SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA
RECENSIONES
Gabriel Jaramillo Vargas1. Quehacer teológico en Gregorio de Nisa y renovación de la
teología hoy. Bogotá: Editorial Javeriana, 2022. 460 pp.
El autor invita a discernir sobre una cuestión aún lisiada en
la Iglesia desde una profunda sensibilidad teológica; a pesar de
esta dificultad, construye un conocimiento significativo en vista
a implicar la teología desde un continuum entre fe y experiencia,
integrando el teologar de Gregorio de Nisa.
Al citar las palabras de la Comisión Teológica Interna-
cional, este trabajo despunta en la teología en cuanto disciplina
que desea comprender de modo racional y sistemático la verdad
salvadora de Dios. Para el autor cobra relevancia la teología
pensada como ejercicio espiritual, inmersa en la dinámica de una permanente reno-
vación que busca profundizar la revelación otorgada por Dios, respondiendo a los
desafíos eclesiales y culturales. En esta perspectiva, se destaca a von Balthasar que, en
el contexto europeo, advierte la separación entre teología y santidad, pues la división
entre teología y espiritualidad “ha sido sin duda el peor desastre acaecido en la historia
de la Iglesia” (p. 18). En este ámbito, que afecta la identidad del quehacer teológico
actual, el autor destaca a reformadores como Congar, de Lubac, Daniélou y Rahner,
entre otros, quienes logran la recepción del pensamiento de los padres de la Iglesia en
orden a responder las cuestiones del contexto.
Destacan aportes recepcionados por Vaticano II y la voz de Ratzinger, que
suena implacable “el clima de la Iglesia no es solo frío, sino incluso mordaz y agresivo”
(p. 19). Con ello, el autor enfoca la tensión entre ressourcement y aggiornamento. En
esta polémica, Jaramillo examina un punto de inflexión: “los padres retroceden hacia
un remoto pasado, que se considera poco relevante para la renovación de la Iglesia”
1
Nace en Medellín el 22 de julio de 1984. Su madre fue Luz Amparo Vargas Patiño, y su padre, Fernando
Luis Jaramillo Giraldo. Actualmente es profesor de Teología en Unicervantes, Bogotá. Es sacerdote
diocesano en Sonsón-Rionegro, y está inmerso en labores de comunidades rurales en el municipio de
Abejorral, Colombia.
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(p. 20), dado que el estudio de la patrística se desarrolla desligado de su núcleo teoló-
gico y eclesial.
Las producciones teológicas del posconcilio se proyectan hacia otros ámbitos
del saber. En este sentido, Ratzinger propone el retorno a las fuentes y el esfuerzo por
unir teología y santidad. Resalta también la permanente significación de los padres
para la teología actual y la futura. Aún más, el papa Francisco, de frente a la denomi-
nada “posmodernidad líquida” advierte la crisis antropológica, ética, social y ecológica
que porta una crisis epistemológica, eclesial y teologal.
De cara a estas preocupaciones, Jaramillo centra su atención en la figura de
Gregorio de Nisa y en dos de sus obras: In Canticum canticorum y De vita Moysis.
El autor apuesta por su quehacer teológico desde los escasos estudios en el contexto
latinoamericano, específicamente en su tierra, Colombia. Desde la hermenéutica de
la apropiación en cuanto hermenéutica de la acción interactúa con Gregorio y su obra,
a partir de su propia experiencia de fe y contexto histórico cultural, orientando con
ello su reflexión a juzgar por la comprensión-interpretación-aplicación.
En el Capítulo I (pp. 29-97), sobre voces que urgen la renovación del quehacer
teológico hoy a la luz del doble movimiento Ad fontes y A giorno, se considera la
importancia de ir a los orígenes de la experiencia cristiana para iluminar el presente.
En esta perspectiva, realiza un recorrido desde la raíz griega del concepto theología hasta
su presencia en la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras. El encuentro entre
el logos del filósofo y el Logos revelado en Cristo será el punto de inflexión iniciado
por los padres de la Iglesia, quienes motivan a comprender la revelación de Dios
en la historia, en clave de compromiso en la existencia misma del creyente. Tanto la
tradición oriental como la de Occidente cuentan con diversos autores que subrayan
una constante, la cual señala que el quehacer teológico debe iluminar la realidad.
