Francisco Montoro Gamundi
Ética y Comunicación
Universidad Iberoamericana
La moral existencialista en A Puertas Cerradas
Pero, ¿quien eres tú? Ese que tú, librándote de ti mismo,
proyectas al lanzarte decididamente hacia delante – el que
devienes. Martin Heidegger, Ser y Tiempo.
En cuanto a la problemática en torno al ser contemporáneo, la filosofía de la
existencia ha jugado un papel central en dicha discusión. Ello quizás se deba a
que entre los principales ejes de la filosofía existencialista, se encuentre la
preocupación por la condición del hombre como un ser arrojado sin mas a un
mundo en el cual este se proyecta como posibilidades. En ese sentido el
hombre es concebido como un ser que tiene como principal destino el de
hacer-se o auto construirse en este mundo, en base a su elección
estrictamente personal.
Según una visión ampliamente aceptada (incluso vulgarizada) acerca del
existencialismo, se le concibe como una doctrina decadente, que solo se
preocupa por sacar a relucir la ignominia humana. Dicha crítica se apoya en el
tono pesimista, que algunos filósofos existencialistas emplean. En ese tenor,
sin duda el representante mas conocido es Jean Paul Sartre, quien basado en
las ideas previamente expuestas por Heidegger, al igual que este, rechaza
toda metafísica de esencias. Sartre, interpreta la forma más antigua de esta
como una visión del mundo orientada hacia un mundo inteligible, ejemplar y
norma de la realidad. En esta visión el hombre y el mundo son productos
preordenados de un demiurgo divino, artífice de toda existencia. El hombre se
ajustara a la idea que de él tiene el artífice divino. Del mismo modo que “el
cortaplumas a la idea que de él tiene el que lo fabrica.” 1 En nombre de la
dignidad y libertad del hombre (humanismo), Sartre rechaza esta concepción e
invierte la concepción de la metafísica tradicional, la cual considera que la
1
Heidegger, Martin & Sartre, Jean Paul. El existencialismo es un humanismo, Carta
sobre el humanismo, Ediciones Peña Hermanos, México, 1998, p. 15
existencia es precedida por una esencia. Para Sartre, la existencia precede a
la esencia.
Así pues, lo primero sería en el hombre, su existencia, su propia voluntad y su
obrar personal. Si esto cierto, la posibilidad de una moral dictada por alguna
entidad metafísica superior (Dios) al hombre, cae por los suelos, puesto que
seria el hombre el que ocupa el lugar de Dios; es él mismo el artífice de su
propio ser y esencia. “El hombre no es otra cosa que lo que él mismo se
hace.”2
De acuerdo a aquella inmortal frase de Dostoievsky “si Dios ha muerto,
entonces todo esta permitido”, el hombre es ahora absolutamente libre. Pero
esta libertad, según Sartre, no es un don, sino que el hombre esta condenado a
ser libre, condenado, porque para que la libertad sea plena libertad, no puede
haber nada enfrentado normativamente al hombre, ni fe en Dios, ni verdades,
ni valores. El darse cuenta de esto produce una sensación de vacío
(anonadamiento).
El hombre se encuentra solitario y sin arrimo en un mundo hostil sin tener otra
salida que a si mismo, su propio proyecto. El hombre vive una pasión inútil dirá
Sartre , tratando de evocar un suelo del sin suelo y viviéndose en peligro de
hundirse realmente en la nada. Pero ¿qué es la nada para Sartre?
Como se dijo antes, el caer en la cuenta de estar en el mundo arrojado sin
ninguna clase de referente más que la relación que el hombre tiene o puede
tener con el mundo y por tanto con los otros, produce lo que Sartre llama
anonadamiento. Sartre distingue dos modos de ser del ente: el en sí (noúmeno)
y el para sí (fenómeno). El en sí es lo que es sin estar en relación con algo,
mientras que el para sí es aquello que está puesto en relación con algo en este
caso con el hombre.
