Filosofía de Platón: Contexto y Teorías
Filosofía de Platón: Contexto y Teorías
LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
ÍNDICE.
2. REALIDAD Y CONOCIMIENTO.
3. ANTROPOLOGÍA Y PSICOLOGÍA
4. SOCIEDAD Y POLÍTICA
5. ÉTICA
6. COSMOLOGÍA
7. OTROS MATERIALES. TEXTO DE SELECTIVIDAD: LA REPÚBLICA (Libros VI
y VII)
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LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
Es un momento de apogeo cultural en Atenas. Florecen las artes, las letras, la filosofía. El
espíritu democrático ateniense promueve la participación de todo el pueblo en el progreso
cultural. Se le educa el gusto estético al ofrecerse obras maestras en los monumentos
públicos. Se estimula al pueblo para que disfrute de las grandes obras de la poesía trágica y
cómica.
La acrópolis de Atenas, que los persas destruyeron en el 482 a.C. fue
reconstruida y engrandecida bajo el gobierno de Pericles (del 443 al 429). El arquitecto
Ictinos y el escultor Fidias fueron los encargados de poner en práctica las obras durante
diez años. Las esculturas del periodo clásico (s. V y IV a.C.) se caracterizan por las
proporciones corporales perfectas, la idealización de las figuras, la serenidad y el
equilibrio entre movimiento y estabilidad, (ejemplo: el discóbolo de Mirón). Más
adelante, debido a la popularización de esculturas para adornar viviendas privadas y a
los cambios históricos, sociales y filosóficos que supone el Helenismo, se potencia
mucho más la expresividad: el dolor, el desenfreno, la sensualidad, etc. (ejemplo: la
Venus de Milo, Laocoonte).
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LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
En este contexto la Carta VII de Platón es uno de los textos biográficos que nos da
más información sobre el sentido y los objetivos de su obra. Platón ya anciano, explica sus
esperanzas políticas de juventud, “cuando yo era joven pasé por la experiencia que otros
muchos y pensé dedicarme a la política”; y cómo todas ellas se transforman en desencanto
político. Sólo considera que la auténtica filosofía será capaz de poner las bases para una
buena armonía social y política.
Hacia 390 Platón visita las ciudades del sur de Italia, tomando allí contacto con el
pitagorismo, y Sicilia, donde traba amistad con el joven Dion, cuñado del tirano de la
ciudad, Dioniso I, a quien intentará influir en su gobierno. Con el fracaso de su primera
aventura política, Platón regresa a Atenas (387) y abre una escuela, la Academia, donde se
dedica durante veinte años a la enseñanza.
Por dos veces más regresará de nuevo a Siracusa tentado por la oportunidad de
realizar un gobierno de filósofos, hasta que el asesinato de Dion le hace renunciar
definitivamente a la práctica política.
Durante la primera mitad del siglo IV a.n.e. el marco político sigue inestable. Continúa
el enfrentamiento entre los tres Estados más poderosos, Esparta, Tebas y Atenas, sin que
ninguno sea capaz de imponerse definitivamente. Los conflictos perdurarán hasta que Filipo
II de Macedonia acabe con la autonomía política de los Estados griegos. La crisis se extiende
al ámbito cultural. Debido a la decadencia económica provocada por la guerra, ya no se
acometen proyectos arquitectónicos semejantes a los del siglo V. En literatura sólo las
comedias de Aristófanes y la obra hisroriográfica de Jenofonte se acercan a las grandes
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LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
producciones del siglo anterior. Pero la crisis no es completa: Praxíteles, Escopas y Lisipo
introducen en escultura el ―estilo bello‖, que rompe con los modelos cásicos. La retórica y
oratoria conocen con Isócrates y Demóstenes su máximo esplendor.
Contexto filosófico
Al compás de su vida, la obra de Platón, casi toda ella en forma de "diálogos", se
suele dividir en tres períodos:
Diálogos socráticos: escritos entre la muerte de Sócrates y su primer viaje a Sicilia.
Estos diálogos, auténticas obras literarias, expone sobre todo el
pensamiento de Sócrates y contienen pocos elementos
propiamente platónicos: Apología, Protágoras, Gorgiasy Menón
(considerados estos dos últimos como diálogos de transición, ya que en
ellos Platón comienza a plantear teorías propias).
Diálogos doctrinales o de madurez: escritos durante su etapa en
la Academia, hasta su segundo viaje a Sicilia. Sócrates, que sigue
siendo el personaje central del diálogo, expone una doctrina a
base de preguntas y respuestas ilustrándola a menudo mediante
mitos. En este período se muestra el pensamiento maduro de
Platón, la teoría de las ideas: Banquete, Fedón, República, Fedro.
Diálogos críticos o de vejez: Platón somete a dura crítica todo su pensamiento,
tanto su doctrina política como la teoría de las ideas y su cosmología: Parménides, Sofista,
Político, Timeo, Leyes.
