Conceptos Basicos
Conceptos Basicos
Bogotá, 2004
Conceptos básicos
Esta sección contiene una serie de conceptos básicos necesarios para la comprensión y
desarrollo del tema. La terminología utilizada se origina en las ciencias naturales y en las
disciplinas técnicas que han dominado por muchos años la investigación sobre el riesgo. Es
muy reciente la incursión de las ciencias sociales en el estudio y análisis de la problemática
de los riesgos y sus implicaciones para el ser humano, para ello se basan en los avances
aportados por las diversas disciplinas y corrientes con mayor tradición en el tema.
Amenaza
La amenaza es un sinónimo de peligro latente que representa la probable manifestación
dentro de un período de tiempo de un fenómeno de origen natural, tecnológico o provocado
por el hombre, que puede producir efectos adversos en las personas, los bienes y servicios y
en el ambiente (Cardona, 2001: 24).
Un evento físico, como por ejemplo, una erupción volcánica que no afecta al ser humano,
es un fenómeno natural y no una amenaza de origen natural. Existe la creencia popular que
los desastres son estragos inevitables causados por fuerzas incontrolables de la naturaleza.
A pesar de que el ser humano no puede alterar la dinámica de la mayoría de los fenómenos
naturales, sí puede desempeñar un papel importante al asegurar que los eventos de origen
natural no se conviertan en desastres a causa de sus propias acciones. La intervención
humana puede aumentar la frecuencia y la severidad de los eventos naturales (OEA, 1991:
10)
Las amenazas antrópicas son aquellas claramente atribuibles a la acción humana, que ponen
en grave peligro la integridad física o la calidad de vida de las comunidades, entre ellas
están el vertimiento de sustancias en el ambiente, las explosiones, la contaminación, los
incendios.
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Entender las características de las amenazas de origen natural y cómo éstas liberan energía,
constituye un elemento esencial para el análisis de la mitigación de sus efectos. Cada
amenaza posee un perfil y efectos característicos: probabilidad, frecuencia, intensidad,
cobertura y duración. Su impacto también depende de factores tales como localización,
topografía, geología y características del suelo (Instituto de Ingenieros Civiles del Reino
Unido, 1999: 3).
El estado actual del conocimiento científico y técnico no es suficiente para determinar con
certeza si un fenómeno va o no a producirse en un lugar específico y en un momento
determinado. La evaluación de la amenaza nos puede aportar algunas aproximaciones sobre
la probabilidad de que la amenaza se convierta en un evento peligroso. Por ejemplo no es
posible todavía pronosticar o predecir con exactitud cuando, donde y con qué magnitud se
presentará un terremoto, aunque el estudio del "período de retorno" o "de recurrencia" sí
nos da una idea de cada cuánto tiempo en promedio se produce en la zona un fenómeno
similar.
Referencias:
CARDONA, Omar Darío (2001). Estimación holística del riesgo sísmico utilizando sistemas dinámicos
complejos. Barcelona: tesis doctoral.
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Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido (1999). Megaciudades. Reduciendo la vulnerabilidad a los
desastres. Lima: ITDG.
MASKREY, Andrew (1998). Navegando entre brumas. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención
de Desastres en América Latina.
OEA -Organización de los Estados Americanos- (1991). Departamento de Desarrollo Regional y Medio
Ambiente. Desastres planificación y desarrollo: manejo de las amenazas naturales para reducir los daños.
Washington.
Vulnerabilidad
Es la condición en virtud de la cual una población está o queda expuesta a verse afectada
por la ocurrencia de un evento de origen natural o tecnológico. La vulnerabilidad no es solo
física, depende de múltiples factores: sociales, económicos, educativos, políticos,
culturales...
Ser vulnerable a un fenómeno natural es ser susceptible de sufrir daño y tener dificultad de
recuperarse de ello. Hay situaciones en que la población está expuesta a sufrir un daño si
ocurriera un evento natural peligroso, hay otras en cambio, en que la gente está rodeada de
ciertas condiciones de seguridad, por lo cual se puede considerar protegida.
Las condiciones de vulnerabilidad que se van gestando con el tiempo configuran una
situación de riesgo que muchas veces es inadvertida, o menospreciada. Los fenómenos
naturales no causarían daño si pudiéramos entender cómo funciona la naturaleza, creáramos
nuestro hábitat acorde con ese conocimiento y asumiéramos actitudes preventivas.
Los terremotos, los huracanes, las erupciones volcánicas, las inundaciones, las avalanchas
son amenazas de origen natural que permanecen más o menos constantes, pero cada día se
registran numerosos desastres especialmente en los países donde la pobreza es
generalizada, debido fundamentalmente a que las condiciones de vulnerabilidad de la
población también han aumentado.
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daños ocasionados por un evento extremo. El enfoque social considera a los desastres como
problemas no resueltos del desarrollo, o como períodos de crisis en el marco de procesos
sociales preexistentes en una sociedad. La idea de amenazas que afectan a sociedades
"normales" se remplazó con la idea de sociedades en crisis, afectadas por eventos
previsibles y "normales" (Maskrey, 1998: 15).
