BIBLIOGRAFÍA 71
SERGIO RABADE ROMEO, Hume y el fenomenismo moderno, Gredos, Ma-
drid, 1975, 474 pp.
Un título por demás interesante: no un fenomenismo contemporáneo,
tampoco un fenomenismo kantiano; es algo anterior, es casi una historia del
fenomenismo o, por lo menos, excelente material para tener presente si lo que
se quiere es exponer la génesis, evolución y culminación del fenomenismo.
Podríamos observar tres aspectos principales: el estudio histórico, la inter-
pretación de los textos y doctrina de Hume, y la crítica. Secundariamente, las
repercusiones.
Estudio histório. Una cuarta parte de la obra está dedicada a los aspectos
históricos, aunque las referencias de este tipo aparecen frecuentemente en el
resto del libro. El autor prefiere empezar el estudio en los principios de la edad
moderna. Aunque alude a Aristóteles, menos a la Escolástica, decididamente se
ubica en el Iluminismo y preferentemente dentro de la pléyade de intelectuales
ingleses dando gran cabida también al Racionalismo (no identificado al Ilu-
minismo según Rábade) y desde ese contexto pleno de referencias a las obras
de Hume desemboca en el pensador escocés como etapa final del Empirismo.
Bacon, Locke, Berkeley, Hobbes, Newton y asimismo Malebranche, Bayle,
Leibniz son los más citados. La brevedad de esta recensión nos impide dete-
nernos, pero a través de todos estos autores se desarrolla una concepción del
fenomenismo que culmina en Hume (Kant sería una superación trascendental) .
El autor considera que existe una estrecha correlación entre fenomenismo y
antropocentrismo, todo un proceso fenomenista asociado a una manifiesta secu-
larización del conocimiento. En Hume llega a su más alta expresión el subje-
tivismo perceptual, la incognoscibilidad de lo en sí (salvo por vía de fe o
creencia, belief) , es decir, en él se consuma el fenomenismo hasta sus últimas
consecuencias en la medida en que envuelve a toda meditación sobre la causa-
lidad, la identidad del yo, la sustancia, la existencia, etc.
Todo está profusamente documentado por un contundente contexto histó-
rico que el autor presenta en cuanta ocasión le parece conveniente, incluso
cuando analiza detenidamente las tesis humeanas, las cuales por ser asociadas
permanentemente a los antecedentes, son caracterizadas en su justa originalidad.
El propio autor es consciente de la importancia de la parte histórica, discul-
pándose en cierta manera por el gran espacio concedido a ella.
Interpretación de la doctrina. Ocupa el grueso de la obra y se expone en
la II parte (con sus dos secciones) . La tercera y última incluye críticas de
Reid y Beattie a Hume y la proyección de Hume sobre Kant. En las últimas
22 páginas de la segunda parte expone Rábade sus notas críticas. En esta
2/ parte se exponen las tesis filosóficas más importantes, vigentes en
la época: La causalidad, la existencia, la identidad del yo, etc., todo ello
enfocado desde la perspectiva gnoseológica humeana que por supuesto debe
también exponer y demostrar a través de las fundamentales doctrinas de las
impresiones e ideas, y las no menos importantes de la imaginación y creencia
que dan el enfoque exacto de la crítica de Hume, que es fenomenista en la
medida en que aquellas grandes tesis quedan encapsuladas por una epistemo-
logía basada en impresiones, ideas, percepciones, imaginación, memoria, espí-
ritu. Fenomenismo que no obsta para que en razón de las necesidades vitales
pueda ser como superado o soslayado por la creencia que de alguna manera
sui-generis llega a la cosa en sí de modo suficiente como para que no devenga
escepticismo extremo en el que desembocaría, tronchando con ello la misma
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posibilidad de vivir, si se siguiera solamente el subjetivismo perceptual. Hume
es así un escéptico moderado a pesar de que niega la posibilidad de demostrar
la causalidad como nexo objetivo de las cosas, la de conocer lo real en si y de
demostrar la existencia de lo que está más allá del fenómeno y hasta la propia
identidad y sustancialidad del yo, la sustancia y los accidentes en general (las
cualidades primarias y secundarias son sólo impresiones) , pues a todo ello se
accede según Hume por actos de fe en última instancia misteriosos que descu-
bren lo real para la vida. A pesar de esta afirmación realista producida por la
fe, el autor pone de relieve un acentuado carácter ficticio que Hume otorga
a esa creencia aunque no lo extremadamente absoluto como para impedir la
utilidad 'de su ejercicio.
La última parte contiene una exposición de la primaria repercusión nega-
tiva de la obra de Hume, especialmente el Tratado de la naturaleza humana
y otras de tipo metafísico-gnoseológico, presentando la filosofía escocesa del
sentido común como fuerte oponente de la de Hume. Su vocero principal era
T. Reid y el secundario Beattie. Rábade enumera prolijamente las principales
tesis de esa filosofía adversa. Finalmente, rastrea la influencia de Hume sobre
Kant y la probable época en que se ejerció para concluir en la mostración de
la incorporación del fenomenismo perceptual a la filosofía trascendental kan-
tiana que implica una modificación del mismo en fenomenismo constitutivo,
a la par del giro total del significado de causalidad que se produce en la
"Crítica'.'
