TEMA2
TEMA2
1. INTRODUCCIÓN A LA ANTROPOLOGÍA
El filósofo alemán Immanuel Kant (s. XVIII) sostuvo que toda la filosofía es, en
definitiva, antropología, pues el ser humano es objeto de estudio de todas las
investigaciones filosóficas. Por ejemplo, cuando hablamos de metafísica de lo que
hablamos es de la realidad que rodea al ser humano; cuando hablamos de epistemología
lo que se estudia es el conocimiento humano; si hablamos de ética y política también
hablamos de la conducta humana y de cómo se organizan las sociedades humanas.
Así pues, la reflexión filosófica en todos estos temas gira en torno al ser humano. No
obstante, dentro de la filosofía existe una rama que se ocupa específicamente del ser
humano: la antropología (anthropos = ser humano; logos = discurso). Dado que este es
pluridimensional, necesitamos distintas áreas de investigación en función del aspecto
del ser humano que se esté estudiando. De este modo, existen tres ramas de la
antropología:
❑ ANTROPOLOGÍA FÍSICA: estudia al ser humano desde su evolución biológica,
apoyándose en la paleontología y en la arqueología, de modo que hará uso de los
métodos de estas ciencias para el estudio del ser humano. Aquí se incluyen diferentes
teorías sobre el origen y la evolución del ser humano:
FIJISMO/ Los seres vivos somos criaturas creadas por un ser superior:
CREACIONISMO Dios, y las especies biológicas no han cambiado desde
entonces.
Los seres vivos más complejos vienen de formas de vida más
TRANSFORMISMO simples que han sufrido adaptaciones al medio en el que viven.
Su mayor representante es Lamarck, cuya teoría se resume en
la frase: “La necesidad crea el órgano”. Los individuos
experimentan cambios orgánicos con la finalidad de adaptarse
mejor a las exigencias del medio natural.
Todas las especies tienden a la superpoblación, lo que conlleva
a que individuos de la misma especie acaben luchando unos
DARWINISMO contra otros al tener que abastecerse de los mismos recursos.
Esta lucha la ganan los que están mejor capacitados, y son
estos los que transmitirán a su herencia esos caracteres,
produciéndose así una selección natural que se extiende a toda
la especie. Así, las variaciones anatómicas o fisiológicas
ventajosas resultan seleccionadas de manera natural y se
extienden a la totalidad de la especie.
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TEORÍA SINTÉTICA Teoría actual que defiende que el gen es el material biológico
DE LA EVOLUCIÓN básico en el que se producen las transformaciones que
permiten la evolución de las especies. Todas las especies
tienen un genoma (conjunto de genes idénticos e invariables,
donde se encuentra el ADN), el cual puede experimentar
mutaciones que puede transmitirse de padres a hijos.
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antropológicas anteriores. Así pues, las herramientas que utilizará para estudiar al ser
humano en su conjunto serán las propias de la filosofía.
En el siguiente tema haremos un recorrido histórico por los principales filósofos que han
tratado al ser humano desde esta última perspectiva.
El antropólogo británico Edward B. Tylor (s. XIX-XX) definió la cultura como “ese
complejo conjunto que incluye el conocimiento, las creencias, las artes, la moral, las
leyes, las costumbres y cualesquiera otras actitudes y hábitos adquiridos por el
hombre como miembro de una sociedad”. Aunque el resto de los animales también
tienen hábitos y técnicas, estos vienen dados por su herencia genética y su instinto. En
definitiva, diríamos que somos auténticos animales culturales.
Los rasgos que definen en general una cultura son:
El proceso por el cual adquirimos las pautas socioculturales que nos rodean se llama
«socialización», y esta se realiza a través de lo que se denomina «agentes de
socialización». Existen dos tipos de socialización en función del tipo de contenido
cultural que se aprenda y del momento de la vida en que se adquiera:
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la lengua materna o las normas básicas de conducta. Quien nos da este aprendizaje
normalmente es la familia, a quien tomamos como referente e imitamos.