El para si va a producir anonadamiento. Cuando vemos al ser relacionado con
el yo esto produce un anonadamiento de lo real, una sensación de vacío. En
esta relación del yo con la realidad, el hombre se ve a si mismo como nada al
darse cuenta que el referente de la realidad esta vacío, sin sentido. La realidad
no dice nada, lo real en si mismo no nos dice nada y en todo caso, no es
inaccesible. Nunca podremos acceder a la realidad en si misma, hay una
ausencia de lo real y lo que único que tenemos son sustitutos. Lo que hacemos
2
Sartre: 1998, p. 23
entonces es hacer del para sí un carácter lingüístico. El lenguaje es lo que me
relaciona con la realidad, es un espacio intermedio. Los huecos del lenguaje en
este caso representarían lo que no es, el no- ser, la nada. El para si deja de ser
el sustento de la realidad y se convierte en el sustento de la libertad.
El para sí es la nada, cuando la nada se vuelve libertad, la nada es anonadada,
en su ausencia por la presencia. Si la nada es la ausencia de la presencia, en
este caso, la nada seria un sitio en donde debería haber algo. Si la realidad es
nada, entonces las posibilidades son infinitas (libertad), no importa que es lo
que se haga porque la vida no tiene sentido. En este sentido se abre el
horizonte de posibilidad para el ser de proyectarse hacia una vida auténtica o
inauténtica. Sartre dice que en esa proyección puede darse lo que el llama
mala fe, la cual, se define por un perseverar en constituirse a si mismo con las
cosas del mundo, cuando estas son falsas. De la misma manera, Sartre
considera mala fe “si elijo declarar que ciertos valores existen antes que yo;
estoy en contradicción conmigo mismo si, a la vez, los quiero y declaro que se
me imponen.”3
De acuerdo a lo anterior, la libertad no es vista únicamente como condición
inapelable de la existencia, sino como fundamento de todos los valores. “Esto
no significa que la quiera en abstracto (la libertad), quiere decir simplemente
que los actos de los hombres de buena fe tienen como ultima significación la
búsqueda de la libertad como tal.., persigue fines concretos; estos fines
concretos implican una voluntad abstracta de libertad, pero esta libertad, se
quiere en lo concreto.”4
La existencia pues, “es estar ahí simplemente; los existentes aparecen, se
dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos.”5 Como tal, la existencia no
es entonces la mera conciencia de mi, el mundo y las cosas como tampoco es
definible por su universalidad. Es ante todo, una posibilidad arrojada, y
proyectada hacia. “Hay quienes han comprendido esto, solo que han intentado
superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de si. Pero
ningún ser necesario puede explicar la existencia; la contingencia no es una
3
Ibid, p. 38
4
Ídem, p. 41
5
Sartre, Jean Paul. La Nausea, Época, México, 2001, p. 114
máscara, una apariencia que puede disiparse; es lo absoluto, en consecuencia,
6
gratuidad perfecta. Todo es gratuito. “
Se haga lo que se haga no nos es posible excusarnos de nuestra existencia.
La única manera de librarse de ella es con la muerte. La muerte es lo que
marca nuestra conciencia como seres finitos. Ello causa angustia, sin embargo
es esa misma conciencia de nuestra finitud la que nos señala el horizonte de
posibilidad (ser para la muerte) para decidir aquí ahora y avocarnos con toda
responsabilidad a nuestro proyecto.
Existir es en entonces una responsabilidad. La libertad exige responsabilidad.
