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EL PRINCIPIO FEDERATIVO

OBRAS DE P. J. PROUDHON

TRADUCIDAS POR F. PI Y MARGALL

FILOSOFÍA POPULAR .. I VOL .

FILOSOFIA DEL PROGRESO . 1 VOL .

SISTEMA DE LAS CONTRADICCIONES ECONÓMICAS,


Ó FILOSOFÍA DE LA MISERIA......... 2 VOL .
3
P. J. PROUDHON

- TRADUCCION Y PRÓLOGO DE F. PÍ Y MARGALL

EL PRINCIPIO

FEDERATIVO

MADRID
LIBRERÍA DE ALFONSO DURAN
CARRERA DE S. GERONIMO , 2

1868
IMPRENTA DE T. FORTANET , LIBERTAD , 29.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR

La guerra que en 1859 sostuvieron Italia y


Francia contra el imperio de Austria, terminó,
como es sabido, por el tratado de paz de Villa-
franca, que reunia en una confederacion todos los
reinos del antiguo Lacio. Fué esta medida enér-
gicayuniversalmente combatida, no sólo en Italia,
sino tambien en las demás naciones de Europa,
principalmente en Francia y Bélgica, donde se
abogaba calurosamente por la recien desenterrada
teoría de las nacionalidades. Proudhon salió á su
defensa. Manifestó los graves peligros que corre-
ria la libertad en Italia si llegasen á reunirse bajo
el cetro de Víctor Manuel todos los pueblos que
la componian ; y sostuvo que era de suyo tan bue-
no y fecundo el principio de la federacion , que
áun aplicado de la manera que lo estaba en Ale-
mania y se trataba de que lo estuviese en Italia,
1
EL PRINCIPIO FEDERATIVO

era preferible al establecimiento de la mejor de


las monarquías .
Enfurecióse la democracia de todas partes al
oirle , y le llenó de ultrajes . Atribuíase por unos
su conducta al solo afan de singularizarse , por
otros á la mala intencion de perder á los mismos
cuya defensa afectaba tomar con tanto celo , por
otros á una infame traicion , por otros á un estre-
cho patriotismo . Llovian acusaciones contra él , y
se le presentaba como el más acérrimo enemigo
de la unidad de Italia.
Puesto Proudhon en la necesidad de defenderse
y confundir á sus enemigos , examinó más á fondo
el principio federativo y escribió este libro , uno
de los más didácticos y acabados que han salido
de su vigorosa pluma, Explica este libro en pocas
* páginas las causas de la instabilidad de todos los
sistemas y formas de gobierno , la razon por que
las sociedades han girado hasta aquí dentro de un
círculo del cual no han podido sacarlas ni áun
las más sangrientas revoluciones, los caminos por
donde hemos venido á la degradacion y al caso
de nuestros aciagos tiempos , el medio que nos
queda para salir del atolladero y llegar á consoli-
dar la libertad y el órden . Manifiesta la eterna
coexistencia de la autoridad y la libertad , princi-
pios antitéticos que no pueden ménos de estar en
contínua guerra , y que precisamente por estarlo
engendran el movimiento político ; estudia la in-
dole y la naturaleza de los sistemas de gobierno
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR 3

deducidos à priori de cada uno de los dos princi-


pios , y demuestra la imposibilidad de que , con-
cepciones meramente lógicas , se realicen dentro
de los límites de su respectiva idea; examina los
gobiernos mistos que á causa de esa imposibilidad
se forman , y descubre todas las causas de lucha
y de anarquía que encierran, la corrupcion á que
tarde ó temprano llevan, la inevitable muerte que
producirian si los pueblos, movidos por su ins-
tinto de conservacion , no terminaran por sepul-
tarlos en mares de sangre ; analiza por fin el papel
que juegan en ese contínuo vaiven político los
diversos y aun contrapuestos intereses de las di-
versas clases sociales, cuyas opiniones y tenden-
cias determina ; y con esto , al paso que traza á
grandes rasgos las revoluciones de los imperios,
nos da la ley á que obedecen .
Patentiza Proudhon , por ese rápido bosquejo
histórico, que la autoridad, en su lucha con la li-
bertad, va siempre perdiendo terreno, y la libertad
por lo contrario ganándole , tanto que al cabo los
pueblos se emancipan , y a su ciega sumision de
ántes sustituyen el contrato. Entra por ahí nues-
tro autor en el exámen de la convencion política,
ybusca cuáles son las condiciones esenciales de
la más conforme à la justicia y más digna de la
independencia y de la grandeza del hombre. Las
encuentra en la federacion, y pasa de lleno al des-
envolvimiento de la tésis objeto de su libro.
El pacto federativo es á los ojos de Proudhon el
4 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

gran pacto. Es sinalagmático , es conmutativo,


es limitado y concreto ; deja á salvo la libertad de
los que lo estipulan y dentro de insuperables lí-
mites de la autoridad que crean; da á los contratan-
tes mucho más de lo que ceden , les garantiza lo
que se reservan y los pone á cubierto de las usur-
paciones del poder central , siempre absorbente
en los demás sistemas de gobierno ; establece
equilibrio , órden , paz en lo interior y en lo exte-
rior, y acaba con las guerras ofensivas y la nece-
sidad de los ejércitos permanentes, Lo ve fecun-
dísimo Proudhon , principalmente si, despues de
establecido en el terreno político , se le hace ex-
tensivo á las relaciones económicas, y hay dentro
de la Confederacion confederaciones especiales
para la recíproca proteccion del comercio y de la
industria , para la construccion de caminos y
canales , para la organizacion del crédito y los
seguros , para el desarrollo , en una palabra , de
todas las fuerzas vivas de nuestras sociedades . La
federacion con todas sus aplicaciones , termina
por decir Proudhon , constituye todo mi programa.
¿Es esto racional ? ¿ es sensato ? No se propone
el que estas líneas escribe hacer aquí una detenida
crítica del libro . Está conforme con muchas ideas,
no lo está con algunas ; y si quisiera examinarlas
todas , deberia escribir un prólogo mayor que el
cuerpo de la obra. Prescindirá de la filiacion que
da el autor al principio federativo, y se limitará á
decir algo del principio mismo.
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR 5

Está ahora muy en boga una teoría de que


hemos hecho ya mérito : la de las nacionalidades .
Créese generalmente que la naturaleza y la his-
toria determinan á una los límites de los diversos
pueblos que ha de haber en el mundo , y que la
tarea política de hoy consiste en reducirlos á esas
fronteras ó restituírselas si les han sido usurpa-
das. Así , sobre todo en Europa, se piensa casi
exclusivamente en la reconstitucion de las nacio-
nes . Se ha reconstituido Italia , está á medio re-
constituir Alemania , pugna por reconstituirse
Grecia , se suspira por ver reconstituida Polonia,
hay quien quisiera reconstituir España agregán-
dola el antiguo reino lusitano , se trata de recons-
tituir toda la raza eslava desmembrando, ó lo que
es lo mismo, reconstituyendo Austria y Turquía.
Esta teoría ¿ es verdadera ? Observemos por de
pronto que pueblos encerrados dentro de esas
pretendidas fronteras naturales , léjos de simpa-
tizar ni de tender á reunirse en un solo cuerpo,
se aborrecen de muerte ; que algunos , antes se-
parados , hace ya siglos que constituyen una sola
nacion y aun hoy se miran con mal ojo y volverian
con gusto á su antigua independencia ; que áun
dentro de las nacionalidades más vigorosa y sóli-
damente formadas hay provincias que , si unidas
materialmente por la geografía, están moralmente
disgregadas , no ya tan sólo por su historia , sino
tambien por la diversidad de carácter, de costum-
bres , de industria , de lengua y hasta de raza;
6 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

que abandonados esos pueblos y provincias á su


voluntad , principalmente si llegasen á perder de
vista los intereses que su unidad ha creado, ten-
derian, no á formar nuevos y más vastos imperios,
sino á dividirse y distribuirse en mucho menores
grupos. Parece contradecirnos la reciente forma-
cion de Italia y Alemania ; mas no lo parecerá si
se considera que las diversas provincias italianas
se han incorporado voluntariamente á Cerdeña,
para salir unas de poder de un gobierno extran-
jero y tiránico, y otras para sacudir de sus hombros
el yugo de reyes déspotas; y que de las alemanas,
las que no han sido agregadas á Prusia por la
fuerza de las armas , han entrado á formar parte,
no de la nacion prusiana, sino de una nueva con-
federacion germánica donde cada una conserva
su autonomía .

Añádase ahora que las llamadas fronteras geo-


gráficas no suelen ser consideradas tales sino por
constituir ó haber constituido mucho tiempo los
límites de dos pueblos ; que acá se pretende que
las forma un rio , allá una cordillera ; que dentro
de una misma nacion hay con frecuencia otros
rios y cordilleras de tanta ó más extension é im-
portancia que , á ser la teoría cierta, la cortarian
en dos ó más naciones ; que la idea de raza , por
otra parte , contiene géneros y especies , y , como
podria llegarse por éstas á dividir la humanidad
en un gran número de pequeños Estados , cabria
por aquellos distribuirla en un cortísimo número
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR 7

de vastos y dilatados imperios : que la historia por


fin no es tampoco criterio para la determinacion
de las nacionalidades , pues las más de las agru-
paciones históricas han sido debidas al derecho
de la fuerza y no á la fuerza del derecho .
Todas estas consideraciones , que nos limitamos
á indicar por no salir de los límites de un prólogo,
no creemos que favorezcan mucho la teoría de las
nacionalidades , determinadas en parte, es cierto,
por todos esos elementos , - geografía , historia,
raza, lengua, etc. ,- pero especialmente por sim-
patías é intereses , ya económicos, ya políticos , si
las más de las veces permanentes , algunas pasa-
jeros. Pero áun suponiendo que la teoría fuese
verdadera, ¿se seguiria de ella que las nuevas na-
ciones debiesen para constituirse pasar á formar
reinos como el de Italia ?
Es un hecho histórico inconcuso que los reinos
y los imperios, cuanto más vastos son y sobre
todo cuanto más compuestos están de provincias
ayer independientes , tanto más centralizados vi-
ven y tanto más absoluta y tiránica es la auto-
toridad á que obedecen. La necesidad de mantener
unidas colectividades que por los vivos recuerdos
de lo que fueron tienden aún á disgregarse , la
imposibilidad de conseguirlo sin ir apagando toda
vida local y sin organizar un poder que en un
momento dado pueda hacer sentir su accion en
todas partes , la natural tendencia de la autoridad
á absorber las funciones todas del cuerpo social en
8 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

cuanto se le abre el menor camino por donde pueda


satisfacer su instinto, van con más ó ménos rapi-
dez, segun las circunstancias , socavando y des-
truyendo , ya la autonomía de la provincia , ya la
del municipio, ya la del ciudadano , hasta dejar
en lo posible la libertad nula , la autoridad omni-
potente. Ni obsta para que esto suceda que los
nuevos reinos vivan bajo un régimen más ó mé-
nos constitucional y tengan los derechos políticos
garantidos por una ley escrita ; la garantía es
de todo punto ilusoria desde el momento en que
se cree la unidad nacional en peligro, y el suce-
sivo aumento de centralizacion va apareciendo de
cada dia una necesidad mayor á los ojos de todos
los hombres de gobierno.
En España , sin ir más léjos , vimos desaparecer
hasta los últimos restos de nuestras antiguas li-
bertades despues de redondeada la monarquía con
la union de la corona aragonesa á la de Castilla.
Fué creciendo el despotismo a medida y á causa
de la extension que habia tomado el reino; tanto,
que , segun resulta de cartas escritas por Carlos V
á Felipe II , si se desplegó en el siglo XVI tan
bárbaro rigor contra los herejes , principalmente
contra los que se creia partidarios de la Reforma,
debe atribuirse , más que a celo religioso , á la
mira política de conservar unidas, siquiera por la
unidad de culto , provincias que apenas lo estaban
por otro lazo y se temia ver separadas de Castilla
á la primera coyuntura. Fuése poco a poco debi-
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR 9

litando y derogando los fueros de Aragon y Cata-


luña y rasgando los municipales de todas partes,
hasta el punto de llegar á sustituir los concejos
de libre eleccion de otros tiempos, por ayunta-
mientos compuestos de alcaldes y regidores per-
pétuos. ¡Y qué ! ¿Ha dejado de existir en España
la centralizacion porque se haya constitucionali-
zado la monarquía? Si se la ha relajado alguna
vez , no ha tardado en venir el arrepentimiento .
Γ

No deja de suceder gran parte de esto , y es


más , áun en las repúblicas unitarias. No habla-
remos de las antiguas , más despóticas para los
pueblos que incorporaron a su territorio, que los
imperios que las reemplazaron. La francesa de 1793
fué altamente centralizadora, y miró como sus
enemigos capitales á los que pretendian restituir
la vida á sus antiguas provincias ; la de 1848 no
alteró esencialmente en nada el régimen admi-
nistrativo de la monarquía. Y una y otra vinieron
tambien á hacer al fin ilusorias las mismas liber-
tades individuales , aquella suspendiéndolas y ésta
reglamentándolas .
¿ Por qué hoy , aleccionadas ya por la historia,
no han de tratar de constituirse sobre un principio
mejor las nuevas como las viejas naciones ? ¿ Por
qué en vez de seguir fundándose en el principio
de autoridad , no han de poder establecerse sobre
el de libertad , que es hoy el predominante ? ¿Por
qué si por aquella senda corren tan gran riesgo
la autonomía del individuo , del municipio y de
10 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

la provincia , no han de empezar sancionándola


y acabar por la creacion ó el reconocimiento de
un poder central destinado tan sólo á sostenerla y
á dirigir el desenvolvimiento de los intereses na-
cionales ? ¿Por qué, en una palabra , no han de
abandonar el régimen autocrático por el federa-
tivo ? Antes que la nacion, ¿ no ha existido acaso
la provincia , y antes que la provincia el pueblo?
¿No son acaso el pueblo y la provincia , aunque de
órden inferior , colectividades por lo ménos tan
naturales y espontáneas como pueden haberlo
sido más tarde las naciones ? ¿Por qué pues sacri-
ficar las unas á las otras , por qué no obligarlas á
vivir juntas , por qué no dejarlas mover todas li-
bremente dentro de su respectiva esfera de accion,
susceptible, á no dudarlo , de ser determinada en
el pacto federal que se celebre ? Aun las libertades
y los derechos del individuo podrian ser determi-
nados y consignados en ese importante contrato
político.
Los pueblos, adviértase bien, aman por instinto
el régimen federativo. No se unen voluntaria-
mente á otro pueblo , que no empiecen por esti-
pular, bajo una ú otra forma , la conservacion de
su autonomía. Testigo nuestra misma España.
Las provincias que se fueron agregando sucesi-
vamente á la corona de Castilla no perdieron de
pronto sus fueros; y al verlos atacados despues
por los reyes , se alzaron y vertieron por ellos tor-
rentes de sangre. Hoy, despues de siglos de ha-
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR 11

berlos perdido, ¡ con qué sentimiento no recuerdan


aún que los tuvieron! Un pequeño grupo de pro-
vincias , las Vascongadas , han logrado salvar los
suyos: temerosas de perderlos bajo el gobierno
de Isabel II , las hemos visto en nuestros mismos
tiempos levantando bandera por D. Carlos y sos-
teniendo una lucha de siete años. ¿ Qué más ?
España , en lo que va de siglo , ha pasado no sólo
por una revolucion, más larga que intensa, sino
tambien por una guerra extranjera. En todas y
cada una de sus crisis, sus provincias han tendido
al punto á organizarse por sí y á prepararse , ya
para la defensa, ya para el ataque; siendo de notar
que esto , léjos de quitarla fuerza, se la ha dado,
yha contribuido mucho a sus triunfos . Sin ese
espíritu provincial , España habria sucumbido de
seguro bajo la espada de Francia despues de la
toma de Madrid por Napoleon, y quizá despues
del dos de Mayo. ¡Con qué placer, con cuan in-
menso júbilo no acogerian ahora esas provincias
el pensamiento de una confederacion ibérica !
Harto lo saben ellas : la union de España y Por-
tugal , hoy dificilísima , sería entónces fácil. Cada
:
provincia se desenvolveria en plena conformidad
á su carácter , á su ģenio especial , a sus particu-
lares elementos de vida . Recobrarian todas la ani-
macion que en otros dias tuvieron; verian redundar
en provecho propio el producto de sus contribu-
ciones y sus sacrificios, que hoy ven desaparecer
miserablemente en el mar sin fondo del Tesoro :
12 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

aseguradas á la vez la paz y el órden, simplificada


la administracion, no estarian como ahora conde-
nadas á invertirlo en ruinosos ejércitos ni en le-
giones innumerables de funcionarios públicos.
No verian por fin , como hoy, la sombra de la au-
toridad central reflejada constantemente en su
camino .
Sí , es popular, es verdaderamente popular el
régimen federativo. Pero se le quiere aún incons-
cientemente , sin darse cuenta de su orígen ni de
su naturaleza , sin que se conozcan þien sus con-
diciones ni áun sus mismos resultados . Proudhon
parece haber escrito este libro principalmente para
llenar ese vacío ; y aquí está para nosotros la im-
portancia de su obra. Por ella pueden adquirir los
pueblos conciencia de sus propias aspiraciones , y
aprender la manera de precisarlas y realizarlas ;
por ella conocer no sólo las circunstancias esen-
ciales del contrato federal , sino tambien las cláu-
sulas que debe contener para que llene cumplida-
mente su objeto; por ella ver la doble y contra-
puesta serie de consecuencias que emanan del
unitarismo y del federalismo , y comprender por
qué les lleva su instinto a buscar en la descentra-
lizacion, ó lo que es lo mismo, en una confedera-
cion, el término de sus sufrimientos y la consoli-
dacion de la libertad y el órden .
Precisamente en esto es donde Proudhon está
más claro , más lógico , más firme. ¿ Qué importa
que haya más ó ménos verdad , más ó ménos
PRÓLOGO DEL TRADUCTOR 13

exageracion en el resto ? Lo que convenia era


sentar el principio , determinarlo , desenvolverlo,
examinar sus condiciones de apreciacion , hacerlo
sensible , palpable , vivificarlo en la conciencia de
los pueblos. Proudhon lo ha hecho , y brillante-
mente : no le exijamos más en tan pequeño libro .
Sobrado ha hecho , principalmente cuando ha
manifestado la necesidad de extender el principio
al órden económico, no perdiendo, como no debe-
ria nunca perderse, de vista, que no hay ni puede
haber nada estable donde no marchen á un mismo
paso y juntas la revolucion social y la revolucion
política.
Este libro , uno de los del autor que han tenido
ménos boga en Francia , hoy como hace mucho
tiempo extraviada por sus sueños de gloria , me-
rece sin duda alguna fijar la atencion de todos los
hombres políticos y aun de todos los que se inte-
resan por los progresos de su patria y de su espe-
cie. ¿Hay que reconstituir efectivamente algunas
nacionalidades? Reconstitúyaselas en hora buena,
pero sobre nuevas bases , sobre las bases que sos-
tienen en Europa la libertad y la tranquilidad de
Suiza , en América la libertad y la grandeza de
los Estados Unidos . Sólo sobre estas bases hallarán
su asiento así los nuevos como los viejos pueblos.

F. P. M.
EL PRINCIPIO FEDERATIVO

CAPÍTULO PRIMERO .

DUALISMO POLÍTICO .-AUTORIDAD Y LIBERTAD :


EXPOSICION Y CONEXIDAD DE ESTOS DOS SISTEMAS .

Antes de decir lo que se entiende por fe-


deracion , es necesario recordar en algunas
páginas el origen y la filiacion de la idea.
La teoría del sistema federal es nueva : creo
hasta poder decir que no ha sido formulada
por nadie. Está empero íntimamente enla-
zada con la teoría general de los gobiernos;
es , hablando de una manera más precisa, su
consecuencia indeclinable.

Entre tantas constituciones como la filo-


sofía propone y la historia presenta ensaya
16 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

das , no hay sino una que reuna las condi-


ciones dejusticia, órden, libertad y duracion,
sin las que no pueden subsistir ni la sociedad
ni el individuo. La verdad es una como la
naturaleza ; y sería por cierto de extrañar
que no fuese así, tanto para el espíritu como
para la sociedad, que es su más grandiosa
obra. Todos los publicistas han reconocido
esa unidad de la legislacion humana ; todos,
y es más, se han esforzado en conformar con
ella sus doctrinas, sin por esto negar la va-
riedad de aplicaciones que reclama el genio
propio de cada nacion , y la diversidad gene-
ral de tiempos y lugares, ni desconocer la
parte que hay que dar á la libertad en todo
sistema político. Trato de demostrar que esa
constitucion única, cuyo reconocimiento será
el mayor esfuerzo que pueda hacer la razon
de los pueblos , no es otra cosa que el sistema
federativo . Toda forma de gobierno que de
ella se aleje debe ser considerada como una
creacion empírica , como un bosquejo provi-
sional , como una tienda de árabe debajo de
la cual viene la sociedad á albergarse por un
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 17

momento , levantándola al dia siguiente de


haberla establecido . Se hace aquí por lo tanto

indispensable un severo análisis ; y la pri-


mera verdad de que importa que el lector se
convenza , es que la política , variable á lo

infinito como arte de aplicacion , es en cuanto

á los principios que la rigen una ciencia de


demostracion , ni más ni ménos que la geo-

metría y el álgebra .

El órden político descansa fundamental-

mente en dos principios contrarios : la Auto-


ridad y la Libertad . El primero inicia , el
segundo determina ; éste tiene por corolario

la razon libre , aquél la fe que obedece ..

Contra esta primera proposicion no creo


que se levante nadie . La autoridad y la li-

bertad son tan antiguas en el mundo como

la raza humana : con nosotros nacen y en


cada uno de nosotros se perpetúan . Haré
ahora sólo una observacion que podria pasar

desapercibida á los más de los lectores : estos

dos principios forman , por decirlo así , una


2
18 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

pareja cuyos dos términos están indisoluble-


mente unidos , y son sin embargo irreducti-
bles el uno al otro , viviendo por más que
hagamos en perpétua lucha. La autoridad
supone indefectiblemente una libertad que
la reconoce ó la niega; y á su vez la libertad,
en el sentido político de la palabra, una au-
toridad que trata con ella y la refrena ó la
tolera. Suprimida una de las dos , nada sig-
nifica la otra : la autoridad , sin una libertad
que discute , resiste ó se somete , es una pa-
labra vana ; la libertad sin una autoridad que
la sirva de contrapeso , carece de sentido.

El principio de autoridad, principio fami-


liar, patriarcal, magistral, monárquico , teo-
crático , principio que tiende á la jerarquía,
á la centralizacion , á la absorcion, es debido
á la naturaleza, y por lo mismo esencialmen-
te fatal ó divino , como quiera llamársele.
Su accion , contrariada, dificultada por el
principio contrario , puede ser ampliada ó
restringida indefinidamente, no aniquilada.
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 19

El principio de libertad , personal , indivi-


dualista, crítico, agente de division , de elec-
cion , de transaccion, es debido al espíritu . Es
por consecuencia un principio esencialmente
arbitrador , superior á la naturaleza, de que se
sirve, y á la fatalidad que domina, ilimitado
en sus aspiraciones, susceptible como su con-
trario de extension y de restriccion, pero tan
incapaz como él de perecer en virtud de su
propio desarrollo como de ser aniquilado por
la violencia .

Síguese de aquí que en toda sociedad, áun


la más autoritativa, hay que dejar necesaria-
mente una parte á la libertad ; y recíproca-
mente, que en toda sociedad, áun la más
liberal , hay que reservar una parte á la au-
toridad. Esta condicion es tan absoluta, que
no puede sustraerse á ella ninguna combi-
nacion política. A despecho del entendi-
miento, que tiende incesantemente á trasfor-
mar la diversidad en unidad, permanecen
los dos principios el uno enfrente del otro y
en oposicion contínua. El movimiento polí-
20 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

tico resulta de su tendencia inevitable á li-


mitarse y de su reaccion mútua.

Todo esto , lo confieso , no tiene quizá nada


de nuevo , y temo ya que más de un lector
me pregunte si es todo esto lo que tengo por
enseñarle . Nadie niega la naturaleza ni el
espíritu á pesar de la mucha oscuridad que
los envuelve ; ningun publicista sueña con
redargüir de falsa la autoridad ni la liber-
tad, por más que su conciliacion , su separa-
cion y su eliminacion parezcan igualmente
imposibles. ¿A dónde , pues , me propongo ir
á parar repitiendo ese lugar comun ?