El pensamiento de Platón es el intento de superar la escisión que en la tradición
filosófica ha supuesto la sofística con su relativismo y escepticismo, que imposibilitan la
búsqueda de la verdad y la ciencia y, por tanto, de la filosofía.
Platón quiere encontrar algo permanente e inmutable que escape al carácter
cambiante y múltiple de las cosas sensibles, ya que sólo así podría encontrarse un saber
estable y duradero, la ciencia. La respuesta la encuentra en que, si bien las cosas sensibles
nacen y mueren, cambian y se componen de múltiples partes, la esencia de la cosa es
permanente y es una y la misma en todas las cosas de la especie. Aunque un caballo muera,
su esencia seguirá presente en otros caballos. A esto inmutable que está presente de algún
modo en todas las cosas de la misma especie lo llama Platón idea. Naturalmente la idea no
puede verse con los ojos del cuerpo, sino con los del alma, con la inteligencia. De este
modo, Platón entiende que la idea es fija, permanente, no cambia. Por el contrario, la cosa
deviene, cambia, es y no es.
Así Platón elabora su teoría de las ideas recogiendo toda la herencia de los
primeros filósofos griegos y también de Sócrates. El inmovilismo del Ser de Parménides es
tomado para construir un mundo de ideas permanente e inmutable, aunque múltiple, ya
que son muchas las ideas que lo pueblan, a diferencia del Ser unitario parmenídeo. Del
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LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
2. REALIDAD Y CONOCIMIENTO.
2.1. Teoría de las Ideas.
La teoría de las Ideas representa el
núcleo de la filosofía platónica, el eje
a través del cual se articula todo su
pensamiento. No obstante, dicha
teoría no tuvo nunca una elaboración
completa y acabada, sino que fue
configurándose lentamente, con
añadidos y correcciones constantes.
En los primeros diálogos (juveniles o
socráticos) no hallamos nada que nos
pueda sugerir que Platón hubiera
estado en posesión de la teoría de las
Ideas. El discurso socrático en estos
diálogos está orientado hacia la
búsqueda de una definición de las virtudes, teniendo una intencionalidad
fundamentalmente ética. En los diálogos de transición sí encontramos algunos
elementos que parecen orientar el pensamiento de Platón hacia dicha teoría, como puede
ser la formulación de la teoría de la reminiscencia en el "Menón". Sí encontramos esa
formulación en los diálogos de madurez como el "Fedón", "Fedro", "República" y
"Banquete", en los que, a raíz de distintos temas, Platón presenta la teoría de las Ideas
apoyándose en explicaciones figuradas que vienen recogidas en sus conocidos mitos y
alegorías. En dicho período podemos destacar una intención gnoseológica compatible
con la intención ontológica con la que generalmente se identifica la teoría de las Ideas,
es decir, con lo que podríamos llamar la metafísica platónica. Y aunque, como ya
veremos, en el período de vejez Platón adopta una actitud crítica, no parece haberla
abandonado nunca.
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LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
Platón distingue dos modos de realidad: una, a la que llama mundo de las Ideas
(inteligible, porque puede entenderse o conocerse), y cuya característica es la de ser
inmaterial, eterna, ingenerada e indestructible, por lo tanto, ajena al cambio. Esta
realidad es el modelo o arquetipo de la otra realidad, el mundo sensible (ininteligible,
porque no puede entenderse), constituida por lo que ordinariamente llamamos cosas, y
que tiene las características de ser material, corruptible, (sometida al cambio; a la
generación y a la corrupción), y que no es más que una copia de la realidad inteligible.
Si el mundo de las ideas es el mundo del Ser, de la auténtica realidad, el mundo sensible
es el mundo del ser y del no ser, por estar sometido a la generación y a la corrupción, al
nacimiento y a la muerte. De las realidades materiales o "cosas", que se hallan en un
constante devenir, nunca podría decirse que verdaderamente son. Además, sólo la Idea
es susceptible de un verdadero conocimiento o "episteme", mientras que la realidad
sensible, las cosas, sólo son susceptibles de opinión o "doxa".
De la forma en que Platón se refiere a las Ideas en varias de sus obras como en el
"Fedón" (el alma contempla, antes de su unión con el cuerpo, las Ideas) o en el "Timeo"
(el Demiurgo modela la materia ateniéndose al modelo de las Ideas), así como de la
afirmación aristotélica en la "Metafísica" según la cual Platón "separó" las Ideas de las
cosas, suele formar parte de esta presentación tradicional de la teoría de las Ideas la
afirmación de la separación entre lo sensible y lo inteligible como una característica
propia de ella, que aboca a la filosofía platónica a un dualismo que será fuente de
numerosos problemas para el mantenimiento de la teoría, y que Aristóteles señalará
como uno de los obstáculos fundamentales para su aceptación.
