Tema 2. Concepto de paisaje sonoro.
La percepción del entorno sonoro y su
cuidado. La contaminación acústica: características, umbrales de audición, hábitos
para su prevención. Vínculos entre paisaje sonoro y la música de los siglos XX y
XXI.
Contaminación acústica y prevención sonora.
Cada vez somos más conscientes de que la exposición a ruidos constantes e intensos
provoca problemas de salud y causan pérdidas auditivas temporales o definitivas. Pero
al referirnos al ruido, asociamos éste con aquel sonido no deseado y olvidamos que
mucha de la música que escuchamos a gran volumen puede tener también
consecuencias irreparables.
La escuela debe adquirir el compromiso de sensibilizar al alumnado en la realidad
sonora en la que vive para que tome conciencia de la importancia de un nivel sonoro
ambiental adecuado en sus actividades cotidianas: en el ámbito escolar, familiar, etc.
desde el aula de infantil hasta la educación primaria es necesario introducir al alumnado
en contextos sonoros agradables y saludables, de tal manera que poco a poco se vayan
incorporando a sus experiencias y vivencias una predisposición a evitar situaciones de
ruido. Si bien, es inevitable ocultar que existen estímulos auditivos negativos, es
imprescindible ir desarrollando una opinión crítica ante acontecimientos sonoros
perjudiciales a la salud y protegerse de un consumo inadecuado en cuanto a intensidades
de música.
Paisaje sonoro.
El silencio en sociedades en las que no es un bien común, es necesario reivindicarlo y
hacerlo presente. Hoy en día, hasta en los lugares donde antes se requería silencio, se
habla y se inunda de música todas las esquinas, como bibliotecas, hospitales… El
silencio no está hoy integrado a nuestro estilo de vida. Se nos ha creado la necesidad de
estar escuchando siempre algo, nos guste o no.
El silencio puro, la ausencia de sonido total, no existe. Pero en el pasado, los ambientes
silenciosos y de calma eran algo normal en la vida cotidiana de las personas y no se
concebían como momentos y situaciones especiales, sino naturales. Hoy en día, el
silencio parece que deja desnudo al individuo del ropaje que lo conecta con el mundo
real y cuando desaparece el nivel sonoro “esperado” a nuestro alrededor, utilizamos
aparatos que suplan ese vacío que se puede llegar a sentir.
Murray Schafer --‐músico, compositor, pedagogo y ambientalista--‐ plantea la
necesidad de sensibilizar auditivamente a los estudiantes y de concienciar sobre el
riesgo de la manipulación sonora. Este pedagogo musical propuso escuchar el ruido y el
mundo como si fuera una composición. En los años sesenta definió el concepto de
Paisaje Sonoro como un entorno sonoro concreto vinculado intrínsecamente al lugar en
donde se crea y en la que todos somos compositores.
El paisaje sonoro dependerá entonces de la relación entre el individuo o la sociedad y el
entorno sonoro que le rodea, de tal manera que el modo en que es percibido y
comprendido tendrá especial relieve en el significado del concepto. Quiere esto decir
que lo que objetivamente pueden ser dos paisajes sonoros idénticos (en cuanto a
componentes, intensidades, etc.) pueden tener significados muy distintos en función de
la manera en que es percibido.
La educación musical y otras disciplinas
Si se explora profundamente los campos interdisciplinares en los que se puede llegar a
relacionar la música, encontramos una gran variedad de ellos:
- Física: la física del sonido, su comportamiento como onda, cómo se comporta
dependiendo del medio en el que se mueva, materiales que pueden o no atravesar (y
cómo les influye): el aire, el metal, la madera, la tierra, el agua, etc.) antes de llegar al
oído.
- Biología/ciencias naturales: conociendo la fisiología del oído y el aparato vocal, el
sistema respiratorio, el aparato fonador y los resonadores, y la importancia de cuidar
nuestro cuerpo.
- Lengua y literatura: relación del texto con la música, los acentos rítmicos, poemas
sinfónicos, canciones, etc.
- Geografía: la música en cualquier rincón geográfico, por lo que se puede relacionar
con cualquier área o cultura, con su folclore y tradiciones.
- Historia: el estudio de los diferentes estilos musicales y sus respectivos contextos
históricos, a través de las diferentes épocas de la historia de la humanidad, puesto que
la música es un reflejo de la sociedad del momento.
- Idiomas: el italiano por cuestiones referentes a su uso en la música culta, y también se
puede trabajar cualquier idioma a través de los textos de las canciones.
- Educación plástica y visual: captar paisajes, imágenes y escenas a través de los
sentimientos que evoca la música. Trabajar los estilos musicales con los estilos
artísticos de las épocas pasadas: renacimiento, barroco, impresionismo, etc. Además,
también se puede relacionar con el cine o con la construcción de instrumentos
- Educación física: expresar la música a través del desarrollo de la psicomotricidad:
coordinación, movimiento, danza, percusión corporal, juegos musicales. Además de la
respiración (a través del canto) y el cuidado del cuerpo.
- Religión: relacionando la música sacra con la historia de la religión o las tradiciones
religiosas (tanto en la música como en las danzas tradicionales)
- Nuevas tecnologías: contando con programas y herramientas digitales para crear
materiales con elementos multimedia.