Con ello se acentúa un cambio sustantivo en el devenir histórico de la teología;
el diálogo fe-razón marca este despliegue. No obstante, Jaramillo sostiene que es
notorio el confinamiento de la teología al academicismo universitario, ya que Dios
se circunscribe a los límites de la razón. Por tanto, la pregunta del por qué de este
anquilosamiento surge como cuestionamiento a aquella dimensión theo-lógica y
espiritual que va desapareciendo. Además se examina la introducción –realizada por
Duns Escoto– del término griego praxis, en cuanto se quiere dar un nuevo rumbo al
quehacer teológico de tipo antropocéntrico, en el que Dios ya no es el centro. Se trata
de una nueva configuración epistemológica que reduce la aproximación metafísica
y limita la capacidad de trascender. Se desvincula razón y fe, con el advenimiento
del mundo ilustrado, marcado por el racionalismo, el empirismo, el cientificismo y
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el academicismo, denotados como los nuevos paradigmas de aproximación a la realidad.
Aquí –advierte el autor– concurre el cambio significativo de la teología.
En palabras de Ratzinger “al transmutarse en el factum y faciendum, se cambia
totalmente el concepto de verdad” (p 38), porque ahora se encuentra subordinado
a reducciones científicas. Sin embargo, el autor pondera las bondades del progreso
científico en pos de esta nueva aproximación epistemológica que suscita una teología
sin Iglesia y sin fe. Señala que el magisterio de la Iglesia queda aturdido y limitado ante
el cientificismo ilustrado “ante la necesidad de realizar una nueva síntesis en diálogo
con la Modernidad […] prefirió reaccionar con un dogmatismo teológico que le
dio la espalda a la realidad histórica” (p. 39). Con ello sobreviene la identificación de
la teología con la teología del magisterio.
Debido a este escenario surgen voces para la renovación del quehacer teológico.
Jaramillo trae a la vista la voz de teólogos como von Balthasar, Congar, González
de Cardedal, de cara a una teología que emerge con múltiples interpelaciones, que
provienen tanto de afuera como de adentro, cargada por una realidad compleja, con
luces y sombras, “tan densa”. El integrismo, relativismo y conservadurismo de la misma
Iglesia no genera la anhelada apertura a los signos de los tiempos. Según el autor, estos
son los desafíos que permiten tener a la vista la “nueva renovación teológica”. Esta
mirada no ingenua de la realidad y, con osadía, permite a Gabriel Jaramillo entender
el ejercicio teo-lógico vinculado a la historia, en una tarea que llama a desplegarse
“desde dentro”. En este contexto, el autor destaca el comienzo de la nouvelle théologie
que, inspirado por teólogos, intenta responder a los retos de un contexto fuertemente
convulsionado.
En efecto, el Concilio Vaticano II “se convertirá en la desembocadura de todos
estos procesos, interpelaciones, movimientos e intentos de renovación del quehacer
teológico” (p. 44). De esta manera, el ejercicio teológico se comprende de modo
dinámico, como un quehacer en elaboración y abierto. El teólogo es invitado por el
Concilio a ser solidario con la misma historia, en un ejercicio de inculturación, cuya
clave hermenéutica es el Evangelio. Esta teología de la historia es teología encarnada,
de frente a nuevos contextos y que escucha el eco de la tradición, es decir, “las propias
circunstancias influyen decisivamente en el aspecto biográfico esencial al quehacer
teológico” (p. 49).
Según la producción teológica del siglo XX, la conciencia de hacer teología
se expresa en dos perspectivas: la primera intenta responder a los desafíos expuestos,
sostenida en ciencias auxiliares como la fenomenología, la historia, la filosofía,
la sociología y la hermenéutica; y la segunda que, ante el pluralismo, prefiere volver
a las fuentes y a la identidad del propio quehacer teológico.
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A partir del contexto colombiano, Gabriel Jaramillo vuelve la mirada hacia
el quehacer teológico, en cuanto surge el desafío de acompañar los procesos histó-
ricos en vista a responder a las necesidades de una época marcada por los retos de
la pobreza, la violencia y la falta de unidad nacional. Destaca la segunda Conferencia
del Episcopado Latinoamericano realizada en Medellín, en cuanto recepción única
a escala continental del Concilio Vaticano II. Resultan relevantes –para el autor– los
años posteriores a Vaticano II, donde surgen tensiones, interpretaciones polarizadas y
conflictos. En este sentido, Colombia da cuenta de una confrontación entre teología
y magisterio. Advienen tiempos de inquietud y descontento, de cara a movimientos
y perspectivas heredadas. ¿Qué es la teología? es la pregunta por la propia identidad.