“El hombre es responsable de lo que es. El primer paso del existencialismo, es
poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre el la
responsabilidad total de su existencia.”7 Sin embargo, eso no quiere decir que
el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es
responsable de todos los hombres. Dado que no existe nada previo al hombre
más que su propio proyecto, el hombre será ante todo lo que habrá proyectado
ser. Ello implica que no hay mas destino que el constituirse, crearse e
inventarse en cada momento y circunstancia, en el aquí y ahora, como
presente, presencia y presencía. Es el mismo su propio legislador quien en
cada acto elige tal o cual cosa, sean valores o la universalidad de estos. En
consecuencia el hombre es el único responsable de encontrarle sentido a su
vida, pues solo el tiene sentido o esta desprovisto de él. El saber esto causa
angustia, ya que significa que “el hombre que se compromete y que se da
cuenta de que es no solo es el que elige ser, sino también un legislador, que
elige al mismo tiempo que a si mismo a la humanidad entera, no puede
escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad.” 8
Tenemos pues, una ética de la acción, en donde el hombre no tiene más salida
y más destino que a si mismo. Además de eso el hombre siempre esta
orillado a elegir, a elegirse a si mismo. Y al elegirse a si mismo elige y
compromete a la humanidad entera. Elegir a la humanidad entera, significa el
reconocimiento de los otros. El caer en la cuenta de que la existencia solo
puede ser posible, en la medida en que ser en el mundo significa estar con,
6
Sartre: 2001 p. 114
7
Sartre: 1998, p. 12
8
Ídem, p. 14
cooriginariamente y copresente con el otro, en coexistencia. Eso niega la
posibilidad de todo solipsismo, de todo ser cerrado sobre si. El ser es ahí, el
ahí solo es en tanto esta en relación con el aquí. El ser esta situado en la
historia, en el mundo, por eso es ser en el mundo, en el tiempo. La existencia
en la historia es algo que se da por la vía de las decisiones en el mundo ante y
a través de los entes del mundo. “El otro me interpela y me significa una
orden..,su presencia es una intimación a responder. Ser Yo significa no poder
sustraerse a la responsabilidad.” 9
Así pues, “descubrir al Yo en tal orientación es identificar el Yo con la
moralidad. El Yo frente al Otro es infinitamente responsable.” 10 Sartre, sabe
bien esto, sin embargo, ve en esa interpelación una cuestión sumamente
problemática. Para Sartre, si ya estamos obligados a hacernos en las
apariencias, además tenemos que constituirnos junto con los otros, los demás.
“El infierno son los demás.” Todo gira en torno a mi, en mi necesidad por
serme, pero para serse hay que evitar que todos sean porque todos queremos
lo mismo. Eso tiene como consecuencia el que nos estorbemos y estemos en
constante conflicto. Lo único verdadero es la mirada, es el otro en cuanto me
mira porque me desprecia, odia o ama. La mirada se puede efectuar gracias al
cuerpo. El cuerpo es la apariencia lo que aparece de mi y del otro
(apariencia=esencia) .
En la obra A puertas cerradas, vemos ese conflicto por serse entre los otros.
Sartre nos plantea una situación en donde tres personas, tras su muerte, llegan
al infierno. Garcin, Estelle e Inés son los tres personajes que guiados por el
camarero llegan a un infierno sui generis, el cual, solo, puede descifrarse a
partir de los simbolismos con los que Sartre juega para contextualizar a sus
personajes. El escenario: un salón de un lujoso hotel estilo Segundo Imperio.
El primero en arribar, es Garcin, quien llega guiado por un camarero del hotel.
A su llegada Garcin, desde sus primeras líneas, denota su sorpresa por el
lugar al que ha llegado de una manera irónica e indiferente. Tras quedarse solo
momentos, aparece de nuevo el camarero, acompañado de dos mujeres:
Estelle e Inés.
9
Lévinas, Emmanuel. La huella del otro, Taurus, Barcelona, 2000, p. 56
10
Ídem
Comencemos por analizar la situación de Estelle, quien encarna perfectamente
a una mujer, frívola y superficial que muestra un exacerbado narcisismo. Ella
representa lo que seria una vida inauténtica, pues solo le interesan los
aspectos banales de la vida. Su necesidad por ser amada, expresada en las
insinuaciones hacia Garcin, dan fe de su obsesión por ser el objeto de deseo y
centro de atención de todas las miradas. Para Estelle, resulta demasiado
trágico el no ser reconocida por su belleza física. Todo ello, revela entonces
una necesidad del otro en donde viene a manifestarse lo que Kant señalaba de
ver a los otros como fin y no como medio. En el caso de Estelle los otros son
un medio; para lo único que le interesan es para ser adulada. “Hay seis espejos
en mi dormitorio… Que vacío un espejo en donde no estoy. Al hablar me las
arreglaba para que hubiera uno donde pudiera verme. Hablaba, me veía como
los demás me veían, así me mantenía despierta… Mi imagen en los espejos
estaba domesticada. La conocía tan bien… Pero no puedo quedarme sin
espejo toda la eternidad.”