- Educar en valores: directamente se puede trabajar el respeto, el conocimiento de uno
mismo, la interculturalidad musical, el uso responsable de internet, el cuidado de la voz
y el oído, etc. Además, se puede relacionar la música con la conciencia de las
emociones, tratar temas trascendentales o campañas sociales (medioambientales,
maltrato, tolerancia, paz, etc.)
- Desarrollar destrezas: capacidades y competencias como escribir, leer, escuchar,
opinar, debatir, grabar vídeos, editar (vídeos, sonidos, partituras), analizar obras,
sintetizar ideas, reflexionar, colaborar, dialogar, improvisar y compartir. Fomentar la
creatividad, la responsabilidad, la autonomía, la autoestima, el autoconocimiento. Sobre
todo, enseñar una forma de disfrutar.
RAYMOND MURRAY SCHAFER (1933-2021) ------------------
Compositor canadiense muy influyente en la pedagogía en la segunda mitad del
siglo XX con sus propuestas creativas y experimentales. Su obra persigue una revisión
de las legislaciones sobre los ruidos y la contaminación acústica. Plantea nuevos
conceptos (paisajes sonoros) y la creación musical experimentando libremente con los
sonidos: voz humana, sonidos de la naturaleza, palabras y música.
Schafer insiste en sus numerosas aportaciones pedagógicas en la necesidad de
escuchar el silencio y apreciarlo, saber escuchar, escucharse a uno mismo, aprender a
pensar descubriendo lo personal de cada uno, y desarrollar el juicio crítico.
Algunas de sus ideas recogidas en el libro El rinoceronte en el aula (1975):
- El primer paso práctico en cualquier reforma educativa es darlo.
- Una clase debería ser una hora de mil descubrimientos. Para que esto suceda, el
maestro y el alumno deberían descubrirse primero recíprocamente.
La música es una expresión de la imaginación humana, por medio del material sonoro;
mediante el sonido debemos estimular la imaginación creativa y la expresión musical.
Sobre medida del elemento sonoro y umbrales de audición
120 dB ---- umbral del dolor
100 dB ---- martillo neumático
80 dB ----- calle muy transitada
60 dB ----- conversación normal
40 dB ----- ruido de fondo en una sala de estar
20 dB ----- dormitorio tranquilo
0 dB ------- umbral (referido a una presión aproximada de 20 micropascales y a
una frecuencia de 1000 Hz). Pascal = fuerza de 1 Newton que se aplica sobre
una superficie de 1 metro cuadrado)
La Noise Pollution Clearinhouse establece los siguientes datos, también a título
informativo y comparativo con la tabla anterior:
0 dB umbral
10 dB apenas audible
20 dB estudio de radio
30 dB biblioteca o susurro a 5 metros (muy silencioso)
Intervalo seguro para el oído
40 dB dormitorio u oficina (silencioso)
50 db tránsito de vehículos (molesto)
60 dB aire acondicionado o conversación normal (intrusivo)
70 dB tráfico por autopista (muy intrusivo)
75 dB Intervalo de riesgo para el oído
80 dB despertador a medio metro o secador de pelo (muy molesto)
85 dB límite de nocividad
90 dB camión pesado a 10 metros o tráfico urbano (muy molesto, daño
auditivo)
95 dB perforadora
100 dB fuegos artificiales (muy fuerte)
110 dB martillo neumático o concierto de rock (extremadamente fuerte)
120 dB despegue de aviones a 50 metros, claxon de coche, disparo de
arma, petardos, sirena o megáfono (daño en el oído)
140 dB explosión (daño en el odio)
180 dB zona de lanzamiento de cohetes (daño irreversible)
En la escala de decibelios, el sonido audible más bajo (percibido casi en silencio total)
es de 0 dB. Un sonido 10 veces más potente es de 10 dB. Un sonido 100 veces más
potente que el silencio casi total es de 20 dB. Un sonido 1.000 veces más potente que el
silencio casi total es de 30 dB, y así sucesivamente; esto es lo que implica ser una escala
logarítmica.
El decibelio o decibel, con símbolo dB, es una unidad que se utiliza para expresar la
relación entre dos valores de presión sonora, o tensión y potencia eléctrica (no es una
unidad de medida). La unidad básica es el belio (o bel) de símbolo B, pero dada la
amplitud de los campos que se miden en la práctica, se utiliza su submúltiplo, el
decibelio. El nombre se le ha dado en homenaje a Alexander Graham Bell. Es una
expresión que no es lineal, sino logarítmica.
El umbral absoluto de intensidad –la intensidad a partir de la cual comenzamos a
percibir sonido- fue determinado por primera vez en la segunda mitad del siglo XIX. Se
midió a una frecuencia central de 1000 Hz. y se supuso que el oído humano mantenía un
comportamiento parejo a lo largo de todo el rango audible. Hoy sabemos que para una
señal sinusoidal de 1000 Hz, la mayoría de las personas con oído sano comienza a oír
cuando la intensidad alcanza unos 10 -12 W/m2. Esta intensidad equivale a una presión
sonora de 20 millonésimas de pascal (20 microP).
El oído humano es increíblemente sensible a la intensidad acústica, pues si pudiésemos
percibir intensidades aún menores oiríamos el ruido provocado por la agitación térmica
de las moléculas del aire.