TEMA 14: Las Actividades Agrarias Por: José J.
Raya (UNED)
1. El paso de una agricultura tradicional a otra de mercado
España ha estado inmersa en una agricultura tradicional hasta mediados del s. XX. Será a partir del Plan de Estabilización de 1959
cuando se vivan una serie de transformaciones entre las que destacan:
- El éxodo masivo hacia las ciudades y el extranjero de más de 2 millones de agricultores (descenso de la población activa del 28%
en 1971 al 6´5% en 2002)
- Abandono de casi medio millón de pequeñas explotaciones (explotación es el conjunto de tierras o ganado de un titular y puede
incluir varias parcelas) entre 1962-72
- Fuerte déficit en la balanza de pagos debido al alto valor de las importaciones
- Rápida y excesiva industrialización de las actividades agrarias, superando los límites rentables en algunos casos
Hasta la crisis de los 70 se extiende una década de grandes logros que se beneficia de una variada oferta tecnológica, energía barata y
fuerte demanda desde las ciudades. Éste éxodo dio salida a la presión en el medio rural, beneficiando a su vez a industria y servicios.
Actualmente disponemos de un sector agrícola moderno e integrado en los mercados internacionales, pero que no ha resuelto algunas de sus
malformaciones estructurales.
2. Distribución de la tierra por aprovechamientos
Número de explotaciones: Se van reduciendo (1989-99 de 2,2 millones a 1,7). Ello significa que han variado los regímenes de tenencia
y que ha crecido el tamaño medio por explotación (de 18,8 ha a 23,6), aunque la situación siga siendo mejorable con los medios técnicos
disponibles (en las zonas de secano mecanizable la superficie mínima ideal sería 200 ha.)
Estructura agraria: Secularmente antieconómica, ha empeorado al aumentar las parcelas por explotación de 8,1 a 10,1. La
concentración parcelaria de mediados del s. XX afectó a los terrazgos cerealistas castellanos y aragoneses, pero su incidencia en el regadío,
olivar y viñedo ha resultado muy escasa. Es imprescindible racionalizar la situación, pues son enormes las energías, tiempo y espacio que se
pierden circulando y trasladándose de unas parcelas a otras dentro de la explotación.
Regímenes de tenencia: De tenencia en propiedad, aparcería y otras modalidades han perdido durante el periodo 2,3 millones de ha.
que han pasado al arrendamiento. Éste sistema crece porque es el que mejor se adapta a las exigencias, y es previsible que siga aumentando.
El régimen de propiedad mantiene bajo su control casi las ¾ partes de la superficie total. El éxodo de los agricultores debería haber propiciado,
en mayor medida, el aumento del tamaño de las explotaciones y del arrendamiento, pero no ha ocurrido así debido a las precauc iones del
emigrante por si fallaba la aventura y/o para complementar sus ingresos.
Superficie total y otras superficies cultivadas: La superficie total asciende a 42,2 millones de ha., un 83,5% de los 50,5 millones de
España. Comprende dos grandes conjuntos: Superficie Agrícola Cultivada (SAU) 26,3 M ha. (62,4%), y otras tierras con 15,9 M (37,6%). La
SAU se distribuye entre tierras labradas (herbáceas y leñosas) y los pastos permanentes. A Otras tierras corresponden eriales , bosques,
baldíos, canteras, etc. A pesar de haber disminuido la superficie total, la SAU ha ganado 1,7 M ha, destinadas a ampliar olivar, herbáceos y
pastos permanentes. Los cambios más abultados se han registrado en el grupo “Otras tierras”, donde eriales y matorral aumentan un 40,5% y
disminuyen bosques un 14,9% y otras superficies un 66,4%.
3. Secano y regadío
El clima mediterráneo, que se extiende por la mayor parte de la Península, es propicio para que el secano sea el predominante . Pero
estas circunstancias convierten sus tierras en muy fértiles cuando es posible el regadío. Como ejemplo: en el 18,7% de la superficie labrada
regable se produce más de la mitad del valor de la producción agrícola total.
