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Conceptos Basicos

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Universidad Nacional de Colombia - Programa RED. CD-ROM Incorporación del componente de riesgos en la escuela.

Bogotá, 2004

Conceptos básicos
Esta sección contiene una serie de conceptos básicos necesarios para la comprensión y
desarrollo del tema. La terminología utilizada se origina en las ciencias naturales y en las
disciplinas técnicas que han dominado por muchos años la investigación sobre el riesgo. Es
muy reciente la incursión de las ciencias sociales en el estudio y análisis de la problemática
de los riesgos y sus implicaciones para el ser humano, para ello se basan en los avances
aportados por las diversas disciplinas y corrientes con mayor tradición en el tema.

Amenaza
La amenaza es un sinónimo de peligro latente que representa la probable manifestación
dentro de un período de tiempo de un fenómeno de origen natural, tecnológico o provocado
por el hombre, que puede producir efectos adversos en las personas, los bienes y servicios y
en el ambiente (Cardona, 2001: 24).

Un evento físico, como por ejemplo, una erupción volcánica que no afecta al ser humano,
es un fenómeno natural y no una amenaza de origen natural. Existe la creencia popular que
los desastres son estragos inevitables causados por fuerzas incontrolables de la naturaleza.
A pesar de que el ser humano no puede alterar la dinámica de la mayoría de los fenómenos
naturales, sí puede desempeñar un papel importante al asegurar que los eventos de origen
natural no se conviertan en desastres a causa de sus propias acciones. La intervención
humana puede aumentar la frecuencia y la severidad de los eventos naturales (OEA, 1991:
10)

Las amenazas antrópicas son aquellas claramente atribuibles a la acción humana, que ponen
en grave peligro la integridad física o la calidad de vida de las comunidades, entre ellas
están el vertimiento de sustancias en el ambiente, las explosiones, la contaminación, los
incendios.

Las amenazas tecnológicas o industriales pueden ocurrir por el manejo inadecuado de


tecnologías contaminantes y peligrosas, están asociadas a accidentes de origen tecnológico,
como el riesgo químico, el nuclear, o el transporte de mercancías peligrosas, también
incluyen los grandes apagones eléctricos.

El desarrollo urbano e industrial genera amenazas tecnológicas y antrópicas, debido a


procesos continuos, como la contaminación del aire o agua, o por accidentes o fallas en
procesos industriales, o por negligencia y falta de controles adecuados, o por el uso de
tecnología inadecuada (Maskrey 1998: 23).

La amenazas comúnmente conocidas como "naturales" se clasifican en:


Geológicas: como los sismos o terremotos, las erupciones volcánicas, los maremotos o
tsunamis (gran ola en el puerto), los deslizamientos y avalanchas, los hundimientos, la
erosión terrestre y costera.

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Hidrometeorológicas o climáticas: como los huracanes, las tormentas tropicales, los


vendavales, las granizadas, las tormentas eléctricas, el fenómeno de "El Niño", las sequías,
los incendios forestales espontáneos y las inundaciones.

Entender las características de las amenazas de origen natural y cómo éstas liberan energía,
constituye un elemento esencial para el análisis de la mitigación de sus efectos. Cada
amenaza posee un perfil y efectos característicos: probabilidad, frecuencia, intensidad,
cobertura y duración. Su impacto también depende de factores tales como localización,
topografía, geología y características del suelo (Instituto de Ingenieros Civiles del Reino
Unido, 1999: 3).

La mayoría de las amenazas deberían describirse como amenazas socionaturales,


particularmente aquellas como las inundaciones, deslizamientos y sequías, donde los
patrones de intervención humana alteran fundamentalmente las características de la
amenaza (Lavell, citado por Maskrey 1998).

El estado actual del conocimiento científico y técnico no es suficiente para determinar con
certeza si un fenómeno va o no a producirse en un lugar específico y en un momento
determinado. La evaluación de la amenaza nos puede aportar algunas aproximaciones sobre
la probabilidad de que la amenaza se convierta en un evento peligroso. Por ejemplo no es
posible todavía pronosticar o predecir con exactitud cuando, donde y con qué magnitud se
presentará un terremoto, aunque el estudio del "período de retorno" o "de recurrencia" sí
nos da una idea de cada cuánto tiempo en promedio se produce en la zona un fenómeno
similar.

Frente a otros fenómenos de la naturaleza, sí es posible realizar predicciones con un mayor


nivel de seguridad: los meteorólogos, por ejemplo, están en capacidad de prevenir a la
comunidad con cierta anticipación, sobre la ruta que seguirá un huracán. Una vez que un
volcán entra en actividad, también es posible pronosticar el comportamiento que seguirá a
corto plazo, a través de la vigilancia y seguimiento permanente.

Los escenarios de riesgo en América Latina -entendidos como la representación en un


esquema, mapa o gráfico de relaciones, que permiten visualizar los niveles de riesgo
existentes y sus causas, son una valiosa ayuda para identificar los factores que requieren ser
modificados para reducir el nivel de riesgo-, están caracterizados por múltiples amenazas
geológicas, meteorológicas, hidrológicas, tecnológicas y biológicas. Mientras que en
algunas zonas se experimentan sismos y erupciones volcánicas, las amenazas más comunes
en la región son las inundaciones, sequías y deslizamientos: amenazas socionaturales,
estrechamente relacionadas con los patrones de intervención humana. Para cada desastre
que se produzca asociado con amenazas sísmicas y volcánicas, suceden más de diez
desastres asociados con amenazas socionaturales (Maskrey, 1998: 27).

Referencias:

CARDONA, Omar Darío (2001). Estimación holística del riesgo sísmico utilizando sistemas dinámicos
complejos. Barcelona: tesis doctoral.

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Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido (1999). Megaciudades. Reduciendo la vulnerabilidad a los
desastres. Lima: ITDG.

MASKREY, Andrew (1998). Navegando entre brumas. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención
de Desastres en América Latina.

OEA -Organización de los Estados Americanos- (1991). Departamento de Desarrollo Regional y Medio
Ambiente. Desastres planificación y desarrollo: manejo de las amenazas naturales para reducir los daños.
Washington.

Vulnerabilidad
Es la condición en virtud de la cual una población está o queda expuesta a verse afectada
por la ocurrencia de un evento de origen natural o tecnológico. La vulnerabilidad no es solo
física, depende de múltiples factores: sociales, económicos, educativos, políticos,
culturales...

Ser vulnerable a un fenómeno natural es ser susceptible de sufrir daño y tener dificultad de
recuperarse de ello. Hay situaciones en que la población está expuesta a sufrir un daño si
ocurriera un evento natural peligroso, hay otras en cambio, en que la gente está rodeada de
ciertas condiciones de seguridad, por lo cual se puede considerar protegida.

En las sociedades donde la mayoría de la población vive en precarias condiciones


económicas, la vulnerabilidad social se constituye en la causa principal de la vulnerabilidad
física pues la magnitud del daño es mayor si la población carece de los recursos para
recuperarse, por ejemplo, recursos económicos: ahorros, seguros, propiedad de la tierra;
recursos sociales: organización, experiencia de trabajo en equipo, entre otros (Romero y
Maskrey, 1993: 6).

A diferencia de la amenaza que actúa como agente detonante, la vulnerabilidad social es


una condición que se gesta, acumula y permanece en forma continua en el tiempo y está
íntimamente ligada con los aspectos culturales y con el nivel de desarrollo de las
comunidades (Cardona, 2001: 12)

Las condiciones de vulnerabilidad que se van gestando con el tiempo configuran una
situación de riesgo que muchas veces es inadvertida, o menospreciada. Los fenómenos
naturales no causarían daño si pudiéramos entender cómo funciona la naturaleza, creáramos
nuestro hábitat acorde con ese conocimiento y asumiéramos actitudes preventivas.

Los terremotos, los huracanes, las erupciones volcánicas, las inundaciones, las avalanchas
son amenazas de origen natural que permanecen más o menos constantes, pero cada día se
registran numerosos desastres especialmente en los países donde la pobreza es
generalizada, debido fundamentalmente a que las condiciones de vulnerabilidad de la
población también han aumentado.

La redefinición de la vulnerabilidad como una condición socialmente producida, lleva a que


la magnitud de un desastre deje de ser considerada solo en función de las pérdidas y los

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daños ocasionados por un evento extremo. El enfoque social considera a los desastres como
problemas no resueltos del desarrollo, o como períodos de crisis en el marco de procesos
sociales preexistentes en una sociedad. La idea de amenazas que afectan a sociedades
"normales" se remplazó con la idea de sociedades en crisis, afectadas por eventos
previsibles y "normales" (Maskrey, 1998: 15).