Lo diré . Voy á parar á que todas las cons-


tituciones políticas , todos los sistemas de
gobierno , inclusa la federacion , pueden ser
reducidos á esta sola fórmula: contrabalanza

de la autoridad por la libertad, y vice versa;


á que por consecuencia las categorías adop-
tadas desde el tiempo de Aristóteles por los
autores, categorías con cuyo auxilio se clasi-
fica á los gobiernos , se diferencia á los Esta
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 21

dos y se distingue á las naciones, monarquía ,


aristocracia , democracia , etc. , se reducen,
salvo aquí la federacion , á construcciones
hipotéticas y empíricas en las que la razon
y la justicia no quedan plenamente satisfe-
chas; á que todos esos gobiernos, compuestos
de elementos iguales é igualmente incom-
pletos, no difieren unos de otros sino en ma-
teria de intereses , de preocupaciones, de
rutina, y en el fondo se parecen y se equiva-
len ; á que así, áun cuando no fuese debido
á la aplicacion de tan falsos sistemas el ma-
lestar social de que se acusan unas á otras
las pasiones irritadas, los intereses lastimados
y el amor propio burlado y ofendido , esta-
ríamos respecto al fondo de las cosas cerca de
entendernos; á que por fin, todas esas divisio-
nes de partidos entre los que abre nuestra
imaginacion abismos , toda esa contrariedad
de opiniones que nos parece irresoluble , to-
dos esos antagonismos de fortuna que cree-
mos sin remedio, van á encontrar pronto en
la teoría del gobierno federal su ecuacion
definitiva .
22 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Qué de cosas , se dirá, en una mera oposi-


cion gramatical : ¡Autoridad , Libertad! ...

¡ Pues bien ! sí . He observado que las inte-


ligencias ordinarias, que los niños ven me-
jor la verdad cuando reducida á una fórmula
abstracta que cuando explicada en un volú-
men de disertaciones y de hechos. Me he
propuesto á su vez abreviar el estudio para
los que no pueden leer libros , y hacerlo lo
más concluyente posible trabajando sobre
simples nociones. Autoridad , libertad , dos
ideas opuestas la una á la otra y condenadas
á vivir en lucha ó morirjuntas : no se dirá por
cierto que sea esto cosa difícil . Ten , amigo
lector, sólo la paciencia de leerme , y si has
comprendido ese primero y cortisimo capí-
tulo , tú me dirás despues cuál es tu jui-
cio. (1)
CAPITULO II .

CONCEPCION à priori DEL ORDEN POLÍTICO: RÉGIMEN


DE AUTORIDAD , RÉGIMEN DE LIBERTAD.

Conocemos ya los dos principios funda-


mentales y antitéticos de todo gobierno :
Autoridad , Libertad.

En virtud de la tendencia del espíritu


humano á reducir todas sus ideas á un prin-
cipio único , y por lo tanto á eliminar todas
las que le parecen inconciliables con ese
principio, dos regímenes diferentes se dedu-
cen à priori de esas dos nociones primordia-
les, segun la preferencia ó predileccion dadas
24 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

á la una ó á la otra : el Régimen de autoridad


y el Régimen de libertad .

Estando , además , la sociedad compuesta


de individuos , y pudiéndose , bajo el punto
de vista político , concebir de cuatro maneras
diferentes la relacion del individuo con el
grupo de que forma parte , resultan cuatro
formas gubernativas , dos para cada ré-
gimen.

1. Régimen de Autoridad.

A) Gobierno de todos por uno solo ; -


MONARQUÍA Ó PATRIARCADO .

a) Gobierno de todos por todos ;-Panar-


quía ó Comunismo .

El carácter especial de este régimen en


sus dos especies , es la INDIVISION del poder .

II. Régimen de Libertad.

B) Gobierno de todos por cada uno ; -


DEMOCRACIA .
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 25

b) Gobierno de cada uno por cada uno;-


An-arquia 6 Self-government.

El carácter especial de este régimen en sus


dos especies , es la division del poder.

Ni más , ni ménos. Esta clasificacion es


matemática , como dada à priori por la
naturaleza de las cosas y la deduccion del
espíritu. No puede la política quedar más acá
ni ir más allá , ínterin se la considere como
el resultado de una construccion silogística,
cosa que supusieron naturalmente todos los
antiguos legisladores. Esa sencillez es nota-
ble : nos presenta desde un principio y bajo
todos los sistemas al jefe de Estado esforzán-
dose en deducir de un solo elemento todas
sus constituciones. La lógica y la buena fe
son primordiales en política; pero aquí está
precisamente el peligro .

Observaciones . I. Es sabido cómo se es-


tablece el gobierno monárquico , expresion
primitiva del principio de autoridad. Nos lo
26 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

ha dicho M. de Bonald : se funda en la auto-


ridad paterna . La familia es el embrion de
la monarquía . Los primeros Estados fueron
generalmente familias ó tribus gobernadas
por su jefe natural, marido, padre, patriarca,
al fin rey .

Bajo este régimen el Estado se desarrolla


de dos maneras: 1.°, por la generacion ó
multiplicacion natural de la familia, tribu ó
raza; 2.°, por la adopcion , es decir , por la
incorporacion voluntaria ó forzosa de las fa-
milias y tribus circunvecinas , hecha de
suerte que las tribus reunidas no constituyan
con la tribu-madre sino una misma domes-

ticidad , una sola familia. Este desenvolvi-


miento del estado monárquico puede alcanzar
proporciones inmensas ; puede llegar á cen-
tenares de millones de hombres, distribuidos
por centenares de miles de leguas cuadradas .

La panarquía , pantocracia ó comunismo,


nace naturalmente de la muerte del monarca
ó jefe de familia , y de la declaracion de los
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 27

súbditos , hermanos , hijos ó socios , de querer


permanecer en la indivision sin elegir un
nuevo jefe. Esta forma política , si es que de
ella hay ejemplos , es sumamente rara , á
causa de hacerse sentir más el peso de su
autoridad y abrumar más al individuo que
el de cualquiera otra. Apenas ha sido adop-
tada más que por las comunidades religiosas,
que han tendido al aniquilamiento de la li–
bertad en todos los países y bajo todos los
cultos. La idea no por esto deja de ser ob-
tenida à priori, como la idea monárquica:
encontrará su explicacion en los gobiernos
de hecho , y debíamos mencionarla áun
cuando no fuese más que para memoria.

Así la monarquía , fundada en la natura-


leza , y justificada por consiguiente en su
idea, tiene su legitimidad y su moralidad.
Otro tanto sucede con el comunismo . No tar-
daremos con todo en ver que esas dos varie-
dades del mismo régimen , á pesar de lo
concreto del hecho en que descansan y lo
racional de su deduccion , no pueden man
28 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

tenerse dentro del rigor de su principio ni


en la pureza de su esencia , y están por lo
tanto condenadas á permanecer siempre en
estado de hipótesis. De hecho , á pesar de su
origen patriarcal , de su benigno tempera-
mento y de sus aires de absolutismo y dere-
cho divino, ni la monarquía ni el comunismo
se han desarrollado en ninguna parte con-
servando la sinceridad de su tipo .

II . ¿Cómo se establece a su vez el go-


bierno democrático, expresion espontánea del
principio de libertad? Juan Jacobo Rousseau
y la Revolucion nos lo han enseñado , por
medio del contrato. Aquí la fisiología no
entra ya por nada : el Estado aparece como
el producto, no ya de la naturaleza orgánica,
de la carne, sino de la naturaleza inteligible,
del espíritu .

Bajo este régimen el Estado se desarrolla


por accesion ó adhesion libre. Así como se
supone que los ciudadanos todos han firmado
el contrato, se supone tambien que lo ha
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 29

suscrito el extranjero que entra en la repú-


blica: bajo esta condicion solamente se le
otorgan los derechos y prerogativas de ciu-
dadano. Si el Estado ha de sostener una
guerra y se hace conquistador, concede por
la fuerza de su mismo principio á las pobla-
ciones vencidas los derechos de que gozan
los vencedores, que es lo que se conoce con
el nombre de isonomía . Tal era entre los ro-
manos la concesion del derecho de ciudad .

Supónese hasta que los niños al llegar á la


mayor edad han jurado el pacto. No sucede
en las democracias lo que en las monarquías,
donde se es súbdito de nacimiento , sólo por
ser hijo de súbdito , ni lo que en las comu-
nidades de Licurgo y de Platon , donde por
el solo hecho de venir al mundo se pertene-
cia al Estado. En una democracia no se es
.en realidad ciudadano por ser hijo de ciuda-
dano : para serlo , es de todo punto necesario
en derecho , independientemente de la cua-
lidad de ingenuo , haber elegido el sistema
vigente.
30 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Otro tanto sucede respecto á la accesion de


una familia , de una ciudad, de una provin-
cia: es siempre la libertad la que le sirve de
principio y la motiva.

Así , al desenvolvimiento del Estado auto-


ritativo , patriarcal, monárquico ó comunista,
se contrapone el del Estado liberal, consen-
sual y democrático. Y así como no hay limi-
tes naturales para la extension de la monar-
quía, que es lo que en todos los tiempos y en
todos los pueblos ha sugerido la idea de una
monarquía universal ó mesiánica, no los hay
tampoco para la del Estado democrático, he-
cho que ha sugerido igualmente la idea de
una democracia ó república universal.

Como variedad del régimen que nos ocupa,


he presentado la ANARQUÍA ó gobierno de cada
uno por sí mismo , en inglés self-government.
La expresion de gobierno anárquico , es en
cierto modo contradictoria ; así que , la cosa
parece tan imposible como la idea absurda.
No hay aquí sin embargo de reprensible
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 31

sino el idioma: la nocion de anarquía en po-


lítica es tan racional y positiva como cual-
quiera otra. Consiste en que si estuviesen
reducidas sus funciones políticas á las indus-
triales , resultaria el órden social del solo
hecho de las transacciones y los cambios.
Cada uno podria decirse entónces autócrata
de sí mismo , lo que es la extrema inversa
del absolutismo monárquico .

Por lo demás , así como la monarquía y el


comunismo, fundados en naturaleza y razon ,
tienen su legitimidad y su moralidad , sin
que puedan jamás realizarse en todo el rigor
y la pureza de su nocion; la democracia y la
anarquía , fundadas en libertad y en dere-
4

cho, tienen su legitimidad y su moralidad


corriendo tras un ideal que está en relacion
con su principio. No tardaremos con todo en
ver tambien, que á despecho de su origen
juridico y racional , no pueden , al crecer y
desarrollarse en poblacion y territorio, man-
tenerse dentro del vigor y la pureza de su
idea, y están condenadas á permanecer en el
32 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

estado de perpétuo desideratum . A pesar del


poderoso atractivo de la libertad, no se hallan
constituidas en parte alguna con la plenitud
ni la integridad de su idea ni la democracia
ni la anarquía (2) .

1
CAPÍTULO III.

FORMAS DE GOBIERNO .

Con la ayuda de esos trebejos metafísicos,


se han establecido , no obstante , desde el
principio del mundo todos los gobiernos de
la tierra, y con ellos llegaremos á descifrar
el enigma político, por poco que trabajemos
para conseguirlo. Perdóneseme , pues, si in-
sisto en ellos, como se hace con los niños á
quienes se enseñan los elementos de la gra-
mática.

En todo lo que precede no se encontrará


una sola palabra que no sea perfectamente
3
34 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

exacta . No se raciocina de otro modo en las


matemáticas puras. No está en el uso de las
nociones el principio de nuestros errores, sino
en las exclusiones, que so pretexto de lógica,
nos permitimos hacer al aplicarlas.

a) Autoridad. Libertad : estos son los


dos polos de la política. Su oposicion antité-
tica , diametral, contradictoria , nos da la
seguridad de que es imposible un tercer tér-
mino , de que no existe. Entre el sí y el no,
del mismo modo que entre el ser y el no-ser,
no admite nada de lógica (3) .

b) La conexidad de esas mismas nocio-


nes , su irreductibilidad , su movimiento, es-
tán igualmente demostradas. No van la una
sin la otra , no se puede suprimir ésta ni
aquella, no es posible reducirlas á una ex-
presion comun. Respecto á su movimiento,
basta ponerlas la una enfrente de la otra para
que tendiendo á aborrecerse mútuamente, se
desarrollen la una á expensas de la otra , y
entren al punto en accion .
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 35

c) De esas dos nociones resultan para la


sociedad dos regímenes diferentes , que he-
mos llamado régimen de autoridad y régimen
de libertad , regímenes de los cuales puede
luego tomar cada uno dos formas diferentes ,
no más ni ménos. La autoridad no se pre-
senta con toda su grandeza sino en la colec-
tividad social , y por consecuencia, no puede
ni manifestar su voluntad ni obrar, sino por
medio de la colectividad misma ó de álguien
que la represente. Otro tanto sucede con la
libertad , la cual no es perfecta sino cuando
está para todos asegurada , bien porque todos
participen del gobierno , bien porque el go-
bierno no haya sido deferido á nadie. Es de
todo punto imposible salir de esas alternati-
vas : respecto al régimen de autoridad , go-
bierno de todos por todos ó gobierno de todos
por uno solo; respecto al de libertad, gobierno
en participacion de todos por cada uno ó go-
bierno de cada uno por sí mismo . Todo esto
es fatal, como la unidad y la pluralidad , el
calor y el frio , la luz y las tinieblas. Pero se
me dira : ¿No se ha visto acaso jamás que el
36 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

gobierno sea el patrimonio de una parte más


ó, ménos considerable de la república, con
exclusion del resto? ¿No se han visto aristo-
cracias, gobierno de las clases altas , olocra-
cias , gobierno de la plebe , oligarquias, go-
bierno de una faccion , de una pandilla ? La
observacion es justa, todo esto se ha visto
real y verdaderamente ; pero esos gobiernos
son de hecho , no de derecho ; son obras de
usurpacion , de violencia , de reaccion , de
transicion , de empirismo , donde están adop-
tados á la vez todos los principios , y luégo
son igualmente violados , desconocidos y con-
fundidos todos ; y nosotros hablamos ahora
sólo de los gobiernos à priori, concebidos
segun las leyes de la lógica, y basados en un
solo principio .

Lo repito: nada hay de arbitrario en la


política racional, que tarde ó temprano ha de
venir á confundirse con la política práctica.
La arbitrariedad no es obra ni de la natura-

leza ni del espíritu; no la engendran ni la


necesidad de las cosas ni la infalible dialéc
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 37

tica de las nociones. La Arbitrariedad es hija,


¿sabeis de quién? Su propio nombre os lo
dice: del libre ARBITRIO , de la Libertad . ¡Cosa
admirable ! El único enemigo contra el cual
se ha de poner la Libertad en guardia , no
es en el fondo la Autoridad que todos los
hombres adoran como si fuese la Justicia;
es la Libertad misma, la libertad del prín-
cipe , la libertad de los grandes , la libertad
de las muchedumbres disfrazada con la más-
cara de la Autoridad .

De la definicion à priori de las diversas


especies de gobierno , pasemos ahora á sus
formas .

Dáse el nombre de forma de gobierno á la


manera como el Poder se distribuye y se
ejerce. Natural y lógicamente, esas formas
están en relacion con el principio , la forma-
cion y la ley de cada régimen.

Así como el padre en la familia primitiva y


el patriarca en la tribu son á la vez amos de
38 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

la casa, del carro ó de la tienda, heri, do-


mini , propietarios de la tierra , de los ganados
y de sus creces , labradores, industriales ,di-
rectores, comerciantes , sacrificadores, guerre-
ros; así en la monarquía el Príncipe es á la vez
legislador , administrador , juez , general,
pontífice. Tiene el dominio eminente sobre la
tierra y sus productos; esjefe de las artes y
los oficios , del comercio, de la agricultura,
de la marina, de la instruccion pública; está
revestido de toda autoridad y de todo dere-
cho. El rey es, en dos palabras, el represen-
tante , la encarnacion de la sociedad : él es el
Estado . La reunion ó indivision de los poderes
es el carácter de la monarquía. Al principio de
autoridad que distingue al padre de familia
del monarca, viene á unirse aquí como coro-
lario el principio de universalidad de atribu-
ciones . Hay aquí reunidos en la misma per-
sona un jefe militar como Josué, un juez
como Samuel , un sacerdote como Aaron, un
rey como David , un legislador como Moisés,
Solon , Licurgo , Numa. Tal es el espíritu
de la monarquía, tales son sus formas .
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 39

Pronto, empero , por la extension dada al


Estado, el ejercicio de la autoridad es supe-
rior á las fuerzas de un hombre. El príncipe
entónces se hace ayudar por consejeros ofi-
ciales ó ministros escogidos por él que obran
en su puesto y lugar, y son sus mandatarios
y procuradores para con el pueblo . Del mismo
modo que el príncipe á quien representan,
esos enviados, sátrapas, procónsules ó prefec-
tos , acumulan á su mandato todos los atri-
butos de la autoridad; pero debiendo , se en-
tiende, dar cuentade su gestion al monarca
su amo , en cuyo interés y en cuyo nombre
gobiernan, cuya direccion reciben y de cuya
vigilancia son constante objeto , á fin de que
esté seguro de la alta posesion de la autori-
dad , del honor del mando y de los beneficios
del Estado, y al abrigo de toda clase de usur-
paciones y revueltas . En cuanto á la nacion ,
ni tiene derecho de pedir cuentas, ni tienen
por qué dárselas los agentes del príncipe . En
ese sistema la única garantía de los súbditos
está en el interés del soberano, el cual por lo
demás no reconoce otra ley que su gusto .
40 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

En el régimen comunista, las formas del


gobierno son las mismas : el poder está en él
ejercido pro indiviso por la colectividad so-
cial , del mismo modo que lo era ántes por la
sola persona del monarca. Así en los campos
de Mayo de los germanos deliberaba y juz-
gaba el pueblo entero sin distincion de edad
ni sexo ; así los cimbrios y los teutones pe-
leaban contra Mario acompañados de sus
mujeres : no conociendo la estrategia ni la
táctica , ¿qué falta les habian de hacer los
generales? Por un resto de ese comunismo
dictaba la masa entera de los ciudadanos en

Atenas las sentencias criminales; por una


inspiracion del mismo género dióse la Repú-
blica de 1848 novecientos legisladores, sin-
tiendo no poder reunir en una misma asam-
blea sus diez millones de electores, que hubo
de contentarse con llamar á las urnas . De
aquí han salido, por fin, los proyectos de le-
gislacion directa por sí y por no que se ha
concebido en nuestros mismos tiempos .

Las formas del Estado liberal ó democrá-


EL PRINCIPIO FEDERATIVO 41

tico corresponden igualmente al principio de


formacion y á la ley de desenvolvimiento de
ese mismo Estado : por consecuencia, difieren
radicalmente de los de la monarquía. Con-
sisten en que el poder, léjos de ser ejercido
colectivamente y pro indiviso , como en la
comunidad primitiva, está distribuido entre
los ciudadanos , cosa que se verifica de dos
maneras. Si se trata de un servicio suscepti-
ble de ser materialmente dividido , como de
la construccion de un camino , del mando
de una armada, de la policía de una ciudad,
de la instruccion de lajuventud , se reparte
el trabajo por secciones , la armada por es-
cuadras y áun por buques , la ciudad por
barrios , la enseñanza por clases, y se pone
al frente de cada division un director , un
comisario, un almirante , un capitan, un
maestro . Los atenienses acostumbraban á

nombrar en sus guerras diez ó doce genera-


les , cada uno de los cuales mandaba por
turno un dia : uso que pareceria hoy muy
extraño, pero necesario en aquella democra-
cia, que no consentia otra cosa. Si la funcion
42 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

es indivisible , se la deja entera , y ó bien se


nombran muchos para ejercerla , á pesar del
precepto de Homero, que halló mala la plu-
ralidad en tratándose de mando, y donde
mandamos nosotros un embajador se manda
una compañía , como hacian los antiguos ; ó
bien se confia cada funcion á un solo indi-
viduo, que se entrega á ella y hace de ella su
especialidad , su oficio ; hecho que tiende á
introducir en el cuerpo político una clase
particular de ciudadanos , á saber, los fun-
cionarios públicos. Desde este momento la
democracia está en peligro : el Estado es dis-
tinto de la nacion ; su personal pasa á ser,
poco más ó ménos como en la monarquía,
más afecto al príncipe que á la sociedad y al
Estado . En cambio ha surgido una grande
idea, una de las más grandes ideas de la
ciencia , la de la Division ó Separacion de
los Poderes . Gracias á ella, toma la socie-
dad una forma decididamente orgánica ; las
revoluciones pueden sucederse como las esta-
ciones, sin temor de que jamás perezca esa
bella constitucion del poder público por ca
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 43

tegorías : Justicia , Administracion , Guerra,


Hacienda , Culto , Instruccion pública , Co-
mercio , etc. Hay ya por lo menos en las so-
ciedades algo que no morirájamás.

La organizacion del gobierno liberal ó de-


mocrático es más complicada , más sábia, de
una práctica más trabajosa y ménos bri-
llante que la del gobierno monárquico , y
por lo tanto ménos popular. Casi siempre las
formas del gobierno libre han sido tratadas
de aristocráticas por las masas , que han pre-
ferido el absolutismo monárquico. De aquí la
especie de círculo vicioso en que giran y gi-
rarán aún por largo tiempo los hombres de
progreso. Los republicanos piden libertades
y garantías naturalmente con el objeto de
mejorar la suerte de las masas ; así que no
pueden ménos de buscar su apoyo en el pue-
blo. Ahora bien, el pueblo es siempre un
obstáculo para la libertad , bien porque des-
confie de las formas democráticas, bien por-
que le sean indiferentes (4) .
44 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Las formas de la anarquía son indistinta-


mente las de la monarquía ó las de la de-
mocracia, segun la voluntad de cada indivi-
duo y segun lo permita el límite de sus
derechos .

Tales son en sus principios y en sus for-


mas los cuatro gobiernos elementales que
concibe à priori el entendimiento humano
y están destinados á servir de materiales
para todas las futuras construcciones politi-
cas. Pero , lo repito , esos cuatro tipos , aun-
que sugeridos á la vez por la naturaleza de
las cosas y el sentimiento de la libertad y
del derecho , no son para realizados en sí
mismos ni con todo el rigor de sus leyes .
Son concepciones ideales y fórmulas abstrac-
tas que no pueden pasar á realidades, aun-
que por ellas se constituyan empírica é in-
tuitivamente todos los gobiernos de hecho.
La realidad es complexa por su propia natu-
raleza : lo simple no sale de la esfera de lo
ideal ni llega á lo concreto. Poseemos en
esas fórmulas antitéticas los elementos de
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 45

una constitucion regular , de la futura cons-


titucion del género humano ; pero será nece-
sario que pasen siglos y se desenvuelva ante
nuestros ojos toda una serie de revoluciones
ántes que del cerebro que ha de concebirla,
es decir, del cerebro de la humanidad, se des-
prenda la fórmula definitiva.
CAPITULO IV .

TRANSACCION ENTRE LOS DOS PRINCIPIOS : ORÍGEN


DE LAS CONTRADICCIONES DE LA POLÍTICA .