Es la posición social que ocupas. Puede Es el papel que se asigna a quien ocupa
ser connatural (estar basado en las una posición social. Marca el
cualidades que posee una persona por el comportamiento social que se espera de
hecho de serlo, como la edad) o puede ser esa persona en función del estatus que
adquirido (ser estudiante, parte de una tenga. Por ejemplo, en función del género
clase social…). El estatus marca los que se asigne al nacer las expectativas
recursos o el poder que se administran en sociales sobre un hombre son muy
una cultura, por lo que hay posiciones diferentes de las que se atribuye a una
sociales que son más privilegiadas que mujer.
otras.
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La occidentalización supone que la identidad cultural de muchos pueblos desaparezca,
pero también provoca que tengamos menos culturas con las que comparar la nuestra
propia. Esto nos puede llevar a olvidar, tal y como apuntó el antropólogo Claude Lévi-
Strauss, que «ninguna cultura es perfecta». La clave de la diversidad cultural está en
poder encontrar un equilibrio en las ciudades donde ya hay multiculturalidad. Existen
distintas actitudes ante esta diversidad cultural:
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3. LA DIMENSIÓN PSÍQUICA DEL SER HUMANO: FACULTADES COGNITIVAS Y
AFECTIVIDAD
❑ Memoria: actúa como almacén de nuestro conocimiento para que esté disponible
en el futuro. Existen dos tipos de memoria: a corto plazo y la memoria a largo plazo.
❑ Razón: facultad cognitiva superior. Evalúa nuestros conocimientos, los conecta
entre sí y produce nuevos. Se encarga de realizar las operaciones cognitivas más
complejas.
3.2. La afectividad
La afectividad es la capacidad psíquica humana por la cual ciertos acontecimientos,
objetos o seres provocan estados emocionales en nosotros. Estos afectos pueden ser
positivos o negativos, y existen cuatro tipos: las emociones (alteraciones del ánimo,
intensas pero pasajeras); los sentimientos (afectos más estables y duraderos: amor,
odio, envidia); pasiones (intensas como las emociones y duraderas como los
sentimientos. Carácter excesivo y descontrolado); y estados de ánimo (es el que más
duración tiene y tiene que ver más bien con el carácter de una persona: optimismo,
melancolía, etc.).
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a. Somos naturaleza
Los que defienden que el ser humano es más natural que cultural lo definen como un
sistema vivo, por lo que lo definen como un compuesto orgánico y químico de materia
que se organiza a sí mismo para poder reproducirse y actuar. Esto es posible gracias a la
información genética que todo ser vivo tiene en las células. En este sentido, el ser
humano está determinado por los genes.
Entre las corrientes que definen esta perspectiva encontramos el evolucionismo, según
el cual, si nuestra naturaleza resulta de un proceso de evolución biológica, nuestro modo
de ser y de actuar también lo es porque la naturaleza nos dice cómo proceder; la
etología, que defiende que no podemos evitar nuestra naturaleza instintiva (información
que aportan nuestros genes); o la sociobiología, que postula que hay una predisposición
a comportarnos instintivamente ante un problema habitual en nuestro hábitat. Esta
última se basa en la idea de que los comportamientos animales, tanto sociales como
individuales, son hereditarios y se ven afectados por la selección natural.
b. Somos cultura
Para quienes entienden el ser humano como algo más cultural que natural, las
explicaciones anteriores son insuficientes. Algunas teorías que enfatizan en la
importancia de la cultura, donde la naturaleza no ejerce ninguna influencia en nuestro
comportamiento, son:
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c. La «naturaleza humana» biotecnológica
Paradójicamente, nuestra naturaleza humana nos conduce a una necesidad constante
de crear y producir elementos artificiales. Si atendemos a la historia de la humanidad,
esta convivencia entre lo natural y lo artificial se manifiesta desde las prehistóricas
herramientas hasta la más sofisticada tecnología del siglo XXI.
