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UD 2 Los Sofistas y S-Crates

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Tema 2: Los sofistas y Sócrates.

Los sofistas: Introducción


Los sofistas (del griego σοφός [sophós], sabio) eran maestros del saber que procedentes en su
mayoría de las escuelas filosóficas de los presocráticos se instalaron en Atenas en el siglo V a.C.

Su objetivo al reunirse en Atenas era divulgar sus conocimientos y enseñar a la juventud las
técnicas de la elocuencia y el camino que había que seguir para triunfar en la carrera política

Estos filósofos propusieron un cambio generalizado de perspectiva en relación con la filosofía


presocrática. Si antes el interés se centraba en la naturaleza, ahora el objetivo es el hombre y
su vida en sociedad. Cuando algunos presocráticos se interesaron por el ser humano, lo
hicieron por su condición de ser natural, considerándolo integrante del cosmos. En cambio,
para los sofistas el ser humano es el protagonista absoluto de sus preocupaciones, sin referirlo
a ninguna otra realidad más allá de la estrictamente humana. La renuncia a la pretensión de
ofrecer una explicación racional de la naturaleza supondrá un desplazamiento del interés
hacia los asuntos específicamente humanos.

Otro rasgo diferenciador es que los sofistas asumieron la tarea de la enseñanza entendida
como una profesión. Hasta entonces la actividad de enseñar se había ejercido de manera
altruista. Los sofistas, en cambio, organizaban cursos en los que enseñaban materias
específicas como la retórica, el derecho, la política o la moral, y cobraban por impartirlos. Este
cambio de actitud en relación con la enseñanza fue una de las principales causas del recelo que
los sofistas despertaron en un amplio sector de la población en las polis griegas.

Subordinación del saber a fines prácticos


Esa actitud supuso una subordinación del saber a fines prácticos, por lo que, en la sofistica el
saber cambia de carácter con respecto al concepto que de él tenían los filósofos presocráticos
de la naturaleza.

El conocimiento ya no se genera solo en el seno de las escuelas y no es principalmente teórico,


sino que se convierte en una fuerza social, en un hecho regulativo de la acción política y por
ello, pasa a depender de sus exigencias prácticas.

Los sofistas se mueven en un contexto en el que el requisito previo para desarrollar una carrera
social afortunada es el éxito en los foros públicos de la ciudad, en la asamblea y en los
tribunales. Para alcanzar el triunfo es necesario contar con datos y tener argumentos sólidos
para convencer y para persuadir.

Como maestros de persuasión, y con el fin práctico de encontrar el mejor modo de enseñarla,
los sofistas investigan sobre el origen y sobre el desarrollo de las representaciones y de las
decisiones humanas y, al advertir la diversidad de opiniones y de intereses en lucha, se
plantean el problema de si puede haber una verdad universalmente válida. La dialéctica y la
argumentación no están, pues, al servicio de la verdad, sino que se utilizan como instrumentos
de persuasión para conseguir el éxito en la vida pública. Persuadir para vencer a sus rivales.

Características de los sofistas.


Relativismo
Según el relativismo, no existe ninguna verdad válida universalmente, sino que su validez está
limitada por el contexto histórico o cultural. Si al entendimiento humano le es imposible
alcanzar la verdad absoluta sobre la naturaleza, quizás se deba a que no existe tal verdad
absoluta Tal vez, piensan, el fallo no esté en un defecto de la inteligencia humana, sino en
buscar algo que no se da en la realidad. Puede que solo existan verdades parciales, válidas solo
para un momento y lugar determinado, verdades que dejan de serlo en cuanto cambia el
contexto.

Según Protágoras de Abdera, “el ser humano es la medida de todas las cosas”, por lo que todas
las representaciones y todas las opiniones son verdaderas, en tanto que a alguien se lo parecen
Así se elimina la diferencia entre verdad y opinión.

Escepticismo

Según esta tesis, no se puede conseguir un conocimiento cierto sobre la realidad.