Vemos pues, en las palabras de Estelle su exacerbado narcisismo, al mismo
tiempo que reconoce la imposibilidad existencial de estar sin el otro. A pesar
de su incapacidad para relacionarse con los demás de una manera autentica, a
Estelle le resulta imperante tener al otro aunque sea sólo para a través de él,
reconocerse en su narcisismo. En su caso, el motivo por el cual ella reconoce
que es condenada al infierno, es el asesinato de su propia hija, el cual expresa
con toda nitidez su egoísmo. Estelle comete semejante acto, debido a que ella,
ya no seria la única destinataria del amor de Roger, el amante, con quien
engañaba a su esposo. Tras dicho acto, Estelle deja a Roger y este se suicida.
Al momento de contar la historia a sus dos interlocutores, Estelle demuestra
firmemente que en realidad, tampoco le interesaba Roger, pues ella misma
admite que no quería involucrarse mas de la cuenta con el porque era pobre.
Ahí se verifica una vez mas la frivolidad de Estelle, a quien lo único que le
preocupaba era mantener la reputación que tenia al ser esposa de un hombre
adinerado. De la misma manera, a Estelle tampoco le interesaba en lo absoluto
Pierre, su otro amante quien solo le interesaba por que la hacia sentirse
adulada. Tanto Pierre como Roger no fueron más que simples objetos de
quienes Estelle aprovecho las atenciones y el cariño que tuvieron hacia ella
para satisfacerse a si misma .
Por su parte, Garcin se encuentra angustiado por la necesidad de reconocerse
y ser reconocido por los demás como un hombre valiente. El origen de tal
preocupación nace a partir de la decisión que este toma en un momento crucial
de su vida. Gracin, un hombre idealista y pacifista, trabaja en un periódico
pacifista durante la guerra. Por tal motivo, los compañeros de Garcin
esperaban que este resistiera cabalmente en base a sus principios. La
disyuntiva que le plantea esta situación le orilla a tener que elegir entre
quedarse y resistir o desertar. Ante ello, Garcin opta por la segunda opción y en
su intento es capturado y fusilado.
La mayor angustia de Garcin, es el de ser considerado un cobarde por la
decisión que tomó. Para él su acción fue acorde a sus principios. Nada que
discutir al respecto pues su acción fue completamente coherente, sin embargo
a Garcin le pesa el que esto no sea debidamente reconocido por los demás
quienes esperaban una actitud distinta a la de el. Ahí reside el tormento de
Garcin, el cual sin duda expresa muy bien el drama existencial de todo
hombre.
En esos momentos se ponen a prueba las convicciones principios, valores e
ideales de cada hombre. Y es él, el único que puede decidir que hacer tanto al
momento de actuar, como al momento de ser juzgado por sus semejantes. Sea
cual sea la decisión que se tome, esta va tener una incidencia significativa para
bien o para mal. Sin embargo, la significación solo puede venir del hombre,
pues como ya se dijo él es el único que tiene sentido.