En nuestro siglo, se atisban nuevas realidades humanoides, como los cíborgs, los
androides, los clones, etc. Esto despierta viejos temores de que las máquinas o los
robots pueden adueñarse del mundo. Lo cierto es que ya hay entre nosotros seres
humanos con implantes cerebrales que son capaces de leer su actividad cerebral y
transformarla en un texto o en voz sin que tengan que usar su cuerpo. La biotecnología
es fundamental para personas que tienen alguna disfunción grave y también se podría
usar para acceder a los lugares más íntimos de las personas sin su consentimiento en
manos de individuos o Estados deshumanizados.
Esto genera una serie de problemáticas sobre las que también reflexiona la filosofía:
desigualdades sociales, aumento de la dependencia tecnológica, vulneración de la
privacidad, ausencia de una consideración moral, etc.
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DUALISMO MONISMO EMERGENTISMO
(Platón, Aristóteles, (Hume, Julien Offray (K. Popper, M. Bunge, J.
Descartes y Tomás de de la Metrie, G. Ryle) Searle)
Aquino)
- Es materialista. - Los estados mentales son
- El ser humano se - Niega la existencia causados por los estados
compone de dos tipos de una parte cerebrales, pero no se pueden
de realidad: una inmaterial en el ser reducir a estos.
material y otra humano. - La mente se entiende como un
inmaterial. - La mente no es una producto evolutivo que surge
- En función de la realidad distinta del (emerge) a partir de la actividad
época, se identifica la cerebro. Los del cerebro. En otras palabras,
parte material con el fenómenos mentales sin cerebro no habría mente.
cuerpo o el cerebro, y la se pueden explicar en - Hay una versión de esta teoría
parte inmaterial con el términos físicos o que es materialista y otra que
alma o la mente. biológicos. afirma que la mente, cuando
- Su dificultad principal emerge, se convierte en algo
está en explicar cómo inmaterial con autonomía e
se relacionan ambas independiente del cerebro.
partes.
Platón (s. V-IV a. C.) también reflexionó sobre el sentido de la muerte para el ser humano.
En su filosofía esta adquiere una gran importancia sobre todo para el filósofo, pues la
muerte es la liberación del alma. Su concepción de la muerte se encuentra representada
en su obra Fedón, en la cual se relatan las últimas horas de vida de Sócrates y donde, a
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través de este, expone que el final de la vida es incluso algo bueno. De ahí que uno de
los lemas más célebres del pensamiento antiguo, atribuido a Platón, sea que la filosofía
consiste en aprender a morir.
Por su parte, Agustín de Hipona (s. III d. C), como representante de la filosofía patrística,
concibe la muerte solo del cuerpo, pues el alma, inmortal, en función de cómo haya
obrado en vida irá al cielo o será condenada a permanecer en el infierno.
Desde la corriente existencialista, durante el siglo XX, el tema de la muerte retomó la
importancia que había tenido en otras épocas, algo que acaso tiene que ver con el
contexto planetario en el que a estos filósofos les toca vivir. El clima que generaron dos
guerras mundiales fue caldo de cultivo para el desarrollo de ideas que tenían la muerte
como epicentro. En relación con la reflexión sobre la vida desde la conciencia de la
muerte, Martin Heidegger (s. XX), filósofo precursor del existencialismo, entiende que el
sentido de la vida radica en ser consciente de su temporalidad. En este sentido, podemos
vivir de dos modos: obviando que somos mortales y creyendo que somos permanentes,
o ser conscientes de nuestra propia muerte, asumiendo que es imposible escapar de
ella, y afrontar el sentimiento de angustia que esto pueda provocarnos.
