Antes del combate
El viento sopla con fuerza cuando llegan al Trono Vacío. Su silueta, ennegrecida por los
siglos, se alza imponente bajo un cielo teñido de un gris ominoso. La luna, lentamente,
comienza a devorar al sol, arrojando sombras inquietantes sobre el campo. Aunque el
ambiente parece calmado, un peso invisible aprieta sus corazones, presagiando lo que está
por venir.
Sin que ustedes lo sepan, en otros lugares de Kadathar, la tragedia ya ha comenzado. Los
muertos, atraídos por una fuerza oscura, se levantan de sus tumbas con un propósito
siniestro. En aldeas y ciudades, hombres y mujeres caen al suelo, convulsionando antes de
transformarse en criaturas quiméricas, sus cuerpos retorcidos por la magia que impregna el
aire. Un continente lleno de vida se convierte en un escenario de caos y masacre.
En Rakham, con determinación, los soldados reales intentan contener el avance de las
abominaciones, pero son rápidamente superados. Los aventureros, conscientes de la
gravedad de la situación, se unen a la defensa, luchando con todas sus fuerzas. Se movilizan
rápidamente y deciden proteger a los civiles, guiándolos hacia las instalaciones del gremio
GRAVAN, transformando el lugar en una fortaleza improvisada.
Por un breve instante, un ápice de esperanza resplandece en el caos. El capitán de la
guardia, Elrik Vaeron, lidera un contingente de tropas reales, seguido por paladines de la
Iglesia de Alessandría, sus armaduras brillan como faros de esperanza en medio de la
oscuridad. Las tropas Blackthorn aparecen con sus sus estandartes, uno de su
comandante grita: Donde mierda nos vino a mandar Rundi y se suman al esfuerzo de
detener las tropas del caos. Dae y sus hermanos, lanzan poderosos hechizos que devastan
las filas enemigas. Incluso los aventureros más novatos del gremio alzan armas y lanzan
conjuros, decididos a proteger a los inocentes.
Los defensores luchan con una unidad y fervor inquebrantables, y por un momento parece
que el avance de las criaturas puede ser contenido. Pero esta esperanza comienza a
desvanecerse cuando ven que las hordas no cesan. Una tras otra, las abominaciones
continúan llegando, imparables, cada oleada más numerosa y brutal que la anterior.
Poco a poco, las fuerzas defensivas comienzan a flaquear. Los soldados caen uno por uno,
los hechizos de los magos se agotan, y hasta los paladines empiezan a ceder bajo la presión.
Los defensores saben que el peso de la esperanza ya no está en ellos. Todo recae en los
aventureros que luchan en el Trono Vacío, su última línea de defensa contra el abismo que
amenaza con consumir Kadathar.
Antes del combate
De regreso, el tiempo para contemplar lo que sucedía más allá no existía. Ante vosotros, un
ejército oscuro e implacable se desplegaba en las llanuras frente al Trono Vacío: muertos
vivientes tambaleándose con mirada vacía, quimeras grotescas que gruñían con hambre de
destrucción, soldados fanáticos alzando sus armas con fervor insano, y cultistas clamando
al abismo con cánticos escalofriantes. Eran cientos, si no miles, y vosotros apenas un
puñado. Dieciocho valientes contra un océano de sombras.
De repente, el sonido de trompetas resonó por encima del rugir de las criaturas. Guerreros
portando los estandartes de la casa de Lord Darion aparecieron en el horizonte,
marchando con paso firme y gritando: "¡Nuestro señor nos envía en apoyo!" Su llegada
levantó los ánimos. Más allá, entre el caos, se escucharon voces conocidas: los
investigadores saludaban a Aust, no tan agradecidos que los hubiera convocado, mientras
los soldados de la casa Khiref, portando armaduras relucientes, se unían al combate con
determinación.
Un rugido resonó al este. Allí estaban los guerreros orcos liderados por Zefyr, quienes
cargaron sin miedo contra las filas enemigas, partiendo muertos y quimeras con cada golpe.