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inmutabilidad del ser, pero el mundo sensible no se puede ver reducido a una mera
ilusión. Aunque su grado de realidad no pueda compararse al de las Ideas ha de tener
alguna consistencia, y no puede ser asimilado simplemente a la nada. Es dudoso que
podamos atribuir a Platón la intención de degradar la realidad sensible hasta el punto de
considerarla una mera ilusión. La teoría de las Ideas pretende solucionar, entre otros, el
problema de la unidad en la diversidad, y explicar de qué forma un elemento común a
todos los objetos de la misma clase, su esencia, puede ser real. Parece claro que la
afirmación de la realidad de las Ideas no
puede pasar por la negación de toda
Idea realidad a las cosas.
del
Bien En los diálogos de vejez,
Ideas especialmente en los llamados diálogos
éticas y estéticas críticos como el "Parménides", Platón
revisa la teoría de las Ideas,
especialmente en lo referente a la relación
Idea de los objetos
de las Ideas con las cosas y a las clases de
matemáticos
Ideas, así como las relaciones que pueda
haber entre ellas. En el transcurso de la
discusión Sócrates es incapaz de
Idea de las cosas
solucionar los problemas que le plantea
Parménides, pero se resiste a abandonar
la teoría. Una cuestión que se discute es
la de si existen Ideas de todas las cosas o sólo de los objetos o realidades nobles.
Sócrates vuelve a reconocer lo absurdo que parece afirmar que existen Ideas de cosas
innobles y abyectas, como el pelo y cosas así, pero tampoco está dispuesto a renunciar a
su teoría: parece que tiene que haber Ideas de todas las cosas y que de alguna manera
esos objetos universales, las esencias, han de ser reales y han de existir.
Las Ideas, por lo demás, están jerarquizadas. El primer rango le corresponde a la Idea
de Bien, tal como nos lo presenta Platón en la "República", aunque en otros diálogos
ocuparán su lugar lo Uno, (en el "Parménides"), la Belleza, (en el "Banquete"), o el Ser,
(en el "Sofista"), ya que representan el máximo grado de realidad, siendo la causa de
todo lo que existe. A continuación vendrían las Ideas de los objetos éticos y estéticos,
seguida de las Ideas de los objetos matemáticos y finalmente de las Ideas de las cosas.
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componentes de la realidad. Dado que Platón hace del término de esa definición
universal una Idea, una realidad subsistente, termina por postularla detrás de los objetos
éticos y de los objetos naturales.
El alma por su naturaleza busca el Bien, pero por estar sometida al cuerpo, lucha
por captar qué es. Por ello, ―los mejores en el Estado‖, los guardianes y gobernantes, no
pueden permanecer en tinieblas, es decir, en la ignorancia, en el conocimiento sensible,
sino que han de tener un conocimiento real y auténtico de lo justo y lo bueno, condición
necesaria para el buen gobierno de la ciudad, y cuyo fundamento es el conocimiento del
Bien.
Platón no se atreve a decir lo que es el Bien, porque cree que se trata de un tema
muy complejo y quizás no se pueda hablar de él de una manera directa. Además no
quiere correr el riesgo de hacer el ridículo y que se mofen de él, por lo que propone
hablar de un ―vástago‖ del Bien como lo que más se le parece, estableciendo la
analogía del Sol y del Bien como un auténtico modelo para comprender la realidad.
De la misma manera que el Sol permite, gracias a su luz, que los ojos puedan ver
todas las cosas y los seres que componen el universo, el Bien hace que la inteligencia
pueda conocer las realidades inteligibles, las Ideas. El sol cumple respecto a la vista la
misma función que el Bien con respecto al conocimiento intelectual. Así, cuando los
ojos están iluminados por la luz de la luna la visión es débil, pero cuando es la luz del
sol la que ilumina la realidad, la visión recupera la nitidez y la claridad. De la misma
manera, cuando el alma fija sus ojos sobre aquellos objetos que son iluminados por la
verdad, “intelige”, es decir, conoce racionalmente; sin embargo, cuando se sumerge en
la oscuridad, en lo que nace y perece, opina y conoce sin inteligencia.
Exactamente igual que para ver es necesario que existan el sol, su luz proyectada
y la vista que sale al encuentro de las cosas existentes, para el conocimiento intelectual
es necesario el Bien, que ilumina los objetos inteligibles y dispone al ser humano hacia
el conocimiento racional. La fuerza del Bien nos abre la luz del conocimiento
verdadero.
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Las nociones matemáticas, que de una parte reflejan las Ideas puras, pero por
otra parte sólo pueden traducirse con la ayuda de símbolos sensibles, nos proporcionan
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el tipo de las nociones mixtas de la diánoia. Las matemáticas se fundan sobre hipótesis a
las que consideran como principios a partir de los cuales deducen sus consecuencias,
representando así la actividad del razonamiento discursivo. La nóesis ¿en qué se
diferencia entonces de la diánoia? Por supuesto, en que se dirigen a objetos de
conocimiento distintos. Platón establecía una diferencia entre las Ideas y los objetos
matemáticos en el sentido de considerar a estos como realidades intermedias entre las
formas (Ideas) y las cosas sensibles. Pero también en cuanto a su naturaleza, pues la
nóesis, aunque partiendo de las hipótesis de la diánoia pretende rebasarlas
remontándose hasta los primeros principios, las Ideas, mediante el recurso a una
abstracción pura, descendiendo luego hasta las conclusiones que se derivan de esos
primeros principios, pero sin valerse en ningún momento de imágenes sensibles.