Para el pensador francés Albert Camus (s. XX) el principal problema filosófico es el
suicidio y, por tanto, la cuestión de la muerte tiene que ver con la decisión radical y
racional de mantener o aniquilar la propia vida. A pesar de que para este autor la vida es
absurda y carece de sentido, rechaza totalmente la posibilidad de que el suicidio sea una
solución ante el absurdo de la existencia, debido a que la aniquilación de la propia vida
vendría a ser una forma de satisfacer al absurdo, y no de hacerlo desaparecer. En
realidad, nos dice Camus, no hay una experiencia de la muerte. De esta no podemos
pretender saber nada sin incurrir en religión o especulaciones, lo único que podemos
hacer es hablar de la experiencia de la muerte ajena.
No obstante, en el siglo XX, tras las dos guerras mundiales, el ser humano cobró
filosóficamente una gran importancia y se convirtió en un problema fundamental para
muchos filósofos y filósofas de la época, de modo que la antropología filosófica volvió
a cobrar un gran interés.
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5.1. Las tres humillaciones del ser humano
Desde sus inicios, el ser humano se había visto a sí mismo, como decía Protágoras (s.
V a. C.), como la medida de todas las cosas. El cristianismo contribuyó a ello en gran
medida haciendo del hombre la criatura superior hecha a imagen y semejanza de Dios.
Sin embargo, en el Renacimiento, con la llegada de nuevas teorías en diversos campos,
el ser humano ha tenido que soportar lo que se conoce como las tres grandes
humillaciones del ser humano:
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al mundo de las ideas. La unión de ambos es accidental, es decir, cuando muere el
cuerpo, el alma perdura. Platón hace una división del alma en tres partes:
Mientras el alma está presa en el cuerpo, debe controlar las pasiones de este e
intentar perfeccionarse dedicándose a la vida contemplativa y racional y alejándose
de los vicios y los placeres, que es lo que la corrompe. Solo cuando el alma es perfecta
y el cuerpo muere puede ascender al mundo al que pertenece y quedarse allí
eternamente. Si cuando el cuerpo muere no ha logrado alcanzar la perfección, entonces
volverá a caer en otro cuerpo hasta que consiga ser perfecta.
Para Aristóteles (s. IV a. C.), todo tiene una finalidad; en el caso del ser humano, su fin
es alcanzar la felicidad. Además, el ser humano es, por naturaleza, un animal social
(zoon politikon), es decir, necesita vivir dentro de una sociedad para poder desarrollarse.
Por otro lado, al igual que para su maestro Platón, existe un dualismo antropológico
dado que el ser humano está compuesto de cuerpo y alma. Sin embargo, a diferencia
de Platón, la unión de ambos es sustancial, es decir, cuando el cuerpo muere, el alma
también muere. Por tanto, el cuerpo se caracteriza por ser material y mortal, y el alma,
al contrario de lo que plantea la teoría platónica, es inmaterial pero mortal.
❑ Alma sensitiva: la tienen los animales, posee las funciones del alma vegetativa
y se añade además la capacidad de tener sensaciones y de poder desplazarse de
un sitio a otro.
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❑ Alma racional: es exclusiva del ser humano, tiene las funciones del alma
vegetativa y las del alma sensitiva, y se le suman la capacidad de pensar, de
comunicarse a través del lenguaje y de vivir en sociedad.
En este sentido, parte del mismo planteamiento socrático: hay que comprender al ser
humano desde el interior, pero el objetivo será entender primero la creación de Dios
para poder acercarnos, después, a Él, el creador. Por ello, Agustín afirmará “entiende
para que puedas creer, cree para que puedas entender”.