Puesto que los dos principios en que des-


cansa todo órden social , la Autoridad y la
Libertad , por una parte son contrarios entre .
sí y están en perpétua lucha, y por otra no
pueden ni excluirse ni refundirse en uno, se
hace entre ellos de todo punto inevitable una
transaccion. Cualquiera que sea el sistema
que se haya preferido, el monárquico ó el
democrático , el comunista ó el anárquico,
no durará la institucion algun tiempo como
no haya sabido apoyarse más ó ménos en los
elementos de su antagonista.
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 47

Se engañaria , por ejemplo , de un modo


raro el que imaginase que el régimen de
autoridad con su carácter personal , sus cos-
tumbres de familia y su iniciativa absoluta,
pueda satisfacer abandonado á sus solas fuer-
zas sus propias necesidades. Por poca ex-
tension que tome el Estado , esa venerable
paternidad degenera rápidamente en impo-
tencia , confusion , desatino y tiranía. El
príncipe , no pudiendo atender á todo , debe
necesariamente confiarse á auxiliares que le
engañan, le roban , le desacreditan , le pier-
den en la opinion de los demás, le suplantan,
y por fin le destronan: Ese desórden, inhe-
rente al poder absoluto, la desmoralizacion
que este poder produce , las catástrofes que
sin cesar le amenazan, son la peste de las so-
ciedades y de los Estados. Así se puede sen-
tar como regla que el gobierno monárquico
es tanto más benigno , moral , soportable y
por lo tanto duradero, si se prescinde en este
momento de las relaciones exteriores, cuanto
más modestas son sus dimensiones y más se
acercan á las de la familia; y vice-versa, que
48 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

será tanto más insuficiente , opresor , odioso


para sus súbditos, y por consecuencia ménos
sólido y duradero , cuanto más vasto haya )
llegado á ser el Estado . La historia nos ha
conservado el recuerdo, y los siglos modernos
nos han suministrado ejemplosde esas vastas y
espantosas monarquías, mónstruos informes ,
verdaderos mastodontes políticos que una ci-
vilizacion mejor no puede ménos de hacer
desaparecer progresivamente. En todos esos
Estados, el absolutismo está en razon directa
de la masa y se sostiene por su propio pres-
tigio ; en un Estado pequeño, por lo contra-
rio , la tiranía no puede sostenerse un mo-
mento sino por medio de tropas mercenarias;
vista de cerca se desvanece .

Para obviar ese vicio de su naturaleza, los


gobiernos monárquicos no hạn podido ménos
de aplicarse en mayor ó menor medida las
formas de la libertad, principalmente la se-
paracion de los poderes ó la division de la
soberanía .
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 49

El motivo de esta modificacion es fácil de


comprender. Si un hombre solo apenas basta
para la explotacion de una propiedad de cien
hectáreas, para la direccion de una fábrica
que tenga ocupados algunos centenares de
jornaleros, para la administracion de un pue-
blo de cinco á seis mil habitantes, ¿cómo ha
de poder llevar sobre sí el peso de un impe-
rio de cuarenta millones de hombres ? Aquí,
pues, la monarquía ha debido inclinar la
frente ante ese doble principio tomado de la
economía política: 1.° que nunca se obtiene
mayor suma de trabajo ni mayor valor que
cuando el trabajador es libre y obra por su
cuenta como maestro y propietario ; 2.° que
es tanto mejor la calidad del producto ó del
servicio, cuanto mejor conoce el productor su
especialidad y se consagra á ella exclusiva-
mente . Hay aún otra razon para que la mo-
narquía tome de la democracia, y es que la
riqueza social aumenta en proporcion á lo
divididas y trabadas que están entre sí las
industrias , lo cual significa en política que
el gobierno será tanto mejor y tanto ménos
4
2

50 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

peligroso para el principe, cuanto más deter-


minadas y mejor equilibradas estén las di-
versas funciones : cosa imposible en el régi- ,
men absolutista. Hé aquí cómo los principes.
han ido, por decirlo así , á republicanizarse, á
fin de prevenir una ruina inevitable : en esos
últimos años nos han dado de esto brillanti-

símos ejemplos el Piamonte , Austria y Ru-


sia. Atendida la situacion deplorable en que
el czar Nicolás habia dejado su imperio , el
hecho de haber introducido la division de
los poderes en el gobierno ruso no es la me-
nor de las reformas emprendidas por su hijo
Alejandro (5) .

En el gobierno democrático se observan


hechos análogos, pero inversos .

Por más que se determinen con toda la sa-


gacidad y la prevision posibles los derechos
y deberes de los ciudadanos y las atribucio-
nes de los funcionarios; por mucho que se
prevean los incidentes, las excepciones y las
anomalías , deja siempre tanto por prever
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 51

"áun el hombre de Estado más prudente, que


cuanto más legisla, más litigios surgen. Exi-
⚫ge todo esto de los agentes del poder una
iniciativa y un arbitraje que sólo pueden im-
ponerse estando constituidos en autoridad los
que hayan de ejercerlo . Quítese al principio
democrático, quítese á la Libertad esa sancion
suprema , la Autoridad , y el Estado desapa-
rece al momento. Es con todo obvio que no
estamos ya entónces en el terreno del libre
contrato, á ménos que no se sostenga que los
ciudadanos habian convenido préviamente
que en caso de litigio se someterian á la de-
cision de uno de ellos, magistrado designado
de antemano . Y ¿qué es esto más que renun-
ciar al principio democrático y entrar en el
terreno de la monarquía?

Multiplique la democracia cuanto quiera


con sus funcionarios las garantías legales y
los medios de vigilancia; llene de formalida-
des los actos de sus agentes; llame sin cesar
á los ciudadanos á que elijan, á que discu-
tan , á que voten: que quiera que no, sus
52 EL PRINCIPIO FFDERATIVO

funcionarios son hombres de autoridad, pa-


labra ya admitida ; y si entre ellos hay al-
guno ó algunos que estén encargados de la
direccion general de los negocios , ese jefe,(
individual ó colectivo, del gobierno es, como
le ha llamado el mismo Rousseau , un prin-
cipe , á quien falta una nonada para que sea
un rey .

Se pueden hacer observaciones análogas


sobre el comunismo y la anarquía. No hubo
jamás una república comunista perfecta; y
es poco probable que por alto que sea el grado
de civilizacion, de moralidad y de sabiduría
á que se eleve el género humano, desapa-
rezca de él todo vestigio de autoridad y de
gobierno. Pero mientras que el comunismo
es el sueño de la mayor parte de los socialis-
tas , la anarquía es el ideal de la escuela
económica, que tiende abierta y decidida-
mente á suprimir todo establecimiento gu-
bernativo , y á constituir la sociedad so-
bre las bases de la propiedad y del trabajo
libres.
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 53

No daré más ejemplos. Lo que acabo de


decir basta para demostrar la verdad de mi
proposicion , es á saber, que no pudiendo
realizarse en toda la pureza de su ideal nila
Monarquía, ni la Democracia, ni el Comu-
nismo, ni la Anarquía, están condenadas á
completarse prestándose la una á la otra sus
diversos elementos .

Hay, á la verdad , en esto con qué humi-


llar la intolerancia de los fanáticos, que no
pueden oir hablar de una opinion contraria
á la suya sin hasta cierto punto horripilarse .
Sepan esos desgraciados que empiezan ellos
mismos por ser necesariamente infieles á su
principio , y es toda su fe política un tejido
de inconsecuencias; y ¡ ojalá que el poder por
su parte deje de ver pensamientos facciosos
en la discusion de los diferentes sistemas de
gobierno ! Luégo que haya entrado el con-
vencimiento de que esos términos de monar-
quía , democracia , etc., no expresan sino
concepciones teóricas, muy distantes de las
instituciones que parecen realizarlas , ni el
54 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

realista perderá su calma al oir las palabras


contrato social, soberanía del pueblo, sufra-
gio universal, etc. , ni el demócrata dejará
de oir tranquilo y con la sonrisa en los labios
al que hable de dinastía, de poder absoluto
ó de derecho divino. No hay verdadera mo-
narquía, no hay verdadera democracia. La
monarquía es la forma primitiva, fisiológica,
y por decirlo así, patronímica del Estado :
vive en el corazon de las masas y se mani-
fiesta con fuerza por la tendencia general á
ła unidad. La democracia bulle á su vez por
todas partes: fascina las almas generosas y
se apodera en todos los pueblos de la flor de
la sociedad. Pero exige ya la dignidad de
nuestra época que renunciemos por fin á esas
ilusiones que sobradas veces degeneran en
mentiras . Hay contradicciones en el fondo
de todos los programas. Los tribunos popu-
lares juran sin advertirlo por la monarquía;
los reyes por la democracia y la anarquía.
Despues de la coronacion de Napoleon I, leían-
se durante algun tiempo las palabras Repú-
blica francesa en una de las caras de las mo
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 55

nedas, que llevaban en la otra la efigie de


Napoleon con el título de Emperador de los
franceses . Luis Felipe fué designado por La-
fayette como la mejor de las repúblicas: ¿no
se le dió despues tambien el sobrenombre de
Rey de los propietarios ? Garibaldi ha pres-
tado á Víctor Manuel el mismo servicio que
Lafayette á Luis Felipe. Es verdad que más
tarde ha parecido que se arrepentian de ha-
berlo hecho Lafayette y Garibaldi; mas no
por esto debe dejarse de consignar que lo hi-
cieron , sobre todo, cuando toda retractacion
habia de ser ilusoria. No hay un demócrata
que pueda decir de sí que está puro de todo
monarquismo, ni un partidario de la monar-
quía que pueda lisonjearse de estar exento
de todo republicanismo. Queda sentado que
no habiendo parecido repugnar más la de-
mocracia la idea dinástica que la unitaria,
léjos de tener los partidarios de ambos siste-
mas el derecho de excomulgarse, tienen el
deber de ser el uno para con el otro tole
rantes .
56 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

¿Qué es ahora la política, si es imposible


que una sociedad se constituya exclusiva-
mente sobre el principio á que dé su prefe-
rencia , si , por más que haga el legislador,
el gobierno, acá reputado monárquico , allá
democrático, no deja de ser jamás una inde-
cisa mezcla donde están combinados elemen-
tos los más contrapuestos en proporciones ar-
bitrarias , determinadas sólo por caprichos é
intereses ; donde las definiciones más exactas
conducen fatalmente á la confusion y á la
promiscuidad ; donde son por consecuencia
admisibles todas las conversiones y todas las
defecciones, y puede pasar por honrosa hasta
la misma volubilidad ? ¡ Qué campo abierto al
charlatanismo , á la traicion, á la intriga!
¿Qué Estado ha de poder subsistir bajo con-
diciones tan disolventes? No bien está cons-

tituido, cuando lleva ya en la contradiccion


de su misma idea su principio de muerte.
¡ Extraña creacion ésta donde la lógica es
impotente y sólo parece práctica y racional
la inconsecuencia! (6)
CAPÍTULO V.

GOBIERNOS DE HECHO : DISOLUCION SOCIAL .

Siendo la monarquía y la democracia, úni-


cas de que me ocuparé en adelante, dos idea-
les que suministra la teoría, pero que son
irrealizables en el rigor de sus términos, ha
sido indispensable, como acabo de decir, re-
signarse en la práctica á transacciones de
todos géneros : de esas transacciones obliga-
das han nacido todos los gobiernos de he-
cho . Obra éstos del empirismo y variables á
lo infinito, son esencialmente y sin excep-
cion gobiernos compuestos ó mistos .
58 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Observaré á este propósito que los publi-


cistas se han engañado é introducido en la
política un elemento tan falso como peligroso ,
cuando por no distinguir la práctica de la
teoría , lo real de lo ideal, han puesto en la
misma linea los gobiernos de mera concep-
cion, irrealizables en toda su sencillez, y los
gobiernos mistos ó de hecho . La verdad es,
repito , que no existen ni pueden existir,
sino en teoría , los gobiernos de la primera
especie : todo gobierno de hecho es necesa-
riamente misto, llámesele, no importa cómo,
monarquía ó democracia. Esta observacion
es importante : sólo ella nos permite reducir
á un mero error de dialéctica las innumera-
bles decepciones, corrupciones y revoluciones
'de la política.

Todas las variedades de gobiernos de he-


cho, en otros términos, todas las transaccio-
nes gubernativas ensayadas ó propuestas
desde los tiempos más antiguos hasta nues-
tros dias, están reducidas á dos especies prin-
cipales que llamaré, valiéndome de los nom
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 59

bres hoy en boga, Imperio y Monarquia


constitucional. Esto necesita explicacion.

Habiendo sido desde un principio la guerra


y la desigualdad de fortunas la condicion de
los pueblos, la Sociedad se divide natural-
mente en cierto número de clases : Guerreros

ó Nobles , Sacerdotes, Propietarios , Mercade-


res, Navegantes , Industriales, Labradores.-
Donde hay reyes, forman casta aparte, la
primera de todas , la dinastía.

La lucha de las clases entre sí, el antagò-


nismo de sus intereses, la manera como éstos
se coaligan , determinan el régimen político ,
y por consiguiente la eleccion de gobierno,
sus innumerables especies y sus todavía más
innumerables variedades. Poco á poco todas
estas clases se refunden en dos : una supe-
rior , Aristocracia , Clase media ó Patriciado ;
y otra inferior, Plebe ó Proletariado , entre
las cuales flota la de los Reyes , expresion de
la Autoridad, órgano del Poder público. Si la
aristocracia se une con los reyes, el gobierno
60 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

que de ahí resulte será una monarquía mo-


derada ; si el que se coaliga con la autoridad
es el pueblo, el gobierno será un imperio ó
democracia autocrática. La teocracia de la
edad media era un pacto entre el sacerdocio
y el imperio : el Califato una monarquía á la
vez militar y religiosa. En Tiro, en Sidon,
en Cartago , apoyáronse los reyes en la clase
de los comerciantes hasta el momento en que
se apoderaron éstos del poder. En Roma, se-
gun parece, los reyes tuvieron en un princi-
pio á raya á patricios y á plebeyos : coali-.
gáronse luego las dos clases contra la corona,
y abolida la monarquía , tomó el Estado el
nombre de república . Quedó , sin embargo,
preponderante el patriciado. Mas esta cons-
titucion aristocrática fué tan borrascosa como
la democracia de Atenas : vivió el gobierno
de expedientes, y al paso que la democracia
ateniense sucumbió al primer choque en la
guerra del Peloponeso, la romana, gracias á
la necesidad en que se encontró el Senado
de ocupar al pueblo, dió por resultado la
conquista del mundo. Pacificado el orbe,
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 61

vino la guerra civil con todos sus estragos ,


y se enconó y prolongó hasta tal punto, que
la plebe, para concluirla, se dió un jefe,
destruyó patriciado y república , y creó el
imperio.

Suele causar admiracion que los gobiernos


fundados bajo los auspicios de una clase me-
dia ó de un patriciado , de acuerdo con una
dinastía, sean generalmente más liberales
que los fundados por las muchedumbres bajo
el patronato de un dictador ó de un tribuno .
El hecho debe parecer, en efecto, tanto más
sorprendente, cuanto que en el fondo la plebe
está más interesada en favor de la libertad
que la clase media, y en realidad tiende más
á establecerla. Pero esta contradiccion, esco-
llo de la política, viene explicada por la si-
tuacion de los partidos, situacion que en el
caso de una victoria obtenida por el pueblo
hace raciocinar y obrar á la plebe como auto-
crática, y en el caso de que lleguen á pre-
valecer las clases medias, las hace raciocinar
y obrar como republicanas. Volvamos al dua-
62 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

lismo fundamental, Autoridad y Libertad, y )


lo comprenderemos al momento .

De la divergencia de estos dos principios


nacen primordialmente , bajo la influencia
de las pasiones y de los intereses contrarios ,
dos diversas tendencias , dos corrientes de
opiniones opuestas. Sucede esto á causa de
que los partidarios de la autoridad tienden á
dejar á la libertad, ya individual, ya local ó
corporativa, el menor lugar posible, y á ex-
plotar partiendo de ahí el poder , cuya es-
colta son en su propio provecho y en detri-
mento de la muchedumbre ; y por lo contrario
los partidarios del régimen liberal tienden á
restringir indefinidamente la autoridad , y
á vencer á la aristocracia por medio de la
incesante determinacion de las funciones pú-
blicas , de los actos del poder y de sus for-
mas. Por efecto de su posicion , por lo hu-
milde de su fortuna , el pueblo busca en el
gobierno la libertad y la igualdad; por una
razon contraria el patriciado, propietario, ca-
pitalista , jefe de taller , se inclina más á
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 63

una monarquía que proteja las grandes per-


sonalidades , sea capaz de asegurar en pro-
vecho suyo el órden, y dé por consiguiente
más campo á la autoridad que á la libertad
política.

Todos los gobiernos de hecho, cualesquiera


que sean sus motivos ó reservas , están re-
ducidos á la una ó la otra de estas dos fór-
mulas : Subordinacion de la Autoridad á la
Libertad, ó Subordinacion de la Libertad á
la Autoridad.

La misma causa, empero , que levanta una


contra otra la clase media y la plebe, hace
pronto dar media vuelta á entrambas. La
democracia, tanto por asegurar su triunfo ,
como porque ignora las condiciones del po-
der y es incapaz de ejercerle, se da unjefe ab-
soluto ante cuya autoridad desaparezca todo
privilegio de casta; la clase media, que teme
el despotismo al par de la anarquía, prefiere
consolidar su posicion estableciendo una mo-
narquía constitucional; de modo que al fin y
64 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

al cabo, el partido que más necesita de liber-


tad y órden legal crea el absolutismo , y el
del privilegio establece el gobierno liberal ,
dándole por sancion las restricciones del de-
recho político .

Vése por ahí que, hecha abstraccion de las


consideraciones económicas que dominan el
debate , son cosas equivalentes clase media
y democracia , imperialismo y constituciona-
lismo y los demás gobiernos antagonistas,
cualquiera que sea el nombre que se les atri-
buya ; que bajo el punto de vista del derecho
y de los principios , son pueriles por demás
cuestiones como las siguientes : si no valía
más el régimen de 1814 que el de 1804 ; si no
sería más ventajoso para el país dejar la cons-
titucion de 1852 y volver á la de 1830 ; si
deberia el partido republicano refundirse en
el orleanista ó unirse al Imperio. Pueriles
digo porque, atendidos los datos que conoce-
mos, no vale un gobierno sino por los he-
chos que lo han traido y los gobiernos que
le representan, y toda discusion teórica que
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 65

sobre este punto se entable es vana y no


puede ménos de conducir á aberraciones .

Las contradicciones de la política, los cam-


bios de frente de los partidos , la perpétua
intervencion de los papeles son en la historia
tan frecuentes y tienen una tan gran parte
en los negocios humanos, que no puedo dejar
de insistir en ellos. El dualismo de la Auto-
ridad y la Libertad nos da la clave de esos
enigmas : sin esta explicacion primordial, la
historia de los Estados sería la desesperacion
de las conciencias y el escándalo de la filo-
sofia .

La aristocracia inglesa hizo la gran Carta;


los Puritanos produjeron á Cromwell. En
Francia la clase media ha sentado las impere-
cederas bases de todas nuestras constituciones
liberales. En Roma el patriarcado habia or-
ganizado la república; la plebe creó los Cé-
sares y los pretorianos. En el siglo xvı la Re-
forma es por de pronto aristocrática ; la masa
permanece católica ó se da Mesías á la ma
5
66 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

nera de Juan de Leyden : sucede lo contra-


rio de lo que se habia visto cuatro siglos
ántes, en que los nobles quemaban á los albi-
genses . ¡ Qué de veces - esta observacion es
de Ferrari- qué de veces no ha visto la
edad media á los Gibelinos trasformados en
Güelfos y á los Güelfos en Gibelinos ! En 1813
la Francia pelea por el despotismo, la coali-
cionpor lalibertad, precisamente lo contrario
de lo que en 1792 habia sucedido. Hoy los
legitimistas y los clericales sostienen la idea
de la federacion ; los demócratas son unita-
rios. No acabaria de citar ejemplos de este
género. Esto , con todo, no impide distinguir
las ideas , los hombres y las cosas por sus
tendencias naturales y sus orígenes : esto no
hace que los negros no sean los negros , y los
blancos siempre los blancos .

El pueblo, por su misma inferioridad y su


constante estado de apuro , formará siempre
el ejército de la libertad y del progreso: el
trabajo es por naturaleza republicano; lo
contrario implicaria contradicciones. Pero á
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 67

causa de su ignorancia, del carácter primi-


tivo de sus instintos, de la violencia de sus
necesidades, de la impaciencia de sus deseos,
el pueblo se inclina á las formas sumarias de
la autoridad. No busca garantías legales-
no tiene idea de ellas y no concibe el poder
que tienen ; tampoco una combinacion de
ruedas ni un equilibrio de fuerzas- para sí
mismo no las necesita; busca, sí, unjefe cuya
palabra le inspire confianza, cuyas inten-
ciones le sean conocidas, cuyas fuerzas todas
se consagren á sus intereses. Da á este jefe
una autoridad sin límites , un poder irresis-
1

tible. Mira como justo lo que cree ser útil, en'


atencion á que es pueblo y se burla de las
formalidades ; no hace caso alguno de las
condiciones impuestas á los depositarios del
poder público . Predispuesto á la sospecha y á
la calumnia , pero incapaz de toda discusion
metódica , no cree en definitiva sino en la
voluntad humana , no espera sino del hom-
bre, no tiene confianza sino en sus criaturas,
in principibus , in filiis hominum. No es-
pera nada de los principios, únicos que pue-
68 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

den salvarle : no tiene la religion de las


ideas.

Así la plebe romana, despues de setecien-


tos años de un régimen progresivamente li-
beral y de una serie de victorias alcanzadas
sobre los patricios , creyó atajar las dificul-
tades todas anonadando al partido de autori-
dad, y á fuerza de exagerar el poder tribu-
nicio dió á César la dictadura perpétua, im-
puso silencio al Senado, cerró los comicios, y
por una fanega de trigo, annona, fundó la
autoridad imperial. Lo más curioso es que
esta democracia estaba sinceramente con-
vencida de su liberalismo, y se lisonjeaba de
representar el derecho, la igualdad y el pro-
greso . Los soldados de César, idólatras de su
emperador, rebosaban de ódio y desprecio por
los reyes ; y es bien seguro que si los asesi-
nos del tirano no fueron inmolados al pié de
su víctima , fué porque la víspera se habia
visto á César ensayando sobre su calva frente
la diadema. Así los compañeros de Napo-
leon I, que habian salido del club de los ja
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 69

cobinos , á pesar de ser enemigos de los no-


bles, los sacerdotes y los reyes, encontraban
lo más sencillo del mundo atiborrarse de ti-

tulos de barones, de duques, de príncipes, y


hacer la corte á su ídolo ; lo que no le perdo-
naron fué haber tomado por mujer una prin-
cesa de Habsburgo .

Entregada á sí misma ó conducida por


sus tribunos, la multitud no fundó jamás
nada. Tiene la cabeza trastornada : no llega á
formar nunca tradiciones, no está dotada de
espíritu lógico, no llega á idea alguna que
adquiera fuerza de ley, no comprende de la
política sino la intriga, del gobierno sino
las prodigalidades y la fuerza , de la justicia
sino la vindicta pública, de la libertad sino
el derecho de erigirse ídolos que al otro dia
demuele . El advenimiento de la democracia
abre una era de retroceso que conduciria la
nacion y el Estado á la muerte, si éstos no
se salvasen de la fatalidad que les amenaza
por una revolucion en sentido inverso, que
conviene ahora que apreciemos.
70 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

La plebe, como que vive al dia , sin pro-


piedad, sin empresas, apartada de los em-
pleos públicos, está al abrigo y se inquieta
poco de los peligros de la tiranía. La clase
media, por lo contrario, como que posee,
comercia y fabrica, y codicia además la tierra
y los pingües sueldos, está interesada en
prevenir las catástrofes y asegurarse la de-
vocion del poder. La necesidad de órden la
lleva á las ideas liberales : de aquí las cons-
tituciones que impone á los reyes. Al mismo
tiempo que encierra al gobierno en un círculo
de formas legales de su eleccion y le sujeta
al voto de un parlamento, deroga el sufragio
universal y restringe el derecho político á
una categoría de censatarios ; pero guar-
dándose bien de tocar la centralizacion ad-
ministrativa, estribo del feudalismo indus-
trial. Si la division de poderes le es útil para
contrarestar la influencia de la corona y des-
concertar la política personal del príncipe;
si por otra parte le sirve igualmente el pri-
vilegio electoral contra las aspiraciones po-
pulares, no le es ménos preciosa la centrali
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 71

zacion, en primer lugar, por los empleos que


hace necesarios, y proporcionan á la clase
media participacion en el poder y el impues-
to, y luego por lo que facilita la pacífica
explotacion de las masas. Bajo un régimen
de centralizacion administrativa y de sufra-
gio restringido, donde al paso que la clase
media queda, por su sistema de mayorías,
dueña del gobierno, toda vida local está sa-
crificada y toda agitacion fácilmente com-
primida; bajo un régimen tal, digo, la clase
trabajadora, acuartelada en sus talleres, está
condenada á vivir de un salario. Existe la
libertad, pero sólo en la sociedad de la clase
media, cosmopolita como sus capitales : la
multitud ha hecho dimision, no sólo ya en lo
político, sino tambien en lo económico.