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prisioneros en el interior de una caverna, en la que sólo se ven sombras que tomamos
como reales. Con esta narración, que comentaremos detenidamente en clase,
observaremos no sólo las preocupaciones ontológicas y epistemológicas de Platón, sino
también las éticas y políticas.
3. ANTROPOLOGÍA Y PSICOLOGÍA.
La concepción del hombre en Platón está también inspirada en la teoría de las
Ideas. El hombre es el resultado de una unión "accidental" entre el alma, inmortal, y el
cuerpo, material y corruptible; dos realidades distintas que se encuentran unidas en un
solo ser de modo provisional, de tal modo que lo más propiamente humano que hay en
el hombre es su alma, a la que le corresponde la función de gobernar y dirigir la vida
humana. Tanto la concepción del alma como la de sus funciones en relación con el
cuerpo sufrirán diversas modificaciones a lo largo de la obra de Platón, aunque se
mantendrá siempre la afirmación de su unión accidental.
Pero Platón no se limita a afirmar la existencia del alma, sino que la dota
también de otras características además de la de ser "principio vital". Y es en estas
características en donde se encuentra la originalidad de la interpretación platónica. El
alma, nos dice Platón, es inmortal, transmigra de unos cuerpos otros y es, además,
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Las referencias a la inmortalidad del alma, así como los primeros intentos por
abordar su demostración, los encontramos en los llamados diálogos de transición;
aunque será en los diálogos de madurez, (en el Fedón, Fedro...), en donde se desarrollen
las pruebas fundamentales, siendo ratificada la creencia en su inmortalidad en uno de
los diálogos de vejez, en el Timeo. Por lo que respecta a los diálogos de transición la
inmortalidad del alma aparece referida en el mito del día del juicio del Gorgias; pero
será sobre todo en el Menón en donde encontremos una primera demostración de su
inmortalidad, basada en la también innovadora teoría de la reminiscencia (anámnesis).
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En el Fedro, en efecto, nos habla Platón de un alma tripartita en el mito del carro
alado. El alma es comparada a un carro tirado por dos caballos y controlado por un
auriga:
"El alma es como un carro de caballos alados y un auriga
que forman una unidad. Ahora bien: los caballos y aurigas
de las almas de los dioses son todos buenos y de excelente
linaje; los de las otras almas, sin embargo, son mezclados.
Nuestro auriga gobierna a la pareja que conduce; uno de
sus caballos es bello y bueno y de padres semejantes, el
otro es lo contrario en ambos aspectos. De ahí que la
conducción nos resulte dura y dificultosa". (246 a)
El auriga representaría la parte racional del alma, encargada de dirigir el
conjunto hacia sus fines; el caballo bueno representaría las tendencias nobles, y el
caballo malo representaría las tendencias más materiales. A diferencia de lo que ocurría
en el Fedón, donde el alma no tenía ninguna relación con las pasiones, que eran
atribuidas exclusivamente al cuerpo, en el Fedro Platón atribuye al alma el origen de las
pasiones, por lo tanto de la vida emocional del hombre. Es un avance importante en la
interpretación psicológica de la vida humana, tratando de dar cuenta de los constantes
conflictos a los que nos tiene habituados la experiencia. No obstante, la dirección del
conjunto le corresponde al auriga, es decir, a la parte racional del alma. Esta posición
corrige el intelectualismo del Fedón y nos ofrece una visión más acorde con lo
desarrollado en la República, en la que el tipo de hombre dependerá no de la naturaleza
del alma, sino de su orientación.
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partes inferiores del alma sólo tienen sentido en conjunción con la vida corporal, todo
parece indicar que Platón concibe la inmortalidad solamente de la parte intelectual o
racional del alma; al menos eso es lo que debemos deducir de los planteamientos
metafísicos de Platón. En el Timeo, efectivamente, denomina a esta parte "la parte
inmortal", y a las otras dos partes, "las partes mortales"; por lo demás, las funciones
irascible y concupiscible requieren un cuerpo para poder ejecutarse, y sólo tiene sentido
en su interacción con él.
4. SOCIEDAD Y POLÍTICA.
A diferencia de los sofistas, para quienes la sociedad era el resultado de una
convención o pacto entre los individuos, para Platón la sociedad es el medio de vida
"natural" del hombre. Si atendemos a las características de la vida humana, en efecto,
podremos observar que el hombre no es autosuficiente, ni en cuanto a la producción de
bienes materiales necesarios para su supervivencia, ni en cuanto a los aspectos morales
y espirituales que hacen de la vida del hombre algo propiamente humano. Las
tendencias que inclinan al hombre al amor, a la amistad, a la convivencia en general,
son tendencias naturales, por lo que no tendría sentido pensar que el medio,
necesariamente social, en el que se desarrollan, fuera algo no-natural. Esta teoría de la
"sociabilidad natural" del hombre será mantenida posteriormente también por
Aristóteles.
