0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas3 páginas

MITOS

Cargado por

toctocruz51
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas3 páginas

MITOS

Cargado por

toctocruz51
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Mito de Inkarri

Inkarri era todopoderoso, tenía potencia para desear y hacer. Amarró al viento y
al tiempo, creó la luz, creó el Cusco y pobló el mundo de plantas, animales, ríos
y mares. Después creó a los hombres a su imagen y semejanza.

Y floreció el gran Imperio de los incas; los hombres, mujeres y niños del imperio
vivían llenos de prosperidad. Pero el inca de los españoles, llamado Pizarro se
propuso matar a Inkarri tendiéndole una trampa. Después le cortaron la cabeza
y la ocultaron; no se sabe si en el Cusco o en Lima. Su cuerpo lo golpearon con
piedras y por todos los sitios desparramaron sus pedazos. Pero Inkarri no ha
muerto, está vivo y se está reconstruyendo. Cuando esté completo su cuerpo,
entonces Inkarri volverá. Otra vez el pueblo empezará a cantar, bailar, pintar
como antes, y volverá a ser feliz.
Mito de Wiracocha y Kawillaca

Wiracocha caminaba muy pobremente vestido. Su manto y su túnica se veían


llenos de remiendos. Los hombres se figuraban que era un infeliz piojoso y lo
menospreciaban. Pero él era el conductor de todos los pueblos, con su sola
palabra hacía que fueran abundantes las cosechas, con sólo arrojar una pupuna,
dejaba establecidos los andenes.
En aquellos mismos tiempos vivía una diosa llamada Kawillaca, que se mantenía
siempre virgen y no había dios que no la enamorase. Pasaba los días tejiendo al
pie de un lúcumo. Pero Wiracocha valiéndose de su inteligencia, se convirtió en
pájaro y se posó en el ramaje del árbol; allí tomó una lúcuma madura e introdujo
su simiente y la dejó caer muy cerca de ella. La joven se comió la fruta muy
contenta y así quedó embarazada. Kawillaca tuvo que dar a luz, a pesar de su
doncellez, preguntándose continuamente de quién pudo haberlo concebido.
Tanta fue su incertidumbre que convocó a una reunión de dioses. Los dioses
acudieron ataviados con sus mejores vestidos, cada uno ansioso de ser el
preferido de la diosa. La reunión se realizó en Anchighocha, que era el lugar
donde residía la reina. Cuando todos se encontraban bien sentados, Kawillaca
preguntó: “¿Cuál de vosotros pudo haberme fecundado?” y nadie contestó.
Wiracocha había tomado asiento a un extremo con una traza lastimosa. En vista
de que nadie asumió la paternidad, mandó a su hijo donde su padre. Entonces
el pequeño fue a caminar a gatas hasta llegar al extremo, allí donde se sentaba
Wiracocha, se puso a trepar sus muslos. Kawillaca se horrorizó al ver al padre de
la criatura y salió huyendo del lugar en dirección al mar, Wiracocha apareció con
un traje de oro y exclamó:
“¡Kawillaca! ¡Vuelve a mí los ojos! ¡Mírame cuán decente estoy!”. Kawillaca no
volteó y siguió huyendo y manifestando: “Voy a desaparecer dentro del mar, ya
que hube dado a luz un hijo de tan horrible y despreciable varón”. La madre se
arrojó con su hijo al agua y al punto ambos se convirtieron en rocas. Ahora
mismo en el profundo mar de Pachacamac, se empinan dos rocas que parecen
seres humanos sentados.
Ollantay
Ollanta confiesa el amor que siente por Cusy Coyllur y pide su mano al soberano
Inca Pacahacútec.
OLLANTA.- Bien sabes, poderoso Inca, que desde mi infancia te he acompañado,
procurando siempre tu felicidad en la guerra. Mi valor te ha servido para que
impongas tu poder a millares de pueblos. Por ti he derramado siempre mi sudor,
siempre he vivido en tu defensa; he sido sagaz para dominar y sojuzgarlo todo;
he sido el terror de los pueblos, pues nunca he dejado de caer sobre ellos sino
como una maza de bronce. ¿Dónde no se ha derramado a torrentes la sangre de
tus enemigos? De ti es esta maccana de oro, tuyas serán mis proezas y cuanto mi
valor alcance. Tú me has hecho esforzado general de los antis y me has
encomendado el mando de cincuenta mil combatientes; de este modo toda la
nación anti me obedece; en mérito de todo lo que te he servido, me acerco a ti
como un siervo, humillándome a tus pies para que me asciendas algo más, ¡mira
que soy tu siervo! He de estar siempre contigo, si me concedes a Cusy Coyllur,
pues marchando con esta luz, te adoraré como a mi soberano y te alabaré hasta
mi muerte.
PACHACÚTEC.- ¡Ollanta! Eres plebeyo, quédate así.
Recuerda quién has sido. Miras demasiado alto.
OLLANTA.- Arrebátame de una vez la vida.
PACHACÚTEC.- Yo debo ver eso: tú no tienes que elegir. Respóndeme: ¿estás
en tu juicio? ¡Sal de mi presencia!

También podría gustarte