¿Será necesario añadir que la supresion ó


la conservacion de una dinastía no alteraria
en nada el sistema? Una república unitaria
y una monarquía constitucional son lo mis-
mo : no hay en aquella sino el cambio de
una palabra y un funcionario ménos.
72 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Pero si es de poca duracion el absolutismo


democrático , no lo es ménos el constitucio-
nalismo de la clase media. El primero era
retrógrado, no tenía freno, carecia de princi-
pios , despreciaba el derecho , hostilizaba la
libertad, destruia toda seguridad y toda con-
fianza. El sistema constitucional, con sus
formas legales, su espíritu jurídico, su ca-
rácter poco espansivo, sus solemnidades par-
lamentarias, se presenta claramente al fin y
al cabo como un vasto sistema de explota-
cion y de intriga, donde la política corre
parejas con el agiotaje, donde la contribu-
cion no es más que la lista civil de una
casta , y el poder monopolizado el auxiliar
del monopolio. El pueblo tiene el sentimiento
vago de ese inmenso despojo : las garantias
constitucionales le interesan poco. Principal-
mente en 1815 dió de ello muestras que-
riendo más á su emperador, á pesar de sus
infidelidades , que á sus reyes legítimos , á
pesar de su liberalismo .

El mal éxito que alternada y repetida


EL PRINCIPIO FEDERATIVO 73

mente tienen la democracia imperial y el


constitucionalismo de la clase media , da
por resultado la creacion de un tercer par-
tido que, enarbolando la bandera del escep-
ticismo , no jurando sostener jamás ningun
principio, y siendo esencial y sistemática-
mente inmoral, tiende á reinar, como suele
decirse, por el sistema de tira y aloja, es
decir, arruinando toda autoridad y toda li-
bertad, en una palabra, corrompiendo . Esto
es lo que se ha llamado sistema doctrinario .
No hace este sistema fortuna con ménos ra-
pidez que los otros. Acógesele en un principio
por el ódio y la execracion que se siente contra
los partidos antiguos; sostiénele luego el des-
aliento cada vez mayor de los pueblos ; jus-
tifícale en cierto modo el espectáculo de la
contradiccion universal. Constituye á poco
el dogma secreto del poder, que no podrá
jamás hacer públicamente profesion de es-
cepticismo, por impedírselo su pudor y su
decoro: y es desde luego el dogma declarado
de la clase media y del pueblo, que como no
están detenidos por ninguna clase de consi
74 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

deraciones, dejan aparecer á la luz del dia


su indiferencia, y hasta hacen de ella un
vano alarde . Perdidas entónces la autoridad

y la libertad en las almas, consideradas la


justicia y la razon como palabras sin sen-
tido , la sociedad está disuelta , la nacion
abajo. No subsiste ya más que materia y
fuerza bruta : no tardará, so pena de muerte
moral , en estallar una revolucion. ¿Qué sal-
drá de ella? Ahí está la historia para contes-
tarnos: los ejemplos abundan, se cuentan por
millares . Al sistema condenado sucederá,
gracias al movimiento de las generaciones,
de suyo olvidadizas, pero sin cesar rejuvene-
cidas, una nueva transaccion que seguirá la
misma carrera, y gastada y deshonrada á su
vez por las contradicciones de su propia idea,
vendrá á tener el mismo término. Y esto
continuará mientras la razon general no ha-
ya descubierto el medio de dominar los dos
principios y equilibrar la sociedad, llegando
á regularizar hasta sus antagonismos (7) .
CAPÍTULO VI .

POSICION DEL PROBLEMA POLÍTICO .- PRINCIPIO DE


SOLUCION .

Si el lector ha seguido algo cuidadosa-


mente la exposicion que acabo de hacer, no
podrá ménos de ver en la sociedad humana
una creacion fantástica llena de asombros y
misterios. Recordemos en breves palabras las
diferentes lecciones que hemos recogido :

a) El órden político descansa en dos


principios conexos , opuestos é irreductibles:
la Autoridad y la Libertad.

b) De esos dos principios se deducen


76 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

paralelamente dos regímenes contrarios : el


régimen absolutista y el régimen liberal.

c) Esos dos regímenes son tan diferen-


tes , incompatibles é irreconciliables por sus
formas como por su naturaleza ; los hemos
definido en dos palabras : indivision, sepa-
racion .

d) Ahora bien ; la razon indica que toda


teoría debe desenvolverse conforme á su
principio, y toda existencia realizarse segun
su ley: la lógica es la condicion, tanto de la
vida, como del pensamiento. En política su-
cedejustamente lo contrario : ni la autoridad
ni la libertad pueden constituirse aparte, ni
dar orígen á un sistema que les sea exclusi-
vamente propio ; léjos de esto, se hallan con-
denadas en sus respectivos triunfos á hacerse
perpétuas y mútuas concesiones.

e) Síguese de aquí, que no siendo posi-


ble en política ser fiel á los principios sino
en el terreno teórico, y habiéndose de llegar
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 77

en la práctica á transacciones de todos gé-


neros, el gobierno está, en último análisis,
reducido , á pesar de la mejor voluntad y de
toda la virtud del mundo, á una creacion
híbrida y equívoca, á una promiscuidad de
regímenes , rechazada por la severa lógica,
ante la cual no puede ménos de retroceder la
buena fe . No se salva de esta contradiccion
ningun gobierno .

f
) Conclusion : entrando fatalmente la
arbitrariedad en la política, la corrupcion
llega á ser pronto el alma del poder, y la
sociedad marcha arrastrada sin tregua ni
descanso por la pendiente sin fin de las re-
voluciones .

Tal es el estado del mundo . No es efecto


ni de una malicia satánica , ni de una im-
perfeccion de nuestra naturaleza , ni de una
condenacion providencial, ni de un capri-
cho de la fortuna ó de una sentencia del
destino. No hay que darle vueltas ; así son
las cosas. A nosotros nos toca ahora ver de
78 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

sacar de esa singular situacion el mejor


partido .

Consideremos que hace más de ocho mil


años ,-no van más allá los recuerdos de la
historia ,-todas las especies de gobierno, to-
das las combinaciones políticas y sociales ,
han sido sucesivamente ensayadas, abando-
nadas, tomadas de nuevo, modificadas, des-
figuradas , agotadas, y que el mal éxito ha
venido constantemente á recompensar el celo
de los reformadores y á burlar las esperanzas
de los pueblos. La bandera de la libertad ha
servido siempre de abrigo al despotismo ; las
clases privilegiadas se han rodeado siempre,
en interés de sus mismos privilegios, de ins-
tituciones liberales é igualitarias ; los parti-
dos han faltado siempre á sus programas ; y
los Estados , reemplazada siempre la fe por la
indiferencia, el espíritu cívico por la corrup-
cion, han perecido por el desarrollo de las
mismas nociones en que habian sido funda-
dos. Las razas más vigorosas é inteligentes
han consumido en ese trabajo sus fuerzas: la
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 79

historia está llena de sus luchas. Una que


otra vez, gracias á una serie de triunfos que
han permitido ilusiones sobre la fuerza del
Estado, se ha podido creer en la excelencia
de una constitucion ó en la sabiduría de un
gobierno, que no existian. Pero restablecida
la paz, los vicios del sistema han saltado á
los ojos, y los pueblos han ido á descansar en
las luchas civiles de las fatigas de la guerra
extranjera. La humanidad ha ido así de re-
volucion en revolucion : no por otro medio se
han sostenido ni áun las naciones más céle-
bres, ni áun las que más han durado. Entre
todos los gobiernos conocidos y practicados
hasta el dia, no hay uno que hubiese podido
vivir lo que vive un hombre, si se le hubiese
condenado á subsistir por su virtud propia. Y
¡ cosa extraña ! los jefes de las naciones y sus
ministros, son de todos los hombres los que
ménos creen en la duracion del sistema que
representan ; interin no llegue el reinado de
la ciencia, los gobiernos están sostenidos por
la fe de las masas. Los griegos y los roma-
nos, que nos han legado sus instituciones con
80 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

sus ejemplos, al llegar al punto más intere-


sante de su evolucion desesperaron y se hun-
dieron ; y la sociedad moderna parece haber
llegado á su vez á esa hora suprema. No
confieis en las palabras de esos agitadores
que gritan Libertad, Igualdad, Nacionali-
dad : no saben nada ; son muertos que tienen
la pretension de resucitar á otros muertos .
El público los escucha un instante como hace
:
con los bufones y los charlatanes ; luégo pasa
con la razon vacía y desolado el corazon .

Una señal cierta de que nuestra disolu-


cion está próxima y va á abrirse una nueva
era, es que la confusion del lenguaje y de
las ideas ha llegado á tal punto, que el pri-
mer recien venido puede llamarse á su an-
tojo republicano , monárquico , demócrata,
hombre de la clase media, conservador, unio-
nista, liberal, ya sucesivamente, ya á la vez,
sin temor de que nadie le acredite de impos-
tor ni de iluso. Los príncipes y los barones
del primer imperio habian dado hartas prue-
bas de sansculotismo . La clase media de 1814,
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 81

repleta de bienes nacionales, única cosa que


habia comprendido de las instituciones del89,
era liberal y hasta revolucionaria ; 1830 la
volvió conservadora , y 1848 la ha hecho
reaccionaria, católica, y más que nunca mo-
nárquica. Actualmente los republicanos de
Febrero trabajan por la monarquía de Víctor
Manuel, y los socialistas de Junio se declaran
unitarios . Antiguos amigos de Ledru-Rollin
se adhieren al Imperio, considerándole como
la verdadera expresion revolucionaria y co-
mo la más paternal forma de gobierno. Ver-
dad es que otros los acusan de estar vendidos ,
pero desatándose á su vez con furor contra
el federalismo. Esto no es ya más ni ménos
que el desórden sistemático, la confusion or-
ganizada , la apostasía permanente , la trai-
cion universal .

Se trata de saber si la sociedad puede lle-


gar á algo regular, equitativo y estable que
satisfaga la razon y la conciencia, ó si esta-
mos condenados por toda una eternidad á
esta rueda de Ixion . ¿Es el problema irreso
6
82 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

luble? Un poco de paciencia, lector: si no te


hago pronto salir del embrollo , tendrás de-
recho á decir que la lógica es falsa , el pro-
greso una añagaza , la libertad una utopia.
Dignate tan sólo raciocinar conmigo unos i
minutos , por más que en negocios semejan-
tes raciocinar sea correr el riesgo de enga-
ñarse á sí mismo y perder con su razon su
tiempo y su trabajo.

1. Conviene por de pronto observar que


la historia nos presenta, en sucesion lógica y
cronológica , los dos principios Autoridad y
Libertad, de los que procede todo el mal de
que nos lamentamos. La Autoridad , como la
familia , como el padre, genitor , es la pri-
mera que aparece : toma desde luego la ini-
ciativa , es la afirmacion. Viene despues la
Libertad razonadora, es decir , la crítica, la
protesta , la determinacion . Resulta este ór-
den sucesivo de la definicion misma de las
ideas y de la naturaleza de las cosas : nos, lo
atestigua la historia toda. No hay aquí in-
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 83

version posible ; no hay el menor vestigio de


arbitrariedad .

2. No es ménos importante observar que


el régimen autoritativo , paternal y monár-
quico se aleja tanto más de su ideal , cuanto
más numerosa es la familia , tribu ó pueblo,
y cuanto más crece el Estado en poblacion
y territorio; de suerte , que cuanto más ex-
tension toma la autoridad, tanto más into-
lerable se hace. De aquí nacen las concesio-
nes que se ve obligado á hacer á la libertad,
su antagonista. Por lo contrario , el régi-
men de la libertad se acerca tanto más á su |
ideal y tiene tantas más probabilidades de
buen éxito, cuanto más aumenta enpobla-
cion y territorio el Estado , cuanto más se
multiplican las relaciones , cuanto más ter-
reno va ganando la ciencia. Pídese al prin-
cipio en todas partes una constitucion , y se
pedirá más tarde la descentralizacion . Espé-
rese un momento y se verá surgir la idea de
la federacion . De suerte que puede decirse de
la Libertad y de la Autoridad lo que de sí y
84 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

de Jesús decia Juan Bautista : Illam oportet


crescere , hanc autem minui.

Ese doble movimiento , el uno de retro-


cesion, el otro de progreso , que se re-
suelve en un solo fenómeno, resulta igual-
mente de la definicion de los principios , de
su posicion relativa y del papel que los dos
juegan : en esto no hay aún equívoco posible
ni lugar alguno para lo arbitrario. El hecho
es de evidencia objetiva y de certidumbre
matemática : es lo que llamaremos una LEY .

3. La consecuencia de esta ley, que cabe


llamar necesaria , lo es en sí misma. Consiste
en que siendo el principio de autoridad el
que primeramente aparece , y sirviendo de
materia elaborable á la Libertad , á la razon
y al derecho , queda poco a poco subalter-
nada por el principio liberal, racionalista y
jurídico. El jefe del Estado que empieza por
ser inviolable , irresponsable , absoluto como
el padre de familia , pasa á ser justiciable
ante la razon , es luego el primer súbdito de
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 8

la ley, y termina al fin por ser un mero


agente , un instrumento , un servidor de la
Libertad misma .

Esta tercera proposicion es tan cierta como


las dos primeras, está tambien al abrigo de
toda contradiccion y todo equívoco , y viene
altamente atestiguada por la historia. En la
eterna lucha de los dos principios , la Revo-
lucion francesa , lo mismo que la Reforma,
se presenta como una era diacrítica. Marca
en el órden político el momento en que la
Libertadha tomado oficialmente la delantera
á la Autoridad , del mismo modo que la Re-
forma habia marcado en el órden religioso,
el momento en que sobre la fe habia preva-
lecido el libre exámen. Desde los tiempos de
Lutero , la fe se ha hecho en todas partes ra-
zonadora ; la ortodoxia, como la herejía, han
querido llevarnos, por medio de la razon , á
la creencia; el precepto de San Pablo , ratio-
nabile sit obsequium vestrum , sea razonada
ó racional vuestra obediencia, ha sido ám-
pliamente comentado y puesto en práctica.
86
, EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Roma se ha puesto á discutir como Ginebra;


la religion ha tendido á convertirse en cien-
cia; la sumision à la Iglesia ha aparecido
rodeada de tantas condiciones y reservas, que,
salva la diferencia en los artículos de fe , no
ha habido ya diferencia entre el cristiano y
el incrédulo. Todo está en que son de distin-
tas opiniones : fuera de esto , pensamiento ,
razon , conciencia , siguen en ambos la mis-
ma marcha. Una cosa semejante ha sucedido
en lo político despues de la revolucion fran-
cesa. Ha menguado el respeto á la autoridad;
no se ha deferido sino condicionalmente á
las órdenes del príncipe ; se ha exigido del
soberano reciprocidad , garantías ; ha cam-
biado el temperamento político ; los más fer-
vorosos realistass , á la manera de los barones
de Juan Sin-Tierra, han querido una consti-
tucion , una carta ; y hombres como Berryer,
de Falloux , de Montalembert, etc. , pueden
llamarse hoy tan liberales como nuestros
demócratas. Chateaubriand, el bardo de la
Restauracion , se vanagloriaba de ser filósofo
y republicano : no se habia constituido en
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 87

defensor del altar y del trono , sino por un


acto de su libre albedrío. Se sabe á lo que
vino á parar el violento catolicismo de La-
mennais .

Así , mientras la autoridad , de cada dia


más precaria , está en peligro, el derecho se
precisa, y la libertad , á pesar de ser siempre
sospechosa , adquiere más realidad y fuerza .
Resiste el absolutismo lo mejor que puede,
pero al fin abandona el campo; la REPÚBLICA
parece , por lo contrario , irse acercando , á
pesar de estar constantemente combatida,
afrentada , vencida, proscrita. ¿Qué partido
podemos sacar de este hecho capital para la
constitucion del gobierno?
CAPÍTULO VII .

NACIMIENTO DE LA IDEA DE FEDERACION .

Puesto que en el terreno de la teoría y el


de la historia , la Autoridad y la Libertad se
suceden como por una especie de polari-
zacion;

Puesto que la primera declina insensible-


mente y se retira , al paso que la segunda
crece y se presenta ;

Puesto que de esa doble marcha resulta


una especie de subordinacion , por la cual
la Autoridad va de dia en dia quedando so-
metida al derecho de la Libertad ;
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 89

Puesto que, en otros términos, el régimen


liberal ó consensual prevalece cada vez más
sobre el régimen autoritativo; debemos fijar-
nos en la idea de contrato, como la más do-
minante de la política.

¿Qué se entiende , en primer lugar , por


contrato?

El contrato , dice el Código civil en su ar-


tículo 1101 , es un convenio por el cual una ó
muchas personas se obligan para con otra ú otras
á hacer ó dejar de hacer alguna cosa.

Art. 1102. Es sinalagmático ó bilateral, cuan-


do los contratantes se obligan recíprocamente los
unos para con los otros..

Art. 1103. Es unilateral , cuando una ó mu-


chas personas quedan obligadas para con otra ú
otras, sin que éstas por su parte lo queden.

Art. 1104. Es conmutativo , cuando cada una


de las partes se obliga á dar ó hacer algo que se
considera equivalente a lo que se le da ó á lo que
por ella se hace. Cuando este equivalente con
90 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

siste en las probabilidades de ganancia ó pérdida


que puede haber para cada una de las partes en la
realizacion de un suceso incierto , el contrato es
aleatorio .

Art. 1105. El contrato de beneficencia es aquel


en que una de las partes proporciona á la otra un
beneficio puramente gratuito .

Art. 1106. Es contrato à titulo oneroso el que


sujeta á cada una de las partes á dar ó hacer algo .

Art. 1371. Se da el nombre de cuasi-contratos


á los hechos voluntarios del hombre, de los que
resulta una obligacion qualquiera para con una
tercera persona, y á veces una obligacion reci-
proca entre ambas partes.

A estas distinciones y definiciones del Có-


digo, relativas á la forma y á las condiciones
de los contratos , añadiré yo una concer-
niente á su objeto .

Los contratos son domésticos , civiles , co-


merciales ó políticos; segun la naturaleza de
las cosas sobre que versan y el objeto con
que se los celebra .
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 91

Vamos á ocuparnos de la última especie


de contrato , del contrato político.

La nocion de contrato no es enteramente

ajena del régimen monárquico , como no lo


es tampoco de la paternidad ni de la familia.
Mas por lo que llevamos dicho acerca de los
principios de autoridad y de libertad , y del
papel que juegan en la formacion de los go-
biernos , es fácil comprender que esos prin-
cipios no intervienen del mismo modo en el
otorgamiento del contrato político ; que así,
la obligacion que une al monarca con sus
súbditos , obligacion no escrita, sino espon-
tánea, que resulta del espíritu de familia y
de la calidad de las personas, es una obliga-
cion unilateral , puesto que en virtud del
principio de obediencia , está obligado á más
el súbdito para con el príncipe, que el prín-
cipe para con el súbdito. De una manera ex-
presa dice la teoría del derecho divino, que
sólo para ante Dios es responsable el mo-
narca. Puede hasta suceder que el contrato
entre príncipe y súbdito degenere en un
92 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

contrato de mera beneficencia , cuando por


ineptitud ó idolatría de los ciudadanos
se solicite del principe que se apodere de
la autoridad y se encargue de sus súbdi-
tos, inhábiles para gobernarse y defenderse,
como se encarga un pastor de su rebaño .
Peor sucede aún donde está admitido el
principio hereditario. Un conspirador como
el duque de Orleans , que fué más tarde
Luis XII ; un parricida como Luis XI ; una
adúltera como María Estuardo , conservan, á
pesar de sus crímenes , sus derechos eventua-
les á la corona. Inviolables desde que nacen,
puede decirse que existe entre ellos y los
fieles súbditos del príncipe a quien han de
suceder un cuasi-contrato . En dos palabras: el
contrato no es igual en el régimen monár-
quico , por la misma razon que la autoridad
es en él la preponderante .

El contrato político no llega á ser comple-


tamente digno y moral sino bajo la condi-
cion : 1.°, de ser sinalagmático y conmuta-
tivo; 2.º, de estar encerrado, en cuanto á su
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 93

objeto , dentro de ciertos límites : condiciones


ambas que se supone que existen bajo el
régimen democrático , pero que áun en este
régimen no son las más de las veces sino
ficticias. ¿Puede acaso decirse que ni en una
democracia representativa y centralizadora,
ni en una monarquía constitucional y basada
sobre el censo , ni mucho menos en una re-
pública comunista como la de Platon , sea
igual y recíproco el contrato político que une
al individuo con el Estado? ¿Puede decirse
que ese contrato, que toma á los ciudadanos
la mitad ó las dos terceras partes de su sobe-
ranía, y la cuarta de sus productos , esté en-
cerrado dentro de justos límites ? ¿No sería
más verdadero decir, cosa que la experiencia
sobradas veces confirma , que en todos esos
sistemas es el contrato exorbitante , oneroso,
puesto que carece de compensacion para una
más ó ménos considerable parte de ciudada-
nos , y aleatorio , puesto que el beneficio pro-
metido , ya de suyo insuficiente, dista de
estar asegurado ?
94 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Para que el contrato político llene la con-


dicion de sinalagmático y conmutativo que
da de sí la idea de democracia ; para que
encerrado dentro de prudentes límites sea
para todos ventajoso y cómodo , es indispen-
sable que el ciudadano, al entrar en la aso-
ciacion: 1.°, tenga que recibir del Estado
tanto como le sacrifica ; 2.°, conserve toda su
libertad , toda su soberanía y toda su inicia-
tiva en todo lo que no se refiere al objeto es-
pecial para que se ha celebrado el contrato y
se busca la garantía del Estado . Arreglado
y comprendido así el contrato político , es lo
que yo llamo una federacion (8).
FEDERACION , del latin fædus , genitivo
fæderis , es decir , pacto , contrato, tratado ,
convencion, alianza , etc., es un convenio
por el cual uno ó muchos jefes de familia,
uno ó muchos municipios , uno ó muchos
grupos de pueblos ó Estados, se obligan reci-
proca é igualmente los unos para con los
otros, con el fin de llenar uno ó muchos ob-
jetos particulares que desde entonces pesan
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 95

sobre los delegados de la federacion de una


manera especial y exclusiva (9) .

Insistamos en esta definicion .

Lo que constituye la esencia y el carácter


del contrato. federativo , y llamo sobre esto la
atencion del lector, es que en este sistema
los contrayentes , jefes de familia, munici-
pios, cantones , provincias ó Estados, no sólo
se obligan sinalagmática y conmutativa-
mente , los unos para con los otros, sino que
tambien se reservan individualmente al cele-
brar el pacto más derechos , más libertad , más
autoridad , más propiedad de los que ceden .

No sucede así , por ejemplo, en la sociedad


universal de bienes y ganancias , autori-
zada por el Código civil y llamada por otro
nombre comunidad , imágen en miniatura
del régimen absoluto. El que entra en una
sociedad de esta clase , sobre todo si es per-
pétua , tiene más trabas y está sometido á
más cargas que iniciativa no conserva. Mas
96 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

esto es precisamente lo que hace raro el con-


trato y ha hecho en todos tiempos insopor-
table la vida cenobítica. Toda obligacion,
áun siendo sinalagmática y conmutativa, es
excesiva y repugna por igual al ciudadano y
al hombre , si exigiendo del asociado la to-
talidad de sus esfuerzos , se sacrifica por en-
tero á la sociedad y en nada la deja indepen-
diente .

