabiduría como se busca la plata y el oro, y que la hagamos
una necesidad vital de nuestra vida. La sabiduría es vital para una
vida cristiana exitosa, y el principio de ella es la adoración.

Pues nada falta cuando adoramos

El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le


temen, y los defiende. Gustad, y ved que es bueno
Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Temed a
Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que
le temen.
Salmo 34:7-9

¿Desea usted que los ángeles trabajen a su favor? Entonces


comience a adorar a Dios, porque el Salmo 34:7-9 dice que su
ángel acampa alrededor de los que le temen y adoran, para
guardarlos y defenderlos.
¿Quiere estar seguro de que todas sus necesidades serán
satisfechas? Entonces comience a adorar a Dios, porque la Biblia
dice que nada faltará, ni tendrán necesidad alguna, aquellos que
verdaderamente temen y adoran al Señor con reverencia.
Puede que usted adore y tema a Dios, aunque no le vea
moverse en su vida. Así que pudiera estarse preguntado: “Si Él
hace esas cosas por aquellos que le adoran, ¿por qué estoy
adorando y no veo nada?”.
Creo que Dios sí lo está haciendo. Creo que está haciendo

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cosas grandes en su vida. Él realiza cosas grandes en todas las
áreas de nuestras vidas, aunque no podamos verlas.
Generalmente, pasamos más tiempo contando lo que nos falta
que lo que tenemos. Pensamos más en lo que perdimos que en
lo que nos queda, y eso nos impide ver cuán bendecidos somos
realmente.
Tener un corazón agradecido es parte de la adoración y,
ciertamente, ésa es la actitud de un adorador. Dios, de lo poco
hace mucho, y de la nada, lo mejor. Él usa lo que para el mundo
no tiene valor y lo que no sirve para realizar su obra de acuerdo a
1 Corintios 1:26-29. Así que, si no tenemos nada, podemos
dárselo a Dios, y algo puede hacer Él con eso. Dios no tiene
problema en proveernos cualquier cosa que necesitemos. Si sólo
le adoráramos, si le dejáramos nuestra carga y obedeciéramos
las instrucciones que nos ha dado, nuestras necesidades estarían
cubiertas siempre y abundantemente.
Yo he perdido mucho en mi vida. Fui abusada en mi niñez, con
lo que perdí la oportunidad de ser realmente una niña. Por mucho
tiempo resentí verdaderamente lo que había perdido. Lamenté los
años perdidos que nunca recuperaré; resentí haber tenido un mal
comienzo en la vida, pues sabía que muchos de mis problemas
de adulta, provenían de allí.
Al fin, vi que no podía hacer nada acerca de lo que había
perdido, y comencé a mirar lo que me quedaba. Una cosa sí
puedo decir, tengo el resto de mi vida y usted también. Aún si los
años que ha vivido no han sido placenteros, todavía le queda su
futuro.
Comencé a adorar a Dios en el momento preciso de mi vida, y
confié en que Él sería fiel a su Palabra. Le entregué lo que me
había quedado, diciéndole: “Señor, aquí estoy. No soy gran cosa,
pero si tú puedes usarme, soy tuya”.
Lo animo a que comience a adorar a Dios ahí donde usted se
encuentra; adórelo a Él por lo que tiene y olvídese de lo que no
tiene. Pues nada falta cuando adoramos. Mientras adoramos a
Dios, Él llena todas nuestras necesidades.

El enemigo roba, Dios provee

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El Antiguo Testamento incluye muchas historias sobre los
enemigos de Israel y de Judá, enemigos que querían destruir el
pueblo de Dios. De la misma manera, usted y yo tenemos un
enemigo, Satanás. Él tiene un plan para destruirnos. Él está
trabajando en ese plan, y de la forma en que lo hace es robarnos
y traer pérdida en nuestras vidas. Pero Dios tiene un plan para
darle una sorpresa y traernos la victoria. Podemos tener
confianza en esto, y es que podemos adorar a Dios en fe cuando
nos encontramos en las batallas de la vida.
Un buen amigo, quien es un erudito en griego, una vez
compartió conmigo una paráfrasis de Juan 10:10. Nos da una
idea clara sobre lo determinado que el enemigo está para matar,
robar y destruir, pero también nos muestra que Jesús tiene algo
más completo en mente.

El ladrón quiere entrometerse en cada buena cosa que


sucede en su vida. De hecho, este pillo está buscando
cualquier oportunidad para abrirse camino bien
profundamente en sus asuntos personales y poder
robarle todo aquello precioso y querido que usted tiene.
Y eso no es todo; cuando ha terminado de robarle
todos sus bienes y posesiones, él va a seguir con su
plan para robarle todo lo que le quede para que no
llegue al siguiente nivel. Él va a crear condiciones y
situaciones tan horribles que no podrá encontrar
maneras de resolver el problema, excepto sacrificar
todo lo que le queda de sus ataques anteriores. El
objetivo de este ladrón es dejarlo sin nada y devastar
su vida totalmente. Si nada lo detiene, él le dejará
insolvente, en la ruina y vacío en cada área de su vida.
¡Usted va a terminar sintiéndose acabado y fracasado!
¡Créame. el objetivo final del enemigo es aniquilarlo!
Pero yo he venido para que tengan, mantengan, y
constantemente retengan la vitalidad, el entusiasmo, el
gusto, el vigor y el placer por la vida que brota desde
muy adentro. ¡He venido para que puedan optar por
esta sin igual, inigualable, sin par, incomparable,
sobrecargada y desbordante vida hasta lo máximo!2

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Me alegran las palabras “pero yo he venido”, dichas por Jesús
mismo. Él siempre es capaz de interrumpir el plan del enemigo y
llevarnos a la victoria. Como he dicho antes, nadie va por la vida
sin batallas. Pero esas batallas pertenecen al Señor, y si le
adoramos a través de ellas, Él nos dará la victoria.

