Origen y Naturaleza de las Arcillas
Las arcillas, tal como se hallan en la naturaleza, están constituidas por unos minerales de origen
primario y por otros de origen secundario. Los minerales primarios son los que existían en las
rocas ígneas que dieron lugar a la arcilla, y que han llegado a nuestros días sin sufrir alteración
apreciable en su composición. Los minerales secundarios se han formado por las diversas
acciones de los agentes químicos y físicos sobre algunos minerales de las rocas originales.
Las arcillas se clasifican, a su vez, en residuales y sedimentarias. Las primeras se hallan en el lugar
en que fueron formadas, o a lo sumo han sufrido un transporte muy limitado. En estas arcillas
existen, con frecuencia, grandes proporciones de minerales primarios. Las arcillas
sedimentarias, que han sido transportadas a grandes distancias y depositadas una o más veces
a lo largo de su historia, contienen, por lo general, menor proporción de minerales primarios.
En una primera visión de las arcillas podemos lícitamente asociar los minerales secundarios con
los minerales de la arcilla y con algunos otros hidratados, carbonatados, sulfatados, etc., y los
minerales primarios con residuos poco alterados de las rocas originales, tales como cuarzo,
feldespatos, minerales pesados, etc.
Los minerales secundarios, que son componentes esenciales de la fracción plástica de la arcilla,
muestran gran tendencia a perder peso durante la cocción y a eliminar los gases o vapores que
se producen en su descomposición. Por el contrario, los minerales primarios no suelen sufrir
alteraciones apreciables de peso ni suelen originar gases durante su calentamiento. Por estas
razones, la simple determinación de la pérdida de peso que experimenta una arcilla al ser
calcinada da una imagen bastante clara acerca de la relativa proporción de minerales primarios
y secundarios que contiene y, por tanto, de su naturaleza residual o sedimentaria, y de su textura
gruesa o fina.
Suelo arcilloso
La arcilla es una roca sedimentaria descompuesta conformada por pequeñas partículas. Chávez
& Ocola (2018) indica que “son menores a 0.02 mm, constituido principalmente de silicatos de
aluminio, magnesio, hierro, etc, y se caracteriza por adquirir plasticidad cuando es mezclada con
el agua”.
Los átomos de las arcillas están dispuestas en formas de láminas, formados por la combinación
de dos unidades estructurales fundamentales:
En primer lugar el tetraedro, mostrado en la figura 2. Llamoga (2017) menciona que “los
tetraedros forman capas, de tal modo que los oxígenos de las bases de todos ellos se encuentren
en un mismo plano, además cada oxígeno de las bases es compartido por dos tetraedros,
formándose así una red hexagonal”.
CLASIFICACIÓN DE LAS ARCILLAS SEGÚN LOS MODOS DE FORMACIÓN
arcilla figulina:
Es aquella que contiene impurezas como la arena, la caliza y los óxidos de hierro. arcilla
refractaria: es rica en óxidos metálicos y tiene la propiedad de ser muy resistente al calor.
arcilla roja: esta clase la integra generalmente un depósito de tipo marino formado por los
restos de materiales calcáreos y ferrígenos, polvo volcánico, restos de esponjas silíceas, dientes
de tiburón, etc. El color rojizo proviene por lo común de sus componentes férricos. Se ha
encontrado que estos depósitos son muy extensos, y cubren hasta el 60% de la superficie
marina.
arcilla ferruginosa:
contiene en su composición diferentes cantidades y tipos de óxido de hierro y puede ser de
color amarillo, ocre e inclusive negra (tierras de Siena) debido al óxido de hierro hidratado,
mientras que las arcillas rojas contienen, por lo general, un óxido conocido como hematita. Esta
particularidad de las arcillas explica por qué en algunas regiones el barro es negro o rojizo, lo
cual incide en los colores de la cerámica que se fabrica a partir de estos materiales. Recordemos
en este punto al barro negro de Oaxaca, tan distinto de la cerámica ocre o rojiza de la zona
central del valle de México.
arcilla magra y arcilla grasa:
estos materiales contienen cierto grado de impurezas, lo que afecta sus propiedades plásticas,
es decir, que a mayor contenido de impurezas se obtiene una pasta menos plástica (arcilla
magra) al amasarla con agua. arcilla de batán: llamadas también tierra de batán, debido al uso
que tuvieron en el "batanado" de las telas y de las fibras vegetales como el algodón. Este proceso
consistía en limpiar las fibras formadas en la máquina (batán) eliminando la materia grasa
mediante la adición de arcilla, por lo general del tipo esmectita, cuyo nombre proviene del griego
smektikós: "que limpia." arcilla marga: es un material impermeable y frágil, con un contenido de
caliza de entre 20 y 60%, aproximadamente. arcillas de esquisto o pizarra: las constituyen
formaciones antiguas que se presentan en forma de estratos o de plaquetas paralelas que se
han dividido por la presión del suelo. arcilla atapulgita: también conocida como tierra de Florida
o floridrín, aunque algunas veces se la llamó tierra de Fuller. El último apelativo se empleó
también para denominar a las sepiolitas. Actualmente la atapulgita es llamada paligorskita.
arcilla bentonita:
nombre comercial de las arcillas tipo montmorillonita, las que, tratadas con compuestos
químicos aminados (p. ej. dodecilamonio) se vuelven repelentes al agua —hidrofóbicas—,
aunque mantienen gran afinidad por las especies orgánicas, en particular los aceites, las grasas
y los colorantes o pigmentos naturales. El nombre bentonita proviene de Fort Benton, Wyoming,
EUA, donde W. C. Knight descubrió un enorme yacimiento de este tipo de arcilla en 1896.
LA ARCILLA E INGENIERIA CIVIL
Las arcillas son, probablemente, los materiales geológicos más contradictorios desde el punto
de vista de su utilidad en Ingeniería Civil. Son fuente inagotable de problemas de estabilidad en
buen número de obras, pero constituyen por sí mismas un material de valiosas propiedades
ingenieriles. Los suelos arcillosos debido a su baja capacidad de soporte y mala calidad no son
recomendables para ser empleados en proyectos de pavimentación.