En conformidad á estos principios , te-


niendo el contrato de federacion, en términos
generales, por objeto garantizar á los Esta-
dos que se confederan la soberania, el terri-
torio y la libertad de sus ciudadanos , arre-
: glar además sus diferencias , y proveer por
medio de medidas generales á todo lo que
mira á la seguridad y á la prosperidad co-
munes , es un contrato esencialmente res-
tringido á pesar de los grandes intereses que
constituyen su objeto. La autoridad encar-
gada de su ejecucion no puede en ningun
tiempo prevalecer sobre los que la han creado;
quiero decir , que las atribuciones federales !
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 97

no pueden exceder jamás en realidad ni en


número las de las autoridades municipales ó
provinciales , así como las de éstas no pue-
den tampoco ser más que los derechos y las
prerogativas del hombre y del ciudadano.
Si no fuese asi, el municipio sería una comu-
nidad , la federacion volveria á ser una cen-
tralizacion monárquica ; la autoridad federal,
que debe ser una simple mandataria y estar
siempre subordinada, sería considerada como
preponderante ; en lugar de circunscribirse
á un servicio especial , tenderia á absorber
toda actividad y toda iniciativa ; los Estados
de la confederacion serian convertidos en
prefecturas, intendencias , sucursales , admi-
nistraciones de puertas. Asi trasformado, po-
dríais dar al cuerpo político el nombre de re-
pública , el de democracia ó el que mejor
quisiérais ; no sería ya un Estado constituido
en la plenitud de sus diversas autonomías,
no sería ya una confederacion. Lo mismo su-
cederia con mayor motivo, si por una falsa
razon de economía , por deferencia ó por
cualquiera otra causa, los municipios, canto
7
98 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

nes ó Estados confederados encargasen á uno


de ellos de la administracion y del gobierno
de los otros. La república se convertiria de
federativa en unitaria, y estaria en camino
del despotismo (10).

En resúmen , el sistema federativo es el


opuesto al de jerarquía ó centralizacion ad-
ministrativa y gubernamental, por el que se
distinguen ex æquo las democracias impe-
riales , las monarquías constitucionales y las
repúblicas unitarias. Su ley fundamental,
su ley característica es la siguiente. En la
federacion, los atributos de la autoridad cen-
tral se especializan y se restringen, disminu-
- yen en número , obran de una manera mé-
nos inmediata, son , si puedo atreverme á
hablar así , ménos intensos á medida que la
Confederacion se va desarrollando por medio
de la accesion de nuevos Estados. En los go-
biernos centralizados , por lo contrario, las
atribuciones del poder supremo se multipli-
can , se extienden , se ejercen de una ma-
nera más inmediata, y van haciendo entrar
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 99

en la competencia del príncipe los negocios


de las provincias, de los municipios , de las
corporaciones y de los particulares, en razon
directa de la superficie territorial y de la ci-
fra de poblacion. De aquí esa enorme presion
bajo la que desaparece toda libertad , así la
municipal como la provincial , así la del in-
dividuo como la del reino .

Voy á terminar el capítulo por una conse-


cuencia de este hecho. Siendo el sistema
unitario el reverso del federativo , es de todo
punto imposible una confederacion entre
grandes monarquías, y con mayor razon en-
tre democracias imperiales. Estados como
Francia, Austria, Inglaterra, Prusia , Rusia,
pueden celebrar entre si tratados de alianza
ó de comercio; pero repugna que se confe-
deren, primero porquesu principio es contra-
rio á este sistema y les pondria en abierta
oposicion con el pacto federal , y luego por-
que deberian abdicar una parte de su sobe-
ranía y reconocer sobre ellos un árbitro
cuando ménos para ciertos casos. No está en
100 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

sú naturaleza eso de transigir y obedecer;


está , sí , el mandar. Los príncipes que en
1813 , sostenidos por la insurreccion de las
masas , peleaban contra Napoleon por las li-
bertades de Europa y formaron luégo la
Santa Alianza , no eran á buen seguro con-
federados ; el carácter absoluto de su poder les
impedia tomar este nombre. Eran , como
en 92 , meros coaligados : no los llamará de
otro modo la historia. No sucede otro tanto
con la Confederacion germánica, hoy en vias
de reforma : por su carácter de libertad y de
nacionalidad, amenaza con hacer desapare-
cer un dia las dinastías que son para ella un
obstáculo (11) .
CAPITULO VIII .

CONSTITUCION PROGRESIVA .

La historia y el análisis, la teoría y el


empirismo nos han conducido, al través de
las agitaciones de la libertad y del poder,
á la idea de un contrato político .

Aplicando luego esta idea y procurando


darnos cuenta de ella, hemos reconocido que
el contrato social por excelencia es un con-
trato de federacion , que hemos definido en
estos términos: Un contrato sinalagmático y
conmutativo para uno ó muchos objetos deter-
minados, cuya condicion esencial es que los
contratantes se reserven siempre una parte
102 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

de soberanía y de accion mayor de la que


ceden .

Es justamente lo contrario de lo que ha


sucedido en los antiguos sistemas monárqui-
cos , democráticos y constitucionales , donde
por la fuerza de las situaciones y el irresisti-
ble impulso de los principios , se supone que
los individuos , y áun sus distintos grupos,
han abdicado en manos de una autoridad,
ya impuesta , ya elegida , toda su soberanía,
y obtenido ménos derechos , y conservado
ménos garantías y ménos iniciativa que car-
gas y deberes tienen.

Esta definicion del contrato federativo es


un paso inmenso que va á darnos la solucion
tan prolijamente buscada.

El problema político , hemos dicho en el


capítulo primero, reducido á su más sencilla
éxpresion, consiste en hallar el equilibrio en-
tre dos elementos contrarios, la Autoridad y
la Libertad. Todo equilibrio falso produce
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 103

inmediatamente para el Estado desórden y


ruina , para los ciudadanos opresion y mi-
seria . En otros términos : las anomalías ó
perturbaciones del órden social resultan del
antagonismo de sus principios , y desapare-
cerán en cuanto los principios estén coordi-
nados de suerte que no puedan hacerse daño.
Equilibrar dos fuerzas es sujetarlas á una 1

ley que, teniéndolas á raya la una por la


otra, las ponga de acuerdo. ¿Quién vá á
proporcionarnos ese nuevo elemento supe-
rior á la Autoridad y á la Libertad, convertido
en el elemento dominante del Estado por
voluntad de entrambos? El contrato , cuyo
tenor constituye DERECHO y se impone por
igual á las dos fuerzas rivales (12) .

Mas en una naturaleza concreta y viva, tal


como la sociedad, no se puede reducir el De-
recho á una nocion puramente abstracta , á
una aspiracion indefinida de la conciencia,
cosa que sería echarnos de nuevo en las fic-
ciones y los mitos. Para fundar la sociedad
es preciso no ya tan sólo sentar una idea, sino
104 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

tambien verificar un acto jurídico , esto es,


celebrar un verdadero contrato . Así lo sentian
los hombres del 89 cuando acometieron la em--
presa de dar una Constitucion á la Francia;
y así lo han sentido cuantos Poderes han ve-
nido tras ellos . Desgraciadamente , si no les
faltaba buena voluntad , carecian de luces
suficientes : ha faltado hasta aquí notario
para redactar el contrato. Sabemos ya cuál
debe ser su espíritu ; probemos ahora de hacer
la minuta de su contenido .

Todos los artículos de una constitucion


pueden reducirse á uno solo, el que se refiere
al papel y á la competencia de ese gran fun-
cionario que se llama el Estado . Nuestras
asambleas nacionales se han ocupado á más
y mejor en distinguir y separar los poderes,
es decir, en determinar la accion del Estado;
de la competencia del Estado en sí misma,
de su extension , de su objeto , no se ha pre-
ocupado gran cosa nadie . Se ha pensado en la
particion , como ha dicho candidamente un
ministro de 1848; en cuanto á la cosa parti-
.
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 105

ble, se ha creido generalmente que cuanto


mayor fuese , más grande sería la fiesta. Y,
sin embargo , deslindar el papel del Estado,
es una cuestion de vida ó muerte para la
libertad, tanto individual como colectiva.

Lo único que podia ponernos en el camino


de la verdad era el contrato de federacion,
que por su esencia no puede ménos de reser-
var siempre más á los individuos que al Es-
tado , más á las autoridades municipales y
provinciales que á la central .

En una sociedad libre, el papel del Estado


ó del Gobierno está principalmente en legis-
lar, instituir , crear, inaugurar, instalar, lo
ménos posible en ejecutar: En esto el nombre
de poder ejecutivo , por el cual se designa
uno de los aspectos del poder soberano , ha
contribuido singularmente á falsear las ideas . :

El Estado no es un empresario de servicios


públicos : esto sería asimilarle á los indus-
triales que se encargan por un precio alzado
de los trabajos del municipio. El Estado, bien
106 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

ordene , bien obre ó vigile , es el generador


y el supremo director del movimiento ; si
algunas veces pone mano á la obra , es sólo
para impulsar y dar ejemplo . Verificada la
creacion , hecha la instalacion ó la inaugu-
1
racion, el Estado se retira dejando á las au-
toridades locales y á los ciudadanos la ejecu-
cion del nuevo servicio .

El Estado , por ejemplo , es el que fija los


pesos y las medidas, el que da el modelo , el
valor y las divisiones de la moneda. Propor-
cionados los tipos, hecha la primera emision ,
la fabricacion de las monedas de oro , plata
y cobre, deja de ser una funcion pública, un
empleo del Estado , una atribucion del mi-
nisterio; es una industria que incumbe á las
ciudades , y que nada obstaria que en caso
necesario fuese del todo libre, del mismo
modo que lo es la fabricacion de las balan-
zas, de las básculas, de los toneles y de toda
clase de medidas. La única ley es en esto la
mayor baratura . ¿ Qué se exige en Francia
para que sea reputada de ley la moneda de
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 107

oro y plata? Que tenga, sobre nueve déci- 1

mos de metal fino, uno sólo de liga. No me


opongo, antes quiero que haya un inspector
que siga y vigile la fabricacion de la mo-
neda; pero sí sostengo que no va más allá el
deber ni el derecho del Estado :

Lo que digo de la moneda, lo repito de


una multitud de servicios que se han dejado
abusivamente en manos del Gobierno : cami-
nos , canales , tabacos , correos, telégrafos, 1

caminos de hierro, etc. Comprendo, admito,


reclamo, si es necesario, la intervencion del
Estado en todas esas grandes creaciones de
utilidad pública ; pero no veo la necesidad
de dejarlas en sus manos despues de entrega-
das al uso de los ciudadanos. Semejante cen- /
tralizacion constituye á mis ojos un exceso
de atribuciones. He pedido en 1848 la inter-
vencion del Estado para el establecimiento
de bancos nacionales , instituciones de cré-
dito, de prevision, de seguros, así como para
los ferro-carriles; jamás he tenido la idea de
que el Estado , una vez creados , debiese se-
108 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

guir para siempre jamás siendo banquero,


asegurador , casa de trasportes , etc. , etc. No
creo á la verdad que sea posible organizar la
instruccion del pueblo sin un grande es-
fuerzo de la autoridad central ; pero no por
esto soy ménós partidario de la libertad de
enseñanza que de las demás libertades (13) .
Quiero que la escuela esté tan radicalmente
separada del Estado como la misma Iglesia.
Enhorabuena que haya un Tribunal de Cuen-
tas, del mismo modo que buenas oficinas de
estadística encargadas de reunir , verificar y
generalizar todos los datos así como todas las
transacciones y operaciones de hacienda que
se hagan en toda la superficie de la Repú-
blica ; pero ¿ á qué hacer pasar todos los
gastos é ingresos por las manos de un teso-
rero , recaudador ó pagador único , de un
ministro de Estado , cuando el Estado por
sú naturaleza debe tener pocos ó ningunos
servicios á su cargo, y por lo tanto pocos ó
ningunos gastos (14) ? ¿ Es tampoco de ver-
r-

dadera necesidad que dependan de la auto-


ridad central los tribunales ? Administrar
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 109

justicia fué en todos tiempos la más alta


atribucion del príncipe , no lo ignoro ; pero
esto , que es todavía un resto de derecho di-
vino , no podria ser reivindicado por ningun
rey constitucional, y mucho menos por el
jefe de un imperio establecido por el voto de
todos los ciudadanos. Desde el momento en
que la idea del Derecho, humanizada, obtie-
ne, como tal, preponderancia en el sistema
político , es de rigorosa consecuencia que la
magistratura sea independiente . Repugna
que lajusticia sea considerada como un atri-
buto de la autoridad central ó federal ; no
puede ser sino una delegacion hecha por los
ciudadanos á la autoridad del municipio,
cuando más á la de la provincia. La Justicia
es una atribucion del hombre , de la cual no
se le puede despojar por ninguna razon de i
Estado . - No exceptúo de esta regla ni áun
el servicio militar : en las repúblicas federa-
les las milicias, los almacenes, las fortalezas,
no pasan á manos de las autoridades centra-
les sino en los casos de guerra y para el ob-
jeto especial de la guerra ; fuera de ahí, sol-
110 (EL PRINCIPIO FEDERATIVO

dados y armamento quedan en poder de las


autoridades locales (15) .

En una sociedad regularmente organizada,


todo debe ir en contínuo aumento , ciencia,
industria , trabajo , riqueza , salud pública :
la libertad y la moralidad deben seguir el
mismo paso. En ella el movimiento, la vida,
no paran un solo instante . Órgano principal
de ese movimiento , el Estado está siempre
en accion, porque tiene que satisfacer incesan-
temente nuevas necesidades y resolver nue-
vas cuestiones . Si su funcion de primer mo-
tor y de supremo director es sin embargo
contínua, en cambio sus obras no se repiten
nunca. Es la más alta expresion del progreso .
Ahora bien , ¿qué sucede cuando, como lo
vemos en todas partes y se ha visto casi
siempre , llena los mismos servicios que ha
creado y cede á la tentacion de acapararlos?
De fundador se convierte en obrero ; no es ya
el genio de la colectividad que la fecunda,
la dirige y la enriquece sin atarla ; es una
vasta compañía anónima de seiscientos mil
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 111

empleados y seiscientos mil soldados , orga-


nizada para hacerlo todo, la cual en lugar de
servir de ayuda á la nacion , á los municipios
y á los particulares, los desposee y los estruja .
La corrupcion, la malversacion, la relajacion
invaden pronto el sistema ; el Poder, ocupado
en sostenerse, en aumentar sus prerogativas,
en multiplicar sus servicios , en engrosar su
presupuesto, pierde de vista su verdadero pa-
pel y cae en la autocracia y el inmovilismo;
el cuerpo social sufre ; la nacion, contra su
ley histórica , entra en un período de deca-
dencia.

Hemos hecho observar en el capítulo vi,


que en la evolucion de los Estados la Auto-
ridad y la Libertad se suceden lógica y cro-
nológicamente ; que además la primera está
en contínuo descenso, y la segunda asciende;
que el Gobierno , expresion de la Autoridad,
va quedando insensiblemente subalternizado
por los representantes ú órganos de la Liber-
tad, el Poder central por los diputados de los
departamentos ó provincias, la autoridad pro-
112 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

vincial por los delegados de los municipios,


la autoridad municipal por los habitantes;
que así la libertad aspira á la preponderan-
cia , la autoridad á ser la servidora de la li-
bertad, y el principio consensual á reempla-
zar por todas partes el principio de autoridad
en los negocios públicos.

Si estos hechos son ciertos, la consecuencia


no puede ser dudosa. En conformidad á la
naturaleza de las cosas y al juego de los
principios , estando la Autoridad constante-
mente en retirada y avanzando la Libertad
sobre ella , de manera que las dos se sigan
sin jamás chocar, la constitucion de la so-
ciedad es esencialmente progresiva, es decir,
de dia en dia más liberal , hecho que no
puede verificarse sino en un sistema donde
la jerarquía gubernamental , en lugar de
estar sentada sobre su vértice, lo esté ancha-
mente sobre su base , quiero decir, en el sis-
tema federativo .

En eso está toda la ciencia constitucional


que voy á resumir en tres proposiciones :
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 113

1.ª Conviene formar grupos ni muygran-


des ni muy pequeños que sean respectiva-
mente soberanos, y unirlos por medio de un
pacto federal ;

2. Conviene organizar en cada Estado


de la Confederacion el gobierno con arreglo
á la ley de separacion de órganos ó de fun-
ciones ; esto es, separar en el poder todo lo
que sea separable, definir todo lo que sea
definible , distribuir entre distintos funcio-
narios todo lo que haya sido definido y se-
parado , no dejar nada indiviso , rodear por
fin la administracion pública de todas las
condiciones de publicidad y vigilancia;
a

3.ª Conviene que en vez de refundir los


Estados de una confederacion ó las autorida-
des provinciales ó municipales en una auto-
ridad central , se reduzcan las atribuciones
de ésta á iniciar , garantizar y vigilar, sin
que sus decretos puedan ser ejecutados sino
prévio el visto bueno de los gobiernos confe-
derados y por agentes puestos á sus órdenes,
8
114 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

como sucede en la monarquía constitucional,


donde toda órden que emana del Rey no
puede ser ejecutada sin el refrendo de un mi-
nistro .

La division de poderes, tal como estaba por


la Constitucion de 1830, es á no dudarlo una
institucion magnífica y de grandes alcances;
pero es pueril restringirla á los miembros de
un gabinete . No debe dividirse el gobierno
de un país entre siete ú ocho hombres esco-
gidos que hayan salido del seno de una ma-
yoria parlamentaria, y sufran la censura de
una minoría de oposicion; debe serlo entre
las provincias y los municipios so pena de que
la vida política abandone las extremidades
y refluya al centro, y la nacion, hidrocéfala,
caiga en completo marasmo .

El sistema federativo es aplicable á todas


las naciones y á todas las épocas, puesto que
la humanidad es progresiva en todas sus ge-
neraciones y en todas sus razas ; y la política
de la federacion, que es por excelencia la del
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 115

progreso , consiste en tratar á cada pueblo,


en todos y cualesquiera de sus períodos , por
un régimen de autoridad y centralizacion
decrecientes que corresponda al estado de los
espíritus y de las costumbres (16) .
CAPITULO IX .

CAUSAS QUE HAN RETARDADO LA CONCEPCION Y LA


REALIZACION DE LAS CONFEDERACIONES .

La idea de Federacion parece tan antigua


en la historia como las de Monarquía y De-
mocracia , tan antigua como la Autoridad y
la Libertad mismas. ¿ Cómo habia de ser de
otra manera? Todo lo que la ley del Progreso
hace aparecer á la superficie de las socieda-
des tiene sus raíces en la misma naturaleza .
La civilizacion camina envuelta en sus prin-
cipios, y precedida y seguida del cortejo de
sus ideas , que van sin cesar en torno suyo .
Fundada en el contrato , expresion solemne
de la Libertad , la Federacion no podia dejar
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 117

de acudir al llamamiento. Más de doce siglos


ántes de Jesucristo se la ve en las tribus he-
bráicas , separadas las unas de las otras en sus
valles , pero unidas por uno como pacto de
consanguinidad al par de las tribus ismae-
litas. Casi en aquel mismo tiempo aparece
en la Amfictionia griega, impotente es verdad
para apagar las discordias y evitar la con-
quista, ó, lo que viene á ser lo mismo, la ab-
sorcion unitaria, pero testimonio de la futura
Libertad universal y del futuro derecho de
gentes. Ni están aún olvidadas las gloriosas
ligas de los pueblos eslavos y germánicos,
continuadas hasta nuestros dias en las cons-
tituciones federales de la Suiza y la Alema-
nia, y hasta en ese imperio de Austria com-
puesto de tantas naciones heterogéneas, pero ,
por más que se haga, inseparables. Será al
fin ese contrato federal el que constituyen-
dose poco a poco en gobierno regular ponga
en todas partes término á las contradicciones
del empirismo , elimine toda arbitrariedad y
funde en un equilibrio indestructible la Paz
y la Justicia.
118 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Durantelargos siglos, la idea de Federacion


parece como velada y de reserva. La causa de
este aplazamiento es la incapacidad primitiva
de las naciones, y la necesidad de irlas for-
mando por medio de una vigorosa disciplina .
Ahora bien , tal es el papel que por una es-
pecie de consejo soberano parece haberse
dado al sistema unitario .

Era preciso ante todo domar y fijar las


errantes , indisciplinadas y groseras muche-
dumbres ; distribuir en grupos las ciudades
aisladas y hostiles: ir formando poco a poco
por vía de autoridad un derecho comun , y
establecer en forma de decretos imperiales
las leyes del linaje humano. No cabria dar
otra significacion á esas grandes creaciones
políticas de la humanidad , á que fueron en
seguida sucediendo por turno los imperios
de los Griegos , los Romanos y los Francos, la
Iglesia cristiana, la rebelion de Lutero, y por
fin la Revolucion francesa .

La Federacion no podia llenar esa necesi


EL PRINCIPIO FEDERATIVO 119

dad de educar á los pueblos, primero porque


es la libertad , excluye la idea de violencia,
descansa en la nocion de un sistema sina-
lagmático , conmutativo y limitado , y tiene
por objeto garantizar la soberanía y la au-
tonomía á los pueblos que une , y por lo
tanto á los que en un principio se trataba de
tener subyugados hasta que fuesen capaçes
de obedecer á la razon y gobernarse por sí
mismos. Siendo, en una palabra, progresiva
la civilizacion , sería contradictorio suponer
que la federacion hubiese podido realizarse
en los primeros tiempos .

Otra causa excluia provisionalmente el


principio federativo , la escasa fuerza expan-
siva de los Estados agrupados por constitu-
ciones federales .

Límites naturales de los Estados federa-


tivos .- Hemos dicho en el capítulo 11 , que
la monarquía por sí y en virtud de su prin-
cipio no conoce límites á su desarrollo , y que
otro tanto sucede con la democracia. Esa fa
120 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

cultad de expansion ha pasado de los gobier-


nos simples ó à priori , á los gobiernos mis-
tos ó de hecho , democracias y aristocracias,
imperios democráticos y monarquías consti-
tucionales, gobiernos todos que en este par-
ticular han obedecido fielmente á su idea.
De aquí los sueños mesiánicos y todos los en-
sayos de monarquía ó república universal .

Donde reinan esos sistemas, la absorcion


no tiene límites. Allí es donde puede decirse
que la idea de fronteras naturales es una
ficcion, ó mejor una superchería política; allí
es donde los rios , las montañas y los mares
están considerados, no como límites natura-
les , sino como obstáculos que debe ir ven-
ciendo la libertad de la nacion y la del sobe-
rano. Así lo exige la razon del principio
mismo: la facultad de poseer, de acumular,
de mandar y de explotar es indefinida : no
tiene por límites sino el universo . El más fa-
moso ejemplo de esa absorcion de territorios
y pueblos, á pesar de las montañas , los rios,
los bosques , los mares y los desiertos, ha sido
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 121

el del Imperio romano , que tenía su centro


y su capital en una península, en medio de
un mar dilatado , y sus provincias hasta
donde podian alcanzar los ejércitos y los
agentes del fisco .

Todo Estado es por naturaleza anexionista.


Nada le detiene en şu marcha invasora, como
no sea el encuentro de otro Estado , invasor
como él y capaz de defenderse. Los más ar-
dientes apóstoles del principio de las nacio-
nalidades no vacilan en contradecirse , si lo
exigen los intereses, y sobre todo, la seguri-
dad de su patria. ¿ Quién de la democracia
francesa se habria atrevido á reclamar con-

tra la anexion de Niza y Saboya? No es raro


ver hasta las anexiones favorecidas por los
anexionados, que hacen de su independencia
y de su autonomía un vergonzoso tráfico.

No sucede así en el sistema federativo .


Aunque muy capaz de defenderse si le ata-
can, como han demostrado más de una vez
los suizos, toda confederacion carece de fuer
122 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

za para la conquista. Fuera del caso , rari-


simo , en que un Estado vecino pidiese ser
recibido en la confederacion , puede decirse
que por el mismo hecho de existir, se ha pri-
vado de todo engrandecimiento. En virtud
del principio que, limitando el pacto federal
á la mútua defensa y á ciertos objetos de
utilidad comun, GARANTIZA á cada Estado su
territorio , su soberanía , su constitucion y
la libertad de sus ciudadanos , y le reserva
por otra parte más autoridad , más iniciativa
y más poder de los que cede , reduce por sí
mismo tanto más el círculo de su accion,
cuanto más van distando unas de otras las
localidades admitidas en la alianza ; de tal
modo que, de irse engrandeciendo , llegaria
pronto á un punto en que el pacto careceria
de objeto. Supongamos que uno de los Esta-
dos de la confederacion abrigase proyectos
particulares de conquista , desease anexio-
narse una ciudad vecina ó una provincia
contigua á su territorio, quisiese inmiscuirse
en los negocios de otro Estado. No solamente
no podria contar con el apoyo de la confede
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 123

racion , que le diria que el pacto ha sido ex-


clusivamente celebrado para la mútua de-
fensa y no para el engrandecimiento de
ninguno de los Estados , sino que hasta se
veria detenido en su empresa por la solidari-
dad federal , es decir, por la circunstancia de
no poder ménos de exponer su ambicion á
los males de la guerra á todos los demás Es-
tados. De modo que una confederacion es á
la vez una garantía para sus propios miem-
bros y para sus vecinos no confederados.