Jaramillo examina que, para alcanzar un quehacer teológico renovado, es preciso
aprender de los errores del progresismo que dejó a un lado la tradición, así como
del dogmatismo cerrado y temeroso de los nuevos contextos teológicos. En efecto,
al separar la teología del seno eclesial, el quehacer teológico se desentiende de sus
problemas, termina en un divorcio entre fe y vida, y entre teología y santidad, como
lo ha indicado el papa Francisco. Pensar la renovación teológica desde un presupuesto
biográfico implica considerar el continuum entre fe y experiencia.
Así, la generación de teólogos reformadores caracterizados por un ressource-
ment trata de volver a las fuentes y al ejercicio de la teología a partir de la experiencia
espiritual, inclusive entre teología, espiritualidad y pastoral. El hiato entre Iglesia-
teología termina por fracturar el cristianismo; por ello, la pregunta por la renovación
teológica vincula al teólogo, como hijo de un pueblo, creyente y profeta, tres carac-
terísticas que manifiestan una espiritualidad encarnada y misionera pilares de una
renovación del quehacer teológico.
En el Capítulo II (pp. 98-168), el autor se introduce en el desarrollo histórico y
cultural de la Capadocia del siglo IV. Describe el contexto eclesial de la época, marcado
por la desigualdad social, y exhibe las diferentes tensiones de tipo doctrinal. Identifica
el statu quo político-social presente en las controversias de Nicea y los arrianos, las
cuales desarrollan un rol importante en la vida de la Iglesia, así como la injerencia del
poder romano que divide en dos a la Capadocia de entonces. El sincretismo desafía
los procesos de inculturación, aunque reconoce que se está frente a una época de
florecimiento espiritual.
En este escenario, Gregorio de Nisa traza su pensamiento teológico y su progreso
espiritual, reconociendo una tradición recibida con fidelidad al depósito de la fe.
Se destaca su actitud comprensiva ante corrientes contemporáneas, su capacidad de
adaptación y la penetración de su pensamiento. Su diálogo con la filosofía griega, la
interpretación de la Escritura, la influencia de sus hermanos, los momentos de crisis
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refieren, según el Jaramillo, a un proceso ascensional en la vida de Gregorio de Nisa.
El autor logra identificar la pertinencia, el método y la finalidad del Niseno –descrito a
partir de diversas tesis y autores–, para corroborar y argumentar a cabalidad un trabajo
minucioso desde un marco que denomina “ontológico asistemático” que fundamenta
“la posición antropológica y la perspectiva gnoseológica” del autor patrístico.
En consecuencia, explica que von Balthasar ha llamado al perfil teológico de
Gregorio de Nisa existencialista y esencialista, haciendo referencia al plano ontológico
y metafísico con el cual se aproxima a la realidad. Se trata de un tipo de aproxima-
ción relacional que adquiere un rostro concreto en su quehacer teológico. Meredith
considera que los escritos ocasionales del Niseno le permiten ser fiel a la hermenéu-
tica evangélica de comprensión de la realidad en la ἀκολουθία. De este modo, su
pensamiento se desarrolla entre la circularidad griega y la libertad evangélica. En un
marco ontológico asistemático, el lenguaje filosófico es dado entre la realidad dual
de lo finito/infinito, material/espiritual, creado/increado, lejos de ser un dualismo
platónico hace referencia a una apropiación que le permite realizar una nueva síntesis.
La identidad del ser humano es planteada al interior de la epéctasis, en cuanto
concepto dinámico, progreso dado en la libertad que supera todo determinismo
griego y que afianza la responsabilidad del ser humano. Desde esta perspectiva, Jaramillo
plantea una síntesis en el pensamiento del Niseno, entre apofatismo y una metafísica
del ser que busca en la epéctasis un progreso cada vez mayor de las manifestaciones
de Dios en la historia.
En el capítulo III, Jaramillo realiza un acercamiento hermenéutico a las prin-
cipales obras de Gregorio de Nisa, desde De vita Moysis –Sobre la vida de Moisés– al
In Canticum canticorum. Esta aproximación exegética considera el sentido literal de
la Escritura para dar paso al sentido alegórico espiritual.
