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T
LA GALATEA

DE

MIGUEL DE CERVANTES ,

IMITADA , COMPENDIADA , CONCLUIDA

POR M. FLORIAN ,

TRADUCIDA

POR D. CASIANO PELLICER,

PERPIÑAN ,

EN LA IMPRENTA DE J. ALZINE.
~
Año 1817.
OF
10010342297
GALATEA .

LIBRO PRIMERO.

ANTES q
ue muestre el sol en la llanura
Su luz , hago en el monte cavernos
o
Mi llanto resonar , y la espesura
De la selva , y la fuente y prado hermoso
Con mi dolor los canso y amargura ,
Contándoles mis penas doloroso.
Pero ay ! que en monte , en bosque , en prado
en rio ,
No puedo hallar alívio al dolor mio.
En fresca sombra , en yerba florecida
Buscando voy reposo vanamente
A mi dolor y pena encrudecida :
Quando lloro , conmigo juntamente
Se lamenta la tórtola afligida ,
Y enturbio con mi llanto la corriente.
Pero ay ! que en monte " en bosque , en prado,
en rio ,
No puedo hallar alivio al dolor mio.
A2
4 GALATEA.
Así se lamentaba Elicio , pastor en las
riberas del Tajo , á quien habia colmado
de dones la naturaleza , y á quien no tra-
táron igualmente el amor y la fortuna.
Ardia en amores de Galatea largo tiempo
habia, sin poder aun lisonjearse de haber
tenido la menor correspondencia de parte
de ella. Era Galatea una sencilla pastora ,
nacida en la misma aldea de Elicio , que
merecia á la verdad ser señora del uni-
verso , si este estuviese destinado para
que le mandase la mas hermosa y la mas
discreta.
De Galatea pues y de Elicio son los
sucesos que voy á referir , y juntamente
los de otros muchos amantes , á quienes
el amor hizo padecer para probar su
constancia , en cuya narracion pintaré
las rústicas costumbres de la aldea. ¡ Oxalá
encontreis algun placer quando me leais ,
vosotros los que poneis toda vuestra feli-
cidad en habitar por los campos , y voso .
LIBRO 1.º 5
tras , almas sensibles 9 que al mirar un
prado que rie , que al escuchar el mur-
mullo de un arroyuelo quando nace , per-
cibis placeres casi tan dulces , como los
que produce una accion buena !
De entre todos los pastores que mo-
rian por Galatea , el mas tierno , aunque
el ménos determinado , era Elicio . No
nacia únicamente de su timidez su res-
peto , sino de ver que Meris , padre de
Galatea , era el labrador mas rico de la
comarca , y de ver que todos sus bienes
sereducian solamente á una pobre choza,
y á un escaso rebaño de cabras . Mas
rico , aunque no mas dichoso por eso
era su rival Erastro , que habiendo sido
siempre el mas insensible de los pastores,
no pudo resistir á las gracias de Galatea,
aunque sin concebir la esperanza lison-
jera de agradarle , porque era demasiado
rústico para hacerse amar , y así sentia
mejor que se explicaba : de suerte que
A3
• 6 GALATEA.
quando le formó la naturaleza , parece
se contentó con dotarle de un corazon
bondadoso.
Un dia que se hallaba Elicio enmedio
de un valle solitario , puesta su consi-
deracion en el dulce objeto de sus amo-
res , vió venir á Erastro siguiendo su
rebaño , cuya custodia habia fiado ente-
ramente de sus mastines : y no parece
sino que estos fieles animales adivinaban
los cuidados de su amo , que le impedian
ocuparse en la guarda de sus simples ove-
juelas , porque ellos iban al lado de ellas ,.
hacian apresurar el paso á las que se
detenian , volvian al aprisco á las que
se extraviaban , y de este modo cumplian
alternativamente su cuidado , y substi-
tuian el del enamorado pastor .
Luego que llegó este adonde estaba
Elicio , le dixo : bien creo que no te cause
pesadumbre el saber que amo á Galatea,
pues bien sabes que es imposible dexar
LIBRO I.
de amarła ; así todos mis corderos en el
mismo punto en que los aparte de la
teta de sus madres no hallen en los pra-
dos mas que yerbas venenosas 9 si no es
verdad que he procurado mil veces poner
en olvido este amor que le tengo , y si
no lo es que á quantos médicos del
lugar he pedido remedio , ninguno me lo
ha sabido dar ; y así vengo á pedirte per
miso de que me dexes morir con mi
daño. Nada arriesgas en concedérmelo ,
pues si tú , que eres el pastor mas ama-
hle , no puedes mover su corazon ¿ que
tienes que temer de un rústico como yo ?
Sonriyóse Elicio al oir estas razones y le
dixo : amigo mio , no tienes que temer
que tenga yo zelos de tí , porque yo pa-
dezco las mismas penas que á tí te afli-
gen , lo que debe ser parte para estre-
char mas nuestra amistad, y desde ahora
te pido que vayamos siempre juntos , y
que nuestras conversaciones sean solo de
8 GALATEA.
Galatea , que de este modo la amistad,
sin duda alguna , hará tolerables las penas
que el amor nos haga padecer.
Hechos amigos los dos rivales , acor-
daban sus instrumentos , quando se dexo
ver en lo alto del cerro Galatea con su

ganado , la qual venia vestida de un gra ·


cioso pellico , y de una saya de tela
comun. Aunque era tan humilde sutrage ,
parecia precioso por su talle ; volaban
por sus hombros sus largos y rubios
cabellos , y un sombrero de paja le de-
fendia el rostro del calor del sol ; era tan
sencilla como la flor que nace enlos cam-
pos , y hermosísima sin saber si lo era.
Adelantóse Elicio para hablarle , pero
los mastines de Galatea , que no dexaban
acercarse á nadie al ganado , fuéron , los
dientes regañados, corriendo hácia el pas-
tor; mas apénas le conociéron , quando
avergonzados de su engaño baxáron las
cabezas , halagáronle meneando las colas ,
LIBRO I." 9
y fuéronse á esconder entre las manos
del que losacariciaba. El manso , á quien
Elicio habia dado tantas veces pan por
su mano , luego que le vió se fué hácia
él con la cabeza levantada , sonando el
cencerro , siguiéndole el resto del ganado ,
y abriendo Elicio su zurron , repartió
entre losmastines y elganado todo quanto
habia en él , saltándosele al pastor las
lágrimas de gozo. Confundida la pastora
de ver que sus corderos habian conocido
á su amante , se apresuraba por llegar al
manso , у dándole con el cayado , son-
roseada de vergüenza le obligaba á que
se alejase de Elicio. Viendo esto el pastor,
se quejó de su cólera de esta suerte :
¿ Para que fingis que quereis castigar
vuestro ganado , quando soy yo el objeto
de vuestro enojo ? Aquí en estos lugares ,
que son los mejores de estas cercanías ,
pues presentan tan abundantes pastos ,
podeis , si quereis , por huir de mi pre-
10 GALATEA.
sencia , dexar vuestros corderos , que
yo olvidaré el cuidado de mis cabras por
atender al de vuestro ganado ; y si os
pareciere demasiado favor este , escoged
el lugar que os sea mas grato para pasar
allí el dia , de donde yo me alejaré por-
que os sea mas agradable. No es por
huir de tí , Elicio , respondió Galatea ,
porque hago dar la vuelta á mis corderos ,
sino porque quiero llevarlos al arroyo
de las Palmas donde me espera mi amiga
Florisa estimo agradecida tus ofreci-
mientos , de lo que es prueba el haber
dado disculpa á tus sospechas ; y sin
dexar de hablar proseguia su camino .
Viendo esto Erastro , le dixo desde
léjos Permita el cielo que te veas ena-
morada de quien te trate con la crueldad
con que nos tratas : permita.... Adelante
hubiera ido con sus amenazas , si Galatea,
que seguia sin cesar su camino , no se
hubiera puesto á cantar. Entónces calló
LIBRO LO IL
Erastro , porque sabido es que el amante
mas irritado , luego que oye la voz de
su amada quiere mas bien darle atento
oido , que satisfacer su enojo , cargán-
dola de injurias. Lo que cantó Galatea
fuéron estos versos :
A mí me ocupa solo
La guarda del ganado ,
Y con mis corderillos
Tiernos , la vida mas tranquila paso,
Si retozan alegres ,
Si beben por acaso
De alguna fuente clara ,
Entónces mis deseos son colmados.
Duermo la noche toda ,
Y quando va mostrando
Su faz la aurora alegre ,
Despierto sin temor y sin cuidados,
Me es dulce este reposo ,
Huyo los sobresaltos
De aquel anciano niño ,
A quien nombre de amor todos han dados
Huya , amor , de mi choza
Y los lobos malvados :
12 GALATEA.
Vosotros sois dichosos ,
Corderillos, que os guarda el fiel Melampo
Yo triste ! que no tengo
Mas que este mi cayado
Para defensa mia ;
Mas este basta contra el niño anciano.
El acabar de su canto Galatea , y el
llegar al arroyo de las Palmas todo fué
en un punto. Estábala allí esperando
Florisa , su verdadera amiga , en cuyo
pecho depositaba sus mas secretos pen-
samientos. Habiéndose sentado las dos
á la orilla del arroyo , quando ya comen-
zaban á entretenerse , en coger diversas
flores , divisáron á una pastora que ellas
no conocian. Mostraba ser esta foras-
tera , de tierna edad y de grande her-
mosura , la qual venia oprimida del
peso de una profunda melancolía de
quando en quando se paraba , lanzando
profundos suspiros , y levantando al cielo
sus ojos bañados en lágrimas. Como
venia
LIBRO 1.0 13
venia tanposeida de sus tristezas , no re-
paró en Galatea , y llegándose al arroyo ,
tomó con su mano el agua clara , y la-
vándose con ella sus ojos cansados de
llorar , exclamó : ¡ Ay infeliz , y quan
escasa es el agua de tus ondas , cristalino
arroyuelo , para que pueda apagar este
fuego que me consume !
En oyendo esto Galatea y Florisa fué-
ron presurosas hácia ella , y entre otras
razones le dixéron : Si el cielo se mues-
tra tan compadecido de vuestras lágri-
mas , como nosotras , en breve espe-
ramos que se os acabe la causa de der-
ramarlas : bien veis que nos interesan
vuestras penas antes de saberlas , y
aunque muchas veces sirve de alivio el
referirlas , no nos atrevemos sin embargo
á pediros que nos las conteis , porque no
padezca mas vuestro corazon. Lo que sí
hará esta narracion , respondió la fo-
rastera , será privarme tal vez de la
B
14 GALATEA.
amistad que parece me ofreceis : porque
¿como es posible que vosotras prosigais
teniéndome compasion , quando sepais
que todas mis desgracias provienen del
amor ? Despues de haberla asegurado de
nuevo las pastoras del cumplimiento de
sus ofertas , la conduxéron á un bos-
quecillo , que de allí desviado estaba ,
y habiéndose sentado á su sombra , la
pastora forastera dió principio á su his-
toria de la manera siguiente .
En las riberas de Henares, rio famoso
por la frescura de sus aguas , está situada
mi aldea. Mi padre es labrador , y así
todas las ocupaciones de mi vida eran
las fatigas del campo : ocupábame pues
en llevar á pacer mi ganado todas las
mañanas , y quando me hallaba sola
en medio de los bosques , me recreaba
con aquella soledad , escuchando el canto
de los paxarillos , que acompañaba con
el mio , y cogiendo aquí la colorada rosa ,
LIBRO I. 15
allí el lirio sin mezcla de color alguno ,
acá la clavellina tan varia en sus colores ,
yformando una guirnalda de todas estas
flores , pasaba con ella alegremente
todo el dia ni empleaba en otra cosa
mi amor que en mis simples corderillos ,
ni buscaba en el campo mas que flores
con que recrearme , y sombra donde
descansar. ¡ Quantas veces me burlaba de
las lágrimas y suspiros de algunas pas
toras que venian á confiarme sus amo-
res ! tengo bien presente en la me-
moria que vino un dia la tierna Lidia
á echarse en mis brazos , humedeciendo
mi rostro con sus lágrimas : conmovida
de su dolor le enxugué sus ojos , y abra-
zándola la rogué con las mas tiernas
expresiones que me dixese que desgra-
cia tan terrible le hacia derramar tantas
lágrimas. Que es esto , amiga mia ,
le dixe , se ha muerto acaso tu padre ?
ૐ has padecido pérdida en tu ganado ?
B 2
16 GALATEA.

¡ Ah , dulce Teolinda mia ! me res-


pondió , ninguna cosa puede servirme
ya de alivio : él se ha ido.... sí : él se ha
ido , y esta mañana he visto á la pastora
Leocadia con la cinta de color de rosa
que di el otro dia á este fementido. Al
· acabar de oir una relacion interrumpida
con tantos sollozos , os juro , amables pas-
toras , que no pude ménos de reirme
lo que parece la hubo de ofender , por-
que primero puso en mí atentamente
sus ojos , y despues baxándoles huyó de
mi presencia : quise entónces detenerla ;
mas ella sin dexar de huir me dixo :
Ruego al cielo , Teolinda , que algun dia
experimentes el mal que yo padezco
ahora , y que halles en quien vayas á
contarle la misma compasion que yo en
tí he hallado . Estas fuéron sus amenazas ,
y estas son las que veré tal vez verifi-
cadas en esta ocasion en vosotras.
No duró largo tiempo la libertad y
LIBRO I.. 17
el contento con que yo vivia. Sucedió
pues que un dia , que era la víspera de
la fiesta que celebraba nuestro pueblo ,
fuí en compañía de otras muchas zagalas
á cortar ramos , у á coger flores para
adornar la iglesia , y encontramos en
el camino una junta de gallardos pastores,
sentados á la sombra de unos mirtos :
saliéronnos al encuentro todos ellos
porque los unos eran nuestros parientes ,
los otros amigos ; y seis de ellos se ofre-
ciéron á ir por los ramos que íbamos
á buscar, y aceptando sus ofrecimientos ,
nos quedamos con los demas compañeros
que quedaban.
Estaba allí entre aquellos gallardos
pastores un forastero , que era entonces
la primera vez que le veia. Apénas puse
en él los ojos , quando sentí que dis-
curria por mis venas un fuego que jamas
habia yo experimentado , aunque bien
Sospeché qual seria su causa . Hallá-
B 3
18 GALATEA
base allí á la sazon Lidia , y quise arro- 1
jarme á sus pies para pedirle perdon de
no haberla acompañado en su lamento ,
quando me contó su desgracia , que era
la misma que yo en aquel punto expe ·
rimentaba. Qualquiera hubiera echado
de ver fácilmente en mi semblante lo
que pasaba en mi corazon , mas como
todos estaban divertidos con el forastero,
nadie advirtió mi sobresalto . Estábanle
pues pidiendo que diese fin á su canto ,
que habia ínterrumpido por nuestra lle-
lo que hizo continuándole , y al
gada , lo
punto me entró temor de que cantase
cosas de amores , porque si él , decia yo
entre mí , está enamorado , no puede mé-
nos de ocupar su pensamiento en amores ;
pero quiso mi fortuna que solo cantase
los placeres de la vida pastoral , y los
medios de conservar el ganado , sin
decir nada de aquello que mata á los
pastores.
LIBRO I.º 19
Al punto que acabó su canto , vimos
volver á los que habian ido á cortar los
ramos. Venian tan cargados , que cami-
nando á un mismo paso , trabados los
unos de los otros " parecian á los que
de léjos los miraban que se venia acer-
cando un montecillo con todos sus ár-
boles : quando estaban ya cerca entonáron
una cantinela villanesca , á la que todos

correspondimos ; y al punto descargando


su verde carga viniéron á ofrecer á cada
pastora su guirnalda , que habian entre-
texido de diversas flores. Habiendo nos-
otras aceptado sus ofertas , nos dispo-
níamos ya á dar la vuelta al lugar 9
quando Eleuco , que así se llamaba el
mas anciano de todos ellos , detenién-
donos nos dixo : Justo es que cada una
de vosotras recompense nuestro trabajo ,
dando su guirnalda al que tenga mas
amor. Por cierto que es muy justo 2
respondió una de mis compañeras ci-
20 GALATEA.
ñendo con su guirnalda las sienes de un
primo suyo , cuyo exemplo siguiéron
las demas , escogiendo para este efecto
cada qual á uno de sus parientes. Que-
daba yo la última : por ventura no habia

allí alguno que pariente mio fuese ; y


así 9 mostrándome como dudosa , me
acerqué al pastor desconocido , y le dixe :
Esta guirnalda os doy en nombre de
todas mis compañeras en agradecimiento
del gusto que nos habeis dado con vuestro
canto . Dixe estas pocas palabras apre-
suradamente y sin tomar aliento , y sin
atreverme á mirar al que adornaba con
mi guirnalda , que creí se me hubiera
caido , segun el temblor que llevaba en
la mano. Admitió el forastero la mer-
ced que le hacia con humildad y agra-
decimiento y aprovechándose de la oca-
sion , que nadie pudiese oirle , me dixo
en voz baxa : Bien á costa mia os he
pagado la guirnalda que acabo de recibir ,
LIBRO I.º 21
porque , si vos me habeis dado flores ,
yo..... No pudo decir mas " ni yo
pude responderle cosa alguna , porque
mis compañeras me daban prisa á que
me fuera ; pero despues todo el tiempo
que me fué posible tuve en él los ojos
fixos. Iba toda embebida en él entanto
que duró el camino á la aldea , y luego
que llegamos á ella ocupé en él solo mis
pensamientos.
Llegado el siguiente dia , que era el
de la fiesta , despues de haber rendido
gracias al Omnipotente , se juntó en la
plaza principal toda la gente del pueblo
y de los contornos á celebrar diversos
juegos campestres. Presentóse un buen
número de mancebos , gallardos por su
edad ,
, por sus fuerzas y por su ligereza ,
á disputar el premio del salto , de la lucha
y de la carrera de suerte que parecia
que cada qual se queria llevar el premio ;
pero yo solo me interesaba por uno solo ,
22 GALATEA.
y parece que mis deseos fuéron cumpli-
dos ; porque Artidoro , que este es el
nombre del forastero de mi alma , fué
él que se llevó el premio de todos los
juegos , y él que alcanzó los aplausos
de todos. Alanio , decian unos " corre
mas que Silvanio : Marsilio , · decian
otros , tiene mas fuerzas que Lisandro ;
pero Artidoro los vence á todos. Escu-
chaba yo esto que decian , sin atreverme
sin embargo á repetirlo , sino que fin-
giendo que no lo habia oido , hacia que
me lo volvicsen á decir.
Acabóse finalmente este tan alegre dia,
y al siguiente por la mañana nos junta-
mos doce jóvenes doncellas , la flor del
pueblo , y precedidas de una zampoña ,
asidas de las manos , nos fuimos bay-
lando hasta Hegar á un verde prado ,
donde encontramos á Artidoro acompa-
ñado de los demas zagales , que al punto
que nos viéron , saliéndonos al paso
LIBRO I. 23
presurosamente , se introduxéron en
nuestro bayle , y llevándose cada pastor
dos pastoras , se destexiéron nuestros
lazos , que despues se enmarañáron mas.
Acordando entonces el son de sus flau-
tas Y tamborinos con el de nuestras
zampoñas , se dió mas viveza á nuestro
bayle y quiso mi buena suerte que yo
diese mi mano á Artidoro : la turbacion
que esto me causó creí que me hubiera
hecho interrumpir el bayle' ; pero repa-
rando en ella Artidoro , me llevó con
fuerza tras sí , comprimiéndome hácia
su seno , remedio peor mil veces que el
mismo mal. Concluido el bayle nos sen-
tamos todos sobre la verde yerba con
deseo de oir cantar á Artidoro , como lo
hizo. Nunca se me caerán de la memoria
los versos que cantó , que , á pesar de
las lágrimas que tal vez me hará derramar
tan dulce recuerdo , los repetiré ahora,
24 GALATEA.
Nunca sereno viéramos un dia ,
Siempre el alma en dolor triste estuviera ,
Si el amor no nos diese sus consuelos
Y de flores sembrase nuestras sendas.
Si dos amantes padecen ,
Tú , amo " sus dich aume
r as ntas
Y sus males disminuyes :
Bendigan pues tus cadenas.
No hay mal que oprima á un amador
amado :
Una voz ó sonrisa le contenta ,
Ni aun el hado infeliz hacerle puede ,
Pues oyendo , yo os amo , alegre queda.
Si dos amantes padecen ,
Tú , amo " sus dic
r has aumentas
Y sus males disminuyes :
Bendigan pues tus cadenas.
A la sombra de un tilo , dos amantes
De su himeneo hacian dulce cuenta ,
Tranquilos dicen : padezcamos juntos ,
Y no uno solo venturoso sea.
Si dos amantes padecen ,
Tú , amor " sus dichas aumentas
Y sus males disminuyes :
Bendigan pues tus cadenas.
Era
LIBRO I.º 25
Era ya tiempo de dar la vuelta á la
aldea , como lo hicimos , llevando del
brazo cada pastorá su pastora ; y á mí ,
fuese por casualidad , ó fuese de intento ,
me dió su mano Artidoro . Ibamos pues
de esta manera , observando un profundo
silencio sin atrevernos á mirarnos el uno
al otro , esperando solo la ocasion en
que el uno de nosotros estuviese diver-
tido para mirarle al descuido , y si acaso

se encontraban entre sí nuestros ojos los


baxábamos al punto al suelo. La pri-
mera enfin que rompió el silencio fuí
yo , que le dixe : Años te se harán ,
Artidoro , los pocos dias que estás en-
tre nosotros , si has dexado acaso en tu
pueblo alguna ocupacion amorosa. Quan-
tos bienes tengo , dixo él , daria con
sumo
gusto porque durasen tanto como
mi vida estos dichosísimos dias. ‫ ن‬Con
que tanto os gustan las fiestas ? ¡ Ah , no ,
no son las fiestas ! ... Aquí despidió un
C
1
26 GALATEA.
suspiro , y yo suspiré también con él ,
y me apretó la mano , y aun me pare-
cia no haberle rendido .
En esto famos entretenidos , quando
el anciano Eleuco , cuyas órdenes obe-
decíamos todos , dixo que cantásemos
algun villancico para entrar en la aldea
con el mismo contento con que había-
mos salido. Yo fuí la que me encargué
voluntariamente de cantarle , y sirvién-
dome de esta ocasion le di á Artidoro
estos consejos , que llevando en él pues-
tos los ojos canté en estos versos :
Si quéreis ser dichoso
Amante , sed secreto :
Que aquel amar mas sabe
Que guarda mas silencio. 4
Pues solo es amado el prudente
Que encubre el secreto en su pecho.
Es reprehendido en vano
Amor que con silencio
Se prueba , y que es virtud ,
Si le mide el secreto.
LIBRO I.. 27
Pues solo es amado elprudente
Que encubre el secreto en su pecho,
Pierde el hablar á veces
De una firmeza el premio :
Con que ocultad las dichas
En sufrido silencio,
Pues solo es amado el prudente
Que encubre el secreto en su pecha,

Del corazon no salga


La victoria y sucesos :
Que hallo en placer la glorią
Que en no decirlo pierdo.
Pues solo es amado el prudente
Que encubre el secreto en su pecho.