“No hay signos en el mundo” dice Sartre no los hay en el sentido de que estén
ya ahí dados o venidos de fuera. No preexisten, es el hombre quien los hace y
su sentido no estriba en que sea el hombre quien los haga o en el sentido que
les atribuya, ni siquiera, aun cuando esa producción de sentido provenga de
una convención, un contrato social o una voluntad general. En todo caso, es el
hombre quien a cada momento y en cada uno de sus actos los construye a
partir de su elección y la absoluta libertad que tiene para ello. El signo nunca
puede estar en una relación más allá del para sí. Será el hombre quien decidirá
si en sus acciones puede ver el signo de algo.” Ninguna moral general puede
indicar lo que hay que hacer; no hay signos en el mundo, soy yo mismo el que
elige el sentido que tienen.”11
11
Sartre: 1998, p. 35
Garcin decidió desertar, por que él creyó que de esa manera su acto estaría
acorde a sus propios principios. ¿Y no es acaso esto un signo de que los actos
efectivamente se ordenan a algo preestablecido es decir, a los valores? quizás,
y en ese sentido Garcin no tendría de que preocuparse pues tendría los
suficientes elementos para sentirse seguro de no ser un cobarde. Pero por otra
parte, podría decirse que Garcin eligió en su acto sus principios y de esa
manera dio un paso más en la construcción de su propia moral. Sin embargo
ahí entran en juego los otros para dar su veredicto final. Ante la mirada del
otro, Garcin es un cobarde y ante eso Garcin no puede hacer nada, nada en el
sentido de que nada de lo que haga podrá cambiar la opinión de aquellos.” ¿Es
posible ser un cobarde cuando sean escogido los caminos mas peligrosos?
¿Puede juzgarse una vida por un solo acto?” Lo único que puede hacer es
elegir nuevamente en el desamparo y la angustia. Nadie más que el puede
decidir que efectivamente es un cobarde o no. Da igual, solo es él y el conjunto
de posibilidades que se le presentan como porvenir.
Los valores, con los que Garcin comulga, solamente pueden ser validos en
tanto estos se construyan en cada acto, pues el simple hecho de denominarse
y presentarse como pacifista, no dice nada, tiene que corroborarlos en cada
uno de sus actos, en todo momento. Sin embargo, no es solo su deserción lo
que le tiene conflictuado. El otro hecho de suma importancia para Garcin, es el
descarado adulterio que cometió frente a su esposa. Para él, ese fue el motivo
por el cual fue condenado al infierno. Ahí vemos de nuevo lo relacionado con la
interpretación, valor y significado que el hombre da a sus actos. La medida de
ello, sólo puede ser dada por la culpa. Garcin, se siente culpable por haberse
comportado de esa manera. Pero basta un solo acto para condenarse durante
toda la vida La pregunta sin duda es grande y requiere de una respuesta aun
mas grande para la cual no bastaría toda una vida para responderla. Es
indudable que Garcin actuó de una forma alevosa, empero eso no es suficiente
para caer en el infierno. En todo caso, estuvo en las manos de Garcin, haberse
comportado de otra manera. Solo el, tenia en sus manos haber reparado todo
el sufrimiento que a causa de él, padeció su esposa.
Por ultimo en el caso de Inés, podemos ver en ella la persona mas auténtica
de todo este lío, a diferencia de Estelle quien vive obsesionada por los detalles
más absurdos y banales de la vida y de Garcin, quien aun intenta ordenar su
vida cuando ya es demasiado tarde, Inés, se muestra mucho más resignada y
desengañada de su destino.
Es muy interesante el papel de Inés. Ella es una figura transgresora, quien
asume el papel de la conciencia -por decirlo de alguna manera-, pues es ella la
que en varios momentos de la obra hace ver con toda su crudeza la realidad en
la que se encuentran inmersos. Ese aspecto trasgresor en Inés, viene dado por
sus inclinaciones sexuales, hecho que a nivel social ya le condena de
antemano a ser juzgada y marginada. Tal vez eso sea la raíz de la sinceridad
de Inés, quien tuvo que soportar todo el peso de los tabúes sociales
expresados en la abyección y estupidez humanas.
El negro pasado de Inés, esta marcado por el triangulo amoroso en el que se
encuentran involucrados su primo y Florence la pareja de este. Inés se
enamora de Florence y en su afán por estar con ella Inés desea deshacerse de
su primo el único obstáculo que había entre ellas.