Para reducir los efectos de los desastres, se debe actuar sobre la vulnerabilidad, no sólo
desde las acciones de los gobiernos o las instituciones sino más desde la población misma y
sus organizaciones. Para lograrlo se puede acudir al análisis de la vulnerabilidad, proceso
que determina el nivel de exposición o de predisposición a la pérdida de elementos o
grupos de elementos ante una amenaza específica y, por tanto, establecer el nivel de riesgo
existente.

La vulnerabilidad global o debilidad de una comunidad o de un ecosistema para resistir los


efectos de una amenaza o para recuperarse después de que el fenómeno amenazante se
presenta, no depende de uno solo, sino de múltiples factores. La vulnerabilidad es como
una red o telaraña en la cual se interconectan factores físicos, económicos, organizativos,
políticos, ecológicos, entre otros (Wilches-Chaux, 2001: 25).

Wilches-Chaux (1993: 25-44) identifica diez componentes de la vulnerabilidad global,


definida como la interacción de factores y características internas y externas que convergen
en una comunidad particular, y que producen "bloqueo" o incapacidad para responder
adecuadamente ante la presencia de un riesgo determinado, con el consecuente desastre.
Para una mejor comprensión este autor propone dividir la vulnerabilidad global en distintas
vulnerabilidades, estrechamente interconectadas entre sí.

La vulnerabilidad física: se refiere a la localización de los asentamientos humanos en zonas


de riesgo y a las deficiencias de sus estructuras físicas para absorber los efectos de esos
riegos.

La vulnerabilidad económica: se refiere al problema de dependencia económica nacional, a


la ausencia de presupuestos adecuados y a la falta de diversificación de la base económica.

La vulnerabilidad social: se refiere al nivel de cohesión interna que posee una comunidad.
A la falta de organización de la sociedad civil que encarne sentimientos de pertenencia
traducidos en acciones concretas y a la ausencia de liderazgo en una comunidad.

La vulnerabilidad política: constituye el nivel de autonomía que posee una comunidad para
la toma de decisiones y la incapacidad para formular por sí misma la solución a los
problemas.

La vulnerabilidad técnica: referida a las técnicas inadecuadas de construcción de


edificaciones e infraestructura básica en zonas de riesgo.

La vulnerabilidad ideológica: referida a la forma como se concibe el mundo y el medio


ambiente que habita el ser humano y con el cual interactua. La pasividad, el fatalismo, las

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creencias, son factores que aumentan la vulnerabilidad de las poblaciones, limitando su


capacidad de actuar en forma adecuada frente a los riesgos.

La vulnerabilidad cultural: expresada en la forma como los individuos se ven a sí mismos


en la sociedad y como conjunto nacional. Además, el papel que desempeñan los medios de
comunicación en la consolidación de imágenes esteriotipadas, o en la transmisión de
información sobre el medio ambiente y sobre los desastres potenciales o reales.

La vulnerabilidad educativa: se evidencia en la ausencia en los programas educativos de


elementos que permitan conocer el medio ambiente y el entorno en que habitan los
pobladores, su equilibrio o desequilibrio. Se refiere también al grado de preparación sobre
las formas de comportamiento individual, familiar y comunitario en caso de situaciones de
amenaza u ocurrencia de situaciones de desastre.

La vulnerabilidad ecológica: relacionada con la forma en que los modelos de desarrollo no


se fundamentan en la convivencia, sino en la dominación por la vía de la destrucción de las
reservas del ambiente, que conducen a ecosistemas altamente vulnerables, incapaces de
autoajustarse internamente para compensar los efectos directos o indirectos de la acción
humana y altamente riesgosos para las comunidades que los explotan o habitan.

La vulnerabilidad institucional: reflejada en la obsolescencia y rigidez de las instituciones,


donde prevalece la burocracia, la decisión política, el dominio de criterios personalistas,
entre otros, que impiden dar respuesta adecuada y ágil a la realidad existente.

Investigadores en América Latina (Caputo 1985 y Maskrey 1985) realizaron estudios que
demostraron que debido a procesos sociales, económicos y políticos fácilmente
identificables, gran parte de la población rural y urbana vive en estado de vulnerabilidad
más o menos permanente, caracterizado por espacios físicos susceptibles a diversas
amenazas; situaciones de viviendas inseguras; gran fragilidad en sus economías familiares
y colectivas; la ausencia de servicios sociales básicos; falta de acceso a la propiedad y al
crédito; presencia de discriminación étnica, política o de otro tipo; convivencia con
recursos de aire y agua contaminados; altos índices de analfabetismo y ausencia de
oportunidades de educación. Esta vulnerabilidad se configura históricamente, creando
condiciones propicias para desastres periódicos (Maskrey, 1998: 15).

La ubicación de asentamientos e infraestructura productiva y social en zonas susceptibles a


amenazas, y la poca capacidad de grandes sectores de la población de absorber el impacto
de las amenazas y recuperarse de ellas, debido a patrones marcados de desigualdad social,
económica y política, caracterizan la vulnerabilidad en la región. Las pérdidas ocurridas
erosionan el desarrollo social y económico, y contribuyen a aumentar la vulnerabilidad
(Maskrey, 1998: 27).

Referencias:

CARDONA, Omar Darío (2001). Estimación holística del riesgo sísmico utilizando sistemas dinámicos
complejos. Barcelona, tesis doctoral.

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MASKREY, Andrew (1998). Navegando entre brumas. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención
de Desastres en América Latina.

ROMERO, Gilberto y MASKREY, Andrew (1993). Como entender los desastres naturales. En: Los desastres
no son naturales. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

WILCHES-CHAUX, Gustavo (1993). La vulnerabilidad global. En: Los desastres no son naturales. Bogotá:
La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

WILCHES-CHAUX, Gustavo (2001). Ni de riesgo. Armenia: Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo del
Eje Cafetero -FOREC-.

Riesgo
El riesgo es la eventualidad de que ocurra un hecho capaz de producir un daño. Es la
probabilidad de que ante un evento determinado (amenaza) y en unas condiciones de
vulnerabilidad se produzca una afectación que se puede cuantificar, representada por el
conjunto de daños y pérdidas que pueden generarse en un lugar y tiempo determinado, cuyo
resultado es un desastre.

Los elementos de orden físico, natural y social que determinan la existencia del riesgo para
una comunidad se denominan factores de riesgo.

Si la amenaza es la probabilidad de que se produzca un fenómeno de origen natural o


humano, capaz de desencadenar un desastre; y la vulnerabilidad es la condición en virtud
de la cual una población está expuesta o en peligro de resultar afectada por la amenaza; el
riesgo es la probabilidad de que ocurra un desastre. Cuando de la probabilidad se pasa a la
ocurrencia real del hecho nos encontramos ante el desastre.

La siguiente formula ampliamente aceptada permite expresar esta relación, aunque la


realidad es mucho más compleja:

Riesgo = Amenaza * Vulnerabilidad

En consecuencia, tanto el riesgo como el desastre sólo se presentan como producto de la


coexistencia en una misma comunidad, de la amenaza y la vulnerabilidad.

El riesgo se construye socialmente, aun cuando el evento físico con el cual se asocia sea de
origen natural.

Un escenario de riesgo está constituido por la representación en un esquema, mapa o


gráfico de relaciones, que permite visualizar los niveles de riesgo existentes y sus causas, se
constituyen en una valiosa ayuda para identificar los factores que requieren ser modificados
para reducir el nivel de riesgo.

Un escenario de riesgo se puede elaborar utilizando métodos científicos, sistemas de


información geográfica y datos procedentes de satélites, pero también lo pueden elaborar

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los niños de una escuela a partir del recorrido por la zona y del reconocimiento de las
distintas amenazas y factores de vulnerabilidad presentes. Se puede acudir a la historia de la
comunidad, a la memoria de los ancianos, a los archivos de periódicos o revistas para
establecer la ocurrencia de desastres en el pasado.

Un mapa de riesgo o escenario de riesgo, debe contener tanto las amenazas como los bienes
sociales en condición de vulnerabilidad. Es decir, deben aparecer los ríos que constituyen
fuente potencial de inundación o avalancha y los barrios, las escuelas, los hospitales, los
edificios, las zonas de cultivo, las vías y demás elementos que en caso de producirse una
inundación o avalancha podrían resultar afectados.

