Situación Actual de los Pueblos Originarios
Situación Actual de los Pueblos Originarios
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Los pueblos originarios de nuestra nación | Seminario 3
UNIDAD TEMÁTICA 9
La situación actual
Introducción
En la primera unidad se desarrolla el encuentro de dos mundos, los pueblos encontrados por
los conquistadores, como así también los problemas que surgieron a partir de la imposibilidad
o las limitaciones de los europeos al encontrarse con ese otro distinto.
En la unidad anterior se expone la suerte que corrieron y la participación que tuvieron en los
distintos episodios, dichos pueblos en el proceso independentista y en la conformación del
estado nacional y la conformación d la identidad Nacional.
Finalmente en esta unidad se analiza la situación actual de los que pudieron sobrevivir a las
matanzas, a la marginalidad y al olvido.
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En la actualidad, más allá de las particularidades propias de cada comunidad, los distintos
grupos comparten una cosmovisión de larga tradición sudamericana y una problemática com-
partida, que forma parte de lo argentino. La resistencia actual de los pueblos originarios y su
lucha por su reconocimiento pueden pensarse como elementos de identificación colectiva
más allá de las fronteras.
Si bien los datos de censos oficiales arrojan una cifra menor, se calcula que en la actualidad
cerca de 800.000 aborígenes viven en todo el país organizados en alrededor de 800 comunida-
des, sin contar con datos exactos en cuanto a los aborígenes que viven en las ciudades. Estos
datos son obtenidos de los trabajos aunados de antropólogos, ONG, organismos gubernamen-
tales y asociaciones indígenas. Los pueblos más numerosos son el koya, el mapuche, el gua-
raní y el wichí.
2. La cosmovisión originaria
La presencia de lo sagrado en el mundo cotidiano aborigen es constante. Ella se manifiesta en
el culto a la Pachamama, por ejemplo, a quien se le ofrenda para pedir y agradecer por las
cosechas, el Nguillatún, que constituye una festividad tradicional mapuche, la presencia de los
señores de los animales para la regulación de los recursos, la presencia de los dioses en las
curas chamánicas, los mitos ancestrales que explican el mundo y el poder revelador de los
sueños. Todo ello da cuenta cómo desde comer hasta curar tiene, en la cosmovisión originaria,
un plano sagrado.
Desde esta cosmovisión, para los pueblos originarios existe un continuo entre el hombre y la
naturaleza, de la cual éste es parte. Esta manera de comprender el mundo hace que el vínculo
con la tierra, los animales y las plantas sea de gran respeto y armonía. De igual manera, esto
lleva a que la forma de obtener recursos de ella sea cuidadosa, respetuosa, limitada y para
nada predatoria, como a la que se está tristemente acostumbrado.
El mantenimiento de las lenguas nativas, o por lo menos de vocablos que provienen de ella, fue
y es un soporte ideal para lograr la continuidad de estas ideas y prácticas. Por supuesto esto
no implica que no se hablen otras lenguas. La lengua materna se halla en el centro del sentido
de pertenencia de un individuo a su grupo.
El trabajo manual, transformado en artesanías para la venta, convive con prácticas económi-
cas ancestrales como la caza, la pesca, la recolección, el cultivo y el pastoreo. En gran cantidad
de grupos estas se complementan con el trabajo asalariado. Otra práctica compartida por
muchas comunidades actuales es el chamanismo. El chamán se ocupa de la medicina tradi-
cional dentro de un grupo y es una figura muy respetada que posee gran cantidad de conoci-
mientos en cuanto a plantas medicinales y estrategias de curación.
Gran parte de los problemas que enfrentan los pueblos aborígenes hoy en día, son el resultado
del intento de incorporación a la lógica del estado nación, lo que no coincidía con sus valores
y cosmovisión milenaria. La defensa de la concepción de la tierra, el trabajo, la familia, la vida
y la muerte, es lo que moviliza y aglutina a los pueblos aborígenes en sus reclamos.
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4. El problema de la Tierra
Uno de los problemas más importantes de los pueblos originarios en la actualidad es el recla-
mo de tierras. Aunque en la reforma constitucional de 1994 se reconoce la preexistencia de
estas poblaciones en el territorio argentino, gran avance en cuanto al reclamo legal, en el plano
real no modifica la situación.
