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Definición y Alcance de la Economía

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¿Qué es la economía?

Un lector que no esté familiarizado con el tema podría


aducir que es el estudio de la actividad económica. Después de todo, la química
es el estudio de las sustancias químicas, la biología es el estudio de los seres
vivos y la sociología es el estudio de la sociedad, de modo que la economía debe
de ser el estudio de la actividad económica. No obstante, según algunos de los
libros de economía más populares y difundidos de nuestra época, la economía es
mucho más que eso. De acuerdo con ellos, la economía versa sobre la «pregunta
fundamental» —es decir, sobre «la vida, el universo y todo lo demás»—, como en
Guía del autoestopista galáctico, la comedia de ciencia ficción de Douglas
Adams, un libro de culto que se convirtió en largometraje en 2005, con Martin «el
Hobbit» Freeman en el papel de protagonista. Según Tim Harford, periodista del
Financial Times y autor del exitoso libro El economista camuflado. La economía de
las pequeñas cosas, la economía versa sobre la vida misma; no es casual que
titulara The Logic of Life [«La lógica de la vida»] a su segundo libro. Hasta el
momento, ningún economista ha proclamado a voz en cuello que la economía
puede explicar el universo. Este, por ahora, sigue siendo territorio exclusivo de los
físicos, a quienes desde hace siglos la mayoría de los economistas consideran su
modelo con vistas a convertir su especialidad en una verdadera ciencia.* No
obstante, algunos economistas estuvieron bastante cerca de hacerlo; señalaron
que la economía versa sobre «el mundo». Por mencionar solo un ejemplo: el
segundo volumen de la popular serie El economista naturalista, de Robert Frank,
se titula Cómo la economía contribuye a darle sentido al mundo. Pero después
viene la parte que incumbe a «todo lo demás». El subtítulo de The Logic of Life es
Uncovering the New Economics of Everything [«Descubrir la nueva economía de
todo»]. De acuerdo con su subtítulo, Freakonomics, de Steven Levitt y Stephen
Dubner —probablemente el libro de economía más conocido de nuestra época—,
es una indagación del lado oculto de todo. Robert Frank está de acuerdo, aunque
sus afirmaciones son mucho más modestas. En el subtítulo del primer volumen
de El economista naturalista se limitó a plantearse Por qué la economía lo explica
casi todo (la cursiva es mía). Entonces, allá vamos. La economía (casi) versa sobre
la vida, el universo y todo lo demás.* No obstante, si lo pensamos un poco, esta
afirmación proviene de una disciplina que ha fracasado estrepitosamente en lo
que la mayoría de los no economistas consideran su tarea principal, es decir,
explicar la actividad económica. En vísperas de la crisis financiera de 2008, la
mayoría de los economistas profesionales predicaban a voz en cuello que los
mercados rara vez se equivocan y que la economía moderna sabe cómo planchar
esas pocas arrugas que los mercados pueden tener de vez en cuando. Robert
Lucas, ganador del premio Nobel de Economía en 1995, * afirmó en 2003 que «el
problema de la prevención de las depresiones ya ha sido resuelto». 1 Así pues, la
crisis financiera mundial de 2008 cogió totalmente por sorpresa a la mayoría de
los economistas.* Y no solo eso: tampoco han podido encontrar soluciones
viables a los constantes coletazos de dicha crisis. Teniendo en cuenta todos estos
factores, podemos afirmar que la economía parece sufrir un serio caso de
megalomanía; ¿cómo podría una disciplina que ni siquiera puede explicar su
propia área pretender explicarlo (casi) todo? ¿La economía es el estudio de la
elección humana racional... Podría usted muy bien pensar que estoy siendo
injusto. Todos esos libros ¿no están destinados acaso al mercado de masas,
donde la competencia por los lectores es feroz y, por consiguiente, tanto los
editores como los autores caen irremediablemente en la tentación de exagerar las
cosas? Seguramente, pensará usted, los discursos académicos serios no
formulan postulados tan grandilocuentes ni afirman que la economía versa sobre
«todo». Los títulos de esos libros son exagerados, sí, pero lo importante es que lo
son de una manera particular. La exageración podría haberse limitado a «cómo la
economía lo explica todo sobre la actividad económica», pero en cambio insiste
en afirmar que «la economía puede explicar no solo la actividad económica, sino
también todo lo demás». Las exageraciones corresponden a esta variedad
particular debido a la definición de la economía postulada por la escuela
económica actualmente dominante, la llamada «escuela neoclásica». La
definición neoclásica canónica de la economía —que, con algunas variantes, ha
