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Para combatir seriamente al delito se debe instrumentar una realista política de Estado en materia

criminal que resista a los saludables cambios de gobierno que acontecen en todo sistema
democrático. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha advertido que la violencia y la
delincuencia afectan gravemente la vigencia del Estado de Derecho. En los últimos años se
evidencia una constante violación a derechos fundamentales de los individuos, producidos por una
alarmante cantidad de actos de violencia, y producto de la inseguridad ciudadana existente en el
país. La seguridad es un derecho humano, así lo establecen los tratados internacionales de
derechos humanos y la Constitución de la República de Honduras en el Art. 61. Dentro de las
Normas de los Pactos Internacionales constitucionalizados que preveen el derecho humano a la
seguridad, está el Art. 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos el que contempla que:
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona; igualmente está
reconocido en el Art. 9.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos: Todo individuo tiene
derecho a la libertad y a la seguridad personal. La violación a algún derecho en los mencionados
instrumentos internacionales por parte de nuestro país puede en su caso traer como consecuencia
su responsabilidad frente a la comunidad internacional y por ende sanciones internacionales para el
Estado.

SEGURIDAD CIUDADANA Y POLICÍA

En el contexto institucional, la seguridad ciudadana supone una situación política y social en la que
las personas tienen legal y efectivamente garantizado el goce pleno de sus derechos y libertades y
obtienen el pleno resguardo de esos derechos y garantías emanadas del Estado de Derecho: vida,
integridad, libertad, bienestar personal, propiedad, igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades,
derechos económicos, sociales y culturales etc. El derecho a la seguridad ciudadana en un Estado
Democrático de Derecho consiste en el conjunto de garantías que debe brindar el Estado a los
ciudadanos para el libre ejercicio de todos sus derechos. El derecho a la seguridad es por ello un
derecho fundamental, para todos, por lo que el objetivo último de las políticas de seguridad
desarrolladas por el Estado para el logro de su garantía, no es el de la protección de una parte de la
sociedad a costa de la marginación y criminalización de otras, sino el de la inclusión de la totalidad o
de la gran mayoría de los ciudadanos en la construcción de pautas de convivencia democrática
compartidas. La inseguridad ciudadana es uno de los problemas más relevantes para la población de
los países de la región y una de las principales sombras que amenazan la construcción de una
convivencia y una cultura democrática. Se alerta con insistencia sobre el aumento de tasas de
violencia y del fenómeno de la criminalidad que afecta a la ciudadanía de todos los estratos sociales.
Sin embargo, existe una carencia constatada por parte de las instituciones del Estado, de las
herramientas y conocimientos para hacer frente al problema y responder a las legítimas demandas
de seguridad de la ciudadanía sin adoptar políticas autoritarias y contrarias a un Estado democrático
de derecho, fórmulas que han generado mayor inseguridad.

Siendo la institución policial un eje fundamental, aunque no el único, del sistema de seguridad
ciudadana, una de las líneas principales de trabajo apunta a promover la profesionalización y
modernización permanente de los cuerpos de seguridad, tanto en sus estructuras orgánico-
funcionales, como en la doctrina y sistemas de capacitación, en aras a evitar contextos que
favorezcan conductas alejadas de la legalidad, violaciones a los derechos humanos y corrupción.
No se conoce sociedad organizada sin que exista un poder de policía que asegure a sus miembros
la seguridad interior, reprimiendo y previniendo delitos. Se considera necesario promover políticas
más efectivas e integrales delante del delito, y no continuar reaccionando solamente por la vía de los
sistemas de justicia penal. Las políticas tendrán que comprender una amplia prevención primaria,
con acciones en todos los ámbitos del bienestar social, y procurar que los beneficios del desarrollo
lleguen a todos los sectores de la población y promuevan la integración, y la no exclusión, de los
sectores pobres y marginales, al considerar que a la problemática social la acompañan los
fenómenos de la corrupción, el paro, la subocupación, violencia, así como pérdida y sustitución de
valores.

Debemos entender que la seguridad es tarea de todos; pero para cumplir con estos cometidos es
necesario que se acepten los cambios, que se estimulen las responsabilidades, romper marcos y
buscar identificarnos con el tema de la seguridad ciudadana. Tenemos que aceptar los cambios y
que todos se integren a la comunidad y a los trabajos sobre seguridad ciudadana. Para ello debemos
de construir cada uno con su acto, su vocación, su calidad de persona, a no generar ambientes de
intranquilidad. En este aspecto, cada día debemos respetar normas, respetar leyes y también exigir
se respeten nuestros derechos cumpliendo nuestras obligaciones.