Como es sabido, a lo largo de la historia, los pueblos originarios han sido sistemáticamente
despojados de sus territorios y han sido confinados a lugares de menores recursos. Esta situa-
ción se ve agravada, dado que muchos de los grupos tienen una economía de caza y recolec-
ción, y es así que el impedimento de contar con grandes extensiones obstaculiza el adecuado
desarrollo de su economía, lo que conduce a que la población no pueda responder debidamen-
te a su necesidades más básicas.
Es importante tener en cuenta, que los pobladores originarios no eran pobres. Sus necesidades
podían ser satisfechas. La situación actual de pobreza es justamente producto de las relacio-
nes de desigualdad que se fueron construyendo a lo largo de la historia y de la dominación y el
arrinconamiento. Por consiguiente, el arrebato de sus tierras, la discriminación y el racismo
son los padres de las problemáticas actuales. En tal sentido, no se puede hablar de marginali-
dad o exclusión de estos pueblos. Las comunidades no están marginadas ni excluidas, por el
contrario fueron integradas de una manera violenta y desigual al estado argentino.
Además de los impedimentos económicos, al ser despojados de las tierras, se los despojó de
su identidad, de su relación con la naturaleza y con su propio cosmos. Dentro de la cosmovi-
sión americana, la tierra es más que una fuente de recursos. La tierra es dadora de vida, es la
cuna de origen de todo lo que existe, es la expresión máxima de la vida y el lugar donde vivieron
los ancestros. Perder la tierra es más que perder el alimento.
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7. Educación
Se cree en la necesidad de adaptar los planes educativos a las realidades locales e implemen-
tar la educación bilingüe. Además, se debe reflexionar sobre dos elementos: por un lado, cómo
se enseña el tema de lo aborigen en la escuela y como se convive con esta diversidad cultural
en el aula. Mientras la escuela siga reproduciendo un estereotipo negativo y peyorativo del
aborigen y simplifique la historia hasta casi la caricatura, es difícil pensar con seriedad en polí-
ticas futuras profundas. Se necesita formar una conciencia histórica crítica en las nuevas
generaciones y fomentar la discusión en el aula y en la casa.
Para este punto es importante difundir la situación de las comunidades, así como sus valores
culturales. La ignorancia es la mejor aliada de la discriminación y la falta de respeto.
8. Paternalismo
Se entiende por paternalismo, en un sentido amplio del término, a aquel tipo de sistema de
relaciones sociales y laborales, sostenido por un conjunto de valores, doctrinas, políticas y
normas fundadas en una valoración positiva del patriarcado. En un sentido más concreto, el
paternalismo es una modalidad del autoritarismo, en la que una persona ejerce el poder sobre
otra a través de decisiones arbitrarias. También el paternalismo está basado en relaciones
sociales verticales bidireccionales interesadas, entre protectores y protegidos. Relaciones que
impiden el desarrollo y la creatividad de la persona y destruyen el concepto de comunidad.
En referencia a la cuestión aborigen, para que los cambios mencionados anteriormente
puedan ser reales y fructíferos, el primer paso es acabar con el paternalismo. Es importante
tener en cuenta que no se está ante seres “ignorantes” a los cuales “se les debe decir qué
hacer”. Esta visión muchas veces es ingenua, pero otras tantas es mal intencionada. Se
requiere un proyecto conjunto basado en el diálogo y el conocimiento.
Como se ha analizado en seminarios anteriores, el mundo actual se caracteriza por ser multi-
cultural y pluriétnico. Esto quiere decir que existen en el mundo y en los distintos países, una
gran cantidad de personas que pertenecen a distintos grupos y culturas. En el caso de la
Argentina específicamente, cada uno de estos sectores está compuesto por personas en
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El siguiente link conduce a un interesante video sobre el arte y la cultura de los pue-
blos originarios:
https://www.youtube.com/watch?v=HLoBzOmgQj4
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Lea el siguiente fragmento y compare con lo leído en el apartado anterior. Realice una breve
conclusión a partir de lo leído en el módulo y en el fragmento.
EL NUEVO CORREO DE LA UNESCO, ENERO DE 2004: DIÁLOGO ENTRE CULTURAS Y CIVILIZACIONES.
LA RIQUEZA CULTURAL DEL MUNDO ES SU DIVERSIDAD DIALOGANTE
Una de las misiones principales de la UNESCO es garantizar el espacio y la libertad de expre-
sión de todas las culturas del mundo. UNESCO considera que cada cultura se nutre de sus pro-
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pias raíces, pero que sólo se desarrolla en contacto con las demás culturas. Así pues, no se
trata de identificar y preservar todas las culturas consideradas separadamente, sino antes bien
de revivificarlas, para evitar que queden reducidas a guetos, contrarrestar extravíos derivados
de la identidad y prevenir conflictos. Este diálogo de las culturas adquiere un sentido nuevo en
el marco de la mundialización y del contexto político internacional actual, convirtiéndose así en
un instrumento indispensable para garantizar el mantenimiento de la paz y la cohesión del
mundo.