La alabanza salva

Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y


seré salvo de mis enemigos.
Salmo 18:3

El salmista dijo que cuando necesitaba ser salvo de sus


enemigos, él invocaría al Señor, quien es digno de ser alabado.
Cuando usted y yo enfrentamos batallas en nuestras vidas, si
entramos a la presencia de Dios y lo adoramos, nuestros
enemigos quedarían tan confundidos, que se atacarían unos a
otros. Eso fue exactamente lo que le sucedió a los enemigos de
Josafat y de Gedeón.
Cuando el enemigo trata de molestarnos, y nosotros
reaccionamos con alabanzas a Dios, eso los confunden tanto que
comienzan a atacarse unos a otros. Y en el proceso,
encontramos un nuevo nivel de gozo.
Como hemos visto, hay demasiado temor en el pueblo de
Dios. Pero el Señor nos dice: “No temas, porque yo estoy contigo”
(Isaías 41:10). Bajo el Antiguo Pacto, Dios estaba con su pueblo;
observe las victorias grandiosas que tuvieron. Pero nosotros
podemos ir mucho más allá, porque el mismo Dios que dirigió a
los israelitas de victoria en victoria sobre sus enemigos, no sólo
está con nosotros sino que también está en quienes hemos
creído en Jesús.
Me gusta pensar que el Señor está tan cerca de mí como mi
respiración, y lo necesito a Él tanto como necesito el aliento para
vivir. Dios es nuestra vida. Como Pablo dijo en Hechos 17:28:
“Porque en Él vivimos, y nos movemos, y somos…”. Dios es todo,
y es digno de nuestra alabanza y adoración.

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CAPÍTULO 12

Dios está de su lado

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque


mayor es el que está en vosotros, que el que está en el
mundo.
1 Juan 4:4

La gente tiene tantos temores que podríamos pasar todo el día


enumerándolos y probablemente no terminaríamos. Muchos
creyentes sienten los mismos temores que todo el mundo, a
pesar de que la Biblia nos dice muchas veces que no temamos.
Primera de Juan 4:4 es una “escritura poderosa” contra el temor.
Ella nos asegura que, como la presencia y el poder del Dios
Todopoderoso están dentro de nosotros, nada tenemos que
temer.
Cuando comience a temer, usted debe abrir su Biblia, leer ese
versículo en voz alta y decir: “Satanás, yo no tengo por qué sentir
temor de ti, porque la Palabra de Dios dice que ya te he vencido
por medio de mi relación con Jesús. Dios es mucho más grande
que tú, y ¡Él está de mi lado!”.
¿Sabe usted que la Biblia dice que usted y yo somos más que
vencedores por medio de Jesucristo (ver Romanos 8:37)? Yo creo
que eso significa que no tenemos que vivir con temor. Aun antes
de que empiece la batalla, ya nos dijeron que la ganaremos.
Nosotros sabemos el resultado: podemos entrar en el reposo de
Dios sabiendo que vamos a salir victoriosos.
No quisiéramos pasar por las batallas; resistir el temor no
suele ser fácil. Pero podemos ser alentados sabiendo que lo que
el enemigo intenta para nuestro mal, Dios lo usa para nuestro
bien (ver Génesis 50:20).
Si Dios está de nuestro lado, y nosotros estamos de su lado, al
final todo resultará en beneficio, porque cualquiera que esté con

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el Señor está en el equipo ganador.

“Pero Dios…”

Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en


que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió
por nosotros.
Romanos 5:8, NVI

Hay una pequeña frase en la Biblia que cambia todo para


nosotros. Sólo consta de dos palabritas, pero se encuentra a lo
largo de toda la Biblia y es, probablemente, una de las frases de
dos palabras más poderosas que hay en ella. Es simplemente
esta: “Pero Dios…”.
Mientras vamos por la Biblia, constantemente leemos informes
desastrosos de cosas terribles que el enemigo tenía planeadas
contra el pueblo de Dios. Pero llegamos a esta pequeña frase,
“Pero Dios…”, y lo próximo que leemos es el relato de una
victoria.
Romanos 5:8 menciona el hecho de que todos somos
pecadores, una condición que merece castigo y muerte. La frase:
“Pero Dios…” interrumpe el proceso. El amor de Dios es traído a
la situación y cambia todo. Cuando aún éramos pecadores, Cristo
murió por nosotros, y haciendo eso, nos dio prueba de su amor.
Él probó que su amor interrumpe la devastación del pecado.
No solamente el amor de Dios interrumpe la devastación de
nuestro propio pecado, sino que también interrumpe los planes
del enemigo. Eso exactamente fue lo que sucedió en la vida de
José, en el Antiguo Testamento, cuando sus hermanos lo
vendieron como esclavo, pero Dios estaba con él, y José terminó
en una posición importante del gobierno (ver Génesis 37:28;
41:41-43).
El amor de Dios por usted interrumpe los planes del enemigo o
planes de otras personas contra usted también. Por ejemplo,
quizás usted tuvo un trabajo durante diez años y pensaba que allí
tenía un futuro asegurado. De pronto, algo sucedió y la compañía
cerró; parece que su futuro desapareció. Pero Dios puede
colocarlo en un trabajo mucho mejor que el que usted tenía,

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quizás uno con mejor salario o beneficios, un mejor ambiente de
trabajo, o mejores oportunidades de ascenso y éxito en el futuro.
Dios también puede darle favor y ayudarlo a obtener un trabajo
para el cual todavía no está calificado, naturalmente hablando, y
darle gracia para que lo haga bien. Él puede capacitarlo para
hacer algo que nadie en el mundo, incluyéndolo a usted, habría
pensado jamás que usted sería capaz de hacer.
Debemos aprender a mirar las cosas a través de los ojos de la
fe, y no desde lo natural. Lo que sucede normalmente en una
situación puede ser totalmente cambiado cuando Dios llega a la
escena.
Cuando Dios me llamó al ministerio, la gente me dijo: “Joyce,
hemos estado hablando y creemos que no hay manera de que tú
puedas ser capaz de hacer lo que Dios te dijo que hicieras.
Creemos que tu personalidad no se ajusta a ese trabajo”.
Todavía recuerdo cuán horrible me sentí cuando me dijeron
todas esas cosas. Me sentí herida y desanimada, pero Dios me
había llamado y Él me había calificado. Lo que otros pensaron
que no era de gran utilidad, Dios lo vio de gran valor. Él me
ayudó, y hará lo mismo por usted. Cuando la gente nos dice que
ciertas cosas son imposibles, o les disgusta grandemente, y hasta
comenzamos a dudar de nosotros mismos, no debemos darnos
por vencidos. Debemos adorar y ver a Dios obrar a nuestro favor.
Todas las cosas son posibles para Dios para aquellos que creen
(ver Marcos 9:23).

¡El Señor está con nosotros!