No sé si acerté en dar gusto á Artì-4


doro con lo que canté , solo sé que supo
aprovecharse tan bien de ello , que en
todo el tiempo que se mantuvo con
nosotros , se portó con tal recato y pru→
dencia en los obsequios que me rendia ,
que la lengua mas murmuradora no ha→
lló en él falta que descubriese .
Ca
28 GALATEA.
Estaba pues asegurada de que yo era
el objeto de sus suspiros , y ya le habia
yo declarado que él era el dueño de mi
corazon , puesto que no habia podido
recabar de mí otra cosa : ya habíamos
convenido en que él se volveria á su
aldea , como lo habia dicho , y que de
allí á pocos dias enviaria á un amigo.
de sus padres para que me pidiese al
mio , y estábamos seguros los dos de
que nuestros padres consentirian en
nuestro casamiento , y parecia que todo
era favorable á nuestros deseos , quando
dos dias antes de la partida de Artidoro ,
ordenó mi mala suerte que volviese de
una aldea cercana , adonde habia ido á
´ver una de mis tias , una hermana mia
melliza , la qual por una casualidad bien
extraña se me parece tanto en el rostro ,
voz y talle , y es tal la semejanza que
hay entre las dos , que nuestros mismos
padres para diferenciarnos nos vestian
LIBRO I. 29
de diferentes vestidos ; pero nuestras con--
diciones son sumamente opuestas , y no
tendria tantas lágrimas que llorar , si
nuestros corazones hubiesen sido forma-
dos tambien de un mismo modo.
Esta hermana pues al dia siguiente de
su llegadasacó el ganado por la mañana ,
para conducirle al pasto ántes que yo
dispertase : quise despues acompañarla ,
pero mi padre me tuvo entretenida todo
aquel dia en la aldea , y así tuve que
renunciar á la dulce esperanza de ver á
mi Artidoro. Al caer de la tarde dió
la vuelta á casa mi hermana , y me dixo
con un ayre misterioso que tenia que
decirme cierta cosa , que me interesaba :
el corazon me saltaba en el pecho , adi-
vino tal vez de alguna desdicha . Fuíme.
pues á encerrar con ella , y juzgad los
varios discursos que yo haria mientras
estaba escuchando sus palabras , que
fuéron estas .
C. 3
30 GALATEA.
Llevaba , hermana mia , esta mañana
por las riberas de Henares mi ganado ,
quando vi que se encaminaba hácia mí
un gallardo pastor , que yo no conocia ,
y que despues de haberme saludado tuyo
la familiaridad de tomarme la mano ,
cosa que me dexó suspensa y enojadą.
El silencio , que yo guardaba , ni el
enojo , que no pudo ménos de notar en
mi semblante , no fueron parte para
contenerle en que no prosiguiese en sus
demostraciones amorosas : ¿ es posible 2
me dixo , hermosa Teolinda de mi alma ,
que no conoces ya á quien te ama mas
que á si propio ? Bien conocí su engaño ,
y que me equivocaba contigo , pero como
tu honor me interesa , y como un pastor
tan atrevido podria tal vez hacerle gran
perjuicio , quise desembarazarte de este
importuno para siempre. Guardéme pues
muy bien de sacarle del error en que
estaba , y hablándole del modo que Teo:
LIBRO 1.0 31
linda debia haberle hablado siempre ,
respondí á sus razones enamoradas con
tal fiereza y sequedad , que le dexáron
sumamente atónito , lo que da bien á
entender que no estás muy libre de culpa
en este caso ; pero por fortuna tuya le
hubiéron de mover mis palabras , por-
que me dexó , dándome los nombres de
pérfida y de ingrata ; y á mí me parece
que puedo asegurarte que no le volverán
á ver mas tus ojos .
Qual quedaria al escuchar esto 2 á
vuestra consideracion lo dexo , amables
pastoras. De buena gana hubiera dado
la mitad de mi alma , porque fuera ya
la madrugada del siguiente dia para ir
al momento á sacar del error , en que
estaba , á mi amante desdichado : ¡ ah ,
y que perezosas se me hicieron las horas
de aquella noche ! Y así fué que aun
Conservaban su claridad las estrellas ,
quando salí al prado , dando tal prisa á
32 GALATEA.

mi ganado , que nunca mis pobres ove-


juelas aceleráron mas el paso. Llegué
enfin al lugar donde solia ver á Arti-
doro , y fuí buscándole , repitiendo su
nombre amado y anduve por las riberas ,
por las alamedas , y por todos aquellos.
campos ; pero Artidoro no pareció.
Vuelve exclamaba , vuelve , amado
dueño mio , que aquí tienes á la ver-
dadera Teolinda , que solo vive porque,
te ama. Repitió el eco mis palabras , mas
no vi que mi Artidoro viniese. Cansada
al fin de tanto buscarle , me fuí á sentar
al pie de un verde sauce , esperando que
esclareciese mas el dia para volver andar
los mismos lugares por donde habia ya
andado ; pero apénas daban lugar los
primeros rayos de la aurora á que se
distinguiesen los objetos , quando reparé
en unas letras que vi grabadas en lá
corteza de un chopo , y mirando con

mayor atencion vi que eran de la mano


LIBRO I.º 33
de Artidoro. No sé como sin perder la
vida pude leer los versos que ahora os
repetiré .

Bella , como inconstante ,


Que así me privas de la dulce vida ,
Que lo que un tiempo amante
Jurabas , fementida ,
Tu alma ingrata , oh gran dolor ! olvida
Ya con eterna ausencia ,
De mi vida y mi alma dueño hermoso ,
Tu terrible sentencia
( Momento lastimoso ) !
Va á cumplirla tu amante doloroso.
No mas ya tus traydores
Ojos me mirarán ; y pues que hoy muero,
Hablar de mis amores
La última vez quiero ,
Y el juramento repetir , que al fero
Corazon tuyo , aleve ,
Hice , ay ! po mi mal qued esculp
r e ido
En la corteza leve : .
Verásle aquí crecido ,
Mas firme que en tu pecho encrudecido.
34 GALATEA.

A Dios.... ( oh pena horrible


Hasta el mismo sepulcro te he adorado.
En suerte tan terrible
Tengo por feliz hado ,
Callándole , morir desventurado .
Si tanta desventura
Un suspiro de esa alma empedernida
Arranca por ventura ,
Será de mí tenida
Por mas dulce la muerte que la vida.
Dos veces leí con ojos enxutos estą
triste despedida ; pero quando quise vol-
ver á leerlo aun tercera vez me la
impidiéron las lágrimas , que á no haber
saltado de mis ojos me hubiera quedado
allí mismo muerta de dolor , que acabó
desde entónces de privarme de lo poco
de razon que me habia conservado el
amor. Resolví dexarlo todo para ir en
busca de Artidoro , y así quise irme de
allí mismo al punto ; pero no me podia
determinar á desprenderme de aquel
chopo , donde estaba esculpida la sen-
LBRO 1. 35
tencia de mi muerte. Probé , aunque
inútilmente , á arrancar la corteza donde
estaban escritos los versos para llevármela
conmigo ; mas hube de contentarme con
besarla mil veces y con bañarla de mis
lágrimas ; y hecho esto empecé á huir
por aquellos campos , repitiendo las últi
mas palabras que habia acabado de leer.
He llegado por fin á estas riberas , que
no están muy distantes de la patria de
mi amante ; però hasta ahora nadie ha
sabido darme nuevas de él. Lo que he
resuelto ya es buscarle algunos dias mas ;
pero si fueren inútiles quantas diligencias
hiciere si no halló á mi Artidoro por-
que ya no viva , quiero seguirle . Sí , por
cierto , dixo la pastora deshaciéndose en
lágrimas , resuelta estoy á seguirle , pues
esta es la única esperanza que me ha
quedado.
Así contó Teolinda su historia. Hicré-
ron todos los esfuerzos posibles por con-
36 GALATEA.

solarla Florisa y Galatea , y esta le dixo :


Podeis quedaros en nuestra compañía
que harémos todo lo posible por encon-
trar á Artidoro , y hasta tanto que le
hallemos juntarémos nuestras lágrimas
con las vuestras. Agradecida Teolinda á
estos ofrecimientos abrazó á Galatea
prometiéndole que permaneceria con ella
algunos dias.
Viendo las pastoras que ya el sol ha-
bia descendido al ocaso , recogiéron su
ganado para llevarle á la aldea. No bien
habian andado la mitad del camino ,
quando Galatea echó de ménos su cayado ,
y pidió entónces á Florisa y á la foras-
tera que tuviesen cuidado de sus corderos
entanto que volvia sola á buscarle. A
pocos pasos andados descubrió por entre
los árboles á un anciano pastor , llamado
Lenio , sentado en el mismo puesto
donde ella habia estado ántes , que tenia
en las manos el cayado que iba á buscar.
Pasaba
LIBRO LO 37
Pasaba ála sazon Elicio por allí , que
volvia á su cabaña con su pobre rebaño
de cabras , y echando de ver el cayado
de Galatea , se paró mirando con ojos
asombrados á Lenio. Reparando Galatea
en la admiracion de Elicio se ocultó entre
un zarzal para oir desde allí lo que diria
el pastor. ¿ Pues como , le preguntó este
á Lenio con voz alterada , ha llegado á
tus manos este cayado ? Acabo de en-
contrármele aquí , respondió el anciano
pastor , y le destino para Belisa , que
seguro está que no rehuse un don tan her-
moso. Aunque mi deseo , dixo Elicio ,
es de que enternezcas á tu Belisa con
el don de este cayado , lo conseguirás
sin embargo mejor con el mio , por ser
mas hermoso : mira como la corteza su-
tilmente despegada se enreda al rededor
de él , de suerte que parece una rama de
yedra entretexida con él pide quanto
quieras , que te lo daré por trocarle con
D
38 GALATEA.
el que tienes. Pues así es , dame la
mas hermosa de tus cabras , dixo Lenio .
Ah ! pues bien , bien , dixo Elicio , yo
vengo en ello no tengo mas que seis
cabras : míralas aquí : escoge la que

quieras. No tardó Lenio mucho tiempo


en determinarse , porque de entre las
seis cabras de Elicio solo una estaba
para parir , y esta fué la que escogió y
dándosela este arrebatado de gozo se
hizo el trueque del cayado , que recibió
entre sus brazos con toda su alma. Hecho
esto se separáron los dos pastores , que-
dando igualmente satisfechos , y Galatea
envuelta en mil pensamientos se volvió
adonde estaban Florisa y Teolinda , que
le preguntáron por su cayado. Alguno
se le habrá llevado , respondió Galatea ,
pero no se me da mucho .
Las sombras de la noche venian ya
corriendo aprisa por la falda de los
montes , y las aves congregadas en las
LIBRO I. 39
frescas hojas disputaban entre sí con
sordo arrullo la rama que les habia de
servir de lecho aquella noche , y reso-
naban por todas partes los caramillos
de los pastores , y los cencerros de las
cabras que se venian ya acercando á la
aldea. Luego que entráron en ella los pas-
tores , encontráron grandes aparatos de
fiesta , cuya causa supiéron luego , y era
que Daranio , uno de los labradores mas
ricos , se casaba al otro dia con Silveria ,
cuyo dote se reducia á lo garzo de sus
ojos. Queria el pródigo amante celebrar
su ventura , haciendo las bodas mas sun-
tuosas , у así convidó á todos los pas-
tores de las aldeas comarcanas. Acababa
de venir á ellas con su amigo Damon el
celebrado Tirsis , que era sin igual en el
canto y entocar la flauta. Resolvióse Teo-
linda á permanecer allí en compañía de
Galatea , con la esperanza de que tal

vez podria hallarse en aquellas bodas


Da
40 GALATEA.
Artidoro. Y todos los demas pastores
estaban preparándose para los juegos y
las luchas , que se habian de celebrar
para que fuesen las fiestas completamente
regocijadas.
GALATEA .

LIBRO SEGUNDO .

UANDO será el tiempo que pueda


¿ QUAN
pasar el resto de mis dias en la soledad
de una aldea ? ¿ Quando seré el dueño
de una pequeña casa , rodeada de árboles
frutales ? tendria por términos un jardin ,
un vergel , un prado y un colmenar ; y
un arroyuelo que correria entre unos
frondosos castaños seria la muralla que
cercase todos mis dominios , de donde
jamas pasarian mis deseos : ¡ que dias
tan felices viviria en este sitio tan deli-
cioso ! Ocuparia todos los instantes de
mi vida en su cultivo , en el paseo y
en la lectura : tendria para mi sustento ,
tendria para dar á otros , pues sin esto

no hay riqueza , y tenerla solo para sí


D3
42 GALATEA.
es no poseer ninguna : ¡ Que envidia á
'mi parecer no excitaria en los mayores
monarcas del orbe si llegase á poseer
todos estos bienes en compañía de una
esposa honesta y amable , y mucho mas
si veia á nuestros pequeñuelos hijos ju-
guetear sobre la menuda yerba , y dis-

putarse entre sí qual correria mas para


llegar mas pronto á echarse en los brazos
de su madre ! Esta era la suerte que es-
peraba á los pastores , cuyos sucesos
escribo. Un matrimonio feliz suele ser
las mas veces el fin de una larga pasion.
Esto experimentó Daranio , que despues
de haber largo tiempo amado á Silveria
y de haberle ella correspondido , iba
por fin aquel dia á desposarse con ella.
Apénas mostró su rosada faz la aurora
por el horizonte , quando se presentáron
en la plaza principal del pueblo todas las
gentes de la aldea y de las de la comarca.
Empleábanse unos en entretexer ramos
LIBRO ILO 43
para enramar la puerta de la casa de los
desposados otros con sus flautas y tam-
bórinos les daban una alegre alborada :
sonaba en unas partes la rústica zam-
ройа , en otros el violon armonioso ,
y á lo léjos el antiguo salterio este
adornaba sus castañuelas con cintas 7
aquel con flores su sombrero , у cada
qual procuraba mostrarse á su modo ga-
lan á los ojos de su amada , de suerte
que todo el mundo se sentia agitado del
' amor y de la alegría. No tardáron mu-
cho en comparecer los novios , que sa-
liéron ricamente vestidos : Galatea y las
demas zagalas llevaban enmedio á Sil-
veria , у Daranio iba tambien acompa-
ñado de Elicio y los demas pastores.
Formados en este agradable esquadron
al confuso ruido de los rústicos instru-
mentos se encaminaron al templo , y
despues que en él los esposos se pro-
metiéron una eterna fidelidad , diéron la
44 GALATEA.
vuelta hácia la plaza. Y todas las zagalas
fuéron á buscar los regalos que tenian
preparados para la novia. La primera
que volvió ofreció un azafate de frutas
á Silveria otra presentó en su som-
brero unos huevos frescos que habian
puesto sus gallinas : qual le dió una ga-
Ilina , qual un pollo ; y todas en fin sin
emulacion ni vanidad ofrecieron los
'dones que les proporcionaban sus facul-
tades. Llegó á su tiempo Galatea , y le
regaló dos tórtolas que acababa de coger
en una red un zagal de su padre , y
apénas podia sujetarlas con sus manos ,
porque no queria apretarlas temiendo
hacerles daño , y se le escapaban conti-
nuamente por entre sus dedos las blancas
alas de las avecillas y sus piquillos de
color de rosa. Llegóse pues apresurada
adonde estaba Silveria , y saludándola
con semblante afable le dixo : Querida
amiga , aquí tienes estas avecillas , que
LIBRO II. 45
parece quieren pasar su vida en vuestra
compañía por tu amor que las tomes ,
pues todos los esposos fieles deben aco-
gerlas. Dicho esto presenta las tórtolas ;
Silveria alarga sus manos para tomarlas :
Galatea abre las suyas , y las dos ave-
cillas , aprovechándose de tan bella
ocasion , y pasando ligeramente sus
alas por 2 los rostros de las pastoras
huyéron , remontándose por los ayres.
Admirada Silveria , y casi entristecida
Galatea , mirándolas las perdiéron bien
pronto de vista y mirándose despues la
una á la otra sin hablar palabra , todos
se riyéron , ménos Galatea. Acercóse á
ella Elicio , y le dixo en voz baxa : bien
os han castigado vuestro descuido estas
avecillas ; pero ellas se verán precisadas
á volver á buscaros , y yo os lo aseguro.
No cuido de eso , dixo Galatea , solo me
consolaré con que tengan mas ventura en
otra parte ; y al punto envió á su rebaño
46 GALATEA .
por un hermoso corderito que ocupó el
lugar de las tórtolas.
En el tiempo que duró la oferta de
los dones , se preparáron baxo la sombra
de una espesa enramada las mesas , que
se viéron al punto proveidas de manjares.
Mandó Daranio,, como que era el señor
de la fiesta , que se sentasen los pastores
mas ancianos , las que eran ya madres y
las zagalas , y que permaneciesen en
pie los zagales para que sirviesen á la
mesa : colocáronse los músicos un poco
mas retirados en una especie de teatro ,
levantado sobre unos grandes toneles,
Rompió la música ; pero la interrumpian
á cada paso los gritos de alegría que
procedian del placer y del recocijo que
se veian pintados en los semblantes de
todos. Unos hablaban , otros no hacian
mas que oir , y todos reian confusamente :
todos estaban alegres , todos satisfechos ,
de suerte que quien los viese juzgaria que
LIBRO II.º 47
cada pastor acaba de unirse en matri-
monio con su amada.
Alzadas las mesas , propuso Daranio ,
para que fuese completa la fiesta , que
se tuviese una contienda pastoril , y qui-
tándose Silveria su guirnalda , dixo que
ella seria el premio que se llevase el que
celebrara mejor en sus versos á su pas-
tora. Enmudeciéron entónces los instru-
mentos , у todas las zagalas miráron á

sus zagales , y todos ellos se dispusiéron


para cantar , y aun el mismo Erastro
quisó entrar en la liza ; pero apénas vió
que se habia levantado el famoso Tirsis ,
quando se volvió al punto á su asiento.
Nadie se atrevia á salir á competir con
Tirsis , y Elicio fué el único que se
presentó , diciéndole : No pretendo , fa-
moso pastor , disputarte la guirnalda ,
solo quiero celebrar en mis versos el
objeto de mis amores . Prestando todos
un sosegado silencio , empezáron los dos
48 GALATEA.
rivales á cantar alternativamente estos
versos.
TIRSIS.

El dulce objeto de mi pecho amante


Es mi adorada Filis y graciosa :
Suenen pues en mi canto en adelante
Solo amor Ꭹ mi Filis amorosa :
No tienen que escuchar ya quanto cante
Los que conocen á mi amada hermosa.
¿ Pues que mas puedo yo decir ahora
Habiendo dicho á quien mi alma adora ?
ELICIO.