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Este proceso comienza en 1988 con la reforma brasileña y posteriormente, en la década de los
noventa, países tales como Colombia (1991), México (1992), Paraguay (1992), Chile (Ley Indí-
gena de 1993), Perú (1993), Bolivia (1994), Argentina (1994) y Ecuador (1996 y 1998) realizaron
las reformas respectivas para llevar a cabo una respuesta legal y jurídica a las demandas reali-
zadas por los pueblos indígenas de cada país.
De esta forma, un número creciente de países ha empezado a reconocer su carácter multiétni-
co, atendiendo a una deuda histórica que se arrastró durante siglos con las comunidades indí-
genas latinoamericanas:
“Eso ha determinado que ahora las constituciones de por lo menos once países (Argentina, Bolivia,
Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay, Perú y Venezuela) reconozcan y
acepten su pluri o multiculturalidad y que algunos, como en el caso ecuatoriano, dejen incluso traslucir
el carácter ‘multinacional’ del país. A éstos se suman otros cuatro (Chile, El Salvador, Honduras y
Panamá) que, con disposiciones de menor rango, reconocen también tales derechos y, entre ellos, el
relativo a una educación diferenciada”
Estas reformas han tenido diferentes características y matices en cada país.
El estudio Calidad Legislativa Indígena en América Latina 29, del BID, analiza cómo se han
incorporado las demandas indígenas en distintos ámbitos, se toma como punto de partida
cómo se han entendido conceptos tales como identidad, diversidad cultural, territorio, etc., en
cada país, y lo mismo para el Convenio 169/89 de la OIT, el cual sienta uno de los precedentes
más importantes para las reformas llevadas a cabo.
En primer lugar, al analizar cómo se ha incorporado la variable de diversidad cultural como
concepto base. El estudio señala que los conceptos de multiculturalismo (Estados multicultu-
rales, pluriétnicos, etc.) no están presentes en el Convenio 169/89 de la OIT, ya que estos serían
conceptos más recientes, cuyo reconocimiento se logró en muchas constituciones y leyes lati-
noamericanas durante los últimos años “como una respuesta a la condena de la visión asimi-
ladora que históricamente caracterizó el pensamiento de los Estados”. Quince de los países
tendrían ese reconocimiento incorporado en su legislación, la mayoría de ellos tanto a nivel
constitucional como en leyes especiales indígenas.
Víctor Hugo Cárdenas señala que:
“(…) los nuevos textos constitucionales, en los casos de Bolivia, Ecuador, México y Paraguay, tienden a
reconocer el carácter multicultural de los Estados y la existencia de los pueblos indígenas en su interior
como entidades singulares con atributos culturales y lingüísticos propios y con derechos específicos
(comunidades, pueblos, entidades territoriales y nacionalidades)” mientras que “algunas reformas
fortalecen el régimen de comunidades indígenas (Bolivia, Guatemala y Colombia) como entidades de
derecho público y habilidades para ejercer ciertos niveles de autoridad y autogestión en sus territorios”
Respecto al reconocimiento de los derechos colectivos indígenas, este sería un tema más
complejo en cuanto a la determinación de criterios para su definición y aplicación, ya que “los
órdenes legales de los países, con pocas excepciones, no tienen en cuenta los derechos colec-
tivos de los pueblos indígenas, con el agravante que tampoco funcionaron los derechos indivi-
duales con la política asimilacionista que por mucho tiempo tuvieron los países de América
Latina”. Sobre este punto, en el Convenio 169/89, en su artículo 5 a), se hace una referencia a
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la protección de diferentes valores, y que se deben considerar problemas planteados “... tanto
colectiva como individualmente”.