seguido utilizándose hasta hoy— apareció por primera vez en Ensayo sobre la
naturaleza y significación de la ciencia económica (1932), de Lionel Robbins. En
ese libro Robbins definía la economía como «la ciencia que estudia el
comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos que
tienen usos alternativos». Según este punto de vista, la economía se define por su
enfoque teórico antes que por su contenido, es decir, por el objeto del cual se
ocupa. La economía es el estudio de la elección racional, esto es, la elección
hecha sobre la base de un cálculo deliberado y sistemático para obtener el
máximo provecho de los fines utilizando medios inevitablemente escasos. El
objeto del cálculo puede ser cualquier cosa —el matrimonio, tener hijos, la
delincuencia o la drogadicción, como en su momento hizo Gary Becker, el famoso
economista de Chicago y premio Nobel de Economía en 1992 — y no solo los
temas «económicos» (así los definirían los no economistas), como el empleo, el
dinero o el comercio internacional. Cuando en 1976 Becker tituló su libro The
Economic Approach to Human Behaviour [«El enfoque económico del
comportamiento humano»], su propósito era señalar, sin ninguna intención
hiperbólica por su parte, que la economía versa sobre todo. Esta tendencia a
aplicar el «enfoque económico» a todas las cosas —que sus críticos bautizaron
como «imperialismo de la economía»— alcanzó recientemente su punto
culminante con libros como Freakonomics. A decir verdad, Freakonomics se
ocupa poco de cuestiones económicas tal y como las definiría la mayoría de la
gente. Trata sobre los luchadores de sumo japoneses, los maestros de escuela
estadounidenses, las bandas de narcotraficantes de Chicago, los concursantes
del programa de preguntas y respuestas The Weakest Link, los agentes
inmobiliarios y el Ku Klux Klan. La mayoría de la gente podría pensar (y los autores
también lo admitirían) que esas personas —excepto los agentes inmobiliarios y las
bandas de narcotraficantes— no tienen nada que ver con la economía. Pero,
desde el punto de vista de la mayoría de los economistas actuales, cómo
conspiran los luchadores japoneses de sumo para ayudarse unos a otros o cómo
los maestros de escuela estadounidenses se inventan las notas de sus alumnos
para obtener mejores evaluaciones laborales son temas tan legítimos para la
economía como decidir si Grecia debe permanecer en la Eurozona, o las luchas
entre Samsung y Apple por adueñarse del mercado de los smartphones, o cómo
reducir el desempleo juvenil en España (que supera el 55 por ciento mientras
escribo este libro). Para esos economistas, los temas «económicos» no tienen un
estatus privilegiado en la economía, sino que son apenas algunas de las muchas
cosas (perdón, casi lo olvido; son solo algunas entre todas las cosas) que la
economía puede explicar, puesto que definen su tema en términos de enfoque
teórico, no como materia de estudio. ... o es el estudio de la actividad económica?
Una definición alternativa obvia de «economía», que he dejado implícita, diría que
es el estudio de la actividad económica. Pero ¿qué es la actividad económica? La
actividad económica tiene que ver con el dinero... ¿no? La respuesta intuitiva de la
mayoría de los lectores seguramente será que la actividad económica comprende
todo aquello que tiene que ver con el dinero: no tenerlo, ganarlo, gastarlo,
quedarse sin él, ahorrarlo, pedirlo prestado y devolverlo. Esto no es del todo
correcto, pero ofrece un buen punto de partida para reflexionar sobre la actividad
económica y la economía. Ahora bien, cuando decimos que la actividad
económica tiene que ver con el dinero, en realidad no estamos aludiendo al dinero
físico. El dinero físico —ya sea un billete, una moneda de oro o las piedras
enormes y prácticamente inamovibles que se utilizaban como dinero en algunas
islas del Pacífico— no es más que un símbolo. En efecto, el dinero es un símbolo
de lo que otros, en nuestra sociedad, nos deben, o de nuestro derecho a
cantidades particulares de los recursos de la sociedad. 2 La creación y la
compraventa de dinero y de otros recursos financieros —entre ellos las acciones
de empresas, los derivados y muchos otros productos financieros complejos que
analizaré en los últimos capítulos de este libro— es un área de la economía,
llamada «economía financiera». En la actualidad, dado el predominio de la
industria financiera en numerosos países, muchos piensan que «economía» y
«economía financiera» son sinónimos, pero en realidad la economía financiera es
solo una pequeña parte de la economía. Su dinero —o el derecho que usted
pueda tener sobre otros recursos— puede generarse de muchas maneras
diferentes, y gran parte de la economía está (o debería estar) relacionada con eso.