Yo siempre dexaré el nombre callado


De aquella mi pastora , cuyo fuego
Dulce mi tierno pecho enamorado
Le abrasó para siempre. Mas ay ciego !
Que descubro quien es mi objeto amado ,
Si pinto su hermosura , porque luego
Que diga que mi amada es la mas bella ,
No habrá quien no pueda conocella.
TIRSIS.

Qual la fresca manzana colorada


Es el vivo color de la lustrosa
Mexilla
LIBRO II.º 49
Mexilla de mi Filis adorada :
La lumbre de sus ojos amorosa
Con que mira tan tierna y regalada ,
Y el negro arco , que de muy graciosa
Suerte forman sus cejas levantadas ,
Dexan las almas ay ! aprisionadas.
ELIC
ICIO.

La nieve , que deslumbra en su blancura ,


Y el color de la rosa delicada
Se asemejan en todo á la hermosura
Que mi alma feliz tiene llagada :
La nieve de aquel rostro no la apura
La ardorosa calor demasiada ,
Ni el hielo del invierno riguroso
Marchita aquel color de rosa hermoso.
TIRSI S.

Dos años hace que la Filis mia


Causa ella sola mi amorosa pena :
Amola desde el venturoso dia
Que de sus ojos vi la luz serena :
Y en sus rubias madejas se escondia
Para esperarme Amor , y la cadena
Que ahora me aprisiona en dulce lloro
Formaba el dios de sus cabellos de oro,
E
50 GALATEA.

ELICI 0.

Estoy ha largo tiempo padeciendo


Baxo el imperio del amor hermoso.
Quando la hermosa vi , por quien ardiendo
Estoy en fuego dulce y amoroso ;
Vi que el alado Niño sonriyendo
Volaba por sus ojos vagaroso ,
y por lo que en mi pecho ya sentia
Que allí el amor estaba conocia.
TIRSIS.

Al modo que un espejo que quebrado


Por mil partes y roto , representa
El objeto otras tantas duplicado
Anuestra vista que lo mira atenta :
No de otra suerte de una vez mirado
El rostro de mi bien , no hay quien no sienta
Que se queda en su pecho retratada
La dulce imágen de mi Filis amada.
ELICIO.
Como un simple cordero , que balando
Busca su tierna madre que ha perdido ,
Pero quando la ve venir , saltando
A ella corre de gozo enloquecido :
LIBRO II.º 51
Los pastores así de placer blando
Todos sienten su pecho conmovido ,
Si se presenta la pastora mia
Asus ojos que agita la alegría.
TIRSIS.

Para mi Filis tengo yo guardados


Para el dia de sus años venturoso
Dos tiernos recentales y manchados ,
Queyo mismo he criado cuidadoso.
Bastantemente quedarán premiados
Estos cuidados de este tu amoroso
Pastor , mi bella Filis , si le dieres
Las flores de que entorno te ciñeres.
ELICIO.
No tengo nada que ofrecer , cuitado !
A la hermosa que adoro enternecido :
Solo me habia el corazon quedado
Y mi fuerte Melampo , y lo he perdido ;
Porque mi corazon enamorado
Es ya despojo de mi bien querido ,
Y mi Melampo solo sigue ahora
Como yo á mi hermosísima pastora.
Aquí diéron fin á su canto los dos
pastores , y sin saber Silveria á qual
E2
52 GALATEA.
determinarse , hubiera premiado á los
dos igualmente , pero les dixo : Como no
hallo , gallardos pastores , diferencia en
vuestro canto , no me atrevo , ni sé á
qual prefiera , y así recibid cada uno
de vosotros una guirnalda de laurel , y
permitidme que dé la mia á quien le
pertenece , que es á mi mas verdadera
amiga. Diciendo esto presentó á Tirsis
y á Elicio dos coronas iguales , y vol
viéndose á donde estaba Galatea , ciño
con su guirnalda la frente de la pastora.
Hizo luego la música la señal del
bayle , y fué Elicio á sacar á Galatea , ´
que lo aceptó cubierta de rubor. Me
parece , le dixo Elicio medio temblando ,
que no os hubiera disgustado que Tirsis
se hubiera llevado el premio. No lo
creais , respondió Galatea , ántes hubiera
sentido , siquierapor el honor del pueblo ,
haberos visto vencido por un forastero.
Esto solo se dixéron sin atreverse á ha-
LIBRO II. 53
blar mas todo el tiempo que duró el
bayle.
Luego que cayéron las sombras de la
noche fuéron todos á cenar á casa de
Daranio , menos Galatea que se quedó
en su cabaña con Florisa y la sin ven.
tura Teolinda. Al punto que se partiéron
estas tres pastoras tomó Elicio el camino
de su cabaña en compañía de Erastro ,
Tirsis y Damon , у estos dos últimos
hacia dias que eran ya fieles amigos
suyos , y no ignoraban nada de sus
penas amorosas.
Poco trecho habrian andado ya del
camino , quando al pasar por el pie de
una antigua ermita , situada en la cima.
de un montecillo , llegó á sus oidos el
son de una harpa. Detengamos el paso ,
si os parece , les dixo Erastro , y oiré-
mos la voz de un mozo que hará quince
dias que ha venido aquí á meterse er-
mitaño. Por varias veces que he hablado
E3
54 GALATEA.
con él , he llegado á creer que es algun
personage de importancia , que por sus
desgracias se ha visto precisado á dexar
el mundo ,,Y cierto que si Galatea pro-
sigue en tratarme tan cruelmente , como
hasta aquí , le aseguro que he de cum-
plir el propósito que tengo hecho de
meterme ermitaño con este. Esto que
dixo Erastro puso á los pastores en vivos
deseos de conocerle , y así subiéron al
montecillo sin hacer ruido , y de allí á
poco descubriéron á un mozo como de
unos veinte y dos años , sentado sobre
una peña , vestido de un tosco buriel ?
rodeada á la cintura una áspera cuerda
y desnudo de pie y pierna : tenia en
sus manos una harpa , de donde hacia
salir un son lamentable , y tenia puestos
en el alto cielo sus ojos humedecidos , y
dos largos hilos de lágrimas le corrian
por sus mexillas. El silencio de la noche "
el pálido resplandor de la luna , y el
LIBRO II. 55
santo horror que inspiraba la ermita ,
todo parece que disponia al alma para
escuchar el lúgubre canto del ermitaño 9
el qual despues de haber recorrido por
algun tiempo las cuerdas de la harpa ,
soltó al viento su voz , cantando lo
siguiente :

El formidable amor , y la mudable


Fortuna , y hasta la amistad sagrada ,
Unico bien del hombre desdichado ,
Con furia desusada
Me han reducido á tan terrible estado ,
Haciéndome por siempre miserable :
Envano canso al cielo
Con mi importuno llanto :
Pues en mi desconsuelo
Mi dolor no le mueve , ni quebranto.

Que siempre padeciese disponia


Mi suerte , χ asíha sido :
Perdíya todo quanto aquí tenia.
Ay , todo lo he perdido !
Y elfin no llega de la vida mia ?
56 GALATEA.
Santa amistad y pura y regalada ,
Dulce regalo de la humana vida :
Por mí en las aras del amor hermoso
Fuiste sacrificada :
Mas bien pago esta ofensa cometida.
Concede al alma triste algun reposo :
Tú que eres en el suelo
Del hombre la ventura :
En vez de dar consuelo
Porque aumentas mi horrible desventura ?

Que siempre padeciese disponia


Mi suerte , y así ha sido :
Perdí ya todo quanto aquí tenia.
Ay , todo lo he perdido !
Y elfin no llega de la vida mia ?
Poniendo silencio á su canto el er-
mitaño reclinó en el seno la cabeza , y
cesando de tocar el harpa , dexó caer
las manos sin movimiento alguno. Lle-
gáron apresuradamente los pastores á
socorrerle , y trabándole Erastro del
brazo le hizo volver en sí ; pero luego
le estuvo mirando el ermitaño por mucho
LIBRO II. 57
tiempo , como quien despierta de un
espantozo sueño. Y vuelto ya en sí le
dixo : Ese cuidado , pastor , con que pro-
curas mi bien , sirve solo de dilatar la
corriente de mis desgracias , no siendo
la menor que me sucede el no poderos
pagarlo mas que con un estéril recono-
cimiento. Contadnos " le dixo Tirsis 9
os pedimos , la ocasion de vuestras
desventuras pues digna es 9 me parece ,
de esta confianza la tierna amistad , que
por vos hemos concebido. ¡ Oh , Dios ,
exclamó el ermitaño , que nombre aca-
bais de pronunciar ! la amistad ! ... Enfin
yo satisfaré en quanto pueda vuestros
deseos , pues tengo muchas razones
para hacerlo , puesto que de vuestra
aldea soy proveido de todo lo nece-
sario para mi triste exîstencia , donde
siempre me dan mas de lo que necesito ,
y así es justo que si á vosotros os debo
la vida , os dé cuenta de mis desgracias.
58 GALATEA.
Al oir esto los pastores se le arrimáron
mas , y entonces comenzó el mozo ermi-
taño á contar de esta manera la historia
de sus infortunios.
En la antigua y celebrada ciudad de
Xerez , de Minerva y Marte favorecida ,
vivia un caballero mozo , llamado Tim-
brio , de prendas tan singulares , que su
heróyco valor era la menor que tenia.
Llevado yo de cierta aficion invencible
á este sugeto , procuré por todos los
medios posibles serle su particular amigo,
y lo conseguí tan completamente , que
olvidándoseles á los que nos conocian el
nombre de Timbrio y el de Silerio ,
que es el mio , nos llamaban solamente
los dos amigos. Es verdad que nosotros nos
hacíamos merecedores de este nombre
tan dulce , porque andábamos siempre
unidos en nuestros dichosos años que
pasáron como un momento : nuestras
únicas ocupaciones eran los honrosos
LIBRO II.º 59
exercicios de Marte , nuestros únicos
recreos la caza , y nuestras únicas pa-
siones la amistad.
Vivíamos pues en este estado tan
dichoso , quando un dia , que fué el
mas desgraciado de mi vida , tuvo Timbrio
una pendencia con un caballero llamado
Pransiles obligóle á mi amigo sufamilia
á retirarse , como lo hizo , dexando
escrita una carta donde le avisaba que
se partia á Nápoles , donde le hallaria
siempre pronto á terminar aquella dife-
rencia como convenia á un caballero.
Hallábame á la sazon tan falto de salud ,
que no estaba en estado de poder seguir
á mi amigo , el qual no sabré deciros
con quantas lágrimas se apartó de mi
presencia , prometiéndole yo que al
punto que lo permitiese mi salud , vol-
veria á su compañía ; pero no pasó
mucho tiempo que no conociese que
su ausencia me fatigaba mas que la misma
60 3 GALATEA.

enfermedad ; y así sin esperar á mas ,


teniendo noticia de que en Cádiz se
aparejaban quatro galeras para Italia ,
resolví embarcarme. Aunque me hallaba
sin fuerzas por estar convaleciente "
dándomelas la amistad me hice á la
vela , y prosperando el viento mis de-
scos , en breve tiempo arribamos á las
riberas de Nápoles , en cuyo puerto
dimos fondo ya de noche.
Quando me partí de él al atravesar por
una calle sentí ruido de espadas , y pude
divisar que era un hombre , que arrimado
á la pared se defendia él solo de quatro
asesinos. Entré entónces volando por
medio de ellos á defenderle , siguiéndome
mis criados que me ayudaban , y este
acometimiento tan inesperado hizo po-
ner en vergonzosa fuga á aquellos quatro
cobardes . Desembarazado de ellos me
acerco á aquel hombre desconocido para
mí le hablo 2 le miro atentamente ,
Y
LIBRO II.° 61
y veo que es mi mismo amigo Timbrio ,
y estréchole entre mis brazos llorando
de alegría ; pero me fué bien costoso
el placer de haberle encontrado por-
que es de saber que mi amigo se hallaba
herido , y aquel dulce movimiento que
le causó mi vista le acabó de consumir
las pocas fuerzas que le habian quedado ,
de modo que cayó en mis brazos des-
mayado y vertiendo sangre. Envié al
punto á buscar socorro , y en esto volvió
en sí Timbrio ; vino el cirujano , que
despues de haberle registrado la herida
me aseguró que no era mortal. Consolado
yo algun tanto con este informe , for-
mamos con nuestros brazos una especie
de angarillas , y de este modo llevamos
á su casa á mi desgraciado amigo , donde
supe la causa de este asesinato .
Quando Timbrio llegó á Nápoles ,
habia traido cartas de España para uno
de los principales caballeros de aquella
F
62 GALATEA.
ciudad , cuya familia era tambien espa-
ñola. Fué recibido en aquella casa con
el amor que es natural recibir á un
paysano , y habiendo visto allí mi amigo
á la hija mayor de aquel caballero ,
llamada Nísida , que era la doncella mas
hermosa y mas honesta de toda la ciudad,
quedó ciegamente prendado de sus gra-
cias , pero en quantas veces habia en-
trado en su casa no se habia atrevido
á declarar su pasion á esta dama , por
la timidez y veneracion que le habia
cobrado. A este tiempo andaba tambien
enamorado de ella cierto Príncipe ita-
liano , y habiendo sabido que tenia un
rival , y el rival que era , y temiendo
que se le prefiriese por su valor y por
su mérito personal , tuvo la cobarde
baxeza de mandar asesinarle. Habién-
dose divulgado este suceso por la ciudad,
y llegado á oidos del padre de Nísida ,
se indignó de tal manera de que por su
LIBRO II.0 63

hija se hubiese tenido tal pendencia , que


prohibió para siempre la entrada en su
casa al Príncipe italiano , y á mi amigo
Timbrio á quien causó mas daño esta
prohibicion que la herida. Consumido
pues mi infeliz amigo de una pasion que
se aumentaba mas y mas con los mis-
mos obstáculos , y desesperado por no
haber declarado su amor á Nísida quando
tuvo ocasion se abrasaba en deseos
de volver á verla á qualquiera costa que
fuese. Discurria mil medios que le pare-

cian fáciles , y un momento despues los


desechaba como impracticables : no hacia
mas que escribir billetes y luego ras-
garlos , y se proponia en su imaginacion
mil proyectos imposibles. Enfin con este
continuo desasosiego y esta melancolía
se le empeoró tanto la herida , que en
breve tiempo se vió mi pobre amigo en
peligro de morir. Condolido yo de verle
en tal estado me resolví á introducirme
Fa
64 GALATEA.
en casa de su amada , por ver si hallaba´
algun medio de curarle.
Vestíme pues para este intento como
un cautivo recien rescatado , y tomando
una guitarra y paseándome todas las
noches por la calle de Nísida , y can-
tando romances viejos , pasé por un
Español quehabia escapado de las manos
de los bárbaros. Salióme tan bien esta
traza , que en pocos dias ya no se
hablaba de otra cosa en todo el barrio
que del músico cautivo , y llegando esto
á noticia del padre de Nísida quiso
oirme cantar aquellos romances , y así
me dió entrada franca en su casa. Ay ,
amigos ! entónces vi á Nísida , y en
aquel punto perdí mi sosiego y mi vén-
túra : entónces fué quando me atreví á
poner los ojos en aquel rostro divino ,
en aquel talle tan delicado , y en aquellos
ojos tan dulces , cuya luz mitigaba algun
tanto cierto ayre melancólico , y en aquel
LIBRO II.º 65
punto sentí que discurria por mis venas
el veneno amoroso No tenia entonces
otro recurso que el de desamparar aquel
puesto ; pero ay ! que yo no podia , y
en aquel momento me sentia tan enfer-
mo , como el sin ventura Timbrio . Ro-
gáronme cantase alguna cosa ; pero como
habia de hacerlo quien ni hablar podia ?
esforzándome sin embargo como pude ,
les canté entre otros un romance orien-
tal , que me habia enseñado un esclavo
Persa.

Rogáron entonces los pastores al


ermitaño que les cantase el romance ,
y él tomando la harpa con acento de-
licado les cantó los versos siguientes.
El hermoso Nelzir
Por Semíris ardia ,
Y era tambien amado
De su Semíris linda.
En verse y en amarse
Tenian su delicia ,
F 3
66 GALATEA.

Y su vida pasaban
En contarse su dicha.
Mas de muy poca cosa
Las mas veces las dichas
Dependen , y por nada
Desvanecerse miran.
Y así es que de una rosa
( Y quien lo pensaria ! )
La suerte de Nelzir
En todo dependia .
Entanto que conserve
La flor su lozanía ,
La flor de donde pende
Del buen Nelzir la dicha,
El infeliz mancebo
Conservará la vida ;
Mas morirá sin duda ,
Si la flor se marchita.
Cuidadosa por esto
Siempre Semiris mira
Las hojas de la rosa
Con muy atenta vista.
Y con tímida mano,X
Laboriosa cultiva
LIBRO II. 67
Aquel rosal , de donde
Pende toda su dicha.
Sus medio-abiertos labios
Besó Nelzir un dia
A su Semíris bella ,
Y ella reconocida ,
Quiso tambien pagarle ;
Pero no se atrevia ,
Y envano la alentaba
El amor en que ardia :
Y ya que no á su amante,
Quiso á la florecilla
Que acababa de abrirse,
Besar agradecida.
Mas ay ! que con sus labios
La rosa se marchita ;
Y así quitó Semíris
A su amador la vida.
Cae á sus pies Nelzir ,
Pálido y ya sin vida ,
Y apretando su mano
El infeliz espira ,
Y á su pesar Cupido
De su pecho salia :
68 GALATEA .

Atónita y temblando
Semíris lo veia ,
Que en los pálidos labios
De Nelzir , afligida
Busca ansiosa la muerte ,
Y su boca marchita.
Juntando con los labios
De quien fué la homicida ,
Dándole solo un beso
La desdichada espira.

Entre los que me estaban escuchando


se hallaba tambien una hermana de
Nísida , llamada Blanca , que aunque
menor en los años no lo era en la her-
mosura. Esta pues dió muestras de agra-
darle mas que á nadie mi canto : en-
salzó con grandes alabanzas mi voz y
yo le di las gracias puestos siempre los
ojos en su hermana. Me rogó su padre
que repitiese las idas á su casa , y yo
de industria me dexé rogar bastante ,
ántes de aprovecharme de su licencia.
Aunque temia y con razon que cada
LIBRO II. 69
dia se profundizase mas en mi pecho
la flecha de que estaba traspasado ; sin
embargo á instancias de mi amigo , y
arrastrado de mi pasion volví repetidas .
veces á casa de Nísida : volvíla á ver ,
y acabé de perder toda esperanza de
remedio.
Dexo á vuestra consideracion lo que
pasó en mi alma en este tiempo. Yo
amaba á Timbrio mas que á mi vida ,
y á Nísida tal vez mas que al mismo
Timbrio : este amor se aumentaba cada
vez mas con verla todos los dias , y no
podia dexar de hacerlo por el interes
de mi amigo , que débil entónces y
convaleciente no tenia otro arrimo su
esperanza , que la que le daba lo que yo
hacia por él. Por otra parte el tiempo