Características y distribución del secano: Cubre 10,3 M ha. ¾ se dedican a herbáceos, entre los que destacan los cereales. El olivar
cubre 1,9 M ha., el viñedo 800.000, los frutales 600.000. Los cultivos de secano dibujan el paisaje del interior pues 4 regiones acaparan el
63,6% del total: La Mancha (24%), Castilla y León (23%), Aragón (9,8) y Extremadura (6,8) porcentaje que supera el 72% si sumamos Córdoba
y Jaén. En el norte atlántico se reduce (2,5%), provincias mediterráneas incluidas Baleares (20,6%) y casi desaparece en Canarias.
Características y distribución del regadío: Técnica milenaria que compensa la escasez o falta de lluvia en los cultivos. Pero la
importancia del regadío no está tanto en el agua disponible como en la de horas de sol y en la ausencia de heladas. Los sistemas de riego han
evolucionado desde la inundación a manta y filtración guiada por surcos a los más modernos por aspersión y goteo e incluso la informatización
para distribución, fertilización y aplicación de fitosanitarios. A pesar de dichos avances se riega por gravedad el 43% de tierras, el 27% por
sistema localizado (goteo, microaspersión, etc.), el 27% por aspersión y el 1,5% por otros métodos.
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A lo largo del s. XX los 1,2 M ha
regables en 1900 se han triplicado debido
a la construcción de presas y a la
elevación de agua subterránea (riegan el
68% y 29% respectivamente). Pero no
toda la superficie se rentabiliza con la
misma intensidad, de ahí que distingamos
entre regadío extensivo e intensivo.
El regadío extensivo: Trata de
compensar la falta de lluvia en la época
de fructificación, primavera o comienzos
del verano. Se dedicaba, en un principio,
al cultivo de cereales (trigo y maíz) y en
una segunda etapa de mayor intensidad al
de la patata y remolacha. Este sistema,
propio del interior, utilizaba el riego a
manta o por gravedad cuya eficacia se ha
calculado que es como máximo del 60%
debido a perdidas en las canalizaciones,
irrigación excesiva, malas hierbas y
evaporación superficial.
Actualmente el regadío extensivo
está plenamente tecnificado y siguiendo
directivas de la PAC, ha reducido la
producción de remolacha azucarera en
favor del maíz (en el regadío intensivo se
consiguen 3 ó 4 cosechas anuales
aprovechando las óptimas condiciones
mediterráneas).
Las nuevas plantaciones y técnicas incorporadas han modificado el paisaje, la estructura de la explotación y del poblamiento. En la
estructura de la población son frecuentes la explotaciones de 100 y hasta 200 ha. poniendo en riesgo de extinción huertas y cultivos
tradicionales. La expansión urbana y la red de infraestructuras han favorecido la proliferación de un poblamiento disperso huertano.
Los 3,2 M ha de regadío ascienden a varios miles más si se incluyen los pastizales de montaña regados y las fincas no declaradas. Se
distribuyen entre Andalucía (26%), Castilla la Mancha (14%), Castilla y León (12,5%), Aragón (11,8%), C. Valenciana (9%), Cataluña (7,2%)
Extremadura (6,8) y Murcia (5,2%). Estas 8 regiones concentran el 93% de superficie, siendo las más importantes las mediterrá neas de
regadío intensivo (tres o más cosechas hortícolas). Esta fertilidad se nutre de las horas de insolación anual y de la existencia de agua de riego,
que no de lluvia, además de técnicas y tecnología de la mano humana.
El regadío intensivo: ocupa algo más del millón de ha. El 82% se extiende entre la orla que va de Tarragona a Cádiz (C. Valenciana
31%, Andalucía 29%, Murcia 31%). Los productos que cubren la mayor parte son los cítricos, hortalizas, frutales, uvas de mesa y flores.
El regadío siempre ha originado una mayor densidad demográfica que el secano cerealista (mayor productividad, dispersión y variedad
en el tiempo de sus cosechas). Aunque la mecanización ha reducido drásticamente la mano de obra en los regadíos del interior aún persisten
otras tareas no mecanizadas como la recolección de fruta. Pero son las industrias que manipulan y conservan los productos agrarios las que
más han colaborado en la fijación, e incluso leve incremento, de estas poblaciones interiores. Las tierras de regadío intensivo ofrecen un
paisaje más humanizado que en el extensivo. Además se han convertido en foco de inmigración (ha repercutido en la estructura poblacional), y
en el desarrollo de las infraestructuras y servicios, amén de su enriquecimiento.