Si analizamos la lectura puede verse que la implicación de Inés en la muerte de
su primo es ambigua. Si bien, ella acepta haberse regocijado con dicho
acontecimiento jamás se explicita su participación directa en el accidente, sin
embargo, tampoco lo niega.
Es posible interpretar que Inés no cometió ningún crimen, al menos
fácticamente. Sin embargo hay un crimen mucho más sutil y mucho más
criminal. El crimen de Inés es el de poseer la conciencia del crimen, es decir,
una conciencia criminal y esa conciencia, es al mismo tiempo la conciencia del
Mal. Inés no tiene ningún reparo en aceptarlo y eso es lo que hace que sea
más auténtica, pero también mas lúcida que sus compañeros. En términos de
alteridad, Estelle necesita al otro par ser adulada, Garcin lo necesita para que
le señalen como un hombre valiente y decente, Inés por su parte, tan solo lo
necesita para verlo y hacerlo sufrir. “Yo soy mala; quiere decir que necesito el
sufrimiento de los demás para existir…Cuando estoy completamente sola, me
apago.”
Hay que analizar un poco mas a fondo la imagen del infierno que Sartre nos
ofrece y lo que nos quiere decir con ello. El infierno en el que se encuentran
sus personajes no está más allá de la muerte, esta aquí y ahora, en este
mundo del espacio y el tiempo, de la sangre y la carne. La muerte de Garcin,
Estelle e Inés es más bien simbólica. Los hechos por los que dejaron de existir
podrían omitirse y en nada cambiarían la historia. Así como no existe el
paraíso, tampoco existe el infierno , ambos están aquí en la tierra con los otros.
El destino de los tres personajes de esta historia es el estar juntos mirándose
los unos a los otros ya sea para amarse u odiarse. Solo ellos podrán trazar el
curso de esa coexistencia.
Así pues, cuando Garcin tiene la oportunidad de salir no lo hace porque no hay
otro lugar adonde ir. En cualquier irremediablemente se encontrará con los
otros, en cualquier lugar irremediablemente los necesitará. Eso se expresa de
manera simbólica cuando Garcin extrañamente decide quedarse por Inés . “Por
ti me he quedado, tú sabes lo que es un cobarde, tú conoces el precio del mal.
Y si dices que soy un cobarde es con conocimiento de causa, a ti es a quien
debo convencer. No podía dejarte aquí con todos esos pensamientos en la
cabeza; todos esos pensamientos me conciernen…, tú que me odias, si me
crees, me salvas.”
En última instancia, retomando la frase de Dostoievski, uno se ve tentado a
parafrasear la conocida reversión que hace Lacan. “Si no hay Dios entonces
nada esta permitido.” Esto lo que expresa es “la ruptura del Amo-significante.” 12
Pero solo es una ruptura simbólica pues lo que se ha colapsado es la
investidura simbólica del poder y su trascendencia. Nuestra indeterminable
contemporaneidad así lo expresa. En este mundo, asistimos a una proliferación
incesante de todo discurso, de todos los signos, de todas las formas. Todo ello
es liberado en el éxtasis de la comunicación y con ello se corre el peligro de
anular cualquier horizonte simbólico y también toda alteridad. Hoy el infierno no
es el otro sino su ausencia. En ese sentido, Dios era el Amo, y si ha muerto,
con el también ha muerto el verdugo, aquel del que tanto extrañan su ausencia
los personajes de A puertas cerradas y por el cual también claman para que les
inflija los castigos más dolorosos con tal de no tener que soportarse. Si el
verdugo ha muerto, entones el verdugo esta en cada uno de nosotros, más
entrampado que nunca y por lo tanto mucho más opresor. “ En último término,
víctima y victimario son una sola persona. No podemos concebir la unidad de
la raza humana si no podemos concebir, en todo su horror, la verdad de esta
13
equivalencia radical.”
12
Slavoj, Zizek. El acoso de las fantasías, Siglo XXI, México, 2003, p. 67
13
Baudrillard, Jean. El crimen perfecto, Anagrama, Barcelona, 2000, p. 151