léjos de aliviar mi pena , no servia mas


que de aumentarla , pues sentia que
cada instante crecia mas y mas el rigor
de mi pasion , de mis remordimientos y
desventura. A la fuerza de tantos males
70 GALATEA.
no pudo resistir mi salud , y así desa-
parecieron de mi rostro los frescos co-
lores de la juventud , y mis ojos hun-
didos ya , y amortiguados con fatiga se
fixaban en aquella que causaba mi muerte .
Enfin yo llegué á tal extremo , que el
mismo padre de Nísida mostró causarle
compasion mi estado , y aun á ella misma ,
y en especial á su hermana Blanca , que
me pidieron con la mayor ternura que
no les ocultase nada de lo que me
afligia.
Viendo yo tan bella ocasion , repri-
miendo mis deseos y teniendo presente
á lo que la amistad me obligaba por un
amigo , por quien ántes me dexaria mo-
rir , que faltarle en la amistad que le
debia , me esforcé como pude á decirles
estas palabras : La compasion que mos-
trais , señoras , de mi mal , seguramente
seria mucho mayor si supieseis que la
amistad le causa. Sabed pues que un ca-
LIBRO II.º 71
ballero mozo de mi misma patria é ínti-
mo amigo mio , se halla enamorado de
la dama mas hermosa que se encuentra
en todo lo descubierto del universo ;
pero la ama con tal respeto , que jamas
se ha aventurado á descubrirle su pa-
sion , y este le ha reducido á términos de
perder la vida. Esta es pues la causa
del sentimiento que me veis hacer por
un hombre el mas honrado y el mas
digno de amarse , que tal es mi amigo ,
á quien, segun veo , un amor desgraciado
le va á conducir sin remedio al sepulcro .
Aquí llegaba yo con mis razones, quando
Nísida me interrumpió , diciendo : Aun-
que no sé yo , Silerio , todavía que es
esto que llaman amor , me parece sin
embargo algo de simplicidad el que un
amante se dexe morir de ese modo sin
aventurarse á declarar su pasion á la
causa de ella porque de esta declara-
cion no se puede seguir ofensa alguna ,
72 GALATEA.
y suponiendo que sea admitido desabri-
damente , siempre le queda tiempo para
morirse. Hermosa Nísida , le dixe , quan-
do se mira el amor con ojos indife-
rentes se ven en él tales puerilidades
que mueven á risa ó á compasion ; pero
quando se mira , teniendo el alma lla-
gada de él , en vez de podernos apro-
vechar del entendimiento y de la razon,
solo nos sirven de causar en nosotros
mayor desórden . En esta situacion se
halla mi amigo Timbrio , de quien he
podido conseguir á fuerza de persuasio-
nes que escribiese á su amada alguna
carta , que me encargué yo mismo de
dársela , y con esta esperanza de que
la vea algun dia la traygo siempre con-
migo. ¿ No se podria ver esa carta ? dixo
Nísida , porque es grande el deseo que
tengo de ver como se explica un aman--
te enamorado de veras. Ofreciéndome
la ventura una ocasion tan oportuna , no
quise
LIBRO II. 73
quise desaprovecharla , y así saqué luego
del seno la carta que dias antes me
habia dado Timbrio , que estaba conce-
bida en estas razones.
« Ya habia determinado , señora , no
» declarar jamas la pasion que me con-
» sume pareciéndome mas acertado
» merecer vuestra compasion con mì
» muerte , que no vivir en vuestra des-
» gracia declarándola : pero ¿ no seria
» cosa bien terrible que yo no me aven-
» turase á deciros que sois el objeto de
» mi pasion ? Si juzgais acaso que no
» ofende vuestra delicadeza esta decla→
» racion , procuraré prolongar los tér-
» minos de mi vida para ofrecérosla en
» sacrificio ; pero si os pareciere un te-
» merario atrevimiento , digno de cas-
» tigo , no tardaré mucho en expiarle
» con mi muerte ».
Grande fué la atencion con que leyó
Ñísida esta carta , y en acabándola de
C
74 GALATEA.
leer dixo : Cierto que segun me parece
no hallo cosa en que pueda agraviar una
declaracion de amor tan respetuosa como
es esta, y así te aconsejo que no dexes
de dar este billete , sin que tengas que
temer que sea mal recibido. Pero ved ,
señora , le dixe , que aun no ha llegado
la ocasion ; y por otra parte , mi amigo ,
si vos como podeis no quereis prolon→
gar el término de sus dias , se muere sin
remedio. ¿ Y como ha de ser eso ? dixo
ella. Haciendo cuenta , le dixe , que sois
vos á quien se dirige la carta , y dán-
dome alguna respuesta que le lleve , para
que con este sencillo engaño le volvais
á la vida, y yo tenga tiempo para ha-
Har ocasion de poner en práctica lo que
desco. Pero no veis , me dixo , que eso
no puede ser ? porque como yo nunca
he dado respuesta á semejantes cartas ,
no querria que la primera vez que lo
biciese fuera fingidamente quanto mas
LIBRO II 75
que quien te impide que le cuentes á
tu amigo todo lo que te acaba de pasar
conmigo , poniendo mi nombre en lugar
del de su amada ? y ademas le puedes
decir como ella leyó su carta , y el áni :
mo que te daba para que se la dieses ,
y que , aunque es verdad que no te
alreviste á declararle que era para ella
esta carta , tienes sin embargo esperanza
de que no le causará pesadumbre el

saberlo : paréceme que este artificio bas


tará para que recobre su salud tu amigo,
el qual no puede por ningun caso satir
desmentido quando llegues á hablar á
su verdadera dama,
Admirado de semejante invencion, con
lengua atropellada le dixe algunas expre-
siones de agradecimiento , y fuí cor→
riendo al punto á contar á Timbrio todo
lo que me habia pasado con Nísida. La
esperanza que le excité con esto , su
alegría y su reconocimiento , fuéron
Ga
76 GALATEA.
otros tantos lazos que me estrecháron
mas y mas con la obligacion de la amis-
tad : y así fué que reiteré mis esfuer-

zos con Nísida , y arrastrado de una


pasion , que se aumentaba con su vista ,
no le hablaba de otra cosa que de mi
amigo empleaba en su favor todas aque-
llas expresiones que me dictaba el amor
que dixese en el mio , y enfin yo me
valí de la amistad aun hasta para aquella
pasion que debiera haberla destruido :
por último yo me atreví á revelar todo
el engaño , diciéndole á Nísida que el
que habia estado á peligro de morir era
mi amigo Timbrio : encarecí su naci-
miento , sus qualidades y sus virtudes ;
y yo enfin le hice una pintura de él ,
qual yo me le imaginaba. Aunque no se
habia olvidado de él Nísida , dió á en-
tender verdadera ó falsamente que le
causaba extrañeza lo que yo le decia ,

y me reprehendió mi atrevimiento y
LIBRO II. 77
amenazó con que daria cuenta de ello
á su padre ; pero á pesar del enojo que
se esforzaba á aparentar , vi , sin que-

darme duda alguna , que Timbrio era


amado.
Este fué para mí el último golpe que
estaba temiendo largo tiempo habia , y
que no fue el que me dió ménos que
padecer. Resolví pues darle parte á
Timbrio de * su ventura , y ausentarme
al momento de su presencia en busca
de algun desierto para acabar en él la
vida en manos del dolor ; pero ay ! que
yo contaba demasiado con mis fuerzas ,
pues en el punto que me determine á
decir á mi rival y amigo que él era el
objeto del amor de Nísida , perdí el habla
mis ojos se bañáron en lágrimas , y aun-
que procuré en vano disimular mi turba-
cion , la descubriéron mis sollozos : faltá-
ronme las fuerzas , y caí entre los brazos
de mi amigo , bañándole con mi llanto.
G 3
78 GALATEA.
Atónito y espantado Timbrio me coge
en sus brazos , me estrecha entre ellos ,
y me hace mil preguntas , deseoso de
saber qual fuese la causa de una aflic-
cion tan dolorosa ; pero yo no le res-
pondo palabra : él me insta , y entonces
baxo los ojos. Ay , amigo ! exclama él ,
ya , ya comprehendo la causa de tu
dolor : sí, tú la amas ! ... tú la amas ! y
no podias ménos de amarla... Bien veo
lo que padeces en tu alma al querer tri-
butar este sacrificio á la amistad ; pero
yo seria el hombre mas infame si le ad-
mitiese ama pues á Nísida , que yo me
ausentaré adonde jamas pueda verla , que
tal vez me será ménos difícil poder vivir
sin su vista , que dexar de morir consi-
derándome el autor de tu desgracia.
Diciendo estas palabras volvia hácia otro
lado su semblante para ocultarme las
lágrimas que derramaba , y me estre-
chaba hácia su pecho. Conozco en este
LIBRO II. 79
instante que la amistad me inspira y
me sobrepone á mí mismo , y así le
respondo ¡ Ay como te engañas , amigo
mio , que no es á Nísida sino á su
hermana á quien amo ! y el ver que no
he podido mover su corazon , y su cruel-
dad en haber desdeñado mi amor ha sido
la única causa de mi desesperacion.
¡ Por Dios que no me engañes ! me dixo
Timbrio , fixos en mí sus ojos. No te
engaño , no , le respondí : Blanca es , mi
amado Timbrio , á quien adoro , y de
ella solo me miro desdeñado perdona ,
amigo mio , si al cotejar tu dicha con
mi desgracia he derramado estas lágri-
mas , que yo te protesto no derramar
ninguna otra : sí , amigo mio , ya siento
que á tu lado no necesito del amor para
ser dichoso. Con estas palabras quedó
satisfecho Timbrio , ó fingió quedarlo
resolviendo asegurarse con el tiempo de
la verdad de lo que le habia dicho ,
80 GALATEA.
y yo me determiné á sacrificarme en
todo lo que fuese necesario para su re-
medio. No podia ya çontentarme con
sacrificar mi verdadera pasion : tenia
necesariamente que fingir otra que no
sentia , y así el dia siguiente declaré á
Blanca la calidad de mi persona , y le
dixe que erà mi amada.
Ya hacia tiempo que lo era yo de
Blanca , sin osar ella declarárselo á
sí misma; pero luego que vió que le
dixe mi amor á ella , se le dixo á su
hermana , y esta mutua confianza fué muy
útil para Timbrio : porque Nísida , que
hacia aun resistencia á una pasion que
temia , luego que halló una compañera
se sintió algo mas tranquila , y se atrevió
ya á hablar con mas libertad de su amor,
y desde entónces se entregó á él mas
libremente : y dándose las dos hermanas
parte de sus cuidados amorosos , quedá-
ron mutuamente confiadas de sus dichas,
LIBRO II.º 81
y el gusto de poder hablar libremente
de lo que sentian en su corazon , las
puso en estado de probar mejor hasta
donde se extiende el placer que pro-
duce la pasion mas noble. Conservé siem-
pre libre la entrada en su casa , valido
del disfraz que traia , llevaba á Nísida
billetes de parte de mi amigo : le procuré
algunas veces el gusto de que viese á sy
amada , y yo al mismo tiempo reiteré
mi cuidado en manifestar amor á Blanca :
mostrábame Timbrio el gozo que le
causaba verme tan tiernamente amado ,
y abrazándome se congratulaba conmigo
de verme tan dichoso , asegurándome que
no seria esposo de Nísida hasta que yo
no lo fuese de Blanca. Consentia yo
en todo esto , resignado á quanto la
amistad quisiese disponer de mí.
No nos restaba ya otra cosa para
pedir la mano de Blanca y de Nísida qué
el que nos viniesen nuevas de España ,
82 GALATEA.
quando Pransiles , aquel caballero con
quien os dixe que habia tenido en Xerez
aquella pendencia Timbrio , se presentó
enNápoles para combatirse con mi amigo ,
Como la satisfaccion debia ser pública ,
pasó algun tiempo primero que se pudiese
conseguir permiso del Virey para ello
y para nombrar los jueces. Publicóse
enfin este terrible combate ocho dias
despues , señalándose por campo una
extendida llanura que estaba á corta dis-
tancia de la ciudad. Hízose tan ruidosa
la fama de este duelo , que á pesar de toda
nuestra diligencia no pudimos conseguir
que no llegase á noticia de Nísida , á
la qual causo tal sobresalto y tal dolor ,
que creciéron á medida de su amor.
Llegó á melancolizarse y afligirse de tal
suerte , que pasó entre lágrimas y sin
querer tomar sustento alguno los ocho
dias del plazo , que por una parte le
parecieron tan largos , y por otra tan
LIBRO II. 83
breves ; y la consideracion de la horrible
incertidumbre del suceso de su amante ,
mas cruel que su misma desdicha , no
tardó en privarla de sus fuerzas. Cayó
pues enferma , y no acertando su padre
nunca con la verdadera causa de su mal ,
determinó llevarla á su casa de campo
para que se restableciese. El dia de su
partida , que fué el antecedente al del
desafío , me hizo llamar Nísida. Llegué
á su lecho , y apénas pude conocerla :
vila toda pálida , desmayada y hunre-
decidos sus párpados hinchados. Silerio,
me dixo con voz debilitada , dirás á tu
Timbrio de mi parte que vaya con bien,
y que mire que mi vida depende de la
suya , y que así mañana procure defen-
der mi vida , defendiendo la suya : por
lo que hace á tí , su mas leal amigo en
quanto has hecho por él conmigo , estoy
bien segura de que no le desampararás y
que le socorrerás al punto que le sobre-
84 GALATEA.
venga alguna desgracia. Ay , Šilerio , y
quien pudiera seguirte ! toma , añadió ,
quitándose del cuello una preciosa reli-
quia que bañaba con sus lágrimas , toma
y llévasela á tu amigo , y le dirás que
esta me ha librado de todos los peligros,
y que esta podrá mañana librarle del
suyo. Tengo aun otra cosa que pedirte :
has de saber que mañana voy con mi
padre á su casa de campo , que está
media legua del lugar donde ha de ser
el desafío , y así quiero que me des'
palabra de ir allá al momento á avi-
sarme del suceso del duelo : la señal, por
donde hé de conocer que Timbrio ha
vencido , ha de ser esta banda blanca ,
que has de traer puesta en el brazo ,
que viéndola yo desde lejos me excu-
sarás mil penas ; pero si veo que no la
traes puesta conoceré que ha quedado
vencido , y no tendré necesidad que me
digas palabra alguna. Prometiéndole yo
cumplir
LIBRO II. 85
cumplir quanto me pedia, fuí al momento
á llevar la reliquia á Timbrio , con la
que se aumentáron sú ánimo y su va-
lor : besóla , se la puso al cuello , y
asegurado de la victoria , me parece que
hubiera en aquel punto desafiado á todo
el universo.
Llegó por fin el riguroso momento
del combate. Hallábase ya en su campo
para verle júntá toda la ciudad de Ná-
poles , quando se presentáron Pransiles
y Timbrio escogiéron por armas espada
y daga : abrióse la estacada , hicieron
señal de acometer las trompetas , y arre-
metiéron el uno al otro. Sostuviéron
largo tiempo una pelea indecisa : peleabat
Pransiles con valor y destreza , de suerte
que llegó á herir á Timbrio , mas la vic-
toria nunca se declaraba por ninguno'
de los dos. Enfin venció el amor : mi
amigo Timbrio cerró con Pransiles de
tal suerte , que le derribó á sus pies ; y
H7
86 GALATEA.
entónces mi generoso amigo arrojando
la espada fué á socorrerle : confesóse ven-
cido Pransiles , y todos los que lo mira-
ban aplaudiéron con sus voces la vic-
· toria. La terrible incertidumbre en que
habia estado largo tiempo , el dolor que
me causó ver herido á Timbrio , y la
alegría que habia recibido al verle vic-
torioso me turbáron en tal manera , que
me olvidé de atarme en el brazo la
banda blanca , y fuí sin ella volando á
dar parte de nuestro feliz suceso á Nísida.
Esta para mayor desgracia habia sen-
tido que segun se iba aproximando el
instante fatal , se le aumentaba la calen-
tura. Aunque se hallaba tan débil , se
habia hecho llevar á las ventanas mas
altas de su casa , y apoyada allí en sus
criadas tendia la vista atentamente por
todo lo largo del camino , aguardando
la noticia que le habia de dar la vida ,
é apresurar la muerte , quando alcanzó
LIBRO II. 87
á divisarme , y viendo que no traia la
banda , cayó sin sentido en los brazos de
su hermana. En este punto llegué á su
casa:resonaban en toda ella los lamentos:
penetré hasta donde estaba Nísida : vi
que le estaban aplicando remedios todos
inútiles , pues nada podia hacerla volver
en sí. Vi pues á Nísida que tenia los
ojos cerrados , abierta la boca , pálidos
los labios , y al ver este espectáculo me
acuerdo de mi fatal olvido . Arrebatado
de mi desesperacion , abandono aquella
casa , sin atreverme á buscar
á un amigo
que sabia seguramente que era quitarle
la vida el decírselo ; y así sin saber-
que partido tomar , furioso y desolado
tomo el primer camino que me deparó
la suerte. Apénas habria andado unos
quantos pasos , quando oí que me lla-
maban en voz alta : volví la cabeza y
vi que era Felix , el criado de Timbrio.

Mi amo os espera , me dixo , venid al


H 2
88 GALATEA,
punto á su presencia. Dile á tu amo ;
le respondí , que no puedo volver á ver–
le , que Nísida ha muerto , y que yo he
sido quien le ha quitado la vida. Dicho
esto , salí huyendo de aquella tierra á
toda prisa : llegué á Gaeta á tiempo que
estaba un baxel para darse á la vela para
España embarquéme en él y volví á
mi patria , donde me vestí este hábito
que veis , y que cierto no es mi ánimo
dexarle en todos los dias de mi vida,
Esta es , pastores , toda la historia de
mis desgracias. Entré en esta ermita con
la esperanza de hallar en ella la tran-
quilidad de mi ánimo , y solo he encon-
trado en ella la soledad. Vanos son todos
quantos esfuerzos hago para levantar el
alma á aquel supremo objeto en que
debia ocuparse toda ; porque no me dexa
un momento libre el recuerdo de las
prendas que he perdido. Todos los dias
protesto que he de entregar al olvido
LIBRO II. 89
Nísida y á Timbrio , y todos los
dias derramo nuevas lágrimas por ellos.
No intentáron los pastores esforzarse
en consolar al ermitaño , sino que se
contentáron con acompañarle en su aflic-
cion. Era ya muy entrada la noche , y
la luna despedia sus rayos de lo mas
alto del cielo , quando se apartáron del
ermitaño para irse á la cabaña de Elicio ,
donde llegáron en breve. Aquí se acostó
cada qual sobre pieles de cabras, y luego
que vió Elicio que se habian dormido
sus tres compañeros , se levantó y salió
de la cabaña para poner en execucion
un proyecto , que habia estado preme-
ditando todo el dia.
Habia delante de la puerta de la
cabaña de Elicio un hermoso cerezo ↑
que cuidaba el pastor con especial dili-
gencia , y se hallaba á la sazon cargado
de su fruta , que era la mas exquisita
del pais. Este hermoso frutal en cierta
H3
90 GALATEA
estacion del año , aunque muy tiernecito
todavía , y cuyo tronco era aun muy del-
gado , daba sin embargo lo suficiente parą
el sustento de su dueño . Este frutal pues
habian elegido dos blancas tortolillas para
hacer en él su nido , como en efecto le
hicieron en la cima del árbol dentro de
una concavidad que formaban quatro
ramas. Como tenia Elicio por feliz pro-
nóstico el que las tortolillas fuesen á
anidar cerca de su cabaña , léjos de es
pantarlas les ponia en el frutal espigas
de trigo , cañamones y tambien hilos de
estambre , para que las tortolillas texiesen
de él lo que las habia de defender á
la entrada del nido , y para que repo÷
sasen en él mas blandamente sus polluelos.
Entanto que estuvo Elicio en las bodas
de Silveria , fué un zagal de Meris á ten-
der sus redes en las inmediaciones de
aquel frutal ; y habiendo cogido en ellas,
las dos tortolillas , se las presentó á la
LIBRO 11,0 91
hija de su mayoral. Estas pues fuéron
las que dexó escapar Galatea
Galatea , y como
Elicio las habia conocido , por eso le
aseguró que volverian averla.
Queriendo con efecto el pastor cum-
plir su palabra , salió de su cabaña para
apoderarse del padre y de la madre , y
ponerles en una jaula y juntamente sus
polluelos. Ayudado para esto de una
escalera , que arrimó al cobertizo de su
cabaña , subió hasta la copa del árbol
y alargando el cuerpo , apartó con tienta
las ojas , y vió á la claridad de la luna
las dos tortolillas en su nido , que tenian
sus cabezas cubiertas con una ala , y con
la otra un poco extendida cubrian á sús
polluelos , y estaban aun durmiendo : no
le restaba á Elicio otra cosa que hacer
que alargar la mano para cogerlas ; pero
no tuvo ánimo para hacerlo. No quiero ,
dixo él , tiernas avecillas , privaros de
vuestra libertad : seréis de mi pastora
93 GALATEA
sin ser esclavas suyas , y viviréis cerca
de su persona , aunque libres de vivir
en otra parte que en este árbol. Dicho
esto , baxé precipitadamente de la esca
lera y fué por una azada : volviendo
al cerezo , hizo al rededor un hoyo , y
quando ya el árbol no tenia enmedio
de él mas cimiento que el terron en
que estaba arraygado , aplicando hori-
zontalmente el corte de la azada , le cortó
con cuidado y sin hacer mucha fuerza ,
ni movimiento con el árbol , le arrancó
de la tierra con el terron en que estaba ,
y cogiéndole entónces entre sus brazos
se levantó con gran tiento , y salió del
hoyo sin menearle mucho , y marchando
con paso lento , pero firme' , que apénas
agitaba las ramas , llegó á la casa de
Galatea. La habitacion donde dormia
esta pastora , tenia una ventana que
daba al campo , y aquí fué donde vino á
parar Elicia , que habiendo posado el
LIBRO II. 93
arbol en tierra con cuidado se quedó
derecho : tanta fué la destreza con que
le habia arrancado Elicio. Empezó este
con la azada , que no se habia descuidado
en traerla atada al hombro , á hacer un
hoyo , donde plantó el hermoso cerezo ,
poniéndole de modo que el nido cayese
hácia la ventana , para que Galatea con
solo extender la mano pudiese halagar
las tortolillas. Contento de lo que había
hecho , miró si acaso habria espantado
aquellas avecillas ; pero no habian hecho
mas que despertar , y Elicio llegó á dis-
tinguir que alargaban sus cuellecillos
por los hilos del nido. Perdonadme
dixo él , ay ! tiernas palomitas , perdo-
nadme, si he interrumpido vuestro sueño :
si lo he hecho ha sido por vuestra ven-
tura tanto como por la mia ya sois
de Galatea luego que abra su ventana
volad á descansar en sus hombros , y
rizad su rubia y hermosa caballera con
1 94 GALATEA
vuestros picos : enseñad á vuestros po-
lluelos á que amen y halaguen á la
que es señora suya estad seguras de
que no tendré zelos de vosotras quando
sepa que estais con mi amada ; pero si
alguna vez se presentare delante de esta
ventana algun rival , abandonadla al
momento , constantes avecillas , é id á
buscarme y á gemir en mi cabaña , que
no tendréis que lamentaros conmigo
mucho tiempo.
Mostraba ya su faz risueña la serena
aurora, y ya en lo mas alto del hogar
de la casa de Galatea gorgeaba la go-
londrina , quando Elicio tomando la aza▾
da se encaminó de vuelta hácia su cabaña.
No bien se habia alejado de allí un poco,
quando sintió pasos tras de él , y vol-
viendo la cabeza , vió que era el padre
de Galatea ; asustóse al verle como si ·
hubiera cometido algun delito ; pero no
tardó mucho Meris en sacarle de su te-
LIBRO II. 95
mor, que sin preguntarle porque estaba
tan de mañana en el lugar , le dixo :
Ahora iba á buscarte para confiarte 'un
secreto , y pedirte un favor que importa
á mi hija. Arrebatado de alegría el pas
tor le besó las manos , y se entráron
luego por un bosquecillo de mirtos que
se parecia no lejos del camino.
GALATEA:

LIBRO TERCERO.