4. Cultivos herbáceos
Dentro de la SAU los herbáceos son los cultivos más extensos con 12,4 M ha. (73% de las superficies labradas). Se caracterizan por ser
de tallo tierno y duración anual, entre ellos:
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Cereales para grano: cuya
recolección ha de hacerse en seco (si
es en verde para animales son
forrajes). A ellos pertenecen
numerosas especies, pero destacan
siete: trigo, cebada, avena, centeno
(cereales de invierno), arroz, maíz y
sorgo (de primavera). La producción
conjunta es de 22,5 M t, cantidad
insuficiente para cubrir la demanda
interior ganadera por lo que se recurre
a la importación de maíz (2,5 M t). Los
7 M ha. representan el 56% de los
herbáceos y se concentran en Castilla
y León (33,5%), La Mancha (21%),
Andalucía (12%) y Aragón (11,8%). El
trigo ha dominado hasta los años 70
que perdió su cetro milenario a favor
de la cebada. Los 2,5 M ha. se
distribuyen en trigo blando (63%)
usado para panificación, y duro (37%)
para sémolas y pastas. La producción
son 5,5 M t anuales. La preeminencia
de la cebada se debe a la demanda
de la industria cervecera que convierte la mayor parte de los 11 M t producidas. La avena y el centeno, cereales considerados “pobres”
relegados a las tierras marginales, y de ahí sus rendimientos por ha en secano (1.700 kg frente a 3.000 kg de la cebada). Ocupan algo más de
700 mil ha repartidas, en su mayor parte, entre las dos Castillas y Extremadura.
Leguminosas para grano: se consideran como tales cuando el grano, formado y seco, se dedica al consumo humano o animal. Si se
recolecta en verde se consideran hortalizas o forrajes según sea su destino. Las más conocidas son los garbanzos, lentejas, judías secas,
guisantes, habas, yeros y algarrobas. Su cultivo, nitrificante para el suelo, ha rotado con los cereales y ocupó 1,2 M ha a principios del s. XX.
En 1999 su superficie se reduce a 366.000 ha localizadas en Castilla la Mancha (48%), C. y León (16,5%), Andalucía (13,4%) y Aragón (8,8%).
La producción de 388.500 t es insuficiente, debiendo importarse 500.000 t para cubrir la demanda en pienso de la cabaña ganadera.
La patata: el tubérculo de mayor consumo humano por encima de la batata, boniato o la chufa. No se extendió su cultivo hasta finales del
XVIII como alimento básico entre las clases humildes. Hasta mediados de los 80 del s. XX la superficie sobrepasaba las 300.000 ha, pero en
1999 se reducen a 85.000. El 31% se ubica en tierras atlánticas y el resto se extiende por zonas regables del interior y Canarias. Los 3,2 M t
son insuficientes por lo que se importan 500.000 t.
Los cultivos industriales: son cultivos herbáceos que necesitan de una manipulación industrial previa a su consumo. Engloban plantas
azucareras (caña de azúcar y remolacha), textiles (algodón, lino y cáñamo), oleaginosas (girasol, cacahuete, colza, soja, etc .), condimentos
(pimentón, azafrán, anís y menta verde) y otras plantas industriales (tabaco, lúpulo, lavanda, manzanilla, regaliz, etc.). Cubren 1,3 M ha.
destacando el girasol con el 63,7% de la misma. Planta de la que se extrae aceite vive en los 90 una gran expansión hasta alcanzar los 2 M ha.
El descenso de las subvenciones ha reducido la superficie a 812.000 ha concentrándose sus ¾ partes en tierras de secano de Andalucía
(38,4%) Castilla la Mancha (27,2%) y Castilla y León (18%). Su producción supera el millón de t.