Gorgias de Leontinos fue el caso más radical Según Sexto Empírico, médico romano. Gorgias
desarrolla tres argumentos sucesivos.

1. Nada existe.

2. Aun en el caso de que algo exista no se puede conocer

3. Aun cuando fuera comprensible, no puede ser comunicado ni explicado a otras personas

Convencionalismo

Vinculado con el relativismo moral, según el convencionalismo, las ideas morales, los principios
y las leyes no responden a ningún orden de la naturaleza (physis), sino que son el fruto de un
pacto (nómos) entre los seres humanos.

La tesis del convencionalismo fue defendida también por Protágoras. Por el contrario otro
sofista, Antifonte de Atenas, mantuvo que entre las leyes sociales (o políticas) y las leyes
naturales tenían mayor fuerza las leyes naturales.

Es el caso de Trasímaco de Calcedón, cuyas tesis son discutidas por Platón en la República,
quien sostiene la opinión de que “lo justo es lo que conviene a la persona más fuerte”: la ley
social es una continuación de la ley de la naturaleza.

Pero si las leyes políticas son producto de un acuerdo entre los integrantes de la polis, entonces
también pueden modificarse en virtud de un acuerdo diferente. Quedó pues establecida una
clara diferenciación entre dos tipos de leyes:

-Leyes naturales, que son fijas e inamovibles y en cuya elaboración no participa el ser humano.
Estas son las que investigaban los presocráticos y que integran la physis. Los sofistas, en
cambio, no les prestan atención, puesto que su escepticismo les conduce a negar la posibilidad
de su conocimiento.

-Leyes políticas o sociales, resultado del acuerdo entre los integrantes de una sociedad y
sujetas a cambios. Este tipo de leyes, que son las que interesan a los sofistas, reciben el
nombre de nomos. De este modo, physis y nomos son conceptos opuestos. Ambos significan
«ley», pero mientras que nomos es la ley dependiente de la voluntad y la convención humana,
physis es la ley ajena a esa voluntad. Se trata pues de la oposición entre naturaleza y cultura.
Sócrates 470 a. C.-399 a. C
Introducción
Sócrates era ateniense. Conocido por su participación en la vida pública de Atenas, su labor
consiste en dialogar, cuestionando lo establecido. Dedicado a la investigación filosófica, esto
es, al examen incesante de sí mismo y de los demás. El primer paso necesario de este examen
de uno mismo que Sócrates propuso como objetivo de la filosofía consiste en el
reconocimiento de la propia ignorancia. Solo quien reconoce que no sabe, está en buena
disposición para aprender. Aquel que se cree en posesión de la sabiduría no siente la necesidad
de investigar y, en consecuencia, se queda definitivamente sumido en la ignorancia. Esta
actitud es la antítesis de la que sostuvieron los sofistas. Estos convirtieron en profesión la
enseñanza de sus conocimientos y los consideraban tan valiosos que cobraban por
entregárselos a los demás.

No se conservan obras de Sócrates, aunque sí algunos testimonios que pueden dar fe de su


pensamiento. Dichos testimonios corresponden a Aristófanes, Jenofonte, Platón y Aristóteles.

Frente a los sofistas, Sócrates no enseña retórica, no cobra por sus clases y persigue descubrir
qué es el bien, la verdad y justicia de manera universal. Bien es cierto que comparte con los
sofistas su interés por el ser humano, los temas políticos y morales, así como el lenguaje. Pero
Sócrates no es un sofista sino que pondrá todo su empeño en combatirlos.

Sócrates fue acusado, en el año 399 a.C., de ciertas ofensas contra la religión del Estado y la
“corrupción de los jóvenes”. Era el pago que debía cumplir por recelar de la democracia
dominante. Fue condenado a muerte. Pudo haber evitado la condena, si su comportamiento
hubiera sido el habitual de cualquier condenado, incluso pudo escapar, pero decidió acatar la
ley ateniense que tanto había defendido.

