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Examen Literatura II 4º B ESO
1) Señala y explica, con referencias al texto, las características propias del Realismo
que se dan en el siguiente fragmento de Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós:
(2,5 puntos)
«Esto de alquilar la casa próxima a la tuya—dijo Santa Cruz—, es una
calaverada que no puede disculparse sino por la demencia en que yo estaba,
niña mía, y por mi furor de verte y hablarte. Cuando supe que habías venido a
Madrid, ¡me entró un delirio...! Yo tenía contigo una deuda del corazón, y el
cariño que te debía me pesaba en la conciencia. Me volví loco, te busqué
como se busca lo que más queremos en el mundo. No te encontré; a la vuelta
de una esquina me acechaba una pulmonía para darme el estacazo... caí».
— ¡Pobrecito mío!... Lo supe, sí. También supe que me buscaste. ¡Dios te lo
pague! Si lo hubiera sabido antes, me habrías encontrado.
Esparció sus miradas por la sala; pero la relativa elegancia con que estaba puesta no la afectó. En
miserable bodegón, en un sótano lleno de telarañas, en cualquier lugar subterráneo y fétido habría
estado contenta con tal de tener al lado a quien entonces tenía. No se hartaba de mirarle.
« ¡Qué guapo estás!».
— ¿Pues y tú? ¡Estás preciosísima!... Estás ahora mucho mejor que antes.
— ¡Ah!, no—repuso ella con cierta coquetería—. ¿Lo dices porque me he civilizado algo? ¡Quiá!, no
lo creas: yo no me civilizo, ni quiero; soy siempre pueblo; quiero ser como antes, como cuando tú me
echaste el lazo y me cogiste.
— ¡Pueblo!, eso es—observó Juan con un poquito de pedantería—; en otros términos: lo esencial de
la humanidad, la materia prima, porque cuando la civilización deja perder los grandes sentimientos,
las ideas matrices, hay que ir a buscarlos al bloque, a la cantera del pueblo.
Fortunata no entendía bien los conceptos; pero alguna idea vaga tenía de aquello.
«Me parece mentira—dijo él—, que te tengo aquí, cogida otra vez con lazo, fierecita mía, y que
puedo pedirte perdón por todo el mal que te he hecho...».
—Quita allá... ¡perdón!—exclamó la joven anegándose en su propia generosidad—. Si me quieres,
¿qué importa lo pasado?
En el mismo instante alzó la frente, y con satánica convicción, que tenía cierta hermosura por ser
convicción y por ser satánica, se dejó decir estas arrogantes palabras:
«Mi marido eres tú... todo lo demás... ¡papas!».
Elástica era la conciencia de Santa Cruz, mas no tanto que no sintiera cierto terror al oír expresión
tan atrevida. Por corresponder, iba él a decir mi mujer eres tú; pero envainó su mentira, como el
hombre prudente que reserva para los casos graves el uso de las armas.
2) Desarrolla lo que conozcas acerca de las obras, temas, estilo… de Leopoldo Alas,
Clarín. (2,5 puntos)
3) Indica a qué novelas pertenecen los siguientes fragmentos y el autor
correspondiente. Luego, explica qué temas se tratan en cada una de ellas y cómo se
reflejan en los respectivos textos: (3 puntos)
3.1. En cuanto a la belleza y donaire corporal 3.2. Te digo que sin criaturas no se saca nada:
de ella, crea usted que lo he considerado todo los señores no miran a la dinidá de una, sino a
con entera limpieza de pensamiento. Y aunque si da el pecho o no da el pecho. Les da lástima
me sea costoso el decirlo, y aunque a usted le de las criaturas, sin reparar en que más honrás
duela un poco, le confesaré que si alguna leve somos las que no las tenemos, las que estamos
mancha ha venido a empañar el sereno y pulido en la senetú, hartas de trabajos y sin poder
espejo de mi alma en que Pepita se reflejaba, valernos. Pero vete tú ahora a golver del revés
ha sido la ruda sospecha de usted, que casi me el mundo, y a gobernar la compasión de los
ha llevado por un instante a que yo mismo señores. Por eso se dice que todo anda
sospeche […] trastornado y al revés, hasta los cielos benditos,
y lleva razón Pulido cuando habla de la
rigolución mu gorda, que ha de venir para meter
en cintura a ricos miserables y a pobres
ensalzaos.