Para reducir los efectos de los desastres, se debe actuar sobre la vulnerabilidad, no sólo
desde las acciones de los gobiernos o las instituciones sino más desde la población misma y
sus organizaciones. Para lograrlo se puede acudir al análisis de la vulnerabilidad, proceso
que determina el nivel de exposición o de predisposición a la pérdida de elementos o
grupos de elementos ante una amenaza específica y, por tanto, establecer el nivel de riesgo
existente.
La vulnerabilidad social: se refiere al nivel de cohesión interna que posee una comunidad.
A la falta de organización de la sociedad civil que encarne sentimientos de pertenencia
traducidos en acciones concretas y a la ausencia de liderazgo en una comunidad.
La vulnerabilidad política: constituye el nivel de autonomía que posee una comunidad para
la toma de decisiones y la incapacidad para formular por sí misma la solución a los
problemas.
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Investigadores en América Latina (Caputo 1985 y Maskrey 1985) realizaron estudios que
demostraron que debido a procesos sociales, económicos y políticos fácilmente
identificables, gran parte de la población rural y urbana vive en estado de vulnerabilidad
más o menos permanente, caracterizado por espacios físicos susceptibles a diversas
amenazas; situaciones de viviendas inseguras; gran fragilidad en sus economías familiares
y colectivas; la ausencia de servicios sociales básicos; falta de acceso a la propiedad y al
crédito; presencia de discriminación étnica, política o de otro tipo; convivencia con
recursos de aire y agua contaminados; altos índices de analfabetismo y ausencia de
oportunidades de educación. Esta vulnerabilidad se configura históricamente, creando
condiciones propicias para desastres periódicos (Maskrey, 1998: 15).
Referencias:
CARDONA, Omar Darío (2001). Estimación holística del riesgo sísmico utilizando sistemas dinámicos
complejos. Barcelona, tesis doctoral.
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MASKREY, Andrew (1998). Navegando entre brumas. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención
de Desastres en América Latina.
ROMERO, Gilberto y MASKREY, Andrew (1993). Como entender los desastres naturales. En: Los desastres
no son naturales. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
WILCHES-CHAUX, Gustavo (1993). La vulnerabilidad global. En: Los desastres no son naturales. Bogotá:
La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
WILCHES-CHAUX, Gustavo (2001). Ni de riesgo. Armenia: Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo del
Eje Cafetero -FOREC-.
Riesgo
El riesgo es la eventualidad de que ocurra un hecho capaz de producir un daño. Es la
probabilidad de que ante un evento determinado (amenaza) y en unas condiciones de
vulnerabilidad se produzca una afectación que se puede cuantificar, representada por el
conjunto de daños y pérdidas que pueden generarse en un lugar y tiempo determinado, cuyo
resultado es un desastre.
Los elementos de orden físico, natural y social que determinan la existencia del riesgo para
una comunidad se denominan factores de riesgo.
El riesgo se construye socialmente, aun cuando el evento físico con el cual se asocia sea de
origen natural.
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los niños de una escuela a partir del recorrido por la zona y del reconocimiento de las
distintas amenazas y factores de vulnerabilidad presentes. Se puede acudir a la historia de la
comunidad, a la memoria de los ancianos, a los archivos de periódicos o revistas para
establecer la ocurrencia de desastres en el pasado.
Un mapa de riesgo o escenario de riesgo, debe contener tanto las amenazas como los bienes
sociales en condición de vulnerabilidad. Es decir, deben aparecer los ríos que constituyen
fuente potencial de inundación o avalancha y los barrios, las escuelas, los hospitales, los
edificios, las zonas de cultivo, las vías y demás elementos que en caso de producirse una
inundación o avalancha podrían resultar afectados.
Una de las características del riesgo es que es dinámico y cambiante, en la medida en que
también son dinámicos y cambiantes los ingredientes que lo producen. El riesgo tiene el
carácter de diferenciado, en la medida en que no afecta de la misma manera a los distintos
actores sociales de una comunidad.
La percepción del riesgo es un proceso social gobernado por principios que guían el
comportamiento y afectan los juicios de lo que se considera peligroso, se basa en las
normas y valores culturales de los integrantes de una comunidad en particular.
Una corriente de científicos sociales que estudia el concepto de riesgo suponen que es un
estado de percepción mental del individuo ante el peligro. Esta perspectiva evita considerar
al riesgo exclusivamente en términos de probabilidad de un evento y de sus consecuencias.
Por el contrario, hay que concebir al riesgo en el contexto de sus consecuencias para la vida
de los individuos (Perry y Montiel, 1996: 69).
El riesgo se debe pensar como un concepto multidimensional. La literatura sugiere que los
ciudadanos ven el riesgo en términos de daños a la propiedad y a la seguridad personal. La
tradición económica se enfoca exclusivamente en los daños a la propiedad, ignorando el
aspecto humano. Por tanto, no permite medir la percepción individual de estar en peligro o
de que algún familiar esté en peligro (Perry y Montiel, 1996: 70).