Al igual que Platón, Agustín de Hipona también entiende el cuerpo como una
herramienta que el alma utiliza, pero ambos elementos tienen significados distintos
debido a la doctrina cristiana de la creación y la resurrección. El alma es una imagen de
la Trinidad: Dios es una única naturaleza y tres personas al mismo tiempo. Asimismo, el
alma humana es una, pero con tres facultades: la memoria, el entendimiento y la
voluntad. Por otro lado, tanto el cuerpo como el alma son obra de Dios, y ambos son
inmortales, pues para los cristianos Jesús resucita también en cuerpo.
b. Tomás de Aquino
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Para Tomás de Aquino, el ser humano se compone de cuerpo y alma: el cuerpo es
material y mortal; el alma es material e inmortal. Sin embargo, al contrario de Agustín
de Hipona, el alma no necesita del cuerpo porque cuando este muere ella sigue
existiendo. El alma tiene por funciones dar vida al cuerpo, percibir sensaciones y
formar ideas provenientes de la experiencia.
Este dualismo le sirve a Aquino para explicar la libertad humana. El alma tiene dos
facultades: la inteligencia, a través de la cual aprehende los objetos que la rodean; y la
voluntad, la cual orienta a la acción humana para poder alcanzar el bien cuando es
percibido en un objeto por el intelecto.
Otro fenómeno cultural que se produjo en esta época fue la ciencia moderna, la cual
influyó decisivamente en el pensamiento filosófico del s. XVII. De esta manera, los
filósofos con la mirada puesta en la ciencia de la época intentaron aplicar sus avances a
otras áreas del conocimiento, surgiendo así el racionalismo y el empirismo.
a. El humanismo renacentista
El Renacimiento supone una gran revolución cultural que implica profundos cambios
socioeconómicos, científicos, políticos y religiosos. El individuo comienza a
concebirse plenamente como único dueño de sí mismo. Frente a los códigos morales
supuestamente establecidos por Dios, nace la idea de que somos las personas quienes
debemos crear nuestros propios valores. Así, empieza a manifestarse una rotunda
unanimidad en defensa de la dignidad propia del ser humano, la cual no se debe ya,
como en el medievo, al hecho de tener un alma racional (manifestación divina), sino a su
producción intelectual, técnica y artística.
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c. El dualismo antropológico de Descartes
René Descartes (s. XVI-XVII) es el padre de la filosofía moderna y el máximo
representante del racionalismo, que es una corriente de pensamiento que considera la
razón como fuente principal y única base del conocimiento humano.
Para este pensador francés, el ser humano es un compuesto de dos sustancias
completamente distintas: cuerpo y alma. Mientras que el cuerpo (res extensa) es una
máquina sometida a las leyes mecánicas de la naturaleza que determinan y explican
sus acciones, el alma (res cogitans) es pensamiento, es la parte espiritual del ser
humano caracterizada por ser autónoma e independiente.
Esta distinción entre cuerpo y alma tuvo dos consecuencias en la filosofía cartesiana.
La primera resuelve el problema de la libertad humana, puesto que a la vez que la
teoría mantenía el carácter determinista del mundo material de acuerdo con la física
moderna, concedía al ser humano la voluntad en la toma de sus propias decisiones (libre
albedrío) proveniente de su parte espiritual: el alma.
La segunda consecuencia, en cambio, plantea un nuevo problema, puesto que
Descartes no deja del todo claro de qué manera se comunican el alma y el cuerpo.
El filósofo racionalista Blaise Pascal (s. XVII), al tiempo que admiró la capacidad de la
razón humana para conocer y comprender la realidad, se sintió también impresionado
por la idea de infinito aplicada a toda la realidad surgida de la revolución copernicana.
La razón humana es muy poderosa, pero Pascal advierte que esta debe reconocer sus
limitaciones ante la infinitud: hay conocimientos que la razón no va a poder
comprender nunca, pero que están al alcance del ser humano por otra vía: la de la
intuición emocional vinculada al corazón.
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estado de naturaleza ficticio, anterior a la formación de las sociedades, donde el ser
humano posee unas u otras características en función del autor.
La visión del ser humano que tiene Hobbes parte de la idea de que es malo por
naturaleza (homo homini lupus: «el hombre es un lobo para el hombre»), de modo que
en ese estado de naturaleza este se encuentra en una situación de guerra de todos
contra todos. El ser humano es violento y egoísta porque trata de sobrevivir al igual que
el resto, y para ello tiene que luchar por los mismos recursos.