La remolacha azucarera: es el 2º cultivo industrial al ocupar 132.000 ha la mayoría de regadío, entre Castilla y León (50%) y Andalucía
(37%). Sustituye en el s. XIX a la caña de azúcar y las zonas productivas han variado con el tiempo. La producción de 9 M t se transforma en
azúcar, melaza y pulpa seca. El grado de mecanización ha acabado con su abundante mano de obra.
Los cultivos forrajeros: tienen como fin el consumo animal en verde o para heno. Se distinguen entre: gramíneas, leguminosas, raíces
y tubérculos, praderas polifitas y forrajeras varias. La superficie de 800.000 ha se distribuyen entre las tierras atlánticas de secano y las de
regadío del interior. La producción en 1998 es de 36,9 M t predominando su consumo verde.
Las hortalizas: ocupan sólo el 2,3% de los herbáceos pero desempeñan un papel insustituible en el consumo humano. Según la FAO se
clasifican en 6 grupos: de hoja o tallo (col, berza, esparrago, lechuga, etc.), de fruto (sandía, melón, calabaza, pepino, tomate, fresa, etc.), de
flor (alcachofa y coliflor), raíces y bulbos (ajo, cebolla, cebolleta, puerro, zanahoria, nabo, etc.), leguminosas (judías, guisantes, habas, en
verde), y hortalizas varias (champiñón, setas y otras).
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Son cultivos muy perecederos y de temporada muy sensibles a las fluctuaciones del mercado, sin contar con los riesgos climatológicos.
El secano no atlántico hace casi inviables estos productos excepto algunos productos y zonas del interior, de ahí que el 92% de la superficie lo
sea de regadío al aire libre, en abrigo bajo o alto. La primera modalidad excluye cualquier tipo de cobertura. La segunda conlleva la utilización
de cortavientos (setos o cañizos), acolchado, túnel, semillero y enarenado. La tercera modalidad, conocida también como inver nadero, cerrada
total o parcialmente permite la climatización en su interior. La cosecha asciende a más de 12 M t distribuidas principalmente entre: tomate
(29%), melón (8%), lechuga (8%), cebolla (7,9%) pimiento (7,3%) y sandía (6,2%). Los excelentes resultados son fruto de la conjunción de
agricultores, tecnología, laboratorios, capital y mano de obra.
El barbecho: práctica milenaria propia de las zonas áridas y secas que consiste en dejar que la tierra descanse uno o más años para
que recupere nutrientes mientras se continúa su laboreo (actualmente se usan herbicidas reduciendo costes). A mediados del s. XX se redujo
el barbecho aunque actualmente ocupa 2,5 M ha. debido a las exigencias de la PAC para el control de excedentes. La mayor parte (81,6%) se
distribuye entre ambas Castillas, Aragón y Andalucía, aunque el mayor índice de descanso lo disfrutan las tierras murcianas, madrileñas
aragonesas y valencianas. Usualmente en España cada tres años descansan uno.
5. Cultivos leñosos
Las plantas leñosas poseen la dureza y consistencia de la madera y su ciclo vital dura años o siglos. Ocupan 4,5 M ha., el 26,7% de las
tierras labradas aun cuando el valor de sus productos es la mitad del total agrícola. Se dividen en 4 grupos frutales, olivar , viñedo y otros
cultivos leñosos. En una breve visión de conjunto:
- Los frutales cubren casi 1,2 M ha., el 25,5% del total, formando una larga cinta costera desde Tarragona hasta Huelva, con
embolsamientos importantes en el interior de Lérida, Aragón, Albacete, Baleares y Extremadura.
- La mitad del espacio cae bajo el dominio del olivar (monocultivo en Jaén y Córdoba)
- El 50% del millón de ha. de viñedo se concentra en las llanuras castellano-manchegas, distribuyéndose el resto por todas las demás
regiones
- Los cultivos leñosos con 60.000 ha. engloba todo tipo de viveros al aire libre y en invernadero además de cultivos permanentes como
pitas, moreras, algarrobos, etc.