QUEUEJAMONOS siempre de los infinitos


males que se padecen en esta breve vi-
da , y es cosa averiguada que de casi
todos somos nosotros mismos los autores .
Nadie debe dudar que el origen de todos
los vicios y desventuras ha sido la sed
insaciable del oro. Como habia ya pre-
visto estas conseqüencias el Criador del
universo , por eso tuvo la admirable
providencia de ocultar este funesto me-
tal en las entrañas de la tierra , y no
contento con encubrir con la tierra el
precipicio , cubrió su superficie de flores,
de frutos y de todo quanto podia ser
suficiente para satisfacer sus necesidades
Y
LIBRO III. 97
y sus placeres. Pero esto no bastó para
apagar la insaciable avaricia del hombre,
y así discurrió el penetrar hasta lo mas
oculto de la tierra á fuerza de trabajo
y de peligros , arrancar de aquellas ca-
vernas el oro , y descubrir al hombre el
orígen de todos los vicios. Pero ay ! que
quien tuvo mas que padecer con este
fatal descubrimiento fué el amor! Desde
este tiempo no le basta á un corazon
amoroso tener el derecho de amar : esté
necesario para conseguir la posesion de
la persona amada hacer pruebas de que
es rico , mas que no las haga de que esté
constante. Sea amable quanto quiera el
amante pobre , que no será por eso di-
choso, pues quanto mas fiel sea , tendrá
mas que padecer , y los tormentos y la
desesperacion serán la suerte que le que-
da. Que hará pues el amante que es po-
bre y sensible ? No amar ? Ah ! eso no ,
que es remedio mil veces peor que el
TEA .
98 GALA
mismo mal. Quando Elicio se enamoró
de Galatea no habia hecho estas reflexîo-
nes ; y que sabemos si tal vez las habia
hecho ? pero que aprovechan las reflexio .
nes quando se ama ? El amante quando
se entrega al amor prevée sus desabri-
mientos y no obstante se expone á ellos,
y quando llega á experimentarles , los
siente tanto como si nunca los hubiera
previsto.
Habiendo despertado de su sueño Eras-
tro , Tirsis y Damon se maravilláron
de no hallar allí á Elicio . Habia andado
el sol la mitad de su carrera , quando
desasosegados de ver que no volvia , de-
termináron ir á buscarle á la aldea , y
quando caminaban á ella al atravesar
por el bosquecillo de mirtos oyéron la
voz de su amigo detuviéron entónces
el paso para escuchar con atencion y
curiosidad lo que cantaba Elicio , que
eran estos versos :
LIBRO III.º 99
Yo amaba ardientemente
A cierta pastorcilla ,
Y en este amor hallaba
Ay ! toda mi ventura y mi delicia.
Juzgaba neciamente
Que un tiempo llegaria
A ser yo solo el dueño
Del corazon de aquella mi querida.
Ay! fiera desventura !
Ay! que mi dulce amada
Por otro amante dexa
Burlada mi esperanza !
Mas quiero desdichado
Llorar ay ! su inconstancia,
Que no ser venturoso
Jamas con olvidarla.
Erame niño tierno ,
Como mi amada linda ,
Quando encendió Cupido
En mi pecho de amor la llama activa.
Quando mi corazon
A esta mi pastorcilla
Se rindió enamorado ,
Advirtió solamente que era linda.
Ay! fiera desventura ! etc.
Ia
100 GALATEA.
Enternecidos los pastores al escuchar
las blandas quejas de Elicio , fuéron pre-
surosos hacia donde estaba , y le encon-
tráron sentado al pie de una haya ,
bañado de lágrimas el semblante . Apenas
descubrió Elicio á los pastores , quando
levantándose á toda prisa se arrojó en
los brazos de Erastro : Tú sabes , le dixo ,
que vamos á perder á Galatea ? que nos
dexa para siempre ? y vosotros , añadió ,
mirando á Tirsis y á Damon , oid el
funesto secreto que me ha confiado Meris
esta mañana : os le referiré con sus
mismas palabras. Quiero , Elicio , me
dixo , mostrarme agradecido al afecto
que siempre te he merecido , dándote
parte el primero de la boda de mi hija :
ayer concluí los tratados : la caso con un
rico Portugues , cuyos inmensos ganados
pacen las riberas del sosegado Lima , y
acaban de venir á mi casa quatro pas-
tores que ha enviado el futuro esposo ,
LIBRO III. ΙΟΥ
con quienes ha de partir mañana Gala-
tea como sé que tomas tanta parte en
los sucesos de mi hija , como si fueras
su hermano , por eso he echado mano.
de tí , mi amado Elicio , para que si
quieres hacerme este favor , vayas á
acompañarla hasta Portugal , te halles
presente á su boda , y vengas á darme
una relacion puntual y verdadera de su
feliz suceso. A pesar de la turbacion ,
que ya os podréis discurrir me causó
este discurso , cobré bastante ánimo para
decirle : Pues que habeis podido dar
vuestro consentimiento para separaros
de vuestra hija? ¿ habeis podido senten-
ciarla á vivir léjos del lado de su padre
y de su patria ? ¿ estais seguro de que.
no causais su desventura , enviándola
como desterrada á un pais extrangero ?
creeis que á ella no le pese ? Amigo , me
interrumpió Meris, tengo bien penetrado
el interior de mi hija : le he dado parte
13

DE
79
1
102 GALATEA.
de mi resolucion , y ella me ha respon-
dido con su acostumbrada dulzura que
estaba pronta á obedecerme : ademas
noté en su semblante una ligera alte-
racion , prueba manifiesta de aquel gusto
que le causa á la doncella mas vergonzosa
el decirla que va á casarse : no pases
pues cuidado por la ventura de mi hija ,
y vete á disponer para el viage que es-
pero quieras hacer por la amistad que
me profesas. Este es , pastores , el secreto
que me ha confiado Meris ; y este es
el suceso que temia mas que la muerte.
Diéron muestras de acompañar á Elicio
en su afliccion Tirsis , Damon , y espe-
cialmente Erastro . Pero , amigo , le dixo
Damon , supuesto que Meris te estima
y te ama , porque no has probado á
declararle el amor que tienes á su hija ?
Bien se ve , le respondió Elicio , que no
le conoces como yo , y que no sabes
que tiene asegurado que solo ha de ad-
LIBRO II . 103
mitir por yerno al que sea tan rico como
su hija : con que si yo me hubiera aven-
turado á declararle mi pasion , hubiera
creido que yo queria hacerme rico con
sus riquezas , y se hubiera entónces mu-
dado en desprecio la amistad que me
tiene , y ademas que es muy rico Meris
para no ser desconfiado , y yo muy pobre
para no ser cobarde . No por eso , amigo
mio , le dixo Tirsis , pierdas las espe-
ranzas : vamos á buscar á Galatea y á
saber de su boca si es cierto que con-
siente en ser esposa de ese Portugues ,
y si como yo juzgo le cuesta alguna
repugnancia obedecer á su padre , pon-
drémos todos los medios . posibles parą
deshacer este funesto enlace , prestán-
donos su favor el amor y la amistad ;
y si cada uno de estos por sí obra pro→
digios , que no harán los dos reunidos ?
Este consejo dió Tirsis á Elicio que no
se detuvo un punto en seguirle .
104 GALATEA.
Tomáron pues los quatro pastores el
camino de la fuente de las Pizarras ,
adonde solia venir á sestear Galatea
muchas veces, esperando encontrarla allí,
y no les mintió su esperanza . Viéron
con efecto á la pastora sentada junto
á la orilla del agua , y tan sumergida
en sus profundos pensamientos , que no
advirtió en los pastores : con suma aten-
cion miraban la fuente sus llorosos ojos,
y en una mano tenia apoyada la frente,
y con la otra hacia mil caricias al mastin
del ganado de Elicio , aquel mastin que
habia tanto tiempo que seguia mas veces
á esta pastora , que á su propio amo ;
estaba este fiel animal echado á los pies
de Galatea , con la cabeza reclinada
sobre sus rodillas y puestos sus ojos en
los de ella , y parecia que con su modo
de estar inquieto y agradecido le pre-
guntaba porque aquel dia mas bien que
no otros , le hacia mas halagos. Hiza

!
LIBRO III. 105
Elicio detener el paso á sus compañeros
para que gozasen de tan tierno espec-
táculo , y entonces una dulce satisfaccion
pasó á ocupar el lugar del dolor , que
se veia ya pintado en su semblante.
Creyéndose sola Galatea , sin mas tes-
tigo que el mastin , comenzó á cantar
de la manera siguiente.
O tú , que á donde quiera
Que voy , me vas siguiendo !
O tú , en quien estoy viendo
Un compañero fiel !
Tu buena compañera
Vas á perder ahora ,
Y yo estos prados ora !
Que suerte tan cruel !
Una obediencia fiera
De aqueste prado hermoso
Y de este bosque umbroso
Me arranca , ay infeliz !
Aquella placentera
Voz de un suave amante ,
Fiel como tú , y constante
Mil veces hoy feliz !
106 GALATEA.

Ven , mi Melampo amable ,


Vente , que en mi tormento
Solo mi pensamiento
Siempre me seguirá.
Ay ! que del agradable
Bien , que gocé dichosa ,
Otra ninguna cosa
Que tú me quedará !
Vente tras mí siguiendo ,
Déxale yo te ruego
A tu dueño , que luego
Te tendrás que venir :
Y que te vuelves viendo
Sabrá , tu dueño amado ,
Que léjos de su lado
No puedo yo vivir.
Adelante hubiera ido con su canto
Galatea , sino se lo impidieran las lá-
grimas que derramaba : derramábalas
tambien Elicio , aunque estas procedian
de gozo , y no pudiendo ya contener sų
alegría , corre adonde estaba la pastora
échase á sus pies , le toma una de sus
LIRRO III.0 107
manos y se la besa. Atónita Galatea se
esfuerza en vano á retirarla , porque ad-
vertia que la estaban mirando otros pas-
tores quiere hacer de la desdeñosa , y
no puede quiere huir , y el mastin del
ganado de Elicio se lo impide , que
dando mil saltos al rededor de ella , y
halagando á los dos á un tiempo , parecia
complacerse en haber procurado tan
feliz momento á su amo. Miraban enter-
necidos Tirsis , Damon y aun el mismo
Erastro este espectáculo , sin atreverse
á acercarse á los amantes ; pero Galatea
los llama , hace levantar á Elicio , y
esforzándose á disimular sus lágrimas ,
les dixo : En vano pretenderia ya ocultar
un secreto que ha declarado mi impru-
dencia : ni puedo negar que me causa
dolor haber de dexar mi patria , por-
que tal vez dexo en ella lo que amo ;
pero yo estoy resuelta á seguir en todo
el precepto de mi padre , porque esta
108 GALATEA.
obligacion es para mí superior á todo
y así os suplico por Dios que no au→
menteis con vuestras lágrimas un sen-
timiento que nada puede aprovechar , y
lo que especialmente os ruego es que
no me inquieteis en la soledad que me
veo precisada á abrazar , habiéndoos
hecho semejante declaracion . Dicho esto
se alejó de los quatro pastores , dexán-
doles sin saber á que determinarse. El
único que se atrevió á seguirla fué el
mastin , y luego que ella le vió quiso
impedirle què pasase adelante , amena-
zándole con el cayado ; pero el fiel ani-
mal baxó la cabeza para recibir los gol-
pes , y entonces la pobre Galatea no pu-
do acabar consigo ni de dárseles , ni de
echarle de sí.
Los quatro amigos , que se quedaron
juntos , comenzáron á exâminar todos los
medios posibles de deshacer este funesto
enlace. El parecer de Tirsis era que
se
LIBRO III." 109
se juntasen todos los pastores de la co-
marca ; y así unidos fuesen á suplicar
á Meris que no les robase aquel tesoro
que tanto les ennoblecia. Era Damon
de parecer que él iria á Portugal á

amenazar al futuro esposo y á intimi-


darle en tales términos , que por sí mis-
mo renunciase á Galatea. No le desagra-
daba á Elicio este parecer; pero Erastro,
que hasta entonces habia estado callando ,
les dixo : No por cierto , no , todos esos
medios que discurris solo servirán de
irritar á Meris : yo tengo un proyecto ,
que excepto á mí á todos hará felices :
á este es al que me atengo , y voy ahora
mismo á ponerle en execucion. Habiendo
dicho esto , y abrazando á Elicio se
apartó de los pastores. Estos que no
esperaban grandes cosas de la invencion
de un hombre tan sencillo como Eras-
tro , resolviéron ir á consultar el nego-
cio con el ermitaño Silerio.
K
110 GALATEA .
Habíanse ya puesto en camino para
la ermita , quando encontráron en él á un
caballero magníficamente vestido , mon-
tado en un poderoso caballo , y detras
venian dos damas sobre sus hacaneas ;
y por el numeroso esquadron de criados
que los seguia se echaba bien de ver
que eran personas de calidad. Al pasar
los saludáron los pastores , y correspon-
diéndoles el caballero desconocido detu-
vo á Elicio , y le dixo : ¿ Nos haríais el
gusto de decirnos donde habrá por estos
bosques un lugar cómodo para pasar en
él algun tiempo ? Las damas que veis
vienen cansadas del calor y del camino ,
y querrian sestear en este puesto . Elicio ,
que olvidaba su reposo por servir á los
demas , los conduxo á la fuente de las
Pizarras que estaba cerca de allí. Luego
que llegáron á ella , tendiéron los cria-
dos los manteles , y los cubriéron pron-
tamente de1 algun refrigerio. Sentadas
LIBRO II.º 111
ya sobre la verde yerba las dos damas ,
apartáron de sus rostros los velos , sus-
pendiendo los ojos de Tirsis y Damon
con la viveza de su hermosura : la de
la mayor de estas dos incógnitas era
superior á la de la mas jóven , bien
que esta ventaja se debia tal vez á la
profunda tristeza que mitigaba la activi-
dad de los atractivos de la menor. Daba
Elicio prisa á sus compañeros para que
volviesen á tomar el camino de la er-
mita ; pero el caballero le detuvo , di-
ciéndole : Dexadme disfrutar la ventura
de haberos encontrado qual seria mi
contento , si siempre pudiese pasar mi
vida en compañía de los pastores! que
diferencia se halla tan notable entre vues
tra vida tan dichosa y la de los que habi-
tamos las ciudades ! con que facilidad og
concede la naturaleza los placeres , cuya
imágen sola nos cuesta á nosotros tanto !
la ociosidad abrevia los dias de nuestra
K 2
112 GALATEA.
vida : el trabajo alarga los de la vuestra :
nuestra vida está rodeada de cuidados ,
engaños y molestias : la vuestra la pasais
.
entre la alegría , la franqueza y la li
bertad ah! amigos , desde mañana pro-
testo abrazar la vida pastoril , si Nísida
quisiere acompañarme en ella. Al escu-
char el nombre de Nísida , puso Elicio
los ojos en las dos damas con tal ad-
miracion y cuidado , que hizo reparar en
ello al caballero . Suplícoos , le dixo
Elicio , que me perdoneis , si ha causado
en mí tal alteracion el oir el nombre
de Nísida , porque hace pocos dias que
vimos derramar abundantes lágrimas á
uno de nuestros amigos , hablándonos de
cierta Nísida. ¿ Pues que , dixo el caba-
Hero incógnito , hay en estas riberas
alguna pastora de este nombre ? No por
cierto , respondió Elicio , la que yo digo
ni era pastora , ni 'aun nacida en estas
riberas , porque era natural de Nápoles.
LIRBO III. 113
De Nápoles ? que dices ? como has po-
dido saberlo ? Yo os lo diré decidme
desde luego , no os llamais Timbrio? no
se llama Blanca esta dama mas jóven ?
no es hermana menor de Nísida ? En
todo has acertado . Ah ! Silerio , amigo.
dixo Elicio , que dia tan dichoso ten-
drás hoy ! Que decis ? que conoceis á
Silerio ? dixo Timbrio. Que está aquí ?
exclamó Blanca , perdiendo el color у
volviendo al punto á encendérsele el ros-
tro en los colores mas vivos ; Sí , le dixo
Elicio , Silerio está aquí , y el dolor de
haberos perdido le habia reducido al
peligro de perder la vida , que ha con-
sagrado á la penitencia. Silerio pues se
ha metido ermitaño en una ermita que
no está muy lejos de aquí. Pues vamos
al punto á abrazarle , exclamó Timbrio ,
y Blanca puesta ya en pie , empezó á
andar sin saber el camino que habia de
seguir, y apoyada Nísida en el brazo
K3
114 GALATEA.
de su amante , se encamináron hacia la
ermita , guiándolos Tirsis , Damon y
Elicio.
Era ya casi anochecido , quando lle-
gáron á la falda del cerro , y subiéndola
sin tomar aliento Timbrio , Nísida , y
especialmente Blanca , se acercáron á
la puerta de la ermita , y hallándola
abierta miráron adentro Y viéron que
no habia nadie. Confusos quedáron al
ver que no estaba en ella el ermitaño ,
y así iban ya á llamarle y á rodear todo
el cerro , quando el discreto Tirsis los
detuvo, diciéndoles : Seguramente no est
Silerio muy lejos de aquí , y este in-
feliz amigo , que ha perdido toda espe-
ranza de volver á veros y que tantas
lágrimas derrama continuamente por
vosotros , va á fallecer de gozo , si os
presentais de repente á su vista. Y así
será bien que le excuseis este golpe fatal,
conteniendo vuestros deseos mientras
LIBRO III. : 115
hallamos medio de ir preparando su
alma para el placer , que podrá sostener
apénas. Aprobáron todos el parecer de
Tirsis , y determináron que se le enviasen
á Silerio los pastores para prevenirle con
precaucion la noticia de que volveria á
ver á sus mas tiernos amigos. En el
tiempo que los pastores estuviéron con-
sultando esto , le tuvo Blanca para notar
al resplandor de la luna lo que habia
dentro de la celdilla , y vió que una
estera de juncos , un banquillo de ma-
dera , y un crucifixo de palo eran todos
los muebles que adornaban la habitacion
de Silerio. Despues que lo tuvo Blanca
muy bien notado todo , fué á ponerse de
rodillas á los pies del crucifixo , y en
voz baxa rindió al cielo mil gracias de
que la hubiese conducido hasta aquella
ermita.
Mirándola estaban enternecidos Tim-
brio y los demas pastores , quando llegó
116 GALATEA..
á sus oidos el sonido lamentable de unos
suspiros y sollozos , y entendiendo por
ellos que no estaba muy lejos Silerio
fuéron á donde estaba. Halláronle debaxo
de un acebuche , arrodillado en un pedazo
de una peña , y con las manos levantadas
al cielo , y apénas le viéron las dos her-
manas y Timbrio , quando iban á arro-
jarse entre sus brazos ; y por mas que
Tirsis procuraba detenerlos , no pudo
conseguirlo ; pero enfin lo que los detuvo
fué el deseo de oir lo que diria Silerio
en la oracion , que entonces empezaba
Quedáronse parados Timbrio , y Nísida
con los brazos en accion de abrazarle ,
y Blanca , que apenas podia respirar ,
alargaba la cabeza por los hombros de
los demas para ver á su amado , enxu-
gándose á cada momento las lágrimas ,
que le impedian verle mejor.
Lo que Silerio decia en sn oracion
eran estas palabras : « Oh , Dios mio
LIBRO III. 117
» supremo Ser , en quien deseo emplear
>> únicamente mi amor ! vos , que ocu-
» pais còn vuestra presencia la exten-
>> sion de todo el universo : vos , á quien
» debe entregarse todo mi corazon ,
‫ ע‬suplícoos que no os ofendan mis lá-
»
>> grimas : bien veis , Señor , que ha per-
» dido mi corazon todo quanto amaba ,
» sin desplegar yo nunca mis labios para
‫ ע‬quejarme de vuestra providencia : su-
plícoos , Dios mio , que os digneis
>> templar algun tanto el rigor de mis
» tormentos ; pero no me borreis ente-
» ramente la memoria de mis desgra-
» cias ».
A las primeras palabras de Silerio
lloraba Blanca : á las últimas sollozaba.
Temeroso Tirsis de que la oyese el
ermitaño , dixo á Damon que fuese con
Elicio á interrumpir á Silerio , mientras
él se quedaba con Timbrio y con las
dos hermanas , entreteniéndoles para que
no se manifestasen al ermitaño.
118 GALATEA.
Obedeciéron los dos pastores , y Sile-
rio los recibió con afable rostro. No sé
á la verdad , le dixo Elicio , porque estais
continuamente lamentando vuestros in-
fortunios , quando tal vez no están muy
distantes de acabarse. Bien sabido teneis ,
le dixo el ermitaño , quales sean para
que os parezca que puedan tener fin .
Pues no lo dudeis , dixo Elicio . Aca-
bamos de saber quc Nísida vive , que
anda en compañía de su hermana y de
Timbrio , buscándoos por toda España ,
y no ha faltado quien los ha encontrado.
Santos cielos que decis ? dixo el ermi-
taño. Y ese que los ha encontrado está
muy cierto de que ese sea mi amigo ?
de que sean esas las dos hermanas ? Por
Dios que no os burleis de un desdichado ?
pues que parece que os habeis compa-
decido de mis desgracias , no acabeis
de hacerlas mas horribles , engañándome
con falsas esperanzas. En quanto el decią
LIBRO III." 119
estas cosas , Tirsis para ir preparando
un reconocimiento que habia de ser tan
tierno , dixo á Nísida que cantase alguna
cosa desde donde estaba , sin presentarse
á los ojos del ermitaño , y siguiendo su
consejo , Nísida comenzó á cantar la pri-
mera estancia de una cancion , que en
otro tiempo habia compuesto Silerio .
O sagrada amistad ! sujeta el mando
Del ciego Dios , á quien la tuba adora
De amantes engañada ! En la florida
Juventud este Dios es dulce y blando :
Tú eres siempre de bienes causadora :
Abrasa aquel el alma enternecida
Con su llama encendida :
Tú con firme lazada
Los corazones unes tiernamente :
Aquel suave Dios es solamente
El Dios de las delicias : tú sagrada ,
Benigna amistad , eres
La que sustenta al alma en sus placeres.
Aun estaba hablando Silerio quando
llegó á herir sus oidos la voz de Nísida.
120 GALATEA.
Calló entónces : aplicó el oido , y se que-
dó inmóvil sin pestañear y abierta la
boca , mirando despues como un hom-
bre sin juicio se quedó privado : veíase
pintado el terror en su semblante , y
pareciéndole los dos pastores unas som-
bras mirábalos con espanto . Continuaba
mientras tanto la voz , y acabando de
resonar en lo profundo de su corazon ,
se fué desde entónces disipando su te-
mor , y fuéron sus facciones recobrando
su perdida dulzura. Vuelto ya en su
acuerdo , se precipita como un rayo há-
cia el lugar de donde salia la voz llega
á él , mírale y arrójase sin sentido entre
los brazos de su amigo. Dan entónces
voces Timbrio y Nísida á los pastores :
acuden estos y se apresuran en hacer
lo posible porque vuelva en sí : habia
ido ya Blanca por agua á la ermita :
róciale con ella el rostro y aprieta las
manos de él entre las suyas vuelve
entónces
LIBRO III. 121
entonces en su sentido el ermitaño , abre
los ojos , y aun duda de la fortuna que
mira. Con que eres tú ? le dice á Tim-
brio con que eres tú , que tantas lágri-
mas me has costado ? Sí , dulce amigo
mio! le dixo Timbrio . Yo soy , yo soy
aquel tu amigo que te debe su vida. Es-
tréchanse entre sus brazos : confúndense