Referencias:
CARDONA, Omar Darío (2001). Estimación holística del riesgo sísmico utilizando sistemas dinámicos
complejos. Barcelona: tesis doctoral
PERRY, Ronald y MONTIEL, Miguel (1996). Conceptualizando riesgo para desastres sociales. En:
Desastres y Sociedad No. 6 Lima: La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América
Latina.
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Desastre
Un desastre es una situación o proceso social que se desencadena como resultado de la
manifestación de un fenómeno de origen natural o tecnológico que, al encontrar
condiciones propicias de vulnerabilidad en una población, causa alteraciones intensas en las
condiciones normales de funcionamiento de la comunidad; representadas por la pérdida de
vidas y salud de la población; destrucción, pérdida o inutilización total o parcial de bienes
de la colectividad y de los individuos, así como daños severos en el ambiente, requiriendo
de una respuesta inmediata de las autoridades y de la población para atender a los afectados
y restablecer la normalidad.
Lavell (1994: 72) define desastre como: una ocasión de crisis o estrés social observable en
el tiempo y en el espacio, en la cual las sociedades o sus componentes básicos
(comunidades, regiones) sufren daños o pérdidas físicas y alteraciones severas en su
funcionamiento rutinario. Tanto las causas como las consecuencias de los desastres son el
producto de procesos sociales que operan en el interior de la sociedad.
Los desastres no son más que la materialización de unas condiciones de riesgo existentes,
las cuales no sólo dependen de la posibilidad de que se presenten eventos o fenómenos
intensos, sino también de unas condiciones de vulnerabilidad, que son los agentes que
favorecen o facilitan que se desencadene el desastre (Sarmiento y Segura, 2001: 2).
Los efectos que puede causar un desastre varían dependiendo de las características propias
de los elementos expuestos y de la naturaleza del evento. En general, pueden considerarse
como elementos bajo riesgo: la población, el medio ambiente y la infraestructura física
representada por las viviendas, la industria, el comercio y los servicios públicos (Cardona,
1993: 53).
Cuando nos referimos a los desastres, se tiende a creer que son hechos cumplidos sobre los
cuales es poco o nada lo que podemos hacer para evitarlos, nos ubicamos en un referente
"natural", pero nos olvidamos del referente social. Lavell (1993: 144) nos ilustra sobre este
particular: Un terremoto o un huracán, por ejemplo, son condiciones necesarias para que
exista un desastre, pero no son en sí un desastre. Deben tener un impacto en un territorio
caracterizado por una estructura social vulnerable a sus impactos y donde la diferenciación
interna de la sociedad influye en forma importante en los daños sufridos y en los grupos
sociales que son afectados en mayor o menor grado.
Los desastres con mayor impacto económico ocurren en las grandes ciudades, donde el
valor de los activos e infraestructura expuesta es mayor, o donde se destruyen líneas vitales.
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América Latina está caracterizada por la ocurrencia de múltiples desastres pequeños, que
como ocurren todos los días son casi invisibles. En general, estos eventos ni afectan
infraestructura estratégica, ni causan miles de muertos. Sin embargo, causan pérdidas y
daños significativos y acumulativos en poblaciones vulnerables y afectan la capacidad de
resistencia y recuperación de la población, haciendo que la reconstrucción sea lenta y
difícil; desastres de este tipo son cada vez más comunes, debido a la generación de nuevos
patrones de amenaza y vulnerabilidad (Maskrey, 1998: 29).
Referencias:
CARDONA, Omar Dario (1993). Evaluación de la amenaza, la vulnerabilidad y el riesgo. En: Los desastres
no son naturales. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
LAVELL, Allan (1993). Ciencias sociales y desastres naturales en América Latina: un encuentro inconcluso.
En: Los desastres no son naturales. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en
América Latina.
MASKREY, Andrew (1998). Navegando entre brumas. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención
de Desastres en América Latina.
SARMIENTO, Juan Pablo y SEGURA, Nelly (2001). Gestión de riesgos. En: Conferencia Hemisférica para
la Reducción de Riesgos. San José.
Prevención - Mitigación
La prevención se refiere al conjunto de actividades que buscan eliminar o reducir la
incidencia de eventos potencialmente dañinos que pueden afectar a una población en
particular. Son aquellas medidas y acciones dispuestas con anticipación con el fin de evitar
o impedir que se presente un fenómeno peligroso o para reducir sus efectos sobre la
población, el ambiente, los bienes y los servicios.
La mitigación de desastres se define como las medidas que pueden tomarse para minimizar
los efectos destructivos de los fenómenos naturales y aminorar la magnitud de un desastre.
Estas medidas pueden ser de distinto tipo: físicas, legales, sociales, económicas y pueden
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tener lugar en cualquier momento: antes de que ocurra un desastre, durante una emergencia,
después de un desastre, y durante la recuperación o reconstrucción (Medina, 1994: 278).