Una de las características del riesgo es que es dinámico y cambiante, en la medida en que
también son dinámicos y cambiantes los ingredientes que lo producen. El riesgo tiene el
carácter de diferenciado, en la medida en que no afecta de la misma manera a los distintos
actores sociales de una comunidad.

La percepción del riesgo es un proceso social gobernado por principios que guían el
comportamiento y afectan los juicios de lo que se considera peligroso, se basa en las
normas y valores culturales de los integrantes de una comunidad en particular.

Una corriente de científicos sociales que estudia el concepto de riesgo suponen que es un
estado de percepción mental del individuo ante el peligro. Esta perspectiva evita considerar
al riesgo exclusivamente en términos de probabilidad de un evento y de sus consecuencias.
Por el contrario, hay que concebir al riesgo en el contexto de sus consecuencias para la vida
de los individuos (Perry y Montiel, 1996: 69).

El riesgo se debe pensar como un concepto multidimensional. La literatura sugiere que los
ciudadanos ven el riesgo en términos de daños a la propiedad y a la seguridad personal. La
tradición económica se enfoca exclusivamente en los daños a la propiedad, ignorando el
aspecto humano. Por tanto, no permite medir la percepción individual de estar en peligro o
de que algún familiar esté en peligro (Perry y Montiel, 1996: 70).

Para efectos de planificación, protección y diseño de obras de infraestructura es común que


se defina el "riesgo aceptable", entendido como las posibles consecuencias sociales,
económicas y ambientales que implícita o explícitamente, una sociedad o un segmento de la
misma asume o tolera, por considerar que son poco factibles, a cambio de un beneficio
inmediato. Es el valor de unas consecuencias que se consideran admisibles para determinar
las mínimas exigencias de seguridad, con fines de protección y planificación ante posibles
fenómenos peligrosos (Cardona, 2001: 33).

Referencias:

CARDONA, Omar Darío (2001). Estimación holística del riesgo sísmico utilizando sistemas dinámicos
complejos. Barcelona: tesis doctoral

PERRY, Ronald y MONTIEL, Miguel (1996). Conceptualizando riesgo para desastres sociales. En:
Desastres y Sociedad No. 6 Lima: La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América
Latina.

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Desastre
Un desastre es una situación o proceso social que se desencadena como resultado de la
manifestación de un fenómeno de origen natural o tecnológico que, al encontrar
condiciones propicias de vulnerabilidad en una población, causa alteraciones intensas en las
condiciones normales de funcionamiento de la comunidad; representadas por la pérdida de
vidas y salud de la población; destrucción, pérdida o inutilización total o parcial de bienes
de la colectividad y de los individuos, así como daños severos en el ambiente, requiriendo
de una respuesta inmediata de las autoridades y de la población para atender a los afectados
y restablecer la normalidad.

Lavell (1994: 72) define desastre como: una ocasión de crisis o estrés social observable en
el tiempo y en el espacio, en la cual las sociedades o sus componentes básicos
(comunidades, regiones) sufren daños o pérdidas físicas y alteraciones severas en su
funcionamiento rutinario. Tanto las causas como las consecuencias de los desastres son el
producto de procesos sociales que operan en el interior de la sociedad.

Los desastres no son más que la materialización de unas condiciones de riesgo existentes,
las cuales no sólo dependen de la posibilidad de que se presenten eventos o fenómenos
intensos, sino también de unas condiciones de vulnerabilidad, que son los agentes que
favorecen o facilitan que se desencadene el desastre (Sarmiento y Segura, 2001: 2).

Un desastre es la correlación entre un fenómeno natural considerado peligroso (como un


terremoto, huracán, avalancha...) y determinadas condiciones socioeconómicas y físicas
vulnerables (viviendas mal construidas o mal ubicadas, suelos inestables, precaria situación
económica...). Es decir, que existe una alta posibilidad de que ocurra un desastre si uno o
más fenómenos naturales ocurrieran en situaciones o ambientes vulnerables.

Los efectos que puede causar un desastre varían dependiendo de las características propias
de los elementos expuestos y de la naturaleza del evento. En general, pueden considerarse
como elementos bajo riesgo: la población, el medio ambiente y la infraestructura física
representada por las viviendas, la industria, el comercio y los servicios públicos (Cardona,
1993: 53).

Cuando nos referimos a los desastres, se tiende a creer que son hechos cumplidos sobre los
cuales es poco o nada lo que podemos hacer para evitarlos, nos ubicamos en un referente
"natural", pero nos olvidamos del referente social. Lavell (1993: 144) nos ilustra sobre este
particular: Un terremoto o un huracán, por ejemplo, son condiciones necesarias para que
exista un desastre, pero no son en sí un desastre. Deben tener un impacto en un territorio
caracterizado por una estructura social vulnerable a sus impactos y donde la diferenciación
interna de la sociedad influye en forma importante en los daños sufridos y en los grupos
sociales que son afectados en mayor o menor grado.

Los desastres con mayor impacto económico ocurren en las grandes ciudades, donde el
valor de los activos e infraestructura expuesta es mayor, o donde se destruyen líneas vitales.

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El terremoto en ciudad de México (1985), el fenómeno de “El Niño” en Perú y Ecuador


(1982-1983), la destrucción del oleoducto en Ecuador por el terremoto de 1987, son
ejemplos de eventos que produjeron un gran impacto económico. Otros eventos tienen un
gran impacto social, por ejemplo, el terremoto del Perú (1970) con más de 50.000 muertos,
la erupción del Volcán Arenas del Nevado del Ruiz en Colombia (1985) con 25.000
muertos. Tanto en el caso de los eventos con gran impacto social como económico, las
pérdidas son socialmente consideradas como grandes desastres por la magnitud de las
pérdidas en relación con la capacidad de resistencia o recuperación de la región (Maskrey,
1998: 28)

América Latina está caracterizada por la ocurrencia de múltiples desastres pequeños, que
como ocurren todos los días son casi invisibles. En general, estos eventos ni afectan
infraestructura estratégica, ni causan miles de muertos. Sin embargo, causan pérdidas y
daños significativos y acumulativos en poblaciones vulnerables y afectan la capacidad de
resistencia y recuperación de la población, haciendo que la reconstrucción sea lenta y
difícil; desastres de este tipo son cada vez más comunes, debido a la generación de nuevos
patrones de amenaza y vulnerabilidad (Maskrey, 1998: 29).

Referencias:

CARDONA, Omar Dario (1993). Evaluación de la amenaza, la vulnerabilidad y el riesgo. En: Los desastres
no son naturales. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

LAVELL, Allan (1993). Ciencias sociales y desastres naturales en América Latina: un encuentro inconcluso.
En: Los desastres no son naturales. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en
América Latina.

LAVELL, Allan (1994). Comunidades urbanas, vulnerabilidad a desastres y opciones de prevención y


mitigación. En: Viviendo en riesgo. Comunidades vulnerables y prevención de desastres en América Latina.
Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

MASKREY, Andrew (1998). Navegando entre brumas. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención
de Desastres en América Latina.

SARMIENTO, Juan Pablo y SEGURA, Nelly (2001). Gestión de riesgos. En: Conferencia Hemisférica para
la Reducción de Riesgos. San José.

Prevención - Mitigación
La prevención se refiere al conjunto de actividades que buscan eliminar o reducir la
incidencia de eventos potencialmente dañinos que pueden afectar a una población en
particular. Son aquellas medidas y acciones dispuestas con anticipación con el fin de evitar
o impedir que se presente un fenómeno peligroso o para reducir sus efectos sobre la
población, el ambiente, los bienes y los servicios.

La mitigación de desastres se define como las medidas que pueden tomarse para minimizar
los efectos destructivos de los fenómenos naturales y aminorar la magnitud de un desastre.
Estas medidas pueden ser de distinto tipo: físicas, legales, sociales, económicas y pueden

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tener lugar en cualquier momento: antes de que ocurra un desastre, durante una emergencia,
después de un desastre, y durante la recuperación o reconstrucción (Medina, 1994: 278).