sus lágrimas y permanecen largo tiempo


abrazados . Baste ya de tristezas , dixo
Timbrio ya nos vemos todos juntos :
mira aquí á Nísida , tu fiel amiga : mira
aquí á Blanca , que hubiera muerto si
no te hubiéramos hallado. Que mas te
falta ya? Ah! dulce amigo mio , nada ,
ya nada ! respondió el ermitaño , mez-
clando su llanto con su risa. Echanle al
cuello los brazos blanca y Nísida : quiere
hablarles Silerio ; pero en vano se es-
fuerza toma las manos á las dos her-
manas , comprímelas hácia su seno , y
cae á sus pies sollozando. Finalizada
L
122 GALATEA.
esta escena tan tierna , que duró algu-
nos momentos , conduxo Silerio á sus
amigos á su celdilla , donde les refirió
menudamente todo lo que le habia su-
cedido desde el punto que se habian
separado. Esta relacion fué breve , y
habló en ella el discreto Silerio , vícti-
ma siempre de la amistad , de su amor
á Blanca en tales términos , como si este
hubiera sido el único dolor que habia
tenido que padecer en el tiempo de su
soledad. Enagenada Blanca con esta re-
lacion , no se atrevia á hablar palabra ,
y solo se abrazaba de su hermana. Lue-
go que acabó de hablar el ermitaño , le
pidió á su amigo que le refiriese lo que
le habia sucedido desde el momento , en
que por ir á llevar la noticia de su vic
toria á Nísida , le habia dexado en el
puesto del combate. Suplicáronselo en-
tónces los pastores , juntamente con Si-
lerio y Timbrio , no dando lugar á
LIBRO III. 123
que le rogasen mas , dió principio á su
relacion en la manera siguiente .
Despues que salí victòrioso del com-
bate con Pransiles , ardiendo en vivos
deseos de volver á la vista de mi amigo
Silerio , envié á buscarle con un criado
mio á la casa de campo de Nísida : vile
volver poco despues asustado todo , dán--
dome la noticia de la muerte de Nísida ,
Y de la fuga de mi amigo. Herido como
de un rayo con semejante noticia , partí
al momento para informarme de la ver-
dad de todas mis desgracias. Llegué á
la casa de campo , y ni por ruegos ni
por dádivas pude conseguir que se me
franquease la entrada ; pero por las ra-
zones y por los lamentos de los criados
me confirme en que era cierta la muerte
de Nísida. No podré explicaros los ex-
tremos de dolor que hice entónces : solo
sabré deciros que pues no vine á morir

en aquel punto , que no hay dolor que


L2
124 GALATEA
pueda quitar la vida. En medio de la
desesperacion en que me hallaba , me
acuerdo de que aun me habia quedado
un amigo ; y así herido como estaba fuí
en su busca hasta Gaeta , donde luego
que llegué supo que se acababa de embar-
ear Silerio. Víme precisado á esperar
que se hiciese á la vela un navío cata-
lan , que tenia que volver dentro de po-
cos dias á Barcelona ; y valiéndome de
esta ocasion me ajusté con el capitan ,
que me admitió á su bordo.
Apénas dexamos el puerto quando se
aumentó mi dolor mucho mas al ver que
salia de aquella Italia , donde habia per-
dido el objeto mas tierno de mis amo-
res. El viento , que al principio se nos
mostró favorable , cesó de soplar de re-
pente , y nuestro navío que al mar un
tanto se habia alargado , casi quedó en
calma. Que gozo no me hubiera causa-
do entonces una borrasca ! Llena mi
LIBRO III. 125
fantasía de lo terrible de mis desgracias ,
y derramando continuamente lágrimas
por mi adorada Nísida , suplicaba al
cielo que me envolviese entre las som-
bras de la muerte , ó que me restituyese
á mis brazos al dulce amigo mio. Solo
podia hallar consuelo enmedio de estos
horribles tormentos , quando cantaba mis
penas al son de un laud de aquellos
viageros. Acuérdome que el segundo dia
de nuestra partida , quando ya la aurora
comenzaba á esclarecer el horizonte ,
estaba yo sentado en la popa , contem-
plando la extension de aquel vasto mar,
en cuyas tranquilas olas , veia reverberar
la luz de las estrellas , que iban ya á
desaparecer. Todo quanto alcanzaban á
ver estaba á la sazon en sosegada calma :
estaban entregados al sueño los oficia-
les , los marineros , y hasta el mismo
piloto dormia descuidado del timon ; veia
pegadas las velas á los árboles , y en-
L 3
126 GALATEA.
medio de este silencio no se sentia mas
ruido que el que hacia la proa del baxel,
que iba hendiendo lentamente las olas.
Al contemplar este profundo silencio ,
este admirable espectáculo que presen-
taban el extendido mar y el cielo , y al
ver la aurora , que venia reposadamente
á dispertar á los desdichados , se me ex-
citáron tan vivamente las ideas de las
penas que me afligian , que tomando mi
laud canté á su son de esta manera.

Todo enmudece ahora ,


Todo está en sosegado
Silencio , ya la mar , ya el viento blando :
El ala voladora
Del zéfiro templado
Ahora solamente va sonando ,
Y todo estoy mirando
Al rededor en calma sosegada :
Y enmedio de mi pena desusada ,
Yo solamente velo
Para mayor tormento y desconsuelo.
LIBRO III. 127
Veo. que del oriente
En carro luminoso ,
Con su serena faz la alegre aurora
Desciende lentamente ;
Anunciando al gozoso
Mortal el nuevo dia que colora
De esta encantadora
Luz, que disipa la tiniebla osbcurą ,
Un bien á toda la feliz natura :
Para mí solamente
Nace esta nueva luz mas tristemente.
Ya poco poco siento
Que me dexa la vida ,
Rendido al peso de un cruel cuidado.
O tú , de mi tormento ,
De mi llama encendida ,
Nísida amada , objeto regalado ,
Do estás , mi dueño amado ?
Ay ! que no existes ya , Nísida mia !
La losa acaso de una tumba fria
Encierra en esta hora
Tu cuerpo ay Dios ! y el alma que te adora.

Al llegar á estos últimos versos , oí el


batir de unos remos , como que se venia
128 GALATEA:
alguna embarcacion acercando al baxel,
y aplicando entónces el oido , miré , y al
escaso resplandor de los primeros rayos
del dia pude percibir que era un barco ,
que se encaminaba hácia nosotros , y que
la diligencia de quatro remeros hacia ir
volado por las aguas. Arribó el barco ,
y llegóse al bordo una muger que me
dixo por Dios , que me digais si este
baxel vuestro es acaso un navío cata-
lan , que hace dos dias que ha salido
de Gaeta ? No os puedo ponderar qual
fué mi sorpresa quando oí que la voz
de quien me hablaba era la de la misma
Blanca , la de la hermana de mi adorada
Nísida. Ah , dulce hermana mia ! excla-
mé , y fuí precipitado á la escala del
baxel : baxé por ella , arribé al barco ,
corrí á echarme en los brazos de Blan-
ca , y halléme entre los de Nísida. Poco
faltó para que hubiera perdido la vida
al exceso de mi alegría me quedé sin
LIBRO III. 129
sentido , mudo y sin poder proferir pa-
labra : Nísida me hablaba : procuraba
tranquilizarme , y yo no hacia mas que
mirarla , temiendo que todo esto fuese
solo un sueño , y que quando este huyese
de mis ojos , huyera tambien con él la
dicha que gozaba.
Vuelto ya en mí de aquel primer pa-
racismo , hice que se embarcasen en
nuestro baxel la tierna Nísida y su ama-
ble hermana. Como estaban estas vesti-
das de peregrinas , lo rehusaba el capi-
tan; pero informado por mí de quienes
eran , las recibió con todo el respeto
que se debia á la talidad de sus perso-
nas. Allí supe de Blanca como el ha-
bérsete olvidado , ó Silerio , llevar la
banda , le habia causado á Nísida un des-
mayo tan mortal , que la reduxo á tér-
minos de perder la vida , y que con
efecto la lloráron todos por muerta. Vol-
vió enfin en su acuerdo , pasadas ya
130 GALATEA:
ocho horas , y habiendo sabido despues
la victoria que habia yo alcanzado de
Pransiles , el engaño en que habia yo
caido , mi desesperacion y la fuga tuya
y la mia , se habia resuelto á abando-
narlo todo por seguirnos , trayéndose
consigo á su hermana. No obstante lo
enferma y lo débil que se hallaba de-
terminó partirse , haciendo que Blanca
tomase todas las disposiciones necesarias
para su fuga ; y habiendo juntado mucho
dinero y diamantes , todo lo derramáron
á manos llenas para salirse de la casa
de su padre. Provistas pues de sus dia-
mantes , y vestidas de peregrinas salié-
ron en una litera , que á deshora de la
noche les traxó un criado , que habian
podido atraer con dádivas , y tomáron
el camino de Gaeta , adonde tenian no-
ticia que habia yo partido. Llegaron allí
dos dias despues que habia salido el na :
vío catalan, y á fuerza de dinero pudié-
LIBRO III. 131
ron conseguir que procurasen aquellos
remeros con su diligencia volver á reu-
nirnos , cuyos esfuerzos tuviéron efecto
por la calma que os dixe que nos sobre-
vino. Y no dudo que el amor , que
miraba por la felicidad de estas dos
amables hermanas , hizo que al fin ar-
ribasen á nuestro baxel , sin sucederles
contratiempo alguno.
Ya habia por fin hallado á mi Nísi-
da ; pero aun nos faltabas tú , amado
Silerio mio , y esta falta nos hacia ex-
perimentar bien caro el favor que de-
bíamos á la fortuna. No padecia Blanca
ménos dolor que yo por tu ausencia ,
que era ya la única desgracia que tenía-
mos que lamentar. Despues de haber
seguido nuestra navegacion con próspera
bonanza , arribamos á Barcelona , espe
rando hallar nuevas de tí en aquella
ciudad ; pero nos saliéron vanas todas
nuestras diligencias. En este caso fué
132 GALATEA.
Blanca la primera que propuso que re-
corriésemos toda la España , no dexando
de buscarte hasta que te encontrásemos;
y como estaba bien segura de que habia
de ser obedecida , daba por eso este
consejo. Resolvímonos con efecto á partir
en derechura á Toledo , donde están es-
tablecidos los parientes de Nísida ; pero
ántes de pasar á otra ninguna cosa escri-
bimos á su padre , dándole cuenta de
nuestros sucesos , y pidiéndole al mismo
tiempo permiso para casarnos en Toledo.
Habiendo respondido su padre á nuestros
deseos , nos pusimos en camino para
aquella ciudad, informándonos de tí, Si-
lerio , en todas partes , quando, nuestra
buena suerte nos ha conducido á este
lugar , donde por último nos vemos
todos ya unidos.
Habiendo dado fin Timbrio á su re-
lacion , le apartó de allí el ermitaño , y
conduciéndole á un rincon de su celdilla,
le
LIBRO III. 133
le dixo con voz tímida : Y que no he
de ir á Toledo ? Sorprehendido Timbrio
con tal pregunta le miró , y Silerio baxó
los ojos , escapándosele algunas lágrimas,
y estrechándole entre sus brazos le dixo :
Pues no habias de ir , amigo mio , á To-
ledo para casarte con tu amada Blanca?
Ella te adora ; sí, amigo , no ha dexado
un instante de pensar en tí ; y tú no es
verdad que la amas ? Mas que á mi vi-
da , respondió Silerio ; pero aun te amo
á tí mas. Ea pues , añadió sonriyéndose ,
voy á dexar este trage de ermitaño , y
tú me buscarás otro mas propio de novio;
pero si quieres creerme , luego que nos
desposemos con estas amables hermanas,
darémos la vuelta á este lugar , para
pasar nuestra vida en compañía de estos
pastores sencillos , que nos aman , y que
son acreedores á nuestro amor. Ese mis
mo proyecto , respondió Timbrio , habia
yo formado ; porque estoy ya muy can-
M
134 GALATEA.
sado del mundo ; y así tengo determi-
nado acabar mis dias enmedio de estos
bosques , y con mi adorada esposa , y
mi tierno amigo. Concluida esta conver-
sacion , pasáron á dar noticia de ella á
las dos hermanas y á los demas pasto-
res , y todos aprobáron la resolucion
que habian tomado.
Viendo Elicio ya bien entrada la no-
che , les aconsejó que se retirasen pron-
tamente á la aldea. No tengo casa que
ofreceros , dixo á los quatro amantes ;
pero os conduciré á la de Galatea , y
me parece que Meris tendrá á grande
honor el recibir á tales huéspedes. Si-
guiendo todos su consejo , se pusieron
en camino , y aligerando el paso llegáron
brevemente á casa de Meris. Iba este
á sentarse á la mesa con su hija , con
Florisa , Teolinda y los quatro pastores
portugueses , que habian venido para
llevarse al dia siguiente á Galatea ,
LIBRO III.º 135
quando llamáron á la puerta , y al la-
drido de los perros salió á abrir el mis-
mo Meris. Pidióle Elicio que se dignase
de hospedar á Nísida , Blanca y á los
dos amigos ; y el anciano pastor , hon-
rado con tales huéspedes , les recibió
con estimacion. Llama entónces á su
hija , hace añadir á la cena lo mejor
que haya y los convida á sentarse á
la mesa , pidiéndoles que le disimulasen
que no les diese el trato que se les de-
bia. Entanto que duró la cena , se es-
forzó Galatea á mostrarse tranquila ; y
Elicio que habia procurado colocarse lo
mas lejos que pudo de los portugueses ,
los miraba con rabia , y sus ojos se en-
contraban tal vez con los de Galatea.
Acabada la cena : fuéron todos los con-
vidados á tomar el fresco en unos poyos
de piedra que habia á la puerta de la
casa. Allí comenzó el anciano Meris á
dar cuenta á sus huéspedes de la ven-
M2
136 GALATEA.
tajosa boda que habia proporcionado á
su hija , extendiéndose con complacencia
en la narracion de las riquezas de su
yerno , riquezas que no se descuidan los
portugueses de exâgerarlas. Los dos ami-
gos , y Nísida y Blanca se viéron como
obligados á dar la enhorabuena á Gala–
tea , á lo que ella no respondia palabra ,
y el sin ventura Elicio procuraba disi-
mular sus lágrimas.
Quando estaban en esto , se oyó de
repente por toda la aldea el fúnebre
sonido de una trompeta. Azoráronse con
esto Meris , sus huéspedes y los demas
moradores de la aldea , y fuéron al punto
á la plaza , de donde parecia salir el
fúnebre sonido. Apénas llegáron á ella
quando descubriéron á quatro pastores ,
vestidos de negro , coronadas de cipres
las cabezas llevaban dos de ellos en
las manos hachas encendidas , y los otros
dos iban tocando sendas trompetas , y
LIBRO III.º 137
enmedio de los quatro pastores venia un
sacerdote del Señor , vestido de sacras
vestiduras. Era este el venerable Tele
sio , el pastor de todos los demas pas-
tores , el que les consolaba en sus tra-

bajos , y el que rendia gracias al cielo


por sus felicidades. Todos los moradores,
de la aldea eran su familia : servia á
los huérfanos de padre , y quarenta años.
habia que estaba exerciendo el augusto
empleo de rendir á Dios alabanzas , y
de hacer beneficios á los hombres. « Ma-
» ñana es el dia , pastores , les dixo ,
» que he escogido entre todos los del
» año , para que vayamos á honrar las
» cenizas de nuestros hermanos en el
» valle de las sepulturas. Tened presente
» esta obligacion sagrada , y así mañana
» al romper del dia venid á juntaros
» en esta misma plaza , prevenidos de
» fúnebre aparato , qual se requiere en
» tan lúgubre ceremonia » . Y diciendo
estas pocas palabras con entera voz diá
la vuelta á su casa. M 3.
138 GALATEA.
Conviniéronse todos en juntarse al
despuntar del dia para cumplir con obli-
gacion tan justa. No quiso Meris que
faltase á ella su bija , y así suplicó á
los portugueses que dilatasen su partida.
Saltábale con esto á Elicio el corazon
de gozo , y Galatea concebia esperanzas
de algun feliz suceso. Nísida , Blanca ,
Teolinda , Silerio y Timbrio pidiéron
á los moradores de la aldea que les per-
mitiesen seguirlos al valle de las sepul-
turas , y fuéles concedido no así á los
portugueses que mostráron el mismo
deseo , y todos á uħa voz se lo negáron ;
porque se habian hecho odiosos á todos,
desde que supiéron que su venida habia
sido para llevarse á Galatea. Retiráronse
ellos despechados con- aquel desayre , y
todos los demas se recogiéron en sus
cabañas , para entregarse descuidada-
mente al sueño.
GALATEA .

LIBRO QUARTO.