Platón nos expone su teoría política, - que será revisada en ―El Político‖ y en ―Las
Leyes‖-, en ―La República‖, obra perteneciente a su período de madurez. ―La
República‖ tiene por objeto de discusión determinar en qué consiste la justicia. Consta
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de diez libros que podemos agrupar en cinco partes, según los temas tratados: a) el libro
primero en el que se plantea el tema de qué es la justicia sería una especie de prólogo, al
que seguirían b) los libros II, III, y IV que tendrían por objeto estudiar la justicia en la
ciudad ideal, c) cuyas formas de organización, de gobierno, características de sus clases
sociales, etcétera, se establecerán en los libros V, VI y VII; d) estudiando posteriormente
los males que arrastran a las ciudades hacia la ruina, la injusticia, en los libros VIII y
IX; e) terminando la obra con la condena de la poesía y de aquellas formas de arte que
muestran una mala imagen de las cosas, así como con una reflexión sobre el destino
final del alma. Por supuesto que, en el curso de las sucesivas discusiones, serán tratados
en la República otros temas de no menor importancia en la obra de Platón, como ya
hemos visto anteriormente (teoría de las Ideas, antropología, teoría del conocimiento...)
¿Cómo sería, pues, la ciudad ideal? Dado que la ciudad debe existir para
satisfacer las necesidades de los hombres, ya que éstos no son independientes unos de
otros ni autosuficientes para abastecerse, el primer fin que debe garantizar toda sociedad
es un fin económico. Los hombres tienen diferentes capacidades y habilidades, siendo
preferible que cada uno desarrolle las que posee por naturaleza, lo que introduce la
división del trabajo en la organización de la sociedad. En una ciudad ideal deberán
existir, por lo tanto, todo tipo de trabajadores: granjeros, carpinteros, labradores,
herreros, etc., de modo que todas las necesidades básicas queden garantizadas, en una
ciudad ideal no puede faltar de nada. Sin embargo, continúa Sócrates, una sociedad que
sólo atendiera las necesidades materiales básicas sería una sociedad demasiado dura,
pues el hombre necesita también satisfacer otras tendencias de su naturaleza
relacionadas con el arte, la poesía, la diversión en general, etc.. El fin de la ciudad, que
comienza siendo estrictamente económico, no se limita a la producción de bienes, sino
que se encamina más bien a hacer posible una vida feliz para el hombre.
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Del análisis de las necesidades sociales que debe cubrir una sociedad ideal
deduce Sócrates, pues, la necesaria existencia de tres clases sociales: la de los artesanos,
la de los guerreros o auxiliares, y la de los gobernantes o guardianes. Pero cada una de
estas clases ha de tener unas características distintas a las que poseen en la sociedad
actual dice Sócrates. La clase de los artesanos, que generalmente realiza las actividades
productivas pero no obtiene los beneficios económicos de su producción, lo que es
fuente de conflictos, ha de ser en la ciudad ideal la poseedora de la riqueza; del mismo
modo será la única clase que tenga derecho a la propiedad privada y a la familia y ha de
permitírsele disfrutar de los goces materiales que derivan de la posesión de la riqueza.
La clase de los guerreros o auxiliares, por el contrario, no puede tener acceso la riqueza,
para evitar la tentación de defender sus intereses privados en lugar de los intereses
colectivos, y terminar utilizando la fuerza contra los ciudadanos; estarán desprovistos de
propiedad privada, y tampoco tendrán familia, debiendo vivir en unos barracones en los
que tengan todo lo necesario para realizar sus actividades, en los que vivirán de forma
comunitaria, compartiéndolo todo hombres y mujeres, pues no hay ninguna razón para
excluir a las mujeres de ningún tipo de actividad, ya que tanto en el hombre como en la
mujer se encuentran similares dones o cualidades naturales, igualmente útiles para la
ciudad. Tampoco la clase de los verdaderos guardianes o gobernantes tendrá acceso a la
propiedad privada ni a la familia, debiendo velar únicamente por el buen gobierno de la
ciudad. Deberán centrarse, por tanto, en el estudio a fin de conocer lo bueno para
gobernar adecuadamente la ciudad, por lo que su vida estará alejada de todas las
comodidades innecesarias para cumplir su función.
¿Cómo se determinará quiénes han de pertenecer a una u otra de estas clases sociales?