La mitigación entendida como las medidas que reducen o minimizan los efectos de un
desastre sobre una comunidad, incluyen actividades como: evaluación inicial de la
amenaza, la vulnerabilidad y el riesgo. La producción de una estrategia detallada de largo
plazo y un plan, en el cual algunos elementos pueden ser puestos en práctica rápidamente y
otros requieren más tiempo y recursos. Estos elementos incluyen aspectos ingenieriles y de
construcción para resistir la amenaza y estructuras e infraestructuras de protección,
planeamiento y uso del suelo; medidas económicas que aseguren la diversificación;
medidas institucionales que incentivan la voluntad política y la capacidad institucional
necesaria para asegurar la mitigación y las medidas que establezcan una cultura de la
seguridad, por medio de la información pública sobre el riesgo (Instituto de Ingenieros del
Reino Unido, 1999: 24).
Cuando la gestión del riesgo se entiende como un proceso estrechamente vinculado con la
gestión del desarrollo sostenible de una región, salta a la vista la importancia de invertir en
medidas de prevención y mitigación antes de la ocurrencia del desastre, como una manera
de proteger en el mediano y en el largo plazo la inversión social, más eficiente y menos
traumática en todo sentido que la inversión que hay que realizar a posteriori para reparar los
daños ya causados (Wilches-Chaux, 1998: 108).
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ocurre el evento, que a las medidas o actividades conducentes a reducir o eliminar los
efectos destructivos de los desastres. La reducción de la vulnerabilidad de la población y la
disminución del riesgo pre-desastre, es una labor que apenas se inicia y a la que muy pocos
recursos se le invierte.
Si desconocemos la realidad local, la percepción que sobre el riesgo tienen los habitantes de
una región en particular, muy posiblemente los planes diseñados no darán los frutos
deseados, por tanto, se hace necesaria la reconceptualización de los programas de
prevención y de mitigación de desastres con base en la lectura de los imaginarios reales de
la vulnerabilidad, y el diseño de estrategias flexibles de intervención apropiadas a las
condiciones locales (Maskrey 1994: 22).
Para asumir actitudes preventivas no basta con tener el conocimiento sobre el riesgo, es
necesario pensar y actuar preventivamente. También se deben considerar acciones de tipo
material o físico, por ejemplo, fijar los objetos que puedan caer como consecuencia de un
movimiento sísmico y de comportamiento individual y grupal como retirarse de las
ventanas de vidrio y protegerse bajo una mesa en caso de un sismo. En síntesis, la
prevención tendría las siguientes dimensiones: a) el reconocimiento de la amenaza, la
vulnerabilidad y el riesgo, b) el asumir actitudes preventivas, c) diseñar planes de
prevención y mitigación, d) tener un comportamiento preventivo en todas las actuaciones
individuales y colectivas, e) estar debidamente preparado para la acción en caso de
emergencia.
Referencias
Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido (1999). Megacidades. Reduciendo la vulnerabilidad a los
desastres. Lima: ITDG.
MASKREY, Andrew (1994). Comunidad y desastres en América Latina: estrategias de intervención. En:
Viviendo en riesgo. Comunidades vulnerables y prevención de desastres en América Latina. Santa Fe de
Bogotá: LA RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
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MEDINA, Juvenal (1994). Experiencias de mitigación de desastres con participación comunal. En: Viviendo
en riesgo. Comunidades vulnerables y prevención de desastres en América Latina. Bogotá: La Red de
Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
VELÁSQUEZ, Andrés (1995). Naturaleza, sociedad y desastres. En: Desastres y Sociedad. No. 5. Revista de
La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
WILCHES-CHAUX, Gustavo (1998). Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, mecánico y soldador o yo
voy a correr el riesgo. Quito: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
La gestión del riesgo hace parte y tendería a confundirse con la gestión del desarrollo
dentro de un concepto amplio y global de desarrollo sostenible, entendida la sostenibilidad
como la capacidad de un sistema o proceso (en este caso comunidad-ambiente), para
cumplir el objetivo o propósito colectivo de las interacciones entre sus elementos o actores
y para transformarse y evolucionar cuantitativa y cualitativamente, sin poner en peligro las
bases o fundamentos de los cuales depende la permanencia en el largo plazo de ese mismo
sistema o proceso.
Por su parte, Lavell (2003) considera que el enfoque de la gestión de riesgos se refiere a un
proceso social complejo a través del cual se pretende lograr una reducción de los niveles de
riesgo existentes en la sociedad y fomentar procesos de construcción de nuevas
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Por tanto, la gestión no puede ser reducida a la idea de una obra o una acción concreta
como es, por ejemplo, la construcción de un dique, una presa para impedir inundaciones.