AHORA
HORA que me entrego á tu seno ,
ó dulce melancolía , ven y derrama sobre
mis últimas pinceladas aquel claro -osbcuro
tuyo melancólico que tanto agrada á los
corazones sensibles. No te detenga el
temor de influir en ellas pasiones me→
lancólicas , pues las lágrimas que arran
cas á las almas tiernas son para ellas lo
que el rocío para las flores. Que dulces
şon los recuerdos que tú inspiras ! No
hay amante ausente de su amada , ni
amigo apartado de su amigo , ni madre
privada de su hijo que no te mire como
el bien mas regalado. Que suaves les son
los momentos que retirados del bullicio ,
y acompañados solamente de su amor y
140 GALATEA.
de su memoria se encierran dentro de sí
mismos , ó por mejor decir , dentro de
su objeto amado ! que placer tan tierno
no sienten en traer á la memoria todos.
los instantes de sus gustos ! El primer
dia que empezáron á amar , la primera
vez que declaráron su amor ; el modo
con que fueron escuchados , los temores ,
las sospechas , las quejas , todo se les
representa , y todo les causa delicias al
acordarse de ello ; y parece que entónces

vuelven á gozar de nuevo de todos los


placeres que gozáron , y á sentir todos
los cuidados que pasáron por ellos. Si
vemos perdida sin remedio toda esperan
za , si la implacable muerte nos ha ar-
rebatado el objeto de nuestros amores ,
encontramos cierta dulzura en las lágri–
mas que les tributamoş ; y hasta el re-
cuerdo que nos queda , nos dexa tambien
tal impresion de placer que tendríamos
mas que lamentar si hallásemos con→
LIBRO IV.⁰ 141
suelo á nuestra melancolía. Como el sa .
bio Telesio discurria de este modo , por
eso tenia cierto dia del año destinado á
las lágrimas que hacen derramar el reco-
nocimiento , el amor y la amistad.
Amaneció este dia , y Telesio revestido
de las mas lúgubres vestiduras se dexó
ver en la plaza , donde luego compa-
reciéron todos los moradores de la aldea,
vestidos de cendales , coronadas de ci-
pres las cabezas , y con lazos negros los
cayados. Habiendo Telesio separado los
pastores de las pastoras , los colocó ,
haciéndolos caminar en dos órdenes. AL
lado derecho iban Nísida , Blanca , Teo-
linda , Florisa y todas las demas zagalas ,
precedidas de Galatea : al lado izquierdo ,
enfrente de las pastoras , marchaban guia-
dos de Elicio , Timbrio , Damon , Silerio,
Tirsis y los demas pastores , excepto
Erastro : venian tras de estos las pastoras
casadas , conducidas por Silveria , y los
143 GALATEA.
pastores casados, precedidos de Daranio,
y era este esquadron compuesto de almas
que habian conseguido ya sus deseos ,
tan precioso casi como el que le antece-
dia : seguia á este otro tercer esquadron,
que aunque no tan lozano era mas res-
petable , pues le componian las viudas
y los ancianos , guiados estos por el
padre de Galatea , y aquellas por la
madre de Erastro. No llevaban estos
coronas en sus blancas caballeras , y
llevaban apoyadas sus trémulas manos
en nudosos cayados ; pero ah ! que estos
eran los que tenian mas interes en aquella
• ceremonia , pues muchos de ellos iban
á llorar sobre el sepulcro de un hijo ó
de una hermana ó de un esposo. Iba
detras de todos Telesio , que habia esco-
gido este lugar para ir mas inmediato
á los ancianos , como que eran los que
necesitaban mas consuelo : á sus dos lados
iban ocho graciosos niños con vestiduras
LIBRO IV. 143
de lienzo y con coronas de flores : y
llevaban agua lustral , incienso , y fuego;
y satisfechos ellos con este empleo , que
era el premio de un año entero de apli
cacion al estudio , caminaban con pasos
mas graves que los mismos ancianos.
Para llegar hasta el valle de las sepul
turas , tenian que caminar poco mas de
una legua , siguiendo siempre la ribera
del Tajo , por la espesa sombra que for→
maban las ramas entretexidas de dos
hileras de álamos. Caminaban los pas
tores , guardando un maravilloso silen-
cio por un prado esmaltado de flores ,
donde brillaba aun el rocío. Quando
saliéron de la aldea, rayaba la altura
de los montes el sol , anunciando uno
de los dias mas serenos del estío : mos-
trábase el cielo por todas partes hermo-
scado del mas vivo azul : movia un suave
vientecillo las hojas de los árboles , don-
de se mecian blandamente las avecillas
144 GALATEA.
encerradas en sus nidos : la alondra , que
se perdia en los ayres, cantaba ya sin
que nadie pudiese distinguirla : el rui-
señor , cansado ya de haber cantado
toda la noche , volvia á animarse para
saludar el nuevo dia con su canto las
sensibles tortolillas y cándidas palomitas
respondian con quexidos lamentables á
los alegres gorgeos del verderon : embal-
samaban las flores con sus perfumes el
ambiente : saltaban los pececillos á me-
nudo en las ondas del rio , y toda la
naturaleza enfin , quando iba ya á salir
de su sueño , parecia que tributaba á su
Criador mil reverentes gracias por el
nuevo beneficio que le concedia. Gran-
de admiracion les causó á Timbrio ,
Blanca y Nísida este espectáculo , poco
acostumbrados á verle ; pero nueva ad-
miracion les causó luego la entrada del
valle de las sepulturas .
Hay en las riberas de este hermoso
rio 2
LIBRO IV.. 145
rio , que lleva arenas de oro en su seno ,
el espacio de una milla quadrada , cer-
cado todo de una cordillera de collados ,
que no tienen mas que una entrada.
Esta que es una larga embocadura , está
rodeada por un lado y otro de cipreses ,
plantados en forma de anfiteatro , y tan
espesos que sus ramas entretexidas hacen
como una cerrada muralla , cuya cima
se eleva tanto como la de los montes :
vense esparcidos por la verde sombra
de estas dos murallas, jazmines y rosales
silvestres de flores roxas y doradas :
nunca ha llegado á entrar en este asilo
ganado alguno , ni el leñador ha aplicado
jamas su hacha á árbol ninguno de este
bosque sagrado : reyna en él un profun-
dísimo silencio , sin oirse mas ruido que
el que hacen algunos arroyuelos , que
corren por debaxo de los árboles á jun-
tarse en un remanso de musgo , para
llevar de allí á pocos pasos al Tajo sus
escasas ondas plateadas. Hay al fin de
esta calle de árboles un antiquísimo
N
146 . GALATEA.
abeto con que parecia se cerraba el
valle , y en su corteza se leian grabadas
estas palabras.
Venera este sagrado, ó pasagero :
Tiembla de entrar en él si fueres malo :
Si fueres virtuoso , ve tranquilo ,
Que bien puedes llorar sobre estas tumbas.
Seguia dentro del valle el mismo
órden de cipreses que á un lado y otro
le cercaban , y enmedio de él se levan-
taba una fuente , cuya agua , que corre
siempre abundante , va humedeciendo y
sustentando la fresca yerba que esmalta
aquel suelo. Vense esparcidos por algu-
nas partes algunos sepulcros , cubiertos
Los unos ya de yedra , y los otros ador-
nados aun de flores , y en todos ellos
se encierra el despojo de la mortalidad
de los que viviendo practicáron la vir-
tud ; pero no á todos los que morian
se les concedia el honor de enterrarse
en este respetuoso valle , porque este
honor era el premio de una vida irre-
prehensible , y toda la aldea junta era
la que le decretaba. Mas ay! que por
LIBRO IV.⁰ 147
desgracia era corto el número de estos
sepulcros.
Luego que los pastores llegáron á la
fuente se paráron , y levantando la voz
Telesio : Sepáraos , les dixo , que luego
os volveréis á juntar conmigo , quando
haga señal la trompeta. Dichas estas
pocas palabras se apartáron todos , enca-
minándose á diferentes partes , corriendo
entonces las viudas y los huérfanos hácia
la losa que cubria el objeto de su llanto .
Habiendo Timbrio , Silerio y las dos
hermanas perdido de vista á Elicio ,
anduviéron todo el valle en su busca ;
pero no tardáron en descubrirle que
estaba de rodillas ante el sepulcro de su
madre , juntas las manos y levantados
los ojos al cielo , que tenia bañados en
lágrimas : « Oh, amada madre mia ! es-
» taba diciendo , de que venturas gozais
ahora seguramente , pues siempre fuís-
2
» teis observadora de la virtud ! mirad
>> por este vuestro hijo desde esa mansion
» celeste ! Haced , ó cielos , que tenga
N2
148 GALATEA.
» tanto amor á la virtud , como se le
» tuve á mi madre » ! Y diciendo esto
juntaba su rostro con el sepulcro , de-
xando regada la losa con sus lágrimas.
Sumo era el silencio con que le escucha .
ban los quatro amantes , y acercándose
Timbrio al pastor y tomándole de la
mano Oh, hijo precioso , le dixo , y
como dexas mi alma bañada de ternura
y de respeto ! cuéntame en el número
de tus amigos , y desde ahora renuncio
al bullicio del mundo por hacerme pas-
tor contigo , y por habitar con mi Ní-
sida , Silerio y Blanca una cabaña que
ésté junto á la tuya. Que cerca quereis
vivir de un desdichado ! le dixo Elicio :
despues que ha muerto mi madre , solo
una cosa es la que podia hacerme tener
algun apego á la vida , y esa la voy á
perder mañana. Rogáronle entónces las
dos hermanas y los dos amigos que se
declarase mas ; pero el pastor respondió :
No es este lugar oportuno para hablar
de mis amores quando salgamos del
LIBRO IV.• 149
valle os ofrezco daros cuenta de mis pe-
nas amorosas. Estaba aun hablando ,
quando oyéron el son de la trompeta.
Decidnos , le preguntó Timbrio , para
que nos convoca Telesio ; Para tributar
los honores , le respondió Elicio , á las
cenizas del último pastor que acabamos
de perder , y despues tenemos que oir
la historia de su vida que ha de cantar
la mas discreta de nuestras pastoras .
Dicho esto se encamináron hácia la fuen-
te , donde halláron congregados á todos
los demas pastores desde allí guiados
por su venerable conductor , fuéron has-
ta un sepulcro , en cuya losa blanca to-
davía estaba grabado este sencillo epi-
tafio.
AQUI YACE
UN BUEN HIJO .
Tres veces rodeó la sepultura Tele
sio : entonó las oraciones acostumbra-
das : echó en el fuego oloroso incienso ,
y roció el sepulcro con el agua lustral .
Hecho esto , tomó de la mano á Gala-
N3
150 GALATEA.
tea , y le dió el papel , donde estaba
escrita la historia del pastor , cuya muer-
te todos lloraban. Cubierta Galatea de
un color sonrosado , permaneciendo en
pie junto al sepulcro , y prestándole to-
dos los pastores un profundo silencio ,
comenzó á leer de esta manera,
De entre todos los pastores
De nuestra aldea , Liseno
Fué el mas amoroso , y Lisis
Admitiendo sus obsequios ,
Dividió con él su amor ;
Y él á su familia luego
La pidió , y su padre dixo !
Tuya será , mi Liseno ,
Si fueres como ella rico ,
Que no la doy á otro precio.
Pero ninguna otra cosa
Tenia el pobre Liseno ,
Que su cabaña y su amor :
Daba á su madre este tierno
Hijo su humilde cabaña ,
Y el otro bien á su dueño :
Fuése á las tierras del oro
Dexando su patrio suelo :
Juntó medianas riquezas
Allí con honrosos medios.
Volvió lleno de esperanzas :
Aguárdale fiel su dueño ,
Que ha de premiar con su mano
LIBRO IV..
Los trabajos de un tan tierno
Amante , como era el suyo .
Iba ya á poseer su dueño ,
Quando el dia antecedente
Al de su dicha, en extren o
De muerte puso á su madre
Un accidente funesto .

Sin pensar ya en sus amores ,


Corrió asustado Liseno
Entorno toda la aldea ,
De los médicos mas diestros
Implorando su socorro :
Les ruega humilde , diciendo :
Me voy á quedar sin madre ;
Si de vuestro arte el acierta
Llegare á salvar su vida ,
Es vuestro quanto poseo ,
Un médico con su ciencia
Salvó á su madre á Liseno ,
Y las medianas riquezas
Que traxo fuéron su premio.
El así perdió á su Lisis :
Casóse con otro luego :
Sereno le vió , y alegre
De su madre al lado ha muerto ,
Sin dar muestras de llorar
La pérdida de su dueño.
Habiendo acabado de leer , Galatea
volvió á ocupar su puesto , y alzando
entonces la voz Telesio dixo : Lo que
sentis , amigos mios , en vuestro corazon
152 GALATEA.
os dice mucho mas de quanto yo podria
deciros. Si el oir contar una accion tan
buena os arranca lágrimas de ternura ,
inferid de esto que placer tan dulce no
producirá el hacerla ? Con estas pocas
palabras cesó de hablar el respetable
pastor , que rompiendo el órden con
que habian venido los demas pastores ,
les dió licencia para que saliesen del
valle. Fuéronse pues todos , quien por
una quien por otra parte de aquellas
hermosas riberas que bañan las claras
ondas del Tajo. No olvidándose los dos.
amigos ni las dos hermanas de la pro
mesa que les habia hecho Elicio , se en-
camináron con él hácia la fuente de las
Pizarras. Cumpliendo con ella el sin
ventura pastor , les fué dando cuenta de
su pasion amorosa , y de la cruel deses-
peracion en que se hallaba por el futuro
casamiento de Galatea. Mientras Sile-
rio , Nísida y Blanca procuraban con-
solarle , iba Timbrio meditando de que
LIBRO IV.. 153
modo podria hacer que Elicio lograse á
su pastora. Pocos pasos detras de estos
venian sin hablarse palabra , Galatea ,
Florisa , Teolinda , Damon y Tirsis . Iba
la hija de Meris pensando en que el dia
siguiente era el de su partida : Florisa
iba formando el proyecto de seguirla
hasta Portugal , y la infeliz Teolinda
envidiando la suerte de los que queda-
ban descansandò en el valle de las se-
pulturas.
Para ir hasta la fuente de las Pizar
ras tenian que apartarse de las riberas
del Tajo , y atravesar algunos cerros
cubiertos de arboledas. Habíase quedado
en la aldea aquel dia el mastin del ga-
nado de Elicio , por no habérsele dexado
seguir á Galatea ; y así luego que vió
venir á unos pastores , y no divisando
á sus amos , fué corriendo á salirles al
encuentro , como lo logró quando entra-
ban estos en la arboleda. Despues de
haber ido de Elicio á Galatea y de esta
á aquel , haciéndoles mil halagos , dió
154 GALATEA.
á correr por aquella montañuela, hacien-
do correr un cabritillo montes , que fué
persiguiendo con toda furia , y el cabri-
tillo echó á huir , y pasando por cerca
de los pastores , cobró fuerzas con el
miedo , y sin poder ser atajado llegó á
una gruta , donde entró dando balidos.
Fuéle siguiendo el mastin , y Galatea
daba gritos para que fuesen á socorrer
el cabritillo , y oyéndolos todos echáron
á correr y llegáron hasta la entrada de
una gruta , donde ya habia entrado cor-
riendo tras del mastin Elicio . Procuraban
Tirsis , Damon y los dos amigos sose-
gar á las pastoras , riyéndose del caso ,
y esperando ver salir al amante de Gala-
tea, trayendo el cabritillo en sus brazos,
quando oyéron un extraordinario ruido
dentro de la gruta , y viéron salir de ella
á Elicio , luchando con un hombre de
un aspecto feroz. Salia este con un su-
cio y andrajoso vestido , poblada la mitad
del rostro de una negra y espesa barba,
derribados por los hombros suş aborras-
LIBRO IV.. 155
cados cabellos y procurando con sus
desnudos y nerviosos brazos ahogar á
Elicio . No ménos animoso este , aparta-
ba de sí con la mano izquierda el velloso
pecho del salvage , y con la derecha
revuelta entre sus cabellos le hacia do-
blar la cabeza hácia atras. Guardando
enfin los dos un profundo silencio , cen-
telleando sus ojos , mirándose el uno al
otro de hito en hito , y trabados de las
piernas procuraban derribarse mu? ua-
mente. Mientras tanto no habia dexado
el mastin de Elicio de ayudar á su amo;
pero una cabra montes , no le dexaba ,
porque atendiendo siempre á no desam-
parar el flanco le rechazaba , amenazán-
dole con sus cuernos , y ya en esto el
cabritillo mas animoso iba detras de su
madre dando brincos , y como queriendo
habérselas con el mismo á quien tenia
miedo. Fuéron corriendo á toda prisa
Tirsis , Damon y los dos amigos á se-
parar á los dos luchadores , y abalan-
zóse Timbrio al salvage , empleando
156 GALATEA.
todas sus fuerzas para haber de detenerle.
En esto viéron que Teolinda se habia
desmayado , y corriéron todos á socor-
rerla , y poniendo en ella los ojos el
salvage , se quedó inmóvil y suspenso ,
el rostro pálido , y desasiéndose pronta-
mente de los brazos de Timbrio , tomó
en los suyos el cabritillo , causa inocente
de tantos acasos , y precipitándose á los
pies de Teolinda se le presentó con su-
mision. Apénas volvió en su sentido la
pastora , quando se arrojó al cuello del
salvage , exclamando en alta voz : Oh ,
Dios ! que eres tú , mi Artidoro ? dulce
Artidoro mio ! con que no te has olvi-
dado de Teolinda ? Al oir el nombre de
Teolinda se le mudó el color á Artido-
ro se levantó y mirándola con espan-
to , le dixo : No , no me he olvidado de
que es falsa Teolinda está aquí por
ventura ? acaso la conoces? Sí , le res-
pondió la pastora medio temblando , sí :
aquí está y vive solo por tí. Pues ved ,
la
LIBRO IV.. 157
la interrumpió Artidoro en voz baxa ,
que es necesario me lleveis adonde esté
para afearle su perfidia , y para decirle
que ya no cuente mas con mi amor , y
despues nos vendrémos á vivir en esta
cabaña , donde serás mi eterna compa-
ñera y te regalaré este cabritillo. Bien
echó de ver Teolinda por lo que decia
que se le habia trastornado la razon al
sin ventura Artidoro : miróle entónces,
derramando abundantes lágrimas y apre-
tando las manos de él entre las suyas ,
le dixo : Convengo en hacer quanto
quieras , y ten por cierto que no te de-
xaré ya , y que viviré contigo hasta el
último suspiro de mi vida , y espero
hacerte manifiesto que no tiene culpa
alguna Teolinda. Dicho esto , trabó del
brazo á Artidoro y le llevó consigo por
la vereda que encaminaba á la fuente,
siguiéndole la cabra y el cabritillo , y
los demas pastores los seguian , esperan-
do con impaciencia ver el fin de seme-
jante aventura, :0
158 GALATEA.
En el tiempo que duró el camino ,
empleó Teolinda todos sus esfuerzos para
ir preparando un reconocimiento , que
al mismo tiempo que le temia le deseaba.
Cuidando pues de no decir cosa que
pudiese desagradar á su amante , lẻ em -
pezó á hablar de ella misma con cau-
tela : le fué trayendo á la memoria sus
amores le contó el suceso de su her-
mana gemela , las penas que le hizo
padecer , y al mismo tiempo iba obser-
vando en el semblante de Artidoro, el
efecto que hacia cada palabra de las que
ĺe decia iba notando los progresos que
ella hacia en su razon poco á poco , y
empleaba toda la destreza de su ingenio
para volver á infundir en el corazon de
su amante el amor que le tenia. Escuchá-
bala Artidoro con la misma suspension
que el que despierta de un profundo
sueño ; respondíale con concierto á algu-
nas preguntas , hacíale repetir otras , y
así por grados se le fuéron renovando el
recuerdo , y las ideas de sus amores , y
LIBRO IV.. 159
en fin por el amor que le habia tras-
tornado la razon , volvió á recobrarla
Detuvo entonces el paso : miró con suma
atencion á Teolinda , y habiéndola re-
conocido , se arrojó á sus pies , la es
trechó entre sus brazos , y las lágrimas
que derramaba diéron bien á entender á
la pastora que habia recobrado el juicia
su Artidoro. Llegáron al fin los dos á
la fuente donde estaban juntos ya todos ,
que por lo que Galatea y Florisa fuéron
refiriendo por el camino , sabian ya los
amores de Artidoro y Teolinda. Despues
que diéron todos la enhorabuena á esta
pastora la suplicáron que se empeñase
con su amante , para que les refiriese lo
que le habia sucedido desde el punto que
le causó tan horrible engaño la hermana
gemela de Teolinda. Convino en ello
Artidoro , y aunque un poco avergon-
zado del estado en que se hallaba ,
prosiguió su historia en los términos
siguientes.
0 2
160 GALATEA.
Las razones que me dixo la fingida
Teolinda me reduxéron á una deses-
peracion mortal, y así aunque resuelto
á huir para siempre de la presencia de
quien yo creia que me era pérfida ,
quise no obstante decirle que aun la
amaba, y con este intento dexé entalla-
dos en la corteza de un álamo unos ver-
sos donde me despedia de ella. No ten-
go ahora presente lo que dexé escrito ,
solo me acuerdo que desde entónces co-
menzó á enagenarse mi razon debilita-
da que anduve errante sin destino por
aquellos campos , y que me estuve bien
quatro dias sin tomar alimento alguno.
Con esto se acabó de trastornar mi ra-
zon de suerte que solo me han quedado
unas ideas muy confusas de lo que me
ha sucedido , y únicamente de dos cosas
solas me acuerdo ,
Baxaba yo un dia por una montañue-
la , que creo no está muy distante de
aquí, quando oygo de repente ruido en-
tre la maleza , y veo que es este cabri-
LIBRO IV... 161
tillo que veis aquí echado junto á mí , el
qual venia huyendo de un desaforado
lobo , que con la boca abierta le venia
persiguiendo. Fué mi primer impulso
el echarme sobre él ; pero me hallaba
sin armas , y así me ví precisado á luchar
con aquel feroz animal : fuimos pues los
dos rodando por la arena , y como la
privacion del juicio no me dexaba con-
siderar aquel peligro , cobré tantas fuer-
zas que conseguí ahogar el lobo entre
mis brazos , у sin reparar en sí me se-
guia el cabritillo , proseguí mi camino
hasta llegar á la caverna donde me ha-
beis encontrado. Escogíla desde luego
por mi sepultura , por su tenebrosidad
y por estar apartada de toda otra ha-
bitacion , y habiendo entrado me senté
en una piedra , y viniéndoseme allí á la
memoria la perfidia de Teolinda , reco-
bré por un momento el juicio , para
sentir sin duda todo el rigor de mis tor-
mentos , y habiéndome resuelto desde -
03
162 GALATEA
aquel punto á no salir de aquella gruta,
traxe rodando una gran piedra , para
cerrar con ella la entrada. Quando me
ví encerrado de este modo en aquella
sepultura , experimenté en mí una ale¬
gría tan funesta , que me tendí sobre la
tierra con la esperanza de no volverme
á levantar de ella.
Hallábame yo en este estado de sus-
pension y de despecho sin temer ni
desear mas que se prolongase la dura-
cion de mis tormentos , quando llegó á
mis oidos un balido lastimero : apliqué-
los entonces con atencion , y oí que aun
sonaba , y me pareció que venia como
de la entrada de la gruta. Conmovíme
algun tanto , bien que á pesar mio , me
levanté y fuí hácia donde venia el ruido ,
y ví que era el cabritillo que habia yo
libertado , que estaba metiendo su blanco
hociquillo entre la piedra que habia ya
puesto y el peñasco de la gruta , como
pidiéndome que le abriese. Enternecida
yo al verle , aparté la piedra con tiento,
LIBRO IV.. 163