Los frutales: se subdividen en cuatro grupos:
Cítricos Plantas cuyo fruto tiene sabor agrio o agridulce. Se han adaptado con éxito al clima mediterráneo y la
maduración de sus frutos tiene un amplio espectro temporal, del otoño a la primavera. Con 276.000
ha. que se distribuyen entre el naranjo (56%), mandarino (30%), limón (13,3%) y otros cítricos (0,6%).
La producción asciende a 5 M t de las que ½ van a exportación. C. Valenciana con el 65 % de la
superficie está especializada en naranjas y mandarinas, Andalucía (18%), Murcia donde predomina el
limón (12,5%) y Cataluña (3%).
De clima templado O frutales no cítricos se subdividen en frutales de pepita (manzano, peral, membrillo, níspero, etc.),
de hueso (melocotonero, ciruelo, albaricoquero y cerezo), y de fruto carnoso (higuera). En conjunto
suman 235.000 ha. Se sitúan en todas las regiones, pero destacan en Cataluña (20,6%), Aragón
(17,7%), Murcia (13,8%), C. Valenciana (12,5%) y Extremadura (12,1%). ¾ partes son de regadío
excepto en el cerezo que se extiende en el secano. Por su importancia destaca el melocotonero con
63.000 ha., el manzano y el peral con 40.000 ha cada uno. La producción está en unos 2,9 M t de las
que casi ¼ salió hacia Europa. El resto se destina al consumo en fresco y a la elaboración de zumos
y mermeladas.
De clima subtropical Son la platanera, aguacate, chirimoyo, kiwi, chumbera, palmera datilera y mango. Por exigencias
climáticas las 22.000 ha. se concentran en el SE andaluz (49,2%) y Canarias (43,5%). La producción
alcanza las 505.000 t. La platanera que ocupa 8.400 ha. es una falsa leñosa (capas herbáceas
superpuestas). Exige agua, fertilizantes y muchos cuidados pero ofrece una cosecha abundante y
distribuida a lo largo del año. La mayor parte de las 439.500 t se consumen en la Península. El
aguacate es el 2º fruto subtropical ocupando 7.666 ha. y su producción asciende a 54.000 t
destinadas a la exportación. Su cultivo se concentra en Málaga y Granada principalmente.
Frutos Secos Son el almendro, avellano, nogal, castaño y pistacho. Ocupan 620.000 ha. que suponen el 54% de la
superficie de frutales. La producción, que puede variar debido a los vaivenes climáticos, asciende a
315.000 t de las que casi el 90% fueron almendra. Los almendros han ido sustituyendo las tierras
abandonadas por el cereal en los secanos mediterráneos, debido a que su cultivo es poco exigente.
Cuenta como ventaja con que el fruto se puede guardar y que recibe subvenciones. Ocupa 565.000
ha distribuidas en el ámbito mediterráneo desde Cataluña (9,6%) hasta Andalucía (25%), pasando
por C. Valenciana (17,4%) y Murcia (17,5%). Si se adentra en el interior busca las zonas abrigadas de
los fríos.
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El olivar: Es el cultivo más extenso entre las plantas leñosas, ocupa 2,3 M ha. que representan el 50% de la superficie total de las
mismas y el 13,5 % de las tierras labradas. La producción ascendió en 1998 a 4,3 M t de las que el 94% fue para aceite y el r esto para mesa.
Ha alcanzado tal éxito que la producción representa el 30% de la mundial (hoy más del 50%).
Aunque se adapta a cualquier tipo de suelo y clima, siente un rechazo hacia el medio atlántico y las tierras frías del interior, con una
marcada preferencia por Andalucía (1,5 M ha.), donde posee carácter de monocultivo en Jaén (572.000 ha.) y Córdoba (322.000 ha.). También
está muy extendido en tierras manchegas y extremeñas, además de las aragonesas y catalanas. Al indiscutible valor económico de la
producción olivarera hay que añadir el social, debido a la abundante mano de obra empleada. El consumo de aceite de oliva, oro líquido, se
está generalizando por su calidad y múltiples beneficios para la salud.
El viñedo: Cuenta con un millón de ha. Debido a su capacidad de adaptación la vid se ha instalado en los suelos de secano desechados
por el cereal y el olivo. Una serie de acontecimientos transformaron el viñedo español: el ingreso en la UE y la llegada de ayudas para el
descepe y sustitución por otras de mayor calidad, modernización y gestión empresarial, incremento de la demanda y de los precios, y
multiplicación de las Denominaciones de Origen.