Más bien se refiere al proceso por medio del cual un grupo humano o individuo toman
conciencia del riesgo que enfrenta, lo analiza y lo entiende, considera las opciones y
prioridades en términos de su reducción, considera los recursos disponibles para
enfrentarlo, diseña estrategias e instrumentos necesarios para enfrentarlo, negocia su
aplicación y toma la decisión de hacerlo. Finalmente, se implementa la solución más
apropiada en términos del contexto concreto en que se produce o se puede producir el
riesgo.
Aun cuando cada contexto y cada caso de riesgo tendrá sus propias especificaciones y
principios básicos en cuanto a la búsqueda de soluciones, existe una serie de
consideraciones que la experiencia ha validado, a saber:
- El riesgo tiene su expresión más concreta en el ámbito local, aun cuando sus causas
pueden encontrarse en procesos generados a gran distancia de la escena del mismo.
- La gestión del riesgo no puede prescindir de la participación activa y protagónica de
los actores afectados y de una consideración de las visiones o imaginarios que estos
actores tengan del problema que enfrentan, de su prioridad y del contexto humano y
económico en que se dé.
- La gestión requiere de la consolidación de la autonomía y poder local y de las
organizaciones que representan a la población afectada por el riesgo.
- Aún cuando el nivel local se perfila como el más apropiado para iniciar y concretar
la gestión, éste no puede prescindir de estructuras, normatividad y sistemas
interinstitucionales en el nivel nacional que avalen, promuevan y estimulen la
gestión sin apropiarse del proceso. La descentralización y el fortalecimiento de las
instancias locales es un corolario de este proceso.
Sarmiento y Segura (2001) proponen las siguientes actividades para el análisis de riesgos
en el marco de la gestión:
- Identificar la naturaleza, extensión, intensidad y magnitud de la amenaza
- Determinar la existencia y grado de vulnerabilidad
- Identificar las medidas y recursos disponibles
- Construir escenarios de riesgo probables
- Determinar niveles aceptables de riesgo así como consideraciones costo-beneficio
- Fijar prioridades en cuanto a tiempos y movimientos de recursos
- Diseñar sistemas de administración efectivos y apropiados para implementar y
controlar los procesos anteriores.
Referencias:
CARDONA, Omar Darío (2001). Estimación holística del riesgo sísmico utilizando sistemas dinámicos
complejos. Tesis doctoral. Barcelona. En: [Link]
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LAVELL, Allan. Sobre la gestión del riesgo: apuntes hacia una definición. Consultado en febrero de 2003.
En: [Link]/havanarisk/documents/[Link]
SARMIENTO, Juan Pablo y SEGURA, Nelly (2001). Conferencia hemisférica para la reducción de riesgos.
Borrador. San José. En: [Link]/conferencia
WILCHES-CHAUX, Gustavo (1998). Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, mecánico y soldador o yo
voy a correr el riesgo. Guía de la RED para la gestión local del riesgo. Quito: La Red de Estudios Sociales
en Prevención de Desastres en América Latina e ITDG.
Para influir en el manejo de los riesgos en una comunidad es necesario conocer lo que su
gente piensa, siente y sabe sobre los fenómenos naturales. Conocer su interpretación y no
amarrarse a un imaginario formal que, por su carácter extremo, difícilmente reconoce la
heterogeneidad de lo local. Cada población construye su propia historia sobre la naturaleza,
los desastres, los riesgos y la vulnerabilidad, pero la mayoría de las veces ella es
desconocida por parte de quienes se encargan de elaborar planes concretos de prevención
(Saavedra, 1993: 19).
Debido a los procesos económicos y espaciales que han ocurrido en América Latina en los
últimos veinte años, los escenarios locales de vulnerabilidad son cada vez más
heterogéneos y cambiantes. Por tanto, ocurre un divorcio entre el imaginario formal que
sustenta las intervenciones externas y los diversos imaginarios locales, pero reales, que
maneja la población. Este desencuentro conduce al rechazo o fracaso de muchos de los
programas de prevención y mitigación de desastres en la región (Maskrey, 1994: 27)
La gestión del riesgo, sus programas y proyectos, deben partir de la lectura de los
imaginarios que posee la comunidad sobre la vulnerabilidad, las amenazas y los riesgos y
del diseño de estrategias flexibles de intervención, apropiadas a las condiciones locales.
Entender y analizar estos imaginarios resulta de crucial importancia para entender el
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El reconocimiento de que los riesgos no son objetivos, sino que se leen según diferentes
imaginarios, es el primer paso que hay que dar para producir acercamiento, diálogo y
negociación entre la población y los actores externos, de manera que la gestión de riesgos
corresponda a las especificidades de cada escenario local, lo que implica asumir un cambio
de enfoque del manejo de las emergencias y la gestión del riesgo por parte de los
organismos nacionales y sus "sistemas" (Maskrey 1998: 33).