y luego que quedó abiertà una rendija


capaz , entró el cabritillo seguido de
una cabra , que venia herida , y corrién→
dole la sangre. Apénas llegó esta , quan-
do se echó á mis pies , jadeando por el
cansancio y el dolor , y el cabritillo no
cesaba de dar vueltas al rededor de mí,
de dar lastimeros balidos, de lamer la
herida de su madre , y de hacerme mil
halagos , como pidiéndome que cuidase
de ella. Exâminé pues la herida que
habian hecho los dientes del lobo y al
punto fuí por agua : lavé con ella la
herida , le tomé la sangre y se la detuve ,
atándola con unos pedazos de mi vestido.
Despues que hube hecho esta operacion
con la cabra , observé que mirándome
con blandura se tendió mansamente ,
alargándome sus tétas henchidas de leche ,
como que me convidaba á que partici
pase de lo que era sustento del hijuelo ,
á cuya madre habia yo libertado la vida.
Esta cabra y este cabritillo fuéron causa
de que pudiese sostener la mia , que
164 GALATEA.
hubiera perdido sin duda á pesar de
quantos consuelos pudiera haber hallado
en los hombres. Como me habia resuelto
á pasar el resto de mis dias en com- *
pañía de estos animalejos , fuí á hacer
provision de yerba y de frutas , puse
en tal disposicion la caverna, que hice de
ella una habitacion cómoda para los tres:
registré al otro dia de nuevo la herida ,
que curada al cabo de quatro dias , se
halló la cabra en disposicion de salir
unas veces sola y otras veces con su
cabritillo que nos venia siguiendo , y
yo por mi parte andaba errante por
los montes comarcanos á mi caverna
hasta la noche que nos volvíamos á jun-
tar todos. Si en las correrías que yo ha-
cia encontraba hojas de serpol y can-
tueso , se las llevaba á mi compañera,
que las pacia en mi mano , mientras yo
comia mis frutas , y el cabritillo mama-
ba. Acabado nuestro banquete iba yo á
cerrar con la piedra la entrada de nues-
tra habitacion , y echados en el menudo
LIBRO IV.⁰ 165
musgo y sobre las secas hojas nos que-
dábamos dormidos.
El excesivo calor que hoy hacia , no
nos permitió á mí ni á la cabra salir
de nuestra caverna , y el cabritillo estuvo
por bastante tiempo dando brinquitos
por un lado y otro de la entrada , y
quando yo creia que aun estaba allí ,
me le veo entrar todo azorado , perse-
guido de un perro , y poco despues ví
entrar un hombre. No puedo ménos de
confesaros que al verle no pude con-
tener mi furia sin arrojarme sobre él
con intento de ahogarle : tal era el enojo
que me causaba ver que un hombre
viniese á robarme los únicos amigos que
me habian quedado. Como habeis pre-
senciado mi combate y sus felices efectos ,
no tengo mas que deciros que este dia
es el mas dichoso de mi vida , pues en
él he vuelto á encontrar á mi Teolinda,
que con esto conozco que cobro el juicio ,
y que voy á vivir el resto de mi vida
con la que siempre he estado adorando,
166 GALATEA.
donde no me desampararán mi cabra y
mi cabritillo. Decia esto halagando á
los animalejos con una mano , y alargan-
do la otra á Teolinda,
Fué tanta la ternura que causó Arti-
doro con su relacion , que todos le diéron
las gracias con las lágrimas en los ojos
Rogó Artidoro á Elicio en voz baxa
que le facilitase el medio de cortarse
su prolongada barba y de mudar de trage.
Ven conmigo , le dixo Elicio , que en
mi cabaña hallarás todo lo necesario. Id
enhorabuena , añadió Timbrio , que aquí
quedamos esperándoos , y mientras estu
viéreis por allá discurriré lo que he de
deciral padre de.. no dixo mas, y Galatea
şe cubrió de un color sonrosado . Fuése
con esto Artidoro con Elicio , encargando
Teolinda á su amante con eficacia que
no se detuviese mucho tiempo , y detras
de ellos iban la cabra y el cabritillo .
Bien habia comprehendido Galatea que
Timbrio meditaba alguna cosa para ha-
blar con su padre , y considerando que
LIBRO IV . 167
su presencia podria ser importuna , apa-
rentando que tenia que volver forzosa-
mente á su casa , se despidió de Blanca,
de Nísida y Teolinda , y llevando consi→
go solo á su querida Florisa se encaminó
á la aldea. Apenas se habia alejado de
allí algunos pasos , quando quatro hom-
bres que saliéron de detras de una
cerca se apoderáron de las pastoras , y
tapándoles las bocas con pañuelos para
que no diesen voces , las obligáron á
subir sobre dos mulas que estaban allí
ya preparadas. Hiciéronlo así temblando
Galatea y Florisa , y montando en sus
caballos los quatro robadores , llevando.
enmedio las mulas , echáron á huir á
galope tendido hacia las fronteras de
Castilla.
Eran estos robadores los quatro por-
tugueses que habian venido á casa de
Meris dos dias habia. Habiendo adver -
tido el frio acogimiento con que los
habian recibido , el modo con que Elicio
durante la cena los miraba , y las miradas
168 GALATEA
que dirigia á Galatea , llegáron á sos-
pechar la verdad ; y pareciéndoles que
el haberles pedido Meris que se dilatase
su partida para poder ir al valle de
las sepulturas, y que el habérseles opuesă
to los del lugar á que fuesen al dicho
valle , habia sido un pretexto y un
insulto que se les habia hecho , y te-
miendo por consiguiente que se volve-
rian sin llevar á Galatea , se resolviéron
á robarla con la seguridad de que les
perdonaria este delito su amo , quando
se viese dueño de la hija de Meris.
Habiéndoles pues salido todo como
deseaban , iban huyendo con su presa ;
pero el amor no se descuidaba en mirar
por Galatea. Despues de haberse muda-
do de trage Artidoro en la cabaña de
Elicio , volvia con él á la fuente , quan-
do viéron desde léjos á los quatro caba
lleros , y quando conociéron á las pas-
toras dió un grito Elicio , y fué volando
á defender á su amada. Paró las mulas
con
LIBRO IV. 169
con sus dos manos , y ya uno de los
portugueses tenia el brazo levantado
para atravesarle con una herrada lanza ,
quando llegó corriendo Artidoro á so-
correrle , y sacudióle tal golpe que le
rompió el brazo. Valiéndose de aquel
momento las dos pastoras se echáron á
tierra , y reconociendo aquellos parages
fuéron presurosas á refugiarse á la fuen-
te ; y habiendo Elicio mientras tanto al-
zado la lanza del herido , se puso al lado
de Artidoro. A pie estos dos valientes
pastores , y armados solamente de un
palo y de una lanza , hicieron frente á los
tres cobardes caballeros , que peleáron
con ánimo de vengar la herida de su
compañero. Sostuviéron todos ellos un
indeciso combate ; pero el valor hubiera
cedido á la fuerza , pues herido Elicio
en un brazo no podia ya defenderse ,
sino hubiera llegado Timbrio , que con
espada en mano se arrojó como un rayo
sobre los portugueses ; y á los primeros
P
17༠ GALATEA.
golpes abrió la cabeza al que acosaba
mas á Elicio. Ya á este tiempo habian
Hlegado Tirsis , Damon y Silerio , y en-
tónces los dos enemigos que habian
quedado se pusieron en fuga á rienda
suelta.
Aunque no era de peligro la herida
de Elicio , iba saliéndole bastante sangre ,
de lo que asustada Galatea se la cogió
con su pañuelo , y ella por sí misma
le curó la herida. Esta sola operacion
era bastante para que quedase Elicio
sano , á quien lleváron á la aldea , ven-
dado el brazo y sosteniéndole Galatea
al andar , quedando con este favor su-
mamente recompensado por el peligro
en que acababa de verse. Llegáron enfin
á casa del anciano Meris , quando este
irritado contra el insulto de los portu-
gueses , declara que se creia desobligado
de cumplir su palabra. Aquí teneis le
dixo Timbrio , presentando al herido ,"
aquí teneis al libertador de vuestra hija :
Elicio pues es quien merece ser el dueño
LIBRO IV.º 171
de la misma á quien ha libertado : si
solo su pobreza os ha hecho dudar , hoy
va á ser tan rico como vos , porque yo
que poseo unas considerables riquezas ,
quiero.... Quando estaba diciendo esto ,
oyéron un gran ruido á la puerta de la
casa , у volviendo los ojos viéron que
entraba en el portal un orgulloso carne-
ro , adornado de cintas , embarrado de
varios colores , cuyo enorme cencerro
se hacia distinguir entre los de cien
ovejas que le seguian , cada qual con
su cordero , y tras de todos ellos entró
Erastro con dos mastines á los lados.
Despues que acabó de entrar , confiando
á la guarda de los mastines el hermoso
rebaño , con el cayado en la mano , se
llegó á hablar al padre de Galatea. Aho-
ra , Meris , le dixo , quiero que sepas
que yo amaba á tu hija , y aunque po
dia disputársela al portugues , á quien se
la das , quiero sin embargo hacerme
justicia , porque has de saber que ni el
P 2
172 GALATEA.
portugues ni yo merecemos á Galatea ,
y que solo Elicio es digno de ella , y
me parece que no te se hará difícil
creerlo , quando lo oyes de la boca de
un rival suyo tú exigias del que hu-
biese de ser tu yerno que fuese rico ;
pues ves todo ese hermoso rebaño que
él solo equivale á un mayorazgo ? todo
él es de Elicio ; y no creas que yo se
le doy , porque yo no he hecho mas
que ir recorriendo las cabañas de los
contornos , y son tantos los amigos de
Elicio que he encontrado , que dándome
cada uno solamente un cordero con su
madre , he llegado á juntar todo este nu-
meroso rebaño. Aun no habia cesado
de hablar Erastro , quando Elicio bañán ;
dole con sus lágrimas , le dixo : Ah ,
dulce amigo mio ! sea mi suerte la que
fuere , la hace envidiable tu amistad ,
pues aunque yo no me atrevo á formar
la esperanza de que llegue yo á ser de
Galatea , no obstante.... Ya es tuya ,
exclamó Meris , arrasados los ojos en
LIBRO IV.• 173
lágrimas. Ven , hija mia , que te voy
á entregar en manos de tu libertador :
ven á estrechar en tus brazos á tu es-
poso. Acercóse Galatea , encendido su
rostro en un color mas vivo que el de
la rosa , temiendo apresurarse demasia-

do al acercarse al pastor esperábala


este puesta una rodilla en tierra , y alar-
gándole con respeto el único brazo que
le habia quedado libre. Galatea entonces
le mira se para , baxa los ojos , y cada
vez se pone mas encarnada ; y alegre su
padre de ver aquel tierno pudor , la to-
ma de la mano y la lleva hasta donde
estaba su feliz esposo , y aun allí mis-
mo tuvo que emplear todos sus esfuerzos
para que juntase sus labios con los de
Elicio , y este fué el primer ósculo que
en toda su vida habia visto impreso
Galatea en su semblante.
En este tiempo supo Erastro el suceso
del robo de Galatea y de Florisa , y
llegándose á él Timbrio , le dixo : Tú ,
P3
174 GALATEA.
pastor , me has privado del mas alegre
momento de mi vida , pues quando yo
queria repartir mis riquezas con Elicio
para que pudiese casarse con Galatea,
te has anticipado , haciendo lo que yo
intentaba : no creas por eso que le amas
mas , aunque justo es que seas preferi-
do , pues hace tanto tiempo que le amas :
á lo menos espero , añadió , alzando mas
la voz , que se me permita poner en
execucion otro proyecto. Tengo pues
determinado hacer quatro partes de mis
riquezas : la primera la destino para
mi querido Silerio : ofrezco la segunda
á Teolinda y á Artidoro para obligarlos
de este modo á que se queden á vivir
aquí : la tercera será para que Telesio
la reparta por sus manos entre los po-
bres de la aldea , y con la quarta com~
praré una casa , tierras y ganados para
vivir con mi adorada Nísida. Con efecto ,
queridos amigos mios , yo quiero hacer-
me pastor , y quiero esperar en estos
campos el término de mis dias en vues¬
LIBRO IV.. 175
tra compañía y la de Silerio : vivirémos
en cabañas vecinas unas de otras ; reu→
nirémos nuestras familias ; darémos
exemplo á la aldea , y de este modo
llegarémos á una dilatada vejez , viviendo
todos juntos enmedio de la paz, del amor
y de la alegría. Dixo Timbrio , y todos
le rindiéron gracias , abrazándole Arti-
doro y Teolinda.
Habiendo Meris determinado que
aquella misma noche quedasen hechos
los tratados , fué al punto á la aldea á
contar las nuevas de tan venturosos su
cesos , trayéndose consigo al escribano
y al venerable Telesio , y en breve que→
dáron hechas las capitulaciones . Conví-
nose entre todos que al otro dia habia
de enviar Timbrio toda su comitiva á
Toledo con un sugeto de su confianza
que dixese á los parientes de Nísida el
estado en que se hallaba , y para que tra-
xese á su amo hecho dinero lo que le
tocaba de sus riquezas. Mientras se ha-
cia este viage , habia de comprar Meris"
176 GALATEA
los rebaños y las haciendas para los nue
vos pastores , y entanto que todo esto se
disponia , habian de vivir Timbrio
Silerio con sus esposas en casa de Me-
ris, y Artidoro y Teolinda en la de Eras-
tro. Ya no restaba otra cosa sino fixar
el dia en que se habian de celebrar las
quatro bodas , y Elicio , sin embargo de
su herida , quiso que fuesen al dia si-
guiente , y por mas que hizo Telesio no
pudo obtener de él que se difiriesen para
otro dia , y los otros esposos sin darse
por entendidos eran del parecer de Elicio.
Habiendo ya quedado todos conveni-
dos en esto , se sentáron á la mesa , CO-
locándose cada amante al lado de su
amada , y acabada la cena , fuéron &
sentarse al jardin , donde debaxo de un
vistoso emparrado , alumbrándoles la
silenciosa luz de la luna , y sentados
sobre la menuda yerba quisiéron dar fin
al venturoso dia con alegres cantares.
Tocando pues unos la flauta , otros el
caramillo , y haciendo una rueda , y coj
LIBRO IV.⁰ 177
locando enmedio de ella á Meris у á
Telesio , comenzáron los amantes á can-
tar los versos siguientes.
TIMBRI O.
Por digna de desprecio yo tenia ,
De compasion mas digna ciertamente
La turba de los hombres , que engañada
Tras el oro corria ,
Dexando ciegamente
La amistad , el amor , la paz amada :
Mas hoy es perdonada
Por mi su ceguedad , y apreciada
Por todos debe ser , pues solamente
El mortal con el oro felizmente
Vivir se ve mas ay ! que es solo quando
Le va con franca mano derramando.
BLANCA.
Por largo tiempo de tu fe he dudado ,
Sin dexar yo de amarte enternecida ,
Y si hubiera vivido de tu lado
Un dia mas separada , entristecida
Hubiera muert ó que placer ! mi amado
Ya encontré ! vivirémos en la aldea
Segun amor y la amistad desea ,
Y siempre iré á la ermita en santo zelo
A agradecer mi bien al almo cielo .
ARTIDORO.
Un tiempo creí que fuese
Capaz de la perfidia
Mas negra y mas horrible
Mi cándida y hermosa pastorcilla.
No quedó sin castigo
Esta sospecha iniqua ,
178 GALATEA.
Pues al punto privado
Quedé de la razon que yo tenia.
Mas ahora que vuelvo
A ver á quien rendida
El alma tengo , veo
Que ya recobro la razon perdida.
Mas ay ! que mucho tiempo
Gozarla se me priva ,
Pues de ella ahora mismo
Me enagenan de amor las alegrías.
GALATE A.
Te acuerdas del dichoso
Dia que tiernamente
Tan amorosamente
Me suplicaste , di ,
Que á tu ruego amoroso
Diese yo grato oido ?
Y que , el rostro encendido ,
Vergonzosa te oí ?
Has de saber , mi amado ,
Que quando te escuchaba
Al seno le agitaba
Dulcísimo placer :
Quando á mis pies postrado
Tu dicha me pedias ,
Era á mi á quien hacias
Dichosa , ó mi querer !
ELICIO.
Bastaba solo la amistad sagrada
Para hacer mi vida venturosa ,
Y solo amor mi bien mayor seria :
Hoy todo lo consigo Pues mi hermosa
Se une conmigo con feliz lazada :
Por mano de mi amigo en este dia
Que de bienes me envia ,
LIBRO IV.⁰ 179
Con que mi amor consigo ,
El cielo santo amigo !
Ay ! como cantaré lo que ahora siento !
De amor subido al delicioso asiento ,
Y venturoso en la amistad al verse
Se siente de contento
Mi pobre corazon desfallecerse.
Quando diéron fin á su canto era
tiempo de retirarse , como lo hicieron ,
quedándose Blanca , Nísida y Teolinda
en casa de Galatça , y yéndose á reposar
aquella noche Timbrio , Silerio y Elicio
en casa de Telesio . Llegado el siguiente
dia , ántes que mostrase su alegre faz la
risueña aurora , llamáron á las puertas
de Meris los quatro amantes , trayendo
ya consigo Timbrio y Silerio el zurron
y el cayado. Como todos los del pueblo
sabian ya las futuras bodas , desde el
dia antecedente habian hecho por la no-
che los preparativos de unas funciones
mas alegres que las de las bodas de Da-
ranio. Estuviéron esperando algun tiem-
po á que saliese el amable Meris que
todavía dormia ; pero no tardó en dexar :
180 GALATEA.

se ver seguido de su hija , de Teolinda y


de las dos hermanas , vestidas ya de
pastoras. Dando el sencillo Erastro la

mano á Galatea, la conduxo al templo


enmedio de las aclamaciones del pueblo,
y allí unió Telesio con indisoluble lazada
á los quatro amantes , echando el cielo
su bendicion sobre aquellos matrimonios.
Viéron en fin cumplidos sus deseos aque-
llos venturosos amantes : se viéron col-
mados de felicidades , contáron una lar-
ga y dilatada vida , amándose siempre
con el amor mas constante , y su memo-
ria vive hasta el dia de hoy en la de los
moradores de aquel delicioso suelo , don-
de habitáron Elicio y Galatea.

FIN..

DE
A
EC
BL
BI
1
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