Así, al revés de lo que pasa en los demás


gobiernos, la idea de una confederacion uni-
versal es contradictoria. En esto se revela
una vez más la superioridad moral del sis-
tema federativo sobre el unitario , sujeto á
todos los inconvenientes y á todos los vicios
de lo ideal, de lo indefinido, de lo ilimitado,
de lo absoluto. La Europa sería demasiado
grande para una sola confederacion: no po-
dria formar sino una confederacion de con-
federaciones . Con arreglo á esta idea, indi-
caba en mi última publicacion , como el
124 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

primer paso que se habia de dar en la refor-


ma del derecho público europeo , el restable-
cimiento de las confederaciones italiana,
griega , bátava , escandinava y danubiana,
preludio de la descentralizacion de los gran-
des Estados , y por consecuencia del desarme
general. Recobrarian entónces la libertad
todas las naciones, y se realizaria la idea de
un equilibrio europeo, previsto por todos los
publicistas y hombres de Estado , pero de
realizacion imposible con grandes potencias
sometidas á constituciones unitarias (17) .

Condenada así á una existencia pacífica y


modesta, y no representando en la escena
política sino el papel más oscuro , no es de
extrañar que la idea de Federacion haya per-
manecido hasta nuestros dias como eclipsada
por los resplandores de los grandes Estados .
Hasta nuestros dias, las preocupaciones y los
abusos han pululado y se han cebado en los
Estados federales con tanta intensidad como
en las monarquías feudales ó unitarias; ha ha-
bido preocupaciones de nobleza , privilegios
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 125

de clase media, autoridad de la Iglesia, y como


resultado de todo, opresion del pueblo y servi-
dumbre del espíritu ; así que la Libertad es-
taba como metida en una camisa de fuerza,
y la civilizacion hundida en un statu quo
invencible . Manteníase la idea federalista
desapercibida , incomprensible é impenetra-
ble, ya por una tradicion sacramental , como
en Alemania, donde la confederacion , sinó-
nima de Imperio , era una coalicion de prín-
cipes absolutos, unos legos , otros eclesiásti-
cos, bajo la sancion de Roma, ya por la fuerza
de las cosas , como en Suiza, donde la con-
federacion se componia de algunos valles,
separados unos de otros y protegidos contra
el extranjero por cordilleras inseparables,
cuya conquista no habria valido por cierto
la pena de reproducir la grande empresa de
Aníbal . Era una especie de planta política
detenida en su medro, que nada ofrecia al
pensamiento del filósofo , ningun principio
presentaba á los ojos del hombre de Estado,
nada dejaba esperar á las masas , y léjos
de ayudar á la Revolucion en lo más mí
126 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

nimo , esperaba de ella el movimiento y la


vida.
::

Es ya un hecho histórico inconcuso, que


la Revolucion francesa ha puesto la mano
en todas las constituciones federales existen-

tes , las ha enmendado , les ha comunicado


su propio aliento, les ha dado todo lo mejor
que tienen, les ha puesto , en una palabra,
en estado de desenvolverse sin haber hasta
ahora recibido de ellas absolutamente nada.

Habian sido derrotados los Norte-america-

nos en veinte encuentros y parecia ya per-


dida su causa, cuando la llegada de los fran-
ceses cambió la faz de los negocios , y en 19
de Octubre de 1781 hizo capitular al general
inglés Cornwallis. Tras este golpe, la Ingla-
terra consintió en reconocer la independencia
de sus colonias , que pudieron ya entónces
ocuparse en formular su constitucion. ¡ Y
bien ! ¿cuáles eran entónces en política las
ideas de los Americanos ? ¿ Cuáles fueron los
principios de su gobierno? Un verdadero ba
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 127

rullo de privilegios; un movimiento de in-


tolerancia, de exclusion y de arbitrariedad,
donde brillaba como una siniestra estrella el
espíritu de aristocracia, de reglamentacion,
de secta y de casta; una obra que excitó la
reprobacion general de los publicistas fran-
ceses , y les arrancó observaciones las más
humillantes para los Americanos. Lo poco de
verdadero liberalismo que penetró entónces
en América fué, podemos decirlo, obra de la
Revolucion francesa , que pareció preludiar
en tan lejanas playas la renovacion del
mundo antiguo. La libertad en América ha
sido hasta ahora más bien un efecto del in-
dividualismo anglo-sajon, lanzado en aque-
llas inmensas soledades , que el de sus insti-
tuciones y costumbres : lo ha revelado sobra-
damente la guerra que hoy sostiene (18).

La Revolucion es tambien la que ha arran-


cado á Suiza del poder de sus viejas preocu-
paciones de aristocracia y clase media , y ha
refundido su confederacion. La constitucion
de la República Helvética fué ya retocada
128 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

por primera vez en 1801 : al año siguiente


acabaron sus desórdenes, gracias a la media-
cion delprimer Cónsul, que habria concluido
más tarde con su nacionalidad , si hubiese
entrado en sus miras reunirla al Imperio.
Pero no os quiero , les dijo. De 1814 á 1848,
no ha dejado de estar agitada Suiza por sus
•elementos reaccionarios: tan confundida es-
taba allí la idea federativa con la de aris-
tocracia y privilegio. Sólo en 1848 , en la
Constitucion del 12 de Setiembre , fueron
al fin clara y terminantemente sentados
los principios del sistema federativo. Aun
entónces fueron tan poco comprendidos, que
se manifestó al punto una tendencia unita-
ria , y llegó á tener hasta en el seno de la
asamblea federal sus representantes.

En cuanto á la Confederacion germánica,


todo el mundo sabe que el edificio antiguo
vino abajo por la mediacion del mismo Em-
perador , que no fué muy afortunado en sus
planes para restaurarla. En este momento
el sistema de la Confederacion germánica es
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 129

nuevamente objeto de estudio para los pue-


blos : ¡ ojalá pueda al fin la Alemania salir
libre y fuerte de esta agitacion como de una
saludable crisis !

En 1789 no estaba aún por lo tanto hecha


la prueba del federalismo , no era una idea
inconcusa, no tenía nada que deducir de ella
el legislador revolucionario. Era preciso que
las pocas confederaciones que palpitaban en
algunos rincones del Viejo y del Nuevo
Mundo , animadas por el espíritu de nuestros
tiempos , aprendiesen á andar y á determi-
narse; era preciso que su principio, fecundado
por su propio desarrollo, ostentase la riqueza
de su organismo ; era al mismo tiempo pre-
ciso que bajo el nuevo régimen de la igual-
dad se hiciese otro nuevo experimento , el
último , sobre el sistema unitario. Sólo bajo
esas condiciones podia argumentar la Filoso-
fía, concluir algo la Revolucion, y generali-
zándose la idea, salir al fin la República de
su misticismo bajo la forma concreta de una.
confederacion de confederaciones .
9
130 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Los hechos parecen dar hoy nuevo vuelo


á las ideas , y podemos , creo , sin presuncion
ni orgullo, por una parte , arrancar á las ma-
sas del pié de sus funestos símbolos ; por otra ,
revelar á los hombres políticos el secreto de

haberse engañado en sus previsiones y sus


cálculos .
CAPITULO X.

IDEALISMO POLÍTICO. EFICACIA DE LA GARANTÍA


FEDERAL .

Una observacion general hay que hacer


sobre las ciencias morales y políticas , y es
que la dificultad de sus problemas , nace
principalmente de la manera figurada como
la razon primitiva ha concebido los elemen-
tos de que se componen. En la imaginacion
del pueblo , la política, del mismo modo que
la moral, es una mitología. Todo es para ella
ficcion , símbolo, misterio, ídolo. Los filóso-
fos han adoptado luégo confiadamente este
idealismo como expresion de la realidad , y
se han creado con esto muchas y grandes
dificultades .
132 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

El pueblo, en su vago pensamiento, se con-


templa como una gigantesca y misteriosa
existencia , y no halla á la verdad en su
lenguaje nada que no le afirme en la opi-
nion de su indivisible unidad . Se llama á sí

mismo el Pueblo , la Nacion , es decir , la


Multitud, la Masa ; es el verdadero Soberano,
el Legislador , el Poder , la Dominacion , la
Patria , el Estado; tiene sus Asambleas , sus
Excrutinios , sus Jurados , sus Manifestacio-
nes , sus Declaraciones , sus Plebiscitos , su
Legislacion directa , algunas veces sus Jui-
cios y sus Ejecuciones, sus Oráculos, su Voz
parecida al trueno , la gran voz de Dios .
Cuanto más innumerable , irresistible é in-
menso se siente, tanto más horror tiene á las
divisiones , á las excisiones , á las minorías.
Su ideal, su más deleitable sueño, es unidad ,
identidad, uniformidad, concentracion; mal-
dice como atentatorio contra su Majestad
todo lo que puede disgregarla, dividirla,
crear en él diversidad , pluralidad , diver-
gencia .
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 133

Toda mitología supone ídolos , y el pueblo


no deja nunca de tenerlos. Como Israel en
el desierto, se improvisa dioses cuando nadie
se toma el trabajo de dárselos: tiene sus en-
carnaciones, sus mesías, sus Deodatos . Ya lo
es el caudillo levantado en alto sobre un es-

cudo , ya el rey glorioso , conquistador y


magnífico parecido al sol , ya tambien el tri-
buno revolucionario: Clodoveo, Carlo Magno,
Luis XIV , Lafayette , Mirabeau , Danton ,
Marat , Robespierre , Napoleon , Víctor Ma-
nuel , Garibaldi. ¡ Cuántos para subir al pe-
destal , no esperan más que un cambio de
opinion, un aletazo de la fortuna ! El pueblo
se muestra hasta celoso por esos idolos , la
mayor parte tan vacíos de ideas y tan faltos
de conciencia como él mismo; no tolera que
se los discutan ni se los contradigan , y so-
bre todo, no les regatea el poder. No toqueis
á sus ungidos , ó vais á ser tratado de sa-
crílego .

Lleno el pueblo de sus mitos y considerán-


dose una colectividad esencialmente indivisa,
134 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

¿cómo habia de coger de buenas á primeras


la relacion que une al individuo con la so-
ciedad ? ¿Cómo , bajo su inspiracion , habian
de poder dar los hombres de Estado que le re-
presentan la verdadera fórmula de gobierno?
Donde reina en su candida sencillez el sufra-
gio universal , se puede asegurar de antemano
que todo se hará en el sentido de la indivi-
sion. Siendo el pueblo la colectividad en que
está encerrada toda autoridad y todo derecho,
el sufragio universal , para ser sincero en sus
manifestaciones ,deberá ser tambien indiviso
en cuanto quepa , y las elecciones se deberán
hacer por lo tanto por provincias. Pues ¿ no
hubo en 1848 unitarios que pretendieron
hacer de la nacion entera un solo colegio
electoral? De esa eleccion indivisa sale na-
turalmente una asamblea indivisa que deli-
bera y legisla como un solo hombre. Ya que
los votos se dividan , la mayoría representa
sin diminucion alguna la unidad nacional.
De esa mayoría sale á su vez un gobierno
indiviso , que habiendo recibido sus poderes
de la nacion indivisible , está tambien lla
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 135

mado á administrar colectiva é indivisamente


sin espíritu de localidad , sin interés de cam-
panario. Así es como deriva del idealismo po-
pular el sistema de centralizacion , de impe-
rialismo , de comunismo ,de absolutismo , pa-
labras sinónimas ; así es como en el pacto
social , tal como le concibieron Rousseau y
los Jacobinos , el ciudadano se desprende de
su soberanía , y el municipio , el departa-
mento y la provincia, absorbidos sucesiva-
mente en la autoridad central , no son más
que agencias puestas bajo la inmediata di-
reccion del ministerio.

Las consecuencias no tardan en dejarse


sentir: despojado de toda dignidad el ciuda-
dano y el municipio, se multiplican las usur-
paciones del Estado y crecen á proporcion
las cargas del contribuyente. No es ya el
gobierno para el pueblo, sino el pueblo para
el gobierno . El Poder lo invade todo , se apo-
dera de todo , se lo arroga todo para siempre
jamás : Guerra y Marina, Administracion,
Justicia , Policía, Instruccion pública, Obras.
136 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

y reparaciones públicas ; Bancos , Bolsas, Cré-


dito , Seguros , Socorros , Ahorros , Benefi-
cencia , Bosques , Canales , Rios ; Cultos , Ha-
cienda , Aduanas , Comercio , Agricultura,
Industria , Trasportes. Y se levanta sobre todo
una contribucion formidable que arranca á
la nacion la cuarta parte de su productobruto .
El ciudadano no tiene ya que ocuparse sino
en cumplir allá en su pequeño rincon su pe-
queña tarea , recibiendo su pequeño salario,
educando á su pequeña familia , y confián-
dose para todo lo demás á la Providencia del
gobierno .

Ante esa disposicion de los ánimos y en


medio de potencias hostiles á la Revolucion,
¿cuál podia ser el pensamiento de los fun-
dadores de 1789 , amigos sinceros de la li-
bertad? No atreviéndose á desatar el haz del

Estado , debian principalmente preocuparse


de dos cosas : 1.º de contener el Poder, siem-
pre dispuesto á la usurpacion ; 2. ° de conte-
ner el Pueblo , siempre dispuesto á dejarse
arrastrar por sus tribunos y á reemplazar las
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 137

costumbres de la legalidad por las de la om-


nipotencia.

Hasta el dia , en efecto , los autores de


constituciones , Syeyes , Mirabeau , el Senado
de 1814, la Cámara de 1830 , la Asamblea
de 1848, han creido , no sin motivo , que el
punto capital del sistema político era conte-
ner el Poder central, dejándole , sin embargo ,
lamayor libertadde accion y lamayor fuerza .
Para conseguir este objeto, ¿qué se ha hecho?
Se ha empezado, como se ha dicho , divi-
diendo el poder por categorías de ministerios,
y se ha distribuido luégo la autoridad legis-
lativa entre la Corona y las Cámaras , á cuya
mayoría se ha subordinado además la elec-
cion que el príncipe ha de hacer de sus mi-
nistros. Las contribuciones han sido por fin
votadas anualmente por las Cámaras , que
han aprovechado esta ocasion para revistar
los actos del gobierno.

Mas al paso que se organizaba el parla-


menteo de las Cámaras contra los ministros,
138 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

al paso que se daba á la prerogativa real por


contrapeso la iniciativa de los representantes
del pueblo , y á la autoridad de la corona la
soberanía de la nacion; al paso que se opo-
nian palabras á palabras y ficciones á ficcio-
nes , se confiaba al gobierno , sin reserva de
ninguna clase y sin más contrapeso que una
vana facultad de censurarle , la prerogativa
de una administracion inmensa ; se ponian
en sus manos todas las fuerzas del país ; se
suprimian para mayor seguridad las liberta-
des locales ; se aniquilaba con frenético celo
el espíritu de campanario; se creaba , final-
mente , un poder formidable , abrumador, al
cual se divertian luego en hacer una guerra
de epigramas , como si la realidad fuese sen-
sible á las personalidades. Así, ¿qué sucedia?
La oposicion acababa por dar al traste con
las personas : caian unos tras otros los mi-
nisterios, derribábase una y otra dinastía;
levantábase imperio sobre república , y ni
dejaba de menguar la libertad , ni de crecer
el despotismo centralizador, anónimo. Tal ha
sido nuestro progreso desde la victoria de los
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 139

Jacobinos sobre la Gironda . Resultado inevi-


table todo de un sistema artificial , donde
se ponia á un lado la soberanía metafísica y
el derecho de crítica , y al otro todas las rea-
lidades del patrimonio nacional , todas las
fuerzas activas de un gran pueblo.

En el sistema federativo no caben tales


temores. La autoridad central , más inicia-
dora que ejecutiva , no posee sino una parte
bastante limitada de la administracion pú-
blica , la concerniente á los servicios federa-
les ; y está supeditada á los demás Estados,
que son dueños absolutos de sí mismos y
gozan para todo lo que respectivamente les
atañe de la autoridad más completa, legis-
lativa , ejecutiva yjudicial. El Poder central
está tanto mejor subordinado, cuanto que está
en manos de una Asamblea compuesta de los
representantes de los Estados , que á su vez
son casi siempre miembros de sus respectivos
gobiernos , y ejercen por esta razon sobre los
actos de la Asamblea federal una vigilancia
escrupulosísima y severa.
140 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Para contener á las masas no es menor el

embarazo de los publicistas , ni ménos iluso-


rios los medios que emplearon , ni ménos
funesto el resultado .

El pueblo es tambien uno de los poderes


del Estado , el poder cuyas explosiones son
más terribles . Tiene este poder tambien ne-
cesidad de contrapeso: se ha visto obligado
á reconocerlo la democracia , puesto que , por
no tenerlo, entregado el pueblo á los más
peligrosos estímulos y hecho el Estado blanco
de las más formidables insurrecciones , ha
caido dos veces en Francia la República.

Se ha creido encontrar un contrapeso á la


accion de las masas en dos instituciones , la
una gravosa para el país y llena de peligros,
y la otra penosísima para la conciencia pú-
blica , sin ser ménos arriesgada : el ejército
permanente , y la limitacion del derecho de
sufragio. Desde 1848, el sufragio universal es
ya ley del Estado; mas por lo mismo, habien-
do crecido á proporcion la agitacion democrá
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 141

tica, ha sido forzoso aumentar el ejército y


dar más nervio á la accion militar. De suerte
que , para precaverse contra las insurreccio-
nes populares, ha sido necesario, en el sistema
de los fundadores de 1789, aumentar la fuerza
del poder en el momento mismo en que por
otro lado se tomaban contra él graves pre-
cauciones. Así las cosas , ¿qué ha de suceder
el dia en que Pueblo y Poder se den la mano,
sino venirse abajo todos los andamios ? ¡ Ex-
traño sistema este en que el Pueblo no puede
ejercer la soberanía sin exponerse á destro-
zar al gobierno , ni el gobierno usar de su
prerogativa sin ir al absolutismo !

El sistema federativo apaga la efervescen-


cia de las masas, y pone coto á todas las am-
biciones y excitaciones de la demagogia : es
el fin del régimen de la plaza pública , de
los triunfos de los tribunos, del predominio
de las capitales. Haga enhorabuena París
dentro de sus murallas las revoluciones que
quiera: ¿ de qué le han de servir si no la si-
guen los departamentos , si no la secundan
142 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Lyon , Marsella , Tolosa , Burdeos , Nantes,


Ruan , Lille , Estrasburgo , Dijon , etc.? Su-
yos habrán sido los gastos y ninguno el pro-
vecho . La federacion viene á ser así la sal-
vacion del pueblo: dividiéndole le salva á la
vez de la tiranía de sus pretendidos conduc-
tores y de su propia locura.

La Constitucion de 1848 , quitando por


una parte al Presidente de la República el
mando del ejército , y declarándose por otra
susceptible de reforma y de progreso , habia
probado de conjurar ese doble riesgo de la
usurpacion del Poder central y la insurrec-
cion del pueblo. Pero esa constitucion no
decia ni en qué consistia el progreso, ni bajo
qué condiciones habia de efectuarse. En el
sistema que habia fundado subsistia siempre
la distincion de clases , la clase media , el
pueblo : demostrólo claramente la discusion
del derecho al trabajo y de la ley de 31 de
Mayo , que restringió el sufragio. La preocu-
pacion por la unidad era entónces más viva
que nunca: dando París el tono , la idea , la
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 143

voluntad á los departamentos, era fácil ver


que en el caso de un conflicto entre el Presi-
dente y la Asamblea , el pueblo seguiria
mejor á su elegido que á sus representantes .
Los sucesos vinieron á confirmar esas previ-
siones. La jornada de 2 de Diciembre ha de-
mostrado lo que valen garantías puramente
legales contra un Poder que goza del favor
popular y del poder de la administracion , y
tiene tambien su derecho. Mas si , por ejem-
plo , al mismo tiempo que se escribió la Cons-
titucion republicana de 1848 , se hubiese
hecho y puesto en práctica la organizacion
del municipio y del departamento ; si las
provincias hubiesen aprendido á vivir de
nuevo de su propia vida; si hubiesen tenido
una buena parte del poder ejecutivo ; si la
multitud inerte del 2 de Diciembre hubiese
entrado por algo en el poder, áun despues de
cerrados los comicios , el golpe de Estado ha-
bria sido á buen seguro imposible . Encerrado
el campo de batalla entre el Elíseo y el Pa-
lacio-Borbon , el alzamiento del poder ejecu-
tivo habria arrastrado á lo más la guarnición
144 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

de París y el personal de los ministerios (19) .

No terminaré este párrafo sin citar las pa-


labras de un escritor cuya templanza y pro-
fundidad ha podido apreciar el público algu-
nas veces en El Correo del Domingo , de
Mr. Gustavo Chaudey , abogado de la Au-
diencia de París. Servirán para hacer com-
prender que no se trata aquí de una vana
utopia , sino de un sistema actualmente en
vigor , cuya idea viva se va diariamente
desenvolviendo.

<<El ideal de una confederacion sería un pacto


de alianza , del cual pudiera decirse que no im-
pone à la soberanía particular de los Estados fe-
derales sino restricciones que en manos de la
autoridad central pasan á ser un aumento de ga-
rantía para la libertad de los ciudadanos , y de
proteccion para su actividad , ya individual , ya
colectiva.

>> Por esto sólo se comprende la enorme dife-


rencia que existe entre una autoridad federal y
un gobierno unitario , por otro nombre , un go-
bierno que no representa sino una soberanía. >>>
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 145

La definicion de Mr. Chaudey es perfec-


tamente exacta: lo que él llama ideal no es
otra cosa que la fórmula dada por la más
rigorosa teoría. En el gobierno federativo la
centralizacion es parcial , es decir, está limi-
tada á ciertos objetos especiales quitados á
los cantones para serle más tarde devueltos;
en el gobierno unitario , la centralizacion es
universal, se extiende á todo , y no se deș-
prende jamás de nada. La consecuencia es
fácil de prever.

<< En el gobierno unitario , prosigue Mr. Chau-


dey, la centralizacion es una fuerza inmensa pues-
ta á discrecion del poder, que viene empleada en
muy diversos sentidos, segun las diversas volun-
tades personales que componen el gobierno. Cam-
biadas las condiciones del poder, cambian las de
la centralizacion. Liberal está hoy con un gobier-
no liberal, será mañana un formidable instru-
mento de usurpacion para un poder usurpador,
y despues de la usurpacion un formidable instru-
mento de despotismo , sin contar que por esto
mismo es para el poder una tentacion perpétua,
para la libertad de los ciudadanos una perpétua
amenaza. Dadas estas condiciones, la centraliza
10
146 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

cion es , propiamente hablando, el desarme de una


nacion en provecho de un gobierno , y la libertad
está condenada á una incesante lucha con la
fuerza. >>>

<< Sucede lo contrario con la centralizacion fe-


deral. En vez de armar ésta el poder de la fuerza
del TODO contra laparte , arma la parte de la fuerza
del todo contra sus propios abusos. Un canton
suizo que viese mañana amenazadas sus liberta-
des por su gobierno , podia oponerle no sólo su
fuerza , sino tambien la de los veintidos cantones:
¿ no vale esto el sacrificio que del derecho de in-
surreccion hicieron los cantones en su nueva
constitucion de 1848 ? »

Ni reconoce ménos el escritor que cito la


ley del progreso , que tan esencial es á las
constituciones federales y tan imposible de
aplicar bajo una constitucion unitaria.