El objetivo de Sócrates es promover en el hombre la investigación en torno al hombre. Esta


investigación debe tender a poner al ser humano en claro consigo mismo, haciéndole
reconocer sus límites y preparándole para acoger la verdad. Por ello Sócrates adoptó la divisa
délfica CONÓCETE A TI MISMO e hizo del filosofar un examen incesante de sí mismo y de los
demás.

El método socrático.
Sócrates considera que cada persona posee dentro de sí una parte de la verdad, que podrá
descubrir con la ayuda de otras personas por medio del diálogo. De este modo, se entienden
las dos partes del método socrático: la ironía y la mayéutica. La ironía es el arte de hacer
preguntas que hagan descubrir al otro su propia ignorancia; mientras que, la mayéutica (el arte
de la comadrona, de ayudar a "dar luz" en los partos, fue el oficio de su madre) es el arte que
consiste en extraer el conocimiento que reside en nosotros a través del diálogo. Precisamente,
es fundamental que cada uno reconozca su ignorancia mediante la ironía, para que pueda
darse el proceso del conocimiento.

Al igual que los sofistas, Sócrates oponía el nomos a la physis. Nomos era un pacto entre
ciudadanos. Pero en vez de renunciar por tal motivo a una definición colectiva y universal de
las cosas, en vez de caer en el relativismo y el escepticismo buscará extraer una definición
universal, es decir, para todo el mundo, de los conceptos. Por ello, afirma la existencia de la
Verdad, el Bien, la Virtud... de forma absoluta, no relativa, que se expresa en las definiciones o
conceptos de los objetos estudiados.

Sócrates no estaba satisfecho con el relativismo de los sofistas, pensaba que si cada uno
entiende por justo y bueno una cosa distinta, si para cada uno las palabras “bueno” y “malo”,
“justo” e “injusto” poseen significados distintos, la comunicación y la posibilidad de
entendimiento entre seres humanos sería imposible: ¿cómo decidir en una asamblea si la ley
es justa o no cuando cada uno entiende una cosa distinta por “justo”? Así las cosas, la tarea
más urgente es la de restaurar el valor del lenguaje como vehículo de significaciones objetivas y
válidas para toda la comunidad humana. Para ello se hace necesario tratar de definir con rigor
los conceptos ético-políticos, empresa a la que Sócrates dedicó su vida. Sócrates estaba
convencido de que los conceptos morales pueden ser fijados racionalmente mediante una
definición rigurosa. Pues, si logramos de una vez para siempre una definición universal de la
Justicia, que exprese su naturaleza y sea válida y verdadera universalmente, entonces
contaremos con algo seguro sobre lo cual construir el verdadero saber ético-político, y
podremos juzgar no solo las acciones individuales, sino también los códigos morales de los
distintos Estados, en la medida en que tales códigos encarnen la definición de Justicia o se
aparten de ella.

El problema ético: El intelectualismo moral.


Sócrates se esfuerza por aclarar las definiciones universales de los conceptos morales, ya que
está convencido de que solamente se puede ser virtuoso (actuar con excelencia en cualquier
caso), si se conoce qué es la virtud; o justo, si se sabe qué es la justicia; o actuar bien, si se sabe
qué es el bien, etc. Por tanto, conocimiento y virtud se identifican. Solo de esta manera se
alcanzaría la felicidad, esto es, ser felices a la hora de actuar. ¿Qué pasa con aquellos que obran
mal? Lo hacen, simplemente, según Sócrates, por mera ignorancia; no conocen qué es lo
correcto, lo bueno o lo adecuado ya que, si conocieran qué es lo correcto, el bien o lo
adecuado, actuarían como tal, ya que siempre es más provechoso y, en definitiva, mejor para
uno mismo. En otras palabras: nadie obra mal a sabiendas y adrede, nadie escoge el mal en
cuanto mal

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