Las tres teofanías de Moisés se encuentran entretejidas con elementos cristoló-
gicos que presentan la vida ascensional del creyente. Cristo es el centro de un doble
movimiento de permanencia y despliegue de la vida espiritual, donde Moisés es ícono
de este seguimiento, y señala: es quién alcanzó el límite más elevado de la perfec-
ción, reflejando en su propia vida la imagen y la semejanza con el arquetipo divino.
Gabriel Jaramillo se encuentra interesado en observar la síntesis cristológica realizada
por Gregorio de Nisa, fundamentada en la Escritura y en una tradición judeocristiana
que hereda y desde la cual avanza en el pensamiento.
El autor plantea que In Canticum canticorum manifiesta este quehacer teológico
del cual se viene hablando en el colindante universo simbólico, así como de su realidad
espiritual y sacramental. Distingue y explicita los recursos teóricos de la paráfrasis y
la écfrasis presentes en el estilo alegórico. Y hace notar que todo esto se encuentra
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en función de la vida virtuosa y, a la vez, que pertenece a la arquitectura del trabajo
del Niseno. Estudios de Maspero, Moreschini y Meis permiten solidificar el carácter
teologal, exegético y apofático de Gregorio de Nisa. De modo concatenado, Jaramillo
profundiza en las imágenes y el valor de la alegoría; de este modo, organiza y contrasta
su hipótesis desde cada una de las Homilías.
El autor identifica seis dimensiones en este quehacer con las cuales genera una
red conceptual a modo de hipervínculos; estas son la relacional, la litúrgica, la reve-
lada, la antropológica, la epistemológica y la exegética. Se trata de seis categorías que
presentan el proceder vital del pensamiento del autor. A la vez consolida esta formu-
lación con propuestas gráficas (de elaboración propia), distribuyendo y definiendo en
subgrupos la riqueza conceptual y filológica que acompaña este análisis.
En el Capítulo IV (pp. 329-404), sobre los aportes para un marco conceptual
que contribuya a renovar el quehacer teológico hoy, se formula una pregunta metódica:
¿Por qué Gregorio de Nisa es tan atractivo para los escritores contemporáneos? Jaramillo
escudriña y conoce bien las contribuciones desarrolladas en su propio contexto (la
Pontificia Universidad Javeriana, en Colombia). En esta perspectiva pretende dar un
aporte a los diversos desafíos del quehacer teológico interpelados por la palabra del papa
Francisco. Este horizonte marca a modo de leit motiv su búsqueda de investigación:
“En coherencia con lo anterior, la presente investigación quiere hacer eco del llamado
de Francisco a revolucionar el estatuto de la teología, la manera de hacer y del pensar
creyente desde los aportes de Gregorio de Nisa” (p. 333). La propuesta de una nueva
escuela teológica para la renovación del quehacer teológico está centrada en un método
espiritual, en cuanto ejercicio de fe y en diálogo con las ciencias, salvaguardando
la centralidad de la revelación.
De esta manera, pensar en el quehacer teológico, como ejercicio espiritual, es
integrar la realidad dinámica de pensamiento y oración. Jaramillo cita los últimos
trabajos e investigaciones en el área patrística, señalando que tales iniciativas buscan
acoger las interpelaciones del papa Francisco a la teología contemporánea. Este llamado
hace notar la necesidad de una renovación, a la luz del Evangelio y la tradición,
favoreciendo una atmósfera espiritual desplegada en un marco conceptual en clave
de ejercicios espirituales.
En esta sintonía extiende seis elementos que surgen del análisis de los textos
del Niseno: una teología ontológica relacional (p. 343); una teología en ascenso
espiritual (p. 348); una teología centrada en el misterio de la filiación (p. 357); una
teología en constante renovación (p. 368); una nueva teología apofática (p. 377);
y una revalorización de la interpretación espiritual (p. 386). En esta concomitancia,
el teologar de Gregorio de Nisa es propuesto como un ejercicio espiritual que sinto-
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niza con un pensar-rezando y viceversa; por ende, la dimensión espiritual es reescrita
en la inseparable tarea de la exégesis y de la teología (p. 401). En seguida, la conclusión
(pp. 405-412) sintetiza de modo coherente la propuesta Nisena.
Eva Reyes-Gacitúa, PhD.*
*
Universidad Católica del Norte, Antofagasta, Chile.
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