Las pérdidas económicas y sociales producto de la ocurrencia de fenómenos amenazantes,


está en aumento. De no incorporar decididamente la prevención y mitigación de riesgos en
la planificación del desarrollo y en la cultura individual, colectiva e institucional, con
seguridad en el futuro próximo el desajuste sociedad-naturaleza nos conducirá a más
frecuentes y a mayores desastres (Velásquez, 1995: 23)

Existen medidas estructurales y medidas no estructurales de mitigación. Un ejemplo de las


primeras son las construcciones sismo-resistentes, que reducen la vulnerabilidad de las
viviendas a los sismos, los muros de contención que reducen la vulnerabilidad a los
deslizamientos, los jarillones y presas que reducen la vulnerabilidad a las inundaciones.
Las medidas estructurales son obras físicas más que pautas de comportamiento social o
individual.

Las medidas no estructurales de mitigación, se materializan en normas reguladoras de


conductas. Por ejemplo, los códigos y planes de uso del suelo, los códigos de
construcciones sismo-resistentes, la capacitación de profesionales y trabajadores para la
aplicación de tecnologías adecuadas, la educación a la población como medio para reducir
la vulnerabilidad.

La mitigación entendida como las medidas que reducen o minimizan los efectos de un
desastre sobre una comunidad, incluyen actividades como: evaluación inicial de la
amenaza, la vulnerabilidad y el riesgo. La producción de una estrategia detallada de largo
plazo y un plan, en el cual algunos elementos pueden ser puestos en práctica rápidamente y
otros requieren más tiempo y recursos. Estos elementos incluyen aspectos ingenieriles y de
construcción para resistir la amenaza y estructuras e infraestructuras de protección,
planeamiento y uso del suelo; medidas económicas que aseguren la diversificación;
medidas institucionales que incentivan la voluntad política y la capacidad institucional
necesaria para asegurar la mitigación y las medidas que establezcan una cultura de la
seguridad, por medio de la información pública sobre el riesgo (Instituto de Ingenieros del
Reino Unido, 1999: 24).

Cuando la gestión del riesgo se entiende como un proceso estrechamente vinculado con la
gestión del desarrollo sostenible de una región, salta a la vista la importancia de invertir en
medidas de prevención y mitigación antes de la ocurrencia del desastre, como una manera
de proteger en el mediano y en el largo plazo la inversión social, más eficiente y menos
traumática en todo sentido que la inversión que hay que realizar a posteriori para reparar los
daños ya causados (Wilches-Chaux, 1998: 108).

Las tradiciones culturales y las condiciones socioeconómicas de la mayoría de la población


influyen para que las personas dediquen su energía a resolver sus problemas de
subsistencia, por tanto, no hay lugar para pensar en el futuro, así como tampoco considerar
los riesgos a los cuales eventualmente se puede estar expuesto. En este contexto los planes
de prevención no forman parte de las prioridades de los ciudadanos. En forma similar, las
instituciones responsables dan mayor importancia a la atención de la emergencia una vez

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ocurre el evento, que a las medidas o actividades conducentes a reducir o eliminar los
efectos destructivos de los desastres. La reducción de la vulnerabilidad de la población y la
disminución del riesgo pre-desastre, es una labor que apenas se inicia y a la que muy pocos
recursos se le invierte.

A la escala de tiempo de nuestra memoria colectiva, la tendencia a olvidar, o a ignorar de


una a otra generación, de una a otra administración pública o institucional, debe ser
superada. En ello juegan un papel de primera importancia los sectores académicos y de
investigación, cuyo papel de evaluadores y con visiones previsivas y a largo plazo pueden y
deben alimentar la toma de decisiones por parte de organismos, instituciones, comunidades
y del Estado (Velásquez, 1995: 14).

Si desconocemos la realidad local, la percepción que sobre el riesgo tienen los habitantes de
una región en particular, muy posiblemente los planes diseñados no darán los frutos
deseados, por tanto, se hace necesaria la reconceptualización de los programas de
prevención y de mitigación de desastres con base en la lectura de los imaginarios reales de
la vulnerabilidad, y el diseño de estrategias flexibles de intervención apropiadas a las
condiciones locales (Maskrey 1994: 22).

Para asumir actitudes preventivas no basta con tener el conocimiento sobre el riesgo, es
necesario pensar y actuar preventivamente. También se deben considerar acciones de tipo
material o físico, por ejemplo, fijar los objetos que puedan caer como consecuencia de un
movimiento sísmico y de comportamiento individual y grupal como retirarse de las
ventanas de vidrio y protegerse bajo una mesa en caso de un sismo. En síntesis, la
prevención tendría las siguientes dimensiones: a) el reconocimiento de la amenaza, la
vulnerabilidad y el riesgo, b) el asumir actitudes preventivas, c) diseñar planes de
prevención y mitigación, d) tener un comportamiento preventivo en todas las actuaciones
individuales y colectivas, e) estar debidamente preparado para la acción en caso de
emergencia.

La mitigación es el resultado de la aceptación de que no es posible controlar el riesgo


totalmente; es decir, que en muchos casos no es posible impedir o evitar los daños y sus
consecuencias, solo es posible atenuarlas.

La mitigación es consistente con el principio del desarrollo sostenible. El reconocimiento


de las necesidades de las generaciones futuras, que se verán afectadas de peor manera por
los desastres, si la presente generación no aplica medidas efectivas de mitigación (Instituto
de Ingenieros del Reino Unido, 1999: 26).

Referencias

Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido (1999). Megacidades. Reduciendo la vulnerabilidad a los
desastres. Lima: ITDG.

MASKREY, Andrew (1994). Comunidad y desastres en América Latina: estrategias de intervención. En:
Viviendo en riesgo. Comunidades vulnerables y prevención de desastres en América Latina. Santa Fe de
Bogotá: LA RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

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Universidad Nacional de Colombia - Programa RED. CD-ROM Incorporación del componente de riesgos en la escuela. Bogotá, 2004

MEDINA, Juvenal (1994). Experiencias de mitigación de desastres con participación comunal. En: Viviendo
en riesgo. Comunidades vulnerables y prevención de desastres en América Latina. Bogotá: La Red de
Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

VELÁSQUEZ, Andrés (1995). Naturaleza, sociedad y desastres. En: Desastres y Sociedad. No. 5. Revista de
La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

WILCHES-CHAUX, Gustavo (1998). Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, mecánico y soldador o yo
voy a correr el riesgo. Quito: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

Gestión del riesgo


Es el conjunto de elementos, medidas y herramientas dirigidas a la intervención de la
amenaza o la vulnerabilidad, con el fin de disminuir o mitigar los riesgos existentes. La
gestión de riesgos, tiene como objetivo articular los tipos de intervención, dándole un papel
principal a la prevención/mitigación. Articula las diversas fuerzas existentes: sociales,
políticas, institucionales, públicas y privadas de todos los niveles territoriales.

La gestión del riesgo hace parte y tendería a confundirse con la gestión del desarrollo
dentro de un concepto amplio y global de desarrollo sostenible, entendida la sostenibilidad
como la capacidad de un sistema o proceso (en este caso comunidad-ambiente), para
cumplir el objetivo o propósito colectivo de las interacciones entre sus elementos o actores
y para transformarse y evolucionar cuantitativa y cualitativamente, sin poner en peligro las
bases o fundamentos de los cuales depende la permanencia en el largo plazo de ese mismo
sistema o proceso.

En este contexto, la preparación para desastres, la atención de las emergencias o las


actividades de reconstrucción o recuperación de comunidades afectadas, no pasan a un
segundo plano ni dejan de ser tan importantes como lo son hoy, pero se ubican en una
posición precisa dentro de la compleja red de interacciones, causas y efectos que
constituyen los desastres y, más aún, dentro del complejo “mapa” del desarrollo.

La gestión del riesgo es una herramienta de decisión y de administración (en el sentido


amplio del término), que le facilita a los actores sociales analizar una situación determinada
y tomar de manera consciente las decisiones que permitan que el proceso avance por el
camino de la oportunidad y no por el camino del peligro (Wilches-Chaux: 1998).

Cardona (2001) define gestión de riesgo como el planeamiento y aplicación de medidas


orientadas a impedir o reducir los efectos adversos de fenómenos peligrosos sobre la
población, los bienes y servicios, y el ambiente. Acciones integradas de reducción de
riesgos, preparación para la atención de emergencias y recuperación posdesastre de la
población potencialmente afectable.

Por su parte, Lavell (2003) considera que el enfoque de la gestión de riesgos se refiere a un
proceso social complejo a través del cual se pretende lograr una reducción de los niveles de
riesgo existentes en la sociedad y fomentar procesos de construcción de nuevas

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Universidad Nacional de Colombia - Programa RED. CD-ROM Incorporación del componente de riesgos en la escuela. Bogotá, 2004

oportunidades de producción y asentamiento en el territorio en condiciones de seguridad y


sostenibilidad aceptables.