Es evidente que la importancia que una población asigna al riesgo de desastres depende de
una u otra forma del tipo, frecuencia y magnitud de las amenazas que enfrenta. Es muy
probable que una comunidad asigne más importancia en su imaginario a inundaciones
anuales que a una erupción volcánica que ocurre cada cinco siglos. La percepción de las
amenazas también depende de la antigüedad y procedencia de la población. Hay notables
diferencias entre el imaginario de una comunidad que haya vivido en una región durante
siglos y una comunidad de migrantes recientes. Comunidades nuevas, en regiones
periféricas de las grandes ciudades, a menudo desconocen tanto las amenazas que ocurren
en el medio como las medidas de mitigación disponibles (Maskrey, 1994: 49).
Referencias
MASKREY, Andrew (1994). Comunidad y desastres en América Latina: estrategias de intervención. En:
Viviendo en riesgo. Comunidades vulnerables y prevención de desastres en América Latina. Santa Fe de
Bogotá: LA RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
MASKREY, Andrew (1998). Navegando entre brumas. Bogotá: La RED de Estudios Sociales en Prevención
de Desastres en América Latina.
SAAVEDRA, Rosario (1993). La prevención de desastres: formalidad o realidad. En: Cien días, Vol. 6, 24
octubre-diciembre, Bogotá, CINEP.
WILCHES-CHAUX, Gustavo (1998). Auge, caída y levantada de Felipe Pinillo, mecánico y soldador o yo
voy a correr el riesgo. Quito: La RED de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
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(Caribe) está expuesta a huracanes y la zona pacífica como consecuencia del riesgo sísmico
está expuesta a tsunamis (gran ola en el puerto).
A manera de ejemplo se presentan a continuación algunas amenazas entre las múltiples que
afectan a nuestro país, se seleccionaron cinco de ellas a saber: deslizamientos, vendavales,
inundaciones, fenómeno de El Niño y terremotos, con el fin de orientar a los profesores y
estudiantes sobre la temática y motivarlos a indagar en su respectiva zona acerca de estos
fenómenos de origen natural como: erupciones volcánicas, tsunamis, sequías, explosiones,
incendios forestales o estructurales, depresiones tropicales (vientos de 62 km/h), tormentas
tropicales (vientos de 63-117 km/h) y huracanes (vientos superiores a 118 km/h) y todos
aquellos eventos de origen tecnológico o antrópico al cual podemos estar expuestos en
nuestra cotidianidad.
Deslizamientos
Los deslizamientos son movimientos de roca y suelo en masa que se deslizan por gravedad
cuesta abajo, sobre una o varias superficies. La masa que se mueve se mantiene unida
durante su recorrido y la velocidad que alcanza puede variar, según el tipo de material, la
pendiente del terreno y la cantidad de agua presente en la masa.
Los elementos afectados por un deslizamiento pueden estar ubicados sobre la masa que se
desliza, en la línea de dirección y en la parte alta del mismo. Las viviendas, las vías y
demás elementos sobre la masa que se desliza sufren graves daños, lo que puede llegar a
ocasionar pérdidas de vidas humanas.
Los factores que pueden iniciar el desprendimiento del suelo, roca u otro material, incluyen
choques y vibraciones ocasionados por sismos, cambios en el contenido del agua, así como
cambio en los grados de inclinación del terreno por la manipulación humana, exceso de
carga y problemas de erosión.
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Los deslizamientos se producen por el mal manejo de las aguas lluvias, de las aguas
residuales y por la explotación inadecuada de la tierra. Estas acciones producen la pérdida
del material vegetal que sirve de protección al terreno y a las capas que conforman el suelo
orgánico.
Referencias
Dirección de Prevención y Atención de Emergencias de Bogotá. Zonas inestables en los Cerros de Santa Fe
de Bogotá. Guía de Prevención. Bogotá: Fondo de Prevención y Atención de Emergencias, 1999.
OEA -Organización de los Estados Americanos- (1991). Departamento de Desarrollo Regional y Medio
Ambiente. Desastres, planificación y desarrollo: manejo de las amenazas naturales para reducir los daños.
Washington.
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La forma de la vivienda, en especial del techo, influye en la magnitud del impacto del
viento sobre la estructura. Cuanto más fuerte sea la carga del viento, mayor es la
posibilidad de que la vivienda sufra daños. La experiencia ha demostrado que las viviendas
con techos a cuatro aguas tienen la mayor resistencia.
Los mayores daños de las viviendas, se localizan en los techos. Los techos livianos son
particularmente vulnerables. Es necesario reforzarlos con acero desde el nivel de la cubierta
del techo hasta los cimientos.
Las viviendas pequeñas, especialmente en climas cálidos están a menudo construidas con
material muy liviano, divisiones de madera y techos de láminas livianas. Con frecuencia los
techos y las divisiones tienen poco o ningún anclaje al terreno, por lo que puede
desprenderse ante la acción del viento, que las reduce a escombros. Sujetar las láminas
colocando piedras pesadas sobre ellas es totalmente ineficaz cuando un viento severo ejerce
la fuerza suficiente para hacer rodar las piedras.
El vidrio es vulnerable tanto a la presión del viento como al impacto de los proyectiles que
el viento traslada. En las viviendas es posible protegerlos utilizando contraventanas
metálicas o de madera (Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido, 1999: 20).