"¡Por la gloria de la batalla!" gritaban mientras sus hachas chocaban contra la carne
putrefacta de sus enemigos.
Ante esto, y sin pensarlo 2 veces ustedes se unen y se lanzan a la batalla. ¡Por Kadathar!
Las espadas chocan, los hechizos iluminaban el campo como rayos, y los gritos de batalla
resonaban en el aire. La lucha era feroz, pero la diferencia numérica comenzaba a pesar.
Por cada enemigo caído, dos más tomaban su lugar. Los aliados, a pesar de su valentía,
empezaban a flaquear.
Entonces, un rugido mecánico y un destello en el cielo llamaron vuestra atención. Un
barco volador emerge entre las nubes, imponente, lanzando ráfagas de hechizos que
arrasaban con las hordas enemigas. Sobre el timón, distinguieron la inconfundible figura de
Barba Falsa, gritando órdenes, mientras Arturo Bratt Pit coordinaba a los grumetes con
precisión militar y moviéndose de un lado a otro Tinkermaker El barco descendió para
lanzar más hechizos devastadores, y los aliados en tierra alzaron sus armas en un grito de
alabanza: "¡El cielo está de nuestro lado!"
La esperanza resurgió, y con renovado fervor, los combatientes dieron todo de sí,
desgarrando las filas enemigas. Pero la alegría se desvaneció tan rápido como había
llegado. Un rugido antinatural atravesó los cielos, y desde la distancia, una silueta siniestra
apareció: un dragón zombi, su carne podrida irradiando una magia verde enfermiza. Su
origen era evidente: Serena Va'el, sus manos alzadas sobre el balcón mientras controlaba a
la abominación.
El dragón cargó contra el barco volador con furia descomunal. Las defensas del navío no
pudieron contenerlo, y con un impacto devastador, la nave comenzó a caer en llamas,
estrellándose en el campo de batalla. El silencio fue momentáneo, pero la desesperación
comenzó a extenderse como un veneno.
Antes del combate
En medio del caos, los aliados se reagruparon. Un pequeño grupo logró contener el avance
enemigo para daros una oportunidad. Entonces, Zaul Piropurple alzó sus manos,
conjurando un portal brillante directamente hacia la entrada del castillo. "¡No hay tiempo
que perder!" gritó mientras sostenía la apertura.
Desde el frente, la voz poderosa de Paladyno resonó por encima de la batalla:
"¡Aventureros, corred! ¡Nosotros les daremos el tiempo que necesitan! ¡Kadathar depende
de vosotros, no lo olviden jamás! ¡Tomen un pan!”
Con un último vistazo a sus aliados, y mordiendo el pan, os lanzasteis hacia el portal.
Dentro del castillo, el ambiente era sofocante, avanzan con energías renovadas gracias al
pan de paladino. En el centro del gran salón, el infame Varian los esperaba. Su figura
irradiaba una extraña calma mientras una sonrisa arrogante se dibujaba en su rostro.
"Valientes, o quizás necios," dijo Varian con una voz que parecía resonar en sus mentes.
"Han llegado hasta aquí, pero ya es demasiado tarde. El ritual ha comenzado, y aunque
intenten detenerme, jamás podrán superar a mis campeones."
Con un movimiento fluido, lanzó una gema a cada uno de sus tres aliados: Draven Korvus,
Serena Va'el y Morgath el Sanguinario. Las gemas flotaron en el aire, envolviendo a
cada campeón en un brillo de energía arcana. Al instante, tres barreras mágicas de colores
distintos se alzaron en la entrada de la sala donde está Varian.
El tiempo apremiaba, y ustedes sabían que solo dividiéndose podrían enfrentarse a los tres
campeones antes de que el ritual se completara. Las gemas eran la clave, pero destruirlas no
sería tarea fácil, y cada camino ofrecía un desafío único.
Era el momento de forjar alianzas, de combinar sus habilidades y decidir quién enfrentaría
a cada enemigo. Frente a ustedes, el castillo parecía vibrar con la promesa de un destino
incierto. El eclipse estaba a punto de completarse, y el futuro de Kadathar dependía de
su decisión.