Por tanto, la gestión no puede ser reducida a la idea de una obra o una acción concreta
como es, por ejemplo, la construcción de un dique, una presa para impedir inundaciones.
Más bien se refiere al proceso por medio del cual un grupo humano o individuo toman
conciencia del riesgo que enfrenta, lo analiza y lo entiende, considera las opciones y
prioridades en términos de su reducción, considera los recursos disponibles para
enfrentarlo, diseña estrategias e instrumentos necesarios para enfrentarlo, negocia su
aplicación y toma la decisión de hacerlo. Finalmente, se implementa la solución más
apropiada en términos del contexto concreto en que se produce o se puede producir el
riesgo.

Aun cuando cada contexto y cada caso de riesgo tendrá sus propias especificaciones y
principios básicos en cuanto a la búsqueda de soluciones, existe una serie de
consideraciones que la experiencia ha validado, a saber:

- El riesgo tiene su expresión más concreta en el ámbito local, aun cuando sus causas
pueden encontrarse en procesos generados a gran distancia de la escena del mismo.
- La gestión del riesgo no puede prescindir de la participación activa y protagónica de
los actores afectados y de una consideración de las visiones o imaginarios que estos
actores tengan del problema que enfrentan, de su prioridad y del contexto humano y
económico en que se dé.
- La gestión requiere de la consolidación de la autonomía y poder local y de las
organizaciones que representan a la población afectada por el riesgo.
- Aún cuando el nivel local se perfila como el más apropiado para iniciar y concretar
la gestión, éste no puede prescindir de estructuras, normatividad y sistemas
interinstitucionales en el nivel nacional que avalen, promuevan y estimulen la
gestión sin apropiarse del proceso. La descentralización y el fortalecimiento de las
instancias locales es un corolario de este proceso.

Sarmiento y Segura (2001) proponen las siguientes actividades para el análisis de riesgos
en el marco de la gestión:
- Identificar la naturaleza, extensión, intensidad y magnitud de la amenaza
- Determinar la existencia y grado de vulnerabilidad
- Identificar las medidas y recursos disponibles
- Construir escenarios de riesgo probables
- Determinar niveles aceptables de riesgo así como consideraciones costo-beneficio
- Fijar prioridades en cuanto a tiempos y movimientos de recursos
- Diseñar sistemas de administración efectivos y apropiados para implementar y
controlar los procesos anteriores.

Referencias:

CARDONA, Omar Darío (2001). Estimación holística del riesgo sísmico utilizando sistemas dinámicos
complejos. Tesis doctoral. Barcelona. En: [Link]

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Universidad Nacional de Colombia - Programa RED. CD-ROM Incorporación del componente de riesgos en la escuela. Bogotá, 2004

LAVELL, Allan. Sobre la gestión del riesgo: apuntes hacia una definición. Consultado en febrero de 2003.
En: [Link]/havanarisk/documents/[Link]

SARMIENTO, Juan Pablo y SEGURA, Nelly (2001). Conferencia hemisférica para la reducción de riesgos.
Borrador. San José. En: [Link]/conferencia

WILCHES-CHAUX, Gustavo (1998). Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, mecánico y soldador o yo
voy a correr el riesgo. Guía de la RED para la gestión local del riesgo. Quito: La Red de Estudios Sociales
en Prevención de Desastres en América Latina e ITDG.

Percepción e imaginarios sobre el riesgo


La percepción del riesgo es un proceso social gobernado por principios que guían el
comportamiento y afectan los juicios, de lo que se considera "peligroso". Debido a que la
vida contiene una multiplicidad de riesgos, ellos deben ser priorizados o evaluados para que
la gente pueda actuar. La percepción y evaluación del riesgo se basan en las normas y
valores culturales que ambas gobiernan y se dan dentro de las relaciones que las
comunidades humanas tienen con sus entornos físicos y sociales (Oliver-Smith, 1995: 68).

Un imaginario es un conjunto de imágenes, es decir, de ideas a través de las cuales nos


representamos el mundo... Esa diversidad de imaginarios, muchas veces contrapuestas entre
cómo ven una situación las comunidades y cómo la ven los actores externos, es
especialmente aguda y conflictiva en los escenarios de riesgo. La aceptación de la validez
de las distintas visiones, de los distintos imaginarios, no sólo tiene trascendencia teórica y
conceptual, sino que se traduce en actitudes y afectos o desafectos, en comportamientos
prácticos y, en últimas, en las decisiones que de un lado u otro se tomen para enfrentar
determinada situación (Wilches-Chaux, 1998: 83).

Para influir en el manejo de los riesgos en una comunidad es necesario conocer lo que su
gente piensa, siente y sabe sobre los fenómenos naturales. Conocer su interpretación y no
amarrarse a un imaginario formal que, por su carácter extremo, difícilmente reconoce la
heterogeneidad de lo local. Cada población construye su propia historia sobre la naturaleza,
los desastres, los riesgos y la vulnerabilidad, pero la mayoría de las veces ella es
desconocida por parte de quienes se encargan de elaborar planes concretos de prevención
(Saavedra, 1993: 19).

Debido a los procesos económicos y espaciales que han ocurrido en América Latina en los
últimos veinte años, los escenarios locales de vulnerabilidad son cada vez más
heterogéneos y cambiantes. Por tanto, ocurre un divorcio entre el imaginario formal que
sustenta las intervenciones externas y los diversos imaginarios locales, pero reales, que
maneja la población. Este desencuentro conduce al rechazo o fracaso de muchos de los
programas de prevención y mitigación de desastres en la región (Maskrey, 1994: 27)

La gestión del riesgo, sus programas y proyectos, deben partir de la lectura de los
imaginarios que posee la comunidad sobre la vulnerabilidad, las amenazas y los riesgos y
del diseño de estrategias flexibles de intervención, apropiadas a las condiciones locales.
Entender y analizar estos imaginarios resulta de crucial importancia para entender el

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comportamiento y las motivaciones de la población frente a los riesgos y su gestión


(Wilches-Chaux, 1998: 86).

El reconocimiento de que los riesgos no son objetivos, sino que se leen según diferentes
imaginarios, es el primer paso que hay que dar para producir acercamiento, diálogo y
negociación entre la población y los actores externos, de manera que la gestión de riesgos
corresponda a las especificidades de cada escenario local, lo que implica asumir un cambio
de enfoque del manejo de las emergencias y la gestión del riesgo por parte de los
organismos nacionales y sus "sistemas" (Maskrey 1998: 33).

Es evidente que la importancia que una población asigna al riesgo de desastres depende de
una u otra forma del tipo, frecuencia y magnitud de las amenazas que enfrenta. Es muy
probable que una comunidad asigne más importancia en su imaginario a inundaciones
anuales que a una erupción volcánica que ocurre cada cinco siglos. La percepción de las
amenazas también depende de la antigüedad y procedencia de la población. Hay notables
diferencias entre el imaginario de una comunidad que haya vivido en una región durante
siglos y una comunidad de migrantes recientes. Comunidades nuevas, en regiones
periféricas de las grandes ciudades, a menudo desconocen tanto las amenazas que ocurren
en el medio como las medidas de mitigación disponibles (Maskrey, 1994: 49).

Referencias

MASKREY, Andrew (1994). Comunidad y desastres en América Latina: estrategias de intervención. En:
Viviendo en riesgo. Comunidades vulnerables y prevención de desastres en América Latina. Santa Fe de
Bogotá: LA RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

MASKREY, Andrew (1998). Navegando entre brumas. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención
de Desastres en América Latina.

OLIVER-SMITH, Anthony (1995). Perspectivas antropológicas en la investigación de desastres. En:


Desastres y Sociedad. No. 5. Revista de la RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América
Latina.

SAAVEDRA, Rosario (1993). La prevención de desastres: formalidad o realidad. En: Cien días, Vol. 6, 24
octubre-diciembre, Bogotá, CINEP.