Josué y Caleb fueron dos hombres de Dios que se encontraron


rodeados por un grupo de gente pesimista y llena de incredulidad.
Josué y Caleb no permitieron que el pesimismo de esa gente los
afectara adversamente; permanecieron llenos de fe y confianza
en que conquistarían a sus enemigos.
Nosotros también debemos estar determinados a no permitir
que tales personas nos roben nuestro gozo, quitándonos nuestra
actitud positiva. No podemos permitirles que destruyan nuestra
confianza de que Dios es un Dios bueno y tiene un buen plan
para nuestra vida. El enemigo usa gente negativa y llenas de

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incredulidad para agotar nuestro gozo, por lo que debemos ser
diligentes en no permitírselo.
Hay momentos de la vida en que las circunstancias no son
muy estimulantes. Miramos, y vemos problemas que parecen
gigantescos para nosotros, pero debemos recordar que Dios es
más grande que los gigantes. Josué y Caleb se encontraron
precisamente en tal situación. Moisés los había enviado junto a
otros diez hombres a la Tierra Prometida de Canaán para espiarla
y traer un informe de lo que habían visto. Diez de los hombres
regresaron y dijeron: “La tierra está llena de buenos frutos, pero
está también llena de gigantes, y no podemos vencerlos”.
Pero Josué y Caleb tenían una actitud diferente. Ellos también
habían visto los gigantes pero prefirieron mantener los ojos en
Dios, quien ellos creían era más grande que los gigantes. Su
informe fue: “Subamos de una vez, y tomemos posesión de ella;
porque nosotros somos capaces de derrotarlos” (Números 13:30).
La gente pesimista inmediatamente respondió: “No somos
capaces” (Números 13:31).
Esa es la manera en que las cosas ocurren a menudo en la
vida. Siempre hay gente que es optimista, quienes tratan de salir
adelante. También hay gente pesimista, quienes tratan de
contaminar todo lo bueno y positivo con su mala actitud. Diez de
los espías fueron pesimistas y dos fueron optimistas. Esos
números significan que un ochenta por ciento de las personas dijo
que no serían capaces de derrotar a los gigantes, mientras que
sólo un veinte por ciento creyó que el poder de Dios era más
grande que el problema. Si una proporción mayor de las personas
creyeran en el gran poder de Dios, veríamos más triunfadores de
los que vemos.
Es triste decirlo, pero a menudo ponemos nuestros ojos en los
gigantes en vez de ponerlos en Dios. Perdemos nuestro foco; nos
enredamos con los problemas y perdemos de vista lo que Dios
nos ha llamado a hacer. Yo creo que si pasáramos más tiempo
adorando y alabando a Dios, nos ayudaría a mantener nuestra
visión clara y nos permitiría seguir adelante con una actitud
fuertemente positiva, creyendo que podemos hacer todo lo que
Dios nos diga que hagamos. Pase tiempo alabando a Dios por lo
que Él ya ha hecho en su vida y adorándolo por su grandeza, y el

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hecho de que no hay nada que Él no pueda hacer.
Josué y Caleb les recordaron a los demás que Dios había
prometido darles la tierra. Los animaron a no rebelarse contra el
Señor y a no temer a la gente. Dijeron: “¡El Señor está con
nosotros!” (Números 14:9).
Dios no está con el enemigo; Él está con nosotros. “Y si Dios
es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Yo le
animo a que practique mantener una buena actitud. Esté
contento, y sea agradecido. Observe lo que Dios está haciendo,
no solo lo que le parece que Él no está haciendo a favor de usted.
Evite la queja. En su lugar, adore a Dios y manténgase
adorándolo hasta que vea su liberación. Una buena actitud
atraerá su victoria más rápido que teniendo un actitud negativa.
Aunque la espera de su victoria sea larga, podría estar contento
mientras espera. A esto se le llama “disfrutar donde está camino
a donde va”.
No importa cuáles sean nuestras circunstancias actuales,
sabemos que Dios está con nosotros. En realidad, Él ya va
mucho más adelante que nosotros. Él ya sabe el resultado, y su
plan es para nuestro bien y no para fracasar.

“No temas – Dios va delante de ti”

Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te


dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.
Deuteronomio 31:8

En este pasaje, Moisés le dijo a Josué que se esforzara, cobrara


ánimo y estuviera firme, porque él dirigiría al pueblo a la tierra que
el Señor les había dado. Le aseguró que el Señor nunca lo iba a
dejar ni a desamparar, sino que iría delante de él para guiarlo a la
victoria. La misma promesa ha sido hecha para usted y para mí.
Es reconfortante pensar que, dondequiera que vayamos, Dios
estuvo ahí antes que nosotros, preparando el camino. Tuve algún
entendimiento de lo que esto significa, porque cuando Dave y yo
viajamos, especialmente en viajes internacionales, enviamos a un
equipo de personas a la ciudad para preparar el camino antes de
que lleguemos. Ellos se aseguran de conocer todas las

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direcciones necesarias para llegar dondequiera; verifican los
hoteles y confirman que estén hechos todos los arreglos, así que
cuando nosotros llegamos nos concentramos en ministrar a la
gente en vez de enredarnos con detalles en los que no
necesitamos estar involucrados. Eso permite que nuestro
ministerio sea mucho más fructífero.
En una ocasión planeamos una conferencia fuera de los
Estados Unidos. Cuando nuestro empleado llegó, con varios
meses de anticipación al evento, se dio cuenta de que el estadio
que planeábamos utilizar estaba en un área de la ciudad donde
era muy difícil entrar y salir. El tránsito podía ser bastante intenso
antes y después de las reuniones; y sólo había una carretera para
entrar y otra para salir del lugar, lo que significaba que la gente
podía estar al menos cuatro horas en el tráfico para llegar a
donde necesitaban ir. Enviar al empleado con meses de
anticipación probó ser muy fructífero. Él pudo cambiar el lugar de
reunión y ahorrarnos bastante tiempo.
Saber que alguien va delante de nosotros cuando viajamos es
muy reconfortante para mí, y tengo la seguridad de que todo está
como debe estar. Asimismo, saber que Dios va delante de mí en
cada situación de mi vida me da alivio y confianza, y soy libre
para vivir sin temor.
Por ejemplo, si fue citado a una audiencia judicial, debe
comprender que Dios siempre irá adelante y entrará a la corte
antes de que usted llegue. O si necesita confrontar a su patrón
sobre alguna situación del trabajo, crea lo que dice la Palabra,
que Dios irá delante de usted y preparará el camino, que Él le
dará favor y aun le dará las palabras correctas para que usted
hable cuando llegue el momento. Desate su fe en el Dios que va
delante de usted, y crea que Él ha preparado el camino.
También le animo a que sea cuidadoso con sus pensamientos
cuando enfrente situaciones como éstas. A menudo oramos y
pedimos a Dios que nos ayude, pedimos milagros, pero en
nuestros pensamientos e imaginación, vemos desastre y fracaso.
Necesitamos desechar toda idea que no esté de acuerdo con la
Palabra de Dios. El salmista decía: “Sean gratos los dichos de mi
boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová…”,
(Salmo 19:14). Dios se complace con nuestros pensamientos y