Será necesario para ello establecer un proceso educativo en el curso del cual se podrá
determinar qué tipo de naturaleza tiene cada hombre y, por lo tanto, a qué clase social ha
de pertenecer. Aquí establece Sócrates una comparación entre la naturaleza del Estado y
la naturaleza del individuo: del mismo modo que en el estado encontramos tres clases
sociales, encontramos en el individuo tres partes del alma, correspondiéndole una virtud
a cada una de ellas. El paralelismo entre la moral individual y la moral del Estado
permite establecer que la virtud que corresponde a cada clase social ha de corresponder
a los individuos que la constituyen. La virtud de la clase los artesanos es la templanza,
es decir, el disfrute con moderación de los bienes materiales; la virtud propia de la clase
de los guerreros o auxiliares es la valentía o coraje; y la virtud propia de los verdaderos
guardianes gobernantes es la sabiduría. Ahora bien, estas tres virtudes pertenecen, cada
una de ellas, a una parte del alma: la sabiduría al alma racional; la valentía al alma
irascible y la templanza al alma concupiscible. Aquellos en quienes domine el alma
racional han de pertenecer, por lo tanto, a la clase de los verdadero guardianes o
gobernantes; en quienes predomine el alma irascible, a la clase de los guerreros o
auxiliares; y en quienes predomine el alma concupiscible, a la clase de los artesanos.
Habiendo determinado la virtud que corresponde a cada clase social estaremos en
condiciones de determinar en qué puede consistir la justicia en la ciudad ideal: la
justicia consistirá, no pudiéndose identificar con la sabiduría, ni con el coraje, ni con la
templanza, en que cada clase social (y cada ciudadano) se ocupe de la tarea que le
corresponde. La injusticia consistirá en la injerencia arbitraria de una clase social en las
funciones de otra: que los auxiliares o los artesanos pretendan gobernar, por ejemplo.
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Si la pertenencia a una clase social viene determinada por la naturaleza del alma,
y no por herencia, una sociedad tal ha de dar una importancia primordial a la educación.
Será, en efecto, a través de ese proceso educativo como se seleccionen los individuos
que han de pertenecer a cada clase social, en función de su tipo de alma; y qué tipo de
educación ha de recibir cada individuo en función de la clase social a la que deba
pertenecer. En la República establece Platón detalladamente el programa de estudios
que debería imperar en la ciudad ideal, haciendo especial hincapié en la educación de
los gobernantes. Todos los niños y niñas deberían recibir inicialmente la misma
formación. Platón considera que la educación recibida en los primeros años de la vida es
fundamental para el desarrollo del individuo, por lo que en la ciudad ideal nadie ha de
ser privado de ella, ni en razón de su sexo ni por ninguna otra causa. El proceso
educativo tiene, al mismo tiempo que un objetivo formativo, la misión de determinar
qué tipo de alma predomina en cada individuo, es decir, su naturaleza, en virtud de la
cual formará parte de una u otra clase social.
Esa educación correrá a cargo del Estado, en ningún caso a cargo de las familias, para
evitar las influencias negativas que suponen las narraciones que las madres y las
nodrizas cuentan a los niños pequeños. Los niños deben comenzar su proceso educativo
a través de actividades lúdicas, para lo cual los educadores de la ciudad ideal elegirán
aquellos juegos que consideren adecuados para desarrollar en los niños la comprensión
de las normas de los juegos y, con ello, un primer acercamiento al valor y sentido de la
ley. Las primeras enseñanzas que recibirán se centrarán
en torno a la poesía y la música.
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Tema I 21
LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
La tarea de gobernar recaerá, pues, sobre aquellos que conozcan las Ideas, es
decir, sobre los filósofos. Es ésta una de las características novedosas de la República y
que, al chocar frontalmente con la práctica habitual en la época, merece una explicación
que nos ofrece Platón en el libro VI. El filósofo
pasa por ser un personaje extravagante, en la Atenas
de la época, y ocupado en sus estudios e
investigaciones no parece ser el individuo idóneo
para dirigir la ciudad. Pero en la ciudad ideal, que
ha de ser gobernada de acuerdo con la Idea de Bien,
los únicos que alcanzan ese conocimiento son los
filósofos por lo que, por paradójico que parezca, ha
de ser a ellos a quienes les corresponda gobernar,
pues son los únicos que alcancen el conocimiento
de dicha Idea. La mejor forma de gobierno posible
es aquella en la que un filósofo gobierne; pero si no
es posible que uno sólo destaque sobre los demás, el
gobierno deberá ser ejercido por varios filósofos y
durante un corto período de tiempo, para evitar
todos los males que genera la persistencia en el
poder.
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igualdad entre todos los individuos y cuyo resultado, según Platón, es la pérdida total
del sentido de los valores y de la estabilidad social. No cabe duda de que Platón tiene en
mente la democracia ateniense que tan odiosa le resultó después de la condena de
Sócrates, aprovechando para satirizar el predominio de los discípulos de los sofistas en
la vida pública. Por último, en el lugar más bajo de la escala, se encuentra la tiranía, que
representaría el gobierno del despotismo y de la ignorancia, dominado el tirano por las
pasiones de la parte más baja del alma, dando lugar al dominio de la crueldad y de la
brutalidad.
5. ÉTICA.