WILCHES-CHAUX, Gustavo (1998). Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, mecánico y soldador o yo
voy a correr el riesgo. Quito: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

Algunas amenazas en Colombia


Colombia está ubicada en la esquina noroccidental de América del sur, en una zona de muy
alta complejidad tectónica, donde las placas de Nazca, Suramérica y del Caribe se
encuentran, generando actividad sísmica y volcánica. Su topografía está dominada en el
oriente por llanuras y selva amazónica y en el centro-occidente por el sistema de las tres
cordilleras que se originan al sur del territorio como resultado de la ramificación de los
Andes formando, entre las mismas, los valles interandinos. Estas zonas montañosas y el
clima del trópico han propiciado erosiones, deslizamientos e inundaciones. La zona norte

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(Caribe) está expuesta a huracanes y la zona pacífica como consecuencia del riesgo sísmico
está expuesta a tsunamis (gran ola en el puerto).

A manera de ejemplo se presentan a continuación algunas amenazas entre las múltiples que
afectan a nuestro país, se seleccionaron cinco de ellas a saber: deslizamientos, vendavales,
inundaciones, fenómeno de El Niño y terremotos, con el fin de orientar a los profesores y
estudiantes sobre la temática y motivarlos a indagar en su respectiva zona acerca de estos
fenómenos de origen natural como: erupciones volcánicas, tsunamis, sequías, explosiones,
incendios forestales o estructurales, depresiones tropicales (vientos de 62 km/h), tormentas
tropicales (vientos de 63-117 km/h) y huracanes (vientos superiores a 118 km/h) y todos
aquellos eventos de origen tecnológico o antrópico al cual podemos estar expuestos en
nuestra cotidianidad.

Deslizamientos
Los deslizamientos son movimientos de roca y suelo en masa que se deslizan por gravedad
cuesta abajo, sobre una o varias superficies. La masa que se mueve se mantiene unida
durante su recorrido y la velocidad que alcanza puede variar, según el tipo de material, la
pendiente del terreno y la cantidad de agua presente en la masa.

Los elementos afectados por un deslizamiento pueden estar ubicados sobre la masa que se
desliza, en la línea de dirección y en la parte alta del mismo. Las viviendas, las vías y
demás elementos sobre la masa que se desliza sufren graves daños, lo que puede llegar a
ocasionar pérdidas de vidas humanas.

Las viviendas ubicadas al frente de un deslizamiento sufren empujes en su estructura y


dependiendo de la magnitud del empuje, pueden causar desde agretamientos hasta el daño
total de la construcción. El material deslizado puede llegar a cubrir las viviendas parcial o
totalmente. Las viviendas situadas en la parte superior de la zona deslizada pueden llegar a
perder sus cimientos, e incluso destruirse totalmente. Los deslizamientos se presentan en
zonas cuyos suelos son de materiales arcillosos blandos, en depósitos recientes y en los
rellenos hechos por el hombre (Dirección de Prevención y Atención de Emergencias de
Bogotá, 1999: 24).

Los deslizamientos pueden activarse a causa de terremotos, erupciones volcánicas, suelos


saturados por fuertes lluvias o por el crecimiento de aguas subterráneas y por el
socavamiento de los ríos. A pesar de que los deslizamientos se localizan en áreas
relativamente pequeñas, pueden ser especialmente peligrosos por la frecuencia con que
ocurren (OEA, 1991: 8).

Los factores que pueden iniciar el desprendimiento del suelo, roca u otro material, incluyen
choques y vibraciones ocasionados por sismos, cambios en el contenido del agua, así como
cambio en los grados de inclinación del terreno por la manipulación humana, exceso de
carga y problemas de erosión.

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Los deslizamientos se producen por el mal manejo de las aguas lluvias, de las aguas
residuales y por la explotación inadecuada de la tierra. Estas acciones producen la pérdida
del material vegetal que sirve de protección al terreno y a las capas que conforman el suelo
orgánico.

La inestabilidad y la erosión de algunos terrenos son producidas también por la


construcción acelerada y sin planificación de las urbanizaciones, también por la tala de
bosques, los incendios forestales y la construcción de vías sin especificaciones técnicas.

Referencias

Dirección de Prevención y Atención de Emergencias de Bogotá. Zonas inestables en los Cerros de Santa Fe
de Bogotá. Guía de Prevención. Bogotá: Fondo de Prevención y Atención de Emergencias, 1999.

OEA -Organización de los Estados Americanos- (1991). Departamento de Desarrollo Regional y Medio
Ambiente. Desastres, planificación y desarrollo: manejo de las amenazas naturales para reducir los daños.
Washington.

Vendavales o vientos fuertes


El vendaval es un fenómeno meteorológico, que ocurre con alguna frecuencia en zonas
tropicales y semi-tropicales acarreando vientos y lluvias excesivas, se presenta
ocasionalmente en la ciudad, asociado con tormentas locales. Sus efectos se traducen en
cortocircuitos y apagones, en daños a redes de comunicaciones, caída de árboles, pérdida de
techos de las edificaciones, caída de estructuras, y en efectos colaterales de aporte de
sedimentos a las redes de drenaje e inundaciones.

El viento es el aire en movimiento, que se produce por las diferencias de temperatura y


presión en la atmósfera. Cuando el aire se calienta asciende y al enfriarse desciende. El aire
caliente se dilata, ocupa más espacio, y tiende a subir y el espacio que queda libre es
ocupado por el aire frío, más denso, y que cuando baja produce una corriente que llamamos
viento. Si el fenómeno es extremo, es decir, si la corriente es muy fuerte, se presenta el
ventarrón o el vendaval. Si se origina en el mar y alcanza grandes velocidades se denomina
genéricamente ciclón tropical. En la mayoría de los casos el viento es inofensivo, éste
contribuye con la fecundidad de las plantas y contrarresta las altas temperaturas, pero hay
circunstancias que lo convierten en destructor (Dirección Nacional para la Prevención y
Atención de Desastres, 1994: 4).

Los ciclones tropicales son fenómenos de la atmósfera que se originan y desarrollan en


mares de aguas cálidas y templadas con más de 27°C. Se caracterizan por la aparición de
vientos fuertes con trayectoria circular que contienen nubes tempestuosas y lluvias
abundantes. Los ciclones se forman sobre los océanos porque allí las masas de aires son
altamente inestables y concentran mucho vapor de agua, especialmente en las épocas del
año cuando la temperatura del agua del mar es superior a 27°C. Este aire cálido cargado de
humedad requiere una especial circulación de los vientos hacia un mismo centro para
generar los ciclones tropicales que se clasifican dependiendo de la velocidad del viento en:
depresiones tropicales (vientos de 62 km/h), tormentas tropicales (vientos de 63-117 km/h)

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y huracanes (vientos superiores a 118 km/h), (Dirección Nacional para la Prevención y


Atención de Desastres, 1994: 5).

Los vientos fuertes pueden generar proyectiles por escombros provenientes de


edificaciones, madera floja, que circulan por el aire y que contribuyen a producir
considerables daños. De igual forma, los techos de aluminio o teja que salen volando,
representan una amenaza contra la vida y la propiedad.

La forma de la vivienda, en especial del techo, influye en la magnitud del impacto del
viento sobre la estructura. Cuanto más fuerte sea la carga del viento, mayor es la
posibilidad de que la vivienda sufra daños. La experiencia ha demostrado que las viviendas
con techos a cuatro aguas tienen la mayor resistencia.

Los mayores daños de las viviendas, se localizan en los techos. Los techos livianos son
particularmente vulnerables. Es necesario reforzarlos con acero desde el nivel de la cubierta
del techo hasta los cimientos.

Las viviendas pequeñas, especialmente en climas cálidos están a menudo construidas con
material muy liviano, divisiones de madera y techos de láminas livianas. Con frecuencia los
techos y las divisiones tienen poco o ningún anclaje al terreno, por lo que puede
desprenderse ante la acción del viento, que las reduce a escombros. Sujetar las láminas
colocando piedras pesadas sobre ellas es totalmente ineficaz cuando un viento severo ejerce
la fuerza suficiente para hacer rodar las piedras.

El vidrio es vulnerable tanto a la presión del viento como al impacto de los proyectiles que
el viento traslada. En las viviendas es posible protegerlos utilizando contraventanas
metálicas o de madera (Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido, 1999: 20).

Referencias

Dirección Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (1994). Mi amigo el viento. Bogotá: Sistema
Nacional para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia.

Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido (1999). Estructuras resistentes a desastres. Lima: ITDG.

Inundaciones
Las inundaciones se producen en zonas aledañas a los cauces de las corrientes naturales,
por desbordamientos de las aguas, producto de lluvias intensas, obstrucción o reducción de
los cauces, crecientes o avalanchas.