90
palabras cuando están de acuerdo con su Palabra.
Cuando necesitamos el poder de Dios para que nos ayude en
una situación, no pedimos por algo positivo para luego ponernos
a hablar de manera negativa acerca de las circunstancias. Es
muy importante que pidamos lo que necesitamos, y después
mantener nuestros pensamientos y palabras en línea con lo que
hemos pedido, de acuerdo con la Palabra de Dios.

91
CAPÍTULO 13

Permanezca en posición

Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las


nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no
llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez
oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.
Santiago 5:17-18

En 1 Reyes 17:1, Elías, el profeta de Dios, le dice al malvado rey


Acab que por mandato de la palabra de Jehová, la tierra no
volvería a tener lluvia durante cierto tiempo. Estoy segura que él
tuvo que armarse de valor para darle tan malas noticias al rey,
pero Elías temía a Dios más que al hombre, y fue obediente en
llevar el mensaje.
Durante todo ese tiempo de sequía, Dios tuvo cuidado de
Elías. Primero, lo escondió en el arroyo y envió cuervos que le
llevaran alimento (ver 1 Reyes 17:2-6). Luego, cuando el arroyo
se secó, Dios lo envió a la casa de una pobre viuda, donde Él
proveyó de manera milagrosa para la viuda, su hijo y Elías, hasta
que Él decidió enviar lluvia a la tierra nuevamente (ver 1 Reyes
17:7-24).
Transcurridos esos años, el Señor envió a Elías nuevamente
ante el rey Acab para que le diera la noticia de que volvería a
llover otra vez. Acab era un hombre muy malvado, y donde hay
maldad siempre hay sequía y hambre de toda clase. Cuando la
gente no sirve a Dios, siempre pasa algún tipo de necesidad, sea
espiritual, emocional o física.

El mensaje de Elías a Acab

Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe;


porque una lluvia grande se oye.

92
1 Reyes 18:41

Dios había traído sequía y hambre sobre Israel para mostrar su


poder a Acab. Quería que Acab y su esposa Jezabel supieran
que debían cambiar sus perversos caminos. Y si no lo hacían, las
cosas no iban a estar bien.
Después de tres años de hambre, Jehová envió a su profeta
Elías para que fuera ante Acab y le anunciara que volvería a
llover. No había ninguna señal de lluvia en el cielo, pero Elías
obedeció y le dijo al rey Acab que se preparara porque la lluvia
finalmente llegaría. Así que Elías y le dijo a Acab: “Mejor es que
te prepares porque oigo una lluvia grande. Mejor es que estés
preparado porque va a venir tremendo aguacero”.
Observe que la sequía había durado tres años. En nuestras
vidas hay ciertas pruebas que duran mucho más que otras. Nos
gustaría que todas ellas fueran de corta duración, pero ése no es
siempre el caso. Durante esos tiempos de pruebas largas, a
menudo nos preocupamos. Sentimos que necesitamos ver alguna
señal de parte de Dios, aunque sea una pequeña, de que Él está
obrando en nuestra situación, y que pronto veremos nuestra
liberación.
¿Qué se supone que debemos hacer durante esos
momentos? Primero que nada, debemos hablar en fe. Podemos
decir lo que necesitamos y queremos, y no lo que tenemos. Como
Elías, debemos decir: “Está comenzando a llover”. En otras
palabras, cualquiera sea la bendición que necesitemos que Dios
derrame en nuestras vidas, debemos declararla como si ya
estuviera hecha. No mentimos al hacer esto, porque en el campo
espiritual ya está sucediendo; simplemente, aguardamos a que se
manifieste lo que Dios ya está haciendo. Si usted está con
alguien que quizás no entienda sus declaraciones de fe, entonces
simplemente diga: “Creo que Dios está haciéndose cargo de mi
problema ahora mismo”.
En realidad, no creo que Elías haya oído el sonido de la lluvia
con sus oídos naturales. Lo escuchó en el Espíritu, por fe, no
físicamente. Estaba atento al Espíritu de Dios y creyó lo que Él
dijo, lo anunció a Acab, y comenzó a actuar antes de verlo
manifestado.

93
Quizás usted también está esperando que se cumpla una
palabra de parte de Dios. Quizás no vea nada todavía, pero
¿puede oír algo con sus oídos espirituales? ¿Puede creer por fe
que su bendición ya viene en camino? El enemigo puede estar
obstaculizando su bendición, pero el Espíritu Santo está
presionando contra ese obstáculo ahora mismo, y está a punto de
romperse.

Mantenga su posición

Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose


en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su
criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y
miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve
siete veces.
1 Reyes 18:42-43

Luego de anunciarle a Acab lo que iría a acontecer, que vendría


una lluvia grande, Elías subió a la cumbre del Monte Carmelo.
Allí, de rodillas, con su frente contra el suelo, en posición de
adoración, Elías envió a su criado en varias ocasiones para que
viera si había comenzado a llover.
¿No lo ve? Elías está postrado mientras su criado va y hace lo
que se le indicó. Mientras buscaba en el horizonte para ver si
venía la lluvia, él tal vez pensaría: “Elías se ha equivocado esta
vez. No está sucediendo nada en absoluto. ¿Por cuánto tiempo
vamos a continuar esto que no tiene sentido?”
Siete veces regresó el criado con malas noticias, pero Elías
nunca se movió de su posición. Imagínese cómo se habrá sentido
cada vez que el criado le traía el informe de que todavía no se
veía caer la lluvia no caía. Pero en cada oportunidad, Elías sólo
decía: “Vuelve otra vez”.
El siervo de Elías puede haber dicho: “Elías, esta vez debes
haberte equivocado con Dios, pues no pasa nada; no hay siquiera
una nube”.
Mas en cada ocasión, a pesar de los repetido informes
negativos, Elías sólo decía: “Vuelve otra vez”. ¡Se negaba a darse
por vencido! Él permaneció ahí donde estaba: adorando a Dios.