El hecho de que muchos de los diálogos platónicos comience con alguna
interrogación acerca de la virtud en general, o de determinadas virtudes en particular,
muestra claramente que el interés por el análisis del comportamiento humano no es algo
accidental en Platón, pese a no ser objeto de un tratado específico. Como hemos visto en
su concepción de la ciudad ideal, el objetivo de la vida del hombre no puede reducirse a
la satisfacción de sus necesidades materiales; más allá de éstas, el hombre debe ser
objeto de un desarrollo completo de su personalidad, de acuerdo con las partes más
elevadas de su alma, la irascible y la racional, con el fin de alcanzar una felicidad
identificada con la armonía de su vida.
Si la justicia en la ciudad reside en que cada clase social haga lo que debe hacer,
la justicia en el hombre residirá también en que cada parte del alma haga lo que debe.
Ello implica que la vida buena para el hombre es una vida en la que se atiendan las
necesidades "materiales" y "espirituales". Como vimos anteriormente, la idea de que el
hombre debe dar las espaldas a todo lo que signifique materia o tenga algo que ver con
la corporeidad, defendida en el Fedón, no será mantenida en los diálogos posteriores, en
los que el alma deja de ser considerada como una entidad simple y enfrentada al cuerpo,
y pasa a ser considerada como una entidad en la que podemos distinguir tres partes
diferenciadas que permiten explicar, entre otras cosas, los conflictos psicológicos de la
vida del hombre, las distintas tendencias que configuran su naturaleza. El conocimiento
y la satisfacción de las necesidades intelectuales deben ir acompañados de salud,
moderación en el disfrute de los bienes materiales, etc., lo que pone de manifiesto hasta
qué punto la idea de que Platón rechaza de un modo absoluto lo corporal es
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injustificada. En el Banquete, por ejemplo, podemos observar cómo a través del Eros
Platón concibe el ascenso hacia las Ideas partiendo del amor a la belleza que
observamos en las cosas sensibles, luego a la belleza en el ser humano, hasta alcanzar la
contemplación de la Belleza en sí, que se identifica con el Bien del que nos habla en la
República y que representaría el
grado superior de conocimiento.
6. COSMOLOGÍA.
En el "Timeo", una de las obras escritas en el período de vejez, nos expone
Platón su cosmología, inspirada, como el resto de sus grandes concepciones, en la
Teoría de las Ideas. Es a partir de ellas como el Demiurgo modela la materia y da lugar
así a la constitución de nuestro universo. A continuación pasa a exponer su cosmología,
a la que siguen numerosas consideraciones sobre el alma del mundo, el tiempo, el lugar,
las clases de seres vivos y el análisis de las diversas características de los cuerpos, entre
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Parece ser, pues, que la intención de Platón es la de insistir, frente a las teorías
mecanicistas de Demócrito, por ejemplo, frente a un universo caótico y sin finalidad
ninguna, en la visión de un cosmos ordenado siguiendo los dictados de la inteligencia.
La actuación del Demiurgo está sometida, pues, a un fin: trasladar el orden del mundo
de las Ideas a la materia, ofreciéndonos así una explicación finalista, teleológica, del
universo.
7. OTROS MATERIALES.
TEXTO DE SELECTIVIDAD: LA REPÚBLICA
PLATÓN:
República, Libro VI, 504 e - 511 e; Libro VII 514 a -517c (traducción de [Link] Lan).
Libro VI
- Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el poder
de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y de la verdad,
concíbela como cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si
estimamos correctamente el asunto, tendremos a la idea del Bien por algo distinto y más
bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al
sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente ahora es correcto pensar que
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ambas cosas, la verdad y la ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u
otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de estima.
- Hablas de una belleza extraordinaria, puesto que produce la ciencia y la verdad, y además
está por encima de ellas en cuanto a hermosura. Sin duda, no te refieres al placer.
- Pienso que puedes decir que el sol no sólo aporta a lo que se ve la propiedad de ser visto,
sino también la génesis, el crecimiento y la nutrición, sin ser él mismo génesis.
- Y así dirás que a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, sino
también de él les llega el existir y la esencia, aunque el Bien no sea esencia, sino algo que se
eleva más allá de la esencia en cuanto a dignidad y a potencia.
- Tú eres culpable, repliqué, pues me has forzado a decir lo que pensaba sobre ello.
- Está bien; de ningún modo te detengas, sino prosigue explicando la similitud respecto del
sol, si es que te queda algo por decir.
- Me temo que voy a dejar mucho de lado; no obstante, no omitiré lo que en este momento
me sea posible.
- Piensa entonces, como decíamos, cuáles son los dos que reinan: uno, el del género y ámbito
inteligibles; otro, el del visible, y no digo `el del cielo' para que no creas que hago juego de
palabras. ¿Captas estas dos especies, la visible y la inteligible?
- Las capto.
- Toma ahora una línea divida en dos partes desiguales; divide nuevamente cada sección
según la misma proporción, la del género de lo que se ve y otra la del que se intelige, y
tendrás distinta oscuridad y claridad relativas; así tenemos primeramente, en el género de lo
que se ve, una sección de imágenes. Llamo `imágenes' en primer lugar a las sombras, luego a
los reflejos en el agua y en todas las cosas que, por su constitución, son densas, lisas y
brillantes, y a todo lo de esa índole. ¿Te das cuenta?