Para el caso de los territorios, uno de los ejes fundamentales en torno a los cuales se organiza
la identidad indígena, existen una serie de reconocimientos en todos los países latinoamerica-
nos con una presencia indígena importante. Se garantiza en estos casos el derecho a la pro-
piedad colectiva (artículo 13 del Convenio 169/89) y se aplican restricciones para proteger las
tierras indígenas, tales como: inalienabilidad, imprescriptibilidad, indivisibilidad, que sean no
embargables, y no adjudicables, etc. “México (a nivel tanto federal, como estatal), Guatemala,
Panamá, Argentina y Chile son países que no reconocen expresamente la coexistencia y com-
patibilidad de reservas u otras tierras indígenas y parques nacionales”. Este aspecto es impor-
tante, ya que para el mundo indígena “el derecho a la tierra y los recursos naturales es concebi-
do no sólo como medio de producción o como tierra equivalente a la parcela, sino como territo-
rio y base material que permita el desarrollo físico, cultural y social” de dichos pueblos. Es por
esta razón, que prácticamente todas las demandas de los pueblos indígenas han sido encami-
nadas a buscar reconocimiento constitucional y legal sobre tenencia colectiva de las tierras,
protegidas además con todas las restricciones mencionadas anteriormente.
Otro punto importante es la aceptación e incorporación del derecho consuetudinario indígena,
tanto en forma de aceptar usos y costumbres indígenas en la legislación nacional como en el
establecimiento de una jurisdicción especial indígena. Un estudio señala que “lo realmente
importante aquí es el reconocimiento de la justicia indígena como tal, porque le da validez y
carácter de derecho público a las decisiones de la comunidad, destacando el carácter de cohe-
sión y el control social que los sistemas normativos indígenas han jugado al interior de sus
pueblos”.
Los países que han realizado un fuerte reconocimiento al respecto son Bolivia, Brasil, Colom-
bia, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela.
Por otro lado, Cárdenas señala que “de forma paralela a la consolidación del proceso democrá-
tico se incrementó el reclamo del derecho a la participación en la democracia desde sus pro-
pias instituciones y dinámicas como pueblos”. Esto implicaría replantear la relación que tradi-
cionalmente se ha establecido entre los Estados y las comunidades, proceso fomentado
además con todos los movimientos indígenas que en esta última década han exigido una
mayor relevancia política, y así lograron un protagonismo político nacional en países como
Ecuador, Bolivia o México. Todos estos aspectos mencionados tienen que ver directamente
con el tema de la autonomía indígena, otro eje fundamental de muchas demandas llevadas a
cabo por estos grupos. El reconocimiento de las demandas por una mayor autonomía o capa-
cidad de autodeterminación (que no se encuentra explícitamente mencionada en el Convenio
69/89 de la OIT) sigue siendo hoy en día un tema bastante complejo debido a las supuestas
implicancias que un reconocimiento de este tipo tendría. Existirían sin embargo algunas regu-
laciones encaminadas a garantizar cierto grado de autonomía indígena, tales como el recono-
cimiento legislativo de autoridades indígenas internas y la posibilidad de que exista un “auto-
gobierno indígena”. Para el primer caso, casi todos los países con legislación indígena tienen
regulaciones al respecto, pero sólo los siguientes reconocen algo que se puede llamar “auto-
gobierno indígena”: Bolivia, Colombia, Costa Rica y México. El mismo estudio señala que:
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“(…) el uso de conceptos como ‘pueblo’ o ‘nación’, tan controvertido en las negociaciones internaciona-
les, es común en la mayor parte de los países latinoamericanos con legislación indígena. ‘Pueblo’ está
presente en el mismo título del Convenio 169/89 ‘pueblos indígenas y tribales’), pero ‘nación’ no está.
Sin embrago, el Convenio 169/89 tiene una reservación muy importante en la utilización del concepto
‘pueblo’, en su Sección I: ‘La utilización del término pueblos en este Convenio no deberá interpretarse
en el sentido de que tenga implicación alguna en lo que atañe a los derechos que puedan conferirse a
dicho término en el derecho internacional’.
Con esta reserva se quita toda la ambición de los pueblos indígenas de ser reconocidos como pueblos
en el sentido de derecho internacional, lo que se considera, entre muchos representantes indígenas,
una de las deficiencias principales del Convenio”.
El derecho de los pueblos indígenas a ejercer su autonomía a través de la participación en la
formulación de planes de desarrollo que afecten a los territorios que habitan, está establecido
como derecho en ocho países, y solo cinco tienen garantizado por ley una participación indíge-
na en órganos relevantes del Poder Ejecutivo del gobierno nacional (Chile, Colombia, Costa
Rica, Ecuador y Venezuela). Otros países garantizan la representación de las comunidades en
la toma de decisiones de especial relevancia para ellos a través de otros organismos de con-
sulta, aunque el tema de la representación política indígena no esté reflejado en el Convenio
169/89 de la OIT.