94
Muchas veces, nuestro problema es que estamos en la
posición correcta, pero cuando nuestras situaciones no parece
cambiar lo suficientemente rápido, cambiamos de posición.
Comenzamos a llamar a todos nuestros conocidos,
preguntándoles qué hicieron ellos cuando atravesaron por
circunstancias similares, o empezamos a razonar sobre cómo
podemos cambiar las cosas. Debemos recordar que quienes
confían en la carne serán decepcionados, pero los que ponen su
confianza en Dios nunca serán defraudados o avergonzados (ver
Romanos 10:11). Lo que debemos hacer es tomar nuestra
posición en adoración y mantenernos firmes. En lugar de estar
cambiando posiciones, debemos mirar y mantenernos mirando a
las señales de que nuestra bendición ya viene de camino. En su
tiempo, veremos a Dios moverse a nuestro favor.
La adoración fortalece nuestra fe. La duda podría haber hecho
que Elías se diera por vencido, pero su adoración lo mantuvo
firme. Romanos 4:8-20 nos dice que Abraham no tenía
absolutamente ninguna razón humana para tener esperanza. La
duda y la incredulidad llegaron a su vida, pero no lo pudieron
derrotar. Él se hizo fuerte mientras rendía alabanza y adoración a
Dios. Parece que eso mismo le sucedió a cada uno de los
valientes hombres y mujeres de la Biblia, quienes optaron por
alabar y adorar a Dios en medio de sus batallas, y así podemos
estar seguros que cuando también estemos pasando las
nuestras, optemos por alabar y adorarle a Él.

Elías sobrepasó a su enemigo

A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como


la palma de la mano de un hombre, que sube del mar.
Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende,
para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en
esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y
viento, y hubo una gran lluvia.
1 Reyes 18:44-45

Finalmente, la séptima vez, el criado de Elías regresó diciendo


que había visto a lo lejos, en el horizonte, una pequeña nube del

95
tamaño de la palma de la mano de un hombre. Creo que eso nos
enseña que si usted y yo observamos atentamente, siempre
podremos encontrar una nube de esperanza en nuestras
circunstancias, aunque esta sea pequeña. No importa lo que
parezcan las cosas, estoy segura de que hay al menos un poco
de esperanza con la cual podamos sostenernos.
La nube que vio el criado de Elías debía parecer diminuta en la
vasta expansión del cielo, pero fue suficiente para emocionar a
Elías. Quizás debemos estar emocionados por lo que vemos, no
importa cuán pequeño pueda ser, en vez de estar deprimidos por
lo que todavía no vemos.
Tan pronto como recibió el informe de su criado, Elías fue lo
bastante audaz para enviarlo a anunciarle a Acab que era mejor
que se fuese a su casa, porque la lluvia venía en camino. Dicho y
hecho, en corto tiempo los cielos se ennegrecieron con nubes, y
una gran lluvia comenzó a caer. Entonces Elías comenzó a correr
tan rápido que se le adelantó al carro de Acab hasta llegar a
Jezreel, situada a casi veinte millas de distancia (1 Reyes 18:46).
Usted puede imaginar la expresión del rostro de Acab, cuando de
repente Elías le pasó por el lado corriendo, posiblemente con un
ademán de manos diciéndole: “¡Te lo dije! ¡Nos vemos en
Jezreel!”.
Cuando el Espíritu de Dios vino sobre Elías, él fue capaz de
aventajar y sobrepasar a su enemigo, el rey Acab. Había resistido
el tiempo de prueba, cuando tuvo que creer lo que Dios dijo sin
ver nada. Durante ese tiempo, él permaneció en su posición. Él
había adorado a Dios durante todo el tiempo de la prueba, y
nosotros debemos hacer lo mismo.
De igual modo, cuando el Espíritu de Dios viene sobre usted y
sobre mí, somos capaces de aventajar a nuestro enemigo. El
Espíritu de Dios viene sobre nosotros mientras adoramos; Él nos
unge para sobrepasar a nuestro enemigo. Esto es parte del plan
de batalla de Dios.

96
CAPÍTULO 14

Dios dispone para bien

Ustedes se propusieron hacerme mal, pero Dios dispuso


todo para bien. Él me puso en este cargo para que yo
pudiera salvar la vida de muchas personas.
Génesis 50:20, NTV

Quizás recuerde la historia de José en el Antiguo Testamento,


quien fue exaltado para ser el segundo al mando, después del
Faraón, sobre todo Egipto, luego de que sus hermanos lo
vendieron como esclavo y le dijeron a su padre que había muerto.
En un momento dado, cuando Dios había puesto a José en esa
importante posición de autoridad en Egipto, sus hermanos
vinieron a Egipto para comprar granos, a causa del hambre que
José había predicho que vendría. Más tarde, José hizo arreglos
para que su padre Jacob, sus hermanos y todas sus familias
vinieran a vivir en paz y prosperidad en Egipto.
Cuando su padre Jacob murió, los hermanos de José tenían
miedo de que él fuera a vengarse de ellos por haberlo vendido
como esclavo años antes. En Génesis 50:20, José les brinda
confianza expresándoles su perdón. En adición a perdonarlos, él
también les demuestra su buena actitud, diciéndoles
básicamente: “Ustedes hicieron esto para mal, pero Dios lo utilizó
para bien, para salvar a mucha gente del hambre”.
Es asombroso ver cuántas veces Satanás nos tiende una
trampa, tratando de causarnos daño y destrucción. Pero cuando
Dios interviene, toma lo que Satanás intentó usar para destruirnos
y lo torna de modo que resulte para nuestro bien. Ningún ser
humano puede hacer que las cosas resulten de esa manera, pero
Dios sí. Él puede tomar cada situación negativa y, mediante su
poder milagroso, usarla para hacernos más fuertes y más
peligrosos para el enemigo de lo que hubiéramos sido sin ella.