España es el país que más superficie dedica al viñedo, sin embargo la producción de Francia e Italia es mayor. La vid, planta austera, ha
encontrado su mejor acomodo en las sombrías campiñas del interior meridional (76%) frente a las zonas orientales (20%) y cantábricas (3,3%).
Castilla la Mancha (50,7% superficie y 47,4% de producción), C. Valenciana (7,7 y 11% respectivamente), Extremadura (7,5 y 5,7%), Cataluña,
Castilla y León, Andalucía, Murcia, Aragón y La Rioja (con porcentajes decrecientes). El desequilibrio entre superficie y producción se debe a la
diferencia intrarregional en el % de plantaciones de regadío. Las D.O. son 59 y se distribuyen por 15 de las 17 C. Autónomas, apoyándose en
3.500 bodegas. Entre las zonas vinícolas más afamadas: Ribera del Duero, Rioja, Priorato, Valdepeñas, Ribeiro o Montilla-Moriles, entre otras.
El consumo de vino ha descendido en los últimos años.
6. Ganadería
De la ganadería tradicional a la cabaña industrial: Tradicionalmente la ganadería ha tenido un papel complementario de la agricultura.
A partir del s. XIII la Mesta (L’Honrado Consejo de Pastores creado con Alfonso X el Sabio en 1273) adquiere entidad propia hasta conseguir
una situación de privilegio con los Reyes Católicos. La razón es sencilla; es más fácil el control fiscal de una sola entidad como la Mesta. Ésta
se debilita tras el hundimiento de los mercados coloniales debido a la competencia internacional y a los propios agricultores.
Tras una profunda decadencia durante el s. XIX entra en fase de expansión a comienzos del XX, con la ampliación de pastizales,
consolidación de la ganaderia intensiva, y el fuerte incremento del consumo de carne, leche y huevos. Cambia de signo con la guerra civil: con
aumento de superficie triguera, remolacha, tabaco y fibras vegetales, y se impone una repoblación forestal y se eliminan las importaciones de
piensos a pesar de ser deficitarios.
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La cabaña se moderniza a partir de 1960 adquiriendo los siguientes rasgos:
- Especialización ganadera; sustitución y mezcla de razas propias y foráneas
- Importación de tecnología genética, especialmente en las aves
- Integración del proceso productivo en las industrias suministradoras de piensos
- Dependencia exterior en el suministro de piensos (balanza de pagos deficitaria)
- Desequilibrio regional en la cabaña con dos núcleos, el propio ganadero: Galicia, Cornisa Cantábrica, Extremadura, Andalucía y
cuenca del Duero, y el productor de carne: Madrid, Cataluña y Levante
- Aparición de una ganadería desvinculada de los pastizales, regida por planteamientos industriales netamente productivos
Estructura de la cabaña ganadera: Entre 1989-99 la estructura de la cabaña ha sufrido una gran transformación. El número de cabezas
totales se ha incrementado en un 51% a pesar de que el número de explotaciones se ha reducido en un 37%. Por lo que tamaño y
competitividad se han incrementado. La especie más dinámica es la porcina que ha tenido un incremento del 87%, seguido por las aves (54%)
y los bovinos (32%). Los ovinos se han recuperado lentamente tras el éxodo rural de los años 60 y los caprinos, aunque al alza, están lejos
alcanzar las cifras de 1940.
Distribución de la cabaña ganadera por especies y regiones: Existen dos sistemas ganaderos diferenciados: el extensivo y el
intensivo, más moderno y de rasgos industriales. El primero ocupa grandes espacios y mantiene relación con la agricultura. Tiene unas
relaciones estables y de equilibrio con el medio, ordena su espacio, sistemas de cultivo y poblacionales. El sistema intensivo no incide en el
territorio sino que sus instalaciones, ritmos de producción y formas de venta están integrados en los modelos industriales, cuyas exigencias
están regidas por los factores de localización de los establecimientos ganaderos y no por las del medio.