En varios países se están modificando las instituciones encargadas de la relación entre el
gobierno y los pueblos y comunidades indígenas. Se trata de avanzar del olvido y la marginali-
zación centrada en instituciones como ventanillas únicas de atención y ayuda a los poblado-
res indígenas, hacia la creación de oficinas nacionales de diversos nombres y rangos, varias de
ellas cercanas a la institución presidencial. En Bolivia, Ecuador y Perú tienen jerarquía y fun-
ción ministerial; en Guatemala y Chile se trata de corporaciones o fondos especiales para
atender las necesidades de desarrollo; en México tienden a transformarse en procuradurías de
los derechos indígenas.
Respecto al tema de recursos naturales, este punto se encuentra tratado en el artículo 15 del
Convenio 169/89 de la OIT, donde se establece la necesidad de una protección especial y me-
canismos de consulta e indemnización en caso de prospección y explotación. Algunos países,
incluso le otorgan derechos prioritarios sobre recursos naturales y minerales a grupos indíge-
nas para su explotación, un ejemplo de esto son las llamadas zonas mineras indígenas de
Colombia.
Otros otorgan alguna forma de propiedad sobre dichos recursos (excepto Chile), derecho a
regalías o compensación, participación en el manejo estatal de recursos en los territorios indí-
genas, se garantizan mecanismos de consulta en caso de explotar recursos de zonas indíge-
nas o negras (Colombia), aprobación del Congreso luego de escuchar a las comunidades (Bra-
sil), aprobación del Consejo Regional –donde está garantizada la representación de los pue-
blos indígenas– (Nicaragua), etc.
En cuanto al idioma, el estudio señala que solamente Bolivia y Paraguay reconocen las
lenguas indígenas como idiomas paralelos nacionales. En el caso de Paraguay, el guaraní es
además un idioma conocido, dominado y utilizado por la mayoría de la población mestiza y
blanca, un caso único en América Latina, pero los otros 16 idiomas indígenas que existen en el
país no gozan de ningún reconocimiento legal. Existe además reconocimiento como idioma
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El siguiente link conduce a un interesante video sobre la situación actual de los pue-
blos originarios y el incumplimiento por parte de los estados de la legislación que se
expone en el anterior apartado:
https://www.youtube.com/watch?v=6muqWoTDcA
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ja la realidad de modo objetivo. Detrás de un discurso hay siempre un enunciador que se sitúa
en un lugar y un tiempo concretos y, desde allí, presenta su percepción sobre determinado
acontecimiento. En particular, el discurso sobre el pasado aborigen se desarrolló de forma
compleja a lo largo de la historia. La clase dirigente consolidó una visión particular del mundo
indígena que cuajó en la expresión del desierto y que subyace a los procesos de construcción
de la identidad nacional¹.
El estudio de las sociedades originarias no fue, ni es todavía, un terreno que, en general intere-
se en educación, y la temática sigue siendo ajena al grueso de los especialistas, que frecuen-
temente sólo se ocupan de ella de modo tangencial o, simplemente, la ignoran.
En suma, la elaboración de los discursos sobre el indio que el Estado logró plasmar, fue tan
eficaz que atravesó más de un siglo y aún persiste en las representaciones sociales. El “desier-
to” era una configuración cultural constituida por un conjunto de comunidades en donde las
integraciones y las mezclas eran la regla. También había enfrentamientos entre tribus o fenó-
menos culturales, como el cautiverio, que formaban parte de toda esta situación, pero que no
dejaban de pertenecer a formas organizativas que básicamente incluían al otro.
La escuela, investida de autoridad civilizadora, impuso un arbitrario cultural para fundar el
Estado y utilizó diversos argumentos. De la mano de la historiografía hegemónica, se canaliza-
ron las siguientes cosmovisiones o ideas:
Los indios como cosas del pasado.
Los indios como salvajes y vagos.
La Argentina sin indios.
Los indios como buenos y los blancos como los malos.
Los indios como los pueblos originarios.
El discurso escolar no ha propiciado las múltiples miradas de los vínculos entre blancos y pue-
blos originarios. En este marco, no se requiere sólo cuestionar las concepciones que subyacen
la historiografía tradicional, sino constituir el punto de partida para desandar la historia y tam-
bién las percepciones erróneas, incluidas las visiones excesivamente morales.
El Relator Especial de Naciones Unidas, Sr. José Martínez Cobo, sostiene acerca de los pueblos
originarios:
“Las comunidades, pueblos y naciones indígenas son aquellos que, teniendo una continuidad histórica
con las sociedades previas a la invasión y colonización que se desarrollaron en sus territorios, se con-
sideran a sí mismos distintos de otros sectores de las sociedades que prevalecen actualmente en esos
territorios, o en partes de los mismos.