3.3. El hechizo que estas brillantes 3.4. El servicio de los cañones estaba listo, y
instalaciones producían en el ánimo de Isidora advertí también que las municiones pasaban de
era muy particular. Más que como objetos los pañoles al entrepuente por medio de una
enteramente nuevos para ella, los veía como si cadena humana semejante a la que había
fueran recobrados después de un largo sacado la arena del fondo del buque.
destierro. El entusiasmo y la esperanza que Los ingleses avanzaban para atacarnos en dos
llenaban su alma la inducían a mirar todo como grupos. Uno se dirigía hacia nosotros, y traía en
cosa propia, al menos como cosa creada para su cabeza, o en el vértice de la cuña, un gran
ella, y decía: «Con esas pieles me abrigaré yo navío con insignia de almirante. Después supe
en mi coche; en mi casa no habrá otros que era el Victory y que lo mandaba Nelson. El
muebles que esos; pisaré esas alfombras; las otro traía a su frente el Royal Sovereign,
amas de cría de mis niños llevarán esos mandado por Collingwood.
corales; mi esposo..., porque he de tener Todos estos hombres, así como las
esposo..., usará esas petacas, bastones, particularidades estratégicas del combate, han
escribanías, fosforeras, alfileres de corbata; y sido estudiados por mí más tarde.
cuando alguno esté enfermo en casa, se tomará
esas medicinas tan buenas, guardadas en tan
lindas cajas y botecillos.
4) Lee el siguiente fragmento de Los Pazos de Ulloa y responde a las preguntas:
(2 puntos)
Atendiendo a la niña, Nucha se reanimaba. Cuidábala con febril actividad. Todo se lo requería hacer,
sin ceder al ama más que la parte material de la cría. El ama, decía ella, era un tonel lleno de leche,
que estaba allí para aplicarle la espita cuando fuese necesario y soltar el chorro: ni más ni menos. La
comparación del tonel es exactísima: el ama tenía hechura, color e inteligencia de tonel. Poseía
también, como los toneles, un vientre magno. [...] Costó un triunfo a Nucha vestirla racionalmente, y
hacerle trocar la corta saya de bayeta verde, que no le cubría la desnuda pantorrilla, por otra más
cumplida y decorosa, consintiéndole únicamente el justillo, prenda clásica de ama de cría, que deja
rebosar las repletas ubres [...]; fue una penitencia enseñarle el nombre y uso de cada objeto, aun de
los más sencillos y corrientes; fue pensar en lo imposible convencerla de que la niña que criaba era
un ser delicado y frágil, que no se podía traer mal envuelto en retales de bayeta grana, dentro de una
banasta mullida de helechos, y dejarse a la sombra de un roble, a merced del viento, del sol y de la
lluvia, como los recién nacidos del valle de Castrodorna; y Máximo Juncal, que, aunque gran
apologista de los artificios higiénicos, lo era también de las milagrosas virtudes de la Naturaleza,
hallaba alguna dificultad en conciliar ambos extremos, y salía del paso apelando a su lectura más
reciente, El origen de las especies, por Darwin, y aplicando ciertas leyes de adaptación al medio,
herencia, etc., que le permitían afirmar que el método del ama, si no hacía reventar como un
triquitraque a la criatura, la fortalecería admirablemente.
a) Indica cuáles son las características principales que diferencian al Naturalismo del
Realismo. Busca ejemplos en el texto que lo demuestren.
b) ¿Quién es la autora de esta novela? ¿Por qué dos razones principales se considera
que luchó por el feminismo en su época?