97
Mi propia experiencia demuestra esto. Yo fui sexual, mental y
emocionalmente abusada durante muchos años en mi niñez.
Ciertamente, es terrible que algo así haya podido pasarle a una
niña, y definitivamente fue una obra de Satanás, pero Dios lo
dispuso para bien. Mi desorden se ha convertido en mi mensaje;
mi miseria se ha convertido en mi ministerio, y estoy usando la
experiencia que gané de mi dolor para ayudar a multitudes de
otros que están heridos.
Lo animo a que no malgaste su dolor. Dios lo usará si usted se
lo entrega. Él me ha dado belleza en lugar de cenizas, como
prometió hacerlo en Isaías 61:3, pero tuve que salir de las
cenizas. Tuve que aprender a tener una buena actitud, como hizo
José, y tuve que aprender a salir de la amargura, del
resentimiento y de la falta de perdón hacia la gente que me hirió.
Si Satanás ya lo ha herido, no permita que el dolor continúe y
siga dejándole amargura. Cuando odiamos a la gente, solamente
nos estamos hiriendo a nosotros mismos cada vez más. Y sucede
que la gente con quien estamos enojados sigue disfrutando sus
vidas, sin tener la menor idea de lo que sentimos por ellos.
Recuerde, Dios es su Defensor, y cuando llegue el momento, Él
traerá justicia. Al final los mansos heredarán la tierra, y los
enemigos de Dios perecerán (ver Salmo 37).
Veamos la historia de Ester y su pueblo, como otro ejemplo de
cómo Dios sacó provecho del mal.

El plan de satanás para mal

Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se


humillaba delante de él; y se llenó de ira. Pero tuvo en
poco poner mano en Mardoqueo solamente, pues ya le
habían declarado cuál era el pueblo de Mardoqueo; y
procuró Amán destruir a todos los judíos que había en
el reino de Asuero, al pueblo de Mardoqueo.
Ester 3:5-6

Si usted está familiarizado con esta historia, debe recordar que


Ester, la prima e hija adoptiva de un judío llamado Mardoqueo,
había sido escogida por el rey Asuero para ser la reina de su

98
dominio. ¿Cómo sucedió esto? Fue seleccionada como una joven
virgen para ser parte del harén del rey, y estoy segura de que ése
no era el plan que ella tenía para su vida. La situación
probablemente la amedrentó, y estoy segura que se sintió
desdichada en ese momento. Permaneció un tiempo allí, mientras
la preparaban para presentarla al rey. Cuando llegó el momento,
Dios le dio favor ante él, y fue escogida para ser la reina. Poco
sabía Ester que Dios la estaba posicionando para salvar a su
nación.
A menudo hemos pensado un plan para nuestras vidas, pero
sucede algo que lo interrumpe. Nos resistimos al cambio y
estamos descontentos con él, pero, no importa lo que hagamos,
esta nueva situación parece ser la voluntad de Dios para
nosotros. No podemos imaginar cómo podrá resultar para bien,
pero Dios tiene pensado un plan mucho mejor que el nuestro.
Mardoqueo, el hombre que crió a Ester, era un asistente de la
corte real, y tenía un enemigo llamado Amán, el más alto oficial
del rey. Como Mardoqueo se negó a inclinarse ante él, Amán se
enfureció y urdió un plan para destruir no solo a Mardoqueo, sino
a todos los judíos con él—sin tener en cuenta que la reina Ester
era judía y prima de Mardoqueo.
En la Biblia, algunos personajes son tipos y sombras, o
ejemplos de los enemigos de Dios; y en esta historia, Amán
representa al mismo diablo. Amán tenía un plan para destruir al
pueblo de Dios, así como Satanás tiene un plan para destruirnos
a nosotros, porque pertenecemos a Dios.
En la situación de Ester, la Biblia nos dice que ella estaba
atemorizada por el decreto que Amán había emitido contra el
pueblo judío. Sin embargo, Mardoqueo le dijo que era
precisamente para esa hora que había sido llamada a ser reina
(ver Ester 4:14). En otras palabras, ése era su destino.
Además, Mardoqueo le dijo que si no hacía lo que Dios le
estaba pidiendo, perecería con todos los demás judíos. Ester
accedió a hacer lo que fuera necesario. Tomándose un gran
riesgo, Ester invitó al rey y a Amán a una cena íntima, donde
esperaba exponer el plan diabólico de Amán al rey.
Mardoqueo era un maravilloso hombre de Dios, quien en una
oportunidad había salvado la vida del rey al denunciar un complot

99
organizado contra él por dos de sus eunucos. El hecho se había
registrado en el libro de las memorias y crónicas en la presencia
del rey, pero nunca había sido recompensado por ello (ver Ester
2:21-23). Más tarde veremos cómo Dios recompensó a
Mardoqueo por descubrir este plan diabólico.
Mardoqueo fue un hombre llamado y ungido por Dios para
traer la liberación del pueblo de Dios, así como en este tiempo
usted y yo hemos sido llamados y ungidos por Dios para traer
liberación y ayudar a otros.
Como hemos visto, Amán representa a Satanás. Así como
Amán tenía un plan para destruir a Mardoqueo y los judíos,
igualmente Satanás tiene un plan para nuestra destrucción.
En Ester 5:14 vemos el plan que le presentan a Amán para
destruir a Mardoqueo:

Y le dijo Zeres su mujer y todos sus amigos: Hagan


una horca de cincuenta codos de altura, y mañana di al
rey que cuelguen a Mardoqueo en ella; y entra alegre
con el rey al banquete. Y agradó esto a los ojos de
Amán, e hizo preparar la horca.

Recuerde que aparte de planificar personalmente la muerte de


Mardoqueo, Amán, con el permiso del rey, ya había emitido y
proclamado por todo el reino, la orden de que en cierta fecha
determinada todos los judíos debían ser asesinados y sus
posesiones confiscadas. Ester 3:13 dice que “fueron enviadas
cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la
orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y
ancianos, niños y mujeres, en un mismo día, […] y de apoderarse
de sus bienes”.
Así que Amán había urdido un plan para la completa
destrucción del pueblo de Dios, y al parecer la orden no podía ser
cambiada, porque se había emitido bajo la autoridad del rey. Pero
Dios tenía un plan distinto, y comenzó a ponerlo en acción.