La manera más común de obtener dinero es tener trabajo La manera común de
obtener dinero —a menos que usted haya nacido rico— es tener trabajo (incluido
ser su propio jefe) y ganar dinero con él. Por ende, gran parte de la economía tiene
que ver con los empleos. Podemos reflexionar sobre los empleos desde diferentes
perspectivas. El trabajo puede entenderse desde el punto de vista del trabajador
individual. Que usted consiga trabajo y cuánto le paguen por realizarlo dependerá
de las capacidades que posea y de cuánta demanda exista para esas
capacidades. Usted puede ganar un salario muy alto por tener capacidades
extraordinarias, como Cristiano Ronaldo, el jugador de fútbol. Usted puede perder
su empleo (o quedar desempleado) porque alguien inventó una máquina capaz de
hacer cien veces más rápido lo que usted hace... como le ocurre al señor Bucket,
el padre de Charlie, un fabricante de tapones de dentífricos, en la versión
cinematográfica de 2005 de Charlie y la fábrica de chocolate, la novela de Roald
Dahl.* O podría tener que aceptar un salario más bajo o peores condiciones
laborales porque su empresa está perdiendo dinero a causa de las importaciones
baratas procedentes de China (por poner un ejemplo). Y así sucesivamente. Por
eso, para comprender el ámbito del empleo incluso a escala individual,
necesitamos informarnos mínimamente sobre las capacidades requeridas, la
innovación tecnológica y el comercio internacional. Los salarios y las condiciones
de trabajo también se ven profundamente afectados por las decisiones «políticas»
encaminadas a cambiar la configuración y las características del mercado laboral
(he entrecomillado la palabra «políticas» porque, en última instancia, la frontera
entre la economía y la política es borrosa; nos ocuparemos de este asunto más
adelante, en el capítulo 11). La incorporación de los países de Europa oriental a la
Unión Europea ha tenido un enorme impacto sobre los salarios y el
comportamiento de los trabajadores de Europa occidental, puesto que aumentó
súbitamente el suministro de trabajadores en ese mercado laboral. Las
restricciones impuestas al trabajo infantil a finales del siglo XIX y comienzos del XX
tuvieron el efecto opuesto de estrechar las fronteras del mercado laboral; una gran
proporción de los empleados potenciales fueron expulsados de la noche a la
mañana del mercado laboral. Las regulaciones sobre los horarios de trabajo, las
condiciones laborales y los salarios mínimos son ejemplos de decisiones
«políticas» menos dramáticas, pero que también afectan a nuestros empleos. La
economía también guarda relación con las transferencias de dinero Además de
conseguir empleo, usted puede obtener dinero mediante transferencias, es decir,
porque simplemente se lo dan. Ese dinero puede llegar en forma de efectivo o «en
especie», esto es, mediante el suministro de bienes (alimentos, por ejemplo) o
servicios (educación primaria, por mencionar uno). En efectivo o en especie,
existen numerosas maneras de realizar transferencias. Están las transferencias
realizadas por «gente que usted conoce». Algunos ejemplos son: la cuota
alimentaria que los padres aportan para sus hijos, las personas que se hacen
cargo de los ancianos de su familia o los regalos de los miembros de la comunidad
local para la boda de la hija de alguien. También están las donaciones caritativas,
es decir, las transferencias a extraños realizadas voluntariamente. Muchas
personas —a veces individualmente, otras de manera colectiva (por ejemplo, a
través de corporaciones o asociaciones de voluntarios)— donan dinero a
instituciones de caridad que ayudan a otras personas. En términos de cantidad,
las donaciones a instituciones de caridad son superadas en muchos dígitos por
las transferencias que realizan los gobiernos, que cobran impuestos a algunas
personas para poder subsidiar a otras. Por lo tanto, gran parte de la economía —
mejor dicho, el ámbito de la economía conocido como «economía pública»—
tiene naturalmente que ver con estas cosas. Incluso en los países muy pobres
existen algunos programas gubernamentales que donan dinero o bienes (por
ejemplo, granos gratis) a quienes se encuentran en peores condiciones (los
ancianos, los discapacitados, los hambrientos). Pero las sociedades más ricas,
especialmente las de Europa, tienen programas de transferencia de mucho mayor
alcance y dotados con cantidades más generosas. Esto recibe el nombre de
Estado del bienestar, y se basa en los impuestos progresivos (los que ganan más
pagan partes proporcionalmente más grandes de su renta en forma de impuestos)
y las prestaciones universales (todos los ciudadanos, no solo los más pobres o los
discapacitados, tienen derecho a un ingreso mínimo y a servicios básicos como la