Bóvidos: 6,3 M de cabezas en constante incremento desde hace un siglo. Existen tres grandes núcleos: atlántico 1/3 de la cabaña
(destaca Lugo). Junto a razas de importación coexisten otras autóctonas orientadas al trabajo y a la producción cárnica y láctea que define sus
rasgos. El núcleo salmantino-manchego-extremeño suma otro tercio en sus dehesas. También se han importado nuevas razas pero aquí la
especialización es en animales para carne. El catalán es el último núcleo y en él predominan los rasgos industriales, centrado en la recría,
engorde y sacrificio. Representa el 11% de la cabaña.
Ovinos: Actualmente su cabaña se reduce a 21 M cabezas por el incremento de la demanda porcina y avícola. Sigue en plena vigencia
el sistema tradicional de pastoreo en Castilla y León (22%), Extremadura (17%), Castilla la Mancha (15%), Andalucía (12%) y Aragón (13%).
Se realiza bajo tres modalidades: estante, estabulada y trashumante. En la primera el ganado es un complemento de la explotación agrícola
pastoreando rastrojos y barbechos excepto en el invierno que se recurre al pienso. La estabulada forma parte de los métodos i ndustriales
intensivos aplicado sólo a los corderos para carne. No soporta el estabulado durante muchos días.
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La trashumancia es hoy un fenómeno residual y anecdótico. Entre las 17 razas ovinas las más abundantes y numerosas son las churras
y las merinas. Las primeras dan abundante carne y leche, las merinas destacan por la calidad de su lana.
Porcinos: 22 M de cabezas. La ganadería porcina ha sufrido cambios con la introducción de las granjas industriales, el uso de piensos
compuestos, la ampliación de la oferta de productos frescos todo el año y la vigilancia sanitaria permanente. Se han importado razas por su
mayor rentabilidad en detrimento de las autóctonas, excepto la ibérica de las dehesas del oeste.
Cataluña con 6 M de cabezas, especialmente en Lérida, (27% de la cabaña), Aragón (17%), Castilla-León (14%), Andalucía (9%) y
Murcia (7%). Extremadura, refugio del cerdo ibérico, apuesta por la calidad con sólo 1,2 M de cabezas. En la actualidad el 60% del consumo
porcino se realiza a través de derivados industriales (liderado por Cataluña) frente al consumo en fresco.
Aves: Con 182,5 M de picos han tenido un incremento constante, sólo superado por el porcino, que se debe a la incesante demanda de
carne a partir de 1960. La mayoría de aves se ubican en granjas industriales para la explotación de huevos y carne. Ésta localización es
independiente de las condiciones del medio. Tampoco cabe diferenciar entre regiones de cría y engorde ya que los plazos vitales son muy
cortos. El nivel de integración con las fábricas de pienso es muy grande. Las técnicas de producción son extremadamente intensivas para
ofrecer la máxima rentabilidad (engorde más rápido).
Cataluña con el 21%, seguida por Andalucía, Aragón y Galicia en torno al 11% y ambas Castillas, un 9%. La media de explotación es de
555 picos pero existen notables diferencias regionales con una fuerte densidad en el ámbito mediterráneo, frente al tamaño casi familiar de la
zona cantábrica. En Galicia y ambas Castillas existe una poderosa industria avícola vinculada al medio rural que no ocurre en el ámbito
mediterráneo que ha prescindido de las aves de corral.
Caprinos: Ha tenido un leve repunte en los años 90 (7,4%) con 2,7 millones de cabezas. Parece estar saliendo del profundo declive
sufrido en los 70 a consecuencia de la emigración, de la falta de pastores y del aumento del regadío y la reforestación. La cabra ha sido vista
con recelo debido a su voracidad a pesar de controlar la maleza y el sotobosque, y de superar en un 30% a la carne y leche pr oducida por los
ovinos. Casi el 90% de la leche es utilizada para la producción de quesos y derivados, el resto lo es en la propia explotación. Aunque la cabaña
está presente en todo el territorio destaca la concentración andaluza, castellano manchega, extremeña, canaria y castellano leonesa.
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