- Me doy cuenta
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- Pon ahora la otra sección de la que ésta ofrece imágenes, a la que corresponden los
animales que viven en nuestro derredor, así como todo lo que crece, y también el género
íntegro de cosas fabricadas por el hombre.
- Pongámoslo.
- De éste. Por un lado, en la primera parte de ella, el alma, sirviéndose de las cosas antes
imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de supuestos, marchando
no hasta un principio sino hacia una conclusión.
- Por otro lado, en la segunda parte, avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un
supuesto y sin recurrir a imágenes -a diferencia del otro caso-, efectuando el camino con
Ideas mismas y por medio de Ideas.
- Pues veamos nuevamente; será más fácil que entiendas si te digo esto antes. Creo que sabes
que los que se ocupan de geometría y de cálculo suponen lo impar y lo par, las figuras y tres
clases de ángulos y cosas afines, según lo investigan en cada caso. Como si las conocieran,
las adoptan como supuestos, y de ahí en adelante no estiman que deban dar cuenta de ellas ni
a sí mismos ni a otros, como si fueran evidentes a cualquiera; antes bien, partiendo de ellas
atraviesan el resto de modo consecuente, para concluir en aquello que proponían al examen.
- Sabes, por consiguiente, que se sirven de figuras visibles y hacen discursos acerca de ellas,
aunque no pensando en éstas sino en aquellas cosas a las cuales éstas se parecen,
discurriendo en vista al Cuadrado en sí y a la Diagonal en sí, y no en vista de la que dibujan,
y así con lo demás. De las cosas mismas que configuran y dibujan hay sombras e imágenes
en el agua, y de estas cosas que dibujan se sirven como imágenes, buscando divisar aquellas
cosas en sí que no podrían divisar de otro modo que con el pensamiento.
- Dices verdad.
- A esto me refería como la especie inteligible. Pero en esta su primera sección, el alma se ve
forzada a servirse de supuestos en su búsqueda, sin avanzar hacia un principio, por no poder
remontarse más allá de los supuestos. Y para eso usa como imágenes a los objetos que abajo
eran imitados, y que habían sido conjeturados y estimados como claros respecto de los que
eran sus imitaciones.
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- Comprende entonces la otra sección de lo inteligible, cuando afirma que en ella la razón misma
aprehende, por medio de la facultad dialéctica, y hace de los supuestos no principios sino
realmente supuestos, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo, que es no
supuesto, y tras aferrarse a él, ateniéndose a las cosas que de él dependen, desciende hasta una
conclusión, sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a
Ideas hasta concluir en Ideas.
- Comprendo, aunque no suficientemente, ya que creo que tienes en mente una tarea enorme:
quieres distinguir lo que de lo real e inteligible es estudiado por la ciencia dialéctica,
estableciendo que es más claro que lo estudiado por las llamadas artes, para las cuales los
supuestos son principios. Y los que los estudian se ven forzados a estudiarlos por medio del
pensamiento discursivo, aunque no por los sentidos. Pero a raíz de no hacer el examen
avanzando hacia un principio sino a partir de supuestos, te parece que no poseen inteligencia
acerca de ellos, aunque sean inteligibles junto a un principio. Y creo que llamas
`pensamiento discursivo' al estado mental de los geómetras y similares, pero no
`inteligencia'; como si el `pensamiento discursivo' fuera algo intermedio entre la opinión y la
inteligencia.
- Entendiste perfectamente. Y ahora aplica a las cuatro secciones estas cuatro afecciones que
se generan en el alma; inteligencia, a la suprema; pensamiento discursivo, a la segunda; a la
tercera asigna la creencia y la cuarta la conjetura; y ordénalas proporcionadamente,
considerando que cuanto más participen de la verdad tanto más participan de la claridad.
Libro VII
- Me lo imagino.
– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de
utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de
diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
- Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de
los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que
tienen frente a sí?
- Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
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- ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
- Indudablemente.
- Pues entonces, si dialogaran entre sí, )no te parece que entenderían estar nombrando a los
objetos que pasan y que ellos ven?
- Necesariamente.
- Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que
pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de
la sombra que pasa delante de ellos?
- ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos
artificiales transportados?
- Es de toda necesidad.
- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia,
qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a
levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto,
sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas
sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto
antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas
más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan
del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas
que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más
verdaderas que las que se le muestran ahora?
- Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla,
volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente
más claras que las que se le muestran?
- Así es.
- Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de
llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la
luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que
ahora decimos que son los verdaderos?
- Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar
miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros
objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación
contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y
la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
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- Sin duda.
- Necesariamente
- Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones
y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las
cosas que ellos habían visto.
- Por cierto.
- Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas
para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban
detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado
habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar
lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más
honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de
Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar
cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
- Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
- Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría
ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
- Sin duda.
- Seguramente.
- Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que
anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la
vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol;
compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino
del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy
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esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo
caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con
dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de
todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor
de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la
inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en
lo privado como en lo público.
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