El plan de Dios para bien

Aquella misma noche se le fue el sueño al rey, y dijo


que le trajesen el libro de las memorias y crónicas, y

100
que las leyeran en su presencia. Entonces hallaron
escrito que Mardoqueo había denunciado el complot de
Bigtán y de Teres, dos eunucos del rey, de la guardia
de la puerta, que habían procurado poner mano en el
rey Asuero. Y dijo el rey: ¿Qué honra o qué distinción
se hizo a Mardoqueo por esto? Y respondieron los
servidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con
él.
Ester 6:1-3

Una noche cuando el rey no podía dormir, hizo que alguien le


leyera el Libro de las Crónicas, y escuchó que Mardoqueo
previamente había descubierto el complot para hacerle daño al
rey. Usted y yo necesitamos recordar que siempre que hagamos
cualquier cosa buena, aunque sea en secreto, Dios la tiene
anotada. Él no se olvidará. Llegará el día en que nuestras buenas
obras serán expuestas a la luz.
Cada vez que hemos orado por otros o les hemos dado algo;
cada vez que nos hemos sometido a la autoridad cuando
podíamos habernos rebelado contra ella; cada vez que hemos
confesado la Palabra de Dios cuando todas nuestras emociones
nos gritaban que dijéramos cosas negativas; cada acto de
obediencia es anotado y será recompensado. Cada vez que
hemos tomado nuestra posición de fe, adoración y buena actitud;
cada vez que le hemos ofrecido a Dios sacrificio de alabanza, Él
se acuerda. Él no se olvida de las cosas que hemos hecho bien,
con corazones puros y actitudes correctas (ver Hebreos 6:10).
Mardoqueo había realizado algunas buenas obras, pero no
alardeó de ellas. Las había hecho en secreto, para el Señor. La
Biblia nos enseña que no dejemos que nuestra mano derecha
sepa lo que está haciendo nuestra mano izquierda (ver Mateo
6:3). Eso significa hacer lo que sentimos que Dios nos dirige a
hacer; que lo hagamos para su gloria, luego olvidarlo y continuar
con nuestra labor. Significa no darnos una palmadita en la
espalda y contar a otros lo que hemos hecho, sino simplemente
saber que nuestra recompensa vendrá de Dios en el momento
oportuno.

101
Dos planes entran en conflicto

Entonces dijo el rey: ¿Quién está en el patio? Y Amán


había venido al patio exterior de la casa real, para
hablarle al rey para que hiciese colgar a Mardoqueo en
la horca que él le tenía preparada. Y los servidores del
rey le respondieron: He aquí Amán está en el patio. Y
el rey dijo: Que entre. Entró, pues, Amán, y el rey le
dijo: ¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey?
Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey
honrar más que a mí?.
Ester 6:4-6

Ahora vemos cómo el escenario se va armando en su lugar.


Vemos cómo el diablo, representado por Amán, está trabajando
en su plan, y también cómo Dios está trabajando en el suyo.
Como Amán estaba tan lleno de orgullo, ni podía imaginar que
el rey quisiera honrar a alguien que no fuera él. Así que pensó:
“Estoy a punto de ser realmente bendecido, así que debo pedir
algo que sea tremendamente bueno”.
Amán le sugirió al rey que para aquella persona que él
deseaba honrar se le debía poner el vestido real del cual el rey se
vestía, el caballo del cual el rey cabalgaba, y la corona real. Él
también recomendó que alguno de los príncipes más nobles del
rey guiara al hombre honorable por la ciudad y pregonara delante
de él: “Así se hará al varón cuya honra desea el rey” (Ester 6:9).
Lo que el rey, quien en esta historia representa al Señor, le
estaba diciendo a Amán, era: “Cada bendición que planificaste
para ti, ahora se la vas a otorgar a Mardoqueo. Tú vas a ser
testigo de cómo lo bendigo”. Cuando Dios decide bendecir a
alguien, ninguna persona en la tierra lo puede parar.
Satanás tiene pensadas algunas trampas asquerosas para
cada uno de nosotros. Él tiene un plan para nuestra destrucción
total, como lo tuvo Amán para Mardoqueo y los judíos. Pero Dios
también tiene un plan para cada uno de nosotros, y el plan de
Dios no podrá ser impedido.

El plan de Dios prevalece

102
Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a
Mardoqueo, y lo condujo a caballo por la plaza de la
ciudad, e hizo pregonar delante de él: Así se hará al
varón cuya honra desea el rey. Después de esto
Mardoqueo volvió a la puerta real, y Amán se dio prisa
para irse a su casa, apesadumbrado y cubierta su
cabeza.
Ester 6:11-12

Pero ese no es el final de la historia. No sólo el Señor “le dio


vuelta a la tortilla” de Amán, dándole a Mardoqueo el honor que
había planificado para sí mismo, sino que también le devolvió a
Amán el plan diabólico que éste había preparado para
Mardoqueo.
Cuando Amán concurrió a la cena, invitado por la reina Ester,
ella reveló al rey la malvada conspiración para aniquilar a su
pueblo. Como resultado, el rey hizo que colgaran a Amán de la
horca que había construido para Mardoqueo. Ester había adorado
a Dios mediante su obediencia y buena voluntad para
permanecer en la situación que le desagradaba. Estuvo dispuesta
a dejar a un lado su propio plan y aceptar el plan de Dios, aunque
de momento no lo entendiera. Cada acto de obediencia es una
forma de adoración que Dios no ignora.
Así como los enemigos de Josafat y de Gedeón terminaron
matándose unos a otros, así el plan de Amán fue
contraproducente para él. Él obtuvo lo que estaba tratando de
hacerle a Mardoqueo y a los judíos.
Así que al final, Mardoqueo terminó en la casa de Amán, que
le había sido dada a Ester por el rey, y Ester se la dio a
Mardoqueo (ver Ester 8:1-2). El rey también dio permiso y
autoridad a la reina Ester y a Mardoqueo para que hicieran un
decreto y enviaran cartas en su nombre, por todo el reino, para
contrarrestar las órdenes emitidas por Amán, de que los judíos
fueran asesinados y sus posesiones confiscadas.
Cuando mantenemos nuestros ojos en Dios, nos sostenemos
firmes en la fe, continuamos adorando, y seguimos creyendo y
declarando la Palabra de Dios, veremos que el plan que el diablo
había trazado para dañar nuestras vidas trabaja para nuestro

103
bien.
Cuando todo terminó, los judíos fueron honrados y
bendecidos, la reina Ester fue aún más admirada y respetada por
el rey, y Mardoqueo fue elevado a segundo en el mando, sólo
después del propio rey.
Observe que dije: “cuando todo terminó”. Cualquier cosa difícil
que pueda estar pasando ahora en su vida, a su tiempo
terminará. Como dice el dicho: “¡Todo pasa!”. Le animo a que
mire más allá del dolor, hacia el gozo de obtener la victoria y la
recompensa.
Creo que la palabra de aliento que encierra la historia de Ester
y Mardoqueo, y todo lo que he enseñado en este libro, es algo
que mucha gente necesita ahora, quizás usted mismo. No
importa por lo que esté atravesando o qué tormentas está
enfrentando, tome su posición. No se dé por vencido. Párese
firme. Entre en el reposo de Dios. Vea la salvación del Señor.
Deje de preocuparse y tratar de entender todo lo que está
ocurriendo en su vida. Y más que nada, adore a Dios. Recuerde,
no importa cuál sea su batalla, no es suya; la batalla le pertenece
al Señor y Él tiene un plan para darle la victoria.