Muchas veces las inseguridades las vamos generando nosotros mismos con nuestras conductas y
negligencias, por desatinos, falta de consideración y aceptación mutua a la interrelación personal por
algunas imponderaciones propias de la personalidad del hombre.

Para finalizar, creo oportuno poner de manifiesto que no propugnamos un Estado invasor de nuestro
ámbito de libertad personal; pero tampoco un Estado distraído de los problemas de seguridad que
sufrimos como comunidad. Creemos en un Estado social y democrático de derecho que cumpla
acabadamente con la función esencial de brindar seguridad a los ciudadanos, minimizando para ello
el indispensable ejercicio del poder punitivo. Por lo referido anteriormente, se concluye que los
conceptos de seguridad ciudadana y derechos humanos deben conformar un matrimonio
imprescindible y el fruto de esa unión será la paz social.

LEY DEL SISTEMA DE SEGURIDAD PUBLICA DEL ESTADO DE GUANAJUATO

concepto de seguridad pública


(REFORMADO PRIMER PÁRRAFO, P.O. 23 DE NOVIEMBRE DE 2021)
Artículo 3. La seguridad pública es una función a cargo del Estado y los municipios, cuyos fines son
salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las personas, así como contribuir
a la generación y preservación del orden público y la paz social, para lo cual estos deberán:

Actuar dentro de los límites y conforme a los procedimientos que permitan preservar tanto la
seguridad pública como los derechos humanos;
II. Disminuir y contener la incidencia delictiva, identificando sus factores criminógenos;

III. Orientar e informar a las víctimas y ofendidos del delito, buscando además que reciban una
atención adecuada y oportuna por parte de las instituciones correspondientes;

IV. Optimizar la labor de las instituciones policiales en el combate a la delincuencia, las conductas
antisociales, la prevención y control del delito y de las infracciones administrativas, de tal forma que
haga posible abatir la incidencia delictiva en el Estado;

V. Lograr la plena reinserción social de los sentenciados y la reintegración social de los


adolescentes;

VI. Promover que los ciudadanos y la población en general incrementen su confianza en las
instituciones que realizan tareas de seguridad pública; y

VII. Fomentar la participación social activa en materia de seguridad pública.


Fuerzas Armadas y Derechos Humanos: su papel en la función de seguridad ciudadana Módulo 1: Seguridad
ciudadana y obligaciones del Estado

La obligación de adoptar medidas para prevenir la vulneración de los derechos humanos relacionados con la seguridad
ciudadana.

El deber de prevención de las violaciones a los derechos humanos, a cargo del Estado, incluye todas las medidas posibles
de carácter jurídico, político, administrativo o cultural que promuevan la salvaguarda de esos derechos y que su
vulneración sea considerada como un hecho ilícito susceptible de acarrear sanciones alperpetradorde las violaciones
adichosderechos, así como la obligación atribuible al victimario de indemnizar o reparar a las víctimas. Como se sabe, los
derechos a la vida y a la integridad personal tienen un carácter especial en el texto de la Convención Americana y de
conformidad con su artículo 27.2, conforman un núcleo inderogable de público u otras amenazas para el Estado.
positivas o de acción para proteger al titular o sujeto del derecho, atendiendo a su condición personal o a la situación de
vulnerabilidad en la que se encuentre. Los Estados tienen la obligación de garantizar la creación de condiciones
necesarias para impedir que el derecho a la vida sea violado. El cumplimiento del artículo 4 de la Convención Americana,
en concordancia con el artículo 1.1 de este tratado, no sólo implica que a ninguna persona se le privará de la vida
arbitrariamente, sino que exige al Estado la adopción de medidas pertinentes para proteger y preservar el derecho a la
vida (CIDH, 1999), de conformidad con el deber que tiene de garantizar el pleno y libre ejercicio de los derechos de todas
las personas que se encuentren en su territorio o bajo su jurisdicción.