La crítica de Rábade. El autor valora a Hume lo bastante como para que
las partes positivas de su obra superen las negativas de modo de justificar un
puesto importante en la historia de la filosofía. No por ello deja de presentar
graves falencias, ya terminológicas, ya doctrinales, que afectan en cierta manera
la coherencia del sistema y efectúa hondos discernimientos sobre principalísi-
mos aspectos de la doctrina de Hume, especialmente en lo que concierne a la
causalidad y la identidad del yo mostrando sin tapujos muchas ambigüedades,
indecisiones, aporías, imprecisiones terminológicas y hasta abuso de una termi-
nología no precisamente fenomenista, todo lo cual, sin embargo, a juicio del
autor, no afecta la gran relevancia de la obra de Hume, fundada en esas riquí-
simas observaciones y detallados análisis filosóficos. Entre los caracteres posi-
tivos destaca su rigor analítico, su predilección por el saber descriptivo en
mengua del especulativo, su enemistad con la metafísica racionalista y berke-
leyana, su distinción entre cuestiones de ideas y cuestiones de facto, su fidelidad
a la experiencia y el papel relevante de la memoria e impresiones. Esto tal vez
le impulsa a efectuar un fuerte ataque al crítico del sentido común T. Reid
y otro ataque ya despiadado a su otro crítico y traductor Beattie. En la
mención expresa y final a Kant nos presenta una concepción superadora del
fenomenismo, el que queda más o menos como incluido en el trascendentalismo
kantiano.
Nuestra crítica. Consideramos que la parte histórica es sumamente inte-
resante, informativa e instructiva. En ella comienza el desarrollo y exposición
de la tesis de Rábade sobre la asociación fenomenismo-antropocentrismo, o sea
la secularización del conocimiento. Debemos advertir una no muy clara inter-
pretación aristotélica del fenómeno (creemos falta una genuina exégesis del
Estagirita) ; tampoco tenemos suficientes antecedentes medievales, salvo una
mera mención a Pedro Aureólo, Occam y Autrecourt (tan interesante éste
como que fue de los primeros en modificar la doctrina aristotélica del fenó-
meno, en tanto verdadero aparecer de la cosa por el fenómeno como efecto
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de una causa). Tampoco quedan convincentes las notas distintivas entre Racio-
nalismo e Iluminismo del que uno de los notables representantes sería Hume.
Sin duda que el análisis de textos y la exégesis de los grandes temas tra-
tados por Hume agota la problemática humeana en el ámbito estricto de la
epistemología y la metafísica (¡metafísica en cuanto se la niega!) , fuera de lo
moral y teológico. Nuestra mayor dificultad es el modo de hacer crítica de
Rábade, lo que nos impide detectar la exacta valoración de Hume respecto a
la verdad. Si la historia de la filosofía no es un mero devenir de doctrinas
filosóficas que se suceden, y sí un proceso de develamiento y oscurecimiento
de la verdad de las cosas, tendríamos que saber algo más de su último criterio
valorativo; por lo menos un sector de posibles lectores así lo exigiría. Obser-
vamos dos actitudes más o menos contrapuestas: una expresa valoración posi-
tiva, convencida y "sentida" de la obra de Hume a la par de muchos análisis
y exposiciones fundadas en textos humeanos que desmienten para muchos o
pocos esa valoración. Esto no deja de ser paradójico, aunque habla muy bien
de la honestidad intelectual del autor. Sin embargo, produce desconcierto en
quienes no conocen las obras de Hume y no están en actitud historicista; para
los lectores historicistas no habrá problemas; por ejemplo: se sabe que el sub-
jetivismo antoropocéntrico fenomenista culmina en Hume, en tanto que Kant
lo supera con el trascendentalismo. No importará mucho si las aporías e in-
congruencias de Hume son los suficientemente profundas como para esterilizar
la eficacia probatoria de su,s tesis, pues lo que importa es que quede al descu-
bierto el proceso de la constitución y transformación del fenomenismo.
Muchos pueden preguntarse, sin embargo: ¿cuál es la real importancia de
ese proceso? ¿Cómo aporta al desocultamiento de la verdad? Es más, aparte de
que alguna historia de la filosofía coincida ampliamente con esta valoración
positiva, ¿resistiría la crítica de Hume objeciones que apuntan, por ejemplo,
a la coherencia doctrinal? El autor no saca las consecuencias de sus propias
críticas y muchas veces los textos expuestos son de una evidencia tal que debe-
rían rebasar en mucho la cautela con que finalmente expone sus conclusiones.
Debemos tener en cuenta que todas las críticas del autor versan sobre prin-
cipalísimos aspectos del pensamiento de Hume: se señalan ambigüedades, inde-
cisiones, casi desesperadas confesiones en cuestiones tan fundamentales como
la causalidad y la identidad del yo, advirtiendo con notable realismo que, por
ejemplo, una dilución del yo produciría un conocer sin alguien que conozca,
o tal vez exista (!) . Pero como Rábade cree que todas estas oscuridades epis-
temológicas se salvan con la fe o creencia, estamos ante el peligro de que esta
exégesis pueda terminar albergando una doctrina de la doble verdad. También
el autor denuncia ambigüedades terminológicas en temas de indudable trascen-
dencia, lo cual no favorece una valoración positiva en cuanto que, siendo Hume
nominalista a ultranza, ¡donde más debería poner cuidado es en sus términos!