104
CONCLUSIÓN

Creo que como resultado de leer este libro, usted comenzará a


manejar sus pruebas, problemas y batallas de su vida de una
manera totalmente diferente, de las que pudo haberlas manejado
antes. Porque ahora usted entiende el plan de batalla de Dios.
Aunque esté enfrentando tentaciones en su vida, cuando adora a
Dios será fortalecido para resistirlas. En este libro, le he
compartido algunas verdades que le ayudarán a disfrutar mejor
su vida y su relación con Dios mucho más que antes. El más alto
llamado de cada creyente es poder disfrutar a Dios y disfrutar
nuestra comunión con Él.
Si estamos preocupados o tratamos de ver cómo resolvemos
nuestros problemas en nuestras fuerzas, no estamos teniendo
comunión con Dios. Recuerdo una mañana en que me senté en
la silla donde oro diariamente, y comencé a preocuparme por
cómo estaba mi situación en ese momento y a reflexionar qué
podía hacer al respecto. De pronto, escuché aquella tenue
vocecita dentro de mi espíritu, preguntándome: “Joyce, ¿vas a
tener comunión con tu problema o conmigo?”. Dios estaba
dispuesto a manejar mi problema si yo estaba dispuesta a
olvidarlo y pasar mi tiempo con Él. Tuve que acordarme de
adorar, no de preocuparme.
Creo que usted va a comenzar a hacer rápidos progresos en
su vida como resultado de las lecciones que ha aprendido en este
libro, tanto que se asombrará. Creo que su vida será más fácil
desde este momento en adelante. No quiero decir que nunca más
va a experimentar pruebas y tentaciones, sino que, mientras
usted adora a Dios, encontrará que lo que llamo un “alivio santo”
se manifestará en su vida. Para los adoradores todo es más fácil.
Mientras adoramos, nuestras cargas son quitadas, y quedamos
libres para disfrutar donde estamos camino a donde vamos.
Recuerde, Dios es por usted. Él tiene un plan de batalla
seguro para liberarlo, aun antes de que se enfrente a las

105
tormentas de la vida. Él ya ha preparado el camino para su
liberación y la victoria que necesita. ¡Así que adore al Señor hasta
que obtenga la victoria!

106
Joyce Meyer es una de las maestras de la Biblia líderes en el
mundo. Su programa diario, Disfrutando la vida diaria, se
transmite por cientos de canales de televisión y estaciones de
radio en todo el mundo.
Joyce ha escrito más de 100 libros inspiradores. Algunos de
sus superventas son: Dios no está enojado contigo; Cómo formar
buenos hábitos y romper malos hábitos; Hazte un favor a ti
mismo…perdona; Vive por encima de tus sentimientos;
Pensamientos de poder; El campo de batalla de la mente; Luzca
estupenda, siéntase fabulosa y Mujer segura de sí misma.
Joyce viaja extensamente, teniendo congresos a lo largo del
año, hablando a miles de personas alrededor del mundo.

107
Joyce Meyer Ministries
P.O. Box 655
Fenton, MO 63026
USA
(636) 349-0303
Joyce Meyer Ministries—Canadá
P.O. Box 7700
Vancouver, BC V6B 4E2
Canada
(800) 868-1002
Joyce Meyer Ministries—Australia
Locked Bag 77
Mansfield Delivery Centre
Queensland 4122
Australia
(07) 3349 1200
Joyce Meyer Ministries—Inglaterra
P.O. Box 1549
Windsor SL4 1GT
United Kingdom
01753 831102
Joyce Meyer Ministries—Sudáfrica
P.O. Box 5
Cape Town 8000
South Africa
(27) 21-701-1056

108
NOTAS

1. Definición según el Diccionario Expositivo de palabras del


Antiguo y Nuevo Testamento Exhaustivo de Vine, (Nashville:
Thomas Nelson, Inc., 1998), p. 639, s.v. “transfigurar,”
“transformar”.
2. Rick Renner. Sparkling Gems From the Greek [Gemas
resplandecientes del griego], (Tulsa, OK: Harrison House and
Teach All Nations, 2003), 548.

109
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110
CONTENIDO

1. Cubierta
2. Página del título
3. Bienvenido
4. Introducción
5. PARTE 1:EL PLAN DE BATALLA DE DIOS
6. 1. Fase 1: Escuche directamente a Dios
7. 2. Fase 2:Admita su dependencia de Dios
8. 3. Fase 3: Tome su posición
9. 4. Fase 4: El Señor trae la liberación
10. PARTE 2:TRANSFORMADOS POR MEDIO DE LA
ADORACIÓN
11. 5. No luche, adore
12. 6. La adoración interna y externa
13. 7. La adoración y la oración
14. 8. La adoración y el cambio
15. 9. Adore a Dios con una conciencia limpia
16. 10. Dios es por nosotros
17. 11. Dios proveerá
18. 12. Dios está de su lado
19. 13. Permanezca en posición
20. 14. Dios dispone para bien
21. Conclusión
22. Acerca de la autora
23. Notas
24. Boletines

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Índice
Página del título 1
Bienvenido 3
Introducción 4
PARTE 1:EL PLAN DE BATALLA DE DIOS 7
1. Fase 1: Escuche directamente a Dios 8
2. Fase 2:Admita su dependencia de Dios 15
3. Fase 3: Tome su posición 21
4. Fase 4: El Señor trae la liberación 29
PARTE 2:TRANSFORMADOS POR MEDIO DE
37
LA ADORACIÓN
5. No luche, adore 38
6. La adoración interna y externa 47
7. La adoración y la oración 55
8. La adoración y el cambio 61
9. Adore a Dios con una conciencia limpia 69
10. Dios es por nosotros 74
11. Dios proveerá 79
12. Dios está de su lado 85
13. Permanezca en posición 92
14. Dios dispone para bien 97
Conclusión 105
Acerca de la autora 107
Notas 109
Boletines 110

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