<<<La constitucion federal de 1848 reconoce á los


cantones el derecho de revisar y modificar las su-
yas , pero con dos condiciones : con la de que se
hagan las reformas segun las reglas prescritas por
cada constitucion cantonal , y con la de que cons-
tituyan siempre un adelanto , no un retroceso.
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 147

Quiere que un pueblo modifique su constitucion,


no para ir hacia atrás , sino para marchar hacia
adelante. Dice á los pueblos suizos : si no quereis
cambiar vuestras instituciones para enmendar
vuestras libertades , señal es de que no sois dig-
nos de las que teneis : permaneced guardándolas;
si para aumentar vuestras libertades , señal es de
que sois dignos de ir adelante : marchad bajo la
proteccion de toda la Suiza . »

La idea de garantir y asegurar una cons-


titucion política casi del mismo modo que
se asegura una casa contra incendios ó un
campo contra el granizo , es , en efecto , la
idea más importante y por cierto la más ori-
ginal del sistema. Nuestros legisladores de
1791,1793 , 1795 , 1799 , 1814, 1830 у 1848
no han acertado á invocar en favor de sus
constituciones sino el patriotismo de los ciu-
dadanos y la abnegacion de los guardias
nacionales : la constitucion del 93 iba hasta
el derecho de insurreccion y el llamamiento
á las armas. La experiencia ha demostrado
cuán ilusorias son esas garantías. La consti-
tucion de 1852, en el fondo la misma del
148 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

consulado y del primer imperio , no está ga-


rantida; y no seré yo por cierto quien lo cen-
sure . ¿ Qué garantía podria haber contenido
estando fuera del contrato federativo ? Está
todo el secreto en distribuir la nacion en pro-
vincias independientes , soberanas , ó que ad-
ministrándose á sí mismas dispongan por lo
ménos de una fuerza, una iniciativa y una
influencia suficiente , y en hacer luego que
las unas se garanticen á las otras (20).

Se encuentra una excelente aplicacion de


estos principios en la organizacion del ejér-
cito suizo .

« La proteccion , dice Mr. Chaudey , aumenta en


todas partes ; la opresion no constituye en ninguna
un peligro. Al pasar al ejército federal los contin-
gentes cantonales , no olvidan el suelo paterno;
léjos de esto , obedecen á la confederacion sólo
porque su patria les manda que la sirvan. ¿ Cómo
han de poder temer los cantones que sus soldados
lleguen á ser en ningun tiempo contra ellos ins-
trumento de una conspiracion unitaria ? No sucede
otro tanto en los demás Estados de Europa , donde
se saca al soldado de la masa del pueblo sólo para
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 149

separarle completamente de ella y convertirlo en


cuerpo y alma en hombre del gobierno (21 ) . »

Domina el mismo espíritu en las consti-


tuciones americanas, á cuyos autores se puede
sin embargo acusar de haber multiplicado
fuera de medida las atribuciones de la auto-
ridad federal. Las facultades otorgadas al
presidente americano son casi tan extensas
como las que dió á Luis Napoleon la consti-
tucion de 1848 : exceso de atribuciones que
no ha dejado de contribuir á la idea de ab-
sorcion unitaria que apareció primero en los
Estados del Sur y hoy arrastra á su vez á
los del Norte .

La idea de Federacion es á buen seguro la


más alta á que se haya elevado hasta nues-
tros dias el genio político. Deja muy atrás
las constituciones francesas que á despecho
de la Revolucion se han promulgado en estos
últimos sesenta años ; constituciones cuya
corta duracion honra tan poco nuestra patria.
Resuelve todas las dificultades que suscita la
150 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

idea de armonizar la Libertad y la Autoridad .


Con ella no hay ya que temer ni que nos
perdamos en el fondo de las antinomias gu-
bernativas , ni que la plebe se emancipe pro-
clamando una dictadura perpétua , ni que
la clase media manifieste su liberalismo lle-

vando la centralizacion al extremo , ni que


el espíritu público se corrompa por el nefando
consorcio de la licencia y el despotismo , ni
que el poder vuelva sin cesar á manos de los
intrigantes, como los llamaba Robespierre ,
ni que la revolucion , como Danton decia,
esté siempre en poder de los más malvados .
La eterna razon queda al fin justificada , el
escepticismo vencido. No se acusará ya de
nuestros infortunios, ni la imperfecta Natu-
raleza , ni nuestro contradictorio Espíritu; la
oposicion de los principios se presenta al fin
como la condicion del universal equilibrio.
CAPÍTULO XI .

SANCION ECONÓMICA .-FEDERACION AGRÍCOLA-


INDUSTRIAL .

Sin embargo , no está dicha la última pa-


labra . Por justa y severa que sea en su lógica
la constitucion federal , por garantías que en
su aplicacion ofrezca , no se sostendrá por sí
misma mientras no deje de encontrar ince-
santes causas de disolucion en la economía
pública. En otros términos , es preciso dar
por contrafuerte al derecho político el dere-
cho económico. Si están entregados al azar
y la ventura la produccion y la distribucion
de la riqueza; si el órden federal no sirve
más que para la proteccion y el amparo de la
152 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

anarquía mercantil y capitalista, si por efecto


de esa falsa anarquía la Sociedad permanece
dividida en dos clases, la una de propietarios-
capitalistas-maestros, y la otra de jornaleros;
la una de ricos y la otra de pobres ; el edificio
político será siempre movedizo . La clase jor-
nalera , la más numerosa y miserable , aca-
bará por no ver en todo sino un desengaño;
los trabajadores se coaligarán á su vez contra
la clase media, y ésta á su vez contra los tra-
bajadores ; y degenerará la Confederacion, si
el pueblo es el más fuerte, en democracia uni-
taria; si triunfa la clase media, en monarquía
constitucional.

Para prevenir esa eventualidad de una


guerra social se han constituido, como se ha
dicho en el capítulo anterior , los gobiernos
fuertes, objeto de la admiracion de los publi-
cistas , á cuyos ojos no son las confederacio-
nes sino bicocas incapaces de defender el
Poder contra las agresiones de las masas, ó
lo que es lo mismo, la obra del gobierno
contra los derechos del pueblo. Porque , lo
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 153

repetiré otra vez , no hay que hacerse ilusio-


nes : todo poder ha sido establecido, toda ciu-
dadela construida y todo ejército organizado
tanto contra lo de dentro como contra lo de
fuera. Si el Estado tiene por objeto hacerse
dueño de la sociedad , y el pueblo está des-
tinado á servir de instrumento á sus empre-
sas, preciso es reconocerlo, el sistema federal
no es comparable con el unitario. En él ni
el poder central á causa de su dependencia,
ni la multitud á causa de su division, pueden
nada contra la libertad pública. Los Suizos,
despues de haber vencido á Cárlos el Teme-
rario, fueron durante mucho tiempo el pri-
mer poder militar de Europa. Mas como
formaban una confederacion , si capaz de
defenderse contra el extranjero , como se ha
visto , inhábil para la conquista y los golpes
de Estado, han venido á ser al fin una repú-
blica pacífica , el más inofensivo y el ménos
emprendedor de los pueblos, La Confedera-
cion Germánica ha tenido tambien bajo el
nombre de Imperio sus siglos de gloria ; pero
como el poder imperial carecia de centro y
154 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

de fijeza , la Confederacion ha sido destro-


zada y dislocada, y la nacionalidad puesta
en grave peligro. La Confederacion de los
Países Bajos se ha disuelto á su vez al con-
tacto de las potencias centralizadas. Es inú-
til mencionar la Confederacion Italiana. Sí,
de seguro , si la civilizacion , si la economía
de las sociedades debiese permanecer en el
statu quo antiguo, valdria más para los pue-
blos la unidad imperial que la federacion .

Todo está , empero , anunciando que los


tiempos han cambiado , y que tras la revo-
lucion de las ideas , ha de venir como su
consecuencia legítima la de los intereses. El
siglo vigésimo abrirá la era de las confede-
raciones (22), ó la humanidad comenzará de
nuevo un purgatorio de mil años . El verda-
dero problema que hay que resolver , no es
en realidad el político , sino el económico.
Por su solucion, nos proponiamos en 1848, mis
amigos y yo , continuar la obra revolucionaria
de Febrero . La democracia estaba en el poder;
el gobierno provisional no tenía más que
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 155

obrar para salir airoso ; hecha la revolucion


en la esfera del trabajo y de la riqueza , no
habia de costar nada realizarla despues en
el gobierno. La centralizacion , que habria
sido necesario destruir más tarde, habria
sido por de pronto de poderosa ayuda. Nadie
por otra parte , en aquella época , como no
sea el que escribe estas líneas , y se habia
declarado anarquista ya en 1840 , pensaba
en atacar la unidad ni en pedir la federacion .

Las preocupaciones democráticas hicieron


que se siguiese otro camino. Los políticos de
la antigua escuela sostuvieron y sostienen
todavía que la verdadera marcha que hay
que seguir en materia de revolucion social,
es empezar por el gobierno y ocuparse des-
pues á su sabor de la propiedad y del tra-
bajo. Negándose así la democracia despues
de haber suplantado la clase media y arro-
jado á los reyes, sucedió lo que no podia
ménos de suceder. Vino el Imperio á impo-
ner silencio á esos charlatanes sin plan; des-
pues de lo cual se ha hecho la revolucion
156 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

económica en sentido inverso de las aspira-


ciones de 1848, y la libertad ha corrido
grandes peligros.

Se comprenderá que no voy, á propósito de


federacion , á presentar el cuadro de las cien-
cias económicas, ni á manifestar al pormenor
todo lo que debiera hacerse en este órden de
ideas . Diré simplemente que el gobierno fe-
derativo , despues de haber reformado el ór-
den político , ha de emprender necesaria-
mente , para completar su obra , una serie de
reformas en el órden económico . Hé aquí, en
pocas palabras , á lo que esas reformas deben
estar reducidas .

Del mismo modo que bajo el punto de


vista político, pueden confederarse dos ó más
Estados independientes para garantirse mú-
tuamente la integridad de sus territorios
ó para la proteccion de sus libertades ; bajo
el punto de vista económico cabe confede-
rarse , ya para la proteccion recíproca del
comercio y de la industria, que es la que se
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 157

llama union aduanera, ya para la construc-


cion y conservacion de las vías de trasporte,
caminos , canales , ferro-carriles , ya para la
organizacion del crédito, de los seguros, etc.
El objeto de esas confederaciones particula-
res es sustraer á los ciudadanos de los Esta-
dos contratantes á la explotacion capitalista
y bancocrática, tanto de dentro como de
fuera: formar por su conjunto , en oposicion
al feudalismo económico que hoy domina,
lo que llamaréfederacion agrícola-industrial.

No desenvolveré este asunto bajo ningun


punto de vista. Sobrado sabrá lo que quiero
decir el público que sigue hace quince años
el curso de mis trabajos. El feudalismo mer-
cantil é industrial se propone consagrar por
medio del monopolio de los servicios públi-
cos , del privilegio de la instruccion , de
la extremada division del trabajo , del inte-
rés de los capitales , de la iniquidad de las
contribuciones la degradacion política de las
masas , la servidumbre económica ó el sa-
lario , en una palabra , la desigualdad de
158 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

condiciones y de fortunas. La federacion


agrícola-industrial, por lo contrario, tiende
á acercarse cada dia más á la igualdad por
medio de la organizacion de los servicios pú-
blicos hechos al más bajo precio posible por
otras manos que las del Estado, por medio
de la reciprocidad del crédito y de los segu-
ros , por medio de la garantía de la instruc-
cion y del trabajo, por medio de una combi-
nacion industrial que permita á cada traba-
jador pasar de simple peon á industrial y
artista , de jornalero á maestro .

Es evidente que una revolucion de esta


índole , no puede ser obra ni de una monar-
quia constitucional , ni de una democracia
unitaria ; lo puede ser tan sólo de una confe-
deracion . No resulta del contrato unilateral
ó de beneficencià, no de instituciones de ca-
ridad , sino del contrato sinalagmático y
conmutativo (23).

Considerada en sí misma, la idea de una


federacion industrial que venga á servir de
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 159

complemento y sancion á la política , está


ostensiblemente confirmada por los principios
de la economía política. Es la aplicacion en
su más alta escala de los principios de reci-
procidad, de division del trabajo y de solida-
ridad económica , principios que resultarian
entónces convertidos en leyes del Estado por
la voluntad del pueblo .

Enhorabuena que el trabajo permanezca


libre ; enhorabuena que se abstenga de to-
carlo el poder , que le es aún más funesto que
el comunismo . Pero las industrias son her-
manas , son las unas parte de las otras , no
sufre una que las demás no sufran. Confe-
dérense , pues , no para absorberse y con-
fundirse , sino para garantirse mútuamente
las condiciones de prosperidad que les son
comunes y no pueden constituir el monopo-
lio de ninguna. Celebrando un pacto tal, no
atentarán contra su libertad ; no harán sino
darle más certidumbre y fuerza. Sucederá
con ellas lo que en el Estado con los poderes,
y en los séres animados con sus órganos,
160 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

cuya separacion es precisamente lo que cons-


tituye su poder y su armonía.

Así ¡ cosa admirable ! la zoología , la eco-


nomía y la política están aquí de acuerdo
para decirnos : la primera, que el animal
más perfecto , el que está mejor servido por
sus órganos , y por consiguiente, el más ac-
tivo, el más inteligente y el mejor constituido
para dominar á los otros, es aquel cuyas fa-
cultades y cuyos miembros estén más parti-
cularizados, más seriados, más coordinados;
la segunda, que la sociedad más productora,
más rica, más preservada de la hipertrofia y
del pauperismo , es aquella en que el trabajo
está más dividido , la concurrencia es más
completa , el cambio más leal, la circulacion
más regular, el salario más justo , la propie-
dad más igual , y las industrias todas están
mejor garantidas las unas por las otras ; la
tercera, por fin , que el gobierno más libre y
más moral, es aquel en que los poderes están
mejor divididos , la administracion mejor
distribuida , la independencia de los grupos
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 161

más respetada , las autoridades provinciales,


las cantonales, las municipales, mejor servi-
das por la autoridad central : en una palabra,
el gobierno federativo.

Así, del mismo modo que el principio mo-


nárquico ó autoritativo tiene por primer co-
rolario la asimilacion ó la incorporacion de
los grupos que se va agregando , en otros
términos , la centralizacion administrativa,
lo que podria áun llamarse la comunidad de
la familia política; por segundo corolario, la
indivision del poder, por otro nombre, el ab-
solutismo ; por tercer corolario, el feudalismo
territorial é industrial; el principio federa-
tivo, liberal por excelencia, tiene por primer
corolario la independencia administrativa de
las localidades reunidas ; por segundo, la se-
paracion de los poderes en cada uno de los
Estados soberanos ; por tercero, la federacion
agricoloindustrial.

En una república sentada sobre tales ci-


mientos se puede decir que la libertad está
11
162 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

elevada á su tercera potencia y la autoridad


reducida á su raíz cúbica. La primera , en
efecto, crece con el Estado, es decir, se mul-
tiplica á medida que aumenta el número de
los pueblos de la confederacion ; la segunda,
subordinada de grado en grado , no aparece
en su plenitud sino en el seno de la familia,
donde está aún templada por el amor con-
yugal y el paterno .

Necesitábase indudablemente para adqui-


rir el conocimiento de esas grandes leyes, de
una larga y dolorosa experiencia ; necesitá-
base quizá tambien, antes de que llegara á la
libertad, que pasara nuestra especie por las
horcas caudinas de la servidumbre . A cada
edad su idea, á cada época sus instituciones .
Pero ha llegado la hora. La Europa entera
pide á grandes voces la paz y el desarme . Y
como si nos estuviese reservada la gloria de
tan gran beneficio, vuelve todo el mundo
los ojos á Francia, y espera de nuestra na-
cion la señal de la felicidad comun.
EL PRINCIPIO FEDERATIVO 163

Los príncipes y los reyes , tomados al pié


de la letra , son ya de otros tiempos : los he-
mos constitucionalizado, y se acerca el dia en
que no sean sino presidentes federales . Ha-
brán concluido entónces las aristocracias ,
las democracias y todas las cracias posibles,
verdaderas gangrenas de las naciones , es-
pantajos de la libertad . ¿Tiene ni siquiera
idea de la libertad esa democracia que se
llama liberal y anatematiza el federalismo
y el socialismo , como hicieron en 1793 sus
padres? Pero el período de prueba debe tener
un término . Empezamos á razonar ya sobre
el pacto federal: no creo que sea esperar mu-
cho de la estupidez de la presente generacion,
pensar que al primer cataclismo que la barra,
ha de volver á reinar en el mundo lajusticia.

En cuanto á mí , cuya palabra ha tratado


de ahogar cierta parte de la prensa , ya por
medio de un calculado silencio , ya desfigu-
rando mis ideas é injuriándome , sé bien que
puedo dirigir á mis adversarios el siguiente
reto :
164 EL PRINCIPIO FEDERATIVO

Todas mis ideas económicas, elaboradas


durante veinte años, están resumidas en esas
tres palabras : Federacion agrícolo-industrial;

Todas mis miras políticas, en una fórmula


parecida : Federacion política ó Descentra-
lizacion;

Y como yo no hago de mis ideas un ins-


trumento de partido , ni un medio de ambi-
cion personal , todas mis esperanzas para lo
presente y lo futuro están tambien resumi-
das en este tercer término , corolario de los
dos anteriores : Federacion progresiva .

Desafio a quien quiera que sea , á que


haga una profesion de fe más limpia , de
mayor alcance ni de más templanza ; voy
más allá : desafío á todo amigo de la libertad
y del derecho á que la rechace .
NOTAS .

4. Proudhon formula en este primer capítulo una


antinomia cuya existencia es indudable . Si hubiese es-
crito este libro diez años antes , habria buscado una
síntesis para resolverla ; en 1863 no creia ya como ántes
en la tricotomia hegeliana , y se propone tan sólo equi-
librar , contrapesar los dos términos antitéticos . Como
se verá , sin embargo , más adelante , llega por los dos
caminos al mismo punto , al contrato , solucion que nos
habia ya dado en su Idea general de la Revolucion en el
siglo XIX . ( N. del T.)

2. Proudhon habla aquí sólo de los sistemas de go-


bierno que pueden ser concebidos à priori. Encuentra
que ninguno de los cuatro ha podido ser realizado jamás
en todo el rigor y la pureza de su idea ; y es natural que
así lo haya visto. Siendo imperecederas é indestructibles,
así la autoridad como la libertad , y estando cada uno de
esos sistemas basado sobre uno solo de los dos princi-
pios , no era posible ni que se realizaran jamás , ni que
en el caso de llegar á realizarse subsistiesen . La monar-
quía , y la anarquía sobre todo , no han existido en nin-
guna parte . (N. del T.)

3. El llegar á ser no es , á pesar de lo que han dicho


166 NOTAS

ciertos filósofos , más místicos que profundos , un tér-


mino medio entre el ser y el no ser ; es sólo el movi-
miento del ser , es el ser en su vida y sus manifestacio-
nes . (N. del A.)

Proudhon impugna aquí principalmente á Hegel .


(El T.)

4. Importa no olvidar que los gobiernos se distin-


guen , no por el título que se da al primer magistrado,
sino por SU ESENCIA. Así la esencia de la monarquía está
en la indivision gubernamental y administrativa , en el
absolutismo del príncipe ó de los príncipes , en su irres-
ponsabilidad. La de la democracia , por lo contrario, está
en la separacion de los poderes , en la distribucion de los
empleos, en la responsabilidad y la intervencion. La corona
y su mismo carácter hereditario no son más que acceso-
rios simbólicos . Se nos hace , á no dudarlo, visible la mo-
narquía por medio del rey-padre , de la trasmision he-
reditaria , de la consagracion , etc. , y esto es lo que hace
creer al vulgo que , en desapareciendo el signo , desapa-
rece la cosa. Los mismos fundadores de la democracia
creyeron en 4793 hacer una gran cosa cortando la ca-
beza al rey , mientras estaban decretando la centraliza-
cion . Pero ese es un error en que no debe ya incurrir
nadie . El Consejo de los Diez en Venecia era un verda-
dero tirano , y la república el más atroz despotismo . Dad
en cambio un príncipe con título de rey á una república
como la de Suiza : como no cambieis la constitucion,
será como si hubiéseis puesto un sombrero de fieltro á
la estátua de Enrique IV. (N. del A.)

5. De esa necesidad de dividir el poder y distribuir


NOTAS 167

la autoridad , nació , en parte , el feudalismo despues de


Carlomagno ; de ella tambien , los aires de federalismo
que falsamente se dió aquella para desgracia de los pue-
blos y del Imperio . La Alemania , estacionada en una
constitucion absurda, se resiente aún de tan largas y san-
grientas conmociones . El Imperio se ha desmembrado,
la nacionalidad ha estado en grave peligro . (N. del A.)

6. Podria escribirse sobre las contradicciones politicas


un libro interesante , que viniese á hacer pareja con el
de las contradicciones económicas. He pensado más de una
vez en escribirle , pero he desistido por estar ocupado en
-otros trabajos , y descorazonarme la ruda acogida que
encuentro en los críticos . Los varones dedicados á dar

-cuenta de los libros que se publican, habrian vuelto im-


pertinentemente á divertirse con la antinomia , la tesis y
la antitesis ; el espíritu francés , algunas veces de tanta
penetracion y tan justo , se habria mostrado tan insí-
pido , ridículo y necio como de costumbre en la persona
de los señores periodistas ; la bobería belga habria con-
tado un nuevo triunfo , y todo estaria concluido . Habré
de seguro ahorrado una mistificacion á mis compatrio-
tas dándoles desde luego la solucion que hubiera debido
darles de todos modos , si les hubiese puesto á la vista
todas las dificultades del problema. ( N. del A.)

Proudhon se venga en esta nota de los ultrajes que le


habian dirigido belgas y franceses con motivo de haber
escrito sobre Italia unos artículos donde combatia la
unidad de aquel reino , y manifestaba una decidida pre-
ferencia por la confederacion estipulada en la paz de
Villafranca. Esos ultrajes fueron los que principalmente
le movieron á escribir el presente libro . (ΕΙ Τ.)
168 NOTAS

7. Difícilmente podria haberse presentado un cuadro


más sucinto ni más completo de las causas que hasta
aquí han producido las revoluciones de los pueblos . Ak
antagonismo radical de la autoridad y la libertad , á sus
incesantes luchas , á sus indispensables transacciones,
vienen á unirse por fin los encontrados intereses de laş-
diversas clases sociales , á que ha dado orígen la organi-
zacion de la propiedad y del trabajo . Combinadas unas-
causas con otras , van sin cesar llevando la humanidad
de uno en otro sistema y de una en otra forma de go-
bierno sin dejarle descansar en ninguna , ántes condu-
ciéndole á paso rápido al escepticismo , á la corrupcion,
al desquiciamiento , á la muerte. Hay evidentemente
una absoluta necesidad de salir de ese terreno cenagoso-
y movedizo donde consumimos en estériles luchas nues-
tras fuerzas . ¿ A dónde iremos que no sintamos temblar
el suelo bajo nuestras plantas ? Proudhon va á decír-
noslo: al contrato federativo , á la descentralizacion , á
restablecer la autonomía de las antiguas provincias , á
dejarlas , no sujetas como hoy á un poder central que
las ahogue , sino subordinadas á un centro federal que
las proteja . (N. del T.)

8. Han pretendido algunos , que dando Proudhon el


contrato como medio de resolver el problema político,
no ha hecho al fin más que volver á la idea de Rousseau,
á quien tan duramente ha censurado en algunas de sus
obras . El mismo Proudhon , en la siguiente nota , apre-
ciará en lo que vale el Contrato social imaginado por ek
brillante filósofo de Ginebra ; mas por de pronto , á fin
de hacer ver cuánto difieren un contrato de otro , pondré
aquí la cláusula del de Rousseau , que podrá luego cada
lector cotejar con las que Proudhon acaba de dar al suyo.
NOTAS 169

« Las cláusulas de ese contrato , dice Rousseau al ha-


blar del que constituia el objeto de su trabajo , si bien se
las entiende, se reducen á una sola ; es á saber : la enaje-
nacion total de cada asociado , con todos sus derechos ,
á la colectividad ..... Cada uno de nosotros pone en co-
mun su persona y todas sus facultades bajo la suprema
direccion de la voluntad general ; yjuntos recibimos á
cada miembro como parte indivisible del todo . »

Al paso que Rousseau por ese contrato nos entrega en


cuerpo y alma á la sociedad de que formamos parte,
Proudhon por el suyo no nos somete á esa misma colec-
tividad sino para ciertos y determinados objetos , expre-
samente consignados en el pacto que celebremos ó á que
nos adhiramos . Hace aquél á la colectividad árbitra de
nuestros derechos , y éste la impone por lo contrario
la obligacion de asegurarlos y protegerlos . Rousseau ha-
bla , en una palabra , de un contrato universal ; Proudhon
de un contrato especial, especialisimo. ¿Hay razon ni pre-
texto para confundir los dos contratos ? (N. del T.)