sanidad y la educación). Los recursos ganados o transferidos son consumidos en
forma de bienes o servicios Una vez que usted accede a los recursos, ya sea a
través del empleo o de las transferencias, los consume. Como seres físicos,
necesitamos consumir una cantidad mínima de alimento, ropa, energía, vivienda y
otros bienes para cubrir nuestras necesidades básicas. Y después consumimos
otros bienes para satisfacer necesidades mentales «más elevadas»: libros,
instrumentos musicales, equipos para hacer ejercicio físico, televisores,
ordenadores, etcétera. También compramos y consumimos servicios: un viaje en
autobús, un corte de pelo, una cena en un restaurante o incluso unas vacaciones
en el extranjero. 3 Por lo tanto, buena parte de la economía se dedica al estudio
del consumo: cómo las personas distribuyen su dinero entre diferentes tipos de
bienes y servicios, cómo optan entre variedades competidoras de un mismo
producto, cómo son manipuladas y/o informadas por las campañas publicitarias,
cómo las empresas gastan dinero para forjar su «imagen de marca», etcétera. En
última instancia, hay que producir bienes y servicios Para poder consumir esos
bienes y servicios, en primer lugar hay que producirlos; los bienes son producidos
en granjas y fábricas, y los servicios en oficinas y tiendas. Este es el reino de la
producción, un ámbito de la economía bastante descuidado desde que la escuela
neoclásica, que enfatiza el intercambio y el consumo, comenzó a dominar la
disciplina en la década de 1960. En los manuales de economía, la producción
suele ser presentada como una suerte de «caja negra» que de algún modo
misterioso combina cierta cantidad de trabajo (realizado por humanos) con cierta
cantidad de capital (máquinas y herramientas) para producir bienes y servicios.
Prácticamente no se reconoce que la producción es mucho más que combinar
esos factores abstractos llamados «trabajo» y «capital», y que implica coordinar
muchas cosas «esenciales». Estas son cuestiones que la mayoría de los lectores
normalmente no asocian con la economía a pesar de su importancia crucial para
la actividad económica: cómo organizar físicamente la fábrica, cómo controlar a
los trabajadores o negociar con los sindicatos, cómo mejorar sistemáticamente
las tecnologías utilizadas mediante la investigación. La mayoría de los
economistas están encantados de dejar el estudio de estos temas en manos de
«otros», como los ingenieros y los gerentes. Sin embargo, si lo pensamos un poco,
la producción es el fundamento último de toda economía. Cabe recordar aquí que
los cambios en la esfera de la producción han sido casi siempre las fuentes más
poderosas de cambio social. Nuestro mundo moderno es el resultado de una serie
de cambios ocurridos desde la revolución industrial en las tecnologías e
instituciones relacionadas con la esfera de la producción. La profesión económica
—y el resto de nosotros, puesto que nuestras ideas sobre la economía están
configuradas por ella—debe prestar muchísima más atención a la producción que
la que le ha prestado hasta ahora. Conclusiones: la economía como estudio de la
actividad económica Estoy convencido de que la economía no debe definirse
según su metodología o su enfoque teórico sino en función de su objeto de
estudio, como en todas las otras disciplinas. El objeto de estudio de la economía
debe ser la actividad económica —el dinero, el trabajo, la tecnología, el comercio
internacional, los impuestos y otras cuestiones relacionadas con nuestra manera
de producir bienes y servicios, distribuir los beneficios generados durante ese
proceso y consumir lo producido— y no «la vida, el universo y todo (o casi todo) lo
demás», como piensan muchos economistas. Esta manera de definir la economía
hace que este libro se diferencie de la mayoría de las obras sobre economía en un
aspecto fundamental. Puesto que definen la economía en función de su
metodología, la mayoría de los libros especializados en el tema dan por sentado
que existe una sola manera correcta de «hacer economía»; es decir, el enfoque
neoclásico. Los peores exponentes ni siquiera se toman el trabajo de informar a
sus lectores de que existen otras escuelas de economía además de la neoclásica.
Al definir la economía según su objeto de estudio, este libro resalta que existen
muchas maneras diferentes de hacer economía, cada una de ellas con sus
énfasis, sus puntos ciegos, sus fortalezas y sus debilidades. Después de todo, lo
único que le pedimos a la economía es la mejor explicación posible de los
diversos fenómenos económicos, no una «prueba» constante de que una teoría
económica particular puede explicar no solo la economía, sino todo lo demás.

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