Por su parte, Jean-Jacques Rousseau (s. XVIII), uno de los mayores representantes del
movimiento ilustrado, no está de acuerdo con la visión de Hobbes sobre el ser humano.
Para él, en el estado de naturaleza, el ser humano es bueno y vive en armonía («mito
del buen salvaje»), y es la sociedad la que lo corrompe debido a la aparición de la
propiedad privada y, por consiguiente, a los sentimientos de celos, envidia, egoísmo que
le generan. Sin embargo, aunque no es posible volver a un estado de naturaleza, sí se
podría mejorar a la sociedad a través de la educación.
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a. El ser humano en Marx
Karl Marx (s. XIX) fue un economista y filósofo alemán que ideó un sistema económico
(comunismo) que pretendía erradicar las clases sociales, puesto que esto genera
desigualdad económica y social, y mejorar las condiciones laborales del proletariado
en las fábricas.
El ser humano para Marx se realiza en el trabajo (homo faber), pues no se limita a
habitar el lugar en el que vive, sino que trata de transformarlo para adaptarlo a sus
necesidades. El capitalismo no permite que el ser humano se desarrolle porque le
aliena, es decir, le hace sentirse ajeno y extraño a sí mismo, mediante un trabajo
mecánico y repetitivo que imposibilita el trabajo creativo.
Para combatir esta desigualdad, Marx apela a la conciencia individual que se configura
a partir de las condiciones materiales de la existencia. Por tanto, la identidad personal
es el resultado del medio natural en el que vive, de la sociedad a la que pertenece y del
modo de producción del sistema. Para Marx, el ser humano, por tanto, está
determinado por la sociedad y la historia, siendo el resultado del conjunto de
relaciones sociales que moldean su conciencia.
b. El superhombre de Nietzsche
Friedrich Nietzsche es uno de los filósofos más importantes del siglo XIX y de la
historia de la filosofía en general, cuya filosofía se conoce como «la Filosofía del Martillo»
pues rompe con todos los valores e ideas de la historia del pensamiento occidental.
Asimismo, rompe también con la concepción del ser humano que se había tenido hasta
el momento.
Para Nietzsche el ser humano debe ser entendido a partir de un gran acontecimiento
metafórico: «la muerte de Dios». Esta expresión representa el momento en que las
personas han dejado de creer en Dios y, por tanto, los valores e ideales cristianos ya no
son referentes para ellas. Esto implica la liberación del ser humano, pues es libre para
poder crear sus propios valores. Para ello, debe aspirar a convertirse en un
«superhombre» (Übermensch). El ser humano, que solo es un puente o tránsito hacia
ese superhombre, debe sufrir tres metamorfosis:
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El camello El león El niño
Responde al «Yo debo» y Responde al «Yo quiero» y Representa el juego que
representa a la representa la es una actividad libre y
obediencia, a los valores desobediencia a esas creativa, donde las
impuestos por otros. normas impuestas. Aún personas no están
así, no es capaz aún de sujetas a normas. El
crear sus propios valores. superhombre ve la vida
como un juego.
❑ El superyó: aparece hacia los 5 años de edad y distingue al ser humano del
animal, en él se encuentra la conciencia moral y el sentimiento de culpa. Primero está
formado por la autoridad de los padres y posteriormente se sustituye por la
interiorización de los ideales, los valores y los modos de conducta establecidos por la
sociedad.
❑ El yo: es el mediador entre el ello y el superyó, entre las pulsiones del ello
(agresivas y egoístas) que tienden a una satisfacción total e irrefrenable, y las
prohibiciones del superyó, que impone todas las restricciones y las limitaciones de la
moral y de la cultura.