Referencias
Dirección Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (1994). Mi amigo el viento. Bogotá: Sistema
Nacional para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia.
Instituto de Ingenieros Civiles del Reino Unido (1999). Estructuras resistentes a desastres. Lima: ITDG.
Inundaciones
Las inundaciones se producen en zonas aledañas a los cauces de las corrientes naturales,
por desbordamientos de las aguas, producto de lluvias intensas, obstrucción o reducción de
los cauces, crecientes o avalanchas.
Los ríos por lo general nacen en las partes altas de las montañas. Su caudal va aumentando
a medida que reciben afluentes y aguas lluvias. También hay ríos que se originan en las
laderas de los nevados como producto de los deshielos. Los ríos no siempre corren por su
lecho en forma lenta y apacible. El lecho tiene desniveles, vueltas, caídas o saltos.
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La vegetación de los ríos sirve para absorber el agua lluvia, sus raíces amarran la tierra
impidiendo deslizamientos. Un deslizamiento puede producir represamiento, que a su vez
puede desencadenar en avalancha. Las raíces también evitan que la tierra caiga sobre el
lecho del río, ocasionando la pérdida de su capacidad para contener y transportar el agua.
Inundación repentina: es aquella que ocurre en un tiempo muy corto, las aguas desarrollan
grandes velocidades. A partir del inicio de un fuerte aguacero el río puede crecer en menos
de dos horas. Las inundaciones repentinas también se originan por el rompimiento de
diques o estanques, o por derrumbes de tierra que represan las corrientes de agua. Cuando
ocurren lluvias intensas en las cuencas o estribaciones montañosas, que son muy
pendientes, el agua escurre rápidamente a gran velocidad, lo que genera turbulencia en las
aguas, arrastrando malezas, escombros y todo tipo de materiales que encuentran a su paso.
Inundación lenta: el nivel del agua sube en forma gradual, anegando las planicies y valles y
en general todo lo que encuentre en su camino como viviendas, cultivos, lotes.
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El clima de Colombia, como el de otros países de la región, en general está determinado por
su situación geográfica (en la zona ecuatorial) y por la influencia de algunos factores como
la circulación atmosférica, el relieve, la influencia de los procesos del océano Pacífico y del
océano Atlántico, el contraste entre el continente y el mar, la influencia de áreas selváticas
o boscosas, entre otros (Corporación Andina de Fomento -CAF- 2000: 19).
Las grandes lluvias son la causa principal de las inundaciones, el exceso de precipitación
conlleva a que el terreno no pueda absorber o almacenar toda el agua que cae y ésta resbala
por la superficie y sube el nivel de los ríos. Los efectos de las inundaciones se ven
agravados por algunas actividades humanas, por ejemplo, al asfaltar las calles se
impermeabiliza el suelo, lo que impide que el agua se absorba por la tierra y facilita el que
con gran rapidez las aguas lleguen a los cauces de los ríos a través de los desagües. La tala
de bosques y los cultivos que desnudan el suelo de su cobertura vegetal facilitan la erosión
con lo que hace que lleguen a los ríos grandes cantidades de materiales que agravan los
efectos de las inundaciones. La ocupación de los cauces o de las llanuras de inundación de
un río por construcciones, reduce la sección útil para evacuar el agua e impide que la
llanura de inundación cumpla con su función. La consecuencia es que las aguas suben a un
nivel más alto y, por tanto, llegue mayor cantidad de agua a los siguientes tramos del río.
Referencias
Corporación Andina de Fomento –CAF- (2000). Las lecciones de El Niño. Colombia. Memorias del fenómeno
El Niño 1997-1998. Retos y propuestas para la región andina. Caracas.
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Dirección Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (1993). Mi amiga el agua. Bogotá: Sistema
Nacional para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia.
El fenómeno de El Niño
Cada año problemas climáticos extremos ocurren alrededor del globo, como sequías en
algunos lugares e inundaciones en otros. Recientemente, se ha llegado a reconocer que
algunos de estos severos impactos climáticos, dispersos por el mundo, podrían tener un
origen común relacionados con los calentamientos periódicos de las aguas superficiales del
océano Pacífico Central y Ecuatorial. Hace un siglo los peruanos relacionaron la aparición
de esta aguas cálidas en diciembre con cambios ambientales y lo llamaron “El Niño”,
término que se refiere a la llegada del Niño Jesús en Navidad.
En el océano Pacífico hay dos grandes masas de agua de diferentes temperaturas. Una de
éstas es muy fría y va de sur a norte, llamada corriente de Humboldt; otra que va de norte a
sur y es de temperatura cálida, se conoce como corriente de El Niño. Cuando esta corriente
cálida llega al sur y avanza más de lo normal superando a la corriente fría de Humboldt,
causa el intenso calentamiento de las aguas del mar, sobre todo en las costas del Perú, y
origina la presencia del fenómeno de El Niño. El clima, la temperatura, los vientos, son
algunas de las variables que intervienen en la formación del fenómeno de El Niño (Centro
de Estudios y Prevención de Desastres -PREDES- 1998: 3-4).