A las autoridades se les puede atribuir la obligación positiva (o de hacer) consistente en tomar medidas preventivas para
proteger a una persona o grupo de personas determinado, cuya vida esté en riesgo por actos criminales de otras
personas o particulares (por ejemplo, de grupos armados no estatales, como paramilitares o sicarios de la delincuencia
organizada). Esta obligación surge en el momento en que las autoridades sabían, o debían haber sabido, de la existencia
de un riesgo real e inmediato para la vida de una persona o grupo de personas por actos criminales de terceras personas
o particulares, y no adoptaron medidas dentro del alcance de su competencia para evitar o suprimir ese riesgo.

Perspectiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y los términos en la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos.

Otro concepto que nos permite una aproximación acertada al significado de la seguridad ciudadana es el de seguridad
humana. Desde hace tiempo, concretamente a partir de 1994, en el ámbito del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (en adelante “PNUD”) se elaboró la idea de la seguridad humana como “la ausencia de temor y carencias”.
Desde la perspectiva del PNUD, se caracteriza como una seguridad amplia:

[…] frente a amenazas crónicas, tales como el hambre, la enfermedad y la represión, al igual que la protección contra
interrupciones súbitas y dañinas en los patrones de la vida diaria, sean éstas en los hogares, en el trabajo o en las
comunidades. Los cuatro elementos que definen la seguridad humana, según este informe, se caracterizan por ser: •
universales; • interdependientes en sus componentes; • centrados en las personas; • y garantizados, especialmente
mediante acciones de prevención. (PNUD, 1994).

Dado que la seguridad humana tiene un alcance y sentido amplios, como puede verse en el texto que antecede, la
seguridad ciudadana se la considera o concibe sólo como una dimensión de la seguridad humana, en la que todas las
personas pueden ejercer libremente sus derechos humanos y las instituciones del Estado tienen la capacidad suficiente
para dar una respuesta proporcional, necesaria y oportuna a la violencia criminal o al fenómeno del delito, en cualquiera
de sus formas. Por lo anterior, puede decirse que la seguridad ciudadana es la proyección principal de la seguridad
humana y como tal, tiene como objetivo garantizar los derechos humanos de todas las personas. En cuanto a los
problemas de seguridad ciudadana, que han surgido en México y en otros países de América Latina, la Comisión
Interamericana argumenta, en el informe antes citado, que tienen como causa una situación en la cual el Estado
incumple, total o parcialmente, su función de ofrecer protección ante el crimen y la violencia social, lo cual provoca una
seria irrupción en la vida cotidiana de todas las personas. Respecto del comportamiento de los agentes del Estado o de
la Fuerza Pública o de las Fuerzas de Seguridad, la Comisión Interamericana recuerda a los Estados, en el informe en
comento, que la adecuada interpretación y aplicación de las normas jurídicas del derecho interno y de las garantías
establecidas en la Convención Americana, sirven de guía para que dichos agentes o servidores públicos puedan defender
la seguridad de todas personas sin costos, es decir, sin víctimas.

Por otra parte, en el párrafo noveno del artículo 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se hace
referencia al tema en comentario bajo los siguientes términos:

Como se puede notar en este texto constitucional, en México se utiliza la expresión “seguridad pública” en lugar del
concepto de “seguridad ciudadana” y se indica que dicha seguridad tiene como objetivo salvaguardar la vida, las
libertades, la integridad y el patrimonio de las personas y consiste en una función a cargo de la Federación, las entidades
federativas y los Municipios para prevenir, investigar y perseguir las conductas ilícitas o punibles y sancionar las
infracciones administrativas es decir, las conductas contrarias a los Bandos de Policía y Buen Gobierno de los Municipios
y a las disposiciones de la Ley de Migración. De acuerdo con la Ley de Migración, la situación migratoria irregular es una
falta o infracción administrativa y la restricción de la libertad de movimiento físico de las personas extranjeras con esa
situación constituye el último recurso o debe ser una medida excepcional. También se señala que la actuación de las
instituciones de seguridad pública o de sus agentes se regirá por varios principios, entre los cuales destaca, por su
importancia, el de respeto a los derechos humanos reconocidos por la Constitución General de la República. En síntesis,
no debe perderse de vista que la seguridad ciudadana, como una respuesta del Estado a la violencia criminal o al
fenómeno del delito, tiene como objetivos: • contrarrestar o neutralizar esa violencia o fenómeno, o defender a todas
las personas frente al crimen, y • construir un ambiente que favorezca la convivencia ordenada o pacífica entre las
personas

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