Los ríos por lo general nacen en las partes altas de las montañas. Su caudal va aumentando
a medida que reciben afluentes y aguas lluvias. También hay ríos que se originan en las
laderas de los nevados como producto de los deshielos. Los ríos no siempre corren por su
lecho en forma lenta y apacible. El lecho tiene desniveles, vueltas, caídas o saltos.

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La vegetación de los ríos sirve para absorber el agua lluvia, sus raíces amarran la tierra
impidiendo deslizamientos. Un deslizamiento puede producir represamiento, que a su vez
puede desencadenar en avalancha. Las raíces también evitan que la tierra caiga sobre el
lecho del río, ocasionando la pérdida de su capacidad para contener y transportar el agua.

Una cuenca hidrográfica es un territorio caracterizado por la presencia de corrientes de


agua que viajan hacia una misma quebrada o río principal. Está compuesta por agua, suelo,
subsuelo, aire, fauna y flora (bosques, cultivos, vegetación).

El deterioro de las cuencas hidrográficas a través de la tala y la quema de árboles, y en


general por la destrucción de la vegetación, han convertido a muchos ríos en peligrosos, por
los desbordamientos e inundaciones que producen. La intervención humana en las cuencas
y en las llanuras de inundación, además de los efectos de la deforestación y la erosión del
suelo, han hecho aumentar en muchos lugares la velocidad y el volumen de las
inundaciones.

Las inundaciones se clasifican en repentinas, lentas y de ciudad.

Inundación repentina: es aquella que ocurre en un tiempo muy corto, las aguas desarrollan
grandes velocidades. A partir del inicio de un fuerte aguacero el río puede crecer en menos
de dos horas. Las inundaciones repentinas también se originan por el rompimiento de
diques o estanques, o por derrumbes de tierra que represan las corrientes de agua. Cuando
ocurren lluvias intensas en las cuencas o estribaciones montañosas, que son muy
pendientes, el agua escurre rápidamente a gran velocidad, lo que genera turbulencia en las
aguas, arrastrando malezas, escombros y todo tipo de materiales que encuentran a su paso.

Inundación lenta: el nivel del agua sube en forma gradual, anegando las planicies y valles y
en general todo lo que encuentre en su camino como viviendas, cultivos, lotes.

Inundaciones en la ciudad: ocurren en las poblaciones que no tienen adecuadas redes de


alcantarillado o canales de desagües, o cuando no se les hace un adecuado mantenimiento a
dichas redes, pueden inundarse por efecto directo de las lluvias, independientemente de las
inundaciones producidas por el desbordamiento de ríos y quebradas. En esta categoría se
encuentran los arroyos frecuentes en la ciudad de Barranquilla y algunos municipios del
Departamento del Atlántico, que por efecto de las lluvias corren por las calles fuertes
corrientes de agua que arrasan todo lo que encuentra en su camino (Dirección Nacional
para la Prevención y Atención de Desastres, 1993: 6).

Las características de la red de drenaje superficial que cubre el territorio nacional


determinan que en las cuencas bajas de los ríos, las zonas adyacentes a los cauces naturales
sean susceptibles de ser inundadas periódicamente por los ríos de aluvial (avenida fuerte de
agua), generalmente anchos y con un caudal de estiaje (nivel más bajo que en ciertas épocas
del año, tienen las aguas de un río), cuyas crecientes son inicialmente lentas y de larga
duración. Esta susceptibilidad natural se ha aumentado por procesos de usos del suelo y de
deforestación en las cuencas altas, con el consecuente aporte de sedimentos que, al
depositarse en los cauces, modifican los patrones naturales de flujo (IDEAM, 2000: 130).

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En los ríos de régimen torrencial cuya cuenca aportante es generalmente reducida y su


caudal de estiaje pequeño, con secciones transversales estrechas y pendientes abruptas, se
presentan crecientes súbitas cuando la cuenca reacciona a la acción de tormentas fuertes y
localizadas, ocasionando crecientes repentinas y de corta duración. En la región andina
existe una ocupación humana de los márgenes de los ríos, con asentamientos para el
desarrollo de diversas actividades productivas, razón por la cual las inundaciones ocasionan
anualmente efectos negativos sobre la población y pérdidas materiales y económicas
(IDEAM, 2000: 130).

El clima de Colombia, como el de otros países de la región, en general está determinado por
su situación geográfica (en la zona ecuatorial) y por la influencia de algunos factores como
la circulación atmosférica, el relieve, la influencia de los procesos del océano Pacífico y del
océano Atlántico, el contraste entre el continente y el mar, la influencia de áreas selváticas
o boscosas, entre otros (Corporación Andina de Fomento -CAF- 2000: 19).

La posición geográfica de Colombia en la zona ecuatorial influye directamente en la


distribución de la mayor parte de las variables climatológicas (radiación, temperatura del
aire, presión atmosférica, vientos, humedad del aire, precipitación, entre otros). El territorio
colombiano se sitúa bajo la influencia de los Alisios del Noreste y Sureste, corrientes que
confluyen en una franja denominada Zona de Confluencia Intertropical -ZCIT-
(Corporación Andina de Fomento -CAF- 2000: 19).

En general, y considerando la situación de cambio del clima a nivel global, en Colombia la


temporada de lluvias se presenta por regiones así: en la región Andina, primera temporada
en los meses de abril, mayo y junio, segunda temporada en los meses de septiembre,
octubre y noviembre; en los llanos orientales en los meses de marzo, abril, mayo, junio,
julio, octubre y noviembre; en la región Pacífica: desde febrero hasta octubre y en la región
Caribe en abril, mayo, octubre y noviembre.

Las grandes lluvias son la causa principal de las inundaciones, el exceso de precipitación
conlleva a que el terreno no pueda absorber o almacenar toda el agua que cae y ésta resbala
por la superficie y sube el nivel de los ríos. Los efectos de las inundaciones se ven
agravados por algunas actividades humanas, por ejemplo, al asfaltar las calles se
impermeabiliza el suelo, lo que impide que el agua se absorba por la tierra y facilita el que
con gran rapidez las aguas lleguen a los cauces de los ríos a través de los desagües. La tala
de bosques y los cultivos que desnudan el suelo de su cobertura vegetal facilitan la erosión
con lo que hace que lleguen a los ríos grandes cantidades de materiales que agravan los
efectos de las inundaciones. La ocupación de los cauces o de las llanuras de inundación de
un río por construcciones, reduce la sección útil para evacuar el agua e impide que la
llanura de inundación cumpla con su función. La consecuencia es que las aguas suben a un
nivel más alto y, por tanto, llegue mayor cantidad de agua a los siguientes tramos del río.

Referencias

Corporación Andina de Fomento –CAF- (2000). Las lecciones de El Niño. Colombia. Memorias del fenómeno
El Niño 1997-1998. Retos y propuestas para la región andina. Caracas.

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Universidad Nacional de Colombia - Programa RED. CD-ROM Incorporación del componente de riesgos en la escuela. Bogotá, 2004

Dirección Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (1993). Mi amiga el agua. Bogotá: Sistema
Nacional para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia.

Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales –IDEAM- (2000). El medio ambiente en


Colombia. El agua. En: [Link]

El fenómeno de El Niño
Cada año problemas climáticos extremos ocurren alrededor del globo, como sequías en
algunos lugares e inundaciones en otros. Recientemente, se ha llegado a reconocer que
algunos de estos severos impactos climáticos, dispersos por el mundo, podrían tener un
origen común relacionados con los calentamientos periódicos de las aguas superficiales del
océano Pacífico Central y Ecuatorial. Hace un siglo los peruanos relacionaron la aparición
de esta aguas cálidas en diciembre con cambios ambientales y lo llamaron “El Niño”,
término que se refiere a la llegada del Niño Jesús en Navidad.

En el océano Pacífico hay dos grandes masas de agua de diferentes temperaturas. Una de
éstas es muy fría y va de sur a norte, llamada corriente de Humboldt; otra que va de norte a
sur y es de temperatura cálida, se conoce como corriente de El Niño. Cuando esta corriente
cálida llega al sur y avanza más de lo normal superando a la corriente fría de Humboldt,
causa el intenso calentamiento de las aguas del mar, sobre todo en las costas del Perú, y
origina la presencia del fenómeno de El Niño. El clima, la temperatura, los vientos, son
algunas de las variables que intervienen en la formación del fenómeno de El Niño (Centro
de Estudios y Prevención de Desastres -PREDES- 1998: 3-4).