En la actualidad constituyen sectores no dominantes de la sociedad y están determinados a preservar,
desarrollar y traspasar a futuras generaciones sus territorios ancestrales y su identidad étnica, como
base de su continua existencia como pueblos, de acuerdo con sus propias pautas culturales, institucio-
nes sociales y sistemas legales".
Los Estados han incorporado el autorreconocimiento como criterio fundamental para la defini-
ción de indígena, esto es: la conciencia que los mismos tienen de su identidad.
Estos cambios han sido receptados por el Convenio 169 de OIT que en su artículo 1.2. que
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establece: "La conciencia de su identidad indígena o tribal deberá considerarse un criterio fun-
damental para determinar los grupos a los que se aplican las disposiciones del presente con-
venio".
Es muy importante destacar que el rasgo distintivo de los pueblos indígenas es su aboriginali-
dad, esto es, la característica de ser los primeros habitantes de los territorios que habitan.
Las comunidades indígenas expresan día a día su voluntad de preservar la diferencia cultural
que los distingue de otros grupos sociales y se encuentran decididos a fortalecer sus institu-
ciones sociopolíticas para conseguirlo. Al mismo tiempo, aspiran a desarrollar, en el seno de
las sociedades nacionales de las que forman parte,
nuevas pautas de convivencia social en la diversi-
dad. Para tal fin reivindican una nueva normativa
que dé cabida a sus "derechos especiales" sin me-
noscabo de los demás derechos del ciudadano.
Por ser sociedades aborígenes, los pueblos indíge-
nas no sólo reivindican la ocupación continua de
tierras ancestrales o al menos de parte de ellas,
sino también la calidad del vínculo que los une. Las
tierras, el hábitat, el paisaje, el territorio, son la
condición indispensable para el mantenimiento de
su identidad como pueblo.
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indígenas, pues no desarrolla los mecanismos de incidencia federal que permitan que estos pueblos
puedan ejercer efectivamente sus derechos en todo el territorio de la Nación. Por tal motivo, en la
actualidad, el goce de los derechos indígenas está librado a la voluntad discrecional de cada Estado
provincial y, en consecuencia, es dispar e inequitativo.”
Entre los fundamentos del “contrainforme” se remarca la obligación política del INAI de generar
condiciones que permitan una real participación. También sostiene que: “tanto en el orden
federal como en los órdenes provinciales no existen leyes que reglamenten el derecho a la con-
sulta. Además existen otras dificultades vinculadas con el ejercicio de los derechos a la tierra
y el territorio de los pueblos y comunidades indígenas. La respuesta estatal a los reclamos
territoriales indígenas continúa siendo el desalojo, la represión y la persecución penal de los
miembros de las comunidades.”
En este marco, se abre un panorama de gran complejidad, en los procesos dentro de lo que se
construye la reorganización territorial. El proceso de globalización neoliberal en Latinoamérica,
vía políticas gubernamentales y estrategias empresariales, fue produciendo cambios en el
control y en los modos de uso de los espacios geográficos y sociales, en síntesis, de los territo-
rios. En Argentina, puede observarse como perfil más dramático sin ser el único del proceso
mencionado, la creciente actividad de grupos armados particulares que hostigan a las familias
campesinas y a los pueblos originarios, y muchas veces participan conjuntamente con fuerzas
de seguridad gubernamentales en el desalojo de las mismas. Por su parte, las organizaciones
campesinas y los pueblos originarios denuncian
situaciones en las cuales «empresarios» (mayor-
mente productores de soja) impiden a estas fami-
lias «hacer uso de los territorios comunitarios». En
rigor en estos casos no se trata de reclamos de
«tierra», por la propiedad o titulación de parcelas,
sino que giran en torno de la posibilidad de acceder
a fuentes de agua dulce, o a áreas de monte, o bien
de evitar la contaminación producida por la agri-
cultura industrial y sus «paquetes tecnológicos».
SINTESIS
Han transcurrido pocos años de la inmigración masiva de europeos, que comenzaron a ocupar
este país, que declaraba enfáticamente estar libre de indios. Sin embargo, se puede observar
que los pueblos aborígenes no han desaparecido y están más vivos que nunca.
A pesar de los valores y cosmovisiones europeizantes, en la actualidad se encuentran infinidad
de retratos de estas comunidades. Dicha pluralidad de voces también incluyen a las de los pro-
pios nativos.