El Niño es la fase cálida de un ciclo que también incluye una fase fría denominada La Niña,
esta última ha generado menos interés debido a que han ocurrido menos eventos fríos que
cálidos. Sin embargo, también existen eventos meteorológicos extremos en el globo que se
han asociado con La Niña, tales como los huracanes en la cuenca del Atlántico. Los
científicos dicen que los eventos extremos relacionados con La Niña, con frecuencia
corresponden a los opuestos de aquellos provocados por El Niño; por ejemplo, la sequía
suele acompañar a El Niño en el sur de África, mientras que las inundaciones se asocian
con La Niña en la misma región (Glantz, 1998: 106).
El Niño se suele describir como una anomalía del clima o como una interacción inusual o
anormal, entre el aire y el mar en el océano Pacífico, que no forma parte del sistema del
clima normal. El Niño (un evento cálido) tal como su contra parte La Niña (un evento frío),
forman parte integral del sistema de clima global. El hecho de hacer esta distinción
evidente puede ayudar a la gente a darse cuenta que los eventos El Niño, se han producido
durante miles de años y que ellos deben esperarse, por ello hay que estar preparados
(Glantz, 1998: 106).
Los científicos están intentando predecir El Niño enfocando sus esfuerzos de investigación
sobre la identificación de aquellas características del evento que aparecen temprano en su
desarrollo. El éxito (o fracaso) de pronosticar El Niño con varios meses de anticipación a su
inicio es diferente a predecir los impactos que él puede generar, en particular sobre los
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climas locales y las sociedades alrededor del globo. Cada El Niño parece causar un
conjunto diferente de impactos, tales como sequías, inundaciones, incendios (Glantz, 1998:
107).
Referencias
Centro de Estudios y Prevención de Desastres -PREDES- (1998). Conoce al fenómeno El Niño. Lima.
Corporación Andina de Fomento –CAF- (2000). Las lecciones de El Niño. Colombia. Memorias del fenómeno
El Niño 1997-1998. Retos y propuestas para la región andina. Caracas.
GLANTZ, Michael (1998). Corrientes de cambio: el impacto de El Niño sobre el clima y la sociedad. Chile:
Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile -SHOA- y Oficina de Asistencia para Desastres
de los Estados Unidos -OFDA-
Terremotos o sismos
La superficie de la tierra está compuesta por placas que se mueven en direcciones diferentes
y chocan entre sí. Por ejemplo, la placa de Sudamérica limita al occidente con la placa de
Nazca; la primera se mueve de oriente a occidente y la segunda en sentido contrario. El
rozamiento entre las placas tectónicas ocasiona una acumulación de energía. Este proceso
lento provoca fuertes deformaciones en las rocas al interior de la Tierra, las cuales, al
romperse, hacen que la energía acumulada se libere de repente en forma de ondas que
sacuden la superficie terrestre.
Si un resorte se comprime y luego se suelta, saltará bruscamente, así el choque entre placas
y el desplazamiento en las fallas geológicas produce fuerzas en el interior de la tierra, y
causa una acumulación de energía, que se libera cuando las rocas no pueden soportar la
deformación a la cual están siendo sometidas (Sistema Nacional para la Prevención y
Atención de Desastres, 1991: 1-2).
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Para medir la energía liberada por los sismos y los efectos producidos se utilizan dos
escalas: la escala de Richter y la escala de Mercalli.
La licuación del suelo es un fenómeno que se produce en suelos sueltos, saturados de agua,
como arenas poco compactadas, usualmente ubicados cerca de ríos o mares, o en zonas que
en el pasado fueron lagos o lagunas. Un edificio ubicado en suelo licuable puede estar muy
bien construido, pero al producirse el terremoto es factible que se incline hacia algún lado
porque el terreno pierde su consistencia y sus propiedades físicas cambian temporalmente
(Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, 1991: 4).
La energía que se emite de la ruptura en forma de vibraciones u ondas sísmicas, con una
velocidad que depende de la profundidad, del tipo de roca y del suelo se clasifican en ondas
primarias y ondas secundarias. Las ondas primarias son las más rápidas, viajan a través de
la corteza terrestre con una velocidad promedio de 5 a 8 kilómetros por segundo (km/s).
Las ondas secundarias, viajan a una velocidad de 3 a 4 km/s.
Un fuerte terremoto en el fondo marino puede producir olas de varios metros de altura, que
llegan a la costa golpeando con enorme poder destructor lo que encuentra a su paso. A este
fenómeno se le llama maremoto o tsunami, en Colombia ocurre principalmente en el litoral
Pacífico (Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, 1991: 5).
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Referencias
MEYER, Hans J. y VELÁSQUEZ, Andrés (1993). Costa Pacífica, amenaza y riesgo sísmico. En: Desastres y
Sociedad, No. 1. Bogotá: La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.
Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia (1991). Mi amiga la tierra.
Bogotá.
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