El Niño es la fase cálida de un ciclo que también incluye una fase fría denominada La Niña,
esta última ha generado menos interés debido a que han ocurrido menos eventos fríos que
cálidos. Sin embargo, también existen eventos meteorológicos extremos en el globo que se
han asociado con La Niña, tales como los huracanes en la cuenca del Atlántico. Los
científicos dicen que los eventos extremos relacionados con La Niña, con frecuencia
corresponden a los opuestos de aquellos provocados por El Niño; por ejemplo, la sequía
suele acompañar a El Niño en el sur de África, mientras que las inundaciones se asocian
con La Niña en la misma región (Glantz, 1998: 106).

El Niño se suele describir como una anomalía del clima o como una interacción inusual o
anormal, entre el aire y el mar en el océano Pacífico, que no forma parte del sistema del
clima normal. El Niño (un evento cálido) tal como su contra parte La Niña (un evento frío),
forman parte integral del sistema de clima global. El hecho de hacer esta distinción
evidente puede ayudar a la gente a darse cuenta que los eventos El Niño, se han producido
durante miles de años y que ellos deben esperarse, por ello hay que estar preparados
(Glantz, 1998: 106).

Los científicos están intentando predecir El Niño enfocando sus esfuerzos de investigación
sobre la identificación de aquellas características del evento que aparecen temprano en su
desarrollo. El éxito (o fracaso) de pronosticar El Niño con varios meses de anticipación a su
inicio es diferente a predecir los impactos que él puede generar, en particular sobre los

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climas locales y las sociedades alrededor del globo. Cada El Niño parece causar un
conjunto diferente de impactos, tales como sequías, inundaciones, incendios (Glantz, 1998:
107).

El impacto del fenómeno El Niño 1997-1998 en Colombia produjo déficit hídrico en la


mayor parte del territorio nacional, particularmente en las regiones Atlántica y Andina, y
excedentes hídricos en las regiones como la Pacífica y la Amazonía en el sur del país;
variaciones en el océano, en cuanto al nivel medio del mar y en la salinidad de las aguas;
elevadas temperaturas en el aire y en el suelo, lo mismo que aumentos en la velocidad del
viento. En algunos sitios de la región Andina aumentaron las lluvias, que originaron
crecidas en los ríos, algunos de los cuales se salieron de su cauce. Igualmente, por la
sobresaturación de los suelos se produjeron deslizamientos de laderas que afectaron
viviendas e infraestructura urbana; durante los meses secos las altas temperaturas
ocasionaron incendios forestales (Corporación Andina de Fomento -CAF- 2000: 49).

Referencias

Centro de Estudios y Prevención de Desastres -PREDES- (1998). Conoce al fenómeno El Niño. Lima.

Corporación Andina de Fomento –CAF- (2000). Las lecciones de El Niño. Colombia. Memorias del fenómeno
El Niño 1997-1998. Retos y propuestas para la región andina. Caracas.

GLANTZ, Michael (1998). Corrientes de cambio: el impacto de El Niño sobre el clima y la sociedad. Chile:
Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile -SHOA- y Oficina de Asistencia para Desastres
de los Estados Unidos -OFDA-

Terremotos o sismos
La superficie de la tierra está compuesta por placas que se mueven en direcciones diferentes
y chocan entre sí. Por ejemplo, la placa de Sudamérica limita al occidente con la placa de
Nazca; la primera se mueve de oriente a occidente y la segunda en sentido contrario. El
rozamiento entre las placas tectónicas ocasiona una acumulación de energía. Este proceso
lento provoca fuertes deformaciones en las rocas al interior de la Tierra, las cuales, al
romperse, hacen que la energía acumulada se libere de repente en forma de ondas que
sacuden la superficie terrestre.

Si un resorte se comprime y luego se suelta, saltará bruscamente, así el choque entre placas
y el desplazamiento en las fallas geológicas produce fuerzas en el interior de la tierra, y
causa una acumulación de energía, que se libera cuando las rocas no pueden soportar la
deformación a la cual están siendo sometidas (Sistema Nacional para la Prevención y
Atención de Desastres, 1991: 1-2).

Los terremotos o sismos se originan por la repentina liberación de energía lentamente


acumulada en una falla de la corteza terrestre. Produce vibraciones u ondas sísmicas por
debajo de la superficie de la tierra que pueden desencadenar otros fenómenos como
deslizamientos, avalanchas, tsunamis e incendios.

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Universidad Nacional de Colombia - Programa RED. CD-ROM Incorporación del componente de riesgos en la escuela. Bogotá, 2004

Para medir la energía liberada por los sismos y los efectos producidos se utilizan dos
escalas: la escala de Richter y la escala de Mercalli.

La escala de Richter representa la energía sísmica liberada en cada terremoto y se basa en


el registro sismográfico. Es una escala que crece en forma potencial o semilogarítmica, va
de uno a infinito, aunque solo se conocen sismos hasta de 9 grados, a medida que aumentan
los grados la severidad es mucho mayor que en el grado inmediatamente anterior.

La escala de Mercalli se basa en los efectos o daños producidos en las estructuras y en la


sensación percibida por la gente. La escala se representa en números romanos de I a XII.

La intensidad de un sismo depende de la distancia al epicentro -lugar de la tierra donde se


origina el sismo o terremoto-, de las características del suelo, la resistencia de las
edificaciones y la preparación de las personas. En general, las áreas que se encuentran más
cerca del epicentro tienen mayor intensidad que aquellas que se encuentran lejos.

Durante un fuerte terremoto se producen grandes daños: destrucción de edificaciones,


carreteras, puentes, rompimiento de presas, fallas en los sistemas de acueducto, energía, gas
y teléfonos, problemas en el suministro de alimentos y dificultades sanitarias, entre otros.
Hay fenómenos que agravan las consecuencias del terremoto como incendios,
deslizamientos de tierra, licuación del suelo, inundaciones y maremotos (Sistema Nacional
para la Prevención y Atención de Desastres, 1991: 3).

La licuación del suelo es un fenómeno que se produce en suelos sueltos, saturados de agua,
como arenas poco compactadas, usualmente ubicados cerca de ríos o mares, o en zonas que
en el pasado fueron lagos o lagunas. Un edificio ubicado en suelo licuable puede estar muy
bien construido, pero al producirse el terremoto es factible que se incline hacia algún lado
porque el terreno pierde su consistencia y sus propiedades físicas cambian temporalmente
(Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, 1991: 4).

La energía que se emite de la ruptura en forma de vibraciones u ondas sísmicas, con una
velocidad que depende de la profundidad, del tipo de roca y del suelo se clasifican en ondas
primarias y ondas secundarias. Las ondas primarias son las más rápidas, viajan a través de
la corteza terrestre con una velocidad promedio de 5 a 8 kilómetros por segundo (km/s).
Las ondas secundarias, viajan a una velocidad de 3 a 4 km/s.

La costa Pacífica es la región de mayor amenaza sísmica en Colombia. La principal fuente


de esta amenaza es la zona de subducción, el límite activo entre las placas de Nazca y
Sudamérica, cuyo borde superficial recorre el fondo marino más o menos paralelo a la
costa, a unos 150 km. Esa fuente sísmica ha producido los dos terremotos más grandes
durante el siglo XX en 1906 y en 1979 (Meyer y Velásquez, 1993: 79)

Un fuerte terremoto en el fondo marino puede producir olas de varios metros de altura, que
llegan a la costa golpeando con enorme poder destructor lo que encuentra a su paso. A este
fenómeno se le llama maremoto o tsunami, en Colombia ocurre principalmente en el litoral
Pacífico (Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, 1991: 5).

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En Colombia se exige desde 1984 la aplicación del Código de Construcciones Sismo-


Resistentes. La sismorresistencia es la capacidad que se le debe dar a las construcciones
para que resistan un terremoto de la mejor manera posible, haciendo estructuras capaces de
soportarlo, aunque los elementos no estructurales como ventanas, puertas y algunos muros
sufran daño. De esta forma se busca que la edificación no ponga en peligro la vida de sus
ocupantes (Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, 1991: 3).

Referencias

MEYER, Hans J. y VELÁSQUEZ, Andrés (1993). Costa Pacífica, amenaza y riesgo sísmico. En: Desastres y
Sociedad, No. 1. Bogotá: La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia (1991). Mi amiga la tierra.
Bogotá.

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