9. En la teoría de J. J. Rousseau , que es la de Robes-


pierre y los Jacobinos , el Contrato social es una ficcion
de legista , imaginada para explicar por otra hipótesis
que la del derecho divino , la autoridad paterna ó la ne-
cesidad social , la formacion del Estado y de las rela-
ciones entre el gobierno y los individuos . Esta teoría,
tomada de los Calvinistas , era en 1764 un progreso,
puesto que tenía por objeto someter á una ley racional
lo que habia sido considerado hasta entónces como la
aplicacion de una ley natural y religiosa . En el sistema
federativo , el contrato social es más que una ficcion : es
un pacto real y efectivo , que ha sido verdaderamente
170 NOTAS

propuesto , discutido , votado , aprobado , y es suscep-


tible de manifestaciones regulares á voluntad de los
contrayentes . Entre el contrato federativo, y entre el
de Rousseau y el de 1793, media toda la distancia que va
de la realidad á la hipótesis. ( N. del A. )

40. La Confederacion Helvética se compone de vein-


ticinco Estados soberanos ( diez y nueve cantones y seis
medios-cantones ) , no teniendo más que 2.400.000 habi-
tantes . Está , pues, regida por veinticinco constituciones
análogas á las francesas de 1794 , 4793 , 1795 , 4799 , 4844,
4830 , 4848 у 1852 , y además por una constitucion fede-
rativa , que como es natural no tiene equivalente en
Francia . Por los artículos que á continuacion trascribo
se verá el espíritu de esas constituciones , conforme en
un todo á las bases sentadas en el texto .

Art. 2.° La Confederacion tiene por objeto asegurar


la independencia de la patria contra el extranjero , man-
tener la tranquilidad y el órden interiores , proteger la
libertad y los derechos de los confederados , y aumentar
su prosperidad comun.

Art. 3. ° Los cantones son soberanos en todo lo que


no esté limitada su soberanía por la federal , y como ta-
les ejercen todos los derechos que no han sido conferi-
dos al poder central de la Confederacion .


Art. 5.° La Confederacion garantiza á los cantones su
territorio , su soberanía dentro de los límites estableci-
dos en el art. 3.º, sus constituciones , la libertad y los
derechos del pueblo , los derechos constitucionales de
NOTAS 171

los ciudadanos , y tambien los derechos y las atribucio-


nes que el pueblo ha conferido á las autoridades .

Así una confederacion no es , propiamente hablando,


un Estado ; es un grupo de Estados soberanos é inde-
pendientes ligados por un pacto de garantía mútua. Una
constitucion federal no es tampoco lo que se entiende
por carta ó constitucion en Francia , y viene á ser el re-
súmen del derecho público del país ; es el pacto en que
están contenidas las condiciones de la liga , es decir, los
derechos y las obligaciones recíprocas de los Estados .
Lo que se llama Autoridad federal , por fin , no es tam-
poco un gobierno ; es una agencia que crean los Estados
para la ejecucion en comun de ciertos servicios que pa-
san á ser atribuciones federales por haberse despren-
dido de ellos cada Estado .

En Suiza , la autoridad federal se compone de una


asamblea deliberante , elegida por el pueblo de los vein-
tidos cantones , y de un Consejo ejecutivo compuesto
de siete individuos , elegidos por la asamblea. Los indi-
viduos de la asamblea y del consejo federal están nom-
brados por tres años : sus atribuciones son revocables
como sus personas , por ser la constitucion federal en
todos tiempos susceptible de enmienda . De suerte que el
poder federal es , en todo el rigor de la palabra , un sim-
ple mandatario puesto bajo el dominio de sus comiten-
tes , que puedén á su antojo aumentar ó menguar el po-
der de que goza. (N. del A.)

44. El derecho público federativo suscita muchas


cuestiones dificiles. Por ejemplo, ¿puede entrar á formar
parte de una confederacion un Estado esclavista ? Como
172 NOTAS

no puede entrar en ella una monarquía absoluta , parece


que tampoco deberia poder entrar el Estado en cuestion,
siendo la esclavitud de una parte de sus individuos la
negacion misma del principio federativo . Bajo este punto
de vista , los Estados Unidos del Sur tendrian tanto más
motivo para separarse de los del Norte , cuanto que no
entra en el ánimo de éstos otorgar , cuando ménos por
de pronto , el goce de los derechos políticos á los negros
emancipados . Sabemos , sin embargo , que Washington,
Madison y los demás fundadores de la Union no fueron
de este dictámen, y admitieron al pacto federal á los Es-
tados con esclavos . Verdad es tambien que vemos ras-
garse en estos momentos ese pacto contrario á la natu-
raleza , y que los Estados del Sur, para conservar su es--
pectativa , tienden á una constitucion unitaria ; al paso
que los del Norte , para conservar su confederacion, de-
cretan la deportacion de los esclavos . ( Conviene tener
presente que Proudhon escribia este libro cuando áun
duraba la guerra de la América del Norte . )

La constitucion federal suiza , reformada en 1848 , ha


decidido la cuestion en el sentido de la igualdad , segun
vemos por su art. 4. °: « Todos los suizos son iguales ante
la ley. No hay en Suiza súbditos ni privilegios de lugar,
de nacimiento , de familia ; no los hay tampoco perso-
nales . » De la promulgacion de este artículo , que purgó
la Suiza de todo elemento aristocrático , data la verda-
dera constitucion federal helvética .

Otra cuestion . En el caso de haber oposicion de inte-


reses , ¿ puede la mayoría confederada oponer á la mi-
noría separatista la indisolubilidad del pacto ? En 4846
sostuvo el Sunderbund la negativa en contra de la mayo
NOTAS 173

ría helvética , y hoy la sostienen igualmente los confe-


derados del Sur de la Union Americana contra los fede-
rales del Norte . Yo creo que la separacion es de pleno
derecho , siempre que se trata de una cuestion de sobe-
ranía cantonal que no haya entrado en el pacto de la
Confederacion. Así no me ha demostrado nadie que la
mayoría suiza haya buscado en el pacto su derecho con-
tra el Sunderbund; la prueba está en que la constitucion
federal ha sido reformada el 48, precisamente á causa
del litigio que habia provocado la formacion del Sunder-
bund . Pero puede suceder , por consideraciones de com-
modo et incommodo , que las pretensiones de la minoría
sean incompatibles con las necesidades de la mayoría, y
que además la escision comprometa la libertad de los
Estados : en este caso la cuestion se resuelve por el de-
recho de la guerra , lo que quiere decir que la parte más
considerable de la Confederacion , aquella cuya ruina
llevaria consigo más perjuicios , ha de prevalecer sobre
la más débil. Esto es lo que ha sucedido en Suiza y po-
dria hacerse tambien en los Estados Unidos , si en ellos
como en Suiza no se tratase más que de una interpreta-
cion ó de una aplicacion mejor de los principios del
pacto , como , por ejemplo , de elevar progresivamente
á los negros al nivel de los blancos . Desgraciadamente
el discurso presidencial de Lincoln no deja sobre este
punto lugar á dudas. No quiere hablar el Norte más que
el Sur de una verdadera emancipacion de los esclavos;
y esto es lo que hace insoluble el problema aún por la
guerra y amenaza destruir la Confederacion.

En la monarquía , toda justicia emana del Rey ; en una


confederacion , emana para cada Estado de solo los ciu-
dadanos que lo componen. Instituir por lo tanto un tri
174 NOTAS

bunal federal supremo , sería en principio derogar el


pacto . Otro tanto sucederia si se estableciese un Supre--
mo Tribunal de Justicia ó de Casacion , pues siendo cada
Estado soberano y legislador , la legislacion no es en to-
dos la misma. Como hay con todo intereses y pleitos
federales , como pueden cometerse delitos y crímenes
contra la Confederacion , hay para estos casos particula-
res una justicia federal y tribunales federales . (N. del A.)

42. Hay tres maneras de concebir la ley . Concíbesela


de distinto modo segun el punto de vista en que se co-
loca el sér moral , y tambien segun sea éste , creyente,
filósofo ó ciudadano .

La ley es el mandamiento intimado á la humanidad en


nombre de Dios por una autoridad competente : tal es la
definicion de la teología y del derecho divino .

La ley es la expresion de la relacion de las cosas : tal es


la definicion filosófica , dada por Montesquieu.

La ley es el estatuto arbitral de la voluntad humana


(De la Justicia en la Revolucion y en la Iglesia, Estudio 8. °):
tal es la teoría del contrato y de la federacion . 1

Siendo la verdad una , por más que se presente bajo


distintos aspectos , entran las tres definiciones la una en
la otra , y deben ser consideradas en el fondo como
idénticas . Mas el sistema social que engendran no es el
mismo . Por la primera , el hombre se declara súbdito de
la ley y de su autor ó representante ; por la segunda se
reconoce parte integrante de un vasto organismo ; por
la tercera hace suya la ley y se emancipa de toda auto
NOTAS 175

ridad, de toda fatalidad, de toda dominacion. La primera


fórmula es la del hombre religioso ; la segunda la del
panteista , la tercera la del republicano. Esta es la única
compatible con la libertad . ( N. del A.)

43. Segun la constitucion federal suiza de 1848 , la


Confederacion tiene el derecho de establecer una universidad
suiza . Esta idea , enérgicamente combatida como aten-
tatoria contra la soberanía de los cantones , era á mis
ojos una medida de buena política. Ignoro si se ha lle-
vado adelante el proyecto. (N. delA.)

14. En Suiza hay un presupuesto federal adminis-


trado por el Consejo de la Confederacion ; pero no se
refiere sino á los negocios federales , no tiene nada de
comun con el de los cantones ni el de las ciudades .
(N. del A.)

45. Art. 13 de la constitucion federal suiza : « La Con-


federacion no tiene derecho para mantener ejércitos
permanentes . » Doy este artículo para que lo mediten
los republicanos unitarios. (N. del A.)

16. Este capítulo es de los más importantes de este


libro . Hasta aquí no habia hablado el Autor sino de las
relaciones entre los Estados de una confederacion ; en
este capítulo habla en general de las que deben mediar
entre las diversas personalidades que componen una
república . Ha entrado en la determinacion de las fun-
ciones de lo que se llama Estado , y por ella ha venido
á señalar de un modo bastante preciso los límites de
cada personalidad política .
176 NOTAS

Gracias á la economía política , que estudiando más el


hecho que el derecho , es incapaz de resolver fundamen-
talmente ninguna de las grandes cuestiones relativas al
gobierno de los pueblos, se propagan hoy acerca del
Estado las ideas más erróneas. Se pretende que el Estado
no tiene otra funcion legítima que la de garantir los
derechos de los ciudadanos , como si las sociedades hu-
biesen llegado ya al término de sus progresos y las nue-
vas evoluciones de la idea de justicia no debiesen ser
convertidas en leyes. El Estado hoy , mañana, siempre,
habrá de legislar , ya para ir acomodando las prescrip-
ciones de sus antiguos códigos á las sucesivas necesida-
des y opiniones de los pueblos , ya para determinar las
relaciones que va creando el desenvolvimiento de las
fuerzas económicas. El derecho es esencialmente pro-
gresivo : sus nuevas evoluciones , ó serian completa-
mente estériles, ó hay que imponerlas de algun modo
por medio de leyes , es decir, de declaraciones públicas.
Podrá cambiarse una y cien veces más la constitucion
del Estado , reducirse el número de sus funciones , de-
jarse más libre la accion de la provincia, del municipio,
del ciudadano ; jamás negar al Estado esa facultad legis-
lativa que le han concedido en todos tiempos todas las
naciones. Sin ella no podria vivir, y por ella vive y vi-
virá eternamente. Aun cuando fuera posible destruirle
un dia , la misma sociedad que le hubiese derribado vol-
veria á levantarle para que realizase nuevas concepcio-
nes jurídicas .

:
Con esto no pretendo decir que deba el Estado arro-
garse la facultad de reglamentar las fuerzas económicas,
ni mucho menos de llenar por sí los servicios públicos.
Proudhon dice oportunamente que al Estado corres
NOTAS 177

ponde en todo caso no la ejecucion , sino la iniciativa:


permítaseme que por via de corolario añada, que le cor-
responde , no aplicar el derecho , sino fijarlo. Conviene
que fije las condiciones generales del cambio , no que
reglamente los cambios; que determine las del crédito ,
no que se convierta en casa de banca ; que regularice la
propiedad , no que la usurpe ni la compre.

Hablo aquí por de contado de la entidad Estado en


general , no del Estado de las repúblicas federales . En
una república federativa , no porque haya un Estado
central , deja de haber tantos Estados cuantos sean los
cantones , provincias ó pueblos que la compongan. El
1

Estado de cada uno de esos distintos grupos tiene la


misma facultad de legislar y de iniciar que el central, en
todo lo que no haya sido objeto del pacto federativo .
(N. del T.)

47. Se ha hablado muchas veces entre los demócra-


tas de Francia de una confederacion europea , en otros
términos , de los Estados Unidos de Europa. Bajo este
nombre no parece haberse comprendido jamás otra cosa
que una alianza entre todos los Estados grandes y pe-
queños que existen actualmente en Europa bajo la pre-
sidencia permanente de un Congreso. Cada Estado habia
de conservar, por de contado, la forma de gobierno que
más le conviniese. Ahora bien, disponiendo cada Es-
tado en el Congreso de un número de votos proporcio-
nado á su poblacion y á su territorio , se encontrarian
pronto los Estados pequeños dentro de esta confedera-
cion convertidos en feudatarios de los grandes . Sucede-
ria algo más , á ser posible que esa nueva Santa Alianza
se ballase animada de esos principios de evolucion colec-
12
178 NOTAS

tiva : despues de una conflagracion interior , se veria


pronto á esa confederacion degenerando en una gran
potencia , es decir, en una monarquía europea. Una
confederacion tal no sería por lo tanto más que una
celada , ó careceria de sentido. (N. delA.)

48. « Los principios de la constitucion americana, se-


gun la opinion de los hombres previsores , anunciaban
una decadencia prematura. Turgot , amigo celoso de la
causa americana , se quejaba :

1. ° « De que se imitasen sin utilidad los usos de los


ingleses;

2.° >> De que se hubiese borrado al clero de la cate-


goría de los elegibles , pues áun cuando no pudiese ser
ésta una excepcion peligrosa , se le convertia en un
cuerpo extraño al Estado ;

3.° >>De que Pensilvania exigiese que los miembros


del cuerpo legislativo prestasen un juramento religioso;

4.° >>De que Jersey exigiese que se creyese en Je-


sucristo ;

5.° >> De que el puritanismo de Nueva Inglaterra fuese


intolerante , y los cuákeros de Pensilvania considerasen
ilegal la profesion de las armas ;

6.° » De que en las colonias meridionales hubiese una


gran desigualdad de fortunas , y los negros , aunque li-
bres , constituyesen un cuerpo distinto de los blancos
dentro de un mismo Estado :
NOTAS 179

7.° » De que el estado de la sociedad en Connecticut


fuese un término medio entre el estado de las naciones
salvajes y el de las civilizadas, y bastase la menor in-
triga en Massachussets y Nueva-Jersey para excluir á
los candidatos del número de los representantes del
pueblo;

8.° >> De que de la emancipacion de los negros re-


sultasen tantos inconvenientes ;

9.° >>>De que pudiesen concederse títulos de nobleza;

10. » De que no se aboliese el derecho de primoge-


nitura ni se estableciese la libertad de comercio ;

44. » De que no se calculase la extension de la juris-


diccion por la distancia del lugar en que el tribunal
residiese ;

12. >> De que no se hubiese establecido la distincion


suficiente entre los propietarios territoriales y los demás
propietarios ;

43. » De que estuviese sobreentendido en la consti-


tucion de cada Estado el derecho de dictar reglas para
el comercio , y áun el de establecer prohibiciones ;

14. » De que no se hubiese adoptado principio alguno


para las contribuciones , y por consiguiente, se dejase á
cada Estado el derecho de crearlas á su antojo ;

15. »De que la América creyese que podia prescindir


de todo lazo de union con Europa, y un pueblo cuerdo
180 NOTAS

dejase escapar de sus manos sus medios de defensa.>>>

«El célebre Mirabeau encontró en la sociedad de Cin-


cinnatus, compuesta de oficiales del ejército de la Re-
volucion, el principio de las distinciones hereditarias.
Price, Mably y otros escritores extranjeros, hicieron
otras muchas observaciones . Supieron aprovecharlas
los legisladores americanos modificándolas en lo acceso-
rio, pero sin desperdiciar ninguno de los materiales del
edificio republicano, que en lugar de caerse como se habia
profetizado, mejoró con el tiempo y promete ser de larga du-
racion . » (Descripcion de los Estados-Unidos , por Warden,
tomo 5.°)

No revela ménos el pasaje siguiente del mismo escri-


tor : « Jefferson, y los que obraban de acuerdo con él, es-
taban persuadidos de que las tentativas hechas para la
felicidad del género humano, sin tener en cuenta las
opiniones y áun las prescripciones reinantes , daban
raras veces buenos resultados , y de que no debian in-
troducirse violentamente en la sociedad ni áun las más
ostensibles mejoras . No se propuso por lo tanto nin-
guna medida nueva que la opinion pública no estuviese
madura para recibirla . >>>

Esta política de Jefferson y sus amigos es segura-


mente digna de todos nuestros elogios . Hacer suyas la
verdad y la justicia ántes de someterlas á sus leyes ,
constituye la gloria del hombre y del ciudadano .-Somos
todos reyes , decia el ciudadano de Atenas . ¿ No nos ha
dicho tambien la Biblia que éramos DIOSES ? Como reyes
y como dioses , sólo á nosotros mismos nos debemos obe-
diencia . Pero no resulta ménos de la opinion de Jeffer
NOTAS 181

son que el pueblo americano fué bajo su presidencia-


de 4804 á 4805- tal vez el ménos liberal del mundo , y
que sin esa libertad negativa que dá la escasez de pobla-
cion en un territorio de una fecundidad inaudita, más
habria valido vivir bajo el despotismo de Luis XIV ó de
Napoleon que en la república de los Estados-Unidos .
(N. del A.)

49. Se han imaginado algunos, que sin la votacion


del 24 de Noviembre de 1854, que vino á dar razon al
Presidente contra la derecha de la Cámara, y aseguró el
éxito del golpe de Estado, se habria salvado la Repú-
blica . Se ha declamado mucho con este motivo contra
los diputados de la Montaña, por haberse declarado con-
tra la derecha. Pero es evidente, tanto por la ley de las
contradicciones políticas ( véanse los capítulos vı y vII ) ,
como por los hechos, que si hubiese salido vencida la
presidencia , habiéndose retraido el pueblo, no habria
podido ménos de predominar el principio de la clase
media , se habria trasformado sin la menor dificultad la
república unitaria en monarquía constitucional, y ha-
bria vuelto el país , no al statu quo de 1848, pero sí á un
régimen tal vez más rigoroso que el del 2 de Diciembre,
puesto que á una fuerza por lo ménos igual en el go-
bierno habria venido á unirse , gracias á la decisiva pre-
ponderancia de la clase media y á la restriccion ya me-
dio realizada del derecho de sufragio, la merecida degra-
dacion de las masas . (N. del A.)

20. Constitucion federal suiza de 1848 , art. 6. ° : «Ga-


rantiza la Confederacion las constituciones centrales
con tal que: a) no encierren nada contrario á la cons-
titucion federal ; b) aseguren el ejercicio de los derechos
182 NOTAS

políticos bajo formas republicanas , representativas ó


democráticas ; c/ hayan sido aceptadas por el pueblo y
puedan ser revisadas cuando lo pida la mayoría abso-
luta de los ciudadanos . » (N. del A.)

21. El Republicano Neuchatelés del 19 y del 34 de


Agosto y del 4.º de Setiembre de 1852. (N. del A.)

22. He escrito en alguna parte (De la Justicia en la


Revolucion y en la Iglesia, Estudio 4.°, nota), que en el
año 1844 se habia abierto la era de las constituciones .
La manía de contradecir ha hecho que esta proposicion
haya sido silbada por gentes que, mezclando á troche y
moche en sus diarias divagaciones historia y política.
negocios é intrigas, ignoran hasta la cronología de su
siglo . Pero no es eso lo que por de pronto me interesa .
La era de las constituciones, que no puede ser más real
ni estar más perfectamente designada, es análoga á la
era actiaca indicada por Augusto despues de la victoria
que ganó en Accio, sobre Antonio, y coincide con el
año 30 ántes de Jesucristo . Esas dos eras, la actiaca y la
de las constituciones, tienen de comun que ambas han
indicado una renovacion general en política, en econo-
mía , en derecho público , en libertad y sociabilidad ge-
nerales . Ambas han inaugurado un período de paz.
ambas han patentizado la conciencia que tenian los con-
temporáneos de la revolucion general que se verificaba
y la voluntad que tenian los jefes de nacion de prestarle
su concurso . La era actiaca, sin embargo , destronada
por las orgías imperiales , está completamente olvida-
da: fué del todo eclipsada por la era cristiana, que sirvió
para marcar la misma renovacion de una manera mu-
cho más moral, más popular y más grandiosa . Lo
NOTAS 183

mismo ha de suceder con la llamada era de las consti-


tuciones : desaparecerá á su vez ante la era federativa y
social, cuya idea profunda y popular ha de destronar la
moderantista de 1814, parto de la clase media. (N. del A.)
1

23. Hará esto evidente un cálculo sencillo . La ins-


truccion media para ambos sexos en un Estado libre ,
exige por lo ménos un período de enseñanza de diez á
doce años , y por lo tanto la asistencia á las escuelas del
quinto de la poblacion total, es decir, en Francia de siete
millones y medio de individuos entre varones y hem-
bras, puesto que asciende hoy el número de habitantes
á treinta y ocho millones . En los países en que los ma-
trimonios son muy fecundos, como en América, la pro-
porcion es todavía más considerable . Trátase por con-
siguiente de dar á siete millones y medio de individuos de
ambos sexos la instruccion literaria, científica, moral y
profesional, dentro de límites razonables que nada ha-
bian de tener de aristocráticos . Ahora bien, ¿cuál es en
Francia el número de individuos que frecuentan las
escuelas de segunda enseñanza y las superiores? Segun
la estadística de Mr. Quillard , ciento veintisiete mil
cuatrocientos sesenta y cuatro . Todos los demás, en nú-
mero de siete millones trescientos setenta mil quinien-
tos veinticinco, están condenados á no pasar jamás de la
escuela de instruccion primaria . Falta, empero, mucho
para que la frecuenten todos : las juntas de quintas
nos dan cada año un número creciente de ciuda-
danos que no conocen las primeras letras . Pregunto
ahora : ¿ á dónde irian á parar nuestros gobernantes si
debiesen resolver ese problema de dar una instruccion
media á siete millones trescientos setenta mil quinien-
tos veinticinco individuos , sobre los ciento veintisiete
184 NOTAS

mil cuatrocientos setenta y cuatro que asisten á las es-


cuelas? ¿Qué pueden en esto ni el pacto unilateral de
una monarquía de la clase media , ni el contrato de
beneficencia de un Imperio paternal, ni la caridad de la
Iglesia, ni los consejos de prevision de Martiny, ni las
esperanzas del libre cambio ? Los mismos comités de
salud pública, con todo su rigor revolucionario, fracasa-
rian en semejante empresa. No podria realizársela sino
por medio de una combinacion del aprendizaje y la asis-
tencia á la escuela, que convirtiese en productor á cada
uno de los alumnos ; lo que presupone una confedera-
cion universal . No conocemos otro hecho más á propó-
sito para confundir y aplastar la vieja política . (N. del A.)
INDICE

PROLOGO DEL TRADUCTOR .. 1

I.- Dualismo político.- Autoridad y Libertad ; oposicion


y conexidad de estas dos nociones... 15
II. -Concepcion à priori del órden político ; régimen de au-
toridad , régimen de libertad..... 23

III . - Formas de gobierno .... 33

IV.- Transaccion entre los dos principios; origen de las


contradicciones de la politica..... 46

V.-Gobiernos de hecho ; disolucion social ...... 57

VI.-Posicion del problema politico.- Principio de solucion. 75


VII . - Nacimiento de la idea de federacion . 88

VI .- Constitucion progresiva.. .. 101


IX.- Causas que han retardado la concepcion y la realiza-
cion de las confederaciones.. 116

X.- Idealismo político.- Eficacia de la garantía federal . 131


.

XI .- Sancion económica;- Federacion agrícolo-industrial. 151


NOTAS ....... 163

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