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Las culturas aborígenes actuales, debido a su propia historia, son una de las formas de expre-
sión de la cultura nacional. Lo que se considera cultura argentina se nutre de distintas fuentes
y los pueblos originarios constituyen una de ellas, aunque se ha intentado negarlo. Es decir,
que somos compatriotas.
Debido a su tradición común, sus costumbres, creencias y ubicación geográfica, las comuni-
dades aborígenes son un vehículo de integración con los pueblos de los países limítrofes y de
Latinoamérica.
El desafío contemporáneo es lograr un diálogo entre culturas y unificar nuestras utopías.
Existe numerosa legislación que los protege:
A nivel internacional, existen abundantes normativas y regulaciones internacionales en torno
al tema de diversidad y la no discriminación. Estas normativas constituyen importantes herra-
mientas de referencia, las cuales en muchas ocasiones sientan los precedentes para las pos-
teriores transformaciones que se llevan a cabo al interior de cada país.
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AUTOEVALUACIÓN
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CITAS TEXTUALES
Convenio OIT Nº 169 Sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes, 1989
Artículo 1
1. El presente Convenio se aplica:
a. a los pueblos tribales en países independientes, cuyas condiciones sociales culturales y
económicas les distingan de otros sectores de la colectividad nacional, y que estén regidos
total o parcialmente por sus propias costumbres o tradiciones o por una legislación especial;
b. a los pueblos en países independientes, considerados indígenas por el hecho de descender
de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país
en la época de la conquista o la colonización o del establecimiento de las actuales fronteras
estatales y que, cualquiera que sea su situación jurídica, conserven todas sus propias institu-
ciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.
2. La conciencia de su identidad o tribal deberá considerarse un criterio fundamental para
determinar los grupos a los que se aplican las disposiciones del presente Convenio.
3. La utilización del término “pueblos” en este Convenio no deberá interpretarse en el sentido
de que tenga implicación alguna en lo que atañe a los derechos que pueda conferirse a dicho
término en el derecho internacional.
Artículo 2
1. Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad de desarrollar, con la participación de los
pueblos interesados, una acción coordinada y sistemática con miras a proteger los derechos
de esos pueblos y a garantizar el respeto de su integridad.
2. Esta acción deberá incluir medidas:
a. que aseguren a los miembros de dichos pueblos gozar, en pie de igualdad, de los derechos y
oportunidades que la legislación nacional otorga a los demás miembros de la población;
b. que promuevan la plena efectividad de los derechos sociales, económicos y culturales de
esos pueblos, respetando su identidad social y cultural, sus costumbres y tradiciones, y sus
instituciones;
c. que ayuden a los miembros de los pueblos interesados a eliminar las diferencias socioeco-
nómicas que puedan existir entre los miembros indígenas y los demás miembros de la comu-
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nidad nacional, de una manera compatible con sus aspiraciones y formas de vida.
Artículo 3
1. Los pueblos indígenas y tribales deberán gozar plenamente de los derechos humanos y
libertades fundamentales, sin obstáculos ni discriminación, Las disposiciones de este Conve-
nio se aplicarán sin discriminación a los hombres y mujeres de esos pueblos.
2. No deberá emplearse ninguna forma de fuerza o de coerción que viole los derechos huma-
nos y las libertades fundamentales de los pueblos interesados, incluidos los derechos conteni-
dos en el presente Convenio.
Artículo 4
1. Deberán adoptarse las medidas especiales que se precisen para salvaguardar las personas,
las instituciones, los bienes, el trabajo, las culturas y el medio ambiente de los pueblos intere-
sados.
2. Tales medidas especiales no deberán ser contrarias a los deseos expresados libremente por
los pueblos interesados.
3. El goce sin discriminación de los derechos generales de ciudadanía no deberá sufrir menos-
cabo alguno como consecuencia de tales medidas especiales. Artículo 5
Al aplicar las disposiciones del presente Convenio:
a. deberán reconocerse y protegerse los valores y prácticas sociales, culturales, religiosos y
espirituales propios de dichos pueblos y deberá tomarse debidamente en consideración la
índole de los problemas que se les plantean tanto colectiva como individualmente;
b. deberá respetarse la integridad de los valores, prácticos e instituciones de esos pueblos;
c. deberán adoptarse, con la participación y cooperación de los pueblos interesados, medidas
encaminadas a allanar las dificultades que experimenten dichos pueblos al afrontar nuevas
condiciones de vida y de trabajo.