¿O es que Hume usurpa la terminología realista para darla vuelta? El autor
salva la cuestión aduciendo que aquél no disponía de otra terminología. Final-
mente debemos anotar un uso nada estricto, muy lato del término meta-
física, tan común por otra parte en nuestro tiempo. En suma, pareciera que el
Rábade analítico, investigador y estudioso de los fundamentales textos de Hu-
me, que brinda reflexiones de mucha importancia, la suficiente como para que
si son profundizadas terminen poniendo en cuestión los perfiles más impor-
tantes del pensamiento humeano, fuera sin embargo como rebasado por el Rába-
de entusiasta, casi admirador de un autor al que sin duda le ha dedicado mucho
valioso tiempo, tal vez por alguna connaturalidad que acaso sea precisamente
el motor impulsor íntimo de la investigación.
74. BIBLIOGRAFÍA
El libro de Rábade es digno de leerse y meditarse, pues es una excelente
introducción al estudio de Hume por el lado del fenomenismo; con lenguaje
llano y, recordémoslo, con abundantes referencias a textos que lo hacen suma-
mente provechoso. Excelente introducción, decimos, aunque, modestamente, con
las salvedades expuestas, que implican poseer por lo menos una sensata capa-
cidad de discernir.
CARLOS A. ITURRALDE COLOMBRES
WILLEHAD PAUL ECKERT O. P. (Hrsg.) : Thomas von Aquino. Interpre-
tation und Rezeption. Studien und Texte, Matthias-Grünewald-Verlag,
Mainz, 1974 Walberberger Studien. Philosophisch-Theologische Hochs-
chule der 'Dominikaner. Albertus-Magnus-Akademie: Philosophische Reihe,
Band 5) , XX + 980 pp.
Situado desde mucho tiempo atrás en la primera fila de la escolástica nord-
europea, el Estudio General de Walberberg de la Orden de Predicadores no
podía estar ausente del homenaje universal a Santo Tomás de Aquino en oca-
sión de celebrarse el séptimo centenario del ilustre maestro. De esa manera,
en un magnífico volumen curado por el R. P. Dr. Willehad Paul Eckert O. P.,
'y con la asistencia del R. P. Dr. Leo Gerken O. P., el Estudio dominicano se
dio a la tarea de congregar varias plumas en un aporte que conviene plena-
mente al agasajo de la memoria del Angélico. En esta obra, salvo pocas ex-
cepciones, son autores alemanes quienes han llevado el mayor peso literario y,
simultáneamente, es la lengua de Goethe aquella en la cual fueron compuestos
veinticinco de los veintinueve artículos reunidos en el libro.
El volumen. fue dividido en dos secciones, dedicadas respectivamente a las
contribuciones sistemáticas e históricas; secciones éstas de méritos muy parejos,
ya que, si pasamos por alto a la del autor de esta nota, en ambas se encuentran
ponencias de notable relevancia debidas a teólogos y filósofos de indudable
nombradía que se ubican dentro de las mejores voces de la neoescolástica de
nuestra hora.
Las contribuciones sistemáticas se inauguran con un artículo del Prof. J.
Th. C. Arntz referido a los principios del orden moral: Prima principia priora
(pp. 3-15) , seguido del estudio teológico de Hans-Díeter Langer cuyo título es
Zur Hermeneutik theozentrischer und christologischer Aussagen bei Thomas
von Aquin (pp. 16-47). Inclúyese a continuación uno de los textos fundamen-
tales de este libro: el artículo Die thomistische Lehre zoom Sein des Seiendien
im Gegensatz zu ihrer existenzialen und diatektischen Umdeutung (pp. 48-79)
del Dr. Bernhard Lakebrink, profesor de la Universidad de Friburgo de Bris-
gavia, en donde retoma su conocida crítica a la "heideggerianización" del to-
mismo por parte del Padre Karl Rahner S. I. y del Prof. Johannes Baptist
Metz. Figura luego el Prof. Karl Albert con una comunicación rotulada Exo-
dusmetaphysik und metaphysische Erfahrung (pp. 80-95) . Otro de los artículos
salientes de este homenaje es el del Dr. Wolfgang Kluxen: Anima separata und
Personsein bei Thomas von Aquin (96-116) , que precede al ensayo Thomasis-
cher Personbegriff und neuzeitlicher Personalismus del Prof. Josef Endres (pp.
117-143) . El Padre Jan Walgrave O. P. analiza después a dos tomistas de Ox-
ford —Austin Farrer y E. L. Mascall—: Kritik und Interpretation der Gottesbe-
weise bei den Oxford-Thomisten (pp. 144-157). El Prof. Adolf Hoffmann con
su Die Proexistenz Christi nach Thomas (pp. 158-169) y el autor de este co-