El inconsciente, por tanto, es concebido como una realidad psíquica diferente de la
conciencia, aunque vinculada a ella, y con cierto nivel de interacción, pues lo que se
encuentra oculto en el inconsciente a veces puede reaparecer en la conciencia. Es
más, Freud asegura que la mayor parte de la actividad psíquica es inconsciente. No
obstante, junto con el inconsciente y la conciencia existe un tercer nivel en el que se
sitúan los actos preconscientes, que son aquellos que son aptos para volverse
conscientes, es decir, son todo aquello que somos capaces de recordar.
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En definitiva, la psique humana está influida tanto por las pulsiones biológico-sexuales,
como por la cultura. Al chocar ambas, aparece el fenómeno de la represión: concepto
fundamental en su comprensión de la naturaleza humana en Freud, pues el ser humano
es un ser en esencia reprimido.
Según Heidegger, la existencia es una característica propia de los seres humanos que
nos distingue claramente del resto de los entes que hay en el mundo. Hemos sido
arrojados al mundo, y una vez aquí nos vemos obligados a relacionarnos con las cosas
y las personas que nos rodean mientras tratamos de llevar a cabo nuestros proyectos.
Por eso Heidegger, cuando se refiere al ser humano, lo llama el “ser-ahí” (Dasein en
alemán), insistiendo en que todo individuo es un ser-en-el-mundo y también un ser-
con-los-otros.
Cada uno de nosotros tiene que construir su propia existencia eligiendo, y para evitar
el desasosiego que supone tener que elegir la propia vida, hay quien prefiere hacer lo
mismo que hacen los demás. Pero esto es vivir de manera inauténtica, porque de ese
modo renunciamos a lo que realmente nos caracteriza, que es la posibilidad de ser
cualquier cosa.
En cambio, la forma auténtica de actuar implica decidir por uno mismo eligiendo la
propia vida y esto solo puede hacerse tomando plena consciencia de que somos seres
mortales. Este es el motivo por el que Heidegger insiste en que el ser-ahí es también un
ser-para-la-muerte, porque una vida auténtica implica afrontar la angustia que nos
produce saber que un día vamos a dejar de existir.
Al igual que Heidegger, Sartre también otorga una gran importancia en su filosofía a la
diferencia que separa a los seres humanos del resto de los entes:
❑ El ser-en-sí es la realidad, las cosas del mundo que se caracterizan por tener
esencia, es decir, son lo que son y no pueden ser otra cosa, carecen de libertad porque
no son conscientes de su existencia.
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❑ El ser-para-sí es el ser humano, el único consciente de su propia existencia. En
los seres humanos la existencia precede al a esencia porque los seres humanos no
tenemos una esencia fija, sino que nos vamos convirtiendo en lo que somos con
nuestras decisiones.
Los seres humanos, por lo tanto, “estamos obligados a ser libres”, puesto que no
podemos escapar a la necesidad de decidir. La libertad del ser humano no tiene límites y
esto conlleva al mismo tiempo una responsabilidad absoluta ante sí mismo y ante los
demás, lo cual puede suscitar un sentimiento de angustia. Sin embargo, algunas
personas prefieren vivir engañándose a sí mismas, intentando huir de la angustia y
actuando, como dice Sartre, de «mala fe», es decir, no asumiendo la responsabilidad
de sus actos.
En este libro afirma que “no se nace mujer: se llega a serlo”, es decir, que la categoría
de mujer es una construcción social que históricamente ha asignado determinadas
conductas y características al sexo femenino, tratando de justificar así su situación de
subordinación y desigualdad respecto al hombre. De este modo, mientras que los
hombres han tenido la oportunidad de acceder a la educación, de trabajar fuera de casa,
en el espacio público, y de emprender sus propios proyectos, a la mujer se le relegaba
únicamente al espacio privado, esto es, el hogar, el cuidado de los hijos y del marido. Por
ello, Beauvoir afirma que la condición femenina es la de un ser humano de segunda
clase: el segundo sexo.
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