Artículo 6
1. Al aplicar las disposiciones del presente Convenio, los gobiernos deberán:
a. consultar a los pueblos interesados, mediante procedimientos apropiados y en particular a
través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o
administrativas susceptibles de afectarles directamente;
b. establecer los medios a través de los cuales los pueblos interesados puedan participar libre-
mente, por lo menos en la misma medida que otros sectores de la población, y a todos los nive-
les en la adopción de decisiones en instituciones electivas y organismos administrativos y de
otra índole responsables de políticas y programas que les conciernan;
c. establecer los medios para el pleno desarrollo de las instituciones e iniciativas de esos pue-
blos, y en los casos apropiados proporcionar los recursos necesarios para este fin.
2. Las consultas llevadas a cabo en aplicación de este Convenio deberán efectuarse de buena
fe y de una manera apropiada a las circunstancias, con la finalidad de llegar a un acuerdo o
lograr el consentimiento acerca de las medidas propuestas.
Artículo 7
1. Los pueblos interesados deberán tener el derecho de decidir sus propias prioridades en lo
que atañe el proceso de desarrollo, en la medida en que éste afecte a sus vidas, creencias,
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instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de
controlar, en la medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural. Además,
dichos pueblos deberán participar en la formulación, aplicación y evaluación de los planes y
programas de desarrollo nacional y regional susceptibles de afectarles directamente.
2. El mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo y del nivel de salud y educación de
los pueblos interesados, con su participación y cooperación, deberá ser prioritario en los
planes de desarrollo económico global de las regiones donde habitan. Los proyectos especia-
les de desarrollo para estas regiones deberán también elaborarse de modo que promuevan
dicho mejoramiento.
3. Los gobiernos deberán velar por que, siempre que haya lugar, se efectúen estudios, en coo-
peración con los pueblos interesados, a fin de evaluar la incidencia social, espiritual y cultural
y sobre el medio ambiente que las actividades de desarrollo previstas pueden tener sobre esos
pueblos. Los resultados de estos estudios deberán ser considerados como criterios funda-
mentales para la ejecución de las actividades mencionadas.
4. Los gobiernos deberán tomar medidas, en cooperación con los pueblos interesados, para
proteger y preservar el medio ambiente de los territorios que habitan.
Artículo 8
1. Al aplicar la legislación nacional a los pueblos interesados deberán tomarse debidamente en
consideración sus costumbres o su derecho consuetudinario.
2. Dichos pueblos deberán tener el derecho de conservar sus costumbres e instituciones pro-
pias, siempre que éstas no sean incompatibles con los derechos fundamentales definidos por
el sistema jurídico nacional ni con los derechos humanos internacionalmente reconocidos.
Siempre que sea necesario, deberán establecerse procedimientos para solucionar los conflic-
tos que puedan surgir en la aplicación de este principio.
3. La aplicación de los párrafos 1 y 2 de este artículo no deberá impedir a los miembros de
dichos pueblos ejercer los derechos reconocidos a todos los ciudadanos del país y asumir las
obligaciones correspondientes.
Artículo 9
1. En la medida en que ello sea compatible con el sistema jurídico nacional y con los derechos
humanos internacionalmente reconocidos, deberán respetarse los métodos a los que los pue-
blos interesados ocurren tradicionalmente para la represión de los delitos cometidos por sus
miembros.
2. Las autoridades y los tribunales llamados a pronunciarse sobre cuestiones penales deberán
tener en cuenta las costumbres de dichos pueblos en la materia.
Artículo 10
1. Cuando se impongan sanciones penales previstas por la legislación general a miembros de
dichos pueblos deberán tenerse en cuenta sus características económicas, sociales y cultura-
les.
2. Deberá darse la preferencia a tipos de sanción distintos del encarcelamiento.
Artículo 11
La ley deberá prohibir y sancionar la imposición a miembros de los pueblos interesados de ser-
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vicios personales obligatorios de cualquier índole, remunerados o no, excepto en los casos
previstos por la ley para todos los ciudadanos.
Artículo 12
Los pueblos interesados deberán tener protección contra la violación de sus derechos, y poder
iniciar procedimientos legales, sea personalmente o bien por conducto de sus organismos
representativos, para asegurar el respeto efectivo de tales derechos. Deberán tomarse medi-
das para garantizar que los miembros de dichos pueblos puedan comprender y hacerse com-
prender en procedimientos legales, facilitándoles, si fuese necesario, intérpretes u otros
medios eficaces.
BIBLIOGRAFÍA
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